revista de cultura científica FACULTAD DE CIENCIAS, UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
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Jorge A. Escandón Calderón, Columba J. López
Gutierrez y Marcela Rosas Chavoya
     
               
               
Se estima que actualmente 55% de la población global habita
en zonas urbanas, pero las proyecciones indican que esta cifra se incrementará en las próximas décadas, lo que resultará en procesos de cambio de uso de suelo y vegetación, poniendo en riesgo ecosistemas y actividades humanas que se desarrollan en las zonas periurbanas de las ciudades. Esto significa que la expansión hacia la franja urbano-rural se ha convertido en una tendencia inevitable y que se encuentra estrechamente relacionada con la dirección del desarrollo urbano, por lo que exhibe una alta dinámica en las grandes urbes a nivel mundial.

En México, el inegi indica que es de 79%, y la Ciudad de México concentra su mayor parte; no es gratuito que sea considerada la quinta ciudad más poblada del mundo, con cerca de 22 millones de habitantes al incluir toda su zona metropolitana. Según el Programa General de Ordenamiento Ecológico de la Ciudad de México que está vigente desde 2000, ésta se divide en “zona urbana” y “suelo de conservación”; la primera con alta densidad poblacional, marcados cambios en los materiales de la superficie y actividades económicas secundarias y terciarias; mientras que la segunda está destinada para la preservación de ecosistemas naturales y actividades agropecuarias. De las 149 430 hectáreas de superficie total que tiene la Ciudad de México, 59% (88 442 ha) es considerado como suelo de conservación (figura 1). Sin embargo, las condiciones sociales y demográficas que propicia la urbanización neoliberal, caracterizada por una alta dinámica de especulación inmobiliaria, ponen en riesgo su preservación así como el conjunto de actividades que allí se desarrollan.

Ante la problemática de expansión urbana, la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural (corenadr) del gobierno de la ciudad ha establecido diversas líneas de canalización de recursos que tienen como objetivo su preservación. “Altépetl bienestar” es un programa creado como instrumento de política para la canalización de recursos en pro de dicho objetivo. Sus componentes actualmente son los siguientes: 1) “Bienestar para el Bosque”, cuyo objetivo es la protección, conservación, preservación y restauración de bosques y recursos naturales; 2) “Sembrando Vida Ciudad de México”, que es la vertiente local del programa federal y busca otorgar ayuda económica y técnica a unidades de producción, tratando de incorporar una visión de producción integral con base en sistemas agroforestales y silvopastoriles; 3) “Bienestar para el campo”, centrado en las actividades agrícolas y agropecuarias sustentables desde la producción hasta la comercialización; 4) “Facilitadores para el cambio”, creado para ofrecer apoyo técnico a las tres vertientes o componentes anteriores; y 5) “Desarrollo de Capacidades para el Bienestar Rural”, dedicado a la profesionalización del personal operativo y administrativo del programa.

Caracterizar y comprender la dinámica de expansión urbana constituye un gran reto; afortunadamente, las técnicas de teledetección han facilitado el análisis de procesos de cambio en el uso de suelo y los recursos naturales que, aplicadas a la caracterización y comprensión de la dinámica de expansión urbana, podrían coadyuvar en el gran reto que constituye la solución a los problemas que detona dicha expansión, como indican Hansen y sus colaboradores. En este sentido, los satélites de la serie Landsat administrados por la United States Geological Survey (usgs) y la nasa han logrado conformar el proyecto de observación satelital con fines de monitoreo de recursos naturales y procesos de cambio terrestre con mayor información captada durante más tiempo (desde 1978), lo cual permite efectuar análisis históricos de cambio en el uso de suelo y su relación con el manejo de recursos naturales.

El trabajo que aquí presentamos tiene como objetivo analizar los usos de suelo en dos periodos de gobierno de la ciudad: el de Miguel Ángel Mancera (que va de 2012 a 2018) y el de Claudia Sheinbaum (de 2018 a 2023), llevando a cabo una clasificación supervisada de imágenes Landsat 8 con el fin de verificar la siguiente hipótesis: que la tasa de expansión urbana varia en cada gobierno en función del enfoque y la valorización que se adjudique a la política ambiental.

El desenvolvimiento de la investigación

Ubicada entre 19°03’ y 19°36’ de latitud norte y 98°57’ y 99° 22’ de longitud oeste, la Ciudad de México tiene una superficie de 149 500 hectáreas, lo que representa apenas 0.1% de la del país, de la cual poco más de la mitad es zona de suelo de conservación; aun así, Velázquez y Romero registraron más de 3 000 especies de flora y fauna en esta última.

Se gestionó información satelital Landsat 8 por medio de la plataforma web de us Geological Service, y se seleccionó una imagen para cada uno de los tres momentos estudiados (2012, 2018 y 2023). Asimismo, en la plataforma del Instituto Nacional de Estadística y Geografía se obtuvo información de altitud y pendiente con base en un modelo digital de elevación con resolución espacial de 30 metros.

Con el propósito de obtener información con menor interferencia a causa del ángulo del Sol o los factores atmosféricos, a partir de la información con números digitales en el momento de la captura de la imagen se aplicó una corrección toa (Top of Image Atmospheric) con el fin de obtener los valores de reflectancia (proceso realizado con el complemento Semi-Automatic Clasification Plugin dentro de qgis 3.16). Asimismo, con el objetivo de incorporar información al modelo y mejorar el proceso de clasificación de los principales usos de suelo que tienen lugar y la vegetación existente en el suelo de conservación, se estimaron algunos índices espectrales.

El punto de partida de dicho proceso fue la creación de una capa multibanda con base en las 11 bandas obtenidas al alinear las capas ráster, ajustadas a una misma resolución y marco espacial. Enseguida, empleando el mapa de uso de suelo y vegetación del Atlas de la Ciudad de México de 2012, así como una imagen satelital de alta resolución Maxsar, con resolución de 30 centímetros, capturada en marzo de 2022, se seleccionaron áreas para efectuar una clasificación supervisada mediante un algoritmo Random Forest (Programa Rstudio). Dicha clasificación se llevó a cabo con base en siete categorías diferentes con la finalidad de conocer las características de uso de suelo en las zonas con mayor expansión urbana; éstas fueron las siguientes: Urbana, Agricultura, Pastizal, Bosque primario, Otras comunidades forestales, Agricultura de riego y Cuerpo de agua, en tres momentos (2012, 2018 y 2023).

La evaluación de la precisión es un paso determinante en la modelación de uso de suelo y vegetación, pues permite identificar la calidad de resultados y la certeza que tendrá el usuario final para la toma de datos a partir de los resultados generados. Se construyó una matriz de confusión para estimar la estadística de Kappa, así como la precisión de usuario y la de productor; se utilizó 20% de los píxeles de entrenamiento para el proceso de validación.

Los resultados obtenidos muestran que la precisión general para la clasificación efectuada fue muy alta, de 89% (cuadro 1). La tendencia general en el periodo de 2018 a 2023 muestra una franca disminución en la expansión urbana en casi todas las alcaldías en comparación con el periodo que va de 2012 a 2018 (figura 2): en Tlalpan se observa una disminución de 86.04 a 47.62 hectáreas por año (ha/año); en Xochimilco de 66.16 a 48.25 ha/año; en Milpa Alta de 33.72 a 24.66 ha/año; en Cuajimalpa de 26.12 a 12.78 ha/año; en Iztapalapa de 5.23 a 2.70 ha/año; y en Álvaro Obregón de 8.13 a 6.37 ha/año. En Magdalena Contreras y Gustavo A. Madero fue tan pequeña la disminución que se puede considerar que hay estabilidad en la tasa anual entre ambos periodos, en la primera bajó de 6.13 a 2.38 ha/año y en la segunda de 3.06 a 0.65 ha/año. La excepción es Tláhuac, en donde hubo un aumento en la tasa de expansión urbana de 35.45 a 45.95 ha/año. 

Análisis de los resultados

La inversión gubernamental destinada a la preservación del suelo de conservación parece tener un efecto de reducción de la expansión urbana. La visión del gobierno de Claudia Sheinbaum (y actualmente Martí Batres) se ha enfocado en la valoración de las actividades que efectúan los habitantes de los núcleos agrarios de dicha zona. Desde 2019 se han invertido 4 100 millones de pesos (aproximadamente 1 000 millones por año) para apoyar a productores, brigadas de conservación forestal, reforestación, atención a incendios y producción agrícola. La cantidad anual invertida contrasta con los 146 millones de pesos en promedio asignado entre 2000 y 2018, reportados por Moreno Unda y Perevochtchikova. Existe, por lo tanto, una relación clara entre los apoyos destinados a los núcleos agrarios ubicados en el suelo de conservación y la preservación de los servicios ambientales que estas zonas prestan al área urbana de la Ciudad de México, lo cual contribuye a minimizar los riesgos naturales y socioeconómicos del cambio climático. Esto significa que la desaceleración de la expansión urbana que se observa en casi todas las delegaciones se debe a que la política ambiental está cumpliendo con la preservación del suelo de conservación. 

En consecuencia, es necesario seguir profundizando y apoyando el desarrollo de una política ambiental enfocada al fortalecimiento de actividades productivas primarias y la preservación de recursos naturales, ya que dichas actividades conllevan beneficios. Tres aspectos principales se destacan: 1) el fortalecimiento de las actividades primarias asociadas a las zonas periurbanas (suelo de conservación) que permiten apuntar a un desarrollo sustentable de la ciudad y contribuyen a la seguridad alimentaria de la región coincidiendo con lo que menciona Olsson; 2) la conservación de ecosistemas que aseguran la provisión de servicios ambientales i.e. regulación de clima, recarga de mantos acuíferos, captura de CO2; y 3) el mantenimiento y la promoción de las actividades agropecuarias y la conservación de ecosistemas con enfoque comunitario y biocultural, lo cual permite la reapropiación por parte de la población originaria de su territorio, haciendo disminuir la especulación inmobiliaria. 

El caso de Tláhuac parece ser distinto, como lo señala Aguilar; allí, el aumento en la tasa de expansión sugiere que la inversión gubernamental como estrategia no es suficiente para contrarrestar la especulación inmobiliaria. 

Conclusiones

Si bien sería necesario que en próximos trabajos se pudiera evaluar las características particulares (topográficas, ecosistémicas y socioeconómicas) para la elaboración de la política pública específica para cada zona, es innegable que la política pública ambiental ejerce una influencia en la dinámica de expansión urbana hacia el suelo de conservación en la Ciudad de México. Específicamente, el programa Altépetl bienestar parece haber tenido un efecto en la desaceleración de la expansión urbana. Sin embargo, dicho proceso no se ha detenido, es decir, la problemática no se ha solucionado por completo; para lograr esto se sugiere la aplicación de una política integral que permita desincentivar la venta de terrenos y la ocupación ilegal en el suelo de conservación, del cual depende la viabilidad de la Ciudad de México.
     
       
Referencias Bibliográficas

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     Vite, M. 2010. “El desarrollo social de la ciudad de México: una visión exploratoria”, en El Cotidiano, núm. 160, pp. 97–110.
     

     
Jorge Alberto Escandón Calderón
Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural,
Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México.
 
Jorge Escandón Calderón es biólogo de la unam con maestrías en Ciencias Fisiológicas (unam) y en manejo de recursos naturales (Ecosur sclc), así como doctorado en Ciencia Política (unam). Actualmente está interesado en la preservación del patrimonio biocultural y las estrategias de adaptación al cambio climático en comunidades periurbanas. Es subdirector de Capacitación para la Sustentabilidad en la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural, sedema-Ciudad de México.

Columba Jazmín López Gutierrez
Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural,
Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México.

Columba Jazmín López Gutierrez es ingeniera agrónoma de la Universidad Autónoma Metropolitana, con diplomado en Administración Pública por el Instituto Tecnológico de Monterrey. Entusiasta promotora de la conservación de recursos naturales y la reconversión agroecológica de sistemas de cultivo del Suelo de Conservación de la Ciudad de México. Actualmente es directora general de la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural, organismo de la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México.

Marcela Rosas Chavoya
Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural,
Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México.

Marcela Rosas Chavoya es bióloga por la Universidad Autónoma Metropolitana. Tiene una maestría en Ciencias Forestales por la Universidad Autónoma Chapingo y un doctorado en Ciencias Forestales en la Universidad Juárez del Estado de Durango. Se especializa en el análisis de información capturada con sensores remotos y análisis geoespacial con aplicación al monitoreo de recursos naturales. Es autora de artículos científicos publicados en revistas nacionales e internacionales.
     

     
       

 

 

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Basura sin fin: un testimonio
Un trabajador de limpia de la Ciudad de México
 
                     
Cada vez que se construye una nueva torre,
edificios grandes, en alguna colonia de la ciudad, se habla del problema del agua, del tráfico, la contaminación que habrá, pero nadie dice la cantidad de basura que eso produce. Para nosotros es casi un camión extra al día, gente que trabaje, que separe; acarrear y volver a regresar a veces por la tremenda cantidad que de ahí sale; y luego adónde se lleva todo eso, pues hay tiraderos llenísimos. Nosotros no contamos con todos esos recursos, al final en el camión trabaja gente sin contrato y su paga es la parte que recibe de lo que se vende para reciclar o usar.”
     

     

     
Un trabajador de limpia de la Ciudad de México

     

     
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Dispersión planetaria
de los plásticos de
un solo uso
141B04   
 
 
 
Salvador Reynoso, Nancy Vega y Harry Alvarez  
                     
En la actualidad el uso del plástico en la vida cotidiana
es tal que no existe casi ningún lugar sin un objeto hecho total o parcialmente de este material. No obstante, cabe señalar que fue hasta la década de los cincuentas cuando comenzó una producción masiva de plástico, con un promedio de 1.5 millones de toneladas anuales, incrementando con el tiempo su uso debido a las múltiples utilidades que se le encontraron y llegando en la actualidad, de acuerdo con el sitio web Plastics Europe, a cerca de 367 millones de toneladas anuales, es decir más de 240% de lo que se producía hace setenta años.

Sus propiedades fisicoquímicas y su alta resistencia a la degradación permiten que el plástico sea utilizado en diversas industrias como la automotriz, farmacéutica, tecnológica e incluso en la elaboración de prótesis. Sin embargo, el material del que están hechas las botellas de agua o refrescos no es necesariamente el mismo con el que están elaborados los artículos para la cocina o las llantas de los automóviles y otros productos; es decir, la composición química del plástico puede variar dependiendo de la utilidad que se le dé, de la temperatura que soportará, de su dureza e incluso de su interacción con el agua o el aire. Entre los compuestos plásticos más utilizados se encuentran el pet (tereftalato de polietileno), el hdpe (polietileno de alta densidad) y el pvc (policloruro de vinilo), los cuales pueden tener distintos usos, que van desde la elaboración de botellas de plástico, como el pet, hasta la fabricación de instalaciones hidráulicas con pvc.

De manera común, la mayor parte del plástico es de un solo uso, es decir, sólo se utiliza para contener el producto que se va a consumir y se desecha; si bien es cierto que existen productos plásticos que se utilizan durante un lapso mayor, la realidad es que son los menos y, finalmente, sin importar el tiempo de uso, su destino será casi siempre el mismo: convertirse en basura.

Como la gran mayoría de los plásticos que se emplean hoy día tienen un proceso de degradación lento, y dada su producción masiva y los malos procesos de manejo de desecho, se han desencadenado problemas ambientales como la pérdida de la biodiversidad o los asociados con su acumulación, formando islas de plástico –tanto de macroplásticos como de microplásticos– en los océanos Pacífico y Atlántico, en el Mar Mediterráneo y de Cortés y otros más.

De acuerdo con su tamaño, los plásticos se pueden clasificar en macroplásticos (mayores de 25 milímetros), mesoplásticos (de 5 a 25 milímetros), microplásticos (de 5 milímetros a 100 nanómetros) y nanoplásticos (menores de 100 nanómetros). Los microplásticos, de acuerdo con su origen, se denominan primarios y secundarios: los primeros son aquellos fabricados a ese tamaño con fines industriales, cosméticos, entre otros, como las perlas de poliestireno con las que se rellenan algunos peluches y los maquillajes en polvo; los segundos son producto de la degradación física, química y biológica que sufren los plásticos de tamaño mayor, como botellas, bolsas y llantas de vehículos, por mencionar algunos.

Debido a su tamaño, los microplásticos son fáciles de transportar, tanto por el viento como por las corrientes oceánicas, depositándose en el arena de las costas y las calles de las grandes ciudades, llegando así a cubrir prácticamente la totalidad de la superficie terrestre. 

En los últimos años se ha llevado a cabo un gran número de estudios para detectar microplásticos en ambientes marinos, donde se ha determinado que su abundancia en los océanos varía según la ubicación. Se ha reportado su presencia en el Océano Atlántico en concentraciones de 1.15 (1.45) microplásticos por metro cúbico (mp/m3), en el Océano Pacífico nororiental de 279 (178) mp/m3, en el Océano Ártico de 0.34 (0.31) mp/m3, en el Mar de China Meridional de 2 569 (1 770) mp/m3 y en el Mar de Ross, en Antártida, de 0.17 (0.34) mp/m3.

