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Los anillos de Saturno
 
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Julia Espresate
     
               
               

Saturno es el sexto planeta en orden de distancia al Sol. Está casi diez veces más alejado del Sol que la Tierra y es el segundo planeta más grande del sistema solar después de Júpiter.

Una de las características que hacen de Saturno un planeta excepcional es el enorme e intrincado sistema de "anillos" que lo rodea. En 1610, Galileo fue el primer astrónomo que utilizó un telescopio con el fin de observar los cuerpos celestes; al dirigir su telescopio hacia Saturno observó tres estructuras esféricas y alineadas, la mayor en el centro y otras dos de menor tamaño a cada lado. Al principio se pensó que eran tres cuerpos.

Fue casi sesenta años más tarde cuando el astrónomo holandés Christian Huygens observó que Saturno era un sólo cuerpo esférico rodeado por un disco brillante en su plano ecuatorial. En esa época no existía la posibilidad de tomar fotos de lo que se observaba con los telescopios, así que los astrónomos hacían dibujos de lo que veían. En 1676, el astrónomo Gian Domenico Cassini, casi setenta años después de las observaciones de Galileo, volvió a observar a Saturno y vio el cuerpo central esférico (es decir, el planeta Saturno) pero rodeado por dos discos brillantes, uno más externo y delgado llamado anillo A y uno más ancho e interno llamado B; ambos discos estaban separados por una región oscura, aparentemente vacía, a la que se llamó la División de Cassini. Fue hasta 1883, más de doscientos años después, cuando el astrónomo A. Common tomó directamente desde su telescopio la primera fotografía de este fascinante planeta. La presencia de anillos o discos alrededor de planetas no se había detectado en ningún otro cuerpo del sistema solar.

Hasta ese momento se pensaba que los discos o anillos A y B eran estructuras sólidas alrededor de Saturno. Sin embargo, esta suposición significaba una contradicción muy seria con las leyes de la física. Durante la segunda mitad del siglo pasado, el físico James Clerk Maxwell se dio cuenta de que si los anillos tenían un ancho de aproximadamente cien mil kilómetros, como se deducía de la observaciones, entonces tendrían que estar hechos de algún material desconocido y de una dureza formidable de manera que pudiesen resistir la diferencia de la fuerza de atracción gravitacional de Saturno entre sus dos extremos. La fuerza de gravedad depende de la distancia entre los cuerpos y mientras menor es la distancia mayor es la fuerza de gravedad. Es decir, la parte interna de estos discos estaba sujeta a una fuerza de atracción hacia Saturno mucho mayor que la parte externa, dado que la parte interna se encuentra mucho más cerca de Saturno que la parte externa. Esta diferencia en la atracción gravitacional existente entre el borde interno y el externo resquebrajaría y rompería cualquier estructura sólida.  Esta situación era aún más dramática para el disco interno y más ancho, o sea, el anillo B, simple y sencillamente porque es el que se encuentra más cerca de Saturno.

La propuesta de Maxwell

Para resolver el problema, Maxweil propuso que los discos no fuesen estructuras sólidas sino que estuviesen formados por una cantidad gigantesca de piedritas o pequeños satélites en órbita alrededor de Saturno, que al ser tan numerosas y observadas desde tan lejos dieran la impresión de ser una estructura uniforme y sólida. Su propuesta fue aceptada de inmediato por la comunidad científica. Desde entonces y hasta la fecha solamente han existido verificaciones observacionales indirectas de que, en efecto, los dos principales discos que rodean a Saturno están formados por una inmensidad de pequeños satélites. Estas observaciones son evidencia indirecta porque de hecho ninguna nave espacial de las enviadas ha podido tomar una imagen de alguna de estas piedritas. En general las naves se colocan bastante lejos de los planetas que exploran y, a esa distancia, el equipo de adquisición de imágenes que llevan consigo es insuficiente para distinguir un objeto menor de diez kilómetros de tamaño. A partir de las observaciones hechas por la nave Pionero 11 en 1979, y principalmente por las naves Viajero I y II, en 1980, a su paso por Saturno, se piensa que los tamaños de estos numerosos satélites que conforman los anillos van desde una milésima de milímetro (un grano de polvo), hasta algunos kilómetros (como montañas). La mayoría de estos pequeños satélites tienen tamaños del orden de algunos metros.

Una vez aceptada la teoría de los anillos como un inmenso enjambre aplanado de partículas en órbita, se logró reconciliar la existencia de los anillos con las leyes de la física. Posteriormente, las observaciones de las naves Viajero fortalecieron aún más la teoría propuesta por Maxwell y dieron indicios de los diversos tamaños de las partículas o satélites.

Sin embargo, esta reconciliación no resulta tan sencilla e inmediata y trae consigo problemas nuevos no resueltos. Uno de los nuevos problemas es ¿cuánto tiempo pueden durar estos anillos alrededor de Saturno?, o antes de eso, ¿por qué habrían de tener una duración finita? Otra vez, las leyes de la física son las responsables. Si los anillos son en efecto un inmenso enjambre de partículas con tamaños del orden de metros (la mayoría), muy probablemente haya colisiones entre ellas. En cada una de estas colisiones ambas partículas pierden energía de movimiento de traslación alrededor de Saturno. Desde que Newton formuló la ley de la gravedad se sabe que una pérdida en energía de traslación causa que la partícula "emigre" a una órbita más interna, es decir, más próxima a Saturno. Dejando de lado los detalles finos de este proceso de colisiones, el resultado final que la física predice es que la inmensa mayoría de las partículas del enjambre se acercarán tanto a Saturno que terminarán siendo "tragadas" por éste y solamente unas cuantas partículas emigrarán hacia el exterior, es decir, se encontrarán en órbitas mucho más lejanas a Saturno que aquellas en las que se iniciaron. 

¿Qué edad tienen?

Los cálculos teóricos que se han hecho basados en la frecuencia de colisiones entre estas partículas y la pérdida de energía en cada colisión indican que si los anillos se formaron al mismo tiempo que Saturno, entonces después de tres mil quinientos millones de años de colisiones (edad estimada del sistema solar) ya deberían haber sido tragados por Saturno. Por tanto, no debieran estar ahí. Sin embargo, están ahí.

La edad estimada del sistema solar es de aproximadamente tres mil quinientos millones de años. Nosotros hemos sido testigos de la existencia de los anillos de Saturno solamente durante los últimos cuatrocientos años. ¿Estaban ahí desde antes?, ¿se formaron al mismo tiempo que Saturno y lo han acompañado desde entonces?, o ¿fuimos increíblemente afortunados y se formaron hace poco y los pudimos observar con nuestros telescopios? Y digo "increíblemente" porque cuatrocientos años es tan sólo una diezmillonésima parte de la existencia del sistema solar; pero si además pensamos que Homo sapiens lleva tan sólo algunos miles de años sobre la Tierra, la probabilidad de que los anillos estuviesen ahí para observarlos con nuestros telescopios cuando los desarrollamos resulta alarmantemente pequeña.

Así pues, hay al menos dos posibilidades: 1) los anillos de Saturno son de formación reciente, o 2) hay algún mecanismo que está actuando para frenar la caída de estas partículas hacia Saturno.

Respecto a la primera hipótesis hay que reconocer que los científicos son siempre renuentes a pensar que somos increíblemente afortunados. Siempre prefieren pensar que lo que observamos es común en todo el universo y que nuestra presencia en el sistema solar no tiene por qué coincidir con algún fenómeno fuera de lo común. Ésta es la parte filosófica que permea las mentes de la mayor parte de los astrónomos, por tanto prefieren pensar que los anillos se formaron al mismo tiempo que Saturno y que no se han caído todavía porque existe algún mecanismo aún desconocido pero totalmente natural y explicable que al menos retarda enormemente esta caída. De cualquier modo no hay que dejar de explorar la posibilidad de que los anillos se hayan formado recientemente. Hasta ahora todos los intentos por construir una teoría consistente acerca de su reciente formación han fallado, aunque esto no significa que la idea haya sido desechada, pues sigue estando en la mente de todos nosotros y hay astrónomos dedicados a construir una teoría plausible sobre la reciente formación de los anillos.

A diferencia de la hipótesis de la formación reciente, la segunda hipótesis ha construido ya modelos teóricos muy prometedores y consistentes con la física que podrían explicar el retardamiento en la caída de los anillos hacia Saturno. Y aunque no están del todo completos y falta mucho por investigar hay fuertes evidencias de que existe un mecanismo retardante y efectivo. Antes de explicar en qué consiste dicho mecanismo discutiremos algunos conceptos básicos.

Saturno es una gran masa de gas y tiene forma esférica. En realidad debido a su rápida rotación está ligeramente achatado en los polos, pero puede considerarse esférico sin cometer un error grande. De acuerdo con la ley de la gravitación de Newton, la velocidad con la que un cuerpo en órbita alrededor de Saturno se traslada depende de su distancia al centro de Saturno, de manera que mientras más alejado el cuerpo más lenta es su velocidad de traslación. Si los anillos de Saturno están en efecto constituidos por pequeños satélites en órbita, entonces los pequeños satélites que se encuentran más próximos a Saturno son los que se desplazan a mayor velocidad comparados con los que están más alejados. Cada satélite o piedrita del enjambre sigue la órbita predicha por la ley de la gravedad y tarda cierto intervalo de tiempo en dar una vuelta completa alrededor de Saturno; a este intervalo de tiempo se le llama periodo orbital. Las partículas más alejadas de Saturno son las de periodo orbital más grande, no sólo porque tienen que recorrer un círculo más grande sino también porque se trasladan más lentamente. Entonces, para cada órbita (circular) existe una velocidad específica de traslación y un periodo orbital únicos y bien definidos. Es decir, no puede haber dos partículas con la misma velocidad de traslación en órbitas circulares de diferente radio. Esta misma ley de la gravitación es la que rige el movimiento de los planetas en torno al Sol y de los satélites en torno a los planetas. 

