revista de cultura científica FACULTAD DE CIENCIAS, UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
Busca ampliar la cultura científica de la población, difundir información y hacer de la ciencia
un instrumento para el análisis de la realidad, con diversos puntos de vista desde la ciencia.
1 12
     
Cuatro Ciénegas, un laboratorio natural de astrobiología
 
Valeria Souza, Ana Escalante, Laura Espinoza, Aldo Valera, Antonio Cruz, Luis E. Eguiarte, Ferrán García Pichel y Jim Elser
conoce más del autor
     
     
HTML PDF

   
     
 
 
 
La astrobiología es una nueva disciplina que pretende estudiar la vida fuera de la Tierra. Su primera meta es entender cómo empezó y evolucionó la vida aquí, para así buscar vida o sus señales en otros planetas de manera más eficiente. En otras palabras, intenta ligar la evolu- ción de los planetas con la evolución biológica y específicamente busca determinar si la evolución biológica se repetiría “como una película”, esto es que si bajo ciertas condiciones fisicoquímicas particulares se obtendrían los mismos tipos de organismos con adaptaciones y fisiologías similares o no. Nosotros consideramos que estudiar con cuidado la actual ecología microbiana nos ayudará a predecir dónde podemos buscar los organismos y cómo descifrar las señales de vida, ya sea analizando ambientes que emulen lo esperado en determinados planetas o condiciones que reflejen la vida antigua en la Tierra, especialmente las que llamamos extremas, como temperaturas muy altas o bajas, salinidades o pH extremos, etcétera.
 
 
Con estos objetivos nuestro grupo de trabajo interdis- ciplinario ha laborado durante varios años en el Valle de Cuatro Ciénegas, en Coahuila. Nuestro grupo incluye desde limnólogos y paleontólogos hasta genetistas de poblaciones que estudian peces y bacterias, pasando por biólogos moleculares y especialistas en invertebrados. Este valle funciona como un laboratorio natural para el estudio de la evolución temprana en la Tierra, por lo que es particularmente importante para la astrobiología. Además, se sospecha que el tipo de sales y la dinámica del agua podrían ser análogas a las de Marte y, por lo tanto, serviría como un modelo para buscar vida en ese planeta. Por otra parte, es uno de los pocos lugares donde actualmente coexisten los estromatolitos, característicos de la vida temprana en la Tierra, con una heterogénea comunidad de animales, y también es uno de los sistemas acuáticos continentales con mayor diversidad y endemismos de México y el mundo.
 
 
Un factor interesante es que sus aguas son muy pobres en nutrimentos, particularmente en fósforo. Aun así, en ellas existe una cadena trófica análoga a la que se considera distintiva del Cámbrico temprano (hace unos 540 millones de años), donde los estromatolitos y bacterias fotosintéticas (cianobacterias) y quimioautótrofas son fuente de alimento de los metazoarios, principalmente caracoles y peces herbívoros. En este ecosistema acuático las bacterias, y no las algas o plantas superiores, parecen formar la base de la pirámide alimentaria.
 
 
Cuatro Ciénegas está situado en el estado de Coahuila y presenta una extensión de aproximadamente 150 000 kilómetros cuadrados. Su altitud promedio es de 735 metros, pero está encerrado entre altas serranías formadas principalmente por rocas calizas que alcanzan hasta 3 000 metros de altura. Su clima es muy seco, semicálido, con pocas lluvias en verano y ocasionalmente algunas en invierno. Se caracteriza por su gran diversidad de ambientes acuáticos, entre los que destacan los humedales tipo pantanos. Incluye también complejos sistemas de corrientes subterráneas, manantiales, canales, ríos, lagos y estanques temporales. Algunos de los manantiales son termales (30-35°C) y su temperatura disminuye corriente abajo, lo cual puede deberse a un enfriamiento del agua a lo largo del curso o bien a que existen diferentes fuentes de abastecimiento de agua. Las aguas en general son duras, ya que contienen gran cantidad de sales de calcio y magnesio con sodio, potasio, sulfatos, carbonatos y cloruros. La dureza de las aguas se incrementa a partir de los manantiales hasta los ríos y las lagunas de desecación donde la salinidad es de nivel de saturación. El pH cambia de manera paralela, y varía de neutro (7.0-7.2) en los manantiales hasta bastante básico (8.0-9.7) en lagos terminales en fase de desecación.
 
 
La extraordinaria riqueza en especies de las aguas de Cuatro Ciénegas, muchas endémicas, está ampliamente descrita y fue factor esencial para que se decretara como Reserva de la Biósfera en 1994. Las causas de esa gran diversidad han sido poco exploradas, pero se sugiere que el valle sirvió como refugio para la flora acuática y terrestre durante las glaciaciones, brindando las condiciones adecuadas para que se mantuviera una inmensa diversidad de organismos y microambientes. Éstos han permanecido a lo largo del tiempo debido a una gran estabilidad ambiental y a su aislamiento geográfico. También se ha sugerido que la fauna acuática experimentó una radiación adaptativa producto de altas tasas de especiación, lo que generó el elevado número de endemismos. Nosotros creemos que las comunidades acuáticas de la zona son particularmente estables, y que sus condiciones específicas, junto con la baja cantidad de fósforo, impiden que las algas dominen los cuerpos de agua. Esto permite mantener las comunidades de estromatolitos y todos sus organismos asociados casi sin cambios.
 
 
Dado el carácter extremadamente salado del camino del agua de Cuatro Ciénegas, pensamos que los microorganismos que soportan estas condiciones representan un grupo clave para el análisis junto con los estromatolitos que mantienen al menos parte de la cadena alimentaria del agua.
 
 
Bacterias y arqueas
 
 
Actualmente se sabe que los organismos que han evolucionado en nuestra Tierra pertenecen a tres grandes linajes, llamados “dominios”. Dos de ellos corresponden a organismos que no tienen núcleo o procariontes, los dominios Archaea y Bacteria, mientras que el tercero está formado por los organismos que tienen núcleo en sus células, los Eukarya. Los procariontes no parecen ser muy diferentes a simple vista, de hecho por mucho tiempo se les consideró como un solo grupo. Fue a partir del surgimiento de la biología molecular y del análisis de secuencias de ADN que comenzaron a detectarse diferencias importantes entre estos dos tipos de procariontes.
 
 
En nuestro estudio nos interesa mucho la resistencia a la salinidad, ya que los ambientes hipersalinos son comunes en Cuatro Ciénegas y es el tipo de ambiente donde se considera que existió o podría existir vida en Marte. En relación con la salinidad, los organismos se clasifican en dos categorías: la primera es la de los halófilos obligados, que crecen a no menos de entre 10 y 12% de sal común en el agua y hasta en un límite de 34%, dependiendo de la temperatura y de si los iones en solución son de potasio o de cloro. Los arqueas halófilos utilizan la actividad de un pigmento llamado bacteriorrodopsina como uno de los mecanismos para sobrevivir en altas concentraciones de sal. La segunda categoría corresponde a los halotole- rantes, generalmente bacterias y algas (Eukarya), que pueden vivir en un amplio rango de concentraciones de sal, desde prácticamente nada hasta 30% de sal común, y en donde el soluto compatible no es ni potasio ni cloro, sino compuestos orgánicos.
 
 
Debido a lo extremo de las condiciones de salinidad, todos estos organismos presentan una serie de adaptaciones fisiológicas y bioquímicas que les permite lidiar con la baja cantidad de agua disponible y la diferencia de presión osmótica que se genera en ambos lados de la membrana celular. Los ambientes hipersalados también tienen otras características, como alta composición iónica total, temperaturas generalmente estables, luz intensa (en el caso de salinas de desecación) y pH alcalino. Para compensar la gran presión osmótica en estos ambientes, los organismos tienen que producir u obtener del exterior solutos compatibles con el medio y lograr el balance osmótico que mantenga su integridad celular. Estos solutos pueden ser iones inorgánicos o moléculas orgánicas, y el uso de unos u otros depende del tipo de organismo.
 
 
Los arqueas se caracterizan por colonizar ambientes extremos, donde no se había sospechado que la vida fuera posible. Estos organismos pueden crecer en temperaturas altas o muy bajas, elevadas concentraciones de sal, gran acidez, alta presión, nutrimentos muy escasos, etcétera. En general son anaerobios, no toleran el oxígeno, y muchos de ellos son autótrofos, pues obtienen energía y construyen sus nutrimentos a partir de bióxido de carbono. En este dominio los organismos halófilos son una excepción, ya que son aerobios, requieren oxígeno, y presentan un metabolismo tipo quimiorganótrofo, en donde la fuente de energía son aminoácidos o ácidos orgánicos. Esto sugiere que los arqueas halófilos aparecieron después de que las cianobacterias contaminaran con oxígeno el planeta, mientras que los otros miembros del dominio parecen ser más antiguos.
 
 
Los arqueas halófilos logran mantener un equilibrio osmótico en ambos lados de la membrana con un bombeo activo (requiere energía) de iones de potasio (K+) del exterior hacia el interior para equilibrar las concentraciones iónicas de sodio (Na+) fuera de la membrana (resultado de la gran cantidad de sal común en los ambientes en que estos organismos se encuentran).
 
 
Algunas especies de arqueas halófilos son capaces de la síntesis del adenosín trifosfato (ATP) mediada por luz usando la bacteriorrodopsina, sin embargo, como esta vía no involucra pigmentos clorofílicos no puede considerarse fotosíntesis. Los arqueas extremo-halófilos tienen una pigmentación roja debida a la bacteriorrodopsina, estructura similar al pigmento visual llamado rodopsina, la cual se asocia a una molécula tipo carotenoide llamada retinal que puede absorber la luz y catalizar la formación de una estructura con la fuerza de mover protones. En condiciones de baja aeración, los arqueas halófilos cambian de color de- bido a la estructura bacteriorrodopsina+retinal, pasando de un color rojo-naranja a un color morado-rojo intenso. El mecanismo de producción de ATP en estas condiciones de estrés consiste en generar un gradiente protónico similar al de la mitocondria eucarionte. Sin embargo, el crecimiento en estas condiciones es muy lento.
 
 
En contraste, las bacterias verdaderas o dominio Bacteria en general colonizan ambientes más cercanos a las condiciones fisiológicas a las que estamos acostumbrados; sin embargo, también existen bacterias que pueden vivir en condiciones extremas de temperatura, sal y anaerobiosis. Las bacterias son el dominio de la vida más abundante y diverso en el planeta. Sus formas no son muy diferentes, pero su variedad en estrategias para obtener recursos y para sobrevivir son extraordinarias.
 
 
Los organismos halotolerantes que viven en condiciones saladas han desarrollado diferentes rutas para el mantenimiento de la presión osmótica. Las bacterias halotolerantes tienen varios mecanismos para la osmorregulación, mientras que las Archaea halófilas dependen totalmente de los iones que existen en el ambiente en donde se en- cuentran.
 
 
Las bacterias de Cuatro Ciénegas
 
 
En Cuatro Ciénegas encontramos una diversidad impresionante de organismos de los dominios Bacteria y Archaea. Para este análisis hemos usado tanto técnicas tradicionales, que involucran el cultivo de los procariontes en medios particulares, como técnicas moleculares, que implican, en primer lugar, la extracción del ADN total de muestras ambientales y su posterior análisis con diferentes métodos que permiten clasificarlo en distintos niveles. El principal resultado de nuestros estudios es el descubrimiento de que las comunidades bacterianas en Cuatro Ciénegas son muy diferentes unas de otras: si bien hay algunas especies que se encuentran en varios ambientes, la composición de especies es contrastante en los distintos sitios.
 
 
Algunas de las bacterias que hemos encontrado son similares a organismos cosmopolitas que están en ambientes salinos del mundo, como Bacillus, capaces de formar esporas y volar con el polvo. También hemos detectado numerosos géneros de Bacteria y Archaea que se consi- deran fundamentalmente marinos. Como ejemplos de estos microorganismos están los Rheinheimera que es una bacteria marina de los mares del norte de Europa, bacterias similares a simbiontes de moluscos marino del género Teredinibactertunerae, así como otras cercanas a Rhodobacter marinas que forman parte del picoplancton. En las cuevas de Cuatro Ciénegas encontramos bacterias oxidantes del azufre, muy similares a algunas descritas como endosimbiontes de gusanos exclusivos de las ventilas hidrotermales del Atlántico, bacterias típicas de glaciales y arqueas sólo reportadas en sedimentos marinos. También encontramos representantes de los géneros Magnetospirilium y Aquaspirilium, que son típicamente marinos.
 
 
Dada su relevancia para la astrobiología, queremos comentar con más detalle algunos de los procariontes halófilos y halotolerantes que hemos encontrado en Cuatro Ciénegas. Por ejemplo, tenemos Halomonas, Vibrio, Oceanomonas y la arqueas Halobacterium, que se han reportado en salinas marinas de otras localidades del mundo, pero no son fáciles de movilizar por el aire debido a que son susceptibles, como la mayor parte de los procariontes, a la desecación y a la luz ultravioleta.
 
 
Los datos de comunidades bacterianas que tenemos hasta ahora indican que las cepas similares a organismos marinos de Cuatro Ciénegas son residentes, ya que no sólo hay gran cantidad de especies en los cuerpos de agua de Cuatro Ciénegas, sino también hay mucha diferenciación entre sitios, generando un conjunto aún más diverso a la escala de todo el valle. Si existieran especies migrantes, aunque su movimiento entre pozas sea raro, esta pequeña tasa de migración sería suficiente para homogeneizar las poblaciones y reducir la diferencia entre sitios. Este hecho no se observa en Cuatro Ciénegas, pero es muy común en las salinas artificiales de varios sitios del mundo, donde la microbiota es generalista y cosmopolita, por lo que la diversidad de especies de procariontes, tanto Bacteria como Archaea, es muy baja en todos los niveles.
 
 
Los estromatolitos
 
 
Como hemos mencionado, las estructuras microbianas conocidas como estromatolitos dominaron el registro fósil de la Tierra por miles de millones de años antes de la explosión del Cámbrico. Durante el largo periodo en que fueron abundantes, el oxígeno generado por la fotosíntesis de las cianobacterias (bacterias verdaderas que dominan en estas estructuras) se fue acumulando, hasta convertir los océanos y la atmósfera en medios oxidantes, tal y como los conocemos hoy en día y como no existen en ningún otro planeta del sistema solar. Nuestra atmósfera con oxígeno que nos permite respirar y la capa de ozono que nos protege de la radiación solar ultravioleta son el legado de estos antiguos estromatolitos. Sin embargo, en el inicio del Cámbrico estos organismos sufrieron un declive generalizado en tamaño y abundancia.
 
