revista de cultura científica FACULTAD DE CIENCIAS, UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
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143B07  
 
 
 
   
                     
“Toca justamente a la Facultad de Ciencias
mantener viva la antorcha de Prometeo y seguir liberando las mentes con las armas de las matemáticas y las ciencias. Por ello es importante reconocer el singular espíritu visionario que movió a los fundadores de la Facultad hace setenta años, recuperar esta visión, y trasladarla al siglo XXI. Estas siete décadas han visto el mayor desarrollo de la ciencia en toda la historia y el más impresionante despliegue de la capacidad innovadora del hombre. Sin una Facultad de Ciencias robusta y dinámica, que actualice sus programas, sus métodos y sus recursos para cumplir cabalmente con el cometido de formar científicos de calidad, críticos, innovadores, comprometidos con su trabajo y con la sociedad, la Universidad Nacional está incompleta y el futuro de México como país moderno está en juego.”
     


     
Ana María Cetto
Instituto de Física,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     


     
Nota

Fragmento del texto leído en la mesa redonda “La actualidad de Prometeo y los 70 años de vivir la ciencia”, efectuada en el Auditorio Carlos Graef de la Facultad de Ciencias de la UNAM el 2 de octubre de 2009.
     
       
       
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El momento de la creación de la Facultad de Ciencias 143B03  
 
 
 
Raúl Domínguez Martínez†  
                     
En octubre de 1938 el Consejo Universitario recibió
un proyecto relativo a la creación de la Facultad de Ciencias; se trataba de un documento de primera importancia, no sólo porque constituía el origen de dicho plantel, sino porque en él se exponían los motivos por los que se tomó tal decisión. Dicho proyecto lo suscribieron el doctor Antonio Caso, director de la Facultad de Filosofía y Estudios Superiores; el doctor Isaac Ochoterena, director del Instituto de Biología; el ingeniero Ricardo Monges López, responsable de la Escuela Nacional de Matemáticas y Ciencias Físicas, y el doctor Alfredo Baños, director del Instituto de Ciencias Físico-Matemáticas. 
 
Los argumentos daban inicio con esta afirmación: “En todas las principales universidades del mundo, aun en las de segundo orden, existe una Escuela o Facultad dedicada al estudio superior de las ciencias”. Acto seguido, se deslindaba la enseñanza y el estudio de las ciencias en la universidad como elementos de cultura general, de la enseñanza y el estudio especializados, para después pasar a una crítica de la situación particular: “En nuestro medio universitario se ha tenido especial cuidado de formar buenas escuelas profesionales, dotándolas, hasta donde se ha podido, de todo lo que necesitan para preparar a sus alumnos, pero a los profesores universitarios y a los investigadores de la ciencia no se les ha prestado ayuda alguna, se han formado por su propia cuenta”. De conformidad con los propios autores, tal situación “no ha sido por falta de esfuerzos encaminados a ese fin, sino porque en los últimos años hemos vivido largos periodos de inquietud y hemos sufrido una continua falta de recursos que ha obligado a nuestras autoridades universitarias a posponer la resolución de los problemas culturales para atender a la imperativa necesidad de subsistir”. 
 
La propuesta consideraba “cuando menos” siete departamentos: Matemáticas, Física, Química, Biología, Geología, Geografía y Astronomía, y la creación consecuente de otros tantos institutos de investigación, razón por la cual “se propone que el Instituto de Ciencias Físico-Matemáticas se divida en dos institutos, uno dedicado a las matemáticas y otro a la física; que se establezca el Instituto de Química, que tanta falta hace, y que el Instituto de Investigaciones Geográficas se incorpore con el nombre de Instituto de Geografía […] de modo tal que cada jefe de instituto será al mismo tiempo, exoficio, jefe del departamento respectivo de la Facultad de Ciencias”. 
 
No deja de llamar la atención, por último, el que los términos de la propuesta se hayan limitado, como era lo usual, a reformulaciones legales, sin acompañar la exposición de motivos de una consideración relativa a los recursos humanos y físicos, y a la relación entre lo disponible y lo deseable. 
 
La organización, el reglamento y los planes de estudio para la nueva facultad fueron elaborados, en las ramas de física y matemáticas, por el ingeniero Monges López y por el doctor Alfredo Baños, quien recién había regresado al país después de graduarse en la Universidad John Hopkins y de haber recibido la beca Guggenheim, siendo el primer doctor en Física mexicano con residencia aquí (Sandoval Vallarta vivía en Estados Unidos). 
 
El documento fue presentado a la consideración del Consejo Universitario en noviembre de 1938. La iniciativa establecía diversos mecanismos de coordinación entre los departamentos y los institutos respectivos, esto con la clara intención de dar un fuerte impulso a la investigación y de integrarla al trabajo docente, razón por la cual el documento incluyó la propuesta de dividir el Instituto de Ciencias Físico-Matemáticas, de reciente creación, en dos institutos especializados, dando lugar así al surgimiento de un Instituto de Física propiamente dicho; el de Matemáticas sería posterior. La nueva Facultad otorgaría los grados de maestro y doctor en Ciencias, con una nomenclatura peculiar compartida con Filosofía y Letras en la que la maestría era equivalente a la licenciatura, y siendo requisito la obtención del primero para poder cursar el doctorado.
 
El 19 de diciembre de 1938 se promulgó el nuevo Estatuto General; de esta manera dio comienzo la vida formal tanto de la Facultad de Ciencias como del Instituto de Física. El artículo 8 establecía que “los institutos tendrán un director, constarán de las secciones con el personal técnico y administrativo que señale el reglamento y dependerán directamente del rector. Cada uno de los institutos tendrá un Consejo consultivo [antecedente del actual Consejo Técnico de la Investigación Científica] que deberá hacer al rector todas las observaciones que estime pertinentes para el mejor desarrollo de los trabajos”. Los directores de institutos podrían durar indefinidamente en el cargo, de acuerdo con el artículo 34, pudiendo ser removidos por el Consejo a solicitud del rector o de un grupo de consejeros que representaran cuando menos un tercio de los votos computables en el órgano legislativo. Las labores efectivas dieron inicio en enero de 1939, año para el cual había sido aprobado el Reglamento de Pagos, estableciendo una cuota de inscripción para los alumnos de la Universidad de diez pesos y una colegiatura anual de cien pesos para los de la Facultad de Ciencias; ese año, después de una devaluación brusca, el dólar se cotizó a $5.19, y el salario mínimo diario general en la zona metropolitana era de $2.50, lo que suponía, para los alumnos de física, un pago anual equivalente a poco menos de veinte dólares y a cuarenta salarios mínimos. Adelantaremos aquí que, para 1940, la matrícula de la nueva Facultad representaba sólo 1.1% de la población estudiantil universitaria.
 
Para el caso de la física y la matemática, la Facultad de Ciencias continuó ocupando las instalaciones en el Palacio de Minería, y el edificio porfiriano de Ezequiel Montes número 15 albergó el área de la biología. El cambio más importante era, en realidad, el de perspectiva, ya que se había logrado el paso a la creación de una entidad autónoma para el desarrollo de las ciencias. El énfasis inicial fue puesto en el desarrollo de las matemáticas y la física y en la preparación de cuadros en el extranjero.
 
Por su parte, el Instituto de Física comenzó sus trabajos en medio de dificultades principalmente de orden pecuniario. El primer ejercicio presupuestal no pudo hacerse efectivo debido a problemas administrativos; esa primera asignación fue de veinte mil pesos anuales, cifra que se elevó a treinta y ocho mil pesos en 1939. Aquí conviene recordar que en el curso de ese año dio comienzo la conflagración bélica en Europa, en cuyo contexto habría de tener lugar un impresionante desarrollo de la física nuclear. Para entonces, el Instituto ocupó un local dentro del Palacio de Minería, en la calle de Tacuba, en el centro de la ciudad. Aparte del doctor Baños, director del mismo y precursor en México, junto con Sotero Prieto y Blas Cabrera, de los estudios de Física Atómica y de Física Teórica, figuraban como investigadores el ingeniero Manuel González Flores y los profesores (aún no contaban con el título profesional) Héctor Uribe y Manuel Perusquía, así como un ayudante de investigador, el señor Pedro Zuloaga. 
 
Radiación Cósmica, Hidrodinámica y Elasticidad, Física Biológica, Física Nuclear y Radioactividad, Espectroscopía y Estructura Atómica, Rayos X y Estructura Molecular, Astrofísica, Geofísica y Laboratorio de Mecánica de Suelos eran las secciones que integraban el núcleo estructural del Instituto, según su plan original. Sin embargo, dadas las limitaciones presupuestales y, en general, las carencias de la Universidad, hubo de conformarse con establecer y hacer funcionar las secciones de Radiación Cósmica y de Mecánica de Suelos, e iniciar los trabajos teóricos de la geofísica.
 
En un artículo preparado por el doctor Baños a finales de 1940 para la Revista de Estudios Universitarios, órgano de difusión de las Facultades de Filosofía y Letras, Ciencias y de la Escuela Nacional Preparatoria, el director del Instituto presentó a la comunidad universitaria las siguientes reflexiones: “A diferencia de otros institutos, tales como el Instituto de Biología, el Instituto de Geología y el Observatorio Astronómico Nacional, que ingresaron a la Universidad Nacional Autónoma de México en 1929, dotados de amplio patrimonio en cuanto a edificios, laboratorios, bibliotecas y personal, el Instituto de Física ha empezado sin patrimonio alguno, con lo cual la labor de creación a la vez que de organización y dirección se torna de lo más difícil, especialmente en vista de las circunstancias precarias por las que ha atravesado la Universidad durante los últimos tres años escasos que lleva de vida el Instituto de Física. Sin embargo, es la esperanza de esta Dirección que las autoridades universitarias, animadas de un alto espíritu de deber universitario y percatadas por entero de la importancia y trascendencia de la misión que el Instituto de Física está llamado a desempeñar dentro de la Universidad como laboratorio central de pruebas y medidas físicas y como centro de investigaciones en las ciencias físico-matemáticas, habrán de prestarnos su más amplia colaboración y franca ayuda para dotar, desde luego al Instituto, aunque sea de forma modesta y sencilla, de un edificio adecuado para sus oficinas, sus laboratorios y su biblioteca”.
 
Estos acontecimientos fueron reconocidos por el rector Gustavo Baz en el informe que presentó en 1940: “De enorme trascendencia para el país fue la creación de la Facultad de Ciencias. La Universidad de México estaba integrada por un conjunto de Escuelas en las que se preparaba a los profesionistas. Pero nos faltaba la pura investigación científica y particularmente la preparación de los investigadores, hombres ajenos al ejercicio práctico de una profesión y que deben tener como fin la pura investigación científica”. 
 
Así fue como se inició en nuestro país la promoción institucionalizada de científicos: con presupuestos exiguos y escatimados, en un contexto generalizado de apatía, sin conexiones operativas con la planta productiva, y careciendo de estímulos sociales en favor del incremento de vocaciones en las diversas áreas. En su devenir seguirá enfrentando esta situación.
     

Nota

Este texto es un fragmento del publicado en número 53 de la revista Ciencias
     

     
Raúl Domínguez Martínez†
Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, 
Universidad Nacional Autónoma de México.

     

     
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Propuesta de creación de la Facultad de Ciencias 143B04  
 
 
 
   
                     
al h. consejo universitario
     
Los suscritos: Dr. Antonio Caso, Director de la Facultad de Filosofía y Estudios Superiores;
 
Dr. Isaac Ochoterena, Director del Instituto de Biología; Ing. Ricardo Monges López, Director de la Escuela Nacional de Matemáticas y Ciencias Físicas, y Dr. Alfredo Baños Jr., Director del Instituto de Ciencias Físico-Matemáticas, ante ese H. Consejo respetuosamente exponen:
 
En todas las principales universidades del mundo, aun las de segundo orden, existe una Escuela o Facultad dedicada al estudio superior de las ciencias que se denominan ESCUELA o FACULTAD DE CIENCIAS.
 
En la más pobres se enseñan, cuando menos, las cuatro ciencias fundamentales, a saber: las Matemáticas, la Física, la Química y la Biología, pero en la mayoría de ellas, se enseña también la Geología y la Astronomía, que son las ciencias concretas de mayor generalidad, y en las universidades de primer orden se incluyen aun las ciencias Psicológicas.
 
Las cuatro ciencias fundamentales se enseñan también en todas las universidades, como base cultural y preparatoria de todas las profesiones, pero estos estudios tienen tan sólo un carácter elemental, o particular, de acuerdo con las necesidades de cada técnica, sin que se les pueda dar ni toda la extensión, ni mucho menos toda la elevación que estos estudios requieren para preparar a los profesores universitarios y a los investigadores científicos.
 
Para formar a estos profesores e investigadores se requiere una Facultad especial, en donde se enseñen las diversas ramas de la ciencia en toda su generalidad y elevación, de una manera metódica y sistemática, pasando, gradualmente desde los conocimientos que se adquieren en la preparatoria, hasta los más altos estudios que requiere la investigación para el progreso de la ciencia.
 
Investigar y enseñar son, indudablemente, las actividades más importantes y elevadas de toda universidad, y las personas que se dedican a ellas deben contar con una institución universitaria de primer orden en donde pueden adquirir los conocimientos necesarios.
 
En nuestro medio universitario se ha tenido especial cuidado de formar buenas escuelas profesionales, dotándolas, hasta donde se ha podido, de todo lo que necesitan para preparar a sus alumnos; pero a los profesores universitarios y los investigadores de la ciencia no se les ha prestado ayuda alguna, se han formado por su propia cuenta.
 
Afortunadamente, desde hace cinco años, nuestra universidad se ha orientado por distinto camino, y ahora ya contamos con una escuela de Matemáticas y Ciencias Físicas en donde preparan a los Matemáticos, a los Físicos y a los Geólogos, y en donde se pensaba preparar a los Astrónomos y perfeccionar los estudios de los Químicos, para transformarlos en investigadores empeñados en el progreso de esta importante rama de la ciencia. En la Facultad de Filosofía y Estudios Superiores contamos ya con una carrera para preparar a los Biólogos, y aunque estos estudios son muy distintos de los otros que se imparten en esa Facultad, se ha hecho todo lo posible por irlos elevando poco a poco, faltándoles sin duda la cooperación de los laboratorios de física y química biológica, indispensables para poder profundizar en estos estudios.
 
Por lo anterior se ve que, si no hemos llegado a organizar debidamente el estudio superior de la ciencia en nuestra universidad, no ha sido por falta de esfuerzos encaminados en ese fin, sino porque en los últimos años hemos vivido largos periodos de inquietud y hemos sufrido una continua falta de recursos, que ha obligado a nuestras autoridades universitarias a posponer la resolución de los problemas culturales para atender a la imperiosa necesidad de subsistir.
 
