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El picor del chile,
biosíntesis de la capsaicina y diferenciación morfológica
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Lino Sánchez Segura y
Gustavo F. Gutiérrez López
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Los metabolitos secundarios son las principales
características por las que reconocemos y asignamos valor comercial a las plantas. En éstas, la especialización química generalmente se ha asociado, por un lado, a la defensa contra depredadores o patógenos y, por otro, a la atracción de polinizadores. Mientras que en la vida cotidiana estas moléculas resultan funcionales como alimentos y fármacos.
Un grupo de metabolitos que por sus propiedades podría considerarse de interés en México es el de los capsaicinoides. Diversos estudios han demostrado que éstos son los compuestos químicos responsables de la pungencia o picor en el fruto de la planta de chile (Capsicum annumm L.). La capsaicina y la dihidrocapsaicina son responsables de 90% de la pungencia del fruto; el resto de los capsaicinoides participan en menor medida en el picor, pero contribuyen fuertemente a la diversidad de sabores picantes en las diferentes especies de Capsicum. Los capsaicinoides son sintetizados a partir de intermediarios de la ruta de los fenilpropanoides y, en algunos casos, son clasificados químicamente como alcaloides.
La respuesta provocada por la capsaicina es la de picor, es decir, aparecen síntomas como el aumento de temperatura, irritación tisular, salivación y dolor, que inician en las mucosas y se propagan al resto del cuerpo. Esta respuesta comienza cuando las terminales periféricas de un subgrupo de neuronas nociceptoras sensoriales son estimuladas, las cuales son encargadas de transmitir la información del daño tisular a los centros de procesamiento del dolor en la espina dorsal y el cerebro. Hasta el momento, se sabe que la capsaicina excita receptores de la membrana plasmática de las neuronas nociceptoras al calcio los cuales, debido a la afinidad estructural, se denominaron “receptores afines a la vainillina”. Sin embargo, realmente se trata de “canales dependientes del ligando”, que producen el incremento de la permeabilidad al calcio.
La capsaicina afecta de forma tan intensa las papilas gustativas aun en diluciones tan bajas como 1:1 x 106, que se ha usado frecuentemente en la investigación biomédica para explicar la función de las neuronas sensoriales en varios órganos y sistemas, debido a que tiene la capacidad de excitar y retardar la funcionalidad de un subconjunto de neuronas aferentes primarias. Sin embargo, ¿qué hace tan especial a este grupo de plantas?, ¿por qué únicamente se lleva a cabo la biosíntesis de los capsaicinoides en el género Capsicum?
El género Capsicum
Para entender la naturaleza de los compuestos capsaicinoides se debe indagar sobre su origen biológico. El chile es una planta del genero Capsicum de la familia Solanaceae. Actualmente, su clasificación se dificulta debido a la gran cantidad de variedades existentes cuyo origen puede deberse a las condiciones climáticas, tipo de suelo, selección y domesticación. Algunas de estas especies son C. annuum, C. chinense, C. frutescens, C. pubescens, C. pendulum y C. minimum con más de cincuenta variedades. Las clasificaciones taxonómicas del género Capsicum son diversas y fueron propuestas a partir de los caracteres taxonómicos que los autores consideraron eran de mayor importancia para descifrar la filogenia del género Capsicum. Una de ellas es la que hizo Bailley en 1923, en la cual se planteaba que se debían reducir todas las variedades de Capsicum a una sola especie debido a que los caracteres morfológicos que se han considerado diferenciables entre las especies tienen variaciones tan amplias que pueden pertenecer a cualquiera de las especies establecidas. Sin embargo, de forma opuesta se plantea que la clasificación taxonómica de este género impide agruparlas en una sola especie, dado el grado de diversificación biológica que presentan. En la actualidad, algunas variedades de Capsicum annuum se han separado con base en la diversidad genética, por lo que existe la posibilidad de establecer nuevas especies.
Originalmente, el género Capsicum se distribuye en cuatro centros biogeográficos: el primero abarca desde el sureste de Estados Unidos y México hasta el oeste de América del Sur, con doce subespecies; el segundo va del sureste de Brasil a la costa de Venezuela, con una subespecie; el tercero está en la costa este de Brasil, con diez subespecies; y el cuarto es el centro de Bolivia y Paraguay, que se extiende hasta el noreste y centro de Argentina, con ocho subespecies. Cabe destacar que dieciséis especies se consideran endémicas de América del Sur y representan la mayor cantidad de especies de Capsicum restringida en un área. La región correspondiente a Bolivia es probablemente el centro de origen del género Capsicum; sin embargo, el lugar de domesticación de cada una de las especies es un tema de investigación actual.
Origen y distribución en México
Si el origen biológico del chile no fue en México, ¿entonces por qué se encuentra tan arraigada la presencia de esta planta en nuestra cultura? Las primeras evidencias del consumo de chiles por parte de una cultura mesoamericana se encuentran en México. En las cuevas de Coxcatlán, en el Valle de Tehuacán en Oaxaca, se descubrieron a mediados de la década de los noventas los primeros restos arqueobotánicos de frutos y semillas de chiles silvestres, junto con granos de maíz y frijol. Estos frutos posiblemente se comenzaron a recolectar hace ocho mil años por los primeros habitantes, zapotecos, correspondientes al periodo Monte Albán IIIb–IV (500 a 750 d. C.). Posteriormente, hace seis mil años, durante el periodo Monte Albán V (1000 a 1520 d. C.), los asentamientos zapotecos de Mitla se dedicaron a seleccionar y cultivar chiles pungentes de Capsicum annuum, lo que implica que ésta es la primera especie mexicana de chile y, por consiguiente, la más utilizada como alimento. Hasta el día de hoy, se sabe con certeza que se derivan tres cultivares de esta especie primigenia, conocidas como: jalapeño, serrano y chile ancho.
Biosíntesis
El tipo y la concentración de capsaicinoides varía con el genotipo (F1, F2 o híbridos), las condiciones de crecimiento de la planta (fotoperiodo, pH del suelo, humedad, nutrientes, altitud) y maduración del fruto de donde se extraigan tales compuestos. La maduración del fruto, en la mayoría de las especies (C. annuum L., C. frutescens L., C. chinense Jacq.) corresponde a cambios en la concentración de carotenoides, flavonoides, clorofila, ácidos fenólicos, ácido ascórbico y compuestos solubles totales. La ruta de biosíntesis de los capsaicinoides se considera compleja, por lo que no ha sido completamente descrita. La principal característica es la presencia de una bifurcación metabólica que permite contribuir, por una parte, a la formación de ácidos grasos y, por otra, a compuestos aromáticos fenólicos. Debido a que la ruta de los capsaicinoides está dada por los intermediarios de la ruta de los fenilpropanoides, resulta interesante que se sintetice vainillina (compuesto que se obtiene de la vainilla, Vanilla planifolia) como intermediario químico, la cual evolutivamente no tienen relación con el género Capsicum.
La etapa crítica en la formación de la capsaicina es la condensación de la vainillilamina (compuesto fenólico) con el 8metil6nonenoilCoA (ácido graso). La formación enzimática de los capsaicinoides a partir de la vainillilamina e isoC10:0 se lleva a cabo en dos pasos. El primero es la conversión enzimática del isoC10:0 a isoC10:0CoA usando atp y Mg++ como cofactores; y el segundo es la condensación enzimática de isoC10:0CoA y vainillilamina para sintetizar la capsaicina por acción de la enzima capsaicina sintetasa. Sin embargo, esta última enzima se ha postulado como una enzima hipotética, sin que hasta el momento se tenga evidencia de su existencia.
Durante el crecimiento y maduración de las plantas, los cambios bioquímicos generalmente están asociados a las transformaciones estructurales de los tejidos y células. La descripción de estos cambios celulares en las plantas del chile no se ha estudiado con mayor profundidad debido a que la mayoría de los trabajos publicados presenta un enfoque químico, además de los productos naturales y el de la síntesis orgánica. Los primeros estudios sobre la localización del sitio de biosíntesis de la capsaicina y dihidrocapsaicina fueron hechas por el equipo de Tetsuya Suzuki en 1980, los cuales observaron “gotas oscuras” (osmiófilas) en imágenes de microscopía electrónica de transmisión. Algunos estudios intentaron, sin éxito, localizar el sitio de síntesis de capsaicinoides y describir el mecanismo de secreción celular.
Otro equipo de trabajo, liderado por Zamsky, describió en 1987 la ultraestructura de las células secretoras juveniles de frutos verdes de Capsicum, que presentan un citoplasma denso con plastidios ameboidales, dos tipos de retículo endoplásmico en fragmentos (rugosos o engrosados), observándose desprendimiento de vesículas del retículo endoplásmico. Ellos propusieron que los capsaicinoides están compartamentalizados en una serie de vesículas de entre 0.151.0 µm de diámetro, su morfología es la de “pequeñas gotas oscuras” (osmiófilas) visualizadas en al interior de retículo endoplásmico engrosado. El probable mecanismo de translocación de los capsaicinoides ocurre a partir de tales vesículas, las cuales viajan a través del citoplasma y se fusionan con el plasmalema. Sin embargo, los pigmentos carotenoides (capsorrubina y capsoxantina) que se sintetizan y acumulan durante la maduración y cambio de color del fruto de Capsicum fueron observados en imágenes de microscopía electrónica de trasmisión en forma parecida, por lo que dichos resultados no son concluyentes.
Los primeros estudios de Y. Ohta en 1962 y de el grupo de K. Iwai en 1979 demostraron que los capsaicinoides fueron separados de la placenta, tejido en el que son biosintetizados a partir de la Lfenilalanina y Lvalina. Posteriormente, en 1982, junto con su equipo de trabajo, Fujiwake determinó que los capsaicinoides se acumulan en las vacuolas de las células epidérmicas de la placenta y del septo; sin embargo, es difícil describir el mecanismo de biosíntesis de los capsaicinoides a un nivel subcelular a través de técnicas convencionales de fraccionamiento de células, ya que éstas homogenizan los contenidos subcelulares.
Nuevas teorías
En estudios recientes, mediante técnicas de inmunolocalización, se ha encontrado que el lugar donde están los capsaicinoides son las células epidérmicas del septo interlocular; sin embargo, nuestros hallazgos demuestran que el inmunolocalizar la capsaina allí no implica que se lleve a cabo la biosíntesis en esas células. Anatómicamente, las células del septo interlocular tienen una función estructural cuya característica es delimitar el lóculo del fruto, por lo que se debe descartar su intervención en la biosíntesis; probablemente, en forma secundaria, puede ser una vía de translocación de la capsaicina al pericarpo del fruto. Mientras que es en las células de la epidermis de la placenta en donde se lleva a cabo la mayor acumulación de la capsaicina, esta función es única en la planta y está restringida a este pequeño grupo de células altamente diferenciadas. En algunas partes de la planta de Capsicum, como hojas, tallos, raíces y semillas, se ha obtenido capsaicina en muy bajas concentraciones, sin que se consideren zonas de biosíntesis diferentes a la placenta del fruto. Estos descubrimientos nos plantean las siguientes preguntas: ¿para qué necesita la planta enviar a través de un viaje energéticamente costoso este compuesto altamente tóxico y cómo lo hace?
En estudios anteriores se había propuesto la existencia de una nueva estructura almacenadora de capsaicina llamada ámpula, término aceptado en la botánica que implica un mecanismo activo de transporte de capsaicinoides en frutos pungentes de Capsicum. Dicha estructura se formaría a partir del desprendimiento de una cubierta de polisacáridos y ceras durante la diferenciación del tejido epidérmico de la placenta. El desprendimiento ocurre en forma activa por la translocación de vesículas y desprendimientos celulares hacia el espacio que se genera entre el tejido y el ámpula, formando un depósito altamente tóxico de sustancias capsaicinoides. Nuestras investigaciones indican que en chiles con mayor pungencia (C. chinense Jacq. o habanero de la variedad Kukulkán), dicha estructura se forma en mayor número y tamaño; mientras que en chiles no pungentes (C. annuum L. o pimiento morrón) no hay evidencia de tales estructuras.
Dichos resultados nos han llevado a proponer la existencia una estructura morfológica que podría estar regulando la biosíntesis de capsaicina debido a una retroalimentación metabólica entre el sustrato, los intermediarios, el producto, la acumulación y la diferenciación celular del tejido epidérmico de la placenta de chiles pungentes. En las plantas, la biosíntesis de un metabolito es una inversión energética muy costosa, la cual puede conferir grandes ventajas contra depredadores o en la continuidad de la especie en términos evolutivos. Pero, hasta el momento, no se ha logrado dilucidar el costo adaptativo de la diferenciación y reorganización de los tejidos altamente especializados en las plantas.
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Referencias bibliográficas
Bailey L. H. 1923. Cultivated Evergreens. Macmillan, Nueva York.
Fujiwake, Hideshi, Tetsuya Suzuki y Kazuo Iwai. 1982. “Intracellular distributions of enzymes and intermediates involved in biosynthesis of Capsaicin and Its Analogues in Capsicum Fruits”, en Agricultural and Biological Chemistry, vol. 46, núm. 11, pp. 2685-2689. Iwai, Kazuo, Tetsuya Suzuki y Hideshi Fujiwake. 1979. “Formation and Accumulation of Pungent Principle of Hot Pepper Fruits, Capsaicin and Its Analogues, in Capsicum annuum var. annuun cv. Karayatsubusa at Different Growth Stages after Flowering”, en Agricultural and Biological Chemistry, vol. 43, pp. 2493–2498. Nabhan, Gary Paul. 2006. Por qué a algunos les gusta el picante. Alimentos, genes y diversidad cultural. Fondo de Cultura Económica, México. Ota, Yasuo. 1962. “Physiological and genetical studies on the pungency of Capsicum, IV. Secretory organs, receptacles and distribution of capsaicin in the Capsicum fruits”, en Japanese Journal of Breeding, vol. 12, núm. 3, pp. 179–183. Perry, Linda y Kent Flannery. 2007. “Precolumbian use of chili peppers in the Valley of Oaxaca, Mexico”, en pnas, vol. 104, núm. 29, pp. 11905-11909. Stewart, Charles, et al. 2007. “Genetic control of pungency in C. chinense via the Pun1 locus”, en Journal of Experimental Botany, vol. 58, pp. 979-991. Zamsky, E., Shoham, O. Shoham, D. Palevitch, y A. Levy. 1987. “Ultrastructure of CapsaicinoidSecreting Cells in Pungent and Nonpungent Red Pepper (Capsicum annuum L.) Cultivars”, en Botanical Gazette, vol. 148, pp. 1–6. |
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Lino Sánchez Segura y
Gustavo F. Gutiérrez López
Escuela Nacional de Ciencias Biológicas,
Instituto Politécnico Nacional.
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cómo citar este artículo →
Lino Sánchez Segura y Gustavo F. Gutiérrez López. 2016. El picor del chile, biosíntesis de la capsaicina y diferenciación morfológica. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 34-37. [En línea].
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| bibliofilia |
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Atlas de maíces:
diversidad y distribución del maíz nativo y sus parientes silvestres en México
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Alejandro Ortega Corona, Manuel de Jesús Guerrero Herrera y Ricardo E. Preciado Ortiz
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En este libro se aborda el tema de la distribución
actual de los maíces nativos y sus parientes silvestres, teocintle, Tripsacum, en la República Mexicana. La exploración y la recolecta en la primera etapa (periodo 20072008) fueron realizadas en el estado de Coahuila por la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, y en los estados de Nayarit, Nuevo León, Tamaulipas, Sinaloa y Sonora por el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (inifap). En la segunda etapa (periodo 20082010), la exploración y la recolecta fueron realizadas por el inifap en veintitrés estados, y por la Universidad de Guadalajara en el estado de Jalisco; en los estados de Oaxaca y Michoacán las recolectas ya habían sido realizadas como parte de las actividades de otros proyectos. Por la naturaleza de las acciones inherentes a los proyectos fz002 y fz016, que son la fuente de información contenida en este libro, y para cumplir cabalmente con los compromisos contraídos, las actividades de ambos proyectos se extendieron hasta 2013.
En años recientes la producción mundial de maíz rebasó los 800 millones de toneladas, cifra superior a la obtenida en las cosechas de trigo y arroz. Por este hecho, el maíz es considerado el cereal más importante para la humanidad, a lo que hay que agregar su versatilidad para preparar tanto alimentos tradicionales como alimentos procesados por la industria para consumo humano, así como para el consumo animal en el plano internacional, además de la infinidad de productos para la industria
de los cosméticos y de la transformación, incluyendo los bioenergéticos, sin dejar de mencionar su extraordinario valor como modelo para diversos estudios de carácter biológico, y por supuesto, su alto potencial de rendimiento.
En México la primera colecta formal fue realizada hace sesenta años por E. J. Wellhausen, L. M. Roberts y E. Hernández X., en colaboración con P. C. Mangelsdorf, y los resultados de la misma fueron publicados en 1951 en la obra titulada Razas de maíz en México: su origen, características y distribución. Rendimos tributo a este grupo de científicos por su invaluable contribución que sirvió de guía para trabajos similares posteriores en América Central, Cuba y Colombia (1957), Brasil (1958), Bolivia e Indias Occidentales (1960), Perú y Chile (1961), Ecuador y Venezuela (1963). Con cuarenta y siete razas de Argentina, diez de Uruguay, ocho de Paraguay y dieciséis de Estados Unidos, suman en total 484 razas de maíz en el Continente Americano, las cuales se originaron hace 10 000 años en la región central de la cuenca del Río Balsas, en el suroeste mexicano, en la confluencia de los estados de Michoacán, México y Guerrero. En el año 2009, en la Cueva de Xihuatoxtla, cerca de Iguala, Guerrero, fueron recolectados gránulos de almidón de maíz que datan de hace 8 700 años, que es el fósil de maíz más antiguo encontrado en México.
La estructura actual del inifap, que abarca todo el territorio nacional y comprende ocho Centros de Investigación Regional (cir): Centro, Golfo centro, Noreste, Noroeste, Norte centro, Pacífico centro, Pacífico sur y Sureste, facilitó los trabajos de exploración y recolecta de los proyectos fz002 (primera etapa) y fz016 (segunda etapa) por la siguiente razón: a cada cir está adscrito un investigador líder conocedor del área de influencia de su centro de trabajo, con amplia experiencia en el cultivo del maíz, quien aceptó la responsabilidad de ser Coordinador Regional del proyecto y de invitar a participar en el mismo a otros investigadores también expertos en maíz, para efectuar la exploración en su estado. De hecho, por las características propias de esta institución, la Comisión Nacional para el conocimiento y Uso de la Biodiversidad (conabio) financió la operación y la compra de equipo, como cámaras fotográficas, gps y computadoras, y fue la encargada de capacitar en el sistema Biotica 4.5 y 5.0 a los investigadores participantes. El inifap contribuyó con salarios de los investigadores, vehículos e infraestructura.
Para recorrer las zonas maiceras en los estados y realizar las recolectas (de noviembre a febrero), los investigadores se organizaron en grupos de dos o tres. Las principales actividades fueron: obtener las muestras, registrar los datos de éstas y de los custodios en la hoja pasaporte, tomar fotografías tanto a las mazorcas como a los custodios, así como al granero rústico donde almacenan su cosecha. En este tipo de almacén el maíz está expuesto a daños por roedores, aves y plagas de granos almacenados que disminuyen la calidad del grano y son agentes que erosionan la diversidad genética. En la mayoría de los casos se obtuvieron cincuenta mazorcas, por las que se pagó dos pesos por unidad. Este procedimiento permitió hacer el muestreo con mayor eficiencia.
Uno de los propósitos centrales de los proyectos fue determinar los cambios ocurridos en la diversidad de los maíces nativos después de sesenta años de que Wellhausen y colaboradores realizaron la primera recolecta (finales de la década de los cuarentas). La información recabada en este trabajo es de gran valor para reforzar las teorías sobre los centros de origen y domesticación del maíz y su posterior diseminación por los antiguos pobladores de Mesoamérica. Esta información también contribuirá a normar criterios para hacer frente al probable impacto por el uso comercial de híbridos transgénicos de maíz en las zonas de riego y buen temporal de México, debido al riesgo potencial de flujo génico por semillas, y su utilización por los custodios de la diversidad del maíz nativo, quienes son los responsables de ir incorporando gradualmente a la semilla características favorables a su entorno.
