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José E. Marquina
     
               
               

Siempre que se habla de Sir Isaac Newton, tenemos en mente al gran creador que revolucionó la ciencia e través de la extraordinaria síntesis que representó el libro Principia Mathematica. Además, suelen destacarse en importantes contribuciones plasmadas en la Optica, así como sus aportaciones a la Matemática a través de la invención del Cálculo (o “Teoría de las Fluxiones”, como él lo denominó), pero más allá de la cosificación que implica el apelativo de “genio” (el cual en pocos casos es dicho con tal justicia), se tiende a olvidar, o peor aún, a esconder, el hecho que debería ser obvio, de que Newton fue un hombre y que como tal, sus intereses no se restringieron única y exclusivamente al ámbito de lo que en la época se denominaba “Filosofía Natural”. Este hecho, que en cualquier caso es al menos injusto, aplicado a Sir Isaac lo es con mayor razón, dado que en su muy larga vida (84 años), tuvo al menos dos pasiones adicionales que compitieron (con ventaja), con su fascinación por la “Historia Natural”. Dichas pasiones fueron la Teología y la Alquimia, ámbitos a los que Newton dedicó mayor tiempo y esfuerzo que a la Ciencia.

LA TEOLOGIA

Las preocupaciones religiosas de Newton provienen de su muy infeliz infancia, haciéndose claramente patentes a la corta edad de 19 años cuando en la confesión por escrito de sus pecados, al referirse a Dios, señala:  

“No dedicar mi afecto a ti… No amarte por ti mismo… No desear tus mandamientos. No anhelarte. No temerte tanto como para no ofenderte. Temer a los hombres por encima de ti”.1

Un año después (1663) empezó, en su cuaderno de notas, la sistematización de conceptos teológicos, intentando hacer compatible el conocimiento a través de leyes, con la idea de un Dios omnipotente, capaz de manifestarse en forma activa.   

En la década de los setenta sus preocupaciones se dirigieron hacia la relación de Dios Padre y Cristo y en un cita de la Epístola a los Hebreos, en la que señalaba que Dios Padre sentó a Cristo a su derecha y lo llamó Dios, Newton insertó una nota que decía: 

“Por lo tanto, el Padre es Dios del Hijo cuando el Hijo es considerado como Dios”.2

La problemática referente al status ideológico de la figura de Cristo, llevó a Newton a estudiar a los padres de la Iglesia, encontrando que en el siglo IV d.C., Atanasio (fundador de la ortodoxia cristiana y principal responsable de la concepción trinitarista), se había enfrentado a Arrio, en una apasionada disputa. Arrio negaba la Trinidad y el status que dicha concepción le asignaba a Cristo. Con el triunfo de Atanasio se había perpetuado, según Newton, un escandaloso fraude, que había llegado incluso a la modificación de las Sagradas Escrituras, con el fin de hacerlas compatibles con la doctrina trinitarista. Para Newton sólo Dios Padres es Supremo y Cristo representa la Palabra y la Sabiduría hecha carne, siéndole comunicada su divinidad por Dios Padre. En este sentido, el trinitarismo implica un pecado de idolatría, que a decir de Newton “…es una violación del primero y más grande mandamiento. Es concederle a los ídolos el amor, honor y adoración que solamente corresponde a Dios. Es olvidar al verdadero Dios para cometer adulterio con otros amantes…”3.

El arrianismo (doctrina de Arrio) era considerado (y creo que todavía lo es) como una concepción herética, y muy pronto le empezó a provocar problemas a Newton, ya que aunque durante toda su vida fue un secreto celosamente guardado, siendo profesor becario del Trinity College (El Colegio de la Trinidad), estaba obligado a tomar las órdenes sagradas, lo cual implicaba sostener la doctrina de la Santísima Trinidad. El 9 de febrero de 1675, Newton viajó a Londres para solicitar al rey Carlos II, le permitiera mantenerse como becario sin tomar los votos, y para su fortuna, el 28 de abril Carlos II aceptó su solicitud.

