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| ¿Artistas indígenas o artistas contemporáneos? de clasificaciones y eurocentrismos recalcitrantes |
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César Carrillo Trueba |
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| De todo el arte que una falsa clasificación ha colocado en el compartimento de lo primitivo y que los amargosos hongos de nuestra triste civilización tratan de “salvaje”, el más misterioso es quizás el que vio la luz en el continente americano. Tristan Tzara, 1928. |
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Clasificar pareciera ser tan natural como respirar,
al punto que pocas veces pensamos en el origen de las categorías que empleamos para ello. En casillas prestablecidas colocamos objetos, actividades, formas de pensar, de ser, de vivir, personas, sociedades y culturas. En México, por enraizada costumbre, dialecto llamamos a una lengua indígena, artesanía un objeto creado por manos indígenas o campesinas, choza a una casa, empirismo al conocimiento que del mundo han forjado otras culturas, y un largo etcétera. Ciertamente, las impugnaciones y los debates acerca de esto han modificado los términos empleados y, por ejemplo, ya es más frecuente escuchar “lengua indígena”, “arte popular”, incluso “arte indígena”. No obstante, el contraste entre lo que se considera universal y no requiere otro calificativo, y aquello que se ve como particular, específico, no universal, sigue siendo muestra de una falta de simetría, una asencia de igualdad. Arte negro llamaron en Europa algunos artistas vanguardistas de inicios del siglo xx al procedente de África, criticando la idea de “arte llamado primitivo”, como lo escribiera Tristan Tzara. Arte de los pueblos africanos se le empezó a llamar después con la intención de dar cuenta de las diferencias entre regiones y culturas. Sin embargo, hace no mucho, el Museo del Quai Branly abría sus puertas con el nombre de “artes primarias”, regresando a la decimonónica idea de arte primitivo. Resulta paradójico que al denominar todo aquello que no es occidental, se pretenda particularizar cuando en realidad se homogeneiza, en mayor o menor escala, una diversidad que llega a ser de tal magnitud que es absurdo agrupar. Pareciera más bien que el particularizar es una forma de excluir a otros de lo universal, lo humano en su máxima o más profunda expresión, propio de lo occidental. Un eurocentrismo recalcitrante que sigue mirando el resto del mundo con paternalismo o desprecio (The West and the Rest). ¿Podríamos imaginar una exposición de pintura que se llamara “Arte de los pueblos galos de finales del siglo xix” en donde se exhibiera el impresionismo francés? ¿ o en México “Arte urbano de la clase media alta de mediados del siglo xx” a una muestra sobre la llamada “ruptura”? Pero sí acabamos de ver una magna exposición de arte indígena en el Palacio de Bellas Artes que, aun bajo otro nombre (“Arte de los pueblos de México. Disrupciones indígenas”), sigue vehiculando la misma idea, entremezclando lo que se ha denominado como arte popular con lo que ahora se denomina arte indígena, a saber arte contemporáneo hecho por artistas de origen indígena, como Ana Hernández (de quien es la portada de este número de Ciencias) y Sabino Guisu, ambos de familia zapoteca del istmo. ¿Es necesario tal epíteto? Como decía el Maestro Toledo al respecto: ¿por qué nunca se catalogó a Rufino Tamayo como artista indígena cuando era de familia zapoteca de los valles? Ante la profusión de exposiciones de arte indígena en los últimos años bien valdría la pena reflexionar acerca de estas clasificaciones, discernir si es mera moda, corrección política, simple demagogia, recalcitrante eurocentrismo o si verdaderamente hay una autodenominación de los artistas en cuestión. En este debate, bien vale incluso regresar a textos aparentemente muy conocidos, como los de Tristan Tzara, escritos a lo largo de varias décadas del siglo XX, a quien dejamos aquí la conclusión: “el arte negro, o más bien las artes de los pueblos de África —pues arte negro es una generalización que comprende una multitud de expresiones artísticas de diferentes pueblos—, es una de las facetas del conjunto cultural constituido por la vida social, las costumbres, las tradiciones, la literatura oral, el canto y las danzas de esos pueblos cuya civilización es testimonio de un rico y variado pasado. Ciertamente, su historia nos es conocida de manera imperfecta; pero si esta forma de civilización es diferente de la que, gracias a la escritura, es posible seguir paso a paso en su evolución, no por eso podemos hacer valer respecto de ella un infundado tipo se superioridad desde la cual las razas blancas se han elaborado una escala de valores de lo más arbitrarios”. |
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Referencias bibliográficas Tzara, Tristan. 1955. “Sur l’art des peuples africains”, en Démocratie nouvelle, núm. 5, reproducido en Découverte des arts dits primitifs, Hazan, París, 2006, pp. 53-62. |
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| César Carrillo Trueba Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México. |
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cómo citar este artículo
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| del calentamiento |
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| El cambio climático beneficia a los insectos plaga |
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Manuel Ochoa Sánchez |
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El cambio climático es un evento complejo y
multifacético, consecuencia del aumento en la concentración de gases de efecto invernadero (como el co2 y metano) en la atmosfera. El avance del cambio climático está acompañado del aumento en la frecuencia de eventos climáticos extremos —como sequías, precipitaciones intensas o extemporáneas—, en la temperatura y la concentración de co2. Al igual que el resto de los ecosistemas terrestres, los cultivos agroalimentarios se encuentran en alerta, pues la estabilidad climática es importantísima para la productividad agrícola, y ésta es el sostén alimentario del mundo. Investigar los efectos que éstos sufren ante el cambio climático debe representar, por lo tanto, una prioridad mundial. La agricultura incrementó notablemente su productividad gracias a los avances en el sector industrial, que fueron críticos para satisfacer la creciente demanda de alimentos. Desafortunadamente, en la persecución de este objetivo se han deforestado y contaminado los ecosistemas terrestres. En contraste con un cultivo, un bosque o selva reboza de complejidad estructural a causa del intrincado paisaje creado por la combinación de árboles, hierbas, troncos caídos y lianas, en donde se desarrollan comunidades biológicas muy diversas. En contraste, los cultivos son paisajes vegetales uniformes, caracterizados por la abundancia de una planta (monocultivo), situación que favorece la proliferación de organismos capaces de alimentarse del monocultivo, pues para ellos representa una “mesa servida” cuya única limitante sería su apetito. En este contexto surgen las plagas, que se pueden dividir en: agrícolas y forestales. Una plaga agrícola o forestal se define como cualquier organismo cuya proliferación afecta alguna planta de interés alimentario o maderable, y pueden atacar hojas, raíces, frutos y el tronco o tallo. Entre las más importantes se encuentran las entomológicas (insectos). La actividad de las plagas afecta económicamente, pues destruye los productos agrícolas o resta su valor y restringe las oportunidades de exportación. Un ejemplo aleccionador reside en el caso de la mosca mexicana de la fruta (Anastrepha ludens) y la exportación de aguacate a Estados Unidos, país que esgrimía la idea (falsa) de que el aguacate mexicano era hospedero de esta mosca, por lo que prohibió durante décadas la importación del aguacate mexicano. A inicios del año 2000 se demostró que el aguacate mexicano no es un hospedero natural de esta mosca, logrando entablar una fructífera relación comercial que se mantiene vigente. A pesar de que los insectos no pueden regular su temperatura corporal, por lo que dependen de la temperatura ambiental, son un grupo cosmopolita y de tremendo éxito evolutivo; llevan habitando la Tierra cientos de millones de años. Entre las características importantes que les ayudan a colonizar y diversificarse rápidamente al llegar a un sitio nuevo se encuentran las siguientes: 1) tiempos generacionales breves (un ciclo de vida puede completarse en un mes); y 2) su elevado potencial reproductivo (pueden tener miles de hijos durante toda su vida). Esto les confieren un potencial evolutivo profundo capaz de desplegar respuestas biológicas a cambios ambientales/biológicos importantes en poco tiempo. Beneficiados por el cambio De modo general, se estiman dos beneficios inmediatos que tendrá el cambio climático en los insectos plaga: 1) aumento en el metabolismo (comerán más); 2) mayor voltinismo (tendrán más hijos); y 3) mayor tamaño poblacional y área de distribución. Es así que, actualmente, algunos insectos plaga han visto un aumento en su área de distribución (figura 1a). El escarabajo de las papas Leptinotarsa decemlineata y la polilla del invierno Operophtera brumata son insectos plaga cuyas poblaciones han aumentado en tamaño, invadiendo zonas del norte de Europa. Estas ampliaciones en su área de distribución permiten que las plagas encuentre plantas “sin experiencia” frente al ataque de plagas, lo que las hace más susceptibles a la herbivoría y favorece el éxito en el asentamiento de los insectos. Adicionalmente, las plagas se pueden beneficiar de inviernos menos fríos, como ocurre con el pulgón verde del abeto, pues su supervivencia invernal atípica representa un nuevo estrés estacional para su hospedero Picea sitchensis (una conífera). Otras plagas con amplias tolerancias térmicas y tiempos generacionales veloces, que se espera tengan beneficios similares son: la plaga de la raíz del maíz Diabrotica virgifera, el ácaro polífago Tetranychus evansi y la mariposa del geranio Cacryeus marshalli. El voltinismo es otro rasgo que aumentará con el cambio climático. En el caso de la mariposa plaga polífaga Spodoptera eridania (se alimenta de hojas de diferentes plantas, como pimientos, soya y algodón), el aumento en la temperatura estimula su multivoltinismo natural (figura 1b). De forma natural, ocurren nueve generaciones por año, pero con el calentamiento en curso se estima que para 2070 habrá doce, lo que podría intensificar las pérdidas económicas por esta plaga. Por otro lado, el estrés por exceso de calor y la falta de agua pueden debilitar a las plantas y hacerlas más vulnerables al ataque de plagas, como ocurre con la escama Melanaspis tenebricosa y el árbol del maple. Ante el estrés térmico e hídrico, el árbol no logra defenderse de la plaga y la escama alcanza grandes densidades poblacionales. En el caso de las plagas forestales, las fluctuaciones extremas en la escasez de agua también les benefician. Los arboles necesitan una fuente constante de agua para poder transportar