Durante el periodo 20072010 se publicaron varias obras que tratan el tema de los maíces nativos de México, en las cuales se enfatiza su extraordinario valor, representado por 59 razas, y el de América Latina por 484 razas. Una de las tareas pendientes, con cierta urgencia, es la caracterización de esta riqueza genética, la cual permitirá su aprovechamiento integral y la de sus ancestros. Los títulos de las obras mencionadas son los siguientes: El patrimonio biocultural de los pueblos indígenas de México: hacia la conservación in situ de la biodiversidad y agrodiversidad en los territorios indígenas (2008); “El genoma del maíz (The B37 maize genoma: complexity, diversity, and dyna
mics)” publicado en la revista Science núm. 326, pp. 11121115 en 2009; Diversificación del maíz, una revisión analítica, y la diversidad del maíz en el Continente Americano, publicados por la unam y la conabio en 2009; Amplitud, mejoramiento, usos y riesgos de la diversidad genética del maíz en México, publicado por la Sociedad Mexicana de Fitogenética, A. C. en 2011.
Este libro contiene también una reseña de las relaciones filogenéticas y geográficas analizadas por diferentes autores mediante estudios de aptitud climática y caracterización genómica. Estos estudios coinciden en conservar la clasificación racial basada en las características botánicas externas propuestas inicialmente por Wellhausen y colaboradores, lo que confirma el gran valor de su contribución.
Se incluyen las áreas de distribución actual y potencial de 45 razas de maíz de México, determinadas a partir de los datos registrados en la hoja pasaporte de cada recolecta. Esta información confirma la dispersión de los maíces nativos en todo el territorio nacional, excepto en los desiertos. Para propósitos de conservación, nuestra experiencia permite afirmar que existen en México localidades como Tlaltizapán, Morelos; Iguala, Guerrero; Apatzingán, Michoacán; Valle del Yaqui, Sonora, entre otras, en las que es posible producir semilla de la mayoría de las razas de maíz tanto de ciclos de primaveraverano como de otoñoinvierno, con riegos de auxilio en caso necesario.
El total de las recolectas realizadas como parte de los proyectos fz002 y fz016 fue de 6 339 muestras de maíz, 272 de teocintle y 224 de Tripsacum; que sumadas a las 1 232 de Oaxaca y las 925 de Michoacán, hacen un total de 8 992 nuevas accesiones que fueron almacenadas en
el recién inaugurado banco de germoplasma del Centro Nacional de Recursos Genéticos del inifap, ubicado en Tepatitlán, Jalisco. Las razas más frecuentes fueron tuxpeño (17%), cónico (10%), cónico norteño (8%), olotillo (6%), elotes cónicos (5%) y elotes occidentales (5%). No fueron recolectadas 8 razas, 19 están en peligro de extinción, las cuales tuvieron frecuencias de 1 a 13 muestras.
En relación con el teocintle, el análisis de la información indica que el acelerado crecimiento de la población y los cambios en el uso del suelo provocarán una erosión extrema en las poblaciones. El Tripsacum, que experimentalmente produce híbridos viables como el maíz, puede, como el teocintle, llegar a ser un recurso genético de gran valor, como fuente de resistencia a patógenos causantes de enfermedades e insectos plaga, a altas temperaturas y sequía, además de su valor como planta forrajera y apomíctica; esta última característica de gran trascendencia si fuera posible incorporarla al maíz. El estudio integral de ambos parientes silvestres, teocintle y Tripsacum en México, que es centro de origen y diversidad, debe guiar las acciones pertinentes para su conservación y aprovechamiento. Es indispensable que la legislación mexicana impida que la introducción voluntaria o accidental de organismos genéticamente modificados incaute la riqueza genética de los maíces nativos y sus parientes silvestres, que son considerados patrimonio de la humanidad.
En relación con los retos que enfrentamos para cumplir con la tarea que nos echamos a cuestas, queremos compartir con usted, estimado lector, que ésta, además de haber sido ardua, en ocasiones fue dificultada por la excesiva normatividad administrativa, lo que impidió, en cierta medida, cumplir con el tiempo y forma con los compromisos contraídos.
Esperamos que esta obra contribuya a catalizar acciones, por un lado para evitar la extinción de las razas de maíz, y por el otro para promover su aprovechamiento integral.
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Referencias bibliográficas
Ortega Corona, Alejandro, Manuel de Jesús Guerrero Herrera y Ricardo Ernesto Preciado Ortiz (eds.). 2013. Diversidad y distribución del maíz nativo y sus pariente silvestres en México. Biblioteca Básica de Agricultura, México.
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Alejandro Ortega Corona
Manuel de Jesús Guerrero Herrera
Ricardo Ernesto Preciado Ortiz
Instituto Nacional de Investigaciones Forestales y Agropecuarias.
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cómo citar este artículo →
Ortega Corona, Alejandro; Manuel de Jesús Guerrero Herrera y Ricardo Ernesto Preciado Ortiz. 2016. Atlas de maíces: diversidad y distribución del maíz nativo y sus parientes silvestres en México. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 24-27. [En línea].
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| de la química de la vida |
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Ángeles o demonios:
el ciclo del nitrógeno
en la agricultura
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Eva Segundo Pedraza, Mariela Fuentes Ponce y Luis Manuel Rodríguez Sánchez
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Las verduras y semillas, además de tener la fibra
necesaria para el buen funcionamiento de los intestinos, contienen nutrimentos que son transformados en diferentes compuestos que forman parte de los nucleótidos; unidos unos con otros, éstos crean largas cadenas llamadas ácidos nucleicos, los cuales forman parte de la vida de todos los organismos en este planeta o bien constituyen parte de los aminoácidos que, al juntarse, dan origen a moléculas más grandes y complejas llamadas proteínas. El principal elemento que tienen en común todas estas moléculas es el nitrógeno, que difícilmente se encontrará en las frituras y dulces, pero sí en las verduras, frutas, semillas y carne.
Las plantas, al igual que el ser humano, requieren nitrógeno para la síntesis de proteínas y moléculas orgánicas como la clorofila (que provee del color verde a las plantas y participa en la fotosíntesis). Las plantas toman el nitrógeno del suelo, pero para que sea asimilable (que lo pueda absorber por sus raíces), se necesita que esté en una forma inorgánica, como nitratos (NO3) y amonio (NH4+). Cuando las plantas no absorben suficientes iones NO3 o NH4+, disminuye su crecimiento y a lo largo de la nervadura principal y en el ápice de la hoja hay un cambio de color, pasa de verde a amarillo, esta carencia de nutrimentos es conocida como clorosis.
El nitrógeno asimilable no siempre se encuentra en grandes cantidades en el suelo, a veces está en su forma orgánica, es decir, en remanentes que entraron al suelo como hojas, residuos de la cosecha, animales muertos, entre otros. Pero ese nitrógeno orgánico no está todavía disponible para las plantas, por lo que entonces intervienen las bacterias y hongos.
El nitrógeno y su ciclo
El nitrógeno es un gas incoloro e inodoro que forma parte del aire que respiramos, además del oxígeno y otras partículas contaminantes. Sabemos que por lo menos 78% del nitrógeno en el mundo se encuentra en el aire y que el resto está presente en el agua de ríos, mares, aguas residuales y suelo. Si al respirar podemos absorber nitrógeno, entonces ¿por qué cultivar y consumir verduras? Resulta que, desafortunadamente, el nitrógeno que respiramos no es asimilable por nosotros; primero debe ser fijado en el suelo por diferentes procesos (electroquímico, fotoquímico, industrial o biológico), después debe ser asimilado por una planta y, hasta entonces, al consumirlas podemos asimilarlo.
Los únicos organismos que pueden realizar el proceso de la fijación biológica del nitrógeno son los hongos y las bacterias. Estos organismos diminutos trabajan solos aunque a veces hacen simbiosis con las plantas. Son microorganismos del suelo, simbiontes o de vida libre, que toman el nitrógeno atmosférico para utilizarlo en sus procesos metabólicos, reduciéndolo a amoniaco (NH3). Una vez que el amoniaco es liberado a la solución del suelo pueden ocurrir dos cosas: 1) que entre a un proceso conocido como amonificación, donde el amoniaco reacciona con un ion de hidrógeno y forma el amonio (NH4+); 2) que sea utilizado como fuente de energía por algunas bacterias del género Nitrosomonas para transformarlo en hidroxilamina, una sustancia que al combinarse con oxígeno permitirá la formación y liberación del ion nitrito (NO2), lo que se llama nitrosación del suelo.
Los iones nitrito que son liberados a la solución del suelo pueden pasar directamente a mantos acuíferos o ser utilizados por bacterias principalmente de los géneros Nitrobacter y Bactoderma. Cuando estos iones son aprovechados por dichas bacterias, lo hacen mediante una reacción química oxidativa en la que transforman los nitritos en nitratos. Este proceso, que depende de ciertas características del suelo como la alta humedad o concentraciones bajas de oxígeno, no es el único camino de transformación del nitrógeno, y cuando intervienen las bacterias también puede ocurrir que el amoniaco sea reducido y liberado en su forma inorgánica a la atmósfera como óxido nitroso (N2O) u óxido nítrico (NO), dos gases de efecto invernadero de alto impacto que coadyuvan al calentamiento del planeta y, en el mejor de los casos, en nitrógeno dimolecular (N2) mediante un proceso conocido como desnitrificación.
La fijación biológica que realizan algunas bacterias en simbiosis con cierto tipo de plantas leguminosas, como el frijol o las habas, es un proceso que inicia cuando la raíz exuda sustancias químicas que son reconocidas por algunas bacterias como los rizobios; una vez que el intercambio de señales entre la planta y la bacteria se realiza, la migración de la bacteria comienza y se presenta su invasión hacia la superficie de la raíz, posteriormente las bacterias la penetran y terminan colonizándola. Una vez que la bacteria se encuentra dentro, comienzan a formar estructuras esféricas llamadas nódulos, los cuales facilitan la estadía en la raíz de la planta. No existe una cantidad definida de nódulos por raíz, más bien se origina una red de nodos en la rizósfera de la planta, es decir, en la parte del suelo inmediata a las raíces. Dentro del nódulo se forma una membrana con líquido, el cual sirve como un medio de intercambio de señales y nutrimentos entre la planta y la bacteria. Esta interacción simbiótica desaparecerá cuando el medio se haga más ácido o “hasta que la muerte los separe”.
Lo que hemos relatado es lo que pasa en el ciclo biogeoquímico del nitrógeno, ya sea en un ecosistema natural o en un sistema agrícola (agrosistema). Pero cuando tenemos cultivos agrícolas, de una sola especie o monocultivos, con altas demandas de nitrógeno en los que se ha optado por usar fertilizantes, sintéticos en muchos casos, hay un impacto negativo directo en el ambiente debido a dicho elemento químico.
Los fertilizantes sintéticos
El proceso natural de fijación de nitrógeno realizado por las bacterias puede ser interrumpido o disminuido por el suministro de “nutrimentos chatarra”, es decir, por fertilizantes nitrogenados altamente solubles que contienen amonio o nitratos. Las bacterias, al igual que las plantas, tienen como fuente de energía NH4+ y NO3, y al suministrar en forma artificial dichos elementos por medio de fertilizantes solubles, las bacterias ya no tienen la necesidad de trabajar, de fijar nitrógeno atmosférico, lo cual se generará una competencia entre las bacterias y las plantas por la nueva fuente de energía disponible. Así que el uso irracional de fertilizantes nitrogenados puede alterar los procesos de nitrificación y desnitrificación, pues al existir una mayor cantidad de sustrato nitrogenado las bacterias pueden generar mayor cantidad de nitratos, que se lixiviarán a los mantos acuíferos; por otro lado, se pueden elevar las emisiones de gases de efecto invernadero, ya que el uso excesivo de fertilizantes sintéticos generalmente está ligado a una agricultura tecnificada que implica el uso de riego, propiciando condiciones de humedad que coadyuvan a este tipo de procesos.
Al suministrar grandes cantidades de nitrógeno a las plantas, éstas pueden experimentar intoxicaciones agudas o un debilitamiento frente al ataque de plagas y enfermedades, esto último debido al incremento en la producción de aminoácidos libres (constituidos en buena parte por nitrógeno) y a la mayor acumulación de agua en sus tejidos.
Considerando lo anterior, debe explicársele a los productores la importancia del nitrógeno y el efecto de ciertas prácticas agrícolas empleadas para maximizar su producción; pero esto se complica debido a que, la mayor parte de su vida, el campesino se ha dedicado a cultivar alimentos en un mercado globalizado que le ha impuesto una forma de producción dependiente de insumos sintéticos y monocultivos, modificando sus procedimientos tradicionales de producción en un intento por alcanzar una mayor rentabilidad.
Actualmente, gobiernos y científicos en todo el mundo buscan crear indicadores que permitan reflejar el estado de salud de los suelos agrícolas en los diferentes procesos del ciclo del nitrógeno con la finalidad de generar alternativas más viables desde el punto de vista ambiental, pero sin dejar de lado el aspecto productivo. Por ejemplo, en los últimos años se han desarrollado los denominados biofertilizantes, constituidos por organismos benéficos que viven asociados o en simbiosis con las plantas, contribuyendo a su nutrición y a la regeneración del suelo. También se han generado nuevas propuestas de manejo agrícola, algunas de ellas consideran el rescate de prácticas culturales de los pueblos nativos, como la milpa en México, que consiste en intercalar gramíneas (plantas demandantes de nitrógeno como el maíz) con leguminosas (plantas que tienen una relación simbionte con bacterias fijadoras de nitrógeno como haba y frijol). La rotación de cultivos, incluyendo leguminosas, y el uso de abonos verdes que implica beneficiar al suelo mediante un cultivo de plantas leguminosas, con la finalidad de incorporar el nitrógeno que fijaron durante su periodo de crecimiento, son otras opciones para reducir el uso de fertilizantes sintéticos.
A modo de conclusión
El asunto no es sencillo debido al doble carácter del nitrógeno y de los microbios que participan en este ciclo pues, por un lado, estos organismos pueden facilitar la generación de formas de nitrógeno asimilable para las plantas cultivadas en los suelos agrícolas, de suma importancia para la producción de alimentos; y por otro, estas mismas formas solubles del nitrógeno, junto con otras en estado gaseoso, se pueden convertir en contaminantes de alto impacto para la atmósfera y para el agua. El nitrógeno desempeña un papel fundamental en la vida de nuestro planeta, pero también se puede transformar en la fuente de graves problemas ambientales cuando se torna excesivamente soluble o volátil.
Las bacterias relacionadas con el ciclo del nitrógeno no son ángeles ni demonios, sino seres de la intrincada red de relaciones que conocemos como vida, de las cuales todavía tenemos mucho que investigar para hacer una agricultura más sustentable. Es tiempo de informar y hacer conciencia en los jóvenes profesionistas y campesinos de que todas las acciones tienen una reacción y se deberá asumir el costo que ello implica.
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Referencias bibliográficas
Bloom, Arnold J., Scott S. Sukrapanna y Robert L. Warner. 1992. “Root Respiration Associated with Ammonium and Nitrate Absorption and Assimilation by Barley”, en Plant Physiol, núm. 99, pp. 1294–1301.
Canfield, Donald E. 2010. “The Evolution and Future of Earth’s Nitrogen Cycle”, en Science, vol. 330, núm. 6001, pp. 192196. Kramer, Sasha, John Reganold, Jerry Glove, Brendan Bohannan y Harold Mooney. 2006. “Reduced nitrate leaching and enhanced denitrifier activity and efficiency in organically fertilized soils”, en pnas, vol. 103, núm. 12, pp. 45224527. Lichtfouse, Eric, et al (eds.). 2009. Sustainable Agriculture. Springer, Países Bajos. Santi, Carole, Didier Bogusz y Claudine Franche. 2013. “Biological nitrogen fixation in nonlegume plants”, en Annals of Botany. vol. 111, núm. 5, pp. 743–767. Werner, Dietrich y William E. Newton (eds.). 2005. Nitrogen Fixation in Agriculture, Forestry, Ecology, and the Environment. Springer, Países Bajos. |
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Eva Segundo Pedraza
Maestría en Ciencias Agropecuarias,
Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.
Mariela Fuentes Ponce Departamento de Producción Agrícola y Animal,
Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.
Luis Manuel Rodríguez Sánchez
Departamento de Producción Agrícola y Animal,
Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.
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cómo citar este artículo →
Segundo Pedraza, Eva; Mariela Fuentes Ponce y Luis Manuel Rodríguez Sánchez. 2016. Ángeles o demonios: el ciclo nitrógeno en la agricultura . Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 12-15. [En línea].
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| Andrew Light |
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Mucha gente ha dicho ya esto antes y es absolutamente
verdadero: no importa cómo se mire, la cuestión de los organismos genéticamente modificados es intrínsecamente un asunto social, y pienso que es casi imposible el separar las cuestiones puramente científicas de las de la ley, de las políticas públicas y la moralidad, fundamentalmente. Si queremos llegar a algún punto en términos de sobrepasar algunas de las grandes divisiones que existen en cuanto a este problema, no creo que sea el camino correcto decir: “bueno, esta perspectiva no es científica y por tanto no debemos prestarle atención”. Este tipo de argucia no funciona para un asunto como éste, que es parte intrínseca de las políticas públicas. Si todos tuvieran una perspectiva científica el mundo sería increíblemente aburrido, es decir, sería tan tedioso como si cada persona tuviese una perspectiva filosófica de las cosas —si lo dudan, vayan a un congreso sobre filosofía y siéntense a escuchar ponencias durante dos días.
Voy a tratar de formular dos argumentos particulares acerca de lo que pienso que son los aspectos éticos involucrados en este caso. Esencialmente, estoy de acuerdo con mucha gente en que no estoy seguro de que la introducción de maíz transgénico en México represente un riesgo especialmente significativo para la salud humana. No obstante, pienso que hay al menos dos fuertes razones morales para minimizar el flujo génico de los transgénicos hacia las variedades nativas, incluso si éstas resultaran de hecho mínimas. Digo esto en el contexto en que contemplo los aspectos morales, que no considero como una suma igual a cero en la teoría de juegos, en la que todos resultan igualmente afectados o beneficiados, y no pienso que los asuntos morales sean blanco y negro, como lo hacen otros autores. Pienso, por el contrario, que hay razones morales que uno puede dar para un asunto en particular, las cuales son mejores o peores, especialmente en el reino de lo público.
Fundamentalmente, pienso que existen algunos puntos que suscita el flujo génico que, de hecho, deberían disuadirnos al tratar de minimizar este problema cuando se presenta la posibilidad. Separaré en dos argumentos particulares que serán relacionados, pero los trataré en un principio de manera aparte. El primero involucra algo que llamo desacuerdo profundo, lo cual definiré en seguida, y el segundo será un argumento de preservación de la biodiversidad cultural.
Es ciertamente el caso, se puede asegurar, que en el futuro habrá más gente en varias partes del mundo que va a tomar en serio este asunto y que va a conformar una visión que muchos de nosotros rechazaremos por ser fundamentalmente no científica, pero que, a pesar de ello, tendremos que tratar de acomodar de alguna manera.
¿Cómo conformar políticas sociales alrededor de desacuerdos profundos? ¿Qué hacer en tales casos? Generalmente, hay dos maneras de hacer esto —estoy hablando en el contexto de los Estados Unidos, y pienso que hay diferencias nacionales de orden cultural.
La primera, debido a la falta de certeza, apela al pluralismo y la tolerancia; es decir, vemos que tenemos conocimientos de los cuales no estamos completamente seguros, quizá no confiamos totalmente en nuestra visión de las cosas o tal vez hay otros puntos de vista que tienen sentido, y entonces entendemos y respetamos a gente que tiene una forma de ver que es fundamentalmente opuesta a la nuestra. La segunda apela a un cierto derecho que sobrepasa el asunto en torno al cual hay desacuerdo, esto es, que existe un derecho fundamental más importante para nuestra cultura que se antepone a aquel.
