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El maíz en peligro ante los transgénicos. Un análisis integral sobre el caso de México.
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Elena Álvarez-Buylla R. y Alma Piñeyro Nelson. Coordinadoras
unam-ceiic-huccs-uv.
México, 2013.
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El maíz es uno de los principales pilares del patrimonio
biológico y cultural de la nación y del pueblo mexicano. La alimentaión del pueblo de México se basa, desde tiempos ancestrales, en el maíz. Este cereal sigue siendo el elemento central de la dieta de gran parte de la población mexicana, a pesar de las transformaciones en la dieta mexicana que ha tendido a sustituir los productos derivados del maíz y otros cultivos como el frijol por productos industrializados que han penetrado en los mercados mexicanos a consecuencia de la globalización. Por esta sola razón es un elemento fundamental de la cultura de los diferentes pueblos que constituyen la nación mexicana. La riqueza de la sociedad mexicana se debe a su diversidad cultural, proviene en gran medida de la presencia de muchos pueblos que se desarrollaron en el territorio que ahora es México desde hace siglos —bien antes de la Conquista—, con marcadas diferencias regionales, ya que las distintas regiones del país tienen características culturales propias, como se aprecia con toda claridad al comparar el noroeste y el sur o el sureste del país.
Así, el maíz, además de ser central para la alimentación, tiene un enorme valor simbólico para muchos de los pueblos constitutivos de la nación, pues gran parte de sus prácticas sociales, económicas, culturales y religiosas están ligadas a este cultivo. La cosmovisión y la forma de vida de los pueblos indígenas, así como gran cantidad de las prácticas cotidianas de muchas comunidades rurales y urbanas, también tienen al maíz en un lugar central.
Dicha situación impone como un imperativo ético y político a todo ciudadano el hacer una reflexión profunda que le permita participar en la toma de decisiones y en acciones que tiendan a proteger, preservar y fortalecer ese fundamental patrimonio biocultural que es el maíz. El presente libro ofrece materiales científicos, tanto desde la perspectiva de las ciencias naturales y sociales como de las humanidades, que pueden orientar a cualquier ciudadano para comprender con sólidos fundamentos científicos, pero también éticos y humanísticos, los riesgos que se corren con la introducción de maíz genéticamente modificado o transgénico en nuestro país.
En efecto, en años recientes los funcionarios del Estado mexicano responsables de la toma de decisiones han otorgado permisos para la siembra experimental de variedades de semillas de maíz genéticamente modificadas. Como se demuestra en este libro, hay sólidas razones científicas para considerar que esa siembra llamada experimental introduce riesgos inaceptables desde un punto de vista científico, social y ético, pues constituye una seria amenaza para el patrimonio biocultural del pueblo mexicano. Pero además existen también razones para considerar que esas autorizaciones forman parte de una vía expedita hacia la plena siembra comercial de maíz transgénico en grandes extensiones del territorio nacional, con lo cual el maíz, uno de los principales elementos de nuestro patrimonio biocultural, está en peligro.
Ante esta amenaza, un grupo de investigadores y académicos, en su mayoría miembros de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (uccs), constituida por científicos naturales y sociales, así como por humanistas, conscientes de su deber ético de poner a disposición del público sus conocimientos y los resultados de sus investigaciones, han decidido publicar el presente volumen. En él se provee a la ciudadanía de la información, los conocimientos y los análisis científicos detallados en torno a las consecuencias potenciales y reales de la liberación al ambiente del maíz genéticamente modificado. Con esta información, los ciudadanos podrán tener
los elementos para comprender el problema, participar en los debates e idealmente en la toma de decisiones acerca de cómo enfrentar las medidas que autorizan la siembra, producción y consumo de maíz transgénico, y cómo, en caso, evitar o disminuir al máximo posible los daños ambientales, sociales y culturales que, como se demuestra en el libro se desprenden de tales decisiones.
Las tecnologías que se utilizan en la producción de semillas transgénicas de maíz, así como los sistemas de siembra, producción y distribución de maíz genéticamente modificado, forman parte de un tipo novedoso de sistemas de producción de conocimiento y de intervención en la realidad natural y social que surgieron en el siglo xx como consecuencia del desarrollo científicotecnológico y su superposición con intereses extracientíficos, particularmente los militares y los económicos, que muchos autores han llamado sistemas “tecnocientíficos”. El nombre proviene del hecho de que se trata de un tipo de sistemas técnicos, cuya característica principal es que están constituidos por agentes intencionales que se plantean obtener fines determinados transformando la realidad natural o social, o ambas. [...] En el caso de los sistemas tecnocientíficos cuyo propósito fundamental es promover el uso generalizado de semillas transgénicas de maíz. Su interés central son las ganancias económicas, muy por encima del valor cultural, simbólico y muchas veces religioso que tiene el maíz para muchas culturas, además del valor que tiene en el caso de México para toda su población, como uno de los productos básicos de su alimentación. A esto hay que añadir el valor que tiene la diversidad genética, particularmente el de las variedades nativas de maíz en un país como México que es centro de origen y diversidad de dicha especie.
La mayor parte de los sistemas tecnocientíficos, hasta ahora, de hecho han estado al servicio de los intereses dominantes, principalmente militares, económicos o políticos, pero esto no tiene que ser necesariamente así, es decir, no es intrínseco a los sistemas tecnocientíficos que tengan que estar al servicio de los intereses dominantes de los más poderosos. En la medida en que se trata de sistemas generadores de conocimiento y que transforman la realidad, los sistemas tecnocientíficos bien pueden ser encauzados en un sentido que resulte benéfico para la sociedad en su conjunto y no sólo para élites dominantes. Pero lograr que los sistemas tecnocientíficos operen a favor del interés común de toda la sociedad requiere una participación activa de los ciudadanos para incidir en las políticas públicas que influyen en la forma en que funcionan tales sistemas y en los resultados que se obtienen. En muchos casos, como se demuestra en este libro en relación con los sistemas que producen semillas transgénicas de maíz, lo que está en interés de la sociedad en su conjunto, por razones biológicas, ambientales, agrícolas, económicas, sociales y culturales, es que tales sistemas dejen de operar. Pero eso sólo se logrará en la medida que los ciudadanos ejerzan sus derechos y tengan la capacidad de incidir en las políticas públicas en el terreno alimentario, agrícola, económico, científicotecnológico y cultural. De ahí la importancia de que la ciudadanía cuente con información y tenga acceso a los conocimientos y a los argumentos científicos, políticos y éticos que demuestran contundentemente que la liberación de semillas transgénicas de maíz al ambiente es inaceptable por los daños ambientales, sociales y culturales que se derivan de ellos. Y esa es la razón por la que se ha escrito este libro y se pone a disposición del público.
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| Fragmentos de la Introducción. | ||||||||||||||
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cómo citar este artículo →
Álvarez-Buylla Roces, Elena y Alma Piñeyro Nelson, coordinadoras 2016. El maíz en peligro ante los transgénicos. Un análisis integral sobre el caso de México. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 140-142. [En línea].
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| David Schubert |
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Lic. Enrique Peña Nieto
Presidente de la República Mexicana
Lic. Enrique Martínez y Martínez
Secretario de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación
Ing. Juan José Guerra Abud
Secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales
Mi nombre es David Schubert. Tengo un doctorado en inmunología y soy profesor del Instituto Salk para Estudios Biológicos en San Diego, California, considerado como uno de los mejores institutos de investigación médica en el mundo. Como miembro de esta institución, trabajo en el desarrollo de fármacos para tratar la enfermedad de Alzheimer y la apoplejía. Por tanto, poseo conocimiento de primera mano sobre genética molecular, toxicología y ensayos de seguridad respecto a nuevas entidades químicas y biológicas.
También estoy consciente de la tecnología de los organismos genéticamente modificados y he publicado textos en destacadas revistas científicas sobre las plantas de este tipo y su efecto en la salud humana. Recientemente, he escrito cartas similares a esta misma, que han contribuido al debate sobre la introducción de berenjena transgénica en países como India y Bangladesh. En ambos casos, el proceso de introducción se detuvo. Como la berenjena es nativa de dichos países, justo como el maíz es un cultivo nativo de México, las situaciones y problemas relacionados con el uso de la tal tecnología en ambas regiones son casi idénticos.
Estoy convencido de la necesidad de que México siga el consejo de los páneles de revisión científicos y gubernamentales de India, Bangladesh, la Unión Europea, Japón, Corea del Sur y la vasta mayoría de los países libres del mundo, y rechace así la introducción de maíz transgénico. Esta conclusión deriva de múltiples razones, mencionadas a continuación. Los puntos del 1 al 5 son excepcionalmente importantes, pero ya han sido tratados por otras personas; me enfocaré, entonces, en el impacto del maíz transgénico sobre la salud humana, que entra dentro de mi área de experiencia. Con base en mi conocimiento aseguro que las siguientes declaraciones están documentadas en publicaciones científicas y gubernamentales.
1) La falta de necesidad. El maíz no es un cultivo severamente amenazado por ninguna plaga.
2) El riesgo ambiental. El maíz es nativo de México y los transgenes contaminarán y degradarán, de manera incuestionable, sus poblaciones naturales. Además, México es centro de diversidad biológica y un tesoro mundial de variedades vegetales capaces de combatir enfermedades y el cambio climático. Esto no será así si se introducen semillas genéticamente modificadas en su territorio.
3) Más altos costos. La compra anual de semillas, en vez de ser guardadas año tras año, aumentará los costos en todos los niveles de la cadena alimentaria. Los pequeños agricultores y los campesinos, que son los nodos más importantes del sistema de producción agrícola en México, serán los más afectados por los altos costos y los potenciales fracasos de cultivos debido a que algunas variedades de maíz transgénico no serán las más adecuadas en todos los sitios de siembra. Los rasgos genéticamente modificados que se introduzcan finalmente contaminarán a todas las variedades locales.
4) Dependencia social y política. Una vez que las compañías extranjeras controlen el mercado de semillas de cualquier planta, seguirán introduciendo semillas genéticamente modificadas de otras especies y tendrán un poder enorme, tanto sobre los campesinos, que constituyen un segmento importante de la población mexicana, como de los procesos políticos. Esto ya ha ocurrido en Estados Unidos, en donde las compañías que comercian semillas son el principal apoyo financiero de ambos partidos políticos (republicanos y demócratas) y tienen personas designadas en cargos de alto poder para dictar políticas agrícolas nacionales e internacionales.
5) No es reversible. Cuando el maíz transgénico sea introducido en México, aun en una escala modesta, contaminará de manera irreversible a las variedades nativas. Éste es un hecho inequívoco, y la única forma de prevenirlo es no permitir su siembra.
En torno a los transgénicos y la salud
Dado que el maíz transgénico expresa la proteína Bt y es resistente a herbicidas, y las sustancias químicas requeridas para su cultivo colocan en una posición peligrosa la salud de quienes lo consumen, profundizaré en estos temas que son de gran importancia para un país como México, donde el maíz se consume en grandes cantidades y es un alimento poco o nada procesado. Comenzaré por desmentir algunos mitos que son usados por los impulsores del maíz transgénico para alegar su seguridad.
Se afirma que, como no existen enfermedades humanas asociadas al consumo de maíz Bt en Estados Unidos, debe ser un alimento seguro para comer. Esta conclusión es inválida por varias razones. En primer lugar, sólo una pequeña fracción del maíz Bt producido se consume directamente: la gran mayoría es usado como alimento para el ganado y para elaborar aceite, jarabe y etanol, todos ellos productos que no contienen la proteína Bt. El maíz que sí la lleva es consumido, más que nada, como alimento altamente procesado —por ejemplo, en las frituras y otras botanas relacionadas que no son componentes principales en la dieta.
En contraste, la proteína Bt del maíz transgénico que se cultive en México será consumida directamente en grandes cantidades porque el maíz es el alimento básico y, por tanto, un elemento importante en la dieta del mexicano. Adicionalmente, y de acuerdo con la riqueza de la comida tradicional, dicho cereal será preparado en un número infinito de formas, conduciendo a cambios químicos potenciales de la proteína Bt y causando una toxicidad e inmunogenicidad desconocidas. Al respecto, aun si se han realizado algunos estudios de seguridad alimenticia con maíz transgénico, no se han analizado los efectos a la salud con distintos métodos de preparación de alimentos.
En segundo lugar, es lógicamente falso asegurar que, como no hay evidencia de enfermedades relacionadas con la introducción de productos transgénicos, éstos son seguros para la salud. Afirmar esto requiere de un experimento bien diseñado con controles adecuados. Además, el problema es más grave porque los alimentos derivados de cultivos transgénicos no serán etiquetados como tales.
Por esto, quizá la mayor preocupación en cuanto a la introducción de cualquier producto transgénico en el mercado debería ser que si efectivamente causara algún daño a la salud humana, sería imposible detectarlo debido a la falta de estudios epidemiológicos y a las limitaciones técnicas. Por ejemplo, para detectar la epidemia de una enfermedad se requiere una incidencia de al menos dos veces mayor a la tasa normal. Si el maíz transgénico fuera dañino y causara una enfermedad como el Parkinson, que tiene una incidencia de casi veinte casos nuevos al año por cada 100 000 personas, entonces en México unos 25 000 casos nuevos anuales tendrían que ser diagnosticados y tabulados para poder identificar un aumento significativo, y aun así no habría manera de asociar la enfermedad directamente con el consumo de algún cultivo transgénico.
Por otro lado, los síntomas de muchos padecimientos relacionados con factores ambientales tardan décadas en aparecer. Claramente, una vez que el maíz transgénico sea liberado de manera comercial, no habrá forma de monitorear efectos adversos en la salud causados por el producto mismo. Las compañías biotecnológicas están conscientes de que, por esta razón, nunca tendrán que rendir cuentas por el daño a la salud humana que sus productos pudiesen causar.
La mayoría de las variedades de maíz transgénico están modificadas para ser resistentes contra insectos (variedades Bt) y herbicidas (como el glifosato). Tanto la proteína Bt como el glifosato han sido asociados a daños a la salud humana, por lo que serán discutidos de manera individual.
El maíz Bt y la salud humana
La Agencia de Protección Ambiental (epa) de Estados Unidos recomendó ensayos de seguridad exhaustiva de los cultivos Bt, pero debido a la carencia de leyes federales que requieren pruebas de seguridad rigurosas para los alimentos transgénicos, esto nunca se hizo. Estados Unidos no impone la demostración de que cualquier alimento de este tipo sea seguro para consumo humano.
Hay al menos cuatro mecanismos mediante los cuales la introducción del gen de la toxina Bt en el genoma del maíz puede causar daño. Estos incluyen: 1) la inserción aleatoria de los transgenes en el adn vegetal y las consecuencias resultantes no intencionadas; 2) alteraciones en el metabolismo de la planta a causa de la proteína insertada que deriva en nuevos productos igualmente tóxicos; 3) la toxicidad directa de las proteínas Bt; y 4) una respuesta inmune obtenida por la proteína Bt. Existen casos científicamente documentados acerca de estos mecanismos.
Un ejemplo del primero es el descubrimiento de alteraciones no intencionadas, como la síntesis de nueve carcinógenos conocidos en plantas de tabaco transgénico. En cuanto al segundo mecanismo, se han documentado niveles anormales de producción de una molécula llamada lignina en el maíz Bt; este rasgo fue descubierto gracias a los cambios dramáticos que se comenzaron a observar en la dureza del tallo de esta planta. Muchas variedades de maíz Bt expresan este rasgo, por lo que es probable que el aumento en la producción de lignina esté relacionado con la expresión de la proteína Bt y no tanto con las mutaciones causadas por el proceso mismo de modificación genética. Es probable que existan más cambios no previstos en los cultivos genéticamente modificados, y muchos de ellos ya han sido registrados.
Nos extenderemos en cuanto a los peligros tóxicos e inmunológicos de la proteína Bt. Las alergias son respuestas complejas del sistema inmune ante sustancias extrañas y sus síntomas pueden variar de manera impredecible entre un individuo y otro. Las toxinas Bt, por su parte, han sido usadas desde hace tiempo como insecticidas en aerosol para muchos cultivos distintos, pero pueden lavarse de la planta y contienen una forma menos tóxica de la proteína que aquella que producen los vegetales genéticamente modificados, en los que la toxina se encuentra dentro de todas las partes consumibles de la planta.
El spray consiste en esporas de la toxina Bt que deben activarse en el tracto digestivo de los insectos. En contraste, la toxina Bt en el maíz es una forma activada de esta proteína que no requiere ninguna modificación para volverse tóxica. Por lo tanto, es mucho más potente que la variedad usada en los aerosoles.
Por otro lado, existe evidencia sólida de que las proteínas Bt han provocado reacciones inmunológicas fuertes en algunos trabajadores del campo, probablemente porque están compuestas de secuencias de aminoácidos homólogas a ciertos alergenos bien conocidos. Más aún, la concentración y cantidad de toxinas Bt activas que la gente estaría consumiendo con el maíz Bt es mucho más alta que los niveles de exposición a los que se someten los campesinos.