 
Pero aunque raros, todavía existen varios tipos de estromatolitos vivos. Éstos son agrupaciones de microbios fotosintéticos, principalmente cianobacterias, junto con otras bacterias y concreciones minerales calcáreas. Podríamos decir que son rocas vivientes o bacterias petrificadas. La formación de estromatolitos es un proceso complicado en el que participan varios grupos de bacterias, principalmente cianobacterias. Debido a su elevado componente mineral resisten bien los procesos de trasformación geológica, y por eso se les encuentran en el registro fósil. En la actualidad pueden crecer adosados a taludes o en el fondo de aguas someras formando arrecifes en miniatura, incluso pueden estar sueltos como pequeñas pelotas deformadas sobre los sedimentos. A estas últimas estructuras se les llama oncolitos. Los estromatolitos generalmente sólo se forman en ambientes muy particulares, como las zonas marinas de intermarea donde la salinidad puede llegar a ser muy alta y en algunas localidades de agua dulce muy ricas en calcio. Estos ambientes generalmente son pobres en especies que no sean parte de los propios estromatolitos.
 
 
La presencia de estos organismos en un determinado lugar no es sólo una función compleja de los factores que permiten su formación, sino también de las tasas de destrucción a las que puedan estar sometidos. La desaparición casi total de los estromatolitos fósiles coincide con la aparición de los animales. La hipótesis llamada “del pastoreo”, basada en esta coincidencia, nos explica su desaparición masiva en el Cámbrico como una causa directa de la acción animal. Ávidos de ingerir las nutritivas películas bacterianas, los animales recién surgidos fueron destruyendo los estromatolitos a medida que se iban formando. En particular los caracoles, que, con su potente rádula bucal son capaces de excavar las estructuras petrificadas en busca de comida.
 
 
Esta teoría es la más aceptada y se ve reforzada por el hecho de que actualmente los estromatolitos (y los tapetes microbianos, que son sus análogos sólo que sin calcificar) tienden a encontrarse únicamente en ambientes extremos, como las fuentes termales y las pozas de salmuera, donde no se desarrollan los invertebrados. Sin embargo, en los manantiales termales y las corrientes de Cuatro Ciénegas encontramos una gran diversidad de formas y tipos de estromatolitos coexistiendo con animales tanto vertebrados como invertebrados. Aparentemente esos estromatolitos son la base principal de la cadena alimentaria, lo cual significa que todo el resto del ecosistema se alimenta de ellos. Por lo tanto, Cuatro Ciénegas parece ser un lugar único en la Tierra no sólo por la coexistencia de estromatolitos y animales, sino también porque encontramos una cadena alimentaria heterogénea, con una considerable diversidad estructural y de especies. En otras palabras, en Cuatro Ciénegas coexiste una gran variedad de estromatolitos con una notable cantidad de sus depredadores.
 
 
Los microorganismos por sí solos harían de Cuatro Ciénegas un interesante laboratorio vivo, pero es la coexistencia de las comunidades estromatolíticas con animales complejos, como son peces, caracoles y crustáceos, lo que hace realmente únicos en el mundo moderno a estos manantiales y corrientes de agua.
 
 
Marte y Cuatro Ciénegas
 
 
Algunos autores han sugerido que la atmósfera marciana debió ser mucho más caliente y gruesa en el pasado de lo que es en la actualidad, y que tenía elevadas cantidades de bióxido de carbono. En algún momento debieron darse importantes transformaciones atmosférico-climáticas, que provocaron cambios hidrológicos complejos con los que pudieron presentarse reducciones en la mayoría de los cuerpos superficiales de agua formando evaporitas con sal común. Mientras que el agua se congelaba como resultado de los cambios climáticos, las sales en el agua se concentraron cada vez más. Con base en esto se ha sugerido que organismos análogos a nuestros arqueas halófilos pudieron existir en las zonas de desecación.
 
 
Esta hipótesis sobre la vida en Marte y la conocida habilidad de los arqueas halófilos para sobrevivir en un ambiente de baja actividad hídrica, basada en las especiales adaptaciones bioquímicas mencionadas, así como sus requerimientos de altas concentraciones de sal, los hacen modelos viables para explorar la posible existencia de vida en el Marte primitivo. Por ello, las características de Cuatro Ciénegas lo convierte en un modelo terrestre adecua- do para lo que se podría buscar en Marte.
 
 
Por otra parte, y dejando la astrobiología a un lado, el realizar estudios cuidadosos de la microbiota de este valle nos puede decir cosas muy interesantes sobre la vida en este planeta. Actualmente estamos llevando a cabo estudios de genética de poblaciones de especies de bacterias y arqueas extremófilas, mismos que nos van a permitir comparar sus patrones con microrganismos que entende- mos bien, como nuestro comensal y a veces patógeno Escherichia coli, las bacterias del suelo Rhizobium y aquellas generalistas de mares salados y suelos como Bacillus. Esto nos lleva a preguntarnos si existe un microbio promedio y si existen algunos patrones que se repiten en la ecología evolutiva de los organismos de Bacteria y Archaea. Con estos detallados estudios de las comunidades y poblaciones de procariontes podremos descubrir las reglas que siguen los seres vivos sin importar su ubicación, ya que las fuerzas evolutivas (selección natural, migración, deriva génica, mutación) deben ser las mismas y sólo varía en cada organismo la intensidad con la que actúan y su interacción, dependiendo de la historia genética particular de cada uno de los organismos.
 
 
Un laboratorio amenazado
 
Es innegable que el Valle de Cuatro Ciénegas representa un laboratorio vivo único en el mundo que nos permite estudiar la evolución temprana de la vida en nuestro pla- neta y que, por lo tanto, es de fundamental interés para la nueva disciplina llamada astrobiología. La diversidad de ambientes particulares, la gran cantidad de especies endémicas y los altos niveles de biodiversidad representan un tesoro que debe ser conservado para las generaciones futuras. Sin embargo, esto es especialmente difícil dado que los ecosistemas como el de Cuatro Ciénegas son extraordinariamente frágiles. Este hábitat representa un oasis en medio del desierto de Coahuila. La presión de la gente por el uso del agua de la cuenca, sea con objetivos agrícolas u otros diferentes, es muy alta. El acto de desviar un curso de agua para usarla en irrigación conduce a la destrucción de los cauces y pozas naturales, con la concomitante destrucción de las poblaciones locales, lo que podría determinar la extinción total de las especies endémicas de peces, de caracoles y de las comunidades estromatolíticas que hacen de este valle un invaluable laboratorio natural para los biólogos evolutivos. Esperemos que nuestros es- tudios y la difusión de su importancia ayuden a conservar este tesoro evolutivo.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
 
Carr, M. H. 1979. “Formation of Martian flood features by release of water from confined aquifers”, en J. Geophys. Res., núm. 84, pp. 2995-3007.
Carr, M. H. 1986. “Mars: A water rich planet?”, en Icarus, núm. 68, pp. 187-216.
Litchfield, C. D. 1998. “Survival strategies for mi- croorganisms in hypersaline environments and their relevance to life on early Mars”, en Meteoritics & Pla- netary Science, núm. 33, pp. 813-819.
Madigan, M. T., J. M. Martinko y J. Parker. 2000. Brock Biology of Microorganisms. Prentice Hall, Nue- va Jersey.
Minckley, W. L. 1969. “Environments of the Bolson of Cuatrocienegas, Coahuila, Mexico, with special reference to the aquatic biota”, en Science Series, núm. 2, pp. 1-65, University of Texas at El Paso.
Ventosa, A., J. J. Nieto y A. Oren. 1998. “Biology of Moderately Halophilic Aerobic Bacteria”, en Microbiol and Mol Biol Reviews, vol. 62, núm. 2, pp. 504-544.
Valeria Souza, Ana Escalante, Laura Espinoza, Aldo Valera, Antonio Cruz y Luis E. Eguiarte
Instituto de Ecología, Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Ferrán García Pichel Jim Elser
Departamento de Biología y de Microbiología, Arizona State University.
_______________________________________________________________
 

como citar este artículo

Souza, Valeria y et. al. (2004). Cuatro Ciénegas, un laboratorio natural de astrobiología. Ciencias 75, julio-septiembre, 4-12. [En línea]
 
 
  Regresar al índice artículo siguiente
1 12
     
Los sistemas hidrotermales y el origen de la vida
 
Jerjes Pantoja Alor y José A. Gómez Caballero
conoce más del autor
     
     
HTML PDF

   
     
 
 
 
A finales de la década de los sesentas y principio de los setentas surge la idea de un programa de investiga- ción de carácter interdisciplinario sobre los manantiales termales de México, cuando el primero de los autores de este artículo desarrollaba una serie de investigaciones acerca de los yacimientos minerales del centro y sur de México. En esa época se iniciaban los estudios formales de la Comisión Federal de Electricidad en el Eje Volcánico Transmexicano para la exploración de yacimientos geotérmicos con miras a la generación de electricidad. En ellos se establecía una estrecha relación entre la alteración y mineralización de la roca y las zonas de hidrotermalismo activo.
 
 
No obstante que los manantiales submarinos se descubrieron en 1977 en la dorsal de las Galápagos, el hi- drotermalismo cobra auge cuando aparece en el número de noviembre de 1979 de la revista National Geographic la descripción y las fotografías de la primera solfatara submarina de alta temperatura, con enormes gusanos en forma de tubo y almejas, localizada en la dorsal Rivera a 2 500 metros de profundidad frente a la costa de Nayarit. Por su latitud, esta fumarola localizada con el submarino Alvin fue denominada “21°N”; su color era negro debido al alto contenido en sulfuros de hierro. A tal hallazgo seguiría el de las ventilas de la cuenca de Guaymas en 1982, hecho por el mismo submarino a 2 000 metros de profundidad, así como el de una serie de ventilas distribuidas a todo lo largo del sistema global de dorsales. A raíz de tales descubrimientos la importancia del hidrotermalismo ha ido en aumento, como lo manifiesta la creación de proyectos internacionales de índole interdisciplinaria —entre ellos el llamado InterRidge, creado en 1992 con sede en Tokio, con un extenso plan de actividades para el periodo 2004-2013, y el de la Carnegie Institution of Washington, enfocado tanto a sistemas terrestres como extraterrestres.
 
 
A nivel mundial, la investigación científica básica sobre los sistemas hidrotermales se desarrolla en las si- guientes líneas: 1) génesis de yacimientos minerales en sistemas hidrotermales continentales, tanto fósiles como activos; 2) nuevas técnicas y métodos para la obtención de energía en rocas secas sobrecalentadas mediante inyección de agua y la racionalización del uso de esos sistemas; 3) exploración de manantiales hidrotermales en dorsales y corteza oceá- nica; 4) origen de la biósfera; 5) infor- mación biogeológica contenida en los depósitos hidrotermales; 6) su viabilidad como ambientes potenciales de síntesis prebióticas; y 7) homologación de la evolución biológica en otros cuerpos de nuestro sistema solar.
 
 
Hidrotermalismo y mineralización
 
 
Se conoce como hidrotermalismo al conjunto de efectos producidos por el agua a una temperatura mayor que la ambiental. A los lugares donde brota este agua se les conoce como manantiales termales. Entre los fenómenos naturales más espectaculares están los manantiales calientes con temperaturas muy cercanas a la del punto de ebullición del agua. Sin embargo, un géiser es todavía más espectacular y consiste en una fuente emergente dotada de un sistema especial de calentamiento y desfogue que da lugar a una columna de agua y vapor que es expulsada con gran fuerza y frecuentemente alcanza entre 30 y 60 metros de altura. Antes y después de que el chorro cese sobreviene un estruendoso ruido provocado por la expulsión rápida y violenta de una columna de vapor, seguida por un periodo de calma al terminar la erupción. Este comportamiento confiere a la actividad del géiser un carácter intermitente y sincrónico.
 
 
Cuando un manantial tiene un gasto constante, no intermitente, de una mezcla de agua, vapor y gases, se le da el nombre de fumarola; cuando esta última precipita una cantidad abundante de azufre en la periferia y tiene un alto contenido de ácido sulfhídrico se le da el nombre de solfatara; y se llama sofión (del italiano soffione, aplicado originalmente al agua con un alto contenido de ácido bórico) cuando en la fumarola predomina el vapor. A pesar de contar con numerosas zonas geotérmicas y manantiales emergentes (ver recuadro “Sistemas hidrotermales en México”), México sólo posee un géiser, localizado en San Juan Cosalá, Jalisco, pegado a la margen occidental del lago de Chapala. Aunque en la ciudad de Puebla se halla el vestigio de un posible géiser fósil.
 
 
El agua de un manantial termal puede ser meteórica, o sea proveniente de la superficie del terreno (lluvia, ríos, lagos o del subsuelo) o magmática, que se libera junto con otros fluidos y volátiles de un magma ascendente por disminución de presión y temperatura. Al agua magmática también se le llama agua juvenil. Los sistemas hidrotermales se generan, en la gran mayoría de los casos, por fuentes magmáticas de calor. La variación en la temperatura y la densidad de los fluidos conducen a una circulación convectiva dentro de la corteza, la cual produce una transferencia de calor y minerales a gran escala. El hidrotermalismo se desarrolla en cualquier lugar de la corteza terrestre donde el agua coexiste con una fuente de calor. Los sistemas hidrotermales constituyen vestigios importantes en la evolución y diferenciación temprana de la corteza terrestre al enlazar los procesos de la litósfera con los ciclos hidrológico y atmosférico. Los precipitados químicos de sus aguas consisten en conjuntos mineralógicos simples donde predominan el sílice, los carbonatos, los sulfuros metálicos, los óxidos y las arcillas. La mineralogía depende de la composición de la roca encajonante, la temperatura, la concentración de iones hidrógeno (pH) y el potencial de óxido reducción (eH) de los fluidos hidrotermales. A través del tiempo geológico, el desprendimiento de volátiles de los sistemas hidrotermales ha contribuido significativamente a la formación de los océanos y de la atmósfera.
 
 
Cuando el magma inicia su camino ascendente desde el manto superior y alcanza la corteza oceánica o la continental —ya sea en dorsales oceánicas, puntos calientes, sitios ubicados encima de sistemas de sub- ducción o fracturas corticales—, disminuye la presión y el calor, y ocurre el llamado proceso de diferenciación magmática, que consiste en la cristalización de minerales en una serie progresiva conforme disminuye la temperatura. Así se forman diversos tipos de roca a partir del magma parental, separándose finalmente en la parte superior de las cámaras magmáticas las fracciones más ligeras, más alcalinas y más acuosas. Estas aguas magmáticas transportan, aunque en cantidades reducidas, los elementos de mayor movilidad, comunes en todos los magmas: cobre, plomo, zinc, plata, oro, litio, berilio, boro, rubidio, cesio, sodio, potasio y calcio. La capacidad de transporte de metales se incrementa debido a la presencia de cloruro y sulfuro de hidrógeno, que forman compuestos complejos con los metales.
 
Es común que en las descripciones de los depósitos minerales se haga referencia también a los minerales de alteración que los acompañan, y probablemente muy pocos geólogos podrán negar que tales zonas de alte- ración son guías muy útiles para la exploración de minerales. La alteración, aun la restringida a zonas de fracturas, puede ser el indicio de una intensa mineralización a una profundidad mayor.
 
