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Víctor Rodríguez
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Víctor Rodríguez
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Nota de los editores 1982. “Problemas y acertijos”. Ciencias núm. 1, enero-febrero, pp. 62-63. [En línea]
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El profesor González
viaja al espacio
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Silvia Bravo
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Esa mañana, el profesor González despertó con espíritu de
aventuras. Durante los últimos días había estado leyendo mucho, en revistas de información científica, sobre la exploración del espacio y, aunque ya no era, precisamente, un jovenzuelo que sueña con ser astronauta, se había despertado en él un enorme deseo de tomar unas vacaciones en el espacio exterior.
Le asombró mucho que apenas ahora, a más de 20 años del nacimiento de la era espacial, le empezara a interesar el asunto, y aunque se sintió un poco avergonzado del gran desinterés que en el pasado había sentido por todos los otros aspectos de la ciencia que no constituían su especialidad, se disculpó a sí mismo arguyendo que ese era un mal común a la gran mayoría de sus colegas y que, por otro lado, él, a raíz de su repentino interés por la exploración espacial, estaba ya dejando esa postura. Seguramente en poco tiempo estaría muy bien enterado (por lo menos) del estado de desarrollo y de los avances más recientes de la ciencia en otros terrenos y se propuso que a la vuelta de su viaje interplanetario —porque sí, estaba decidido que haría un viaje por el medio interplanetario— se encargaría de ponerse al día en cuantos temas científicos y, ¿por qué no?, también de los otros que tuviera a su alcance.
Pero lo primero es lo primero y plantear un viaje de semejantes dimensiones requiere tiempo. Había que resolver los problemas uno por uno.
En primer lugar, debía vencer la atracción gravitacional de la Tierra, pero claro, alcanzar una velocidad superior a los 11.9 m/seg (que según constaba en los libros, era la velocidad de escape de la Tierra) no era una tarea muy difícil para un atleta consumado como él. Y después ¿qué? ¿Dónde empieza el espacio exterior? Recordaba con mucha claridad un diagrama que representaba las regiones que circundan a la Tierra (y que reproducimos aquí en la figura 1 por si alguien desea, alguna vez, hacer este viaje).
¡Ah, qué bellos son los cinturones de Van Allen!, —pensó con emoción y satisfecho de descubrir que el terreno le era ya algo familiar. Hacía bastante tiempo que sabía de la existencia de estos anillos —¡son bastante populares!— formados por protones y electrones atrapados en las líneas del campo magnético de la Tierra. ¡Lástima que estos cinturones no puedan ser vistos! —suspiró— pero bueno, tratándose de partículas tan pequeñas, ¿qué otra cosa se podría esperar? —dijo con desenfado y continuó planeando su viaje.
La parte más difícil era salir de la atmósfera, ustedes saben, por la fricción, ya que al pasar por ahí la cosa puede ponerse muy caliente. Problemas menores, después de todo. En eso ya está muy avanzada la tecnología. ¿Y luego? Bueno, lo importante era estar sobre la atmósfera y ya de ahí, a unos 600 kilómetros de altura, empezar a internarse en la exósfera. ¡Qué curioso! —se decía a sí mismo muy quedito para que nadie fuera a oír—, yo siempre creí que después de la estratósfera todo estaba vació, nunca me imaginé que hubiera una capa de protones llenando todo el espacio hasta la magnetopausa. Claro está —continuó aún en voz más baja— que ni siquiera tenía la menor idea de que existiera una magnetopausa. Pero para qué lamentar mi pasada ignorancia, ¡adelante con el viaje aprovechando mi nueva sabiduría!
Pero esta magnetopausa —continuó ya con voz más firme— de veras que me ha causado una gran impresión. Yo siempre creí que el campo magnético de la tierra (que, eso sí sabía bien, se podía aproximar al de un dipolo) se extendía a todo el espacio, cada vez más débil, pero siempre ahí, y ahora vengo a enterarme de que hay una “magnetopausa”, una frontera que limita la extensión de este campo y lo confina a una región bastante reducida alrededor de la Tierra. Y, lo que es más, lo mismo debe estarles pasando a todos los otros cuerpos del sistema solar que tienen campo magnético, pues el flujo constante del viento solar barre su presencia del medio interplanetario y los confina en cavidades más o menos pequeñas alrededor del cuerpo donde se originan.
¡Qué importante se sintió después de esta frase! Seguramente que ninguno de sus compañeros tenía la más ligera idea de lo que era el viento solar. Pues bueno —pensó en decirles a su regreso— el viento solar es un flujo de plasma continuamente emitido por el Sol que se extiende por el medio interplanetario y determina las características electromagnéticas de éste. Porque sí, como ustedes saben, un plasma es un gas altamente ionizado que tiene una gran conductividad eléctrica y que, en el caso del viento solar, como su ionización es casi total (principalmente se halla formado por protones y electrones libres) su conductividad eléctrica es prácticamente infinita. Y claro, como ustedes saben, un material de conductividad infinita mantiene constante el flujo magnético en su interior. Así pues, el plasma que constituye el viento solar, al ser lanzado por el Sol, se lleva consigo el campo magnético de su lugar de origen y lo transporta al medio interplanetario. Pero, al mismo tiempo, como debe conservar su flujo magnético, no puede aceptar en su interior campos magnéticos externos a su origen y los barre a su paso hasta una frontera donde la presión del plasma que fluye como viento solar, se iguala a la presión del campo magnético planetario (que no puede salir de ella) y, por otro, el flujo del viento solar (que no puede penetrarla). Claro que esto sería en una situación muy idealizada, ya sé que la cosa es un poquito más compleja pero, grosso modo, puede describirse de esta manera.
¡Ah! Y otro detalle magnífico que me encantaría ver —prosiguió el profesor— serían esas hermosísimas espirales de Arquímedes (y trazó en el aire algo así como lo que aparece en la figura 2) que forman las líneas del campo magnético del Sol y que jala el viento solar radialmente hacia afuera, al mismo tiempo que el Sol rota. El efecto es parecido a los chorros de agua que lanza un aspersor giratorio de jardín.
¡Cuanto había aprendido el profesor González en estas últimas semanas! Todo el tiempo que había pasado en la biblioteca de la Facultad de Ciencias no había sido en vano. ¡Qué de cosas nuevas sabía ahora! Y más aún, hélo aquí, planeando este viaje de fin de semana, del cual podrá platicarles a sus compañeros por lo menos durante dos meses. Pero había que proseguir con el plan. Era sábado y debería partir en unas cuantas horas si quería regresar a tiempo para su clase del lunes.
¿Y la onda de choque? ¡Ah, eso sí que no quiero verlo! No sé que tan peligroso sea cruzar una onda de choque —pensó— pero vale la pena el riesgo. Una onda de choque no es algo que se vea todos los días, es algo espectacular, sui generis ¿cuánta gente sabrá lo que es una onda de choque? Yo mismo no lo sabía hasta hace una semana —dijo en voz siempre muy baja como para no ser escuchado—. Pero ahora que ya lo sabía, podía decir con voz muy fuerte: una onda de choque es una “superficie” de discontinuidad que se forma en los fluidos supersónicos (o como en el caso del viento solar, superalfvénicos). Esto ya sería muy indigesto discutirlo y el profesor González decidió dejarlo para otra ocasión.
Resulta que, como el viento solar fluye —desde muy cerca del Sol en adelante— a velocidad mayor que la de la información que puede transmitirse en él (la que en el aire sería el sonido), al encontrar un obstáculo en su camino, la información de la presencia de este obstáculo no puede llegar de regreso hasta el Sol, ya que es “arrastrada” por el flujo que viene y se forma una discontinuidad hasta antes de la cual, el viento solar no es alterado en absoluto por la presencia del obstáculo. Esto pasa en el caso de la magnetósfera terrestre, que para el viento solar es un obstáculo, y debe pasar en todas las situaciones semejantes. También hay otras maneras en que se pueden producir, y de hecho se producen continuamente, ondas de choque en el medio, interplanetario, principalmente por la interacción de regiones de viento solar rápido con algunas de viento solar más lento, emitido desde regiones menos “calientes” del Sol.
Y aquí sería interesante —pensó el profesor González— recordar el origen del viento solar. Claro que para manejar la situación en medio de un viento solar no serviría de mucho saber su origen, pero se sentía mejor de conocerlo y además podría hacer un paréntesis en el relato que haría a sus compañeros, para compartir con ellos toda su recién adquirida cultura en cuestiones espaciales.
Para entender el origen del viento solar —les diría— observen el siguiente diagrama (que aquí reproducimos en la Figura 3, para aquellos que no sean compañeros del profesor González puedan entender sus explicaciones). Como podrán observar, la temperatura a través de las diferentes capas solares muestra descensos y ascensos que, por mecanismos que no discutiremos aquí —¡afortunadamente!—, llegaron a alcanzar 106K (o °C, aquí lo mismo da) en la capa más externa de la atmósfera solar llamada “corona”. Como esta temperatura se mantiene prácticamente durante grandes distancias, se llega a una región donde la energía térmica gravitacional de atracción, de modo que el Sol ya no es capaz de retenerla y la corona se expande en forma continua con velocidad primero creciente y que después se vuelve prácticamente constante a lo largo del medio interplanetario.
No está por demás que considere algunos valores numéricos para tomar precauciones —pensó, volviendo a los planes de su viaje—. Por ejemplo, la densidad del viento solar a la altura de la Tierra es de 10 a 100 partículas por cm3 y su velocidad varía entre 300 y 100 km/seg., también debo tomar en cuenta que el campo magnético solar transportado por el viento solar tiene, a la altura de la Tierra, un valor del orden 5 X 105 gauss, que no es del todo despreciable.
¡Vaya! —pensó—, sería realmente maravilloso encontrar la forma de ser arrastrado por ese viento solar a través del espacio interplanetario, sin el menor esfuerzo de mi parte. Así podría llegar hasta… ¿hasta dónde? No recuerdo ya hasta donde fluye el viento solar. Debo encontrarlo, sí, y ¿qué pasa en la frontera? Creo que se forma otra onda de choque al interactuar con el medio interestelar. Y esto, ¿dónde ocurre? Sé que es más allá de Saturno, los vehículos espaciales lo han detectado, y tal vez sea más allá de Plutón. Ojalá; así el viaje gratuito me llevará a todo lo largo del Sistema Solar, aunque me preocupa esa onda de choque final, ese límite de lo que se llama la heliósfera, “región controlada por el Sol”. ¿Qué tal que es muy turbulenta?, o ahí ¿el campo magnético se vuelve muy intenso?, ¿qué tal si mi estructura no resiste el cruce de esta zona?, ¿qué tal si?…
Un golpe seco sobre su costado derecho lo despertó al caerse de la cama. Resulta que todo esto de su viaje de fin de semana al espacio había sido un sueño y después de todo, menos mal, porque ese día ni siquiera de veras era sábado.
