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Palabra de científico primera descripción
de la célula por
Robert Hooke
139B03 
 
 
 
Zeferino Galarza  
                     
Uno de los pilares de las ciencias de la vida es que
todos los seres vivos están formados por al menos una célula. En los libros de biología se suele mencionar que Robert Hooke fue el primer investigador en proponer el término célula, después de observar un corte fino de corcho. Sin embargo, no se limitó a proponer el término que hoy utilizamos, sino que hizo algunas predicciones.

Por definición, la célula es una pequeña celda, cavidad o seno, según el diccionario histórico de la Real Academia de la Lengua Española, en su versión de 1936. El término proviene del latín cellula, que a su vez deriva de cella: hueco. En los libros de biología se define de manera más formal el término y se puede concluir, después de estudiar el tema, que la célula es la unidad esencial, anatómica y funcional de la que están formados los seres vivos. Los organismos más pequeños están formados por una célula (son unicelulares) y generalmente son invisibles al ojo desnudo. Por esta razón, no fue fácil, sino hasta la invención de los primeros microscopios, descubrir que la célula es la unidad mínima de la vida, término que, como ya se mencionó, fue utilizado primero por Robert Hooke.

Hooke fue un personaje muy importante en la historia de la ciencia cuando ésta empezaba a tomar forma, es decir, cuando se empezó a hacer investigación sin tomar en cuenta los prejuicios. Hooke fue el Curador de Experimentos de la Royal Society, organización científica de las más antiguas cuyo lema es Nullius in verba, que significa “en palabras de nadie”, lo que quiere decir, si utilizamos las palabras de Carl Sagan: “lo que vale es el experimento”.

Hooke fue un verdadero personaje de su tiempo. Incursionó en muchas áreas del saber como la astronomía. Fue, por ejemplo, uno de los primeros en observar la famosa mancha del planeta Júpiter, a la que consideraba como constituyente del planeta y no sombra de una de sus lunas. También fue arquitecto y topógrafo; ayudó a reconstruir Londres después del Gran Incendio de 1666, así como un hábil artista, ya que podía hacer excelentes dibujos. Además era inventor. Entre sus creaciones está el microscopio compuesto. Hooke ganó notoriedad en 1665 cuando publicó su Micrografía, obra en la que muestra dibujos sobre diversos objetos vistos a través de un microscopio que, aunque no muy potente, le permitió ver que la más fina aguja no posee una superficie lisa, sino que es algo rugosa. También observó y dibujó la complejidad morfológica de la pulga común y, obviamente, el corcho. Esta observación es considerada la primera en la que se reportó la presencia de células.

En la literatura más o menos reciente, se puede hallar dos posturas sobre esa observación hecha por Hooke (y sus famosos dibujos del corcho). Hay quienes opinan que el término no es adecuado porque las células que vio no estaban vivas y por lo tanto, el término no es ideal para los organismos vivos, porque éstos no están formados por “huecos” (vacíos). La otra postura, es que el término es correcto, porque identificó la unidad de organización de un tejido, si bien estaba muerto.

Pero si queremos salir de dudas sobre qué quiso decir Hooke, para estar ciertos sobre qué postura adoptar, podríamos leer el reporte original en su Micrografía. Al hacerlo, veremos que trata el asunto en su “Observación xviii. De la estructura o textura del corcho y de las celdas y poros de algunos otros cuerpos esponjosos semejantes”.

Como aún no existían las normas de publicación para reportes científicos de las revistas actuales, curiosamente, leeremos en el primer párrafo su metodología: “cogí un trozo bien claro de corcho y con un cortaplumas tan afilado como una navaja de afeitar, corté un trozo, dejando su superficie extremadamente lisa”. Los dibujos de lo que vio son comunes en los libros de biología o microbiología. Sin embargo, suele faltar la leyenda que indique que los dos famosos dibujos son de un corte transversal, y de uno longitudinal. Esta es la pista a lo que verdaderamente quiso decir.

Al observar las celdas (a las que también llamó poros o vejigas de aire), concluyó que el corcho no se hunde en el agua porque está lleno de aire, y comprendió por qué este material es bueno para sellar botellas: las celdas se comprimen, creando presión. En dicho capítulo hizo una declaración interesante: “hasta [que] nuestro microscopio o algún otro medio nos permita descubrir la verdadera estructura y textura de todos los tipos de cuerpos, hemos de andar a tientas en la oscuridad”. Hooke mencionó esto porque quedó intrigado sobre la manera en que estas celdas se comunican con otras partes de la planta; es decir, si bien el corcho flota porque están las células aisladas y llenas de aire, en otras partes (otros tejidos) debe haber comunicación entre las células que las conforman, pues declara que no sabe de qué manera circula la “savia nutricia” entre estas filas de células de corcho (que él considera como el equivalente de las venas en los animales) con el resto de la planta. Y es por esto que hizo un corte longitudinal y otro transversal. Hooke esperaba ver compuertas que regularan el flujo de la savia entre las células, siguiendo su analogía de las venas, ya que quería ver las “válvulas” que dirigían la circulación entre las células.

De hecho, Hooke nos hace saber que no sólo vio células vacías: “en varios […] vegetales, mientas estaban verdes, he podido descubrir con bastante claridad, gracias a mi microscopio, que estas celdas o poros estaban llenas de jugos que exudaban gradualmente”. En otras palabras, lo que quería averiguar era el modo en que se llenaban esas celdas con la “sustancia vital” (y por consiguiente, cómo se vacían en el corcho). Al ser incapaz de responder con ayuda de su instrumento, declaró, con relación a las compuertas que deben controlar el flujo: “no es improbable que algún observador diligente pueda detectarlos andando el tiempo si se auxilia con mejores microscopios”. Tenemos así que Hooke se adelantó a la existencia de las proteínas transportadoras de membrana, así como a los plasmodesmos que en biología celular son estudiados para entender cómo fluyen sustancias hacia y fuera de las células vegetales, y entre ellas.

El término célula no fue el único que utilizó Hooke, como acabamos de leer en sus propias palabras, pero sí fue el que más captó la atención del público. En mi opinión, las declaraciones en algunos libros de texto, que pueden resumirse en: “observó ese espacio vacío que llamó célula”, no hacen justicia a este investigador de primer nivel y visionario quien supo entender que la célula es una entidad que intercambia materia con sus vecinas, con la finalidad de mantener al organismo que las contiene vivo. No pudo ir más allá en el tema de la célula por el paradigma de su tiempo, pero se anticipó un poco, como han hecho muchos otros genios en la historia de la ciencia. 

La próxima vez que escuche sobre la historia de la célula, tenga presente que su descubridor comprendió que estaba viva.
     

Referencias bibliográficas


Hooke, R. 1665. Micrografía o algunas descripciones fisiológicas de los cuerpos diminutos realizadas mediante cristales de aumento con observaciones y disquisiciones sobre ellas. Solís, C. (trad.). Alfaguara, Madrid, 1989.
     Pickover, C. A. 2009. “Ley de la elasticidad de Hooke”, en De Arquímedes a Hawking. Las leyes de la ciencia y sus descubridores. Crítica, Barcelona.
     

     
Zeferino Simón Galarza Brito
Estudiante de doctorado en el posgrado de Ciencias Bioquímicas,
Instituto de Biotecnología,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     

     
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