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Discriminación,
conocimiento indígena
y programas de desarrollo
agrícola en México
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Elena Lazos Chavero
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“—¿Cuánto tiempo lleva esperando al ingeniero?— Ayer
vine, pero no me pudo atender. Ora, vine desde temprano, ya son las 2 [p. m.]. —¿Cuál es el asunto a tratar? —Estamos en el Plan Tabi, se descompuso la bomba, nadie puede meter el riego y con este calor, ya llevamos cinco días y sin meterle riego, como es pepino y tomate, es delicado, se pierde”. Este fragmento de una conversación con un productor de Oxkutzcab”, en el sur de Yucatán, acontecida hace casi ya veinte años, cuando se iniciaba la transferencia
a los usuarios de los sistemas en los distritos de riego, se sigue presentando hoy día en las relaciones entre los campesinos y los funcionarios públicos de las dependencias gubernamentales. La larga espera para que el jefe de distrito pudiera atender a uno de los productores mayas del sur de Yucatán revela las relaciones de poder establecidas bajo un sistema de discriminación. Los ingenieros y licenciados de las instituciones instrumentadas en nombre de la modernización, cultivan el poder al controlar, por un lado, la arena donde las decisiones productivas y sobre el manejo y conservación de los recursos naturales se toman a nivel local y, por otro lado, los programas que debieran estar al servicio de los pequeños y medianos productores, pero que caen en los esquemas bien conocidos de clientelismo y corrupción.
Estas actitudes, que reflejan las percepciones y sentires de la ideología dominante y remontan a la época colonial, aún constituyen un complejo tejido de relaciones entre las familias campesinas (sean mestizas o indígenas) y los funcionarios de las instituciones gubernamentales y permite reflexionar sobre los modelos de desarrollo impuestos en el medio rural. Los funcionarios públicos, particularmente de sagarpa, nunca han propuesto a nivel oficial un foro de aprendizaje mutuo, nunca se ha considerado importante entender y dialogar sobre los conocimientos y prácticas agrícolas y ecológicas de los propios productores. Las relaciones generadas han sido de tipo vertical y clientelar, por lo que siempre son los productores quienes deben aprender las tecnologías y los saberes científicos. Los talleres organizados por la secretaría son ejemplo de estos sentires: unos exponen y los otros aprenden, unos deciden y los otros acatan, unos dominan y los otros se subordinan. Detrás de todo esto se encuentra una concepción clara sobre los productores que viene de lejos, como se aprecia en una publicación escrita por Contreras en 1891: “[entre] las principales causas sobre el atraso de la agricultura [están]: la mediocridad de costumbres en la clase indígena, el limitado desarrollo e incipiente cultura de esta raza, respecto de la blanca criolla […] El trabajo del indígena no contribuye al desarrollo de la industria agrícola […] La falta de conocimientos científicos de los sistemas de cultivo agrícola […] no ensanchando la esfera de sus esfuerzos personales más allá de lo que exigen generalmente las exiguas necesidades de la familia, de un comercio a pequeña escala”. En dicha obra, Teneduría de libros en Partida Doble o sea curso completo de comercio, se establecen tres puntos importantes: a) la mediocridad de la clase indígena demostrada en los pocos esfuerzos, ya que sólo cultivan para el autoconsumo; b) la falta de desarrollo y de conocimientos científicos de la clase indígena con respecto a la blanca criolla; y c) la escasa contribución del trabajo indígena al desarrollo de la industria agrícola. Estas tres imágenes, en mayor o menor medida, siguen pululando hoy día entre los funcionarios de las secretarías de desarrollo social (sedesol), agricultura (sagarpa), recursos naturales (semarnat), de salud e inclusive de educación pública (sep). La desigualdad social y la extrema pobreza se explican entonces por la falta de motivación de las poblaciones rurales para trabajar y por las condiciones de vida impuestas al parecer por su propia cultura y tradición. Asimismo, para una gran mayoría, la falta de interés por conservar su entorno ecológico se debe a la falla educativa y a sus actitudes, es decir, a su ignorancia por no estar en contacto con los conocimientos científicos adecuados. Por eso, siempre se ha intentado hacerlos partícipes de las preocupaciones científicas. De los saberes medicinales tradicionales, por ejemplo, se dice que escapan “al ámbito de la ciencia moderna y de la ciencia superior”, por lo que se les considera en diversos matices de desigualdad en un esquema de racismo y machismo, como “una forma de inferioridad asumida como natural e insuperable”. El cúmulo de conocimientos agrícolas, medicinales, alimentarios y ecológicos de las poblaciones rurales se ve minimizado, ya sea por la medicina occidental en manos de la Secretaría de Salud o por los espejismos tecnológicos de la Revolución Verde, cuyos defensores dominan en sagarpa y en su nombre hablan de modernización y progreso. El término mismo es una construcción simbólica a nivel del lenguaje pero también práctico. Su impulsora, la Fundación Rockefeller, “se preocupaba” por transformar el agro mexicano: el objetivo era pasar de una agricultura atrasada a una agricultura innovadora tecnológicamente y encaminada hacia el desarrollo. Actualmente, la fundamentación para la introducción de maíces transgénicos en el país está ligada a estas ideas vertidas desde hace más de cincuenta años y las compañías transnacionales interesadas siguen abanderando el progreso tecnológico como solución a la pobreza alimentaria. No sólo varios científicos nacionales, principalmente biotecnólogos, abogan por estas ideas, igualmente lo hacen líderes del sector social y grandes y medianos productores, apoyándose en el progreso tecnológico, desdeñando sus propios cultivos como el maíz e incluso pasando por encima de la ley, como lo muestra la declaración de del ingeniero Daniel Barba realizada en 2008: “afortunadamente, algunos se pusieron listos y gracias a Pioneer, Asgrow, Dekalb hay nuevas esperanzas. Estas empresas les ofrecen paquetes completos con una intensa asesoría: desde el tipo de cultivos, los fertilizantes, los plaguicidas, los herbicidas, la maquinaria. Inclusive, nos dijeron que ya pronto sembraremos maíz trans génico, aunque mire, creo que algunos ya lo están haciendo”. Ya sea por una problemática productiva o por la interiorización de un racismo que menosprecia la cultura indígena y, con ella, los sistemas productivos que generó, hasta hace apenas dos años, por ejemplo, no existían suficientes investigaciones para establecer la distribución nacional de los maíces nativos; inclusive, los censos agropecuarios no detallan ni las superficies ni los montos de producción de dichos maíces. Todo esto demuestra que ni los maíces nativos, ni los cultivos asociados son considerados importantes para el desarrollo nacional, como se aprecia en la respuesta de un funcionario de sagarpa, en una entrevista efectuada en 2002 en Culiacán, Sinaloa: “¿tener estadísticas de las variedades criollas? No, no tenemos, bueno tenemos superficie de maíz rústico, ahí están esas variedades que ustedes dicen. Pero no, no hay un listado de variedades ni de sus superficies diferenciadas. Pero es muy poquito, son puñitos de maíces, ni para qué gastar tiempo”. Actualmente, la mayoría de las comunidades rurales se encuentra desprovista de una reapropiación de sus conocimientos y de sus prácticas agrícolas, ecológicas y medicinales. Existe una falta de valoración de las mismas debido a la primacía de la ideología del desarrollo y el progreso impuesta por medio de todos los funcionarios y operarios públicos que llegan a las comunidades rurales (enfermeras, doctores, ingenieros, maestros, licenciados) y no reconocen los espacios y los saberes médicos, agrícolas, ecológicos, alimentarios. Las instituciones gubernamentales han generado una gran dependencia en sus programas y, aunado a ellas, la gran mercadotecnia de productos industriales en los medios masivos de comunicación ha provocado la pérdida de la fortaleza que los sistemas de saberes, forjados durante generaciones, mantenían. El testimonio de una enfermera de San Miguel Huautla, Oaxaca, entrevistada en 2011 es claro: “—aquí [en Oportunidades] vienen a aprender, a escuchar las pláticas que les damos. Las mujeres jóvenes aprenden como hacer las papillas para el bebé; los adultos de la tercera edad aprenden como deben asearse y que deben comer. Si faltan tres veces, se reporta y luego se les puede quitar el estímulo. —¿Y qué pasa con los ancianos que viven lejos de la clínica? Hemos visto viejitas que vienen desde el cerro, mínimo son 5 o 6 kilómetros. —Pues se pueden venir despacio y llegan. Tienen que venir. —¿Y los enfermos también tienen que venir a las pláticas? —Pues pueden faltar tres veces al año”.
Un testimonio más: “—¿Cuánto tiempo lleva esperando en la fila para que le den su credencial? —Me vine desde las 5 de la mañana, ya llevo 6 horas y los de Oportunidades todavía ni llegan. Dejé a los chiquitos solos, sin desayunar. —Y sino viene por su credencial, ¿qué pasaría? —No me dan el apoyo y yo lo necesito. —¿Y por qué no les reclaman? Los operarios de Oportunidades llegaron a las 12:30 p. m. No ofrecieron disculpa ni explicación alguna por su retraso. Por el contrario, llegaron a almorzar y molestos de ver las largas filas de mujeres y de ancianas, comenzaron perezosamente a trabajar. Cuando nosotras les preguntamos sobre las causas de su retraso, se limitaron a decir: ‘mucho trabajo’”. ¿Cómo debemos decodificar estas actitudes? ¿Discriminación porque son mujeres y ancianas pobres que pueden esperarlos por más de ocho horas en filas al rayo del Sol? ¿Racismo porque son “indias mixtecas”, porque son analfabetas y por ende ignorantes para ellos? ¿Cuál es la línea que divide a los operarios y funcionarios de las poblaciones rurales Esta situación va más allá del no reconocimiento de los saberes y prácticas de la medicina tradicional o de la agricultura tradicional. El poder ejercido en todos estos ejemplos que se suceden día con día en las distintas dependencias gubernamentales se enmarca en un contexto de discriminación y racismo.
