revista de cultura científica FACULTAD DE CIENCIAS, UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
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Mieles peninsulares
y diversidad
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Conabio
 
                     
El ciclo apícola está marcado por las épocas
de floración de las plantas, que a su vez están ligadas a las estaciones del año. La principal época de cosecha se presenta durante la temporada seca, de febrero a mayo o junio. En esta época florecen gran parte de las especies nectaríferas y las abejas producen miel en cantidades suficientes para mantener su población y acumular excedentes. La miel producida durante la época de secas es la que el apicultor cosecha sin riesgo de dañar la población de abejas.
 
El principio de la temporada de lluvias anuncia el fin de las cosechas de mieles. En este tiempo la miel tiene un alto grado de humedad que afecta su calidad y por lo tanto su precio. Estas mieles son útiles para alimentar a las abejas durante la época de crisis que implica el periodo de lluvias. Las especies melíferas que florecen en las lluvias son de gran importancia para el mantenimiento de las colonias; mientras más rica y diversa es la flora hay más opciones para las abejas en la época de crisis.
 
Durante la transición de la temporada de lluvias a la de secas florece un número significativo de especies particularmente las enredaderas y las anuales, proporcionando a las abejas el néctar suficiente para que sus poblaciones se fortalezcan y la colmena esté lista para aprovechar el periodo de abundancia de néctar; es la época de recuperación. Los aromas y sabores de la miel dependen de tales factores.
 
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Rueda de los aromas y sabores de la miel
 

Floraciones
Las leguminosas (familia Fabaceae) nectaríferas forman parte esencial de la flora útil a la apicultura. Se les encuentra en diversos tipos de selva y diferentes etapas de sucesión. Las hay de amplia distribución y otras se restringen a hábitats específicos. El katsim es de selvas bajas y sabanas; el tsalam se distribuye en toda la península mientras que el chacte, el ha’abin y el kanasin son de selvas medianas.​
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 figuraB10 02
La península de Yucatán es una inmensa planicie caliza de 140 000 km2, con clima cálido subhúmedo. Está cubierta por diferentes tipos de vegetación tropical entre los que predominan las selvas bajas y medianas, caducifolias, subcaducifolias y subperennifolias. También se encuentran áreas importantes con vegetación hidrófila hacia las costas y selvas medianas y altas perennifolias hacia el sur. La precipitación no es homogénea: existe una estacionalidad marcada por los periodos secos y lluvioso, así como un gradiente que va de 400 mm de promedio anual en el norte hasta 2 000 mm en el sur de la península.
figuraB10 03
La densidad de las colmenas de Apis mellifera en la península de Yucatán es alta, comparable a la que existe en Europa. En México es la principal región productora, y aquí se encuentra la mitad de los apicultores del país: 25% en Yucatán, 16% en Campeche y 9% en Quintana Roo. Nueve de cada diez kilogramos de miel que produce la península de Yucatán se exportan, principalmente a la Unión Europea.
 
     
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Conabio      
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cómo citar este artículo 
 
CONABIO. 2016. Mieles peninsulares y diversidad. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 116-117. [En línea].
     

 

 

del arte y la ciencia
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Milpa: ritual imprescindible
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María Elena Álvarez-Buylla, Alejandro de Ávila, Nuria Carton y Juan Carlos Martínez
 
                     
La Milpa es el sistema de producción agrícola mesoamericano en donde se siembra maíz en asociación con otros cultivos: frijoles, calabazas y chiles principalmente. Este policultivo de origen prehispánico sigue siendo la base de la agricultura campesina mexicana y del sustento alimentario de nuestro país; es el territorio ritual donde se establece la relación simbiótica entre cultura y naturaleza.
 
El Pedregal de San Ángel es producto de la erupción del volcán Xitle que ocurrió hace aproximadamente 1700 años. Antes de ese evento, los terrenos de Ciudad Universitaria eran milpas que alimentaban a Cuicuilco, ciudad prehispánica cuyas ruinas se ubican cerca del actual Jardín Botánico de la unam. La exposición “Milpa: ritual imprescindible”, evoca ese pasado, que precedió al Pedregal de San Ángel, en relación con las transformaciones agroecológicas del mundo contemporáneo.
 
El Jardín Botánico de la Universidad Nacional Autónoma de México se encuentra en el corazón de la Reserva del Pedregal, una de las mayores áreas protegidas para la conservación de la biodiversidad en el seno de una urbe. Este espacio natural, situado en una de las ciudades más grandes del mundo y amenazado por el crecimiento urbano, aún alberga una gran diversidad de plantas y animales. Constituye un espacio público que provee beneficios ambientales, de esparcimiento y estéticos invaluables para todos. Es también símbolo de la matriz agroecológica imprescindible para la milpa.
 
Esta exposición se inscribe en un proyecto reformador del Jardín Botánico de la unam, que tiene como objetivo estimular el conocimiento a través del diálogo entre los ámbitos científicos, tradicionales y artísticos. Se propone esparcir, ampliar y resignificar el quehacer cultural universitario ya existente, incorporando el Jardín Botánico del Instituto de Biología y la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel. Para ello, se ha iniciado la renovación del foro Dahlia destinado a exposiciones de arte, diálogos, encuentros, eventos públicos, difusión científica, entre otros. En los espacios exteriores se plantea un corredor artístico para instalaciones y obras de sitio específico de carácter efímero o permanente, que propongan nuevas experiencias de contemplación, reflexión crítica, respeto, así como de cuidado de la naturaleza y comprensión de la diversidad biocultural.
 
En el marco del programa, “Arte, Ciencia y Resistencia: Praxis Biocultural Emergente” de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad, A. C., se lleva a cabo la exposición colectiva Milpa: ritual imprescindible en el Jardín Botánico y la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, de la Universidad Nacional Autónoma de México, del 28 de noviembre de 2015 al 19 de marzo de 2016.
 
En el marco de esta exposición, también se inicia un proyecto de rehabilitación de la interacción orgánica y social que existe entre el Jardín Botánico y la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, de estos espacios con la comunidad universitaria, con las personas que viven en sus alrededores y más allá.
 
Las obras aquí reunidas articulan una reflexión en torno al “hacer milpa” como una práctica imprescindible para la integridad de los territorios y comunidades campesinas, así como para la diversidad biológica, agrícola y cultural de México. También resuenan con el compromiso social de una estética implicada en la acción colectiva en torno a la resistencia ciudadana frente al monopolio de la agroindustria, la consecuente degradación socioambiental, y el debilitamiento de la soberanía alimentaria.
 
La exposición invita a la reflexión de estos temas, esperando que de ella emerjan nuevas y virtuosas propuestas. Es, ante todo, un tributo cariñoso con admiración profunda a las mujeres y hombres de las comunidades campesinas de México que desde sus milpas siguen “haciendo comunidad y cultura”. Sus semillas nativas, heredadas por miles de años de sus antepasados como bienes comunales, son un reflejo invaluable de la fuerza comunitaria de los campesinos mexicanos, imprescindibles para el sustento material y espiritual de nuestra nación.
 
     
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María Elena Álvarez-Buylla Roces
Alejandro de Ávila Blomberg
Nuria Carton de Grammont
Juan Carlos Martínez García
Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad.
     
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cómo citar este artículo 
 
Álvarez-Buylla Roces, Elena; Alejandro de Ávila Blomberg; Nuria Carton de Grammont y Juan Carlos Martínez García. 2016. Milpa: ritual imprescindible. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 48-49. [En línea].
     