En la década de los ochenta, empezó a redactar un manuscrito (nunca terminado), al que bautizó Theologiae gentilis origines philosophicae, en el que planteaba que todos los pueblos de la antigüedad habían adorado a los mismo doce dioses (con nombres diferentes), los cuales estaban relacionados con doce miembros de la casa de Noé. Para Newton, los dioses de la antigüedad representaban ancestros divinizados, que no eran otros que Noé, sus hijos y sus nietos. Así, Noé representaba a dioses como Saturno; Sem (hijo de Noé) se convirtió en Zeus o Júpiter; Asur (hija de Sem) tomó los nombres de Afrodita, Astarté o Venus y así sucesivamente. Siguiendo con el número doce, Newton listó los doce elementos fundamentales utilizados en la Alquimia, así como los doce objetos de la naturaleza en los que los antiguos habían reconocido a sus divinidades. Estos objetos eran los siete planetas del modelo de Ptolomeo (Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter y Saturno), los cuatros elementos (aire, agua, tierra y fuego) y el quinto elemento, la “quintaesencia” de la que hablaban los alquimistas.

Para Newton, las teologías de los pueblos antiguos (Egipto, Asiria, Persia, Grecia, Babilonia, etc.), representaban una caída de la verdadera religión. Dicha caída iba acompañada de la pérdida del conocimiento verdadero, por ejemplo, la astronomía geocéntrica acompañaba a la falsa religión. Para Newton no era casual el hecho de que Ptolomeo (el gran astrónomo geocentrista) fuera egipcio, ya que habían sido los egipcios los primeros en crear falsos dioses y de ellos aprendieron los demás pueblos de la antigüedad.

En 1805, transformó la Theologiae gentilis origines philosophicae, en lo que llegó a ser su Chronology of Ancient Kingdoms Amended. En esta obra plantea que las historias de los pueblos antiguos debían recortarse en cientos y hasta miles de años, ya que aparecían en ellas por el deseo de los pueblos de resaltar sus antiquísimos orígenes. Para esta labor de recorte, Newton utilizó fundamentalmente, el Antiguo Testamento, la obra de Herodoto y sus conocimientos de Astronomía. Así, a decir de Voltaire, tomando la expedición de los Argonautas como punto de partida, plantea que Quirón, que viajaba en dicha expedición fijó “…el equinoccio de primavera en medio del Carnero, el equinoccio de otoño en medio de Cáncer, y el solsticio de invierno en medio del Capricornio…”4 y con ese estado del cielo y utilizando la precesión de los equinoccios, calculó que dicha expedición debió ocurrir aproximadamente en 900 a.C. y no n 1400 a.C., como suele ubicarse, con lo que le recortó 500 años a la historia griega. Todos los pueblos antiguos pasaron por esta navaja, excepto el pueblo hebreo, el cual era para Newton el más antiguo de todos, siendo su crónica escrita, el Antiguo Testamento, el origen de todas las mitologías ulteriores, y las semillas de la verdadera religión, aunque sin decir, explícitamente que la religión a la que se refería era aquella que no incluía y de hecho negaba, a la concepción trinitarista.   

Para el Chronology of Ancient Kingdoms Amended, Newton preparó un mapa del Templo de Salomón, ya que pensaba que Dios había depositado su misterioso plan de las cosas futuras en el Templo Judío. Para él “…la primera religión fue la más racional de todas las demás, hasta que las naciones la corrompieron”.5

Tanto Chronology of Ancient Kingdoms Amended, como Observations upon the Prophecies, fueron publicados después de la muerte de Isaac Newton, pero otros escritos teológicos tales como Irenicum, y A short scheme of the true Religion no corrieron esta suerte. En ellos reiteraba que aunque Jesús era el Salvador, que representaba la señal para el establecimiento de la segunda alianza de Dios con los hombres, no podía ser considerado a la altura de Dios. En su búsqueda de culpables, Newton acusó a San Jerónimo de ser el responsable de la introducción de la doctrina herética del Trinitarismo, en la Vulgata.   