nutrimentos a lo largo de su extenso cuerpo. Cuando hay déficit de agua, este transporte es más costoso, lo que pondría al árbol en un estado de “anemia”, volviéndose más vulnerables al ataque de diferentes plagas, como los escarabajos descortezadores y los insectos minadores, agalladores y suctopicadores. En extremo opuesto al estrés hídrico están las lluvias torrenciales, que también dejan vulnerables a los árboles al causar daños físicos en los árboles, creando espacios que son aprovechados por los escarabajos descortezadores (figura 1c). Fuertes lluvias han precedido intensos brotes de los escarabajos descortezadores Ips typographus e Ips sexdentatus. Y afectados por el cambio Pese a los ejemplos anteriores, el cambio climático también está afectando negativamente a ciertos insectos plaga. Aquellos con escasa tolerancia térmica podrían morir a consecuencia de golpes de calor; o bien por la dieta, pues ante los cambios climáticos las plantas se enfrentan a estrés crónico, lo que provoca la acumulación de metabolitos secundarios en sus tejidos. Temporadas muy calurosas, por ejemplo, provocan la acumulación de diferentes metabolitos secundarios en los troncos de los árboles. Del mismo modo, el aumento en la concentración de co2 afecta la composición química de las hojas, favoreciendo la acumulación de compuestos de carbono secundarios. Estos compuestos suelen ser tóxicos, lo que provoca que los insectos herbívoros tengan que emplear más tiempo alimentándose para obtener los nutrimentos necesarios. Por su parte, los insectos que tienen diapausa en su ciclo de vida (algo similar a una hibernación) son los más vulnerables, pues si ocurren eventos climáticos extremos durante su “descanso” no tendrán oportunidad de migrar y morirán. Mientras que los adultos que lograrán sobrevivir podrían exhibir secuelas, como menor tamaño y potencial reproductivo. Para los insectos plaga con escasa tolerancia térmica, la migración representa una respuesta de supervivencia ante el embate del calor. Las plagas del cogollo Choristoneura fumiferana, el hemíptero de los abetos Adelges tsugae y la polilla minadora de las hojas del castaño Cameraria ohridella están perdiendo sus áreas de distribución originales. Las poblaciones aparentemente estables son las que lograron migrar a zonas inéditas en regiones del norte de Estados Unidos y Canadá, donde la temperatura no ha subido tanto. Estos ejemplos resaltan la dinámica y compleja respuesta de los insectos plaga ante el cambio climático. A grandes rasgos, se puede apreciar una tendencia hacia la migración a zonas más al norte y sur del hemisferio norte y sur, respectivamente. Independientemente de las tendencias actuales, la respuesta poblacional a la temperatura sólo tiene un valor óptimo. En caso de continuar con el calentamiento y superar este punto podría ocurrir una extinción masiva de insectos como nunca, y con ellos muchas otras especies más. Herbivoría y defensa Cuando las plantas son atacadas por herbívoros, suelen liberar metabolitos secundarios, los cuales tienen una función defensiva, pues su objetivo es disminuir la herbivoría. Sin embargo, estos compuestos defensivos también llegan a los órganos florales, afectando negativamente a los polinizadores (figura 1). Existen muchos organismos diferentes que polinizan las plantas, sin embargo los insectos son el principal grupo polinizador (como las abejas). Los polinizadores son tan importantes en la reproducción vegetal (y por ende en la producción de flores y frutos), y su presencia tan relevante que incluso pueden compensar los efectos adversos en la reproducción de las plantas derivadas del estrés ambiental. Los polinizadores son un ejemplo de mutualismo (ambas partes ganan), ya que mientras visitan flores y transportan polen de flor en flor, reciben una recompensa alimenticia en el néctar floral. Cuando los polinizadores comen néctar cargado de metabolitos secundarios, se ven afectados metabólicamente, tienen menos energía para volar y por ende disminuyen sus visitas florales. Por lo general, los polinizadores prefieren plantas sin daños y tienen mecanismos para diferenciar las plantas dañadas de las sanas. Los polinizadores usan el perfil de olores de las flores para distinguir entre plantas dañadas y sanas. Los metabolitos secundarios producen un perfil de olores distintivo que indica a los polinizadores el estado de las flores. La discriminación floral de los polinizadores tiene efectos adversos aditivos en las plantas, pues además de sufrir herbivoría también disminuye su potencial reproductivo. Aunque, si aun así reciben visitas, también tendrán efectos adversos a futuro, pues el néctar “alterado” disminuirá las visitas florales futuras de los polinizadores. No obstante, de forma interesantísima los polinizadores con infecciones intestinales prefieren el néctar cargado de compuestos secundarios, lo que da la apariencia de que se están medicando. Reflexiones finales El futuro se muestra desafiante para el mundo agrícola. La evidencia actual indica que el cambio climático favorecerá el desarrollo de diferentes plagas de insectos, lo que aumentará las pérdidas económicas y alimentarias. Puesto que los insectos son un grupo evolutivamente antiguo y sumamente exitoso, hay posibilidades de que logren evolucionar y adaptarse a las exigencias que imponga el cambio climático. Por ello, resulta indispensable intensificar la investigación sobre los diferentes aspectos ecológicos, conductuales, evolutivos y moleculares que subyacen al uso de hospederos por parte de los insectos plaga. Esto permitirá tener predicciones más robustas y mejores estrategias para su manejo a futuro. |
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Referencias bibliográficas Aluja, M., F. Díaz-Fleischer y J. Arredondo. 2004. “Nonhost Status of Commercial Persea americana ‘Hass’ to Anastrepha ludens, Anastrepha obliqua, Anastrepha serpentina, and Anastrepha striata (Diptera: Tephritidae) in Mexico”, en Journal of Economic Entomology, vol. 97, núm. 2, pp. 293–309. Deidra, J., R. Jacobsen y A. Raguso. 2018. “Lingering Effects of Herbivory and Plant Defenses on Pollinators”, en Current Biology, vol. 28, núm. 19, pp. 1164-1169. Hulme, P. E. 2017. “Climate change and biological invasions: evidence, expectations, and response options”, en Biological reviews of the Cambridge Philosophical Society, vol. 92, núm. 3, pp. 1297-1313. Jactel, H., J. Koricheva y B. Castagneyrol. 2019. “Responses of forest insect pests to climate change: not so simple”, en Current Opinion in Insect Science, vol 35, pp. 103-108. Lehmann, P., et al. 2020. “Complex responses of global insect pests to climate warming”, en Frontiers in Ecology and the Environment, vol. 18, núm. 3, pp. 141– 150. Raderschall, C. A., et al. 2020. “Water stress and insect herbivory interactively reduce crop yield while the insect pollination benefit is conserved”, en Global Change Biology, vol. 27, pp. 71– 83. Sampaio, F., F. S. Krechemer y C. A. Marchioro. 2021. “The hotter the better? Climate change and voltinism of Spodoptera eridania estimated with different methods”, en Journal of thermal biology, vol. 98, núm. 102946. |
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| Manuel Ochoa Sánchez Departamento de Ecología Evolutiva, Instituto de Ecología, Universidad Nacional Autónoma de México. |
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cómo citar este artículo
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| de plagas |
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| Moscas estériles que protegen frutas de gusanos que se las comen |
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| Carlos Pascacio Villafán, Larissa Guillén, Alma Altúzar Molina, Martín Alujaruce Chatwin y José Luis Quintero Fong | ||||||||||||||
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Probablemente alguna vez has encontrado gusanos
en la fruta que comes. Estos gusanos son en realidad larvas de insectos frugívoros (que comen frutas), principalmente de moscas de la fruta de la familia Tephritidae. A diferencia de la mosca del vinagre (de nombre científico Drosophila melanogaster) que vive con frecuencia en nuestros hogares y se alimenta de diversos alimentos en proceso de descomposición, las de la fruta viven en el campo y sus larvas se alimentan de frutos aptos para el consumo humano, tales como mango, naranja, toronja, guayaba, papaya, jitomate, aceituna, calabaza y pepino. El ciclo de vida de este tipo de insectos es el siguiente: una hembra apareada y grávida (embarazada), oviposita (pone), dependiendo de la especie, entre uno y 120 huevos dentro de la pulpa de una fruta casi madura. De los huevos eclosionan (nacen), larvas diminutas que se alimentan de la pulpa y van poco a poco creciendo en tres estadios (etapas) hasta alcanzar su mayor tamaño. Cuando esto sucede, la larva sale del fruto y se entierra de uno a tres centímetros de profundidad para formar una especie de “capullo” (pupa) que entre dos y tres semanas o hasta un año después, dependiendo de la temperatura y si hay inviernos fríos, sale como mosca adulta que, 10 o 15 días después, alcanza su madurez sexual, momento en el cual se aparea y, a su vez, oviposita sus huevos en el mismo tipo de fruto u otro diferente. Para prácticamente cualquier tipo de fruto, hay una mosca especializada en atacarlo. Especies como la mosca mexicana de la fruta o mosca de los cítricos (Anastrepha ludens), mosca del mango (Anastrepha obliqua), mosca de la guayaba (Anastrepha striata), mosca de la manzana (Rhagoletis pomonella), mosca del mediterráneo (Ceratitis capitata), mosca del olivo (Bactrocera oleae), mosca del melón o calabazas (Anastrepha grandis o Bactrocera cucurbitae), mosca de la papaya (Anastrepha toxotrypanae o Bactrocera papayae), entre otras, representan una de las diez mayores amenazas a la fruticultura y horticultura en el mundo. Por un lado, causan un daño directo al agusanar los frutos e impedir su consumo y, por el otro, su presencia en una región o país impide que los frutos se vendan en mercados lucrativos como Estados Unidos, Japón y varios países europeos. Las moscas de la fruta plaga pueden agusanar de 30 a 100% de la producción total de un huerto. Las pérdidas que ocasionan tienen serias repercusiones en la economía local, regional y global, y amenazan la seguridad alimentaria. Otro problema asociado con la presencia de estas moscas en huertos frutales es que para su control se siguen usando agroquímicos muy tóxicos para el ambiente y la salud humana, que son muy costosos y están fuera del alcance de muchos productores rurales descapitalizados. Cría artificial y esterilización Afortunadamente, no estamos solos en la batalla contra las moscas de la fruta plaga de nuestras preciadas frutas y hortalizas; y como dice el refrán: “el fuego se combate con fuego”, en este caso, “las moscas se combaten con moscas”. Aunque suene extraño, una de las técnicas más efectivas y seguras para con el ambiente que permite combatir y controlar poblaciones de insectos plaga, es usar machos de la misma especie criados en medios artificiales y esterilizados mediante radiación; es conocida como la técnica del insecto