En apoyo a los datos en humanos, cuando los animales se exponen a toxinas Bt, éstas también actúan como un inmunógeno potente, provocando respuestas de los sistemas inmunes presentes en la sangre y el intestino. Más recientemente, en Estados Unidos se condujo un estudio de alimentación de largo plazo en cerdos, que tienen un sistema digestivo parecido al del ser humano. Los cerdos fueron alimentados con una dieta mixta que incluía proteínas Bt de maíz transgénico. Después de cinco meses se encontraron niveles drásticos de inflamación estomacal en los cerdos y las hembras tuvieron úteros más pesados que aquellas a las que no se les administró dieta transgénica.
Estudios adicionales con animales han demostrado que las toxinas Bt causan daño directo en el tejido; por ejemplo, Fares y ElSayed probaron que los ratones alimentados con papa Bt tenían células intestinales con estructura anormal. Otros estudios reportan cambios histopatológicos en ratas que consumieron maíz Bt —tanto en hígado como en riñón—, y cambios en los niveles de urea y proteínas de la orina de ratas alimentadas con arroz Bt.
Las investigaciones citadas previamente muestran que la familia de proteínas Bt puede actuar como alergenos y como toxinas en animales y en algunos humanos. Esto es de gran importancia para la salud de la población mexicana si la introducción de maíz Bt se llega a aprobar, ya que un enorme número de individuos consumirán cantidades de toxina Bt miles de veces más altas que nunca en la corta historia de la tecnología de la modificación genética de organismos.
Debido a que la genética y el estado de salud de un individuo determina su respuesta a proteínas extrañas, como lo es la toxina Bt, y los mexicanos representan una población heterogénea con distinta composición genética, edad y salud, las consecuencias del consumo de maíz Bt serán imprevisibles. Las personas más enfermas serán, sin duda, las más vulnerables ante las reacciones tóxicas e inmunológicas. Y como la habilidad de la toxina Bt para causar respuestas alérgicas en algunos individuos es ambigua, es virtualmente certero que, al interior de la población mexicana, un gran número de personas que consuman maíz transgénico desarrollarán este tipo de alergias e incluso respuestas inmunes más severas que deriven en anafilaxis y posibles muertes.
El número de afectados, sin embargo, no puede predecirse y, como no existe un sistema para rastrear este tipo de reacciones adversas a una población, si el maíz Bt es cultivado de manera comercial, su presencia genética en una porción importante de México será irreversible. La introducción de este cultivo transgénico, por tanto, debe prevenirse.
Los herbicidas
Además de sus altos niveles de toxinas Bt, la mayoría de las variedades de maíz transgénico también se modifica para que sea resistente a herbicidas. Si bien un alto número de herbicidas están en uso, el mejor estudiado es el glifosato por ser el ingrediente activo en muchos productos. Si el maíz o la soya transgénicos son introducidos en México habrá un enorme aumento en el uso de este pesticida en su territorio. En Estados Unidos, después de la introducción de cultivos transgénicos, su uso incrementó diez veces entre 1996 (27 millones de libras) y 2009 (250 millones de libras). En Argentina ocurrió un aumento similar.
La relevancia de esto es que, contrario a lo que afirman sus fabricantes, el glifosato y su formulación activa son dañinos para la salud humana. Al igual que muchas toxinas ambientales, han pasado años antes de poder identificar los problemas que ocasiona, pero actualmente éstos se están documentando en distintas publicaciones científicas de dominio público. Algunos riesgos importantes se discuten enseguida junto con otros hechos que rara vez se incluyen en el debate.
a) El glifosato en aerosol no contiene sólo el pesticida, sino que es una mezcla de compuestos que ayudan al glifosato a entrar en todos los tejidos de la planta, incluyendo aquellos que nosotros comemos. Los compuestos adicionales, llamados surfactantes o tensoactivos, no son revelados (permanecen como secretos comerciales) y, por tanto, no se someten a ensayos de seguridad ni son monitoreados en las plantas, agua potable o humanos, muy a pesar de que son mucho más abundantes en la formulación del herbicida que el mismo glifosato. Son sustancias químicas no evaluadas, cuyo consumo humano y animal aumentará dramáticamente una vez que se introduzca el maíz transgénico en México. En los Estados Unidos, la epa no realiza con frecuencia ensayos de detección de glifosato en el agua potable y subterránea, pero sí ha aumentado varias veces los límites de residuos que se permiten en los alimentos a petición de los productores.
b) El herbicida aplicado en aerosol y todos sus componentes se quedan dentro de la planta y son consumidos. ¡No son lavados!
c) En unos diez o quince años, las malezas serán más resistentes al glifosato, de manera que se requerirán herbicidas aún más tóxicos para la producción de maíz transgénico. El siguiente herbicida en línea es el 2,4d, un reconocido carcinógeno.
d) En ciertas áreas se ha encontrado evidencia de glifosato en la orina de varias personas.
e) Parte del aumento en los niveles de glifosato en el agua potable, comida y alimento animal se debe al hecho de que actualmente se usa como un agente de secado, es decir, se aplica en las plantas directamente antes de la cosecha.
f) Algunas de las toxicidades del glifosato ya publicadas se enlistan enseguida, y todas ellas pueden o han sido extrapoladas como un riesgo serio para la salud humana: 1) cuando se ingiere en la comida o el agua, el glifosato elimina bacterias que forman parte de la microbiota intestinal benéfica, provocando la proliferación de microbios patógenos; 2) en apoyo a este primer punto, cuando por nueve meses se alimentaron cerdos con comida transgénica tratada con glifosato, se observó un aumento en la inflamación intestinal en comparación a los animales control; 3) se ha documentado un gran aumento de formación de tumores en ratas alimentadas durante dos años con maíz transgénico resistente a herbicidas; 4) cada vez existen más casos de enfermedades humanas relacionadas con la exposición a glifosato en países como Argentina; 5) aun los bajos niveles de glifosato provocan defectos en el desarrollo embrionario de anfibios y pollos, defectos similares a los que se observan en el estudio con humanos de poblaciones argentinas; y 6) el glifosato tiene efectos profundos en la producción de testosterona en ratas y promueve el crecimiento de células humanas cancerosas aun a niveles que están por debajo de los que se encuentran en la sangre y la orina de algunos individuos.
Los estudios aquí citados representan sólo una fracción de la extensa evidencia que demuestra conjuntamente los efectos identificados y proyectados del glifosato en la salud de los seres humanos. Los niveles de glifosato incrementarán de manera rápida en los alimentos y el ambiente si se llega a introducir el maíz transgénico en México. De nada habrá servido su uso si dentro de diez a quince años el glifosato deja de ser un herbicida efectivo por la resistencia que desarrollarán distintas malezas, tal y como ha ocurrido en distintas regiones del planeta. ¿Vale la pena, entonces, este tipo de riesgo en un país como México?
Mi conclusión es, por tanto, que el maíz transgénico no representa ningún beneficio para su país, sino más bien un enorme peligro para la salud de los mexicanos. Sería un profundo error que el maíz transgénico entrara al suministro alimentario de México.
Respetuosamente,
Dr. David Schubert
Instituto Salk para Estudios Biológicos
La Jolla, California
14 de octubre de 2013
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David Schubert
Instituto Salk para Estudios Biológicos,
San Diego, California.
David Schubert estudió química en la Universidad de Indiana Bloomington. Es doctor en biología celular por la Universidad de California en San Diego. Su posdoctorado lo hizo en el Instituto Pasteur en París. Actualmente trabaja en el Instituto Salk, en Estados Unidos.
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cómo citar este artículo →
Schubert, David. 2016. El maíz transgénico: un enorme peligro para la salud de los mexicanos. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 80-88. [En línea].
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Lidia Susana Ibarra Sánchez, Sergio Alvarado Casillas
y José Benito Ibarra Sánchez
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Los botánicos Paul Mangelsdorf y Robert Reeves presentaron
un comunicado el 5 de julio de 1938, en el que refieren al maíz como alimento básico para las antiguas civilizaciones de América. El maíz pertenece a la tribu Maydeae, la cual comprende ocho géneros, de éstos, sólo tres (Zea, Euchlaena y Tripsacum) son americanos; de tal manera que la relación con los géneros orientales es remota. Euchlaena mexicana Schrad. o teocintle es una planta anual presente en México y en el occidente de Guatemala. En México se presenta como mala hierba en los campos de cultivo de maíz y en Guatemala se encuentra como verdadera especie silvestre. El Tripsacum es una planta perenne que comprende de seis a siete especies, está ampliamente distribuida en América Central y ocasionalmente se puede encontrar en América del Sur.
Existen tres teorías con respecto al origen del maíz: 1) que el maíz se originó mediante una vaina de maíz, difiriendo del maíz normal por un solo gen dominante que regula el desarrollo de un raquis frágil, fácilmente desarticulable y de la producción de la cubierta floral prominente que circunda la semilla; 2) el maíz se origina a partir del teocintle por selección directa o por mutaciones a gran escala o por la hibridación de Euchlaena con algunas hierbas desconocidas; 3) el maíz, el teocintle y el Tripsacum descendieron de líneas independientes a partir de un ancestro común.
Se había aceptado, de manera general, la teoría en la que Euchlaena había jugado un papel importante en los ancestros del maíz, lo que conllevó a proponer que el maíz había tenido su origen en América Central o en México, y que la agricultura había tenido su origen ahí. Sin embargo, estudios citogenéticos posteriores comprobaron que Euchlaena, lejos de ser progenitor del maíz, es descendiente de un híbrido natural de Zea y Tripsacum.
Los maíces híbridos
El genetista y botánico George Shull reportó en un artículo de 1908 que las líneas naturales (o in situ) de maíz mostraron deterioro general tanto en vigor —poder de germinación y desarrollo de una plántula normal— como en el desempeño en campo, pero indicaba que los híbridos entre dos líneas naturales se recuperaban completa e inmediatamente, excediendo en la mayoría de los casos la producción de líneas naturales de las que provenían, además de que presentaban uniformidad altamente deseable. En un artículo posterior, el mismo Shull delineó el procedimiento que más tarde se volvería estándar en los programas de cultivo de maíz.
En 1947, en Estados Unidos, se registró la primera venta comercial de maíz híbrido, y en la siguiente década aparecieron diversas compañías que vendían año con año las semillas a los agricultores. En áreas del medio oeste de ese país, las razas híbridas fueron desarrolladas en la Estación Experimental Agrícola de la Universidad de Wisconsin y las semillas también fueron distribuidas a agricultores y productores.
La transición de maíz de polinización abierta a maíz híbrido fue asombrosamente rápida. En Iowa, Estados Unidos, la proporción de maíz híbrido para 1935 era de menos de 10% y solamente cuatro años después creció en 90%. Para la década de los cincuentas el volumen de maíz anual fue híbrido. Una parte de la elevada producción y aceptación de híbridos a partir de la década de los sesentas se debió, por un lado, a que la uniformidad de éstos facilitó cosecharlos con maquinaria, y además se podían incorporar cualidades favorables para que estuvieran adaptados a diferentes hábitats, alargando así las estaciones de cultivo. Pero hubo otros factores importantes para lograr esta alta producción, como que las prácticas agrícolas mejoraron, por ejemplo, se incrementó el uso de fertilizantes y herbicidas, se aumentó la densidad de siembra y hubo mejores maquinarias con lo que se alcanzó eficiencia en las operaciones y reducción de costos.
Por otro lado, la extensión de maíces híbridos coincidió con el uso de diseños experimentales eficientes, involucrando métodos estadísticos superiores, replicaciones y aleatorizaciones, introducidas por Fisher en 1925. Estos métodos incrementaron el índice de mejoramiento genético y prácticas agronómicas.
No obstante, las ventajas que representaban los maíces híbridos se vieron mermadas por la uniformidad que se presentaba en las plantas. En 1970, más de 85% del maíz de Estados Unidos, en particular la cepa But Tcms, con material citoplasmático de Texas, se volvió susceptible al tizón de la hoja y Helminthosporium maydis se extendió por todo el cinturón de maíz en Estados Unidos, provocando un desastre en las áreas húmedas.
Los maíces transgénicos
Los maíces transgénicos se han cultivado comercialmente en los Estados Unidos desde 1996. El crecimiento de la superficie sembrada con maíz transgénico fue impulsada bajo la idea de desarrollar especies que resistieran a los insectos y herbicidas. Para el año 2000, 25% de los maíces americanos eran ya transgénicos.
En 1998 existían pocas variedades de maíz genéticamente modificadas en México y eran utilizadas experimentalmente en pequeña escala de manera controlada. Bajo condiciones de bioseguridad, se suponía que el polen no escapaba debido a las medidas aplicadas. Todos los transgénicos de maíz que fueron probados antes de 1998 contenían un virus promotor del mosaico de la coliflor CaMV 35S.
Para conocer si había presencia de maíz transgénico en Oaxaca, el Instituto Nacional de Ecología y la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad muestrearon granos cultivados en Oaxaca y cosechados en el año 2000 a fin de practicarles análisis moleculares. Los científicos David Quist e Ignacio Chapela encontraron evidencias de presencia de adn transgénico en maíz nativo. Las publicaciones de estos autores reportan muestreos realizados durante el otoño de 2000 en el noreste de Oaxaca. A partir de estas muestras detectaron otros virus promotores de secuencia 35S en cuatro de cada seis mazorcas de maíz. La secuencia 35S estuvo también presente en muestras a granel de semillas de maíz, obtenidas en tiendas locales de agencias del gobierno mexicano (Diconsa). Esta entidad pública distribuyó alimentos subsidiados a lo largo del territorio mexicano con esos maíces. Se presume que estos granos transgénicos fueron importados de los Estados Unidos y plantados por el desconocimiento de los agricultores mexicanos, aunque también es factible la existencia de otras rutas que expliquen el flujo de genes.
México importó de Estados Unidos 6.5 millones de toneladas de maíz en 2001 y en 2002, 5.4 millones de toneladas. En este volumen elevado de granos se mezclaron variedades convencionales e híbridas, así como maíces genéticamente modificados y a la fecha se ha reconocido que los agricultores mexicanos utilizaron estas semillas.
Quist, Chapela y Christou se cuestionaron acerca de cómo la introducción comercial de variedades de maíz transgénico pueden afectar los sistemas de agricultura tradicional en los agricultores de pequeña escala y si puede tener un efecto destructor sobre la diversidad de razas antiguas que ellos manejan.
Se dice que la agricultura mexicana, incluyendo la producción de maíz, tiene una estructura bimodal; esto es, por un lado gran número de agricultores en pequeña escala cultivan maíz en áreas de temporal, principalmente para autoconsumo, aunque ocasionalmente pueden vender el maíz excedente. Ellos raramente compran semillas comerciales y son un mercado improbable para las variedades transgénicas; sin embargo, la entrada de variedades de maíz transgénicos les representa importantes consecuencias. Por otro lado, un número pequeño de agricultores orientados en el sentido comercial con prácticas de producción de maíz a gran escala (principalmente en áreas con irrigación con objetivos y tecnologías semejantes a las del mundo industrializado) son el mercado lógico para las variedades de maíz transgénico comercial.
Impacto de los transgénicos
Comencemos diciendo que desafortunadamente la presencia de transgénicos reducirá automáticamente la diversidad de alelos en poblaciones de maíz locales, así como de variantes morfológicas manejadas por agricultores en pequeña escala en México. También existe incertidumbre sobre si las variedades transgénicas introducidas a gran escala en nuestro país incluyen transgenes múltiples; además no es conocido si entran en la cadena trófica anticuerpos, ácidos grasos o vacunas.
Otro impacto adverso en el uso de transgénicos son las regulaciones sobre propiedad intelectual que prohíben su uso a agricultores que no compren semillas de variedades transgénicas y que no firmen acuerdos con propietarios de los transgénicos o sus agentes. Pero tales regulaciones pueden ser violadas también por agricultores cuyas prácticas tradicionales favorecen la difusión de los transgénicos, ya que pueden desconocer que están presentes en sus poblaciones y, al utilizarlos, adquieren problemas legales con las compañías propietarias de estos.
En el maíz, por ser una especie de polinización cruzada, cada grano representa un evento de polinización independiente, así que muchos granos en la misma mazorca son propensos a ser polinizados por diferentes modelos de plantas; dependiendo del número de plantas por campo, de la proximidad de otros campos que estén en flor al mismo tiempo y de la dispersión del polen, que puede ser afectado por la humedad local y la velocidad del viento. Considerando lo anterior, una de las zonas que podrían afectarse por la contaminación de sus granos son los valles centrales de Oaxaca, santuario del cultivo de maíz en México pues allí se puede rastrear el origen de la domesticación de este grano (Zea mays L.). En esta región se ha conservado la diversidad genética mediante el procedimiento “a cielo abierto”, consistiendo en dejar que las semillas se polinicen sin intervención de los humanos, sino que se aprovechan los vientos de forma natural para realizar la mezcla de genes del maíz. De esa manera se conserva una fuente genética importante que representa un valor cultural.
