revista de cultura científica FACULTAD DE CIENCIAS, UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
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Juan Manuel Sierra
     
               
               
I. La ciencia, como toda actividad humana es parte
integrante del contexto social en el cual opera y, en consecuencia, está íntimamente relacionada con las bases sociales, políticas y económicas que constituyen el desarrollo de un país. A este factor, que podríamos llamar externo, se tiene que aunar el impulso que la ciencia toma de la misma realidad material que es objeto de su estudio y que define así un factor de desarrollo intrínseco (o “interno”). Cualquier planteamiento histórico o político del desarrollo científico no puede prescindir de esta observación preliminar.
 
Como acción social, la ciencia tiene importancia no sólo como generadora de un patrimonio cultural, sino también para influir sobre los mecanismos de producción a través de la formación de personal calificado, así como por el desarrollo tecnológico. Por otro lado, siempre está presente una influencia de los procesos productivos y de las relaciones sociales de producción sobre el desarrollo científico, dada por las condiciones materiales y la infraestructura. En general, una sociedad impulsa el desarrollo científico, en la medida en que éste resulta necesario para el avance de las capacidades productivas como también de su ideología.
 
La sociedad capitalista impulsa la ciencia en términos de sus exigencias para la acumulación de capital y para el incremento de sus ganancias. En este proceso, la ciencia se ha transformado de elemento ligado a la producción, a fuerza productiva en sí misma en la medida en que se ha pasado de una industria clásica a una industria de alta tecnología.
 
En los países de escaso desarrollo de las estructuras productivas, la ciencia adquiere esencialmente un papel ideológico, estimulando una visión individualista del científico, generalmente alejado del contexto social. El mismo capitalismo dependiente, debido a su alianza con el capital de los países imperialistas, encuentra los elementos de su desarrollo en términos de importación científico tecnológica. Esto hace que la ciencia nacional pierda el estímulo que deriva de los procesos productivos y reduzca su papel a una dimensión superestructural de tipo ideológico marginada del contexto socioeconómico.
 
Debido a que el sector científico necesita, para su desarrollo, de una definición de política académica, de un sistema de selección y evaluación de los cuadros y de un cierto tipo de organización, las diferentes concepciones influyen en este sentido de una manera determinante . Por consiguiente, países con diferentes situaciones políticas y eco nómicas tienden a elaborar esquemas diferentes de evaluación, así como cualquier grupo que plantea una alternativa política tendrá igualmente que plantear un esquema diferente y consistente con su ideología.
 
Las consideraciones que tratamos ahora de desarrollar, y que abarcan la realidad de nuestro país, se reducen esencialmente a dos cuestiones: la primera, nos conduce a tratar de entender nuestra realidad científica actual con los aspectos relacionados a sus criterios de evaluación, de programas y cuadros. La segunda, tiene carácter de perspectiva por tratar la alternativa que se puede plantear como parte de un programa de transformación de la sociedad hacia el socialismo.
 
II. En un país de capitalismo dependiente el capital nacional, estrictamente ligado al capital transnacional y de los países imperialistas, no está interesado, en los recursos científicos y técnicos nacionales, sino que encuentra los elementos para su desarrollo en la importación de éstos. Este es el factor básico que determina la dependencia científico-tecnológica actual. En efecto, la ciencia nacional no recibe en estas condiciones estímulo de las fuerzas productivas y, por consiguiente, pierde su conexión con la realidad socioeconómica del país circunscribiendo su función en el ámbito de una ciencia internacional y cumpliendo así con un papel exclusivamente ideológico. En este contexto es posible entender los aspectos básicos de las dos máximas corrientes de concepción de la ciencia que se han dado en el país en los últimos años; el academicismo y el desarrollismo, como también los valores y las crisis relacionadas con el papel jugado por estas corrientes.
 
Según la concepción academicista, la cultura, la actividad intelectual y, como parte de ésta la investigación científica, representan una actividad destacada y universal, resultado de la acción de individuos identificados con altos ideales de sabiduría. La generación de ideas y de conocimiento, resultado de la labor de esta comunidad, siempre según esta concepción, constituirán con el tiempo la fuerza principal del desarrollo histórico de la humanidad. Este planteamiento resulta profundamente arraigado en los pioneros de la ciencia en México y todavía está ampliamente difundido en el ámbito universitario; ha tenido un papel muy importante en la formación de nuevas generaciones de investigadores de alto nivel académico como también ha contribuido a formar una imagen, hacia el extranjero, de ciencia de alta calidad en México. Su dinámica se ha visto caracterizada por un aislamiento que no le ha permitido producir ningún programa a nivel social. Esto en parte se debe a su origen pequeño burgués, esencialmente individualista, para evitar cualquier tipo de condicionamiento en su actividad y, finalmente por la confianza de que su acción con el tiempo, de manera natural, tendrá efecto a nivel social.
 