 

 

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Alejandro Trueba Carranza y César Turrent Fernández
     
               
               
El maíz ajo o tunicado (Zea mays tunicata), probablemente
uno de los más antiguos criollos de México, apenas ha sido dado a conocer de manera más que circunstancial a la comunidad interesada. Su presencia y conservación en la comunidad de San Juan Ixtenco, Tlaxcala, se debe a la tenacidad de una familia de agricultores de origen otomí y en el momento actual a Vicente Hernández Alonso, quien durante los últimos cincuenta y cinco años lo ha replicado año con año, utilizando el esquema denominado conservación in situ, esto es, el proceso de selección de semilla por parte del agricultor, cambiando los maíces que cultiva tanto de sitio de cultivo a la vez que selecciona las características que le interesa mantener.
 
En el estado de Tlaxcala se ha establecido la presencia de cuatro razas primarias de maíz, y en la región de San Juan Ixtenco, la diversidad de criollos se presenta con cerca de cincuenta variedades, diferenciadas por el color del grano, el tamaño y la forma de la mazorca; lo que hace a esta región un centro de diversidad típico y probablemente también un centro de origen, dado que todavía en la última colecta de maíces criollos para el proyecto fz016 realizada de 2008 a 2010 se reportó la presencia de teocintle, aunque no de Tripsacum.
 
El maíz ajo presenta las características típicas del Zea mays L. en sus inflorescencias femenina y masculina acorde con los parámetros acotados en el Manual gráfico para la descripción varietal del maíz (Zea mays L.) elaborado por el Colegio de Postgraduados; considerando adicionalmente la característica del tunicado, evidenciada por la presencia de brácteas florales o glumas que envuelven de manera individual a cada grano de la mazorca, y en la espiga una formación sui generis con la presencia de granos, (figura 1).
 
figuraA02 01
Figura 1. Mazorca de maíz ajo “típica”: a) mazorca; b) bráctea floral o gluma que cubre cada grano; c) grano.
 
Resulta verdaderamente milagroso que este peculiar criollo haya subsistido por miles de años y, particularmente los últimos, en condiciones tan precarias de producción y manejo, conservando sus principales características y generando, en el proceso mismo de producción y cohabitación con otros criollos de la región, importantes variantes del mismo que desde una perspectiva evolutiva podrían implicar saltos de miles de años hacia el maíz moderno.
 
Al no haber paradigmas al respecto, se podría asumir que el maíz ajo “más antiguo” es aquel que presenta fuertemente acentuada la característica del tunicado por las brácteas florales o glumas que cubren cada semilla de la mazorca, y que en un proceso evolutivo y de múltiples cruzamientos o hibridaciones con otros individuos, va perdiendo la característica tunicada hasta llegar a la apariencia del maíz moderno, (figura 2).
 
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Figura 2. Mazorcas de maíz que ilustran lo que podría constituir la secuencia evolutiva del maíz ajo hacia el maíz moderno: a) se evidencia el carácter tunicado expresado fuertemente; b) mazorca “típica” de maíz ajo o tunicado; c) se expresa ligeramente el carácter tunicado; d) maíz criollo moderno.
 
La observación aquí planteada del proceso evolutivo del maíz ajo se justifica considerando que el maíz es una planta que interactúa con sus pares silvestres, con otros criollos y con su ecosistema y, en consecuencia, las plantas intercambian genes en mayor o menor medida a través del polen, generando nueva descendencia en la siguiente generación y detonando procesos evolutivos en lo que algunos investigadores denominan el flujo génico.
 
Usos tradicionales del maíz ajo
 
La domesticación del maíz y en general de otras especies vegetales, tradicionalmente ha obedecido a su utilidad o aprovechamiento para las poblaciones humanas que la realizaron. El uso más importante de estas especies ha sido el alimentario, por lo que generalmente se han vinculado a la salud, cultura y, en muchos casos, a la cosmovisión de las poblaciones que han sustentado. En el caso del maíz, originario de la antigua región de Mesoamérica, estos principios se cumplen a cabalidad y dicho cereal sigue siendo hasta nuestros días la base de la alimentación del pueblo mexicano, cultura y tradición particularmente en las poblaciones indígenas y rurales, y de religiosidad en numerosas poblaciones; como sucede en Ixtenco, en donde cada 2 de febrero se bendicen las semillas que habrán de establecerse en el siguiente ciclo agrícola para augurar una buena cosecha.
 
Dentro de la conservación de criollos, los más han obedecido a usos específicos (tortillas, tamales, totopos, atoles, pozoles, etcétera) que han justificado su celoso cuidado por los custodios que los han mantenido hasta nuestro tiempo, otros más por atributos distintos como “calentar” la tierra, proteger a otros maíces contra efectos de eclipses y muchas más razones antropológicas que aún falta por documentar más a fondo. Entonces por qué la importancia del maíz ajo, un maíz aparentemente complicado de utilizar para fines alimenticios (debido a la necesidad de pelar cada grano de la mazorca para su uso por el tunicado) y, en principio, no agradable para el aprovechamiento de sus granos.
 
Según crónicas transmitidas de manera oral de generación en generación y otras documentadas en publicaciones más bien de enfoque antropológico, se reconoce que el maíz (y particularmente el maíz ajo) se cultivaba adicionalmente para usos medicinales y ceremoniales.
 
Sólo por mencionar algunas crónicas documentadas, en el manuscrito de 1552: Libellus de Medicinalibus Indorum Herbis, escrito por el médico nahua del siglo xvi Martín de la Cruz y traducido al latín por el indígena de Xochimilco, Juan Badiano, opúsculo también conocido como Códice De la Cruz-Badiano y que permanece en el Vaticano, aparecen tres citas en que se hace mención específica al uso del maíz (denominado como frumento o frumentum) para la curación de disentería, de medicina lactógena (dificultad para flujo en lactancia) y la curación de quemaduras en niños; esto sin descartar otros usos medicinales a los que el documento hace mención de manera genérica como cereales.
 
En lo tocante a sus usos ceremoniales o religiosos, en su artículo sobre ceremonias con el maíz en México, Gisela Beutler describe acontecimientos previos y posteriores a la conquista, destacando: “la costumbre entre los campesinos de bendecir las espigas de maíz para la siguiente siembra cada día 15 de mayo”. Describe las ceremonias en que se daban bendiciones en náhuatl y cita a fray Bernardino de Sahagún, el Códice Florentino y obras derivadas de su análisis, de los rituales a Centeotl y los cantos ceremoniales relacionados con el ciclo maicero dedicados a “las siete espigas de maíz benditas en el Templo de Chicomecoatl”.
 
De igual manera, la misma investigadora dice que, contrastantemente, en el siglo xvii, la época colonial, destaca la etapa de los tres tratados sobre la idolatría de los aborígenes, escritos por los sacerdotes Hernando Ruiz de Alarcón, Gonzalo de la Balsalobre y Jacinto de la Serna, quienes adoctrinaron a los párrocos con respecto de la supervivencia de costumbres paganas entre la población indígena, advirtiendo de las supersticiones de éstos y sus conjuros, encantos y ensalmos usados por los indígenas para la curación de enfermedades y para la labranza del maíz.
 
Es probable que durante este periodo de transición entre la mutua asimilación cultural y religiosa de conquistadores y conquistados, considerando que el maíz común era la base de la alimentación de los indígenas, el maíz ajo haya sido víctima del acoso de los primeros religiosos españoles, considerando que su uso productivo como alimento era poco significativo, pero principalmente usado para la medicina autóctona y los ritos paganos para ellos. De haber sido así, el maíz ajo sólo encontró refugio con algunos indígenas que lo mantuvieron y cultivaron prácticamente a escondidas hasta llegar a nuestros días.
 