Además de sus espectaculares anillos, Saturno posee toda una familia de satélites grandes que también giran en órbita alrededor de él. Hay dos diferencias fundamentales con los satélites que forman los anillos: una es la distancia a Saturno y la otra es el tamaño. Como dije anteriormente, la mayoría de las piedritas (satélites pequeños) que conforman los anillos tienen tamaños de algunos metros. Además orbitan a distancias no mayores de ciento treinta y seis mil kilómetros medidos desde el centro de Saturno. Los satélites grandes, en cambio, tienen tamaños que van desde algunas decenas de kilómetros hasta miles de kilómetros; sus distancias al centro de Saturno son mayores de ciento treinta y seis mil kilómetros, que es más o menos la ubicación del borde externo del anillo A. Es decir, están más alejados de Saturno que el borde más externo de los anillos principales, en consecuencia, sus velocidades de traslación alrededor de Saturno son menores a la de cualquier piedrita que se encuentre dentro de los anillos.

Entonces, el escenario en Saturno es el siguiente: un enorme planeta gaseoso y esférico al centro (Saturno), un enjambre aplanado de partículas formando dos bandas principales alrededor de éste y una serie de satélites mayores que orbitan a su alrededor, pero en su mayoría externos al disco formado por el enjambre de partículas pequeñas. En este escenario, "el rey del baile" es Saturno mismo, pues todos los demás están atrapados en su campo gravitacional. Sin embargo, los satélites grandes, aunque sean mucho menores que Saturno y no puedan competir cuando de atracción gravitacional se trata, pueden y de hecho ejercen atracción gravitacional sobre las piedritas que conforman las bandas. Esta atracción o influencia gravitacional sobre las piedritas es, en general, completamente despreciable en comparación con la que Saturno ejerce sobre ellas y solamente produce pequeñísimas perturbaciones en las órbitas de las piedritas sin causar ninguna consecuencia que se pueda considerar importante. 

Las propuestas contemporáneas

A muchos astrónomos les llamaba la atención la existencia de la División de Cassini entre los anillos (o bandas) A y B. El ancho de la División es de aproximadamente cuatro mil seiscientos kilómetros. Es decir, si las partículas estaban colisionando, ¿por qué las partículas del anillo externo (A) no habían emigrado ya hacia adentro, rellenando así la División de Cassini? Una cosa es que el proceso de migración se retarde y otra es que de plano no hubiera emigrado prácticamente ninguna partícula durante todo este tiempo. Hay que recordar que allí donde termina el anillo B empieza la División de Cassini y allí donde termina la División de Cassini empieza el anillo A (mirando las cosas desde Saturno hacia afuera). La pregunta que se planteó fue, entonces, ¿qué es lo que mantiene a la División de Cassini?, ¿qué impide a las partículas del anillo A su natural migración hacia órbitas más internas? o, de igual modo, ¿qué impide a las partículas del anillo B emigrar hacia afuera y rellenar la División de Cassini? Hay que recordar que en el modelo de las colisiones en el enjambre la mayor parte de las partículas emigran hacia adentro, hacia Saturno, pero hay algunas que lo hacen hacia afuera. Estas preguntas fueron el inicio de la construcción del modelo teórico del mecanismo para retardar la migración de partículas.

En 1978, Peter Goldreich y Scott Tremaine, dos afamados astrofísicos, se dieron cuenta de un pequeño pero muy revelador detalle concerniente al borde externo del anillo B, justo donde empieza la División de Cassini. Calcularon el periodo orbital para aquellas piedritas que formaban el borde externo del anillo B y lo compararon con el periodo orbital del satélite Mimas que órbita a ciento ochenta y cinco mil kilómetros de Saturno, fuera del sistema de anillos. Mimas es un satélite de cuatrocientos kilómetros de diámetro aproximadamente, o sea, pertenece a la familia de satélites grandes de Saturno. Pues bien, de sus cálculos resultó que el periodo orbital de Mimas era exactamente el doble del de las partículas del borde externo del anillo B. Es decir, una partícula del borde del anillo B se encontraba alineada con el satélite Mimas cada dos vueltas completas alrededor de Saturno. Cuando la partícula y Mimas están alineadas es cuando Mimas ejerce su mayor (aunque todavía pequeña) perturbación gravitacional sobre la partícula. A esta situación de múltiplos enteros entre periodos orbitales se le llama "resonancia" o "conmensurabilidad". De otros estudios en otros campos de la física se sabía ya que las situaciones resonantes pueden causar enormes perturbaciones, así es que Goldreich y Tremaine no dudaron en echar mano de toda la herramienta física y matemática para analizar esta situación resonante en particular. Su magnífico resultado fue que esta situación resonante impedía la migración de las partículas hacia afuera y las mantenía a raya en el borde externo del anillo B. Es así como se dio la primera explicación exitosa del borde interno de la División de Cassini. En pocas palabras, la interacción resonante con Mimas mantiene a las partículas frenadas en el borde del anillo B y les impide emigrar y poblar la División de Cassini. El borde externo del anillo A, que también debiera estar extendiéndose hacia afuera, también está controlado por la interacción resonante con el satélite Janus, de aproximadamente doscientos kilómetros de diámetro y que orbita a una distancia de aproximadamente ciento treinta y siete mil kilómetros de Saturno. En este caso, el periodo orbital de las partículas en el borde externo del anillo A es tal que por cada siete vueltas completas alrededor de Saturno, Janus da seis vueltas completas y quedan alineadas con él. La pregunta que surgió de inmediato fue ¿y el borde externo de la División de Cassini cómo se controla? ¿Cómo se evita ahora la migración hacia adentro de las partículas del anillo A? Note el lector que los bordes externos de los anillos A y B están siendo confinados en contra de la expansión hacia fuera gracias a la interacción resonante con dos satélites (Janus y Mimas respectivamente) que están en órbitas que son externas a ambos anillos. Es decir, dos satélites cuyo periodo orbital es mayor que el periodo orbital de las partículas en los bordes externos de los anillos A y B.

Por otro lado, la teoría de Goldreich y Tremaine predice que para controlar migraciones hacia órbitas más internas se necesita la situación inversa, esto es, el satélite tiene que encontrarse en una órbíta más interna que las órbitas de las partículas que debe frenar. Es decir, el periodo orbital del satélite tiene que ser menor que el de las partículas en el borde interno del anillo A. Esto implica un satélite cuya órbita esté dentro de la División de Cassini o incluso inmerso en el anillo B.

Algunos problemas no resueltos

Hasta ahora no ha sido posible identificar ningún satélite dentro de la División de Cassini que pueda producir el frenado de la migración hacia adentro de las partículas en el borde interno del anillo A. De antemano se sabe que cualquier satélite orbitando en la División de Cassini o incluso en el anillo B, no puede ser mucho mayor a los dos o tres kilómetros de tamaño. Un objeto de estas dimensiones pasaría totalmente inadvertido en las imágenes tomadas por las naves Viajero I y II, que son las que han podido observar desde más cerca al sistema de anillos de Saturno. Ojalá que la sonda espacial Cassini que ya va de camino a Saturno con un equipo para captar imágenes muchísimo más moderno nos permita detectar al responsable del borde interno del anillo A.

En resumen, la teoría de Goldreich y Tremaine ha sido muy exitosa para explicar los bordes externos de los anillos A y B de Saturno. Sin embargo, una explicación similar para los bordes internos no se ha podido verificar debido a la aparente ausencia de satélites cuyas órbitas sean interiores a las de los bordes internos y que puedan estar en resonancia.

Uno de los éxitos más rotundos de la teoría de Goldreich y Tremaine fue respecto al anillo F de Saturno. Éste es un anillo realmente "delgado", pues su ancho se estima entre treinta y quinientos kilómetros, mientras que los llamados anillos A y B tienen anchos de quince mil y veinticinco mil kilómetros, respectivamente, por lo que se parecen más a una banda que a un anillo. El anillo F se encuentra justo afuera del borde externo del anillo A con una órbita de ciento cuarenta mil kilómetros aproximadamente. Los bordes del anillo F sugerían exactamente las mismas preguntas que se hacían respecto de los bordes de los anillos A y B, ya que este anillo también está formado por un enjambre de partículas que están colisionando. La teoría de Goldreich y Tremaine predecía que tenía que haber dos pequeños satélites a ambos lados del anillo F; uno externo para evitar la expansión hacia afuera del enjambre y uno interno para evitar la expansión hacia adentro. Esta vez el éxito fue rotundo, ya que ambos satélites se encontraron en las imágenes enviadas por las naves Viajero !y sus órbitas eran resonantes con ambos bordes!

La teoría de Goldreich y Tremaine tuvo su primer éxito completo y estamos en espera de los resultados de la misión Cassini para ver si se logra identificar al satélite responsable del borde interno del anillo A y de muchas otras sorpresas que traerán las nuevas imágenes.

Es importante agregar que los anillos A y B no son bandas uniformes, pues presentan una serie de estructuras como corrugamientos verticales con forma espiral y acumulaciones de partículas en ciertos lugares que también forman un patrón espiral alrededor de Saturno. La División de Cassini no es la única región con poco material, ya que hay otras regiones de hecho más vacías que la División de Cassini que también circundan a Saturno pero que son mucho más estrechas. Aproximadamente 85 de los lugares donde se observan todas estas estructuras espirales o "canales vacíos" están asociados con resonancias orbitales entre las partículas y los satélites grandes. Es así que la interacción resonante parece ser uno de los principales mecanismos que rigen la estabilidad y probablemente la perdurabilidad de la extravagante estructura de los anillos de Saturno.        

 
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Referencias bibliográficas
 

     
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Julia Espresate
Instituo de Astronomía, Universidad Nacional Autónoma de México.

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José Juan Tablada: entre la vanguardia literaria, la noticia científica y la teoría de la relatividad
 
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Rodolfo Mata
     
               
               

Las relaciones del universo de la ciencia y la tecnología con el de la literatura son complejas y su historia es bastante larga. El llamado "debate de las dos culturas", planteado originalmente por Charles Percy Snow en 1959 como "un abismo de incomprensión mutua" que separaba a los intelectuales literarios de los científicos, y que debería salvarse construyendo una "tercera cultura", puede ser entendido como una prolongación del conflicto original entre la modernidad estética y la modernización tecnocientífica. Desde el desarrollo de la ciencia en el Renacimiento, pasando por la Revolución Industrial, la revuelta ludita, el romanticismo, el positivismo y sus derivaciones cientificistas, hasta las vanguardias artísticas e incluso la llamada revolución informática, los escritores y los científicos han experimentado momentos de atracción y repulsión en los que se manejan conceptos como "modernización y progreso en las artes", "deshumanización" o "distorsión de una verdad científica", entre muchos más. Las ideas subyacentes de que el arte es una ciencia o la ciencia es un arte, por muy cuestionables que puedan ser a nivel conceptual, perviven y representan importantes vasos comunicantes para, a contracorriente de un entorno de especialización, alcanzar una "tercera cultura", o lo que sea posible de ella. Tanto el aprovechamiento de metáforas y temas científicos por los escritores, como la utilización de técnicas retóricas y literarias por los científicos, sobre todo aquellos que han decidido hacer de la difusión de sus conocimientos una actividad significativa en sus carreras y en el entorno cultural en que se desenvuelven, constituyen muestras significativas de esta necesaria permeabilidad.