Por otro lado, se incorporan con facilidad a la atmósfera y, al ser transportados por el viento, pueden recorrer distancias de hasta 95 kilómetros y tener un impacto importante en la calidad del aire de sitios lejanos a la fuente de origen; estudios recientes han demostrado su presencia en la atmósfera de Shanghái, China, en concentraciones de 4.18 mp/m3, en París (Francia) oscilando entre 0.30 y 1.50 mp/m3, por mencionar algunos casos.

Los microplásticos no sólo se encuentran en el aire y el agua, también han sido encontrados en productos comestibles como el atún, la leche, la cerveza y la miel, entre otros, lo cual muestra la importancia de su estudio debido a que pueden contener en su superficie sustancias tóxicas que alteren la salud de los seres vivos, ya sea por ingestión directa e indirecta o por inhalación. Entre los principales efectos en la salud humana se encuentran alteraciones al sistema digestivo, respiratorio y nervioso central. Aunque las afectaciones a la salud humana son de gran interés para la población global, también se pueden ver perjudicados otros organismos, ya que el tamaño de los fragmentos plásticos tan variable hace que sean de fácil ingestión para la fauna marina y terrestre e incluso, al encontrarse en el sustrato terrestre, se pueden incorporar en la estructura de algunas plantas.

Ante la problemática ambiental causada por los microplásticos resulta indispensable ampliar los estudios sobre su presencia en las diferentes matrices ambientales a nivel mundial. En México se han identificado y cuantificado diferentes tipos de microplásticos en la arena de las zonas costeras, en las aguas subterráneas de Yucatán y en algunos otros cuerpos de agua; sin embargo, es necesario profundizar en el conocimiento de su composición química y concentración en otros cuerpos de agua, en el aire y el suelo. En la actualidad sólo existe un estudio en el país centrado en su presencia en la atmósfera, y se obtuvieron concentraciones de 0.205 mp/m3 y 0.110 mp/m3 en material particulado pm10 y pm2.5, respectivamente.

Así, sería deseable un aumento en las investigaciones sobre microplásticos con el fin de poder abordar otros aspectos de relevancia, como la implementación de normas y métodos de muestreo similares a los empleados para contaminantes del aire, que se monitorean continuamente, ya que, al igual que estos últimos, poco a poco los fragmentos plásticos se están convirtiendo en una amenaza ambiental dada su abundancia y sus efectos en la salud pública.
     

Referencias bibliográficas


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Salvador Reynoso
Profesor de asignatura A y Estudiante de Posgrado
en Ciencias de la Tierra, Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.


Nancy Vega
Estudiante de Posgrado en Ciencias de la Tierra,
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.


Harry Alvarez
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     

     
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Ramón Bedolla Solano,Lilian Blanck de Oliveira
y Mar
ía Laura Sampedro Rosas
     
               
               
Existe una crisis ambiental a nivel mundial que involucra
a la sociedad civil, los gobiernos y las instituciones educativas, principalmente las universidades. La cultura ambiental es escasa en muchos individuos. Organismos internacionales han atendido el cuidado y la preservación del ambiente convocando reuniones y cumbres desde mediados del siglo pasado hasta la actualidad; sin embargo, no se han obtenido los resultados esperados. Los resolutivos de las reuniones de los organismos internacionales han concluido que la educación es una de las estrategias más eficaces para promover cambios de actitudes y aptitudes en las personas. Desde entonces se ha experimentado un recorrido por distintos escenarios de discusión y análisis, resultando en “la conceptualización actual de la educación ambiental como estrategia indispensable para alcanzar los cambios culturales y sociales necesarios para el logro de la preservación del ambiente”.

La educación es importante en diversos campos, sobre todo en las ciencias ambientales. La unesco-Pnuma, afirma que la educación no formal debe desempeñar también un papel importante. No obstante, la educación ambiental necesita integrarse dentro del sistema de la enseñanza formal en todos los niveles a fin de inculcar los conocimientos, la comprensión, los valores y las aptitudes necesarios para el público en general y grupos de profesionales y así facilitar su participación en la búsqueda de soluciones a los problemas ambientales.

Los planes de estudios universitarios deben integrar decisivamente la dimensión ambiental. La declaración adoptada por las universidades del mundo en la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior de la unesco en 1998 establece lo siguiente: “la pertinencia de la educación superior debe evaluarse en función de la adecuación entre lo que la sociedad espera de las instituciones y lo que éstas hacen; en particular, el respeto de las culturas y la protección del ambiente. Si bien en la actualidad se menciona incluir la dimensión ambiental en los planes de estudio, lo cual establece claramente la integración de la dimensión ambiental en los “escenarios escolares”, se debe tomar en cuenta que la educación posibilita un proceso social sobre el cual se encaminan los fines de la educación ambiental. Por ello, la propuesta de la unesco incluía como necesidades de la educación ambiental reconocer valores, aclarar conceptos y fomentar actitudes y aptitudes. 

Es decir, el profesorado debe adquirir competencias ambientales y los estudiantes deben estar preparados para promover y a la vez integrar competencias ambientales a las de su formación. Esto significa que “incluir la dimensión ambiental supone la inclusión de asignaturas sociales en carreras de perfil técnico”. Una de las propuestas para la incorporación de la dimensión ambiental en las universidades o en la educación en general son los ejes transversales; éstos se definen como “complementos de la educación” y son planteados por las situaciones problemáticas que afectan a nuestra sociedad en general, ya que el tema ético es fundamental y debe estar presente en todos los componentes de un proyecto educativo institucional. “Incluir la dimensión ambiental en la escuela implica permear todas las áreas del conocimiento”.

Las nuevas tendencias en educación sostienen que la educación ambiental no debe comprenderse como materia solamente, sino como proceso que sirve de intermediario para lograr la sustentabilidad que se requiere. Por tal motivo, “la educación ambiental nace inicialmente con el contacto con la naturaleza en los años setentas y muy pronto amplía su campo de acción hacia otros problemas ambientales, incluyendo los socioeconómicos”. De esta manera, la educación ambiental debe constituir un proceso integral, donde “juega su papel en todo el entramado de la enseñanza y el aprendizaje”. Es necesario contar con nuevas estrategias educativas para entender y mitigar desde diversos puntos de vista el deterioro ambiental de nuestro tiempo. “La educación ambiental es la herramienta elemental para que todas las personas adquieran conciencia de la importancia de preservar su entorno”.

Un estudio de caso

Nuestra investigación inició con un diagnóstico del plan de estudios del curso de la licenciatura en biología de la Universidad Regional de Blumenau (furb) para determinar su dimensión ambiental, es decir conocer las tareas que se aplican en el programa en relación con dicha dimensión. La metodología se basó en un enfoque mixto, esto es, por un lado se efectu el análisis de algunos documentos oficiales del gobierno de Brasil y de la furb que enfatizan la necesidad de integrar la educación ambiental en la educación básica y superior de este país y, por otro, se aplicaron cuestionarios de opinión a docentes y estudiantes.

Una investigación similar a ésta arrojó que la dimensión ambiental no está incluida en un programa educativo universitario. El proyecto se denomina “La inclusión de la dimensión ambiental en el currículo del programa de biología de la Universidad de Tolima” en Colombia, su objetivo fue: “determinar los factores curriculares del programa de biología de la Universidad del Tolima y su relación en la formación ambiental de los futuros profesionales en Biología”. Sus resultados muestran que el componente ambiental no está incluido dentro del programa de Biología de la Universidad de Tolima.

En nuestro caso se analizó la comprensión de la inclusión de la educación ambiental en el plan de estudios y la importancia que refieren los actores del proceso educativo en el curso de la licenciatura en Biología de esta universidad brasileña ubicada en Blumenau, Santa Catarina, a una distancia de 130 km de la capital de Florianópolis. Se centró  en el curso de licenciatura en Ciencias Biológicas enfocado en formar profesores para la docencia en este campo, el cual cuenta con aproximadamente 35 profesores. Es importante mencionar que algunos de ellos laboran en el curso de bachillerato en Ciencias Biológicas. El programa de licenciatura cuenta con una matrícula de 86 alumnos. Los datos de la planta académica y de estudiantes fueron proporcionados por la coordinadora de esta especialidad. 

La metodología comprendida abarcó técnicas e instrumentos cualitativos y cuantitativos. Los diseños mixtos representan el grado más alto de combinación o integración de los enfoques cualitativo y cuantitativo. Es una investigación descriptiva, empleando la observación y la medición de sus elementos. La información nos proporciona un análisis descriptivo. Se considera un estudio documental porque se revisaron algunos documentos que fortalecen el trabajo. Concerniente a las técnicas aplicadas, se analizó la Resolución núm.2, del 15 de junio de 2012 de las Directrices curriculares nacionales para la educación ambiental del Ministerio de Educación del Consejo Nacional de Educación de Brasil que establece las Directrices curriculares nacionales en materia de educación ambiental. Asimismo, se analizó la Resolución 053/2014/Rectoría de la Universidad Regional de Blumenau que establece las Directrices nacionales para la educación ambiental en la furb y su plan de estudios del curso de licenciatura en Ciencias Biológicas para identificar cómo está incorporado el elemento medio ambiental. Posteriormente se tuvo una conversación con la coordinadora de la licenciatura, así como con un profesor de esta especialidad, para determinar cómo se percibe y cómo se implementa lo ambiental en el plan de estudios. Por último, se aplicó un cuestionario de opinión a profesores y estudiantes para conocer cómo se percibe la problemática.

Los documentos

En la "Resolución núm. 2, 15 de junio de 2012. Directrices Curriculares Nacionales para la Educación Ambiental", el presidente del Consejo Nacional de Educación (de conformidad con lo dispuesto en la ley núm. 4.024, del 20 de diciembre de 1961, con la letra c) del apartado 1 y la letra c) del apartado 2, la redacción dada por la ley núm. 9.131, del 24 de noviembre de 1995, y en los artículos 22 al 57 de la ley núm. 9.394, del 20 de diciembre de 1996, y con base en el dictamen cne/cp nº 14/2012, homologado por el despacho del Ministro de Educación, publicado en el dou del 15 de junio de 2012) establece las Directrices curriculares nacionales para la educación ambiental considerando la Constitución Federal (de 1988, inciso vi, artículo 225 que determina que el poder público debe promover la educación ambiental en todos los niveles de enseñanza). 

En el artículo 1 de esta resolución se estipula que las Directrices curriculares nacionales para la educación ambiental serán de observancia para los sistemas de enseñanza y sus instituciones de educación básica y de educación superior. El título III hace referencia a la organización curricular, y específicamente el artículo 16 menciona que la inserción de conocimientos concernientes a la educación ambiental en los planes de estudio de educación básica o de educación superior se puede dar por medio de la transversalidad.

Esta resolución establece asimismo que las Directrices curriculares nacionales para la educación ambiental son el sustento legal para que toda institución que imparta educación en Brasil la implemente en su currícula.

La Universidad Regional de Blumenau ha considerado este documento para insertar la educación ambiental en sus prácticas educativas. De acuerdo con la Resolución 053/2014, presentada por el rector el 13 de octubre de 2014, se manifiesta que en esta universidad se establece una política de desarrollo permanente y articulada de temas transversales denominada patt, ello por acuerdo de la deliberación del consejo de enseñanza, investigación y extensión, procedimiento núm. 123/2014, tomado de su sesión plenaria del 7 de octubre de 2014. Este acuerdo consideró lo estipulado en la ley núm. 10639/ 2003 que se incluye en el currículo oficial de la red de enseñanza, la obligatoriedad de la temática “Historia y cultura afro-brasileira”; con la resolución, cne/cp núm. 1, del 17 de junio de 2004, que establece las Directrices nacionales para una educación de las relaciones étnicas y raciales, y la enseñanza de la historia y cultura afro-brasileña y africana. Se establecen las Directrices nacionales para educación en derechos humanos; con la Resolución cee/sc núm. 174, de 22 de octubre de 2013 y las Directrices nacionales para la educación ambiental, así como el Plan de desarrollo institucional de la universidad.

De acuerdo con la resolución emitida por la furb para incluir temas transversales en su currículo oficial se aprecia que, al igual que otras temáticas, la educación ambiental es tomada en cuenta en esta universidad; esto indica que la educación que se imparte tiene relación con el contexto. Después de analizar el plan de estudios de la licenciatura en Ciencias Biológicas de septiembre de 2012, perteneciente al Centro de Ciencias Biológicas y Naturales, se describe lo siguiente: en la Universidad Regional de Blumenau se imparte el área de biología, es decir, hay una facultad que forma especialistas en este campo, sin embargo, ésta tiene dos áreas que la integran, nos referimos al curso de licenciatura en Biología y al de Ciencias Biológicas. 

El primer programa se enfoca en formar licenciados en el área de las ciencias biológicas para desempeñarse en el campo educativo y el segundo se enfoca en formar profesionistas en este campo para desempeñarse en la investigación. El documento del curso de licenciatura en Biología tiene un total de 24 cuartillas, su índice contempla como primer elemento la misión y visión, y segundo la contextualización; en el tercero los objetivos del programa y los perfiles de los docentes, así como su organización, los planes de enseñanza, la evaluación de los aprendizajes y la implementación curricular; el cuarto plantea la formación continua de los docentes y estudiantes; y el quinto presenta la evaluación del proyecto pedagógico. 

En conclusión, el plan de estudios de la licenciatura en Ciencias Biológicas sí incorpora la materia de medio ambiente, ya que se encuentra en las Actividades académicas científico-culturales, donde se estipula la consideración de las resoluciones mec cne 01/2004, 01/2012 y 02/2012, que establecen las Directrices nacionales para la educación ambiental.

Los cuestionarios

Para conocer la opinión de los estudiantes de la licenciatura en Biología  se aplicó un cuestionario con 34 enunciados agrupados en cinco dimensiones: conocimiento general de la problemática ambiental, percepción ambiental en el plan de estudios, implementación didáctica-pedagógica ambiental, competencias ambientales de profesores y competencias ambientales de estudiantes. Las respuestas daban las siguientes opciones: totalmente de acuerdo (5), de acuerdo (4), moderadamente de acuerdo (3), en desacuerdo (2), totalmente en desacuerdo (1). Se aplicó a 37 estudiantes de distintos semestres: tercero, cuarto, quinto, sexto, séptimo, octavo y noveno, y de los cuales 20 son mujeres y 17 hombres; una vez hecho el análisis del resumen de datos sobre el cuestionario de opinión se puede afirmar que en mayor escala tienen los conocimientos generales acerca de la problemática ambiental.

Está claro que los estudiantes tienen que desarrollar un sentido crítico, analítico y responsable que permita promover el respeto por la naturaleza y generar propuestas de cambio o solución al problema del medio ambiente del cual el ser humano ha sido responsable directo. La implementación de estrategias didácticas y pedagógicas al respecto también es perceptible en los resultados.

En cuanto a los profesores de la licenciatura en Biología se aplicó un cuestionario de opinión con 32 enunciados agrupados en cinco dimensiones: conocimiento general de la problemática ambiental, percepción ambiental en el plan de estudios, implementación didáctica-pedagógica ambiental, competencias ambientales de profesores y competencias ambientales de estudiantes. Las opciones de respuesta fueron: totalmente de acuerdo (5), de acuerdo (4), moderadamente de acuerdo (3), en desacuerdo (2), totalmente en desacuerdo (1).

Este cuestionario de opinión se aplicó a diez profesores del curso de licenciatura en Biología de la furb de los cuales seis son mujeres y cuatro hombres, cinco de los entrevistados tienen más de 16 años como docentes, tres están dentro del rango de seis a diez años y solamente dos tienen de uno a cinco años de docencia. En las respuestas se aprecia que cuentan con conocimientos generales acerca de la problemática ambiental y la perciben como un problema derivado de causas humanas, lo cual genera consecuencias que afectan a la sostenibilidad de la sociedad. Esto puede repercutir de manera positiva a la hora de implementar sus conocimientos en relación con el tema ambiental. Por lo que respecta al plan de estudios podemos decir que sí se percibe la integración del elemento medio ambiente en el plan de estudios. Asimismo, podemos darnos cuenta de que las competencias del docente corresponden al currículo, lo cual permite promover en el estudiante el interés por desarrollar sus propias competencias sobre la problemática. Después de organizar las respuestas del cuestionario de opinión en una escala de frecuencias del 0 al 100% por dimensiones (ver tabla 1) se presentan porcentualmente los resultados obtenidos (E=estudiantes, D=docentes). Cabe aclarar que, aunque las dimensiones del instrumento fueron similares, las preguntas para estudiantes y docentes se diseñaron de acuerdo al papel que desempeñan en el proceso de aprendizaje, esto se constata en el análisis cualitativo ya presentado.

