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Hace veintitrés años
 
César Domínguez Pérez-Tejeda
   
                 
                     
                     
México se caracteriza por ser depositario de una diversidad ambiental relevante que, por la gran demanda de recursos naturales, padece actualmente graves problemas. Para estudiar formalmente y contribuir a resolverlos, hace 23 años y con apenas trece investigadores y un número aún menor de técnicos, se inició una aventura académica en el seno del Instituto de Biología, la cual culminó en 1996 con la fundación del Instituto de Ecología de la unam. Un esfuerzo que fue apenas el atisbo de una trayectoria en la que se han conjuntado, para identificar y resolver problemas nacionales, la investigación de frontera y la docencia, la formación de recursos humanos muy especializados y la colaboración con el sector público. Puede resultar sorprendente que un pequeño grupo de visionarios, una comunidad de investigadores, haya dejado una huella tan profunda, que no sólo afecta a su comunidad cercana, sino que alcanza al país y el entorno internacional, pero no lo es tanto cuando se conoce de cerca su compromiso, entusiasmo, creatividad y liderazgo.
 
A sus quince años de vida, el Instituto de Ecología se distingue por hacer ciencia de alta calidad, aprovechando como sujeto de investigación la enorme variedad de ecosistemas del país, su gran biodiversidad y su elevado número de endemismos. Allí se creó uno de los primeros doctorados en el país, el Doctorado en Ecología, un semillero de varias generaciones de ecólogos que ahora trabajan en muchas universidades y otras instituciones académicas del país, formando, a su vez, sus propios estudiantes. Su impacto en el sector público no es menor, en 1992 se fundó, a partir de una iniciativa de un grupo de investigadores de nuestra institución, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (conabio). Asimismo, importantes y exitosas iniciativas para establecer áreas naturales protegidas han surgido o han sido apoyadas por iniciativa de sus laboratorios de investigación, y ahora es sede del nuevo Laboratorio de las ciencias de la sostenibilidad, una iniciativa que busca ligar formalmente la ciencia con la toma de decisiones en política ambiental del país.
     
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César Domínguez Pérez-Tejada
Instituto de Ecología,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 

 

como citar este artículo

Domínguez Pérez-Tejada, César. (2011). Hace veintitrés años. Ciencias 103, julio-septiembre, 26-27. [En línea]

     
                     
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  del herbario  
     
El tepozán
 
 
Pedro E. Mendoza
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Buddleia cordata H.B.K. es una especie arbustiva y arbórea de la familia Loganiaceae,
con una amplia distribución en el Valle de México como elemento de la vegetación
secundaria de bosques de pino-encino, bosques de encinos, zacatonales, matorrales
xerófilos y áreas urbanas localizadas a una altitud entre 2 200 y 3 000 metros sobre el
nivel del mar.
 
Coloniza con facilidad los sitios abiertos y perturbados gracias a que sus semillas son
fácilmente dispersadas por el viento. Los vientos dominantes, el vecindario vegetal
y la orografía del terreno determinan la cantidad de semillas que arriban a los sitios.
Las semillas pueden arribar a lugares tan heterogéneos como grietas, huecos entre las
rocas, superficies planas, áreas de cultivo, entre muchos otros puntos. Las semillas, al
dispersarse, presentan bajos contenidos de humedad y en años particularmente secos
es posible que un porcentaje de las semillas producidas presenten diferentes grados de
latencia innata. Esto permite que las semillas permanezcan latentes en el suelo hasta la
llegada de la temporada de lluvias y aunque no se sabe cuánto tiempo dura su viabilidad
ecológica y potencial, sí se sabe que pueden permanecer viables en el suelo por más de
un año.
 
Ya en el suelo, las semillas pueden permanecer latentes, morir o responder con una
germinación rápida y un establecimiento masivo ante la disponibilidad de agua y
pequeñas cantidades de luz. Lo último ocurre cuando algún tipo de disturbio abre
espacios libres de competencia y en años particularmente lluviosos estos sitios resultan
un escenario ventajoso para el establecimiento del tepozán. En el Parque Ecológico de
la ciudad de México, ubicado en la parte media del Ajusco, un asentamiento urbano
irregular alteró la vegetación y el suelo del matorral xerófilo así como un bosque abierto
de encinos; en las áreas alteradas, bajo una sucesión secundaria, miles de plántulas de
tepozán emergieron durante la siguiente temporada de lluvias. La emergencia masiva es
un atributo ecológico que favorece a las especies que colonizan ecosistemas limitantes,
ya que las variaciones diurnas y anuales en la temperatura, así como en la humedad del
suelo y el aire, particularmente durante los meses secos (febrero a mayo), ocasionan
una mayor mortalidad en las plantas. Sólo menos de 1% de las plantas emergidas
inicialmente alcanzarán un gran tamaño.
 