Estudiar la historia de estos contactos promete rendir frutos interesantes, especialmente en México y Latinoamérica, donde la presencia de la ciencia en la cultura está adquiriendo un mayor relieve. El caso de la relación de José Juan Tablada con la noticia científica en general, y con la teoría de la relatividad en particular, ofrece una buena oportunidad para ello.

El poeta vanguardista

A José Juan Tablada siempre se le ha reconocido un lugar prominente en la literatura mexicana como escritor de vanguardia, por su carácter constantemente abierto a lo nuevo. Tablada fue de los primeros en importar el decadentismo baudelaireano y en ejercer su defensa pública. Fue cultivador temprano de la poesía ideográfica y del simultaneísmo e introductor del jaikú en la poesía de nuestra lengua. Cuando a principios de los años veintes se inició la "explosión de las vanguardias" en Latinoamérica, Tablada ya había atravesado el modernismo e incursionado en la experimentación formal y en la renovación temática que estos movimientos perseguían. Con un estilo propio y una personalidad literaria consolidada. Tablada ya no necesitaba de gestos de ruptura: había sido dandi, frecuentado los "paraísos artificiales", desafiado a la burguesía y participado en las batallas con las que el modernismo se abrió paso en la literatura mexicana. En el momento en que los vanguardistas reclamaban la necesidad de apertura propia de un espíritu cosmopolita, Tablada no sólo ya había sido parisino y nipón de espíritu —como lo dictaron el galicismo y el exotismo de la época— sino que había estado en Japón, París, La Habana, Caracas y, finalmente, Nueva York, donde residió de 1920 a 1936. Asimismo, también se encontraba incursionando en la contraparte de este énfasis cosmopolita. La revisión de lo nacional a través de la lente de la modernidad se reflejaría en su "novela americana", La resurrección de los ídolos (1924), en La feria (poemas mexicanos) (1928), en sus actividades como promotor cultural de México en Nueva York y, especialmente, en la labor periodística que desempeñó desde la metrópoli estadounidense, enviando noticias, a través de sus crónicas, de los acontecimientos en la gran urbe.

La noticia científica

Después de la Primera Guerra Mundial, Nueva York se convirtió en uno de los principales centros económicos y culturales. Las crónicas que Tablada enviaba a la capital mexicana dibujaron un amplio panorama poblado por mujeres bellas,  cabaretes, gángsteres, millonarios de Wall Street, deportistas y luchadores, estrellas del cine y del teatro, criminales y víctimas en medio de esplendores y miserias contrastantes, multitudes amenazadas por la deshumanización de las máquinas, científicos, líderes espirituales, políticos, músicos, pintores y escritores. Dentro de esta gran riqueza temática destaca la que está ligada a la noticia científica y tecnológica, rodeada casi siempre de un halo de fantasía. A pesar de su gusto por lo novedoso, Tablada nunca antes había mostrado un interés específico por este campo. Sus crónicas anteriores, reunidas en Los días y las noches de París (1911-1913), no dan seña de inclinaciones semejantes, sino que se restringen a los temas de la vida literaria, la bohemia y el espectáculo. Los únicos antecedentes de estas crónicas de corte científico y técnico son sus lecturas de Edgar Alian Poe, Julio Verne y H. G. Wells, autores para quienes la fantasía de anticipación estaba influida por noticias o especulaciones del mundo de la ciencia. Por esta razón, las fábulas y los personajes de estos autores aparecen frecuentemente formando una parte importante del halo de fantasía que rodea a la noticia científica vehiculada en las crónicas de Tablada.

La fascinación por lo nuevo, propia de la vanguardia, llevó a Tablada a ocuparse del campo científico y a integrarlo en su  escritura. El poeta absorbió las imágenes y el vocabulario que los nuevos descubrimientos e inventos generaron y los utilizó para construir nuevas metáforas, estableciendo analogías con otros campos de la experiencia y del conocimiento que poco tenían que ver, de una manera directa, con el universo científico. Por lo mismo, no extraña que Tablada, durante su estancia en Nueva York, haya comenzado a profesar fervientemente un credo mixto en el que participaban convicciones espiritualistas y nociones provenientes de la ciencia. La "contaminación" de las metáforas científicas sobre la cultura de la época llegó tanto a la creación literaria como al misticismo y a la religión.

Ciencia Positiva

¡Ciencia, déjame sólo como un niño
de alma atónita y pupilas asombradas
en la dimensión ultra de los cuentos de hadas!
¡Oh, Ciencia que te arrastras en un plano
unidimensional, como un gusano!...
Déjame en medio de mi mundo astral,
entre los arco-iris de su esfera de cristal:
¡Mi arco-iris, escala de Jacob
que une este mundo con la Cuarta
Dimensión!

La fuerza de estas "contaminaciones" no sólo provino de su novedad y del prestigio de la ciencia, sino que se alimentó de una dinámica más amplia: el problema de las dos culturas. Las variadas controversias que surgieron entre científicos y humanistas, propiciadas principalmente por los avances de la ciencia y la tecnología, crearon un espacio complejo de debate en el que, aún hoy día, es posible distinguir principalmente una doble vertiente de actitudes. Por una parte, encontramos la respuesta eufórica, en la que se celebra per se la convicción de que la ciencia conduce a un conocimiento más perfecto de la realidad, acontecimiento que se da como un hecho incontrovertible, en la progresiva conquista del universo por la mente humana. Por ejemplo, Tablada festeja el descubrimiento prodigioso de los rayos cósmicos por Millikan; o alaba a la "brillante pléyade de astrónomos [...] que ha dilatado vertiginosamente los límites de los universos". A esto se suma el que la aplicación de la ciencia, a través de la técnica, sea el remedio a muchos problemas sociales contemporáneos y la promesa de un futuro mejor frente al trabajo y las limitaciones impuestas por la naturaleza. Por ejemplo, Tablada enarbola la administración científica de Henry Ford —"un productor de riqueza que científicamente se ha elevado hasta la filantropía"— como solución ante las huelgas que amenazan la economía estadounidense; aplaude el combate científico a la fiebre amarilla en México; alimenta la posibilidad de que el aeroplano se democratice como el automóvil; enaltece los milagros médicos del genio científico del doctor Lorenz, quien rectifica y normaliza —recurriendo rara vez a la cirugía— a niños tullidos, lisiados o zambos; celebra la invención del doctor Carlos Abbott de un horno que cocina utilizando rayos solares; se ufana de contar con dos de los más fieles y honestos criados: el gas y la electricidad; se asombra ante el portento del Zeppelin ZR-1, "Leviatán de los aires" hecho en América; comparte con los lectores su asombro ante el nuevo invento del doctor De Forest,  el phono-film o película parlante, y ante el reciente registro en la oficina de patentes de otro producto maravilloso de la sociedad maquinista que prestará enormes servicios a la justicia: el detector de mentiras.

En la escritura de Tablada también es posible identificar la respuesta disfórica ante la modernidad tecnocientífica. Esta vertiente crece, en comparación con la postura eufórica, conforme aumentan las tensiones que producirán la Segunda Guerra Mundial, se da el crack bursátil de 1929 y se afianzan las convicciones espiritualistas de Tablada, las cuales, en ocasiones, lo llevarán a representar un papel de "profeta de la nueva era", durante la cual la superioridad del espíritu triunfará sobre los tiempos apocalípticos dominados por lo material. De esta manera, lo vemos condenar los macabros métodos con que el doctor Voronoff, recién llegado a Nueva York, pretende devolver la juventud "injertando en los vivos glándulas intersticiales de los cadáveres frescos"; ironizar jocosamente sobre las consecuencias que el transplante de estos órganos de monos traerá sobre la humanidad o animalidad del paciente, y deplorar el surgimiento de "cazadores de glándulas" que comercian en este lastimoso mercado. El tema de los robots también es típico de esta línea. Por ejemplo, el cronista lamenta el desarrollo y comercialización de máquinas para hacer música —verdaderos "engendros de la civilización maquinista y enemiga del hombre"— que han dejado sin empleo a "inspirados músicos de orquesta", y previene contra el surgimiento de nuevos Frankenstein, autómatas de hierro que, aunque son frutos de geniales ingenieros y fueron concebidos para servir al hombre —no sólo en sus trabajos mecánicos, sino en sus operaciones "fríamente intelectuales"—, están privados del amor, razón por la cual terminarán rebelándose contra el hombre y destruyéndolo. En este contexto, la imagen de la mujer mecánica tomada de la película Metrópolis es una de las más funestas, así como lo es la de King-Kong, cuando el cronista trata temas que tocan el parentesco del hombre con el mono, la evolución darwinista, los descubrimientos paleontológicos y el progreso.

Tablada también advierte contra los nuevos productos químicos —como los diversos aditivos alimentarios, los cosméticos y el gas doméstico— que entrañan insospechados peligros para la salud; avisa acerca de la mala influencia que, según psicólogos autorizados, el cine ejerce sobre jóvenes y niños, incitándolos a la delincuencia y a otras distorsiones moralmente perniciosas, y denuncia el "atraco científico" al tren de Chicago, en el cual se usaron gases tóxicos, mascarillas, nitroglicerina, guantes para evitar huellas digitales, etcétera. Los puntos culminantes de esta actitud ocurren cuando Tablada profetiza a través de parábolas apocalípticas. Por ejemplo, en "La ciencia y su prole" traza un panorama en el que a los elementos anteriores se añaden algunos novedosos recursos bélicos, como el "rayo de la muerte", veloces torpedos y navíos anfibios que anunciarán la última guerra, "intensiva y sintética", y el juicio final.