estéril, y es aplicada en el control de moscas de la fruta. Consiste en criar millones de moscas en dietas artificiales que proporcionan todos los nutrimentos necesarios para que las larvas se desarrollen hasta la edad adulta, es decir, para que los gusanos se transformen en moscas con seis patas, un par de antenas, alas y ojos. Este proceso se ha sofisticado tanto, que ya se usan cepas de moscas modificadas genéticamente que permiten eliminar los huevos que darán origen a moscas hembras con temperaturas superiores a 34 °C. De esta manera, los “huevos hembra” se mueren y sólo sobreviven los “huevos macho”. Estos últimos se incuban en soluciones acuosas en constante burbujeo para oxigenar a los embriones. Cuando las primeras larvas empiezan a nacer de los huevos, se inoculan en una dieta artificial compuesta de diversos ingredientes como levadura, azúcar, harina de maíz, harina de olote, agua, conservadores, gelificantes, entre otros. Estas dietas son el medio en donde las larvas vivirán antes de que su reloj biológico les indique que deben comenzar su camino a la vida adulta. Dependiendo de la especie, las larvas se alimentan de la dieta artificial alrededor de nueve días para después abandonarla o ser removidas por vía manual o mecánica. Como indicamos al inicio, una vez fuera de la dieta artificial (o de una fruta en la naturaleza), las larvas poco a poco dejarán de moverse y comenzarán a encogerse. La cubierta exterior de su cuerpo, llamada cutícula, comenzará a endurecerse y a separarse del resto del cuerpo para formar un “capullo”, llamado pupario; en su interior la larva se transformará en pupa y permanecerá inmóvil mientras su cuerpo cambia progresivamente formando las estructuras propias de la mosca adulta. Una vez concluida esta metamorfosis, la mosca adulta romperá el pupario con su cabeza para salir al mundo artificial: una jaula de aluminio en la cual se alimentarán, defecarán, madurarán sexualmente, copularán y las hembras pondrán huevos en paneles con geles inertes en sustitución de frutos. Los huevos se incubarán e inocularán en la dieta artificial como antes mencionamos, y el ciclo se repetirá para mantener la cría. La esterilización se realiza cuando las moscas se encuentran en el estadio de pupa, irradiándolas con rayos gamma de barras de radioisótopos Cobalto 60 o Cesio 137. La irradiación afecta las células reproductivas de las moscas, causando una mutación en los espermatozoides. Los machos estériles son liberados por millones en zonas con presencia de la especie plaga. Como se liberan tantos machos estériles, éstos avasallan a los machos silvestres, disminuyendo la probabilidad de que una hembra logre encontrar un macho fértil. Copular con un macho estéril reduce la cantidad de huevos fértiles que una hembra produce durante su vida. Es decir, ninguna larva nacerá de los huevos de una hembra que copuló con un macho estéril, evitando así el daño a los frutos y manteniendo al mismo tiempo la población de moscas en el campo a un nivel que no representa una amenaza para la fruticultura. Así, al copular con hembras silvestres, las moscas estériles defienden nuestros frutos de las moscas que los agusanan (figura 1). Calidad de moscas estériles Una mosca estéril de buena calidad debe ser capaz de sobrevivir en la naturaleza hasta que encuentre una hembra con la cual copular. Para esto, las moscas estériles deben tener la capacidad de volar y sobrevivir largos periodos sin comer ni beber, emitir feromonas que atraigan a las hembras y tener buen desempeño sexual. En las fábricas de moscas estériles, el Departamento de Control de Calidad evalúa, entre otros aspectos, el peso de las pupas y emergencia de adultos, así como la resistencia de las moscas adultas a la inanición (falta de alimento) y su habilidad de vuelo (figura 2). En las moscas de cría masiva se cumple el dicho: “eres lo que comes”, pues la calidad de las moscas estériles depende en gran medida de la dieta artificial con la cual crecen las larvas; por ejemplo, los adultos de la mosca mexicana de la fruta resisten poco tiempo la inanición cuando la dieta de las larvas se basa en muchas proteínas y pocos carbohidratos, mientras los adultos de la mosca del Mediterráneo, cuya dieta larval tuvo polvo de zanahoria, huelen muy diferente a los de una dieta larval con salvado de trigo. Dada la importancia de las dietas artificiales en la calidad de las moscas producidas masivamente para su uso en la técnica del insecto estéril, los investigadores buscan constantemente mejorar las condiciones de vida de las larvas mediante las dietas para garantizar el óptimo desarrollo de moscas de buena calidad. Moscas estériles en el mundo Existen fábricas de producción y esterilización de moscas en México, Brasil, Guatemala, Estados Unidos, Francia, Portugal, Tailandia, Sudáfrica e Israel, entre otros países. Cada vez más, los gobiernos de países desarrollados apuestan por esta técnica para conseguir un manejo biorracional de las moscas de la fruta plaga; por ejemplo, en Australia, el gobierno y las asociaciones de fruticultores recientemente financiaron la construcción de una nueva fábrica para la producción masiva de machos estériles de la mosca de Queensland, Bactrocera tryoni, la plaga más devastadora del sector frutícola en ese país. Orgullosamente, México se ha vuelto líder mundial en este campo. A finales de los setentas se fundó el Programa Moscamed como un acuerdo tripartita entre Estados Unidos, México y Guatemala para erradicar la mosca del Mediterráneo, plaga que había ingresado a México desde Guatemala, adonde había llegado procedente de otros países de Centroamérica, después de que en 1901 llegó a Brasil de África (su lugar de origen). De no haberse tomado esta medida emergente, todas las exportaciones de frutas y verduras de México a los principales mercados internacionales se habrían bloqueado. Por cierto, esta amenaza permanece latente, y por ello el Programa contra la mosca del Mediterráneo se mantiene más activo que nunca en la frontera con Guatemala, en específico en Metapa de Domínguez, Chiapas. En 1982 fue inaugurada una gigantesca fábrica que, en su pico de productividad, producía más de quinientos millones de moscas estériles que se liberaban en Chiapas, Oaxaca, norte de Tabasco y Guerrero como medida preventiva. Pocos años después, se construyeron plantas adicionales para producir millones de moscas mexicanas de la fruta y moscas del mango estériles que se liberan desde entonces en Oaxaca, Sinaloa, Nuevo León y Tamaulipas, en las principales zonas productoras de mango y cítricos. En 2013, inició la etapa constructiva de una nueva planta con tecnología de punta y capacidad para producir más de mil millones de moscas del Mediterráneo estériles por semana, se manejarán más de setenta toneladas de dieta artificial cada semana y se emplearán alrededor de trescientas personas. Los beneficios de esta nueva planta, además de los cientos de empleos bien remunerados, incluirán: una reducción en el uso de insecticidas tóxicos para la salud humana y al ambiente, la producción de fruta sana que se puede exportar a mercados lucrativos, la generación de conocimiento que es exportado a otros países vía consultorías o cursos de capacitación, poniendo en todos los casos el nombre de México en alto. Gracias a las moscas estériles La próxima vez que disfrutes de un delicioso mango, una naranja, una toronja o algún otro fruto de tu preferencia, recuerda que éstos llegan a tu mesa gracias a las moscas estériles producidas artificialmente que los defendieron de moscas plaga, y que la producción y calidad de las moscas estériles depende de los medios artificiales usados para la cría. Podemos agradecer a las moscas estériles porque, con su habilidad para copular con hembras silvestres, protegen nuestros frutos de los gusanos que se los comen. |
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Referencias bibliográficas Aluja, M. 1993. Manejo Integrado de la Mosca de la Fruta (Diptera: Tephritidae). Trillas, México. Dhillon, M. M., et al. 2005. “The melon fruit fly, B. cucurbitae: A review of its biology and management”, en Journal of Insect Science, vol. 5, núm. 1, pp. 40-60. FAO. 2017. The future of food and agriculture–Trends and challenges, Annual Report. Food and Agriculture Organization of the United Nations, Roma, Italia. Klassen, W. 2005. “Area-wide integrated pest management and the sterile insect technique”, en Sterile Insect Technique: Principles and Practices in Area-wide Integrated Pest Management, Dyck, V. A., J. Hendrichs y A.S. Robinson (eds.), Springer, pp. 39-68. Leftwich. P. T., et al. 2014. “Genetic elimination of field-cage populations of Mediterranean fruit flies”, en Proceedings of the Royal Society B, vol. 281, núm. 1792, p. 20141372. Merli, D., et al. 2018. “Larval diet affects male pheromone blend in a laboratory strain of the Medfly, Ceratitis capitata (Diptera: Tephritidae)”, en Journal of Chemical Ecology, vol. 44, núm. 4, pp. 339-353. Pascacio Villafán, C, et al. 2016. “Nutritional and non-nutritional food components modulate phenotypic variation but not physiological trade-offs in an insect”, en Scientific Reports, vol. 6, p. 29413. En la red Fresh Fruit Portal. 2016. https://cutt.ly/VJg11OE sagarpa. 2013. https://cutt.ly/sJg19aV. |
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| Carlos Pascacio Villafán, Larissa Guillén, Alma Altúzar Molina Martín Aluja Instituto de Ecología, A.C. José Luis Quintero Fong Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria. |
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cómo citar este artículo
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| del obituario I |
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| La despedida a un etnobotánico mexicano |
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| Alfonso Bautista García | ||||||||||||||
| ¿Cómo la mano de la tierra se ha apoderado de las Pléyades? Y los dientes del polvo, ¿cómo han podido devorar a la luna? El tiempo y la muerte, las elegías de Moseh Ibn ‘Ezra |
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Con profunda tristeza me entero de la muerte del etnobotánico maestro Armando Gómez Campos. Lo conocí cuando cursé la materia de Etnobotánica como asignatura optativa. En ese entonces yo estaba perfilado para ser un biólogo molecular y preparaba mi entrada al Instituto de Investigaciones Biomédicas. Así que como jamás iba a volver a hacer trabajo de campo aproveché para tomar materias de las que nunca más me iba a ocupar. Me inscribí al curso y fue una experiencia maravillosa porque Armando era una persona que transmitía con paciencia y amor sus conocimientos. La salida de campo fue al estado de Guerrero, a un poblado llamado Xochipala, donde pasamos una semana registrando las fiestas de octubre, esas cuando sacan al santo San Francisco de Asís a los campos de cultivo y representan danzas el mero 4 de octubre, la de los tlacololeros, con sus máscaras negras y sus amplios sombreros de flores amarillas, que con su látigo amagaban al tecuane; o la danza de los diablos que, al final, representan la lucha entre el bien y el mal, entre el diablo y San Miguel Arcángel.