La inclusión de lo ambiental

Los resultados de esta investigación evidencian que en la licenciatura en Biología, la dimensión ambiental, y por ello la educación ambiental, están incorporadas disciplinar y transversalmente. Esta afirmación se fortalece con lo estipulado y analizado en los documentos oficiales revisados, como las Directrices curriculares nacionales para la educación ambiental del Consejo Nacional de Educación de Brasil, y el documento de la Universidad Regional de Blumenau, Resolución 053/ 2014/Rectoría, que establece de común acuerdo la incorporación de las mismas. Es importante comentar que las disposiciones que reglamentan legalmente la incorporación de educación ambiental se han tomado en cuenta.

Las respuestas mostraron que tanto profesores como estudiantes perciben la problemática ambiental que se vive a nivel mundial, en la región y en el contexto local. Los resultados de este estudio marcan la pauta para asegurar que en otros programas educativos de esta universidad la educación ambiental se hace presente. Esta investigación se diferencia por completo de los resultados de la investigación realizada por Pérez en Colombia, en la que se identificó que lo ambiental no está incluido en el programa educativo.

Es de suma importancia vincular las tareas de la universidad con las exigencias sociales. Una de ellas es atender las problemáticas ambientales que impactan negativamente en varios aspectos sociales como la pobreza, la educación, la salud, entre otros. La educación ambiental es un medio para lograr la sustentabilidad. Las universidades, por indicaciones y recomendaciones de organismos internacionales y otros entes preocupados, deben integrar en sus planes de estudio la dimensión ambiental para desarrollar procesos que busquen hacer conscientes a las personas a fin de intervenir y actuar en la preservación del medio ambiente. Implementar la educación ambiental en el currículo universitario implica contribuir de una forma u otra en el desarrollo sustentable de un país o una región.

Las universidades deben estar preparadas para integrar lo ambiental en los currículos, los profesores deben desarrollar habilidades y estrategias en este campo de modo que le permita a los estudiantes, a su vez, promover competencias en ese mismo ámbito y adecuarlas a su campo de formación. La integración en sus propuestas curriculares se puede efectuar en sus disciplinas de manera transversal.

El curso investigado refleja la integración de la educación ambiental favorablemente, lo que a su vez promueve procesos educativos que contribuyen a salvaguardar el entorno en lo social, cultural, político y natural.
     
       
Referencias Bibliográficas

Alcántara, M. y H. Bourrut. 2006. “Educación ambiental, biodiversidad, Espacios Naturales y naturaleza”, en Eduacación Ambiental, Biodiversidad, Espacios Naturales y Naturaleza. Alcántara, M. y H. Bourrut (comps.). Gobierno de Aragón, Aragón. pp. 1-4.
     conam. 2007. Educación Ambiental como tema transversal. Manual para trabajar en la programación de aula. Consejo Nacional de Ambiente, Lima.
     Guillén, F. C. 2004. “Educación, medio ambiente y desarrollo sostenible”, en Revista Iberoamericana de Educación, núm. 11, pp. 103-110.
     Hernández, R., C. Fernández y P. Baptista. 2003. Metodología de la investigación. McGraw Hill, Cd. de México.
     Hernández, L., M. Carrillo, C. Charpentier, O. Brenes, J.  García, A. Mata, C. Zuñiga y E. Arnáez. 2006. “La dimensión ambiental en el currículo universitario: Un proceso de cambio en la formación profesional”, en Actualidades Investigativas en Educación, vol. 6, núm. 1, pp. 1-23.
     Lafuente, I. C. y A. Marín. 2008. “Metodologías de la investigación en las ciencias sociales: Fases, fuentes y selección de técnicas”, en Revista Escuela de Administración de Negocios, núm. 64, pp. 5-18.
     Martínez, Roger. 2010. “La importancia de la educación ambiental ante la problemática actual”, en Revista Electrónica Educare, vol. XIV, núm. 1, pp. 97-111.
     Pérez, C. 2015. La inclusión de la dimensión ambiental en el Currículo del Programa de Biología del Programa de Biología de la Universidad del Tolima. Tesis de magister en educación. Universidad Militar Nueva Granada.
     

     
Ramón Bedolla Solano
Universidad Autónoma de Guerrero.

Obtuvo el grado en Educación en la Escuela Justo Sierra, Acapulco, con una tesis sobre estrategia metodológica de dramatización de contenidos educativos en el 2005. Realizó su doctorado en Desarrollo Regional en la Universidad Autónoma de Guerrero obteniendo el grado en el 2011. En el 2015, realizó una estancia académica en la Universidad Metropolitana Nelson Mandela, Sudáfrica. Es profesor-investigador en el doctorado en Ciencias Ambientales inscrito en el pnpc y su lgac es educación y sustentabilidad. sni (c), 2014-2016.

Lilian Blanck de Oliveira
Universidad Regional de Blumenau, Brasil.
 

Obtuvo el grado de Pedagogía por la Fundación Educativa Regional Jaraguaense y doctorado en Teología por la Escuela Superior de Teología, área: Educación y Religión, es profesora del posgrado en Desarrollo Regional de la Fundación Universidad Regional de Blumenau, Brasil. Es líder del Grupo de Investigación: Ethos, Alteridad y Desarrollo. Tiene experiencia en el área de sociedad, culturas, educación y religión y desarrolla los temas: diversidades histórico-culturales, territorio y derechos humanos, currículo, desarrollo, formación de profesores, entre otros.


María Laura Sampedro Rosas
Universidad Autónoma de Guerrero.


Obtuvo el doctorado de fitopatología en el Instituto Pasteur, en París, Francia, con la tesis “Laboratorio de Control Biológico Contra los Insectos” en 1982. En el 2014, realizó una estancia académica en la Universidad de Arizona. Es profesora-investigadora en el doctorado en Ciencias Ambientales inscrito en el pnpc y su lgac es saberes ambientales y evaluación y manejo sustentable de los recursos naturales. Cuenta con el reconocimiento al perfil deseable y sni i.
     

     
       

 

 

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Laura Saldívar Tanaka      
               
               
Hace aproximadamente veinte años que en México
se utiliza masivamente la telefonía móvil, también conocida como inalámbrica o celular; tecnología que se usa mundialmente en forma exponencial con nuevas generaciones cada tantos años: 1G, de 1970 a 1980, a una velocidad de 2 kbps, con la que funcionaban bípers y celulares analógicos sólo de voz; 2G, de 1990 a 2004, a 64 kbps, cuando lo digital entra en escena, empleando voz y texto (sms); 3G, de 2004 a 2010, sube a 2 Mbps de velocidad, con edge, voz, texto y datos; 4G, que sigue funcionando hasta hoy, a 1 Gbps, usando 700 MHz a 3 GHz, wifi (6 GHz), lte y banda ancha; y 5G, la quinta generación, con una velocidad de más de 1 Gbps, cobertura total, 3 000 frecuencias de microondas asignadas en rangos entre 700 MHz, 3.6 y 26 GHz.

Las tecnologías inalámbricas funcionan gracias a que la información viaja por el espacio aéreo en forma de radio frecuencias. Así, sin poder verlos ni tocarlos, todos los seres vivos estamos expuestos a diario a radiaciones y campos electromagnéticos. La sociedad humana genera tal diversidad y cantidad de dichos campos y frecuencias que su presencia a modo de contaminante se reconoce como “contaminación electromagnética”. Existen cuatro tipos de campos electromagnéticos y radiofrecuencias no ionizantes: 1) campos magnéticos y eléctricos de extrema baja frecuencia, emitidos por aparatos eléctricos y líneas de electricidad; 2) campos electromagnéticos intermedios de frecuencias bajas y muy bajas, emitidos por pantallas, sistemas de seguridad y otros aparatos eléctricos; 3) radiofrecuencias emitidas principalmente por teléfonos móviles y otros dispositivos inalámbricos (wifi y bluetooth), hornos de microondas, medidores digitales de electricidad, torres y antenas de telefonía celular, y de trasmisión de radio y televisión; y 4) electricidad sucia o corriente parásita que es emitida por las instalaciones eléctricas a manera de fuga.

A estas formas de contaminación electromagnética se les puede sumar la energía estática que se genera de la fricción. En suma, alcanzan valores muy altos, mucho mayores a los que existían en forma natural antes del despliegue de la telefonía celular, las telecomunicaciones o incluso la electrificación a finales del siglo xix (figura 1).

En 2017 la maestra Mercedes Cabañas, del Instituto Politécnico Nacional, refería que existe una gran diferencia entre los campos electromagnéticos (cem) de origen natural y los antropogénicos; los primeros tienen una intensidad de campo magnético de entre 30 y 70 microteslas (µT) o bien una densidad de potencia de entre 0.0000005 – 0.00005 de µW/cm2 en promedio. Sin embargo, el límite permitido por la Comisión Internacional sobre Protección frente a Radiaciones No Ionizantes (icnirp, por sus siglas en inglés) para campos electromagnéticos artificiales es de 1 000 µW/cm2, sobrepasando por mucho los valores con los que la vida ha evolucionado en la Tierra (ver figura 2).

Por su parte, en 2018 los científicos Priyanka Bandara y David Carpenter mostraban que, dado el crecimiento exponencial de las tecnologías inalámbricas, los niveles de exposición a las radiaciones de radiofrecuencia alrededor de la banda de 1 GHz han aumentado de niveles naturales extremadamente bajos a niveles de 18 potencias mayores, como se aprecia en la figura 2 de su autoría.

Desde la perspectiva de la física, los campos electromagnéticos y las radiofrecuencias no ionizantes, no tienen suficiente energía para separar los electrones de su órbita. No obstante, desde el punto de vista fisiológico pueden penetrar los tejidos de seres vivos a distintas profundidades dependiendo de las frecuencias, potencia, densidad de los tejidos en cuestión y otros parámetros, lo cual los vuelve potencialmente peligrosos. Todo ser humano, excepto quizás aquel que vive en lugares muy remotos y aislados, está expuesto cotidianamente a la radiación electromagnética no ionizante de origen antropogénico que interactúa con otros tipos de contaminantes químicos —agroquímicos, fármacos—, biológicos, sonoros, visuales, entre otros; de forma aditiva, sinérgica, potenciadora o antagónica.

Frank Clegg, ex presidente de Microsoft Canadá, señala que este tipo de transmisión de señales así como sus tecnologías fueron diseñadas para ser convenientes y costo-efectivas, de modo que se adoptaron masivamente sin que existieran suficientes estudios confiables sobre sus posibles efectos en la salud humana y el ambiente. Mucho menos se evaluaron las implicaciones sociales, culturales y éticas que el uso de estas tecnologías pueden tener, dejando en manos de los sectores de telecomunicaciones y comercial las decisiones técnicas para su adopción. Lo que sí se tenía claro eran las ganancias económicas que obtendrían.

Ante ello, miles de personas, científicos e investigadores, muchos de ellos expertos en salud, toxicología y fisiología, ciudadanos, ambientalistas y consumidores han expresado su preocupación por el despliegue sin control de estas tecnologías que emiten radiaciones de radiofrecuencia. Entre 2000 y 2022 se han registrado 109 peticiones y pronunciamientos. A partir de1998 se han celebrado reuniones de expertos para discutir acerca de sus posibles efectos biológicos, de entonces data la Vienna EMF-Resolution.

El consenso de la mayoría es que: 1) los resultados de estudios in vitro e in vivo y algunos epidemiológicos demuestran que los campos electromagnéticos, incluidas las radiaciones de radiofrecuencia, provocan efectos fisiológicos y ciertos son dañinos para la salud; 2) los límites establecidos por la icnirp en 1998 y revisados en 2020 no son seguros, en especial para los infantes, las mujeres embarazadas y ciertas poblaciones vulnerables; 3) la evidencia científica disponible es suficiente para justificar la implementación de medidas preventivas basadas en el principio de precaución; y 4) existen muchas lagunas de conocimiento e ignorancia, por lo que es necesario llevar a cabo más investigación asegurando que ésta sea independiente.

Evidencia de daños a la salud

La telefonía celular se ha publicitado, autorizado y vendido como inocua para la salud humana. Sin embargo, un número considerable de estudios muestra que no es inofensiva y que la radiación electromagnética no ionizante de los dispositivos móviles puede tener efectos cancerígenos, genotóxicos, mutagénicos, teratogénicos, neurodegenerativos entre otros, al alterar mecanismos fisiológicos y metabólicos vitales de tal forma que puede modificar estructuras celulares como el adn, membranas, mitocondrias y cloroplastos.

En 2011 la Agencia Internacional de Investigación en Cáncer (iarc, por sus siglas en inglés) de la Organización Mundial de la Salud (oms) puso en la categoría 2B: “posible cancerígeno humano” a las radiaciones de los teléfonos móviles y otros aparatos que emiten radiaciones electromagnéticas no ionizantes similares. Asimismo, sugirió realizar más estudios y tomar medidas para reducir la exposición a dichas radiaciones. En aquella ocasión la evidencia disponible fue principalmente resultado de estudios europeos –el de Reflex (2000-2004) e Interphone (2010), entre otros–, e informes como Stewart (2000) del Reino Unido y BioIniciative (2007) en su primera edición.

Ese mismo año, el director ejecutivo de la Agencia Ambiental Europea (eea, por sus siglas en inglés) señalaba que bajo las sospechas de que los teléfonos móviles causan cáncer y para proteger la salud pública, en particular la de la infancia, era necesario tomar acciones siguiendo el principio de precaución. Sin embargo, a pesar de la nueva y numerosa evidencia científica y las recomendaciones, la oms no realizó más estudios ni actualizaciones. Por ejemplo, las investigaciones publicadas en 2018 de entidades especializadas, como el National Toxicology Program de Estados Unidos y el Instituto Ramazzini de Italia, encontraron que las radiaciones de radiofrecuencia tienen efectos térmicos y cancerígenos en ratas y ratones. Con esta nueva información, expertos en salud, toxicología ambiental, biología y biofísica consideran que las radiaciones de radiofrecuancia (rrf) de los teléfonos celulares deberían de estar no sólo en la categoría 1: “cancerígeno humano” de la iarc, sino en las listas de otros precursores de enfermedades. Cabe citar lo que la iarc escribió en 2022 respecto de la categoría 1: “esta categoría se utiliza cuando existen pruebas suficientes de carcinogenicidad en humanos. Excepcionalmente, un agente puede incluirse en esta categoría cuando las pruebas de carcinogenicidad en humanos no son suficientes, pero existe un cúmulo de pruebas de carcinogenicidad en animales de experimentación y pruebas sólidas en humanos expuestos de que el agente actúa a través de un mecanismo relevante de carcinogenicidad”.

Once años después de la primera clasificación, el grupo asesor de la iarc recomendó etiquetar a las radiaciones electromagnéticas no ionizantes como “alta prioridad” en el trabajo de revisión de agentes cancerígenos, en particular, en cuanto a riesgos de cáncer en las frecuencias entre 700–2200 MHz.

Aspectos nocivos de estas radiaciones pueden incluir: efectos en fetos y neonatos; en infantes autismo, trastorno por déficit de atención con hiperactividad y asma; en adultos desarrollo de tumores cerebrales, en próstata, recto y senos; daños al sistema linfático e inmunológico; alteración del metabolismo, del ritmo cardiaco y enfermedades cardiovasculares; alteraciones en el desarrollo de células madre, daños al adn, genético; problemas reproductivos como alteraciones en la función y calidad de los espermatozoides y abortos involuntarios; obesidad, diabetes y alergias; daños neurológicos y al sistema límbico del cerebro y otras enfermedades relacionadas con los neurotransmisores como déficits de aprendizaje y memoria, deterioro cognitivo a manera de Alzheimer, Parkinson y enfermedad de Lou Gehrig. Eventualmente hay individuos que desarrollan hipersensibilidad electromagnética (hse) también llamada Síndrome de microondas. La hse es una afección multisistémica caracterizada por síntomas físicos como cefaleas, trastornos del sueño, mareos, palpitaciones, erupciones cutáneas y múltiples alteraciones sensoriales. En las bases de datos de BioIniciative y Oceania Radiofrequency Scientific Advisory Association se documentan varios de estos padecimientos.

Las afectaciones varían dependiendo de la potencia, tipo de frecuencia, el tiempo de exposición y la distancia del emisor, pero en términos generales se sabe que fomentan la producción de radicales libres y por lo tanto estrés oxidativo con efectos a nivel celular. Asimismo, si consideramos que el adn funciona como una antena, dicha radiación estaría afectando la capacidad de recibir y retransmitir señales biológicas, aspecto ampliamente señalado por Martin Pall y otros investigadores. Igualmente, otros metaanálisis muestran cada vez más efectos negativos en otros seres vivos, entre ellos plantas, animales de laboratorio y vida silvestre. 