Distinta ha sido la actitud del desarrollismo, que se ha identificado desde un principio con un programa social basado sobre la hipótesis de que la limitada capacidad de generar ciencia y tecnología a nivel nacional, constituye uno de los frenos principales al desarrollo del país. Ligada más fuertemente a la esfera política, esta concepción ha logrado generar un fuerte apoyo al desarrollo tecnológico y a la ciencia aplicada, con la proyección de resolver los graves problemas nacionales. La mayor limitación de esta corriente consiste en haber invertido los factores del subdesarrollo, porque no son la ciencia y la tecnología, sino las leyes mismas del capitalismo, las que producen el fenómeno del subdesarrollo y la dependencia.
 
Aunque existe la orientación de contraponer estas dos tendencias, resulta más interesante poner en evidencia las características comunes. Ambas señalan que la ciencia es un elemento vital para el país y de aquí su preocupación para aumentar la calidad y la cantidad de la investigación científica. Sin embargo, ambas presentan las mismas limitaciones por no considerar de manera correcta el problema de la vinculación estructural de la ciencia con el aparato productivo del país. Este hecho produce dos consecuencias: la temática se extrae enteramente de la problemática de la comunidad científica internacional; y los criterios de calidad y de evaluación, ya necesarios en una ciencia institucionalizada, son importados y consisten esencialmente en parametrizar la “contribución y el impacto” a nivel internacional, con base en criterios cuantitativos sólo en apariencia neutros.
 
La investigación y la enseñanza tienen como único punto de referencia la cultura internacional y de ésta extrae los problemas científicos definidos como los más interesantes o importantes. Ambas corrientes participan en convertir el aparato científico mexicano en un apéndice de la ciencia internacional y, mientras impulsan la calidad y la cantidad de la producción científica, establecen también las limitaciones para su crecimiento y refuerzan, al mismo tiempo, la dependencia cultura.
 
Consideramos importante subrayar lo que ya en otro momento se ha mencionado: el raquitismo del aparato de investigación científica y tecnológica en México, es consecuencia del desarrollo deformado típico del capitalismo dependiente. La crisis del capitalismo que estamos viviendo actualmente se transmitirá inevitablemente hacia el sector científico, ya sea en términos materiales (como lo es una disminución de recursos) o ideológico, redimensionando las esperanzas, falsas en cierta medida, de la capacidad de la ciencia en resolver los problemas nacionales.
 
Por parte del sector científico se tendrá que reconocer con realismo que no es posible sostener, en particular en un momento como el actual, una actividad social como la ciencia si esta no hace el esfuerzo para vincular su producción a la sociedad en su conjunto.
 
III. Cualquier organización que lucha por una transformación social del país, en su visión global del proceso que conducirá a una nueva sociedad, incluye una concepción nueva de la ciencia. En términos de una ideología marxista, esta nueva concepción llevará consigo el rescate de los valores que, históricamente, se han venido desarrollando y que con todas sus limitaciones han producido las bases humanas y materiales de la realidad actual.
 
 
El objetivo central tendrá que ser la lucha por la independencia nacional, a partir de la cual se puede hacer avanzar el país, tanto hacia la construcción de una sociedad industrial capaz de producir una siempre mayor cantidad de riqueza material, como hacia el afianzamiento del desarrollo democrático, ya sea en lo que se refiere a una justa repartición de la riqueza, o al aspecto de la participación de las masas en las grandes decisiones del país.
 
La ciencia, como conocimiento objetivo de la naturaleza, tendrá que estar fuertemente relacionada con un desarrollo acelerado de las capacidades productivas, en el marco de una planeación tendiente a resolver los problemas centrales del país: la pobreza, el desempleo, la educación.
 
Condición indispensable por lo tanto, tendrá que ser un fuerte desarrollo de las instituciones científicas en el sentido de una política productiva nueva y también una amplia difusión del método y del uso del conocimiento científico y de la tecnología. Todo esto se puede lograr aprovechando los recursos actualmente existentes, producto de un proceso histórico pasado y creando, para éstos, condiciones nuevas que estimulen su desarrollo de manera adecuada.
 
El camino tiene que ser definido por medio de objetivos y normas de funcionamiento que constituyan una guía revisable en todo momento y en cada condición nueva que se presente. Algunos criterios pueden ser definidos desde un principio aunque tiene que quedar espacio para otros que con el tiempo llegarán enriqueciendo este proceso.
 