El ritmo de la vida en Nueva York contribuyó a que Tablada abordara estos temas, pues no sólo formaban parte ineludible del día a día vertiginoso de esa gran "Babilonia de Hierro", como la llamó el poeta, sino que planteaban un contraste oportuno con el universo latinoamericano, en general, y con el mexicano, en particular. Tablada no podía sino cultivar estos temas para fortalecer la imagen de vanguardista que se había ido construyendo. De esta manera, establecía una continuidad con su anterior pasión por lo exótico y lo nuevo —reflejada en sus incursiones decadentistas, su conocimiento de la cultura japonesa y sus poemas ideográficos—, contribuyendo estratégicamente al prestigio que se había ganado entre sus contemporáneos y las nuevas generaciones. Si esto sucedía por el lado eufórico, por el disfórico Tablada también podía colocarse a favor de la tradición, las costumbres y el "atraso" latinoamericano, y en contra de la modernidad deshumanizante y homogeneizadora. 

Einstein el Antecristo

La crónica titulada "Einstein el Antecristo" (Excelsior, 1 de mayo de 1921) es un buen ejemplo de las diversas relaciones que Tablada estableció con la ciencia a través de la noticia. En ella, habla de la llegada a Nueva York del "hombre de quien más y con más asombro se ha hablado últimamente". Sorprende el sensacionalismo que emparenta al científico con una celebridad como de estrella de cine. El artículo comienza con una pregunta en la que se divide al público en tres categorías: "Pero ¿quién es Einstein?... ¿Un genio... un demiurgo o el propio Antecristo...? Para los hombres de ciencia es lo primero, para los sentimentales entusiastas lo segundo y nada menos que un loco, para la vulgar mayoría".

Tablada parece no encajar en ninguna de las tres categorías. Sin embargo, mostrará algo de humildad ante los científicos, se aproximará a los sentimentales entusiastas y se colocará por encima de la vulgar mayoría, en un gesto típico de la utilización que los vanguardistas hicieron del prestigio de la ciencia.

Desde luego, Tablada no piensa que Einstein sea un loco. En cambio, le otorga un papel mesiánico aunque de carácter dudoso, pues lo llama "Antecristo". Según la tradición cristiana, la segunda venida de Cristo estaría precedida por la de un pecador que destruiría el mundo y que posteriormente sería destruido por el propio Cristo. Este personaje bíblico es, en un sentido, un "ante-Cristo", pero en otro, es también un "anti-Cristo". Tablada usa ambas palabras indiscriminadamente para identificar con ellas una serie de eventos, personajes y sistemas: la Primera Guerra Mundial, la plutocracia, la "civilización maquinista", el bolchevismo, Lenin, el lucro. Machado (el dictador cubano), Zakaroff(un traficante de armas) y Einstein. Todos tienen relación con su crítica a los sistemas político-económicos y a sus repercusiones en la vida de los individuos. Todos, excepto Einstein. Desconcierta ver al autor de una teoría, que se encuentra tan alejada de la experiencia cotidiana, como embajador ominoso del fin de los tiempos y responsable de la destrucción del mundo, cuando la comparación comúnmente se había hecho con Calígula, Nerón, Napoleón y Guillermo II de Alemania y, posteriormente, con Hitler.

La manera como Tablada se refiere a Einstein es una clara muestra de la actitud ambivalente que adoptaron los escritores vanguardistas ante la ciencia y la tecnología. Al escoger la designación de "Antecristo", la intención de Tablada no pudo haber sido únicamente decir que la teoría de Einstein era el anuncio de una época que se estaba iniciando, un parteaguas final en la historia de la humanidad. Las resonancias negativas de la palabra no pueden ignorarse, más aún si se consideran otras actitudes recelosas de Tablada ante la ciencia.

Tablada procede después a pintar a Einstein como un sabio que fue, en su infancia, niño prodigio. Lo equipara a Arquímedes o a Kant. Apunta que Einstein anunció primero su teoría especial de la relatividad —la cual comentará en el mismo artículo— y después su teoría general, Verallgemeinerte Relativitätstheorie, "de cuyos aspectos fantásticos nos ocuparemos en futura crónica" (las cursivas son mías). Con el adjetivo. Tablada nos da una idea del tono con el que proseguirá, pues más adelante indica que "a causa de esas teorías, la presente humanidad se ha dado a pensar cosas inusitadas y a querer formular ideas vertiginosas [...] Sobre tal asunto, los periódicos han abierto certámenes y han lanzado a sus reporteros a entrevistar astrónomos y poetas, hombres de ciencia y hombres de imaginación, incitándolos a especular sobre la naturaleza del espacio y del tiempo o del espacio-tiempo que parece ser una misma abstracción".

Efectivamente, en aquella época se abrían certámenes por parte de legos adinerados y curiosos que deseaban contribuir a la divulgación de descubrimientos tan revolucionarios. En julio de 1920, el estadounidense Eugene Higgins ofreció cinco mil dólares a quien supiese explicar —en menos de tres mil palabras y sin auxilio de lenguaje matemático— los fundamentos de la teoría de la relatividad. El artículo ganador —"Relativity", del inglés L. Bolton— fue publicado en el número de la revista Scientific American de febrero de 1921 y traducido, al año siguiente, en la revista mexicana El Maestro. Los concursos en pro de la educación y la difusión de la ciencia ya tenían historia: en 1909 se había convocado a uno similar para explicar la "cuarta dimensión", certamen en el que participó un gran amigo de Tablada, Claude Bragdon, arquitecto y teósofo cuyo libro, ABC de la cuarta dimensión, fue reseñado por Borges.

Después de escenificar mediante diálogos que la cuarta dimensión es el tiempo ("—Fulano tiene 1.60 de estatura; 0.75 de anchura de hombros... —¿Y en la cuarta dimensión...? —En la cuarta dimensión, 35 años...!"), Tablada procede a enumerar otros ejemplos "que reflejan el influjo obsesor" de la teoría de la relatividad en el cotidiano neoyorquino: " 'Las líneas paralelas se juntan'; 'una masa es energía latente'; 'la longitud de una vara de medir depende de la dirección del movimiento'; 'la gravitación se debe a una torcedura del espacio'; 'el éter no existe'; 'si un hombre (o una mujer) se movieran con la velocidad de la luz, no se harían viejos', etc., etc.!"

Estas observaciones —entre asombradas, chuscas y mordaces— van acompañadas de una lamentación: "Lo triste del caso es que, según el mismo profesor Einstein, no existen en el mundo sino doce hombres capaces de entender cabalmente su teoría". De esta manera vemos que Tablada se ha alejado precavidamente de las interpretaciones vulgares para colocarse, obviamente, fuera del grupo de estos doce elegidos, con una curiosidad humilde ante la ciencia, pero con la suficiente audacia como para dar un título en alemán. Aún así, la tristeza de Tablada no deja de apuntar hacia el aislamiento de los hornbres de ciencia, sabios pero solitarios, un tanto exiliados de ese sentimiento de fraternidad universal, de "conciencia cósmica", que será motivo de exaltación en su obra, a partir de su "conversión mística".

De ahí, Tablada parte para dar la noticia científica en un lenguaje accesible, informando que la celebridad de Einstein proviene de que su teoría ha permitido explicar "la antes misteriosa distorsión de las órbitas ovales de los planetas alrededor del sol (confirmada en el caso del planeta Mercurio)" y la desviación de los rayos luminosos en un campo de gravitación. Durante el eclipse total de Sol del 29 de mayo de 1919, un grupo de astrónomos ingleses había realizado observaciones sobre este fenómeno. Eddington y Cunningham, desde la isla de Príncipe en el golfo de Guinea, y Grommelin y Davidson, en Sobral, región norte de Brasil.