El Instituto Nacional de Ecología inició una campaña en Oaxaca para informar a los agricultores tradicionales de producción a pequeña escala sobre las consecuencias del uso de la biotecnología y el tema de la bioseguridad. La campaña culminó con recomendaciones sobre qué hacer en siembras accidentales de maíz transgénico y sus efectos. De esta manera se espera alertar sobre posibles fuentes de contaminación con semillas de maíz transgénico, tratando de contribuir de algún modo al control, evitando la distribución abierta entre agricultores de zonas rurales ricas en biodiversidad.
Sistemas tradicionales agrícolas
México es considerado un centro de domesticación de maíz (hace 6 000 años se domesticó) y diversidad, además es uno de los últimos reservorios de fuentes genéticas de maíz para la humanidad. Por medio de la constante selección divergente se diversificó la cosecha en las razas antiguas y las poblaciones satisfacieron así sus necesidades culturales y agronómicas. Dicha diversidad persiste actualmente en los sistemas agrícolas tradicionales que cubren alrededor de seis millones de hectáreas cada año.
En estos sistemas coexisten múltiples poblaciones de maíz, pues la mayoría de las semillas son conservadas de la cosecha anterior y algunas son adquiridas mediante otros agricultores y en fuentes comerciales. Los agricultores mezclan las semillas de estas diferentes fuentes por diversas razones, por ejemplo, si pierden semilla o si desean experimentar o modificar una población de maíz. Además, incorporan variedades mejoradas exponiéndolas a sus condiciones y manejos, enriqueciendo sus adaptaciones locales, un proceso conocido como “criollización”.
Aunque son pocas las cruzas entre variedades transgénicas y las razas de maíces locales, los transgénicos se difunden dentro de las razas de maíz primitivas locales; dependiendo de si el transgén es expresado y si los agricultores perciben esta expresión fenotípica como benéfica, perjudicial o neutra, las acciones que realicen en consecuencia pueden incrementar o impedir esta difusión. La naturaleza antagónica del control de factores humanos y naturales vuelven difícil predecir la rapidez en la difusión de transgénicos en razas de maíces locales y se complica saber cómo la extensión de transgénicos puede transformar a los maíces nativos. Si la agricultura comercial introduce transgénicos en razas de maíces nativos y afecta la diversidad de maíces locales, se le considera como “contaminación por transgénicos”.
Un factor que afecta el manejo de los sistemas tradicionales agrícolas y la diversidad de maíz en México es el reemplazamiento de razas de maíz locales por variedades modernas, así como el envejecimiento de la población de agricultores y la pérdida de interés en la agricultura entre gente joven, particularmente si tienen más estudios que los padres.
Diversidad de maíz en México
El maíz es el primer cultivo en Mesoamérica y su diversidad en esta región es mayor que en cualquier otra parte del planeta. El investigador Edgar Anderson, pionero en el estudio del maíz mesoamericano, observó que este cereal es un espejo sensitivo de quienes lo cultivan.
Cuando se comparan estudios de caso en la agricultura del maíz mexicano se revelan diversas características de manejo común: persistencia de tipo de maíz locales; relativa dominancia de uno o dos tipos de maíz, tanto a nivel de invernadero como en comunidad; la producción de variedades menores, que contribuyen en menor grado a la producción general; alta sustitución de diferentes tipos de maíz para elaboración de tortillas; selección de semillas a partir de la apreciación de la cosecha aparentemente basadas en un ideotipo de maíz local; adquisición de nuevas semillas mediante vecinos y pueblos distantes.
Algunas investigaciones sobre sistemas de maíz en nuestro país han mostrado ser abiertas, pero a la vez conservadoras en términos de manejo de semillas y selección de la cosecha. El cultivo está convencionalmente dividido dentro de razas o poblaciones regionales que son distinguibles por características morfológicas, bioquímicas y genéticas.
Existen variaciones continuas entre razas de maíz en México, además algunas investigaciones etnobiológicas han mostrado que los agricultores mesoamericanos reconocen y mantienen diversas razas dentro de un sistema de cultivo en respuesta a factores microambientales y de comercialización.
Son muchos los factores que intervienen en la distribución regional de tipos de maíz y que no se les brinda debida importancia, como el ambiente, el cual desempeña un papel importante. Los agricultores se refieren a los maíces que están adaptados a un medio natural en el que se desarrollan o se originaron con el término de “maíces criollos”, que significa “maíz local”, y que en algunas referencias bibliográficas se conoce como landrace. Los agricultores reconocen variación entre las razas criollas debido a distintas características, principalmente por el color del grano. Esta diferenciación entre maíces se conoce como variedades.
Existen otras cuatro razones independientes de factores ambientales que contribuyen a la diversidad del maíz. En primer lugar, un análisis ecogeográfico señala que diversas razas de maíz coexisten como grupos en un número pequeño de genotipos y su ambiente en zonas de interacción. Un ejemplo de ello ocurre en tierras altas (arriba de 1 800 metros sobre el nivel del mar) en la región de Olotón y Comiteco, en el estado de Chiapas, que constituye una amplia zona de interacción donde conviven las dos razas dominantes. En segundo lugar, las comunidades indígenas manejan un intercambio regular de sus semillas, que ocurre entre los poblados vecinos. En tercer lugar, los agricultores mexicanos buscan y prueban nuevos tipos de maíz o nuevas variedades como fuentes de nuevos rasgos. Por último, existe una alta sustitución de tipos de maíz para los usos principales como tortillas y tamales. Además, en las comunidades el color es la característica principal en la clasificación, nomenclatura y selección de maíz.
Las culturas indígenas desarrollaron conocimientos tradicionales basados en la experiencia y adaptación a ambientes locales. Se han desarrollado recursos genéticos debido a la importancia para la sobrevivencia de prácticas comunitarias de subsistencia agrícola; este conocimiento está basado en su idioma, tradición y diferencias culturales locales.
Seguridad alimentaria
El pasado medio siglo ha sido marcado por un crecimiento en la producción de alimentos con el fin de reducir la proporción de personas con hambre en el mundo. Sin embargo, actualmente una de cada siete personas no tiene acceso a proteínas y a fuentes de energía en su dieta alimentaria diaria; y más aún, sufren de algún problema de desnutrición. Lo cierto es que la población mundial continuará creciendo y esto elevará también el poder de consumo y una mayor demanda por alimentos procesados, carnes, lácteos y pescado. Al mismo tiempo, los productores de alimentos estarán experimentando mayor competencia por la tierra, el agua y la energía, y con la necesidad de remediar los efectos negativos de la producción de alimentos en el ambiente. Por si fuera poco para los productores, aunado a lo anterior se agregan los efectos del cambio climático y cómo las medidas de mitigación y adaptación pueden afectar el sistema de procesamiento, almacenamiento y distribución de alimentos. Estudios recientes sugieren que para 2050 el mundo necesitará mayor cantidad de alimentos (entre 70 y 100% más).
Dada esta problemática mundial de escasez de alimentos, el maíz puede continuar brindando una seguridad alimentaria a los pueblos indígenas en México. Por ello se han desarrollado algunas investigaciones en comunidades indígenas, como la del grupo de González Rodríguez sobre maíces criollos en la sierra del Nayar, oeste de México, en la comunidad El Roble, en donde se hizo una revisión del conocimiento tradicional de la comunidad wixarika, identificando las variedades y razas de maíz existentes en la región. Además de clasificarlas de acuerdo con el color, tamaño, usos, origen y propiedades agronómicas, se obtuvo información del conocimiento tradicional de maíz y del valor que tiene en la cosmovisión indígena.
Como todas las culturas indígenas, los wixaritari o huicholes son un pueblo respetuoso y orgulloso de sus tradiciones y cultura, y practicantes de sus creencias. Por el lugar que guarda el maíz en su cultura son considerados como guardianes de los maíces nativos, pues desde siempre el maíz ha estado ligado a su vida, brindándoles alimento para las familias y los animales; es además un elemento sustancial en fiestas, ritos y ceremonias religiosas.
El maíz es para la cultura wixarika la base de la alimentación, de la preservación de su cultura y de su comunión con el universo. Este cultivo se integra a un sistema basado en la observación del funcionamiento de los sistemas naturales, en la comunicación espiritual con las plantas y en el saber de sus tradiciones culturales. Al sembrar maíz, los huicholes no sólo trabajan con la naturaleza en el plano físico, también se trasladan al mundo sobrenatural al plantarlo, al “hacer lluvia”, al “controlar los vientos” y fertilizar sus cosechas. Esta vinculación entre lo físico y lo espiritual se observa de manera más clara en la celebración de las fiestas y ceremonias que llevan a cabo: Hikuli Neixa, Namawita Neixa y Tatel Neixa, las cuales se celebran en tres momentos críticos del cultivo del maíz: 1) la preparación del coamil (autoproducción agrícola a baja escala); 2) la siembra y 3) la obtención de los primeros frutos.
Dada la relevancia del maíz y por la importancia de crear un banco de germoplasma, El Roble representa un lugar estratégico para mantener las razas de maíz y mejorar la eficiencia de los programas de conservación agrícola.
Consideraciones finales
Los campesinos de maíz en México están principalmente orientados a producir en pequeña escala, y a la vez contribuyen a la creación y conservación de diversidad genética del cultivo. Los agricultores de subsistencia demandan una diversidad de atributos del maíz para que pueda ser consumido, los cuales incluyen la facilidad del procesamiento, el color, el sabor, la textura de grano, la adecuación del maíz para ciertos platillos, todo lo cual se encuentra correlacionado con la diversidad genética de las razas de maíz. Es por lo que los transgénicos son un peligro para ellos. La conservación de variedades tradicionales ricas en diversidad genética como resultado de la evolución de milenios por la selección de los agricultores es para ellos muy importante, además de su valor en sus rituales o ceremonias asociadas al cultivo. Para los indígenas mexicanos, el valor del maíz parece derivar particularmente de una identidad como buen cultivador y como miembro de la comunidad, pero sobre todo constituye su sustento, la base de su alimentación, su futuro.
México es el centro de domesticación y diversidad del maíz, donde los agricultores han seleccionado y cruzado variedades de maíz tradicional desde hace miles de años, por lo que el país alberga la diversidad genética de maíz más grande del mundo, con cincuenta y nueve razas diferentes utilizadas como alimento, que son valuadas e investigadas. La conservación de este patrimonio frente a las amenazas que sobre él se ciernen es fundamental para garantizar la seguridad alimentaria de los pueblos de México.
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Referencias Bibliográficas
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Lidia Susana Ibarra Sánchez
Secretaría de Investigación y Posgrado,
Universidad Autónoma de Nayarit.
Es bióloga por la Facultad de Ciencias de la UNAM. Sus estudios de maestría y doctorado fueron en Procesos Biotecnológicos en la Universidad de Guadalajara. Actualmente labora como profesor-investigador en la Universidad Autónoma de Nayarit, donde coordina el Cuerpo Académico de Inocuidad Alimentaria y Nutrición.
Sergio Alvarado Casillas
Secretaría de Investigación y Posgrado,
Universidad Autónoma de Nayarit.
Es ingeniero agrónomo egresado de la Facultad de Agricultura de la Universidad Autónoma de Nayarit. En la misma casa de estudios obtuvo el grado de maestro en Horticultura Ornamental. Es doctor en Ciencias en Procesos Biotecnológicos por la Universidad de Guadalajara. Actualmente labora como profesor-investigador en la Universidad Autónoma de Nayarit.
José Benito Ibarra Sánchez
Unidad Académica de Contaduría y Administración,
Universidad Autónoma de Nayarit.
Estudió Relaciones Comerciales en el Instituto Tecnológico de Tepic, Nayarit. Es maestro en Finanzas por la Universidad Autónoma de Nayarit, donde se desarrolla como profesor de tiempo completo. Sus líneas de investigación son la planeación de estudios de mercado y financiero, manejo de bases de datos y estadísticos.
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cómo citar este artículo →
Ibarra Sánchez, Lidia Susana, Sergio Alvarado Casillas y José Benito Ibarra Sánchez. 2016. El origen del maíz y su significado en la seguridad alimentaria de los pueblos indígenas. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 38-46. [En línea].
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| del herbario |
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El picor del chile,
biosíntesis de la capsaicina y diferenciación morfológica
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Lino Sánchez Segura y
Gustavo F. Gutiérrez López
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Los metabolitos secundarios son las principales
características por las que reconocemos y asignamos valor comercial a las plantas. En éstas, la especialización química generalmente se ha asociado, por un lado, a la defensa contra depredadores o patógenos y, por otro, a la atracción de polinizadores. Mientras que en la vida cotidiana estas moléculas resultan funcionales como alimentos y fármacos.
Un grupo de metabolitos que por sus propiedades podría considerarse de interés en México es el de los capsaicinoides. Diversos estudios han demostrado que éstos son los compuestos químicos responsables de la pungencia o picor en el fruto de la planta de chile (Capsicum annumm L.). La capsaicina y la dihidrocapsaicina son responsables de 90% de la pungencia del fruto; el resto de los capsaicinoides participan en menor medida en el picor, pero contribuyen fuertemente a la diversidad de sabores picantes en las diferentes especies de Capsicum. Los capsaicinoides son sintetizados a partir de intermediarios de la ruta de los fenilpropanoides y, en algunos casos, son clasificados químicamente como alcaloides.
La respuesta provocada por la capsaicina es la de picor, es decir, aparecen síntomas como el aumento de temperatura, irritación tisular, salivación y dolor, que inician en las mucosas y se propagan al resto del cuerpo. Esta respuesta comienza cuando las terminales periféricas de un subgrupo de neuronas nociceptoras sensoriales son estimuladas, las cuales son encargadas de transmitir la información del daño tisular a los centros de procesamiento del dolor en la espina dorsal y el cerebro. Hasta el momento, se sabe que la capsaicina excita receptores de la membrana plasmática de las neuronas nociceptoras al calcio los cuales, debido a la afinidad estructural, se denominaron “receptores afines a la vainillina”. Sin embargo, realmente se trata de “canales dependientes del ligando”, que producen el incremento de la permeabilidad al calcio.
La capsaicina afecta de forma tan intensa las papilas gustativas aun en diluciones tan bajas como 1:1 x 106, que se ha usado frecuentemente en la investigación biomédica para explicar la función de las neuronas sensoriales en varios órganos y sistemas, debido a que tiene la capacidad de excitar y retardar la funcionalidad de un subconjunto de neuronas aferentes primarias. Sin embargo, ¿qué hace tan especial a este grupo de plantas?, ¿por qué únicamente se lleva a cabo la biosíntesis de los capsaicinoides en el género Capsicum?
El género Capsicum
Para entender la naturaleza de los compuestos capsaicinoides se debe indagar sobre su origen biológico. El chile es una planta del genero Capsicum de la familia Solanaceae. Actualmente, su clasificación se dificulta debido a la gran cantidad de variedades existentes cuyo origen puede deberse a las condiciones climáticas, tipo de suelo, selección y domesticación. Algunas de estas especies son C. annuum, C. chinense, C. frutescens, C. pubescens, C. pendulum y C. minimum con más de cincuenta variedades. Las clasificaciones taxonómicas del género Capsicum son diversas y fueron propuestas a partir de los caracteres taxonómicos que los autores consideraron eran de mayor importancia para descifrar la filogenia del género Capsicum. Una de ellas es la que hizo Bailley en 1923, en la cual se planteaba que se debían reducir todas las variedades de Capsicum a una sola especie debido a que los caracteres morfológicos que se han considerado diferenciables entre las especies tienen variaciones tan amplias que pueden pertenecer a cualquiera de las especies establecidas. Sin embargo, de forma opuesta se plantea que la clasificación taxonómica de este género impide agruparlas en una sola especie, dado el grado de diversificación biológica que presentan. En la actualidad, algunas variedades de Capsicum annuum se han separado con base en la diversidad genética, por lo que existe la posibilidad de establecer nuevas especies.
Originalmente, el género Capsicum se distribuye en cuatro centros biogeográficos: el primero abarca desde el sureste de Estados Unidos y México hasta el oeste de América del Sur, con doce subespecies; el segundo va del sureste de Brasil a la costa de Venezuela, con una subespecie; el tercero está en la costa este de Brasil, con diez subespecies; y el cuarto es el centro de Bolivia y Paraguay, que se extiende hasta el noreste y centro de Argentina, con ocho subespecies. Cabe destacar que dieciséis especies se consideran endémicas de América del Sur y representan la mayor cantidad de especies de Capsicum restringida en un área. La región correspondiente a Bolivia es probablemente el centro de origen del género Capsicum; sin embargo, el lugar de domesticación de cada una de las especies es un tema de investigación actual.