El problema central para un científico radica en escoger la temática de investigación, y esto tiene que estar hecho con sumo cuidado y profundo sentido de la realidad. Las ideas novedosas, objeto de la investigación científica, nunca son sólidas en su comienzo. El grado de riesgo a veces es proporcional al valor del objetivo; un análisis demasiado severo puede resultar perjudicial para el desarrollo de un sector entero, son muy pocos los cuadros científicos capacitados para esta selección, más aún cuando se considera que un proyecto de investigación, además de cumplir con sus objetivos, puede fecundar otras ideas y, por consiguiente, establecer todo un proceso. La realidad nacional tiene que estar siempre presente durante la elaboración de una temática de investigación, el entorno social tiene que ser un estimulo constante para explorar caminos nuevos y crear nuevas condiciones. Al mismo tiempo tendrá que pesar la convicción de que las raíces de los problemas de la sociedad no son fundamentalmente de tipo técnico-científico, sino producto de una dinámica mucho más compleja, en donde intervienen las categorías económicas, políticas y sociales. En este sentido, parte de la actividad del investigador consiste en formar cuadros capacitados y conscientes de su realidad social.
 
El vínculo de la ciencia con las condiciones estructurales de la sociedad tiene que representar, en cada momento, el punto de máximo interés. Una visión realista de las condiciones tiene que constituir un criterio central en el entendimiento de que una desvinculación social lleva consigo el peligro constante de una dependencia cultural.
 
Por otro lado, es también fundamental la soldadura del trabajo científico con la ciencia a nivel internacional, ya que cada descubrimiento es patrimonio de toda la humanidad. Este aspecto implica necesariamente una producción que se compare con los niveles internacionales, sin que se caiga en la posición de considerar relevante lo que la ciencia internacional indica como la moda. Por consiguiente una concepción universal de la ciencia y una concepción nacional en el sentido de una función social, tienen que resultar integrados en el ámbito de un proceso de transformación hacia el socialismo; y el marxismo ofrece el contexto más avanzado en el cual esta integración puede y tiene que realizarse. Precisamente en esta óptica es donde resulta más evidente la necesidad de una ciencia global, en contraposición a una ciencia forzadamente especializada y fragmentada. De esta manera se plantearían bases para aprovechar, en máximo grado, los recursos escasos del país, en beneficio de resultados que, estando en la frontera del conocimiento, tengan un papel real de tipo social.
 
El objetivo preliminar consiste entonces, en formular proyectos de investigación conforme a estos criterios y tener presente los mismos criterios durante las fases en que el proyecto despliegue una gama amplia de posibilidades para una selección. La interrelación entre los proyectos también representa una fuente de nuevas ideas y de nuevos recursos humanos y materiales. El carácter interdisciplinario y global de una ciencia, enmarcada en una concepción marxista, y el concepto de proyecto de investigación, ofrecen los instrumentos más avanzados para una actividad científica de primer piano a nivel internacional y al mismo tiempo responsable frente a una realidad nacional.
 
Es evidente que un sistema organizativo basado en la individualidad del investigador no ofrece un marco adecuado para esta finalidad. La organización tiene que estar supeditada a las necesidades y a la dinámica inducidas por los proyectos y no viceversa. El carácter colectivo del trabajo se vuelve un elemento necesario sin menospreciar el carácter individual de la creatividad y del impulso. El trabajo metódico y la solución de los problemas específicos sólo adquieren importancia en un esquema general de desarrollo de un proyecto.
 
Junto a una sensibilidad social se necesita creatividad y todos los criterios y normas tienen que respetar ampliamente este hecho. Es muy difícil introducir criterios de evaluación cuando la creatividad juega un papel determinante. Es ampliamente conocido que una gran producción científica no necesariamente esta relacionada con la creatividad, al revés, un ritmo sostenido de producir publicaciones por cuestiones “políticas” tiene que minimizar los riesgos típicos de un trabajo creativo. Una visión marxista tiene que estar profundamente relacionada con el proceso cognoscitivo de la realidad y su papel transformador de la sociedad. Esto y no una aparente alta productividad, fin en si mismo, tienen que ser sus objetivos fundamentales.
 
Aceptar este planteamiento implica aceptar un sistema de evaluación de los cuadros en relación a la formulación de los proyectos, al trabajo realizado y a los objetivos alcanzados. Estos, llevando en su mayoría a criterios cualitativos pueden ser matizados en términos de un paradigma suficientemente amplio y flexible. 
     
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Juan Manuel Sierra


 
 
cómo citar este artículo
Sierra, Juan Manuel 1983. Hacia una política académica. Ciencias 4, abril-junio, 54-57. [En línea]
     

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