Preocupación por los infantes

Mucho se ha dicho sobre el riesgo potencial para la salud de infantes; es el caso del Comité Nacional Ruso para la Protección de Radiaciones No Ionizantes, que en su llamamiento de 2008 señalaba que: 1) la absorción de la energía electromagnética en la cabeza de un niño es bastante más elevada que en la cabeza de un adulto (el cerebro de los niños tiene la conductividad más alta, es de tamaño menor, los huesos del cráneo son delgados, existe una menor distancia a la antena del aparato, etc.) esto se mide en tasa de absorción especifica (sar, por sus siglas en inglés); 2) el organismo de un infante es más sensible frente a los campos electromagnéticos que el de un adulto; 3) el cerebro de los niños tiene mayor sensibilidad frente a la acumulación de los efectos adversos en las condiciones de exposición crónica a los campos electromagnéticos; 4) dichos campos afectan a la formación del proceso de la actividad nerviosa superior; y 5) hoy, en general, los niños dedican un tiempo mayor al uso de los teléfonos móviles que los adultos.

Como consecuencia, el comité pronosticaba los siguientes problemas de salud en niños usuarios de teléfono móvil: “trastorno de la memoria, disminución en la atención, el aprendizaje y las capacidades cognitivas, aumento de la irritabilidad, alteraciones del sueño, aumento de la sensibilidad al estrés, aumento de la predisposición epiléptica”.

En 2017 cuatro asociaciones médicas y el Comité Nacional de Chipre sobre Medio Ambiente y Salud Infantil firmaron la Declaración de Nicosia sobre campos electromagnéticos de radiofrecuencias en la que declaraban: “tanto fetos como niños tienen sistemas biológicos sensibles que controlan el desarrollo de la vida humana. La exposición a los campos electromagnéticos de radiofrecuencias en una etapa temprana de desarrollo es motivo de especial preocupación. En esta fase, el cuerpo absorbe más radiación, puede afectar el desarrollo del cerebro, el sistema nervioso y el sistema reproductivo. Por ejemplo, puede inducir cáncer, efectos cognitivos, etcétera”.

Gandhi y colegas resaltan que en el caso de los niños el riesgo puede acentuarse debido a un efecto acumulativo por el uso prolongado a lo largo de la vida. Las células en desarrollo e inmaduras, señala Hardell, también pueden ser más sensibles a la exposición a la radiación de radiofrecuencias. Por su parte, Fernandéz y colegas observaron en modelos de simulación que los infantes experimentan dosis dos o tres veces mayores que los adultos.

No obstante estos datos, dichas tecnologías se instalan, utilizan y expanden por el planeta y el espacio aéreo siguiendo las recomendaciones de la icnirp así como las evaluaciones y opiniones de agencias oficiales como la oms, la Swedish Radiation Safety Authority (ssm) y el Comité Científico de los Riesgos Sanitarios Emergentes y Recientemente Identificados (ccrseri) de la Comisión Europea.

Posturas y conflictos de interés

En la discusión en torno a los posibles efectos de estas radiaciones en la salud participan principalmente tres grupos o partes interesadas: 1) el grupo de las voces de alerta, antes mencionado, representado en manifiestos como la 5G Appeal: “numerosas publicaciones científicas recientes han demostrado que los cem [campos electromagnéticos] afectan a los organismos vivos a niveles muy inferiores a las directrices internacionales y nacionales […]. Los daños van mucho más allá de la especie humana, ya que hay evidencia creciente de efectos nocivos tanto para los animales como para las plantas”; 2) otro grupo mucho más poderoso e interesado en mostrar que no hay riesgos ni daños, que representa al sector militar y al de las telecomunicaciones, con organizaciones como la Electric Power Research Institute (epri), el Institute of Electrical and Electronics Engineers y su comité de estándares, el International Committee on Electromagnetic Safety, Forschungsgemeinschaft Funk e.V. (fgf), Mobile Manufacturers Forum (mmf) y la Global System for Mobile Communications Association (gsma). Esta última afirma: “Las agencias de salud pública y los grupos de expertos concluyen sistemáticamente que las directrices protegen a todas las personas (incluidos los niños) contra todos los riesgos para la salud establecidos”; y 3) un grupo de organizaciones oficiales nacionales, regionales e internacionales, con un rol técnico, científico o político, entre las que se incluyen la oms, el ccrseri de la Comisión Europea; el Advisory Group on Non-Ionizing Radiation del Reino Unido, la ssm, la Agence Nationale de Sécurité Sanitaire de l’Alimentation, de l’Environnement et du travail francesa, y otras como el icnirp. La postura de este grupo se expresa en la siguiente frase de Emilie van Deventer del programa de radiación de la oms: “hasta la fecha y tras muchas investigaciones realizadas, no se ha relacionado causalmente ningún efecto adverso para la salud por la exposición a las tecnologías inalámbricas. Siempre que la exposición global se mantenga por debajo de las directrices internacionales, no se prevén consecuencias para la salud pública”. 

Respecto de las relaciones entre miembros de los dos últimos grupos y sus prácticas se sabe que existe conflicto de interés; así, la oms ha recibido financiamiento de epri, fgf, gsma/mmf y Motorola. Se practican las “puertas giratorias”, varios de los miembros del último grupo han trabajado en la industria y entre agencias, lo que ha creado un círculo de individuos que monopoliza los comités de evaluación, reforzando así el paradigma de la inocuidad. Entre la representación del tercer grupo escasean científicos críticos ante la postura del icnirp, y pocos tienen formación en medicina, biología o epidemiología. Sin embargo, tienen una estrecha relación con las agencias e industrias del sector eléctrico y de comunicaciones.

En resumen, las instancias oficiales y las empresas han logrado ganar tiempo a favor del despliegue de la comunicación inalámbrica al afirmar la inocuidad de las radiaciones de radiofrecuencias, cuestionar la veracidad y confiabilidad de investigaciones independientes cuyos resultados demuestran daños, boicotear a investigadores, crear cortinas de humo y fabricar dudas al citar resultados de investigaciones a modo. Asimismo, han logrado que la discusión no sea de tipo científica, sino un asunto de carácter político y económico, donde los tomadores de decisiones están fuertemente influenciados por una industria que tiene un inmenso poder económico. Recordemos que grandes cantidades de los ingresos de los gobiernos se obtienen de las concesiones de las bandas del espectro electromagnético y que existe presión (cabildeo) de las empresas para que la regulación que se elabore no limite su desarrollo.

El ICNIRP, actor principal en toda la discusión, es una organización privada fundada en 1992 por la International Radiation Protection Association con 14 miembros autoelegidos; muchos han trabajado con y para la industria de las telecomunicaciones o han sido miembros de algunas de las instancias reguladoras, como se muestra en la red de actores elaborada por Investigate Europe (figura 3).

Sobre los criterios adoptados para la regulación, un exmiembro del icnirp opina: “estos límites se conciben en gran medida para restringir el calentamiento a corto plazo por la radiación de radiofrecuencia que eleva la temperatura de los tejidos. Desestiman las decisiones de organizaciones científicas como la iarc. Además, los límites se basan en información obsoleta, eluden datos importantes sobre animales, y más aún en el caso de la radiación de ondas milimétricas de las comunicaciones móviles 5G, para la que hay una escasez de estudios de efectos sobre la salud en la literatura publicada. Son erróneos y no son aplicables a la exposición a largo plazo a niveles bajos. En lugar de avances científicos, se basan en suposiciones erróneas con métricas de exposición obsoletas que no protegen adecuadamente a los niños, los trabajadores y el público de la exposición a la radiación de radiofrecuencia ni a personas con sensibilidad a la radiación electromagnética de los dispositivos y sistemas inalámbricos. Así pues, muchos de los límites recomendados son discutibles y carecen de justificación científica desde el punto de vista de la seguridad y la protección de la salud pública”.

En muchos países, excepto varios del Este, se reconocen y adoptan las guías de la icnirp. En un mundo cada vez más globalizado es normal que se confíe más en las organizaciones internacionales para establecer estándares. Al ser la icnirp una organización totalmente respaldada por la oms, es también lógico que las agencias reguladoras confíen y adopten sus estándares, sobre todo las de países que no tienen los recursos para llevar a cabo sus propios estudios, sin importar si los estándares están elaborados por expertos en áreas no necesariamente relevantes para la salud humana y ambiental. Por otro lado, la tendencia es que se adopten estándares internacionales como una medida de armonizar y facilitar cuestiones técnicas y comerciales. No obstante, la responsabilidad en caso de que se probara que existen daños a la salud como consecuencia de permitir los límites definidos por el icnirp sería de los gobiernos, aunque la icnirp estipule que debe haber un cumplimiento estricto de sus directrices.

Por ejemplo, en México, la Cofepris señala que al no existir una normatividad nacional que especifique los límites máximos permisibles de radiofrecuencias a los que puede estar expuesta la población y no tener un efecto en su salud se recomienda utilizar los límites establecidos por la oms, es decir la icnirp. Así en México, los límites de exposición para el rango de 1 800MHz (4G), son de 30 minutos a una densidad de potencia de 1 000 µW/cm2, mientras que en varios países europeos son de 10µW/cm2 y hasta 3 horas de exposición, ya que el Parlamento Europeo recomienda una densidad máxima de 0.01 µW/cm2 para un uso prolongado.

Es preocupante que agencias cuya función es proteger a la población humana y el ambiente reconozcan unas guías técnicas elaboradas por un grupo predominante de físicos, técnicos, ingenieros eléctricos y en telecomunicaciones; sin suficiente representación de expertos en áreas de la salud, ni procedentes de países del Oriente Medio, Rusia, China e India, donde se han realizado investigaciones muy relevantes sobre los efectos de las radiaciones de radiofrecuencias. Habría que reconsiderar la confiabilidad de la icnirp, después de leer las conclusiones de Buchner y Rivas: “la icnirp es una organización cerrada, que no rinde cuentas y unilateral […] un círculo cerrado de científicos con ideas afines ha convertido a la icnirp en un club científico autocomplaciente, con falta de conocimientos biomédicos, así como de conocimientos científicos sobre evaluación de riesgos y filosofías de gestión de riesgos (similares a las utilizadas para las radiaciones ionizantes y para las sustancias químicas), lo que podría conducir a una ‘visión de túnel’ [...] Para un asesoramiento científico realmente independiente no podemos confiar en la icnirp. La Comisión Europea y los gobiernos nacionales de países como Alemania, deberían dejar de financiar a la icnirp. Ya es hora de que la Comisión Europea cree un nuevo consejo consultivo sobre radiaciones no ionizantes, público y totalmente independiente”.

Necesidad de adoptar el principio de precaución

El principio de precaución constituye un recurso legal al cual se acude cuando hay indicios y sospechas de que un producto, proceso o tecnología pueda causar daños graves o irreversibles a la salud humana y ambiental, esto sin que necesariamente se tenga la evidencia científica probatoria. Es decir, aunque los datos científicos sean insuficientes, no concluyentes o inciertos, esto no justifica la inacción. Dice Sarah J. Starkey: “la salud pública y el bienestar de otras especies del mundo natural no pueden protegerse cuando se encubren las pruebas del daño, por inconvenientes que sean”.

Cabe señalar que la “falta de evidencia de daño” no significa ausencia de daños presentes o futuros o que el producto, técnica o tecnología sea inocua. Generalmente, la incertidumbre e ignorancia responden a la falta de estudios, a la omisión de daños o a que los efectos se verán en el futuro. Si bien existen estudios in vitro o in vivo con animales, pocos han sido los estudios epidemiológicos, lo cual dificulta tener un consenso científico sobre sus efectos, la información sigue siendo insuficiente, inconclusa e incierta. Este aspecto es preocupante si se consideran los miles de millones de dólares que se invierten en el desarrollo y despliegue de estas tecnologías.

Para hablar de riesgos emergentes revisemos qué opina la aseguradora SwissRe, que en su reporte de 2013 SONAR emerging risk insights clasificó a los campos electromagnéticos de alto riesgo al determinar que: “la ubicuidad de los campos electromagnéticos suscita preocupación por sus posibles implicaciones para la salud humana, en particular por el uso de teléfonos móviles, líneas eléctricas o antenas de radiodifusión. En la última década, la difusión de dispositivos inalámbricos se ha acelerado enormemente. La convergencia de los teléfonos móviles con la tecnología informática ha dado lugar a la proliferación de tecnologías nuevas y emergentes. Este desarrollo ha aumentado la exposición a los campos electromagnéticos, cuyos efectos sobre la salud siguen siendo desconocidos”.

Respecto a la tecnología en cuestión, McCredden y colegas señalaban: “las ondas milimétricas se limitaban a radares policiales y militares, armas no letales para la dispersión de multitudes y escáneres aeroportuarios que las autoridades no consideran peligrosos debido a los breves tiempos de exposición de uso. Sin embargo, los sistemas de telecomunicaciones actuales emiten constantemente (24/7). Los efectos a largo plazo sobre la salud humana de las ondas milimétricas emitidas en pulsos no se han estudiado lo suficiente, por lo que las revisiones recientes no han podido extraer conclusiones sólidas o han afirmado que no hay pruebas confirmadas y que hay pocas pruebas consistentes”.

Para la Comisión de las Comunidades Europeas la decisión de tomar medidas precautorias va a depender del nivel de protección elegido. Asimismo, David Gee experto en el principio de precaución, señala que hay una serie de elementos que justifican el tomar medidas precautorias en cuanto a las radiaciones de radiofrecuencia, estos son: importante desacuerdo en la comunidad científica sobre si el uso de teléfonos móviles aumenta el riesgo de cáncer y otras enfermedades; falta de transparencia sobre los paradigmas, suposiciones, juicios y valores utilizados en la ciencia académica y en sus evaluaciones de las pruebas científicas en la ciencia reguladora; incapacidad de los científicos y los responsables políticos para apreciar las realidades complejas y variables, la multicausalidad y la probabilidad de resultados científicos incoherentes; incapacidad para aceptar el conocimiento de otras disciplinas y epistemologías relevantes; incapacidad de los responsables políticos para comprender la diferencia entre la contundencia de las pruebas necesarias para establecer un conocimiento científico firme y la solidez de las pruebas apropiadas para cada caso específico necesarias para justificar una acción preventiva oportuna.

No obstante, para evitar la parálisis por análisis, si se quiere proteger a las poblaciones vulnerables, con la información existente sería suficiente para implementar medidas precautorias, incluso quizás moratorias respecto al uso e implementación de ciertas tecnologías que emiten en estas frecuencias y en las frecuencias de la 5G cuyos efectos sobre la salud han sido poco estudiados. De lo contrario, el riesgo es que en un futuro vivamos las consecuencias negativas como ha sucedido con el cigarro, el asbesto, el dicloro difenil tricloroetano, el glifosato o el cambio climático. Suponiendo que estas radiaciones son más dañinas de lo que creemos, seguramente no lo sabremos hasta que comiencen a hacerse estudios que prueben la causalidad o hasta que tengamos un problema de salud pública. De ser así, los costos serán tan altos que quizá por eso las grandes compañías aseguradoras, como SwissRe, no indemnizan a las compañías de telecomunicaciones por daños ocasionados por estas radiaciones. Es decir, si hay una demanda individual o colectiva, no hay aseguradora que la cubra, lo cual deberían de hacer público sus inversionistas.

En casos como éste es recomendable utilizar el principio de precaución para orientar las decisiones políticas. Una forma precavida de actuar sería adoptar medidas que protejan al menos la salud de los infantes, las mujeres embarazadas, las poblaciones más vulnerables, hse y otras formas de vida como los polinizadores, antes de que existan daños irreversibles o el costo de repararlos sea insostenible para la sociedad.

Algunas acciones que se deberían de llevar a cabo son: a) mandatar y asegurar el aumento de presupuesto para realizar estudios de toxicidad y efectos a la salud del despliegue y uso de estas tecnologías; b) transferir la carga de la prueba a las empresas, verificando que los estudios realizados sean adecuados y calificados; c) prohibir la instalación de wifi en centros de educación para menores de 12 años y ciertos centros de salud. Volver al sistema cableado; d) estudiar y promover el uso de tecnologías seguras; e) parar la instalación de mayor infraestructura y tecnología inalámbrica hasta que no se tenga evidencia contundente de su inocuidad; f) hacer obligatorio que las empresas informen de forma clara sobre los posibles riesgos a la salud (etiquetado); g) asegurar que la población esté informada, por parte de las autoridades y las empresas, de los posibles daños a la salud del uso prolongado de las tecnologías que emiten radiación de radiofrecuencia y proporcionar recomendaciones para reducir la exposición; h) asegurar que el personal médico, en particular pediatras y obstetras, estén formados sobre los daños de la exposición a radiación electromagnética no ionizante y el síndrome de hse; i) revisar, utilizando criterios biológicos, fisiológicos y toxicológicos, los límites máximos para los potenciales de densidad de las radiaciones de radiofrecuencia y las tasas de absorción específica, considerando tiempos de exposición reales y las diferentes poblaciones usuarias; j) investigar con enfoque multidisciplinario los impactos éticos, sociales y ambientales de las tecnologías inalámbricas existentes y futuras (5G y 6G); k) garantizar que las personas con hse tengan accesos a lugares libres de radiaciones electromagnéticas no ionizantes y que sus derechos humanos se protejan; y l) garantizar una participación democrática en la toma de decisiones, es decir, asegurar que actores interesados y afectados participen sin conflicto de interés (personas con hse, consumidores, representantes del sector ambiental, etc.). Promover una gobernanza de estas tecnologías.