El caso del aborto, la manera como se ha negociado en los Estados Unidos, es un buen ejemplo —y no de poca monta pues es constantemente un asunto público y político del que se trata en cada elección. En Estados Unidos se ha apelado al derecho de la mujer a decidir por encima del posible estatus de persona para el feto, junto con una tolerancia hacia diferentes puntos de vista en los procesos políticos y los actos personales. Este acuerdo negociado ha funcionado más o menos. Hay ciertamente excepciones importantes, pero éstas, pienso, contribuyen más bien a confirmar la regla.
En el estado en que vivo, el de Nueva York, hemos tenido clínicas dedicadas a efectuar los abortos que han sido agredidas por oposicionistas al aborto —incidentes que han ocurrido también en otras partes del mundo. Claramente, la gente que los ha efectuado no se inscribe al interior del acuerdo negociado, ellos no reconocen el derecho más amplio, sólo ven sus propias convicciones. Por tanto, las personas que se encuentran en ambos polos del debate, con toda razón, van a ver a esa gente como fuera de la comunidad que convino, que llegó a un acuerdo sobre el asunto, quedando así excluidos de la comunidad. Al tomar una posición extrema, esa gente se ha colocado, por su propia voluntad, fuera del espectro de la amplia cultura democrática.
Hay casos extremos del mismo tipo. El más relevante en la historia de los Estados Unidos ha sido, por supuesto, el de la controversia sobre la esclavitud. Tuvimos que emprender una guerra para resolverlo. Ojalá no haya que hacer guerras para resolver todos los asuntos en los que haya desacuerdo. De hecho, la severidad de las consecuencias que puede tener este tipo de cosas nos obliga a cierta forma de reconciliación.
¿Hacia adónde nos lleva el caso de los transgénicos? ¿Qué estamos haciendo al respecto y cómo vamos a resolver esto? Mi premisa es que algunas personas verán esto como una diferencia de orden metafísico y no epistemológico, una diferencia que no puede ser resuelta por más evidencia que se afane alguien en aportar a quienes no concuerdan. Es evidente que esto no será cierto para todo mundo, pues personas que se adhieren a una visión del mundo científica van a estar de acuerdo en que cierto tipo de aplicaciones de los transgénicos no son dañinas o que algunas sí lo son. La conclusión es entonces que allí en donde existe una diferencia metafísica debemos adoptar un enfoque casuístico, es decir, tomar caso por caso cada una de dichas aplicaciones y someterlas a prueba.
De esta manera, si existiera un bien público de primer orden que resultase de una aplicación particular de tecnología transgénica —como lo sería un decremento en el uso de pesticidas o un incremento en la disponibilidad de alimentos—, en donde los beneficios pesan más que los posibles riesgos para la salud o los ambientales, entonces deberá ser promovido, siempre y cuando la gente pueda optar o no por él. Igualmente, si no existe un bien público de primer orden que resulte de una aplicación de tecnología transgénica o que los riesgos para la salud y el ambiente sean altos, entonces ésta no deberá ser permitida o, al menos, no ser financiada con dinero público. Hay muchos ejemplos de esto que son claros y constituyen modelos para nosotros. Uno de mis favoritos, que presencié durante un año y medio de estancia en el Centro de Bioética de Pensilvania, es el del uso de uvas transgénicas con las que iban a establecer en el estado de Florida una industria vitivinícola local para competir con California. No creo que haya una escasez de vino en el mundo a la cual estaría respondiendo el uso de transgénicos, se trataba solamente de proporcionar una mera ventaja en el mercado para la firma que en particular lo estaba desarrollando.
Hay muchos ejemplos de uso de transgénicos que implican cuestiones ambientales significativas, mucho más que las discutidas aquí, como la posibilidad de crear nuevas variedades de supersalmón que, dada la propensión que tiene el salmón a salirse de las áreas confinadas y así mezclarse con los salmones silvestres, y debido al número de especies que se hallan amenazadas de extinción, las ventajas que confieren las modificaciones genéticas a éstos para competir terminará por afectar a los silvestres. Así, debemos responder a la pregunta: ¿se va a asegurar que la necesidad a la que responde la aplicación de los transgénicos sea resuelta dado el tipo de riesgo que se corre? Yo diría que no. En general, las meras ventajas de mercado no son razón suficiente para asegurar el apoyo público para el desarrollo tecnológico en los casos en que existe desacuerdo profundo.
¿Qué significa “optar por no”?, y en casos particulares, como el de los transgénicos, ¿que significaría optar por no? En éste, en particular, implicaría un sistema de etiquetado que permita respetar la autonomía de aquellos quienes simplemente no quieren ingerir ese tipo de materiales, cuya decisión es no. Ahora, ¿qué sistema de etiquetado queremos? Mucha gente se inclina por adoptar algo similar al modelo europeo, en donde todo lo que contenga transgénicos debe ser etiquetado. Yo, de hecho, me opongo a este tipo de propuestas porque pienso que impone un estigma injusto para las empresas y creo que puede haber buenas aplicaciones de esta tecnología. Desearía poder resolver el problema, que radica en el respeto a la diferencia entre personas, y no congelar la creatividad que proviene de las empresas que desarrollan este tipo de cosas.
Lo que propongo en lugar de este sistema es un etiquetado positivo y no uno negativo, en otras palabras, los estándares para la comida orgánica deben, necesariamente, excluir ingredientes genéticamente modificados. De esta manera tendríamos un etiquetado para lo orgánico que describiría lo que debe ser esto, en lo cual se excluye lo transgénico, permitiendo al consumidor optar por no ingerir ese tipo de comida. Mi propuesta difiere significativamente de la de mi colega Klaus Amann, quien acuñó el ingenioso término de “transorgánico”, que es interesante y provocador, pero pierde la posibilidad de etiquetado para lo orgánico, con lo que también elimina la de una decisión negativa para las personas ante los hechos consumados del sistema alimentario.
Asimismo, hay otras cosas que se tienen que pensar: ¿cuál es el problema que los transgénicos resuelven para la agricultura orgánica? Yo no estoy muy seguro de cuál es el problema que éstos resuelven. Dado que se trata de una cuestión moral de primer orden, esto sería una condición razonable. Voy a ilustrar el mismo argumento con un caso diferente. Nos hemos estado refiriendo al desacuerdo profundo, pero podemos apelar a la perspectiva libertaria de la decisión del consumidor. No creo que el asunto de los transgénicos sea muy diferente del de mis colegas judíos ortodoxos de mi área en la Universidad de Nueva York, quienes optan por consumir comida kosher. Es una opción que deben tener, y es una opción que además genera ventaja para aquellas empresas que producen alimentos kosher. De la misma manera, la comida orgánica que no tiene transgénicos puede conseguir una ventaja en el mercado. ¿Cuáles son las derivaciones económicas de esto? Me parece que es algo que debería ser investigado para el caso mexicano.
El resultado para el flujo génico del maíz transgénico hacia el nativo es el siguiente: si se quiere permitir a la gente el “optar por no”, entonces se debe minimizar el flujo génico siempre que sea posible para poder permitir el derecho a escoger del consumidor. Si es el caso que los transgenes van a insertarse al interior de los cultivos no transgénicos, entonces debemos minimizar esto a fin de permitir a la gente mantener su capacidad de escoger. Es algo que va a ser imposible, obviamente, ya que hay una gran concentración de cultivos transgénicos en producción alrededor, como sucede en Estados Unidos, y esto sugiere un argumento para restringir su introducción en áreas no saturadas de cultivos transgénicos, libre de un argumento sobre el bien público, como ocurre con el maíz mexicano. Si alguien me da un argumento que diga que, dado el crecimiento poblacional, las necesidades de alimento de México en el futuro no podrán ser satisfechas a menos de introducir maíz transgénico, será entonces un argumento que voy a escuchar. Pero si no pueden darme un argumento que diga que no hay otra alternativa razonable, entonces voy a pensar que tengo una buena razón para restringir el tipo de transmigración que puede ocurrir en este caso, sin importar cuán pequeña sea, con el fin de proporcionar a la gente la posibilidad de escoger.
Creo que los beneficios para México que de esto derivan son enormes. La manera en que este debate se ha llevado a cabo en otros países, como Nueva Zelanda, ha sido particular; en ese país se estableció una moratoria para la introducción de cultivos transgénicos con base en el hecho de que no han tenido transgénicos en la isla, por lo que pueden comerciar sus cultivos orgánicos como “orgánico menos transgénicos”. Creo que se trata de una tremenda ventaja para ellos.
Un último aspecto de este argumento es, como lo notara Peter Raven, lo que ocurre cuando se rechaza la ayuda alimentaria que incluye transgénicos. Pienso que se trata de un tema increíblemente importante que necesita ser analizado también. El mismo argumento que di en cuanto a la autonomía y a la opción de escoger tiene que ser aplicado también a nivel nacional. Si un país ha tomado la decisión de no importarlos, entonces hay una contradicción interna en cuanto a la idea de proporcionarle una ayuda alimentaria, una ayuda que ellos, de hecho, no quieren.
La diversidad cultural
El segundo argumento que deseo exponer, tratando de minimizar el flujo génico hasta donde sea posible —y sé que no siempre será posible, aunque es el tipo de cosas que mucha gente inteligente puede presuponer—, es la cuestión de la diversidad cultural. Hay dos razones que podemos tener para maximizar la diversidad cultural. En primer lugar, el último argumento que expuse está basado en una reivindicación de la autonomía, el derecho a una autodeterminación de las personas que no restringe el de los demás. En él incorporé asuntos de causa y beneficios, los cuales son, por supuesto, parte de la forma en que naturalmente discutimos este tipo de temas; pero no tomamos todas las decisiones ni establecemos las políticas públicas con base en análisis de costobeneficio, algunas veces decimos que hay ciertos valores que son muy importantes para nosotros, éstos son fundamentales y deben ser respetados, como el tipo de valores que define lo que es un pueblo. La autonomía es uno de esos valores que creo que tanto México como Estados Unidos y Canadá comparten. Obviamente, en gran medida se trata de una autodeterminación cultural, en donde las culturas particulares se pueden identificar, que refuerza la autodeterminación de los individuos, en donde se pueden ver fuertes lazos entre la habilidad de los individuos a verse a sí mismos y a ver quiénes son en una manera particular, conectada a una cultura más amplia.
En segundo lugar, independientemente de lo anterior, casi cualquier teoría ética que uno mire garantiza algún tipo de valor intrínseco para los humanos. En otras palabras, algo como el argumento de Comte, a saber que debemos tratar siempre a la gente como un fin en sí mismo y no simplemente como un fin para lograr nuestros propios fines. Ese tipo de argumentos garantiza una forma de valores humanos intrínsecos en lugar de instrumentales. Recientemente, varios de mis colegas en el campo de la ética ambiental han extendido esto a zonas naturales protegidas y a especies no humanas, diciendo que uno de los argumentos para mantener las especies, la diversidad y no causar su extinción, es el valor intrínseco de las especies. Yo soy escéptico en cuanto a tales argumentos, pero si se está de acuerdo con éstos, si esos colectivos poseen un valor intrínseco, entonces lo tendrían especialmente los colectivos humanos indígenas, los cuales también están en riesgo de desaparecer.
¿Está la diversidad cultural ligada a la biodiversidad? Bueno, creo que es claro que es el caso, de hecho, tanto que no vale siquiera la pena de formular este argumento —si acaso alguna muestra de los argumentos que han sido expuestos, pero que no voy a detallar aquí. Así, tenemos el argumento de la geografía biocultural, por ejemplo, el cual ha sostenido históricamente que algunos factores ambientales crean la posibilidad de que se separen el desarrollo lingüístico y el cultural, el tipo de argumentación que Jared Diamond ha formulado, se encuentra bien establecido en la literatura. Los argumentos de coevolución, esto es, que grupos humanos particulares coevolucionan con determinados grupos de no humanos, creando comunidades de especies mixtas, se hallan también ampliamente representados en la literatura. Es decir, que con frecuencia hay una fuerte conexión entre la gente y el ambiente que le rodea, lo que genera poblaciones indígenas específicas. Y está el argumento práctico, a saber que existe una historia particular de las prácticas y manipulaciones del ambiente que ha creado nichos culturales particulares; es de hecho esto lo que ha ocurrido históricamente en los centros de origen de cultivos, de la agricultura, y que está representado en México en las pinturas prehispánicas en donde que está creciendo de las mazorcas de maíz.
¿Cómo se puede preservar la biodiversidad cultural? Pienso que hay muchas formas distintas en que esto se puede hacer, las cuales permiten la preservación no sólo de la gente, sino de ésta y sus prácticas tradicionales mediante las que se encuentran conectados a su entorno. Primero que nada, maximizando la autonomía cultural, lo cual permite a la gente establecer, ella misma, sus propios objetivos en cuanto a cómo preservar su cultura; esto es absolutamente fundamental. Debe ser una maximización de su autonomía cultural que no viole los derechos de otros, ya que los colectivos se encuentran en unidades estatales más amplias —esto es importante, por lo que debemos pensar detenidamente al respecto, pues hay muchos asuntos en donde se presenta un profundo desacuerdo y controversias de orden moral, como el caso de la ablación de clítoris en los hogares árabes en Francia.
La segunda cosa que debemos usar para maximizar la biodiversidad cultural es la aplicación de sólidos principios precautorios en la administración del bien público. Con frecuencia pensamos que tenemos una idea clara de lo que puede maximizar el bien público y de cómo debemos hacerlo, pero hemos estado errados durante gran parte de la historia, trágicamente errados. Claramente, fue el caso en Estados Unidos y en Australia, cuando los niños de familias indígenas eran tomados por la fuerza para ser llevados lejos de éstas con el fin de enviarlos a escuelas para blancos. Este tipo de ejemplos abundan en la literatura. Debemos tomar fuertes precauciones al respecto.
Finalmente, hacen falta programas estatales dirigidos a preservar las culturas y proteger los factores ambientales que han sido producidos por tales culturas, lo cual significa una suerte de política de restauración y preservación cultural y ambiental. Por ejemplo, muchos de mis colegas del movimiento ambiental en Estados Unidos lo olvidan y simplemente piensan que asuntos como la preservación de la selva brasileña sólo implican la conservación de la vegetación y no de los pueblos indígenas que han habitado la selva durante generaciones y han hecho de ella su hábitat, lo cual es igualmente importante.
Biodiversidad cultural y flujo génico
Estamos de acuerdo en que necesitamos maximizar y preservar la biodiversidad cultural en México, es innegable. ¿Cómo lo lograremos? Se dice que debemos evitar la falacia de un solo factor, la idea de que si sólo prevenimos que acontezca una cosa en particular, entonces podemos asegurar que una cultura en particular se preserve, y yo pienso que esto es claramente falso. Ciertamente, siglos de interacción cultural (las elegantes palabras que usamos hoy día para la globalización) hacen imposible que la remoción de un solo factor vaya a prevenir la pérdida de la diversidad cultural. Peter Raven preguntaba por qué no discutimos acerca del hecho de que Pepsi y Coca Cola se han introducido hasta en los pueblos más remotos, desplazando las bebidas tradicionales que servían para calmar la sed. ¿Por qué no hacemos ese tipo de cosas? En parte porque antes no pensábamos mucho acerca de este tipo de cuestiones como lo hacemos actualmente, no éramos tan sensibles a ellas y ahora sí lo somos.
Obviamente necesitamos pensar acerca de estos asuntos y ciertamente no echar toda la culpa a un tipo particular de tecnología. Pero aun si esto fuera cierto, yo objeto este tipo de argumentos que sostienen, en este caso, que no debemos enfocarnos tanto en los transgénicos sino pensar en otras cosas que están causando pérdida de diversidad genética del maíz en México o, en el de la mariposa monarca, en todos los problemas ambientales que la están afectando. Es totalmente cierto, pero que prestemos atención a esos otros problemas no quiere decir que no la pongamos en éste en particular, no importa cuán pequeño sea, especialmente cuando hay tan importante asunto moral en juego.
Así, en ausencia de un argumento de primer orden referente al bien público, el valor intrínseco de las culturas particulares y la autonomía exige, como lo mencioné antes, que se deba minimizar el flujo génico que no ha sido introducido por los pueblos indígenas mismos. Pienso que esto es parte del respeto a la autonomía, la cual se debe permitir a los pueblos indígenas, pero también a los pequeños campesinos y a cualquier otro grupo de otra cultura. Se tiene que permitir el máximo de autonomía a todos ellos. Seguramente habrá otros mecanismos que serán más importantes para preservar la biodiversidad cultural que el flujo génico del maíz transgénico. Hay muchos más asuntos que deben ser tomados en cuenta, como el papel del Estado mexicano en la preservación del maíz, qué tan importante le parece el problema a éste. Creo que ésta es una buena pregunta, al igual que hay otras más si se quiere abordar este asunto de manera seria.
Ciencia, desacuerdo y democracia
Para terminar, hay una preocupación de mucha gente involucrada en este debate, a saber si quienes participan saben mucho o poco de ciencia, y por qué esta controversia se desató alrededor de los transgénicos y no de otras tecnologías, etcétera. Me parece que éste es más bien un indicador fundamental de la salud de la democracia en esta sociedad, así como en la de Canadá y Estados Unidos, aunque creo menos en el caso de éste último que en otras partes del mundo. El que tales tecnologías sean cuestionadas hoy día es un indicador de la salud de una democracia, porque hace cincuenta años no existía un buen proceso de política pública como para introducir este tipo de objeciones, no había estas condiciones como para decir: esperen, no estoy seguro de que esto sea bueno.
Debemos ser muy cuidadosos y reconocer que las objeciones que mucha gente formula en torno a los transgénicos, incluso cuando parezcan ridículas o no científicas o lo que sea, no lo son sólo sobre los transgénicos en sí; se trata más bien de objeciones al hecho de que mucha gente ha sido excluida del proceso de decisión acerca del tipo de tecnologías que se va a adoptar, el tipo de tecnología que va a cambiar de raíz su vida cotidiana, la de una sociedad. Necesitamos respetar este aspecto. Si no se quiere escuchar la cacofonía de voces, todas las formas de descuerdo, los múltiples pronunciamientos que la gente hace sobre este asunto en particular, si no se les ve con agrado, entonces no se está aceptando un verdadero proceso democrático.
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Traducción César Carrillo Trueba
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Andrew Light
Universidad George Mason,
Madison, Estados Unidos.
Andrew Light es profesor asociado de filosofía y política pública y director del Centro de ética global en la Universidad George Mason. Ha sido profesor en la Universidad de Montana, en la Universidad Estatal de Nueva York Binghamton, en la Universidad de Nueva York y en la Universidad de Washington. Ha editado diecisiete libros, entre ellos El pragmatismo del medio ambiente (1996), Ecología social después de Bookchin (1999) y Tecnología y la buena vida (2000). Es coeditor de la revista Ética, política y medio ambiente; también es experto en la relación entre la política ambiental, la ética y las dimensiones sociales de las tecnologías emergentes. Con frecuencia es asesor de agencias de política ambiental y tecnología en Estados Unidos.
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cómo citar este artículo →
Light, Andrew. (Traducción César Carrillo Trueba). 2016. Aspectos éticos y sociológicos de los organismos genéticamente modificados. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 128-137. [En línea].
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| Laura Elena Sotelo Santos |
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Las abejas suben al cielo y bajan
gotas de miel para los hombres.
Cosmovisión maya
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Después de muchos años de trabajar en los códices mayas,
comencé a interesarme por una sección del Códice Tro Cortesiano que se conoce como “La sección de las abejas”. El tema de las abejas me encanta, aunque un amigo mío me dijo que ese “es un asunto de kinder, ¿cómo se te ocurre?”.
Al principio, cuando veía estas páginas del códice, decía: “¿abejas?, ¡ay, pero están horrendas!, han de ser marcianas, ¿qué es esto?”. Conforme fue pasando el tiempo me fui acercando cada vez más al estudio de las abejas y ha sido un universo tan grande que me ha permitido estudiar un fenómeno de larga duración entre los mayas: el cultivo de abejas, una tradición viva y vigente que podemos documentar a lo largo de más de dos mil años. Dicha tradición se basa en un conocimiento de la biología de las abejas, de su comportamiento y del entorno natural. Es, en términos modernos, un complejo biotecnológico que incluye distintas maneras de manejarlas.