En esa salida recorrimos pueblos alrededor de Xochipala. Fuimos a una destilería de mezcal, hecha de manera tradicional. Era una zona de agaves y acababan de cortar las piñas que estaban dispuestas para su fermentación. Consumimos directamente del alambique, mediante un canal hecho con una penca, el destilado de mezcal. También visitamos la zona arqueológica de la Organera. Recuerdo que había todo un ejército de escarabajos negros que rodaban bolas de caca con sus patas traseras, Terminamos el viaje un domingo en el gran mercado de Chilapa donde adquirí varias artesanías realizadas con totomoxtle que representaban a los diferentes danzantes. Una noche en Xochipala, estábamos en nuestras respectivas bolsas de dormir y de repente empezó a caerse el cielo. Muy pronto el agua comenzó a encharcarse y varias compañeras se mojaron. Yo tuve que darle asilo en mi amplia bolsa de dormir a una compañera de la que me hice muy amigo mientras estuvo en México, Ann Marie. Me retiré de la biología varios años, quizá casi una década. Regresé a la academia en la Facultad de Ciencias hacia el final de la primera década del nuevo milenio. Ahí me enteré que Armando había sufrido un trágico accidente. Era una historia de leyenda. Me decían que se había extraviado en el campo y que estuvo a punto de morir. Un día, en su pequeña oficina del laboratorio donde trabajaba le pregunté qué había pasado. Siempre con una sonrisa, me comenzó a platicar. Él estaba en su silla, en medio de sus colectas de herbario que prácticamente lo sacaban de su oficina. Esto es algo de lo que me contó: “pues estábamos regresando de una caminata por el campo y me regresé a ver una flor a la orilla del camino. Los estudiantes se me adelantaron y no me di cuenta que ya no los veía. Me estiré para tomar la flor y me caí en una honda cuneta. No me pude incorporar. Comencé a gritar, pero nadie me oyó. Ahí permanecí tendido dos días. Toda la noche lo que me preocupaba eran los animales que escuchaba cerca que intentaba espantar con gritos y unas pencas que había arrancado de un maguey que me quedó junto. Para no morir de sed chupé las pencas que fueron de gran ayuda. Yo no sabía qué pasaba, pero tenía la certeza que me estaban buscando. No estaba lejos, en realidad, estaba a unos cien o doscientos metros del lugar donde nos quedábamos. Incluso escuché un helicóptero. Me enteré después que quien me buscaba en el helicóptero era Julia Carabias”. Fue una historia como esas que vemos en NatGeo, en su programa que se llama “Sobreviví”. El maestro Gómez Campos fue rescatado dos días después, con una lesión en la espalda, pero vivo. Armando Gómez estudió la vegetación de Guerrero y los usos medicinales que le daban a las plantas sus pobladores. Así conoció el pega-hueso y con personal de Ortopedia iba a generar biorreactores que, con hidroxiapatita, reconstruyeran los tejidos óseos; estudió el Equisetum, la Phyllonoma y otras muchas plantas. Contribuyó de igual forma al proyecto Flora de Guerrero. Pero su mayor actividad la encontró en las comunidades rurales e indígenas que visitó, ese trabajo que no es apreciado por la industria científica de los papers y que terminó de expulsarlo de su centro de trabajo. Conocía varios pregones que se cantaban en la ciudad en los cincuentas del siglo xx. También se concentró en la enseñanza y en la dirección de decenas de tesis. El Maestro en Ciencias Armando Gómez Campos partió hacia el Tlalocan en medio de las tormentas, lluvias e inundaciones que esta temporada veraniega nos trajo el 2021, se lo llevó la pandemia de covid19. Aquí estamos recordándote, maestro, ¡buen viaje al Tlalocan!. |
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| Alfonso Bautista García Biólogo, editor y escritor independiente. |
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| del orbituario II |
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| Gonzalo Halffter (1932–2022) la ciencia como práctica de la libertad |
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| Exequiel Ezcurra | ||||||||||||||
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Conocí a Gonzalo Halffter la mañana del 5 de enero
de 1979, cuando llegué de la Universidad de Gales, en Bangor, al Museo de Historia Natural de la Ciudad de México. Accedí por el pasillo de los arcos del Museo a unas escaleras de hierro negro que subían a la oficina del Director. Desde el rellano, Violeta Halffter —su compañera y esposa— me estaba esperando con una encantadora sonrisa y me acompañó a la oficina donde el doctor Halffter me esperaba. Es necesario agregar un cierto contexto personal a ese momento: yo había salido expulsado de Argentina, un país bajo una feroz dictadura militar al cual no podía regresar. En ese tiempo no tenía realmente adónde ir. Gonzalo Halffter lo sabía y, por eso, después de una conversación con mi primer maestro y mentor, el gran biogeógrafo Eduardo Rapoport, me había buscado en Gales y me había invitado a México. Yo estaba sumido en un profundo sentimiento de orfandad de un terruño, hundido en la angustiosa sensación de no tener un país o una casa adónde llegar, como lo describiera magistralmente León Felipe, ese otro gran desterrado: “¡Qué lástima / que yo no tenga comarca, / patria chica, tierra provinciana!”. En su oficina de Chapultepec, Gonzalo Halffter me miró a la cara, me dio la mano, y me dijo: “Exequiel, bienvenido a México. Ésta es su casa, y tenemos grandes proyectos por hacer”. Creo que no hubo momento más fundamental en toda mi trayectoria profesional que ese instante. Mi vida cambió radicalmente a partir de ese momento, y un ancho horizonte de esperanza se abrió frente a mí. Viendo hacia atrás, todo lo que soy hoy es resultado directo de ese apretón de manos. Así de grande era la estatura humana de Gonzalo Halffter. Recordar a Gonzalo Halffter y celebrar su memoria es también rendir tributo a la profundidad y riqueza de la escuela intelectual de los científicos españoles de la primera mitad del siglo xx, una escuela que en México encontró una expresión especialmente significativa y particularmente comprometida con la sociedad y con la complejidad natural de este país. Después de la caída de la República Española en manos del fascismo franquista, México abrió generosamente sus puertas al exilio español, y grandes pensadores llegaron a poblar con sus ideas escuelas y universidades, como Ignacio Bolívar y Urrutia, quien llegó a México con 89 años de edad, pero todavía lleno de ideas, de vida y de entusiasmo para continuar aquí sus fecundas enseñanzas de la biología. Llegó junto con otros grandes intelectuales españoles, como Faustino Miranda, uno de mis grandes héroes científicos, y Rodolfo Halffter, un músico excepcional. Sus descendientes directos son parte de ese linaje: Cándido Bolívar, entomólogo notable y fundador de la espeleología científica en México, fue maestro de Gonzalo Halffter en el Instituto Politécnico Nacional. Esa extraordinaria mezcla de racionalismo, rigor intelectual, pasión por la verdad, compromiso social, independencia en las ideas y rechazo al autoritarismo fascista, encontró en Gonzalo Halffter uno de sus mejores exponentes: un científico riguroso, capaz de desentrañar la influencia de los cambios climáticos del Cenozoico en su teoría biogeográfica del patrón mesoamericano de montaña y la zona de transición mexicana, un taxónomo de primer nivel mundial, un estudioso del comportamiento animal innovador y original, pero al mismo tiempo un pensador comprometido y compasivo, preocupado por el bienestar de los sectores sociales más desprotegidos, por las complejas formas de interacción de los humanos y la biodiversidad, y por el compromiso de las poblaciones campesinas en su conservación. Los científicos con verdadera sensibilidad social son por naturaleza racionalistas y amantes de llamar a las cosas por su verdadero nombre. Comprometidos con su realidad, pueden ser personas incómodas para los poderosos, y a lo largo de la historia muchos se han visto forzados a cambiar de país por haber defendido sus ideas y sus conceptos rigurosos sobre interpretaciones supersticiosas o fanáticas. Las evidencias científicas —la demostración, la prueba pitagórica— son más poderosas que las creencias, y pocas personas he conocido más racionalistas, más críticos en su pensamiento, más independientes en sus ideas, más opuestos a los fundamentalismos, que Gonzalo Halffter. Producto él mismo de un exilio, nunca lo vi dudar al plantear los problemas de México y los dilemas de la ciencia con toda claridad; ya sea debatiendo ferozmente con nuestras autoridades agrícolas, junto con el gran Arturo Gómez Pompa, para detener los programas de deforestación de las selvas; ya sea confrontando a las autoridades forestales acerca de la ineficacia del sistema mexicano de parques nacionales y planteando la necesidad de un nuevo modelo de conservación; ya sea debatiendo con la escuela de sociobiología que imperaba en la década de los setentas sobre conceptos y dilemas fundamentales de la evolución del comportamiento social, ya sea, en fin, debatiendo con el establishment científico la necesidad de repensar las teorías biogeográficas acerca de las montañas templadas en Mesoamérica, el punto crítico donde dos grandes reinos biogeográficos se encuentran en una verdadera explosión de biodiversidad. Siempre fue el debate apasionado y la confrontación fructífera de ideas su sello más distintivo. Gonzalo Halffter vivió la ciencia como un intenso acto de compromiso, y supo tomar partido sin dudarlo cuando la causa era justa. La ciencia para él fue un acto fundamental de libertad; las ideas eran para él lo que nos nutre a todos, día a día, como el aire que respiramos. Apasionado por la historia del conocimiento, impulsaba a sus colaboradores a leer y entender la evolución del pensamiento científico. Gracias a él pude estudiar la historia de los grandes pensadores mexicanos, como Antonio de Alzate y Mariano Mociño, esos dos grandes y apasionados científicos de la Ilustración que nunca dejaron que sus ideas fueran embargadas por otros intereses; o pude apreciar el fecundo legado de la diáspora española, de la cual provenía el propio Halffter. En el Instituto de Ecología pasaban científicos de todas partes del mundo, convocados por la apertura y la riqueza intelectual de Gonzalo Halffter. Muchos de ellos se habían visto forzados a abandonar su país, su comarca, su terruño, defendiendo su derecho a pensar de manera independiente. La ciencia siempre ha sido un refugio generoso para las ideas, pero bajo el liderazgo de Gonzalo Halffter sus colaboradores pudimos entender que la comunidad científica es también un refugio generoso de personas en libertad. De allí viene la profunda humanidad de Gonzalo Halffter, de sus actos de ciencia rigurosa y de su generosidad extraordinaria. Fue un gran científico, pero por encima de ello fue también un gran hombre. Parafraseando al poeta Antonio Machado, Gonzalo Halffter fue un hombre que supo su doctrina, pero fue también, en el mejor sentido de la palabra, bueno. |
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| Exequiel Ezcurra Profesor de Ecología, Universidad de California Riverside. |
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| del bestiario |
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| Los animales silvestres arrancados de la naturaleza: ayuda al alcance de nuestras manos |
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Magdalena Cadena Aguilar |
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La Tierra está atravesando la sexta extinción