En las etapas tempranas de su crecimiento tanto la parte aérea como la parte subterránea
del tepozán presentan una gran plasticidad fisiológica y morfológica. La plasticidad
en esta especie se expresa a través de dos procesos: uno durante la temporada de secas
(noviembre a mayo), cuando las plantas presentan una retrogresión (muerte del ápice
dominante) y otro durante la temporada de lluvias (junio a octubre), cuando las plantas
presentan la activación de yemas laterales. En ambos procesos la raíz juega un papel
fundamental, ya que las plantas pequeñas (entre dos y seis centímetros de altura)
asignan más biomasa a la raíz, misma que funciona como una estructura de resistencia
ante condiciones adversas del medio. La retrogresión y la activación de yemas laterales
ocurren durante varios años hasta que las plantas adquieren un cierto “tamaño umbral”,
después del cual la tasa de sobrevivencia y crecimiento se incrementa. El tepozán
que ha completado la travesía de germinar, establecerse, sobrevivir y crecer en los
micrositios rocosos del Parque Ecológico tiene su primer evento reproductivo alrededor
de los cinco a siete años.
 
Entre sus características, la presencia del tepozán modifica el microambiente
circundante y facilita la incorporación de especies sucesionalmente tardías, facilita
 
el crecimiento y la supervivencia de encinos jóvenes al modificar favorablemente su
ambiente cuando los árboles son reforestados bajo su copa, produce una gran cantidad
de materia orgánica que incorpora nutrimentos al suelo y a su vez crea micrositios para
la germinación y acumulación de semillas de otras especies, suele ser visitado por una
gran variedad de organismos, principalmente insectos, debido a que sus tejidos foliares
jóvenes son nutritivos, y su raíz pivotante y profunda le favorece para colonizar sitios
con pendientes moderadas y suelos rocosos, por lo que resulta un excelente anclaje
para retener suelo y evitar la erosión. Por estos y otros atributos más, el tepozán resulta
una especie muy relevante para la sucesión ecológica y la restauración del Parque
Ecológico.
 
Por si fuera poco, se ha probado como forraje complementario de ganado ovino,
caprino y vacuno y además se conocen algunas propiedades medicinales asociadas a la
producción de terpenos y alcaloides de esta especie. Todo lo cual nos indica que es una
planta potencialmente útil para la restauración de los ecosistemas templados del sur de
la cuenca de México.
Referencias bibliográficas
 
Cabrera, L., P. Mendoza, V. Peña, C. Bonfil y J. Soberón. 1998. “Evaluación de una
plantación de encinos (Quercus rugosa NEE) en el Ajusco Medio D.F.” en Agrociencia,
núm. 32, pp. 149-155.
Rzedowski, J. y G. Rzedowski. 2001. Flora fanerogámica del Valle de México. Instituto
de Ecología, A.C. / conabio, Pátzcuaro, Michoacán, pp. 546-549.
Soberón, J., R. de la Maza, A. Hernández, C. Bonfil, S. Careaga, J. Gamboa de
Buen, H. García y G. Espinosa. 1991. “Reporte interno del grupo de trabajo”, Centro
de Ecología, unam y Coordinación General de Reordenación Urbana y Protección
Ecológica, ddf, México.
Vázquez-Yanes, C., A. Orozco, M. Rojas, M. E. Sánchez y V. Cervantes. 1997. “La
reproducción de las plantas: semillas y meristemos”, en La Ciencia para Todos, núm.
157. México, D. F.

 

 

Pedro Eloy Mendoza Hernández
Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México.

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como citar este artículo

Mendoza Hernández, Pedro Eloy. (2003). El tepozán. Ciencias 70, abril-junio, 32-33. [En línea]

 

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