En lo que a Ciencia se refiere, la obra de Newton no está exenta de sus preocupaciones teológicas ya que, como él mismo señala en una carta a Bentley del 10 de diciembre de 1692, refiriéndose al Philosophiae Naturalis Principia Mathematica: “Cuando escribí mi tratado acerca de nuestro sistema, tenía la vista puesta en aquellos principios que pudieran funcionar para que los hombres creyeran en Dios, nada pudo regocijarme más que encontrar esto útil para tal fin”.6

Dado que en la primera edición (1687) del Principia Mathematica lo anterior no es demasiado obvio, Newton preparó para la segunda edición (1713) un Scholium General en el que afirma:

“El bellísimo sistema del Sol, los planetas y los cometas solamente puede proceder  del dictamen de un Ser inteligente y poderoso… El Dios supremo es un Ser eterno, infinito absolutamente perfecto… Él gobierna todas las cosas y sobre todas las cosas que pueden ser hechas o no hechas…”.7

De igual manera en la Opticks, en la interrogante 28, se pregunta:

“…¿no se sigue de los fenómenos que hay un ser incorpóreo, viviente, inteligente, omnipresente que ve íntimamente las cosas mismas en el espacio infinito, como su fuera en su sensorio, percibiéndolas plenamente y comprendiéndolas totalmente por su presencia inmediata ante él?”.8

Es decir, que para Newton el espacio representa el sensorio divino, en el cual el Sublime Creador, el Dios actuante del Antiguo Testamento, podía realizar las reformas necesarias, ya que como señala en la interrogante 31:

“…el ciego destino nunca podría haber hecho que todos los planetas se moviesen en una y la misma dirección, siguiendo órbitas concéntricas, exceptuando algunas irregularidades considerables…, que pueden aumentar hasta el punto en que el sistema necesite una reforma”.9

La Opticks concluye señalado que:

“No sólo la filosofía natural se perfeccionará en todas sus partes siguiendo este método, sino que también la filosofía moral ensanchará sus fronteras. En la medida en que conozcamos por filosofía natural cuál es la primera causa, qué poder tiene sobre nosotros y qué beneficios obtenemos de ella, en esa misma medida se nos aparecerá con la luz natural cuál es nuestro deber hacia ella, así como hacia nosotros mismos. No cabe duda de que, si el culto a falsos dioses no hubiera cegado a los paganos, su filosofía moral habría ido más lejos de las cuatro llamadas virtudes cardinales y, en lugar de enseñar la transmigración de las almas y adorar al Sol, la Luna y los héroes muertos, nos habrían enseñado el culto al verdadero Autor y Benefactor, del mismo modo que lo hicieron sus antecesores bajo el gobierno de Noé y sus hijos, antes de que corrompiesen”.10

LA ALQUIMIA

El interés de Newton por la alquimia se remonta a su época de estudiante en el Trinity College (en Cambridge). En 1664 fue alumno de Isaac Barrow y es muy posible que éste haya iniciado al joven Isaac en el Arte. Este hecho que hoy nos puede parecer sorprendente, en el siglo XVII no era tal, dada la tradición de la Alquimia en Inglaterra, la cual data del siglo XIV, teniendo representantes tan importantes como George Ripley, Thomas Norton, Thomas Charnock, Samuel Hartlib y muchos otros.

La amistad de Newton con Barrow, debió permitirle tener acceso a gran cantidad de literatura alquímica, que únicamente circulaba entre grupos de iniciados; pero si el origen del interés del joven Isaac por la Alquimia es difícil de precisar, lo que es un hecho es que en 1669, Newton aprovechó un viaje a Londres para adquirir equipo de vidrio, aqua fortis, aceite de perla sublimado, plata fina, antimonio, espíritu de vino, blando de plomo, nitrato de alúmina, sal de tártaro y dos hornos por 2 libras 15 chelines, así como el Theatrum chemicum de Zetzner (en 6 volúmenes) por 1 libra 8 chelines, lo cual muestra que para estas fechas ya se encontraba preparado para pasar de la teoría a la experimentación alquímica propiamente dicha.

En este mismo año copió Exposition upon Sir George Ripley’s Epistle to King Edward IV de Eiraneus Philaletes y tomó extensas notas de un manuscrito de Philaletes, llamado Ripley Reviv’d, diez años antes de que fuera publicado, lo cual muestra que tenía contactos con grupos alquimistas.