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Silvia Bravo
Investigadora del Instituto de Geofísica y profesora
Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México.
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Bravo, Silvia 1982. “El profesor González viaja al espacio”. Ciencias núm. 1, enero-febrero, pp. 39-41. [En línea]
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¿Qué es... la
banda de Möbius?
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Nota de los editores
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Para ilustrar una de las ideas con la que los matemáticos se
enfrentan en la topología, describiremos una superficie conocida como la Banda de Möbius.
A partir del rectángulo ABCD (figura 1) se identifica AB y CD, de manera que A coincida con C y B con D, obtenemos una Banda de Möbius. En este caso, los lados AB y CD están identificados en sentido opuesto. Se recomienda al lector construir un modelo de la Banda de Möbius torciendo un extremo de una tira rectangular de papel en 180° y pegándolo al otro extremo (figura 2).
La Banda de Möbius es un ejemplo de las superficies con una sola cara. En éstas no es posible distinguir entre interior y exterior. Un punto cualquiera en el modelo de papel de la Banda de Möbius se puede unir con cualquier otro punto mediante una línea continua que no abandone el papel ni cruce el borde.
Topológicamente, la Banda de Möbius es una superficie diferente al plano de un cilindro, lo que significa que las dos superficies no son isomorfas. Sin embargo, si se construyen modelos de papel de las dos superficies por el procedimiento anterior y se corta cada uno a lo largo de la línea que originalmente unía los puntos medios de los lados AB y CD del rectángulo, tendremos que un corte completo divide al cilindro en dos partes, pero en el caso de la Banda de Möbius queda un solo trozo de papel. Este trozo tiene dos semivueltas en él y es isomorfo con el cilindro; pero esta propiedad no se puede demostrar por un procedimiento físico.
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Nota de los editores
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Nota de los editores 1982. “¿Qué es... la banda de Möbius?”. Ciencias núm. 1, enero-febrero, p. 21. [En línea]
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¿Qué es... el quimógrafo?
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Nota de los editores
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Un paso importante en la investigación y la docencia en el
área fisiológica fue dado al iniciarse los métodos de registro gráfico en el quimógrafo. Este aparato electromecánico, de uso común en los Laboratorios de Enseñanza de Fisiología Animal del departamento de Biología, permite registrar movimientos y sus relaciones temporales.
El método de registro gráfico consiste en transmitir los movimientos que resultan de los fenómenos fisiológicos, por medio de palancas u otros dispositivos, hasta una punta apoyada suavemente sobre la superficie rotatoria (cilindro o tambor) del quimógrafo que gira con velocidad igual y constante. La punta traza los movimientos sobre el papel ahumado que cubre la superficie del cilindro.
Se obtiene, por consiguiente, un registro de la actividad fisiológica en cada espacio recorrido; lo que equivale al tiempo transcurrido. Este proceso concluye, en definitiva, con la obtención de una gráfica cartesiana, donde las abscisas son el tiempo y las ordenadas una medida del fenómeno fisiológico. Las abscisas se calibran conforme a la velocidad del movimiento de la superficie en la unidad de tiempo. Las ordenadas también se calibran en las unidades adecuadas, según el dispositivo en funcionamiento permite medir fuerza con escaso desplazamiento, o por el contrario, desplazamiento con el mínimo de carga opuesta a la acción fisiológica. Así puede estudiarse, por ejemplo, el movimiento muscular y ciertos fenómenos hidráulicos y neumáticos.
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Nota de los editores
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Nota de los editores 1982. “¿Qué es... el quimógrafo?”. Ciencias núm. 1, enero-febrero, p. 21. [En línea]
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Laboratorio
de enseñanza de las
matemáticas
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Nota de los editores
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El Laboratorio de Enseñanza de las Matemáticas es un programa
de trabajo, docencia e investigación, en los distintos temas de la pedagogía matemática, los problemas sociales de la educación y los aspectos relacionados con el uso y la elaboración de material didáctico.
Actualmente, el personal del Laboratorio se ha dedicado a la elaboración de un proyecto opcional para la enseñanza de las matemáticas, en colaboración con otros grupos de trabajo.
Su estrategia para desarrollar esta opción, consiste en realizar proyectos didácticos o “paquetes” con carácter multifacético, que puedan ser utilizados en circunstancias y niveles variados. Dichos paquetes están orientados a las aplicaciones de la matemática, y contemplan la inclusión de notas para exposición, ejercicios, bibliografía y prácticas para estudiantes; así como material audiovisual de apoyo, reflexiones sobre el papel de las matemáticas en otras disciplinas y recomendaciones sobre las diversas modalidades de uso de los paquetes.
Además, el Laboratorio ofrece, entre otros, los siguientes servicios: adquisición y préstamo de artículos y equipo audiovisual, préstamo de artículos sobre la enseñanza de las matemáticas y diversos materiales didácticos.
Algunas de las actividades especificas que se han estado realizando últimamente son: la publicación de los Cuadernos de Educación Matemática de reciente aparición, la elaboración del audiovisual “Graficación en R3”, la organización de ciclos de cine matemático y la coordinación de un evento internacional sobre investigación de la enseñanza de las matemáticas.
En los próximos números, daremos a conocer en detalle los objetivos, actividades y proyectos de este laboratorio.
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Nota de los editores
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Nota de los editores 1982. “Laboratorio de enseñanza de las matemáticas”. Ciencias núm. 1, enero-febrero, p. 9. [En línea]
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El volcán
de Colima
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Ernesto Márquez Nerey
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La instalación de un Observatorio Vulcanológico en el volcán
de Colima, es una de las tareas geofísicas más urgentes del país, ya que el establecimiento de dicha estación no sólo podría ayudar a prevenir la pérdida de vidas humanas en la zona, sino que además, apoyaría la sistematización de la investigación vulcanológica en México.
Los investigadores Francisco Medina y Manuel Mena, del Instituto de Geofísica de la UNAM, y Jorge Piza, de la Universidad de Colima, consideran que debe llevarse a cabo un estudio periódico que pueda aportar datos confiables para obtener criterios predictivos adecuados de este volcán. Es necesario, señalan, conocer los antecedentes del volcán para elaborar una herramienta teórica que, conjuntamente con el estudio detallado de las características particulares de la región, puedan servir de elementos de juicio al momento de tomar medidas precautorias tendientes a evitar desastres en las poblaciones aledañas.
El volcán de Colima es lo que se define como un Estratovolcán, debido a que está constituido por capas de material fragmentado (cenizas y toba) y corrientes de lava intercaladas. Es el volcán más activo del país y tiene una altura de 3960 metros sobre el nivel del mar, con un edificio de forma cónica ideal de 800 metros de altura por 2000 metros de base. Su formación se ha estimado pleistocénica.
El volcán se encuentra enclavado en una zona de fosas tectónicas y vulcanismo reciente, la cual presenta un sistema de plegamientos y fallamientos corticales, con una marcada debilidad de la corteza, ya que en ella se unen las Fosas de Tolimán (que entra por el Noroeste) y la de Sayula (que entra por el Norte), las cuales al intersectar se forman el llamado graben de Colima.
La historia eruptiva del volcán para el periodo comprendido entre los años de 1560 a 1980 señala que la actividad predominante es la de tipo explosivo, contándose cerca de 30 erupciones de este modelo en los últimos 450 años. De acuerdo con las descripciones reportadas, el 40 por ciento de estos hechos parecen tener un carácter “vulcaneano” o “peleano”.
Dentro de las fases importantes que ha mostrado el volcán está la del desarrollo de una boca adventicia, en 1869, conocida como “el volcancito”. Existen, también, pequeños domos en el flanco Sur del volcán llamados “los hijos del volcán”.
El volcán, localizado en la parte occidental del eje neovolcánico mexicano, a los 19°30’45” norte y 103°37’01” oeste, se caracteriza por la lava bastante viscosa que periódicamente se desborda por el cráter produciendo derrames cortos y gruesos. La última fase de exploción violenta tuvo lugar en 1913, observándose, en esa ocasión, la formación de nubes ardientes (flujos de piroclastos) que bajaron por los flancos Norte y Oeste.
Después del 20 de enero de 1913, fecha en que el cráter quedó vacío, se inició nuevamente el ascenso de lava, hecho que pudo ser notorio hacia 1930, cuando el nivel de ésta en el cráter se estimó en 60 metros. Posteriormente, en 1957, se lleno y, a finales de 1975, comenzó a derramar escoria y lava con intensa actividad fumarólica, así como a producir pequeñas explosiones.
A partir de diciembre de 1975, la actividad del volcán de Colima ha sido básicamente fumarólica (gases con gran contenido de agua), sin embargo, recientemente se han observado emisiones de ceniza en poca cantidad, lo cual puede tomarse como indicio de que se aproxima una erupción, y, dado que el domo parece estar actuando como un tapón que obstruye todo el cráter, es de temer el desarrollo de nubes ardientes en él.
Por el momento, indican los investigadores se cuenta con una estación sismológica que funciona como “cuentaeventos”, instalada en la ciudad de Colima, a 32 km del volcán, la cual ha estado funcionando desde septiembre de 1979, aportando alguna información relevante para el futuro estudio de la sismicidad del área y su aparente correlación con la actividad eruptiva del volcán.
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Ernesto Márquez Nerey |
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cómo citar este artículo →
Márquez Nerey, Ernesto (reportaje). 1982. “El volcán de Colima”. Ciencias núm. 1, enero-febrero, p. 5. [En línea]
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Las implicaciones del trabajo nuclear
Tecnología nuclear y política proletaria
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David Baena
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La naturaleza del conocimiento científico y las
relaciones entre la ciencia y el capitalismo no pueden tratarse al margen del análisis general del marco histórico en que se desarrollan.
La discusión de los problemas relacionados con las implicaciones sociales de la tecnología no se presentan actualmente por casualidad, sino que corresponden a un momento de crisis cuya persistencia pone en cuestión la existencia del propio capitalismo.
Con esta base, en el Centro Nuclear de Salazar, los trabajadores hemos iniciado el análisis que fundamente una alternativa clasista relacionada con el uso y desarrollo de la industria nuclear y sus implicaciones. Algunos aspectos que más adelante se señalan, han sido aprobados por unanimidad en el último congreso general del SUTIN.