 
Teorías de mineralización hidrotermal
 
 
Aunque los manantiales termales mineralizados deben haber sido notados desde los albores de la humanidad, no fue sino hasta mediados del siglo XVI, con la publicación de varias obras entre las que destaca De re metallica, cuando el minero alemán Georgius Agrícola planteó con una extraordinaria percepción cuatro postulados fundamentales que siguen teniendo vigencia en la actualidad: 1) que las vetas de minerales son fisuras de origen posterior al de las rocas encajo- nantes; 2) que las soluciones son de agua de origen meteórico; 3) que la fuente de los metales son las rocas por las que circulan las soluciones; y 4) que el agua al descender se calienta y disuelve los metales de las rocas por las que circula, para luego redepositarlos al ascender.
 
Después vendría la famosa controversia entre James Hutton, quien sostenía la hipótesis del “plutonismo”, la cual consideraba que todas las rocas y los minerales son producto de los magmas del interior de la Tierra, y Abraham Gottlob Werner, quien propugnaba la hipótesis del “neptunis- mo”, la cual postulaba que todas las rocas, incluyendo las ígneas y aquellas que resultan de depósitos minerales, se acumularon como sedimentos clásticos o por precipitación química en un océano primigenio.
 
 
En 1847 inicia la época moderna con Élie de Beaumont, quien expresó que muchos de los depósitos minerales fueron formados por soluciones hidrotermales derivadas de fuentes ígneas (volcánicas e intrusivas). Cuarenta años más tarde, Daubreé estuvo de acuerdo en que al menos algunos yacimientos minerales fueron formados por aguas termales, pero que éstos tenían un origen superficial, de aguas meteóricas. La mineralización en el fondo del mar por manantiales termales fue postulada desde hace casi un siglo para explicar los depósitos de hierro bandeado, que constituyen alrededor de 90% de las reservas mundiales, y de manganeso estratificado. Esa hipótesis se hizo extensiva a los depósitos de sulfuros masivos, y fue comprobada al descubrirse que en el mar Rojo se están depositando sedimentos metalíferos precipitados a partir de fluidos de alta salinidad.
 
 
Respecto a la sistematización de los depósitos minerales, corresponde a Lindgren establecer en 1933 el sistema de clasificación más usado y que en esencia aún nos rige. De él es la idea de que los depósitos fueron formados en su mayoría por sistemas hidrotermales, por lo que es considerado como el máximo exponente del hidrotermalismo.
 
 
En 1955 White realizó una profunda investigación de los minerales relacionados con manantiales termales, publicó los resultados de cuatro sistemas de connotación mundial, que incluyen Upper y Morris Basin del Parque Nacional Yellowstone, Steamboat Spring en Nevada, y Wairakei en Nueva Zelanda. Éstos se caracterizan por altas temperaturas en la superficie y a profundidad, un origen volcánico, alta radiación de calor y precipitación de minerales. Antes de este estudio se pensaba que el magma era la fuente tanto del agua como de los metales, a pesar de que Agrícola y Daubrée ya habían considerado el agua meteórica dentro de los fluidos mineralizantes; por ejemplo, Bateman conjeturaba en 1950 que los depósitos se formaban a grandes profundidades, a las que el agua meteórica no tenía acceso; no obstante, White notó que algunos depósitos de mercurio estaban obviamente relacionados con manantiales termales y que los manantiales de alta temperatura que depositaban el precipitado químico llamado “sínter” eran el equivalente moderno de los depósitos epitermales de oro y plata, por lo que a dicho autor se atribuye el reconocimiento moderno de la participación del agua meteórica en los sistemas hidrotermales.
 
 
En 1974, el mismo autor propuso una clasificación del agua en seis tipos genéticos: 1) meteórica, origina- da en la superficie; 2) marina; 3) connata, la atrapada en los poros de la roca; 4) metamórfica, asociada o resultante de procesos metamórficos; 5) magmática, sin considerar su origen inicial; y 6) juvenil, que surge a la superficie por primera vez. En cuanto a la composición de los fluidos, ésta depende principalmente de cuatro factores: 1) tipo y composición del magma parental y su historia de cristalización; 2) condiciones de presión y temperatura; 3) mezcla con aguas de otras fuentes; y 4) asimilación de la roca encajonante.
 
 
La teoría de la tectónica de placas, surgida en la década de los sesentas, condujo a la postulación de la existencia de manantiales termales submarinos. Para comprobar lo anterior se efectuó un estudio de investigación con el submarino Alvin, de la Woods Hole Oceanographic Institution, guiado por la cartografía del fondo oceánico. En dicho estudio se descubrió, en 1977, a 330 kilómetros al nordeste de las Islas Galápagos y a 1 500 metros de profundidad, el primero de tales manantiales, el ahora célebre Rose Garden. Este manantial expulsaba agua ligeramente tibia, de temperatura cercana a 25°C, que contenía áci- do sulfhídrico. Hasta entonces se consideraba que a tales profundidades, en una oscuridad total, sólo podía existir una vida exigua, que subsistía sólo de los organismos nadadores muertos que cayeran al fondo; no obstante, el submarino se encontró con una abundante vida alrededor del manantial. En este ambiente, la base de la pirámide alimentaria está constituida por bacterias que fabrican sus propios alimentos, utilizando como fuente de energía el ácido sulfhídrico mediante el proceso llamado quimiosíntesis. Rodeando la abertura se encontraban enormes gusanos en forma de tubo (Riftia pachyptila) de color blanco y cerca de 1.80 metros de longitud, y de su parte superior emergían gusanos de color rojo que alojaban en sus tejidos una gran cantidad de dichas bacterias, formando una simbiosis; ade- más se hallaron almejas y mejillones de hasta 25 centímetros. En contraste, en las dorsales del Atlántico sólo se hallarían camarones ciegos.
 
Las ventilas hidrotermales se distribuyen a lo largo de todo el sistema de dorsales oceánicas que circundan el globo con una longitud de 46 000 kilómetros. En la figura 1 se muestran los centros de mineralización hidrotermal reconocidos en el sistema de dorsales del Pacífico oriental en el hemisferio norte.

A

figura 1
En la figura 2 se ilustra esquemáticamente el fenómeno de mineralización hidrotermal que se origina a través de las ventilas hidrotermales.

b

figura 2
La zona aledaña a las dorsales se encuentra sujeta a esfuerzos de tensión que producen grietas profundas. A través de ellas el agua marina, fría y densa, se infiltra a grandes profundidades, donde se calienta por la cercanía del magma. Al ser calentada, el agua incrementa en gran medida su poder de disolución y lixivia las rocas basálticas que constituyen la corteza oceánica, las cuales contienen en cantidad reducida una gran diversidad de elementos metálicos que pa- san en solución a los fluidos hidrotermales. Estos fluidos resultan afectados por una gran multiplicidad de factores que determinan su carácter fisicoquímico extraordinariamente complejo. Debido al incremento en su temperatura, los fluidos inician su ascenso hacia la superficie del fondo marino, donde los metales transportados en solución y el ácido sulfhídrico conte- nido en los fluidos, al entrar en contacto con el agua, reaccionan para formar sulfuros metálicos, principalmente de hierro, mismo que le confiere a las columnas de fluidos emergentes un característico color negro que les ha valido el nombre en inglés de black smokers. El valor económico o no de un depósito de los llamados “sulfuros masivos vulcanogénicos” así formados depende del tiempo que opere el sistema convectivo descri- to, el cual debe alimentar el depósito en forma constante. Esto no es fácil, ya que existen muchos agentes que pueden interrumpir el desarrollo del hidrotermalismo. Como ejemplo de ello, puede citarse el del mismo Rose Garden, que al ser visitado nuevamente en 2002 para celebrar el 25 aniversario de su descubrimiento, había sido tapado por un derrame de lava y su sistema convectivo había encontrado salida en otro sitio rela- tivamente cercano, que fue llamado Rosebud.
 
 
El sistema global de dorsales oceá- nicas está sujeto a variaciones even- tuales en su comportamiento tectó- nico. Actualmente se considera que el sistema del Pacífico influye en la circulación de las corrientes marinas y el comportamiento de los fenómenos climáticos mundiales, como el lla- mado “El Niño”.
 
 
El inicio de la vida
 
 
Las etapas iniciales de la vida se sobreponen en el tiempo a un intenso periodo de bombardeo meteorítico sobre la Tierra, hace 4 000 a 3 800 mi- llones de años. Para algunos investigadores, el desarrollo de la vida pudo haber sido frustrado por los impactos de grandes meteoritos, los cuales alteraron y en parte destruyeron este hábitat primitivo. Así, los modelos simulados indican que un impacto de 500 kilómetros de diámetro habría creado una atmósfera de vapor de agua y roca fundida que en un periodo de pocos meses evaporó los océanos. Esta atmósfera vaporizada habría producido climas lluviosos con duración de varios miles de años, que restablecieron los anteriores océanos. Pero los eventos meteoríticos arcaicos también pudieron eliminar a casi todos los organismos establecidos en la superficie y permitir únicamente la subsistencia de las especies hipertermófilas. Si este escenario fue real, entonces el ancestro común en el árbol genealógico de la vida en la Tierra sería un organismo termófilo ligado a los impactos meteoríticos.
 
 
Para algunos investigadores, hace unos 3 500 millones de años, un poco después de los procesos de acreción y compactación gravitacional del polvo y los gases que crearon la Tierra, comenzaron a generarse los prime- ros elementos orgánicos, los cuales con el tiempo se volvieron más complejos y formaron las moléculas de ARN que se caracterizan por su capacidad de duplicación. ¿Como se estructuró el ARN? Todavía es un misterio. Las primeras células se parecían mucho a los modernos procariontes o a los organismos conocidos como arquea, que se generan en ambientes de alta temperatura. Tanto los modernos como los antiguos procariontes no tienen núcleo, únicamente sostienen en su interior pequeñas cantidades de material genético dentro de un citoplasma gelatinoso. Hace unos 2 000 millones de años aquellas células primitivas evolucionaron a organismos que incorporaban en su interior partes especializadas. Al principio se reproducían por división en dos partes idénticas, tal como lo hacen bacterias y arqueas en la actualidad. Un poco después, las eucariotas comenzaron a reproducirse combinando material genético de dos progenitores. Lo anterior constituye el inicio de la reproducción sexual, que incrementa la variabilidad genética y conduce a la profusión de diferentes formas de vida e intensifica el ritmo de la evolución. Así, muchas estructuras celulares y los procesos que las generan persisten en una amplia varie- dad de líneas evolutivas, una de las cuales conduce al ser humano.
 
 
Biogénesis
 
 
Los sistemas hidrotermales han jugado un papel fundamental en la evolución temprana de la Tierra y en los procesos endógenos para la síntesis de los compuestos orgánicos que constituyen los ladrillos básicos de la vida. La información genética codificada en el genoma de las especies termófilas, amantes del calor, son claves importantes en la evolución de la biósfera temprana. Por lo general los ambientes hidrotermales precipitan grandes cantidades de minerales favorables para la captura y preservación del registro fósil, lo que permite la integración de estudios de sedimentología microbiana, paleontología y geoquímica, como los que se efectúan actualmente en Yellowstone.
 
 
Las investigaciones que se realizan demuestran que los sistemas hidrotermales podrían haber constituido los ambientes adecuados para la síntesis prebiótica de los compuestos orgánicos necesarios para la vida y también un lugar para el origen de la misma. Incluso podrían ser el refugio o el ambiente extremo de los primeros organismos termófilos que aparecieron en la Tierra. Tales estudios conducen a refinar las estrategias para las investigaciones de huellas de materiales prebióticos o el inicio de la vida.
 
 
Un importante campo de estudio que se está iniciando es el del sustrato microbiano dentro de los sistemas hidrotermales desarrollados en rocas máficas y ultramáficas en el fondo marino. En este tipo de ambiente, importante por su extensión ya que no está circunscrito a las dorsales, el calor es provisto por las reacciones de serpentinización, que consisten en la alteración, debida al agua marina, de los silicatos ricos en magnesio, princi- palmente olivino, que son minerales abundantes en este tipo de rocas, sobre todo en las ultramáficas. Durante la serpentinización hay liberación de metano e hidrógeno, que son aprovechados por los microrganismos autótrofos.
 
 
Además, los procesos hidrotermales tienen una íntima relación con la formación y evolución planetaria, y es muy probable que existan, o hayan existido, en otros cuerpos del sistema solar. Por ello los sistemas hidro- termales y sus depósitos se consideran como objetivos primordiales para buscar evidencias fósiles de vida dentro del sistema solar.
 
 
Existe la fundada sospecha de la existencia de fluidos bajo la superficie de algunos cuerpos planetarios de nuestro sistema solar. Los resultados de Europa, la luna helada de Júpiter, enviados por la sonda Galileo permiten considerar a este satélite como un importante objetivo para la exploración de sistemas hidrotermales extraterrestres. Desde hace algún tiempo se investiga si los cometas y meteoritos carbonosos han aportado una cantidad significativa de material orgánico prebiótico, que posteriormente fuera utilizado en los procesos de la generación de la vida inicial.
 
 
También hay la posibilidad de que hayan existido sistemas hidrotermales en la historia temprana de los asteroides externos (cercanos a Júpiter), los cuales se consideran relacionados con las condritas carbonosas. En estos asteroides existen minerales originados por alteración hidrotermal que ocurre, por lo común, entre 50 y 100 oC. Además se considera probable la existencia de ambientes hidrotermales en la historia temprana de Marte. Se piensa que fueron comunes los depósitos de composición silícea, producidos por acción hidrotermal, pero desaparecieron hace unos 3 500 millones de años. Aun así, se especula sobre la posible existencia de agua en el subsuelo de ese planeta. Estas ideas se apoyan en la presencia de canales, dispersos caóticamente, que aparecen alrededor de los cráteres de impacto sobre la superficie del planeta. Éstos pueden haberse formado por la aportación catastrófica de un gran volumen de agua proporcionada por acuíferos subterráneos poco profundos. Al mismo tiempo, los espectrómetros de emisión para la detección de anomalías térmicas han descubierto hematita especular en superficies específicas de ese planeta; en el ambiente terrestre, dichos depósitos se precipitan únicamente en ambientes hidrotermales.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
 
Bateman, A. 1950. Economic mineral deposits. Wiley, Nueva York (2.a ed.).
Beaumont, É. 1847. Note sur les émanations volcaniques et métallifères, en http://gallica.bnf.fr/ Fonds_Frantext/T0088272.htm.
Butterfield, D. A. 2002. Context of hydrother- mal venting in the chemical balance of the Earth, en
http://oceanexplorer.noaa.gov/explorations/02fire/ background/vent_chem/ventchem.html.
Daubrée, G. A. 1887. Les eaux souterraines aux époques anciennes. París.
Agricola, Georgius. De re metallica. (1.a edición en latín de 1556). Traducido en 1912 por Hoover, H. C. y L. H. Hoover. Dover, Nueva York, 1950.
Lindgren, W. 1933. Mineral deposits. McGraw- Hill, Nueva York (4.a ed.).
Miller, A. R. 1964. “High salinity in sea water”, en Nature, vol. 203, pp. 590-594.
Oftedahl, C. 1958. “A theory of exhalative-se- dimentary ores”, en Geol. Foren. Stockholm. Forh., vol. 80, pp. 1-19.
Van Hise, C. R. y C. K. Leith. 1911. “The geology of the Lake Superior iron region”, en U.S. Geological Survey Monograph, núm. 52, p. 641.
White, D. E. 1955. “Thermal springs and epither- mal ore deposits”, en Economic Geology, Fiftieth Anni- versary Volume, pp. 99-154.
White, D. E. 1974. “Diverse origins of hydrother- mal ore fluids”, en Economic Geology, vol. 69, pp. 954- 973.
Jerjes Pantoja Alor
José Arturo Gómez Caballero
Instituto de Geología, Universidad Nacional Autónoma de México.
_______________________________________________________________

 

como citar este artículo

Pantoja Alor, Jerjes y Gómez Caballero, José Arturo. (2004). Los sistemas hidrotermales y el origen de la vida. Ciencias 75, julio-septiembre, 14-22. [En línea]
 
  Regresar al índice artículo siguiente
1 12
     
El envejecimiento y los radicales libres
 
Mireya Velázquez Paniagua, Bertha Prieto Gómez y Rocío Contreras Pérez
conoce más del autor
     
     
HTML PDF

   
Lo más sorprendente del envejecimiento es que, tras el milagro de la morfogénesis, esto es la creación de un organismo a partir de una masa de células, el cuerpo es incapaz de mantenerse tal y como se formó.
 