Pero ha llegado ya el momento inaplazable de dar a nuestra casa de estudios su organización definitiva, esto es, de elevarla al rango que le corresponde en la cultura mundial, y, para ello, es indispensable crear la FACULTAD DE CIENCIAS, para formar con ella, con la FACULTAD DE FILOSOFÍA, y con los INSTITUTOS DE INVESTIGACIÓN, el exponente más alto de nuestra cultura.
 
La Facultad de Ciencias debe tener cuando menos siete departamentos, a saber: el de Matemáticas, el de Física, el de Química, el de Biología, el de Geografía y el de Astronomía, y deben integrarse con los elementos que tiene la Escuela Nacional de Matemáticas y Ciencias Físicas y con los de la Sección de Biología y de Geografía de la Facultad de Filosofía y Estudios Superiores. 
 
Para coordinar, debidamente, la preparación de los investigadores que se hagan en la Facultad, dentro de los siete Departamentos mencionados antes, con la investigación científica que se lleva a cabo en los institutos, es conveniente que exista un instituto correspondiente a cada uno de los Departamentos de la Facultad. Por esta razón se propone que el Instituto de Ciencias Físico-Matemáticas se divida en dos Institutos: uno dedicado a las Matemáticas y otro a la Física; que se establezca el Instituto de Química, que tanta falta hace para completar el cuadro de investigación, y que el Instituto de Investigaciones Geográficas se incorpore, con el nombre de Instituto de Geografía, al grupo de institutos que habrán de colaborar con la Facultad de Ciencias en un programa coordinado de Investigación científica. De este modo cada Jefe de Instituto será al mismo tiempo, ex-oficio, Jefe del Departamento respectivo de la Facultad de Ciencias.
 
Así mismo, para coordinar las labores de todos los Institutos entre sí y planear debidamente el servicio social que por medio de ellos imparta la Universidad, deberá crearse un Consejo consultivo que estará formado por los directores de las Facultades de Filosofía y de Ciencias y por los Directores de los siete Institutos de investigación anteriormente mencionados. 
 
La creación de esta nueva Facultad y la coordinación de ella con los institutos de Investigación de la manera indicada, resolverán para la Universidad, dentro de muy breve plazo, los tres importantísimos problemas, a saber: la investigación, la docencia y el servicio social de la ciencia.
 
Teniendo en cuenta las razones anteriormente indicadas y para llevar los fines propuestos, nos tomamos la libertad de someter a la consideración
 
de ese H. Consejo las siguiente reformas al Estatuto que está discutiendo:
 
TÍTULO II
DE LAS INSTITUCIONES
 
Artículo 5o. La educación superior, la preparación para la investigación científica y la formación de profesionistas y técnicos se realizará por las siguientes instituciones:
1o.- Facultad de Filosofía y Letras.
2o.- Facultad de Ciencias.
3o.- Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, integrada por:
a) La Escuela Nacional de Jurisprudencia,
b) La Escuela Nacional de Economía,
c) La Escuela Nacional de Comercio y Administración.
4o.- Facultad de Medicina, integrada por:
a) La Escuela Nacional de Medicina, con las secciones de Enfermería y Obstetricia,
b) La Escuela Nacional de Odontología,
c) La Escuela Nacional de Medicina Veterinaria.
5o.- Facultad de Ingeniería y Ciencias Químicas, integrada por:
a) La Escuela Nacional de Ingeniería,
b) La Escuela Nacional de Ciencias Químicas.
6o.- Facultad de Bellas Artes, integrada por:
a) La Escuela Nacional de Arquitectura,
b) La Escuela Nacional de Artes Plásticas,
c) La Escuela Nacional de Música.
7o.- Escuela Nacional Preparatoria.
8o.- Escuela Nacional de Iniciación Univesitaria.
 
Artículo 6o.- La investigación científica se llevará a cabo principalmente por los siguientes institutos:
a) de Matemáticas
b) de Física
c) de Química
d) de Biología
e) de Geología
f) de Geografía
g) Observatorio Astronómico
h) de Investigaciones Sociales
i) de Investigaciones Estéticas.
 
Artículo 8o.- Los Institutos tendrán un Director y constarán de las secciones con el personal técnico y administrativo que señale el reglamento y dependerán directamente del Rector. Las Juntas Directivas de las Facultades de Derecho y Ciencias Sociales y de Bellas Artes funcionarán respectivamente como Consejeros Consultivos de los Institutos de Investigaciones Sociales y de Investigaciones Estéticas: deberán hacer al Rector todas las observaciones que estimen pertinentes para el mejor desarrollo de los trabajos.
 
Los Directores de las Facultades de Filosofía y Letras y de las Ciencias, el Director de la Escuela Nacional de Ciencias Químicas y los Directores de los Institutos de Matemáticas, Física, Química, Biología, Geografía y del Observatorio Astronómico formarán el Consejo Consultivo de estos Institutos. Los Directores de los Institutos anteriormente mencionados serán los jefes de los respectivos Departamentos de que consta la Facultad de Ciencias.
 
México, D.F. a 19 de octubre de 1938
 
Dr. Antonio Caso
Dr. Isaac Ochoterena
Ing. Ricardo Monges
Ing. Ricardo Monges
     

     


     

     
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El Prometeo Quetzalcoatl 143B05  
 
 
 
 César Carrillo Trueba  
                     
Los mitos fascinan por su vitalidad, su capacidad
de allegarse elementos de diferentes épocas, culturas muy distintas, de recubrirse de actualidad al fusionarse con otros mitos, llenarse de sentido una y otra vez, perdurando a lo largo del tiempo, cuasi eternos. El mito de Prometeo es ilustrativo. Aliado incondicional de los humanos —se dice que él los moldeó con arcilla—, les proporcionó valiosos conocimientos —como construir una gran arca para salvarse del diluvio provocado por Zeus— y robó el fuego del Olimpo para ellos. Fue por eso que lo hicieron encadenar en el monte Cáucaso, adonde día con día llegaba un enorme águila que le devoraba las entrañas, las cuales se reestablecían durante la noche del ataque de la rapaz. Un castigo eterno para un ser inmortal.
 
El conocimiento científico ha sido asimilado al fuego por su acción civilizadora, por los beneficios que lleva a la humanidad, de ahí que Prometeo haya sido una figura rápidamente retomada como símbolo de la ciencia. México no es la excepción, sólo que aquí, tras la Revolución de 1910, tuvo lugar una hibridación de la mitología clásica con la mesoamericana como resultado de un intento por encontrar similitudes entre ambos panteones, entre las divinidades de cada continente, por dotar a las antiguas culturas del país de una filosofía similar a la griega.
 
La escultura El Prometeo Quetzalcoatl que se levantó frente a la Facultad de Ciencias cuando se construyó Ciudad Universitaria —actualmente en la explanada de la biblioteca— fue concebida en ese contexto. En la mitología mesoamericana, Quetzalcoatl es el benefactor de la humanidad, él roba los huesos que guardaba Mictlantecuhtli en el inframundo y con ellos crea a los humanos, a él deben sus conocimientos más necesarios así como el mantenimiento de la agricultura ya que simboliza la tierra y el agua, y varios de sus héroes y gobernantes fueron identificados con esta deidad que alguna vez fue humano. 
 
El escultor Rodrigo Arenas Betancourt, nacido en Colombia pero instalado en México desde 1947, tuvo la idea de fusionar ambos mitos en una escultura. La serpiente de basalto que sostiene la figura humana de bronce simboliza a Quetzalcoatl, deidad telúrica, mientras, en lo alto, con un halo de estrellas, Prometeo resiste su tormento; el espejo de agua en donde se yergue la escultura de siete metros y medio de altura remata el conjunto. Así, agua, tierra y cielo simbolizan el cosmos, el entorno que sostiene la vida y que los humanos se afanan por entender, anhelan comprender, develan sus misterios, siempre inalcanzables.
     
       

     
César Carrillo Trueba
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México
     

     
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Urge encauzar la Inteligencia Artificial 143B02  
 
 
 
Eduardo Morales  
                     
La Inteligencia Artificial (IA) recientemente se ha
vuelto un tema común de conversación, con desarrollos que no dejan de sorprendernos, inclusive a los que trabajamos en el área desde hace muchos años. Apoyada por una inyección importante de recursos económicos y  humanos, ha aprovechado la gran cantidad de datos disponibles, los aumentos en la capacidad de cómputo y las mejoras en los algoritmos de aprendizaje para crear sistemas que prácticamente saben de todo, que le ganan a los mejores del mundo en una gran cantidad de juegos, que pueden generar dibujos, textos, música y videos a partir de un texto simple, e inclusive resolver problemas tan fundamentales para la vida como el del plegamiento de proteínas. La ia está impactando a gran velocidad en toda la sociedad, por lo que es importante actuar con rapidez para asegurarnos que esta poderosa tecnología se use en beneficio y no en detrimento de todos.
 
Sus avances recientes están detonando un “nuevo renacimiento” en las ciencias y las artes. Por un lado, ayudando a resolver problemas fundamentales en la ciencia y, por el otro, generando una explosión de expresiones artísticas. En particular, se le puede ver como un “amplificador cognitivo”, con capacidades para analizar una gran cantidad de información, encontrar patrones útiles, explorar diversas alternativas, entre muchas otras capacidades. Siendo una tecnología tan poderosa, también tiene sus posibles riesgos. Es importante entender que los sistemas de ia, pueden tomar decisiones acertadas o decisiones que pueden reforzar nuestros errores o sesgos, pero estos sistemas no tienen un código moral, no saben lo que es verdadero o falso, no saben si se equivocan, no tienen valores humanos, no cuentan con intención, motivación, emoción o juicio, aunque por su comportamiento lo pueden “simular”, por lo que es común asignarle cualidades humanas. 
 
Para contener sus posibles malos usos, recurrentemente se menciona la importancia de crear una regulación, como lo están haciendo muchos países. La regulación tiene sus beneficios, pero también sus riesgos. Por un lado, ayuda a que se le dé un uso ético, buscando prevenir discriminación y sesgos que puedan impactar negativamente a grupos minoritarios; también a la protección de datos personales, a respetar la privacidad, a impulsar la calidad y consistencia de los desarrollos y a promover la responsabilidad social y legal de estos sistemas cuando se equivocan. Con la regulación se puede promover la transparencia de estos sistemas, buscar proteger los derechos de autor, evitar la proliferación de armas autónomas, incentivar el uso de estas tecnologías en toda la sociedad, y para evitar ensanchar la brecha entre ricos y pobres, entre otros beneficios.
 
Por otro lado, los detractores de las regulaciones argumentan que éstas pueden detener o retrasar el desarrollo de dicha tecnología y crear costos excesivos, afectar al surgimiento de nuevas empresas para las cuales sea difícil cumplir con tales regulaciones y que no tengan los recursos económicos necesarios, limitando la posible competencia. Sin embargo, dada la velocidad en que están ocurriendo los desarrollos y la incertidumbre en cuanto a su posible futuro, lo más probable es que dichas regulaciones dejen de tener vigencia rápidamente. 
 
Finalmente, las regulaciones que adopten los países no van a ser equivalentes e inclusive pueden no existir en algunos casos, lo cual puede provocar que las empresas desarrolladoras de dichas tecnologías se muevan a países con regulaciones laxas que permitan desarrollar sistemas que posiblemente violen derechos humanos a costa de beneficios económicos. Algo parecido ya sucede en otras industrias, como la minera, en donde se violan las condiciones mínimas laborales y ambientales. La regulación debe de ser en beneficio de la población y no de las compañías desarrolladoras. Las normas deben de crearse a nivel nacional tomando en cuenta las regulaciones internacionales y ser robustas y ágiles para poder lidiar con los continuos cambios tecnológicos.
 
Las regulaciones son indispensables, pero no son suficientes. Por ejemplo, existen leyes claras para no robar, sin embargo, cerramos con llave todas nuestras pertenencias porque las leyes no siempre son respetadas. Si algo nos enseñó el uso de la ia en las redes sociales es que, con mecanismos relativamente sencillos, lograron que la gente fuera más predecible, más extrema y más polarizada. No es difícil imaginar mayores controles sobre la población con mecanismos más sofisticados. Afectará la educación, el sector salud, el desarrollo de la ciencia y de las artes, la agricultura, el empleo y muchas áreas más, por lo que se requiere tener un plan nacional de desarrollo integral, con equipos multidisciplinarios, que abarque todos estos sectores y se asegure de que dicha tecnología se use en beneficio de la sociedad.
 
Por ejemplo, en el sector salud se esperan mejoras al producir diagnósticos precisos, acelerar la producción de fármacos y vacunas, dar un mejor seguimiento a los pacientes, ayudar a la prevención de enfermedades y contar con la posibilidad de desarrollar aplicaciones médicas específicas para la población mexicana. Pero para eso se requiere trabajar con médicos especialistas que conozcan no sólo los beneficios, sino también los riesgos potenciales.  
 
Se espera que contribuya asimismo a una educación personalizada con grandes beneficios en el proceso enseñanza-aprendizaje, pero esto requiere educar a los alumnos y, en particular, a los maestros en cómo usar estas tecnologías de forma efectiva para que promuevan la enseñanza y se eviten saltos cognitivos, esto es, que los alumnos dejen de aprender ciertos conceptos o habilidades por delegar buena parte del trabajo cognitivo en tales tecnologías. Para esto se requiere cooperar con los docentes a fin de diseñar programas de enseñanza en donde se aprovechen dichas tecnologías como apoyo a los alumnos en el aprendizaje y desarrollo de nuevas habilidades.
 
Además, se espera que provoque desempleo, por lo que se requiere trabajar con expertos de economía y empresarios para vislumbrar alternativas laborales y programas de capacitación para la generación y conversión de nuevos empleos. Ya está presente en nuestras vidas y su influencia va a ser cada vez mayor. No podemos dejar pasar la oportunidad para aprovecharla ni dejar que cada quien use esta tecnología como “dios le dé a entender”. Actualmente las grandes compañías crean sistemas de ia, los liberan a la sociedad y luego buscan corregirlos para evitar posibles sesgos o malos usos. Tenemos que obligar a estas compañías para que los sistemas que liberan a la sociedad sean seguros por diseño. Eso justamente sucede con las farmacéuticas, las cuales no pueden, por ejemplo, saltarse los ensayos clínicos, o con las plantas nucleares, que no pueden omitir los protocolos de seguridad. Entonces, ¿por qué vamos a permitir que las compañías que están generando estos sistemas sí se puedan saltar cualquier tipo de garantía? No queremos que por desconocimiento de su uso se creen errores médicos que pongan en riesgo la vida de los pacientes. Tampoco podemos quedarnos cruzados de brazos mientras el desempleo aumente con su incorporación en varios sectores productivos; no debemos permitir que nuestros alumnos usen estas herramientas para resolver problemas escolares, evitando procesos cognitivos y perdiendo su capacidad para escribir, cuestionar o razonar. Debemos evitar que esta tecnología ensanche la brecha educativa, de salud, alimenticia, entre otras tantas, entre personas con altos recursos económicos y aquellas menos favorecidas. 
 