A partir del análisis de la historia de la tecnología, se observa que después de la postulación teórica de la mecánica y del avance de la ciencia en el siglo XVII, se sucedieron los descubrimientos de la energía química del carbón, las primeras máquinas, el uso del petróleo, el descubrimiento en el siglo pasado de la energía eléctrica y su utilización industrial en la primera mitad de este siglo. En concordancia con el desarrollo económico se desarrolló la ciencia.
Ahora, la actual fase se caracteriza por el descubrimiento de una nueva fuente de energía: la energía nuclear y un extraordinario progreso de las investigaciones científicas y tecnológicas, Cabe esperar mayor avance en el desarrollo de fuentes alternativas de energía. Sin ser la solución última, la utilización de la energía nuclear con reactores de fisión puede ser empleada en estos momentos, como fuente opcional de reemplazo, a escala industrial, de las fuentes convencionales.
Generalmente, al hacer proyecciones de demanda y oferta energética, se estima que las aportaciones de las fuentes convencionales (hidrocarburos, hidroelectricidad, carbón y otras) son limitadas e insuficientes, de acuerdo con el balance energético para el año 2000.
Por esta razón se plantea la utilización de nuevas fuentes a escalas industriales, de manera que se pueda satisfacer el consumo estimado con base en las tasas de crecimiento actuales.
Estas proyecciones muchas veces son exageradas, y en su caso están sujetas a múltiples variables.
Desde distintos ángulos se ha planteado la necesidad de aprovechar la energía nuclear, por lo que en diferentes países se ha intensificado la investigación científica en torno a este tipo de energía y sus aplicaciones, al tiempo que se recomienda la adopción de medidas de protección y ahorro de las reservas energéticas clásicas.
El desarrollo de la energía nuclear a escala industrial no ha estado exento de dificultades. Su origen y potencial utilización bélica le confiere características particulares. En los últimos años, se ha aplicado para la generación de electricidad, lo cual ha sido motivo de cuestionamiento, básicamente por el hecho de existir problemas técnicos no resueltos; por la eventual afectación al medio ambiente y a la salud y la posibilidad de utilizar los materiales nucleares con propósitos no civiles.
El creciente debate ha llevado a los países desarrollados a revisar sus planes e instalaciones nucleares, debido a la oposición de la población a estos proyectos y en algunos se ha suspendido definitivamente mientras que en otros se limitó severamente la expansión nucleoeléctrica.
Muchos países subdesarrollados se han propuesto utilizar la energía nuclear. Algunos de ellos tienen en marcha ya varios proyectos nucleoeléctricos.
Para los países subdesarrollados existen dificultades adicionales, entre otros, los problemas derivados de la transferencia de tecnología y de las implicaciones políticas, Por lo que antes de decidir la incorporación masiva de la energía nuclear en nuestros países habría que resolver varias cuestiones básicas, tales como, la filosofía propia para la utilización de la energía nuclear y viabilidad; la magnitud y características del programa nucleoeléctrico; las condiciones en que deberá de utilizarse considerando las implicaciones tecnológicas, sociales, financieras políticas y ecológicas; cuestiones que deben decidirse con la más amplia y democrática participación de la población.
En la presente época, la energía nuclear es la única fuente alternativa de energía, disponible a escala industrial No obstante, el resto del siglo seguirá siendo caracterizado por el uso de hidrocarburos para la generación eléctrica. La contribución nuclear, a pesar de su incorporación masiva, no es suficiente para resolver los problemas mundiales de energía.
Asimismo, debe considerarse que la energía nuclear es la alternativa actual, pero también es una industria con importantes implicaciones técnicas, de costos y riesgos. La crisis económica capitalista ha afectado fuertemente a la industria nuclear, lo que ha traído como consecuencia la disminución del número de reactores de potencia vendidos por las empresas nucleares y, por tanto, la dificultad para recuperar las inversiones y aún los costos de amortización.
Políticamente la industria nuclear es un factor de rivalidad imperialista, que incluso ha dado lugar a fricciones entre países capitalistas desarrollados en la disputa por el control del supermonopolio. Estados Unidos pretende el dominio absoluto impulsado por su política general, tendiente a incrementar la carrera armamentista con énfasis en artefactos nucleares.
Los riesgos de la energía nuclear derivan de su origen bélico, pero no solamente de esta circunstancia. El trabajo con minerales y material radiactivos, su procesamiento y el manejo de combustibles nucleares son operaciones que implican riesgos. El desarrollo tecnológico ha permitido resolver muchos de estos problemas si bien aún quedan otras dificultades. Es preocupación de las industrias nucleares superar constantemente los diseños y, de hecho, la tecnología nuclear alcanza cada vez mayores niveles de complejidad, lo que significa una verdadera revolución con posibilidades muy amplias dependiendo de la orientación que se dé al uso de la energía nuclear.
Los dispositivos de seguridad se perfeccionan con cada nuevo diseño de reactores; se intensifican los trabajos para el almacenamiento, administración de combustibles irradiados y disposición final de desechos radiactivos, se desarrollan nuevas técnicas para el reprocesamiento; se establecen legislaciones severas y reglamentos estrictos, etcétera.
Sin embargo, una preocupación creciente se refiere al impacto de la energía nuclear en el medio ambiente, particularmente, en la afectación a la naturaleza. Esta preocupación se expresa desde diferentes ángulos e incluye a quienes ven estos problemas con una visión biologista del mundo: el ecologismo.
Según Marx, la sociedad que se desarrolla en ausencia de planificación, deja tras de sí un desierto. En efecto, garantizar las mejores condiciones de salud y de utilización racional de la naturaleza, no es problema solamente técnico, sino esencialmente político, pues planificar el desarrollo nuclear supone la planificación de la economía en su conjunto.
El desarrollo de la ciencia y la tecnología que da origen a la industria moderna, no implica necesariamente la destrucción de la naturaleza y de la humanidad. Este es un problema relacionado con la política, el cual no es posible resolver en el marco del capitalismo.
La industria pesada y la técnica moderna son la base material para la reorganización de la sociedad bajo la dirección de la clase obrera. El impulso a industrias de punta, como la nuclear, es inevitable en nuestra época. Pero esto no supone que los trabajadores hagamos abstracción de las condiciones en que se promueven este desarrollo, ni que debamos apoyar el desarrollo per se de la industria, tampoco hacer a un lado las consecuencias de la industrialización sobre el medio ambiente. No hay razón para contraponer al movimiento obrero con la preservación del medio ambiente y las aplicaciones de la ciencia para satisfacer necesidades humanas.
En el caso de la energía nuclear debemos considerar que esta no es una panacea. Los trabajadores debernos disponer de una política proletaria propia al respecto y no ser asimilados acríticamente por los intereses del Estado y de las empresas nucleares. Nuestra política debe ser global y determinante en el para qué y para quién se desarrolla la ciencia y la técnica.
La energía es la base de la economía, pero la energía para ser utilizada racionalmente requiere estar bajo el control del poder político del proletariado. No puede haber generación y uso racional de la energía mientras exista un desarrollo social basado en la competencia capitalista.
Sin poder obrero, la generación de energía no dará lugar a la elevación del nivel de vida del pueblo, ni mejorarán sus condiciones de existencia. El simple crecimiento de la generación de energía no supone la elevación del nivel de vida de la población trabajadora.
Los trabajadores nucleares de México hemos promovido el uso de la energía nuclear pero también hemos señalado que el Programa Nucleoeléctrico Nacional no debe significar solo la instalación de cierto número de centrales y la generación de una determinada cantidad de megawatts. El programa nuclear de los trabajadores debe poseer un contenido tal, que incluya una clara orientación acerca del uso de la generación nucleoeléctrica; el impulso de la técnica moderna en la industria y en el campo; un uso adecuado de los recursos naturales; condiciones óptimas de seguridad y salud para los trabajadores y la población, así como la preservación del medio ambiente, mediante el uso racional de la naturaleza.
La definición del Programa Nucleoeléctrico Nacional traerá como consecuencia la elevación del numero de trabajadores nucleares dedicados a las diferentes actividades en materiales, minerales y fuentes radiactivas y, por tanto, aumentará también el número de sitios en el país para instalaciones nucleares, minas de uranio, etcétera, con las correspondientes implicaciones industriales, ambientales y de salud para los trabajadores y para la población en general.
Desde hace muchos años se sabe que las radiaciones ionizantes producen daño aún en dosis menores a los límites equivalentes aceptados internacionalmente. De manera que los trabajadores nucleares ocupacionalmente expuestos a las radiaciones ionizantes estamos sujetos a la eventualidad de sufrir los efectos estocásticos de la radiación, en la operación normal de la industria nuclear. Habrá que considerar, también, las implicaciones derivadas de accidentes y la eventual afectación a la población y al medio ambiente.
Necesitamos, por tanto, definir una política al respecto, con la participación amplia de las fuerzas democráticas y revolucionarias.
El desarrollo nuclear debe considerar, entre otros, los siguientes aspectos:
1. Las operaciones en la industria nuclear deben desarrollarse considerando, con la más alta prioridad, las implicaciones para la salud y la seguridad de los trabajadores, ocupacionalmente expuestos a las radiaciones ionizantes, y de la población.
2. En la industria nuclear deben existir óptimas condiciones para la vida de los trabajadores durante el trabajo con minerales, materiales y substancias radiactivas así como fuentes de radiación ionizante. 3. La utilización racional de la energía nuclear supone conservar el potencial natural para las futuras generaciones, mediante la utilización consciente de la naturaleza. 4. En el desarrollo de la ciencia y tecnología nucleares y su aplicación a escalas industriales, debe considerarse, con la más alta atención, la conservación del potencial genético como patrimonio de la humanidad. 5. La política proletaria en la industria nuclear supone, como condición indispensable para su concreción la participación de los trabajadores para diseñar y poner en práctica los planes, programas y proyectos acordes con el interés de la clase obrera. Dicha participación ha de llevarse a cabo sobre la base del control de la producción e investigación científica, de la operación e implicaciones de la energía nuclear y, fundamentalmente con base en el pleno ejercicio de la democracia proletaria. Llevar adelante esta política no es tarea sencilla, pero para los trabajadores es urgente, en la medida que tiende a desarrollarse la energía nuclear, lo cual hace aumentar los riesgos de trabajo, accidentes, enfermedades y efectos dañinos a que estamos expuestos los trabajadores de esta industria.
Es necesario aprovechar las experiencias anteriores para liquidar la degradación en que ha caído el trabajo científico y tecnológico, bajo el capitalismo, y volver a convertir el pensamiento en instrumento del progreso y bienestar del género humano.