Origen y distribución en México
Si el origen biológico del chile no fue en México, ¿entonces por qué se encuentra tan arraigada la presencia de esta planta en nuestra cultura? Las primeras evidencias del consumo de chiles por parte de una cultura mesoamericana se encuentran en México. En las cuevas de Coxcatlán, en el Valle de Tehuacán en Oaxaca, se descubrieron a mediados de la década de los noventas los primeros restos arqueobotánicos de frutos y semillas de chiles silvestres, junto con granos de maíz y frijol. Estos frutos posiblemente se comenzaron a recolectar hace ocho mil años por los primeros habitantes, zapotecos, correspondientes al periodo Monte Albán IIIb–IV (500 a 750 d. C.). Posteriormente, hace seis mil años, durante el periodo Monte Albán V (1000 a 1520 d. C.), los asentamientos zapotecos de Mitla se dedicaron a seleccionar y cultivar chiles pungentes de Capsicum annuum, lo que implica que ésta es la primera especie mexicana de chile y, por consiguiente, la más utilizada como alimento. Hasta el día de hoy, se sabe con certeza que se derivan tres cultivares de esta especie primigenia, conocidas como: jalapeño, serrano y chile ancho.
Biosíntesis
El tipo y la concentración de capsaicinoides varía con el genotipo (F1, F2 o híbridos), las condiciones de crecimiento de la planta (fotoperiodo, pH del suelo, humedad, nutrientes, altitud) y maduración del fruto de donde se extraigan tales compuestos. La maduración del fruto, en la mayoría de las especies (C. annuum L., C. frutescens L., C. chinense Jacq.) corresponde a cambios en la concentración de carotenoides, flavonoides, clorofila, ácidos fenólicos, ácido ascórbico y compuestos solubles totales. La ruta de biosíntesis de los capsaicinoides se considera compleja, por lo que no ha sido completamente descrita. La principal característica es la presencia de una bifurcación metabólica que permite contribuir, por una parte, a la formación de ácidos grasos y, por otra, a compuestos aromáticos fenólicos. Debido a que la ruta de los capsaicinoides está dada por los intermediarios de la ruta de los fenilpropanoides, resulta interesante que se sintetice vainillina (compuesto que se obtiene de la vainilla, Vanilla planifolia) como intermediario químico, la cual evolutivamente no tienen relación con el género Capsicum.
La etapa crítica en la formación de la capsaicina es la condensación de la vainillilamina (compuesto fenólico) con el 8metil6nonenoilCoA (ácido graso). La formación enzimática de los capsaicinoides a partir de la vainillilamina e isoC10:0 se lleva a cabo en dos pasos. El primero es la conversión enzimática del isoC10:0 a isoC10:0CoA usando atp y Mg++ como cofactores; y el segundo es la condensación enzimática de isoC10:0CoA y vainillilamina para sintetizar la capsaicina por acción de la enzima capsaicina sintetasa. Sin embargo, esta última enzima se ha postulado como una enzima hipotética, sin que hasta el momento se tenga evidencia de su existencia.
Durante el crecimiento y maduración de las plantas, los cambios bioquímicos generalmente están asociados a las transformaciones estructurales de los tejidos y células. La descripción de estos cambios celulares en las plantas del chile no se ha estudiado con mayor profundidad debido a que la mayoría de los trabajos publicados presenta un enfoque químico, además de los productos naturales y el de la síntesis orgánica. Los primeros estudios sobre la localización del sitio de biosíntesis de la capsaicina y dihidrocapsaicina fueron hechas por el equipo de Tetsuya Suzuki en 1980, los cuales observaron “gotas oscuras” (osmiófilas) en imágenes de microscopía electrónica de transmisión. Algunos estudios intentaron, sin éxito, localizar el sitio de síntesis de capsaicinoides y describir el mecanismo de secreción celular.
Otro equipo de trabajo, liderado por Zamsky, describió en 1987 la ultraestructura de las células secretoras juveniles de frutos verdes de Capsicum, que presentan un citoplasma denso con plastidios ameboidales, dos tipos de retículo endoplásmico en fragmentos (rugosos o engrosados), observándose desprendimiento de vesículas del retículo endoplásmico. Ellos propusieron que los capsaicinoides están compartamentalizados en una serie de vesículas de entre 0.151.0 µm de diámetro, su morfología es la de “pequeñas gotas oscuras” (osmiófilas) visualizadas en al interior de retículo endoplásmico engrosado. El probable mecanismo de translocación de los capsaicinoides ocurre a partir de tales vesículas, las cuales viajan a través del citoplasma y se fusionan con el plasmalema. Sin embargo, los pigmentos carotenoides (capsorrubina y capsoxantina) que se sintetizan y acumulan durante la maduración y cambio de color del fruto de Capsicum fueron observados en imágenes de microscopía electrónica de trasmisión en forma parecida, por lo que dichos resultados no son concluyentes.
Los primeros estudios de Y. Ohta en 1962 y de el grupo de K. Iwai en 1979 demostraron que los capsaicinoides fueron separados de la placenta, tejido en el que son biosintetizados a partir de la Lfenilalanina y Lvalina. Posteriormente, en 1982, junto con su equipo de trabajo, Fujiwake determinó que los capsaicinoides se acumulan en las vacuolas de las células epidérmicas de la placenta y del septo; sin embargo, es difícil describir el mecanismo de biosíntesis de los capsaicinoides a un nivel subcelular a través de técnicas convencionales de fraccionamiento de células, ya que éstas homogenizan los contenidos subcelulares.
Nuevas teorías
En estudios recientes, mediante técnicas de inmunolocalización, se ha encontrado que el lugar donde están los capsaicinoides son las células epidérmicas del septo interlocular; sin embargo, nuestros hallazgos demuestran que el inmunolocalizar la capsaina allí no implica que se lleve a cabo la biosíntesis en esas células. Anatómicamente, las células del septo interlocular tienen una función estructural cuya característica es delimitar el lóculo del fruto, por lo que se debe descartar su intervención en la biosíntesis; probablemente, en forma secundaria, puede ser una vía de translocación de la capsaicina al pericarpo del fruto. Mientras que es en las células de la epidermis de la placenta en donde se lleva a cabo la mayor acumulación de la capsaicina, esta función es única en la planta y está restringida a este pequeño grupo de células altamente diferenciadas. En algunas partes de la planta de Capsicum, como hojas, tallos, raíces y semillas, se ha obtenido capsaicina en muy bajas concentraciones, sin que se consideren zonas de biosíntesis diferentes a la placenta del fruto. Estos descubrimientos nos plantean las siguientes preguntas: ¿para qué necesita la planta enviar a través de un viaje energéticamente costoso este compuesto altamente tóxico y cómo lo hace?
En estudios anteriores se había propuesto la existencia de una nueva estructura almacenadora de capsaicina llamada ámpula, término aceptado en la botánica que implica un mecanismo activo de transporte de capsaicinoides en frutos pungentes de Capsicum. Dicha estructura se formaría a partir del desprendimiento de una cubierta de polisacáridos y ceras durante la diferenciación del tejido epidérmico de la placenta. El desprendimiento ocurre en forma activa por la translocación de vesículas y desprendimientos celulares hacia el espacio que se genera entre el tejido y el ámpula, formando un depósito altamente tóxico de sustancias capsaicinoides. Nuestras investigaciones indican que en chiles con mayor pungencia (C. chinense Jacq. o habanero de la variedad Kukulkán), dicha estructura se forma en mayor número y tamaño; mientras que en chiles no pungentes (C. annuum L. o pimiento morrón) no hay evidencia de tales estructuras.
Dichos resultados nos han llevado a proponer la existencia una estructura morfológica que podría estar regulando la biosíntesis de capsaicina debido a una retroalimentación metabólica entre el sustrato, los intermediarios, el producto, la acumulación y la diferenciación celular del tejido epidérmico de la placenta de chiles pungentes. En las plantas, la biosíntesis de un metabolito es una inversión energética muy costosa, la cual puede conferir grandes ventajas contra depredadores o en la continuidad de la especie en términos evolutivos. Pero, hasta el momento, no se ha logrado dilucidar el costo adaptativo de la diferenciación y reorganización de los tejidos altamente especializados en las plantas.
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Referencias bibliográficas
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Lino Sánchez Segura y
Gustavo F. Gutiérrez López
Escuela Nacional de Ciencias Biológicas,
Instituto Politécnico Nacional.
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cómo citar este artículo →
Lino Sánchez Segura y Gustavo F. Gutiérrez López. 2016. El picor del chile, biosíntesis de la capsaicina y diferenciación morfológica. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 34-37. [En línea].
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| del establo |
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Ganado bovino mejorado genéticamente
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Francisco Joel Jahuey Martínez
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Desde siempre hemos tenido la inquietud de
mejorar las cosas que utilizamos o que nos rodean con el fin de cambiarlas de acuerdo con nuestras necesidades o gustos y volverlas más eficaces; para ello nos hemos valido de diversos métodos tecnológicos. En cuanto a la cría de ganado se refiere, especialmente del bovino, se han utilizado métodos selectivos para lograr su mejora y obtener animales para distintos usos. La única manera de mejorar el ganado es mediante cambios en el componente genético. Las características físicas de cualquier individuo están dadas por factores genéticos y ambientales y las interacciones de ambos factores. El componente genético está sujeto a cambios inducidos por el hombre, de ahí que el proceso sea llamado mejoramiento genético; para acelerar el mejoramiento del ganado se utilizan herramientas biotecnológicas.
En la actualidad, con tan sólo escuchar la palabra “genética” aplicada al mejoramiento del ganado, tendemos a pensar en la generación de animales transgénicos, es decir, al uso de animales cuya composición genética ha sido alterada introduciendo genes extraños a su genoma (ingeniería genética). Si bien ésta es una manera de mejorar la genética de los organismos, aún no ha sido aplicada con ese fin en el ganado. El mejoramiento genético en el ganado bovino es realizado más bien de manera tradicional, utilizando sus propias características genéticas, aplicando métodos de selección artificial y realizando cruzas de los mejores animales para incrementar la eficiencia biológica del ganado. Esto implica reconocer la variabilidad genética de una característica de interés e identificar a los animales con dicho potencial genético para luego reproducirlos con el fin de que sus descendientes sean más eficientes. De esta manera, se busca que ocurran cambios favorables a través de las generaciones y que los individuos sean más productivos que sus progenitores, más resistentes a enfermedades, más tolerantes a condiciones ambientales extremas, con mayor crecimiento o fertilidad, etcétera.
Genética y mejoramiento
El mejoramiento genético del ganado ha sido realizado por el hombre durante miles de años, pero al principio lo hacía de manera inconsciente. De manera gradual, y con base en la observación, el hombre comenzó a evaluar los rebaños y apareaba a los mejores animales para fijar ciertas características en la descendencia de acuerdo con las necesidades sociales, ambientales y nutricionales. De esta manera tenía animales más grandes y fuertes, que utilizaba para la obtención de carne como alimento y fuerza de trabajo en las actividades agrícolas. No fue sino hasta hace unos 6 000 años que se inició la mejora del ganado para la producción de leche, no sólo para la alimentación de las crías sino también para el consumo humano.
La ganadería bovina es actualmente una de las principales actividades económicas y agropecuarias, y mediante el mejoramiento genético desea incrementar la producción y generar mayores ganancias económicas. De hecho, en las últimas décadas, los grandes avances logrados en la producción se hacen gracias al mejoramiento genético de las características productivas del ganado. Por ejemplo, en ganado lechero Holstein de Estados Unidos la producción promedio de leche por animal se duplicó durante el periodo que va de 1960 a 2000, pasando de 6 000 kg de leche por animal por año a una producción de 12 000 kg. Por otro lado, en ganado para carne la tendencia genética también ha sido positiva, como es el caso del mejoramiento de la ganancia de peso al destete, provocando que, en la mayoría de las razas bovinas, el peso a tal edad llegue a 30 kilos.
A pesar de muchos esfuerzos realizados, son pocas las características que han sido mejoradas en el ganado, por lo que otras, como las reproductivas, la resistencia a enfermedades y la calidad de la carne, han sido poco evaluadas o prácticamente ignoradas debido a la dificultad y el costo de su medición o a la baja heredabilidad de las mismas. El mejoramiento enfocado únicamente hacia características productivas ha traído problemas en algunas razas bovinas, disminuyendo el potencial en otras características como la facilidad del parto, debido a que los animales nacen cada vez más grandes. Es por esto que se busca involucrar el uso de biotecnologías que permitan mejorar las características que han sido difíciles de evaluar mediante los métodos tradicionales de mejoramiento.
Es aquí donde juegan un papel muy importante el uso de herramientas basadas en el adn como los marcadores genéticos, los cuales son etiquetas en el genoma de los organismos, que al ser transmitidos de padres a hijos pueden ser rastreados a través de las generaciones. Cuando se demuestra estadísticamente que tales marcadores están asociados a una característica de interés, por ejemplo, a aquellas difíciles de medir, es posible entonces su utilización como método de selección, en función de su presencia o ausencia en un animal. Además, esto también permite determinar las condiciones homocigóticas o heterocigóticas, lo cual es importante dependiendo si la característica es favorable o desfavorable para el animal.
Un ejemplo claro es el marcador asociado al síndrome de doble musculatura, donde el gen de miostatina es desfavorable al presentarse en forma homocigótica en los individuos. Muchos marcadores genéticos han sido asociados a diversas características, incluyendo el marmoleo, la suavidad y la resistencia al corte de la carne, que son características de importancia apreciadas por los consumidores. Este tipo de biotecnologías ha permitido la implementación de nuevos sistemas de mejoramiento genético basados en la selección de los animales mediante marcadores moleculares, proceso denominado como selección asistida por marcadores, que tiene el potencial de mejorar características con baja heredabilidad, difíciles de medir, que se presentan a edades tardías o hasta que los animales son sacrificados; es decir, aquellas características que no han podido ser mejoradas mediante métodos tradicionales.
Recientemente, el descubrimiento del genoma bovino permitió el desarrollo de tecnologías de tipificación de genoma completo que permiten caracterizar a los animales utilizando miles de marcadores, lo cual ayuda de manera más precisa a la selección de individuos de acuerdo con una característica de interés a fin de contar con individuos aptos para un programa de mejoramiento genético.
¿Seguir mejorando el ganado?
El mundo está padeciendo dos sucesos irreversibles que afectan directamente la producción ganadera. Por un lado, el cambio climático está provocando un incremento en la temperatura a nivel mundial, generando una reacción en cadena, donde el último efecto es escasez de alimento y agua para el ganado. Tan sólo en México ha ocurrido una de las sequías más severas de los últimos setenta años que ha provocado la despoblación de los hatos ganaderos.
Parte de la solución estaría en mejorar las características del ganado involucradas en la adaptabilidad a ambientes variables, donde el uso de marcadores genéticos sería de gran utilidad, ya que ésta es una característica compleja. Por otra parte, la solución también podría ser el aprovechamiento de los recursos genéticos locales, es decir, utilizar el componente genético del ganado local —adaptado a vivir en condiciones variables— para realizar cruzas con el ganado de interés, de manera que adquieran la característica de adaptabilidad.
Desafortunadamente, sabemos muy poco acerca de los recursos genéticos existentes debido a que son utilizados generalmente en ganadería de traspatio, donde los ganaderos desconocen el potencial genético que poseen sus animales. Sumado a esto, la promoción de razas bovinas denominadas “superiores” o “de alto rendimiento” provoca el desplazamiento y extinción de las razas locales; ejemplo de ello es el empleo de la raza bovina Holstein, la cual es utilizada como la principal raza productora de leche a nivel mundial.
Un factor que también afecta la producción ganadera es el crecimiento demográfico, que ha provocado, durante las últimas décadas, un rápido incremento en el consumo de los productos de origen animal. Según las proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, en el año 2050 la población mundial llegará a nueve mil millones de habitantes, por lo que deberá duplicarse la producción de carne para satisfacer el incremento en la demanda. Por lo tanto, debe mantenerse el mejoramiento de las características productivas del ganado, pero sin que se vean afectados otros rasgos de importancia biológica.
Conclusión
Sin duda, se debe seguir realizando el mejoramiento genético del ganado bovino, ya que en la actualidad hay una fuerte necesidad de incrementar la eficiencia biológica de la producción ganadera y sobrellevar los cambios ambientales que afectan el ganado. Por lo tanto, será de gran importancia el mejoramiento de sus características genéticas involucradas en el crecimiento, la ganancia de peso y la producción de leche.
Por último, existe un variado mercado de la carne que demanda productos de mejor calidad, donde características como la suavidad y el marmoleo deben ser mejoradas para satisfacer al consumidor. El mejoramiento de tales características debe lograrse sin afectar el comportamiento en otras, para lo cual será de gran apoyo el uso de herramientas biotecnológicas que permitan monitorear una amplia variedad de características e identificar a los animales correctos para usarlos como progenitores de las siguientes generaciones.