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Referencias bibliograficas
Contreras Aldama, Antonio. 1891. Teneduría de libros en partida doble o sea curso completo de comercio. Imprenta de Gobierno, México. Durand, Leticia y Luis Vázquez. 2011. “Discursos sobre la participación social en la Reserva de la Biósfera Sierra de Huautla, Morelos”, en Saberes colectivos y diálogo de saberes en México, Argueta, A., et al. unam y Universidad Iberoamericana, México, pp. 101-120. Hersch, Paul. 2011. “Diálogo de saberes: ¿para qué?, ¿para quién? Algunas experiencias desde el programa de investigación Actores Sociales de la Flora Medicinal en México, inah”, en Saberes colectivos y diálogo de saberes en México, en Argueta, A., et al., unam y Universidad Iberoamericana, México, pp. 173-200. Lazos, Elena y Michelle Chauvet. 2011. Análisis del contexto social y biocultural de las colectas de maíces nativos en México. CONABIO, México. __________, y Luisa Paré. 2000. Miradas indígenas sobre una naturaleza entristecida: percepciones del deterioro ambiental entre nahuas del sur de Veracruz. Ed. Plaza y Valdes e Instituto de Investigaciones Sociales, unam, México. Sousa Santos, Boaventura de. 2011. Una epistemología del sur. Siglo xxi/clacso, México.Bonneau, L., B. Andreotti, y E. Clément. 2008. “Evidence of Rayleigh-Hertz surface waves and shear stiffness anomaly in granular media”, en Physical Review Letters, vol. 101, núm. 11. Brownell, Philip H. 1984. “Prey detection by the sand scorpion”, en Scientific American, vol. 251, núm. 6, pp. 86–97. |
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Elena Lazos Chavero
Instituto de Investigaciones Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México. |
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como citar este artículo →
Lazos Chavero, Elena. (2014). Discriminación, conocimiento indígena y programas
de desarrollo agrícola en México. Ciencias 111-112, octubre 2013-marzo 2014, 128-131. [En línea] |
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La naturaleza
en contexto
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Leticia Durand y Fernanda Figueroa y Mauricio Guzmán (eds.)
Centro de Investigaciones Interdisciplinarias de Ciencias y Humanidades UNAM, México. 2012.
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Este libro presenta un panorama excepcionalmente rico
y fresco de la investigación contemporánea en ecología política desarrollada por investigadores mexicanos. Al alejarse de las dicotomías convencionales entre la cultura y la naturaleza, lo tradicional y lo moderno, lo local y lo global, ofrece perspectivas más complejas y diversas para analizar las relaciones entre el ser humano y la naturaleza, la sociedad y el medio ambiente, generando análisis muy estimulantes sobre las relaciones del poder, el conocimiento y la autoridad en la gestión y manejo ambiental. Al mismo tiempo, destaca la articulación intrínseca de las formas de usar y controlar los recursos naturales con las identidades culturales, posiciones sociales y mecanismos de poder. Varios artículos en este libro ilustran claramente cómo las formas de vivir, la identidad social y el poder económico y político afectan el uso y control de los recursos naturales, y cómo las formas de utilizarlos y manejarlos se construyen a partir de las percepciones culturales y los valores simbólicos asociados con el ambiente.
Todos los artículos que conforman este libro se vinculan de una manera muy rica con los principales temas y tendencias de la ecología política contemporánea. A su vez, muestran la pluralidad de perspectivas y argumentos que surgen cuando se analizan las relaciones entre la sociedad, el ambiente y la cultura en diferentes contextos. El capítulo introductorio, elaborado por Leticia Durand, Fernanda Figueroa y Mauricio Guzmán, ofrece una revisión compleja y bien contextualizada sobre la historia de la ecología política, los principios fundamentales de este marco teórico y la investigación llevada a cabo desde este marco disciplinario en diferentes partes de México. Presenta una amplia reseña de los vínculos entre los estudios socioambientales realizados por investigadores mexicanos y las posturas teóricas y metodológicas de la ecología política. El artículo de Leticia Merino brinda un análisis muy sofisticado sobre los mecanismos institucionales, las condiciones sociales y las redes políticas en el sector forestal en México, enfocándose especialmente en la forestería comunitaria. Demuestra, en forma muy convincente, que sin la comprensión de la diversidad de actores e instituciones involucrados en la gestión y gobernanza forestal, con metas e intereses diversos, y con posiciones disímiles en las complejas redes de poder, es imposible implementar políticas sustentables y socialmente transparentes para el manejo de recursos forestales. El texto tiene lazos teóricos muy relevantes con varios estudios en el campo de la ecología política que analizan los avances, las fallas y los retos de las políticas y las actividades forestales comunitarias en México y en otros países en América Latina. El estudio realizado por Fernanda Paz sobre conflictos socioambientales, cultura política y gobernanza ambiental analiza los procesos de cooperación y conflicto en una región minera en el estado de Hidalgo. Ofrece un análisis estimulante sobre las luchas materiales y simbólicas en el contexto de la minería desde la perspectiva de la ecología política y la cultura política. Demuestra la complejidad de las relaciones de poder que establecen los actores e instituciones públicas, las compañías privadas, los movimientos sociales y los pobladores, cuyas posiciones en torno a la gobernanza de la actividad minera son heterogéneas. El capítulo contribuye a la búsqueda de posturas teóricas renovadas para comprender mejor la complejidad de las redes de poder, tanto en la cultura política local, como en escalas sociales más amplias relativas al conflicto analizado. Por medio de un estudio entográfico intenso, brinda perspectivas nuevas sobre cómo las luchas en torno a las formas de vida, el uso de recursos, las redes de conocimiento y poder, y las percepciones ambientales locales interactúan de forma compleja con los patrones de poder regionales, nacionales y globales. El estudio se vincula con un campo de investigación muy relevante en la ecología política actual, el de la gobernanza ambiental y los procesos de negociación, resistencia y controversia relacionados con la transparencia industrial y la justicia ambiental entre diferentes actores a escalas múltiples y entretejidas. El artículo escrito por Mauricio Guzmán y David Madrigal ofrece un análisis muy interesante sobre los conflictos entre la naturaleza y la sociedad en un ámbito urbano; presenta un análisis diacrónico sobre el papel de diferentes actores involucrados en los conflictos ambientales y la transformación del movimiento ambientalista en el estado de San Luis Potosí. Este trabajo abre perspectivas novedosas sobre los retos teóricos y metodológicos de la ecología política urbana recientemente establecida en México. A través de un análisis detallado sobre las continuidades, rupturas y omisiones en la representación de los conflictos ambientales en los periódicos regionales, revela el papel clave de los medios de comunicación en la construcción y legitimación de ciertos discursos y políticas públicas ligados al manejo de vulnerabilidades socioambientales. Tiene vínculos importantes con la ecología política urbana contemporánea y con los estudios sobre la dinámica entre los discursos, la gobernabilidad y el poder en la institucionalización de las políticas públicas y los movimientos ambientalistas. El estudio de Elena Lazos brinda un análisis refinado sobre los retos de la conservación de la agrobiodiversidad y de la soberanía agroalimentaria en Sinaloa. Por medio de un análisis etnográfico muy sofisticado revela las luchas de las organizaciones campesinas, de científicos, asociaciones civiles y activistas sociales contra la expansión del cultivo de maíz transgénico en el norte de México. Demuestra la multitud de actores, con ámbitos de influencia en diferentes escalas, que intervienen en la soberanía agroalimentaria y brinda, al mismo tiempo, un análisis profundo sobre la influencia de los discursos, las políticas públicas y las estrategias de negociación, manipulación y control de las compañías transnacionales en el aumento de la producción del maíz transgénico en la zona, con efectos muy negativos para el cultivo de maíces criollos, para el acceso local a los recursos productivos y para la etnoecología local. Este estudio tiene vínculos importantes con la ecología política actual en los estudios sociales sobre la ciencia y la tecnología. Tiene lazos también con los estudios de ecología política sobre los impactos de las formas de gobernanza ambiental pública y privada en la legitimación de ciertas formas de producción y de ciertos valores culturales relacionados con las concepciones de la eficiencia y calidad de la producción en las cadenas trasnacionales de comercio y consumo. El artículo de Peter Gerritsen, Jaime Morales Hernández y María de Jesús Bernardo Hernández analiza los actos de resistencia e iniciativas de autonomía en Jalisco, al occidente de México. Ofrece un análisis amplio sobre los grupos y movimientos campesinos e indígenas que buscan visiones alternativas para un desarrollo económico diferente al modelo neoliberal predominante, tanto en México como en otros países de América Latina. Revela en forma interesante los avances y los retos de los grupos campesinos e indígenas que, aliados con profesionistas y consumidores, buscan fomentar estrategias alternativas para la agricultura y el comercio justo. El capítulo tiene puentes muy relevantes con los estudios sobre los movimientos ambientalistas y las luchas asociadas a la justicia ambiental y social en la ecología política contemporánea. El estudio de Alejandro von Bertrab analiza la problemática ambiental ligada a la introducción de especies exóticas y los proyectos de restauración ecológica en el lago de Xochimilco, en la ciudad de México. Destaca la importancia de analizar los procesos ecológicos como intrínsecamente entretejidos con la gobernanza política y la construcción social del medio ambiente. Demuestra de una manera muy interesante cómo varios elementos del diseño y la ejecución de los proyectos de la restauración ecológica, que en principio parecen neutrales y objetivos, de pronto se tornan ambiguos y altamente politizados. Revela también las relaciones de conocimiento y poder a través de las cuales ciertas perspectivas sobre la restauración ecológica se vuelven dominantes, mientras otras se desprecian o ignoran. El artículo tiene lazos relevantes con los estudios de ecología política que destacan la importancia de comprender las articulaciones complejas entre lo “natural” y lo “social” en la problemática ambiental. También se vincula con los estudios sociales sobre la ciencia y la tecnología y con los estudios que se enfocan en los procesos de mapeo y contramapeo de la conservación y el uso de los recursos naturales. El artículo de Eduardo GarcíaFrapolli analiza los procesos de inclusión y exclusión en el manejo participativo de un área protegida en Yucatán, mientras que el estudio elaborado por Leticia Durand, Fernanda Figueroa y Tim Trench examina los procesos participativos en la gestión ambiental de la reserva biosfera de Montes Azules en Chiapas. Ambos estudios ilustran con claridad cómo, desde la perspectiva de la participación social, el manejo de esta áreas ha demostrado ser una tarea mucho más compleja de lo esperado. Cuestionan los procesos participativos como formas automáticamente transparentes de gestión ambiental y de elaboración de los planes de manejo. Ambos textos demuestran notoriamente que un asunto crucial en el análisis del impacto de los procesos participativos es cómo se define quién pertenece a la comunidad y quién se excluye de los beneficios sociales y de la toma de decisiones políticas sobre la conservación de los recursos comunitarios. El artículo de María del Carmen Legorreta y Conrado Márques complementa estos estudios a través de un análisis interdisciplinario sofisticado acerca de las políticas ambientes, en el manejo de reservas de la biosfera en diferentes partes de México. Demuestra ampliamente cómo las instituciones que regulan el manejo de las áreas protegidas tienen un papel significativo en la formulación y legitimación de ciertas concepciones y redes en re lación con la democracia, la desigualdad económica, la política ambiental y la participación ciudadana. Estos tres artículos se centran en la gestión ambiental en áreas protegidas y nos enseñan que en las negociaciones y controversias sobre manejo y conservación participativa, las percepciones de diferentes actores difieren, tanto en el control sobre los recursos materiales como en la interpretación y valoración cultural de los recursos. Estos artículos se ubican de forma clara y relevante en el campo de la investigación en ecología política sobre las luchas materiales y simbólicas en las áreas protegidas y el manejo forestal comunitario; ofrecen una contribución importante a la ecología política de la conservación, y sobre los procesos participativos como formas de gobernabilidad y control. Todos los capítulos que conforman este libro se basan en un trabajo de campo intensivo realizado por los propios investigadores en diferentes partes de México. Los autores conocen bien el contexto sociocultural y económicopolítico de sus estudios de caso. El trabajo de campo empírico, característico de las metodologías utilizadas en la ecología política tiene mucho que ofrecer en los estudios socioambientales. Como los artículos de este libro lo ilustran claramente, los datos pueden relevar la gran complejidad de las cuestiones ambientales que muchas veces se pierde en los estudios macro. Los trabajos aquí presentados deconstruyen la comprensión universal del medio ambiente, a través de análisis detallados sobre los significados culturales y las complejas representaciones simbólicas que los pobladores de diferentes lugares dan al ambiente como su espacio vital. Al mismo tiempo, destacan que las percepciones culturales están íntimamente vinculadas con las estructuras institucionales y con redes de poder más amplias. Señalan que no existen comunidades o casos aislados, sino que las luchas socioambientales en cada contexto se manifiestan como interacciones entre los procesos locales y las fuerzas globales. Este aspecto es analizado de diversas maneras en los trabajos que conforman este libro: algunos autores evalúan los impactos globales en las condiciones locales, mientras otros se abocan a analizar los procesos articulados a múltiples escalas. |
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Fragmentos del prólogo, escrito por Anja Nygren
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como citar este artículo →
Durand, Leticia y Fernanda Figueroa y Mauricio Guzmán (eds.). (2014). La naturaleza en contexto. Ciencias 111-112, octubre 2013-marzo 2014, 156-157. [En línea]
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Xopamiyolcamolli:
gastronomía de bichos
con muchas patas
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Germán López Riquelme
(edición del autor).