Debemos considerar la importancia de la tecnología, tanto en el sistema de fuerzas productivas, como en un panorama más amplio, el sistema socioeconómico. En el primer caso tiene lugar el espacio tecnológico de su consideración; en el segundo el aspecto socioeconómico. Ello corresponde a la dualidad del papel que desempeña la técnica contemporánea en la sociedad. Por una parte, es el instrumento del trabajo en el proceso de producción, por otra, es el instrumento de la clase que la posee. Ambas funciones de la técnica, la propiamente tecnológica y la socioeconómica, pueden encontrarse en distintas correlaciones. Bajo el capitalismo estas funciones persiguen fines opuestos como resultado de la lucha de clases y de su antagonismo. De ahí que el examen de la tecnología y su impacto en el desarrollo, no pueda realizarse haciendo abstracción de factores sociales.
Las ideas, en general la ideología, influyen en el mundo material, algunas pueden contribuir al progreso de la sociedad, otras impedirlo. Las ideas burguesas aparecen como freno del desarrollo social, como una barrera. Dentro de éstas hay actitudes críticas, si bien rechazan al socialismo como alternativa real, y entran en contradicciones con el desarrollo social.
No solo eso, sino que las principales contradicciones del capitalismo se hacen pasar como cuestiones puramente técnicas, o como consecuencia del desarrollo de la técnica, cuando en realidad es que la hipertrofia de los verdaderos valores de la ciencia y la tecnología es una manifestación del capitalismo que ha usurpado la riqueza y los medios de producción, en beneficio de los intereses de la burguesía y en contra de las masas populares.
La ciencia y el desarrollo de la tecnología tienen una gran importancia. Pero si bien los progresos en estos campos crean las premisas para resolver los problemas sociales, no pueden, por sí solos, salvar al capitalismo. Es necesario que el desarrollo de la ciencia y la tecnología, se complemente con la revolución social como única vía de victoria.
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David Baena
Sección Centro Nuclear de Salazar del Sindicato Único de Trabajadores de la Industria Nuclear. |
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cómo citar este artículo →
Baena, David. 1982. “Las implicaciones del trabajo nuclear, tecnología nuclear y política proletaria”. Ciencias núm. 1, enero-febrero, pp. 32-35. [En línea]
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Colectivo La Habana, 1973
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Los pueblos de la tierra conocen y condenan, desde sus
inicios, el intento de una potencia imperialista, Estados Unidos, de aniquilar una pequeña y pacífica nación: Vietnam, y se solidarizan con su respuesta inigualable, de un heroísmo fuera de toda calibración, frente al agresor criminal.
Los imperialistas yanquis intentaron por todos los medios, no ya derrotar militarmente a los combatientes vietnamitas, lo que fue sencillamente imposible, sino exterminar a toda la población de Vietnam en forma consciente y progresiva, y, yendo más allá en su demoniaco designio, privar a esta nación de sus recursos naturales y futuros de vida y desarrollo, poniendo ignominiosamente la ciencia y la técnica de que disponen, al servicio de la elaboración de métodos capaces de convertir a Vietnam en una zona inhabitable, al margen, incluso, de la posibilidad de restañar sus heridas cuando la victoria apetecida por todos los hombres honestos hubiera sido alcanzada plenamente por el pueblo vietnamita.
La guerra de agresión y destrucción contra Vietnam, Laos y Camboya presentó muy diversas facetas en las que, dentro de la estrategia general del imperialismo yanqui, cada presidente norteamericano imprimió sus particulares tendencias criminales.
El rasgo característico de la administración de Nixon fue la escalada técnica en la guerra contra los pueblos de Indochina y, dentro de ella, como factor esencial, el incremento de la guerra química.
Desde la más remota antigüedad y posteriormente durante la Edad Media, se utilizaron diversas substancias, tales como el alquitrán ardiente, el azufre en estado de combustión, el aceite hirviente, el llamado fuego griego y otras, como agentes tóxicos, irritantes y quemantes contra el enemigo. A fines del siglo XIX y principios del XX se comienza a tomar conciencia, tanto por la opinión publica en general como por juristas e internacionalistas en particular, acerca de las implicaciones criminales del uso de productos químico-tóxicos como elemento bélico y se concluyen las primeras moratorias y prohibiciones al respecto (La Haya, 1899 y 1907). Durante nuestro siglo comparte el execrable privilegio de haber aplicado este tipo abominable de armas cuatro potencias imperialistas: Alemania, en la Primera Guerra Mundial; Italia, en la Guerra de Abisinia; Japón en la Guerra de China y los Estados Unidos en Indochina.
Estos países actuaron (y el ultimo actúa) a despecho de las diversas convenciones cuyas conclusiones prohibían la guerra química, específicamente lo acordado en las conferencias de Washington (1922), la resolución de la Liga de las Naciones (1932) y la Conferencia de la Paz de Buenos Aires (1936). Los Estados Unidos violan, además, la resolución No. 2603-A de la ONU de 1969.
Durante la Segunda Guerra Mundial no se utilizaron armas químicas en las operaciones militares, pero los nazis emplearon agentes tóxicos para exterminar masivamente prisioneros en los “campos de la muerte”. Los científicos al servicio del hitlerismo investigaron profusamente acerca de las substancias químico-tóxicas de todo tipo y desarrollaron especialmente y en gran escala la producción de los llamados agentes letales o neuroparalizantes de acción mortal inmediata en casi el 100% de los casos.
La existencia de estos productos fue conocida por Estados Unidos al final de la contienda y, sobre la base de las investigaciones alemanas y en muchos casos con el concurso de los mismos investigadores, se continuaron, ampliaron y perfeccionaron los trabajos en este campo ya en los Estados Unidos. Es preciso señalar que Estados Unidos es la nación que más ha desarrollado el arsenal químico, incluido el incendiario, y que ha llegado a las más horribles consecuencias devastadoras y a un refinamiento criminal en su campaña química en Vietnam, que no puede menos que calificarse de barbarie.
Como la guerra química requiere un mínimo de personal técnico-militar y las armas químicas son muy baratas en comparación con las tradicionales, y por sus características especiales se pueden usar conjuntamente con otros tipos de armas, afectando a la población, a los cultivos, animales y medios en general, se usaron progresivamente como instrumentos de las distintas políticas y estrategias en indochina, en especial en Vietnam. Son, en suma, expresiones evidentes y concretas de la voluntad genocida de Estados Unidos.
El propósito de su empleo es el de “quemarlo todo, destruirlo todo, matarlo todo” y, concretamente, lograr los siguientes fines: 1) Masacrar a la población civil; 2) Privar de alimentos a la población mediante la destrucción sistemática, premeditada y progresivamente intensificada de las cosechas; 3) Crear condiciones favorables para la mejor utilización de otro tipo de armas; 4) Obligar a los campesinos a internarse en los campos de concentración; 5) Inutilizar o dañar seriamente, en forma definitiva o por largo plazo, a los sobrevivientes; 6) Crear el pánico entre los sobrevivientes afectados o ilesos; 7) Perturbar el equilibrio ecológico; 8) Destruir los bosques y la vegetación para, además, incrementar los daños de las inundaciones. Además de recoger experiencias para aplicarlas contra otros pueblos que, como los de Indochina y actualmente Centroamérica, luchen por su libertad. Prueba de ello lo constituye el hecho de que algunos socios menores, en la ya caduca empresa del colonialismo y el imperialismo, están practicando los mismos métodos genocidas mediante el empleo de defoliantes1 y armas antipersonales contra algunos pueblos de África.
Todo lo anterior demuestra la certeza de las palabras, que el comandante Ernesto “Che” Guevara, en su “Mensaje a la Tricontinental”, dijera refiriéndose a la directriz central de la estrategia imperialista en Vietnam: “destruir todo vestigio de civilización”.2
Estados Unidos ha empleado una gama extensa y variada de armas de todos los tipos y en especial de armas químicas. Dentro de su amplitud podemos relacionar, entre los tipos de armas químicas más usadas en Indochina, los siguientes: 1) Herbicidas, defoliantes o ambas cosas, como los llamados agentes Naranja, Azul, Blanco y Púrpura y sales inorgánicas de arsénico; 2) Esterilizadores del suelo, como el bromacilo y el Urox 22; 3) Gases tóxicos, como el CS, CS-1, CS-2, DM o adamsita, CN o cloroacetafenona, bromoacetato de etilo; 4) Agentes incapacitantes, como el BZ; 5) Armas incendiarias entre las que se encuentran distintos tipos de Napalm, la Gelatina IM, el fosforo, la termita, etcétera.
En el Anexo de este trabajo ofrecemos las características químicas de todas las sustancias mencionadas.
Como ya expresamos, los agresores norteamericanos no fueron los primeros en recurrir a la barbarie de la química, pero sí les cabe el triste mérito de haber empleado todo su desarrollo científico y técnico, contando con la colaboración cómplice de científicos, universidades y centros de investigación que deshonran las tradiciones y finalidades de la ciencia, en perfeccionar los métodos de aplicación masiva, genocida, de las sustancias químico-tóxicas. En el caso de los herbicidas y defoliantes estos medios son, fundamentalmente, los aviones y helicópteros y los equipos de almacenamiento de las sustancias químicas que estas naves aéreas llevan.
Los tipos de aviones son los conocidos por C-123, C-130 y C-47, y van equipados con tanques de 1,000 gal que se vacían en cinco minutos y, en caso de emergencias, en 30 segundos. La dispersión de los productos químicos se hace por medio de 36 tubos repartidos entre las alas y cola del avión. Vuelan a una altura de menos de 50 m, o sea, casi rasantes. La tripulación consta de un piloto, un copiloto y un técnico, ubicado en la cola del avión, que es el encargado de la aspersión.3 Los aviones vuelan en grupos de 4 ó 5, debidamente escoltados por cazas o helicópteros artillados. Para complementar y mejorar la capacidad de dispersión de las sustancias fitocidas, a los aviones C-123 se les coloca un asperjador FIDAL (Fixed Wing insecticide dispersal apparatus liquid) dotado de turbinas pulverizadoras. En la época Nixon, y también en las postrimerías de la Johnson, se intensificó el uso de los helicópteros en las operaciones agresivas de aspersión, especialmente de los tipos HU-IA, HU1 B, H-24, AIE y el AIH, provistos de un asperjador HIDAL (Helicopter insecticide dispersal apparatus liquid). Como los helicópteros pueden detenerse para la aspersión y poseen, en general, más facilidades y maniobras en su vuelo, la operación de las sustancias químico-tóxicas son de más graves consecuencias. Conviene señalar que algunos de los helicópteros van debidamente artillados, por ejemplo, el HU-L Iroquis tiene ametralladoras M-60, de 7,62 mm; lanzacohetes de 2,75 pulg; lanzagranadas de 40 mm, cohetes antitanques SS-11 (para usar contra los refugios de la población civil) y un sistema de mira que se mantiene sobre el blanco a pesar de las vibraciones.