biológica masiva, las especies de plantas y animales están desapareciendo de diez a cien veces más rápido de lo que tardarían normalmente. Recordemos que la extinción es un evento natural que afecta a los organismos; sin embargo, la destrucción del hábitat, la expansión territorial de los asentamientos humanos, la caza furtiva y el cambio climático están provocando que la extinción sea alarmantemente rápida. México no se escapa de esta tendencia, en la NOMO-59-SEMARNAT-2010 se hace mención de 3 148 especies de flora y 1 704 de fauna en alguna categoría de riesgo de desaparecer. Por otro lado, si se considera que nuestro país se caracteriza por una gran variedad de climas, plantas y animales que se pueden observar en nuestra vida cotidiana, ya sea en un paseo por la carretera o en excursiones a zonas naturales. Lo anterior hace posible el contacto con los animales silvestres; ante esta situación es recomendable que todos conozcamos el procedimiento a seguir en caso de encontrar a alguno de ellos o querer poseer uno como mascota. Es importante recordar que la fauna silvestre ha sido definida por la semarnat como: todos los animales no domésticos (venado, armadillo, liebres, codorniz, faisán, cocodrilo, iguana y víbora, etcétera) que viven, crecen y mueren en los bosques, selvas y desiertos de México y no necesitan de cuidado del hombre. Cada año se venden ilegalmente artículos hechos de piel de reptil y mamífero, además de animales vivos como: monos, aves y peces, para tenerlos como mascota; sin embargo, para poseer cualquier animal en casa es necesario evaluar las condiciones que requerirá a lo largo de su vida como: espacio suficiente para sus actividades naturales (volar, saltar), alimento adecuado, entre otras. Para lograr lo anterior, nos podemos auxiliar de profesionales como: médicos veterinarios, biólogos y ecólogos especialistas en el tema. En México, en caso de querer una especie silvestre como mascota se debe solicitar una autorización ante la semarnat, siempre y cuando el comportamiento del animal le permita convivir con el hombre en un ambiente doméstico bajo manejo y no represente riesgos físicos, sanitarios ni de seguridad para sus propietarios o cualquier otra persona u otros animales. Desafortunadamente, no siempre se cumple con la normatividad y el tráfico ilegal de especies abarca desde la extracción del animal de su ambiente natural, su traslado a algún lugar, su compra y venta, hasta su tenencia no autorizada. El comercio ilegal se puede encontrar en mercados, bazares, tiendas de mascotas, puestos en carreteras, casas e internet. Las víctimas de este delito son los animales, que en su mayoría mueren mucho antes de ser comprados, ya que viven en condiciones deplorables. En ocasiones el comprador no tiene interés por la calidad de vida del ejemplar o simplemente se presenta la ocasión de adquirir algún animal, producto o subproducto del mismo; algunos realizan la adquisición con la intención de brindarle mejores condiciones de vida. Comprar por compasión no es la solución, ya que fomenta que continúe el comercio. Resulta indispensable mantenerse informado y actuar procurando el bienestar de los animales, los recursos naturales y la salud pública. Existen centros para la Conservación e Investigación de la Vida Silvestre (civs, ver recuadro) donde reciben y rehabilitan animales silvestres heridos, enfermos o huérfanos que son entregados voluntariamente o fueron rescatados o decomisados por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (profepa) o la Procuraduría General de la República (pgr). La intención de tales centros es el cuidado y, en ocasiones, la liberación controlada de un animal (o grupo de animales) en la naturaleza, o su reubicación en espacios más adecuados. Intentan, además, ralentizar la extinción de dichas especies de animales y proteger el ambiente, priorizando la conservación de la fauna endémica de México. Algunas veces los humanos intentamos devolver a la naturaleza a tortugas, peces, serpientes y otras mascotas no convencionales, lo cual no resulta fácil porque es necesario considerar aspectos esenciales para su supervivencia. Aquí mencionamos algunos de éstos: a) origen. Se deben liberar animales en un lugar donde existan recursos necesarios en su dieta, similares al de su origen; por ejemplo, si un animal es de clima frío, como un oso polar, difícilmente sobreviviría en la selva pues no va a encontrar alimento adecuado para sus necesidades y lo más seguro es que tendrá mucho calor y no resistirá; b) disponibilidad de recursos. Es necesario estimar el número de animales que se puede liberar de acuerdo con los recursos disponibles en el ecosistema. Si hay más de los que el medio soporta, se saturará y se quedará sin recursos que ofrecer (presas, frutas, agua); c) necesidades de la especie. El espacio para los animales debe ser adecuado, ya que es elemental conocer el número de individuos por unidad de área. Lo anterior depende de cómo se desplaza el animal (el jaguar corriendo, una rana saltando, un murciélago volando), cuántos individuos viven juntos (solitarios o en manadas), cómo se comporta cada especie (reptiles, aves, arácnidos, mamíferos o anfibios). d) Relación con los humanos. Los hábitos de las especies pueden ir en contra de las costumbres humanas, como cuando la especie en peligro se alimenta de ganado o de los productos agrícolas de los habitantes de lugares aledaños a su hábitat. Eso ocasiona que a los pobladores les sea más conveniente eliminarla, por lo tanto se deben mediar las interacciones de las especies para coexistir; e) conocimiento del tema. Se debe contar con conocimientos acerca de los procedimientos de liberación mencionados de la especie en cuestión o similares para prever la problemática que se puede presentar con ganaderos, cazadores, agricultores y otros; f) adaptación. Al introducir a un animal en un lugar que no es su hábitat original, éste se adapta o no al mismo. Cuando los animales se adaptan pueden llegar a representar una amenaza, ya que su alimentación arrasa con plantas y otros animales que forman parte del ecosistema desde el principio. Por el contrario, pueden no adaptarse a los recursos ahí presentes y morir de hambre; g) disponibilidad de recursos económicos suficientes. Los proyectos de liberación generalmente implican costos elevados que son subsidiados por instituciones públicas o privadas; y h) tenencia responsable. El cumplimiento de la normatividad correspondiente, convenios locales y otros. La liberación planificada en el hábitat natural de los animales puede requerir un entrenamiento previo (liberación suave) o carecer de él (liberación dura). Dicho entrenamiento consiste en adoptar el comportamiento instintivo que se desarrolla de manera natural en vida libre. Además, les permite a los animales sobrevivir en el medio ambiente. Por lo tanto, éstos deben ser capaces de: 1) temer y evitar a los humanos. En cautiverio muchas veces existe una interacción con personas que los alimentan, limpian, etcétera. Sin embargo, dejar que los humanos se acerquen puede resultar contraproducente para el animal, pues en vida libre esto favorece a un cazador o alguien que importune al espécimen; 2) reconocer y evitar a sus depredadores. En cautiverio no hay depredadores, por lo tanto el animal debe aprender a reconocerlos y a reaccionar al posible peligro; 3) adquirir y procesar los alimentos. Si el animal no es capaz de reconocer y conseguir alimento adecuado a sus necesidades, así como de procesarlo (pelar la fruta, no comer determinados huesos), no sobrevivirá; 4) interactuar apropiadamente con otros de su especie. La reproducción es parte esencial de la conservación de especies e implica comportamientos específicos para llegar al apareamiento y posterior cuidado de las crías (dependiendo de la especie), así como cuidado de los miembros de la manada (en caso de pertenecer a una); 5) encontrar o construir refugios y nidos. Los animales necesitan un lugar seguro para descansar y mantener a las crías protegidas, para lo cual deben poder reconocer un refugio potencial y utilizarlo; y 6) orientarse y moverse sobre un terreno complejo. Deben ser capaces de huir de depredadores y catástrofes naturales u ocasionadas por el hombre. Después de liberar a los animales, durante semanas o meses se lleva un registro de algunos o todos los ejemplares que se dejaron en libertad. Entre los aspectos a considerar se encuentran los siguientes: presencia de heridas, enfermedades, desnutrición o sobrepeso, zona de desplazamiento y establecimiento, muertes, etcétera. Existen métodos directos (observar a los animales, telemetría, gps) e indirectos, aunque son menos confiables (registros de huellas o excretas). La liberación controlada de especies silvestres es una herramienta de conservación importante para muchos animales, lo cual puede ser de gran utilidad para procurar su subsistencia. Cada ser vivo juega un papel significativo en el equilibrio del medio ambiente, por lo que resulta indispensable que los seres humanos desarrollemos una nueva actitud hacia la naturaleza. Los programas de crianza en cautiverio son sólo una parte de la respuesta pero también es indispensable preservar el ambiente, ya que para poder llevar a cabo liberaciones debe existir hábitat disponible donde colocar a los animales. |
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Referencias bibliográficas Castellanos, C. A. 2006. “Extinción. Causas y efectos sobre la diversidad biológica”, en Revista Luna Azul, núm. 23, pp. 33-37. Choperena, M. C. y N. J. Mancera. 2016. “Lineamientos para el seguimiento y monitoreo post-liberación de fauna silvestre rehabilitada”, en Rev. U.D.C.A Act. & Div. Cient., vol. 19, núm. 2, pp. 411-424. Espunyes, J. 2012. Reintroducción de especies amenazadas. Problemáticas y recomendaciones. Universidad Autónoma de Barcelona.Fisher, J. y D. B. Lindenmayer. 2000. “An assessment of the published results of animals relocations”, en Conserv. Biol., vol. 96, pp. 1-11. Harrington, L., et al. 2013. “Conflicting and Complementary Ethics of Animal Welfare Considerations in Reintroductions”, en Conserv. Biol., vol. 27, núm. 3, pp. 486-500.Jiménez, S. C., et al. 2014. “México país megadiverso y la relevancia de las áreas naturales protegidas”, en Investigación y Ciencia, vol. 22, núm. 60, pp. 16-22.Kaeslin, E., I. Redmond y N. Dudley. 2013. La fauna silvestre en un clima cambiante. FAO, Roma. Ministerio del medio Ambiente. 1998. Colombia First National Report. Ministerio del Medio Ambiente, Bogotá. semarnat. 2009. Manejo de Vida Silvestre. semarnat, Ciudad de México. Serio Silva, J. 2011. La translocación y reintroducción en el manejo y conservación de las especies, Manual de técnicas para el estudio de la fauna. Universidad Autónoma de Querétaro, Instituto de Ecología. A. C., Xalapa. |
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| Magdalena Cadena Aguilar Maestría en Ciencias en Manejo de Fauna Silvestre de la Universidad del Mar, Campus Puerto Escondido, Oaxaca |
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| del mar |
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| ¿Qué son los “colmillos” que encontramos en la arena de las playas? |
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Rosa Laura Silva Aguilar y Guillermina Alcaraz Zubeldian |
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Si has tenido la fortuna de visitar alguna playa