Finalmente, es importante preguntarnos cómo estamos en la formación de recursos humanos, la cual es una parte fundamental para el futuro de la ia. Desafortunadamente en México, su desarrollo y, más genéricamente de la computación, tiene serios problemas en todos los niveles educativos. En la primaria, secundaria y preparatoria, en general, se enseña cómo usar paquetes para escribir textos, hacer hojas de cálculo o diseñar presentaciones, en lugar de enseñar computación. Aprender a usar paquetes en las clases de computación es como aprender a usar una calculadora en lugar de enseñar matemáticas, a usar un telescopio en lugar de aprender astronomía o manejar un coche para aprender mecánica. El equiparar el uso de paquetes o herramientas con el conocimiento del área crea una idea equivocada de lo que es la computación. A nivel licenciatura no estamos mejor, en lugar de que exista una carrera en computación que se enseñe en diferentes instituciones, como ocurre con la física, química o biología, lo que vemos es que existen más de doscientos nombres diferentes para carreras relacionadas a computación e informática, la mayoría de ellas con deficiencias en matemáticas, que son la base de la computación y la ia. 
 
Esto crea confusión para los estudiantes y para los empleadores, ya que el nombre de la carrera deja de hacer sentido en cuanto al contenido de la carrera. A nivel posgrados, se tienen grupos relativamente pequeños y aislados en el país, no se tiene un Centro Público de Investigación dedicado a la ia y las políticas de evaluación de conahcyt, que en buena medida determinan el desarrollo de la investigación en el país, aíslan a los científicos mexicanos de la comunidad internacional. Me explico: en la computación, una de las formas más aceptadas de publicar conocimiento es por medio de congresos, los cuales son artículos en extenso que siguen un proceso estricto de evaluación y en donde muchas veces es más difícil de publicar que en las mejores revistas del área. Esto no ocurre, en general, en otras áreas del conocimiento, en donde las publicaciones en congresos se consideran de menor calidad que las de las revistas. Para ilustrar la relevancia de los congresos en computación, según Google metrics, de las cien publicaciones de mayor impacto a nivel mundial, existen diez de computación, de las cuales ocho son congresos. De hecho, la cuarta publicación de más impacto a nivel mundial en esa lista es un congreso de computación, sólo por debajo de Nature, The New England Journal of Medicine y Science. Sin embargo, si un investigador de México publica en ese congreso, no se le toma en cuenta en sus evaluaciones porque no se considera como un producto válido de investigación. Esto provoca que los investigadores acaben publicando en revistas para que se les reconozcan esas publicaciones en México, pero que posiblemente no reciban el mismo reconocimiento a nivel internacional.
 
La IA es una tecnología muy poderosa que puede ayudar a resolver muchos problemas de la sociedad y mejorar sus estándares de vida, pero tenemos que asegurarnos que así sea. Dada las capacidades de sus herramientas actuales y su disponibilidad, es primordial que nosotros definamos cómo queremos que se usen en beneficio de la sociedad. Se tiene que invertir en su educación, en su investigación y en su sano desarrollo. Se requiere crear centros de ia, con grupos multidisciplinarios y equipo de cómputo adecuado para atender los sectores que más rápidamente van a ser afectados con esta tecnología, empezando por la educación. Es necesario crear una regulación y considerar aspectos éticos en su uso. Se requiere incluir cursos de ética en las universidades que enseñan computación y aplicar regularmente auditorias y monitoreos a estos sistemas para asegurarse de que cumplan con ciertos estándares de desempeño y confiabilidad. Tales acciones nos pueden ayudar a crear un desarrollo responsable en el área, que traiga beneficios tangibles para la sociedad y detone el desarrollo científico y tecnológico del país. 
 
Necesitamos articular un plan nacional para la incorporación de la ia en la sociedad. Sus posibles consecuencias son muy amplias, es una tecnología disruptiva y ya está entre nosotros, lo queramos o no, por lo que urge encauzarla para poder obtener todos los beneficios que promete y al mismo tiempo evitar todos los posibles daños que puede ocasionar.
     
       

     
Eduardo Morales
Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica,  
Universidad Nacional Autónoma de México.
     

     
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La importancia
de la nutrición
en la cicatrización 
de heridas
143B06  
 
 
 
René Valdez Mijares, Cecilia Hernández Flores, Alejandra Quintana Armenta y Lidia Ruiz Rosario  
                     
La cicatrización es un proceso complejo de
regeneración celular que involucra varios eventos de tipo bioquímico, inmunológico, molecular y nutricional para reparar el tejido alterado, formando uno cicatrizado que cumpla y conserve las mismas características y funciones del existente previamente a la herida.
 
Las heridas tienen diferentes etiologías de origen: quemaduras, úlceras por presión o pie diabético, cirugías programadas y traumatismos que afectan a diferentes órganos y partes de nuestro cuerpo, cuyo denominador común es el daño en la piel. Este órgano es, por lo mismo, el principal objetivo de estudio en la cicatrización de heridas.
 
La piel es una estructura intrincada, compuesta por epidermis, dermis, hipodermis, glándulas sudoríparas, vasos capilares, fibra muscular, tejido adiposo, venas, arterias, pelo, poros, estratos córneo y granuloso, y terminaciones nerviosas libres. Es el órgano más grande en la interfaz del entorno externo y los tejidos del huésped, y tiene distintas funciones, tales como ser barrera protectora contra los rayos solares uv, evitar la penetración de microorganismos patógenos y la pérdida de agua, regular la temperatura específica del cuerpo y cumplir con funciones sensoriales. 
 
Para que una piel dañada restablezca sus funciones después de una herida es necesario que ocurra el proceso de cicatrización, que consta de cuatro fases: coagulación, inflamación, proliferación y remodelación, las cuales no ocurren de manera independiente, ya que en todo momento se interrelacionan unas con otras y el buen estado nutricional es un punto clave para su funcionamiento, para lograr una cicatrización.
 
Inflamación y herida 
 
El proceso de inflamación es una reacción natural del organismo en respuesta a infecciones, daños y heridas, una reacción del sistema inmunológico que ocurre cuando el organismo genera sustancias químicas destinadas a erradicar bacterias o virus, y a reparar los tejidos que han sufrido daño. Si bien es crucial, puede convertirse en un problema cuando se vuelve excesivo o persiste en el tiempo. La inflamación se manifiesta en dos formas: aguda y crónica; la primera tiene un desarrollo relativamente corto y se distingue por la expulsión de líquido y proteínas del plasma (edema), así como la migración de leucocitos (neutrófilos), mientras la segunda es más prolongada y se distingue por la proliferación de los vasos sanguíneos, fibrosis y la necrosis de los tejidos.
 
El proceso de cicatrización de una herida depende del estado inflamatorio, ya que puede avanzar, retrasar o estancarse, dependiendo de cómo se manifieste la inflamación. En heridas crónicas, por ejemplo, distintos estudios han demostrado que la mayoría se detiene o se prolonga la fase inflamatoria (inflamación crónica) debido al aumento de infiltrados celulares pro inflamatorios, compuestos en gran parte de neutrófilos y macrófagos, que contribuyen a retrasar la cicatrización. 
 
Los procesos inflamatorios crónicos dan como resultado la desregulación de varias citosinas pro inflamatorias clave (como IL-1β y TNFα), cuyo aumento, se ha demostrado, conduce a una elevada producción de metaloproteinasas por los fibroblastos, provocando una excesiva degradación de la matriz extracelular local, perjudicando con ello su migración celular para reparar la herida.  
 
Nutrimentos y cicatrización
 
Uno de los aspectos médicos básicos y no siempre considerado en el tratamiento de las heridas es el estado nutricional del individuo. Aunque en la mayoría de los casos, la desnutrición y el estado inflamatorio son dos problemas que surgen sin importar la causa que haya originado la herida, es crucial examinar primero el estado nutricional y corregir lo más rápido posible las carencias de nutrimentos a fin de mejorar su estado inflamatorio y conseguir un óptimo proceso de cicatrización y recuperación de la herida. 
 
Los principales macro y micronutrimentos, así como los antioxidantes que la literatura ha reportado tienen una participación importante durante el proceso de la cicatrización de heridas son: proteínas, zinc, vitaminas A, C, D y E, y antioxidantes (curcumina, N-acetil-cisteina y quercetina).
 
Proteínas. En la literatura relacionada, diversos reportes señalan que la proteína es el principal micronutriente necesario para llevar a cabo una buena cicatrización de heridas. Ya sea la obtenida por medio de la dieta habitual o por el uso de un suplemento nutricional, la proteína tiene un papel fundamental en este proceso. Su deficiencia afecta la formación de vasos capilares, la proliferación de fibroblastos y la síntesis de proteoglicanos y colágeno de la piel. Este último está formado por los aminoácidos glicina, prolina e hidroxiprolina, y para su síntesis se requiere consumir proteínas de origen vegetal y animal, así como minerales —hierro y zinc— junto con vitamina C. 
 
Minerales. Son micronutrimentos inorgánicos esenciales que desempeñan en nuestro organismo funciones específicas a nivel biomolecular y antioxidante. Una dieta equilibrada es suficiente para su aporte diario, pues se encuentran en frutas, verduras y cereales principalmente. En la cicatrización intervienen indirectamente como cofactores enzimáticos o parte integrante de las diferentes vías fisiológicas que modulan el proceso de cicatrización.
 
El zinc ha sido el micronutrimento mineral más investigado en este tema, tanto en heridas crónicas como en agudas; participa como cofactor enzimático en la síntesis de colágeno, epitelización, proliferación de fibroblastos, síntesis de proteínas y de adn, en la transcripción de arn y mantiene la homeostasis de tejidos epiteliales. 
 
Vitaminas. Durante mucho tiempo se ha propuesto la idea de que las vitaminas modulan las diversas etapas de la cicatrización de heridas mediante una variedad de mecanismos que en la actualidad no están bien claros. Sin embargo, algunos estudios nos muestran que las vitaminas tienen una participación directa en los procesos de la cicatrización de heridas. 
 
La vitamina A tiene las propiedades biológicas que van desde una actividad antioxidante, el aumento en la proliferación de fibroblastos, una modulación de la diferenciación y proliferación celular, aumento de colágeno y síntesis de hialuronato, hasta disminución en la matriz extracelular mediada por la familia de mataloproteinasas de la matriz. En heridas se presentan niveles bajos de vitamina A y esto se ha visto que puede provocar un retraso en la cicatrización y mayor sensibilidad a las infecciones, y el estrés o las heridas crónicas provocan por lo general un aumento en los requerimientos de esta vitamina. No se conoce bien los mecanismos de acción de la vitamina A en la cicatrización de heridas; sin embargo, es claro que este nutrimento tiene un papel importante durante el proceso de la cicatrización.
 
La vitamina C merece un punto de atención muy especial en este tema, ya que tiene un papel fundamental en la síntesis de colágena y su subsecuente entrecruzamiento, así como en la formación de vasos sanguíneos (angiogénesis) y las funciones antioxidantes. Cuando hay deficiencias de esta vitamina se presenta deterioro en la cicatrización, disminución en la síntesis de colágena, baja proliferación de fibroblastos, disminución de la angiogénesis y aumento en la fragilidad capilar, baja respuesta inmune y una mayor sensibilidad de infección en las heridas.
 
La vitamina E se considera como un antioxidante que trabaja en conjunto con la C en la estabilidad de las membranas celulares, protegiéndolas de la destrucción por lipoperoxidación. Posee propiedades antiinflamatorias y puede ayudar a reducir el exceso de radicales libres en la lesión de la herida.
 
La vitamina D tiene efectos benéficos en varias enfermedades vasculares al promover la angiogénesis e inhibir las respuestas inflamatorias. En el caso de las heridas, en modelos animales y humanos se ha visto que puede acelerar significativamente el proceso de curación, sobre todo, en las de tipo crónico. Algunas investigaciones sugieren que hay una correlación entre niveles bajos de vitamina D y las heridas crónicas.
 
Antioxidantes y heridas
 
Los antioxidantes son sustancias químicas capaces de transferir sus electrones a otras moléculas, como las la llamadas “especies reactivas de oxigeno” que se generan durante el estrés oxidativo ocasionado por las heridas, impidiéndoles así que capten electrones de moléculas biológicas relevantes como proteínas, arn y adn. 
 
Los antioxidantes pueden clasificarse en enzimáticos (como peróxido dismutasa, catalasa, glutatión peróxidasa y tiorredocina 1 y 2) y no enzimáticos de bajo peso molecular (como las vitaminas E y C, el glutatión) y compuestos con actividad antioxidante.
 
El papel de los antioxidantes es catalizar las cadenas complejas de reacciones que transforman las especies reactivas de oxigeno en moléculas más estables (como el peróxido de hidrógeno), que posteriormente son eliminadas del cuerpo.
 
Por esta razón, para reducir los niveles de especies reactivas de oxigeno durante el proceso de cicatrización de heridas se está considerando el uso y consumo de sustancias con actividad antioxidante (como curcumina, N-Acetilcisteina y quercitina) como una propuesta atractiva; dichos compuestos son objeto de estudio e investigación actualmente con este propósito.
 
Conclusiones
 
Cuando se produce una herida se desata una serie de reacciones complejas que el organismo necesita para reparar el daño. No obstante, se sabe ya que las heridas cicatrizan más rápidamente cuando se tiene un estado de nutrición saludable, y que, por el contrario, la falta de una salud nutricional provoca que la herida no cicatrice adecuadamente. 
 
Particular importancia tienen las proteínas, las vitaminas A, C, D y E y el zinc, ya que las deficiencias de ellos en el organismo son causa de un retraso en la buena cicatrización de heridas.
 
Los antioxidantes pueden ser útiles como alternativa de tratamiento para la cicatrización de heridas, aunque a la fecha es poca la información. Se requiere mayor investigación todavía para comprender cómo intervienen estos compuestos durante el proceso de cicatrización.
     

Referencias bibliográficas


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René Valdez Mijares, Cecilia Hernández Flores, Alejandra Quintana Armenta y Lidia Ruiz Rosario
Instituto Nacional de Rehabilitación Luis Guillermo Ibarra Ibarra, 
Secretaría de Salud de México.
     

     
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Axólotl 143B01  
 
 
 
Julio Cortázar  
                     
Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los
axólotl. Iba a verlos al acuario del Jardin des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axólotl.
 