En el mundo hay una amplia diversidad de especies de abejas, pero nos enfocaremos en las nativas, las cuales se han cultivado en México desde tiempos prehispánicos hasta la fecha. Lo primero que hay que decir de las abejas que los mayas han cultivado de forma tradicional es que no pican porque no tienen aguijón y que son comunes en las zonas intertropicales en donde encontramos gran variedad de especies. En cambio, las que sí pican son Apis mellifera, la abeja europea, introducida en distintos momentos a lo largo del territorio nacional y a otras partes de América, al igual que en Asia y Australia.
Las abejas sin aguijón son insectos eusociales, esto significa que tienen un alto nivel de organización. Viven en colonias en las que hay funciones diferenciadas, pues existe una reina, todas las demás son obreras y, si es necesario y útil, a veces hay un zángano. Melipona beecheii es característica de la zona milpera de Yucatán. Los mayas más tradicionales, que hablan maaya t’aan o maya yucateco, dicen xunáan kaab y ko’olel kaab para referirse a estas abejas, nombres del siglo xvi cuya traducción quiere decir: señora abeja o dama de la miel. Kaab es una voz que se utiliza para referirse a abeja, colmena y miel. Claro que los mayas distinguen entre las tres cosas, pues el sentido depende del contexto.
He viajado a Yucatán, Campeche y Quintana Roo para estudiar cómo están hoy las abejas. Puedo decir que siguen siendo cultivadas por la gente, se mantienen vivas y vigentes. Para abundar más sobre esto contaré una experiencia que ocurrió en una zona cercana al pueblo Tixkacalcupul, al sur de Yucatán.
Abraham, un estudiante de la Universidad de Oriente en Valladolid, Yucatán, nos contactó con su papá que es un melinoponicultor tradicional. Llegar a su casa fue una aventura. De Tixkacalcupul nos metimos por una vereda de la selva baja caducifolia, y estoy segura de que si no hubiéramos llevado guía, nunca hubiéramos llegado o salido de ahí. En ese lugar hay pocas casas y la forma común de transportarse es en bicicleta. Las casas de allí nos transportan en el tiempo, la del papá de Abraham es parecida a lo que los arqueólogos dicen que encontraban en las zonas arqueológicas mayas, muy semejante a las del periodo Clásico.
Más allá, próximo a la casa, estaba el colmenar que es prácticamente el mismo que describen los cronistas del siglo xvi. Allí se cultivan las abejas en troncos ahuecados artificialmente; cada uno de éstos recibe el nombre en maya de jobón y se identifica de manera individual. Se colocan los jobones uno sobre otro de manera ordenada en una estantería inclinada. Los melinoponicultores hacen un pequeño orificio en el centro del jobón por el que el enjambre entra y sale; todas las abejas pasan por ahí.
Los jobones antiguos tienen unas marcas, una cruz y un círculo o un cuadrado. Los melinoponicultores dicen que es porque así estaban cuando los heredaron, otros dicen que es para diferenciar la parte inferior y superior de la colmena; y los menos dicen que lo que representa la colmena es el universo; que el cuadrángulo es la Tierra, así que las abejas tienen la oportunidad de transitar por los diferentes niveles del universo.
Cuando uno le pregunta a los sacerdotes tradicionales mayas o a los melinoponicultores de dónde sacan la miel estas abejas, ellos contestan que van a un hueco que está en el cielo en donde los dioses de la lluvia (los chaques) tienen una artesa (una especie de canoa escarbada en un gran árbol) llena de miel y lo que hacen las abejas es subir al cielo y bajar gotas de miel para los hombres. Es una miel sagrada, las abejas son sagradas.
En cada jobón hay una abeja guardiana que cuida la colmena; se posa sobre el orificio, única entrada del jobón, y revisa que las otras traigan material de calidad para la colmena. Ésta se convertiría en soldado si llegase un intruso y lo interceptaría en el túnel de cera por donde pasan todas las abejas. Ambos extremos del jobón están obturados con madera o piedra, esto depende de cada región. Resulta que los arqueólogos encontraban tirados en los sitios discos de piedra de 16 a 20 cm de diámetro, llamados coloquialmente panuchos o panucheras por su similitud con este platillo típico yucateco. Siempre los encontraban por pares, separados por 50 centímetros y no sabían para qué eran; hasta que un grupo de investigadores con analogía etnográfica dijo: son colmenas prehispánicas.
Regresemos a la historia de don Francisco. El padre de Abraham nos abrió unos jobones para verlos por dentro, pues cada uno está cerrado por fuera con lodo o tierra roja llamada kankab y por dentro las abejas los sellan con cera. Nos advirtieron que no se debe abrir una colmena porque son insectos delicados, que se pueden infestar, ocasionando que se pierda la cosecha o que emigren. Esta delicadeza de las abejas suscita una serie de augurios y creencias.
En el interior de la colmena se puede ver que las abejas no anidan en estructuras hexagonales. Estas abejas almacenan la miel en pequeñas anforitas de cera, parecidas a unas calabacitas redondas o a unas jícaras. La cera de estas anforitas es obscura, aunque cambia según la época del año y de las fuentes de alimentación, y se le conoce como cera de Campeche.
Por las historias que nos contaron, sabemos que actualmente cada jobón viejo se está vendiendo en más de tres mil pesos, pues ya no hay árboles con el diámetro adecuado que se pueda utilizar para que las abejas aniden.
Los mayas pueden detectar colmenas naturales, las cortan calculando no lastimar el nido, las transportan y las forman en el colmenar. Siempre la colmena madre va a abajo y la hija arriba, de manera que todas las colmenas que están unas sobre otras se hallan emparentadas. Cuando dividen las colmenas para hacer una nueva, las cambian de lugar a fin de que las abejas de la colmena madre se metan en la nueva. Ellas anidan en capas superpuestas; cuando está lista una capa, inician la siguiente. Algunos mayas dicen que hay tantas capas en el cielo como niveles en la colmena: trece. Cuando se quiere dividir una colmena se saca una de las capas y se pasa a otro tronco.
A la fecha, la miel se cosecha sólo con un palito o un hueso, pues no se han encontrado artefactos más elaborados; incluso, después del trabajo de campo en meliponarios de la zona de Cancún hasta Chetumal se conjeturó que es muy posible que la cosecha de la miel sea anterior a la agricultura y a la cerámica y que se ha cosechado de manera tradicional desde entonces. Si esto es así, esta tradición puede tener más de cuatro mil años inalterable. Para cosechar se pica cada una de las anforitas con el palito o el hueso, se inclina el tronco y se recibe la miel en una jícara. Actualmente, cuando a la gente se les pregunta por qué lo hacen así, sólo contestan: “porque así debe ser”, es decir, es tradicional.
Los códices
Los códices mayas son los libros sagrados que usaban los sacerdotes, a diferencia de las inscripciones que estaban en plazas públicas y que todos podían ver, aunque no leer. Los códices son libros de un formato pequeño (10 x 20 cm) de uso individual, los cuales se usaron por lo menos desde el siglo vi a. C. hasta el xvi, es la tradición ininterrumpida más larga de escritura en Mesoamérica, y la tragedia es que únicamente se conservan tres códices, los cuales están incompletos, mutilados y, además, fuera de México. Se conocen como códices en repositorios europeos y tienen el nombre de la ciudad que los alberga: Dresde, París y Madrid.
Hay además otro conjunto importante de códices llamados transcritos, aquellos que por distintos motivos se escribieron en caracteres latinos y ya no en glifos y que se conservan en distintos repositorios, muy pocos en México. Dos de estos textos, son ampliamente conocidos, los llamados libros de Chilam Balam y el Popol Vuh.
Existe otro conjunto de documentos compuestos por aquellos códices de los que sí conocemos dónde fueron hechos, a quiénes pertenecieron, dónde se usaron y cuándo. A éstos les llamo códices arqueológicos, pues proceden de excavaciones controladas. Si bien no se pueden consultar, tenemos la información de la que carecemos en los otros. Se trata tan sólo de tres ejemplares: uno procede de Altun Ha, Belice, el segundo de Uaxactún, y el tercero de San Agustín Acasaguastlán, estos dos últimos en Guatemala.
Uno de los códices que he trabajado de manera más intensa durante los últimos veinte años es el Códice Tro Cortesiano, más comúnmente conocido como Códice Madrid. Este documento fue a parar a Madrid por varias razones históricas y lo resguarda el Museo de América que está en la capital española. Ahí se protege en óptimas condiciones de luz, humedad y temperatura y se exhibe en la sala un facsimilar excelente. Pertenece a la zona norte de la península de Yucatán porque los cenotes están representados en este manuscrito maya y son formaciones geológicas características de esa región. Otras evidencias internas, como el sistema calendárico, en uso durante el siglo xvi, está también reportado por los cronistas franciscanos.
El formato de este códice es una larga tira plegada hecha de un soporte de papel nativo, es decir, papel indígena al que conocemos como amate, el cual se obtiene de un amate nativo del área maya, que las fuentes llaman kopó, tal vez Ficus cotinifolia. Para hacer las páginas del códice se sacaba la corteza interna de las ramas del ficus, se machacaba y se producían estas tiras que se remojaban con una imprimatura blanca (carbonato de calcio) y después de plegarse se pintaba.
El tamaño de este códice extendido es de más de seis metros de largo y de altura mide más o menos veinte centímetros, y está escrito y dibujado por las dos caras. El espacio se dividía en dos, tres o cuatro filas, y en cada una se desarrolló un texto calendárico adivinatorio completo. Cada una de estas unidades temáticas se compone generalmente de un marco temporal, es decir una serie de fechas significativas, de un texto con los augurios y de figuras que representan dioses.
Los códices tenían cubiertas o tapas, aunque no se conserva en ninguno de los códices mayas, pero esto lo sabemos porque se preservan las cubiertas de otros códices mesoamericanos como las del Códice Vindobonensis, que están hechas de madera y suponemos que tenían algún tipo de identificación, algo equivalente al título.
Particularmente, este códice se asemejaría más a una revista nuestra que a un libro, me atrevo a decir esto porque no es producto de una sola mano, es decir, en su elaboración participaron al menos nueve especialistas distintos, nueve escribas. Por ejemplo, en otros códices como en el Dresde, hay secciones para predecir eclipses y eso lo hizo un especialista que hoy desde nuestra perspectiva podríamos llamar astrónomo. Los autores que hicieron “La sección de las abejas” del Códice Madrid, para mí son los primeros especialistas en abejas que dejaron una obra escrita.
Entomólogos de ayer y hoy
A principios del siglo pasado, el mayista Alfred Tozzer y el biólogo Glover Allen hicieron un trabajo característico pionero sobre las figuras de animales de los códices mayas. Identificaron los distintos animales representados y es la primera clasificación de carácter científico, trataron de reconocerlos utilizando la nomenclatura en latín, un trabajo que sigue siendo un clásico, en mi opinión no superado.
En este trabajo está la identificación de las abejas. Tozzer y Allen las denominaron como Melipona fulvipes, correspondiente a la nomenclatura de principios del siglo xx. Pero hoy sabemos que la especie que está representada en los códices mayas es Melipona beecheii.
Los mayas reconocían una gran variedad de especies de abejas, por ejemplo, en vasijas también representaban estos insectos. Pavel Alonso, otro joven estudioso de este campo, analizó las vasijas en donde aparecían abejas; él propone que ahí se trata de Tetragonisca angústula por sus características. Otra propuesta del análisis de Pavel es que los grandes gobernantes mayas usan las abejas como emblema de poder, al igual que otros poderosos señores del mundo como Napoleón Bonaparte, Julio César o Ramses II, a los grandes gobernantes del mundo se les representa con una abeja.
En 2011 hice una estancia de investigación en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, en El Colegio de la Frontera Sur, en el departamento de abejas. Allí empecé a trabajar con el taxónomo Jorge Mérida y usando un microscopio trabajamos sobre la morfología de las abejas.
Primero me enseñó un esquema de las abejas y sus partes: cabeza, tórax y abdomen. Aunque tienen dos pares de alas se ve sólo uno porque se enganchan para volar en forma sincronizada. Después de aprender mis primeras lecciones e investigar con él, entendí cómo están representadas las abejas en el códice. Le expliqué la imagen que aparece en la página 123: “la cabeza está vista de frente, luego la parte dorsal del abdomen la dibujan los mayas, luego ponen la parte apical vista desde abajo y las alas”. Después de esta descripción fue cuando empezó a creerme y lo siguiente lo obtuvimos juntos.
Advertimos que en el dibujo de los mayas están simbolizados diecisiete elementos taxonómicos. La representación del abdomen es fantástica, ellos dibujaron todos los terguitos con las bandas apicales y las vellosidades. Las alas, según los especialistas, distinguen una especie de otra y en todos los dibujos del códice están las abejas con las alas y sus venas representadas. De tal manera que sabemos que son Melipona beecheii. El asombro vino cuando revisamos la parte de las patas, ¡ahí estaban fémur, tibia, tarsos y hasta las vellosidades! Más aún, parecen esbozadas las uñas.
Otro aspecto que revisé en el códice es cómo están los jobones representados. Cuando veía las imágenes en el códice, primero pensaba que estaba representado el jobón con su abeja guardiana pero hoy sé que esa hipótesis fue errónea. Primero me fijé que los mayas dibujaban a veces el interior y a veces el exterior del jobón, y observando con detenimiento vi que la abeja representada no es la guardiana, sino la abeja reina.
Hay dos tipos de abejas en los dibujos, una con la parte de atrás cerrada y otra con esa misma parte abierta y con un huevo, de modo que representaron: 1) abejas reinas vírgenes pasándolas de un jobón a otro; y 2) las reinas poniendo huevos, ovopositando. Sabemos que son abejas reina porque en los dibujos se representan las alas en una postura de ángulo, con lo que se distingue que las abejas reina no pueden volar.
Algunos otros elementos que representaron en el códice son: las anforitas de miel, las capas superpuestas de la cámara de anidación (que al contarlas son trece), luego también dibujaron los filamentos de cera con los que se detiene para que no se mueva la estructura del interior del nido. Es decir, representan el interior de la colmena desde diferentes ángulos.
Cabe mencionar que para representar a las abejas en el bosque, los mayas cambiaron las proporciones y las dibujaron más grandes que los árboles. Así, podemos afirmar que en el códice están los distintos aspectos de las abejas, desde su entorno natural, con las floraciones que visitan, los aspectos de su cuidado y su cultivo, la cosecha de la miel, la “siembra” de colmenas, hasta los rituales que recibían las deidades asociadas con ellas. Por otro lado, también podemos comentar que la cera de Campeche era un elemento cultural y comercial fundamental, pues desde tiempos prehispánicos era un tributo, ya que poseía numerosos usos: era como el pegamento o el impermeabilizante prehispánico, además tenía varios usos medicinales. En Mesoamérica no se conocían las velas, la cera no se utilizaba para alumbrar, pues los mayas del siglo xvi decían que la cera de las abejas no se debe quemar porque si se quema las abejas huyen de sus colmenas.
El mismo destino
La importancia de la miel para el pueblo maya es indiscutible, en los huertos o solares desde la época prehispánica han estado presentes las abejas como parte de los recursos alimenticios, medicinales y tradicionales y todavía se sigue usando la misma forma para cosechar miel.
Para concluir, diré que para los mayas hay dos ámbitos en el que los animales y los hombres pueden vivir: el ba’alche’ k’aax es la zona natural del monte donde viven todos los animales; y alak’ es una voz para designar lo doméstico, ámbito que desde los tiempos primordiales, dicen los mayas, hemos compartido abejas y hombres.
Muchos sacerdotes tradicionales me comentaron que el destino de los hombres y el destino de las abejas es el mismo, por eso a las abejas les dicen en español: gente. Este paralelismo evidencia una condición diferente de las abejas sobre otros animales en el pensamiento maya y une nuestro destino al de ellas. Por lo que mantener esta tradición viva y vigente implica mantenernos vivos y vigentes a nosotros mismos.
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Laura Elena Sotelo Santos
Centro de Estudios Mayas,
Instituto de Investigaciones Filológicas,
Universidad Nacional Autónoma de México.
Laura Elena Sotelo Santos es historiadora mexicana con doctorado en Estudios Mesoamericanos. Es investigadora titular del Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. Sus líneas de investigación son la religión y la iconografía aplicada a códices. Es especialista en la cultura de la miel entre los mayas.
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cómo citar este artículo →
Sotelo Santos, Laura Elena. 2016. Abejas sagradas entre los mayas . Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 118-125. [En línea]. |
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| Elisa T Hernández |
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Sin duda alguna podemos decir que la miel es el oro líquido
de México, ya que nuestro país es uno de los principales productores de miel en el mundo. Según datos del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera, en 2014 el volumen nacional de producción fue de casi 60 000 toneladas; son muchas cucharadas de miel. La mayor parte de esta suculenta sustancia se produce en la península de Yucatán, que aporta entre 35 y 45% del total de la producción nacional (aproximadamente, 17% Yucatán, 10% Campeche y 5% Quintana Roo), de la cual casi 95% se exporta, siendo el principal destino la Unión Europea. El mote “oro líquido” no está de más, pues en términos económicos dicho bien agroalimentario genera ingresos anuales de hasta 123 millones de dólares, de modo que se considera una de las principales actividades pecuarias generadora de divisas. Además, es una importante actividad socioeconómica para todo el país, ya que es fuente de ingreso para 43 000 productores y sus familias.
En México, la forma de comercialización, tanto para la exportación como para el consumo nacional más importante, es a granel; esto significa que no hay diferenciación entre las mieles, es decir, llegan de diferentes regiones, de distintos productores y se mezclan todas en los centros de acopio o las plantas de procesamiento. En este contexto, el precio de un kilogramo de miel en el país oscila entre 30 y 40 pesos, mientras que en países como Alemania (principal destino de exportación) la miel mexicana tratada así se puede conseguir a precios que van de 2 a 4 euros.
Recientemente se han generado iniciativas para agregarle valor comercial y llevar la miel al mercado de manera diferenciada. Debido a que el consumo per cápita de miel en México es muy baja (250 gramos anuales) comparada con la del mercado internacional (hasta 1.4 kg en Alemania) se piensa que de lograrse la distinción en las mieles para su venta, traería un beneficio económico directo en materia de exportación, pues los consumidores internacionales son aparentemente los más exigentes con las características específicas de la miel.
El oro líquido
Se le llama miel a la sustancia dulce producida (recogida, transformada y almacenada en sus panales) por las abejas a partir del néctar floral o de exudaciones de otras partes vivas de las plantas. Está formada principalmente por azúcares (glucosa y fructosa) y pequeñas cantidades de otros compuestos, como ácidos, proteínas, enzimas, minerales, vitaminas, pigmentos y compuestos volátiles.
Cada miel posee una composición química particular, dependiendo del origen geográfico de la flora y el néctar, de las condiciones ambientales, el manejo del productor a la hora de su extracción, las condiciones de almacenamiento y el tratamiento al que se sometió en la planta de procesamiento. De modo que las propiedades organolépticas de la miel (sabor, color, olor y textura) permiten reconocerla y diferenciarla. Transportado al ámbito comercial de alimentos, esto se utiliza como factor para elegir una miel, del mismo modo que se hace en una cata de vino o de aceites de oliva. Así, a pesar de que se puede efectuar esta diferenciación, de manera general en México la miel se almacena a granel, a excepción de algunos pocos productores artesanales que han comenzado a caracterizar su producto apícola para la venta.
La dorada península de Yucatán
La península de Yucatán está constituida por gran parte de la región del Petén en Guatemala, una pequeña parte del apéndice oriental de Tabasco, casi todo el estado de Campeche, y por los estados de Yucatán y Quintana Roo. Es una provincia diferente al resto del territorio mexicano por sus características biogeográficas, pues el conjunto de sus rasgos fisiográficos, el clima, los suelos y la hidrografía dan como resultado una flora y una fauna muy peculiares; incluso sustenta su carácter único debido a especies endémicas.
Los expertos le llaman vegetación primaria a la flora que ha alcanzado su máximo desarrollo en el proceso de regeneración, que se ha mantenido largo tiempo en ese estado, es decir, que no ha sido modificada por las actividades humanas o por acontecimientos naturales recientes; mientras que se refieren como vegetación secundaria a aquella que se desarrolla después de un disturbio natural o humano como resultado del proceso de sucesión ecológica. En la flora peninsular hay algunas especies de la vegetación primaria y secundaria que, debido a su abundancia, son importantes por su producción de néctar, lo que resulta en una diversidad de mieles que son reconocidas por los apicultores. Es tan vasta la riqueza florística de la península de Yucatán, que aproximadamente novecientas especies de plantas son visitadas por las abejas.