durante las vacaciones y has caminado por la arena, observarás las conchas que arrastran las olas hasta la orilla. Probablemente alguna vez también te habrás topado con unos pequeños colmillos; sin embargo, no se trata de los dientes de tiburones o cuernos de un pequeño animal, sino de las conchas de escafópodos, que por su forma cónica se les conoce como conchas colmillo o colmillos de elefante. Estos animales pertenecen al grupo de los moluscos, como los caracoles, las ostras y los pulpos, pero a diferencia de éstos, viven enterrados en el sedimento de los suelos marinos donde se alimentan y se esconden de sus depredadores. Son animales relativamente pequeños pues, aunque se han encontrado individuos de 25 centímetros de longitud, en su mayoría miden entre 2 y 5; carecen de ojos y branquias, y respiran a través del manto y su sistema circulatorio se reduce a un pequeño saco. Habitan en los mares de todo el mundo, desde el Ártico hasta la Antártida y de las zonas aledañas a la costa hasta 7 000 metros de profundidad. Aunque es común encontrar sus conchas vacías en la orilla del mar, es uno de los grupos del orden de los moluscos más pequeño en cuanto al número de especies descritas y éstas han sido poco estudiadas por lo que se consideran como un grupo altamente enigmático. Su origen La concha mineralizada en los escafópodos ha facilitado el estudio de su evolución a partir del registro fósil. Su aparición es relativamente reciente en comparación con otras clases de moluscos. Los registros confiables ubican su origen a finales de la era Paleozoica, y aunque éste es controvertido, datos recientes sugieren que son evolutivamente cercanos a pulpos y caracoles marinos. Desde su aparición, hace aproximadamente trescientos millones de años, los escafópodos han sido poco abundantes, tanto en cantidad como en número de especies. Han experimentado pocos cambios a lo largo de su evolución, de manera que las especies actuales conservan la morfología de sus antepasados más antiguos: es por esto que se consideran como “fósiles vivientes”. De las casi mil especies registradas, la mitad (aproximadamente 520) existe en la actualidad, y todas ellas muestran notable similitud con la forma de sus antepasados, la cual se destaca por ser una concha tubular ligeramente curvada abierta en ambas extremidades (figura 1). Estos moluscos no fueron los únicos que desarrollaron una concha alargada. A inicios del Paleozoico aparecieron varios grupos que convergieron en el desarrollo de una concha relativamente alargada como una adaptación que les permitió vivir enterrados en el sedimento marino. Entre éstos se destacan los bivalvos (como las almejas), los gasterópodos (caracoles) y los escafópodos. A la adquisición evolutiva de esta morfología se denominó escafopodización. Como sucede con la mayoría de los moluscos, la clasificación de los escafópodos se basa principalmente en la forma de su concha. Se dividen en dos órdenes bien reconocidos: los dentaliidos y los gadiliidos; los primeros poseen conchas moderadamente grandes, con costillas o estrías marcadas a lo largo de su eje más largo (longitudinal) y abertura anterior amplia; mientras los segundos poseen conchas de tamaño regularmente pequeño, de apariencia lisa y más amplias en su parte media, dándole un aspecto globoso. Por tanto, distinguir entre los dos órdenes es razonablemente sencillo, con algunas excepciones. Sin embargo, los géneros y las especies se identifican por medio de características de sus conchas que son difíciles de observar, incluso para los expertos. La madriguera radiante La forma alargada de la concha de los escafópodos facilita la excavación y el enterramiento. El pie es la estructura encargada, en gran parte, del proceso de excavación; es una estructura que sirve a la mayoría de los moluscos para desplazarse y fijarse en algún sustrato. Sin embargo, el poderoso pie de los escafópodos permite a estos animales excavar en el sedimento y formar pequeñas cavidades y túneles bajo los suelos marinos. La vida de los escafópodos depende de su habilidad para excavar y enterrarse; es un proceso que se desarrolla en una serie de pasos y se denomina “ciclo de excavación”. La primera fase consiste en un movimiento de exploración en forma rítmica que permite al organismo reconocer el sedimento aledaño a la concha; durante ésta, la concha se mantiene completamente inmóvil y es la punta del pie la que realiza los movimientos. La segunda consiste en la extensión del pie, el cual se adentra en el sedimento; los bordes del pie (collar o lóbulos epipodiales) se dilatan y forman un reborde circular invertido (convexo) que funciona como ancla, facilitando que la concha se desplace hacia el interior de la arena a medida que el pie se retrae dentro de la concha. La repetición de este ciclo resulta en el enterramiento del animal en el sedimento (figura 2). El pie de los escafópodos participa activamente en la alimentación. Mediante su extensión y sus fuertes movimientos transversales, estos moluscos forman una cavidad en el sedimento que recibe el nombre de “madriguera radiante” (figura 3). Una vez que el pie se retrae dentro de la concha, extienden más allá del borde de la concha sus tentáculos, llamados captáculos, explorando en busca de alimento. Los captáculos son extensiones sensoriales que terminan en un ganglio o cabeza captacular, provisto de una sustancia pegajosa que hace que los microorganismos se adhieran a ellos. Después de que las pequeñas presas son capturadas, los escafópodos retraen sus captáculos, por medio de la contracción muscular, hacia la boca para alimentarse. Sin embargo, las partículas alimentarias más pequeñas pueden también ser transportadas a la boca por tractos ciliados que se extienden a lo largo de los tentáculos. Los captáculos también pueden penetrar a través de las paredes de la madriguera radiante y adentrarse en el sedimento debido a sus características elásticas y flexibles. Los suelos compuestos por partículas pequeñas, como arena y lodo, facilitan la excavación, y con ello la alimentación de los escafópodos y otros animales enterradores; no es sorprendente que la abundancia de tales organismos sea mayor en suelos compuestos por partículas de tamaño reducido. Los escafópodos son animales depredadores que se alimentan principalmente de organismos unicelulares que viven enterrados en la arena, en especial de foraminíferos, pequeños animales que por su tamaño y color se confunden con ella fácilmente, y cuyo esqueleto o concha dura formada por minerales pueden triturar con su rádula. Presente en algunos moluscos, la rádula es una estructura que les permite raspar o perforar su alimento; en los escafópodos es un órgano triturador que participa en el transporte de alimento a la cavidad bucal (boca). La disposición y tamaño de los órganos internos de los escafópodos, en especial el sistema digestivo y las gónadas, están limitados por la estrechez de la concha que los encierra, por lo cual tanto la boca como el ano están orientados hacia la abertura más amplia de concha que normalmente está enterrada en el sedimento. La disposición del intestino, como un tubo con forma de U, es similar a la que presentan caracoles y pulpos. Al igual que sucede con otros grupos de moluscos, el largo del intestino de los escafópodos que habitan en aguas profundas (con suelos poco nutritivos) suele ser más largo que el de las especies de aguas templadas y tropicales, lo que facilita la absorción y optimización de los nutrimentos. Su reproducción Aunque la mayoría de las especies animales tiene sexos separados (hembras y machos), esto es son dioicos, algunas de escafópodos son hermafroditas, es decir, el mismo individuo reúne los dos sexos. Así, la mayor parte de su cuerpo cuando son adultos es ocupada por las gónadas (testículo u ovario), que se sitúan sobre la masa visceral en la parte de la concha que se dirige hacia la columna de agua, y cuyo color varía de una especie a otra; sin embargo, los testículos y ovarios presentan una coloración diferente, lo cual permite conocer el sexo de los individuos sin hacer disecciones. Su fecundación es externa. Aun cuando se conoce muy poco acerca de su ecología reproductiva, se han descrito algunas especies con ciclos reproductivos estacionales. Hogar de otras especies En la concha de los escafópodos suelen habitar otros organismos, como bacterias, anémonas y percebes, que aprovechan los desechos que éstos excretan en forma regular a través del ápice de su concha. Los organismos que allí habitan favorecen al individuo huésped protegiéndolo de los depredadores al aumentar la resistencia de su concha. Por otro lado, cuando los escafópodos mueren y su concha queda vacía, ciertos animales pueden aprovecharla como protección, como los cangrejos ermitaños que pueden habitar las conchas vacías para proteger su delicado abdomen blando; similar a lo que sucede con algunos gusanos marinos que se introducen en las conchas vacías de éstos para protegerse de los depredadores. En resumen Los escafópodos son animales que pasan la mayor parte de su vida enterrados y muchas especies habitan exclusivamente en aguas muy profundas, lo cual dificulta en gran medida su estudio. Además, aunque estos moluscos se distribuyen por todo el mundo y es relativamente fácil encontrar sus conchas vacías, en la mayoría de los casos, son componentes menores de las comunidades bentónicas. Considerados como fósiles vivientes, el poco conocimiento que se tiene de ellos y sus hábitos de vida los hace un grupo enigmático. Sin embargo, al igual que los demás animales que excavan y construyen madrigueras, los escafópodos pueden ser particularmente sensibles a los cambios en la composición de los sedimentos y a las perturbaciones humanas; por lo que podrían encontrarse en peligro si aumentara la temperatura del océano. |
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Referencias bibliográficas Bilyard, G. R. 1974. “The feeding habits and ecology of Dentalium entale stimpsoni Henderson”, en Veliger, vol. 17, pp. 126–138. Brusca, R. C. y G. J. Brusca. 2003. Phylum Mollusca. Invertebrates, Segunda edición. Sinauer Associates, Massachussets. Parkhaev, P. Y. 2017. “Origin and the early evolution of the phylum Mollusca”, en Paleontological Journal, vol. 51, núm. 6, pp. 663-686. Peel, J. S. 2006. “Scaphopodization in palaeozoic molluscs” en Paleontology, vol. 49, pp. 1357–1364. Reynolds, P. D. 2002. “The scaphopoda”, en Advances in Marine Biology, pp.137–236. Reynolds, P. D. 2006. “Scaphopoda: The tusk shells”, en The Mollusks: A Guide to Their Study, Collection, and Preservation, Sturm, C. F., T. A. Pearce y A. Valdés (eds.). Universal Publishers, Boca Ratón, Florida, pp. 229-238.Sigwart, J. D., N. Carey, y L. H. Sumner Rooney. 2016. “Retracted: Tusk shells in trouble? Physiology and behavior in response to changing temperature in a scaphopod (Mollusca: Scaphopoda: Dentaliida)”, en Invertebrate Biology, vol. 135, núm. 3, pp. 191–199. Souza, L. S. y C. H. S. Caetano. 2020. “Morphometry of the shell in Scaphopoda (Mollusca): a tool for the discrimination of taxa”, en Journal of the Marine Biological Association of the United Kingdom, vol. 100, núm. 8, pp. 1271-1282. Trueman, E. R. 2009. “The burrowing process of Dentalium (Scaphopoda)”, en Journal of Zoology, vol. 154, núm. 1, pp. 19–27. |
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| Rosa Laura Silva Aguilar y Guillermina Alcaraz Zubeldia Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México. |
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| Los manglares funciones y servicios ecosistémicos | ![]() |
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| María del Carmen Martínez García y Ana Laura Lara Domínguez |
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Los manglares son un tipo de bosque intermareal