T. KIRKWOOD
 
El abatimiento de las causas de muerte asociadas a diversas enfermedades conduce al alargamiento de la vida de los seres humanos, que en promedio alcanzan una edad de 1 200 meses. Esto representa casi el doble de lo que viven los caballos o una y media vez el promedio de vida de los elefantes, y hace de nosotros uno de los mamíferos más longevos del planeta. A pesar de ello, tal y como aparece a lo largo de nuestra historia, no ha decaído el deseo humano de mantenerse vivo y sobre todo joven por más tiempo. Un ejemplo son los alquimistas que, envueltos en el misterio de la oscuridad y la leyenda, realizaban diversos actos persiguiendo tres objetivos: la transmutación de los metales comunes en oro, la piedra filosofal y el elíxir de la eterna juventud.
 
Actualmente ya no seguimos buscando la eterna juventud sino que tratamos de entender los mecanismos responsables del envejecimiento y las alteraciones que este proceso natural causa en los distintos órganos y sistemas de un organismo, acaso con la idea de mejorar la calidad de vida.
 
El aumento en la esperanza de vida en nuestras sociedades tiene una marcada influencia sobre los procesos de salud, pues a medida que se incrementa la edad aparecen afecciones crónicas y degenerativas que resultan en enfermedad y la subsecuente muerte del individuo. Esta situación implica profundos cambios en diversos ámbitos de la organización social (programas de salud, economía, entre otros).
 
El envejecimiento es un proceso complejo que involucra tanto factores intrínsecos como extrínsecos a los seres vivos. Los mamíferos comparten algunas de sus características, como el incremento en la mortalidad después de alcanzar la maduración, los cambios en la composición bioquímica de los tejidos, una progresiva disminución de las capacidades fisiológicas y de adaptación a cambios ambientales, y una mayor susceptibilidad y vulnerabilidad a las enfermedades.
 
El envejecimiento produce alteraciones sistémicas cuando la mayoría de los órganos y tejidos van disminuyendo su actividad. Estas modificaciones comprenden la reducción de la flexibilidad de los tejidos, la pérdida de células nerviosas, el endurecimiento de los vasos sanguíneos y la disminución general del tono corporal. Diversas causas se han asociado a este deterioro; entre ellas se encuentran las de índole genética, los cambios en la actividad metabólica celular o en los procesos bioquímicos, las alteraciones hormonales y las condiciones ambientales. Varias de ellas son alteraciones que ocurren en los distintos aparatos y sistemas como resultado del proceso de envejecimiento.
 
En el sistema nervioso se presenta una disminución del impulso nervioso, los reflejos y la memoria, así como una creciente dificultad para el aprendizaje. Además, el envejecimiento fisiológico en el eje neuroendócrino se caracteriza por una alteración en los patrones de secreción hormonal. Por ejemplo, se ha reportado una disminución en la amplitud de los pulsos nocturnos de la hormona liberadora de gonadotropinas (GnRH) en el anciano. Estas alteraciones hipotálamicas también se ven reflejadas en otras funciones como la termorregulación, el control de la presión arterial y la sed. El anciano presenta un mayor riesgo de desarrollar hipotermia, trastornos electrolíticos e hipertensión arterial.
 
El sistema músculo esquelético sufre un progresivo debilitamiento, resultado de la pérdida de masa muscular que lleva al organismo a la degeneración en los cartílagos y ligamentos, y a la falta de flexibilidad y elasticidad muscular.
 
En el sistema óseo disminuye el contenido mineral y la masa ósea porque con la edad tiene lugar un descenso en la ingesta de calcio y una reducción en su absorción. Este defecto absortivo es consecuencia de un déficit de vitamina D. Por ello el envejecimiento implica un mayor riesgo de sufrir fracturas osteoporóticas.
 
El aparato digestivo ve declinar sus funciones vitales, como la incorporación correcta de los nutrimentos en la ingestión (falta de dientes), la digestión y la absorción, así como la excreción de los desechos; mientras que en el aparato genitourinario se reduce la función de excreción renal, lo cual no permite la adecuada eliminación de toxinas.
 
Finalmente, en el sistema endocrino se producen cambios en la cantidad, la composición celular y la función del tejido endocrino secretor. Las glándulas disminuyen de tamaño y desarrollan áreas de atrofia que se acompañan de cambios vasculares y fibrosis. Además, se ha descrito un fallo progresivo en la glándula pineal que se manifiesta en un descenso gradual en los valores de melatonina, lo cual es considerado un marcador del envejecimiento en los seres humanos.
 
Los radicales libres
 
En las últimas décadas han surgido diversas teorías que intentan explicar el proceso de envejecimiento, entre ellas una de las que tiene más adeptos es la de los radicales libres. Esta teoría propone que, debido a la alteración de los mecanismos antioxidantes, se generan y acumulan los radicales libres y se produce un estrés oxidativo que daña estructuras celulares, lo cual conduce a la muerte celular.
 
En todos los cambios arriba mencionados subyace la formación excesiva de radicales libres, mismos que ocasionan la destrucción de las macromoléculas de la célula (ácidos nucleicos, lípidos, carbohidratos y proteínas), induciendo una disminución en la resistencia al ambiente y un incremento en la fragilidad celular.
 
Los radicales libres son resultado de los procesos fisiológicos propios del organismo, como el metabolismo de los alimentos, la respiración y el ejercicio, o bien son generados por factores ambientales como la contaminación industrial, el tabaco, la radiación, los medicamentos, los aditivos químicos en alimentos procesados y los pesticidas. Son átomos o moléculas extremadamente reactivas, debido a que en el orbital más externo de su estructura tienen uno o más electrones sin aparear. Esta inestabilidad les confiere una avidez física por la captura de un electrón de cualquier otra molécula de su entorno, ocasionando que la estructura afectada quede inestable (figura 1).
fig1
figura 1
De esta forma pueden establecer reacciones en cadena por medio de varios transportadores que se oxidan y se reducen secuencialmente, cuando un radical libre inicial modifica una biomolécula después de transferir o capturar un electrón. El daño es transmitido por medio de los transportadores, que incluso pueden ser moléculas circulantes.
 
Con base en esta definición, son radicales libres la molécula de oxígeno, el átomo de hidrógeno y los metales de transición (en estado iónico). La enorme reactividad de los radicales de oxígeno los lleva a interactuar ávidamente con otras moléculas.
 
Los radicales libres se forman por fuentes exógenas o endógenas. Un ejemplo de las segundas se observa en los sistemas biológicos, los cuales necesitan el oxígeno para su metabolismo energético. Aproximadamente 80% del adenosín trifosfato (ATP) que utilizamos se forma en las mitocondrias, donde se consume entre 85 y 90% del oxígeno. En ellas, el oxígeno molecular disuelto entra a la cadena respiratoria para reducirse a agua, proceso en el que son generados en forma sucesiva, el anión superóxido, el peróxido de hidrógeno y el radical hidroxilo, especies de radicales derivadas del oxígeno.
 
Las estructuras subcelulares de generación de radicales libres incluyen principalmente las mitocondrias, los lisosomas, los peroxisomas, así como la membrana nuclear, la citoplásmica y la del retículo endoplásmico.
 
Una vez que el radical se genera tiene una vida media de microsegundos, corto lapso de tiempo en el que es capaz de interactuar con las biomoléculas cercanas.
 
Los radicales libres juegan un papel fisiológico clave en la homeostasis, como es el caso del óxido nítrico sintetizado por la enzima óxido nítrico sintasa. El óxido nítrico participa en la relajación muscular, el control del tono vascular y varias otras funciones que dependen de la guanosina monofosfato cíclico (GMPc). El superóxido (O2 ̄ ) formado por la oxidasa NAD(P)H controla la producción de eritropoyetina, participa en el control de la ventilación, en la relajación del músculo liso y en la transducción de señales de varios receptores membranales que activan funciones inmunes. En general, los radicales derivados de especies reactivas de oxígeno intervienen en la respuesta del estrés oxidativo (el bombardeo persistente de moléculas por radicales de oxígeno reactivo) y mantienen la homeostasis redox.
 
Los radicales libres son generados y utilizados por células como los neutrófilos, los monocitos, los macrófagos, los eosinofilos y la fibroblastos para eliminar organismos extraños como bacterias y virus. Pero el incremento de estos radicales conduce a un deterioro celular que se refleja de manera muy pronunciada durante la vejez, etapa en que se presentan varias enfermedades asociadas al daño oxidativo (destrucción molecular producida por radicales libres derivados del oxígeno).
 
Una vez formados los radicales libres por el metabolismo celular, éstos son capaces de reaccionar rápidamente con la molécula vecina. Los lípidos representan el grupo más susceptible debido a la presencia de dobles enlaces en sus ácidos grasos, además de constituir de manera fundamental el organelo celular más expuesto, que es la membrana celular (en el cuadro 1 se describen algunas de ellas).
cuad1
cuadro 1
Las células han desarrollado mecanismos que las protegen del efecto nocivo de los radicales libres con base en un complejo sistema de defensa constituido por los agentes antioxidantes. Así, cuando se incrementa la producción de radicales libres, estos mecanismos se activan para controlar y estabilizar el ambiente redox intra o extracelular. Los antioxidantes se definen como aquellas sustancias que, presentes en bajas concentraciones respecto a las de un sustrato oxidable (biomoléculas), retardan o previenen la oxidación. Al interactuar con el radical libre, el antioxidante cede un electrón, se oxida y se transforma en un radical libre débil no tóxico (figura 2).
fig2
figura 2
Existen dos tipos de antioxidantes: los endógenos, dotados por el propio sistema biológico, y los exógenos, tomados de la dieta (cuadro 2).
cuad2
cuadro 2
Las propiedades de los principales antioxidantes y la descripción del tipo de radical libre al que neutralizan en el sistema biológico se resumen en el cuadro 3.
cuad3
cuadro 3
Algunas evidencias
 
El envejecimiento se ha asociado a un incremento en la concentración de radicales libres, posiblemente por la reducción de la actividad antioxidante o el incremento de factores prooxidantes, lo cual deriva en un descontrol en la producción y eliminación de radicales libres que se refleja en la elevación del daño oxidativo celular y se manifiesta en afecciones diagnosticadas durante la vejez.
 
Clínicamente se han relacionado muchas enfermedades crónicas con el daño producido por los radicales libres, las cuales afectan a todos los aparatos y sistemas del organismo, como algunos tipos de cáncer (en pulmón, estómago y piel), la inflamación y padecimientos inmunitarios que involucran al riñón (glomerulonefritis, falla renal crónica), el hígado (hepatitis), el páncreas (diabetes mellitus) y el sistema nervioso (Alzheimer, Parkinson); alteraciones en los vasos y el corazón (incremento en la presión arterial, acumulación de grasa en los vasos sanguíneos) y padecimientos oftalmológicos, como las cataratas, el sangrado ocular y el daño degenerativo de la retina. Las sustancias que inducen el incremento en la producción de radicales libres, como el alcohol o el humo de cigarrillo, producen en el individuo afecciones como lesiones cardiacas por alcoholismo, mientras que en el fumador es frecuente encontrar lesiones pulmonares (enfisema), cáncer de pulmón y de bronquios.
 
Existen abundantes evidencias que indican que el daño oxidativo está involucrado en el proceso de envejecimiento y en las enfermedades asociadas a éste. Las especies de radicales derivados de oxígeno son carcinógenas potenciales, ya que facilitan la mutagénesis, la promoción tumoral y su progresión. Recientes investigaciones muestran que las dietas ricas en frutas y vegetales son capaces de reducir ciertos tipos de cánceres así como enfermedades cardio-vasculares. Estas dietas contienen antioxidantes exógenos como carotenos o las vitaminas A, C, y E.
 
También en la patogénesis de la arteroesclerosis se ha involucrado la producción excesiva de especies de radicales derivadas de oxígeno, que promueven un proceso de lipoperoxidación, induciendo una muerte masiva de macrófagos, con lo que se inicia la formación de lesiones arteroescleróticas. Algunos estudios revelan que esta lipoperoxidación puede ser disminuida por la vitamina E.
 
El sistema nervioso central es particularmente susceptible al daño por radicales libres debido a sus altos requerimientos energéticos, su gran consumo de oxígeno, la elevada concentración de ión ferroso (Fe2+), la alta composición de lípidos polinsaturados y los niveles relativamente bajos de algunos sistemas de antioxidantes. Una amplia serie de enfermedades neurodegenerativas están asociadas a la intervención de radicales libres.
 
El proceso de la cadena respiratoria en la mitocondria genera cuatro radicales libres por cada molécula de oxígeno que entra al sistema, es así que el ADN mitocondrial está expuesto a un ambiente oxidativo. Con la edad, este ADN sufre un progresivo daño por los radicales libres en el músculo esquelético, el diafragma, el músculo cardíaco y el cerebro. Los defectos de la respiración mitocondrial no sólo se encuentran en tejidos normales sino también en los de personas con enfermedades que se manifiestan durante el envejecimiento, como el mal de Parkinson, el de Huntington (alteraciones en el movimiento), el de Alzheimer (en la memoria) y las lesiones del músculo cardíaco y el esquelético. Se ha propuesto que agentes bloqueadores de la cadena respiratoria como la Coenzima Q10, la vitamina E, la nicotinamida y la vitamina C podrían amortiguar algunos de los efectos de las mitocondropatías y el envejecimiento.
 