Desde los orígenes de la civilización maya se ha producido miel y cera en la península proveniente del cultivo de abejas sin aguijón (Melipona beecheii), y aunque actualmente se sigue practicando la meliponicultura en el área maya peninsular, a inicios del siglo xx se desarrolló de manera paralela la apicultura (cría de la abeja europea Apis mellifera). Debido a la diversidad floral y a los recursos de la zona, las abejas europeas se adaptaron y multiplicaron con éxito.
El tipo de floraciones que visiten las abejas depende de la vegetación que prevalece en una zona y de la época del año de la que se trate, lo cual propicia la presencia de diferentes tipos de mieles durante el año (figura 1). Por lo que, si se conociera el origen botánico de las mieles sería posible tener un control de calidad que permitiera caracterizarlas según el tipo de granos de polen que contiene cada una. Se les llama monoflorales cuando existe 45% de dominancia de un tipo de polen, y multiflorales cuando no hay predominancia de uno. En otras palabras, la diversidad de mieles en la península de Yucatán es una consecuencia de su diversidad biológica.
Si pensamos en la producción de miel anual en la península de Yucatán proveniente de una flor específica, tenemos que 42% procede de tajonal, la cual florece de diciembre a febrero; 48% de ts’its’ilche, que lo hace de marzo a mayo; y 8% de una gran variedad flores de leguminosas y enredaderas que abren sus pétalos de junio a octubre. Las mieles de cada periodo han sido caracterizadas; por ejemplo, las de enredaderas tienen elevada humedad pero son ricas en enzimas, las provenientes de tajonal presentan baja humedad, cristalizan y son claras, mientras que las de ts’its’ilche son aromáticas y presentan elevado contenido de minerales.
Lamentablemente, como ya se mencionó antes, las mieles que se exportan a Europa no se clasifican por su origen floral debido a que en las plantas procesadoras y exportadoras las mezclan, demeritando su calidad de índole floral; pero si llegara a lograrse esta diferenciación en el mercado internacional, las mieles monoflorales serían mejor cotizadas, aumentando hasta 35% su precio de venta.
Denominación de origen
Una denominación de origen es la designación geográfica de un país, una región o una localidad que permite reconocer un producto originario del mismo y cuya calidad o característica se debe exclusiva o esencialmente al medio, comprendidos los factores naturales y los humanos. Con ella se busca proteger conocimientos y saberes locales, entre éstos, los métodos de producción, es decir, el “saber hacer” de generaciones de una determinada región. En este sentido, el objetivo es el de promover la denominación de origen como un instrumento de diferenciación y valoración en la producción y comercialización de las mieles de la península de Yucatán. Para lograrlo se propuso, desde 2009, un Plan rector, proyecto financiado por el Fondo Mixto de Cooperación entre la Agencia Española para la Cooperación Internacional y el Desarrollo y la Comisión Nacional para Conocimiento y Uso de la Biodiversidad con apoyo de la Unidad Coordinadora de Asuntos Internacionales de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
La denominación de origen de la miel será un hecho consumado cuando se registre en el Arreglo de Lisboa, ya que en dicho documento se contempla la protección de las denominaciones de origen de todo el mundo. México es parte de este tratado y ha registrado trece denominaciones de artesanías y productos agroalimenticios (charanda, olinalá, bacanora, café de Chiapas, sotol, café de Veracruz, tequila, vainilla de Papantla, mezcal, chile habanero de la península de Yucatán, talavera, mango ataulfo del Soconusco Chiapas y ámbar). Según este Plan rector, para que la miel de la península de Yucatán obtenga la denominación de origen, primero hay que dejar de almacenarla a granel a fin de poder diferenciarla, para lo cual existen dos maneras de hacerlo: por su origen botánico o por su origen geográfico o ambiental.
Por su origen botánico. A partir de analizar el polen que hay en la miel, se puede saber si las abejas que la produjeron pecorearon flores de una sola especie (miel a la que se le denomina monofloral) o de varias especies (multifloral). Determinar los atributos peculiares le daría un valor agregado a la miel, pues se satisfaría la exigencia del consumidor según sus gustos de sabor, color, olor y textura derivadas de la flor polinizada; incluso, en algunos casos, podría estimársele curativa al saber que proviene de una flor considerada medicinal. Más aún, si sus propiedades organolépticas están ligadas a una floración cuyo periodo es muy corto, entonces esta azucarada sustancia podría ofrecerse con un valor más elevado en el mercado.
Por sus orígenes geográficos o ambientales. Se designa el producto con el nombre del lugar de su producción o fabricación, asociando las materias primas y la forma de cosecha que comparten las personas que viven en esas zonas, de modo que todos los apicultores o meliponicultores de la región delimitada compartirían el nombre de la denominación. Actualmente se encuentran en el mercado mieles obtenidas de manera artesanal por marcas colectivas creadas por organizaciones de productores de la misma zona; son proyectos piloto para la denominación de origen que llevan por nombre: “miel de la montaña de Campeche”, “miel de la zona de manglares”, “miel de Carrillo Puerto”, “miel de la reserva de la biósfera de Sian Ka’an” y “miel de la reserva de la biósfera de Calakmul”, entre otros.
Como bien lo indica el Plan rector, una de las acciones a seguir para lograr la denominación de origen es cumplir con los estrictos requisitos de calidad que exigen las normas internacionales sobre alimentos del Codex alimentarius y de la Norma mexicana nmxf036normex2006. Dicho Plan también hace hincapié por lo tanto en la seguridad, la higiene y la calidad de los procesos de extracción; por ejemplo, para que no se presente el hidroximetilfurfural que se genera durante la descomposición térmica de los glúcidos, se debe evitar exponer la miel al sol mientras se cosecha —un hábito generalizado entre los productores. También se debe evitar rociar las plantaciones donde pecorean las abejas con antibióticos, pues es un componente que se mide para estimar la calidad del producto. La única manera de alcanzar los estándares de calidad es impartiendo cursos de capacitación a los productores y almacenadores pues, lamentablemente, se han encontrado algunos microorganismos patógenos y acaricidas que ponen en riesgo las exportaciones de miel.
De manera general, se puede decir que con el Plan rector se intenta reorientar las políticas públicas para desarrollar procesos de apropiación social y se busca el uso racional de los recursos naturales al mejorar el manejo sustentable de los mismos en los ecosistemas llamados “zonas focales”, así como en donde los ecosistemas están degradados. Además, con la propuesta se busca crear nuevos productos de mayor calidad para atraer más consumidores que sean conocedores y exigentes, y que estén dispuestos a pagar el esfuerzo y cuidado que los productores ponen en la obtención de las mieles.
De tal flor, tal sabor
Una de las primeras estrategias del Plan rector para lograr la denominación de origen de las mieles de la península de Yucatán es la diferenciación entre ellas, pues es una manera de conocer y defender el recurso como propio para comenzar a valorarlo.
Las características de cada miel, como la suavidad, la cremosidad, la sutileza o la intensidad de su sabor, su perfume, el toque ácido, salado o amargo, dependen de las flores que visitan las abejas, la ubicación de las colmenas y la época del año de cosecha. El color de la miel es la primera cualidad que percibimos y, además de evidenciar su origen floral, refleja los minerales que contiene, su frescura y las condiciones de almacenamiento. En el mercado internacional, el color de la miel se describe mediante la escala Pfund, una progresión de colores que comienza en el blanco, asociado a mieles suaves, y llega al ámbar oscuro, ligado a sabores más intensos (figura 2).
Como hay mieles para todos los gustos, a continuación presento algunas descripciones de la miel según la flor que pecorean las abejas, que fueron elaboradas por la conabio.
K’an chunúup (Thouinia paucidentata). Color ámbar extra ligero (25 a 40 mm Pfund) con apariencia de amarillo claro, cristalización mediana, olor floral y herbal, sabor dulce y suave.
Ha’abin (Piscidia piscipula). Color ámbar ligero a ámbar oscuro (49 a 87 mm Pfund) y textura con fase líquida y sólida. Su tendencia a la cristalización es lenta. Su temporada de floración se sobrepone a la de ts’its’ilche y su contenido de humedad es bajo. Su olor es a caramelo, al igual que su sabor, con notas dulces, ácidas y picantes. Se considera una miel fuerte.
Tsalam (Lysiloma latisiliquum). Clara, de color blanco a ámbar extra ligero (31 a 38 mm Pfund); por cosecharse en la época de lluvias, su contenido de humedad es alto y generalmente líquida y transparente. Cuando se cosecha madura presenta una cristalización fina. Es de buen sabor, aromática y de consistencia suave. Debido a sus características, esta miel presenta mejores posibilidades de ingresar al mercado como monofloral diferenciada.
Chakàah (Bursera simaruba). Su color va de ámbar extra ligero a ámbar ligero (38 a 68 mm Pfund); cuando se cosecha es líquida y transparente, pero presenta una tendencia a la cristalización rápida debido a su bajo contenido de humedad. Su olor es floral, tiene sabor dulce con una nota a cera muy particular.
Box káatsim (Acacia gaumeri). Su color varía de ámbar extra ligero a ámbar ligero (44 a 54 mm Pfund). Generalmente es líquida, con tendencia a la cristalización lenta y alto contenido de humedad por cosecharse en temporada de lluvias. Tiene olor herbal con sabor dulce y cera.
Sak káatsim (Mimosa bahamensis). Es una miel amarilla clara, en la categoría blanco a ámbar ligero (38 a 58 mm Pfund). Líquida y transparente, forma espuma al agitarse por su alto contenido de humedad. Con olor herbal y sabor dulce, fermentado y ácido.
Tajonal (Viguiera dentata). Miel con tonalidades amarillas, color blanco a ámbar ligero (22 a 54 mm Pfund). Generalmente líquida, su floración es tardía y se sobrepone a Thouinia. Presenta tendencia a la cristalización media y su olor es floral, con nota herbal y sabor dulce a caramelo suave.
Ts’its’ilche (Gymnopodium floribundum). Es líquida, color ámbar, su olor recuerda su perfume floral y su sabor es dulce al inicio pero después predomina su componente picante o astringente, por lo que es considerada una miel fuerte.
No hay duda alguna, sin flores de vegetación primaria no puede existir miel característica de la península de Yucatán, y sin esta miel diferenciada, la denominación de origen se plantea sólo como un dulce sueño. Análogamente, sin abejas que polinicen, no hay flores, y sin órganos que polinizar, no hay miel.
No todo es miel sobre hojuelas
Todo suena perfecto y relativamente simple, ciertamente, mucho trabajo, pero para la obtención de una denominación de origen existen varias dificultades; por ejemplo, la siembra de cultivos transgénicos en las regiones en donde pecorean las abejas yucatecas. Es un problema grave, pues una posible contaminación de la miel por polen transgénico de algún cultivo no autorizado para consumo humano implica un impedimento para que ésta se comercializase en la Unión Europea. Se trata de un problema de regulación; si la miel de la península tiene más de 0.9% de polen de un cultivo transgénico autorizado para consumo humano, entonces nuestro oro líquido se puede vender en mercados internacionales pero requiere un etiquetado especial que indique que contiene ingredientes transgénicos, lo que podría provocar una reducción en su venta, ya que se sabe por estudios de mercado que los consumidores de la Unión Europea optan por la miel orgánica.
En México, el panorama no es sencillo, porque en 2012 la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (sagarpa) avalada por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (semarnat) otorgó permiso a la empresa Monsanto para que cultivara 253 500 hectáreas de soya transgénica en siete estados de la República Mexicana, entre los que se encuentran Yucatán y Campeche. Ante semejante aprobación, los apicultores mayas y otras organizaciones como Greenpeace pidieron un amparo y solicitaron la anulación de dicha resolución, pues se había otorgado el permiso a pesar de que las siembras piloto y experimentales habían contaminado 40 toneladas de miel de la península de Yucatán, razón por la cual se paralizó su comercialización en la Unión Europea en ese mismo año.
Después de un largo proceso, la voz de los apicultores fue escuchada, culminando en la detención de los permisos, pues se resolvió que, en efecto, los productores de miel podían verse afectados en sus bienes económicos, laborales y ambientales por la liberación del cultivo de soya transgénica, además de que se ordenó hacer consultas públicas en los municipios antes de expedir cualquier otro permiso de siembra. Esta anulación genera un precedente para la siembra de cultivos genéticamente modificados en todo México pues, por un lado, evidencia la desigualdad en el proceso de permisos y amparos y, por otro, apelando a un principio de equidad, en un futuro se deberá tomar en cuenta la opinión de las comunidades afectadas.
Por si lo anterior pareciera poca cosa, las implicaciones de la siembra de cultivos transgénicos rebasa el ámbito comercial de la miel, pues afecta directamente el equilibrio ecológico de la zona. Para instalar estas plantaciones modificadas genéticamente es necesario deforestar miles de hectáreas de selva, es decir, eliminar la vegetación esencial para la obtención de las mieles características de la península de Yucatán. Además, los cultivos transgénicos están ligados a herbicidas como el glifosato, que se considera cancerígeno y está asociado a la desaparición de abejas en el mundo; con esta pérdida disminuye la polinización silvestre y comercial, derivando en la afectación de cultivos (comida) y de biodiversidad.
Las últimas gotitas
La búsqueda de la denominación de origen para las mieles de la península de Yucatán puede ser un largo proceso, ya que se requiere la capacitación de los productores (apicultores y meliponicultores) y de los encargados de los centros de acopio, pues es prioritario mejorar las prácticas de manejo y de inocuidad de este bien agroalimentario. Además, son ellos quienes deben tener la iniciativa para obtener la denominación de origen.
Es fundamental promover y defender la apicultura orgánica, pues una de las razones por las cuales nuestra miel es de gran aceptación en la Unión Europea es porque no contiene polen de cultivos transgénicos. Junto con esta medida se debe difundir el cuidado de los corredores biológicos de donde procede la miel de la península de Yucatán, pues la variedad de mieles depende directamente de la conservación de la vegetación primaria y de la biodiversidad de la zona y, de manera compensatoria, todas estas plantas se benefician de la polinización cruzada de las abejas que las visitan.
De manera simultánea, es preponderante diferenciar las mieles pues es el requisito previo para cualquier camino que se quiera seguir. De esta acción depende la protección a los ecosistemas que denominarán a las mieles. Asimismo, es elemental propiciar el consumo nacional de miel y mejorar la difusión sobre la variedad de mieles, así como el impacto que tendría el deterioro ambiental en las zonas productoras de miel; por lo que no se debe bajar la guardia en lo que a protección ambiental se refiere. La prohibición de la siembra de soya en el península de Yucatán es apenas una batalla ganada.
La apicultura y la meliponicultura en México, además de generar empleos para el desarrollo económico de comunidades, son actividades tradicionales llenas de saberes antiguos que son transmitidos de generación en generación. Su conservación y procuración repercutirá directamente en la diversidad de deliciosas mieles diferenciadas y en una posible denominación de origen, pero más aún, su sobrevivencia beneficia la conservación, la protección y el mejoramiento del ambiente.
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Referencias Bibliográficas
CONABIO-AECID. 2011. Plan rector para promover una Denominación de origen de mieles de la península de Yucatán. conabioaecid México.
En la red
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goo.gl/H7jxJC goo.gl/wyt0mY goo.gl/ACqREU goo.gl/HgxyME |
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Elisa T Hernández
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
Estudió la licenciatura en Física y Matemáticas en la Escuela Superior de Física y Matemáticas del IPN. Estudió el Diplomado de Divulgación de la Ciencia en la UNAM. Desde hace diez años se dedica a la enseñanza y la divulgación de la ciencia, ha sido autora de nueve libros de texto de educación básica y le gusta escribir artículos de divulgación de la ciencia. Actualmente trabaja en la revista Ciencias de la UNAM.
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cómo citar este artículo →
Hernández, Elisa T. 2016. Una denominación de origen para las mieles de la península de Yucatán. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 106-114. [En línea]
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| Rémy Vandame y Eric Vides Borrell |
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Desde septiembre de 2011, el mundo apícola está agitado
a causa de una decisión de justicia de la Unión Europea que ha generado un intenso debate sobre la comercialización de la miel mexicana en Europa y el riesgo que significa para ésta el contener polen de organismos modificados genéticamente. Esto cobra especial relevancia debido a que México es un gran productor de miel que tiende a permitir la siembra de cultivos transgénicos en forma creciente sin llevar a cabo un análisis de riesgos sociales y ambientales, entre otros, para su producción apícola. Y a ello se debe que tal debate haya motivado varias investigaciones científicas, así como acciones, mediáticas y jurídicas por parte de diferentes actores sociales, llegando hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Según datos de 2010 de sagarpa, México es el sexto productor y el tercer exportador mundial de miel de abeja Apis mellifera (85% va a los países de la Unión Europea), por lo que 40 000 apicultores y sus familias dependen de tal producción. Además de su importancia económica, la producción de miel se considera una poderosa herramienta de desarrollo sustentable, dado que al mismo tiempo es soporte de miles de familias de campesinos en situación de pobreza y es una forma de valorizar y aprovechar la biodiversidad que caracteriza a México.
En la Unión Europea existe una oposición masiva al cultivo de plantas transgénicas (según datos de 2010 de Eurobarómetro, 61% de los ciudadanos lo objetan) motivada por la falta de conocimiento científico respecto de su efecto a largo plazo para la salud humana y el ambiente, que no parece ser compensado por el beneficio económico. Por presión de la opinión pública, los gobiernos limitan mucho los permisos de cultivos transgénicos. Sin embargo, existen contradicciones, dado que se importa gran cantidad de productos transgénicos, en particular para la alimentación del ganado. Aun así, la presión de la opinión va en el sentido de limitar estas importaciones, por lo que la Unión Europea obliga a que sea señalado explícitamente en la etiqueta si un producto contiene más de 0.9% de ingredientes producidos por un cultivo transgénico.
En resonancia con tales medidas, el 6 de septiembre de 2011, una decisión de justicia de la Unión Europea obligó a considerar el polen, ya no como componente de la miel, sino como un ingrediente, lo cual obligaba a etiquetar las mieles cuyo contenido de polen contuviera más de 0.9% de polen de cultivos transgénicos en el total del polen de la miel. Esta decisión no fue muy precisa en su interpretación e implicaciones y duró poco tiempo.
El 15 de enero de 2014, la Comisión Europea replanteó volver a considerar el polen como un componente natural de la miel, por lo que se eliminó el requerimiento de etiquetar las mieles con polen de cultivos genéticamente modificados debido a que el porcentaje del polen se consideraría sobre el total del volumen de la miel y no sobre el total del polen. Dado que el polen no ocupa ni 0.5% del volumen de la miel, sería prácticamente imposible que se encontrara más de 0.9% de polen transgénico.
Independientemente de las normas del parlamento europeo, las exigencias comerciales de los importadores son diferentes; por ejemplo, en Suiza y Austria los compradores de miel aplican tolerancia cero a la presencia de polen de cultivos genéticamente modificados en la miel, es decir, no compran miel que lo contenga, incluso si no es normativo su etiquetado. Por lo que exigen a los productores demostrar que su miel esté libre de polen transgénico.
Riesgos
La presencia de cultivos transgénicos representa dos grandes riesgos en el contexto de la producción de miel en México; por una parte, pueden afectar negativamente a las poblaciones de abejas y, por otra, reducir significativamente la compra y exportación de la miel por contaminación con polen transgénico.