En una carta del 18 de mayo de 1668, dirigida a Francis Aston, Newton dice:

“…Hay en Holanda un tal Borry, que hace años fue puesto en prisión por el Papa, para obtener de él, por la fuerza, recetas (así me dijeron) de gran valor, tanto para la medicina como para su provecho, pero él escapó a Holanda, donde le ofrecieron protección. Creo que habitualmente va vestido de verde. Ruego indagues todo lo que puedas acerca de él…”.11

Este personaje “…que habitualmente va vestido de verde…”, era Guiseppe Borri, y Newton sabía de él a través del Symbola aureae mensae duodecim nationum, tratado alquimista de Michael Maier, el cual era uno de los autores preferidos de Newton. Para Maier, el conocimiento alquímico provenía de Hermes Trimegistro, cuya sabiduría tenía su origen en Set (hijo de Adán). Esta Prisca sapientia (sabiduría primigenia), se había conservado de manera velada, siendo el deber de ciertos elegidos el descifrarla. Newton, que a no dudar se veía sí mismo como un elegido, dedicó gran parte de su vida a develar, a todos los niveles, los conocimientos secretos, que provenían en todos los casos (incluida la ciencia) del sublime Creador.

En 1669 compuso dos escritos, uno de ellos formado por proposiciones basadas en autoridades en Alquimia en el que decía cosas como: “El agente vital difuso en todas las cosas en la tierra es uno y el mismo. Y es un espíritu mercurial, extremadamente sutil y supremamente volátil, el cual está disperso a través de cada lugar…

Y todas las especies de metales derivan de esta única raíz.

Y en este orden O, T, S, M, P, R, D”.12

Los símbolos tienen un doble significado, por un lado con los metales y por otro con los planetas, y en la tradición alquimista se da esta relación al considerarse que los movimientos celestes se encuentran vinculados con las actividades terrestres de los materiales.

En el otro escrito de 1669, usualmente llamado The Vegetation of Metals, Newton Asegura cosas como: 

“Todas las cosas son corruptibles
Todas las cosas son generables
La Naturaleza sólo trabaja
Sobre sustancias húmedas
Y con un calor suave”.13

En este manuscrito, Newton plantea la necesidad de complementar la Ciencia Mecánica, con una Filosofía Natural más profunda, capaz de mostrar los principios activos responsables de los movimientos de las partículas.

En la década de los setenta, sus preocupaciones teológicas y alquímicas se fusionaron, de manera que llegó a la conclusión de que Moisés, el patriarca del Antiguo Testamento era alquimista, habiendo aprendido el Arte durante su vida en Egipto, y que cuando en las faldas del Monte Sinaí tomó “…el becerro que había hecho y lo quemó, desmenuzándolo hasta reducirlo a polvo…”,14 lo que en realidad había hecho era desintegrar el oro utilizando métodos alquimistas.

En 1675 consiguió el manuscrito alquimista de autor desconocido, denominado “Manna” y añadió al mismo:

“…la alquimia no trato con los metales como piensan los vulgares ignorantes, cuyo error les ha hecho despreciar esa noble ciencia, sino también con las venas materiales de cuya naturaleza Dios creó a sus servidores para que concibieran y procrearan a sus criaturas… Esta filosofía no es de la clase que tiende a la vanidad y al engaño, sino más bien al provecho, induciendo primero al conocimiento de Dios… su finalidad es glorificar a Dios en sus maravillosas obras… Esta filosofía a la vez especulativa y activa no sólo puede hallarse en el volumen de la naturaleza sino también en las Sagradas Escrituras, como en el Génesis, Job, Salmos, Isaías y otros. En el conocimiento de esta filosofía hizo Dios a Salomón el más grande filósofo del mundo”.15

A finales de esta década (setenta), Newton compuso otro ensayo, al que denominó Clavis (La Llave), en el que dice: “Sé de lo que escribo porque tengo en el fuego múltiples redomas con oro y este mercurio… que hace que el oro empiece a burbujear, a hincharse y a pudrirse, y a brotar en salpicaduras y ramas, cambiando de colores diariamente, cuyas apariencias me fascinan a cada día que pasa. Considero a esto como un gran secreto de la alquimia”.16

En Clavis, el interés recae no en la multiplicación del oro sino en su desintegración.

Entre 1678 y 1680, además de copiar y comentar infinidad de manuscritos alquímicos, Newton se dedicó profundamente a la experimentación alquímica, además de redactar varios tratados, uno de los cuales se denomina Separatio elementorum.