Asimismo, se debería explorar la aplicación de otros principios como “el que contamina paga” o la “responsabilidad extendida del productor”.

¿Cómo protegernos?

Algunos gobiernos están tomando acciones para proteger al menos a ciertas poblaciones de los efectos negativos de estas radiaciones. En Francia, en 2010 se aprobó una ley que prohíbe los anuncios de celulares para las infancias; restringe su uso a los infantes; obliga que los celulares se vendan con audífonos alámbricos; exige el etiquetado de valores de tasas de absorción; y exige anuncios de precaución a todos los usuarios para reducir las radiofrecuencias directas y al cerebro. En 2015 la Asamblea Nacional francesa aprobó una ley nacional para reducir la exposición a los campos electromagnéticos de radiación inalámbrica, estableciendo entre otras cosas la prohibición de wifi en las escuelas infantiles, la creación de la Agencia Nacional de Radiofrecuencia y la obligación de publicar la ubicación de los enrutadores inalámbricos en lugares públicos.

En 2017 el gobierno de Chipre prohibió el wifi en los jardines de niños y detuvo el despliegue de wifi en las escuelas primarias. Además, el Comité Nacional de Medio Ambiente y Salud Infantil de Chipre inició una campaña a nivel nacional para crear conciencia sobre la exposición de los niños a los teléfonos celulares y la radiación inalámbrica. Israel, Bélgica y Canadá cuentan con leyes similares; Canadá sostuvo en junio de 2015 “que la radiación de microondas constituye un problema de salud pública serio”.

En julio de 2020, el Ministerio de Salud de Rusia publicó recomendaciones para prohibir el uso de wifi en las escuelas y los teléfonos celulares en las escuelas primarias.

Para que las autoridades de salud y ambientales cumplan el papel de garantizar ambientes sanos para todos, es necesario que revisen y adopten guías más conservadoras y protectoras como las International Guidelines on Non-ionising Radiation (ignir, 2021), elaborada por un equipo multidisciplinario independiente que se basó en las guías Europaem emf de 2016. Su comité directivo está formado por médicos, científicos, topógrafos, ingenieros y representantes de grupos vulnerables. 

Aunado a las medidas de política pública, hay una serie de acciones personales y de nuestro entorno cercano que se recomienda realizar, como la reducción personal del uso de celular; eliminar las radiaciones de wifi en casa volviendo al uso del cable de ethernet, apagar el módem de noche y evitar usar dispositivos con bluetooth.

En México tenemos una disposición técnica (ift-007-2019) elaborada por el Instituto Federal de Telecomunicaciones en 2020. Sin embargo, es técnica y se basa en los estándares del icnirp. Durante su revisión no hubo participación real de especialistas del sector salud o ambiental.

En resumen, queremos hacer notar que desde hace años las empresas de comunicación inalámbrica, con el aval de gobiernos, han instalado antenas y replicadoras de radiación electromagnética no ionizante en lugares públicos, llenando el espacio aéreo con estas formas de contaminación. Asimismo, nos han convencido de instalar replicadores de wifi (módems) en nuestras casas, lugares de trabajo y espacios públicos, así como de portar y usar de forma personal celulares sin informar debidamente de los daños que las radiaciones pueden tener sobre nuestra salud, según ellos porque no hay evidencia de sus riesgos.

Parece que al igual que ha ocurrido con otras tecnologías invisibles a simple vista (como los organismos genéticamente modificados y la nanotecnología), los tomadores de decisiones han tenido un entendimiento limitado del funcionamiento y de los riesgos a la salud socioambiental asociados a ellas. Al mismo tiempo prefieren basar sus decisiones en las recomendaciones de técnicos expertos, en lugar de escuchar los llamados de científicos representantes de áreas de la salud humana y ambiental, y las ingenierías que han probado que los campos electromagnéticos y las radiaciones de radiofrecuencia tienen efectos adversos para los seres vivos. 

Por tanto, hacemos un llamado para aplicar el principio de precaución, ya que las autoridades mexicanas deberían actuar para proteger a los ciudadanos y el ambiente. Para las frecuencias ya existentes como la 4G, se deben llevar a cabo estudios de su impacto en la salud socioambiental, y para las frecuencias 5G establecer una moratoria en su despliegue hasta que exista información suficiente para tomar decisiones informadas y consensuadas escuchando también la opinión de científicos y médicos “disidentes”, ciudadanos, representantes del sector ambiental y consumidores, en tal manera que se dé un proceso de legítima gobernanza de dichas tecnologías y las radiaciones electromagnéticas no ionizantes asociadas a ellas: “hay dos grandes víctimas en este debate polarizado: la verdad y la salud pública. Ambas son demasiado importantes para no protegerlas con todo lo que tenemos”.
     
       
Referencias Bibliográficas

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     Deventer, van E. 2020. “Radiofrequency Electromagnetic Fields and Health”, en International Telecommunications Union (https://www.itu.int/en/ITU-D/Regional-Presence/Europe/Documents/Events/2020/Spectrum _EUR_CIS/Dra.%20Emilie%20van%20Deventer%20%281%29.pdf).
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En la red

5G Appeal. 2017. “5G Appeal”, en 5G Appeal (http://www.5gappeal.eu//the-5g-appeal/)
     

     
Laura Saldívar Tanaka
Posdoctorante,
Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC).
 
Doctora en Estudios Urbanos y Ambientales-COLMEX. Maestra en Manejo de Recursos Naturales-Cornell y Licenciada en Biología-Facultad de Ciencias de la UNAM. Diplomada en: Agroecología y Formador de formadores en desarrollo humano-ECOSUR y Estudios de género-PUEG/UNAM. Especializada en política pública ambiental y regulación de riesgos tecnológicos, en particular en nanotecnología, tecnologías inalámbricas y plásticos. Actualmente es posdoctorante en el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC).
     

     
       

 

 

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Tonatiuh Soto Rivera, María Silvia del Rocío Covarrubias Ruesga y Santiago Arceo Díaz      
               
               
El aprovechamiento óptimo de los recursos es una
de las preocupaciones de mayor importancia en el campo de la ciudades actuales han adaptado sus diseños a este tipo de transporte privado, relegando completamente al elemento más importante: el peatón. Se busca que la solución a los problemas de movilidad se sustente en el cambio a transportes más sostenibles, agregando medidas de contención y restricciones al uso del automóvil, brindando mayor importancia a sistemas de transporte colectivo y el mejoramiento del diseño de las vialidades para una accesibilidad universal.

Uno de los principales retos de la compacidad es dotar de suficientes espacios públicos que equilibren la densidad de edificación con la existencia de espacios abiertos, y que estos espacios de estancia y esparcimiento tengan buena calidad de aire, un óptimo confort térmico y acústico, y accesibilidad universal. Actualmente, las áreas de estancia en la ciudad están limitadas por las funciones asociadas al vehículo privado, derivando en pérdidas en la calidad de vida de los ciudadanos. El espacio público representa un termómetro vital del grado de convivencia colectiva, su definición debe servir como hábitat de personas y no de vehículos, para incentivar la interacción, el contacto, la pacificación y el bienestar.

El urbanismo compacto tiende a la complejidad; actualmente las zonificaciones de uso único en ámbitos legales y económicos representan divisiones simples que también son fáciles de administrar. Los actuales promotores inmobiliarios dan la espalda al concepto de usos mixtos que generan contratos de renta complejos. No obstante, en el urbanismo compacto se busca que las áreas urbanas presenten desarrollos de usos mixtos donde las actividades habitacionales, comerciales y de ocio coexistan dentro de una fracción o bien en un mismo edificio. La diversidad de usos refleja beneficios para el funcionamiento de la ciudad, por una parte se incrementa la organización urbana, la interacción de los individuos y la velocidad del flujo de información, por otra existe una disminución en el congestionamiento vehicular, se incrementa la accesibilidad y reducen significativamente los costos de dotación de infraestructura.

Mejorar desde las acciones ciudadanas

¿Cómo saber qué tan compacta es tu ciudad? o mejor aún ¿cómo abonar en la ecología urbana de la zona que habitas? Actualmente, temas como la ecología están en boga por la preocupación de los cambios que nuestras ciudades y el mundo están manifestando. El incremento en la temperatura de las urbes por la eliminación del elemento vegetal que genera las llamadas islas de calor, las contingencias ambientales, el aumento en el nivel del mar ocasionado por el deshielo de los polos y la aparición de animales silvestres dentro de las ciudades por la destrucción  masiva del territorio natural son ejemplo de las muchas preocupaciones por el modo de vida que llevamos. Aunque suene a cliché, es verdad que se deben tomar medidas urgentes para poder amortiguar aunque sea una pequeña parte de estos cambios alarmantes.

Para resumir cuáles son las condicionantes que enmarcan los límites de la compacidad, y en aquellos en los que como ciudadanos podemos participar, los dividiremos en tres secciones: en primer lugar, visualizaremos la ocupación del suelo actual, después la calidad del servicio de movilidad y los espacios públicos en la ciudad, para concluir con aquellos en los que se podría tener un impacto positivo.

El aumento en la ocupación del suelo compacto es una preocupación mundial. Como mexicanos, por historia y costumbre, preferimos habitar pedazos de terreno sin importar el lugar, por lo que tendemos a adquirir viviendas que se ubiquen al nivel del suelo, lo cual no es necesariamente malo; estamos de acuerdo en que debe de haber una equidad y un balance con respecto al tema, no abusar del congestionamiento poblacional, pero tampoco invadir el territorio rural desmesuradamente. Esta sección supone un cambio de visión, en el que veamos de manera vertical y no horizontal, con el fin de adquirir viviendas en edificios de más de tres niveles; ese pequeño cambio de preferencia puede acarrear considerables beneficios a la ecología de la ciudad.

Pocas ciudades de México como el Valle de México, Saltillo y Guadalajara han apostado por implementar sistemas de movilidad alternativos y sostenibles. El incremento en el uso del automóvil en México ha generado riesgos en la viabilidad ecológica de las ciudades. A nivel ciudad los vehículos son fuente principal de contaminantes por el volumen que éstos emiten, se estima que contribuyen en promedio con 95% de las emisiones de monóxido de carbono, 73% de óxidos de nitrógeno y 15% de dióxido de azufre; exponerse a este tipo de partículas en un periodo largo de tiempo puede ocasionar problemas respiratorios graves. La calidad del servicio público es deficiente y la implementación de infraestructura para automóviles es mayor, la oferta a la población de transportes alternativos en contraste con el privado disminuye. Sin embargo, si no se opta por distanciarse del automóvil y empezar a generar traslados más sostenibles, las ciudades se dirigirán a escenarios sin capacidades de amortiguamiento, es decir, la urbe expuesta a las amenazas de insostenibilidad ya no tendrá capacidad de resistir, absorber o recuperarse de manera oportuna y eficiente. Esta sección busca preferencia en la movilidad, dando prioridad a las caminatas, seguida por la movilidad en bicicletas, después viene el uso de transporte público y de carga, dejando al automóvil y las motocicletas en un último plano. La importancia de una ciudad compacta es disminuir recorridos y facilitar el transporte no motorizado. En la Ciudad de México, por ejemplo, se han implementado estrategias como el “Hoy no circula”, dado que la contaminación del Valle de México ha registrado hasta 145 puntos de partículas menores a 2.5 micrómetros, lo cual significa que estamos a sólo cinco puntos de que se declare contingencia ambiental. El programa consiste en establecer días del año en que se restrinja la conducción de vehículos.

Uno de los retos del urbanismo ecológico es lograr que el espacio público sea mucho más habitable, pero ¿cómo lograrlo? El espacio público empieza donde comienza la acera y la calle, todo aquello que no sea propiedad privada se denomina espacio público. Hay acciones simples del ciudadano que pueden llevar a una mejor habitabilidad en estos espacios, existen muchas más, pero se puede empezar por algo. La integración de la naturaleza en los entornos urbanos es necesario, plantar un árbol puede acarrear grandes beneficios ecológicos y sustentables, son termorreguladores gracias a su sombra y el vapor de agua que liberan, absorben dióxido de carbono, purifican el aire de partículas de óxido de nitrógeno, amoniaco, ozono y dióxido de azufre, y por si fuera poco, devuelven el oxígeno a la atmósfera. Plantar árboles adecuados para zonas urbanas, de preferencia endémicos de la región y en lugares donde se sepa que no serán removidos y pueda dárseles un mantenimiento adecuado, y en los espacios que al compactar la ciudad deben quedar disponibles, logra un cambio significativo en una zona y los beneficios se incrementan al interactuar en el espacio y abandonar más el uso del transporte motorizado.

Conclusión

Las ciudades compactas son una forma de aportación social, permiten la proximidad de las tareas cotidianas de los ciudadanos en tal manera que se generan beneficios ecológicos mayores. Un buen diseño de ciudades, donde se contemplen planificaciones cohesivas a nivel social, fomenta el rendimiento energético y un mayor contacto entre los ciudadanos; también se habla de que la reducción en el consumo de los recursos y su reutilización disminuye la polución en las ciudades y la expansión hacia el territorio rural. Existe una alarmante al continuar con la preferencia de los modelos de ciudades dispersas. Es necesario vernos como organismos biológicos que habitan un ecosistema que es la ciudad, si se trabaja desde el espacio propio se pueden lograr grandes beneficios. Si no se actúa de manera sustentable, el ecosistema colapsa y los afectados somos todos. Las consecuencias que estamos viendo actualmente son resultado de todos los procesos disfuncionales que perpetuamos en nuestra ciudad.
     
       
Referencias Bibliográficas

Agència d’Ecologia Urbana de Barcelona. 2010. Sistema de indicadores y condicionantes para ciudades grandes y medianas. Gobierno de España, Barcelona.
     Cámara de Senadores del H. Congreso de la Unión. 2014. México Compacto. Las condiciones para la densificación urbana inteligente en México. Fundación Idea, Cd. de México.
     imco Staff. 2019. “Índice de movilidad urbana 2018: barrios mejor conectados para ciudades más equitativas”, en imco Centro de Investigación en Política Pública (https://imco.org.mx/indice-movilidad-urbana-2018-barrios-mejor-conectados-ciudades-mas-equitativas/)
     Medina, S. 2012. La importancia de la reducción del uso del automóvil en México. itdp, Ciudad de México.
     Notimex. 2019. “Alerta ambiental: Hoy no Circula lunes 13 de mayo”, en El Heraldo, 13 de mayo (https://heraldodemexico.com.mx/nacional/2019/5/13/alerta-ambiental-hoy-no-circula-lunes-13-de-mayo-92628.html)
     Rogers, R. 2000. Ciudades para un pequeño planeta. Gustavo Gilli, Barcelona.
      Rueda, S. 2012. El Urbanismo Ecológico. bcn Ecología,  Barcelona.
Rueda, S. 2013. “El Urbanismo Ecológico”, en urban-e (http://urban-e.aq.upm.es/articulos/ver/el-urbanismo-ecol-gico/completo).
     Salazar, J. 2001. “¿Expansión o Densificación?”, en Bitácora Urbano Territorial, vol. 5, núm. 1, pp. 21-35.
     

     
Tonatiuh Soto Rivera
Instituto Tecnológico de Colima.

Es arquitecto, con especialidad en Diseño Urbano por el Instituto Tecnológico de Colima, maestrante de Arquitectura Sostenible y Gestión Urbana en el Instituto Tecnológico de Colima-TecNM.

María Silvia del Rocío Covarrubias Ruesga 
Instituto Tecnológico de Colima.


Es doctora en Arquitectura por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, profesora e integrante del cuerpo académico Ciudad Sostenible del Instituto Tecnológico de Colima-TecNM.

Santiago Arceo Díaz
Instituto Tecnológico de Colima.


Es doctor en Astronomía, catedrático en la maestría en Sistemas Computacionales y la maestría en Arquitectura Sostenible y Gestión Urbana en el Instituto Tecnológico de Colima.
     

     
       

 

 

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Islas de plástico
en un mar de consumo
141B07   
 
 
 
César Carrillo Trueba  
                     
No nos habría sorprendido encontrar en uno de los
tantos atlas de territorios fantásticos pasados y futuros, que pululaban en librerías hace algunos años, la mención a una isla formada por plástico, poblada por una biota imaginaria capaz de sobrevivir en tal ecosistema extremo. Pero sí sorprende, y alarma, enterarse de su existencia en la actualidad. ¿El futuro nos alcanzó?

El plástico es uno de los materiales icónicos de la sociedad de consumo, de la modernidad y su gusto por lo desechable, por lo efímero. Punta de lanza del capitalismo en expansión, ha servido como ariete, reemplazando los objetos fabricados localmente con materiales, técnicas y diseños propios, que se podían reparar cuando era necesario o que al deteriorarse por completo se reintegraban al medio del que procedían: madera, barro, piedra, fibras vegetales y otros más.