Las concentraciones empleadas para la aspersión de los herbicidas, defoliantes y esterilizadores del suelo son los siguientes:
Agente Naranja: 15-50 kg/ha
Agente Blanco: 16-18 kg/ha Agente Azul: 3-8 kg/ha Bromacilo: 15-30 kg/ha La dosis y concentraciones de las sustancias químicas utilizadas en practicas agrícolas normales son mucho menores. Por ejemplo. las del 2-D, 4-D y el 2T, 4-T, 5-T son de 1 kg/ha. En Vietnam, por órdenes del Pentágono se sobrepasaron en decenas y centenas de veces, como veremos a continuación, esos valores, con la agravante adicional de que se aplican sin diluir, lo que aumenta su acción destructora y toxica y su potencialidad como causa de daños mediatos. Hay la incidencia de otra cuestión operativa. Si consideramos una dosis cualquiera, la del Agente Naranja, por ejemplo, que es de 50 kg/ha (descargando el tanque en forma habitual en 5 minutos), observaremos que en una de las descargas de las llamadas de emergencia (tiempo de descarga 30 seg.) la concentración del material químico asperjado será de 300 kg/ha. Estos son, con todo, estimados muy conservadores; en realidad en Vietnam los aviones y helicópteros agresores han rociado tóxicos químicos a concentraciones mucho mayores.
En contra de lo que es habitual en las practicas agrícolas normales, el riego de los herbicidas y defoliantes sobre las áreas vietnamitas fue normalmente reiterado sobre determinadas zonas. Veamos algunos ejemplos. En 1969, las comunas del distrito de Dong Giang, provincia de Quang Da, fueron sometidas a más de cien rociadas por misiones de 4 a 6 aviones C-123 o C-130. En 1970 las mismas regiones fueron rociadas decenas de veces. El 5 de abril de 1970 se rociaron 40 ton de Agente Naranja en 10 misiones de C-123 sobre la región de Tra Linh, provincia de Quang Nam, destruyendo los sembrados en un área de 20 km2. Los científicos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, reveló que sobre una misma región al oeste de Tay Nohnh cerca de la frontera con Camboya se efectuaron aspersiones continuadas en el periodo comprendido del 29 de marzo al 9 de junio de 1969 mediante 113 misiones de C-123, es decir, 113 veces 1000 gal de productos nocivos, equivalentes a 400,000, esparcidos por el agresor en un área exigua, de alrededor de 100 km2, en unos dos meses. Los tres casos citados son ejemplos entre los miles que se pudieran ofrecer de lo que ocurrió cotidianamente durante más de 11 años.
Desde el punto de vista oficial norteamericano las operaciones de defoliación fueron llevadas a cabo por el 12° escuadrón del Comando Aéreo de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, con base en Bien Hoa. Estas misiones se clasificaron como vuelos especiales y el programa se denominó “Operación Hades” aunque fue conocida comúnmente como “Operación Ranch Hand”. Es repetido por los norteamericanos que se trató de denegación de alimentos a las fuerzas sudvietnamitas. Fue, en realidad, un programa de hambre, de devastación y aniquilamiento de la población civil y de sus recursos naturales y producibles, una manifestación, en suma, un aspecto más del genocidio.
Por todo lo antes expuesto llegamos a la conclusión de que los herbicidas, defoliantes y esterilizadores del suelo diseminados en Vietnam fueron armas químicas por las razones siguientes:
1. Se rociaron por medios que no son los de la práctica agrícola normal como tampoco lo es el de emplearlos sin diluir y en concentraciones sumamente elevadas equivalentes a varias decenas de veces de las habituales.
2. Se diseminaron repetidamente, a veces en días sucesivos, sobre una misma área. 3. Se emplearon en zonas densamente pobladas que no tienen valor como objetivos militares. 4. Se escogieron deliberadamente para regarlas las etapas correspondientes al óptimo estado de la planta; formación de granos, crecimiento, maduración etc. En cuanto a los gases tóxicos, como, por ejemplo, los CS, diremos que en otras latitudes, proclives al empleo de este tipo de sustancias contra las manifestaciones obreras y estudiantiles, se llaman “gases lagrimógenos”, “de hostigamiento”, etc. En las condiciones usadas por Estados Unidos contra los pueblos de Indochina estas últimas denominaciones serían paliativos inexcusables. Este falaz argumento es fácilmente recusable pues en esos países capitalistas los gases se usan en bajas concentraciones, nunca letales, en espacios abiertos que impiden la acumulación del producto en un volumen reducido y en ciudades, o sea, al alcance de cualesquiera de los auxilios hospitalarios que se precisen.
En Vietnam del Sur, por el contrario, se usaron en concentraciones que, deliberadamente, rebasan el índice de letalidad; se insuflan a presión en refugios subterráneos con la consiguiente acumulación en un exiguo volumen, lo que acarrea fatales consecuencias para los que se vieron expuestos a sus efectos, se aplicaron en simultaneidad con otras armas químicas, como las incendiarias y los herbicidas y, sobre todo, se afectaron zonas suburbanas y campesinas, carentes de recursos hospitalarios inmediatamente accesibles o de los medios de transportación para llegar a ellos, situación agravada por el masivo esparcimiento de minas antipersonales que, como colofón criminal, cierra la mayoría de los ataques.
Para que se comprenda el fondo genocida que hay en los gases tóxicos mencionaremos un breve detalle de su escalada técnica. El CS-1 y el CS-2 son modificaciones del CS; tienen el mismo componente activo que éste, el ortocloro-benciliden-malonidinitrilo, pero ambos se esparcen en forma de aerosol y, además, el CS-1 tiene un 5% de silicagel y el CS-2 posee una cubierta de silicona. Los efectos dependen del tamaño de las partículas del aerosol; cuando son mayores de 50 micras se afectan los ojos y cuando son menores que este valor tienen efectos irritantes sobre los pulmones.
Precisamente en el CS-2, último punto hasta ahora alcanzado en la escalada, las partículas tienen un tamaño menor de 50 micras para producir el efecto tóxico sobre los pulmones; la silicona (en realidad un compuesto de silicón) tienen como finalidad mejorar sus propiedades de flujo y persistencia en el área de diseminación creados (20 de ellos en total, incluida la criminal máquina insufladora “Mighty Mite”) y al incremento de su empleo contra la población civil, nos reafirma en la denominación dada de gases tóxicos. Además, han sido utilizados con carácter genocida por las razones siguientes: 1. Ataques sistemáticos contra los refugios en los que se hallaba la parte más indefensa de la población civil: mujeres, niños, ancianos, enfermos; 2. Empleo combinado de gases tóxicos con otras armas para causar el máximo de bajas entre la población. Se usaron casi siempre al mismo tiempo que las bombas explosivas, las antipersonales e incendiarias. Se nota, además, una marcada coincidencia en el riego de herbicidas y de gases tóxicos sobre casi todas las áreas del sur de Vietnam; y 3. Empleo repetido sobre las mismas áreas, siempre con gran densidad de población.
En relación con los gases incapacitantes, como el BZ, su propia denominación de incapacitantes proclama evidentemente su carácter de arma química cuyos efectos describiremos más adelante. Consignemos por ahora que este gas BZ se empleó varias veces en Vietnam y que en la época de Nixon se uso concretamente en febrero de 1969 en las áreas pobladas de la carretera 18 en el Trung Bo y en febrero de 1970 en zonas de igual condición al oeste de la provincia de Thua Thien. Un ataque con armas químicas se puede describir así:
— En horas de la mañana, un grupo de 10 helicópteros, debidamente escoltados por cazas, irrumpe sobre los campos de cultivo de un poblado vietnamita, volando varias veces sobre el área y regando sustancias tóxicas de olor irritante y molesto que saturan el ambiente y hacen difícil la respiración. A los pocos minutos los aviones dejan caer sobre la misma área sacos plásticos de gas tóxico CS y ametrallan las casas y tierras de cultivo. La población va apresuradamente a los refugios. Regresan los aviones. Esta vez dejan caer bombas de napalm o de fósforo. El calor excesivo generado por éstas obliga a muchos de los campesinos a salir de los refugios. Otro “pase” de los aviones. Nueva descarga: cientos de bombas antipersonales que al fragmentarse hieren profundamente a sus víctimas acrecentando sus ya grandes sufrimientos.4
Puede variar el orden de los medios agresivos, puede faltar el uso de algunos de ellos, pero nunca el empleo simultaneo de por lo menos dos, uno de ellos de naturaleza química: éste ha sido precisamente, el “gran aporte” de los genocidas yanquis, el american way de asesinar, destruir y matar.
La gestión de Nixon se caracterizó por el uso amplio, continuo y escalonado de las armas químicas. Durante los años 1969 y 1970 fueron destruidas en Vietnam del Sur, por sustancias químico-tóxicas, más de 1,836,950 hectáreas de tierras cultivadas y resultaron intoxicadas más de 650,000 personas, de las cuales cientos de ellas perecieron. De acuerdo con fuentes norteamericanas, desde 1961 hasta 1969, los Estados Unidos usaron en Vietnam del Sur 50,000 toneladas de defoliantes y por lo menos 77,000 toneladas de gases tóxicos. Sólo en el año de 1969 la cantidad de gas tóxico empleado fue de 6,063,000 libras de las cuales 3,885,000 corresponden a la versión CS-2. Además, como ya hemos señalado, en la época de Nixon se empleó el gas BZ para atacar la población vietnamita y se dotó ampliamente al ejército títere, de todos los medios de la guerra química. Se procedió, igualmente, a probar los efectos de nuevos herbicidas y de nuevas mezclas de los ya usados. Por ejemplo, a principios de 1970 se notó que muchos de los agentes usados causaban efectos peculiares sobre la vegetación. En varias regiones del Nam Bo oriental, Quang Nam y Quang Ngai, después del riego las hojas contaminadas se oscurecían por acción de la luz y resultaban altamente tóxicas para los animales; en otros casos, las hojas caían rápidamente pero permanecían verdes y no deformadas. En Thu Thien occidental, algunos de los agentes asperjados mataban la vegetación con rapidez, marchitando o aún quemando las hojas, pero sin deformarlas.
Los efectos de los tóxicos químicos empleados contra el pueblo de Vietnam sobre la salud del ser humano y, por ende, sobre la salud de la colectividad, son de índole diversa, tanto por sus características como por su gravedad.