Tablada continúa enunciando dos postulados de la relatividad restringida de Einstein y comentándolos:"1º. Por ningún experimento conducido en su propio 'sistema' (todos los objetos que participan del movimiento de un observador) puede éste comprobar el movimiento no acelerado de su sistema. "2o. La medida de la velocidad de la luz in vacuo no se afecta por el movimiento relativo entre el observador y el foco luminoso. "El primer postulado puede comprenderse por la dificultad que se experimenta para determinar si se mueve el tren en que uno va u otro adyacente. Para saberlo hay que experimentar sacudidas (aceleraciones) o mirar algún objeto exterior inmóvil, que por fuerza sería ajeno al sistema.
"El segundo postulado no es más que una consecuencia de la teoría de las ondas luminosas. Así como las ondas en el agua se propagan con una velocidad independiente del buque que las produce, así las ondas en el espacio caminan con una velocidad sin relación con el cuerpo que las origina. Tal enunciado se basa en la experiencia y puede demostrarse independientemente de cualquiera teoría luminosa".
Lo primero que salta a la vista es que Tablada se acoge a la metáfora del viajero en el tren, usada por Einstein en su Relativity: The Special and the General Theory, traducción del libro de difusión publicado por el célebre científico en 1916. La segunda metáfora, la que usa para describir la propagación de la luz, no se encuentra en el texto de Einstein. Sin embargo, goza de la misma plasticidad que la primera, hecho que hará atractivas ambas imágenes a varios escritores impresionados con esta teoría.
Madrigal
Mientras te miras al espejo
la Muerte, por detrás,
va raspando el azogue con el dedo.
Y sufrirás, mas luego a través del cristal
verás el cielo.
Es probable que Tablada la haya tomado de Space, Time and Gravitation, de sir Arthur Eddington, donde se lee: "The wave motion in a ray of light can be compared to a succession of long straight waves rolling onward in the sea". Las descripciones que Eddington utiliza en su libro son mucho más plásticas que las de Einstein y recurren menos a formulaciones matemáticas. Además, el científico inglés toca intermitentemente el campo literario citando a Milton, Lucrecio, Swift, Wells y Carroll, entre otros.
Tablada continúa su artículo comentando lo que considera más "fantástico" de las consecuencias de los dos postulados: "De esos postulados se han deducido las más asombrosas conclusiones en relación con los sistemas de dos observadores A y B en movimiento relativo. Mencionaremos algunas:
"1. Los objetos en el sistema de B, aparecen a A más cortos, en dirección del movimiento relativo, de lo que aparecen a B. "La opinión es recíproca, pues B cree que las medidas de A en su propio sistema son muy grandes.
"2. Lo mismo sucede con los tiempos; cada observador cree que el reloj de otro camina más despacio que el suyo y así las duraciones del tiempo de B parecen más cortas a B que a A y recíprocamente.
"3. Estos efectos varían en proporción de la velocidad relativa respecto de la velocidad de la luz. A mayor velocidad mayores efectos, que desaparecen si no hay velocidad relativa.
"4. Los observadores hacen diferentes estimaciones de las velocidades de los cuerpos en sus sendos sistemas. La velocidad de la luz, sin embargo, aparece la misma para cualquier observador.
"Esta revelación de longitudes y de tiempos que constituye el principio especial de relatividad de Einstein ha modificado el viejo principio mecánico de nombre semejante y naturalmente modifica las clásicas leyes mecánicas, desde el momento en que ya no existen ni tiempos ni longitudes inalterables o absolutos.
"Ahora esas longitudes y esos tiempos no son sino relaciones entre el objeto y el observador, que cambian según cambia el movimiento relativo de éste. No pudiendo ya considerarse al tiempo como un algo dependiente de la disposición, y del movimiento, ¿cuál es pues la realidad?
Fabula X4
Aquí en el mundo de la 3a dimensión
soñó la oruga ser faraón. (No hay a una momia nada tan semejante como una crisálida.)
Y aunque en el hiperespacio
sean momias y crisálidas
fragmentos de una misma intersección,
Psique de mariposa reflejará en su iris
El Ojo Cósmico de Osiris...
Allá, en la 4a dimensión...
"La única respuesta es que los objetos deben considerarse como existiendo en cuatro dimensiones, las tres ya conocidas: longitud, latitud y profundidad, y la cuarta: tiempo".
Las explicaciones que ofrece Tablada son bastante sencillas y esquemáticas y aprovechan los elementos más próximos a la experiencia cotidiana, pues estaba consciente de que, en ese tipo de periodismo, "los mismos asuntos que parecen demasiado abstrusos y elevados deben presentarse bajo aspecto atractivo, haciendo plástico lo abstracto y convirtiendo las áridas fórmulas algebraicas, con todas sus incógnitas, en imágenes sensibles y pintorescas" (El Universal, 4 de julio de 1926). Para ello, Tablada dijo haberse ayudado de los muchos artículos y libros sobre el tema. Es poco probable que un resumen tan bien recortado haya sido extraído directamente de Relativity: The Special and the General Theory, pues, a pesar de su "sencillez", este libro tiene complicaciones por las referencias que hace a varias teorías, conceptos científicos y observaciones experimentales, así como por el manejo de ecuaciones. Además, Einstein utiliza algunas imágenes que no podrían haber sido desaprovechadas por Tablada. Me refiero a la de los relámpagos que caen al mismo tiempo sobre las vías del tren, en el capítulo "On the Idea of Time in Physics", y a la del cuervo que vuela al lado del vagón, en el capítulo "The Principle of Relativity (in the restricted sense)".
Sin duda, una de las principales fuentes de Tablada fue el artículo "Relativity", de L. Bolton, pues la redacción de los postulados y consecuencias de la teoría de la relatividad es muy similar. Quizá entre sus otras fuentes estuvieron algunos grandes divulgadores de la ciencia como sir Arthur Eddington, con el ensayo explicativo anteriormente citado; Bertrand Russell, que publicaría más tarde The ABC of Relativity, o James Hopwood Jeans, autor de Through Space and Time, mencionado con frecuencia por Tablada. De cualquier modo, desde 1919 la prensa ya se dedicaba al tema, especialmente por las confirmaciones que trajo la observación del eclipse solar de ese año. Lo importante aquí es subrayar que el furor explicativo que se había despertado hizo que las metáforas originales de Einstein se vieran ampliadas y enriquecidas con otras. Una serie de conceptos revolucionarios tan ligados a demostraciones matemáticas —ancladas en el terreno de la pura abstracción— necesitaban imágenes y alegorías que permitieran al público en general "ver" mentalmente lo que significaban, ya que esto no era posible en la experiencia cotidiana. El apego a las ideas convencionales de tiempo, espacio y movimiento —avaladas por la mecánica newtoniana— hacía indispensable el uso de estos recursos.
Sin embargo, para Tablada no sólo las imágenes están presentes. El escritor subraya el papel seductor ejercido por algunas palabras que incluso llegan a convertirse en invocaciones de algo más complejo, en emblemas de una sensibilidad "al día". Este fenómeno le era familiar y por eso lo denuncia con cierta rabia cuando retrata a un grupo de mujeres que siguen hábitos de comportamiento y vestido que le desagradan, como fumar, usar el cabello corto, anteojos enormes, zapatos sin tacón, sombreros híbridos y trajes sastre que aplanan las curvas femeninas: "Total ausencia de todo aliño; ni los rostros se aterciopelaban bajo el perfumado polvo de arroz, ni un cosmético lustraba las cabelleras menguadas, ni el rouge avivaba los labios... Rostros pálidos y sudorosos, bocas marchitas de donde surgían las palabras de moda, arrancadas a los léxicos de la ciencia y el arte: 'tensores' y 'campos gravitacionales' de Einstein; 'complexos' y 'libidos' del psico-análisis; 'expresionismo' y 'formas en el espacio' del arte moderno, pero en el fondo de todo, aun de los problemas de arte y de belleza, proscritos el sentimiento que los explica y aun la palabra que expresa ese sentimiento... amor" (Excelsior, 16 de noviembre de 1923).
Si las mujeres son víctimas del "influjo obsesor" denunciado por Tablada, él tampoco se libra por completo de sus efectos. Recurrirá con frecuencia a este tipo de expresiones y palabras estableciendo puentes metafóricos entre los más diversos ámbitos.  Por ejemplo, este mismo par de expresiones —"tensores" y "campos gravitacionales"— aparece en otra crónica anterior (Excelsior, 15 de abril de 1923). Para Tablada, también se trata de palabras que están "de moda", pues las utiliza solamente para comentar el tema central que aborda: el encuentro de box entre el argentino Luis Ángel Firpo y el norteamericano Bill Brennan, en el Madison Square Carden, "aquel violento episodio entre dos seres humanos", "gigantomaquia" de "reminiscencias cavernarias". La contienda pugilística, afirma Tablada, es por una supremacía que nada tiene que ver con la ciencia, el arte, la moral, la verdad, la belleza, el bien, etcétera. Tablada observa: "No se trata de nada trascendente, ni ideológico; es un simple asunto de dinamometría animal. No están en el tapete ni los 'tensores', ni los 'campos de gravitación' einstenianos". La inclusión de estas expresiones sirve para contrastar un espectáculo deportivo —donde las masas buscan emociones que "no son precisamente estéticas, sino más bien de esencia pasional"— con los altos valores culturales mencionados. Por eso, el poeta le pide perdón a varios ilustres amigos argentinos como Leopoldo Lugones y José Ingenieros. Algunas de las razones con las que Tablada explica estas divergencias temáticas aparecen en una carta de noviembre de 1924, recopilada por Nina Cabrera, dirigida a José María González de Mendoza. En ella, el poeta se queja de que las crónicas que hablan de las medias de Hilda Gray reciban comentarios más entusiastas que sus pioneras exégesis periodísticas sobre las teorías de Einstein, Freud, Jung y Ouspensky, y explica: "Por eso verá Ud. —si lee mis artículos— que alterno en horrible promiscuidad los asuntos elevados —que me complacen a mí— y los innobles que el público apetece. Ocultismo, teosofía, cuanto episodio del formidable despertar espiritual que estamos presenciando; y deportes brutales como el box, o escándalos sociales a base de perversiones sexuales, o financieros a base de robo descarado pero legal [...] Y hay que hacerlo así porque somos periodistas, querido Abate, y aunque nos embriaguemos con vino de poesía, el pan que nos sustenta tenemos que amasarlo en la tahona del diarismo".
Como escritor de transición entre el modernismo y la vanguardia, Tablada vivió la continuación de la crisis del papel del poeta en la sociedad industrial capitalista. Si Manuel Gutiérrez Nájera y muchos otros modernistas se unieron al reclamo que Percy B. Shelley había hecho, en su Defensa de la poesía —la injusticia que implicaba el hecho de que los poetas se hubieran visto forzados a abdicar su corona cívica, en favor de los razonadores y los artesanos, sólo porque "el ejercicio de la imaginación es más deleitable pero se alega que el ejercicio de la razón es más útil"—, Tablada conserva vestigios de esta actitud de linaje aristocrático. Lamenta tener que "vender la pluma" para satisfacer a un público amplio y heterogéneo pero mantiene cierta autonomía de lo que juzga ser el verdadero quehacer artístico, reservándolo a un público culto y refinado. En la carta íntima. Tablada subraya la frontera entre el cronista que trata asuntos elevados y el reporter sensacionalista. No obstante, cuando se dirige a los lectores de su columna su actitud cambia radicalmente, pues busca conciliar la insigne labor del poeta y la prosaica tarea del cronista. Veamos.
A pesar de que sus quejas indican todo lo contrario. Tablada recibía respuestas entusiastas de algunos lectores interesados en los "asuntos elevados" sobre los que escribía. Por ejemplo, él mismo relata el éxito de su crónica "El rayo cósmico" (El Universal, 23 de mayo de 1926), la cual provocó que varios lectores solicitaran mayores detalles sobre el tema. Sin embargo, la respuesta de Tablada fue negativa: "Siento no poder hacerlo, porque estas crónicas deben ser tan variadas como ajenas a todo tecnicismo. Pueden estos artículos compararse a un teatro; deben ser superficiales como la pantalla de un cinema y procuro que sean tan divertidos como una comedia, tan coloridos como una exposición de pinturas, tan mundanos, cuando es preciso, como un salón de Park Avenue o un cabaret del gran mundo y cuando es necesario asimismo, tan emocionantes y sombríos como las tragedias, no de la ficción teatral, sino de la vida real contemporánea" (El Universal, 4 de julio de 1926).
Esta vez Tablada acepta la superficialidad sin quejarse e incluso la presenta como un reto a las habilidades del escritor. Justifica la dispersión de los temas tratados basándose no sólo en la heterogeneidad del público lector, sino también en sus intenciones personales como escritor: hacer de sus artículos atractivos escenarios teatrales que sean ficción amena pero que también hablen de la realidad, ya sea a modo de comedia o de tragedia. Así, lo poético se une a lo prosaico, lo alto a lo bajo, la literatura a la vida, la ficción a la realidad. Por otra parte, esta explicación hace posible que Tablada oculte sus naturales limitaciones en cuanto a manejo del tema y mantenga como propio el prestigio del saber de altos vuelos. Como dice Beatriz Sarlo, el "uso profano de la ciencia", que se da en las notas periodísticas y en las nociones divulgadas por manuales, ocupa, ante el gran público, el lugar de la ciencia universitaria, sin reemplazarla sino adjudicándose su respetabilidad. Por eso. Tablada concluye felicitándose por haber logrado hacer accesibles y amables asuntos que son en sí intimidantes, reacios y difíciles para el entendimiento que no gusta de esforzarse, y agradeciendo a las musas el don del estilo.
Los motivos de estas mezclas temáticas también van más allá de las palabras de moda, de la necesidad de seducir al público o del mero reflejo de la vida vertiginosa, caótica y fragmentaria en Nueva York. Este último caso se da cuando Tablada habla, en una misma crónica, primero del filósofo y místico Knshnamurti para después reseñar la pelea del cubano Kid Chocolate y pedir, por último, que no se le reproche esto a él, sino a la "vida múltiple", que condiciona sus actividades de cronista (El Universal, 20 de julio de 1930). Tablada llega a urdir redes metafóricas complejas, en las que se mezclan descubrimientos y teorías científicas, noticias deportivas, convicciones teosóficas y supuestas anécdotas personales. La intención de que sus artículos se pudieran comparar a un teatro se cumple. Su afán metaforizador procura —en el sentido amplio de "percepción de lo semejante"— la cohesión de la temática heterogénea, manteniendo un espíritu dramático (comedia y tragedia) que une sensacionalismo y erudición. Éste es el caso del contrapunto que Tablada establece entre un encuentro de box y la medición de la estrella Betelgeuse, realizada por Albert Abraham Michelson. El gigantismo de los pesos completos es relativizado por las dimensiones que tiene "el cuerpo mayor del universo", pero también sirve para recordarle al público no sólo la brutalidad animalesca de este deporte, sino también "nuestro ridículo orgullo antropocentrista" (Excelsior, 4 de junio de 1923). Tablada cierra esta crónica con un supuesto comentario escuchado, en el estadio, de labios de un "profesor universitario" en "misión científica a Sud América": "He cometido un error imperdonable. He estado en la América del Sur buscando el plesiosaurio, y el plesiosaurio estaba aquí!"
Regresando al ejemplo de la crónica "Einstein el Antecristo", podemos afirmar que el tema de la teoría de la relatividad y la figura de su autor reciben tratamientos muy diversos que van de la explotación de la imagen al abuso de la palabra, de la explicación detallada (en la medida en que esto es posible, considerando el espacio limitado de la crónica, la diversidad de su público y el acceso que podía tener a ese tipo de conocimientos un escritor como Tablada) a la extrapolación de su significado sobre terrenos como el de la moral, la moda y la especulación religiosa o filosófica. Este último fue uno de los que Tablada frecuentó, dadas sus inclinaciones hacia la teosofía. Dentro de estas interpretaciones podemos entender la ambivalencia de Tablada cuando afirma, en su crónica del 14 de febrero de 1926, cinco años después de "Einstein el Antecristo", que, "en virtud de sarcástica teoría de la relatividad de un Einstein satánico, las leyes morales aplicadas al crimen singular dejaban de regir al tratarse de las máximas hecatombes y de las carnicerías al por mayor, de las guerras internacionales" (las cursivas son mías). Sin duda, un científico pacifista como Einstein lamentaría estas distorsiones de su teoría que servían para justificar conductas reprobables. No así las posibilidades que trajo a la ficción y a la poesía. El "teatro de metáforas" que Tablada monta en sus crónicas mantiene aquí su pathos, pues una de las preocupaciones más importantes de la época es la guerra, especialmente las causas que llevaron a la Primera Guerra Mundial, las huellas indelebles que ésta dejó y las medidas que se juzgaban necesarias para impedir que se repitiera. Entre los objetivos de la Liga de las Naciones, fundada en abril de 1919, durante los tratados de Versalles, estuvo el desarme y la instauración de tribunales internacionales para dirimir las diferencias entre las naciones y mantener la paz. Las negociaciones sobre los mecanismos de desarme fueron lentas. La Conferencia de Washington (1921-1922), que buscó establecer reglas para limitar el poderío naval de Inglaterra, Francia, Italia, Japón y Estados Unidos, levantó controversias acerca de las proporciones que se deberían guardar, y la Convención Mundial de Desarme, celebrada en Ginebra, no se hizo realidad sino en 1932, después de haber iniciado reuniones preparatorias en 1926.
Tablada, como buen espiritualista, se refiere constantemente a estos temas, ya sea en tono profético-apocalíptico o comentando obras que "demuestran científicamente" su insensatez, como La biología de la guerra, de George Friedrich Nicolai, donde se afirma que la guerra a nadie aprovecha, a todos daña, es absolutamente innecesaria y, por todo ello, estúpida. También recoge opiniones disparatadas de notables autoridades, como el gran inventor Tomás Alva Edison, para quien la mejor manera de detener la carrera armamentista era descubrir agentes de destrucción tan potentes (entre los cuales vislumbra la energía atómica) que desestimularan enfrentamientos letales para el género humano. La Conferencia de Washington figura entre las preocupaciones de Tablada, así como las dificultades que la industria bélica significó para llegar a la Convención Mundial de Desarme, o proyectos legislativos como la iniciativa estadounidense de la "Ley Levinson", que recomendaba el abandono de la guerra como arbitrio final de las diferencias internacionales.
José Juan Tablada no sólo abordó temas del universo de la ciencia y la tecnología en sus crónicas sino que también los incorporó a su poesía. El volumen inédito de poemas llamado significativamente Intersecciones incluye algunos textos que fusionan ideas provenientes de la teoría de la relatividad, el tema de la cuarta dimensión y las doctrinas esotéricas que también se alimentaron de ellas. El lector podrá encontrar en los poemas aquí incluidos desde referencias directas a estos temas, hasta sutiles alusiones a través de imágenes como la del espejo, que es una ventana a una dimensión superior, o extrapolaciones, como es el caso del "tiempo curvo". La presencia del universo moral de la teosofía y de la filosofía de la cuarta dimensión se manifiesta en todos ellos.    
 