que se encuentra distribuido en los trópicos y subtrópicos del mundo. Sus árboles, los mangles, poseen flores vasculares y pueden interactuar entre los ambientes acuático-terrestre, ya que cuentan con adaptaciones morfológicas y ecofisiológicas que les permite adaptarse a ambientes con poca o nula concentración de oxígeno en el suelo, a diferentes concentraciones de salinidad en el agua y a la inundación temporal o permanente del suelo, entre otros factores. Algunas de estas adaptaciones son: raíces áreas (neumatóforos) que les permite respirar por encima del suelo, y glándulas excretoras de sal presentes en las hojas. En México se registran principalmente cuatro especies de mangle: mangle rojo (Rhizophora mangle), mangle negro (Avicennia germinas), mangle blanco (Lacuncularia racemosa) y mangle botoncillo (Conocarpus erectus), los cuales se distribuyen a lo largo de las costas mexicanas, alcanzando una extensión de 775 555 hectáreas, lo que representa 5% del total de los manglares del mundo. Además, en el estado de Chiapas se tiene registro del mangle bicolor (Avicennia bicolor) y el mangle caballero (Rhizophora harrisonni), y en la Península de Yucatán de Conocarpus erectus var. sericeus. A pesar de su baja diversidad en especies, este ecosistema es considerado como uno de los bosques más valiosos y productivos del mundo. La estimación de carbono total capturado con base en datos de la estructura (talla del árbol, densidad), madera muerta, contenido de carbono en el suelo y profundidad del suelo en los humedales de la región Indo-Pacífico, por ejemplo, es en promedio de 1 023 MgC ha1 ±88, lo cual es entre 2 y 2.5 veces mayor al carbono promedio que capturan los bosques tropicales, templados y boreales. Asimismo, la sola caída permanente de hojarasca (hojas, ramas, flores, frutos) genera un aporte de material orgánico a las áreas circundantes, nutrimentos que sustentan las cadenas tróficas marinas y terrestres. Dado que llegan a producir hasta veinte toneladas de hojarasca por año, su producción es mayor a la de los pastizales para ganado; la productividad de los manglares tiene implicaciones tanto ecológicas como económicas. Servicios ecosistémicos La compleja estructura de dichos ecosistemas está determinada por los individuos, los seres vivos que los componen, por su edad, distribución espacial y los factores abióticos. Tales elementos actúan como la suma de un todo, es decir, son fenómenos que dan como resultado funciones ecosistémicas como la transferencia de energía, el ciclo de nutrimentos, la regulación de gases y climática, y el ciclo del agua. Durante décadas se han descrito y cuantificado los servicios ecosistémicos. En 1997 Daily los definió como: “las condiciones y los procesos a través de los cuales los ecosistemas naturales y las especies que los componen sostienen y satisfacen la vida humana”. Sin embargo, con la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, efectuada en 2005, se redefinió el término: “los beneficios directos e indirectos que los humanos obtenemos de los ecosistemas”, y se clasificaron en cuatro categorías. De regulación. Los manglares desempeñan un papel muy importante en la regulación climática, ya que funcionan como grandes almacenes de carbono orgánico, que tienen implicaciones en la adaptación y mitigación del cambio climático debido a que la estructura de sus raíces y su altura atenúan el impacto del oleaje, contribuyendo a la protección de las costeras. Controlan la erosión costas, lo que favorece a la estabilización y retención de sedimentos. Además, funcionan como filtradores de contaminantes y nutrimentos. De soporte. Contribuyen a la formación de suelo y la producción de nutrimentos. Son el hábitat para el mantenimiento y conservación de una gran diversidad de especies. Esta categoría es esencial para la producción de todos los servicios ecosistémicos. De aprovisionamiento. Esta categoría es la que satisface en forma directa las necesidades de las comunidades humanas, ya que los manglares proveen materias primas que pueden ser aprovechadas para la construcción de viviendas, y por ser criadero de especies acuáticas se puede capturar una gran diversidad de pescados y mariscos (crustáceos y bivalvos) de importancia comercial. Otro producto alimenticio producido en los manglares es la miel. Culturales. Proporcionan oportunidades de recreación, además de su contribución estética y el uso tradicional y espiritual significativo para las personas. Como podemos observar en esta clasificación, los dos primeros grupos funcionales (regulación y soporte) son esenciales para el mantenimiento de los procesos y componentes naturales. Por lo tanto, si se mantiene las funciones de dichos ecosistemas se puede asegurar el flujo de servicios ecosistémicos. Importancia socioeconómica Durante mucho tiempo, las comunidades costeras se han visto favorecidas por la existencia de los manglares, ya que brindan importantes beneficios socioeconómicos. Asimismo, el servicio de captura y almacenamiento de carbono tiene implicaciones para el beneficio de toda la humanidad, y la miel y cera alcanzan mercados internacionales a cientos de kilómetros de distancia del lugar de su producción. A escala local, los vínculos entre los manglares y las pesquerías es uno de los temas más estudiados, ya que son sitios de crianza para una gran diversidad de peces y mariscos de importancia comercial; además, en muchas comunidades costeras estos productos representan la principal fuente de proteína que obtienen las familias para su autoconsumo. Cabe resaltar que muchas de las comunidades aledañas a los manglares presentan elevados índices de pobreza, por lo que los recursos obtenidos de estos ecosistemas forman parte de su sustento diario. Su estructura sirve de defensa natural contra el embate de los fenómenos hidrometeorológicos. El Banco Mundial estimó en 2016 que México y Estados Unidos se han ahorrado aproximadamente 57 000 millones de dólares anuales en daños a la propiedad residencial e industrial debido a que todavía cuentan con considerables extensiones de manglar. Tan sólo un kilómetro de ancho de manglar puede reducir los niveles de inundación de cinco a cincuenta centímetros, lo que se traduce en vidas salvadas a causa de posibles inundaciones. Como podemos ver, la dependencia de las personas hacia los manglares puede abarcar escales locales y globales, ya que son esenciales para su seguridad, la obtención de materiales básicos para una buena vida (alimento y vivienda), la salud, y como apoyo a la cohesión social al favorecer actividades de ecoturismo, culturales y espirituales. En la actualidad, la Organización de las Naciones Unidas, estableció diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible (figura 1) como un llamado universal para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y que todas las personas gocen de paz y prosperidad en 2030. Los múltiples servicios ecosistémicos proporcionados por los manglares y otros humedales son esenciales para alcanzar dichos objetivos. Ecosistemas amenazados No obstante todas las propiedades que estos ecosistemas ofrecen, siguen siendo poco valorados e incluso se ha llegado a pensar que son zonas insalubres y tierras poco productivas, lo que ha provocado fuertes presiones para su reconversión en favor del desarrollo de actividades productivas. Algunas de las principales amenazas a los manglares son: la expansión de granjas camaronícolas, la deforestación, la ganadería, el desarrollo turístico y el crecimiento industrial y portuario no planificado. La explotación de los recursos ofrecidos por los manglares pone en riesgo el mantenimiento del flujo de sus servicios ecosistémicos. Cabe resaltar que en México la Norma Oficial Mexicana 059semarnat2010 incluye los mangles rojo, blanco y negro en la categoría de especies amenazadas. Conclusión Como ecosistema, se podría decir que los manglares cumplen funciones primordiales para el desarrollo de la vida en la Tierra o al menos en las zonas costeras. El alcance de los beneficios de los servicios ecosistémicos no sólo se limita a una escala local, sino que su existencia puede contribuir al bienestar mundial ya que, como vimos, su función como almacenes y captores de carbono favorecen la mitigación y adaptación de los efectos provocados por el cambio climático. En comparación con otros bosques tropicales, los manglares ofrecen servicios y beneficios en las cuatro categorías descritas por la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio de 2005 (regulación, soporte, aprovisionamiento y culturales). Es evidente que muchas de las poblaciones asentadas en la cercanía de los manglares dependen de éstos para su subsistencia. En consecuencia, es importante que los tomadores de decisiones integren el valor de los servicios ecosistémicos que proporcionan los manglares en los planes de desarrollo costeros, y favorezcan así su uso sustentable. |
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Referencias bibliográficas Donato, D.C., et al. 2011. “Mangroves among the most carbon-rich forests in the tropics”, en Nat. Geosci., vol. 4, núm. 5, pp. 293–297. Daly, H. y J. Farley. 2010. Ecosystem, structure and function. In Ecological economics: principles and applications. Island Press.Friess, D. A. y B. S. Ezcurra. 2012. “The productivity of mangroves in northwestern Mexico: a meta-analysis of current data”, en J Coast Conserv, vol. 16, pp. 399–403. Lee, S. Y., et al. 2014. “Ecological role and services of tropical mangrove ecosystems: a reassessment”, en Glob. Ecol. Biogeogr., vol. 23, núm. 4, pp. 726-743. Millennium Ecosystem Assessment. 2005. Ecosystems and Human Well-being: Synthesis. Island Press, Washington. Moreno-Casasola, P. (ed.) 2016. Servicios Ecosistémicos de las Selvas y Bosques costeros de Veracruz. inecol - itto - conafor – inecc, México. Sanjurjo, E., K. Cadena e I. Erbstoesser. 2005. “Valoración económica de los vínculos entre manglar y pesquerías” en Memorias del Segundo Congreso Iberoamericano de Desarrollo y Medio Ambiente (cidma ii), pp. 1-16 Thompson. 2016. “Mangrove Payments for Ecosystem Services (pes): A Viable Funding Mechanism for Disaster Risk Reduction?”, en Renaud, F. G., et al. (eds.), Ecosystem-Based Disaster Risk Reduction and Adaptation in Practice, Springer.López-Medellín, X. y E. En la red Banco Mundial. Portal (www.bancomundial.org).Organización Ramsar. Los humedales y los ODS. Ramsar (https://cutt.ly/FJ3FKXN). |
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| María del Carmen Martínez García Universidad Veracruzana. Ana Laura Lara Domínguez Instituto de Ecología, A. C. |
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| de textos |
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| Una mirada amplia y humanista Gonzalo Halffter † |
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La conservación de la naturaleza
representa y requiere de muchas cosas. Entre ellas, y con un peso muy importante, de una serie de supuestos estéticos y éticos sobre en qué medio ambiente deseamos vivir y, en consecuencia, cómo debemos interactuar con él. |
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Referencias bibliográficas Fragmentos de: “Conservación de la Biodiversidad en el Siglo XXI”, en Bol. S.E.A., núm. 31 (2002), pp. 1-7. |
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| Gonzalo Halffter† Investigador Nacional EméritoInstituto de Ecología, A.C. |
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| de la atmósfera |
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| Carbono azul y los ecosistemas costeros de México |
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Ana Carolina Ruiz Fernández, Joan Albert Sánchez Cabeza, Libia Hascibe Pérez Bernal, Perla Guadalupe López Mendoza y Tomasa Cuéllar Martínez |
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El cambio climático reciente se atribuye
principalmente al incremento en las concentraciones atmosféricas de CO2 con respecto de la era preindustrial, principalmente debido a las emisiones derivadas de la quema de combustibles fósiles y el cambio en el uso de suelo.