El eminente médico vietnamita Ton That Tung y un grupo de colaboradores ha realizado importantes investigaciones5 sobre los efectos de las aspersiones con defoliantes, herbicidas y esterilizantes del suelo producen en los humanos. Inmediatamente después del contacto con estas sustancias químicas las victimas presentan cefalea, mareos, taquicardia, vómitos, sensación de calor en los ojos, piel, cuello; vértigos, y sobre todo, un síndrome de astenia que, cuando se instala, puede prolongarse durante meses. La incapacidad para el trabajo dura todo el tiempo que permanece establecida la afección. Aparece también un síndrome ocular, de origen tóxico general, que se manifiesta por lacrimación constante, irritación de la córnea, etcétera, y que, debemos resaltar, puede conducir a la ceguera temporal.
Se han reportado también varias formas de manifestación de un síndrome genético y, sobre todo, está establecido el síndrome de Down (trisomía 21) en las zonas reiteradamente asperjadas con Agentes Naranja, en una incidencia alrededor de 500 veces la incidencia media mundial.6
Queremos referirnos especialmente, por la importancia que entraña, a las alteraciones en las frecuencias genéticas de genes deletéreos y letales. Es conocido que las llamadas anomalías hereditarias, como el albinismo, la fenicetonuria, la anemia falciforme, la branquidactilia, etcétera, tienen una frecuencia muy baja en las poblaciones humanas. Por ejemplo, el albinismo tiene la frecuencia de 0.0001.
La abundancia relativa de los portadores de anomalías hereditarias dependen de la frecuencia genética de los genes que las controlan en la población y de los principios probabilísticos mendeleanos de recombinación independiente.
Actualmente es conocida la forma en que las poblaciones naturales con reproducción sexual y apareamiento al azar mantienen en equilibrio estos genes de tal forma que su frecuencia está al mismo nivel en sucesivas generaciones.
También es conocida la forma en que se puede romper ese equilibrio en la frecuencia y que una de las formas de lograrlo es la mutación, cambio brusco heredable que se produce normalmente recesivo en la manifestación de un carácter hereditario.
La cifra normal de anomalías hereditarias en Estados Unidos, por ejemplo, es de 20-25 en cada 1000 niños recién nacidos mientras que en Vietnam, en zonas fuertemente rociadas can agentes químicos, es de 1 en 4 en efectos que se pueden calificar prácticamente de mediatos. Nos podemos plantear qué sucederá en esa población en la que, producto de mutaciones ocasionadas por la guerra química, se producirán decenas de mutaciones deletéreas en los humanos de las regiones intensamente asperjadas al consumir alimentos contaminados, por vía de cadenas alimenticias, y que al ser recesivas no se manifestarán en el que las posee y seguirán apareciendo generación tras generación produciendo todos los tipos de malformaciones, deficiencias fisiológicas, etcétera, que tienen base hereditaria. El crimen de genocidio llega al punto increíble de comprometer no sólo a la población actual sino al patrimonio hereditario de un pueblo.
En cuanto a la teratogeneidad de los agentes, podemos dar por probada la del 2,4,5,-T por su impureza de fabricación o, sin contar ella con este factor, por tener como ingrediente la dioxina. Conviene destacar la importancia de esto, pues el imperialismo norteamericano por medio de sus voceros oficiales y criptoficiales, reconociendo de hecho la acción teratogénica de la dioxina, viene anunciando desde hace algún tiempo, que tiene en proyecto la fabricación industrial de 2,4,5,-T libre de dioxina, como falaz argumentación destinada a excusar por anticipado la continuación de la guerra química.
Además, hay que recordar que, aun cuando se eliminasen el 2,4,5-T y sus derivados de mezclas fitocíficas, los demás componentes de dichas mezclas son tóxicas en las concentraciones empleadas, y en el caso de algunos de ellos, como el picloram, están demostrados los efectos carcinógenos, teratogénicos y genéticos en hámsters y, por consiguiente, cabe esperarlos con seguridad en los casos humanos.
En efecto, las dosis a que está expuesta la población vietnamita en las regiones en que se empleó el Agente Blanco, del cual forma parte el picloram, son similares a las dosis que producen cambios degenerativos y carcinogenéticos, sobre todo hepáticos, en los hámsters de laboratorio. También se ha demostrado que el picloram produce mutaciones, evidenciadas por cambios bioquímicos, en insectos y en la Escherichia coli.
Es preciso destacar la acción irritante de los gases tóxicos, tipo, CS, sobre la conjuntiva ocular, ya que el tracoma es endémico en el sudeste asiático (alrededor del 80% de la población de esta parte del mundo sufre o ha sufrido de tracoma). No es difícil comprender las tremendas consecuencias de una afección irritativa ocular en un tracomatoso.
Las irritaciones cutáneas ocasionadas por los productos tóxicos son de importancia, pues constituyen puerta de entrada para infecciones (por ejemplo, glomerulonefritis), particularmente en un país tropical como Vietnam. Es conocido —y lo citamos en refuerzo de nuestro aserto anterior— que el impétigo en los trópicos tienen casi siempre secuelas infecciosas.
Desde el punto de vista médico-social, la destrucción de los bosques y cultivos agrícolas (fundamentalmente plantaciones de arroz), acompañado de la destrucción de las aldeas por bombardeos incendiarios y de demolición y por el arrasamiento absoluto de las tierras por equipos como el arado Roma, liquida el hábitat de grupos enteros de campesinos que se hacinan en las ciudades compelidos por el terror. La consiguiente promiscuidad implica la proliferación de enfermedades infectocontagiosas, incluso hasta el grado de epidemias.
Alrededor de este aspecto vale señalar también que el campo vietnamita está densamente poblado en muchas zonas (hasta 160 habitantes/km2), sobre todo en las llanuras y como las aspersiones químicas se llevaron a cabo por ocho aviones C-123 en fila, que cubren alrededor de un kilómetro de ancho y 14 de largo, y a muy baja altura, es en absoluto evidente la estricta intención genocida.
Por último señalaremos que los incapacitantes, psicotrópicos y alucinógenos, son agentes que tienen efectos singulares, realmente sorprendentes, sobre el psiquismo humano. Podemos citar entre estos efectos las alucinaciones, las sensaciones de ingravidez y de vuelo, el sentimiento de omnipotencia, la ruptura de los mecanismos de inhibición moral con sus lamentables consecuencias en el orden ético, la subversión emocional del individuo, la abulia (manifestada en la incapacidad de obedecer ordenes), etc. El BZ pertenece a este tipo de armas químicas.
Hemos visto los efectos de las armas químicas sobre el ser humano. Veamos ahora, en breve síntesis, los efectos sobre el medio con el cual este ser está relacionado.
En un país subdesarrollado, con típica vegetación de pluriselva, como Vietnam, la flora, y dentro de ésta el bosque, constituye un recurso natural básico.
Sobre este recurso fue volcado toda la furia de la escalada química norteamericana. Los objetivos perseguidos por el agresor imperialista, al intentar la destrucción de los bosques vietnamitas, son complejos y es necesario hacer una cuidadosa distinción entre lo declarado por los jerarcas norteamericanos y lo que subyace, lo no declarado, que constituye la médula de esta cuestión.
Oficialmente la campaña de defoliación, como hemos dicho, era un programa conjunto del Gobierno norteamericano y de sus títeres vietnamitas, destinado, según ellos, a privar a las guerrillas patrióticas de la cobertura del follaje para sus operaciones. En realidad se pretende mucho mas: se quiere, además del fin puramente operativo, provocar, al destruir los bosques protectores que constituyen alrededor del 80% de los bosques de Vietnam, el desequilibrio de la distribución natural del agua en el territorio, de suerte que las violentas inundaciones que así se originan devasten las llanuras, zonas densamente pobladas y dedicadas al cultivo del arroz, alimento básico en la dieta del pueblo, lo que constituye un propósito evidentemente genocida.
Como datos de los daños ocasionados por la guerra química a la riqueza forestal vietnamita, citamos que el 44% de los bosques ha sido seriamente afectado, y si se tiene en cuenta que el 20% del territorio sur de Vietnam está cubierto de bosques, se llegó a que el 13.2% del territorio del país ha sido dañado por la defoliación; el 25% de los bosques ha sido rociado más de una vez; el 65% de los bosques semideciduos asperjados han sido destruidos; el 40% de los pinos ha sido devastados por armas incendiarias.
Los daños históricos a largo plazo no son evaluables en la actualidad, pero puede tenerse una idea de ello sabiendo que la reposición de un manglar típico demora, como mínimo, veinte años y, desde luego, que este dato no tiene en cuenta la esterilización del suelo que es ya un hecho en amplias zonas.
Dos ejemplos históricos nos ilustrarán claramente acerca de la magnitud del daño que representa la destrucción de los bosques. La erupción del Krakatoa en 1883 devastó casi totalmente la vegetación de la isla del mismo nombre; las nuevas plantas crecieron tan pronto la lava se transformo en suelo, pero, 90 años después del cataclismo los bosques no han alcanzado su estado y nivel originales. La ciudad sagrada de Ankor, que desde el siglo XII fue centro de la gran civilización khmer, fue destruida y abandonada hace 600 años; las áreas correspondientes a la antigua zona urbana han sido invadidas por el bosque, pero, seis siglos después éste es aún, bosque secundario.
Al igual que la flora, la fauna vietnamita es muy rica y variada, cuenta con especies autóctonas de gran valor. La destrucción que los ataques químicos han causado al hábitat natural ha provocado que no pocas especies se encuentren en vías de extinción y que otras emigren, en especial las aves, al verse privadas del follaje de las plantas y árboles. Se comprende que este proceso lleva implícito, además de la evidente ruptura de los distintos sistemas de equilibrio ecológico, un peligro potencial de transmisión y propagación de diversas patologías animales.
Después de haber considerado los daños a los recursos naturales, veamos las consecuencias sobre la producción. Los recursos agrícolas han sido gravemente afectados y en un alto grado el arroz.
Veamos algunos datos (en miles de kg de arroz destruidos):
1966: 23660
1967: 50280 1968: 38680 1969: 28160 El ensañamiento especial contra el arroz se explica por ser éste el alimento principal de los pueblos de Indochina, de uso tradicional durante siglos, además de constituir un elemento importante de vinculación con la tierra y con la aldea. Las plantaciones de arroz son rociadas inmediatamente antes de la formación del grano, lo que trae como consecuencia la pérdida del 60% al 90% de la cosecha. Sobre el arroz actúa específicamente el Agente Azul, pero otros herbicidas dañan la planta a las altas concentraciones en que se les emplea. El Agente Naranja, por ejemplo, provoca la disminución del contenido de nitrógeno en el arroz. La relación entre los contenidos de nitrógeno no-protéico y protéico es mayor después de la contaminación; el contenido de almidón disminuye. La gran combinación de herbicidas y defoliantes ha tenido como finalidad el asegurar la destrucción de todos los tipos de cultivo agrícola. Así, el maíz, el boniato, el plátano, la yuca, etc., han sido afectados seriamente por el riego de los tóxicos químicos y se ha quitado, como hemos repetido, la base de alimentación de la población.