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Referencias bibliográficas
Cabrera de Tablada, Nina. 1954, José Juan Tablada en la intimidad. Imprenta Universitaria, México.
Croze, F. "Las radiaciones", en El Maestro, núms. 5-6, septiembre de 1921.
Dalrymple Henderson, Linda. 1983. The Fourth Dimension and Non-Euclidean Geometry in Modern Art. Princeton University Press, Princeton.
Manning, Henry P. [1910]. The Fourth Dimensión simply explained. A Collection of essays selected from Those Submitted in the Sdentific American Prize Competition. Dover, Nueva York, 1960.
Mata, Rodolfo, "Borges y la cuarta dimensión", en "La Jornada Semanal", 6 de febrero de 2000.
Sarlo, Beatriz. 1992. La imaginación técnica. Sueños modernos de la cultura argentina. Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires.
Shelley, Percy B. [1821]. Defensa de la poesía. Península, Barcelona, 1986.
Tablada, José Juan. 1971. Obras I. Poesía. Centro de Estudios Literarios, UNAM, México. 
Tablada, José Juan. 1988. Obras III. Los días y las noches de París. Centro de Estudios Literarios, UNAM, México.
Tablada, José Juan. 1994. Obras, v. Crítica literaria. Centro de Estudios Literarios, UNAM, México.
Tablada, José Juan. 1997. La Babilonia de Hierro. Crónicas neoyorquinas (1920-1936). Rodolfo Mata, coord.; Esperanza Lara, recop. Centro de Estudios Literarios UNAM/Cenedic Universidad de Colima/Conacyt, México. Disco compacto con setecientas veinticinco crónicas publicadas en diferentes diarios. La actitud eufórica de Tablada ante el progreso tecnocientífico puede encontrarse en las siguientes crónicas: El Universal, 23 de mayo de 1926 y 25 de agosto de 1929; Excelsior, 26 de diciembre de 1920, 6 de noviembre de 1921, 15 de diciembre de 1921, 23 de abril de 1923, 8 de octubre de 1923 y 27 de diciembre de 1923, y El Universal Ilustrado, 14 de enero de 1926. Respecto a su actitud disfórica, véanse las crónicas: Excelsior, 22 de agosto de 1920, 12 de octubre de 1921, 18 de agosto de 1922 y 28 de octubre de 1928; El Universal Ilustrado, 22 de junio de 1924; El Universal, 22 de junio y 3 de agosto de 1924, 26 de julio de 1925, 2 de septiembre de 1928, 27 de enero de 1929, 4 de abril de 1929 y 19 y 26 de marzo de 1933. Las crónicas dedicadas al tema de la guerra son: El Universal, 14 de febrero de 1926 y 5 de noviembre de 1933; Excelsior, 18 de noviembre de 1921.
Tablada, José Juan. Un día... Poemas sintéticos (1919), Li-Po y otros poemas (1920) y El jarro de flores. Disociaciones líricas (1922), en Poesía de José Juan Tablada http://biblioweb.dgsca.unam.mx/tablada (estos textos son ilustrativos de las experiencias poéticas de vanguardia de José Juan Tablada).
"The $5000 Einstein Essay Contest", en Scientific American, CXXIII, 10 de julio de 1920, p. 32.
Linda Dalrymple Henderson, The Fourth Dimensión and Non-Euclidean Geometry in Modern Art, en Scientific American, CXXII, 10 de julio de 1920, p. 365.
IMÁGENES
P. 66: Albert Einstein, Einstein visto por él mismo, 1919. P. 67: Enrico Prampolini, The aesthetic of the machine and mechanical introspection in art, 1922. P. 69: Jan Matulka, Negro jazz band, 1926. Depero Fortunato, Cantiere sonoro (dinamismo soterraneo metropolitano), 1928-1930. P. 70: Vinicio Paladini, The proletarian of the Third International, 1922. Fernand Leger, Projet d'af fiche pour La Roue, 1925. P. 73: Ramón Alva de la Canal, El Café de Nadie, 1930. P. 74: Frantisek Kupka, L'acier boit no 2. P. 75: Raymond Templier, Etui à cigarettes au compteur "Voisin".
     