El maíz ajo en el tercer milenio
 
Ahora aparece de nuevo el maíz ajo o tunicado como salido de una fantasía, el que podría ser el neandertal de los maíces, el eslabón perdido, en un mundo globalizado, de alta competencia y donde las únicas razones para la supervivencia parecen ser la rentabilidad o la importancia económica. Llega con la desventaja de no conocérsele algún uso productivo, con la aparente dificultad para el aprovechamiento de sus granos, precisamente por el tunicado que lo caracteriza; inclusive su comportamiento agronómico, productividad, susceptibilidades o siquiera su apariencia como planta o su comportamiento en un esquema topológico diferente a las formas en que aún se sigue produciendo, tímidamente, casi escondido entre maizales de criollos tradicionales de la región de Ixtenco.
 
Bajo este escenario, nada favorable, sólo queda la posibilidad de que la sociedad científica lo rescate, lo estudie y a partir de él determine la revisión de las hipótesis que permanecen a la fecha sobre el origen y evolución del maíz, la posibilidad de que en su estructura genética exista algún gen aprovechable para la producción de maíces comerciales modernos o simplemente la curiosidad responsable de preservar esta rara variedad de maíz como actualmente se hace con las especies amenazadas de extinción.
 
La opción de buscarle algún uso productivo moderno parece muy remota, la desventaja en mejoramiento, manejo y abandono en el tiempo, seguramente llevará a largos períodos de tiempo para hacerlo competitivo y rentable como tal en alguna especialidad del maíz.
 
No podemos descartar la indiferencia, que su presencia no motive a su mayor conocimiento y dejarlo en su azaroso camino al futuro bajo la responsabilidad de una sola persona, Vicente Hernández, y después de él en la de su hija Irma, quien ya se prepara para continuar con la custodia del maíz ajo de Ixtenco.
 
La lucha por el rescate de los maíces criollos de alto rendimiento y representativos del mosaico productivo del país debe redoblarse; en México se tiene déficit de semillas mejoradas para la agricultura, la variabilidad que ofrecen los diversos criollos de maíz son la mejor arma para continuar en el camino hacia la soberanía alimentaria, el escenario de continuar hacia el viejo paradigma de ofertar la mayor cantidad posible de variedades mejoradas de maíz sigue siendo válido. La diversidad, adaptabilidad y potencial productivo de los criollos mexicanos es el mejor aval de esta posibilidad y no se debe desmayar ante las presiones externas de introducir materiales que transitan en la dirección opuesta, como los transgénicos que, además de constituirse en factor de alto riesgo por sustentarse en tecnologías que no garantizan inocuidad y sí riesgos de contaminación genética, provocan daños al medio ambiente y a la misma diversidad de los criollos mexicanos.
 
No debemos soslayar el pasado de los criollos como el maíz ajo, como tampoco de descuidar el futuro de los que hoy nos sustentan, no sólo es patrimonio heredado por la naturaleza y nuestros antepasados, más que un legado valiosísimo es cuestión de nuestra propia supervivencia.
 
     
Referencias Bibliográficas

Alavez, Valeria, Alma Piñeyro y Ana Wegier. 2013. “Flujo génico”, en El maíz en peligro ante los transgénicos, Álvarez-Buylla, Elena y Alma Piñeyro (coords.). ceiichunam, México. pp. 87110.
Álvarez-Buylla, Elena, et al. 2013. “Incertidumbres, riesgos y peligros de la liberación de maíz transgénico en México”, en El maíz en peligro ante los transgénicos, Álvarez-Buylla, Elena y Alma Piñeyro (coords.). ceiichunam, México. pp. 111163.
Beutler, Gisela. 2010. “Algunas oraciones y ceremonias religiosas con el cultivo del maíz en México”, en Manual gráfico para la descripción varietal de maíz, Aquiles Carballo Carballo y Alfredo Benítez Vázquez (coords.). Colegio de Postgraduados, México. Pp. 93111.
Cruz, Martín de la. 1552. Libellus de Medicinalibus Indorum Herbis. fceimss. 1996.
Kato, Ángel, et al. 2013. “Origen y diversidad del maíz”, en El maíz en peligro ante los transgénicos, Álvarez-Buylla, Elena y Alma Piñeyro (coords.). ceiichunam, México. pp. 2559.
Ortega, Alejandro, Manuel J. Guerrero y Ricardo E. Preciado (eds.). 2013. Diversidad y distribución del maíz nativo y sus parientes silvestres en México. Colegio de Postgraduados, México.
Trueba, Alejandro. 2012. Semillas mexicanas mejoradas de maíz, su potencial productivo. Colegio de Postgraduados, México.

 
     
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Alejandro J. Trueba Carranza
Dirección General de Educación Tecnológica Agropecuaria, Secretaría de Educación Pública.
 
Es ingeniero agrónomo especialista en suelos de la Escuela Nacional de Agricultura. Estudió la Maestría en Ciencias Agrícolas en el Colegio de Postgraduados, en el que posteriormente fue investigador. Ha trabajado en el Centro de Estudios e Investigación para la Conservación del Suelo y el Agua y en el inifap. Ocupó las Direcciones Generales de Política Agrícola y la de Fomento a la Agricultura en sagarpa. También ha realizado proyectos sobre semillas, producción, comercialización y política para el maíz y a la fecha se desempeña como investigador de la Dirección General de Educación Tecnológica Agropecuaria de la SEP.
 
César Turrent Fernández
Dirección General de Educación Tecnológica Agropecuaria, Secretaría de Educación Pública.
 
Es ingeniero agrónomo especialista en fitotecnia de la Escuela Nacional de Agricultura. Realizó estudios de maestría y doctorado en Ciencias Agropecuarias del Instituto Nacional Agronómico de París-Grignon, Francia. Posteriormente ocupó diversos cargos en Veracruz; se destacan sus colaboraciones como director de área en la Dirección General de Desarrollo Regional de la sagarpa, y más recientemente fue Director General del Centro de Estudios para el Desarrollo Rural Sustentable y la Soberanía Alimentaria de la H. Cámara de Diputados. También fue Presidente del Colegio de Ingenieros Agrónomos de México y actualmente se desempeña como Director General de Educación Tecnológica Agropecuaria de la SEP.
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cómo citar este artículo
 
Trueba Carranza, Alejandro y César Turrent Fernández. 2016. Pasado y futuro del maíz ajo o tunicado. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 16-22. [En línea].
     

 

 

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Irma Hernández Ventura, Gabriela Monsalvo Velázquez
y Alejandro Trueba Carranza
     
               
               
Ante la actual globalización en el usufructo de los recursos
naturales y genéticos, la historia sobre su preservación como tema de jurisprudencia adquiere especial relevancia más allá de aspectos meritorios (o de justicia histórica) ante la voracidad del comercio mundial, particularmente de las compañías comercializadoras de semillas, que pretenden, cada vez con mayor descaro, apropiarse del germoplasma generado por los pueblos indígenas y campesinos mediante francos esquemas de lucro. Elinor Ostrom se adelantó al señalar los diversos tipos de problemas en torno a derechos de propiedad que impiden la acción colectiva y los derechos de acceso, usufructo, distribución, difusión y apropiación del conocimiento que genera o mantiene una innovación privada y las leyes que la consagran.
 