Muy posiblemente, en 1680, empezó su más extenso escrito alquimista, el Index chemicus, que es un extraordinario esfuerzo de organización y sistematización de la abundantísima información recopilada a lo largo de los años. En este escrito trabajó hasta principios de los noventa y contiene aproximadamente 5000 referencias distintas.

Richard Westfall, al estudiar en 1975, el Index chemicus señaló:

“Encuentro imposible que nadie haya podido compilarlo en menos de 1000 semanas”.17

Dado que la primera edición del Principia Mathematica es de 1678, no queda más que preguntarse, ¿en qué momentos escribió Newton este famoso libro?

En mayo de 1681, el éxito pareció coronar su labor de experimentación. En su cuaderno de notas, escrito en inglés, aparecen comentarios, en latín, que parecen denotar el orgullo triunfal al señalar:

“Mayo 10, 1681. Entendí que la estrella de la mañana es Venus y que ella es hija de Saturno y una de sus palomas”.

Mayo 14. Entendí…

Mayo 15. Entendí que efectivamente hay ciertas sublimaciones del mercurio.

Mayo 18. Perfeccioné la solución ideal. Esto es, dos sales iguales arrastran a Saturno…”.18

De nuevo, el 23 de mayo de 1684, entre líneas del reporte experimental anotó:

“Hice volar a Júpiter en su águila”.19

En la primavera de 1687, Newton realizó un viaje a Londres y compró antimonio, sal amoniaca, doble agua fortis y otras sustancias. Por estas fechas redactó dos colecciones de Notable Opinions que llevaban el nombre de Notanda Chemica Sententiae Notabiles.

Sententiae Notabiles está formado por extractos de autores diferentes, de tal manera, que el conjunto representa un proceso alquímico específico. 

En los primeros años de la década de los noventa escribió De Natura Acidorum, Ripley expounded, Comentarios a la Tabla smaragdina y el mas importante de todos ellos, Praxis, el cual es un conjunto de notas sobre el Triomphe hermétique de Didier, libro publicado en 1698 en francés y del cual existe una traducción al latín de puño y letra de Sir Isaac. En este ensayo, Newton utiliza toda la imaginería alquímica pensable, con parrafadas como ésta:

“…el esperma crudo fluye de una trinidad de sustancia inmaduras… dos de las cuales… se convierten en la inmaculada Naturaleza láctea virginal, mamada del menstrum de una sórdida ramera”.20

Praxis termina con la descripción del proceso que culmina en la multiplicación.

Las expectativas planteadas por Praxis, aparentemente se vieron frustradas y algunos historiadores han señalado la posible relación de su fracaso alquímico (cuando parecía tener el éxito tan cerca), con el colapso que sufrió Sir Isaac durante 1693, año en el cual prácticamente perdió la razón. Otros historiadores han señalado el envenenamiento derivado de sus experimentos alquímicos, como el responsable de su colapso, pues los síntomas (insomnio, irritabilidad, pérdida del apetito, paranoia, amnesia), coinciden con los asociados a la intoxicación por mercurio y plomo. Sustentando esta teoría, se encuentra el hecho de que el análisis espectrográfico de los mechones de pelo de Newton, en posesión de la familia Portsmouth y la biblioteca del Trinity College, han revelado la presencia de concentraciones muy altas de plomo y mercurio.

De la época posterior al colapso, sólo se conocen cuatro notas fragmentarias sobre Alquimia y una transcripción, tomada por Newton, de la visita de “un londinense”, conocido de Boyle, con el cual discutió un proceso alquímico particular, sin embargo, su preocupación se mantuvo y se transluce incluso en ciertos pasajes de su obra científica. Entre otras, en la segunda edición de su Opticks (1717), en la interrogante 30, señala:

“La transformación de los cuerpos en luz y de la luz en cuerpos se compadece muy bien con el curso de la naturaleza, que parece deleitarse con transmutaciones”.21

Sir Isaac Newton murió el 20 de marzo de 1727. El último acto representativo de su vida fue el negarse a recibir los ritos finales de la Iglesia.