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Referencias bibliográficas
Dekkers Jack y Frédéric Hospital. 2002. “The use of molecular genetics in the improvement of agricultural populations”, en Nature Reviews of Genetics, núm. 3, pp. 2232.
fao. 2009. El estado mundial de la agricultura y la alimentación: la ganadería a examen. Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, Roma. En la red
www.nbcec.org/producers/sire.html |
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Francisco Joel Jahuey Martínez
Centro de Biotecnología Genómica, Instituto Politécnico Nacional. |
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cómo citar este artículo →
Jahuey Martínez, Francisco Joel. 2016. Ganado bovino mejorado genéticamente. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 76-79. [En línea].
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| César Carrillo Trueba |
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No se puede interpretar muestras de poblaciones de maíz de manera eficiente sin conocer lo más que se pueda sobre la gente que ha cultivado ese maíz.
Edgar Anderson
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En nuestra relación con la naturaleza, la de inventariar
parece no tener fin, y menos aún cuando se mantienen con vitalidad aquellos procesos que generan novedades y sostienen una larga continuidad en sitios poco atendidos. Las plantas cultivadas suelen tener este rasgo en lugares donde los agricultores son dueños de sus semillas, poseen una cultura inextricablemente ligada a la tierra, se alimentan de sus productos y su identidad misma es inconcebible sin ella. El maíz es un caso típico, una planta que es cultivada tradicionalmente en condiciones muy disímbolas (de altitud, suelo, clima, pendiente y otros factores más). Su inmensa diversidad radica en ello y en las culturas que viven en tal mosaico ambiental. Los procesos en que descansa tal diversidad se mantienen vivos y es por ello que resulta tan difícil hacer un inventario de la totalidad de sus variedades, de los complejos que forman, de las llamadas razas.
La presencia en un pequeño poblado otomí de Tlaxcala de maíz tunicado —conocido allí como maíz ajo—, el cual se consideraba desaparecido en México o no se consigna noticia reciente de él, es un buen ejemplo de lo anterior. Que se haya mantenido durante tanto tiempo en una región relativamente cercana a la gran capital sin que se tuviera noticia, sin que alguno de los connotados especialistas remarcara su peculiaridad, no deja de llamar la atención. Se sabía de su presencia en México por diversos textos, como el del célebre genetista experto en maíz, Edgar Anderson, publicado en 1946, así como de su antigüedad por los hallazgos de Mangelsdorf en Bat Cave, Nuevo México, cuyos maíces tunicados remontan a aproximadamente cuatro mil años, (ver fotografía en página 5). Lo curioso es que también hay evidencias contemporáneas de él en África, Suramérica, Estados Unidos y Europa. A partir del reporte elaborado en 1829 por el célebre naturalista francés Geoffroy de Saint Hilaire con base en maíces procedentes de Brasil y Paraguay, quien lo consideró como una variedad, acuñando el término tunicata (Zea mays var. tunicata), éste se volvió casi una constante en toda monografía sobre dicha planta. Reaparece en el vasto tratado escrito por el botánico francés o italiano Matthieu Bonafous en 1833, quien lo bautizó como Zea cryptosperma y exaltara su belleza en una bella ilustración (en portada de esta revista), al igual que lo hicieran los editores del Dictionaire Pittoresque d’Histoire Naturelle et des phénomènes de la nature, publicado en París en 1856 (lámina que se muestra en la página 8). Ocupa un lugar destacado en la clasificación de los maíces elaborada en 1880 por E. Lewis Sturtevant, quien lo ubica también como una especie, Zea tunicata, separada de todas las demás variedades —a las cuales agrupa bajo la especie Zea mays— y es conocida como maíz silvestre, maíz de Oregón, de California o maíz forrajero, con variedades de color blanco, amarillo, rojo y morado, mencionando también la variación bien delimitada que aparece al ser cultivado cerca de las variedades de grano desnudo.
Entrados en el siglo xx, Friedrich G. Brieger, investigador alemán radicado en Brasil, se interesa en él y trabaja sobre su genética, comparando el “milhio tunicado paulista” y el boliviano. Anderson lo menciona en varios de sus trabajos pero sin detenerse mucho, aun cuando parece ser común en el sur de Estados Unidos como dan fe diversos textos e ilustraciones. Mangelsdorf lo considera como el ancestro de todos los demás, a lo que Efraím Hernández Xolocotzi hace eco, entablando una polémica que se mantendrá durante largos años, en la cual el gran especialista del maíz reformulará su teoría tripartita, en donde el ancestro es un maíz tunicado, mas no del que aquí tratamos, el que actualmente se conoce en los sitios mencionados.
Ante este panorama, son varias las preguntas que surgen. Por un lado, ¿cómo llegó el maíz ajo a todos esos lugares tan alejados?, ¿se difundió junto con las demás variedades que fueron llevadas tempranamente desde América o bien se originó en repetidas ocasiones por la mutación de un gen que ya ha sido identificado? Por otro lado: ¿cómo es que se preservó este maíz en dichos lugares?, ¿por qué razones los integrantes de un pueblo, de una cultura, habrían de mantener una variedad de maíz que no figura entre las más empleadas, las de mayor rendimiento o mejor sabor y textura?
Debido a que el rasgo de tunicado es originado por un gen regulador que dispara una ruta de desarrollo, si nos apegamos estrictamente al aspecto genético es prácticamente imposible saber si la presencia de este tipo de maíz en distintas latitudes se deba a su difusión desde América o a una mutación ocurrida en una variedad de maíz sin glumas ya presente allí. En cuanto a lo segundo, hay mucho que decir. Varios autores han señalado las propiedades medicinales que se le atribuyen al maíz tunicado para explicar su persistencia. Hugh C. Cutler observó que en Bolivia los ancianos quechuas lo llaman maíz oculto (puca sara) y que sirve para curar el mal de aire, un conjunto de padecimiento relacionados con los pulmones. A decir de este botánico, serían los curanderos quienes lo habrían llevado hasta Estados Unidos, dispersándolo en su andar por todo el continente americano.
Por su parte, Auguste Chevalier, el padre de la etnobotánica francesa, cuenta que en el Congo es venerado como una planta fetiche, y expone la dificultad de dilucidar si las múltiples variedades de maíz, entre ellas el tunicado, son resultado de procesos locales —mutaciones incluidas— o fueron traídas de América. Por otra parte, su valor forrajero parece haber sido el elemento clave de su presencia en el sur de Estados Unidos, en donde la ganadería ha tenido un papel preponderante —es el caso de Texas—, lo que explica que tenga apelaciones locales como maíz de Texas o de Oregón.
La dispersión por el mundo de dicha variedad no resulta extraña a la luz de la misma que ha vivido este cultivo. Si bien originaria de Mesoamérica, la siembra de maíz se halla tan enraizada en cientos de culturas distintas, es tan común su consumo bajo diferentes modalidades, que es posible encontrar elaborados mitos sobre su origen en África, Sur y Norteamérica, Asia y hasta en Europa. Son muchos los pueblos que lo consideran nativo e incluso ha habido sendas polémicas académicas al respecto (su supuesta presencia en África antes del intercambio iniciado por Cristóbal Colón es de las más conocidas). No obstante, lo que en todas latitudes destaca es la existencia de innumerables variedades, los paralelismos que emergen al contemplar sus historias, su persistencia en el tiempo en un delicado balance entre variabilidad y estabilidad.
Impresiona, por ejemplo, encontrar en Etiopía a un agricultor gamo cultivando maíz amarillo de ciclo corto junto con blanco de ciclo más largo, intercalando además, tal y como se acostumbra en México, calabaza y otras plantas, completamente ajeno al centro de origen de dicho cereal. Es la costumbre, me dijo. Lo mismo se puede ver en Vietnam y China, y ni qué decir de las vastas regiones suramericanas en donde los policultivos tipo milpa son tan comunes. En todos estos sitios, al mirar las mazorcas recién cosechadas se puede apreciar una amplia variabilidad y, sin embargo, la selección de la semilla y el manejo de la nueva siembra mantienen estable cada tipo de maíz y su intervalo de variación.
El maíz tunicado de Ixtenco
Variación y estabilidad. Estos rasgos propios del cultivo del maíz en milpa me vienen a la cabeza al mirar el maíz ajo en casa de don Vicente Hernández, quien lo ha preservado, al igual que lo hicieran su padre y su abuelo, en sus milpas de la comunidad otomí de San Juan Bautista Ixtenco, en Tlaxcala, muy cerca de Huamantla. Llama la atención la hibridación que se da entre las otras variedades que cultiva don Vicente y el maíz ajo; responde a lo que un acucioso observador como Edgar Anderson denominara como “complejo”, esto es, las variaciones que presenta un tipo de maíz al hibridar con otro, el intervalo que las comprende, incluida su dimensión espacial, lo que permite dar cuenta de su distribución.
Así, se puede apreciar el maíz ajo en su forma más establecida y el aumento en el tamaño de la mazorca, su elongación, la forma de los granos y, sobre todo, el tamaño y grosor de la gluma que los envuelve. Las plantas presentan, asimismo, a decir de don Vicente, una serie de variaciones que se ubican también al interior de cierto intervalo.
El testimonio de don Vicente Hernández proporciona una perspectiva esclarecedora. Cuenta que fue su abuelo quien llevó el maíz ajo a Ixtenco porque le gustó. Era sólo del blanco pequeño, el prototípico, por decirlo de alguna manera. Nunca dejó de sembrarlo en la milpa y pronto aparecieron mazorcas de color rojo, morado y crema. Su padre lo heredó y siempre lo cuidó. Don Vicente creció así con este maíz y le tomó cariño, por lo que también siguió cultivándolo. Dice que como lo recibió de su padre, quien lo tuvo del abuelo, por eso lo cuida, muy a pesar de que, cuando vende maíz, los compradores lo hacen a un lado, no lo llevan, al igual que a sus híbridos más cercanos. Su mujer lo regañaba por ello, pues merma la venta, pero él escondía las mazorcas en las bolsas de los pantalones y seguía sembrándolo. Lo mismo hace con otro tipo de maíz que da unas mazorcas como agrupadas, que parece fueran varias malformadas y pegadas, de un rojo escarlata, algunas, y otras blancas, como se puede apreciar en la página 6, las cuales heredó también de su abuelo. Los granos de ambos tipos de maíz son depositados de manera dispersa, tres en cada hoyo, de manera que crece una mata por aquí y otra más allá. Son plantas especiales, distintas, bonitas, pues las inflorescencias son grandes, con racimos de flores de mayor tamaño y mazorcas elegantes de verdad; ciertamente, no se ven con facilidad desde lo lejos, se mantienen discretas. Hay un cierto orgullo en sus palabras; dejan entrever una honda satisfacción, muy personal.
Al trascurrir la conversación, a este aspecto que podríamos llamar, en parte, patrimonial, pues se trata de la preservación de un legado y de relación con los difuntos de la familia —una forma de mantener viva su memoria, su obra—, se añaden otras razones. Cuando responde sobre las cualidades de este maíz, señala que es muy resistente, ya que sobrevive bajo condiciones de escasez de agua, mal suelo, poca fertilidad y temporal. Y ese vigor pasa a los demás maíces que crecen con él en la milpa, por lo que su presencia favorece la cosecha. Lo mismo que el otro maíz, el contrahecho, que es el que cuida y protege a los demás, algo que en muchos otros lugares de Mesoamérica se atribuye al maíz rojo.
Esta discreción en la manera de cultivar tan peculiares maíces es lo que ha tenido por efecto que sus vecinos apenas se enteren de su existencia. Pero, en cierto modo, es característica de la forma como se lleva a cabo la innovación en las comunidades indígenas. Cada persona pone en marcha sus propias iniciativas, las afina y mejora, pero pocas veces éstas son socializadas, adoptadas por los demás. Es quizá esto lo que genera semejante patrón de variabilidad y estabilidad, y que Anderson detectó con gran agudeza: “cualquier intento por obtener un panorama del maíz mexicano se convierte en un problema difícil. El maíz en México es extremadamente variable [...] en un campo de cultivo varía de una planta a otra [...] En un poblado mexicano, una misma variedad suele variar de un campo a otro [...] además, de una región a otra hay grandes diferencias entre variedades. Hay con frecuencia tantos grandes tipos de maíz en un solo poblado mexicano como en todo Estados Unidos y, además, cuando se va a un poblado de otra parte de México se puede encontrar otro tanto de variedades”.
A la vez, en ese mar de variabilidad, a escalas determinadas, como la del agricultor individual, las variedades que éste maneja regularmente mantienen una cierta homogeneidad, suficiente como para distinguirlas de otras, al igual que ocurre en una comunidad, en donde sus variedades se diferencian de las de la comunidad adyacente y así sucesivamente. Es por esta razón que Anderson definió las razas como: “un grupo de individuos relacionados con suficientes características en común para poder reconocerlos como un grupo”, negándose a poner nombres en latín a tales agrupaciones, más bien empleando los creados por los propios agricultores indígenas o campesinos, quienes las han establecido y mantenido a lo largo del tiempo. Esto me parece fundamental, ya que no se trata de una categoría cerrada, sino, por medio de la idea de un “complejo”, se esboza una suerte de red cuyos nodos no poseen límites definidos, la cual, al cambiar de escala, emerge nuevamente, a manera de fractal.
Esto no quiere decir que no haya intercambio de semillas entre personas, comunidades o de una región a otra, al contrario, es una práctica común, pero es siempre sometida al escrutinio de cada agricultor, que se desenvuelve en condiciones ambientales bien particulares, ya que su milpa puede estar en una ladera con pronunciada pendiente y ser azotada por fuertes vientos o en un plano en donde se anega durante la época de lluvias. Son tales condiciones las que de alguna manera propician la generación de sólidos conocimientos sobre los fenómenos naturales, que constituyen un medio fértil para la inventiva, la cual es generalizada y no restringida a un grupo de especialistas; no obstante, la socialización de las innovaciones carece de canales bien definidos, por lo que generalmente éstas son compartidas en el círculo inmediato, de los amigos y parientes allegados, el familiar y, en ocasiones, se restringen a una persona exclusivamente. Su difusión más allá de estos ámbitos implica una serie de condiciones de mayor complejidad.
Pensemos simplemente en el proceso que llevó a la adaptación del cultivo de maíz a condiciones tan diversas de clima, altitud, lluvias, suelos y relieve como las del territorio mexicano, a su asociación con distintas plantas de cada región en la milpa. Esto resultó en una gran variedad de paisajes, tan diversos como el territorio mismo. Podemos decir que la inmersa variación que posee el maíz por su polinización abierta es la materia prima con la que se conformó un mosaico de culturas, en indisociable relación con su entorno, por supuesto. Y la estabilidad de las variedades así creadas es lo propio de cada cultura en sus diferentes escalas, desde lo individual hasta lo regional. Este proceso de unificación y diversificación se sintetiza en la imagen que brinda André Leroi-Gourhan de los factores que en él intervienen. “El medio exterior —constituido por los rasgos de la posición geográfica, zoológica y botánica, así como por los que confiere la vecindad con otros grupos humanos— es muy variable de un grupo a otro; y el medio interior, que contiene las tradiciones mentales de cada unidad étnica, no es menos variable. Se puede plantear que el envoltorio técnico de cada grupo es único en sus aspectos y que una misma película material no puede envolver dos veces un mismo grupo ni dos grupos diferentes en la historia humana; y los productos del contacto de estos dos medios, el interior y el exterior, constituyen soluciones individuales a problemas forzosamente diferentes. Es por ello que cada instante que transcurre en cada pueblo es distinto a todos los precedentes y futuros. El genio étnico radica en gran parte en esas condiciones siempre únicas que se crean”.
Una diversidad amenazada
Ciertamente, esta perspectiva incluye múltiples posibilidades de relacionarse con la llamada naturaleza, de entender e interactuar con un fenómeno natural determinado, como lo muestra la historia humana y la diversidad cultural contemporánea. Así, actualmente se perfila una nueva forma de actuar ante la gran variedad intrínseca al maíz por su polinización abierta, a saber, la creación de variedades estables en un laboratorio y su venta a los agricultores a cada nueva siembra. Desde esta otra perspectiva, la predominancia a largo plazo de los mismos genes en todo el planeta terminará por reducir dicha variación, homogeneizando bajo ciertos parámetros, como el de un alto rendimiento, una especie cultivada. Tal es el delirio de las compañías agroindustriales, que desean patentar los genes de las variedades obtenidas a lo largo de tanto tiempo por los pueblos indígenas y campesinos y poder someterlos así a su negocio de semillas y agroquímicos-indispensables-para-una-agricultura-moderna, como el glifosato que tan nocivo se ha demostrado. Se trata de una lógica mercantilista, de apropiación de un patrimonio ajeno, que busca generar variedades estables eliminando la variación, base de la vida misma, de su evolución.