En el cerebro de pacientes afectados por la enfermedad de Alzheimer se ha detectado una proteína amiloide-ß mutada (Dß), situada en las placas seniles. Una serie de investigaciones sugieren que esta proteína causa degeneración y muerte neuronal por medio del incremento en la producción de radicales libres. Se ha reportado que la melatonina es capaz de prevenir el estrés oxidativo y la muerte de neuronas expuestas a la proteína amiloide. Este hecho, entre otros, sugiere que la melatonina es como un potente neuroprotector, gracias a su poder antioxidante. La melatonina es una hormona altamente lipofílica, propiedad que la habilita para atravesar cualquier barrera fisiológica, logrando penetrar hasta el núcleo celular y, en su camino, a todos los sitios celulares, en donde es capaz de neutralizar radicales libres. Es importante señalar que la concentración de melatonina y de otras sustancias endógenas antioxidantes se reduce en el envejecimiento lo que da inicio al incremento del estrés oxidativo y el envejecimiento celular.
 
Conclusiones
 
Los estudios actuales están enfocándose a analizar el impacto que tienen las especies de radicales libres derivadas o no de oxígeno en el proceso de envejecimiento, como una pauta para comprender el mecanismo sistemático que siguen estas moléculas para iniciar el deterioro o la muerte celular.
 
Si bien el proceso de envejecimiento depende de varios factores, el estrés oxidativo es un aspecto crucial en el desarrollo del mismo, ya que una vez iniciado el daño por los radicales libres, éste puede generar una reacción en cadena que, aunada a la incapacidad de los sistemas antioxidantes endógenos para controlar el incremento en la producción de los radicales libres, termina por inducir afecciones letales en la fase de vejez. Con base en estos hechos, el uso de antioxidantes en la dieta diaria de individuos en etapa de vejez podría disminuir las alteraciones generadas por el estrés oxidativo, no “rejuveneciendo” al sujeto sino mejorando su calidad de vida.
 
Aunque falta mucho por investigar, es posible que en un futuro no muy lejano podamos utilizar sustancias endógenas como la melatonina, que en el anciano se encuentra disminuida, con el fin de lograr una mejora en la calidad de vida en esta etapa.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
 
Bergendi, L., L. Benes, Z. Durackova y M. Ferencik. 1999. “Chemistry, physiology and pathology of free radicals”, en Life Sciences, núm. 65, pp. 1865-1874.
Boix, E. y A. M. Pico. 2000. “Funciones endocri- nas y envejecimiento”, en Endocr Nutr., núm. 47, pp. 113-121.
Bruce, R. y M. D. Troen. 2003. “The biology of aging”, en Mt Sinai J Med., núm. 70, pp. 8-23.
Contestabile A. 2001. “Oxidative Stress in neuro- degeneration: mechanism and therapeutic perspec- tive”, en Cur Top Med Chem., núm. 1, pp. 553-568.
Gilgun-Sherki, Y., Z. Rosenbaum, E. Melamed et al. 2002. “Antioxidant therapy in acute central nervous system injury: Current State”, en Pharmacol Rev., núm. 54, pp. 271-84
Hicks Gómez, J. J. y R. S. Medina. 2001. Introduc- ción a la bioquímica de los radicales libres. Mc Graw Hill Interamericana, México.
Hogg, N. 1998. “Free radicals in disease”, en Se- min Reprod Endocrinol., núm. 16, pp. 241-248.
Kirkwood T. 1979. “Senescente and the selfish gene”, en New Scientist., pp. 1040-1042.
Papolla, M. A., Y. J. Chyan, B. Poeggeler et al. 2000. “An assessment of the antioxidant and the an- tiamyloidogenic properties of melatonin: implications for Alzheimer’s disease”, en J Neural Trams., núm. 107, pp. 203-231
Reiter, R., L. Tang, J. J. Garcia et al. 1997. “Pharmacological actions of melatonin in oxygen radical patho- physiology”, en Life Sciences, núm. 60, pp. 2255- 2271.
Rodríguez, C., E. Céspedes, R. Arencibia y M. Gon- zález. 1998. “Indicadores de estrés oxidativo en el cerebro de la rata durante el envejecimiento. Efecto del factor de crecimiento nervioso”, en Rev Neurol., núm. 27, pp. 494-500.
Wulf, D. 2002. “Free radicals in the physiological control of cell function”, en Physiol Rev., núm. 82, pp. 47-95.
Mireya Velázquez Paniagua Bertha Prieto Gómez
Facultad de Medicina, Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Rocío Contreras Pérez
Centro Interdisciplinario de Ciencias de la Salud, Instituto Politécnico Nacional.
_______________________________________________________________
 

como citar este artículo

Velázquez Paniagua, Mireya y Prieto Gómez Bertha, Contreras Pérez Rocío. (2004). El envejecimiento y los radicales libres. Ciencias 75, julio-septiembre, 36-43. [En línea]
 
  Regresar al índice artículo siguiente
1 12
     
El envejecimiento de la población
 
María Teresa Velázquez Uribe
conoce más del autor
     
     
HTML PDF

   
     
 
 
 
En años recientes, el proceso de envejecimiento de la población y sus consecuencias se ha investigado con énfasis no sólo en los sistemas de pensiones, sino también en los costos de salud y de cuidado de la población llamada adulto mayor, senescente, vieja, de la tercera edad o en edad avanzada. Estos estudios tienen gran relevancia en el actual contexto mundial, particularmente para México que, al estar inmerso en un proceso de transición demográfica, enfrenta profundos cambios de expectativas en los ámbitos sociales, económicos, políticos, culturales, recreativos y de seguridad social, entre otros.
 
El fenómeno de la transición demográfica se caracteriza por una continua reducción en las tasas de natalidad y de mortalidad, la última suele descender antes que la primera, por lo que durante el periodo de transición la tasa de crecimiento es alta y la población aumenta.
 
El origen de este proceso puede ubicarse a finales del siglo XVIII en algunos países europeos, cuando una serie de cambios demográficos condujeron a la transformación de la estructura de la población en cuanto a edad y sexo, la reducción en la tasa de mortalidad y la posterior disminución en la fecundidad. Todo ello originó un descenso en la población de edad joven y un incremento en la población de edad adulta y adulta tardía. Así, conforme los países más avanzados completaron su proceso de transición, su estructura por edades se transformó en favor de los grupos de mayor edad.
 
En esos países la transición demográfica ha durado dos o tres siglos, con pocas diferencias entre las tasas de natalidad y de mortalidad, y un crecimiento relativamente lento de la población. En cambio, en los países en desarrollo la transición demográfica se está produciendo de manera muy brusca. La tasa de mortalidad disminuye rápidamente, mientras que la de natalidad lo hace con lentitud. La tasa de crecimiento de la población es muy alta y ésta crece de forma explosiva.
 
Como resultado, las mayores proporciones de población de 60 años y más se encuentran en los países desarrollados, donde cerca de la mitad de sus habitantes son adultos mayores. En el año 2000, la relación de la población en la tercera edad entre la de 15 a 64 años, intervalo en que se considera económicamente activas a las personas, era cercana a dieciocho en los países desarrollados, mientras que en los llamados en desarrollo apenas rebasaba siete. Otro dato que ilustra este fenómeno es la edad mediana, que refleja la forma de la estructura por edad, en los países desarrollados es de casi 34 años y en los otros 22 años.
 
Asimismo, a lo largo del tiempo, las diferencias en la proporción de población de 60 años y más son notables en algunos países del mundo. En 1990 Suecia era el país con la mayor proporción de población en la tercera edad, le seguían Alemania, Francia y Japón, mientras que Kenia tenía la más baja, seguido por México, Corea y Brasil. Para 2025 se estima que Alemania rebasará a Suecia, en tanto que Italia se colocará como el tercer país con la mayor proporción de adultos mayores. En el otro extremo, Kenia seguirá con una proporción muy baja de edades avanzadas en su población, con un porcentaje muy por debajo del que tendrán México, Corea y Brasil (cuadro 1).
a
cuadro 1
Estos datos, que muestran las tendencias del proceso de envejecimiento de la población en varios países, sugieren que el crecimiento del porcentaje de edades avanzadas no es un fenómeno que atañe solamente a los países desarrollados. Exceptuando a Kenia, todos los países considerados presentan un número creciente de individuos que alcanzan esa etapa de la vida. De hecho, los mayores incrementos en la esperanza de vida de aquellos que nacieron entre 1970 y el año 2000 se observaron en los países en desarrollo, con una ganancia de más de veinte años. Sin embargo, todavía se encuentran lejos de países como Japón que tienen una esperanza de vida al nacer cercana a 80 años.
 
El alargamiento de la vida, producto de los avances en el campo de la salud, conduce a una modificación radical en la estructura por edades de la población en casi todo el mundo al disminuir a lo largo del tiempo la base de la pirámide de edad, donde se ubican los más jóvenes, e incrementarse la participación relativa de la cúspide, que representa a las edades avanzadas.
 
Por otro lado, la previsible ampliación de la posibilidad de vivir más años tiene sus particularidades, depen- diendo de la región, el género o las condiciones sociales que enfrentan las personas de la tercera edad. En América Latina, por ejemplo, las mujeres tienen mayor esperanza de vida a partir de la edad de jubilación, convencionalmente fijada en 65 años, y el diferencial entre los sexos crece en el transcurso del tiempo, pero la ganancia en años disminuye conforme aumenta la edad, de la misma forma que el ritmo al que se incrementa la esperanza de vida de las personas en edad de jubilación.
 
Estos datos permiten tener una idea del tipo de problemas que enfrentará la región debido al envejecimiento de la población. Sin embargo, una revisión detallada de la evolución en la esperanza de vida de los distintos grupos que conforman la cúspide de la pirámide de edad puede aportar elementos adicionales para determinar la magnitud de las futuras necesidades de atención de la población en edades avanzadas.
 
La esperanza de vida en América Latina
 
Según estimaciones del Centro Latinoamericano de Demografía (CELADE), en el año 2000 la esperanza de vida de una persona de 60 años de edad promediaba poco más de diecinueve años para los hombres y cerca de veintidós 27 para las mujeres. En el caso de los hombres únicamente en Costa Rica se supera los veinte años (figura 1).
b
figura 1
En las siguientes dos décadas, se espera que descienda el ritmo de crecimiento en la esperanza de vida de quienes tengan 60 años. Para los hombres el incremento será de 0.62 años en 2010 y de 0.55 en 2020, mientras que para las mu- jeres los valores correspondientes serán de 0.98 y 0.89 años respectivamente. A pesar de ello, en 2010 un hombre de 60 años podrá vivir casi veinte años más, pero si es mexicano o costarricense su vida puede prolongarse por más tiempo. Las mujeres de la misma edad en promedio tendrán una esperanza de vida cercana a 23 años en 2010 y a 24 años en 2020.
 
De acuerdo con la misma fuente, la esperanza de vida de quienes tenían 70 años en 2000 era poco más de 12 años para los hombres y de 14 para las mujeres, esto significa que en ese año todos los latinoamericanos de esa edad podían esperar vivir más de 80 años (figura 2).
c
figura 2
Las previsiones para las siguientes dos décadas indican incrementos de 0.47 y 0.42 años en la esperanza de vida de los hombres y 0.77 y 0.69 años en la de las mujeres. Estos supuestos significan que para los hombres de 70 años la posibilidad de sobrevivencia se ampliará a doce años y medio y a poco más de trece años en 2010 y 2020 respectivamente. Para las mujeres de la misma edad, la ampliación se ubicará entre quince y dieciséis años.
 
Vale la pena mencionar que en el año 2000 México encabezaba la región en cuanto a la esperanza de vida de las personas de 70 años, lugar que continuará ocupando, al menos en el caso de los hombres, en 2020. Por otra parte, las tendencias regionales indican que a esta edad la diferencia entre la esperanza de vida de los hombres y la de las mujeres cada vez es mayor.
 
Finalmente, para los hombres que tenían 80 años en en promedio, mientras que la de las mujeres promediaba poco más de un año por encima. Solamente en México y Colombia pasan de nueve años (figura 3).
d
figura 3
Para 2010 se espera que la esperanza de vida de los hombres crezca 0.31 años, llegando a siete años y medio, y para las mujeres el incremento estimado es de 0.49 años, lo que resulta en un promedio de casi nueve años. Mientras que en el año 2020 los hombres de 80 años podrán llegar a vivir casi ocho años más y las mujeres más de nueve, debido al incremento en la esperanza de vida de 0.27 y 0.42 años respectivamente.
 
También en este segmento México presenta las mayores posibilidades de sobrevivencia, tanto en hombres como en mujeres. Esto indica que la mortalidad de los adultos mayores está más controlada y, por ello, se mantiene en niveles más bajos en comparación con el resto de los paí- ses de la región.
 
En resumen, las tendencias de la esperanza de vida en América Latina señalan que al llegar a 60 años las mujeres pueden vivir 25 años más y los hombres 20. A los 70 años, las mujeres tienen posibilidades de alargar su vida quince años, mientras que en el caso de los hombres, se observa un desplazamiento hacia el mismo número de años. Finalmente, la esperanza de vida a los 80 años está cerca de alcanzar diez años, tanto para los hombres como para las mujeres.
 
Los niveles máximo y mínimo de la esperanza de vida de los adultos mayores para América Latina tienden a la convergencia, pues el diferencial se va reduciendo en el transcurso de los años; esto puede hablar de que los paí- ses se están dirigiendo hacia un punto que puede ser considerado el límite posible para la esperanza de vida. Además la diferencia entre los niveles máximo y mínimo de esperanza para las mujeres es mayor en comparación con la que se presenta en los hombres (cuadro 2).
e
cuadro 2
El por qué de la diferencia en la esperanza de vida de hombres y mujeres puede resultar más complejo de lo que se imagina. En primera instancia, biológicamente la mujer tiene una mortalidad menor que la del hombre en los primeros meses de vida; sin embargo, a edades más avanzadas existen muchos factores que contribuyen a una mayor mortalidad masculina.
 
Por ejemplo, los accidentes son más frecuentes entre los hombres que entre las mujeres como consecuencia de la mayor exposición a riesgos físicos que generalmente están vinculados a aspectos laborales. Sin embargo, existen otras situaciones en donde el riesgo de accidente no se relaciona con la situación de trabajo: hay más homicidios entre hombres que entre mujeres, más fumadores que fumadoras, más hombres usan medios de transporte, el abuso de bebidas alcohólicas es superior entre los hombres, etcétera. Es necesario considerar que los niveles de ingreso más elevados, aunados a una educación que oriente hacia una alimentación más sana, que promueva el ejercicio y la moderación en el uso del cigarro y del alcohol, podrían ser elementos importantes para elevar la esperanza de vida entre los adultos mayores.
 
Conclusiones
 
Hay que tener en cuenta las consecuencias de una mayor longevidad. Pues si la vida de una persona de 60 años puede prolongarse por más de veinte años, es decir rebasar 80 años de edad, resulta que más de un cuarto de su existencia será considerada como adulto mayor.
 