México, 2013.
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Este manuscrito versa sobre los insectos como alimento.
Sin embargo, no pretendo que todos los lectores se conviertan a la entomofagia (término que significa alimentarse de insectos), aunque estaría complacido si aquellos lectores que tienen aversión a los insectos, cambiaran de opinión después de leer este trabajo. No pretendo que los lectores decidan de pronto ir por el mundo comiendo cuanto bicho rastrero cruce por su camino. Tampoco quiero dar la impresión de que soy un entomófago excepcional. He probado muchos insectos, de entre los cuales hay algunos que no han complacido mi gusto y probablemente no los vuelva a comer, pero muchos otros han cautivado mi paladar. Otros tantos no los he comido aún, y quizá haya muchos otros que no tenga la oportunidad de probar. Esta aclaración es importante, ya que debemos saber que, en la práctica culinaria, los insectos, como todos los ingredientes que usamos, cumplen una función en un platillo, ya sea añadir sabores o texturas o colores o todo junto, de manera que la experiencia del comer pueda, además de nutrir nuestro cuerpo, satisfacer nuestros sentidos y nuestro espíritu. Combinamos ingredientes para preparar un platillo, colocamos hierbas, aceites, polvos. Tostamos semillas, salteamos o hervimos vegetales para cambiar o conferir sabores particulares. A veces agregamos ingredientes que difícilmente comeríamos solos, como aquellos con sabores astringentes como el clavo, o ácidos como el vinagre. En otras ocasiones, ciertos ingredientes son la base para preparar un platillo. Sin embargo, generalmente, la práctica culinaria crea sabores, colores y olores a partir de la mezcla de diversos ingredientes y procedimientos. Así es todo arte, así la música crea sinfonías a partir de la integración de diversos sonidos; así la pintura crea lagos, montañas, bosques, cuerpos, etcétera, a partir de líneas y manchas de pintura de diferentes colores colocadas con maestría aquí y allá.
Así pues, si el objetivo de este trabajo es tratar de cambiar la perspectiva de los lectores y que consideren a los insectos como una fuente de alimento, esto no significa que deban convertirse en insectívoros ni que necesariamente disfruten toda la comida preparada con insectos o todos los insectos comestibles. Mi interés es más modesto: que el lector pueda considerar a los insectos como ingredientes en nuestra cocina, tanto por su sabor como por su valor nutricional. Cierto es que al paladar se le educa para disfrutar determinados sabores, principalmente aquellos que no conocemos, o aquellos a los que naturalmente respondemos con rechazo, pero también es cierto que habrá sabores o ingredientes que no logremos disfrutar o que incluso causen aversión. De esta manera, el hecho de ampliar nuestro menú no significa que debamos de disfrutar toda experiencia gastronómica. Es posible que algún lector se declare completamente carnívoro, fanático de los cortes finos, pero que no disfrute algunos tipos de carne; también es posible que alguien decidido a ser vegetariano estricto deteste ciertos vegetales o semillas, o alguna forma en la que se preparan dichos ingredientes. Asimismo, tampoco pretendo dar la impresión de que los insectos son mucho mejor alimento que cualquiera otro. Mi intención primordial es que los lectores consideren a los insectos, primero como parte indispensable de nuestro mundo, y segundo, como una opción culinaria, fuente importante de nutrientes (principalmente en los lugares donde hacen falta) y de experiencias gustativas, y que se atrevan a probarlos y degustarlos. Quizá descubran una delicia donde antes sólo miraban algo repugnante.
Es mi interés recalcar el hecho de que nos conducimos por el mundo bajo las directrices de muchos prejuicios generados por ignorancia, que nos limitan en vez de liberarnos, por lo que en ocasiones nos hacen daño a nosotros mismos y también a nuestro hermoso planeta. El rechazo a los insectos como alimento es tan sólo una forma de la actitud generalizada de rechazo a la naturaleza, una forma en que nuestra perspectiva fragmentaria del mundo nos hace estar en conflicto con ella. Espero lograr, al menos, que aquellos lectores que sienten una profunda aversión a todo tipo de bicho rastrero reconsideren su postura y contemplen la posibilidad de que pueden estar equivocados.
A pesar de que somos un país altamente entomófago, las personas de las ciudades ignoramos la amplia diversidad de insectos comestibles y que son empleados por muchas comunidades y grupos étnicos como ingredientes de exquisitos platillos. Aquellos que saben que existen insectos comestibles en México, podrían considerar el consumo de insectos como una curiosidad de algunos pueblos, pero, por el contrario, la entomofagia es mucho más importante de lo que se supone e incluso podría llegar a ser más importante de lo que se imagina.
Muchos investigadores en el mundo se han dedicado a la ardua tarea de buscar, clasificar, analizar los contenidos nutricionales de las especies comestibles, así como entrevistar a las personas de las localidades y a compilar las diversas maneras en que son cocinados estos insectos. Es una labor compleja en la que interaccionan diversas áreas del conocimiento como la entomología, la antropología, la arqueología, la etnobiología, etcétera. Este libro ha surgido de la necesidad de responder mis propias preguntas sobre los insectos comestibles, las cuales creo que muchas personas también podrían tener[…]
Este libro es el resultado final, pero no pretende ser un compendio sobre los insectos comestibles de México, mucho menos del mundo, sino llenar un vacío de información sobre el tema y aproximar al lector a una realidad que se encuentra ante nosotros y que, tan obvia como los mismos insectos, puede ser ignorada. Este trabajo se ha nutrido y ha sido desarrollado a partir de numerosas fuentes, de las cuales las más importantes son especificadas en la bibliografía, por lo que no pretende competir con ninguna de ellas, pues han sido elaboradas por verdaderas autoridades en el tema. Considéreme el lector como un turista de la entomofagia contándole sobre mi entusiasmo por haber explorado dicho campo de estudio y menú.
En México, la investigación sobre insectos comestibles fue iniciada por la Dra. Julieta Ramos Elorduy aproximadamente en 1970 a contracorriente y con arduos esfuerzos, tal y como ocurre con toda labor pionera. Si ahora contamos con un catálogo sobre las especies de insectos comestibles de México, su distribución y su valor nutricional, ha sido gracias a su ardua e interesante labor. La mayor parte de la información vertida en este trabajo sobre los insectos comestibles de México (contenidos nutricionales, y muchas recetas), ha sido desarrollada por ella y sus colaboradores[…]
El título de este escrito, “Xopamiyolcamolli”, es un neologismo náhuatl que he acuñado y significa: “guisado de animales con muchas patas”, y está compuesto por las siguientes palabras de acuerdo a las reglas del náhuatl: xopalixtli: patas; miec: muchas; yolcatl: bicho, animalillo; molli: guisado o platillo. La palabra molli, traducida generalmente como guisado, la he empleado tomando en cuenta su significado más amplio, es decir, más como un preparado o platillo que como un guisado como lo conocemos actualmente. Es más, he estirado su significado para alcanzar el concepto de gastronomía: el arte de preparar manjares exquisitos. De esta manera, esta palabra nueva no la he creado pensando en algún insecto comestible particular, ni en los platillos preparados con ellos, sino para referirme en general a la tradición de las culturas mexicanas, pasadas y presentes, de conocer y aprovechar estos recursos y generar con ellos toda una gastronomía repleta de exquisiteces y delicadezas que no sólo nutren al organismo, sino que también llenan de ricas experiencias al paladar y al espíritu.