Las poblaciones de abejas se hallan en un momento difícil de salud a nivel mundial, especialmente en países caracterizados por sistemas agrícolas industrializados en donde se ha experimentado el llamado síndrome de colapso de las abejas en años recientes. Ciertamente, la situación es un poco más favorable en México que en otros países; en parte por el trabajo con abejas africanizadas y su resistencia a los parásitos y porque en la mayoría del país no se practica agricultura industrial. Sin embargo, existen varios trabajos en Apis mellifera o abejas solitarias que muestran que la exposición de las abejas a alimentos que contienen ingredientes transgénicos puede afectar su capacidad de aprendizaje o su tiempo de vida, aunque también hay trabajos que muestran que bajo ciertas condiciones dicha exposición no tiene efecto en su desarrollo. Algunos autores han sugerido posibles efectos indirectos en las abejas por cambios fenotípicos inesperados en las plantas. Estos trabajos sugieren entonces que los efectos de los transgénicos sobre la fauna no-blanco son diversos y mal conocidos, pero muchas veces son negativos, lo cual pone en riesgo la biodiversidad, así como la polinización de la flora silvestre y los cultivos. Considerando que las abejas son de los polinizadores más eficientes, responsables de 9.5% del valor de la producción agrícola mundial, que representa 153 billones de euros, parece importante reevaluar los riesgos ambientales y económicos derivados de los transgénicos antes de permitir su cultivo.
Sin embargo, uno de los riesgos más inmediatos y palpable es el de la contaminación de la miel por polen de cultivos transgénicos. Un elemento fundamental para entender los riesgos para la apicultura es el considerar que las abejas son muy diferentes a otros animales en su ecología y manejo. Las abejas pecorean normalmente en un radio de uno a dos kilómetros, cubriendo una superficie mayor de 300 hectáreas y hasta de tres kilómetros en periodo de escasez de néctar (más de 2 800 hectáreas). Sin embargo, pueden llegar a cubrir hasta seis o siete kilómetros a la redonda en ciertos casos (más de 15 000 hectáreas) y en condiciones extremas, hasta radios de doce kilómetros (más de 45 000 hectáreas). Por lo tanto, la zona explorada escapa completamente a los apicultores, quienes se vuelven dependientes de la forma en que es usado el suelo por los demás actores del territorio. De esto deriva, en particular, la posibilidad de usar la miel como bioindicador, permitiendo cuantificar el grado de contaminación ambiental por pesticidas o metales pesados. En el caso de los transgénicos, el cultivo de una simple parcela puede llegar a contaminar la miel con polen transgénico a grandes distancias, sin posibilidad de control por parte de los apicultores (figura 1).
Argentina es el segundo exportador de miel y está en grave riesgo dado que sus cultivos de soya (15 millones de hectáreas, 21% de la producción mundial) coinciden con la Pampa, región histórica de producción de miel. Por lo tanto, este país no tiene la posibilidad de evitar la contaminación, sino que sólo puede tratar de limitarla y negociar la interpretación de la decisión de justicia antes mencionada.
México, tercer exportador, está en una situación de menor riesgo dado que los cultivos transgénicos comerciales están aún relativamente limitados, pero en este caso conviene distinguir entre el cultivo de maíz (Zea mays) y soya (Glycine max) transgénicos.
Actualmente no existe ningún permiso de siembra de maíz genéticamente modificado en el territorio de México. Las suspensiones de permisos de siembras experimentales ocurrieron debido a una demanda de acción colectiva, en la que se solicitó aplicar una medida precautoria para suspender los permisos de liberación de siembra experimental, piloto y comercial de maíz transgénico, la cual fue concedida por el juez correspondiente. Pese a que en México no se han emitido permisos de liberación comercial de maíz genéticamente modificado, investigadores de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad han demostrado que el maíz criollo en Oaxaca y otros estados ha sido contaminado por transgenes, pero parece ser una situación excepcional y el riesgo de encontrar polen de maíz transgénico en la miel parece bajo. Sin embargo, la concepción de la miel de abeja como bioindicador permite proyectar el análisis de muestras de miel para detectar posible contaminación del maíz en regiones amplias alrededor de los apiarios.
Las flores de maíces criollos contaminados con transgenes puede llegar a ser alimento no sólo de Apis mellifera, sino también de abejas sin aguijón, es decir de meliponas. En el estado de Chiapas hay registro de al menos cinco especies de meliponinos pecoreando polen de maíz. La soya, por su parte, se cultiva en Chiapas (Soconusco) desde hace varios años y en éstos últimos se ha permitido en mayor extensión en Yucatán. Tan sólo en 2011 fue autorizada la siembra de 12 000 y 30 000 hectáreas respectivamente.
Según datos de la sagarpa, Yucatán, Campeche y Chiapas son los estados con mayor número de apicultores (más de 4 000 en cada estado). Para los dos primeros, existe un amplio traslape en zonas de apicultura y siembra de soya. En este contexto, dichos estados presentan el mayor riesgo de contaminación de la miel mexicana por polen de cultivos transgénicos.
El traslape entre territorios de producción apícola y de soya transgénica obliga a preguntarse: ¿cuál es la posibilidad de coexistencia entre ambas producciones? En términos socioeconómicos: ¿cuál es la posibilidad de permitir el crecimiento económico que busca el cultivo de soya sin afectar la existencia de miles de familias de productores campesinos pluriactivos? En términos técnicos, y planteándolo en el marco de la reciente decisión de justicia de la Unión Europea, ¿en qué condiciones es posible producir miel en la cercanía de cultivos de soya transgénica y que la miel esté 100% libre de polen transgénico?
Una búsqueda en la literatura científica muestra que casi no existen datos confiables —es decir publicados en revistas científicas arbitradas— que permitan responder a tales preguntas. Se cuenta con el trabajo de un grupo de investigadores argentinos que pone en evidencia que, de treinta y seis muestras de miel colectadas en regiones con cultivos de soya transgénica, 100% tenía polen de esa planta, de las cuales 97% contenían entre 3 y 15% de este polen, muy por arriba del límite de 0.9%.
En el caso de México se ha reportado la presencia de polen de cultivos transgénicos en cincuenta y ocho de cuatrocientos veintinueve muestras (13.52%) analizadas hasta el 6 de septiembre de 2011, y en quince de ciento cuarenta y un muestras (10.64%) analizadas después de esta fecha. No se detalla el estado de origen de las muestras, pero tratándose del laboratorio que analiza la gran mayoría de las mieles mexicanas exportadas a Alemania, es evidente que deben ser principalmente mieles de la península de Yucatán. Ambos trabajos muestran claramente el alto nivel de riesgo de presencia de polen de soya transgénica en la miel de abeja. Sin embargo, aún es necesario generar datos que permitan mejorar la evaluación de los riesgos, por lo que desde la ecología de Apis mellifera se han planteado las siguientes preguntas (que se han ido resolviendo por investigaciones realizadas entre 2012 y 2014 en diferentes centros de investigación, como El Colegio de la Frontera Sur (ecosur), Universidad Autónoma de Yucatán (uady) y el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales Agrícolas y Pecuarias (inifap).
¿Hasta qué distancia de una parcela de soya hay riesgos de contaminación? Las abejas pecorean comúnmente en un radio de un kilómetro, y hasta 3 km en periodo de escasez de néctar. Aunque la soya no sea muy atractiva para las abejas, en caso de escasez de alimento sí la visitan y la polinizan, por lo que el pecoreo mismo es una fuente de contaminación de la miel. Considerando la dispersión anemófila y entomófila del polen, se desconoce la distancia crítica de contaminación. Se trata, sin embargo, de un dato crucial para evaluar la factibilidad de hacer coexistir cultivos de soya transgénica y apicultura en el mismo territorio. Algunos experimentos específicos han permitido determinar la distancia de contaminación, implicando la cuantificación del contenido de polen transgénico en muestras de miel de colmenas ubicadas a distancias crecientes de los cultivos de soya. El grupo de investigación de ecosur de Chetumal publicó en 2014 resultados que prueban la presencia de polen de soya en muestras de miel colectadas en apiarios ubicados a 300 metros de las parcelas de soya en el estado de Campeche en 2013. Dichos resultados son coherentes con los que nosotros encontramos en una investigación realizada en el Soconusco en 2012, en la cual vimos que la miel colectada en apiarios ubicados hasta a 1 000 metros de distancia de las parcelas de soya contenía polen de soya genéticamente modificado. Nuestros resultados indican que las abejas, además de colectar néctar, también colectan polen de soya genéticamente modificada y convencional a distancias de hasta 2 000 metros. Según tales investigaciones, los resultados pueden variar dependiendo de los diferentes tipos de uso de suelo y de la configuración del paisaje.
¿En qué periodo del cultivo de soya hay riesgos?
En la península de Yucatán, la floración de la soya ocurre en verano, mientras que la cosecha de miel se extiende de diciembre a junio, por lo que parece no haber traslape. Sin embargo, se sabe que las abejas pueden almacenar miel en la cámara de cría (no cosechada) en periodo de baja floración y subirla a las alzas (sí cosechada) en periodo de floración, lo cual abre la posibilidad de contaminación aun sin traslape de las producciones. Los resultados preliminares de una investigación que realizamos en Campeche entre 2013 y 2014 en colaboración con el laboratorio 312 de la unam, señalan que la miel colectada al inicio de la temporada de cosechas comerciales, entre enero y febrero de 2014, no contiene polen de soya en cantidades cuantificables. Sin embargo, en Campeche se han dado casos de floración de la soya en temporada de cosecha, lo cual ocurre por semillas que quedan en el campo y logran germinar (semillas voluntarias) y florecen al inicio del periodo de cosecha de miel, lo que aumenta la posibilidad de encontrar polen de soya en mieles comerciales. Es importante realizar monitoreos y análisis de miel que permitan garantizar la producción de miel libre de polen de cultivos genéticamente modificados.
¿Cuál es la realidad de la contaminación? En complemento a las dos preguntas anteriores, un muestreo extensivo de miel permitiría determinar el número de casos de contaminación y, por medio de un análisis multivariado, confirmar las respuestas dadas a las preguntas anteriores.
Propuestas
Considerando la oposición a los cultivos transgénicos en la Unión Europea es muy poco probable que los compradores de miel flexibilicen su exigencia en cuanto a la tolerancia cero a polen de organismos genéticamente modificados en la miel que importan. Debido a que se trata del mercado que consume 85% de la miel mexicana, es difícil buscar mercados alternativos (interno, Estados Unidos, otros) que puedan absorber tal volumen del producto a corto plazo. Para los próximos años parece entonces no haber otra opción que exportar miel libre de polen de cultivos transgénicos. Esto implica tres tipos de reflexiones y líneas de trabajo.
Principio de precaución. Considerando la evidencia disponible actualmente, seguir autorizando la siembra de cultivos transgénicos implica sacrificar en parte o completamente la producción apícola, las cuarenta mil familias que dependen de ella, arriesgar la salud de las abejas cultivadas y silvestres, y la polinización de flora silvestre y demás cultivos.
A esto refiere el principio de precaución, con el cual desde 2005 la unesco considera que “cuando las actividades humanas pueden conducir a un daño moralmente inaceptable que es científicamente plausible pero incierto, se adoptarán medidas para evitar o disminuir ese daño. Daño moralmente inaceptable consiste en el infligido a seres humanos o el medio ambiente que: 1) es una amenaza para la vida o la salud; 2) es grave y efectivamente irreversible; 3) es injusto para las generaciones presentes o futuras; 4) es impuesto sin una consideración adecuada de los derechos humanos de las personas afectadas”.
Sin duda, la siembra de soya transgénica podría implicar tales daños moralmente inaceptables para el ambiente, representando riesgos para la salud de plantas y animales, posibles efectos irreversibles, injusticia y falta de consideración de los derechos humanos.
Por lo que, en tanto no se lleve a cabo el estudio de riesgos para determinar en qué condiciones pueden coexistir la producción de miel y los cultivos transgénicos, y por principio de precaución, debe imponerse la decisión de suspender la siembra de cultivos transgénicos, evitando así los riesgos a la apicultura mexicana y valorando sus papeles económico, social y ambiental.
Coexistencia. Para determinar las condiciones de compatibilidad entre la producción de miel y la de soya transgénica se requiere, mediante investigaciones científicas, ahondar en las tres preguntas antes mencionadas en torno a la distancia y periodo de la posible contaminación, así como del estado actual de la misma: ¿hasta qué distancia de una parcela de soya hay riesgos?, ¿en qué periodo del cultivo de soya hay riesgos de contaminación?, ¿cuál es la realidad de la contaminación?
Una propuesta es llevar a cabo muestreos de apiarios a distancias crecientes de las parcelas de soya transgénica y en diferentes momentos posteriores a la floración de la soya. Esto requiere realizarse en un gran número de repeticiones, idealmente en las diferentes regiones de siembra transgénica en México (Yucatán, Chiapas, planicie huasteca), y también implica tener la ubicación exacta de las parcelas de soya transgénica.
En paralelo, es necesario establecer un laboratorio de rutina independiente, susceptible de realizar análisis de biología molecular confiables y rápidos, ofreciendo una respuesta segura a los productores en cuanto a la posible contaminación de su miel.
Zonas libres de transgénicos. A mediano plazo se recomienda resolver si es posible o no la coexistencia de los cultivos transgénicos y la apicultura. En caso de que el riesgo de contaminación de la miel sea importante, se deberá hacer una reevaluación de los costos y los beneficios de cultivar soya transgénica, en términos económicos, sociales y ambientales. También se recomienda evaluar la factibilidad de sembrar soya convencional (no transgénica), que podría proveer la misma producción a un costo similar, dado que los cultivos transgénicos no parecen permitir menores costos de producción.
A este respecto, el artículo 90 de la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados establece que “se podrán establecer zonas libres de ogms para la protección de productos agrícolas orgánicos y otros de interés de la comunidad solicitante […] Las zonas libres se establecerán cuando se trate de ogms de la misma especie a las que se produzcan mediante procesos de producción de productos agrícolas orgánicos, y se demuestre científica y técnicamente que no es viable su coexistencia o que no cumplirían con los requisitos normativos para su certificación”.
La generación de datos propuesta anteriormente es entonces de importancia capital, no sólo para llegar a conocer a profundidad los riesgos reales de contaminación de la miel, sino también para proveer evidencia para el posible establecimiento de una zona libre de organismos genéticamente modificados que abarque todos los estados mexicanos productores de miel destinada a la exportación.
Si bien la reflexión en este documento se centró en la soya y la apicultura por presentar un riesgo social y ambiental inminente, es capital llevarla también a otros cultivos, en particular el maíz, y a un estudio de pros y contras de los cultivos transgénicos para la sociedad mexicana en general.
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Agradecimientos
A todos los amigos y colegas con quienes hemos madurado esta reflexión: Peter Gänz, Elena Álvarez-Buylla, Miguel A. Munguía, Aleira Lara, Federico Berrón, Xavier Moya, Irma Gomez por promover el debate.
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Referencias Bibliográficas
Intertek Food Service GmbH. 2012. Annual Report 2012 Honey Analysis. Intertek Group, Bremen.
López Gómez, J. 2014. Diversidad de abejas (Hymenoptera: Apoidea) asociadas a milpas en paisajes con diferentes niveles de antropización. Tesis, El Colegio de la Frontera Sur. sagarpa. 2010. Claridades Agropecuarias, núm. 199. Villanueva Gutiérrez, et al. 2014. “Transgenic soybean pollen (Glycine max L.) in honey from the Yucatán peninsula, Mexico”, en Scientific Reports, núm. 4. Vides Borrell, Eric y Rémy Vandame. 2012. Pecoreo de abejas Apis mellifera en flores de soya Glycine max. Reporte Técnico. El Colegio de la Frontera Sur, San Cristobal de las Casas. En la red
goo.gl/ieeDeK
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Rémy Vandame
Colegio de la Frontera Sur,
Programa de Agricultura y Alimentación (Apicultura) de la UCCS.
Rémy Vandame realizó su doctorado en ecología, para entender por qué las abejas africanizadas en el sureste de México eran resistentes al ácaro Varroa destructor, parásito de todas las otras razas de abejas. Desde el año 2000, es responsable de la Línea de Investigación “Abejas de Chiapas” en ecosur. Por medio del trabajo en equipo amplió los temas de trabajo a la ecología del paisaje, la biodiversidad y la ecología de abejas nativas, pero también a diferentes temas sociales, y a su aplicación en trabajos coordinados con las organizaciones de apicultores. Es el coordinador del programa de apicultura y alimentación de la uccs. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores.
Eric Vides Borrell
Colegio de la Frontera Sur,
Programa de Agricultura y Alimentación (Apicultura) de la UCCS.
Eric Vides Borrell es candidato a doctor en ecosur, su propuesta doctoral gira en torno a las relaciones que existen entre la configuración del paisaje con la diversidad y abundancia de abejas, en paisajes con diferente nivel de heterogeneidad. Desde junio de 2012 a diciembre de 2013 trabajó con Rémy Vandame, investigando sobre la transferencia de polen de soya hacia la miel de Apis mellifera en el Soconusco, Chiapas y Campeche.
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cómo citar este artículo →
Vandame, Rémy y Eric Vides Borrell. 2016. Miel y cultivos transgénicos en México, evidencias de contaminación y principio de precaución. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 94-101. [En línea].
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| David Schubert |
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Lic. Enrique Peña Nieto
Presidente de la República Mexicana
Lic. Enrique Martínez y Martínez
Secretario de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación
Ing. Juan José Guerra Abud
Secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales
Mi nombre es David Schubert. Tengo un doctorado en inmunología y soy profesor del Instituto Salk para Estudios Biológicos en San Diego, California, considerado como uno de los mejores institutos de investigación médica en el mundo. Como miembro de esta institución, trabajo en el desarrollo de fármacos para tratar la enfermedad de Alzheimer y la apoplejía. Por tanto, poseo conocimiento de primera mano sobre genética molecular, toxicología y ensayos de seguridad respecto a nuevas entidades químicas y biológicas.
También estoy consciente de la tecnología de los organismos genéticamente modificados y he publicado textos en destacadas revistas científicas sobre las plantas de este tipo y su efecto en la salud humana. Recientemente, he escrito cartas similares a esta misma, que han contribuido al debate sobre la introducción de berenjena transgénica en países como India y Bangladesh. En ambos casos, el proceso de introducción se detuvo. Como la berenjena es nativa de dichos países, justo como el maíz es un cultivo nativo de México, las situaciones y problemas relacionados con el uso de la tal tecnología en ambas regiones son casi idénticos.
Estoy convencido de la necesidad de que México siga el consejo de los páneles de revisión científicos y gubernamentales de India, Bangladesh, la Unión Europea, Japón, Corea del Sur y la vasta mayoría de los países libres del mundo, y rechace así la introducción de maíz transgénico. Esta conclusión deriva de múltiples razones, mencionadas a continuación. Los puntos del 1 al 5 son excepcionalmente importantes, pero ya han sido tratados por otras personas; me enfocaré, entonces, en el impacto del maíz transgénico sobre la salud humana, que entra dentro de mi área de experiencia. Con base en mi conocimiento aseguro que las siguientes declaraciones están documentadas en publicaciones científicas y gubernamentales.
1) La falta de necesidad. El maíz no es un cultivo severamente amenazado por ninguna plaga.
2) El riesgo ambiental. El maíz es nativo de México y los transgenes contaminarán y degradarán, de manera incuestionable, sus poblaciones naturales. Además, México es centro de diversidad biológica y un tesoro mundial de variedades vegetales capaces de combatir enfermedades y el cambio climático. Esto no será así si se introducen semillas genéticamente modificadas en su territorio.
3) Más altos costos. La compra anual de semillas, en vez de ser guardadas año tras año, aumentará los costos en todos los niveles de la cadena alimentaria. Los pequeños agricultores y los campesinos, que son los nodos más importantes del sistema de producción agrícola en México, serán los más afectados por los altos costos y los potenciales fracasos de cultivos debido a que algunas variedades de maíz transgénico no serán las más adecuadas en todos los sitios de siembra. Los rasgos genéticamente modificados que se introduzcan finalmente contaminarán a todas las variedades locales.
4) Dependencia social y política. Una vez que las compañías extranjeras controlen el mercado de semillas de cualquier planta, seguirán introduciendo semillas genéticamente modificadas de otras especies y tendrán un poder enorme, tanto sobre los campesinos, que constituyen un segmento importante de la población mexicana, como de los procesos políticos. Esto ya ha ocurrido en Estados Unidos, en donde las compañías que comercian semillas son el principal apoyo financiero de ambos partidos políticos (republicanos y demócratas) y tienen personas designadas en cargos de alto poder para dictar políticas agrícolas nacionales e internacionales.
5) No es reversible. Cuando el maíz transgénico sea introducido en México, aun en una escala modesta, contaminará de manera irreversible a las variedades nativas. Éste es un hecho inequívoco, y la única forma de prevenirlo es no permitir su siembra.