Los países de América Latina incrementarán la esperanza de vida de su población de la tercera edad a ritmos cada vez menores, esto podría indicar que están próximos a alcanzar su límite en las décadas futuras. Sin embargo, esta tendencia también se observa en los países industrializados —a la vanguardia en los procesos de transición demográfica y epidemiológica—, que no han dejado de incrementar su esperanza de vida, aunque a ritmos decrecientes. Por lo tanto, es de esperar que en América Latina haya transformaciones de mayor o menor magnitud dependiendo de las características de cada país.
 
América Latina se encuentra en un proceso de crecimiento en la longevidad de su población, producto de los cambios en las condiciones generales de vida y el progreso de las ciencias médicas. Estos factores, junto con el control de la natalidad, conducen a un proceso de envejeci- miento de la población que traerá diversas consecuencias en los ámbitos económicos, sociales y políticos.
 
Por su parte, los acelerados cambios en las aspiraciones y los estilos de vida, la creciente movilidad geográfica y social de las personas, así como las transformaciones en las relaciones entre los miembros de las familias y la magnitud de las experiencias compartidas, son algunas características del contexto en el que cada vez más personas alcanzan la tercera edad.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
 
Arriaga, E. 1999. Principales causas de muerte en América Latina: Tendencias en años recientes y posibilidades futuras. El Colegio de México, México.
CELADE. 2001. Boletín Demográfico No. 68. Organización de las Naciones Unidas.
CONAPO-DIF. 1994. El proceso de envejecimiento en el Mundo. Serie Sociodemográfica del envejecimiento en México. México.
CONAPO. 2001. “Introducción a la medición del peso de la enfermedad y sus aplicaciones”, en Transiciones demográficas y epidemiológicas. Sexto Programa Anual de Verano en Salud Pública y Epidemiológica, Distrito Federal, México.
CONAPO. 2001. Programa Nacional de Población 2001-2005. México.
Ham, R. 1995. “Esperanzas de Vida y Expectativas de Salud en las Edades Avanzadas”, vol. 16, núm. 3, sept.-dic., México.
Ham, R. 1995. “Epidemiología del envejecimiento: una fase más de la Transición Demográfica”, vol. 10, núm. 3, sept.-dic., México.
Mitchell, B. R. 1993. International Historical Sta- tistics. The Americas 1750-1988. Hong Kong.
Naciones Unidas. 1992. The Sex and Age. Distri- bution of the World Population. Naciones Unidas, Nueva York.
Naciones Unidas. 2001. World Population Prospects, the 2000 Revision. Department of Economic and Social Affairs, Naciones Unidas, Nueva York.
Spiegelman, M. 1985. Introducción a la demografía. México. p. 492.
Yañez, A. 2002. Transición Demográfica, Envejeci- miento y los Sistemas de Seguridad Social en Amé- rica Latina. ITAM, México.
Instituto de Investigaciones Sociales. “Carta Demo- gráfica sobre México 2001”, DEMOS, núm. 14, UNAM, México.
Villa M. y L. Rivadeneira. 2002. El Proceso de Envejecimiento de la Población de América Latina y el
Caribe: Una Expresión de la Transición Demográfica, en www.eclac.cl/celade/pobydes/Envejecimien- to00e.htm.
Martínez Coll, J. C. 2003. Economía del Envejeci- miento, en www.eumed.net/cursecon/2/vejez.htm.
Sin autor. 2002. “El Falso Paradigma de la Construcción de la Vejez. Transición Demográfica”, en www.defensoria.org.ar/pdf/semino01.pdf.
 
SITIOS WEB
 
www.eclac.cl/celade www.un.org/esa/population/unpop.htm
CUADROS Y FIGURAS
 
Cuadros 1 y 2: CONAPO-DIF. 1994. El proceso de en- vejecimiento en México.
Figuras 1, 2 y 3: Elaboración de la autora a partir de CELADE. 2001. “América Latina: Fecundidad”, en Bo- letín Demográfico, núm. 68.
María Teresa Velázquez Uribe
Dirección General del Colegio de Ciencias y Humanidades, Universidad Nacional Autónoma de México.
_______________________________________________________________
 

como citar este artículo

Velázquez Uribe, María Teresa. (2004). El envejecimiento de la población. Ciencias 75, julio-septiembre, 28-34. [En línea]
 
  Regresar al índice artículo siguiente
1 12
     
Reforma y triunfo del inglés. Ciencia, educación y literatura en el renacimiento isabelino
 
Rafael Martínez Enríquez y Laura Furlan Magaril
conoce más del autor
     
     
HTML PDF

   
     
 
 
 
Language most shewes a man: speake that I may see thee
(El lenguaje, más que nada, exhibe al hombre: habla para que pueda verte)
 
 
BEN JONSON
 
El inglés, como todo idioma, debió recorrer un largo camino para adquirir su propia identidad. Sus orígenes, el periodo cuando aparece plenamente identificado, se remite a la época del Beowulf, en el lejano siglo XI, y se considera que para el XV ya había adquirido plena conciencia de la necesidad de contar con una prosa más sofisticada, así como un vocabulario más amplio y una estructura que respondiera a las posibilidades de la imaginación.
 
 
Llegado el siglo XVI, el inglés no había gestado su propio Dante, y a lo más contaba con Chaucer y John Skelton, quienes a pesar de recibir los halagos de William Caxton —el primer impresor en Inglaterra y a la vez traductor y autor con méritos propios—, no habían logrado que el inglés alcanzara la excelencia del griego o el latín. Sin embargo, es en esta época cuando la conjunción de factores sociales, como la reforma religiosa, el avance del humanismo, la necesidad de mejorar la educación y difundir el conocimiento científico, en particular sus aspectos útiles para el comercio y la navegación, propiciaron una revolución en el lenguaje que puso a Inglaterra a la vanguardia de la literatura europea.
 
 
En 1499, en el prólogo a The Contemplation of Sinners, el obispo de Durham comentaba haber escrito la obra intercalando textos en latín y en inglés, lo primero “To gyve consolacyon in that byhalf to lettred men whiche understande latyn” (Para dar consuelo por su parte a los hombres de letras que entienden latín), y los segundos dirigidos a quienes no entendían el latín, a pesar de que —dice— “Our grosse natyue langage and specyally in dytement of meter can not agree in all poyntes with the perfeccyon of latyn” (Nuestro burdo lenguaje nativo, en especial carente de medida, no puede concordar en todos los puntos con la perfección del latín).
 
 
A principios del XVI, la prosa de Tomás Moro y los melodiosos sonetos de Wyatt y Surrey prometían una nueva primavera para la literatura inglesa. Sin embargo, una serie de obstáculos impidieron que esta explosión de creatividad desembocara de inmediato en un formato desligado de los modelos dominantes en el continente. En los tiempos previos a Spencer las deficiencias del inglés aún eran muchas, entre ellas destacaba su incapacidad para alcanzar la elocuencia del latín o por lo menos la del francés. John Skelton —poeta y experto en lenguas clásicas, muy apreciado en los círculos eruditos de Oxford y de Cambridge— escribió en 1545 The boke of Phyllyp Sparowe, donde confiesa en boca de uno de sus personajes que:
 
For as I to fore haue sayd...
Our natural tonge is rude
And hard to be ennuede
With pollysshed tearmes lustye
Oure language is so rustye
So cankered and so ful Of frowardes and so dul That if I wold apply To write ornately
I wot not where to finde Termes to serve my mynde.
 
 
(Pues como antes había dicho / Nuestro lenguaje natural es tosco / Y difícil es otorgarle lustre / Añadiéndole términos refinados / Nuestro lenguaje está tan enmohecido / Tan ulcerado y tan lleno / De insolencias y es tan burdo / Que si me propusiera / Escribir con elegancia / No sé dónde encontrar / Los términos que sirvieran a mi mente).
 
 
Skelton lamenta que su lengua vernácula carezca del número suficiente de expresiones que aporten lustre y elegancia, condiciones necesarias para alcanzar la elocuencia de otras lenguas. Ni siquiera en Gower, literato de gran fama en su tiempo, se podrían encontrar palabras cargadas de la elocuencia anhelada, pues su “englysh is olde / And of no value told” (inglés es antiguo / y se dice que con ningún valor), y lo mismo decía de Lydgate —discípulo de Chaucer— quien tampoco había encontrado la fórmula para traducir honorablemente The Troy Book, frente al cual sus recursos lingüísticos “stumbleth aye for faute of eloquence” (tropezaban por falta de elocuencia).
 
 
El mismo Caxton tenía en poca estima el resultado de sus esfuerzos para traducir al inglés las obras que, escritas originalmente en otras lenguas, consideraba debían ser leídas por sus compatriotas —en particular quienes no conocían el latín— para aumentar su cultura y conocimiento del mundo, de su constitución y su historia. El idioma original de muchas de sus traducciones era el francés, mismo que no alcanzó a dominar, y su aprendizaje del inglés estaba “viciado” por haber crecido en el área de Kentish —suburbio al norte de Londres— “where I doubte not is spoken as brode and rude Englissh as in any place in England” (donde sin duda se habla un inglés tan burdo e inculto como en cualquier lugar de Inglaterra). Esta actitud crítica hacia la calidad de su escritura se repite en varios de sus prólogos y epílogos, en los que se reprocha su pobre manejo del “art of rhetoric”, de “curious gay terms of rhetoric” (términos floridos y curiosos de la retórica), o de su carencia de “ornate eloquence” (ornada elo- cuencia). Este sentimiento no era exclusivo de Caxton, por el contrario, reflejaba una opinión muy extendida y que lo mismo surgía de quienes escribían poesía como de los que se proponían divulgar el conocimiento, aun el alquímico. Así, en el Ordinall of Alchimy de Thomas Norton, escrito alrededor de 1474 e incluido en la legendaria colección de textos alquímicos de Elias Ashmole conocida como Theatrum Chemicum Britannicum, su autor considera necesario esgrimir una justificación por su manejo de “plaine and common speache” (lenguaje plano y común), atribuyendo el hecho a que escribe para grupos de bajo nivel educativo. Prefiere escribir “in English blunt and rude” (en inglés tosco y burdo) que sea entendido por “Ten Thousand Layman” (diez mil legos) en lugar de los “ten able Clerkes” (diez capaces hombres de letras), que podrían leerlo en latín.
 
 
La pobreza del inglés era fácil de explicar en esos tiempos: la literatura considerada de calidad y cuya temática abarcaba —o se reducía a— cuestiones filosóficas, religiosas, científicas y todo aquello vinculado con las artes liberales, se escribía en latín, francés o italiano. El inglés, aún inmaduro como lengua, a los ojos de muchos eruditos, había sufrido y seguía siendo víctima de la intromisión de por lo menos cinco lenguas traídas por quienes en el pasado invadieron Inglaterra y sembraron el caos en los significados de las palabras que constituían “this rude and symple englissh” (este burdo y simple inglés). En oposición a lo que ahora se piensa, en el sentido de que por lo general la asimilación de elementos de otros idiomas enriquece el lenguaje que los recibe, cuando la “invasión” es tan violenta y se ostenta como imposición, el sentimiento que produce es de agresión y de inferioridad de la propia lengua. Al respecto escribía en 1530 un traductor del inglés al latín: There is also many wordes that haue dyuerse vnderstondynges / and some tyme they ar taken in one wyse / some tyme in an other [...] Dyuerse wordes also in dyuerse scryptures: ar set and vnderstonde some tyme other wyse the auctoures of gramer tell or speke of. (Existen también muchas palabras que poseen diversos significados / y en ocasiones adoptan uno de ellos / y en otras toman otro [...] También varias palabras, en diversas escrituras son tomadas y entendidas en sentidos diferentes a como lo dicen o señalan los autores de gramática).
 
 
Y tan variado es el inglés que —decía— pareciera que cada región tendría un dialecto: Oure language is also so dyuerse in yt selfe / that the commen maner of spekynge in Englisshe of some contre can skante be vnderstondid in some other contre of the same londe. (Nuestro lenguaje es tan variado por sí mismo / que la manera usual de hablar inglés en alguna región puede apenas ser entendida en alguna otra región de la misma provincia).
 
 
Baste como muestra de la “diversidad de lenguaje” el recabar tres maneras de escribir una palabra, la que se refiere a “espejo”, el speculum latino del que tanto se escribió en la Edad Media al buscar en este objeto, por medio de analogías y metáforas, los “reflejos” de la naturaleza, y también por el carácter simbólico que adquirió en la literatura popular dedicada a los sueños. La palabra que actualmente se escribe como mirror (espejo) aparecía en varios títulos, como en la traducción de A. Barclay de un texto de Mancinus, el Myrrour of good manners publicado alrededor de 1323; tenemos también en 1481 The Mirrour of the World de W. Caxton, en 1587 A Mirror for Mathemathiques: A Golden Gem for Geometricians de Robert Tanner, y el ya mencionado, The boke callyd the Myrroure of oure Lady publicado en 1530.
 
Parecía que varios de quienes escribían en inglés en el siglo XVI encontraban deleite en denigrar su medio de expresión. Así, en 1521, al traducir al inglés la vida de un santo, Henry Bradshaw se queja de que “he dyd his busy cure / Out of latine in Englisshe rude and vyle” (Llevó a cabo sus múltiples curaciones / no en latín sino en inglés tosco y vil), y contrasta la versión latina, “flourisshyng in the flouers of glorious eloquence” (floreciendo con las flores de la gloriosa elocuencia), con lo que podía calificar de “rudeness all derke” (rudeza toda oscura) a su traducción. Para mejorar esta situación no ve otra salida que utilizar lo que uno de sus admiradores calificó de “polished terms“ (términos pulidos), refiriéndose a los neologismos creados a partir de vocablos importados del griego y el latín. De paso rinde homenaje a quienes le precedieron en el afán de dotar con elocuencia al inglés, puliendo lo que tiene de “bárbaro”, que en el Riders Dictionarie de Francis Holyoke, editado en 1612, significaba “incompte, inconcinne, impolite, incondite, inquinate, georgice” (inepto, tosco, sin educación), y que en el Enterlude called the Triall of Treasure de 1567 aparecía como la antítesis de lo elocuente: “Though the style be barbarous, not fined with eloquence” (aunque el estilo sea bárbaro, sin las finezas de la elocuencia). Para muchos los modelos a seguir son “the ancient poets, flowering in eloquence” (los poetas de antaño, en quienes florecía la elocuencia), destacando Chaucer y “sententious Lydgate, pregnant Barclay, and inventive Skelton” (el sentencioso L., el fecundo B., y el in- ventivo S.). Pero aun éstos, en el sentir de muchos, carecían de la elocuencia que haría del inglés una lengua tan rica como las que vienen del romance: “the speche of En- glande is a base speche to other novel speches, as Italion, Castylion, and Frenche” (el habla de Inglaterra es un habla vulgar con respecto a otras lenguas, como el italiano, el castellano y el francés), nos dice Andrew Borde en 1548, y en el mismo tono se manifiesta Roger Ascham veintidós años más tarde: “next to the Greek and Latin tonge, I like and loue Italian above all others” (después del griego y del latín, me gusta y amo al italiano por sobre todos los demás).
 