El azar me llevó hacia ellos una mañana de primavera en que París abrió su cola de pavorreal después de la lenta invernada. Bajé por el bulevar de Port-Royal, tomé St. Marcel y L´Hospital, vi los verdes entre tanto gris y me acordé de los leones. Era amigo de los leones y las panteras, pero nunca había entrado en el húmedo y oscuro edificio de los acuarios. Dejé mi bicicleta contra las rejas y me fui a ver los tulipanes. Los leones estaban feos y tristes y mi pantera dormía. Opté por los acuarios, soslayé peces vulgares hasta dar inesperadamente con los axólotl. Me quedé una hora mirándolos y salí, incapaz de otra cosa.  
 
En la biblioteca Sainte-Geneviève consulté un diccionario y supe que los axólotl son formas larvales, provistas de branquias, de una especie de batracios del género amblistoma. Que eran mexicanos lo sabía ya por ellos mismos, por sus pequeños rostros rosados aztecas y el cartel en lo alto del acuario. Leí que se han encontrado ejemplares en África capaces de vivir en tierra durante los períodos de sequía, y que continúan su vida en el agua al llegar la estación de lluvias. Encontré su nombre español, ajolote, la mención de que son comestibles y que su aceite se usaba (se diría que no se usa más) como el de hígado de bacalao.  
 
No quise consultar obras especializadas, pero volví al día siguiente al Jardin des Plantes. Empecé a ir a todas las mañanas, a veces de mañana y de tarde. El guardián de los acuarios sonreía perplejo al recibir el billete. Me apoyaba en la barra de hierro que bordea los acuarios y me ponía a mirarlos. No hay nada de extraño en esto, porque desde el primer momento comprendí que estábamos vinculados, que algo infinitamente perdido y distante seguía sin embargo uniéndonos. 
 
[…]
 
Vi un cuerpecito rosado y como translúcido (pensé en las estatuillas chinas de cristal lechoso), semejante a un pequeño lagarto de quince centímetros, terminado en una cola de pez de una delicadeza extraordinaria, la parte más sensible de nuestro cuerpo. Por el lomo le corría una aleta transparente que se fusionaba con la cola, pero lo que más me obsesionó fueron las patas, de una finura sutilísima, acabadas en menudos dedos, en uñas minuciosamente humanas. Y entonces descubrí sus ojos, su cara. Un rostro inexpresivo, sin otro rasgo que los ojos, dos orificios como cabezas de alfiler, enteramente de un oro transparente, carentes de toda vida pero mirando, dejándose penetrar por mi mirada que parecía pasar a través del punto áureo y perderse en un diáfano misterio interior. Un delgadísimo halo negro rodeaba el ojo y lo inscribía en la carne rosa, en la piedra rosa de la cabeza vagamente triangular pero con lados curvos e irregulares, que le daban una total semejanza con una estatuilla corroída por el tiempo. La boca estaba disimulada por el plano triangular de la cara, sólo de perfil se adivinaba su tamaño considerable; de frente una fina hendidura rasgaba apenas la piedra sin vida. A ambos lados de la cabeza, donde hubieran debido estar las orejas, le crecían tres ramitas rojas como de coral, una excrecencia vegetal, las branquias, supongo. Y era lo único vivo en él, cada diez o quince segundos las ramitas se enderezaban rígidamente y volvían a bajarse. A veces una pata se movía apenas, yo veía los diminutos dedos posándose con suavidad en el musgo. 
 
[…]
 
Sus ojos, sobre todo, me obsesionaban. Al lado de ellos, en los restantes acuarios, diversos peces me mostraban la simple estupidez de sus hermosos ojos semejantes a los nuestros. Los ojos de los axólotl me decían de la presencia de una vida diferente, de otra manera de mirar. Pegando mi cara al vidrio (a veces el guardián tosía, inquieto) buscaba ver mejor los diminutos puntos áureos, esa entrada al mundo infinitamente lento y remoto de las criaturas rosadas. Era inútil golpear con el dedo en el cristal, delante de sus caras; jamás se advertía la menor reacción. Los ojos de oro seguían ardiendo con su dulce, terrible luz; seguían mirándome, desde una profundidad insondable que me daba vértigo.
 
Y sin embargo estaban cerca. Lo supe antes de esto, antes de ser un axólotl. Lo supe el día en que me acerqué a ellos por primera vez. 
 
[…]
 
Acaso sus ojos veían en plena noche, y el día continuaba para ellos indefinidamente. Los ojos de un axólotl no tienen párpados.  
 
Ahora sé que no hubo nada de extraño, que eso tenía que ocurrir. Cada mañana, al inclinarme sobre el acuario, el reconocimiento era mayor. Sufrían, cada fibra de mi cuerpo alcanzaba ese sufrimiento amordazado, esa tortura rígida en el fondo del agua. 
 
[…]
 
Sin transición, sin sorpresa, vi mi cara contra el vidrio, la vi fuera del acuario, la vi del otro lado del vidrio. Entonces mi cara se apartó y yo comprendí.  
 
[…]
 
Yo era un axólotl y sabía ahora instantáneamente que ninguna comprensión era posible. Él estaba fuera del acuario, su pensamiento era un pensamiento fuera del acuario. Conociéndolo, siendo él mismo, yo era un axólotl y estaba en mi mundo. 
 
[…]
 
Creo que al principio yo era capaz de volver en cierto modo a él —ah, sólo en cierto modo— y mantener alerta su deseo de conocernos mejor. Ahora soy definitivamente un axólotl, y si pienso como un hombre es sólo porque todo axólotl piensa como un hombre dentro de su imagen de piedra rosa. Me parece que de todo esto alcancé a comunicarle algo en los primeros días, cuando yo era todavía él. Y en esta soledad final, a la que él ya no vuelve, me consuela pensar que acaso va a escribir sobre nosotros, creyendo imaginar un cuento va a escribir todo esto sobre los axólotl.
     

Nota


Fragmentos del cuento publicado en el libro Final del juego, editorial Los Presentes, Ciudad de México, 1956. El acuario en donde transcurre la historia se encontraba en el Jardín de plantes de París, destinado a la investigación que se efectuaba en el Museo Nacional de Historia Natural, así como para visita.
     

     
Julio Cortázar
Escritor (1914-1984)
     

     
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Claudio A. Castañón Suárez, Mario A. Gutiérrez Rodríguez, Samuel Ruiz Pérez y Adriana Garay Arroyo      
               
               
El desarrollo de un organismo, ya sea una planta o un
animal, es uno de los procesos más fascinantes y complejos de la biología. Se puede definir como el proceso por el cual una célula se convierte en un embrión y, posteriormente, en un organismo completo gracias al crecimiento y la maduración de tejidos y órganos que le permiten adquirir sus características distintivas a lo largo del tiempo. El desarrollo implica dos aspectos fundamentales: la comunicación entre la proliferación y la diferenciación celular, y la formación del eje corporal, que involucra procesos de embriogénesis, morfogénesis y organogénesis. 
 
Si bien las plantas y los animales comparten ciertos aspectos del desarrollo, presentan diferencias estructurales y evolutivas significativas debido a los patrones y mecanismos propios. Las plantas tienen un crecimiento indeterminado que se genera principalmente en los meristemos, los cuales contienen células totipotentes capaces de generar múltiples tipos celulares. Por su parte, los animales dependen de nichos de células troncales específicos para diferentes tejidos, lo que limita su capacidad de diferenciación. Las plantas tienen un desarrollo principalmente postembrionario, mientras que los animales, tienen un desarrollo principalmente embrionario, aunque hay excepciones, como ciertos anfibios capaces de regenerar sus extremidades y órganos. Asimismo, existen procesos de desarrollo exclusivos de plantas, como la regeneración de plantas completas in vitro a partir de tejidos diferenciados o células indiferenciadas, y procesos exclusivos de animales, como la metamorfosis, que implica cambios drásticos en la forma y estructura del organismo.
 
La plasticidad fenotípica 
 
Es la capacidad de un organismo para cambiar sus rasgos o características observables (el fenotipo) en respuesta a cambios en las condiciones ambientales, la cual es crucial para la supervivencia y reproducción en ambientes cambiantes o impredecibles. Estos cambios pueden ser en la morfología, genética, fisiología y comportamiento y ocurren en respuesta a señales ambientales como temperatura, luz, disponibilidad de agua y nutrimentos e interacciones sociales. La plasticidad fenotípica se presenta en diferentes maneras en plantas y animales y es necesario estudiarla para entender cómo los organismos se adaptan a sus ambientes. Veamos algunos casos.
 
El berro acuático (Rorippa aquatica) es una planta semiacuática que crece en hábitats de humedales, incluyendo los bordes de estanques, lagos y arroyos, y presenta heterofilia, es decir, produce diferentes tipos de hojas cuando se encuentra en un entorno acuático o terrestre. Si se halla sumergida tiene hojas finamente divididas y plumosas que están adaptadas para un eficiente intercambio de gases y absorción de nutrimentos en el agua; y cuando crece sobre la superficie del agua o en condiciones terrestres húmedas suele desarrollar hojas más anchas y menos divididas que permiten eficiente captación de luz solar y fotosíntesis. Su capacidad de adaptación morfológica le permite sobrevivir y reproducirse en ambientes cambiantes (figura 1). 
 
Triphyophyllum peltatum es una planta carnívora que se encuentra específicamente en países como Camerún, Nigeria y Gabón, y se destaca por su compleja morfología foliar y adaptación a la carnivoría única. Su nombre científico se debe a que produce tres tipos distintos de hojas durante su ciclo de vida, cada una con funciones diferentes relacionadas con su crecimiento, soporte y comportamiento carnívoro. El primer tipo es la hoja juvenil que se presenta cuando la planta es joven y se está estableciendo; suele ser simple, no carnívora, y funciona principalmente como órgano para la fotosíntesis; el segundo tipo son las hojas insectívoras, que aparecen especialmente durante la transición de juveniles a adultas; son muy delgadas y poseen glándulas que producen un mucílago pegajoso capaz de atrapar insectos —se ha descrito que este tipo de hojas insectívoras se produce en suelos pobres en fósforo; el tercer tipo de hojas son las trepadoras, estrechas y alargadas, con zarcillos que permiten que la planta trepe y se adhiera a la vegetación circundante para obtener soporte y acceso a la luz solar. 
 
Los animales e insectos presentan también fascinantes casos de plasticidad fenotípica, una flexibilidad adaptativa que les permite enfrentar condiciones variables y optimizar su supervivencia y reproducción. Un ejemplo es el cambio estacional de pelaje del zorro ártico (Vulpes lagopus) que en invierno es blanco, lo que le permite camuflarse en la nieve, mientras que en verano su pelaje se torna marrón, confundiéndose así con la vegetación de la tundra.
 
Otro es el de las castas en abejas (obreras y reinas), que están determinadas por la alimentación con jalea real. Durante los primeros tres días de vida, todas las larvas son alimentadas con jalea real y, al cuarto día, aquellas destinadas a convertirse en obreras comienzan a alimentarse de una mezcla de néctar, polen y pequeñas cantidades de jalea real, mientras que las que se convertirán en reinas continuarán siendo alimentadas exclusivamente con jalea real durante todo su desarrollo larval (figura 1).
 
En síntesis, la plasticidad permite a los organismos adaptarse a condiciones variables como la disponibilidad de agua, luz, nutrimentos, temperatura y a la presencia de competidores o depredadores. La pregunta es: ¿cómo ocurren tales cambios al interior del organismo?, ¿qué los regula y los desata? 
 
Mecanismos moleculares de la plasticidad
 
La regulación de la expresión genética es uno de los mecanismos que permiten a plantas y animales responder y adaptarse a las diferentes condiciones ambientales. Regresando al caso de las plantas, la plasticidad que han desarrollado debido a su naturaleza sésil, las convierte en organismos particularmente eficientes para responder a cambios en su ambiente. Pero para que estas respuestas sucedan, primero tienen que percibir el estímulo ambiental, lo cual ocurre mediante proteínas receptoras; una vez recibida la señal, se desencadenan diferentes procesos intracelulares para poder responder (como las cascadas de cinasas map, el calcio como segundo mensajero, la despolarización de la membrana plasmática, la biosíntesis de hormonas y la generación de especies reactivas de oxígeno). 
 
Sin embargo, a pesar de su importancia, los mecanismos genéticos que subyacen a las respuestas plásticas en plantas son complejos y poco conocidos. El estudio de la floración en una planta que ha resultado excelente modelo, arabidopsis (Arabidopsis thaliana), ha ayudado a entender los procesos genéticos involucrados. Se sabe que su floración es regulada por un gen (constans), un factor de transcripción que es regulado por la luz y promueve la expresión del gen flowering locus t mediante una proteína (ft) que es transportada de las hojas al meristemo apical a través del sistema vascular y ahí interactúa con el factor de transcripción (fd) para promover la expresión de genes de identidad floral. Este proceso se ve modificado cuando cambia el entorno en donde se desarrolla la planta, como una falta de nutrimentos, altas temperaturas o estrés salino, factores que modifican la vía génica de la floración. 
 
En animales también hay modelos que han resultado productivos, como la mosca de la fruta (Drosophila melanogaster), cuya pigmentación abdominal en las hembras es modulada por la temperatura ambiental. La expresión de los factores de transcripción (bab) aumenta a altas temperaturas, lo que conduce a la represión directa de los genes que codifican enzimas involucradas en la pigmentación (como tan -t-, Ddc y yellow -y), lo cual provoca una menor cantidad de melanina en el abdomen de las moscas. En contraste, a bajas temperaturas, la expresión de los factores de transcripción bab disminuye, eliminando la represión sobre los genes involucrados en la producción de melanina (figura 1). 
 
Sabemos ahora que la plasticidad también ocurre orquestada por fenómenos epigenéticos —esto es, los mecanismos y moléculas que producen cambios heredables en la actividad genética que no provienen de cambios en la secuencia del adn (como la metilación del adn, la modificación de histonas y los arn no codificantes). En el caso de arabidopsis, se sabe que la floración anual es un proceso que involucra la regulación epigenética del factor de transcripción flowering locus c (flc), el cual reprime genes involucrados en la transición a la floración, induciéndola; pero la exposición al frío del invierno silencia progresivamente la expresión de dicho gen, permitiendo que las plantas florezcan en primavera (ver recuadro). Es un caso importante de plasticidad epigenética en plantas, pues se trata de un proceso de percepción de estímulos ambientales intercalados con un proceso de desarrollo en las plantas que es esencial: su floración.
 