En torno a los transgénicos y la salud
Dado que el maíz transgénico expresa la proteína Bt y es resistente a herbicidas, y las sustancias químicas requeridas para su cultivo colocan en una posición peligrosa la salud de quienes lo consumen, profundizaré en estos temas que son de gran importancia para un país como México, donde el maíz se consume en grandes cantidades y es un alimento poco o nada procesado. Comenzaré por desmentir algunos mitos que son usados por los impulsores del maíz transgénico para alegar su seguridad.
Se afirma que, como no existen enfermedades humanas asociadas al consumo de maíz Bt en Estados Unidos, debe ser un alimento seguro para comer. Esta conclusión es inválida por varias razones. En primer lugar, sólo una pequeña fracción del maíz Bt producido se consume directamente: la gran mayoría es usado como alimento para el ganado y para elaborar aceite, jarabe y etanol, todos ellos productos que no contienen la proteína Bt. El maíz que sí la lleva es consumido, más que nada, como alimento altamente procesado —por ejemplo, en las frituras y otras botanas relacionadas que no son componentes principales en la dieta.
En contraste, la proteína Bt del maíz transgénico que se cultive en México será consumida directamente en grandes cantidades porque el maíz es el alimento básico y, por tanto, un elemento importante en la dieta del mexicano. Adicionalmente, y de acuerdo con la riqueza de la comida tradicional, dicho cereal será preparado en un número infinito de formas, conduciendo a cambios químicos potenciales de la proteína Bt y causando una toxicidad e inmunogenicidad desconocidas. Al respecto, aun si se han realizado algunos estudios de seguridad alimenticia con maíz transgénico, no se han analizado los efectos a la salud con distintos métodos de preparación de alimentos.
En segundo lugar, es lógicamente falso asegurar que, como no hay evidencia de enfermedades relacionadas con la introducción de productos transgénicos, éstos son seguros para la salud. Afirmar esto requiere de un experimento bien diseñado con controles adecuados. Además, el problema es más grave porque los alimentos derivados de cultivos transgénicos no serán etiquetados como tales.
Por esto, quizá la mayor preocupación en cuanto a la introducción de cualquier producto transgénico en el mercado debería ser que si efectivamente causara algún daño a la salud humana, sería imposible detectarlo debido a la falta de estudios epidemiológicos y a las limitaciones técnicas. Por ejemplo, para detectar la epidemia de una enfermedad se requiere una incidencia de al menos dos veces mayor a la tasa normal. Si el maíz transgénico fuera dañino y causara una enfermedad como el Parkinson, que tiene una incidencia de casi veinte casos nuevos al año por cada 100 000 personas, entonces en México unos 25 000 casos nuevos anuales tendrían que ser diagnosticados y tabulados para poder identificar un aumento significativo, y aun así no habría manera de asociar la enfermedad directamente con el consumo de algún cultivo transgénico.
Por otro lado, los síntomas de muchos padecimientos relacionados con factores ambientales tardan décadas en aparecer. Claramente, una vez que el maíz transgénico sea liberado de manera comercial, no habrá forma de monitorear efectos adversos en la salud causados por el producto mismo. Las compañías biotecnológicas están conscientes de que, por esta razón, nunca tendrán que rendir cuentas por el daño a la salud humana que sus productos pudiesen causar.
La mayoría de las variedades de maíz transgénico están modificadas para ser resistentes contra insectos (variedades Bt) y herbicidas (como el glifosato). Tanto la proteína Bt como el glifosato han sido asociados a daños a la salud humana, por lo que serán discutidos de manera individual.
El maíz Bt y la salud humana
La Agencia de Protección Ambiental (epa) de Estados Unidos recomendó ensayos de seguridad exhaustiva de los cultivos Bt, pero debido a la carencia de leyes federales que requieren pruebas de seguridad rigurosas para los alimentos transgénicos, esto nunca se hizo. Estados Unidos no impone la demostración de que cualquier alimento de este tipo sea seguro para consumo humano.
Hay al menos cuatro mecanismos mediante los cuales la introducción del gen de la toxina Bt en el genoma del maíz puede causar daño. Estos incluyen: 1) la inserción aleatoria de los transgenes en el adn vegetal y las consecuencias resultantes no intencionadas; 2) alteraciones en el metabolismo de la planta a causa de la proteína insertada que deriva en nuevos productos igualmente tóxicos; 3) la toxicidad directa de las proteínas Bt; y 4) una respuesta inmune obtenida por la proteína Bt. Existen casos científicamente documentados acerca de estos mecanismos.
Un ejemplo del primero es el descubrimiento de alteraciones no intencionadas, como la síntesis de nueve carcinógenos conocidos en plantas de tabaco transgénico. En cuanto al segundo mecanismo, se han documentado niveles anormales de producción de una molécula llamada lignina en el maíz Bt; este rasgo fue descubierto gracias a los cambios dramáticos que se comenzaron a observar en la dureza del tallo de esta planta. Muchas variedades de maíz Bt expresan este rasgo, por lo que es probable que el aumento en la producción de lignina esté relacionado con la expresión de la proteína Bt y no tanto con las mutaciones causadas por el proceso mismo de modificación genética. Es probable que existan más cambios no previstos en los cultivos genéticamente modificados, y muchos de ellos ya han sido registrados.
Nos extenderemos en cuanto a los peligros tóxicos e inmunológicos de la proteína Bt. Las alergias son respuestas complejas del sistema inmune ante sustancias extrañas y sus síntomas pueden variar de manera impredecible entre un individuo y otro. Las toxinas Bt, por su parte, han sido usadas desde hace tiempo como insecticidas en aerosol para muchos cultivos distintos, pero pueden lavarse de la planta y contienen una forma menos tóxica de la proteína que aquella que producen los vegetales genéticamente modificados, en los que la toxina se encuentra dentro de todas las partes consumibles de la planta.
El spray consiste en esporas de la toxina Bt que deben activarse en el tracto digestivo de los insectos. En contraste, la toxina Bt en el maíz es una forma activada de esta proteína que no requiere ninguna modificación para volverse tóxica. Por lo tanto, es mucho más potente que la variedad usada en los aerosoles.
Por otro lado, existe evidencia sólida de que las proteínas Bt han provocado reacciones inmunológicas fuertes en algunos trabajadores del campo, probablemente porque están compuestas de secuencias de aminoácidos homólogas a ciertos alergenos bien conocidos. Más aún, la concentración y cantidad de toxinas Bt activas que la gente estaría consumiendo con el maíz Bt es mucho más alta que los niveles de exposición a los que se someten los campesinos.
En apoyo a los datos en humanos, cuando los animales se exponen a toxinas Bt, éstas también actúan como un inmunógeno potente, provocando respuestas de los sistemas inmunes presentes en la sangre y el intestino. Más recientemente, en Estados Unidos se condujo un estudio de alimentación de largo plazo en cerdos, que tienen un sistema digestivo parecido al del ser humano. Los cerdos fueron alimentados con una dieta mixta que incluía proteínas Bt de maíz transgénico. Después de cinco meses se encontraron niveles drásticos de inflamación estomacal en los cerdos y las hembras tuvieron úteros más pesados que aquellas a las que no se les administró dieta transgénica.
Estudios adicionales con animales han demostrado que las toxinas Bt causan daño directo en el tejido; por ejemplo, Fares y ElSayed probaron que los ratones alimentados con papa Bt tenían células intestinales con estructura anormal. Otros estudios reportan cambios histopatológicos en ratas que consumieron maíz Bt —tanto en hígado como en riñón—, y cambios en los niveles de urea y proteínas de la orina de ratas alimentadas con arroz Bt.
Las investigaciones citadas previamente muestran que la familia de proteínas Bt puede actuar como alergenos y como toxinas en animales y en algunos humanos. Esto es de gran importancia para la salud de la población mexicana si la introducción de maíz Bt se llega a aprobar, ya que un enorme número de individuos consumirán cantidades de toxina Bt miles de veces más altas que nunca en la corta historia de la tecnología de la modificación genética de organismos.
Debido a que la genética y el estado de salud de un individuo determina su respuesta a proteínas extrañas, como lo es la toxina Bt, y los mexicanos representan una población heterogénea con distinta composición genética, edad y salud, las consecuencias del consumo de maíz Bt serán imprevisibles. Las personas más enfermas serán, sin duda, las más vulnerables ante las reacciones tóxicas e inmunológicas. Y como la habilidad de la toxina Bt para causar respuestas alérgicas en algunos individuos es ambigua, es virtualmente certero que, al interior de la población mexicana, un gran número de personas que consuman maíz transgénico desarrollarán este tipo de alergias e incluso respuestas inmunes más severas que deriven en anafilaxis y posibles muertes.
El número de afectados, sin embargo, no puede predecirse y, como no existe un sistema para rastrear este tipo de reacciones adversas a una población, si el maíz Bt es cultivado de manera comercial, su presencia genética en una porción importante de México será irreversible. La introducción de este cultivo transgénico, por tanto, debe prevenirse.
Los herbicidas
Además de sus altos niveles de toxinas Bt, la mayoría de las variedades de maíz transgénico también se modifica para que sea resistente a herbicidas. Si bien un alto número de herbicidas están en uso, el mejor estudiado es el glifosato por ser el ingrediente activo en muchos productos. Si el maíz o la soya transgénicos son introducidos en México habrá un enorme aumento en el uso de este pesticida en su territorio. En Estados Unidos, después de la introducción de cultivos transgénicos, su uso incrementó diez veces entre 1996 (27 millones de libras) y 2009 (250 millones de libras). En Argentina ocurrió un aumento similar.
La relevancia de esto es que, contrario a lo que afirman sus fabricantes, el glifosato y su formulación activa son dañinos para la salud humana. Al igual que muchas toxinas ambientales, han pasado años antes de poder identificar los problemas que ocasiona, pero actualmente éstos se están documentando en distintas publicaciones científicas de dominio público. Algunos riesgos importantes se discuten enseguida junto con otros hechos que rara vez se incluyen en el debate.
a) El glifosato en aerosol no contiene sólo el pesticida, sino que es una mezcla de compuestos que ayudan al glifosato a entrar en todos los tejidos de la planta, incluyendo aquellos que nosotros comemos. Los compuestos adicionales, llamados surfactantes o tensoactivos, no son revelados (permanecen como secretos comerciales) y, por tanto, no se someten a ensayos de seguridad ni son monitoreados en las plantas, agua potable o humanos, muy a pesar de que son mucho más abundantes en la formulación del herbicida que el mismo glifosato. Son sustancias químicas no evaluadas, cuyo consumo humano y animal aumentará dramáticamente una vez que se introduzca el maíz transgénico en México. En los Estados Unidos, la epa no realiza con frecuencia ensayos de detección de glifosato en el agua potable y subterránea, pero sí ha aumentado varias veces los límites de residuos que se permiten en los alimentos a petición de los productores.
b) El herbicida aplicado en aerosol y todos sus componentes se quedan dentro de la planta y son consumidos. ¡No son lavados!
c) En unos diez o quince años, las malezas serán más resistentes al glifosato, de manera que se requerirán herbicidas aún más tóxicos para la producción de maíz transgénico. El siguiente herbicida en línea es el 2,4d, un reconocido carcinógeno.
d) En ciertas áreas se ha encontrado evidencia de glifosato en la orina de varias personas.
e) Parte del aumento en los niveles de glifosato en el agua potable, comida y alimento animal se debe al hecho de que actualmente se usa como un agente de secado, es decir, se aplica en las plantas directamente antes de la cosecha.
f) Algunas de las toxicidades del glifosato ya publicadas se enlistan enseguida, y todas ellas pueden o han sido extrapoladas como un riesgo serio para la salud humana: 1) cuando se ingiere en la comida o el agua, el glifosato elimina bacterias que forman parte de la microbiota intestinal benéfica, provocando la proliferación de microbios patógenos; 2) en apoyo a este primer punto, cuando por nueve meses se alimentaron cerdos con comida transgénica tratada con glifosato, se observó un aumento en la inflamación intestinal en comparación a los animales control; 3) se ha documentado un gran aumento de formación de tumores en ratas alimentadas durante dos años con maíz transgénico resistente a herbicidas; 4) cada vez existen más casos de enfermedades humanas relacionadas con la exposición a glifosato en países como Argentina; 5) aun los bajos niveles de glifosato provocan defectos en el desarrollo embrionario de anfibios y pollos, defectos similares a los que se observan en el estudio con humanos de poblaciones argentinas; y 6) el glifosato tiene efectos profundos en la producción de testosterona en ratas y promueve el crecimiento de células humanas cancerosas aun a niveles que están por debajo de los que se encuentran en la sangre y la orina de algunos individuos.
Los estudios aquí citados representan sólo una fracción de la extensa evidencia que demuestra conjuntamente los efectos identificados y proyectados del glifosato en la salud de los seres humanos. Los niveles de glifosato incrementarán de manera rápida en los alimentos y el ambiente si se llega a introducir el maíz transgénico en México. De nada habrá servido su uso si dentro de diez a quince años el glifosato deja de ser un herbicida efectivo por la resistencia que desarrollarán distintas malezas, tal y como ha ocurrido en distintas regiones del planeta. ¿Vale la pena, entonces, este tipo de riesgo en un país como México?
Mi conclusión es, por tanto, que el maíz transgénico no representa ningún beneficio para su país, sino más bien un enorme peligro para la salud de los mexicanos. Sería un profundo error que el maíz transgénico entrara al suministro alimentario de México.
Respetuosamente,
Dr. David Schubert
Instituto Salk para Estudios Biológicos
La Jolla, California
14 de octubre de 2013
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David Schubert
Instituto Salk para Estudios Biológicos,
San Diego, California.
David Schubert estudió química en la Universidad de Indiana Bloomington. Es doctor en biología celular por la Universidad de California en San Diego. Su posdoctorado lo hizo en el Instituto Pasteur en París. Actualmente trabaja en el Instituto Salk, en Estados Unidos.
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cómo citar este artículo →
Schubert, David. 2016. El maíz transgénico: un enorme peligro para la salud de los mexicanos. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 80-88. [En línea].
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| Carolina Ureta Sánchez |
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México es centro de origen y diversificación del maíz
y la evidencia se puede encontrar en sitios arqueológicos, en la enorme diversidad de maíz existente en comparación con otros lugares del mundo y en que todavía encontramos en campo poblaciones viables de parientes silvestres (teocintle y Tripsacum). Dada la diversidad existente en esta especie agrícola, para poderla estudiar se ha agrupado en razas. México cuenta con cincuenta y nueve razas descritas que han sido creadas a lo largo de miles de años (~8 000). Cada una de estas razas puede componerse por un número grande de variedades.
En términos agronómicos, el maíz es el grano más importante de nuestro país pues alrededor de 50% de la superficie sembrada en México es de este cereal. La mayoría de los productores de maíz (80%) son microproductores que destinan su cosecha principalmente al autoconsumo, comercializando sus excedentes en mercados locales. Este tipo de agricultores son los que se encargan de sembrar y conservar nuestra diversidad de maíz manteniendo hasta siete variedades diferentes un una sola parcela; y a pesar de que oficialmente la producción representa sólo alrededor de 12% del Producto Interno Bruto agropecuario, en realidad el maíz contribuye más mediante la producción destinada al autoconsumo y el valor de los subproductos de la planta que con frecuencia significan altas aportaciones en la estructura de costos para otros sistemas productivos.
El maíz representa en nuestro país una de las principales fuentes de alimento, pero también una cultura y tradiciones. Ésta es la razón por la que existe una relación tan estrecha entre distintas razas de maíz y diferentes pueblos indígenas en toda la República. La siembra de maíz nativo les garantiza calidad en sus alimentos así como la posibilidad de mantener su estilo de vida y su organización social.
Dada la enorme importancia biológica, social, cultural y económica del maíz en México es fundamental el estudio de los impactos negativos que puedan afectar su siembra y producción, especialmente a las razas nativas, que constituyen uno de los acervos genéticos más importantes del mundo. El estilo temporalero con el que se siembran éstas depende directamente de condiciones ambientales como la temperatura y la precipitación, por lo que el cambio climático puede tener impactos importantes en estas razas. Al mismo tiempo, ante tal amenaza, es dicha diversidad la que facilitará que la producción se mantenga y se logre asegurar el alimento de millones de personas.
Maíz y cambio climático
El cambio climático se ha definido de diferentes maneras, pero más o menos todas concuerdan en que es un cambio en la composición de la atmósfera que en parte se atribuye a actividades del ser humano (industria, autos, agricultura, ganadería, etcétera). El Panel Intergubernamental de Cambio Climático, que es la máxima autoridad en el tema, ha detectado desde hace varios años que la agricultura es un sector de producción vulnerable a tal cambio, por lo que ha sugerido el estudio de impactos y la creación de propuestas para facilitar la adaptación.
Desde hace más o menos un siglo hasta la fecha ha habido un incremento constante en la temperatura media anual del planeta. Actualmente, el planeta es 0.74°C más cálido que hace un siglo, y en México es te incremento ha sido de aproximadamente 0.6°C. En términos de precipitación no ha habido un patrón claro, pero sí existe una mayor variabilidad y se espera que en las próximas décadas las lluvias se vuelvan cada vez más intensas, provocando la compactación del suelo, lo que a su vez impide la penetración del agua en el subsuelo y que éste se vuelva mucho más frágil a la erosión y el empobrecimiento de nutrimentos. Y a pesar de la existencia de una mayor intensidad de lluvias a causa de un incremento en el vapor de agua de la atmósfera, esto no necesariamente implica que en promedio vaya a llover más ni tampoco que ese agua se pueda aprovechar por lo antes mencionado; más bien, las lluvias torrenciales pueden ocasionar desastres naturales como inundaciones. Otros eventos extremos como la ocurrencia de sequías, también se volverán más frecuentes. En general, un clima más cálido representa riesgos de sequía en los lugares en los que de por sí la lluvia es escasa y de inundaciones en lugares en los que hay altas precipitaciones en la actualidad. Por último, pero no por ello menos importante, el calentamiento global implica un acortamiento del invierno, lo cual alarga el ciclo de vida de varios organismos que son plagas o plagas potenciales; aunado a esto, ya hay evidencia de que el cambio en las condiciones ambientales produce modificaciones en la distribución de las especies, por lo que se puede empezar a tener problemas de plagas provenientes de otras regiones.
Por esta razón, desde hace unos años a la fecha, ha surgido un mayor interés en el tema, un incremento en el número de estudios científicos que lo abordan, sin dejar de lado sus efectos en las especies agrícolas de importancia internacional, que es el caso del maíz en México. En un estudio, en particular, realizado en 2012 por la autora y varios colaboradores, se muestra cómo prácticamente todo el territorio nacional tiene condiciones favorables para sembrar al menos una raza de maíz nativo. Este estudio también muestra que las zonas geográficas en las que hay un mayor número de razas presentan cierta resiliencia a los cambios en las condiciones ambientales, es decir, que la riqueza biológica (mayor número de razas) evita que la producción en esas zonas se vea gravemente afectada ya que, si a una raza no le va bien, existen otras que permiten que haya una compensación en la producción. Un segundo resultado importante es que algunas razas tendrán, en escenarios futuros, condiciones ambientales óptimas en un mayor número de regiones geográficas. Con ayuda de este tipo de estudios es posible identificar razas más vulnerables al cambio climático, pero también razas que pudieran llegar a tolerar condiciones ambientales extremas y que, por lo tanto, resultan pieza clave para un posible mejoramiento genético.
Estudios como el mencionado procuran utilizar escenarios contrastantes de cambio climático a fin de comparar qué pasaría con la producción de maíz o cuáles serían las condiciones óptimas para sembrar maíz si la emisión de gases con efecto invernadero no se ve reducida en las próximas décadas (lo que significa un aumento en la temperatura media anual de entre 2.6 y 4.8 °C) o bien, si se lograsen acuerdos internacionales que comprometan a las naciones a reducir sus emisiones y a emplear tecnologías más amigables con el ambiente (lo que resultaría en un aumento en la temperatura de entre 0.3 y 0.7 °C). La diferencia entre estos dos escenarios tiene un efecto importante en las áreas geográficas en las que potencialmente se puede sembrar maíz, por lo que las decisiones a escala global sí se reflejan a la de un país y de una especie.