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Fragmentos del prefacio
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López Riquelme, Germán. (2014). Xopamiyolcamolli: gastronomía de bichos
con muchas patas. Ciencias 111-112, octubre 2013-marzo 2014, 154-155. [En línea] |
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La economía
es una ciencia
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Juan Gelman
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En el decenio que siguió a la crisis
se notó la declinación del coeficiente de ternura
en todos los países considerados
o sea tu país mí país los países que crecían entre tu alma y mi alma de repente duraban un instante y antes de irse o desaparecer dejaban caer sábanas llenas de nuestros sexos que salían volando alrededor como perdices quiere decir que cada vez que hicimos el amor dejábamos nuestros sexos allí? y ellos seguían vivitos y coleando como perdices suavísimas? qué raro mirá que lavábamos las sábanas con subordinación y valor para que los jugos de la noche pasada no inauguraran el pasado y ningún pasado pusiera una oficina entre nosotros para ordenarnos el hoy porque el alma amorosa es desordenada y perfecta tiene mucha limpieza y lindura se necesita todo un Dios para encerrarla como le pasó a don francisco que así pudo cruzar la agua fría de la muerte es bien raro eso de nuestros sexos volando pero recuerdo ahora que cada vez que yo entraba en tu sexo y me bañaban tus espumas purísimas con impaciencia y dulzura y valor me parecía oir un pajarerío en el bosque de vos como amor encendiendo otro amor o más, es cierto que cada vez nuestros sexos resucitaban y se ponían a dar vueltas entre ellos como maripositas encandiladas por el fuego y se querían morir de nuevo buscando incesantemente la libertad y había un país entre la vida y la muerte donde todo era consolación y hermosura y no poseíamos nuestro corazón y nuestros sexos se perdían como almas en la noche y nunca más los volvíamos a ver para entender estudio los índices de la tasa de inversión bruta los índices de la productividad marginal de las inversiones los índices de crecimiento del producto amoroso otros índices que es aburrido hablar aquí y no entiendo nada la economía es bien curiosa al pequeño ahorrista del alma lo engañan en wall street los sueldos de la ternura son bajos subsiste la injusticia en el mercado mundial del amor el aprendiz está rodeado de nubes que parecen elefantes eso no le da dicha ni desdicha en medio de las razones las redenciones las resurrecciones se lleva el alma a la nariz para sentir tus perjúmenes estoy viendo volar los pajaritos que te salían del sexo mejor dicho de más allá todavía de todo lo que valías o brillabas o eras y dabas como jugos de la noche. |
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Juan Gelman
Poeta argentino (1930 - 2014). |
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como citar este artículo →
Gelman, Juan. (2014). La economía es una ciencia. Ciencias 111-112, octubre 2013-marzo 2014, 142-143. [En línea]
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Del museo como
inevitable destino
de los pueblos indios
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César Carrillo Trueba
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A cincuenta años de su creación, el Museo Nacional de
Antropología a sigue siendo muestra absoluta de la imagen que de los pueblos indígenas el Estado mexicano ha elaborado: en la planta baja, con un montaje impactante, el antiguo esplendor, grandes civilizaciones de cuyos logros podemos enorgullecernos; en la alta, en un mezzanine de poca altura, confinados en un reducido espacio, anteriormente maniquíes sin rostro y como detenidos en el tiempo, los actuales pueblos que habitan la misma región que los primeros. Entre ambos niveles no existe relación alguna, menos continuidad, tan sólo algunos rasgos que parecen más bien contingentes, como el hecho de ocupar el mismo territorio —algo que ya señalara Guillermo Bonfil—, quizá el nombre que se les ha dado a ambos, eventualmente una lengua afín, tan sólo ecos, simples reverberaciones en el tiempo, verdaderos objetos de museo.
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César Carrillo Trueba
Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México. |
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Carrillo Trueba, César. Del museo como invevitable destino de los pueblos indios. Ciencias 111-112, octubre 2013-marzo 2014, 120-121. [En línea]
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| de las artes |
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Una mirada
al arte indígena contemporáneo
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Esther Hernández Torres
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La Primera Bienal Continental de Artes Indígenas
Contemporáneas fue una iniciativa de la Dirección General de Culturas Populares del conaculta que en 2011 lanzó una convocatoria pública con el objetivo de reconocer, fomentar y difundir las artes contemporáneas de los pueblos indígenas del continente americano. Las obras seleccionadas, entre un total de 149 postulaciones provenientes de 13 países y 16 estados de
la República Mexicana, fueron expuestas en el Museo Nacional de Culturas Populares a partir del 10 de agosto de 2012. La diversidad de lecturas del jurado se expresó en las obras de los artistas expuestos. Creaciones netamente tradicionales que al mantener su vigencia a través de los años, marcan una tendencia innovadora que incorpora elementos actuales al renovar lo hecho durante generaciones; obras realizadas sobre soportes netamente contemporáneos que expresaron el ser indígena en la cultura de sus creadores.
El jurado estuvo conformado por la experta en arte contemporáneo Dore Ashton; Ticio Escobar, especialista en arte y cultura popular e indígena latinoamericana; la artista yup’ik de Alaska, Susie Silook, experta en arte indígena contemporáneo de Norteamérica; Cándida Fernández, especialista en arte popular mexicano y latinoamericano, y el artista y curador, Juan Rafael Coronel Rivera. Cada obra de la exposición materializaba significados ancestrales revestidos de contemporaneidad, tradición e innovación en un diálogo incesante. Artistas zapotecos, wixárikas, triquis, kumiais, purépechas, nahuas, amuzgos, otomíes, mixes, mixtecos, mayas yucatecos, tsotsiles y tzeltales. Así como del resto del continente, las creaciones de yanomamis, wayúus, awajún/aguarunas, apaches, navajos, mayas tz`utujil, kaingángs, chitimachas, inupiaqs, gunas, pataxós, kichwas, tiguas, uitoto-aymenus, quichuas, cochas y aleuts. La Bienal abrió una brecha en la percepción que se tiene sobre las creaciones artísticas de los pueblos originarios, no sólo en la esfera social sino en el ámbito cultural de los distintos países de América. La creación indígena está viva y constantemente innovando. Sin renunciar a su identidad, los artistas reelaboran diseños, mitos y símbolos, generando un estilo inspirado en sus tradiciones, pero en referencia al contexto actual. La exposición fue acompañada de mesas de diálogo en las que artistas y especialistas charlaron sobre sus perspectivas en torno a la creación indígena del presente. La fascinación que causa la estética indígena nos remite a un pasado que reconocemos como origen, a la par es un espejo de la problemática cotidiana que vivimos actualmente. Frente a un mundo que discrimina y margina, la calidez e imaginación incesantes de las poblaciones indígenas, mostradas cruentamente en algunas obras, nos provee de experiencias estéticas que replantean nuestro ser en el mundo y la forma en la que nos relacionamos con los otros. El contenido comunitario de las artes indígenas es uno de sus elementos constitutivos, sus creaciones están claramente conectadas con la tradición y con un imperativo cultural que logra que el artista exprese no sólo una voz personal, sino un estallido de identidades colectivas que forjan un arte que vuelve a sus orígenes para reencontrarse con identidades perdidas y que simultáneamente genera nuevos contenidos de su herencia cultural. Desde mediados del siglo pasado se desató en el continente, con los matices y fuerzas particulares de cada país, una tendencia a volver la mirada hacia los pueblos originarios como búsqueda de alternativas frente a la homogenización cultural del capitalismo tardío. Las culturas originarias, las tradiciones indígenas de los pueblos dejaron de ser signos del atraso en América, renunciaron a ser considerados una traba para el desarrollo y comenzaron a pensarse como el referente para la vigorización geopolítica y cultural de los países. Mientras los pueblos viven y aceptan los estilos artísticos dominantes en sus contextos específicos, continúan manteniendo su cultura, sus costumbres, sus ritos, sus manifestaciones artísticas propias, generando una influencia mutua con la cotidianeidad y las producciones artísticas actuales. Las concepciones sobre el arte indígena están fuertemente relacionadas con lo prehispánico, como si su producción se hubiera detenido en el tiempo, limitando sus potencialidades creativas hoy día. Al circunscribir lo indígena, su cultura y producción artística a ese momento histórico, se perpetúa un imaginario sobre el arte de los pueblos que limita sus creaciones actuales como una reproducción de sus artes tradicionales. Cuando hablamos de arte indígena contemporáneo en el continente americano, el único criterio parece ser cronológico: todo lo que hoy hacen los indígenas en cualquier lugar de América. Las formas del arte indígena se han transformado a lo largo de más de cinco siglos de historia; si bien es cierto que su creación artística actual está fuertemente arraigada en la tradición de sus pueblos, es evidente una transmutación. Los diseños antiguos no son reproducidos simplemente, sino que son reelaborados generando un estilo actual inspirado en sus tradiciones, provocando una diferenciación frente a la existencia del arte contemporáneo. La cotidianeidad ha influido en su creatividad y en su particular sentido estético. Las artes que producen son, a la vez, un medio de comunicación y reconciliación con la sociedad que los ha delegado y una forma de supervivencia. Citando al Maestro Juan Gregorio Regino, esta bienal constituye un llamado a la necesidad de redimensionar el aporte indígena en el arte y la cultura global, como un movimiento artístico incluyente y contemporáneo que intenta romper las ideas predominantes, encontrar nuevos significados a la vida, trascender las fronteras, desatar la imaginación y liberar esos mundos intangibles, volátiles e inaprensibles que han permanecido en resistencia. |
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Esther Hernández Torres
Dirección General de Culturas Populares, CONACULTA.Coordinadora de Arte Popular, |
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como citar este artículo →
Hernández Torres, Esther (2014).Una mirada al arte indígena contemporáneo. Ciencias 111-112, octubre 2013-marzo 2014,106-107. [En línea]
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| del juego |
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El jueguete
popular mexicano
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Víctor Manuel Gutiérrez López
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Hablar de juguetes significa hablar de niños y el significado
de serlo, la naturaleza del niño es en sí misma una forma de cultura. Desde que hay niños ha habido juguetes de toda clase y tamaño, y cada uno de ellos ha ocupado un papel importante en el desarrollo cultural de nuestros pueblos, no sólo por divertir, sino porque son elementos fundamentales en la formación cognitiva: los juegos son el primer medio por el que se adquiere conocimiento y habilidades sociales. Como dice Maya Pineda García: “el juego enseña al niño a ganar y a perder, a integrarse a un grupo, a seguir reglas y a desarrollar una serie de prácticas sociales y de responsabilidad que se integraran a todo su proceso de vida”.
México tiene una amplia gama de juguetes populares que constituyen una expresión artística cabal, pues más que un simple elemento que conforma el extenso catálogo de artesanías, se trata de un arte popular que lucha por seguir subsistiendo. Es difícil ubicar el origen de cada juguete, ya que éstos adquirieron su estatus de producto cuando el comercio y la consolidación de los grupos en el poder se asentaron, estableciendo la diferencia entre artesanos e industriales que llevó a la privatización de los productos de los primeros. El arte popular posee prestigio por su forma y colorido, cualidades que lo han preservado en el transcurso del tiempo; su importancia se debe a su significado, reflejo de la vida cotidiana de un pueblo que llega
a trascender las fronteras de la comunidad hasta alcanzar la universalidad. El interés que en la población urbana ha suscitado como curiosidad y no para fines de uso es lo que los ha preservado, pero también hay un factor que podemos considerar, que es nuestro niño interior.