Ante este contexto, es necesaria la sistematización de la historia viva de las variedades de un cultivo, la cual va desde las prácticas agrícolas hasta el valor en la formación intrageneracional del capital humano. Desafortunadamente, hasta hoy, por cada cincuenta escritos sobre el maíz y su ámbito fitogenético, patológico, cromosomático y factores gametofíticos, existen apenas dos o tres documentos en torno a las personas que atienden, protegen, conservan, seleccionan, heredan y transforman ese material genético en sus múltiples variedades. Asimismo, en esta historia marginal hay olvidos y sesgos. Se dice que, en México, a lo largo de décadas las variedades de maíz nativas han sido protegidas, conservadas y reproducidas más por hombres que por mujeres, sin darle el justo valor, atención y seguimiento a este grupo productor, a las innumerables custodias que han aportado tanto a la conservación de los maíces nativos, mal llamados criollos.
 
El llamado maíz ajo o tunicado nos da pie a ahondar en este aspecto un tanto soslayado. Nadie podría describir la trayectoria histórica de esta variedad tan bien como sus custodios, una historia que abarca las últimas tres generaciones de custodios de este ancestral maíz en la comunidad de origen otomí de San Juan Bautista Ixtenco, Tlaxcala, en la zona central de México.
 
Prácticas agrícolas y género
 
En muchos municipios de México los agricultores que cultivan maíz (Zea mays, L.) contribuyen a la conservación y generación de la diversidad genética in situ. Así mantienen en la práctica las variedades locales tradicionales, pues las pasan de generación en generación. En Tlaxcala se siembran anualmente alrededor de ciento veinte mil hectáreas con maíz, de las cuales seis mil utilizan semilla mejorada de híbridos comerciales que han llegado a ellos mediante diversos programas de difusión y transferencia de tecnología que ha habido en el estado.
 
Los hombres que han tenido a su cargo el resguardo del maíz ajo en la comunidad de Ixtenco descienden de familias otomíes, cuyas prácticas culturales impregnan tres áreas de dominio: familia, red cercana y presencia comunitaria. Los maíces producidos allí adquieren nombres para identificar las variedades nativas que son conocidas como: sangre de cristo, rojo carmín, morado, azul, rosa, negro, amarillo, blanco, cacahuazintle, gatito, tomando particular relevancia una raza primitiva que han denominado como maíz ajo o maíz tunicado por su apariencia similar a las cabezas de ajo.
 
Estas variedades nativas de maíz son destinadas principalmente al consumo humano, son un abanico gastronómico vinculado a festividades religiosas asociadas con las prácticas culturales agrícolas (recuadro). El maíz ajo, por el contrario, ha tenido una presencia muy discreta, manteniéndose la tradición familiar del custodio de sembrarlo entre otros maíces y cambiando año con año los sitios. La historia contada en el seno familiar es ilustrativa.
 
Historias de custodios
 
En el año 1905 nació José Hernández Solís. A la edad de trece años se le encomendó la responsabilidad de trabajar en el campo ayudando a su padre, Sabino Hernández, cuya familia, otomí como muchas otras, trabajaba al servicio de la Hacienda de San Antonio Tamariz, ubicada en el municipio de Nopalucan, actualmente Puebla. Fue entonces, justo en 1918, cuando su padre le heredó una gran riqueza: el maíz ajo, para que lo siguiera sembrando y conservando, cuidando no perderlo. Durante casi medio siglo José cumplió cabalmente esta proeza.
 
Festividades y prácticas agrícolas en San Juan Ixtenco, Tlaxcala
A continuación se presentan las festividades religiosas introducidas con la evangelización de la zona a principios de siglo vinculadas con las prácticas agrícolas de producción de maíz en el municipio de Ixtenco, así como un breve análisis de género con relación a éstas en virtud de la creciente presencia de la mujer campesina en tales actividades, fundamental para contextualizar la futura custodia del maíz ajo: Irma, hija del custodio en turno.
 
2 de febrero, Candelaria. Se usa maíz blanco y rojo para hacer tamales; el negro y el rojo para elaborar atole agrio. Junto con el niño Jesús, los niños y las diversas variedades de semillas nativas colocadas en cestos adornados se presentan en el templo para recibir la bendición religiosa como la concesión de la gracia del cuidado, conservación y producción de las semillas. Esta tradición comenzó a cambiar para adecuarse a las necesidades prácticas de las unidades productivas de mujeres, ante la ausencia de varones por la migración.
 
Primeras dos semanas de marzo, equinoccio de primavera. En estas festividades las antiguas culturas prehispánicas, como la otomí, preparan la ceremonia de Fuego Nuevo junto con flores, incienso y danzas para recibir un nuevo ciclo lunar que marca la siembra de nuevos procesos de fertilidad. Se prepara la tierra para el cultivo, removiéndola con animales o maquinaria para el rastreo, la nivelación, y la incorporación de abono orgánico. En épocas prehispánicas, las mujeres se encargaban de la preparación del agua como vínculo esencial de la fertilidad y a los hombres se les dejaban el cuidado del Fuego y del viento por representar la fuerza y poder necesarios para la fecundación de las semillas del nuevo ciclo de vida. Hoy, este proceso ha cambiado y las mujeres participan en las actividades de preparación del Fuego, elevando su papel a rango celestial.
 
Marzo y abril, Cuaresma y Semana Santa. En la Cuaresma se usa maíz rojo molido con canela para la preparación de pinole y en la Semana Santa se mezcla el maíz de diversas variedades nativas para preparar platillos típicos sin carne. También se utiliza el maíz sangre de cristo para proteger los cultivos de los eclipses. En esta época se siembra maíz de temporal, aunque se dice que por el cambio climático estas prácticas agrícolas se han recorrido un mes. Antiguamente, la siembra de temporal era una actividad propia de los hombres, pero actualmente estos roles han cambiado, orillados más por condiciones socioeconómicas y de repatriación que por el reconocimiento del papel de las mujeres en la agricultura contemporánea. En esta temporada se asocia la fertilidad de la tierra con la fertilidad femenina y se considera que al protegerla con el maíz sangre de cristo (con la capacidad de repeler las energías negativas) también se preserva la energía cósmica que genera eclipses lunares. Esta idea de fuerza de protección y provisión de alimento está ligada a los roles de masculinidad tradicional.
 
15 de mayo, san Isidro Labrador. Se utiliza maíz nativo de todos los colores para preparar atoles, tamales, gorditas, aguas, guisados y postres. Para las zonas de temporal es tradición de arraigo (desde la Conquista) ofrecer una celebración eucarística en el campo, donde al terminar los agricultores y sus familias comparten platillos típicos preparados a base de maíz nativo de diversos colores y significados. Se cree que si llueve ese día es porque san Isidro avisa a los agricultores que tendrán un buen temporal y que es grato su trabajo a los ojos de dios. El papel de las mujeres durante esta festividad gira en torno a la preparación de alimentos como ofrenda para los asistentes.
 
24 de junio, san Juan Bautista y Festival del maíz. Se preparan platillos asociados con maíces nativos donde se destaca el atole agrio hecho a base de maíz rojo y negro. Se construyen cuadros y portadas del templo decorados con maíz de todas las variedades, entre las que sobresale el maíz ajo. El maíz está presente en artesanías, vestimenta, comida, libros, música, celebraciones religiosas, accesorios de belleza y decoración. El maíz (en forma de accesorios de belleza y decoración) se utiliza como lenguaje subliminal de lo femenino y lo masculino.
 