Ahora bien, la plasticidad epigenética también ocurre debido a estímulos de estrés que permiten a las plantas sobrevivir en ambientes contrastantes a pesar de no poder desplazarse. En este caso, la plasticidad puede presentarse mediante cambios epigenéticos específicos que modifican el perfil de expresión genética de la planta o por una variación aleatoria en sus marcas epigenéticas para enfrentar mejor un estrés determinado. Inclusive, se piensa que otra forma de plasticidad involucraría el reforzamiento del silenciamiento de elementos transponibles para evitar su reactivación por estímulos de estrés. Así, en arabidopsis se ha observado que la sequía promueve la expresión de los genes de respuesta a estrés hídrico (rd29a y rd29b), mediante modificaciones de histonas en las regiones codificantes de los mismos. Por otro lado, el estrés por alta temperatura ocasiona una mayor metilación del adn, mientras que el estrés por frío, como se ha visto en maíz (Zea mays), ocasiona una mayor activación de los transposones y la expresión de genes de respuesta a estrés.
 
De manera similar ocurren estos procesos de plasticidad epigenética en animales, como se ha observado en la pigmentación abdominal de la mosca de la fruta mencionada anteriormente, en la cual están involucrados reguladores de la cromatina (como crm y Corto, proteínas del complejo pcg). La plasticidad térmica de la pigmentación se debe a la modulación de la expresión de los genes tan y yellow, que codifican enzimas de pigmentación.
 
Otro caso es el de la hormiga Camponotus floridanus, cuyo sistema de castas está determinado por la modificación del comportamiento de forrajeo y exploración, regulado por la desacetilación de histonas en el cerebro central de estos insectos, lo cual puede ser modificado durante la etapa juvenil, durante su desarrollo epigenético. Específicamente, se ha observado que la acetilación de histonas promueve el forrajeo en las hormigas, lo que lleva al desarrollo de trabajadoras menores (una casta), mientras que la desacetilación de histonas inhibe este comportamiento, dando como resultado el desarrollo de trabajadoras principales (otra casta).
 
La regulación de la regeneración
 
Las plantas y los animales están expuestos de manera natural a una gran cantidad de impactos que pueden implicar la pérdida parcial o total de partes de su cuerpo. La regeneración es el proceso por el cual un organismo multicelular reconstruye partes corporales perdidas, integrando una nueva estructura cuya posición y tamaño son fieles a la original. Si bien las características específicas del proceso de reparación tisular dependen principalmente del tipo de tejido dañado y del mecanismo que causó la lesión, los objetivos de la regeneración generalmente son los mismos: restaurar y mantener la homeostasis y, en la medida de lo posible, recuperar y preservar el tejido y la función tisular.
 
 Son muy variados los mecanismos y las capacidades que tienen los organismos para recuperar una estructura corporal, por lo que se han definido cuatro modos generales de regeneración: epimorfosis, morfalaxis, regeneración mediada por células troncales y regeneración compensatoria. En la epimorfosis, las estructuras del organismo adulto pasan por una desdiferenciación y eventualmente forman una masa de células denominada blastema, la cual se vuelve a diferenciar para generar el nuevo tejido u órgano. Este proceso es característico de la regeneración de la extremidad en los ajolotes. Por el contrario, la morfalaxis implica la remodelación de los tejidos existentes en el organismo, es decir, generalmente hay poca generación de nuevas estructuras y, más bien, las células ya presentes mueren o se transdiferencian (cambian de destino o tipo celular). La morfalaxis es característica de la regeneración en las hidras. En la regeneración mediada por células troncales, como es el caso del reemplazo continuo de las células de la sangre a partir de las células hematopoyéticas de la médula ósea, son conjuntos de células troncales los que le permiten al organismo volver a crecer un tejido u órgano perdido. Finalmente, en la regeneración compensatoria, ciertas células ya diferenciadas se dividen, pero mantienen sus funciones, es decir, no son necesarias las células troncales y no hay desdiferenciación de células adultas para la formación de un blastema. Este tipo de regeneración ocurre en el hígado de los mamíferos.
 
Las capacidades regenerativas, tanto en animales como en plantas, varía entre especies y dependen de factores como la edad, el tipo de tejido y las condiciones ambientales. Así, mientras que muchas plantas y planarias pueden experimentar una regeneración total, algunos vertebrados como las salamandras y los peces pueden regenerar múltiples órganos y estructuras complejas, pero no el organismo completo. Los mamíferos, por otro lado, tienen capacidades muy limitadas para restaurar un órgano o tejido más allá del desarrollo embrionario. De manera interesante, hay algunos animales que pueden tener una respuesta plástica a las condiciones ambientales en las cuáles viven, desarrollando órganos y tejidos de manera pos embrionaria como las salamandras y el ajolote. 
 
Por su parte, las plantas tienen una capacidad de regeneración sorprendente, ya que pueden recuperar fácilmente partes corporales que se han perdido. La regeneración en plantas se da a partir de los meristemos (regeneración mediada por Nichos de Células Troncales), ya sea por la transdiferenciación (proceso mediante el cuál una célula se convierte en otro tipo celular), desdiferenciación (proceso por el cual una célula pierde su especialización) o por la producción de “callos”, que son masas de células no diferenciadas que se dividen constantemente y pueden ser utilizados para la propagación de plantas y estudios de desarrollo. En condiciones naturales, los callos se pueden formar en respuesta a ciertos patógenos o por heridas y, en este caso, el crecimiento celular repara y protege a la planta de infecciones y ayuda en la curación de heridas. En ambos casos, el proceso de formación del callo implica tanto la desdiferenciación (para regresar a un estado meristemático en donde pueda haber proliferación), como la posterior diferenciación celular en un contexto ambiental específico que participa en el proceso. 
 
Las células troncales en la regeneración
 
Se ha propuesto que los mecanismos comunes que permiten la regeneración tanto en plantas como en animales implican la proliferación de las células en nichos de células troncales o de células pluripotentes que permiten la división celular (periciclo en el caso de plantas) y la desdiferenciación de células para su posterior proliferación y diferenciación. Veamos las plantas.
 
Regeneración en plantas. Diversos experimentos han sido llevados a cabo con la finalidad de estudiar cómo ocurre el proceso de regeneración, específicamente en la raíz primaria de arabidopsis. Se sabe así que en la zona meristemática (ram, por sus siglas en inglés Root Apical Meristem) se encuentra tanto el nicho de células troncales como células en proliferación; y para entender cuáles células son importantes en la regeneración, Sena y colaboradores hicieron cortes de la raíz primaria a diferentes distancias, partiendo de la punta de la misma, con el fin de evaluar la importancia de las células del nicho de células troncales y del meristemo en la regeneración, descubriendo que la regeneración de la raíz primaria es posible sin el nicho de células troncales, siempre y cuando queden células del meristemo y que las células del meristemo, aunque ya estén diferenciadas, pueden contribuir al proceso de regeneración. Estos hallazgos sugieren que las células del meristemo desempeñan un papel fundamental en la regeneración de la raíz primaria y que la misma no depende exclusivamente del nicho de células troncales.
 
Profundizando, estos autores hicieron los mismos cortes en plantas con mutaciones de genes importantes para la especificación y el mantenimiento del nicho de células troncales (como plt1/plt2 y scr), y encontraron que, aunque la raíz primaria también regenera en estas mutantes, el porcentaje de regeneración es menor en comparación con las plantas silvestres. Esto sugiere que tales genes de-
 
sempeñan un papel importante en este proceso, pero no son absolutamente necesarios, por lo que es posible que haya otros mecanismos que contribuyan a la regeneración. Posteriormente, para encontrar más genes y otros procesos implicados en la regeneración, los autores analizaron la acumulación de transcritos en las diferentes condiciones utilizadas. Los datos mostraron que hay una rápida especificación de identidades celulares durante la regeneración (22% del centro quiescente, el organizador del nicho de células troncales es recuperado en un período de cinco horas después del corte, y las células de la columela se diferencian en 21% a las cinco horas, 32% trece horas después, y 55% a las 22 horas) y adquieren su función en un periodo de doce horas. 
 
Estos hallazgos sugieren que la regeneración de la raíz primaria de arabidopsis es un proceso complejo que implica la rápida especificación de identidades celulares y la diferenciación de células para reemplazar a las células perdidas. 
 
Regeneración en animales. Se ha observado en ajolotes que la regeneración de sus extremidades inicia con la formación de un blastema en el extremo más distal de la extremidad amputada, mientras que en salamandras comienza con una inundación de sangre y células inmunes en el área amputada, formándose rápidamente un coágulo. Enseguida, la lesión desencadena una activación de la proliferación de células troncales o progenitoras, y las células epidérmicas a lo largo del borde del corte migran sobre la herida para formar la epidermis; ambos procesos, proliferación celular y migración continua, hacen que la epidermis de la herida se vuelva cada vez más espesa hasta formar la capa epidérmica apical, la cual envía señales a la creciente población de células progenitoras debajo de ella, fomentando el desarrollo de la blastema de regeneración. De esta manera, la proliferación continua y la diferenciación progresiva del blastema impulsan el crecimiento de la extremidad en regeneración.
 
Finalmente, queda una interrogante: ¿de dónde provienen las células troncales que proliferan en el blastema y permiten la regeneración de la extremidad? Los primeros estudios demostraron que el hueso, el cartílago, la dermis y las células satélites de músculos cercanos contribuyen al desarrollo del blastema, pero recientemente se ha visto que el proceso regenerativo de la extremidad no sólo desencadena una respuesta en las células troncales cercanas, sino que la proliferación de estas células es una respuesta sistémica; es decir, después de una lesión, células troncales de todo el organismo, incluyendo las de otras extremidades, del corazón, el hígado y la médula espinal, proliferan y envían señales que permiten la formación y el mantenimiento del blastema.
 
Vías de señalización y genes 
 
¿Qué tipo de señales moleculares permiten la regeneración de una extremidad en el ajolote? Después de la formación del coágulo y de la epidermis de la herida, los nervios de la extremidad se degeneran en la región cercana al plano de la amputación, y ciertas enzimas (como las proteasas) degradan las matrices extracelulares de los tejidos debajo de la epidermis de la herida, liberando células individuales que sufren un dramático proceso de desdiferenciación, incluyendo las óseas, las cartilaginosas, los fibroblastos y los miocitos. La expresión de los genes que codifican tejidos diferenciados es reprimida, mientras que hay un aumento dramático en la expresión de genes asociados con el mesénquima proliferante en las extremidades durante el desarrollo embrionario.
 
Posteriormente, la capa epidérmica apical estimula el crecimiento del blastema (secretando fgf8), pero esto sólo es posible si hay nervios presentes. Tanto los axones sensoriales como los motores inervan el blastema de modo que los sensoriales hacen contacto directo con dicha capa, mientras los axones motores terminan en el mesénquima del blastema. Estos nervios en regeneración envían señales importantes a la capa epidérmica apical, pero no son suficientes por sí solas para el crecimiento ectópico de las extremidades, el cual requiere también señales posicionales de una epidermis que sean diferentes de las señales posicionales en el sitio de la herida.
 
La regeneración de las extremidades de salamandra a lo largo del eje proximal-distal parece ser una recapitulación del desarrollo de las extremidades durante la formación del organismo, ya que en ambos casos es necesario que existan gradientes opuestos de ácido retinoico y del gen fgf. Asimismo, dado que el tamaño y el patrón de la extremidad regenerada dependen de la posición proximal-distal de la amputación —pues la extremidad genera sólo tejidos que habían sido distales al corte—, otros factores, además del ácido retinoico y los FGF, deben estar controlando dicho patrón de formación de tejidos. Estudios recientes han implicado muchas otras moléculas de señalización diferentes, incluidas las sospechosas habituales que participan en el desarrollo embrionario: Wnt, bmp, Hedgehogs y Notch.
 
Cambio climático: la plasticidad amenazada
 
Enfrentar la variación ambiental en la que se desarrollan y poder ampliar su nicho ecológico es esencial para los organismos. Aquellos que son sésiles, como las plantas, están sujetos a variaciones climáticas regulares e irregulares o a cambios en los niveles de precipitación y temporadas anormalmente frías, por lo que la capacidad de evaluar e interpretar señales ambientales y responder de manera adaptativa es muy importante para su adecuación y supervivencia. La plasticidad fenotípica es esencial en esto, sobre todo frente al cambio climático que está alterando las señales ambientales percibidas por los seres vivos, afectando su capacidad para detectar estímulos y responder adecuadamente e impactando no sólo los procesos de desarrollo y la adecuación de los organismos, sino también las interacciones ecológicas dentro de los ecosistemas. 
 
Anfibios y reptiles, por ejemplo, son muy sensibles a tales cambios climáticos; los primeros pueden cambiar el grosor de su piel y su coloración en respuesta a niveles de humedad o cambios de temperatura, previniendo así la pérdida de agua y regulando la temperatura corporal; mientras que en algunos reptiles la temperatura durante la incubación de los huevos puede influir en la determinación del sexo, lo que se denomina como determinación sexual termosensible —reportada por primera vez en 1996 en la lagartija africana Agama agama, y posteriormente en cocodrilos, tuátaras, lagartijas y tortugas (figura 2).
 
Los cambios climáticos afectan igualmente a las plantas cuya regeneración se halla ligada a éstos. Es el caso de la planta jarro australiana (Cephalotus follicularis), carnívora y endémica del suroeste de Australia, que ha desarrollado adaptaciones maravillosas para sobrevivir en el medio en que vive. En los meses de primavera y verano produce hojas carnívoras o insectívoras en forma de jarra que capturan y digieren presas, mientras que en otoño e invierno, cuando las temperaturas descienden, produce hojas de roseta planas que realizan fotosíntesis en los meses de menor disponibilidad de insectos (figura 2). 
 
Se ha observado que el aumento global en la temperatura provoca el desarrollo prematuro de hojas y flores en diversas especies de plantas, alterando su ciclo de vida, producción y dispersión de semillas, pero igualmente los intensos periodos de frío que en algunos lugares del planeta se presentan al final de la primavera pueden causar la muerte de semillas listas para germinar. Estos eventos son graves, ya que perjudican las interacciones ecológicas en ecosistemas completos, como es el caso de las floraciones prematuras que afectan los ciclos de vida de los polinizadores, debido a que la floración está fuertemente regulada por las condiciones ambientales en las cuáles se desarrollan las plantas. 
 
Todo lo anterior muestra que la plasticidad fenotípica es un tema central en ecología, biología evolutiva y biología de la conservación. Entender cómo es que los organismos pueden adaptarse a las condiciones ambientales cambiantes es fundamental para vislumbrar cómo esto afectará a las poblaciones, la distribución de las especies y el funcionamiento de los ecosistemas. Y lo más importante: poder crear estrategias efectivas para mitigar tales impactos.
     