Breve reseña histórica
Entre los pocos juguetes prehispánicos hallados en las zonas arqueológicas hay figurillas de animales, algunas sobre ruedas, trastecillos y especies de balero —lo que consideramos como muñecos eran objeto de culto, no de juego, aunque Eduardo Matos Moctezuma dice que cualquier objeto al alcance de la mano es motivo de juego. Pero uno de ellos que sin duda debió ser de los preferidos fue el balón de caucho y hule que, al igual que hoy día, se le jugaba en los pueblos, aunque el juego de pelota era primordialmente ritual. Debió haber por lo menos figurillas hechas con hojas de palma y maíz, incluso se sabe que hubo muñecas hechas de trapo y se tiene evidencia de figuras de perros con ruedas equivalentes a los actuales caballitos con ruedas.
Se sabe que hubo juegos como el totolli o totoloqui, similar al boliche. De acuerdo con Bernal Díaz del Castillo, durante su cautiverio Moctezuma se echó algunas partidas con Cortés y Alvarado, acusando a este último de hacer trampa. Otros fueron el zonecalli, una recreación de duelos con ramas; el tololoque, algo similar a la rayuela; el cocoyocpatolli u “hoyito”, el matlatema o matatena, el macalotontzin, donde debían girar hasta desprenderse, la “víbora de la mar”, el cuahuilacatonzin o el “madero en los pies”, entre otros. El mural de Tepantitla nos muestra un gran número de personajes involucrados en diversos tipos de juegos.
Varios juguetes usados en Mesoamérica lo eran también en otras culturas, lo que denomino como “convergencia cultural”. Del trompo y el yoyo, preferidos hasta fines de la Revolución, el primero se jugaba antes de la llegada de los españoles, entre pueblos de Norteamérica, como los hopi,
y hay muestras en México y Argentina; mientras los yoyos son una de las formas de entretenimiento más arcaicas.
Tras la conquista, en la Nueva España los niños criollos y peninsulares solían jugar con muñecas, carruajes miniatura y otros más elaborados, difundidos por los evangelizadores entre los niños indígenas que, al igual que los prehispánicos, sentían afición por el balompié. De éste había un equivalente en el medievo que se denomina “futbol de carnaval”, en el cual se valía el uso de manos y caderas. En las festividades aparecían matracas y tambores y, desde luego, los títeres tradicionales —de procedencia religiosa como una forma entretenida de aprender las nuevas costumbres. También había juguetes extranjeros, algunos europeos o similares, como las muñecas chinas.
La competencia mercantil es más antigua de lo que se especula. Entre los juguetes importados había muñecas de porcelana a las que se les atribuía facultades mágicas —Alemania era un centro importante de su fabricación en el siglo xviii. Pero un objeto muy especial fue la piñata, llevada por Marco Polo a Europa desde China y que ahora forma parte de nuestra cultura. Las miniaturas pasaron a representar parte de la vida cotidiana, había soldaditos de plomo y buques que los niños usaban para escenificar conflictos armados.
Entre los juegos que vieron la luz en dicho periodo están las canicas, el balero, el yoyo, el trompo, los huesecillos de chabacano pintados con los que se juega la matatena, reguiletes que giran con el viento, pajarillos de péndulo, maromeros y muñecas de trapo destinadas a las clases bajas. La mayoría de los juegos de mesa, populares en Egipto, la Antigüedad clásica, China, India y posiblemente Mesopotamia, fueron traídos por los colonizadores, y entre ellos se destaca la lotería. Los juegos de azar también empezaron a proliferar, los indígenas tenían el patolli, con caracteres propios de este tipo de juegos, pero los que atrajeron a los apostadores fueron naipes y ruletas. En
los de mayor edad, el juego pasó a ser una obsesión como el pulque.
El siglo xix marcó una mentalidad centrada en los valores sociales como parte de un plan de identidad, pero también se agregaron los comerciales con el avance de la
ciencia. La Revolución Industrial representó el inicio de las compañías de juguetes, que hicieron reproducciones de vehículos como los trenes, objetos de diferentes materiales como metal y plástico que, desde el principio, fueron más frágiles que los tradicionales. En Inglaterra también se reglamentaron deportes como el futbol y el tenis. Los juguetes extranjeros saturaron los mercados, ahora con autómatas que se movían por sí mismos. Fue un cambio en la forma de pensar del ser humano que influyó en la parte más elemental de la sociedad: los niños de las ciudades; ya que las zonas rurales estaban bien delimitadas y no había tal invasión.
Walter Benjamin dice que: “en el siglo xix comienza la definitiva decadencia de esas cosas, observamos como los juguetes se agrandan y pierden sencillez y belleza”, postulado que refleja el final de la imaginación ante los proyectos de los comerciantes. Dicho siglo representó la entrada de las artes al mundo mercantil, con la reproducción de artefactos, facilitando la manufactura, pero restando el toque artístico que le daba simbolismo a las cosas.
Finalmente, el siglo xx marcó el uso de la tecnología y los materiales sintéticos en el uso de la vida cotidiana. En 1903 se celebró la primera feria interamericana del juguete, donde se mostraron los prototipos de lo que serían los juguetes modernos, como las muñecas tipo Barbie. Desde los años cincuentas se construyeron juguetes de baterías alcalinas y en los setentas se empezaron a desarrollar los primeros electrónicos, los ya célebres videojuegos, junto con las primeras computadoras domésticas.Un país lleno de juguetesSiguiendo los cánones originales, algunos juegos se realizan por temporadas como la quema de los llamados “judas” durante los días santos —costumbre llevada a cabo en la Colonia como parte del programa evangelizador—, las piñatas en navidad o los esqueletos de cartón durante los Días de muertos. En zonas donde estas festividades conservan vigor, aún son motivo de diversión y en ellas se lleva a cabo la venta de juguetes comerciales y tradicionales tematizados de acuerdo con la festividad. Existen locales y pueblos donde se especializan en ciertos materiales y técnicas: juguetería de barro de Teloapan, de palma en Santa María Chagmecatitlan miniaturas de Amozoc, de barro alumbrado en Tlaquepaque, instrumentos en Ixmiquilpan, alcancías zoomorfas en Aca-tlán y juguetes de madera en comunidades de todo el país.
Los estados tienen sus propias escuelas de diseño de manufactura y cada una se especializa en su fabricación con técnica depurada que refleja la tradición y las condiciones de vida de cada pueblo, incluido su entorno y los materiales disponibles; entre ellos se destacan: Puebla, Michoacán, Estado de México, Oaxaca, Guerrero, Guanajuato e incluso el Distrito Federal. En las ferias vemos muestras de la labor de dichos juguetes con figuras de acción hechas con técnicas artesanales pero también con modernas, manteniendo la idea del juego tradicional.
Tal es el caso de los luchadores de plástico, que han estado en el mercado desde los cuarentas, cuando se empezó a popularizar la lucha libre y se exhibieron las primeras películas de caballeros, vaqueros y astronautas. Éstos suelen fabricarse en talleres particulares con la participación de varias personas y, por los procesos empleados, —el plástico fundido—, se requiere destreza para manejar instrumentos pesados de tipo semindustrial. También fabrican camiones y otras figuras, emulando superhéroes, algunos de imitación, pero
sencillos y accesibles a niños con pocos recursos monetarios, que pueden adquirirlos en tianguis, misceláneas y puestos de revistas. Su creatividad
y persistencia hacen que esta labor sea meritoria de reconocimiento.
En los juguetes mexicanos encontramos detalles de gran imaginación y gusto, una tradición popular llena de formas y colores, con materiales sencillos —madera, hojalata, cartón, vidrio y arcilla—, e instalaciones relativamente simples. La manufactura es en sí misma un tipo de juego, donde los hijos al presenciar los procesos de elaboración, buscan imitarlos, lo cual es una manera práctica de preservar dicha tradición.
El valor del juguete tradicional es inmenso considera Maya Pineda García, autora del proyecto Defensa de un Patrimonio Cultural de Colima y de todo México, que este tipo de juguetes propicia de manera intensa el uso de la imaginación pues son manifestaciones artísticas y no copias repetitivas diseñadas para una sola función específica. Aun cuando en la industria hay juguetes que estimulan al niño, desde los años cincuentas las industrias buscan crear una versión en miniatura de las actividades y oficio existentes, redirigiendo la imaginación hacia un cierto camino. La imaginación siempre ha sido la manera de plantearse el funcionamiento del mundo y su aprovechamiento en un futuro cercano.
Los juguetes populares son testimonio de un tipo de mentalidad inmerso en una cultura que posee un largo periodo de vida, en donde lo simbólico ocupa un lugar preponderante, ya que permite a los niños llevar a cabo sus aventuras sin necesidad de cables y luces, dando rienda suelta a su inagotable imaginación. Carlos Espejel lo expresa con claridad: “los juguetes populares han perdido terreno en el aprecio de los niños; hace unas cuatro o cinco décadas, los juguetes populares constituían verdaderos instrumentos de juego, diversión y entretenimiento; por sus propias limitaciones técnicas, el juguete permitía a la imaginación infantil complementar y dar sentido a su existencia”. Es esto último lo que está en riesgo ante la amenaza de la propagación del juguete industrial y la imposición de fuertes intereses económicos. Es la razón por la cual es fundamental trabajar en pro de la preservación de esta invaluable tradición.
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Referencias bibliograficas
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Víctor Manuel Gutiérrez López
Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.
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Gutiérrez López, . (2014). El juguete popular mexicano. Ciencias 111-112, octubre 2013-marzo 2014, 80-83. [En línea]
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| del patrimonio |
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El pulque:
bebida e identidad
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René Rodríguez, Sergio E. Macías, David Silva y Luis Alberto Vargas
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El cuerpo de los humanos, al igual que el de todos los organismos vivos, tiene una serie de necesidades fisiológicas que deben ser satisfechas para asegurar su supervivencia. Pero a diferencia de otros animales, éstos lo logran en el marco de su cultura y su vida social. Una de tales necesidades consiste en reemplazar el agua que pierde su cuerpo de manera constante por la orina, la materia fecal, la sudoración, el jadeo y la transpiración. Ésta es obtenida bebiéndola directamente, consumiéndola como parte de los alimentos y en forma de agua metabólica.