Bien decía E. Anderson que “el maíz es un sensible espejo de la gente que lo cultiva”. En él se refleja una historia de cerca de ocho mil años, de numerosos pueblos indígenas en su devenir, pero volcada irrecusablemente hacia un presente en donde el maíz sigue siendo la base de la subsistencia, un símbolo de unidad, de comunidad, de constitución humana. Al igual que el caso de Guatemala que dicho autor analiza, quienes preservan hoy día la incalculable diversidad de maíces en México son los pueblos indígenas y campesinos —de ello da muestra el maíz ajo—, y como él mismo lo decía entonces, son pueblos ignorados, considerados como atrasados, de los que poco se sabe. “No se puede interpretar muestras de poblaciones de maíz de manera eficiente sin conocer lo más que se pueda sobre la gente que ha cultivado ese maíz”, concluye en su texto.
Esta simbiosis de gente y maíz es un rasgo intrínseco a las culturas mesoamericanas: para la gente de maíz, el maíz es como gente, y así lo trata. Basta mirar trabajar a don Vicente para darse cuenta de ello. El cuidado que pone en cada movimiento, la manera como toma las mazorcas en sus manos, sus gestos al removerlas de la planta, al desgranarlas. “Es igual que la gente. Si se le cuida, va a dar bien”, dice. Una manera de ver, de relacionarse con el maíz, que se aprecia por igual en muchas regiones del país.
De esta relación depende la diversidad del maíz en México y, por ser su centro de origen, en el mundo. No es posible por tanto permitir que se atente contra ella, contra este patrimonio de la humanidad. Tiene que seguir prevaleciendo el principio de precaución, se debe mantener la moratoria que impide las llamadas siembras experimentales y el cultivo abierto de maíz transgénico en territorio mexicano, cuna de este cereal, núcleo de su mayor diversidad, espejo que engrandece la historia humana.
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Referencias Bibliográficas
Anderson, Edgar y Hugh C. Cutler. 1942. “Races of Zea Mays: I. Their Recognition and Classification”, en Annals of the Missouri Botanical Garden, vol. 29, núm. 2, pp. 69-88.
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César Carrillo Trueba
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
Es biólogo egresado de la Facultad de Ciencias, unam y es maestro en Antropología Social y Etnografía por la École de Hautes Études en Sciences Sociales, París, en donde actualmente prepara el doctorado en Antropología Social. Es editor de la revista Ciencias y autor de los libros El Pedregal de San Ángel, Nacho López. Los rumbos del tiempo, La diversidad biológica de México, Pluriverso, un ensayo sobre el conocimiento indígena contemporáneo y El racismo en México, así como de numerosos artículos de divulgación científica publicados en revistas nacionales e internacionales.
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cómo citar este artículo →
Carrillo Trueba, César. 2016. Gente de maíz, maíz como gente. Variación y estabilidad en el infinito complejo-maíz. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 4-11. [En línea].
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| de la escuela |
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Historias con sentido ciencia y conocimiento tradicional en el aula
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Rogelio Colorado
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Cuando se habló de “ciencia en la escuela”, me dije:
suena interesante. Más tarde me casé con la propuesta. Sus proposiciones siempre me convencieron por tener una amplia base teórica. Cuando comencé a proceder conforme a la propuesta, mil ideas me brotaron y muchos ingenios puse a prueba con mis alumnos. Unas de esas ocurrencias me fascinaron y otras no tanto.
Después nos propusieron: partan de historias, sí, de historias con sentido... de preferencia científico; porque está muy estudiado, sobre todo por Jerome Bruner, quien sostiene que la mente humana, para dar sentido a los acontecimientos de la vida, siempre procede narrando, pues el ser humano es un narrador por naturaleza. Y efectivamente, muchas veces comprobé que si le pones un poco de entusiasmo y vivacidad al contar los relatos, verás cómo los chavos se empeñan en escucharte, no es un choro, compruébalo. Y yo, como maestro de español, me puse a inventar, recopilar y a reconstruir historias que nacieron de mí y de mis compañeros del colectivo.
Francamente, muchas historias me gustaron; no sé si porque más de uno haya comentado, ¡qué bonito!, ¡está muy bien!, o porque nacieron exactamente en la tierra colorada como los hongos amarillos que sólo brotan bajo los encinos; por este apapacho, y por las ganas de contarlo todo, las ordené en estas páginas.
He aquí la experiencia y las narraciones que no quiero dejar en el olvido; generaron reflexiones y emanaron contenidos para elaborar proyectos didácticos de investigación. Sí, son breves y sencillos porque siempre fueron pensados para los alumnos, para que no arrugaran la cara y al primer contacto se desprendieran del texto.
Milagros de ingenua planta
—¡Mira qué mancha, qué granos!—, el dermatólogo dice que es acné; pero a mí no me interesa saber cómo se llama, sino cómo me curo. Así lamenta una joven su mal.
—Tu mal no es para quejarse tanto hija!—, contesta la abuela a su nieta. —Escucha bien—, continúa: —pon a hervir unos dos litros de agua con unas seis hojas de árnica, déjalo enfriar toda la noche y mañana por la mañana te lavas la cara con abundante agua de árnica y un pedazo de jabón Zote, de preferencia que sea nuevo, así te lavas todos los días durante unas tres semanas y verás qué resultados.
—¿Y cuál es el árnica abuelita?
—Esa plantita de hojas anchas que brota por todos lados.
Y es que el árnica es una planta que abunda en la zona húmeda del Istmo de Tehuantepec, sobre todo en la época de lluvias. Sus tallos son largos y pueden llegar a crecer hasta dos o tres metros de alto; da unas redondas flores amarillas parecidas a las de girasol. Las hojas son anchas y no son nada ofensivas, pues no tienen ahuates, ni irritan la piel cuando la cortas; son ésas precisamente las que sirven de medicamento.
—Parece que tienes razón abuelita, siento más limpia mi cara—, asegura la muchacha después de aplicarse el lavado durante dos semanas.
Inquieta, le impulsa una curiosidad por investigar qué propiedades curativas tiene el árnica. La abuela por experiencia sabe que la gente del pueblo siempre cura sus heridas, salpullidos y granos con el árnica, pero no puede decirle qué principio activo posee la tan usada planta.
La nieta, después de consultar varias fuentes, se explica que el árnica tiene propiedades antisépticas por eso combate las infecciones. Así, las historias enlazan ciencia y conocimiento tradicional en el aula.
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Rogelio Colorado
Escuela Secundaria Técnica 183,
San Juan Guichicovi, Oaxaca.
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cómo citar este artículo →
Colorado, Rogelio. 2016. Historias con sentido, ciencia y conocimiento tradicional en el aula. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 68-69. [En línea].
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| Carolina Ureta Sánchez |
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México es centro de origen y diversificación del maíz
y la evidencia se puede encontrar en sitios arqueológicos, en la enorme diversidad de maíz existente en comparación con otros lugares del mundo y en que todavía encontramos en campo poblaciones viables de parientes silvestres (teocintle y Tripsacum). Dada la diversidad existente en esta especie agrícola, para poderla estudiar se ha agrupado en razas. México cuenta con cincuenta y nueve razas descritas que han sido creadas a lo largo de miles de años (~8 000). Cada una de estas razas puede componerse por un número grande de variedades.
En términos agronómicos, el maíz es el grano más importante de nuestro país pues alrededor de 50% de la superficie sembrada en México es de este cereal. La mayoría de los productores de maíz (80%) son microproductores que destinan su cosecha principalmente al autoconsumo, comercializando sus excedentes en mercados locales. Este tipo de agricultores son los que se encargan de sembrar y conservar nuestra diversidad de maíz manteniendo hasta siete variedades diferentes un una sola parcela; y a pesar de que oficialmente la producción representa sólo alrededor de 12% del Producto Interno Bruto agropecuario, en realidad el maíz contribuye más mediante la producción destinada al autoconsumo y el valor de los subproductos de la planta que con frecuencia significan altas aportaciones en la estructura de costos para otros sistemas productivos.
El maíz representa en nuestro país una de las principales fuentes de alimento, pero también una cultura y tradiciones. Ésta es la razón por la que existe una relación tan estrecha entre distintas razas de maíz y diferentes pueblos indígenas en toda la República. La siembra de maíz nativo les garantiza calidad en sus alimentos así como la posibilidad de mantener su estilo de vida y su organización social.
Dada la enorme importancia biológica, social, cultural y económica del maíz en México es fundamental el estudio de los impactos negativos que puedan afectar su siembra y producción, especialmente a las razas nativas, que constituyen uno de los acervos genéticos más importantes del mundo. El estilo temporalero con el que se siembran éstas depende directamente de condiciones ambientales como la temperatura y la precipitación, por lo que el cambio climático puede tener impactos importantes en estas razas. Al mismo tiempo, ante tal amenaza, es dicha diversidad la que facilitará que la producción se mantenga y se logre asegurar el alimento de millones de personas.
Maíz y cambio climático
El cambio climático se ha definido de diferentes maneras, pero más o menos todas concuerdan en que es un cambio en la composición de la atmósfera que en parte se atribuye a actividades del ser humano (industria, autos, agricultura, ganadería, etcétera). El Panel Intergubernamental de Cambio Climático, que es la máxima autoridad en el tema, ha detectado desde hace varios años que la agricultura es un sector de producción vulnerable a tal cambio, por lo que ha sugerido el estudio de impactos y la creación de propuestas para facilitar la adaptación.
Desde hace más o menos un siglo hasta la fecha ha habido un incremento constante en la temperatura media anual del planeta. Actualmente, el planeta es 0.74°C más cálido que hace un siglo, y en México es te incremento ha sido de aproximadamente 0.6°C. En términos de precipitación no ha habido un patrón claro, pero sí existe una mayor variabilidad y se espera que en las próximas décadas las lluvias se vuelvan cada vez más intensas, provocando la compactación del suelo, lo que a su vez impide la penetración del agua en el subsuelo y que éste se vuelva mucho más frágil a la erosión y el empobrecimiento de nutrimentos. Y a pesar de la existencia de una mayor intensidad de lluvias a causa de un incremento en el vapor de agua de la atmósfera, esto no necesariamente implica que en promedio vaya a llover más ni tampoco que ese agua se pueda aprovechar por lo antes mencionado; más bien, las lluvias torrenciales pueden ocasionar desastres naturales como inundaciones. Otros eventos extremos como la ocurrencia de sequías, también se volverán más frecuentes. En general, un clima más cálido representa riesgos de sequía en los lugares en los que de por sí la lluvia es escasa y de inundaciones en lugares en los que hay altas precipitaciones en la actualidad. Por último, pero no por ello menos importante, el calentamiento global implica un acortamiento del invierno, lo cual alarga el ciclo de vida de varios organismos que son plagas o plagas potenciales; aunado a esto, ya hay evidencia de que el cambio en las condiciones ambientales produce modificaciones en la distribución de las especies, por lo que se puede empezar a tener problemas de plagas provenientes de otras regiones.
Por esta razón, desde hace unos años a la fecha, ha surgido un mayor interés en el tema, un incremento en el número de estudios científicos que lo abordan, sin dejar de lado sus efectos en las especies agrícolas de importancia internacional, que es el caso del maíz en México. En un estudio, en particular, realizado en 2012 por la autora y varios colaboradores, se muestra cómo prácticamente todo el territorio nacional tiene condiciones favorables para sembrar al menos una raza de maíz nativo. Este estudio también muestra que las zonas geográficas en las que hay un mayor número de razas presentan cierta resiliencia a los cambios en las condiciones ambientales, es decir, que la riqueza biológica (mayor número de razas) evita que la producción en esas zonas se vea gravemente afectada ya que, si a una raza no le va bien, existen otras que permiten que haya una compensación en la producción. Un segundo resultado importante es que algunas razas tendrán, en escenarios futuros, condiciones ambientales óptimas en un mayor número de regiones geográficas. Con ayuda de este tipo de estudios es posible identificar razas más vulnerables al cambio climático, pero también razas que pudieran llegar a tolerar condiciones ambientales extremas y que, por lo tanto, resultan pieza clave para un posible mejoramiento genético.
Estudios como el mencionado procuran utilizar escenarios contrastantes de cambio climático a fin de comparar qué pasaría con la producción de maíz o cuáles serían las condiciones óptimas para sembrar maíz si la emisión de gases con efecto invernadero no se ve reducida en las próximas décadas (lo que significa un aumento en la temperatura media anual de entre 2.6 y 4.8 °C) o bien, si se lograsen acuerdos internacionales que comprometan a las naciones a reducir sus emisiones y a emplear tecnologías más amigables con el ambiente (lo que resultaría en un aumento en la temperatura de entre 0.3 y 0.7 °C). La diferencia entre estos dos escenarios tiene un efecto importante en las áreas geográficas en las que potencialmente se puede sembrar maíz, por lo que las decisiones a escala global sí se reflejan a la de un país y de una especie.
Por otro lado, existen estudios que, más allá de evaluar impactos potenciales del cambio climático, describen las acciones que los campesinos están llevando a cabo para lidiar con las condiciones cambiantes del clima en el campo, como el de Mercer y Perales efectuado en 2012. Resulta que en algunos lugares los campesinos ya están modificando la fecha de siembra de sus variedades o cambiando el patrón de irrigación. Una estrategia muy empleada entre pequeños productores es el intercambio de semillas y la siembra de variedades más adaptadas a las nuevas condiciones ambientales; y otra que se está empezando a presentar es el mejoramiento genético de semillas más resistentes a condiciones adversas, como la resistencia a la sequía. Si nos damos cuenta, cualquiera de estas estrategias de adaptación capaces de evitar una merma en la producción se encuentra basada en la diversidad de maíz.
La diversidad y su importancia en la producción
Para cualquier organismo del planeta, la diversidad biológica es lo que garantizará su subsistencia ante cambios en el ambiente. La diversidad es fundamental para que haya selección natural (y en el caso de plantas agrícolas también selección artificial), para que se mantenga una evolución continua. El maíz no es la excepción. Además, el cambio climático, junto con otros cambios ambientales, está ocurriendo a tasas muy aceleradas, por lo que más que nunca se necesita un reservorio genético que garantice la producción de alimento, sobre todo de los alimentos que resultan básicos para la humanidad. Tal y como ya se mencionó, la diversidad en un agrosistema favorece la resiliencia, es decir, que es menos factible que un cambio en el ambiente lo impacte de manera negativa.
Las grandes cantidades de toneladas por hectárea producidas en monocultivos tecnificados son muy sorprendentes, pero es gracias a que existe una gran diversidad de razas adaptadas a condiciones ambientales muy distintas que se puede sembrar en prácticamente cualquier región del territorio nacional, situación que no sería posible si únicamente se contara con variedades mejoradas. Las variedades mejoradas (como híbridos o transgénicos) están concebidas para rendir mucho en un rango ambiental muy limitado, mientras que las que mantienen las razas nativas, aun cuando rinden menos que las mejoradas, son las que mantienen gran parte de la producción de maíz en México, la cual se vería disminuida porque las primeras no podrían sembrarse donde actualmente vemos crecer nativas, además de que su rendimiento, aunque es menor, es más constante.
La conservación de estas razas va a depender en gran medida de la capacidad adaptativa de los campesinos, por lo que es indispensable proporcionar un entorno favorable para que siga sucediendo esto como hasta ahora. El libre intercambio de semillas entre campesinos es fundamental para que ellos sigan manteniendo sus parcelas diversas y sus producciones no se vean impactadas negativamente, por lo que si existieran genes con patente que entorpecieran el intercambio de semilla, la diversidad de maíz se pondría en riesgo.
Actualmente, las grandes trasnacionales están tratando de crear variedades transgénicas resistentes a la escasez de agua y suelos pobres, promocionándolas como la estrategia para lidiar con el cambio climático. El problema es que se está tratando una vez más de hacer rendir mucho una variedad bajo un rango muy limitado de condiciones o de unas condiciones futuras de temperatura “promedio”, cuando el problema es que el cambio climático nos va a traer variabilidad. Por lo tanto, no se necesita una variedad que rinda sólo bajo una cierta condición ambiental en particular, sino un sistema variado, que sea capaz de lidiar y amortiguar los impactos negativos del inminente cambio climático que estamos viviendo.
Conclusiones
México tiene el acervo genético más importante de maíz en el mundo por ser su centro de origen y diversificación. Este hecho nos deja con una gran responsabilidad en cuanto a su conservación, ya que implica la seguridad alimentaria para millones de personas. Hasta el momento, la falta de acuerdos en tratados internacionales y las metas políticas tan poco favorables para el bienestar ambiental hacen que crezca la importancia de mantener la diversidad de las plantas agrícolas más relevantes para la humanidad.
Esta diversidad agrícola será la clave para poder amortiguar las consecuencias negativas, tanto los cambios en el clima mismos como las consecuencias de tales cambios, que sería el caso de la presencia de nuevas plagas en dichos cultivos.