Contrariamente a lo que se afirma por los agresores, los productos diseminados bajo el rubro hipócrita de herbicidas, son tóxicos para los animales. La toxicidad sobre estos está originada, fundamentalmente, por las fuertes dosis y, además, por la relación entre éstas y su transmisión a través de la cadena alimenticia. Se ha reportado la muerte en masa de puercos, búfalos, vacas y aves de corral, en zonas asidua y extensivamente afectadas por herbicidas y defoliantes, en las que las dosis empleadas han sido altísimas. Los animales sobrevivientes permanecen débiles y raquíticos y entre muchas especies (vacas y puercos) son frecuentes los abortos. Las dosis subletales de 2, 4-D pueden afectar en forma inestable el metabolismo de algunas plantas y traer, entre otras, la consecuencia de la acumulación de nitratos. Al ingerir los animales esas plantas, el nitrato se transforma en nitrito, éste se absorbe en la sangre y provoca metahemoglobinemia, con la consiguiente carencia de oxigeno en los tejidos, lo que puede causar la muerte o provocar abortos. El peligro potencial aumenta al no rehusar los animales el consumo de los pastos rociados con sustancias arsenicales y mercuriales o beber en fuentes contaminadas con estas sustancias.
En los ríos y lagos de Vietnam vive una gran cantidad de peces que resultaron envenenados directamente por los compuestos tóxicos. Además, la ruptura de la trama alimentaria al dañarse el fitoplancton que sirve de base al desarrollo de zooplancton y, por tanto, de los peces que se alimentan de ambos, condujo a la reducción de la fauna acuática. Daños similares ocurren entre los peces de mar, sobre todo, cerca de la desembocadura de los ríos, en los que aparecen desarreglos vasculares y lesiones en el hígado. Algunos herbicidas han demostrado ser altamente tóxicos, como el caso del monourón, que en concentraciones de 1-2 ppm afecta notablemente a los peces.
La desaparición de la vegetación y de la capa vegetal determina un incremento de la erosión del suelo. Para darnos cuenta de la magnitud de esta consecuencia, señalaremos que la naturaleza emplea centenares de años en transformar las rocas en suelos de un centímetro de espesor; basta, sin embargo, la caída de unos cuantos aguaceros para arrastrar una capa del espesor mencionado.
La destrucción y empobrecimiento de la capacidad productiva de los suelos, provocados por la erosión, tiene consecuencias catastróficas para cualquier nación, pues compromete seriamente su desarrollo y agrava o anula la productividad de las tierras.
Deliberadamente se utilizó contra Vietnam un tipo de sustancia química: los esterilizadores del suelo, que al penetrar en las caras u horizontes superiores del mismo, ocasionan la muerte de las bacterias y microorganismos que desempeñan un papel vital en las relaciones suelo-planta.
Estas relaciones, de carácter complejo, constituyen ecosistemas definidos, cuyo equilibrio comienza a ser alterado por la defoliación y el subsiguiente empobrecimiento general de las tierras; se empeora por la acción de los esterilizadores del suelo; se agrava por la acción de las bombas incendiarias y de napalm que someten los suelos a altas temperaturas durante un tiempo prolongado, y llega a su clímax cuando son arrastrados volúmenes enormes de suelos por la erosión, provocándose, con la pérdida de la microfauna bacterial, una total esterilización del área afectada.
En los suelos totalmente denudados, ha sido detectada la aparición de costras o corazas impermeables, que representan un impedimento para la agricultura. Los suelos residuales, formados como consecuencia de la acción de los fenómenos del intemperismo, son abundantes en Vietnam; resulta en ellos una corteza de intemperismo con un perfil geoquímico definido, coronado por un horizonte de ocres inestructurales friables, que contienen cantidades apreciables de perdigones o concreciones ferruginosas.
Estas concreciones a veces se cementan y forman corazas o costras en forma de bloques redondeados o de estratos alargados. La formación de costras es siempre inadecuada para las labores agrícolas.
El gobierno imperialista de Estados Unidos roció sobre Vietnam del Sur una cantidad tal de productos químicos que equivale a seis libras por habitante, lo que permite hablar de un nuevo crimen: el ecocidio.
En la naturaleza, las especies vegetales y animales se relacionan entre sí y con el medio, manteniéndose en un equilibrio elaborado o ecosistema. La aplicación sistemática de herbicidas; la tala excesiva de los bosques; el incendio con napalm, fósforo o magnesio, que elevan la temperatura a 2000°C o más y calcinan cuánto está cerca y hasta una profundidad en el suelo que alcanza varias pulgadas, eliminado hasta la microflora del mismo; o las prácticas agrícolas realizadas sin tener en cuenta las posibilidades ecológicas de la región, han sido motivos de cambios irreversibles y del abandono de numerosas zonas antes productivas.
Si analizamos los graves efectos de la guerra química encontramos síntomas inconfundibles de severos cambios ecológicos:
1. En grandes zonas el régimen de lluvias ha cambiado.
2. La temperatura a distintas alturas, y especialmente cerca del suelo, ha sufrido violentos cambios. 3. Las aguas, al no encontrar obstáculo alguno, adquieren mayor velocidad y temperatura. 4. Los cráters formados por las bombas rompen la estructura del suelo, cambiándola. 5. Al no haber vegetación, la incidencia de los rayos solares los hace más quemantes, lo que aumenta la evaporación y aleja, con la elevación de temperatura. la posibilidad de lluvias. Y todo este desastre, como consecuencia de la subversión del equilibrio ecológico vietnamita por las armas químicas y las bombas de demolición, se produjo a tal grado que progresivamente se llegó a la aniquilación de los ecosistemas básicos, con la inminente transformación del territorio vietnamita en un páramo lunar, incapaz de sostener la biota.
No existe calificativo en nuestro idioma, y dudamos que exista en idioma alguno, un vocablo que represente la destrucción premeditada y sistemática de seres humanos, flora, fauna, suelo y clima de una sola población.
Conclusiones
1. Los agresores norteamericanos atacaron sistemática y escalonadamente, durante más de once años, con sustancias químico-tóxicas al pueblo y naturaleza vietnamitas, contraviniendo todas las normas jurídicas y de cultura universales.
2. El imperialismo yanqui corrompe la esencia misma de la ciencia y la técnica, medios destinados al bienestar y progreso humanos, al ponerlos al servicio de una política genocida.
3. Los yanquis son responsables únicos de haber causado con armas químicas la intoxicación de unos dos millones de personas y muerte de muchas miles de ellas, en Vietnam.
4. El gobierno de Estados Unidos diseminó sustancias químico-tóxicas y productos incendiarios en Vietnam con los propósitos evidentes de asesinar, causar bárbaros sufrimientos y aterrorizar a la población civil, destruir las riquezas naturales y producidas, e inutilizar el territorio vietnamita para la vida, en la mayor extensión posible. Las autoridades norteamericanas mintieron y lo siguen haciendo al negar que utilizaron medios no lesivos al ser humano y a los recursos de toda índole, pues ha quedado plenamente demostrado todo lo contrario.
5. En un intento de llevar a cabo con mayor eficacia sus propósitos genocidas, el agresor imperialista devastó en forma deliberada y metódica, con armas químicas, el medio natural indochino. Es, pues, culpable del crimen de ecocidio y ha abierto, de esta manera, una nueva senda criminal de genocidio al privar, a la comunidad humana atacada, de sus bases materiales de supervivencia y desarrollo futuro.
6. El comprobado carácter letal de los productos químicos utilizados contra el pueblo de Vietnam, implica el aniquilamiento de todas las formas de vida animal, vegetal y microbiana: el imperialismo yanqui responderá al crimen de biocidio.
7.La guerra química alteró y aún está minando las bases mismas del patrimonio genético vietnamita: el imperialismo yanqui responderá ante los pueblos y ante la Historia de este horrendo crimen.
Y a pesar de todo los pueblos de Indochina vencieron. Los pueblos que resistieron con firmeza los embates de un poderío criminal enormemente desproporcionado para sus fuerzas, que hicieron frente a la descomunal conjugación de recursos destinados por el imperialismo yanqui a aniquilarlos, vencieron.
¡Vivan los pueblos de Indochina!
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Notas
1. Smith, R.M.; The New York Times, 9 de dic. de 1970. 2. Revista tricontinental; suplemento especial, La Habana, 16 de abril de 1967.
3.Whiteside Thoms; Defoliation, New York, 7 de feb. de 1970.
4. Informe Delegación I a Vietnam (1971).
5. Ton that thung, et. al., Estudes Vieinamiennes, No. 29, Hanoi, 1971.
6. Grummer, Gerhard; Genocide With Herbicides, Berlín, 1971.
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Referencias bibliográficas
Blattner, R. J.; Congenital defets: impacts on the patient family and society, Second Int. Conference on Congenital Malformations, Int. Med. Congr., Nueva York, 1968. |
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Colectivo La Habana, 1973
Artículo tomado del “Tercer simposio contra el genocidio yanqui en Vietnam y su extensión a Laos y Camboya”, celebrado en La Habana en 1973. |
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cómo citar este artículo →
Colectivo La Habana, 1973. 1982. “La guerra química en Vietnam”. Ciencias núm. 1, enero-febrero, pp. 22-31. [En línea]
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Hortensia González Gómez y Rodolfo García Sámano
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La característica más significativa de nuestro tiempo es
la industrialización, la cual ha facilitado el arribo de la ciencia y la tecnología, en mayor o menor grado, a todos los sectores de la producción y de la vida. A principios de siglo, muchos veían en este desarrollo industrial la promesa de una vida feliz y próspera para la humanidad entera. Sin embargo, en la actualidad, ha sido demostrado histórica y científicamente que esa felicidad y prosperidad sólo son posibles para un grupo más reducido de personas a costa de la miseria de la inmensa mayoría de la población y del deterioro de la biósfera, si la industrialización se realiza en el marco de la producción capitalista. De acuerdo con Marx, la relación de los hombres con la naturaleza depende de sus propias relaciones y asociaciones para satisfacer sus necesidades;1 y la producción capitalista se basa en una relación irracional de explotación del hombre y de la naturaleza. Por si existiese duda, a diario se nos brindan muestras de cómo opera el sistema: el lanzamiento al mar de toneladas de cereales para evitar el descenso de su precio, cuando se proclama el hambre por la sobrepoblación; la contaminación creciente y peligrosa del medio por falta de tratamiento y control de desechos industriales y urbanos; aumento del deterioro de la salud física y mental del hombre con incremento de las enfermedades “modernas”, debido a la desorganización en el trabajo y en la urbanización. Por todo esto es claro el fracaso del sistema capitalista.