Cuando los plásticos –que ahora son de otro tipo– fueron engullendo a los materiales tradicionales, no se pensó en su descomposición. Tras devorar a uno de los últimos materiales nobles que había sobrevivido al imperio de lo efímero, el vidrio, el efecto ambiental fue devastador. Usar y tirar se impuso por sobre cualquier cosa. Reciclar es factible pero costoso. Los plásticos de un solo uso predominaron, alcanzando los rincones más apartados del planeta, a veces llevados por el viento, por los ríos y las corrientes de los mares o directamente por humanos. Prácticamente no hay lugar que escape a tal contaminación.

En los océanos, las corrientes marinas se han convertido, en consecuencia, en vehículo de torrentes de micro y macroplásticos, dispersándolos por todos los océanos y confluyendo en ciertas zonas, los llamados "giros" (ver mapa), en donde se aglutinan toneladas de desechos plásticos, formando verdaderas islas. Las imágenes captadas en tales sitios nos devuelven un reflejo monstruoso de nuestro consumo, de nuestros hábitos, de nuestro modo de vida cotidiano: vasos, botellas, cubetas, bolsas, popotes, envases de todo tipo, charolas, palillos, cubiertos, chamarras, chanclas, redes y trampas de pesca y un largo etcétera.

Su extensión es insólita, casi imposible de concebir. Imaginemos el estado de Chihuahua cubierto totalmente por desechos plásticos, tan sólo cruzarlo de norte a sur lleva cerca de siete horas en automóvil. ¿Podemos concebir un viaje así mirando permanentemente basura plástica? Una de las islas en el Pacífico tiene casi tres veces la superficie de dicho estado.

En cuanto a la responsabilidad, durante varios años buena cantidad de estudios apuntaban a China, India, Filipinas, Malasia y otros países del sureste asiático, incluso con porcentajes y datos del acarreo en los ríos a causa del mal manejo en esos países. Sin embargo, el informe elaborado por la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos dado a conocer a finales de 2021 revirtió tales afirmaciones, mostrando que ese país es el primer productor de plástico en el mundo, y que un estadounidense consume el doble de plásticos que un chino, y que allí tan sólo se recicla 9% de lo que se produce (frente a 30% en Europa y 25% en China), además de poseer un sistema de manejo poco eficiente, lo que hace que la contaminación por plásticos en su territorio sea un grave problema y que por sus ríos y arroyos lleguen éstos al mar. Europa es asimismo una fuente importante de contaminación de los océanos y México, octavo productor de plásticos del mundo, no sale mejor parado que el vecino del norte.

Finalmente, distintos estudios han mostrado el papel preponderante de ciertas empresas en la formación de las islas de plástico, así como de los gobiernos que no las regulan, dejando que el problema siga creciendo. Esto acota la responsabilidad que las campañas de concientización a veces intentan hacer recaer en los ciudadanos. Aunque, si bien no en la misma magnitud, en cierta manera todos contribuimos a tan desastrosa situación: desde los que consumimos poco objetos de plástico, pero por descuido terminamos aportando un grano al montón mal manejado; hasta aquellos que sin reparo compran cosas empacadas en plástico, refrescos y agua embotellada, y poco cuidado tienen al desecharlas.

¿El futuro nos alcanzó?, ¿o cual sombra siempre ha estado a nuestro lado, tomando forma mediante cada una de nuestras acciones, nuestro modo de vida, la manera de producir y consumir, la ganancia inmediata y la complicidad de las autoridades, oscureciendo el futuro del planeta, tornándolo cada vez más incierto?
     
     

     
César Carrillo Trueba
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México
     

     
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Héctor G. Riveros      
               
               
A lo largo de los años se han realizado varios intentos para
reducir la contaminación: se probó el No circula voluntario, se reformularon las gasolinas reduciendo la concentración de sus componentes más reactivos, se les agregaron componentes oxigenados como el óxido de grafeno, se implantó la revisión obligatoria semestral de las emisiones vehiculares y el Hoy no circula obligatorio en 1989. La introducción de gasolina Magna Sin (sin plomo) permitió el uso de convertidores catalíticos, reduciendo las emisiones contaminantes. Sin embargo, las medidas de la contaminación en el aire de la Zona Metropolitana del Valle de México parecen depender poco de los intentos para reducirla, como se muestra en la figura 1a.

Las gasolinas oxigenadas y la revisión obligatoria parecen haber detenido el incremento en la contaminación, la cual crece con el consumo de gasolina, pero ninguno de estos intentos redujo el ozono de manera significativa. No se publicaron los costos de las medidas ni se estimaron los posibles beneficios.

El Hoy no circula de 1989

Después de una reunión con expertos internacionales que recomendaron su aplicación, el Hoy no circula se aprobó pero sin haberse efectuado una estimación de las reducciones esperadas en las emisiones de contaminantes. Este programa se considera oficialmente un éxito; sin embargo, un análisis de la información disponible hace dudar de esta interpretación y puede considerarse que sus resultados son pocos comparados con sus costos incurridos.

El 20 de noviembre de 1989 se implementó como medida temporal el programa Hoy no circula. Se hizo con el fin de retirar de la circulación 20% de los autos particulares en los días laborables. Si los coches particulares consumen 60% de la gasolina, podemos esperar una reducción de 12% diario. Si el consumo de gasolina no cambia los sábados y domingos, tenemos una reducción semanal de 5/7 de 12%, o sea 8.6%. Este cálculo implicaría que la población que utiliza dicho transporte se queda en casa esos días. Si por el contrario se desplaza en algún otro vehículo particular o usa el transporte público, el consumo de gasolina se incrementa en un porcentaje difícil de estimar, reduciendo el posible impacto del programa.

Podemos decir que una acción es un fracaso cuando no se producen los resultados esperados. El Hoy no circula se implementó para reducir la contaminación medida en el aire de la Ciudad de México. En 1989 se instauró la medida por primera vez cinco días a la semana y no se observó ninguna reducción en la contaminación del aire de la ciudad. Lo favorable respecto a esta situación es que mejoró la vialidad temporalmente y se redujo el consumo de gasolina en 5%. Lo negativo es que la parte de la población que utilizaba coches nuevos poco contaminantes se vio forzada a usar el transporte público o adquieren otro vehículo pero más viejo, lo que ocasionó que las emisiones totales fueran prácticamente las mismas. Gunnar S. Eskeland en 1995 y Lucas W. Davis en 2008 llegan a la misma conclusión.

El ozono sobrepasa la norma de concentración en el aire y el programa antes mencionado intenta reducir sus valores medidos, mientras 99% del monóxido de carbono es emitido por los vehículos de motor y su concentración en el aire se puede usar como indicador del uso de éstos.

Dado que el Hoy no circula representa una variación súbita en las emisiones, se deben analizar los datos de tres semanas antes y después de aplicarlo. Al promediar por día de la semana, los efectos se deben mostrar de lunes a viernes, y sábado y domingo sirven como referencia de control. En la figura 1b el lunes aparece de 1 a 24 horas en la escala horizontal, el martes de 25 a 48 y el domingo de 145 a 168 horas.

Esta figura no muestra cambios significativos de lunes a viernes comparados con los datos de sábado y domingo, los cuales no se ven afectados por el Hoy no circula. Son datos de las estaciones Tlalnepantla, Xalostoc, Merced, Pedregal y Cerro de la Estrella. Esto significa que el Hoy no circula no bajó la contaminación por ozono.

La figura 1c muestra el promedio móvil de 30 días que amortigua las variaciones diarias, permitiendo observar las tendencias de 1992 a 1998: el ozono baja lentamente y el dióxido de azufre muestra la reducción en el azufre de las gasolinas de 1992 a 1994.

En la figura 2a se aprecia que en el periodo siguiente, de 1998 a 2006, el ozono y el dióxido de azufre continúan bajando y los óxidos de nitrógeno tienen una variación estacional que en promedio es casi constante.

En junio de 2004 la Secretaría del Medio Ambiente (sma) actualizó los datos del programa Hoy no circula. Esta estimación está equivocada porque no toma en cuenta el aumento de las emisiones ocasionadas por el uso del transporte público y por parte de los autos que no pueden circular. La gente no se queda en su casa si no tiene coche.

El Hoy no circula sabatino de 2008

Aunque el ozono continuaba a la baja, el Gobierno del Distrito Federal propuso el Hoy no circula sabatino y recurrió a la asesoría del Clean Air Institute, quien evaluó la propuesta que proponía sacar de circulación a todos los vehículos sin tomar en cuenta el holograma de clasificación. La sma del Gobierno del Distrito Federal afirma, en su propuesta para el Hoy no circula sabatino, que la contaminación atmosférica es mayor los sábados. El informe del cai muestra el promedio por día de la semana para el ozono (figura 2b) en las cinco estaciones principales de medida de la Red Automática de Monitoreo Atmosférico (rama). En ella el cai concluye que la contaminación es mayor el sábado, justificando la necesidad del Hoy no circula sabatino. Podemos observar que el argumento es falso dado que, aunque sábados y domingos circulan todos los vehículos, la contaminación es prácticamente la misma en todos los días de la semana. El problema no era los fines de semana puesto que el ozono es un contaminante que se forma en la atmósfera de la ciudad. Sin embargo, el cai concluye que la medida producirá reducciones notables en las emisiones. 

El cai no incluye ninguna estimación de las emisiones asociadas al incremento de pasajeros en microbuses y taxis, asumiendo que todos viajan en metro o trolebús. El gdf pagó por un estudio incompleto y de haberle hecho caso se hubiera incrementado aún más la contaminación. Esto fue una predicción que llevé muchas veces a la secretaría de Medio Ambiente y llegó a las páginas del periódico Reforma. El hacer público esta predicción hizo que se modificara el Hoy no circula exentando a los vehículos de modelo reciente. Finalmente, la medida aprobada sacó de circulación a los vehículos que tienen holograma 2, o sea los más contaminantes. Esto hizo difícil estimar si la contaminación iba a reducirse o a incrementarse, ya que al sacar los vehículos de circulación, el tráfico mejora y se reduce ligeramente el consumo de gasolina. No obstante, el aumento en el uso del transporte público incrementa las emisiones.

La figura 3a muestra los datos horarios para las mismas estaciones medidoras con el promedio de un mes antes y después de la aplicación del Hoy no circula sabatino el 1 de julio de 2008. El sábado está entre las 120 y 144 horas; el resto de los días sirven de control y muestran las variaciones al azar del ozono. El promedio corresponde a datos de un mes.

El sábado es el sexto pico y la variación que muestra no es significativa, ya que es menor a las variaciones de los otros días de la semana que sirven de control, lo cual significa que no sirvió el Hoy no circula sabatino.

Para justificar este programa calcularon sacar de circulación 350 000 vehículos cada sábado con una reducción en las emisiones de carbono de 818 ton/sábado. Posteriormente, en 2006, en el inventario de emisiones para fuentes móviles se mencionan 1 976 799 ton/año, es decir, 5 416 ton/día, suponiendo que todos los días presentan datos iguales. Si este cálculo es correcto, podríamos esperar que el día sábado hubiera una reducción de 15% en las emisiones de carbono con la consiguiente disminución en las medidas en el aire. Este cálculo no incluye los incrementos en las emisiones asociados al uso de transportes alternativos por los usuarios de los vehículos sacados de circulación.

Medidas empleando sensor remoto

Los valores de las emisiones totales están calculados en el inventario de emisiones 2006,donde se mencionan los factores correspondientes para vehículos con sistemas de control de emisiones o sin ellos cabe mencionar que los taxis aparecen como menos contaminantes que los coches privados, lo cual es imposible. Sin embargo, las medidas con sensor remoto demuestran lo contrario ya que dicho sensor mide los gases del escape mientras los coches circulan por las calles de la ciudad sin molestar a los conductores y con los datos de la placa se localiza el tipo de coche. Podemos observar que el transporte público es el principal contaminador de la ciudad y que el transporte privado es el más limpio. Los óxidos de nitrógeno medidos en el aire en los últimos años se mantienen constantes, los convertidores catalíticos pierden su eficiencia para los óxidos de nitrógeno mucho más rápido que para carbono y los vehículos de uso intensivo circulan seis veces más que los particulares (200 km diarios y 30 km diarios). Por ello, se requieren cambiar el convertidor anualmente, sin embargo, el transporte público concesionado parece no cambiarlos o no tenerlos. El ozono ha disminuido mucho menos que el carbono y eso está relacionado con que los óxidos de nitrógeno son constantes por lo que es necesario reducirlos.

Modernización del Hoy no circula en 2014

Con el lema “Por la salud de todos, el Hoy no circula se moderniza”, se reduce la circulación los sábados. La figura 3b muestra los efectos de la modernización en las mismas estaciones del Hoy no circula incluyendo datos obtenidos una semana antes y después de su aplicación en el año 2014.

El sábado muestra una pequeña disminución insignificante comparada con las variaciones en los otros días de la semana utilizados como control. La figura 3c muestra datos promediados sobre seis semanas antes y después, de modo que se observa una reducción en los cambios al azar en la concentración del ozono.

El incremento de ozono los sábados se encuentra dentro de las fluctuaciones mostradas por los datos de domingo a viernes utilizados como control. Una vez más se demuestra que el Hoy no circula no reduce la concentración de ozono medida en el aire de la ciudad.

La Secretaría del Medio Ambiente estimó una reducción de la contaminación de 11% anual, así lo dijo en su tríptico “Por la salud de todos, el Hoy no circula se moderniza”. El 11% anual se logra con un 11% diario, pero la medida se aplica solamente los sábados, lo que supone que esos días la contaminación disminuye un 77%, lo que es completamente imposible.

Otra cita textual es: “De no existir el programa Hoy no circula en la actualidad, las emisiones de los automóviles particulares de la Zona Metropolitana del Valle de México se incrementarían en un 70%”. Esta estimación es imposible porque si el Hoy no circula no bajó la contaminación, su derogación no puede incrementarla. Entre julio y diciembre de 2015, los hologramas se dieron por las emisiones medidas, por orden de la Suprema Corte de Justicia, y la mayoría de los coches obtuvieron el holograma 0. De hecho, las fluctuaciones anuales observadas son muy grandes, ya que para enero de 2016 el Hoy no circula se aplicaba a muy pocos coches y la contaminación de julio a diciembre de 2015 no subió el 70% predicho por la Secretaría del Medio Ambiente.

En julio de 2015 comenzaron a circular más coches y para diciembre del mismo año a muy pocos automóviles se les aplicaba el Hoy no circula. De hecho, la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de que se midieran las emisiones para otorgar los hologramas, lo derogó de facto. Para revertir esta decisión, se redujeron los límites de emisiones para óxidos de nitrógeno, de modo que lograron sacar de circulación muchos más coches. Esto sin tomar en cuenta que ningún Hoy no circula ha reducido la contaminación.

Reducción del azufre en los combustibles

De 1990 a 1994, Pemex redujo el azufre en los combustibles de niveles de 1 000 ppm a valores entre 500 y 300 ppm, lo que incrementó la eficiencia de los convertidores catalíticos, por lo que se redujo la contaminación. En 2006, se expidió la norma 086 que obliga a reducir a 30 ppm el azufre en los combustibles. El Centro Mario Molina hizo un estudio sobre los combustibles que dice: “De haberse logrado este objetivo, se hubiera alcanzado una reducción de las emisiones del sector autotransporte de hasta 92% en dióxido de azufre, 67% en óxidos de nitrógeno, 57% en hidrocarburos totales y 54% en material particulado. Únicamente la gasolina Premium uba está disponible a nivel nacional, la gasolina Magna uba ha estado disponible desde el 2008”. El estudio tiene fecha de 2005 y la norma le daba a Pemex el año 2009 para que ésta fuera efectiva en todo el país. Por ende, la medida adecuada es reducir el azufre porque disminuye los costos del sector salud para Pemex.

La figura 4 demuestra que las concentraciones de los cuatro contaminantes no presentan ninguna reducción simultánea después de 2006, sugiriendo que no tenemos combustibles de 30 ppm. Pemex no ha logrado producir combustibles bajos en azufre; dice que lo hace, pero las medidas en el aire demuestran lo contrario. En el año 2017 comienza la venta de gasolina de marcas extranjeras que cumplen con los 30 ppm de azufre y se venden a precios menores en su país de origen. ¿Habrá quién le compre a Pemex?

Contingencia de marzo 2016

Los antecedentes de la contingencia del 15 al 17 de marzo de 2016 produjeron datos que merecen interpretarse. Las referencias son las medidas del viento, el ozono, monóxido de carbono y óxidos de nitrógeno. Del 10 al 18 de marzo de 2016 hubo un episodio con altas concentraciones de ozono en la Ciudad de México causado por las condiciones meteorológicas. El episodio fue precedido por vientos muy fuertes que derribaron árboles y anuncios en la ciudad los días 10 y 11 de marzo; seguidos por días de poco viento en los que las concentraciones de los contaminantes subieron notablemente. La figura 5 muestra los valores horarios de la magnitud del viento medidos en las 34 estaciones de monitoreo del 10 al 18 de marzo de 2016. 