 
Pero como suele suceder, y es un caso ejemplar la evolución de un idioma aunado a la percepción de éste entre sus usuarios y entre quienes les resulta una lengua extranjera, mientras la cuestión de su falta de refinamiento y elocuencia contaminaba a la nación, exhibiéndola como carente de la elegancia que otros países dispensaban en sus costumbres y lenguajes, surgieron otras voces que con plena conciencia del lustre que emana de una nación orgullosa de su lengua, emprendieron la reforma y el enriquecimiento del hasta entonces “thys, our barbarous- nesse Englyshe tounge” (ésta, nuestra bárbara lengua inglesa).
 
Se aceptaba que el Englysshe fuera todavía “indigest and barbarous” (indigesta y bárbara), como lo era en el pasado, pero mucho más que ahora, “before it was enriched and amplyfied by sundry bookes in manner of all artes translated owt of Latine and other toonges into Englysshe” (antes de ser enriquecido y ampliado mediante los diversos libros que del latín y otras lenguas fueron traducidos al inglés). Es decir, es la misma tarea de trasvasar textos al inglés lo que enriquece a esta lengua, asimilando vocablos cuyos significados no eran recogidos por palabras vernáculas, pues en ocasiones había que utilizar hasta tres palabras del inglés para recoger el significado de una en latín. Y a pesar de que para algunos resultaba imposible reproducir la elocuencia del latín y del griego, pues el inglés a su parecer es “plain, honest and substantial, but uneloquent” (llano, honesto y sustancial, pero falto de elocuencia), el conocimiento y la cultura debían estar al alcance de “mercaderes y de los hombres rudos y sin mucha educación”, quienes por no haber “attayned the knowledge of those languages, in whych notwythstandinge many thinges are worthy to be knowen, some must neades contente them selves to wade only in the trouble streams of Translators” (por no poseer el conocimiento de aquéllas lenguas, en las que sin embargo muchas cosas merecen ser conocidas, algunos deben de contentarse con vadear las corrientes turbulentas de los traductores).
 
 
No obstante, mediante un proceso de acumulación, esto correría en beneficio de la mother tonge, pues había quienes opinaban que una medida de la importancia de un idioma era el peso del conocimiento que encerraba en su vocabulario y su capacidad de expresión, y por ello no huían del trabajo de traducción. Al respecto Thomas Wilson reconoce la imposibilidad de traducir a Demóstenes haciendo justicia al griego en que plasmó su obra, pero sostiene que en vista de que los hombres expresan en inglés las ideas del pensador griego, “may I not or any other sette downe those reasons by penne, the wich are uttered dayly in our common speach, by men of vnderstanding” (puedo yo o cualquier otro verter [en el papel] dichas razones con una pluma, aquéllas que a diario son emitidas en nuestro lenguaje común por los hombres bien educados); es decir, si la lengua vernácula puede ser utilizada en el habla, ¿por qué no habría de ser permitida en libros impresos?, “and therefore in my simple reason there is no harm done I saye to anye body by this my English translation” (y por ende en mi cándida razón no se comete daño alguno en contra de nadie, digo yo, con la traducción al inglés).
 
 
Apuntando más alto, Tomás Moro apoyaba sin reservas que la Biblia fuera traducida una vez más al inglés, superando los esfuerzos anglosajones de tiempo atrás y los más recientes de Wyclif en el siglo XIV. Argumentando que a cualquier persona una lengua extranjera le parecería bárbara, y pensando que al igual que del griego se tradujo al latín la palabra de los evangelistas, lo mismo puede hacerse del latín al inglés, Moro sale al paso de quienes no conceden al inglés la riqueza necesaria para transmitir las fórmulas de la Biblia latina. Y qué mejor defensa que la propuesta por Tyndale en 1528, al responder a quienes consideraban que las Santas Escrituras “can not be translated into our tonge” (no pueden ser traducidas a nuestra lengua). Decir esto, para Tyndale, “it is so rude” (es tan agresivo). Y agrega que: It is not so rude as thei are false lyers. For the Greke tonge agreeth moare with the englysh then with the latyne. And the properties of the Hebrue tonge agreeth a thousande tymes moare with englysh then with latyne [...] a thousand partes better maye it be translated [el hebreo] in to the english / then into the latyn [...] and though shall finde in the englesh croncycle how that kynge Adelstone caused the holy scripture to be translated into the tongue that then was in Englonde / and how the prelates exhorted him therto (No es tan tosco como son ellos falsos embusteros. El griego concuerda más con el inglés que con el latín. Y las características del hebreo se acomodan mil veces más con el inglés que con el latín [...] mil tantos es mejor traducir el hebreo al inglés / que al latín [...] y encontrarás en la crónica inglesa cómo el rey Adelstone hizo que las Santas Escrituras se tradujeran a la lengua que entonces se hablaba en Inglaterra / y cómo los prelados lo exhortaron hacia tal fin).
 
 
Y mientras unos defendían, en beneficio de quienes sólo entendían y leían inglés, las traducciones de los textos religiosos, otros se preguntaban por qué Aristóteles y Platón —Greke philosophers— e Hipócrates y Galeno —Greke Phisitions—, quienes seguramente amaban su lengua materna, no escribieron en hebreo. O por qué Cicerón, nacido en el seno del mundo latino, no escribió su Rethorike o Philosophie en lengua griega, “surely as he testifiethe hym self, he had the perfect knowledge of the Greke toonge, yet he wrote nothing therin which we have extant at this day” (tan seguro como que él mismo lo testificó, poseía un conocimiento perfecto de la lengua griega, y sin embargo no escribió nada en dicho idioma que nos haya llegado a nuestros días).
 
 
La educación y el conflicto religioso
 
 
Pero no sólo se trataba de amor por la lengua del territorio que les vio nacer, también se consignaban las venta- jas de enseñar las disciplinas más sofisticadas en la forma que mejor se acomodara al entendimiento. Así, Georger Baker presumió en 1576 que todas las: “Arts and sciences may be published in that tongue which is best vnderstanded: as for example, Hippocrates, Galen [...] Aetius, were Grecians, and wrote all in the Greeke, to the perfect vnderstanding of their countrey men. Also [...] Celsus, being a Latinist, wrote in the Latine. Auicen and Albucrasis, Arabians wrote in the Arabicke tongue. The eternal fame of which worthy men shell never bee extinguished [and] ourr English is as meet and necessary for vs, as is the Greeke for the Grecians” (las artes y las ciencias podían ser publicadas en el lenguaje que sea mejor entendido: por ejemplo, Hipócrates, Galeno [...] Aetio, eran griegos, y todos escribieron en griego, y con ello alcanzaban un entendimiento perfecto por parte de sus coterráneos. También [...] Celso, siendo de origen latino, escribió en latín, Avicena y Albucasis, árabes ellos, escribieron en lengua arábiga. Y la fama eterna de esta distinguida estirpe nunca se extinguirá [y] nuestro inglés es tan apropiado y necesario para nosotros como el griego lo era para los griegos).
 
 
Por su parte, desde mediados del siglo XVI, la religión fue un elemento que cobró suma importancia en el debate entre quienes presionaban por usar al inglés en todo tipo de escritos y quienes deseaban mantener, por diversas razones, al inglés fuera de la arena de los textos filosóficos, los religiosos y también los científicos. Aunque esta división no fue tan estricta, no se aleja de los hechos decir que por lo general los protestantes se colocaron del lado de quienes apoyaban el uso del inglés y los católicos del de quienes levantaban barreras a esta práctica. En este sentido, Thomas Harding —católico de gran renombre— defendía la opinión de que algunos de los misterios que aparecen en la Biblia no deberían ser dados a conocer a todo el mundo, pues habría muchos que no entenderían. Según John Standish, traducir las Escrituras al inglés sería como arrojar perlas a los cerdos, pues los ignorantes, al no ser capaces de razonar los misterios, los tomarían al pie de la letra y trastocarían la doctrina cristiana. Más agresivo, Harding se dirige a los protestantes y les espeta: “yee prostitute the Scriptures [...] as baudes doo theire Harlottes, to the Vungodly, Vnlearned, Rascal people [...] Prentises, Light Personnes, and a rifferaffe of the people” (usted prostituye a las Escrituras [...] como los alcahuetes lo hacen con sus rameras para beneficio de los hombres sin Dios, de los iletrados, los pillos [...] los aprendices, los ingenuos, y de toda clase de personas). Y agrega que los carentes de erudición fueran apartados de la lectura de los textos sagrados, y que esto ocurrió gracias a “the special providence of God” (la especial Provi- dencia de Dios), ya que “pretious stoanes should not be throwen before swine” (ya que las piedras preciosas no deben ser arrojadas a los cerdos).
 
 
Esta manera de razonar se extendía a casi cualquier expresión literaria, y para muchos, en particular los católicos, la función de la literatura era expresar las verdades en forma un tanto velada, para que sólo las elites entendieran los mensajes y su contenido no se viera profanado por el torpe entendimiento de quienes carecían de educación. Así se evitaría, nos refiere John Dohnan —quien se opone a que Cicerón sea traducido al inglés— “the prophaning of the secretes of Philosophy, whiche are esteemed onely of the learned, and neglected of the multitude” (la profanación de los secretos de la Filosofía, que son apreciados sólo por las personas cultas y son despreciados por las multitudes).
 
 
En la oposición católica hacia la traducción de textos bíblicos al inglés resuena el eco de los argumentos ofrecidos por médicos y otros que vivían de su sapiencia, y que no respondían a otra cosa que a sus propios intereses gremiales. En tanto que la Iglesia o los profesores universitarios aparecieran como los únicos poseedores del significado de las palabras, doctas o divinas, el prestigio y la importancia de estos grupos estaban a salvo. A ello se sumaba el temor, en particular en los países católicos, de caer en herejías propiciadas por el mal uso o interpretación de la doctrina, y el recelo que producía la discusión libre y abierta de ideas que, mal controlada, podría subvertir el orden social establecido. Un excelente ejemplo de esta situación lo constituye el caso de la España de Felipe II. A mediados del siglo XVI, cuando aún era gobernada por Carlos V, era evidente que la flama de la herejía se extendía, en gran medida, gracias a los textos protestantes que llegaban a la península ibérica provenientes de Ginebra. Recién llegado al trono Felipe II, en 1559 se publicó el primer Índice español de libros prohibidos, lo que trajo como consecuencia la celebración de una serie de autos-de-fe que pretendían suprimir los focos de distribución de ciertos libros y la discusión de las ideas que contenían. El Concejo de Castilla y la Inquisición tuvieron a su cargo la supervisión y licencia de los libros que se publicaban o entraban a España. Quien fuera encontrado con libros en su poder que no tuvieran la “licencia” era juzgado, y las más de las veces ejecutado y sus bienes confiscados. El colmo fue que Felipe II ordenó el casi inmediato regreso de los españoles que estudiaban en el extranjero, excepto el de aquéllos que seguían estudios de teología en colegios ortodoxos como los de Bolonia, Roma, Nápoles y Coimbra. Igualmente, los viajes al extranjero estaban regulados y no se permitía visitar países donde la semilla protestante había germinado.
 
 
Con el tiempo esta política, si bien mantuvo la hegemonía absoluta del catolicismo en España, resultó desastrosa en lo que se refiere al avance de la ciencia. Al contrario de lo que sucedió en esa época en Italia, Alemania, Francia e Inglaterra, en España hubo un estancamiento en la enseñanza y el desarrollo del saber científico, tanto en las universidades como en los centros de trabajo donde las ciencias y las técnicas tenían un papel protagónico: astilleros, fábricas de telas, centros mineros, talleres de escultores, de pintores y de constructores de instrumentos científicos, etcétera. Esta situación también se reflejó en una fuerte caída en el número de estudiantes que ingresaron a las universidades, sin importar la orientación de sus estudios. En 1668 Lorenzo Magliotti relataba que toda la literatura que se lee en España se reduce a la teología esco- lástica y a una medicina pasada de moda que no va más allá de los trabajos de Galeno.
 
 
Para fortuna de los ingleses, los avatares políticos, el espíritu de empresa y los afanes de muchos de los mejores intelectos de Inglaterra crearon un ambiente que propició una serie de acciones que hicieron de su idioma, en primera instancia, el vehículo de transmisión de las ideas y conocimientos de vanguardia que circulaban en el continente europeo y, a la postre, el modo de expresión, creación y socialización de su cultura.
 
 
La transición del inglés de lengua hablada a lengua escrita no fue sencilla, como se puede apreciar en los múltiples pasajes en inglés que aparecen en este escrito. Hubo que vencer temores, algunos de carácter altruista y otros alzados en defensa de uno u otro gremio. Entre los primeros está el suponer que la existencia de textos médicos escritos en inglés permitiría que muchos hombres y mujeres ignorantes, al leerlos, creyeran estar capacitados para atender a los enfermos, con los peligros que esta práctica permitía preveer. A esto respondió William Turner en 1551 señalando que si Dioscórides escribió su gran libro de herbolaria en griego, y lo mismo hizo Galeno al momento de erigir el edificio más impresionante de la medicina griega, y estos textos eran leídos por griegos y romanos que conocían dicha lengua, aun así no se tenía noticia de que esta práctica “gyve occasion for every old wyfe to take in hand the practice of Phisick” (daba la oportunidad para que cualquier anciana tomara en sus manos la práctica de la medicina), se preguntaba si cualquiera de ellas “gyve any just occasyon of murther?” (había provocado un asesinato), y concluía que en su entender no veía impedimento alguno en poner a disposición de sus compatriotas ingleses un tratado de herbolaria escrito en inglés.
 
 
A raíz de la ruptura de Enrique VIII con Roma, ocurrida en 1534, y de la transferencia de la autoridad religiosa de la Iglesia Católica hacia la Biblia, la traducción de esta última al inglés se convirtió en un imperativo. John Shute, al traducir al inglés The first parte of the Christian Instruction en 1565, sostiene que la palabra divina es la única autoridad, y que por consiguiente debe ser plasmada en inglés dado que “The layman in the battles of life needs it more than the sequestered monk, and that the plowman’s opinion, when nearer to the Bible than the Pope’s, is to be prefered to the latter” (el seglar en las batallas de la vida lo necesita más que el monje en su encierro, y que la opinión del labrador, cuando más cercana esté de la Biblia de lo que está de la palabra del Papa, debe ser aún más preferida que esta última). Por fin, y gracias a una especie de democratización lingüística, la palabra del individuo común y corriente quedaba por encima de la autoridad papal. Y si esta barrera del lenguaje había sido salvada, por qué no hacer lo propio con los asuntos de la ciencia y de otras disciplinas más “vulgares”, y con ello alcanzar los logros de otras naciones que acostumbraban “for the advancement of their country and people to bring them unto the understanding and knowledge of all, and all maner of Artes and science: in so much there is not anye Authour that hath written in anye tongue, or of any Art or Science which they haue not translated into their owne proper and vulgar tongue, for the common commoditie of their countrey” (para el mejoramiento de su pueblo y de su gente aproximarlos hacia la razón y el conocimiento de todo, de todas las Artes y las ciencias, y como no existe ningún Autor que haya escrito en cualquier lengua, o de cualquier Arte o Ciencia que no haya sido traducido a su propia lengua vernácula, para la comodidad común de todo su territorio).
 