La fotosíntesis es la ruta principal para el consumo de CO2 atmosférico. Los productores primarios fijan CO2 (secuestro o captura de carbono) para producir oxígeno (O2) e incrementar biomasa (como carbono orgánico, Corg), pero para obtener energía la respiración consume O2, oxida Corg y libera CO2 que retorna a la atmósfera (figura 1). Los organismos producen desechos ricos en Corg (como heces fecales, secreciones, restos de organismos muertos) que eventualmente quedan enterrados en suelos o sedimentos, donde sirven de alimento para otros organismos o son sujetos a la descomposición bacteriana (aeróbica y anaeróbica) que también libera CO2. No obstante, en condiciones anaeróbicas este proceso es muy lento y, por tanto, el Corg permanece enterrado por mucho tiempo (hasta miles de años), por lo que los sedimentos representan un importante sumidero de CO2 (un lugar de captación y almacenamiento de carbono), que de otra forma regresaría a la atmósfera, contribuyendo así a la regulación del clima a largo plazo. La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en 1992 reconoció que para mitigar el cambio climático es necesario reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y proteger los sumideros naturales de carbono. No obstante, los esfuerzos de conservación se han orientado predominantemente a ecosistemas terrestres. Existen mecanismos internacionales de incentivos económicos para la conservación y restauración de ecosistemas que permiten el pago de compensaciones por emisiones de carbono (como el comercio de derechos de emisión y los mercados de carbono que operan globalmente desde la adopción del Protocolo de Kioto; el programa para la reducción de emisiones derivadas de la deforestación y degradación de los bosques (+redd) y las medidas nacionales de mitigación apropiadas (nama), ambos impulsados por dicha convención). Lamentablemente, la importancia de los ecosistemas costeros y marinos no ha sido aún apropiadamente reconocida entre las políticas y acciones de manejo para la mitigación del cambio climático a nivel global, en gran medida debido a la escasez de conocimiento sobre su distribución, extensión y estado de conservación, así como sobre la acumulación y preservación a largo plazo de Corg en los sedimentos. Ecosistemas de carbono azul Los ecosistemas costeros se caracterizan por una alta productividad primaria y una abundancia en vegetación, como es el caso de los bosques de manglar, las praderas de pastizales marinos y humedales intermareales como las marismas, que tienen la capacidad de almacenar grandes cantidades de Corg, al que se conoce como carbono azul. La mayor parte de éste se encuentra enterrado en sedimentos que, al ser perturbados, liberan una cantidad significativa de CO2 a la atmósfera. Tales ecosistemas tienen velocidades de acumulación e inventarios de Corg sedimentario considerablemente mayores a los de suelos de bosques, diez y cuatro veces respectivamente (figura 2a). El problema es que están siendo destruidos y desaparecen de cinco a diez veces más rápido que los bosques tropicales. Los bosques de manglar están integrados por comunidades de halófitas facultativas, localizadas en zonas intermareales en un amplio intervalo de salinidades, desde agua dulce hasta hipersalina (figura 2b). En México predominan las especies Rhizophora mangle, Laguncularia racemosa, Avicennia germinans y Conocarpus erectus. Las marismas se desarrollan en zonas intermareales de baja energía, (sumergidas en pleamar, pero expuestas al aire en bajamar), generalmente colonizadas por plantas halófitas, incluyendo pastos como Spartina alterniflora en zonas templadas (figura 2c) y matorrales de manglar, Salicornia spp. y Batis marítima (figura 2d) en zonas tropicales. Los pastizales marinos están compuestos por angiospermas acuáticas, establecidas en áreas intermareales y submareales de profundidades someras (lo que les permite suficiente radiación solar) con salinidad de salobre a marina. México cuenta con diez especies: Halodule wrightii, H. beaudettei, Halophila decipiens, Ha. engelmanni, Zostera marina, Phyllospadix scouleri, P. torreyi, Syringodium filiforme, Thalassia testudinum y Ruppia marítima. Los manglares y marismas están presentes en casi todo el litoral de México, mientras los pastos marinos se reportan en Baja California Sur, Sonora y Sinaloa, así como a lo largo del litoral Atlántico. La extensión de manglares en México se conoce bastante bien (775 555 hectáreas en 2015) y su tasa de deforestación es de 2.5% anual; no obstante, esta información es prácticamente inexistente para marismas y pastos marinos. Importancia del marco temporal Actualmente, en respuesta a compromisos nacionales e internacionales, en México y el mundo se realizan esfuerzos para mejorar el conocimiento de los ecosistemas de carbono azul empleando metodologías estandarizadas y generando información que apoye a su conservación como medida de adaptación al cambio climático basada en ecosistemas. Uno de los parámetros clave para la valoración económica de los sumideros de este carbono es el inventario de Corg en los sedimentos (como la masa de Corg enterrada por hectárea, a una profundidad definida, usualmente un metro, en Mg ha1). No obstante, esta profundidad puede representar lapsos muy diversos, lo cual dificulta la comparación de estimaciones entre sitios de interés; es indispensable, por tanto, determinar la edad y la tasa de acumulación sedimentaria (tam, g cm2 año1), que también es necesaria para estimar la velocidad con que los sedimentos acumulan Corg. El método de fechado con plomo210 es el más ampliamente utilizado para estimar la edad y las tasas de acumulación sedimentaria en sistemas acuáticos, en sedimentos de hasta cien años de antigüedad. Gracias al proyecto conacyt pdcpn 2015/1473 se ha determinado la variación temporal de flujos, inventarios y potencial liberación de CO2 en caso de perturbación en zonas de marismas, manglares y praderas de pastos marinos de algunos puntos de los litorales de Baja California, Sinaloa, Nayarit, Veracruz, Campeche, y Quintana Roo (figura 3). Los datos confirman que los inventarios de carbono han persistido enterrados en los sedimentos desde hace más de cien años, que los inventarios de carbono azul son comparables entre manglares y marismas (y mayores que en los pastos marinos), y que los valores observados en México son comparables con los reportados para los mismos tres tipos de ecosistemas alrededor del mundo. Conclusiones El estudio del contenido de carbono orgánico en núcleos sedimentarios, fechados con plomo210, permite evaluar la variación temporal a largo plazo (100 años) de los flujos e inventarios de Corg en ecosistemas de carbono azul. Esta información es relevante para complementar y mejorar la estimación del valor de los servicios ecosistémicos y su potencial para ser incluidos en mecanismos internacionales de protección de sumideros naturales de carbono, su consideración en los mercados de carbono y la implementación de políticas nacionales para la mitigación del cambio climático. |
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Referencias bibliográficas
Berner, R. A., 1990. “Atmospheric CO2 levels over Phanerozoic time”, en Science, vol. 249, pp. 1382–1386. Conabio, 2013. “Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad”, en Biodiversidad Mexicana (www.biodiversidad.gob.mx/). Doe, 2019. “Genomic Science Program», en U.S. Department of Energy Office of Science (https://cutt.ly/uJ3ZrvJ). GCP, 2018. “Global Carbon Budget 2018”, en Global Carbon Project (https://cutt.ly/tJ3Zozg). Howard, J., S. Hoyt, K. Isensee, E. Pidgeon y M. Telszewski (eds.). ____, 2014. carbono azul. Métodos para evaluar las existencias y los factores de emisión de carbono en manglares, marismas y pastos marinos. The Blue Carbon Initiative, unesco. Mcleod, E., et al. 2011. “A blueprint for blue carbon: toward an improved understanding of the role of vegetated coastal habitats in sequestering CO2”, en Front. Ecol. Environ., vol. 9, núm. 10, pp. 552–560. Mcowen, C. J., et al. 2017. “A global map of saltmarshes”, en Biodivers. Data J., vol. 5, p. e11764. Pendleton L., et al. 2012. “Estimating Global “Blue Carbon” Emissions from Conversion and Degradation of Vegetated Coastal Ecosystems”, en plos one, vol. 7, pp. 1–7. Ruiz-Fernández, A. C., J. A. Sanchez-Cabeza, J. F. Ontiveros, F. Páez. 2014. “Registros ambientales del cambio global”, en Revista Ciencia y Desarrollo, vol. 40, núm. 273, pp. 6–11. |
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| Ana Carolina Ruiz Fernández, Joan Albert Sánchez Cabeza, Libia Hascibe Pérez Bernal, Perla Guadalupe López Mendoza, Instituto de Ciencias del Mar y Limnología Universidad Nacional Autónoma de México. Tomasa Cuéllar Martínez Instituto de Ciencias del Mar del Perú. |
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