En los días 10 y 11 se presentaron vientos fuertes que incluso tiraron árboles y anuncios y limpiaron la ciudad, esto nos permitió observar un cielo azul. Posteriormente, los días 12, 13 y 14 fueron de alta contaminación con vientos máximos cercanos a 5 m/s. Por último, los días 15, 16, 17 y 18 el viento fue muy parecido, ligeramente mayor que los anteriores. Estas gráficas se pueden reproducir entrando a la página web de la Secretaría del Medio Ambiente cdmx, haciendo clic en la pestaña aire y en la página completa, haciendo clic en estadísticas y gráficos interactivos. Se escoge contaminante, intervalo de fechas y datos horarios. Haciendo clic con el ratón sobre la estación en la gráfica desaparecen sus datos. 

La figura 6 muestra los datos horarios de las medidas de ozono en las 35 estaciones de la Ciudad de México. Los dos primeros días el fuerte viento limpió el ozono, los tres días siguientes éste creció hasta declarar contingencia al pasar de 200 Imecas. Los últimos cuatro días el viento es muy parecido, pero en los días 16 y 17 se prohibió circular a más de un millón de vehículos, o sea, 20% del parque vehicular, modificando arbitrariamente el programa Hoy no circula.

Podemos observar que el crecimiento del viento a partir del día 16 redujo los valores de ozono, pero es notable que a pesar de la restricción de 20% de todo el parque vehicular, el ozono no disminuyó el día 16. El Hoy no circula no redujo la contaminación. El día 18 sí bajaron los valores, debido a la gran cantidad de paseantes que dejaron la ciudad y al incremento del viento.

Para entender por qué no funciona el Hoy no circula es necesario recordar que taxis y microbuses contaminan más que los coches privados forzados a no circular. Prohibir la circulación de un millón de coches incrementa en 1.4 millones el número de pasajeros del transporte público, cuyas emisiones compensan aquellas faltantes de los vehículos privados. Hasta ahora,  en  Ciudad de México ningún programa de Hoy no circula ha logrado disminuir la contaminación.

Los datos de óxidos de nitrógeno medidos de 1992 a 2016 son prácticamente constantes, a pesar del crecimiento de la flota vehicular y los cambios en los factores de emisión debidos a los convertidores catalíticos. Esta constancia implica que hay otras fuentes de óxidos de nitrógeno que no se han considerado. Los vehículos no emiten 88% de los óxidos de nitrógeno como calcula la Secretaría del Medio Ambiente.

Se puede concluir que el inventario de emisiones de óxidos de nitrógeno está equivocado y que los programas Hoy no circula no reducirán la contaminación mientras se permita que gran parte del transporte público sea contaminante. Ojalá se tome en cuenta este experimento para modificar las revisiones obligatorias. 

Precontingencias y contingencias

En 1992 tuvimos ocho contingencias, la mayor de ozono fue de 398 Imecas medidos en Plateros. En 1993 tuvimos 12 contingencias, la mayor con 392 Imecas; en 1994 tuvimos una contingencia con 259 Imecas; en 1995 tuvimos 5 con la mayor de 295 Imecas. El número y magnitud de las contingencias disminuyó conforme bajaba la contaminación en la ciudad. En 2005 tuvimos una contingencia de PM10 de 197 Imecas en Villa de las Flores. En marzo de 2016 la contingencia de ozono fue de 203 Imecas en Cuajimalpa y en abril de 156 Imecas en el Ajusco. Esta última no habría sido contingencia si la Comisión Ambiental de la Megalópolis no hubiera bajado 50 puntos el límite correspondiente. Hasta marzo de 2016 tuvimos valores Imecas mucho mayores a 150 y jamás se sacó de circulación a 20% de la flota vehicular, ni los hospitales se llenaron de pacientes.

La figura 7 ilustra la evolución del Programa de Contingencias Ambientales Atmosféricas de 1990 a febrero 2016. Durante esos años, se han cambiado los límites para declarar precontingencia, contingencia fase 1 y contingencia fase 2. La longitud de las rayas indica la duración de la aplicación del límite correspondiente.

Puede verse que, aunque se midieron valores que excedían la contingencia fase 2, nunca se declaró una aplicación del Hoy no circula a todos los vehículos; los hologramas 0 y 00 estaban exentos. Los límites de precontingencia bajaron conforme bajaba el ozono en la ciudad, de modo que no se molestara demasiado a los automovilistas. Pero en marzo de 2016, después de una contingencia fase 1 (más de 200 Imecas), la Comisión Ambiental de la Megalópolis decidió desaparecer la etapa precontingencia y declarar contingencia a partir de 150 Imecas medidos en alguna de las 35 estaciones monitoras. También decidió desconocer los hologramas 0 y 00 de los coches poco contaminantes, sin dar ningún dato que justifique su decisión.

Aunque hay 35 estaciones medidoras en la ciudad, basta que una sobrepase los límites para declarar contingencia. Sería razonable que se necesitara que al menos cuatro estaciones sobrepasaran el límite para declarar la contingencia; un medidor puede fallar, en cambio cuatro son más confiables. Difícilmente podemos considerar representativas las estaciones Ajusco y Cuajimalpa, que han sido usadas para declarar las últimas contingencias.

La norma indica: “Fase de precontingencia ambiental atmosférica por PM10 a) Regional: se aplica exclusivamente en la zona que registró el índice de calidad del aire que superó el límite de activación. b) En toda la zona metropolitana del Valle de México: se aplica cuando de manera simultánea en dos o más zonas se registren valores del índice de calidad del aire que superen el límite de activación.”

Aunque se permite aplicar contingencias regionales, no se aplicó en la única de 2005.

La norma pide en promedio 24 horas, pero la figura 8 muestra que se calculó con el promedio horario que se guarda como dato. El valor Imeca calculado es mayor que el promedio de 24 horas que se pide en la norma. Para el público es más claro el promedio horario que se publica en la página de la Secretaría del Medio Ambiente, lo recomendable es modificar la norma a promedio horario. También notamos que no se promulgó contingencia regional a pesar de saber que en la noche de Año Nuevo se queman llantas causantes de contaminación. Es decir, declarar contingencia fue completamente inútil ya que al día siguiente habría contaminación.

Medidas para reducir la contaminación

1.- Aumento de la tenencia, de modo que resulte más barato usar un taxi; y cobrar por acceder a ciertas zonas. La metrópolis está prácticamente saturada y tendría que cobrarse el acceso en todas las zonas. Esto es discriminación económica como lo era obligar a los ciudadanos a usar coches nuevos.

2.- Mejorar el transporte público. El metro y los metrobuses están rebasados por el número de usuarios; es increíble que el metro tenga 100 convoyes sin reparar por falta de refacciones y en horas pico se reduce la frecuencia de los convoyes porque van tan llenos que se debe esperar el paso de varios para poder abordar. Si fabricábamos trenes con ruedas de hule, ¿cómo es que no tenemos refacciones para repararlos? Lo más grave, se alquilaron convoyes con ruedas de fierro que no han servido y no hay nadie en la cárcel por este fraude a la Nación.

3.- Los taxis y microbuses, medidos por el sensor remoto de la Secretaría del Medio Ambiente, demuestran ser los más contaminantes. No se puede permitir que los vehículos de uso intensivo contaminen más que los privados.

4.- Desde 2009 el azufre en los combustibles debía de tener 30 ppm de azufre y la contaminación debió haber bajado de 54% hasta 92%, según el Centro Mario Molina, pero las medidas en el aire no muestran ninguna baja simultánea causada por mejora en los combustibles. Compramos gasolinas a Estados Unidos y nos envían gasolinas de uso prohibido en ese país. Si se permite la venta de gasolinas extranjeras, Pemex no venderá ni un litro porque quién quiere comprar gasolina más cara y con más azufre.

5.- Regular el nivel educativo en las escuelas públicas para que los padres de familia no se vean en la necesidad de buscar opciones privadas lejos de sus hogares. De esta manera, los niños podrían asistir caminando a escuelas de calidad cerca de su casa, lo cual evitaría aglomeraciones en las vialidades principales de la ciudad. En consecuencia, disminuiría el uso de automóviles y, por ende, la contaminación. La idea es simple: si el niño puede ir caminando a su escuela, no contamina; además tiene más tiempo para actividades recreativas o convivir con la familia.

6.- Eliminar la mayoría de los topes en la zona metropolitana. Frente al metro Universidad se encuentran dos topes donde no existe tráfico peatonal. El gobierno reconoce 30 mil topes y pretende cambiarlos por reductores de velocidad que cuestan 30 mil pesos cada uno. El efecto es el mismo, al reducir la velocidad la energía cinética se pierde y en consecuencia hay que reponerla consumiendo gasolina. Los reductores y topes incrementan el desperdicio de gasolina. Los reductores son un negocio fraudulento. El gobierno de la ciudad ahorra en topes porque hay tantos baches que la ciudad parece un tope continuo.

7.- Establecer límites de velocidad adecuados a las velocidades de mínimo consumo de los autos modernos, cualquier otra velocidad incrementa la contaminación.

Ya es tiempo de reconocer que el Hoy no circula no reduce la contaminación, pero la Comisión Ambiental de la Megalópolis insiste en que es su mejor arma. La aplica aunque la contingencia sea por partículas causadas por incendios cercanos.
     
       
Referencias Bibliográficas

Centro Mario Molina. 2005. “Evaluación de la mejoría en la calidad de los combustibles automotrices en el país”, en Centro Mario Molina (https://centromariomolina.org/energia/evaluacion-costo-beneficio-de-la-mejora-en-la-calidad-de-los-combustibles-automotrices-en-el-pais/)
     Clean Air Institute. 2007. Revisión Crítica de Información sobre el Proyecto de Restricción Vehicular. Secretaría del Medio Ambiente, Cd. de México.
     Davis, L. 2008. “The Effect of Driving Restrictions on Air Quality in Mexico City”, en Journal of Political Economy, vol. 116, núm. 1, pp. 38-81.
     Eskeland, G. 1992. “Attacking Air Pollution in Mexico City”, en Finance and Development, vol. 29, núm. 4, pp. 28-30.
     Eskeland, G. y T. Feyzioglu. 1997. “Rationing Can Backfire: The ‘Day Without a Car’ in Mexico City”, en The World Bank Economy Review, vol. 11, núm. 3, pp. 383-408.
     Reforma. 2008. “No circula Sabatino”, en Reforma, 19 de enero, p. 2.
     Riveros, H. 2009. “Análisis del Programa «Hoy No Circula»”, en Ciencia, vol. 60, núm. 1, pp. 76-83. 
     _______. 2009. “¿Debe Mantenerse el Programa Hoy No Circula Sabatino?”, en Ciencia, vol. 60, núm. 4, pp. 84-85.
     sma. 2006. Inventario de Emisiones 2006. Secretaría del Medio Ambiente, Cd. de México.
     __. 2006. Campañas de monitoreo ambiental a distancia de vehículos. Zona Metropolitana del Valle de México. Secretaría del Medio Ambiente, Cd. de México.
     __. 2008. Seis Medidas Metropolitanas de Calidad del Aire. Secretaría del Medio Ambiente, Cd. de México.
     

     
Héctor E. Rivera Sylva
Museo del Desierto, Saltillo.

Es Maestro en Paleobiología por la Universidad de Bristol, Inglaterra, miembro del Museo del Desierto.
     

     
       

 

 

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Ornela Garelli y Nick Leopold Sordo      
               
               
El plástico es un material que revolucionó el mundo al
permitir la producción en masa, a bajo costo, de productos que benefician a la humanidad, como prótesis médicas, tuberías de agua potable o el recubrimiento de los cables que conducen la electricidad. Sin embargo, la mayoría de los plásticos que se utilizan hoy día son innecesarios y son responsables de una de las principales crisis de contaminación que afectan actualmente al planeta.

El plástico fue introducido en el mercado en 1862, y durante sus primeros cien años de existencia se utilizó principalmente para crear productos reutilizables (como teléfonos, radios y piezas para vehículos). Sin embargo, debido a su gran potencial económico, en los cincuentas del siglo siguiente se priorizó la producción de plásticos de un solo uso, también llamados desechables, diseñados para sustituir envases retornables y productos reutilizables hechos de distintos materiales, como las botellas de vidrio; en realidad son completamente innecesarios, ya que simplemente reemplazaron una solución adecuada con una desechable y altamente contaminante. A partir de ese momento, la producción anual de plásticos no ha dejado de incrementarse, pasando de 1.8 millones de toneladas en 1950 a 460 millones de toneladas en 2019. Actualmente, se estima en más de siete mil millones de toneladas la cantidad de basura plástica que contamina el planeta.

La contaminación por plásticos es una realidad en México, va desde las alcantarillas tapadas por basura o los residuos plásticos que vemos en las ciudades, hasta los diferentes tipos de ecosistemas terrestres de todo el país, así como ríos, lagos, costas y mares. Las imágenes de los efectos de la contaminación por plásticos en las especies marinas inundan las redes sociales y las noticias del día, cada vez más personas conocen de la existencia de esta problemática. Pero, ¿qué tanto afectan los residuos plásticos a los ecosistemas costeros en nuestro país?, ¿qué tanto sabemos sobre la contaminación de las playas que visitamos?, ¿qué efectos puede tener esta contaminación en nuestra salud?

Diversas investigaciones han encontrado microplásticos en especies marinas que se hallan en el país, plásticos en áreas marinas protegidas y en playas muy visitadas por el turismo nacional. Un estudio efectuado por Greenpeace México, el Centro para la Diversidad Biológica y otras instituciones, publicado en 2019, da cuenta de la presencia de microplásticos (fragmentos plásticos menores a cinco milímetros de diámetro) en peces comerciales mexicanos; de una muestra de 755 peces estudiados, 20% contenía microplásticos en sus vísceras, la mayoría tenía una sola pieza, pero hubo un pez en el que se encontraron hasta 45 fragmentos plásticos. Los principales polímeros hallados en dicha muestra fueron: celofán, etilvinilacetato, nailon, poliacrilato, poliestireno, poliéster, polietileno y polipropileno. El tipo de plástico nos da indicios de los productos que se comercializan y consumen y que, al convertirse en residuos, están llegando a contaminar hasta los peces que se venden para consumo en México: se trata de plásticos de un solo uso (innecesarios) como bolsas de supermercado, botellas y envases, fibras provenientes de prendas de ropa y textiles, entre otros. Si bien este estudio no indaga sobre los efectos que la presencia de microplásticos en peces de consumo humano podría tener en la salud de las personas, sí alerta sobre tal posibilidad y nos invita a cuestionarnos cómo este problema no es sólo ambiental sino también de salud pública.

Las áreas marinas protegidas de México tampoco están libres de dicha contaminación; en otro estudio llevado a cabo por Greenpeace México en 2020 se estudiaron ocho de ellas, ubicadas en el Golfo de México y el Caribe. En todas ellas se encontraron residuos plásticos, tanto en la superficie como en la columna de agua y el fondo marino, lo que también representa un riesgo para los animales que habitan estas zonas por las posibilidades de quedar enredados o ingerir tales plásticos. De nueva cuenta, los principales residuos identificados en esta investigación refieren a plásticos de un solo uso como botellas, bolsas, tapas, etiquetas y otros desechables, además de los fragmentos de plásticos no identificables, que representan 59% del total. 

Estos mismos tipos de plásticos se han encontrado contaminando playas de importancia turística, como se señala en un estudio para identificar los plásticos de un solo uso, innecesarios, efectuado por Oceana México y la Universidad Autónoma Metropolitana, tomando muestras en dieciséis playas ubicadas en las cinco regiones marinas de México. Se encontró que los plásticos innecesarios empleados como envases, embalajes y artículos relacionados con alimentos y bebidas constituyen la fracción más importante de los residuos plásticos encontrados en las playas del país.

Finalmente, el estudio Amenaza Plástica: un problema en las costas veracruzanas, en el cual se monitoreó la presencia de residuos plásticos en once playas de Veracruz, en el centro del estado, la cuenca baja del Río Jamapa-Cotaxtla y las islas del Parque Nacional Sistema Arrecifal Veracruz, aporta claridad en cuanto a los mayores responsables del problema, mostrando el alto porcentaje de residuos como fragmentos de unicel (27% del total) y botellas de pet desechables (22%), que son los tipos de residuos más comunes en este monitoreo, así como la presencia de residuos plásticos en todos los ecosistemas costeros estudiados.