Por otro lado, existen estudios que, más allá de evaluar impactos potenciales del cambio climático, describen las acciones que los campesinos están llevando a cabo para lidiar con las condiciones cambiantes del clima en el campo, como el de Mercer y Perales efectuado en 2012. Resulta que en algunos lugares los campesinos ya están modificando la fecha de siembra de sus variedades o cambiando el patrón de irrigación. Una estrategia muy empleada entre pequeños productores es el intercambio de semillas y la siembra de variedades más adaptadas a las nuevas condiciones ambientales; y otra que se está empezando a presentar es el mejoramiento genético de semillas más resistentes a condiciones adversas, como la resistencia a la sequía. Si nos damos cuenta, cualquiera de estas estrategias de adaptación capaces de evitar una merma en la producción se encuentra basada en la diversidad de maíz.
La diversidad y su importancia en la producción
Para cualquier organismo del planeta, la diversidad biológica es lo que garantizará su subsistencia ante cambios en el ambiente. La diversidad es fundamental para que haya selección natural (y en el caso de plantas agrícolas también selección artificial), para que se mantenga una evolución continua. El maíz no es la excepción. Además, el cambio climático, junto con otros cambios ambientales, está ocurriendo a tasas muy aceleradas, por lo que más que nunca se necesita un reservorio genético que garantice la producción de alimento, sobre todo de los alimentos que resultan básicos para la humanidad. Tal y como ya se mencionó, la diversidad en un agrosistema favorece la resiliencia, es decir, que es menos factible que un cambio en el ambiente lo impacte de manera negativa.
Las grandes cantidades de toneladas por hectárea producidas en monocultivos tecnificados son muy sorprendentes, pero es gracias a que existe una gran diversidad de razas adaptadas a condiciones ambientales muy distintas que se puede sembrar en prácticamente cualquier región del territorio nacional, situación que no sería posible si únicamente se contara con variedades mejoradas. Las variedades mejoradas (como híbridos o transgénicos) están concebidas para rendir mucho en un rango ambiental muy limitado, mientras que las que mantienen las razas nativas, aun cuando rinden menos que las mejoradas, son las que mantienen gran parte de la producción de maíz en México, la cual se vería disminuida porque las primeras no podrían sembrarse donde actualmente vemos crecer nativas, además de que su rendimiento, aunque es menor, es más constante.
La conservación de estas razas va a depender en gran medida de la capacidad adaptativa de los campesinos, por lo que es indispensable proporcionar un entorno favorable para que siga sucediendo esto como hasta ahora. El libre intercambio de semillas entre campesinos es fundamental para que ellos sigan manteniendo sus parcelas diversas y sus producciones no se vean impactadas negativamente, por lo que si existieran genes con patente que entorpecieran el intercambio de semilla, la diversidad de maíz se pondría en riesgo.
Actualmente, las grandes trasnacionales están tratando de crear variedades transgénicas resistentes a la escasez de agua y suelos pobres, promocionándolas como la estrategia para lidiar con el cambio climático. El problema es que se está tratando una vez más de hacer rendir mucho una variedad bajo un rango muy limitado de condiciones o de unas condiciones futuras de temperatura “promedio”, cuando el problema es que el cambio climático nos va a traer variabilidad. Por lo tanto, no se necesita una variedad que rinda sólo bajo una cierta condición ambiental en particular, sino un sistema variado, que sea capaz de lidiar y amortiguar los impactos negativos del inminente cambio climático que estamos viviendo.
Conclusiones
México tiene el acervo genético más importante de maíz en el mundo por ser su centro de origen y diversificación. Este hecho nos deja con una gran responsabilidad en cuanto a su conservación, ya que implica la seguridad alimentaria para millones de personas. Hasta el momento, la falta de acuerdos en tratados internacionales y las metas políticas tan poco favorables para el bienestar ambiental hacen que crezca la importancia de mantener la diversidad de las plantas agrícolas más relevantes para la humanidad.
Esta diversidad agrícola será la clave para poder amortiguar las consecuencias negativas, tanto los cambios en el clima mismos como las consecuencias de tales cambios, que sería el caso de la presencia de nuevas plagas en dichos cultivos.
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Referencias Bibliográficas
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Carolina Ureta Sánchez
Instituto de Ecología, Universidad Nacional Autónoma de México. Carolina Ureta es bióloga y obtuvo el Reconocimiento al Mérito Universitario: medalla Gabino Barreda. Hizo una maestría en el Imperial College y en el año 2014 obtuvo el grado de doctora en la unam. Actualmente realiza su segunda estancia posdoctoral. Su tesis doctoral fue el primer lugar del concurso Puma en Desarrollo Sustentable. Tiene once publicaciones y forma parte del SNI.
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cómo citar este artículo →
Ureta Sánchez, Carolina. 2016. La agrobiodiversidad del maíz, fundamento para enfrentar el cambio climático. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 70-75. [En línea].
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| Alexis Daniela Rivero Romero y Ana Isabel Moreno Calles |
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En México, país con alta riqueza biocultural, el conocimiento
tradicional alrededor de las prácticas agrícolas es muy variado, va desde el saber detallado sobre flora y fauna, hasta aquel derivado de las relaciones entre los elementos vivos y no vivos en un entorno determinado; un ejemplo de estas relaciones es la que se establece entre los diversos eventos meteorológicos y la dinámica de los sistemas naturales, como el comportamiento de animales y plantas. Para sobrellevar las variaciones climáticas en torno a la agricultura, los campesinos han desarrollado todo un complejo de conocimientos, creencias y prácticas direccionadas a reducir los riesgos asociados al clima para asegurar el abasto de alimentos.
A partir de la predicción climática, que forma parte de lo que se conoce como meteorología tradicional, a lo largo de la historia los pueblos mexicanos han logrado hacer frente a los cambios experimentados por el clima que han afectado su actividad agrícola. Su base ha sido la observación detallada de las señales que ofrece la naturaleza para prevenirlos de diversos eventos, como lluvias, heladas, granizadas y sequías.
De esta manera, la meteorología tradicional expresa, a partir de los saberes ambientales climáticos, el estado de la atmósfera (lluvia, seca, helada, vientos, etcétera) en el corto y mediano plazo y su efecto sobre la flora y fauna así como su influencia en las actividades campesinas tradicionales. Este conocimiento de carácter milenario se inscribe al interior de la cosmovisión de muchos pueblos y está determinado por características de tiempo y espacio culturalmente definidas.
No obstante, a pesar de su importancia ambiental y cultural, en la época contemporánea los saberes tradicionales se enfrentan a fuertes presiones que emergen tanto del prevaleciente modelo de desarrollo económico como de las estructuras sociales, políticas e institucionales hegemónicas.
Tal situación compromete el estado actual e histórico de los saberes tradicionales y a los pueblos que los poseen y desarrollan. Particularmente, en las realidades rurales del mundo y en especial de América Latina, los procesos de deterioro cultural que están demoliendo a los pueblos originarios se encuentran relacionados directamente con la violenta dominación de la agricultura industrial sobre la agricultura de subsistencia campesina, situación que además de amenazar a los complejos de saberes agrícolas tradicionales afecta a los ecosistemas. Para hacer frente a esta crisis son necesarias muchas medidas, pero una que parece imprescindible es la reivindicación de los saberes tradicionales como paradigmas importantes en la resolución de conflictos ambientales y sociales de escala local a fin de permitir el desarrollo de alternativas a la crisis de manera conjunta, es decir, a partir del diálogo de saberes.
Los indicadores climáticos
Dentro del marco predictivo o preventivo en la agricultura surge el conocimiento de los indicadores climáticos ambientales como herramientas de gran importancia para la seguridad alimentaria y adaptación a la variación climática por parte de los pueblos campesinos que los utilizan. Dicho conocimiento, que se encuentra en constante adaptación frente a los procesos de industrialización agrícola, representa una forma de vida campesina que a lo largo del tiempo ha permitido su permanencia.
Los predictores o indicadores climáticos están presentes en el sistema natural y son herramientas de tipo biológico, ecológico y astronómico, tales como el comportamiento animal, la floración de especies vegetales, los ciclos lunares, entre otros, y que se utilizan para pronosticar la calidad de la temporada de lluvias. En función de estas señales o “señas” se realizan acciones como adelantar o atrasar las fechas de siembra, incrementar la cantidad de plantas por unidad de área o aplicar insumos si la temporada parece favorable.
El conocimiento sobre predicción climática consiste en la observación y evaluación de los indicadores climáticos desde varios meses antes de la siembra y durante el ciclo agrícola. Con base en ello, los campesinos programan estrategias de mitigación ante las posibles vicisitudes climáticas, reduciendo así el riesgo de grandes pérdidas en la cosecha.
Es importante pensar que los indicadores ambientales climáticos no sólo son producto de un conocimiento milenario trasmitido a través de las generaciones, sino que forman parte de una lógica ecológica y biológica que el conocimiento tradicional tiene como base natural y objetiva para su funcionamiento. Asimismo, dicho conocimiento tradicional sobre el clima no es una exclusividad mesoamericana, sino que se extiende por del mundo, pasando por la zona andina, Europa y Asia. Tan es así, que algunas formas de predicción climática en México, como las cabañuelas o el calendario de Galván, son una adopción de la tradición española.
Para la predicción tradicional climática se reconocen tres grandes grupos de indicadores, a saber: los indicadores vegetales, los animales y los abióticos.
Indicadores vegetales. Son especies que en época de floración predicen la temporada de lluvia y por lo tanto anuncian una buena o mala cosecha. Algunos autores plantean que los campesinos e indígenas de varias regiones de Mesoamérica y los Andes reconocen alrededor de treinta especies con tales características. Por ejemplo, en una región de Puebla se utiliza el capulín (Prunus serotina var. capuli) para predecir la temporada de lluvias a partir de su época de floración. Los campesinos de esta zona han observado que si dicha planta adelanta su época de floración, que es entre enero y febrero, la temporada de lluvias será de buena calidad.
Indicadores animales. Son definidos por los campesinos con base en los cambios en el comportamiento de diferentes especies, ya sea por contacto directo u observación (esto sucede más comúnmente con animales domésticos) o por rastros, señas y sonidos (principalmente de animales silvestres). Un ejemplo es lo que sucede en una población ribereña del Lago Titicaca, en Perú, donde el ave totorero es un indicador climático, ya que registra la distancia horizontal que hay entre la construcción de sus nidos y la superficie del lago, medida que indica la cantidad de agua que aumentará con las lluvias en los meses próximos. Esto permite que los campesinos predigan si el año va ser de sequía o lluvioso.
Indicadores abióticos. Son aquellos elementos como el viento, la coloración del cielo, los truenos, los rayos u otros eventos naturales que se consideran raros o atípicos bajo determinadas condiciones climáticas y que alertan a los campesinos sobre posibles cambios en el clima. En este rubro también se encuentran los astros, como la Luna o las estrellas, que según su posición o color definen un estado del tiempo determinado.
En los trabajos publicados hasta el momento se ha logrado registrar el uso de más de cien diferentes predictores ambientales climáticos de las tres diferentes categorías que son empleados por distintos grupos indígenas del mundo. Además de esto, cabe mencionar que en los trabajos más recientes sobre meteorología tradicional sobresale el reconocimiento de los saberes tradicionales sobre el clima como herramientas que pueden integrarse al conocimiento científico meteorológico y que pueden resultar de gran utilidad en el marco del cambio climático global.
Predicción tradicional en Tlaxcala
El Carmen Tequexquitla se encuentra ubicado al este del estado de Tlaxcala a una altitud entre 2 400 y 2 700 metros sobre el nivel del mar; el rango promedio de temperatura en el municipio es de 12 a 16 °C y la precipitación anual va de 420 a 520 milímetros, lo que lo convierte en uno de los municipios del estado que registra la menor cantidad de lluvia por temporal.
En esta región de México, las condiciones climáticas dominantes han influido en la ocurrencia frecuente de sequías y heladas, eventos que resultan perjudiciales para los cultivos más importantes de sitio, como el maíz, el frijol, el haba y la calabaza, situación que ha obligado a los campesinos a buscar alternativas de adaptación local para subsistir incluso algunos expertos estiman que dichos eventos climáticos adversos serán más severos para la región en los próximos años a causa de los efectos del cambio climático global.
Frente a este escenario, la predicción tradicional del clima en El Carmen Tequexquitla, Tlaxcala ha sido de vital importancia para el desarrollo de la comunidad. Así pues, para cada fenómeno climático los campesinos han establecido un predictor, es decir, a partir de la observación repetitiva de sucesos en el ecosistema y en el ambiente le han asociado componentes que a lo largo de los ciclos agrícolas empatan con un determinado estado del tiempo.
A partir de la lectura de los predictores ambientales climáticos se determina si el año será bueno o malo, según la regularidad o irregularidad de lluvias o por la presencia de sequías y heladas, así como las estrategias a seguir según dicho pronóstico. De tal manera, si la predicción apunta a un clima seco (sequía) o muy frío (helada) que pueda dañar las plantas y reducir la probabilidad de su sobrevivencia, y por tanto desfavorecer la economía campesina, los agricultores emplean estrategias como reducir el área destinada a la siembra, diversificar sus actividades económicas en sectores no agrícolas y realizan rituales propiciatorios dirigidos a diferentes divinidades. Por otro lado, si el año es lluvioso o moderadamente lluvioso se toman acciones para maximizar los rendimientos de la cosecha, es decir, aumentar la probabilidad de obtener cosechas favorables para la economía familiar y la soberanía alimentaria; por ejemplo, se amplía el área destinada a la siembra, se adelanta o atrasa la temporada de siembra y se abonan las tierras con anticipación.
Para ser asertivos en la toma de decisiones en torno a las fechas de siembra, los campesinos emplean dos tipos de predicciones: 1) las predicciones de largo plazo, las cuales se realizan durante los primeros cinco meses del año. Para este tipo de predicciones se emplean los indicadores naturales que prevén la tendencia general del tiempo en los meses que corresponden al ciclo agrícola; y 2) las predicciones a corto plazo (junio-agosto), aquellas que corresponden a las posibles variaciones en el clima durante uno o varios días, sin que este periodo exceda una semana.
En El Carmen Tequexquitla se han registrado doce diferentes especies de plantas (silvestres y cultivadas) que funcionan como predictores de clima. Entre las más destacadas se encuentran la yuca o palma (Yucca sp.) y el sotol o cucharilla (Dasylirion sp.), las cuales forman parte de la vegetación característica de la región. La floración abundante de la yuca indica buena calidad de lluvias, mientras que si la cantidad de flores del sotol es mayor a la de ésta, entonces es señal de mala calidad de lluvias.
Los predictores de tipo animal son los mayormente empleados para vaticinar la calidad del clima en El Carmen Tequexquitla; se han registrado dieciséis diferentes especies, entre las que se destaca un roedor conocido como tuza (Geomys mexicanus B.) y las aves llamadas pashira y saltapared, las cuales, según la hora del día en que emitan su canto indican la presencia o ausencia de lluvias. Su observación es por tanto fundamental.
Finalmente, se encuentran los predictores del tipo abiótico que, aunque no son tan numerosos como los anteriores, son apreciados por los campesinos gracias a su efectividad. Entre éstos se encuentra el astro lunar, que indica, según su posición (sur o norte), la calidad de las lluvias venideras; al igual que la apariencia del volcán La Malinche indica heladas si su cima aparece nevada tanto en primavera como en verano.
En el marco de la meteorología tradicional cabe mencionar que en las relaciones campesino-clima, además de estar conformadas por elementos tangibles o acciones directamente aplicadas a los cultivos, también intervienen recursos intangibles, es decir, aquellos que pertenecen al conjunto de creencias, ideas y concepciones sobre el mundo y los elementos que en él se encuentran. En este sentido, dichas relaciones no sólo incluyen la esfera de lo predictivo, sino también de lo propiciatorio, medio en el cual se desarrolla la ritualidad y se genera un vínculo entre las actividades productivas, la espiritualidad y las inclinaciones religiosas de cada familia campesina.
Saber sobre el clima
La importancia del clima para el desarrollo y reproducción de los pueblos se evidencia en la vasta gama de conocimientos que éstos han generado para hacer frente a las variaciones que pueden afectar o influir sobre ellos o sus actividades productivas. Debido a tal necesidad se ha detonado un proceso de enseñanza-aprendizaje que ha permitido el establecimiento de un diálogo entre los viejos, los adultos y los jóvenes campesinos interesados aún en la agricultura, creando, a la vez, estrechas relaciones familiares y de colaboración.
“Saber sobre el clima” es para muchos campesinos una tradición agrícola. Se mantiene el conocimiento porque forma parte de una historia que dota de identidad al colectivo (como el pueblo de El Carmen Tequexquitla) y de respeto y sabiduría al individuo (cada campesino posee un conocimiento particular sobre el clima), razón que también permite la existencia de tales saberes al interior de los sistemas de conocimiento tradicional útiles para la agricultura.
Por otra parte, el conocimiento sobre los predictores ambientales climáticos ha favorecido a los sistemas naturales mediante la conservación y promoción de la biodiversidad que es empleada como predictor o indicador de clima, pero también de la asociada a ésta, como son los árboles y los espacios en que ella se desarrolla y habita.
En este sentido, muchas de las especies que se encuentran en las zonas de trabajo agrícola, en especial las vegetales, experimentan algún tipo de manejo influido por su utilidad para la predicción climática y meteorológica, ya que su cambio o dinámica en el tiempo, y frente a diferentes eventos, incluidos los climáticos, puede ser observado cercanamente, permitiendo a los campesinos hacer inferencias y correlaciones útiles para el éxito de las cosechas.
Conclusiones
Dentro de cada pueblo, como en el caso de El Carmen Tequexquitla, existen núcleos de conocimiento “impermeables” y resistentes, los cuales se encuentran resguardados por la gente de mayor edad y menos influenciada por los procesos de modernización. Así pues, son los ancianos las personas que poseen el conocimiento más detallado del ambiente y son asimismo ellos quienes lo heredan a las demás generaciones; pero no sólo eso, sino también las razones de su utilidad y su eficacia en la práctica.
Promover un diálogo de saberes entre las diferentes generaciones de campesinos e indígenas con otros grupos de la sociedad puede ser de gran utilidad para la valoración y conservación de los conocimientos ambientales tradicionales; más aún cuando se están presentando cambios tan fuertes, no sólo a nivel climático, sino en todos los aspectos asociados a la modernización del mundo.
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Agradecimientos
Agradecemos la hospitalidad y generosidad de los habitantes del Carmen Tequexquitla para la realización de estas investigaciones. Este trabajo se realizó gracias al programa unam-dgapa-papiit ia2032132: “Caracterización de sistemas agroforestales tradicionales de México desde un enfoque biocultural”.
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Referencias Bibliográficas
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Alexis Daniela Rivero Romero
Escuela Nacional de Estudios Superiores Morelia,
Universidad Nacional Autónoma de México.
Es licenciada en ciencias ambientales por la unam. Actualmente colabora como profesora en la misma licenciatura. Ha participado en varios proyectos de investigación relacionados con temas de etnoagroforestería, agricultura tradicional, etnoecología, manejo de sistemas socioecológicos y transdisciplinariedad. También ha desarrollado proyectos de agricultura periurbana y urbana.
Ana Isabel Moreno Calles
Escuela Nacional de Estudios Superiores Morelia,
Universidad Nacional Autónoma de México.
Tiene una licenciatura en ingeniería agrícola y su doctorado es en ciencias biológicas, estudios que realizó en la unam. Actualmente es profesora de tiempo completo a la Escuela Nacional de Estudios Superiores-Morelia de la unam. Sus intereses de investigación incluyen el estudio de los sistemas agrícolas y agroforestales de largo tiempo con énfasis en el manejo de diversidad biológica y biocultural, sistemas alimentarios locales, conocimiento y manejo tradicional, etnobotánica, etnoecología, manejo de sistemas socioecológicos, filosofía ambiental e investigación transdisciplinaria. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores.
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cómo citar este artículo →
Rivero Romero, Alexis Daniela y Ana Isabel Moreno Calles. 2016. Anuncios de la naturaleza. Predicción climática tradicional y agricultura . Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 60-66. [En línea].
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