A su muerte, la biblioteca personal de Newton constaba de 1612 libros, 912 (57%) de los cuales estaban íntimamente relacionados con sus preocupaciones teológicas, mientras que aproximadamente 80 eran de Alquimia, pero para que este número no resulte engañoso, hay que recordar que los libros de Alquimia no accedían usualmente a la imprenta, por lo que estos 80 debían representar prácticamente toda la literatura alquímica disponible por los canales tradicionales. A éstos hay que agregar las tres docenas de pequeños libros alquímicos y aproximadamente 50 kg de panfletos encontrados, así como los libros y manuscritos alquímicos copiados por Sir Isaac.

Análisis recientes, muestran que sus escritos teológicos totalizan como mínimo 1400000 palabras, mientras que los de alquimia son del orden de 1200000 palabras.

Newton firmó sus más secretos manuscritos alquimistas con el seudónimo JEOVA SANCTUS UNUS, anagrama de su nombre latinizado ISAACUS NEUUTONUS. La fusión entre Teología y Alquimia está claramente simbolizada en la sabiduría arrianista de su nombre secreto: Jehová, Único Dios.

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 Refrerencias Bibliográficas

 

1. R. S., Westfall, “Short-writing and the State of Newton’s Conscience, 1662”. Notes and Records of the Royal Society of London, 18, (1963), pp. 13-14.
2. Keynes, M. S., citado en R. S. Westfall, Never at rest. A Biography of Isaac Newton, Cambridge University Press, New York, (1986), p. 311.
3. Keynes, M. S., citado en G. Christianson, Newton, Salvat Editores S. A., Barcelona, (1986), p. 278.
4. Voltaire, Cartas filosóficas, Alianza Editorial S. A., Madrid, (1988), p. 145.
5. Yahuda, M. S., citado en G. Christianson, op. cit., (ref. 3), p. 281.
6. Citado en F. Cajori, “An historical and explanatory appendix”, en I. Newton, Mathematical Principles of natural philosophy and his system of the world, University of California Press, Berkley and Los Angeles, California, (1934), p. 669.
7. I. Newton, Mathematical…, op. cit., (ref. 6), pp. 544-547.
8. I. Newton, Óptica o tratado de las reflexiones, refracciones, inflexiones y colores de la luz, Ediciones Alfaguara, Madrid, (1977), p. 320.
9. Ibid., p. 347.
10. Ibid., p. 350.
11. D. Georghegan, “Some Indications of Newton’s Attitude towards Alchemy”, Ambix, VI, (1975), p. 102.
12. Keynes, M. S., citado en R. S. Westfall, Never at rest…, op. cit., (ref. 2), pp. 304-305.
13. Burndy, M. S., citado en R. S. Westfall, Never at rest…, op. cit., (ref. 2), p. 305.
14. Éxodo, tercera parte, 32, en Sagrada Biblia, versión de E. Nacar y A. Colunga, Biblioteca de autores cristianos, Madrid (1964), p. 116.
15. Keynes, M. S., citado en G. Christianson, op. cit., (ref. 3), p. 246.
16. Ibid, p. 255.
17. R. S. Westfall, Isaac Newton’s Index chemicus, Ambix, XXII, (1975), p. 179.
18. Keynes, M. S., citado en R. S. Westfall, Never at rest…, op. cit., (ref. 2), pp. 367-368.
19. Add M. S., citado en R. S. Westfall, Never at rest…, op. cit., (ref. 2), p. 369.
20. Babson, M. S., citado en R. S. Westfall, Never at rest…, op. cit., (ref. 2), pp. 529-530.
21. I. Newton, Optica o…, op. cit., (ref. 9), p. 324.

ABREVIATURAS USADAS EN LAS REFERENCIAS

I) Keynes M. S., Manuscritos de Isaac Newton en la “Keynes Collection” de la biblioteca del “King’s College”, en Cambrdige, Inglaterra.
II) Add M. S., Manuscritos adicionales de Isaac Newton en la biblioteca de “Cambridge University”, Inglaterra.
III) Burndy M. S., Manuscritos de Isaac Newton en la “Dibner Collection”, en las bibliotecas de la “Smithsonian Institution”.
IV) Yahuda M. S., Manuscritos de Isaac Newton en “Jewish National and University Library”, en Jerusalén, Israel.
V) Babson M. S., Manuscritos de Isaac Newton en la biblioteca de “Babson College” en Babson Park, Mass. E.U.

     
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Jóse E. Marquina
Departamento de Física, Facultad de Ciencias, UNAM.

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