En términos ecológicos, a toda esta serie de fenómenos se le conoce como “ruptura del equilibrio de los ecosistemas”, pero el problema de su restablecimiento trasciende los marcos de la Ecología y debe entenderse en términos de una transformación social. Es claro, por otra parte, que las distintas formas de explicarla dependen del compromiso que se tenga con el statu quo y las más de las veces las “explicaciones” tienden a desviar la atención del problema central, exonerando así a la estructura capitalista.
Ejemplo palpable de esta visión deformada es la política de salud ambiental de México, que afirma que sólo se conseguirá una solución a la crisis ambiental cuando la tasa de natalidad disminuya y la producción agrícola aumente. Si alguna vez se ha concebido la necesidad de un cambio de estructura económica se ve como algo inalcanzable y sólo se proponen ideas alternativas que permitan perpetuar las condiciones existentes.
Podemos reconocer varias formas en que el proceso industrial afecta la ecósfera y altera el equilibrio ecológico. Revisemos las etapas que, de manera general, comprende dicho proceso:
1. Extracción de materias primas renovables y no renovables.
2. Transformación o procesamiento de materias primas para la obtención de mercancías.
3. Distribución en el mercado de los productos elaborados.
Cada una de las etapas tiene diferentes tipos de incidencia sobre la naturaleza. En la primera, por ejemplo, se dan los casos de sobrexplotación de los recursos que traen como consecuencia la alteración del ecosistema por aumento de plagas, cambios microclimáticos, simplificación, erosión, etcétera. También en los trabajadores de la industria extractiva se presentan afecciones biológicas (infecciones, alergias químicas), según la naturaleza de la materia prima.
En la etapa de transformación, el nivel de afectación de la naturaleza se concentra en la fábrica y zonas aledañas, donde las condiciones laborales alteran la salud de los trabajadores con diferentes agentes causales (físicos, químicos y biológicos), que en ocasiones afectan a la población en general al ser arrojadas al ambiente como humos, gases, aguas tratadas, calor, radioactividad, etcétera.
El transporte de los productos al mercado implica el uso de vehículos automotores, que contaminan el ambiente por el tipo de combustible que emplean y por su número creciente. Pero no sólo la producción y circulación de mercancías, aún su consumo es causante indirecto de daño a la salud del hombre y su medio, por el efecto de las innumerables sustancias de desecho que la producción capitalista, sin control, lanza a la biósfera.
Es evidente que para estudiar estos problemas no se debe perder de vista este contexto global. Además, estos problemas trascienden el nivel puramente biológico, por lo que su solución se dará sólo cuando los obreros se liberen definitivamente de la explotación capitalista, alcanzando otras relaciones de producción que garanticen la salud del hombre y la planeación social de la explotación y conservación de los recursos naturales. Pero también debe ser evidente que las investigaciones a realizar han de orientarse a la comprensión y sistematización de los efectos y trastornos biológicos producidos por falta de planeación en el desarrollo industrial, y darlos a conocer a los trabajadores, quienes con su propia participación y organización colectiva, pueden contribuir a la agudización consciente de las contradicciones sociales y forzar su solución.
Por otra parte, aunque algunos de los efectos nocivos han sido ya, por una u otra razón, objeto de mayor estudio, análisis y hasta divulgación o denuncia, el estado de salud de los trabajadores se ha divulgado muy poco, sin duda debido a su directa trascendencia política, pues se trata de las condiciones en que se realiza la venta de fuerza de trabajo.
De aquí nuestro interés de revisar más a fondo la problemática de la seguridad e higiene industriales.
En México, como en otros países, el Estado y las empresas son los encargados del tratamiento “oficial” de los problemas de salud laboral. En el sentido ideológico este tratamiento se basa en los postulados tecnocráticos y humanistas de las escuelas estadounidense, noruega y francesa. Cuando el capitalismo se encuentra en una posición de fuerza y preponderancia, predominan los enfoques meramente tecnocráticos que consideran al hombre como un simple recurso más en el proceso productivo, como la materia prima, la maquinaria. etc. Según la afirmación del creador de la Administración Científica, Friedrick Taylor, “el obrero medio es tan flemático y estúpido, que más se parece al buey en su configuración mental que a cualquier otro ser…".2 Por otra parte, Bloomfield define la seguridad industrial como una “…verdadera técnica encargada principalmente de prevenir accidentes…”, definición que implica el hecho técnico de mantener bajo control a recursos empleados en el proceso productivo, como son la mano de obra, la materia prima, etc.3 No falta por supuesto la responsabilización del trabajador por accidentes o enfermedades de trabajo “…ya sea por su ignorancia, por influencia del medio social en que se desenvuelve, o a sus propios defectos personales” o por algo tan absurdo como “la temeridad tradicional tan característica del mexicano” (Ibid).
La solución tecnocrática de estos problemas implica represión y discriminación del trabajador en forma velada como “adiestramiento, exámenes médicos de admisión y periódicos, campañas de concientización, etcétera…” (Ibid). Tal concepción ha llegado a ser tan aberrante, inclusive para la reproducción de la fuerza de trabajo que compra el capitalista, que han surgido otras posiciones, como la siguiente:
Cuando hay auge de las organizaciones o movilizaciones de los trabajadores, el problema de la salud de éstos se enfoca de manera radicalmente distinta, aunque no por ello menos clasista; se torna humanista y liberal; destaca la participación de los obreros en consejos o comisiones de “autogestión obrera”, pero siempre supeditados a las necesidades de la producción y costos de las empresas, y siempre como “experimentos temporales que estimulan a los trabajadores”, (véanse los trabajos de "Humanización del trabajo" de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social). Claramente se trata de una forma de enajenación o neutralización de las organizaciones obreras y sus posibilidades revolucionarias. (Tal es el caso, en nuestro país, de las comisiones mixtas de seguridad e higiene, o las delegaciones sindicales para seguridad industrial).
Respecto a los accidentes de trabajo, esta escuela humanista considera que implican un factor humano, como síntoma de algo mas complejo; son “una arca distorsionada del sistema socioeconómico”,4 ya que los accidentes de trabajo son más frecuentes en las fábricas grandes, con medidas de seguridad y administración científica (tayloriana), y se reducen a medida que las condiciones laborales son de tipo artesanal.5 Se considera que la causa de esto es “el tedio y la frustración a la que está sujeto el trabajador, con trabajos monótonos e irracionales para su mente, y expresamente sofisticados y eficientes para el productor” (Ibid).
De las posiciones señaladas resulta evidente la tendencia a individualizar los problemas de salud laboral, considerando al hombre como el núcleo del problema y negando la capacidad de respuesta colectiva a los trabajadores.
A pesar de todos los intentos y esfuerzos hechos bajo las concepciones anteriores, para controlar las condiciones de salud laboral en México, éstas se han deteriorado en función de la creciente irracionalidad de la actividad productiva y de la falta de posibilidades para mantener un control estricto y permanente. A continuación, una lista (incompleta) de ejemplos: 1) Aumento del numero de riesgos de accidentes de trabajo durante los últimos años; 2) Desconocimiento del número real de casos de cada enfermedad laboral; 3) Aumento incontrolado y desconocido en el numero de sustancias tóxicas empleadas en la industria.
Vale la pena tocar un poco más a fondo un ejemplo particular; el del plomo. Este metal pesado ocupa tradicionalmente los primeros lugares como agente causal de enfermedades laborales. El plomo produce el saturnismo, que es una enfermedad de gran incidencia en el país, principalmente entre los trabajadores metalúrgicos, mineros, refinadores de petróleo y otros.
Para destacar la importancia de ese metal en la producción basta con ver la siguiente tabla que indica las industrias que mayormente utilizan plomo:
– Industria papelera
– Industria química orgánica y petroquímica
– Industria de fertilizantes
– Refinerías de petróleo
– Acerías de base y fundiciones
– Fábricas de base de metal sin hierro
– Industria de baterías eléctricas
– Cerámica y pintura
– Imprentas
– Municiones, soldadura y cableado
– Industria automotriz
Y para comprender la magnitud de los daños que este metal puede producir en el organismo humano, basta ver la siguiente tabla, donde se destacan los principales síntomas de la intoxicación saturnina en sus fases temprana y tardía.
Y como daños generalizados podemos mencionar efecto inhibidor sobre algunas enzimas; efectos sobre el metabolismo de ADN, proteínas y piruvatos, etcétera.
Encontramos, entonces, en solo una enfermedad laborar, un extenso campo de investigación por realizar. No se sabe, por ejemplo, como es que el plomo destruye las vainas de mielina de las células del sistema nervioso, ni tampoco cuáles son los efectos carcinogénicos y mutagénicos del metal y menos aún, cuáles son las concentraciones máximas permisibles de exposición para los trabajadores mexicanos.
Si ahora pensamos en el creciente desarrollo industrial que trae consigo una enorme cantidad de productos sintéticos que se incorporan a la industria y al consumo, algunos potencialmente tóxicos y otros de los que no se sabe nada acerca de su efecto sobre los seres vivos; si pensamos en la población obrera de nuestro país (alrededor de 6 millones de trabajadores) expuestas a uno o varios riesgos por las condiciones de trabajo y la proporción de ellos que pueden recibir atención médica; si revisamos las pocas estadísticas que existen acerca de las enfermedades laborales más frecuentes en nuestro país; si revisamos la bibliografía científica referente al estado actual de conocimientos sobre los tóxicos más utilizados en la industria, nos encontraremos, sin duda, frente a un amplio campo en el que los investigadores y estudiantes de Ciencias pueden hacer mucho.
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Notas
1. Marx, K., Trabajo asalariado y capital, ed. Progreso. Moscú.
2. Citado en Bluestone I., Worker participation in decision making, trabajo presentado en la “Conferencia sobre problemas, estrategia y programas de una Economía Política”, Washington, D.C., 1973.
3. Bloomfield, J. 1959. Introducción a la Higiene Industrial, Ed. Reupte, México.
4. “Humanización del trabajo”, documento de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, México.
5. Córdova, C.A., “La dimensión humana del accidente de trabajo”, en Condiciones de trabajo, núm. 1, México, pp. 3-11.
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Hortensia González Gómez y
Rodolfo García Sámano
Pasantes de la carrera de Biología Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México.
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cómo citar este artículo →
González Gómez, Hortensia y García Samano, Rodolfo. 1982. “La salud en el ambiente y el trabajo”. Ciencias núm, 1, enero-febrero, pp. 18-20. [En línea]
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