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Referencias Bibliográficas
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Carolina Ureta Sánchez
Instituto de Ecología, Universidad Nacional Autónoma de México. Carolina Ureta es bióloga y obtuvo el Reconocimiento al Mérito Universitario: medalla Gabino Barreda. Hizo una maestría en el Imperial College y en el año 2014 obtuvo el grado de doctora en la unam. Actualmente realiza su segunda estancia posdoctoral. Su tesis doctoral fue el primer lugar del concurso Puma en Desarrollo Sustentable. Tiene once publicaciones y forma parte del SNI.
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cómo citar este artículo →
Ureta Sánchez, Carolina. 2016. La agrobiodiversidad del maíz, fundamento para enfrentar el cambio climático. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 70-75. [En línea].
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La desaparición de
abejas en el mundo: polinización, ecología, economía y política
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Elisa T Hernández y
Carlos A. López Morales
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Es muy probable que en la producción de más
de la mitad de los alimentos que consumiste el día de hoy intervino una abeja. Esta asociación es fácilmente visible con la miel sobre tu pan tostado, pero la naranja con la que hiciste el jugo, el café matinal y hasta la flor de calabaza de tus tacos se obtuvieron gracias a la polinización apícola.
¿Qué pasaría con las plantas que producen frutos si no hubiera abejas? ¿Qué ocurriría con los humanos sin frutos? ¿Cómo se afectarían los ecosistemas terrestres sin este polinizador universal? Aunque parezca difícil de creer, las abejas de todo el mundo están desapareciendo sin dejar cadáveres. En el 2006 la revista Scientific American publicó un artículo en el que se hablaba de ello; se reportaban miles de colmenas deshabitadas en Estados Unidos, Brasil, Canadá, Australia, España, Inglaterra y Francia, en donde a pesar de los cuidados de los apicultores simplemente las abejas se habían desvanecido.
Polinización asistida
Varios agentes o vectores de polinización pueden transferir el polen de los estambres al estigma de la flor, por ejemplo el viento, el agua o algunos animales; se sabe que aproximadamente 87.5% de las angiospermas (plantas con flores y cuyas semillas están en el interior de un fruto) requieren ser polinizadas por animales: insectos, mamíferos, aves y algunos reptiles.
Plantas y polinizadores llevan evolucionando juntos millones de años y probablemente constituyen el ejemplo más claro de mutualismo en la naturaleza: las plantas se benefician con la perpetuación y la diversidad génica, y a cambio los polinizadores reciben recompensas diversas de los productos florales (néctar, polen, órganos completos de las plantas o fragancias que utilizan para sus cortejos). El proceso de interacción planta-polinizador ocurre a una escala tal, que resulta imprescindible para el funcionamiento y evolución de los ecosistemas terrestres.
Los ecólogos dirían que las abejas son los polinizadores predominantes en casi todos los ecosistemas, es por eso que se les considera el polinizador universal. Imagina un cultivo de manzanas, de ciruelas, de naranja o de café; el agricultor requerirá que lleguen polinizadores a visitar las flores cuando esté el campo florido, pues será la manera de asegurar la producción y la demanda actual de estas plantas comestibles. Pero a veces, los polinizadores silvestres no son suficientes para asegurar la adecuada fertilización y entonces se requiere rentar un servicio ecosistémico: las abejas domésticas (Apis mellifera), ya que con ellas se multiplica la producción de los cultivos. Hay preferencia sobre éstas porque concentran su trabajo en flores de la misma especie y es fácil transportar las colmenas de un cultivo a otro.
Las abejas domésticas y los abejorros (para cultivos como el tomate cuyo polen es muy pesado) son una herramienta que los agricultores de todo el mundo utilizan para completar la actividad de polinizadores silvestres locales. Es tanto el beneficio económico para horticultores y apicultores, que ya existe un mercado bien desarrollado, incluso en México. Según la recién formada Unión Nacional de Asociaciones de Apicultores de México la renta de una colmena (compuesta por aproximadamente 10000 abejas) para polinizar un cultivo en un periodo de cuarenta y cinco días, fluctúa entre los 150 a los 600 pesos según el cultivo. Cabe mencionar que los apicultores ponen estrictas reglas a los agricultores para la renta de abejas; en un contrato sonorense de 2014 se puede leer que “el productor se compromete a no aplicar insecticidas al cultivo mientras las abejas estén siendo utilizadas para polinizar o antes de llevarlas al huerto, pues el residuo puede envenenarlas o matarlas” y es que las pérdidas económicas por la desaparición de estos insectos puede ser millonaria.
Hecatombe apícola
Las abejas son seres eusociales, esto significa que tienen un alto nivel de organización y que cada insecto tiene funciones específicas. Hay adultos que cuidan de las crías, las obreras que buscan alimento (néctar y polen) y las guardianas; la función reproductora es exclusiva de la reina, entonces —cuando se requiere— hay un zángano que fertiliza a la soberana. Considerando esta estructura es impensable el abandono voluntario de una colmena por parte de sus integrantes, pues tan sólo soslayar una de las tareas implicaría un suicidio colectivo. Entonces, ¿por qué desaparecen?
La desaparición no ocurre de un día a otro, las experiencias dicen que en el transcurso de un mes, las colmenas terminan vacías, quedando sólo la abeja reina y unas cuantas abejas guardianas. Es más, relatan varios apicultores que no encuentran cadáveres de los insectos en varios kilómetros a la redonda, lo que dificulta hacer un tipo de autopsia, pues no hay cadáveres que auscultar.
De manera inicial, las investigaciones científicas apuntaban a que los posibles factores de la desaparición de las abejas fueran agentes patógenos (como el Varroa destructor, que absorbe su hemolinfa), parásitos (como el Nosema apis, que ataca su sistema nervioso), estrés derivado del ambiente o por el manejo de las colmenas, lo que provoca una pobre nutrición de los insectos; y aunque hay porcentajes de pérdida por estas causas se han reorientaron los estudios a otras posibilidades como los efectos de los pesticidas, como el glifosato, en las comunidades de melíferas.
El glifosato es un herbicida de amplio espectro usado para el control de malezas. La forma más común para aplicarlo es rociando los sembradíos, método que lo esparce más allá de los límites del cultivo objetivo. En pocas décadas se ha aumentado su uso hasta llegar a ser el agroquímico más empleado en monocultivos y cultivos genéticamente modificados y por eso es importante hacer estudios exhaustivos sobre sus efectos en los agroecosistemas.
La Organización Mundial de la Salud ha clasificado al glifosato como probable cancerígeno en humanos y recientemente un grupo de investigadores, encabezados por Walter Fanina, evaluaron la respuesta de una especie de abeja (Apis mellifera) a la exposición a dosis crónicas y agudas de este herbicida, similares a las que se encuentran en los agroecosistemas. El estudio encontró en las abejas expuestas una reducción en la sensibilidad olfativa a la sacarosa y una disminución de su rendimiento en el aprendizaje y la retención de la memoria a corto plazo. La respuesta olfativa es muy importante, pues las abejas pueden aprender que un olor está asociado a una recompensa y de ahí se desprende un comportamiento. Aunque en este estudio no se notó ningún efecto en el comportamiento relacionado con la búsqueda de alimento, se infirió que si las abejas llevan al nido néctar con trazas de glifosato puede interferir negativamente el rendimiento de toda la colonia.
Los insectos recolectores desarrollan una serie de movimientos para transmitir información al resto de la colmena, si estos bailarines modifican las maniobras pueden cambiar la información sobre la ubicación del nido o de la fuente de comida, estas habilidades especializadas son muy importantes para la supervivencia de la colonia y son susceptibles a estas sustancias nocivas. En otro estudio, también encabezado por Walter Fanina, se analizó la navegación de las abejas al ser rociadas con glifosato y se encontró que realizaron vuelos de mayor duración para llegar a casa, es decir, este herbicida deterioró sus capacidades cognitivas para un exitoso regreso a la colmena. Siendo así, habría que preguntarse la pertinencia de rociar cultivos con semejante herbicida, pues se perfila como uno de los causantes más probables de la desaparición de las abejas.
La economía de la polinización
Alrededor de tres de cada cuatro plantas comestibles en el mundo requieren la polinización asistida específicamente por abejas. En términos de valor, los estudios sobre economía ecológica encuentran que la contribución económica de
la polinización global está entre 40 y 170000 millones de dólares (o cerca de 10% del valor global de los alimentos), al menos para las 100 especies vegetales que la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura establece como globalmente prioritarias. Las frutas y los vegetales constituyen la categoría principal, con un tercio de ese valor, aunque seguidos de cerca por las leguminosas, las semillas y diversas especias. En general, la producción global de alimentos dependiente de la polinización animal se ha cuadruplicado en los últimos cincuenta años, mientras que, en contraste, aquella que no depende de este servicio ambiental se ha duplicado en el mismo periodo.
De las casi 20000 especies de abejas que se tienen identificadas, alrededor de 3500 sobresalen por su importancia local en la elevación de los rendimientos agrícolas. Se sabe, por ejemplo, que la producción de frutas, semillas y diversas nueces puede ser hasta 90% menor en su ausencia. Por esta razón, el cultivo y mantenimiento de colmenas de especies locales, y su administración para explotar el mutualismo ecológico con las especies vegetales son tareas fundamentales en diversas regiones en el mundo, tanto en la gran agroindustria como
en la agricultura comunitaria de pequeña escala, en la que además tiene un papel esencial en el mantenimiento de los estilos de vida rurales y el combate a la pobreza.
¿Crisis global de polinizadores?
Esta dependencia hacia la polinización de las abejas no es necesariamente novedad: se tienen registros, incluyendo pinturas rupestres milenarias en África, de que dicha dependencia era promovida aún en la época en que la agricultura era incipiente. La novedad de hoy en día radica en el reconocimiento global de que las especies polinizadoras (en particular las abejas) están en riesgo. Si bien el análisis de los efectos de los herbicidas y otros agroquímicos ha recibido en años recientes mucha atención mediática y política, dichos productos no constituyen el único factor de riesgo para la salud del proceso de polinización.
La degradación general de los ecosistemas que se observa en el mundo provoca presiones sobre las poblaciones polinizadoras, sobre todo aquella provocada por la pérdida del hábitat por deforestación, declinación de la biodiversidad, presencia de especies predadoras invasoras y pérdida de salud por contaminación. El cambio climático, con sus asociadas modificaciones en los patrones de precipitación y temperatura, sólo complejiza un panorama desalentador.
Esta problemática global, hay que decirlo, apenas se reconoce como tal, por lo que las medidas de remediación aún tienen que dar sus primeros resultados. La premisa central para un manejo responsable es considerar que la polinización es un servicio ambiental que no es gratuito: se requiere inversión financiera y manejo inteligente para asegurar la buena salud de los procesos ecosistémicos sobre los que depende.
Economía y política en México
La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (conabio) concluye que 80% de las casi 320 especies de plantas con utilización económica directa dependen de un polinizador para su producción. Un estudio liderado por Mauricio Quesada de la unam concluye que el servicio de polinización contribuye con 43 000 millones de pesos al valor de la producción, equivalentes a casi una quinta parte del valor total económico de las especies comestibles realmente aprovechadas. Además de este servicio indirecto, la apicultura o la industria que aprovecha directamente los productos de las abejas (miel, propóleos, ceras, jalea real, etcétera), genera alrededor de dos mil millones de pesos, sobre todo en productos exportables, y representa la actividad económica principal de alrededor de cuarenta mil familias, 80% de las cuales son de bajos recursos.
No obstante la importancia de esta actividad en México, la industria enfrenta diversos retos, pero destacan las presiones asociadas al proceso corriente de degradación generalizada de los ecosistemas nacionales, en parte promovida por la conversión de cobertura forestal en superficie agrícola o de pastoreo y el cambio climático. En el estudio de Quesada se alerta sobre que la crisis de polinizadores puede afectar con más fuerza en países en desarrollo, pues con frecuencia allí no es posible sustituir poblaciones salvajes de polinizadores con poblaciones manejadas, mucho más comunes en países desarrollados, por los elevados costos que pueden implicar.
La sostenibilidad del aprovechamiento del servicio ambiental de polinización depende entonces de medidas de política que incluyen: la conservación del hábitat, asegurar la conectividad de espacios naturales, favorecer el policultivo sobre los monocultivos, reducir la aplicación de agroquímicos que tengan efectos nocivos sobre los polinizadores, consolidar la normatividad de movilidad de especies en el territorio nacional, consolidación de la industria de apicultura como sistema-producto (que incluya los servicios de polinización asistida) y promover la generación de mayor conocimiento sobre la problemática mexicana.
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Referencias bibliográficas
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Elisa T Hernández
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
Carlos A. López Morales
Facultad de Economía,
Universidad Nacional Autónoma de México.
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cómo citar este artículo →
Hernández, Elisa T. y Carlos A. López Morales. 2016. La desaparición de abejas en el mundo: polinización, ecología, economía y política. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 102-105. [En línea].
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| Rémy Vandame y Eric Vides Borrell |
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Desde septiembre de 2011, el mundo apícola está agitado
a causa de una decisión de justicia de la Unión Europea que ha generado un intenso debate sobre la comercialización de la miel mexicana en Europa y el riesgo que significa para ésta el contener polen de organismos modificados genéticamente. Esto cobra especial relevancia debido a que México es un gran productor de miel que tiende a permitir la siembra de cultivos transgénicos en forma creciente sin llevar a cabo un análisis de riesgos sociales y ambientales, entre otros, para su producción apícola. Y a ello se debe que tal debate haya motivado varias investigaciones científicas, así como acciones, mediáticas y jurídicas por parte de diferentes actores sociales, llegando hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Según datos de 2010 de sagarpa, México es el sexto productor y el tercer exportador mundial de miel de abeja Apis mellifera (85% va a los países de la Unión Europea), por lo que 40 000 apicultores y sus familias dependen de tal producción. Además de su importancia económica, la producción de miel se considera una poderosa herramienta de desarrollo sustentable, dado que al mismo tiempo es soporte de miles de familias de campesinos en situación de pobreza y es una forma de valorizar y aprovechar la biodiversidad que caracteriza a México.
En la Unión Europea existe una oposición masiva al cultivo de plantas transgénicas (según datos de 2010 de Eurobarómetro, 61% de los ciudadanos lo objetan) motivada por la falta de conocimiento científico respecto de su efecto a largo plazo para la salud humana y el ambiente, que no parece ser compensado por el beneficio económico. Por presión de la opinión pública, los gobiernos limitan mucho los permisos de cultivos transgénicos. Sin embargo, existen contradicciones, dado que se importa gran cantidad de productos transgénicos, en particular para la alimentación del ganado. Aun así, la presión de la opinión va en el sentido de limitar estas importaciones, por lo que la Unión Europea obliga a que sea señalado explícitamente en la etiqueta si un producto contiene más de 0.9% de ingredientes producidos por un cultivo transgénico.
En resonancia con tales medidas, el 6 de septiembre de 2011, una decisión de justicia de la Unión Europea obligó a considerar el polen, ya no como componente de la miel, sino como un ingrediente, lo cual obligaba a etiquetar las mieles cuyo contenido de polen contuviera más de 0.9% de polen de cultivos transgénicos en el total del polen de la miel. Esta decisión no fue muy precisa en su interpretación e implicaciones y duró poco tiempo.
El 15 de enero de 2014, la Comisión Europea replanteó volver a considerar el polen como un componente natural de la miel, por lo que se eliminó el requerimiento de etiquetar las mieles con polen de cultivos genéticamente modificados debido a que el porcentaje del polen se consideraría sobre el total del volumen de la miel y no sobre el total del polen. Dado que el polen no ocupa ni 0.5% del volumen de la miel, sería prácticamente imposible que se encontrara más de 0.9% de polen transgénico.
Independientemente de las normas del parlamento europeo, las exigencias comerciales de los importadores son diferentes; por ejemplo, en Suiza y Austria los compradores de miel aplican tolerancia cero a la presencia de polen de cultivos genéticamente modificados en la miel, es decir, no compran miel que lo contenga, incluso si no es normativo su etiquetado. Por lo que exigen a los productores demostrar que su miel esté libre de polen transgénico.
Riesgos
La presencia de cultivos transgénicos representa dos grandes riesgos en el contexto de la producción de miel en México; por una parte, pueden afectar negativamente a las poblaciones de abejas y, por otra, reducir significativamente la compra y exportación de la miel por contaminación con polen transgénico.