____________________________________________________________
     
Rodolfo Mata
Centro de Estudios Literarios, Instituto de Investigaciones Filológicas, Universidad Nacional Autónoma de México.

como citar este artículo


     
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Géiseres y manantiales de México
 
Jerjes Pantoja Alor y Arturo Gómez Caballero
   
   
     
                     

De los fenómenos naturales más espectaculares y misteriosos que brotan de las entrañas de la tierra, los que más llaman la atención son los manantiales calientes con temperaturas muy cercanas a la del punto de ebullición del agua. Sin embargo, todavía más espectacular es un géiser, que consiste en una fuente emergente dotada de un sistema especial de calentamiento y desfogue que da lugar a una columna de agua y vapor que es expulsada con gran fuerza y que logra alcanzar una altura de hasta sesenta metros. Antes y después de que el chorro cese, sobreviene un ruido estruendoso provocado por la expulsión rápida y violenta de una columna de vapor, seguida por un periodo de calma al terminar la erupción. Este comportamiento confiere al géiser un carácter intermitente y sincrónico de su actividad burbujeante.


El término géiser proviene del francés geisa, que significa brotar, y de él se deriva la palabra islandesa geisir, que es el nombre de un géiser que por extensión se usa para nombrar a los manantiales que brotan intermitentemente. Cuando en un manantial se tiene un gasto constante y no intermitente de mezcla de agua, vapor y gases, se le da el nombre de fumarola, pero cuando esta última precipita abundante cantidad de azufre en la periferia y tiene un alto contenido de ácido sulfhídrico (H2S) se le nombra solfataras, y si tiene un alto contenido de boro se le llama sofión. En casi todas las aguas de los  géiseres y de los manantiales calientes puede notarse el inconfundible hedor a huevos podridos característico del H2S, resultado de la reacción de las aguas con los vapores emanados del magma o con los sulfuros de hierro (pirita y pirrotita) o de hierro y cobre (calcopirita) que encuentran en su ascenso.


Zonas geotérmicas


Los estudios de geotermia en México se han enfocado esencialmente hacia la generación de electricidad, aunque los manantiales y géiseres para usos turísticos y terapéuticos han adquirido en últimas fechas un inusitado auge, como lo demuestran los numerosos balnearios termales en diferentes partes del Eje Neovolcánico Transmexicano. El número de zonas geotérmicas o focos termales de México, hasta ahora, alcanzan más de quinientas cuarenta y cinco regiones. De éstas, la Comisión Federal de Electricidad ha realizado estudios en más de cuarenta y una, y, de ellas, veintiuna tienen posibilidades de extracción de vapor para generación de electricidad. El país cuenta actualmente con cuatro campos geotérmicos en desarrollo: Cerro Prieto, en Baja California; Los Azufres en Michoacán; Los Humeros, en Puebla, y La Primavera, en Jalisco. Las reservas probables de energía geotérmica ascienden a cuatro mil seiscientos megawatts. Otras zonas, más de veinte, son de bajo poder calorífico y no adecuadas para la generación de electricidad, pero constituyen magníficos polos de desarrollo turístico. Como comentario cabe aclarar que en México solamente existe un géiser intermitente, localizado en la margen septentrional del Lago de Chapala, precisamente en un balneario de Cósala, Jalisco. También es importante indicar que dentro de la ciudad de Puebla se localiza el único géiser fósil, mejor conocido como El Volcancito. Los balnearios como fuentes de esparcimiento y curación son muy abundantes en el Eje Neovolcánico, y algunos de ellos son conocidos desde la época prehispánica, como Huaxtepec y Agua Hedionda.


Origen de un géiser


A través de los años los fenómenos hidrotermales, en especial los géiseres, han mantenido la atención de los geólogos y de los científicos en general; para su entendimiento debemos comprender los conceptos de la moderna teoría de la tectónica de placas, la cual establece que casi toda actividad volcánica queda confinada a la zona de influencia (en superficie y profundidad) de las márgenes convergentes, divergentes y transformes de las placas litosféricas. El ascenso de las lavas que produce el proceso convergente puede crear un arco insular, como el actual de las Filipinas, o continental, como el sistema montañoso de la  Sierra Madre Occidental y los Andes. La convergencia, asociada también con fenómenos distensivos, son los mecanismos que generan los manantiales termales (calientes) y géiseres que emergen en la Faja Neovolcánica Transmexicana.


El vulcanismo que no se encuentra asociado con márgenes o bordes de placas constituye solamente una pequeña proporción que en términos globales no alcanza 2% y en gran parte sus expresiones superficiales se encuentran íntimamente relacionadas a puntos calientes (hot points). El ejemplo más conocido de un punto caliente o estacionario es la cadena montañosa submarina Emperador, cuya última y más reciente expresión es el archipiélago de Hawai. Respecto de los géiseres no relacionados con bordes de placas destaca el Parque Nacional de Yellowstone, ubicado sobre un punto caliente en la placa continental.


Otro mecanismo, el divergente, causante de zonas calientes productoras de sistemas manantiales termales, aunque no necesariamente de géiseres, es el magmatismo generado en zonas fracturadas y hundidas (rifts: hundimiento de la corteza continental u oceánica y ascenso del magma del manto); esta clase de manantiales se presenta a lo largo de grandes fallas, como es el caso de las aguas termales relacionado con la fosa tectónica o graben del valle del río Bravo, en Chihuahua.


El tercer tipo de contacto de placas tectónicas es el que se refiere a fallas transformes (de movimiento lateral). Como ejemplo, en México se tiene el campo geotérmico de Cerro Prieto, en Baja California, emplazado muy cerca de la falla transforme de San Andrés.


Funcionamiento


El accionar de un géiser se explica por la presencia de una fuente de poder calorífico debida al ascenso del magma a través de la corteza terrestre. El magma, al quedar emplazado en la parte superior de la corteza, retiene el calor por mucho tiempo y calienta el agua del subsuelo, la cual brota a la superficie como un manantial termal o como un géiser. El principio fundamental de la acción intermitente se basa en la relación que hay entre la presión y la temperatura del punto de ebullición del agua; supongamos que una fractura de la roca o de la corteza terrestre esté representada por un conducto o tubo, el cual sería llenado con agua subterránea de algún acuífero (manto de agua contenido entre rocas), entonces, si la posición de este tubo es casi vertical, la presión del agua (presión hidrostática) aumenta progresivamente hacia abajo y, a medida que ésta aumenta, la temperatura del punto de ebullición se eleva. La fuente calorífica produce vapor y gases que suben dentro del conducto, calentando primero la parte inferior; con el proceso de convección (ascenso de moléculas calientes y descenso de moléculas frías) el fenómeno tendería a igualar la temperatura de toda el agua, tal como sucede en un recipiente de agua hirviente.


Con la salida de burbujas de vapor se expulsa algo del agua hacia el exterior, como se observa en los chorros preliminares que anteceden a una acción más completa del géiser. La pérdida de agua en la columna del tubo o conducto reduce ligeramente la presión por abajo del punto crítico y entonces, a través de una gran parte del tubo, el agua se convierte súbitamente en vapor, provocando la violenta erupción que hemos comentado. Sin embargo, para que haya una acción continuada del géiser se han identificado las siguientes condiciones: 1) un recipiente magmático somero (cámara magmática hipabisal), conectado a un cuerpo de agua subterráneo, el cual debe comunicarse a la superficie mediante una chimenea, un sistema de fracturas o un orificio; 2) un suministro de calor por encima de la ebullición del agua; 3) una capa impermeable arriba del acuífero que establezca un proceso de convección dentro del mismo y a la vez no permita la difusión del calor o de los fluidos de una manera uniforme, sino que canalice el agua por un conducto de diámetro pequeño, y 4) un reabastecimiento intermitente de agua con temperatura inferior al punto de ebullición, que fluya hacia el área generadora de calor y hacia el conducto de escape a la superficie.


La naturaleza y el origen del agua y los vapores de los géiseres son de considerable interés e importancia, ya que pudieron haberse originado en la atmósfera (aguas meteóricas) o en un antiguo océano al quedar atrapadas en los sedimentos (aguas cognatas) o provenir directamente tanto del magma como del proceso volcánico (aguas magmáticas o juveniles).


Algunos gases volcánicos se pueden derivar de la fusión de las rocas de las profundidades de la tierra o haber sido parte de una placa oceánica subducida (magmáticos) o también haberse reciclado de gases atmosféricos atrapados en los sedimentos.

 

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Jerjes Pantoja Alor y Arturo Gómez Caballero
Intituto de Geología, Universidad Nacional Autónoma de México.
 
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Los líquenes
 
Beatriz Coutiño y Ana Luisa Montañez
   
   
     
                     

El término liquen proviene del griego λελχεν y significa musgo de árbol. Uno de los rasgos distintivos y más interesantes de los liqúenes es que son organismos formados de la asociación simbiótica de un hongo con un organismo fotobióntico (capaz de hacer fotosíntesis), ya sea un alga, una cianobacteria o ambas. El hongo liquenizado se comporta como un solo organismo en el que cada una de las partes depende de la otra, dando como resultado un ser vivo sorprendente por su naturaleza dual.

Esta dualidad se ha visto reflejada en su clasificación. En el Reino vegetal de Linneo aparecen bajo el grupo de las algas. Y no es hasta 1824 que Erick Acharius, en su Synopsis Methodica Lychenum, establece una terminología específica para este grupo. A partir de entonces comenzaron a aparecer varios estudios regionales y taxonómicos. Con el trabajo de Asahina en 1936 la investigación liquenológica dio un giro, pues se incorporó como parámetro de clasificación la presencia de ciertos ácidos detectados por medio de pruebas microquímicas.

En la actualidad se han identificado más de diecisiete mil especies de liqúenes que muestran una distribución cosmopolita y se les encuentra en regiones desérticas, en los trópicos, bosques, zonas polares e incluso en el mar. Además de la asombrosa adaptación a los distintos climas y habitáis, pareciera que pueden crecer sobre casi cualquier sustrato; así, hay liqúenes cortícolas, que se desarrollan sobre las cortezas de los árboles de modo que se les considera epífitas, y otros que se desarrollan sobre troncos caídos; los saxícolas o rupícolas se encuentran sobre rocas; los terrícolas, cuyo sustrato es el suelo y, finalmente, los zoobióticos, que crecen sobre tejido muerto de animales, como las conchas de las tortugas o el exoesqueleto de los insectos.