       
Referencias Bibliográficas

Barresi, M. J. F. y S. F. Gilbert. 2020. Developmental biology (Twelfth edition.). Oxford University Press.
     Birnbaum, K. D. y A. S. Alvarado. 2008. “Slicing across Kingdoms: Regeneration in Plants and Animals”, en Cell, vol. 132, núm. 4, pp. 697–710.
     Liu, L., L. Qiu, Y. Zhu, L. Luo, X. Han, M. Man, F. Li, M. Ren y Y. Xing. 2023. “Comparisons between Plant and Animal Stem Cells Regarding Regeneration Potential and Application”, en International Journal of Molecular Sciences, vol. 24, núm. 5, p. 4392.  
     Londono, R., A. X. Sun, R. S. Tuan y T. P. Lozito. 2018. “Tissue Repair and Epimorphic Regeneration: An Overview”, en Current Pathobiology Reports, vol. 6, núm. 1, pp. 61–69. 
     Nakayama, H., N. Nakayama, S. Seiki, M. Kojima, H. Sakakibara, N. Sinha y S. Kimura. 2014. “Regulation of the knox-ga gene module induces heterophyllic alteration in North American lake cress”, en The Plant Cell, vol. 26, núm. 12, pp. 4733-4748.
     Sena, G. y K. D. Birnbaum. 2010. “Built to rebuild: In search of organizing principles in plant regeneration”, en Current Opinion in Genetics & Development, vol. 20, núm. 4, pp. 460–465.
     Shoemaker, C., M. Ramsey, J. Queen y D. Crews. 2007. “Expression of Sox9, Mis, and Dmrt1 in the gonad of a species with temperature‐dependent sex determination”, en Developmental dynamics: an official publication of the American Association of Anatomists, vol. 236, núm. 4, pp. 1055-1063
     Sugimoto, K., S. P. Gordon y E. M. Meyerowitz. 2011. .”Regeneration in plants and animals: Dedifferentiation, transdifferentiation, or just differentiation?”, en Trends in Cell Biology, vol. 21, núm. 4, pp. 212–218.
     Winkelmann, T., G. Bringmann, A. Herwig y R. Hedrich. 2023. “Carnivory on demand: phosphorus deficiency induces glandular leaves in the African liana Triphyophyllum peltatum”, en New Phytologist, vol. 239, núm. 3, pp. 1140-1152.

Adriana Garay Arroyo
Laboratorio de Genética Molecular, Desarrollo y Evolución de Plantas,
Instituto de Ecología,

Universidad Nacional Autónoma de México.

Estudio biología en la Facultad de Ciencias e hizo el doctorado en el Instituto de Biología, ambos de la unam. Es investigadora del Instituto de Ecología de la unam y trabaja en el Laboratorio de Genética Molecular, Epigenética, Desarrollo y Evolución de Plantas. Estudia los mecanismos moleculares y genéticos de la respuesta de las plantas a diferentes condiciones de estrés.

Mario A. Gutiérrez Rodríguez
Laboratorio de Genética Molecular, Desarrollo y Evolución de Plantas,
Instituto de Ecología,

Universidad Nacional Autónoma de México.

Es biólogo egresado de la Facultad de Ciencias de la unam y actualmente cursa la maestría en el Posgrado en Ciencias Biológicas en el Instituto de Ecología de la misma universidad. Su interés principal radica en entender cómo estos mecanismos genéticos influyen en la resiliencia de las plantas frente a cambios ambientales.

Claudio Augusto Castañón Suárez
Laboratorio de Genética Molecular, Desarrollo y Evolución de Plantas,
Instituto de Ecología,

Universidad Nacional Autónoma de México.

Es biólogo egresado de la Facultad de Ciencias, unam, maestro en Ciencias Bioquímicas por la Facultad de Química, unam, doctor en Ciencias Biológicas por el Instituto de Ecología, en donde actualmente realiza una estancia postdoctoral. Su principal interés es estudiar genes y proteínas que regulan los procesos del desarrollo en plantas.

Samuel Ruiz Pérez
Laboratorio de Genética Molecular, Desarrollo y Evolución de Plantas,
Instituto de Ecología,

Universidad Nacional Autónoma de México.

Es biólogo egresado de la Facultad de Ciencias de la unam y actualmente se encuentra realizando la maestría en la Universidad de Copenhague, Dinamarca. Su interés principal ha sido la explicación de procesos genéticos y epigenéticos en diferentes organismos a través de la biología computacional y la bioinformática.
     

     
       

 

 

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Gabriela Guzmán, Edoardo Yáñez, Atzhiry Vigueras,
Diana Belén y María de la Paz Sánchez
     
               
               
Seguramente has notado que cuando a una planta se le
corta una rama, ésta se vuelve a formar; de hecho, con una sola hoja se puede generar una nueva planta. Esta capacidad de regeneración también la tienen algunos anfibios, sin embargo, no todos los animales comparten tal característica. Los mamíferos, por ejemplo, no pueden regenerar sus extremidades cuando son amputadas, ni un dedo de un humano se puede regenerar. ¿Qué es lo que hace que algunos organismos tengan esta capacidad de regeneración y otros no? Para entender qué es lo que hay detrás, es necesario conocer las células responsables de la formación de los diferentes tejidos y órganos que conforman a un organismo: las células troncales. 
 
Comúnmente conocidas como células madre, éstas tienen la capacidad de generar otras especializadas que, al madurar, formarán los tejidos y órganos de un organismo. De acuerdo con su grado de compromiso, es decir, de especialización para cumplir una función específica, se han clasificado las células troncales en multipotentes —capaces de originar múltiples células dentro de un linaje celular—, pluripotentes —pueden dar lugar a todos los tipos celulares que contiene un organismo adulto—, y totipotentes —susceptibles de generar todos los linajes embrionarios y adultos de un individuo. No obstante, en la práctica la clasificación de los diferentes tipos celulares con base en su grado de compromiso resulta algo complejo, por lo que otra clasificación ha sido creada con base en su origen, separándolas en embrionarias y adultas. Sin embargo, esto parece no ser aplicable a todos los seres vivos, ya que, por ejemplo, mientras que en animales la organogénesis (formación de los órganos) sólo se presenta en su etapa embrionaria, en las plantas puede ocurrir durante todo su ciclo de vida, por lo que en el primer caso las células troncales tienen una función muy importante en las primeras etapas del desarrollo, es decir durante la formación del embrión (un ser vivo en sus primeras etapas de desarrollo con todas las características morfológicas de la especie), pero van perdiendo importancia conforme el desarrollo avanza; de hecho, al inicio de la formación de un ser humano, mucho antes de su nacimiento, el óvulo ya fecundado se divide una y otra vez, pasando de ser sólo una célula a dos, cuatro, ocho, hasta millones de ellas. Con el paso del tiempo, todas estas células, en un principio iguales entre ellas, irán tomando formas y funciones diferentes, de tal manera que al final del desarrollo embrionario, se forme un cuerpo humano completo, con todos sus órganos y tejidos. Es decir, que las células iniciales, poco menos de cientos, son células troncales pluripotenciales. 
 
Así, aun cuando presenten diferencias, tanto en plantas como en animales las células troncales cumplen con una serie de características: a) son autorrenovables, es decir que, al dividirse, una de las células resultantes se mantiene indiferenciada, mientras que la otra se convierte en una célula especializada con diferente linaje; b) su descendencia va a diferenciarse en varios tipos celulares funcionales; y c) su comportamiento es regulado por su entorno inmediato, el llamado nicho.
 
Esta última característica tiene una gran importancia debido a que dichas células no se encuentran en forma aislada en los seres vivos, sino que están acomodadas en sitios que poseen características vitales para regular su funcionamiento: los nichos. Éstos son microambientes en donde se localizan las células troncales así como diversos factores que regulan su correcto funcionamiento —por ejemplo, proveen señales solubles, adhesivas y físicas que son cruciales para mantener su función; asimismo, evitan que las células troncales se acaben o agoten y previenen a la vez una proliferación exuberante que podría causar daños graves al organismo. Se conocen ya distintos ejemplos de células troncales localizadas en posiciones específicas y que son reguladas por su microambiente inmediato —el nicho— mediante distintos factores, en diferentes modelos de estudio, tanto de plantas como de animales.
 
Lo anterior permite entender por qué cuando somos embriones tenemos células capaces de generar cualquier parte del cuerpo —pluripotentes— y al llegar a la edad adulta esto se ve restringido. Si bien en mamíferos adultos existen algunas células troncales, éstas se hallan en nichos específicos a lo largo y ancho del cuerpo en ciertos tejidos. Algunos de los más conocidos son: 1) los nichos de la médula ósea; 2) el de células troncales incisivo; 3) el de células troncales del folículo capilar; 4) el de células madre limbares (del ojo); 5) el de células troncales intestinal; 6) el de células troncales de la epidermis; y 7) los de células troncales neurales. 
 
En su novela Un mundo feliz, Aldous Huxley construye un mundo en donde cada persona nace con un rol definido y no intercambiable dentro de su sociedad, el cual también define sus capacidades. De acuerdo con la cita anterior, podríamos decir que las células troncales de los adultos se parecen en algo a la gente de esta novela: no pueden ser lo que quieran ser. A diferencia de las células troncales embrionarias, pluripotenciales, las de los adultos son multipotenciales y unipotenciales, es decir que sólo pueden generar células de un tipo o de pocos tipos y su función se reduce a mantener los tejidos; por ejemplo, cuando nos fracturamos, las células troncales que allí se encuentran empiezan a dividirse para generar células de hueso y sanar la ruptura, más no podrían generar una extremidad nueva.
 
Así, la mayoría de los animales, incluido el humano, poseen nichos de células troncales distribuidos en zonas específicas del cuerpo, lo cual les da cierto nivel de regeneración. Es común en invertebrados como planarias, esponjas, equinodermos y varios crustáceos cierta capacidad de regeneración en zonas específicas, y hay algunos capaces de regenerar el cuerpo en su totalidad. Sin embargo, en vertebrados es algo poco común; la excepción más notables es el ajolote.
 
Un animal de gran singularidad
 
Ambystoma mexicanum, comúnmente llamado ajolote, pertenece al grupo de las salamandras y los tritones, ubicado dentro del de los urodelos, una rama de los anfibios. Es un animal capaz de regenerar la gran mayoría de sus tejidos, desde extremidades al ser amputadas, hasta tejidos vitales como los de cerebro, ovario, pulmón, ocular, muscular y esquelético, entre otros; esto se debe, en parte, a que el ajolote es un animal neoténico, es decir, que conserva características de su estado juvenil —como la presencia de branquias—, aun cuando ya ha alcanzado la madurez sexual.
 
El proceso de regeneración en ajolotes ha sido objeto de varias investigaciones. Se ha visto que, al perder una extremidad, la epidermis cubre el sitio de la lesión produciendo una cresta apical epidérmica, en donde se forma una zona proliferativa rica en células progenitoras llamada blastoma. En los ajolotes, a diferencia de otros anfibios, la regeneración del músculo se produce mediante el reclutamiento de células a partir del tejido maduro en el blastoma, en donde proliferan. Mientras que en el tritón Notophthalmus viridescens el blastoma se conforma por células originadas a partir de una desdiferenciación de células maduras de tejido muscular. 
 
Entendamos mejor este proceso con una pequeña analogía. Imaginemos que el organismo es un collar de cuentas de distintos colores, individualmente estas cuentas eran completamente blancas sin embargo al formar parte del collar se tornaron de diferentes colores dependiendo de la zona del collar en la que se localizan. Ahora pensemos que las cuentas amarillas, por ejemplo, representan las células del músculo de alguna extremidad. Teniendo esto en mente, imaginemos que el collar está cortado en la zona de las cuentas amarillas y por tanto hay un daño que reparar. La manera cómo lo resolvería un ajolote es trasladando algunas de sus cuentas amarillas remanentes directo a la zona de daño para que éstas se dupliquen y reemplacen a aquellas perdidas por el daño ocasionado al collar. Mientras que en un tritón sería un tanto diferente, ya que las cuentas amarillas próximas a la región de daño se volverán blancas (lo que representa el proceso de desdiferenciación), listas para cambiar a amarillo y poder duplicarse para regenerar la extremidad perdida. 
 
Pero no solamente puede regenerar una extremidad el ajolote; se sabe que durante el desarrollo de su organismo completo existen 33 tipos celulares, y en un estudio sobre el proceso de regeneración de su tejido cerebral se vio que se presentan 28 tipos celulares, un número bastante similar. Es algo notable si pensamos que son procesos independientes que ocurren en momentos diferentes de la vida del organismo. Además, en dicha investigación se descubrió que durante el proceso de regeneración del tejido cerebral se presenta una subpoblación de células del cerebro de los ajolotes que probablemente se origine a partir de células locales preexistentes del mismo tipo celular; ésta se genera después de una herida causada al tejido cerebral, es decir, resulta de un proceso de regeneración.
 
Si bien mucho se ha documentado acerca del proceso de regeneración de los diferentes tejidos del ajolote, poco se sabe acerca de la participación de algún nicho de células troncales en este proceso. En estudios recientes se ha identificado que algunos tejidos mantienen poblaciones de células similares a las troncales que les permiten sanar y regenerarse. Sin embargo, no se puede decir con certeza si el proceso de regeneración se da gracias a la participación de un nicho de células troncales.
 
La presencia de nichos de células troncales tanto en animales como en plantas, dos grupos que divergieron entre sí hace millones de años, sugiere que esta característica se adquirió de manera independiente en ambos grupos, y cumple el mismo propósito de tener un reservorio de células desdiferenciadas con la capacidad de, en un momento determinado y de ser necesario, continuar con su crecimiento y desarrollo o regenerar tejidos y órganos.
 
Las plantas y su especial plasticidad
 
La capacidad de las plantas para regenerar sus células y dar lugar a la formación de nuevos órganos es fascinante. Cuando una planta sufre alguna rotura o herida en alguna parte de su estructura vegetal, en el lugar de la herida se genera un ambiente que promueve y establece el proceso de regeneración celular. Esto puede iniciar de dos maneras distintas: por medio de la reactivación de células relativamente indiferenciadas o mediante la reprogramación de células somáticas diferenciadas o especializadas (estas células representan todas aquellas que forman parte de tejidos y órganos de un organismo, sin incluir las germinales ni las embrionarias, que son el origen de los gametos). 
 
Ambos procesos de regeneración celular suceden por la extraordinaria capacidad que tienen las plantas de volver a especificar la especialización de algunas células, esto significa que pueden cambiar la función tanto de células indiferenciadas como de aquellas que ya adquirieron una función específica para dar lugar a la formación de los centros formadores de células, los llamados meristemos. El tejido meristemático de las plantas desempeña un papel importante en el proceso de regeneración, ya que es el responsable de reparar el daño celular y mantener el crecimiento de la planta mediante la producción de células nuevas para la formación de órganos. Los meristemos están formados por dos tipos de células: un grupo indiferenciadas pero bien organizadas, es decir, que aún no están especializadas pero tienen la capacidad de multiplicarse rápidamente; y un nicho de células troncales que fungen como el centro de control del tejido meristemático. En general, en plantas podemos encontrar principalmente dos meristemos localizados en cada extremo de la planta, en el tallo y en la punta de la raíz, por lo que se les conoce como meristemo apical de tallo y meristemo apical de raíz; en conjunto mantienen el desarrollo y formación de los órganos de las plantas.
 