Durante la primera y mayor parte de la historia de la humanidad, el líquido más accesible era el agua dulce obtenida de manantiales, arroyos, ríos y otras fuentes. Nuestros ancestros supieron que el agua salada de los mares era inadecuada para beber, ya que llegaba a producirles desde malestar hasta la muerte. El agua es el constituyente más abundante de nuestro cuerpo y normalmente se pierden entre 1.5 y 2 litros al día, pero esta misma cantidad puede llegar a perderse en una hora, cuando se suda de manera copiosa. El organismo humano posee sistemas fisiológicos que regulan de forma muy precisa las cantidades de agua presentes en él y así producen la sensación de sed. El cuerpo de un hombre adulto normal contiene aproximadamente cuarenta litros de agua. Pero además, vivímos en un planeta donde el agua es una sustancia abundante y con propiedades tales que influyen sobre las características mismas de lo vivo. En consecuencia, todos los seres vivos contienen cantidades variables de ella. Los humanos han descubierto que en la naturaleza hay líquidos que contienen agua y que pueden ayudarles a calmar su sed, ejemplo común son los frutos. Por otra parte, la propiedad que tiene el agua de ser un solvente de gran cantidad de sustancias ha llevado a que sea transformada en bebidas y adquiera contenido, sabor y otras propiedades diferentes. Así ocurre cuando se prepara una infusión o se obtiene el jugo de algunos vegetales. Hallar líquidos potables es claramente una capacidad adaptativa humana con influencia favorable para la supervivencia. Los líquidos y las bebidas son nexo y vehículo de las relaciones y el estrecho contacto del ser humano con la naturaleza, por lo que, en su origen y proceso, podemos descubrir cómo es que la naturaleza se transforma en cultura, cómo es que algo natural y biológico (un líquido) se transforma en algo cultural e histórico (una bebida) y todo lo que ello implica, incluyendo su valor simbólico. La naturaleza mexicana es rica en paisajes y en cada porción del espacio existen productos naturales, por lo que los diversos seres humanos han utilizado los recursos naturales de manera diferente y han ido creando y recreando bebidas distintivas. El hecho de la aceptación humana diferenciada de los líquidos como bebidas hace que éstas se distribuyan en forma desigual; hay unas muy extendidas mientras otras se encuentran sumamente focalizadas, y a lo largo del tiempo han aparecido variantes espaciales de las bebidas y recetas regionales, familiares y personales. Maguey, aguamiel y pulque El caso que nos ocupa es la explotación de varias especies de agave para obtener la savia del tronco que se conoce como aguamiel y que al ser dejada fermentar se transforma en pulque, y hervido y concentrado en la miel de maguey, mientras el pulque más fermentado termina siendo un vinagre. Lo valioso es rescatar la manera cómo la observación de la naturaleza llevó a encontrar cómo obtener dos líquidos adecuados para satisfacer la sed. Su importancia fue tal que en algunos lugares de México, y hasta poco antes de la mitad del siglo xx, aguamiel y pulque eran la fuente básica de líquido dada la escasez de fuentes de agua.
El cultivo del maguey, por sus exigencias de espacio, ha estado ligado desde tiempos inmemoriales al altiplano central de México, en donde encuentra las condiciones propicias para su adecuado crecimiento y, a partir de ello, participa activamente en la vida social y la configuración de un paisaje cultural, generando un arraigo con la tierra, el lugar y el espacio en donde se vive, una identidad como sociedad. El aguamiel, aparte de ser una bebida de carácter dulce, agradable a los sentidos y refrescante, tiene ciertas propiedades nutritivas como vitaminas del complejo B, minerales y proteínas, mientras al pulque se le han asignado algunas cualidades medicinales como la de combatir desórdenes gastrointestinales, anorexia, astenia e infecciones renales. Pero la obtención de aguamiel y la elaboración de pulque no fue un proceso sencillo. Primero hubo que identificar que era posible de obtener el aguamiel de manera abundante. La leyenda lo atribuye a que se observaron roedores que hacían huecos en los troncos de los magueyes, de donde manaba un jugo dulce. Para ello se elaboró un complejo tecnológico y un procedimiento, utensilios y herramientas adecuadas (castración o capado, fase de añejamiento, picazón, raspado, extracción, fermentación, acocotes, raspadores, castañas, tinacales). Acompañado todo lo anterior de un complejo ideológico que ha venido cambiando con el tiempo, particularmente después de la conquista. Pulque y cultura
Hay una característica muy humana que se encuentra asociada al pulque: la producción de estados alterados de la consciencia mediante la ingestión de sustancias tanto en su estado natural como modificadas. El contenido de alcohol conocido como etanol que resulta de la fermentación del aguamiel es suficiente para inducir cambios en la percepción y la conducta. Esta propiedad seguramente fue descubierta en tiempos muy antiguos, dada la facilidad de encontrar fermentaciones en la naturaleza. Hoy se postula que uno de los primeros usos de los cereales durante su proceso de domesticación fue justamente la producción de cerveza.
Las bebidas alcohólicas acompañan a los seres humanos en su vida social. Tanto en momentos excepcionales como cotidianos encontramos la estimulante presencia de tales bebidas. Su efecto sobre el humor y la percepción las ha llevado a ser consideradas en algunas culturas como un producto divino, aunque también su uso ha sido regulado debido a las consecuencias extravagantes y oscuras de su exceso. Ocupan por tanto un lugar significativo en la personalidad e identidad de hombres, culturas y sociedades. La fermentación de una variedad de plantas nativas y sus efectos han tenido y tienen un papel fundamental en la religión indígena, en sus rituales, adivinaciones y curaciones. Para la realidad indígena, el mundo de las plantas es secreto y poderoso, las plantas son parte de la divinidad y por lo tanto pueden hablar a los hombres, enseñarles a ingerirlas, recolectarlas, prepararlas, cantarles, dominar su éxtasis, diagnosticar y curar. Las culturas humanas han interpretado la ebriedad de distinta manera, pero se acepta que en Mesoamérica se procuró al alcohol como enteógeno, es decir, como un medio para que los dioses y el mundo sobrenatural penetraran dentro de las personas. Nos encontramos en el plano de lo espiritual, ya que ellas también pertenecen al mundo de lo sagrado, principalmente la bebida embriagante. En dicho contexto la bebida es sagrada porque permite la expansión de los sentidos y el acceso a situaciones no cotidianas. Llama la atención que el pulque perviva a pesar de haberse enfrentado a la competencia —frecuentemente agresiva— de otras bebidas alcohólicas venidas de fuera. La primera fue la cerveza, desde los tiempos novohispanos, pero su consumo fue fomentado de manera intensa durante el siglo xx, llegando al grado que sus productores lograran que fuera reconocida como bebida de moderación para facilitar su venta. En cambio, el pulque fue relegado y estigmatizado, hasta el grado de que su venta solamente se permitió dentro de los expendios con limitaciones, entre ellas, la de prohibir la entrada a mujeres. El siglo xx marca la decadencia de la industria pulquera y el declive de su consumo. Si bien logró sortear los embates del movimiento revolucionario, no pudo sobrevivir al golpe asestado por la entrada masiva en el mercado de la cerveza gracias a la apertura comercial del régimen porfirista hacia el capital extranjero. La cerveza poco a poco fue ganando adeptos y relegando el pulque del gusto de las personas. En la actualidad, el pulque ha casi desaparecido del mercado urbano y su presencia es tenue en las periferias de la ciudad. Han aparecido cambios en la percepción de la bebida y esfuerzos por parte de diferentes organizaciones y gobiernos para dar un nuevo impulso a su preparación, distribución, venta y consumo. A pesar de esto, la visión dominante es la que subvalora al pulque con ayuda de la publicidad y la competencia de otras bebidas. El pulque se encuentra relegado como bebida exótica que los turistas beben con curiosidad, pero mayormente es consumido por personas pobres y marginadas. Los estudios y esfuerzos en torno al aguamiel y el pulque se han quedado sin un seguimiento cultural o social más actual, por lo que permanecen las formas básicas que se remontan a tiempos prehispánicos. El interés por conocer la manera como el pulque mantiene su vigencia en pleno siglo xxi nos ha llevado a explorar diversos espacios propicios en el sur de la cuenca de México, como Magdalena Contreras y Milpa Alta, que cuentan con una tradición muy antigua de cultivo de agaves y pulque; son espacios en donde vale la pena estudiar las relaciones entre cultura, identidad y naturaleza por medio del aguamiel y el pulque. Podemos concluir diciendo que, con base en todo lo anterior, es de gran importancia el conocimiento y rescate de las bebidas tradicionales; en este caso del pulque. |
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Referencias bibliograficas
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René Rodríguez
Escuela Nacional de Antropología e Historia.
Sergio E. Macías
Colegio de Geografía.
David Silva
Colegio de Geografía.
Luis Alberto Vargas
Instituto de Investigaciones Antropológicas,
Universidad Nacional Autónoma de México.
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como citar este artículo →
Rodríguez, René; Sergio E. Macías; David Silva y Luis Alberto Vargas. (2014). El pulque: bebida e identidad. Ciencias 111-112, octubre 2013-marzo 2014, 66-69. [En línea]
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| del ambiente |
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Biodiversidad y
conservación: paradigma político
y educativo o quimera
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Silvia López Adrián
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Cuando se menciona la biodiversidad hay que resaltar que
de 60% a 70% de la misma se encuentra en doce de catorce países, de los cuales la mitad está en América Latina, y México, tanto por sus recursos naturales como por su diversidad cultural, forma parte de la lista de países catalogados como megadiversos. Ligado al tema de la biodiversidad está el de su conservación; Galindo y Núñez han resaltado mucho el término “crisis biológica” al referirse a la pérdida de la biodiversidad como un fenómeno global, a que sus causas están asociadas a la extrema pobreza, la desigualdad social y la sobreexplotación de los recursos.
Por otro lado, mantener la biodiversidad implica conocer la composición de especies, su estructura, los ecosistemas, las comunidades y poblaciones, pero tanto en América Latina como en México no se conoce aún a profundidad, ni se tiene suficiente información para conservarla. Esto se debe, en parte, al reducido número de profesionales abocados a su estudio y a la falta de acciones regulatorias y normativas para la toma de decisiones en la aplicación de los conceptos de biodiversidad y conservación. Ante esta situación se hace necesario conocer más a fondo qué se tiene, cómo se puede mantener y evitar que las mismas actividades del hombre incidan en las áreas de conservación y deterioren la riqueza biológica. Para ello se requiere la participación de los diferentes actores, sociedad y autoridades, así como políticas públicas, sobre todo educativas. ¿Qué se ha hecho y qué falta?