Las poblaciones de abejas se hallan en un momento difícil de salud a nivel mundial, especialmente en países caracterizados por sistemas agrícolas industrializados en donde se ha experimentado el llamado síndrome de colapso de las abejas en años recientes. Ciertamente, la situación es un poco más favorable en México que en otros países; en parte por el trabajo con abejas africanizadas y su resistencia a los parásitos y porque en la mayoría del país no se practica agricultura industrial. Sin embargo, existen varios trabajos en Apis mellifera o abejas solitarias que muestran que la exposición de las abejas a alimentos que contienen ingredientes transgénicos puede afectar su capacidad de aprendizaje o su tiempo de vida, aunque también hay trabajos que muestran que bajo ciertas condiciones dicha exposición no tiene efecto en su desarrollo. Algunos autores han sugerido posibles efectos indirectos en las abejas por cambios fenotípicos inesperados en las plantas. Estos trabajos sugieren entonces que los efectos de los transgénicos sobre la fauna no-blanco son diversos y mal conocidos, pero muchas veces son negativos, lo cual pone en riesgo la biodiversidad, así como la polinización de la flora silvestre y los cultivos. Considerando que las abejas son de los polinizadores más eficientes, responsables de 9.5% del valor de la producción agrícola mundial, que representa 153 billones de euros, parece importante reevaluar los riesgos ambientales y económicos derivados de los transgénicos antes de permitir su cultivo.
Sin embargo, uno de los riesgos más inmediatos y palpable es el de la contaminación de la miel por polen de cultivos transgénicos. Un elemento fundamental para entender los riesgos para la apicultura es el considerar que las abejas son muy diferentes a otros animales en su ecología y manejo. Las abejas pecorean normalmente en un radio de uno a dos kilómetros, cubriendo una superficie mayor de 300 hectáreas y hasta de tres kilómetros en periodo de escasez de néctar (más de 2 800 hectáreas). Sin embargo, pueden llegar a cubrir hasta seis o siete kilómetros a la redonda en ciertos casos (más de 15 000 hectáreas) y en condiciones extremas, hasta radios de doce kilómetros (más de 45 000 hectáreas). Por lo tanto, la zona explorada escapa completamente a los apicultores, quienes se vuelven dependientes de la forma en que es usado el suelo por los demás actores del territorio. De esto deriva, en particular, la posibilidad de usar la miel como bioindicador, permitiendo cuantificar el grado de contaminación ambiental por pesticidas o metales pesados. En el caso de los transgénicos, el cultivo de una simple parcela puede llegar a contaminar la miel con polen transgénico a grandes distancias, sin posibilidad de control por parte de los apicultores (figura 1).
Argentina es el segundo exportador de miel y está en grave riesgo dado que sus cultivos de soya (15 millones de hectáreas, 21% de la producción mundial) coinciden con la Pampa, región histórica de producción de miel. Por lo tanto, este país no tiene la posibilidad de evitar la contaminación, sino que sólo puede tratar de limitarla y negociar la interpretación de la decisión de justicia antes mencionada.
México, tercer exportador, está en una situación de menor riesgo dado que los cultivos transgénicos comerciales están aún relativamente limitados, pero en este caso conviene distinguir entre el cultivo de maíz (Zea mays) y soya (Glycine max) transgénicos.
Actualmente no existe ningún permiso de siembra de maíz genéticamente modificado en el territorio de México. Las suspensiones de permisos de siembras experimentales ocurrieron debido a una demanda de acción colectiva, en la que se solicitó aplicar una medida precautoria para suspender los permisos de liberación de siembra experimental, piloto y comercial de maíz transgénico, la cual fue concedida por el juez correspondiente. Pese a que en México no se han emitido permisos de liberación comercial de maíz genéticamente modificado, investigadores de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad han demostrado que el maíz criollo en Oaxaca y otros estados ha sido contaminado por transgenes, pero parece ser una situación excepcional y el riesgo de encontrar polen de maíz transgénico en la miel parece bajo. Sin embargo, la concepción de la miel de abeja como bioindicador permite proyectar el análisis de muestras de miel para detectar posible contaminación del maíz en regiones amplias alrededor de los apiarios.
Las flores de maíces criollos contaminados con transgenes puede llegar a ser alimento no sólo de Apis mellifera, sino también de abejas sin aguijón, es decir de meliponas. En el estado de Chiapas hay registro de al menos cinco especies de meliponinos pecoreando polen de maíz. La soya, por su parte, se cultiva en Chiapas (Soconusco) desde hace varios años y en éstos últimos se ha permitido en mayor extensión en Yucatán. Tan sólo en 2011 fue autorizada la siembra de 12 000 y 30 000 hectáreas respectivamente.
Según datos de la sagarpa, Yucatán, Campeche y Chiapas son los estados con mayor número de apicultores (más de 4 000 en cada estado). Para los dos primeros, existe un amplio traslape en zonas de apicultura y siembra de soya. En este contexto, dichos estados presentan el mayor riesgo de contaminación de la miel mexicana por polen de cultivos transgénicos.
El traslape entre territorios de producción apícola y de soya transgénica obliga a preguntarse: ¿cuál es la posibilidad de coexistencia entre ambas producciones? En términos socioeconómicos: ¿cuál es la posibilidad de permitir el crecimiento económico que busca el cultivo de soya sin afectar la existencia de miles de familias de productores campesinos pluriactivos? En términos técnicos, y planteándolo en el marco de la reciente decisión de justicia de la Unión Europea, ¿en qué condiciones es posible producir miel en la cercanía de cultivos de soya transgénica y que la miel esté 100% libre de polen transgénico?
Una búsqueda en la literatura científica muestra que casi no existen datos confiables —es decir publicados en revistas científicas arbitradas— que permitan responder a tales preguntas. Se cuenta con el trabajo de un grupo de investigadores argentinos que pone en evidencia que, de treinta y seis muestras de miel colectadas en regiones con cultivos de soya transgénica, 100% tenía polen de esa planta, de las cuales 97% contenían entre 3 y 15% de este polen, muy por arriba del límite de 0.9%.
En el caso de México se ha reportado la presencia de polen de cultivos transgénicos en cincuenta y ocho de cuatrocientos veintinueve muestras (13.52%) analizadas hasta el 6 de septiembre de 2011, y en quince de ciento cuarenta y un muestras (10.64%) analizadas después de esta fecha. No se detalla el estado de origen de las muestras, pero tratándose del laboratorio que analiza la gran mayoría de las mieles mexicanas exportadas a Alemania, es evidente que deben ser principalmente mieles de la península de Yucatán. Ambos trabajos muestran claramente el alto nivel de riesgo de presencia de polen de soya transgénica en la miel de abeja. Sin embargo, aún es necesario generar datos que permitan mejorar la evaluación de los riesgos, por lo que desde la ecología de Apis mellifera se han planteado las siguientes preguntas (que se han ido resolviendo por investigaciones realizadas entre 2012 y 2014 en diferentes centros de investigación, como El Colegio de la Frontera Sur (ecosur), Universidad Autónoma de Yucatán (uady) y el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales Agrícolas y Pecuarias (inifap).
¿Hasta qué distancia de una parcela de soya hay riesgos de contaminación? Las abejas pecorean comúnmente en un radio de un kilómetro, y hasta 3 km en periodo de escasez de néctar. Aunque la soya no sea muy atractiva para las abejas, en caso de escasez de alimento sí la visitan y la polinizan, por lo que el pecoreo mismo es una fuente de contaminación de la miel. Considerando la dispersión anemófila y entomófila del polen, se desconoce la distancia crítica de contaminación. Se trata, sin embargo, de un dato crucial para evaluar la factibilidad de hacer coexistir cultivos de soya transgénica y apicultura en el mismo territorio. Algunos experimentos específicos han permitido determinar la distancia de contaminación, implicando la cuantificación del contenido de polen transgénico en muestras de miel de colmenas ubicadas a distancias crecientes de los cultivos de soya. El grupo de investigación de ecosur de Chetumal publicó en 2014 resultados que prueban la presencia de polen de soya en muestras de miel colectadas en apiarios ubicados a 300 metros de las parcelas de soya en el estado de Campeche en 2013. Dichos resultados son coherentes con los que nosotros encontramos en una investigación realizada en el Soconusco en 2012, en la cual vimos que la miel colectada en apiarios ubicados hasta a 1 000 metros de distancia de las parcelas de soya contenía polen de soya genéticamente modificado. Nuestros resultados indican que las abejas, además de colectar néctar, también colectan polen de soya genéticamente modificada y convencional a distancias de hasta 2 000 metros. Según tales investigaciones, los resultados pueden variar dependiendo de los diferentes tipos de uso de suelo y de la configuración del paisaje.
¿En qué periodo del cultivo de soya hay riesgos?
En la península de Yucatán, la floración de la soya ocurre en verano, mientras que la cosecha de miel se extiende de diciembre a junio, por lo que parece no haber traslape. Sin embargo, se sabe que las abejas pueden almacenar miel en la cámara de cría (no cosechada) en periodo de baja floración y subirla a las alzas (sí cosechada) en periodo de floración, lo cual abre la posibilidad de contaminación aun sin traslape de las producciones. Los resultados preliminares de una investigación que realizamos en Campeche entre 2013 y 2014 en colaboración con el laboratorio 312 de la unam, señalan que la miel colectada al inicio de la temporada de cosechas comerciales, entre enero y febrero de 2014, no contiene polen de soya en cantidades cuantificables. Sin embargo, en Campeche se han dado casos de floración de la soya en temporada de cosecha, lo cual ocurre por semillas que quedan en el campo y logran germinar (semillas voluntarias) y florecen al inicio del periodo de cosecha de miel, lo que aumenta la posibilidad de encontrar polen de soya en mieles comerciales. Es importante realizar monitoreos y análisis de miel que permitan garantizar la producción de miel libre de polen de cultivos genéticamente modificados.
¿Cuál es la realidad de la contaminación? En complemento a las dos preguntas anteriores, un muestreo extensivo de miel permitiría determinar el número de casos de contaminación y, por medio de un análisis multivariado, confirmar las respuestas dadas a las preguntas anteriores.
Propuestas
Considerando la oposición a los cultivos transgénicos en la Unión Europea es muy poco probable que los compradores de miel flexibilicen su exigencia en cuanto a la tolerancia cero a polen de organismos genéticamente modificados en la miel que importan. Debido a que se trata del mercado que consume 85% de la miel mexicana, es difícil buscar mercados alternativos (interno, Estados Unidos, otros) que puedan absorber tal volumen del producto a corto plazo. Para los próximos años parece entonces no haber otra opción que exportar miel libre de polen de cultivos transgénicos. Esto implica tres tipos de reflexiones y líneas de trabajo.
Principio de precaución. Considerando la evidencia disponible actualmente, seguir autorizando la siembra de cultivos transgénicos implica sacrificar en parte o completamente la producción apícola, las cuarenta mil familias que dependen de ella, arriesgar la salud de las abejas cultivadas y silvestres, y la polinización de flora silvestre y demás cultivos.
A esto refiere el principio de precaución, con el cual desde 2005 la unesco considera que “cuando las actividades humanas pueden conducir a un daño moralmente inaceptable que es científicamente plausible pero incierto, se adoptarán medidas para evitar o disminuir ese daño. Daño moralmente inaceptable consiste en el infligido a seres humanos o el medio ambiente que: 1) es una amenaza para la vida o la salud; 2) es grave y efectivamente irreversible; 3) es injusto para las generaciones presentes o futuras; 4) es impuesto sin una consideración adecuada de los derechos humanos de las personas afectadas”.
Sin duda, la siembra de soya transgénica podría implicar tales daños moralmente inaceptables para el ambiente, representando riesgos para la salud de plantas y animales, posibles efectos irreversibles, injusticia y falta de consideración de los derechos humanos.
Por lo que, en tanto no se lleve a cabo el estudio de riesgos para determinar en qué condiciones pueden coexistir la producción de miel y los cultivos transgénicos, y por principio de precaución, debe imponerse la decisión de suspender la siembra de cultivos transgénicos, evitando así los riesgos a la apicultura mexicana y valorando sus papeles económico, social y ambiental.
Coexistencia. Para determinar las condiciones de compatibilidad entre la producción de miel y la de soya transgénica se requiere, mediante investigaciones científicas, ahondar en las tres preguntas antes mencionadas en torno a la distancia y periodo de la posible contaminación, así como del estado actual de la misma: ¿hasta qué distancia de una parcela de soya hay riesgos?, ¿en qué periodo del cultivo de soya hay riesgos de contaminación?, ¿cuál es la realidad de la contaminación?
Una propuesta es llevar a cabo muestreos de apiarios a distancias crecientes de las parcelas de soya transgénica y en diferentes momentos posteriores a la floración de la soya. Esto requiere realizarse en un gran número de repeticiones, idealmente en las diferentes regiones de siembra transgénica en México (Yucatán, Chiapas, planicie huasteca), y también implica tener la ubicación exacta de las parcelas de soya transgénica.
En paralelo, es necesario establecer un laboratorio de rutina independiente, susceptible de realizar análisis de biología molecular confiables y rápidos, ofreciendo una respuesta segura a los productores en cuanto a la posible contaminación de su miel.
Zonas libres de transgénicos. A mediano plazo se recomienda resolver si es posible o no la coexistencia de los cultivos transgénicos y la apicultura. En caso de que el riesgo de contaminación de la miel sea importante, se deberá hacer una reevaluación de los costos y los beneficios de cultivar soya transgénica, en términos económicos, sociales y ambientales. También se recomienda evaluar la factibilidad de sembrar soya convencional (no transgénica), que podría proveer la misma producción a un costo similar, dado que los cultivos transgénicos no parecen permitir menores costos de producción.
A este respecto, el artículo 90 de la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados establece que “se podrán establecer zonas libres de ogms para la protección de productos agrícolas orgánicos y otros de interés de la comunidad solicitante […] Las zonas libres se establecerán cuando se trate de ogms de la misma especie a las que se produzcan mediante procesos de producción de productos agrícolas orgánicos, y se demuestre científica y técnicamente que no es viable su coexistencia o que no cumplirían con los requisitos normativos para su certificación”.
La generación de datos propuesta anteriormente es entonces de importancia capital, no sólo para llegar a conocer a profundidad los riesgos reales de contaminación de la miel, sino también para proveer evidencia para el posible establecimiento de una zona libre de organismos genéticamente modificados que abarque todos los estados mexicanos productores de miel destinada a la exportación.
Si bien la reflexión en este documento se centró en la soya y la apicultura por presentar un riesgo social y ambiental inminente, es capital llevarla también a otros cultivos, en particular el maíz, y a un estudio de pros y contras de los cultivos transgénicos para la sociedad mexicana en general.
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Agradecimientos
A todos los amigos y colegas con quienes hemos madurado esta reflexión: Peter Gänz, Elena Álvarez-Buylla, Miguel A. Munguía, Aleira Lara, Federico Berrón, Xavier Moya, Irma Gomez por promover el debate.
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Referencias Bibliográficas
Intertek Food Service GmbH. 2012. Annual Report 2012 Honey Analysis. Intertek Group, Bremen.
López Gómez, J. 2014. Diversidad de abejas (Hymenoptera: Apoidea) asociadas a milpas en paisajes con diferentes niveles de antropización. Tesis, El Colegio de la Frontera Sur. sagarpa. 2010. Claridades Agropecuarias, núm. 199. Villanueva Gutiérrez, et al. 2014. “Transgenic soybean pollen (Glycine max L.) in honey from the Yucatán peninsula, Mexico”, en Scientific Reports, núm. 4. Vides Borrell, Eric y Rémy Vandame. 2012. Pecoreo de abejas Apis mellifera en flores de soya Glycine max. Reporte Técnico. El Colegio de la Frontera Sur, San Cristobal de las Casas. En la red
goo.gl/ieeDeK
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Rémy Vandame
Colegio de la Frontera Sur,
Programa de Agricultura y Alimentación (Apicultura) de la UCCS.
Rémy Vandame realizó su doctorado en ecología, para entender por qué las abejas africanizadas en el sureste de México eran resistentes al ácaro Varroa destructor, parásito de todas las otras razas de abejas. Desde el año 2000, es responsable de la Línea de Investigación “Abejas de Chiapas” en ecosur. Por medio del trabajo en equipo amplió los temas de trabajo a la ecología del paisaje, la biodiversidad y la ecología de abejas nativas, pero también a diferentes temas sociales, y a su aplicación en trabajos coordinados con las organizaciones de apicultores. Es el coordinador del programa de apicultura y alimentación de la uccs. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores.
Eric Vides Borrell
Colegio de la Frontera Sur,
Programa de Agricultura y Alimentación (Apicultura) de la UCCS.
Eric Vides Borrell es candidato a doctor en ecosur, su propuesta doctoral gira en torno a las relaciones que existen entre la configuración del paisaje con la diversidad y abundancia de abejas, en paisajes con diferente nivel de heterogeneidad. Desde junio de 2012 a diciembre de 2013 trabajó con Rémy Vandame, investigando sobre la transferencia de polen de soya hacia la miel de Apis mellifera en el Soconusco, Chiapas y Campeche.
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cómo citar este artículo →
Vandame, Rémy y Eric Vides Borrell. 2016. Miel y cultivos transgénicos en México, evidencias de contaminación y principio de precaución. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 94-101. [En línea].
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