En las plantas con semillas, estos meristemos aparecen desde el inicio de la formación de la semilla, igual que ocurre en mamíferos cuando el óvulo es fecundado, ya que éste contiene toda la información necesaria para que el embrión comience su desarrollo pasando por varias etapas de crecimiento y cambios morfológicos hasta su nacimiento. Un proceso similar sucede en el interior de las semillas cuando se empiezan a formar. Se ha visto que en muchas especies de plantas —como Arabidopsis thaliana, una planta con semillas muy usada como modelo de estudio—, después de la fecundación del óvulo se produce una primera división celular que genera dos células de diferente tamaño, una pequeña llamada célula apical, ya que se encuentra en el extremo superior, y una alargada de mayor tamaño llamada célula basal, es decir, que se encuentra en la base. Ambas continúan dividiéndose en cada etapa del desarrollo embrionario y empiezan a formar dos polos de grupos de células en cada extremo para dar lugar a la formación del tejido meristemático de tallo y de raíz.
 
El meristemo apical de tallo es el encargado de la formación de tallo, hojas y flores, parte del tejido aéreo de las plantas, de aquellos órganos que se encuentran por encima del suelo. Por su parte, el meristemo apical de la raíz es el encargado de los tejidos que conforman la raíz, aquellos que se hallan bajo el suelo. Ambos presentan una localización y organización celular específica: el meristemo de tallo está compuesto por un conjunto de células organizadas donde se ubica el nicho de células troncales que contiene un centro organizador, el cual mantiene y regula la formación de las células troncales; y contiene también una zona de células que se dividen rápidamente y adquieren una función específica para dar lugar al tejido epidérmico y subepidérmico del tallo, a hojas y flores. Estos tejidos revisten a la planta como si fuera su piel, ya que proveen una barrera que la protege de daños externos, y se encargan de formar el tejido vascular del tallo y la médula, que operan como el sistema circulatorio de las plantas, pues tienen la función de transportar agua, nutrimentos y movilizar moléculas por todo el tejido vegetal. 
 
En el caso de la estructura de la raíz, sus células están dispuestas como si fuera un cono, en cuyo vértice se localiza el meristemo de raíz. Éste presenta una organización celular ordenada: en la punta se encuentran el centro quiescente formado por células que mantienen un estado de baja actividad debido a un microambiente controlado, y alrededor de éstas se encuentran las células troncales, que tienen la capacidad de dividirse rápidamente para dar lugar a los diferentes tejidos de la raíz, como la epidermis, el córtex y la endodermis, que constituyen los más externos de la raíz respectivamente y que, en conjunto, rodean al tejido más interno de la raíz, llamado vascular, que es importante para el transporte de agua y nutrimentos.
 
Ambos meristemos permanecen activos durante todo el ciclo de vida en muchas especies de plantas, lo que les permite regenerar sus órganos cuando son dañados. Además, la capacidad de las células de cambiar de especialización en un momento determinado es una de las características fascinantes de las plantas gracias a la cual pueden generar con relativa facilidad una nueva planta con todos sus órganos a partir de un pedazo de hoja o de raíz. En efecto, en muchas especies es posible obtener una planta completa a partir de un pedacito de algunos de sus órganos; algunas lo hacen naturalmente, como es el caso de varias suculentas que, cuando se les corta una hoja y se pone en tierra, al cabo de unos días empieza a salir raíces y pequeñas hojitas y, con el tiempo, se forma una planta adulta completa. Sin embargo, otras especies requieren una pequeña ayuda, es el caso de ciertas especies que necesitan la adición de sus propias hormonas para inducir la formación de raíces, tallos y hojas. Esta plasticidad ha permitido propagar plantas en peligro de extinción, como algunas cactáceas, o acortar los tiempos de desarrollo para que llegue a su madurez un agave. 
 
Lo más interesante de los estudios sobre la plasticidad en mamíferos, anfibios y plantas es que, a pesar de que sus nichos de células troncales conservan características similares y muchas de las moléculas que actúan en los procesos de regeneración también están conservadas, son diferentes las señales que regulan sus nichos de células troncales. Quizá sea esto un factor que influya en su capacidad de regeneración. Hace falta todavía un mayor número de estudios para saber más acerca de este proceso.
     
       
Referencias Bibliográficas
Scadden, D. 2006. “The stem-cell niche as an entity of action”, en Nature, vol. 441, pp. 1075-1079.
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Gabriela Guzmán Fávila,
Instituto de Ecología,
Universidad Nacional Autónoma de México.


Es bióloga graduada de la Facultad de Ciencias, UNAM. Actualmente se encuentra realizando sus estudios de posgrado en Biología molecular y epigenética de plantas, en el Instituto de Ecología, UNAM.

Edoardo Yáñez Martínez,
Instituto de Ecología,
Universidad Nacional Autónoma de México.


Estudió biología en la Facultad de Ciencias, UNAM. Actualmente se encuentra como pasante en el Laboratorio de genética molecular, desarrollo, epigenética y evolución en plantas, Instituto de Ecología, UNAM.


Atzhiry Deni Vigueras Enciso
Instituto de Ecología,
Universidad Nacional Autónoma de México.


Estudió biología en la Facultad de Ciencias, UNAM. Actualmente se encuentra como pasante en el Laboratorio de genética molecular, desarrollo, epigenética y evolución en plantas, Instituto de Ecología, UNAM.

Diana Belén Sánchez Rodríguez,
Instituto de Ecología,
Universidad Nacional Autónoma de México.


Es doctora en ciencias en infectómica y patogénesis molecular, cinvestav, Zacatenco. Actualmente es Técnico Académico titular A de TC en el Laboratorio de genética molecular, desarrollo, epigenética y evolución en plantas, Instituto de Ecología, UNAM.

María De La Paz Sánchez Jiménez
Instituto de Ecología,
Universidad Nacional Autónoma de México.


Es doctora en ciencias bioquímicas por la Facultad de química, UNAM. Actualmente es investigadora titular B de TC, Instituto de Ecología, UNAM. Su línea de investigación se centra en la biología molecular y la epigenética de plantas.
     

     
       

 

 

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Francisco Javier Cepeda Flores      
               
               
La necesidad de cambios en la Universidad para sacarla
de su estancamiento, así como la ejecución de reformas que los universitarios y la sociedad demandaban prevaleció hasta mediados de los cuarentas. De igual manera su necesidad de crecimiento y espacio. La estrechez que tenía la Facultad de Ciencias en el Palacio de Minería y el natural deseo de edificio propio empieza a emerger muy pronto. En la sesión del 27 de octubre de 1941, donde se reforman los planes de estudio, se discute la necesidad de gestionar un préstamo para la construcción del edificio de la facultad. Después de exponer la necesidad de nuevas instalaciones, se presentan discrepancias sobre su ubicación en el centro de la ciudad, donde se contemplaba construir el inmueble. El rector Mario de la Cueva es autorizado “para concertar el préstamo solicitado por noventa mil pesos, con el Crédito Inmobiliario, S.A. de C.V., con garantía del edificio número 32 de la calle de la Academia, y la designación de una Comisión para vigilar la construcción y aplicación de dicho préstamo en el edificio”. Sin embargo, la iniciativa no prosperó y todavía tendrían que pasar varios años para que se contara con un nuevo edificio.
 
Cuando la facultad cumple una década de existencia institucional, en la sesión del 3 de marzo de 1949 el Consejo Universitario discute el presupuesto de Ciudad Universitaria. Con las aportaciones del gobierno federal, el Departamento del Distrito Federal y Petróleos Mexicanos, se contaba inicialmente con alrededor de seis millones de pesos, distribuidos en partidas que fueron debatidas y aprobadas una a una. La discusión más larga se centró en la necesidad de obtener recursos adicionales con la venta de algunas propiedades destinadas a construcción de inmuebles para diferentes escuelas, que ya con la ciudad universitaria no serían necesarios. El maestro Nápoles Gándara insistió en la necesidad de que el los institutos tuvieran presupuesto y edificio propios, autónomos de la Facultad de Ciencias, y en que se tomaran en cuenta a todos los institutos en la elaboración de los programas de la facultad.
 
Se gestaba así Ciudad Universitaria, abriendo una nueva etapa de desarrollo. “Estamos aquí, en suma, haciendo Universidad en el más amplio sentido, integrando el pensamiento, el anhelo y la labor de todos a través de la cultura. No estamos poniendo una primera piedra en el primer edificio de la Ciudad Universitaria, estamos poniendo una piedra más en la fervorosa construcción de nuestro México”, expresó el arquitecto Carlos Lazo en la ceremonia de inicio de la construcción de los nuevos edificios para todas las dependencias universitarias. Eso fue en el corazón del campus, en el área asignada a la Facultad de Ciencias, la Torre de Ciencias, el 5 de junio de 1950.
 
Se gestaba así Ciudad Universitaria, abriendo una nueva etapa de desarrollo. “Estamos aquí, en suma, haciendo Universidad en el más amplio sentido, integrando el pensamiento, el anhelo y la labor de todos a través de la cultura. No estamos poniendo una primera piedra en el primer edificio de la Ciudad Universitaria, estamos poniendo una piedra más en la fervorosa construcción de nuestro México”, expresó el arquitecto Carlos Lazo en la ceremonia de inicio de la construcción de los nuevos edificios para todas las dependencias universitarias. Eso fue en el corazón del campus, en el área asignada a la Facultad de Ciencias, la Torre de Ciencias, el 5 de junio de 1950.
 
Casa propia y crecimiento
 
La construcción de Ciudad Universitaria fue un gran proyecto que inyectó bríos y abrió espacios para la educación y el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Ante las circunstancias, los centros de investigación y la propia Facultad de Ciencias dedicaron su esfuerzo a preparar cada vez más cuadros científicos para la docencia y la investigación, y a relacionarse con el exterior vía los temas y problemas que se estudiaban en los centros e instituciones internacionales.
 
“Si aspiramos a construir a México, la tarea más inmediata y urgente es construir al mexicano”, afirma el propio arquitecto Lazo, cabeza del proyecto en marcha. Para 1950 la inversión se calculaba en 150 millones y se esperaba concluir en no más de cinco años, según lo expuesto por Lazo en el Anfiteatro Bolívar en agosto de ese año, aunque al final se invirtieron más de 300 millones. “El primer edificio con que se iniciaron las obras fue éste que vemos en la gráfica: el de Ciencias. Lo primero que se construye es la torre central, que será la estructura de concreto más alta de México”, continúa Lazo ante una audiencia numerosa, encabezada por el presidente de la república y el rector. Presumiendo eficacia, Lazo explica que los quince pisos, con una altura de 45 metros, se construirán en 120 días, estableciendo un récord de seis días por piso. ¡Cada día de retraso costaría al contratista dos mil pesos! Y además de construir edificios, se está comprando equipo, “en el caso de la Facultad de Ciencias, se firmó ya el contrato para la primera parte con una compañía americana por $1 300 000 para la compra del primer aparato desintegrador de átomos, el de Van der Graaff. México, será el primer país latino en adquirirlo”.
 
El testimonio de Barajas, director de la facultad y asesor del proyecto para la Facultad de Ciencias y los institutos, señala a Francisco José Álvarez como el primero que, años antes, propuso al rector Brito Foucher el Pedregal de San Ángel como lugar para la Ciudad Universitaria, ofreciéndose para convencer a los ejidatarios de la expropiación respectiva.
 
El proyecto salió de las reuniones de Barajas, Graef y los arquitectos ya mencionados, que siguieron trabajando sin importar las discusiones sobre la viabilidad del proyecto. Por eso cuando nombran a Lazo y se reanima la actividad, los únicos planos que estaban listos eran los de Ciencias.
 
La ceremonia de inauguración, denominada: “dedicación de la Ciudad Universitaria”, se llevó a cabo el 20 de noviembre de 1952, previo al desfile tradicional de la revolución y diez días antes de que Miguel Alemán entregara la banda presidencial a Ruiz Cortines.
 
De acuerdo con el testimonio de Lozano, la facultad y los institutos se cambiaron a cu, pero al edificio de Filosofía porque la Torre de Ciencias era centro de operaciones de ingenieros y arquitectos. Fue hasta 1954 cuando “nos pasamos los institutos a la torre y la facultad a su edificio en el centro de la cu; fue la primera facultad que se cambió completa”.
 
Haciendo conciencia: reformas y revueltas
 
A partir de 1955 se nota entre la comunidad universitaria una toma de conciencia y mayor participación. La revolución cubana, con fuertes repercusiones en la guerra fría y que habría de influir en toda Latinoamérica, es un marco propicio para que vuelvan las planillas de izquierda entre 1960 y 1961. Las elecciones estudiantiles para la Sociedad de Alumnos se convierten en el terreno de lucha de las fuerzas políticas, lo cual va rompiendo el ambiente conservador imperante en la institución. A tal grado llegaba esta imposición de ideas, que los temas sobre evolución o sobre el origen de la vida, sobre Darwin y Oparin, no eran admitidos en los cursos porque “lastimaban la religiosidad de los alumnos”. Por otro lado un puñado de estudiantes, que pertenecían a las juventudes del Partido Comunista, actuaba en un ambiente de represión. Las banderas de “cristianismo sí y comunismo no” repercutieron en las raquíticas votaciones por las planillas de oposición, que perdieron todas hasta 1965. No obstante, esa década de trabajo convirtió a la Facultad de Ciencias en una de las más politizadas y activas de la Universidad.
 
Al llegar Prieto a la dirección se presenta una primera separación entre la facultad y los institutos. Lo que era una sólida unidad académica sufre su primera escisión. Los jefes de departamento de matemáticas y física fungían como directores de los respectivos institutos, pero Prieto solicita a los directores del Instituto de Física, Fernando de Alba, y de matemáticas, Alfonso Nápoles Gándara, que renunciaran a las jefaturas correspondientes de la facultad. Otro elemento de transformación de la facultad fue la creación de los ayudantes para los cursos, establecida a partir de 1966 como política formal, con todo y partida presupuestal.
 
El torbellino de los sesentas alcanza el país, las movilizaciones populares vuelven ante las políticas de los gobiernos posrevolucionarios que no cumplían las promesas de justicia social. Tanto las fricciones con el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz como los problemas internos crearon un ambiente propicio para la protesta. Hay indicios de que los grupos políticos de la Facultad de Derecho fueron utilizados como ariete para derrocar al rector tomando como pretexto los problemas internos.
 