El hecho de que entre los principales residuos encontrados destaquen las botellas de pet es interesante; por un lado porque es el tipo de plástico que, según datos de la industria en el sector, es de los que más se recicla en México y, por el otro, porque nos brinda información acerca de una de las industrias que más contribuye a la contaminación por plásticos en todo el mundo: la industria de alimentos y bebidas. Finalmente, estos estudios dan cuenta de la amplia presencia de residuos plásticos de distinto tipo que están contaminando los ecosistemas costeros mexicanos, desde islas alejadas de la costa y áreas naturales protegidas, que supondríamos fueran zonas libres de contaminación, hasta playas turísticas y ríos que sufren una mayor presión por parte de las zonas urbanas, lo cual tiene efectos directos en los ecosistemas marinos mexicanos.

¿A qué se debe esta contaminación?

Dado que los principales tipos de productos plásticos encontrados en los ecosistemas costeros estudiados son de un solo uso, es decir, productos diseñados para utilizarse por un periodo de tiempo muy corto y después desecharse, la cultura del usar y tirar, promovida por las empresas que fabrican y comercializan dichos productos o que los utilizan como envases y empaques de los productos que venden, se encuentra en el origen del problema. Si bien existen retos enormes en la gestión de residuos en nuestras ciudades y, en efecto, las personas consumidoras tenemos mucho que avanzar en la mejora de nuestros hábitos de consumo para hacerlos más sustentables, lo cierto es que la raíz del problema está en la puesta en el mercado de productos diseñados para desecharse. Por ello, para solucionar de fondo este problema las empresas deben dejar atrás los plásticos de un solo uso y avanzar hacia sistemas de distribución de sus productos que sean reutilizables.

Poner el foco en la responsabilidad extendida de los productores, es decir, en aquella que tienen las empresas que fabrican, comercializan, importan, manejan tales productos, es esencial para avanzar hacia una solución duradera del problema. En el estudio Amenaza Plástica: un problema en las costas veracruzanas, ya mencionado, además de la identificación de los residuos hallados con mayor frecuencia en los ecosistemas costeros, también se ubicó a las principales empresas que comercializan dichos productos. Saber con exactitud cuáles son nos permite exigirles cambios. Los resultados muestran que en primer lugar se destacan corporaciones del sector de alimentos y bebidas, encabezando la lista The Coca-Cola Company (con 35% de los residuos cuya marca comercial se pudo identificar), seguida por Pepsico, Nestlé, Grupo Danone y marcas de productos de cuidado personal como Colgate-Palmolive, Unilever y Procter & Gamble. 

Estos hallazgos son similares a los arrojados por las auditorías de marca realizadas a lo largo del mundo por Break Free From Plastics mediante ejercicios de ciencia ciudadana que consisten en la limpieza de alguna playa, parque, bosque urbano o algún otro ecosistema, al mismo tiempo que se efectúa la clasificación de los residuos por tipo de producto (unicel, botellas, bolsas, etiquetas y demás) y se identifican las marcas a las que pertenece cada residuo. En su informe que resume los hallazgos de cinco años de auditorías (de 2018 a 2022), dicha asociación señala a las principales empresas contaminantes: 1) Coca-Cola, 2) Pepsico, 3) Nestlé, 4) Unilever y 5) Mondelez, exactamente las mismas que aparecen en los análisis hechos en México. Coca-Cola, la principal empresa contaminante, debe su puesto a los cientos de miles de botellas de pet desechables que produce cada día y que comercializa en todo el mundo. Son datos de gran importancia para que se conozca el papel central que corresponde a dichas empresas en la solución de este problema.

Soluciones

El problema de contaminación plástica se detectó por primera vez en la década de los sesentas, cuando el impacto ambiental de los desechables era ya visible. La presión social para que se atendiera el problema incrementó y llevó a la industria petroquímica a desarrollar la narrativa de que los plásticos son reciclables. De esta manera, las compañías se deslindaron de la basura generada por sus productos, y volcaron la responsabilidad en los consumidores.

El reciclaje no es la solución al problema de contaminación plástica. La tasa de crecimiento de producción de plásticos en el mundo es exponencialmente mayor a la de la industria del reciclaje, lo cual se debe a que generar plásticos nuevos es un negocio muy lucrativo (valuado globalmente en 600 mil millones de dólares), y a que producir plásticos de material virgen es más fácil, y en general más barato, que de plástico reciclado. Esto hace que la industria del reciclaje se desarrolle únicamente cuando es más lucrativo hacerlo que crear plásticos nuevos; sin embargo, es tan poco lucrativo que, de todos los plásticos que se han producido desde 1862, sólo se ha reciclado 9%.

Hasta ahora, la solución más efectiva para frenar la contaminación plástica es la regulación de estos productos. Existen tres tipos de legislaciones que se pueden utilizar para regular: la primera es una prohibición inmediata, es decir, una vez entrada en vigor la legislación, se detiene por completo la circulación de plásticos en el mercado; la segunda es una prohibición progresiva, la cual detiene gradualmente el ingreso de plásticos al mercado hasta llegar a cero; y la tercera legislación es la creación de impuestos al uso y la generación de estos plásticos, mecanismo que funciona como el impuesto al carbón y puede ser aplicado tanto a las industrias como a los consumidores.

A nivel mundial se ha comprobado la efectividad de las diferentes medidas regulatorias para reducir la contaminación plástica. Bangladesh fue el primer país en prohibir plásticos innecesarios en 2002; desde ese entonces son más de 120 países los que han adoptado algún tipo de legislación para regularlos. En Brasil, una prohibición federal al uso de bolsas de plástico logró una reducción de 70% en su primer año de vigencia, y una prohibición local en Filipinas logró una reducción de 90%; mientras que mediante un impuesto dirigido a los consumidores Indonesia consiguió una reducción de 40%, y en Portugal un impuesto aplicado a la industria representó una reducción de 74%. En México, 29 de 32 entidades federativas cuentan con algún tipo de regulación, especialmente prohibiciones, de diversos productos plásticos de un solo uso.

El plástico innecesario es un problema de talla global que no será resuelto por medio del reciclaje. Las afectaciones al medio ambiente, la salud humana y el cambio climático hacen de este problema uno de los más apremiantes a nivel mundial. Las regulaciones han demostrado ser la manera más efectiva de combatir el problema, lo que marca una ruta clara de los pasos a seguir para frenar esta crisis; sobre todo que dichas regulaciones deben verse complementadas por la inclusión en las leyes nacionales y locales del “principio de la responsabilidad extendida del productor”, una herramienta de política ambiental que permite establecer en la legislación responsabilidades claras para las empresas importadoras, comercializadoras, fabricantes y demás de plásticos de un solo uso, abarcando desde el necesario rediseño de productos para que no sean desechables hasta el financiamiento de infraestructura para la recolecta de envases, entre otras responsabilidades y obligaciones. Las empresas que diseñan y ponen estos productos en el mercado deben asumir la responsabilidad que les corresponde en este problema si queremos alcanzar soluciones efectivas y duraderas a la contaminación plástica.
     
       
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Ornela Garelli Ríos
Campañista de Océanos sin Plásticos, 
Greenpeace México. 

Estudió Relaciones Internacionales en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (buap) y la maestría en Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la unam. En Greenpeace, trabaja por la protección de los océanos a través de una campaña para lograr la ratificación de un Tratado Global de los Océanos, la aprobación de un Tratado Global de Plásticos y una ley en México que prohíba los plásticos de un solo uso innecesarios e incluya la responsabilidad extendida de los productores. 

Nick Leopold Sordo
Director de Campaña de Océanos sin Plásticos, 
Oceana México.
 

Es ingeniero mecánico-eléctrico por la Universidad Iberoamericana de México y maestro en Ciencias Ambientales con especialidad en Desarrollo Sustentable por la Universidad de Queensland, Australia. En Oceana enfoca sus esfuerzos en una ley que prohíba los plásticos innecesarios utilizados para el empaquetado del comercio electrónico. Es doctor en Astronomía, catedrático en la maestría en Sistemas Computacionales y la maestría en Arquitectura Sostenible y Gestión Urbana en el Instituto Tecnológico de Colima.
     

     
       

 

 

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Microplásticos:
una amenaza emergente
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Jorge Feliciano Ontiveros Cuadras, Ana Carolina Ruiz Fernández, Lorena M. Ríos Mendoza y Joan Albert Sánchez Cabeza  
                     
Por su versatilidad, resistencia y bajo costo de
fabricación, los plásticos han permeado aspectos vitales de la humanidad. Desde su creación, a inicios del siglo xx, se pensó que las aplicaciones técnicas de estos materiales derivados del petróleo eran casi inagotables y, entre 1940 y 1950, con el inicio de su producción masiva, inició la llamada “Era del plástico”. 

Los plásticos son macromoléculas que resultan de la unión de polímeros sintéticos o semisintéticos, constituidos por monómeros (moléculas orgánicas más pequeñas) de carbono e hidrógeno, y otros elementos como oxígeno y nitrógeno. Durante su fabricación se emplean aditivos como plastificantes, retardantes de flama o pigmentos que mejoran sus propiedades físicas, pero que son considerados sustancias de alto riesgo ambiental como el bisfenol-A y los ftalatos, entre otros.

Un escenario común es la proliferación de basura plástica en nuestras playas, especialmente después de los periodos vacacionales o épocas de lluvia; esto evidencia que el uso desmedido de plástico rebasa cualquier esfuerzo para un manejo adecuado, provocando que cada año ingresen miles de toneladas de estos materiales al océano.

Los polímeros de mayor uso –representan 90% de la producción global de plásticos– son el polietileno (pe), el polipropileno (pp), el poliestireno (ps), el policloruro de vinilo (pvc), la poliamida (pa), el tereftalato de polietileno (pet) también conocido como poliéster, y el alcohol polivinílico (pva). La densidad específica de cada tipo de plástico define su distribución y acumulación en los cuerpos de agua; así, los polímeros más densos que el agua de mar (1.02 g cm-3), como el pvc (1.20-1.45 g cm-3) o el pet (1.38-1.39 g cm-3) se hunden rápidamente y se depositan en el fondo marino, mientras que los menos densos como el pp (0.89-0.91 g cm-3) o el pe (0.93-0.98 g cm-3) flotan y son arrastrados a grandes distancias por las corrientes oceánicas. 

Origen del problema

El aumento sostenido de la contaminación por basura plástica se relaciona con el crecimiento poblacional, la alta demanda de productos plásticos y la deficiente gestión de sus desechos. Entre 1950 y 2015, la población mundial pasó de 2 600 a 7 200 millones de habitantes, y en ese mismo periodo se estima que menos de 12% de los plásticos fabricados se incineraron, cerca de 9% fueron reciclados y más de 60% desechados sin ningún tipo de tratamiento; igualmente, cerca de 50% del plástico generado en la última década se ha utilizado para empacado, es decir, ha sido de un solo uso. Se calcula que para 2050 se habrán fabricado 25 000 megatoneladas de plásticos (1Mt =1 000 000 000 kg), de las cuales más o menos 48% terminarán dispersas en el ambiente. Por ahora, los únicos métodos comerciales para eliminar la basura plástica de forma permanente son los procesos térmicos de combustión y pirolisis. Su reciclado es aún reducido, pues el proceso suele ser económicamente menos atractivo que la fabricación de plástico nuevo. El costo-efectividad de este proceso depende del polímero y tipo de material recuperado; por ejemplo, el reciclado de un empaque hecho de capas de distintos componentes es más costoso que el de un contenedor rígido hecho de un solo polímero; además, la mezcla de polímeros afecta la calidad del producto final (por ejemplo, la presencia de pet durante el reciclado de pvc provoca terrones de pet, que reducen el valor del material terminado).

Si bien es posible que la acumulación de plásticos sea mayor en suelos y cuerpos de agua continentales, se ha prestado más atención a la contaminación marina, y a que los océanos evidencian mejor la ubicuidad de la basura plástica y sus efectos tóxicos sobre la biota y el ser humano debido al consumo de productos pesqueros, pues a nivel global la producción pesquera marina puede ser tres veces mayor que en aguas continentales. Los microplásticos son pequeñas partículas (1–5 mm) que pueden ser de origen primario, producidos a ese tamaño para su uso en productos de belleza, medicinas, fabricación de artículos del hogar o resinas industriales; o de origen secundario, resultado de la fragmentación de la basura plástica que se degrada bajo la acción del oxígeno atmosférico, la radiación ultravioleta, el oleaje o la actividad bacteriana.

Contaminación marina

La mayoría de la basura plástica se origina sobre los continentes y los ríos son su principal medio de transporte. Así, en las regiones con grandes ríos, cuyas cuencas tienen una alta densidad poblacional, se suministra la mayor cantidad de residuos plásticos al mar. Se ha determinado que alrededor de 91% de la carga global de residuos plásticos es transportada a través de sólo diez ríos (ocho en Asia y dos en África). Un primer acercamiento para estimar la magnitud y distribución espacial de los plásticos flotantes en el mar reportó basura plástica en 88% de alrededor de 3 000 muestras de agua superficial de distintos sitios del océano mundial, con una mayor acumulación en las zonas de los grandes giros oceánicos, que aglomeran entre 7 000 y 35 000 toneladas de basura plástica. La acumulación más alta se encuentra en el giro del Pacífico norte, y tiene un área de aproximada 20 x 106 km2, equivalente a dos veces la superficie de Texas.

Mediante el uso del modelo espacio-temporal “Exportación Ribereña Global de microplásticos a los Mares” (gremis, por sus siglas en inglés) se estimó que de 2000 a 2007, el flujo global de microplásticos fue de 47 000 t año-1 y que 80% de esas partículas es de origen secundario. Si la generación de residuos plásticos continúa su ritmo actual, para 2050 el flujo aumentará a 71 000 t año-1. No obstante, si se mejorara en al menos 90% la recolección de residuos y la remoción de plásticos por las plantas tratadoras de aguas residuales, los flujos podrían disminuir hasta 17 000 t año-1.

Biota y alimentos

Además de los aditivos utilizados durante la síntesis de polímeros (algunos considerados disruptores endocrinos, como el bisfenol-A), que pueden ser liberados durante la degradación de las partículas plásticas en el ambiente, los microplásticos tienen la capacidad de absorber otros contaminantes durante su tránsito por el medioambiente, como metales (mercurio y plomo) o compuestos orgánicos hidrofóbicos (hidrocarburos o plaguicidas) y convertirse en una vía de dispersión de sustancias tóxicas.

Los microplásticos ingeridos por la biota, dependiendo de su tamaño, pueden tener la capacidad de atravesar tejidos y células, así como ser transferidos de presas a depredadores mediante la cadena alimentaria. Los efectos nocivos en la biota marina incluyen desde estrés, obstrucción intestinal, inhibición de enzimas gástricas, retraso en la ovulación e inanición, hasta anormalidades reproductivas y cáncer. Las afectaciones escalan desde los individuos hacia las poblaciones y las comunidades, afectando la biodiversidad y el hábitat.

Se han detectado microplásticos en una amplia variedad de productos pesqueros como sardinas, mejillones y  camarones, capturados en el medio silvestre o cultivados, tanto frescos como enlatados. Su ocurrencia se ha observado no sólo en el tracto digestivo, sino también en los músculos de peces y crustáceos de importancia comercial. Adicionalmente, se han encontrado en agua potable (incluso embotellada), cerveza, sal, azúcar y miel. En un estudio reciente en Estados Unidos se estimó que los norteamericanos ingieren de 39 000 a 52 000 partículas de microplásticos al año y que este valor se incrementa en 90 000 partículas para las personas que sólo consumen agua embotellada.

Primeros esfuerzos en México

El estudio del impacto de los microplásticos en ecosistemas marino-costeros de Latinoamérica y el Caribe es aún incipiente debido a la falta de capacidades analíticas, tanto instrumentales como de recursos humanos. La comunidad científica reconoce que existen problemas básicos como la heterogeneidad de metodologías de análisis y de expresión de resultados que obstaculizan la intercomparabilidad de datos a nivel global.

Los pocos trabajos publicados en México para zonas costeras han cuantificado y caracterizado microplásticos (composición química, forma y color) en arenas de playa. Se conoce el promedio de su abundancia en 21 playas en la península de Baja California (135±92 partículas kg-1), en Huatulco, Oaxaca (7 partículas g-1 peso seco) y en sitios urbanos y rurales al sur de Sinaloa (4-36 partículas m-2). La forma más abundante de microplásticos son las fibras y, en la mayoría de los casos, las descargas de aguas residuales son la fuente puntual más probable.

Con el apoyo del proyecto regional rla/7/025 financiado por el Organismo Internacional de Energía Atómica, desde 2017 se iniciaron actividades de fortalecimiento de capacidades para su estudio, mediante técnicas homologadas en arena de playas de quince países de Latinoamérica y el Caribe, que conforman la Red Marino-Costera (Remarco).  En México, el sitio de estudio fue Mazatlán, en Sinaloa, y los resultados muestran que las playas de este puerto turístico se encuentran entre las menos contaminadas de la región.
     

Referencias bibliográficas


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Jorge Feliciano Ontiveros Cuadras
Ana Carolina Ruiz Fernández
Lorena M. Ríos Mendoza
Joan Albert Sánchez Cabeza
Instituto de Ciencias del Mar y Limnología,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     

     
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