 
Nacionalismo, literatura y ciencia
 
 
El discurso para defender y alentar la publicación de textos en inglés encontró un eco de tipo nacionalista: si otros países producían textos en sus lenguas vernáculas, ¿por qué no Inglaterra? Era un deber de los ingleses igualar la balanza con otros países, en particular con Francia e Italia. “For what kinde of science or knowledge euer was inuented by man, which is not now in the Italian or French? And what more prerogatiue haue they then we English men?” (¿Pues qué tipo de ciencia o conocimiento fue alguna vez inventado por el hombre que no exista ya en italiano o francés? ¿Y de qué privilegios gozan ellos por encima de los de nosotros, los ingleses?).
 
 
Por su parte, el comentario de Henry Billingsley, en el prefacio a su traducción de los Elementos de Euclides, tiene un tono que invita a enderezar el rumbo, pues achaca a la traducción a lenguas vernáculas la superioridad que en las ciencias mecánicas poseen otros países sobre Inglaterra. Fue así como al educar a los artesanos y a quienes desempeñaban un oficio que requería un cierto grado de especialización se impulsó el crecimiento de la literatura en inglés. Los espíritus nacionalistas se sumaron a esta empresa y, soslayando las características que hacían del inglés un idioma bárbaro y carente de elocuencia, contribuyeron a que su lengua creciera en refinamiento y alcanzara el lustre y energía de una lengua que se enriquece al proliferar su uso y responder a los retos que esta práctica genera: la asimilación de vocablos derivados del latín, griego, italiano, alemán, danés, español, y el recurrir a circunloquios, fueron todas ellas circunstancias que transformaron el inglés y le añadieron dosis de autoestima a quienes lo utilizaban en su escritura.
 
 
Respondiendo a muchas críticas, John Dee, autor del famoso prefacio a la traducción de Billingsley de los Elementos, considera que esta edición vernácula del más importante texto matemático concebido hasta su época, de ninguna manera afectaría el honor y prestigio de las universidades inglesas y de sus estudiantes: “For, the Honour, and Eftimation of the Vniuerfities, and Graduates, is, hereby, nothing diminished” (el honor y la estimación de las Universidades, y de los Graduados queda, en este caso, en nada disminuidos). De forma congruente con esta posición, y al contrario de lo que sucedía en España, los estudiantes ingleses eran invitados a viajar a otros países “to enrich our toong with knowledge heretofore / Not common to our vulgar speech” (para enriquecer nuestra lengua con el conocimiento que hasta este momento no es usual en nuestro hablar común).
 
 
Thomas Digges, cuya fama proviene del pequeño opúsculo en el que presenta la que sería la versión más leída en la Inglaterra isabelina del sistema copernicano, publicado como un añadido a la reedición del Prognosticatione de Leonard, su ilustre padre, se suma a quien con fervor patrio desea publicar “the demonstrations of these and many moe strange and rare Mathematicall Theoremes, hytherto hidden and not knowen to the worlde” (la demostración de éstos y de muchos más extraños y raros Teoremas Matemáticos, hasta ahora ocultos y no conocidos por el mundo). Y se compromete a “to imploy no small portion of this my shorte and transitorie time in storing our natiue tongue with Mathematical demonstrations, and same suche other rare experiments [...] as no forayne Realme hath hytherto been, I suppose, partaker of” (a emplear una porción no pequeña de este mi corto y transitorio tiempo en abastecer nuestra lengua vernácula con demostraciones matemáticas y otros experimentos igual de raros [...] como, supongo, ningún otro reino extranjero ha sido hasta hoy partícipe).
 
 
Digges fue discípulo de Dee y pasó algún tiempo en la casa de éste en Mortlake, donde varios de los más prestigiados miembros de la corte de la Reina Virgen asistían para gozar del aprendizaje de la astronomía, las matemáticas, la astrología y la alquimia. Ahí coincidieron algunos de los espíritus más progresistas del reino, entre ellos Sir Philip Sidney, a quien Giordano Bruno dedicó sus Degli heroici furori y Lo Spaccio de la bestia trionfante, Edmund Spencer, autor de The Faerie Queene en 1590 —donde Isabel I aparece como la figura imperial que restaurará el cristianismo en toda su pureza en el mundo— y que in- cluye múltiples referencias a la magia, tanto demoníaca como angelical.
 
 
Era éste un extraño concilio de personalidades: poetas, matemáticos, astrónomos, astrólogos, etcétera, cada uno a su vez fungiendo como eslabón de otras cadenas que ligaban ideas, proyectos y aventuras que contribuían al apuntalamiento de nuevos moldes culturales, como lo sería el fortalecimiento del inglés. Entre ellos, poco conocidos en nuestros días, pero en su momento hombres de gran influencia, estaban William Temple y Gabriel Harvey. Ambos fueron firmes defensores de las doctrinas de Pierre de la Ramée (Petrus Ramus), cuyo pensamiento básicamente se oponía al sistema aristotélico, sosteniendo el derecho a cuestionar las ideas del Filósofo y rechazar las que no encontraran sostén en la razón. Temple fue secretario particular de Philip Sidney hasta su muerte en 1585, y luego pasó a desempeñar el mismo papel con Earl de Essex. Harvey, señalado como “a great and continual patron of paradoxis and a main defender of straung opinions, and that communly against Aristotle too” (un real y sostenido patrón de actividades paradójicas, y un defensor importante de opiniones extrañas y que, por lo general, eran también contrarias a Aristóteles), contagiaba a quienes lo leían por su insaciable curiosidad por los temas científicos, y en particular los astronómicos. Conocía en persona a varios de los grandes pensadores de la época y sus textos incluían citas y comentarios relacionados con casi todo hombre de ciencia importante de su tiempo.
 
 
Dotado con una aguda percepción del futuro de la ciencia, su formación humanista le llevó a concebir a la poesía como una especie de conocimiento, como una actividad que debía transmitir “sapientia”. Nadie estaba más convencido que Harvey de que el propósito de un gran poema era resumir porciones de sabiduría tanto de la filosofía natural como de la moral. Por ello admiraba a Chaucer y a Lydgate, pues mientras otros los apreciaban por “their witt, pleasent vaine varietie of poetical discourse [...] I specially note their Astronomie, philosophie, & other parts of profound or cunning art” (su ingenio, y por una agradable y banal variedad en su discurso poético [...] personalmente distingo la Astronomía, la filosofía, y otras partes de un profundo y sutil discurso), y agregaba que “it is not sufficient for poets, to be superficiall humanist: but they must be exquisite artist & curious vniversal scholler” (no es suficiente para los poetas ser humanistas superficiales: deben ser artistas exquisitos y [hombres] curiosos con una erudición universal).
 
En consecuencia, reclamaba a Spencer su relativa ignorancia respecto a cuestiones astronómicas —aunque comparado con el ciudadano promedio del siglo XXI el conocimiento de los cielos por parte de Spencer es muy superior— y se sumaba a un número considerable de intelectuales ingleses que impulsaban el aprendizaje de las ciencias, y en particular las de corte matemático. Entre éstos estuvieron William Kempe, autor de The Education of children in learning en 1588, donde las matemáticas recibían un trato especial, y también de la traducción al inglés de la Arithmeticae de Pierre de la Ramée; William Bedwell, traductor de la Geometriae del mismo autor francés, obra a la que añade señalamientos propios, y Thomas Hood, quien además de publicar escritos matemáticos de su autoría también puso a disposición de sus coterráneos el mismo texto geométrico, pero bajo otro título.
 
 
Para cuando estos textos aparecen, el siglo de Enrique VIII e Isabel I tocaba a su fin. Inglaterra había transitado de su Edad Media a un Renacimiento que en lo político y lo económico había sobrepasado a sus rivales franceses e italianos, y en el arte de la guerra y el desarrollo cultural, en particular en la componente científica, había dejado a España a la saga, aprendiendo en el camino a responder, con G. Harvey, “why a God ́s name main not we, as else de Greeks, haue the kingdome of our owne lenguage?” (¿por qué en el nombre de Dios no podemos nosotros, al igual que los griegos, poseer el reino de nuestro propio lenguaje?). La fuerza del nuevo inglés provenía, en gran medida, de su disponibilidad a enriquecerse con el “yeerely increase” (aumento anual) de palabras vernáculas que superaba a lo que ocurría con otras lenguas, pues “daily both new guardes are inuented; and bookes still found, that make a new supplie of old” (a diario nuevas tutelas son inventadas; y además se encuentran libros que constituyen el repuesto de los viejos).
 
 
John Rastell, entre el ocaso del XV y el alba del XVI, auguraba que el inglés sería una lengua tan rica, preciosa y elocuente como lo eran las lenguas clásicas. Cien años después se decía de la lengua de los ingleses que había alcanzado galanura y fluidez, y que era “capable of any excelence such as the power to express thoughts sweetly and properly” (capaz de cualquier excelencia, tal como la capacidad de expresar pensamientos dulce y decorosamente), como lo desearía un poeta —Sidney en este caso—, pero también pesaba que la nueva filosofía, y su querella con el saber de los clásicos, le hacía volver la espalda al latín y apoyarse en la lengua vernácula que había crecido y ganado en autoridad, al tiempo que la usaba como forma de expresión e intercambio de información. Para John Wallis, puritano y científico, el inglés ofrecía como muestra de su superioridad la simpleza de su estructura gramatical. Esto no era una pieza más de propaganda lingüística, su opinión tomaba como sustento sus propias investigaciones acerca de la mecánica subyacente a la formación de los sonidos que constituyen el habla, y sus esfuerzos por reducir el número de reglas gramaticales que controlarían el lenguaje.
 
 
Sin embargo, todas estas disputas acerca de la capacidad, elocuencia y belleza de la lengua inglesa, y que con Wallis hay que situarlas en las primeras décadas del siglo XVII, ya eran en el imaginario inglés meros debates de intelectuales. En los hechos, el reconocimiento había llegado de la mano de Sidney, Spencer, Marlowe, Chapman, y del trabajo de traducción de la afamada “Biblia del rey Jacobo” —King James Bible— o Versión Autorizada de 1611. De ésta se dice que sus formas llenas de gracia, aunque manteniendo algunos elementos arcaicos que reflejaban la conservación de pasajes afortunados de traducciones previas, constituyó una aportación de gran envergadura y permanencia para la prosa inglesa. Su lenguaje, equilibrando lo antiguo con lo moderno, confirió dignidad y lucidez a las ceremonias seculares y religiosas, y por su arraigo entre la sociedad contribuyó a cimentar la autoridad del idioma inglés.
 
 
Y si esto no bastara, también estaba ahí el gran personaje de la cultura isabelina, el señor que del polvo hizo estrellas y de los sueños realidades, de quien Bloom hizo el inventor de lo humano en el mundo moderno, y que, según sus contemporáneos, hablaba como lo harían los dio- ses mismos: ¿Quién negaría que si las Musas se expresaran en inglés, “[They] would speak with Shakespeare’s fine filed phrase”? (hablarían con las finamente hiladas frases de Shakespeare?)
NOTA
 
En vista de que este texto se propone mostrar los conflictos y transformaciones que llevaron al inglés a ser considerado un idioma “culto”, hemos dejado las citas en inglés, tal y como aparecen en la fuente original, para que el lector pueda apreciar el tenor de los argumentos. Se incluye la traducción de los mismos.
 
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
 
Arber, Edward (ed.). 1895. The first Three English books on America.
Bloom, Harold. 1998. Shakespeare. The Invention of the Human. Riverhead Books, Nueva York.
Briggs, Julia. 1983. This Stage-Play World. English Literature and its Background, 1580-1625. Oxford University Press, Oxford.
Bridgen, Susan. 2001. New Worlds, Lost Worlds. The Rule of the Tudors, 1485-1603. Viking Penguin, Nueva York.
Dee, John. 1570. The Mathematicall Praeface to the Elements of Geometrie of Euclide of Megara. With an Introduction by Allen G. Debus. Science His- tory Publication, 1975, Nueva York.
Debus, Allen G. 199?. “Paracelsus and the Delay- ed Scientific Revolution in Spain”. “A Legacy of Philip II”, en Reading the Book of Nature. The Other Side of the Scientific Revolution. Allen G. Debus and Mi- chael T. Walter (eds.). Ann Arbor, Edward Brothers, Michigan. Pp. 147-162.
Digges, Leonard. 155?. A Prognostication of Right Good effect. Reeditado en 1556, con cambios como A Prognostication euerlasting. Publicado una vez más bajo la supervisión de su hijo, Thomas Digges en 1576 y 1583.
Digges, Thomas. 1576, 1583. A Perfit Description of the Coelestial Orbes. Publicado como un opúsculo en la obra anterior. Publicado en 1983 en español en Nicolás Copérnico, Thomas Digges[...] Opúsculos sobre el movimiento de la Tierra. Alianza Editorial, Madrid.
Foster Jones, Richard. 1953. The Triumph of the English Language. Stanford University Press, Stan- ford, 1966.
Johnson, Francis R. 1937. Astronomical Thought in Renaissance England. A Study of The English Scientific Writings from 1500 to 1645. The Johns Hopkins University Press. Octagon Books, Nueva York, 1968.
Kamen, Henry. 1983a. Spain 1469-1714: A So- ciety in Confflict. Longman, Londres y Nueva York.
Kamen, Henry. 1983b. Spain in the Later Seven- teenth Century 1665-1714. Longman, Londres.
Norton, Thomas. 1975. Ordinal of Alchemy. John Reidy (ed.) Early English Text Society Oxford Univer- sity Press, Londres, Nueva York, Toronto.
Roberts, Gareth. 1994. The Mirror of Alchemy. Alchemical Ideas and Images in Manuscripts and Books. From Antiquity to the Seventeenth Century. The University of Toronto Press, Toronto.
Smith, G. G. (ed.). 1904. Elizabethan Critical Es- says Vols. I and II. Oxford University Press, Oxford.
Wright, A. D. 1982. The Counter-Reformation. Catholic Europe and the New-Christian World. St. Martin’s Press, Nueva York.
Rafael Martínez Enríquez
Laura Furlan Magaril
Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México.
_______________________________________________________________

 

como citar este artículo

Martínez Enríquez, J. Rafael y Furlan Magaril, Laura. (2004). Reforma y triunfo del inglés. Ciencia, educación y literatura en el renacimiento isabelino. Ciencias 75, julio-septiembre, 46-59. [En línea]
  Regresar al índice artículo siguiente
de venta en copy
Número 134
número más reciente
 
134I


   
eventos Feriamineriaweb
  Presentación del número
doble 131-132 en la FIL
Minería

 


novedades2 LogoPlazaPrometeo
Ya puedes comprar los 
ejemplares más
recientes con tarjeta
en la Tienda en línea.
   

  Protada Antologia3
 
Você está aqui: Inicio revistas revista ciencias 75