En el contexto político, desde 1992 las estrategias en torno a la biodiversidad recaen en la Comisión Nacional para el Conocimiento y uso de la Biodiversidad (CONABIO), creada por decreto presidencial para promover y coordinar acciones orientadas al conocimiento y uso de esta riqueza de México; es un órgano que se aboca a traducir el conocimiento científico básico en información útil para la toma de decisiones en el manejo y conservación del patrimonio del país; la información que obtiene es organizada y analizada con el fin de hacerla accesible a todos los miembros de la sociedad, razón por la cual se ha convertido en un puente entre la academia y el sector gubernamental.
Una de las propuestas del Plan Nacional de desarrollo, en octubre de 2002, fue buscar el equilibrio entre crecimiento y reducción de la pobreza, para lo cual es necesaria la protección de los recursos naturales, particularmente del agua, principios rectores que se mantuvieron después de 2006 en el Plan Nacional de desarrollo 20072012, en donde se propone, como eje de política pública, el incremento en el número de Áreas Naturales Protegidas —aumentando de 127, en 2001, a 158, en 2006. La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) fortaleció el monitoreo biológico de algunas especies, lo que permitió dar seguimiento y evaluar periódicamente el estado de las poblaciones de diversas especies de flora y fauna silvestre en dichas áreas. Con tales acciones se consolidó, por primera vez, un proceso de monitoreo basado en un protocolo que ha servido a quienes manejan las áreas para tomar decisiones en la materia. Así, el programa Nacional de Áreas Naturales Protegidas 20072012 implementó una planeación estratégica basada en seis líneas: 1) protección; 2) restauración; 3) manejo; 4) conocimiento; 5) cultura; y 6) gestión, cuya instrumentación conlleva un proceso de seguimiento y evaluación constante. Por otro lado, a veinte años de la fundación de la CONABIO, ésta se ha convertido en un referente nacional en temas de diversidad biológica, alcanzando reconocimiento mundial. Las acciones impulsadas en concreto son: la creación de nuevas Áreas Naturales Protegidas y el desarrollo de estrategias subnacionales para la conservación de la diversidad en los estados que, al cierre de 2010, se integraron y se fortalecieron con 62 comités de vigilancia ambiental para la protección. Sin embargo, en la reunión de 2010 en Nagoya, Japón —última conferencia de partes de la Convención sobre Biodiversidad (COP10)—, se llegó a la conclusión de que tales políticas habían fracasado, lo cual se debe a que se invirtió una gran cantidad de recursos económicos en conservar una selecta cantidad de especies, en alto riesgo de extinción, elaborando una lista roja, método cuyo resultado fue poco exitoso en la práctica. Es necesario recordar, como referente, que la última vez que se revisó la NOM059ECOL2001, que trata del estado actual de las especies amenazadas, fue en 2006. Un problema central en este asunto es el que mencionan Azuz y colaboradores: “hay falta de transversalidad en los programas de desarrollo entre secretarías e incluso dentro de una misma, propiciando se llegue a conflictos debido a la incertidumbre jurídica o a la falta de claridad en las competencias de las diferentes esferas de gobierno, lo cual ha generado un desorden jurídico por falta de una visión integral en la gestión”. Desde esta perspectiva, cabe preguntar: ¿cómo se articula la educación en los planes para frenar la pérdida de biodiversidad y promover su conservación? Educación y biodiversidad
La educación mundial se encuentra en constante cambio, en el cual su multiculturalidad y los diferentes actores que intervienen demarcan en cada uno de sus ambientes (educativo, político y tecnológico) las premisas a seguir y adecuación pertinente a cada entidad. Tales cambios responden a las necesidades de una sociedad que requiere abatir sus problemas de desigualdad y pobreza en las respectivas naciones.
De acuerdo con el informe Delors, de 1995, sobre la educación para el siglo xxi, se consideraron en su momento las políticas educativas como un proceso de enriquecimiento de conocimientos, capacidad técnica, una estructuración privilegiada de las personas y las relaciones entre individuos, grupos y naciones. Se reflexionó sobre la situación de la educación como un elemento constitutivo del desarrollo humano, al que le toca lograr que la humanidad pueda dirigir su desarrollo con base en una participación responsable de todos los miembros de la sociedad. La educación en cualquier nación, hoy día, no se encuentra solamente en manos de quienes la imparten directamente, sino en todo un consorcio integrado por la sociedad en general, instituciones y autoridades pertenecientes al ámbito político y laboral, incluyendo el campo de la investigación, sobre el que recae la toma de decisiones para su desarrollo acorde con las necesidades de cada sociedad. Para lograr dicho desarrollo se requiere una organización, vinculación y cooperación de los actores en las competencias de enseñanza e investigación, adaptándolos a las demandas laborales. Las políticas de reestructuración en el contexto de la educación en América Latina se ven afectadas por los desacuerdos entre los que hacen y proponen reformas educativas —las políticas de gobierno—, y los que la aplican. En 2005 Guzmán aseveró que al hacer las propuestas de reformas, éstas no obedecen a la realidad, primeramente por que no se articulan las políticas gubernamentales con las educativas, lo cual queda solamente en el discurso. El modelo económico actual, con sus conceptos de calidad, equidad y descentralización, reducidos a eficiencia, competitividad, repliegue del Estado y regulación del mercado, es manejado por grupos de poder económico que hacen que las reformas educativas fracasen. Desde la óptica de Malo, la educación superior en México sigue concentrada en modelos universitarios orientados a la formación de profesionales en función de disciplinas, áreas de conocimiento, centradas en el profesorado, las aulas y organizadas en torno a escuelas y facultades. La velocidad de los cambios y las transformaciones sociales, demográficas, políticas y productivas que han tenido lugar en México, señalan la necesidad de modificar la estructura, los enfoques, los contenidos y los procesos del sistema educativo superior a fin de que en México se adquiera la capacidad para apropiarse de los conocimientos tecnológicos y los conceptos que se requiere para mejorar los niveles de bienestar social, cultural y material de nuestro pueblo. En el contexto de educación y biodiversidad, desde 2000 la demanda es que los profesionales egresados y los futuros investigadores desempeñen un papel activo en la resolución de la crisis de la biodiversidad, que se comprometan a participar activamente en la búsqueda de soluciones, compartiendo el conocimiento científico con el de la sociedad, incluyendo como una prioridad a los políticos que toman decisiones. Para elevar la calidad educativa que se espera como resultado de la globalización, los modelos curriculares de cada país en América Latina se basan en una transformación que impacte en el bienestar económico y político. En México se debe por tanto buscar ese punto coyuntural en el que coincidan las políticas educativas con las de los demás ámbitos del gobierno, que ambas estén abocadas a preservar y conservar nuestro patrimonio nacional, la biodiversidad y la diversidad cultural. Es cierto que en los últimos años se ha avanzado en esta materia, pero las prioridades educativas y políticas enlazadas que se requieren para apoyar tan grande labor se han quedado quizás en el rezago y no están siendo eficaces, con lo cual corremos el riesgo de que todas las intenciones encaminadas hacia ella se quede sólo en una quimera. |
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Nota
Estas reflexiones tienen su origen en la asignatura Análisis de Políticas Educativas impartida por la Dra. María Guadalupe Sánchez Trujillo, que cursé como parte del Doctorado en Ciencias de la Educación de la Universidad Anáhuac Mayab. |
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Referencias bibliograficas
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Silvia López Adrián
Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, Universidad Autónoma de Yucatán. |
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como citar este artículo →
López Adrián, Silvia. (2014). Biodiversidad y conservación: paradigma político y educativo o quimera. Ciencias 111-112, octubre 2013-marzo 2014, 50-53. [En línea]
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| del método |
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La matriz Gago
y la catalogación de
especies invasoras
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Iván Lobato
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La catalogación de especies invasoras es parte fundamental
en la lucha contra las invasiones biológicas, de ahí la
importancia de contar con herramientas funcionales, eco
nómicas y fiables que estructuren los procesos de inclusión. Sin embargo, por muy variadas que sean las causas de este serio problema ecológico —la segunda causa de pérdida de biodiversidad—, no se puede olvidar que se trata de un problema de mercado, dado que es éste el que intensifica el transporte de mercancías, la venta de mascotas y redistribuye las plantaciones de cultivos. De ahí la necesidad de asimilar la catalogación ambiental a los sistemas comerciales para que operen en las mismas escalas espaciotemporales y de priorización de recursos económicos y personales.
No obstante, una de las posibles debilidades es la escala temporal, ya que en la actualidad se trabaja “de hoy para mañana” o, lo que es lo mismo, la invasión se produce hoy pero se considera como tal mañana, lo cual redunda en la cadena de acciones, pues se ignora la detección temprana y una rápida respuesta, convirtiéndose en un método de contención al quedar limitado a que las especies que ya han invadido no extiendan su área. La escala espacial está por tanto estrechamente relacionada con este aspecto —si se da tiempo a un invasor tiende a ocupar todo el territorio—, por lo que suele presentarse cierta tendencia a considerarlo en términos de nación, lo cual puede resultar una ventaja en cuanto a la difusión del mensaje, pero resulta un claro agravio al dinamismo ecosistémico debido a que lo que en un lugar es un invasor en otro puede ser el único recurso capaz de mantener un ecosistema. Quizás el ejemplo más representativo de esta situación sea el cangrejo rojo americano en la cuenca del Guadalquivir, donde la especie no puede ser considerada como un invasor a erradicar puesto que sustenta al resto de las poblaciones animales de la cuenca, pero para el resto del territorio español supone un invasor con una clara tendencia destructiva. De manera que lo conveniente en este tipo de casos (cada vez más frecuentes) es la catalogación a nivel de entorno concreto y no de nación.
El método
Con base en el estudio de fauna, vegetación y sus relaciones, el método que planteamos opera desde una óptica múltiple que da cabida al cotejo de tres fuentes de información: la matriz de competitividad o gago, el análisis de vulnerabilidad y el de invasividad. El primer paso es la construcción de la matriz de competencia, en la que se confrontan las especies autóctonas ubicadas en el eje vertical y las foráneas en el horizontal, lo cual se lleva a cabo siguiendo una serie de parámetros que varían según se trate del ámbito animal, vegetal o mixto.