Junio y julio, fiestas desde san Juan Bautista hasta Santiago Apóstol. En estas festividades se utiliza el maíz rojo y negro para mantener las fuerzas negativas y ocultas lejos, para proteger a todos de enfermedades y malestares familiares, de ciclones y mal tiempo. Al cumplirse el mes y medio de haber sembrado el maíz, se aplica la primera fumigación y, veinte días después, se administra la segunda para el combate de malezas, insectos y enfermedades. Hasta hace veinte años, las actividades de tales tratamientos intensivos eran propias de los hombres; sin embargo, desde hace diez años, cada vez más mujeres se incorporan a estas labores. En algunos casos dichas tareas se ven como pruebas que marcan la iniciación de los hombres para mostrar su madurez física y sexual.
 
Septiembre y octubre, proceso de dar gracias por las cosechas. Comienza la cosecha de maíz de riego y de temporal. Actualmente se mantiene en algunos lugares la tradición del almuerzo en el campo durante los procesos de siembra, cosecha y riego. En esta práctica no se da la combinación de roles (donde los hombres lleven a sus esposas el almuerzo o la comida).
 
Octubre, noviembre y diciembre, cierre de año litúrgico eucarístico. Antiguamente, la selección y conservación de mazorcas para la siembra del año siguiente eran actividades propias de los hombres. Actualmente hay mujeres instruidas para esta labor.
 
Rememorando a su abuelo, José Vicente Hernández Alonso, actual custodio del maíz ajo, narra el siguiente relato: “el dueño de la hacienda había pedido que todos los costales que salieran de maíz indio o ajo se quemaran, que porque esa había sido la orden de los frailes de ese tiempo [...] mi papá me contó que el abuelo había llenado unas ollas y las escondió en la troje; por la noche las sacó y las echó al burro para venirse al pueblo. Aquí limpió las mazorcas y las desgranó, les echó ceniza y otras cosas que ayudaban para mantenerlas sin gorgojos ni manchas hasta la siembra [...] Desde entonces igual que antes, se siembra escondido entre las milpas en medio de las parcelas. Sólo así lo hemos podido lograr”.
 
En 1961, José Vicente lo recibió para continuar con férrea convicción la reproducción del maíz ajo, tal y como su padre lo había hecho, manteniéndolo hasta nuestros días; y no sólo eso, también lo ha enriquecido mediante procesos de hibridación múltiple, lo que le ha permitido generar una enorme variabilidad de colores en las glumas, los granos, el tunicado y las mazorcas.
 
No obstante la fortaleza que aún mantiene José Vicente, está consciente que un legado como el que ha recibido y enriquecido no está sujeto a improvisaciones; desde este momento ya prepara a su sucesora para tan importante compromiso: su hija Irma, ingeniera agrónoma de profesión, primera custodia mujer, plenamente consciente de la enorme responsabilidad que habrá de continuar. Esto sucede ahora, cuando el papel de la mujer en la sociedad y en el campo son revalorados, lo que potencia el futuro de este singular maíz primitivo.
 
Algunas de las expresiones de José Vicente Hernández Alonso en relación con su experiencia con el maíz ajo son: “el cuidado de este material de maíz permitirá que nuevas generaciones lo conozcan y cuiden del maíz”; “yo comencé a sembrar el maíz ajo a los trece años, en la actualidad se habla de una explotación infantil en el campo pero no es así en el municipio de Ixtenco. Los padres ahora enseñamos a los hijos, además de buscar las nuevas carreras alternativas, como una ingeniería o licenciatura, doctores, enfermeras o maestros, el amor al campo. Así, hoy ejercen dos tipos de trabajo: son profesionistas y son campesinos. Con orgullo siguen conservando la herencia de los padres para trasmitirla a sus nuevos retoños para saber valorar la riqueza del campo. Yo inculqué a Irma el placer de disfrutar de la riqueza de seguir conservando el maíz ajo”.
 
Cambios generacionales y de género
 
En el campo, el desempeño de la masculinidad se observa en el cumplimiento del rol de proveedor de su hogar y hay una asociación con la cantidad de hijos que procrea, además se asocian estereotipos de género incluso a los cultivos; por ejemplo, tanto en el Bajío como en Ixtenco se juzga el cultivo de alfalfa como “cultivo de viudas”, descalificando al agricultor no sólo en términos de productividad agrícola, sino ridiculizando también las prácticas agrícolas.
 
Dado que la producción de maíz en el municipio no es rentable, aunado a la migración que esto implica, muchos productores buscan obtener dinero para seguir sobreviviendo mediante la innovación —que nace al buscar otras formas de aumentar los ingresos—, por lo que una parte de la producción se utiliza en la elaboración de cuadros, arcos, alfombras alusivos a escenas de la vida cotidiana ligadas al maíz, aprovechando la diversidad y variado colorido de las semillas. Los colores vivos en el maíz están íntimamente ligados al concepto de belleza, al de salud reproductiva y fertilidad de las mujeres, y al falo y masculinidad de los hombres. Esto se refleja en accesorios de belleza como aretes, collares y anillos.
 
En tales creaciones artesanales se manifiesta toda una simbología patriarcal que centra el valor de la masculinidad tradicional en el papel reproductivo-sexual tanto para mujeres como para hombres. Sin embargo, los procesos de cambio de roles emergentes ante la crisis económica, así como la repatriación y la transculturización, han reordenado las posiciones y condiciones de género, incluso en el plano intrageneracional.
 
Así, la mujer custodia en proceso de heredar las semillas del padre enfrenta una masculinidad tradicional, un entorno restrictivo para las mujeres. No obstante, se observa un proceso de cambio en las nuevas generaciones, en el que ya no juzgan peyorativamente a una mujer vinculada directamente a las prácticas agrícolas, como lo son su participación a la preparación de la tierra para la siembra, el cultivo, los arreglos para el turno de riego y pagos, incluso el manejo de maquinaria agrícola y sus implementos, y el proceso de selección, tratamiento, conservación y custodia del maíz ajo, así como el resto de los materiales genéticos propios y colectivos.
 
Dilemas abiertos
Frente a los retos contemporáneos de las nuevas masculinidades, los jóvenes agricultores demeritan la actividad agropecuaria a causa de la crisis económica, que envuelve al mismo tiempo la de la masculinidad. Ante ello quedan más preguntas que respuestas. Dados los cambios de roles y estereotipos de género, ¿la custodia entrante del maíz ajo se verá vulnerada por el rechazo de las esferas masculinas tradicionales?, ¿el empoderamiento individual de la custodia futura servirá de escudo protector para la diversidad de materiales genéticos de maíces nativos frente a las compañías multinacionales comercializadoras de semillas?
     
Referencias Bibliográficas

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De la Cruz Larios, Lino, et al. 2008. “El factor gametofítico1 (ga1) en híbridos comerciales de maíz de México”, en Revista Fitotecnia Mexicana, vol. 31, núm. 1, pp. 5765.
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Irma Hernández Ventura
Instituto Tecnológico del Altiplano de Tlaxcala.
 
Es ingeniera agrónoma especialista en fitotecnia del Instituto Tecnológico del Altiplano de Tlaxcala de San Diego Xocoyucane, Tlaxcala. Ha participado como técnica para asesorar, capacitar, elaborar proyectos y organizar grupos de las zonas rurales de Tlaxcala, también ha trabajado en el componente de desarrollo de Capacidades y Extensionismo y fue promotora técnica del componente de Agricultura Familiar, Periurban a y de Traspatio de la SAGARPA.
 
Gabriela Monsalvo Velázquez
Unidad de Posgrado, Universidad Azteca.
 