La reacción en la facultad ante la forzada renuncia del rector Ignacio Chávez fue convocar a una reunión de profesores, organizada por la dirección de Prieto por medio del secretario Juan Manuel Lozano. Además del rechazo a las renuncias y el acto antiuniversitario, se discutió la necesidad de organizarse como gremio: nace así en abril de 1966 el Colegio de Profesores. Los estatutos son encargados a una comisión, (Juan Manuel Lozano, Méndez Palma, Juan Luis Cifuentes, Arcadio Poveda). En el análisis de la situación, que se hace público en un desplegado periodístico, se reconoce que había motivos para el conflicto, tanto de orden académico universitario, como de intransigencia por ambos lados. La primera renuncia no se consideró válida por haber sido arrancada en condiciones de violencia, pero sí la que presentó el rector Chávez al día siguiente de los acontecimientos, quien deja su puesto el 27 de abril de ese año. El Colegio de Profesores apoya entonces a Javier Barros Sierra para el cargo de rector.
 
Barros Sierra inicia su rectoría pidiendo a todos los directores ejecutar el proceso de revisión general de los planes de estudio, con miras a una reforma integral. Ésta se lleva a cabo en toda la Universidad durante 1966 y se aplica a partir del ciclo escolar de 1967. En la Facultad de Ciencias la reforma de los planes de estudio ya era una aspiración desde el inicio de la década, por lo que los trabajos se llevan a cabo con toda seriedad, asignando una comisión de tiempo completo en cada carrera. Desde su toma de protesta en 1965, Fernando Prieto consideraba urgente la modificación de los planes de estudio, y lo incluye en su programa de trabajo. Lozano recuerda el proceso como muy intenso y con la participación de todo el que lo deseó: “dentro de la facultad fue un trabajo bastante pesado, lo tomamos en serio, el Consejo Técnico integró comisiones por departamento, pidiéndoles la elaboración de un proyecto en breve tiempo y que presentaran informes periódicos”. Por otro lado, a pesar de que el maestro Cifuentes afirma que “para mí, el objetivo al enseñar biología es que los muchachos entiendan la teoría evolutiva, el interés no es que sepan hacer análisis coproparasitoscópicos”, no se logra que en el plan de estudios sea clara esta concepción.
 
Después del movimiento de 1966, la Facultad ya es otra, tanto académica como políticamente. En su informe como director, en febrero de 1968, Prieto señala que “la nota sobresaliente en la vida de la Facultad durante 1967 fue sin duda alguna la implantación simultánea, en todos los años y todas las carreras, de los nuevos planes de estudio, se nota ya un nuevo ritmo de trabajo en la Facultad, la actividad en los laboratorios se multiplica y es precisamente en esa actividad febril en los laboratorios en donde podemos poner nuestras esperanzas de lograr, en el futuro, esa vinculación con la industria por la que claman muchos de nuestros estudiantes”. En ese mismo informe, Prieto señala la aprobación de los nuevos planes de estudios para las maestrías y doctorados de la facultad.
 
El conflicto del 66 y todos estos cambios fueron el preludio del movimiento de 1968. México se preparaba para recibir las olimpiadas. El 23 de julio, para controlar una pelea entre estudiantes de la preparatoria Issac Ochoterena, la vocacional 5 y una pandilla a la que llamaban “Ciudadelos”, intervienen los granaderos golpeando violentamente a los estudiantes. Como protesta se organiza una manifestación el 26 de julio. Al reprimir dicha manifestación, los granaderos entran al recinto de la Preparatoria 1, en donde había un acto de entrega de diplomas, y golpean a los asistentes, ajenos a la manifestación. Los estudiantes se organizan, toman camiones y forman una barricada en el centro de la ciudad, en lo que se llamó el Barrio Universitario.
 
La Facultad se pone en huelga el lunes 29. Se nombró un comité de lucha en el que se integran Marcelino Perelló, Gilberto Guevara, Juan Estrada, Miguel Yacamán, Renán Cárdenas, Salvador Martínez y una serie de comisionados. La participación de la Facultad de Ciencias en este movimiento fue destacada, ubicada geográfica y políticamente, se encontró en el centro del huracán, con el mejor y más grande comedor, una gran cantidad de brigadas que actuaban todos los días de acuerdo con la programación general, y la estación de Radio Venceremos, instalada en la torre de Ciencias.
 
Los setentas, el inicio de una nueva época
 
Tras la represión del movimiento del 2 de octubre de 1968, las clases tardan en reanudarse casi seis meses. No era fácil regresar a clases a estudiar las mismas cosas, de la misma manera. Lo menos que se podía hacer era cuestionar y revisar todo el quehacer universitario, incluyendo la forma y el contenido de la enseñanza, poniendo a la ciencia en la mesa de las discusiones. La conciencia había entrado en muchos profesores y alumnos, en algunos sectores universitarios quedaba la inquietud de relacionar su actividad académica con las necesidades de sectores amplios de la población.
 
Cifuentes recuerda cómo a su regreso a la Facultad, en 1970, después de ser funcionario de la Secretaría de Pesca, encuentra “una facultad un poco cambiada, con inquietudes de todos los sectores y los estudiantes queriéndose hacer oír en el Consejo Técnico, en un ambiente de gente que le preocupaba el para qué de la facultad y de la ciencia”. De aquí que, de manera institucional se creará primero un seminario con conferencias y después varios grupos académicos para llevar a cabo análisis continuos sobre el papel de la ciencia y la facultad ante los problemas y necesidades de los grupos mayoritarios del país.
 
En 1973 se resuelve establecer la asamblea general como órgano de máxima autoridad en la facultad, creando los consejos departamentales, como órganos democráticos de gobierno colectivo, para administrar con participación de maestros y alumnos cada área académica de la facultad. También se crea el Consejo interdepartamental para resolver los problemas generales, provocándose una dualidad conflictiva con el Consejo Técnico tradicional y reglamentario.
 
Las funciones del consejo departamental son: administrar y coordinar el trabajo y la política del departamento respectivo; asignar materias, laboratorios, servicios de biblioteca, etcétera; establecer y ejecutar criterios para la promoción, contratación y evaluación del personal académico, proponiendo candidatos; tener las atribuciones del Consejo Técnico respecto al departamento; proponer candidatos a integrar las comisiones dictaminadoras y fijar los lineamientos de evaluación, y voceros del departamento ante la dirección de la facultad; crear e integrar comisiones especiales para resolver problemas específicos, y todo aquello que las asambleas les asignen.
 
Como puede verse, esta estructura choca con la oficial y aunque internamente funciona bien, cuando las decisiones salen del ámbito de la propia facultad se presentan conflictos, los cuales tienen que resolverse por la fuerza, por la negociación, o simulando que se cumple con los procedimientos, en particular pasando las decisiones por el aval del Consejo Técnico.
 
La primera vez que se presentó un proceso abierto para integrar la terna a director se pretendía que, más que elegir personas, se optara por programas o compromisos de trabajo. Entre los candidatos —Juan Luis Cifuentes, Vinicio Serment y Augusto Moreno—, se designa a Cifuentes el 24 de junio de 1973. En la ceremonia de toma de posesión, anuncia la reestructuración de la Facultad de Ciencias en consejos departamentales. De inmediato se integra una comisión del Colegio de profesores, coordinada por el propio director para elaborar el documento respectivo que definirá la nueva estructura —incluyendo las propuestas de maestros y alumnos. Los primeros consejeros se eligieron por seis meses para crear condiciones de evaluación en esa primera fase de funcionamiento. Sólo se hicieron evaluaciones y algunos ajustes mínimos en el primer semestre de 1994, y a partir de entonces la Facultad de Ciencias contaba con su muy especial gobierno de participación.
 
Respecto de la dualidad con el Consejo Técnico, ya desde antes de la creación de los consejos departamentales se acostumbraba consultar en cada departamento a los especialistas del área correspondiente. El Consejo Técnico se basaba en la propuesta de solución de dicho grupo de consulta para su aprobación formal, costumbre que ayudó a la creación de los consejos departamentales. En el momento en que estos consejos tomaban las decisiones se quería reducir el papel del Consejo Técnico a simple legalizador formal de las decisiones tomadas en los consejos departamentales o el interdepartamental. Se discutió mucho este “poder dual”, pero en la práctica las circunstancias de la estructura legal en la universidad forzaron a que el Consejo Técnico tuviera más peso, en lugar de desaparecer como algunos pretendían.
 
La facultad estaba inmersa en el proceso democratizador que le significaron los consejos departamentales. La actividad extracurricular era alta y llegaba a niveles de primer orden en el ámbito internacional. Un gran número de conferencias, simposios, congresos, mesas redondas, etcétera, sobre temas de ciencia, educación y sociedad se presentan cada semana. Merecen mención especial la visita de los reconocidos científicos, A. I. Oparin y Dobzhansky a mediados de los setentas. El tema de la evolución, restringido en años, se convirtió en esta ocasión en un acto masivo. Sin lugar a dudas, la facultad se había transformado.
 
Se seguían discutiendo, sin embargo, el tipo de educación y la investigación que debería hacerse para ser congruentes con la movilización política que se estaba dando y con las nuevas estructuras democráticas que se habían creado. La neutralidad de la ciencia y la técnica era cuestionada, y se establecieron mesas de discusión sobre la función social de la ciencia y la técnica a través de la historia. Algunos grupos salieron de sus cubículos para llevar a cabo experiencias de educación y ciencia popular.
 
En 1972 se llevan a cabo los “cursos debate”, formalmente denominados “Análisis crítico del papel del científico ante la realidad mexicana”, propuestos a la asamblea estudiantil por Flavio y Germinal Cocho en lo teórico, y en la operación Raúl Rechtmann y Gustavo Martínez Mekler; eran optativos y pretendían aportar conocimientos sobre problemas socioeconómicos y así poner a los estudiantes en contacto con la realidad del país, tratando de crearles conciencia crítica para la acción. La experiencia termina por la huelga del stunam, pero la inquietud permite el surgimiento de proyectos como el de enseñanza de las matemáticas en comunidades populares y organizaciones en lucha, como el trabajo que profesores y alumnos hicieron en la colonia Rubén Jaramillo, al sur de Cuernavaca, en donde auxiliaron en la capacitación de los profesores del lugar con prácticas de los conceptos.
 
En esta misma tendencia se presentan experiencias docentes de biología en el ejido El Mirasol, en el estado de México. Durante 1973 y 1974, Monserrat Gispert y Jorge González, que había participado en el proyecto del cch, plantearon a los profesores de su departamento la idea de cambiar la enseñanza de la biología para centrarla en un problema concreto de la realidad, de donde se derivarían las materias por aprender. Escoger una comunidad humana y estudiarla conjuntamente con su entorno —plantas, animales, etcétera. Este proyecto sentó las bases de lo que serían las biologías de campo. Otros ejes en este proceso de revaloración social de la ciencia fueron la crítica a la destrucción ecológica y el desarrollo de tecnologías blandas, así como la creación, en 1974, del Programa de Ciencia y Sociedad, con la finalidad de impulsar la transformación del quehacer académico.
 
Nueva ubicación, primera directora
 
En ese contexto, en el primer semestre de 1977, la facultad se trasladó a las nuevas instalaciones, las actuales. El cambio fue una fiesta en la que maestros, alumnos y trabajadores colaboraron. La estatua de Prometeo también fue parte del cambio y el regocijo. Sin embargo, a mediados de ese mismo año, habría de vivirse otro conflicto grave con la huelga del stunam; el maestro Cifuentes recuerda: “para mí era una situación muy compleja, porque legalmente yo ya no era director, pero Guillermo Soberón me seguía dando el lugar de director hasta julio, cuando la facultad decidió, a través de su Consejo Técnico, sacar un desplegado protestando por la entrada de la policía y pidiendo que las instancias universitarias juzgaran a los que fueran responsables y otras cosas. Al otro día de que yo firmé, recibí la noticia de que había terminado mi periodo; esto fue el 13 de julio, aunque hubo el ofrecimiento de que si retiraba la firma podía seguir, pero no lo acepté”. Al mismo tiempo rectoría desconoce al Consejo Técnico, con el pretexto de que no se habían entregado la documentación respectiva, y avala el nombramiento de Vinicio Serment como decano de éste (de tomarse en cuenta al nuevo Consejo Técnico lo hubiera sido Manuel Peimbert, más identificado con el sindicalismo).
 
De acuerdo con la doctora Ana María Cetto: “el rector quería aprovechar el cambio de dirección para reorientar la facultad, para que se encarrilara otra vez, era la oportunidad”. El caso ameritaba atención, así que la decisión no llegó antes de que se terminara el interinato, que por reglamento no puede exceder los dos meses, por lo que fue necesario nombrar, vía la Junta de gobierno, al doctor Eugenio Ley Koo como director provisional. Por parte de la facultad, de acuerdo con la nueva estructura de participación, se inició un amplio proceso de discusión interna para designar una terna de candidatos. En el colegio de profesores se hicieron listas abiertas de candidatos, cuyos proyectos se discutieron y votaron en asamblea. La terna que envía la facultad incluye a la doctora Ana María Cetto Kramis, Miguel Lara Aparicio y al propio Cifuentes. A su vez, la Rectoría modifica esta terna, sustituyendo a Cifuentes por Guillermo Aguilar, que había sido particularmente cuestionado en el Colegio de profesores.
 
Respecto de la entrevista con la Junta de gobierno, la doctora Cetto recuerda: “les interesaba, sobre todo, entender cuál era mi posición respecto a la asamblea general, el asambleísmo, como le llamaban, y a la democracia; les interesaba mucho menos la problemática académica. Era obvio que la Junta de gobierno veía un problema político en la Facultad de Ciencias, y la elección, para ellos, era un asunto político”. Electa, la doctora Cetto, primera mujer en el cargo, toma posesión, en forma nada tranquila, el 31 de enero de 1978. De nuevo la Universidad y la facultad entraban en proceso de cambio.
 
El panorama abordado hasta aquí da idea de la fundación de la Facultad de Ciencias, dejando para estudios posteriores las décadas subsecuentes que dieron forma a la actual estructura académica y social de la facultad. Queda claro que en el camino aún falta mucho por andar, el futuro de esta institución y de la Ciencia en México depende en mucho del rumbo que tomemos hoy.
     
Nota

Este texto es un fragmento del publicado en número 53 de la revista Ciencias.
     
       

     
Francisco Javier Cepeda Flores
Centro de Investigación en Matemática Aplicada,
Universidad Autónoma de Coahuila.

Francisco Cepeda Flores se ha desarrollado en el ámbito académico en diferentes instituciones de educación superior del país. Ha participado en diversos movimientos ciudadanos por las causas democráticas. También es historiador y actualmente es Director e investigador de tiempo completo del Centro de investigación en Matemática aplicada de la Universidad autónoma de Coahuila, del que fue fundador.
     

     
       

 

 

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