Matriz de competencia para fauna. a) Hábitats: se analizará la coincidencia en cuanto a espacios ocupados en el propio ecosistema, sea carrizal, zona de cultivo, etcétera; b) alimentación: se evaluará la posibilidad de competencia en cuanto a factores nutricionales; c) depredación: se señalará las relaciones entre depredador-presa plausibles entre especies nativas y foráneas; d) lugar de anidación-reposo: se compararán las especies en función de su predisposición a ocupar ciertos lugares de anidación o reposo como nidos y madrigueras; e) enfermedad: se valorará la confirmación de transmisión de enfermedades entre sendos grupos. Matriz de competencia para flora. a) Zonas de vida de Holdridge: relaciones pertinentes en relación con los factores bioclimáticos propuestos por este autor en 1987; b) sustrato: se evaluará la posible coincidencia con respecto de sustratos similares (por tipo de suelo u otro tipo de sustrato; c) germinación: comparación de las etapas de germinación en términos de estaciones —en caso de germinación de una especie invasora en estaciones iguales o inferiores podemos hablar de factor negativo para la vegetación autóctona; d) crecimiento: se establecerán dos categorías en función de la velocidad de crecimiento (rápido y lento), esto es, la capacidad para desplazar a otras especies del entorno; e) enfermedad-alelopatías: tipo de relación alelopática entre las especies implicadas, así como transmisión de enfermedades. Matriz de competencia mixta. a) Hábitats: posibilidad de coincidencia en un entorno determinado de especies vegetales y animales; b) depredación: se evaluará la factibilidad de relaciones depredadoras entre sendos grupos; c) reproducción: posibilidad de que una especie pueda interferir en la capacidad reproductora de otra, directa o indirectamente, como el caso de depredación sobre insectos polinizadores en relación con la reproducción vegetal; d) enfermedad-alelopatías: se incidirá en las relaciones alelopáticas entre ambos grupos, así como en la transmisión de enfermedades. En consonancia con el mercado, la premura en la que opera hace necesario que la confrontación de especies pueda llevarse a cabo de forma sistemática, por lo que tal información puede ser codificada con base en un código alfanumérico que delimite las diferentes categorías, en lo que podríamos denominar como un código de barras medioambiental. A modo de ejemplo, si hablásemos del análisis de la matriz para fauna, y desde una perspectiva muy limitada que sólo aspira a servir de ejemplo, un organismo podría ser identificado como H2, A1, A2, D1, D2, N3, E0 en relación con el siguiente listado: H1, H2, H3…; si H1 = campos de cultivo, H2 = márgenes de ríos, H3 = subsuelo; A1, A2, A3…; si A1 = pequeños peces, A2 = pequeños anfibios, A3 = cereales; D1, D2, D3…; si depreda D1 = pequeños peces, D2 = anfibios, H3 = pequeñas aves; N1, N2, N3…; si H1 = suelos de cultivo, H2 = árboles de grandes copas, H3 = subsuelo blando; E0, E1…; si E0 = no hay evidencias de transmisión de enfermedades, E1= hay evidencias de transmisión de enfermedades. Toda vez que se cuente con un sistema de clasificación alfanumérico como el descrito, la configuración de la matriz, se convierte en una tarea de rápida y fácil ejecución para cualquier operario de un espacio natural, por lo que no se requiere un cuerpo especializado destinado a tal fin. Dicha tarea responde a la asignación de tres valores (N, p y 0) en referencia a las especies nativas, es decir, que si de la confrontación de los anteriores datos se deriva una relación negativa para las especies locales, el valor es N. Un ejemplo de ello, sería la ocupación de cavidades en el suelo para el establecimiento de madrigueras (cuadro 1). Si se trata de una relación positiva, como podría ser la depredación de invasoras, sería P, y 0 si nos encontramos ante valores indiferentes.
Una primera toma de contacto con la matriz permite extraer conclusiones iniciales, como que una mayoría de resultados caracterizados por el valor N, constituyen una relación de perjuicio para el entorno de estudio. No obstante, no se trata de evaluar que vínculo nativo-foráneo es perjudicial, sino qué vínculo, con base en la susceptibilidad del entorno, es prioritario corregir, es decir, establecer qué fenómenos invasivos no pueden ser subsanados por el entorno en forma natural. Para ello, vamos a recurrir a dos fases, orientadas a la determinación de ventaja o desventaja de sendos grupos en cuanto a las relaciones competenciales descritas. La primera de las mismas responde al nombre de análisis de vulnerabilidad y focaliza el posible impacto desde una perspectiva de los puntos débiles del ecosistema, esto es, las especies amenazadas. Por tanto, se trata de recurrir a la información documental existente sobre este tipo de especies y reutilizarla para determinar qué factores han sido clave en la consecución de la situación actual, de manera que, en función de factores tales como la alta especifidad nutricional o la pérdida de hábitats, podamos considerarlos como relaciones de competencia agravadas que inclinan la balanza competitiva hacia un claro perdedor: la especie nativa amenazada. No obstante, esta labor puede llegar a resultar demasiado subjetiva, razón por la cual se recurre al método de Análisis de Componentes Principales Funcional de manera que, basándose en el análisis estadístico de la información genérica para especies invasoras, podamos obtener un valor ponderado del grado de vulnerabilidad de las especies amenazadas concretas. El procedimiento para llevar a cabo esta labor consiste en la delimitación de los distintos casos de especies amenazadas en una serie de perfiles, los cuales responden a las variables de reino, cualidad, entorno y periodo en el que comienzan a verse afectadas por el daño. Posteriormente, según el conocimiento de la especie concreta en estudio, se asimila a uno de estos perfiles, asignándole el valor genérico obtenido para cada una de sus cualidades. En relación con la siguiente fase, el análisis de invasividad se lleva a cabo en un proceso análogo al anterior, con la salvedad de que en este caso se realiza desde la perspectiva de las especies invasoras. Dado que toda especie invasora es nativa en alguna región, no resulta complejo encontrar información acerca de las características biológicas de la misma por lo que, partiendo de las características más acentuadas en sus entornos habituales, podemos establecer qué cualidades pueden ser consideradas como potencialmente ventajosas en caso de competencia. Un ejemplo de ello podría ser una especial voracidad, un marcado espíritu territorial o ciclos biológicos cortos. Asimismo, se han de considerar los aspectos antrópicos vinculados a la especie, analizando el modo de dispersión y la frecuencia con que ésta se lleva a cabo, destacándose atributos como, por ejemplo, un marcado interés comercial de la especie. Nuevamente recurrimos al análisis de componentes para obtener una serie de valores ponderados para invasiones genéricas, según perfiles caracterizados por las variables de reino, atributo biológico o antrópico, entorno y periodo a partir del cual un invasor comienza a producir daños. Posteriormente, dadas las características de la especie en estudio, podemos clasificarla con relación a tales perfiles. A partir de estas variables ponderadas, podemos proceder a la delimitación de los valores de mayor impacto, confrontando sendos grupos y definiendo la relación entre ambos, de manera que si, de la contraposición de dichos valores resulta una cifra superior al límite prefijado, nos hallamos ante una especie a catalogar como invasora. La catalogación es, sin embargo, tan sólo el primer paso en la lucha contra las especies invasoras, pues aún queda por determinar si la actuación sobre éstas es conveniente o no. Una decisión puede tomarse con base en la resolución de las siguientes ecuaciones: D X R = C ; S X A = H ; C + H = X; I X V = PR ; X X PR = M; donde D = daño se le asigna un valor que oscila entre -5 para aquellos casos en que la matriz gago arroje varios casos de relaciones positivas con especies amenazadas, y uno de 5 para aquellos en que la especie invasora incida en forma negativa sobre varias especies amenazadas. R = reemplazo, contempla valores que van de 1 a 5 en función de la dificultad de reemplazar las especies afectadas por la invasión, 5 significa la máxima dificultad. S = sector dañado, depende de si los efectos adversos recaen sobre el sector social, económico, ecológico o varios de ellos simultáneamente, con un valor entre 1 y 5, aumentando conforme el número de sectores afectados. A = área, representa la extensión susceptible de verse afectada, con valores entre 1 y 5 según el tamaño de la misma. I = invasividad, se corresponde con el análisis de invasividad, otorgándole un valor entre 1 y 5 en relación al máximo valor ponderado obtenido en dicho análisis. V = vulnerabilidad, procedente del análisis de vulnerabilidad, equipara el máximo valor ponderado en una escala de 1 a 5. M = necesidad de adoptar medidas. De esta manera, si M es superior al valor prefijado, nos encontramos ante un claro caso de necesidad de acción inminente; por el contrario, si resulta ser inferior, la acción prevista, pese a que la especie sea considerada invasora, puede ser pospuesta. En consecuencia, los costes y recursos destinados a tal fin pueden ser racionalizados en función de la conveniencia o no de actuación inmediata.
Conclusión
Del mismo modo que un censo es mucho más que un número, este sistema permite la catalogación de especies invasoras en la escala del aquí y ahora, posibilitando una respuesta contundente independientemente de la etapa invasiva en que se encuentre y de la parte del territorio ocupada, ya sea toda la nación o un pequeña región natural. En una clara analogía médica, podríamos decir que trabajar bajo esta escala es operar con bisturí, de modo que se minimizan los riesgos, se incrementa la precisión y el efecto sobre la reducción de costes es considerable.
Con respecto de los costes, es evidente que el esfuerzo de establecer criterios para la asignación de valores alfanuméricos para los distintos parámetros de forma consensuada requerirá un gasto inicial que puede ser fácilmente asimilado por la reducción que implica obviar los efectivos especializados destinados a la catalogación ya que, como hemos comentado, tras esta primera aportación inicial puede ser llevada por personal propio de las zonas naturales de estudio. Un catálogo de especies invasoras es por definición una obra inacabada que debe prever la actualización por medio de recursos reducidos. Por tanto, dado que pretender mantener un equipo especializado a lo largo del tiempo para toda región específica es cuando menos utópico y que operar con catálogos cerrados es operar con catálogos obsoletos, no queda otra solución que apostar por métodos de catalogación que, con base en el aprovechamiento de la infraestructura y los recursos documentales existentes, permita la catalogación sistemática a lo largo del tiempo. |
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Referencias bibliograficas
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Iván Lobato
Ciconia, Consultores Ambientales S. L. |
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como citar este artículo →
Lobato, Iván. (2014). La matriz GAGO y la catalogación de especies invasoras. Ciencias 111-112, octubre 2013-marzo 2014, 36-40. [En línea]
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