Se licenció en relaciones internacionales en la UNAM. Es maestra en ciencias por el Colegio de Postgraduados en Desarrollo Rural; especialista en Género, Agua y Agricultura. Durante su maestría fue becaria del Instituto Internacional del Manejo del Agua con sede en Colombo, Sri Lanka. Es doctora en problemas económicos de la agroindustria por el ciestaam en la Universidad Autónoma Chapingo, es especialista en mapeo de redes sociales, cooperación institucional, género y desarrollo. Su investigación de doctorado se realizó en colaboración con el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo del Consorcio Internacional en Investigación Agrícola.
 
Alejandro J. Trueba Carranza
Dirección General de Educación Tecnológica Agropecuaria, Secretaría de Educación Pública.
 
Es ingeniero agrónomo especialista en suelos de la Escuela Nacional de Agricultura. Estudió la Maestría en Ciencias Agrícolas en el Colegio de Postgraduados, en el que posteriormente fue investigador. Ha trabajado en el Centro de Estudios e Investigación para la Conservación del Suelo y el Agua y en el inifap. Ocupó las Direcciones Generales de Política Agrícola y la de Fomento a la Agricultura en sagarpa. También ha realizado proyectos sobre semillas, producción, comercialización y política para el maíz y a la fecha se desempeña como investigador de la Dirección General de Educación Tecnológica Agropecuaria de la SEP.
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cómo citar este artículo
 
Hernández Ventura, Irma, Gabriela Monsalvo Velázquez y Alejandro Trueba Carranza. 2016. Transmisión generacional de variedades de maíz tunicado en un contexto de migración, cambios sociales y de género. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 28-33. [En línea].
     

 

 

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Elisa T Hernández
     
               
               
Sin duda alguna podemos decir que la miel es el oro líquido
de México, ya que nuestro país es uno de los principales productores de miel en el mundo. Según datos del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera, en 2014 el volumen nacional de producción fue de casi 60 000 toneladas; son muchas cucharadas de miel. La mayor parte de esta suculenta sustancia se produce en la península de Yucatán, que aporta entre 35 y 45% del total de la producción nacional (aproximadamente, 17% Yucatán, 10% Campeche y 5% Quintana Roo), de la cual casi 95% se exporta, siendo el principal destino la Unión Europea. El mote “oro líquido” no está de más, pues en términos económicos dicho bien agroalimentario genera ingresos anuales de hasta 123 millones de dólares, de modo que se considera una de las principales actividades pecuarias generadora de divisas. Además, es una importante actividad socioeconómica para todo el país, ya que es fuente de ingreso para 43 000 productores y sus familias.
 
En México, la forma de comercialización, tanto para la exportación como para el consumo nacional más importante, es a granel; esto significa que no hay diferenciación entre las mieles, es decir, llegan de diferentes regiones, de distintos productores y se mezclan todas en los centros de acopio o las plantas de procesamiento. En este contexto, el precio de un kilogramo de miel en el país oscila entre 30 y 40 pesos, mientras que en países como Alemania (principal destino de exportación) la miel mexicana tratada así se puede conseguir a precios que van de 2 a 4 euros.
 
Recientemente se han generado iniciativas para agregarle valor comercial y llevar la miel al mercado de manera diferenciada. Debido a que el consumo per cápita de miel en México es muy baja (250 gramos anuales) comparada con la del mercado internacional (hasta 1.4 kg en Alemania) se piensa que de lograrse la distinción en las mieles para su venta, traería un beneficio económico directo en materia de exportación, pues los consumidores internacionales son aparentemente los más exigentes con las características específicas de la miel.
 
El oro líquido
 
Se le llama miel a la sustancia dulce producida (recogida, transformada y almacenada en sus panales) por las abejas a partir del néctar floral o de exudaciones de otras partes vivas de las plantas. Está formada principalmente por azúcares (glucosa y fructosa) y pequeñas cantidades de otros compuestos, como ácidos, proteínas, enzimas, minerales, vitaminas, pigmentos y compuestos volátiles.
 
Cada miel posee una composición química particular, dependiendo del origen geográfico de la flora y el néctar, de las condiciones ambientales, el manejo del productor a la hora de su extracción, las condiciones de almacenamiento y el tratamiento al que se sometió en la planta de procesamiento. De modo que las propiedades organolépticas de la miel (sabor, color, olor y textura) permiten reconocerla y diferenciarla. Transportado al ámbito comercial de alimentos, esto se utiliza como factor para elegir una miel, del mismo modo que se hace en una cata de vino o de aceites de oliva. Así, a pesar de que se puede efectuar esta diferenciación, de manera general en México la miel se almacena a granel, a excepción de algunos pocos productores artesanales que han comenzado a caracterizar su producto apícola para la venta.
 
La dorada península de Yucatán
 
La península de Yucatán está constituida por gran parte de la región del Petén en Guatemala, una pequeña parte del apéndice oriental de Tabasco, casi todo el estado de Campeche, y por los estados de Yucatán y Quintana Roo. Es una provincia diferente al resto del territorio mexicano por sus características biogeográficas, pues el conjunto de sus rasgos fisiográficos, el clima, los suelos y la hidrografía dan como resultado una flora y una fauna muy peculiares; incluso sustenta su carácter único debido a especies endémicas.
 
Los expertos le llaman vegetación primaria a la flora que ha alcanzado su máximo desarrollo en el proceso de regeneración, que se ha mantenido largo tiempo en ese estado, es decir, que no ha sido modificada por las actividades humanas o por acontecimientos naturales recientes; mientras que se refieren como vegetación secundaria a aquella que se desarrolla después de un disturbio natural o humano como resultado del proceso de sucesión ecológica. En la flora peninsular hay algunas especies de la vegetación primaria y secundaria que, debido a su abundancia, son importantes por su producción de néctar, lo que resulta en una diversidad de mieles que son reconocidas por los apicultores. Es tan vasta la riqueza florística de la península de Yucatán, que aproximadamente novecientas especies de plantas son visitadas por las abejas.
 
Desde los orígenes de la civilización maya se ha producido miel y cera en la península proveniente del cultivo de abejas sin aguijón (Melipona beecheii), y aunque actualmente se sigue practicando la meliponicultura en el área maya peninsular, a inicios del siglo xx se desarrolló de manera paralela la apicultura (cría de la abeja europea Apis mellifera). Debido a la diversidad floral y a los recursos de la zona, las abejas europeas se adaptaron y multiplicaron con éxito.
 
El tipo de floraciones que visiten las abejas depende de la vegetación que prevalece en una zona y de la época del año de la que se trate, lo cual propicia la presencia de diferentes tipos de mieles durante el año (figura 1). Por lo que, si se conociera el origen botánico de las mieles sería posible tener un control de calidad que permitiera caracterizarlas según el tipo de granos de polen que contiene cada una. Se les llama monoflorales cuando existe 45% de dominancia de un tipo de polen, y multiflorales cuando no hay predominancia de uno. En otras palabras, la diversidad de mieles en la península de Yucatán es una consecuencia de su diversidad biológica.
 
FiguraA10 01
Figura 1. El color de la miel depende del origen floral y de la época del año de cosecha. Mieles producidas por a) Apis mellifera; b) Melipona beecheii. Imagen tomada del cartel “Corredor Biológico Mesoamericano México, Programa de Recursos Biológicos Colectivos” de CONABIO 2008.
 
Si pensamos en la producción de miel anual en la península de Yucatán proveniente de una flor específica, tenemos que 42% procede de tajonal, la cual florece de diciembre a febrero; 48% de ts’its’ilche, que lo hace de marzo a mayo; y 8% de una gran variedad flores de leguminosas y enredaderas que abren sus pétalos de junio a octubre. Las mieles de cada periodo han sido caracterizadas; por ejemplo, las de enredaderas tienen elevada humedad pero son ricas en enzimas, las provenientes de tajonal presentan baja humedad, cristalizan y son claras, mientras que las de ts’its’ilche son aromáticas y presentan elevado contenido de minerales.
 