Los liqúenes se organizan en estructuras complejas llamadas talos, que generalmente consisten de varias capas. Éstas se dividen en una corteza superior y otra inferior, una capa algal y una capa medular. La mayor parte de la estructura está compuesta por el hongo y sus hitas, mientras que las células algales y las cianobacterias constituyen una proporción menor (alrededor de 7%). Es por esto que al hongo se le llama macrobionte y a las algas y bacterias se les denomina microbiontes. Hasta ahora se han identificado más de treinta y seis especies de organismos fotosintéticos (cianobacterias y algas verdes) que forman parte de los liqúenes. Los talos se clasifican con base en su aspecto, su estratificación y las estructuras de fijación al sustrato; asi, los biólogos distinguen entre talos gelatinosos, costrosos, foliosos y fruticosos.

La reproducción de los liqúenes se lleva a cabo principalmente por medio de la propagación asexual a través de la fragmentación del talo o la formación de diásporas vegetativas: los soredios y los isidios. Los primeros resultan de la asociación de algunas células fotobiónticas fuertemente envueltas por hifas y carentes de corteza; miden de 25 a100 μ de diámetro, pero en general se encuentran varios soredios agrupados en masas más grandes de apariencia granular submacroscópica llamadas soralias. Los isidios son otro tipo de estructuras reproductivas que se originan en las capas internas del talo y que emergen a través de poros o por rupturas en la corteza. Se trata de extensiones cilindricas del talo que se observan como protuberancias de la corteza superior, conformadas por hifas del hongo y células fotobiónticas asociadas de manera más o menos continua. Una vez maduras, las diásporas se dispersan por medio del agua, viento, insectos y aves, y posteriormente se desarrollan en otros sitios. Aunque la mayoría de los liqúenes se reproducen por medio de estas estructuras asexuales, hay liqúenes que presentan una reproducción sexual. A éstos se les ha agrupado como los basidio liqúenes. La mayoría de ellos están formados por hongos de la división Ascomycotina, que producen cuerpos fructíferos casi idénticos a los que producen estos hongos cuando no están liquenizados.

Aunque en apariencia los líquenes parecen inertes, estos organismos simbióticos tienen importantes funciones en los ecosistemas. Una de las principales es la de la degradación superficial de las rocas y la formación de suelos. Los liqúenes tienen la capacidad de establecerse como pioneros durante la colonización de sitios rocosos carentes de vegetación y con el tiempo preparan el sustrato para el desarrollo sucesivo de distintas plantas. A su vez, muchos de los liqúenes que tienen cianobacterias fijan el nitrógeno atmosférico elemental, enriqueciendo los suelos, principalmente en las regiones boreales y en bosques templados. En las tundras, los liqúenes sostienen en gran parte la vida animal, ya que en estas regiones los animales se alimentan principalmente de ciertos ejemplares que cubren grandes extensiones de suelo. En otras regiones constituyen un albergue eficaz y fuente de alimento de gusanos, insectos, arácnidos, ácaros y moluscos.

En varios países nórdicos los liqúenes son empleados como forraje para los animales domésticos, ya que las especies que ahí crecen contienen un polisacárido parecido al almidón, la liquenina, que incluso sirve para la elaboración de pan.

Otras especies tienen diversas aplicaciones desde el punto de vista industrial y se les emplea, por ejemplo, en la industria de la perfumería como fijadores de las esencias aromáticas. En medicina se utilizan algunas sustancias de origen liquénico que inhiben el crecimiento de bacterias y hongos. Tal es el caso del ácido úsnico (presente en los géneros Usnea, Ramalina, Cladonia, Parmelia y Evernia), que se utiliza en la elaboración de pomadas ha mostrado ser más efectivo que los ungüentos antibióticos convencionales para el tratamiento de lesiones provocadas por quemaduras.

Una de las aplicaciones recientes de los liqúenes es el de indicadores y monitores de ciertos contaminantes (urbanos o industriales). Estudios realizados en los años sesenta sobre la distribución de estos organismos mostraron que algunos liqúenes presentaban una alta  susceptibilidad a ciertos contaminantes atmosféricos. Distintas concentraciones de estos contaminantes tienen diversos efectos sobre el desarrollo de los liqúenes, es decir, lo inhiben y reducen su crecimiento o imposibilitan su vida. Por otro lado, algunas especies muestran tolerancia a sustancias que estorban el crecimiento de otro tipo de organismos, lo que les permite colonizar, por ejemplo, espacios contaminados por plomo y monóxido de azufre. También se ha demostrado que algunas especies de liqúenes pueden servir como indicadores del nivel de metales radiactivos.

Desde la década pasada, dadas las tendencias relacionadas con la conservación de la biodiversidad y el uso sustentable de los recursos naturales, se advierte un interés creciente por realizar más estudios sobre los liqúenes. Sin embargo, en México es aún necesario incrementar la investigación en este campo, pues faltan muchos datos florísticos ya que los herbarios tienen acervos aún muy incompletos.      

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Beatriz Coutiño y Ana Luisa Montañez
Laboratorio de Etnobotánica, Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México.
 
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La hija de Galileo
 
Susana Biro
   
   
     
                     
Hace poco terminé de leer, más bien debería decir saborear, La hija de Galileo, el segundo libro de Dava Sobel, autora del tan popular Longitud. Desde una perspectiva nueva, la autora cuenta una vez más la vida del primer hombre que apuntó un telescopio hacia el cielo para realmente verlo en vez de sólo hacer teorías sobre él. Para ello utiliza como punto de partida las cartas que Sor María Celeste, la hija mayor de Galileo, le escribió a éste desde el convento de las clarisas en las afueras de Florencia. Desafortunadamente las respuestas a dichas cartas han desaparecido, pero no hacen falta para tener una visión muy especial de la relación entre el padre y la hija y de la época en la que vivieron.
 
Desde la pequeña ventana al mundo que representa un convento en el siglo XVII y con la enorme perspicacia de Celeste, Sobel nos cuenta la vida familiar y pública de Galileo de los años en que pasó de ser profesor de la Universidad de Pisa y matemático de la corte de Fernando de Médicis hasta los años difíciles del juicio llevado a cabo en su contra por la Santa Inquisición. Entre los segmentos de las cartas van apareciendo sus descubrimientos, sus hijos, los hombres famosos de la época y sus problemas con la Iglesia por defender las ideas de Copérnico.
 
Terminar el libro fue como ser eyectada de la Florencia de los 1600 de vuelta al México del año 2000, algo que no me gustó nada, así que me asomé por otra ventana, la de mi navegador, para ver qué más podía encontrar. El primer lugar con el que di resultó ser el mejor. El sitio The Galileo Project (es.rice.edu/ES/humsoc/Galileo/) pertenece a la Universidad de Rice y es coordinado por Albert van Helden, profesor de historia de esa universidad. El proyecto, que es mantenido por un equipo multidisciplinario, está en desarrollo permanente y abierto a sugerencias de los lectores. La página es un buen hipertexto con diseño sencillo, información completa pero no recargada, mucho material gráfico relevante y un excelente glosario. Además, nos permite pasear por la vida y época de Galileo partiendo del plano de la villa en Arcetri donde él pasó los últimos años de su vida. Otra cualidad de la página es que se puede hacer un recorrido por los diversos espacios en cualquier orden, por ejemplo, hay una estancia en la que encontramos a muchos personajes importantes de la épocá, la biblioteca con los escritos de Galileo y los de sus contemporáneos; una galería con los retratos de su familia y sus amigos más cercanos; la terraza desde la cual debió observar los satélites de Júpiter y el movimiento de las manchas solares; el estudio con los instrumentos que utilizó para sus experimentos sobre el movimiento de los cuerpos, y la capilla donde hizo la penitencia que le dictó la Inquisición por escribir su Diálogo sobre los dos principales sistemas del mundo.
 
Esta página resulta un buen ejemplo de cómo un sitio en red puede complementar un libro, pues incluye la traducción hecha por Dava Sobel de todas las cartas de Sor María Celeste, cosa que evidentemente el libro no puede tener.
 
Así como suele suceder que un buen libro recomienda libros buenos, el sitio del Proyecto Galileo apunta al del Museo de Historia de la Ciencia de Florencia (galileo.imss.firenze.it/), donde, entre muchas otras cosas, encontramos una visita virtual a la sala del museo dedicada a los instrumentos que utilizó Galileo. Está, por ejemplo, un giovilabio, precioso instrumento de bronce con el cual midió las órbitas y los periodos de los satélites de Júpiter que luego reportó en su Siderius Nuncius. Además, el Departamento de Investigación del museo tiene un proyecto de digitalización de una parte de las notas previas a su Diálogo... (www.imss.fi.rt/rns72/index.html), que representa una gran oportunidad pues nos permite ver material al cual de otra manera sería imposible tener acceso. Las páginas del manuscrito están presentadas como mapas sensibles desde los cuales se pueden apreciar versiones en alta resolución, acercamientos a diferentes segmentos con gráficas o texto y la transcripción del manuscrito. Resulta muy emocionante ver sus notas y diagramas e imaginarlo pensando en la mejor manera de explicar una idea tan revolucionaria como que el centro del universo era el Sol y no la Tierra.
 
Por último está el sitio The Art of Renaissance Science (www.crs4.it/Ars/arshtml /arstitle.html), basado en un programa de televisión y transpuesto a hipertexto por alguien que entiende bien de este nuevo medio. El resultado es una colección de páginas de diseño sencillo en las que se aprovechan al máximo los recursos como el sonido y las animaciones. La lectura del texto es prácticamente lineal, y contiene muchas y muy buenas ilustraciones y la narración fluye como una charla, lo cual probablemente es resultado de su origen audiovisual. A diferencia de los otros dos sitios, que son proyectos institucionales, esta página aparenta ser resultado de un esfuerzo más bien individual. Aun así me permito recomendarles que lo visiten porque me parece muy bien hecho.
 
La idea principal de esta página es dar a conocer la ciencia que hizo Galileo en el contexto de su época, para lo cual se incluye una revisión de la pintura y la arquitectura así como fragmentos de música que realizaron sus contemporáneos, mostrando la relación entre ciencia y arte, tan importante en ese momento. A la hora de explicar el trabajo de Galileo aparecen una serie de animaciones que ilustran, por ejemplo, sus experimentos sobre el movimiento de los cuerpos. La sensación que queda al final del recorrido es la de haber asistido a una buena conferencia sobre el tema.   
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Susana Biro
Dirección General de Divulgación de la Ciencia, Universidad Nacional Autónoma de México.
 
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