Lamentablemente, como ya se mencionó antes, las mieles que se exportan a Europa no se clasifican por su origen floral debido a que en las plantas procesadoras y exportadoras las mezclan, demeritando su calidad de índole floral; pero si llegara a lograrse esta diferenciación en el mercado internacional, las mieles monoflorales serían mejor cotizadas, aumentando hasta 35% su precio de venta.
 
Denominación de origen
 
Una denominación de origen es la designación geográfica de un país, una región o una localidad que permite reconocer un producto originario del mismo y cuya calidad o característica se debe exclusiva o esencialmente al medio, comprendidos los factores naturales y los humanos. Con ella se busca proteger conocimientos y saberes locales, entre éstos, los métodos de producción, es decir, el “saber hacer” de generaciones de una determinada región. En este sentido, el objetivo es el de promover la denominación de origen como un instrumento de diferenciación y valoración en la producción y comercialización de las mieles de la península de Yucatán. Para lograrlo se propuso, desde 2009, un Plan rector, proyecto financiado por el Fondo Mixto de Cooperación entre la Agencia Española para la Cooperación Internacional y el Desarrollo y la Comisión Nacional para Conocimiento y Uso de la Biodiversidad con apoyo de la Unidad Coordinadora de Asuntos Internacionales de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
 
La denominación de origen de la miel será un hecho consumado cuando se registre en el Arreglo de Lisboa, ya que en dicho documento se contempla la protección de las denominaciones de origen de todo el mundo. México es parte de este tratado y ha registrado trece denominaciones de artesanías y productos agroalimenticios (charanda, olinalá, bacanora, café de Chiapas, sotol, café de Veracruz, tequila, vainilla de Papantla, mezcal, chile habanero de la península de Yucatán, talavera, mango ataulfo del Soconusco Chiapas y ámbar). Según este Plan rector, para que la miel de la península de Yucatán obtenga la denominación de origen, primero hay que dejar de almacenarla a granel a fin de poder diferenciarla, para lo cual existen dos maneras de hacerlo: por su origen botánico o por su origen geográfico o ambiental.
 
Por su origen botánico. A partir de analizar el polen que hay en la miel, se puede saber si las abejas que la produjeron pecorearon flores de una sola especie (miel a la que se le denomina monofloral) o de varias especies (multifloral). Determinar los atributos peculiares le daría un valor agregado a la miel, pues se satisfaría la exigencia del consumidor según sus gustos de sabor, color, olor y textura derivadas de la flor polinizada; incluso, en algunos casos, podría estimársele curativa al saber que proviene de una flor considerada medicinal. Más aún, si sus propiedades organolépticas están ligadas a una floración cuyo periodo es muy corto, entonces esta azucarada sustancia podría ofrecerse con un valor más elevado en el mercado.
 
Por sus orígenes geográficos o ambientales. Se designa el producto con el nombre del lugar de su producción o fabricación, asociando las materias primas y la forma de cosecha que comparten las personas que viven en esas zonas, de modo que todos los apicultores o meliponicultores de la región delimitada compartirían el nombre de la denominación. Actualmente se encuentran en el mercado mieles obtenidas de manera artesanal por marcas colectivas creadas por organizaciones de productores de la misma zona; son proyectos piloto para la denominación de origen que llevan por nombre: “miel de la montaña de Campeche”, “miel de la zona de manglares”, “miel de Carrillo Puerto”, “miel de la reserva de la biósfera de Sian Ka’an” y “miel de la reserva de la biósfera de Calakmul”, entre otros.
 
Como bien lo indica el Plan rector, una de las acciones a seguir para lograr la denominación de origen es cumplir con los estrictos requisitos de calidad que exigen las normas internacionales sobre alimentos del Codex alimentarius y de la Norma mexicana nmxf036normex2006. Dicho Plan también hace hincapié por lo tanto en la seguridad, la higiene y la calidad de los procesos de extracción; por ejemplo, para que no se presente el hidroximetilfurfural que se genera durante la descomposición térmica de los glúcidos, se debe evitar exponer la miel al sol mientras se cosecha —un hábito generalizado entre los productores. También se debe evitar rociar las plantaciones donde pecorean las abejas con antibióticos, pues es un componente que se mide para estimar la calidad del producto. La única manera de alcanzar los estándares de calidad es impartiendo cursos de capacitación a los productores y almacenadores pues, lamentablemente, se han encontrado algunos microorganismos patógenos y acaricidas que ponen en riesgo las exportaciones de miel.
 
De manera general, se puede decir que con el Plan rector se intenta reorientar las políticas públicas para desarrollar procesos de apropiación social y se busca el uso racional de los recursos naturales al mejorar el manejo sustentable de los mismos en los ecosistemas llamados “zonas focales”, así como en donde los ecosistemas están degradados. Además, con la propuesta se busca crear nuevos productos de mayor calidad para atraer más consumidores que sean conocedores y exigentes, y que estén dispuestos a pagar el esfuerzo y cuidado que los productores ponen en la obtención de las mieles.
 
De tal flor, tal sabor
 
Una de las primeras estrategias del Plan rector para lograr la denominación de origen de las mieles de la península de Yucatán es la diferenciación entre ellas, pues es una manera de conocer y defender el recurso como propio para comenzar a valorarlo.
 
Las características de cada miel, como la suavidad, la cremosidad, la sutileza o la intensidad de su sabor, su perfume, el toque ácido, salado o amargo, dependen de las flores que visitan las abejas, la ubicación de las colmenas y la época del año de cosecha. El color de la miel es la primera cualidad que percibimos y, además de evidenciar su origen floral, refleja los minerales que contiene, su frescura y las condiciones de almacenamiento. En el mercado internacional, el color de la miel se describe mediante la escala Pfund, una progresión de colores que comienza en el blanco, asociado a mieles suaves, y llega al ámbar oscuro, ligado a sabores más intensos (figura 2).
 
 figuraA10 02
Figura 2. La escala Pfund es un método estandarizado para medir el color de la miel con base en la comparación óptica.
 
Como hay mieles para todos los gustos, a continuación presento algunas descripciones de la miel según la flor que pecorean las abejas, que fueron elaboradas por la conabio.
 
K’an chunúup (Thouinia paucidentata). Color ámbar extra ligero (25 a 40 mm Pfund) con apariencia de amarillo claro, cristalización mediana, olor floral y herbal, sabor dulce y suave.
 
Ha’abin (Piscidia piscipula). Color ámbar ligero a ámbar oscuro (49 a 87 mm Pfund) y textura con fase líquida y sólida. Su tendencia a la cristalización es lenta. Su temporada de floración se sobrepone a la de ts’its’ilche y su contenido de humedad es bajo. Su olor es a caramelo, al igual que su sabor, con notas dulces, ácidas y picantes. Se considera una miel fuerte.
 
Tsalam (Lysiloma latisiliquum). Clara, de color blanco a ámbar extra ligero (31 a 38 mm Pfund); por cosecharse en la época de lluvias, su contenido de humedad es alto y generalmente líquida y transparente. Cuando se cosecha madura presenta una cristalización fina. Es de buen sabor, aromática y de consistencia suave. Debido a sus características, esta miel presenta mejores posibilidades de ingresar al mercado como monofloral diferenciada.
 
Chakàah (Bursera simaruba). Su color va de ámbar extra ligero a ámbar ligero (38 a 68 mm Pfund); cuando se cosecha es líquida y transparente, pero presenta una tendencia a la cristalización rápida debido a su bajo contenido de humedad. Su olor es floral, tiene sabor dulce con una nota a cera muy particular.
 
Box káatsim (Acacia gaumeri). Su color varía de ámbar extra ligero a ámbar ligero (44 a 54 mm Pfund). Generalmente es líquida, con tendencia a la cristalización lenta y alto contenido de humedad por cosecharse en temporada de lluvias. Tiene olor herbal con sabor dulce y cera.
 
Sak káatsim (Mimosa bahamensis). Es una miel amarilla clara, en la categoría blanco a ámbar ligero (38 a 58 mm Pfund). Líquida y transparente, forma espuma al agitarse por su alto contenido de humedad. Con olor herbal y sabor dulce, fermentado y ácido.
 
Tajonal (Viguiera dentata). Miel con tonalidades amarillas, color blanco a ámbar ligero (22 a 54 mm Pfund). Generalmente líquida, su floración es tardía y se sobrepone a Thouinia. Presenta tendencia a la cristalización media y su olor es floral, con nota herbal y sabor dulce a caramelo suave.
 
Ts’its’ilche (Gymnopodium floribundum). Es líquida, color ámbar, su olor recuerda su perfume floral y su sabor es dulce al inicio pero después predomina su componente picante o astringente, por lo que es considerada una miel fuerte.
 
No hay duda alguna, sin flores de vegetación primaria no puede existir miel característica de la península de Yucatán, y sin esta miel diferenciada, la denominación de origen se plantea sólo como un dulce sueño. Análogamente, sin abejas que polinicen, no hay flores, y sin órganos que polinizar, no hay miel.
 
No todo es miel sobre hojuelas
 
Todo suena perfecto y relativamente simple, ciertamente, mucho trabajo, pero para la obtención de una denominación de origen existen varias dificultades; por ejemplo, la siembra de cultivos transgénicos en las regiones en donde pecorean las abejas yucatecas. Es un problema grave, pues una posible contaminación de la miel por polen transgénico de algún cultivo no autorizado para consumo humano implica un impedimento para que ésta se comercializase en la Unión Europea. Se trata de un problema de regulación; si la miel de la península tiene más de 0.9% de polen de un cultivo transgénico autorizado para consumo humano, entonces nuestro oro líquido se puede vender en mercados internacionales pero requiere un etiquetado especial que indique que contiene ingredientes transgénicos, lo que podría provocar una reducción en su venta, ya que se sabe por estudios de mercado que los consumidores de la Unión Europea optan por la miel orgánica.
 
En México, el panorama no es sencillo, porque en 2012 la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (sagarpa) avalada por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (semarnat) otorgó permiso a la empresa Monsanto para que cultivara 253 500 hectáreas de soya transgénica en siete estados de la República Mexicana, entre los que se encuentran Yucatán y Campeche. Ante semejante aprobación, los apicultores mayas y otras organizaciones como Greenpeace pidieron un amparo y solicitaron la anulación de dicha resolución, pues se había otorgado el permiso a pesar de que las siembras piloto y experimentales habían contaminado 40 toneladas de miel de la península de Yucatán, razón por la cual se paralizó su comercialización en la Unión Europea en ese mismo año.
 
Después de un largo proceso, la voz de los apicultores fue escuchada, culminando en la detención de los permisos, pues se resolvió que, en efecto, los productores de miel podían verse afectados en sus bienes económicos, laborales y ambientales por la liberación del cultivo de soya transgénica, además de que se ordenó hacer consultas públicas en los municipios antes de expedir cualquier otro permiso de siembra. Esta anulación genera un precedente para la siembra de cultivos genéticamente modificados en todo México pues, por un lado, evidencia la desigualdad en el proceso de permisos y amparos y, por otro, apelando a un principio de equidad, en un futuro se deberá tomar en cuenta la opinión de las comunidades afectadas.
 
Por si lo anterior pareciera poca cosa, las implicaciones de la siembra de cultivos transgénicos rebasa el ámbito comercial de la miel, pues afecta directamente el equilibrio ecológico de la zona. Para instalar estas plantaciones modificadas genéticamente es necesario deforestar miles de hectáreas de selva, es decir, eliminar la vegetación esencial para la obtención de las mieles características de la península de Yucatán. Además, los cultivos transgénicos están ligados a herbicidas como el glifosato, que se considera cancerígeno y está asociado a la desaparición de abejas en el mundo; con esta pérdida disminuye la polinización silvestre y comercial, derivando en la afectación de cultivos (comida) y de biodiversidad.
 
Las últimas gotitas
 
La búsqueda de la denominación de origen para las mieles de la península de Yucatán puede ser un largo proceso, ya que se requiere la capacitación de los productores (apicultores y meliponicultores) y de los encargados de los centros de acopio, pues es prioritario mejorar las prácticas de manejo y de inocuidad de este bien agroalimentario. Además, son ellos quienes deben tener la iniciativa para obtener la denominación de origen.
 
Es fundamental promover y defender la apicultura orgánica, pues una de las razones por las cuales nuestra miel es de gran aceptación en la Unión Europea es porque no contiene polen de cultivos transgénicos. Junto con esta medida se debe difundir el cuidado de los corredores biológicos de donde procede la miel de la península de Yucatán, pues la variedad de mieles depende directamente de la conservación de la vegetación primaria y de la biodiversidad de la zona y, de manera compensatoria, todas estas plantas se benefician de la polinización cruzada de las abejas que las visitan.
 
De manera simultánea, es preponderante diferenciar las mieles pues es el requisito previo para cualquier camino que se quiera seguir. De esta acción depende la protección a los ecosistemas que denominarán a las mieles. Asimismo, es elemental propiciar el consumo nacional de miel y mejorar la difusión sobre la variedad de mieles, así como el impacto que tendría el deterioro ambiental en las zonas productoras de miel; por lo que no se debe bajar la guardia en lo que a protección ambiental se refiere. La prohibición de la siembra de soya en el península de Yucatán es apenas una batalla ganada.
 
La apicultura y la meliponicultura en México, además de generar empleos para el desarrollo económico de comunidades, son actividades tradicionales llenas de saberes antiguos que son transmitidos de generación en generación. Su conservación y procuración repercutirá directamente en la diversidad de deliciosas mieles diferenciadas y en una posible denominación de origen, pero más aún, su sobrevivencia beneficia la conservación, la protección y el mejoramiento del ambiente.
 
     
       
       
Referencias Bibliográficas

CONABIO-AECID. 2011. Plan rector para promover una Denominación de origen de mieles de la península de Yucatán. conabioaecid México.
 
En la red
goo.gl/7dnKAm
goo.gl/H7jxJC
goo.gl/wyt0mY
goo.gl/ACqREU
goo.gl/HgxyME

 
     
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Elisa T Hernández
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Estudió la licenciatura en Física y Matemáticas en la Escuela Superior de Física y Matemáticas del IPN. Estudió el Diplomado de Divulgación de la Ciencia en la UNAM. Desde hace diez años se dedica a la enseñanza y la divulgación de la ciencia, ha sido autora de nueve libros de texto de educación básica y le gusta escribir artículos de divulgación de la ciencia. Actualmente trabaja en la revista Ciencias de la UNAM.
     
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cómo citar este artículo
 
Hernández, Elisa T. 2016. Una denominación de origen para las mieles de la península de Yucatán. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 106-114. [En línea]
     

 

 

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