revista de cultura científica FACULTAD DE CIENCIAS, UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
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Carlos Juárez
     
               
               
En México existe una dependencia sobre el
conocimiento que tenemos los mexicanos de nuestra fauna de vertebrados en particular, y sobre la fauna silvestre en general. Lo anterior lo afirmamos porque sabemos que en lo que va transcurrido del siglo XX, salvo la honrosa excepción hecha de la Dirección de Estudios Biológicos (1914-1929), la mayoría de las instituciones y de los investigadores nacionales han descuidado el estudio de los animales que existen en nuestro país; en tanto que el Gobierno ha otorgado un promedio de 100 permisos por año para que otro tanto de investigadores extranjeros, principalmente norteamericanos, estudien la fauna de vertebrados en México. Estos dos elementos, además de otros, son la causa principal de que varias instituciones e investigadores norteamericanos, obviamente además del Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, conozcan, mejor nuestros recursos faunísticos que los propios mexicanos.
 
Un ejemplo de lo que afirmamos arriba, lo tenemos ilustrado en el trabajo que realizaron Graciela Gómez Álvarez y Rito Terán Olguín (Contribución al Estudio de los Vertebrados de México. Tesis Profesional, 1981), quienes recopilaron sistematizaron y analizaron un total de 4904 trabajos extensos y notas que integran la mayor parte de lo que se ha publicado acerca de los anfibios, los reptiles, las aves y los mamíferos de México en el periodo comprendido entre 1900y 1979. Los autores mencionados nos indican que tales estudios fueron publicados en 799 revistas especializadas y de difusión. Pues bien, del total de estudios publicados, solamente 662 (13.5%) fueron publicados por mexicanos, en 164 (20.2%) de las revistas mencionadas. También nos indican (Gómez Álvarez y R. Terán O., op. cit.) que de 1933 autores, solamente 313 (15.7%) fueron de nacionalidad mexicana. De manera que la mayoría de los autores fueron norteamericanos que publicaron los resultados de sus estudios en revistas norteamericanas.
 
Si a lo anteriormente anotado agregamos dos aspectos que pueden, entre otros muchos, caracterizar a la ciencia mexicana: por un lado, la práctica adoptada por la mayoría de los científicos mexicanos, que consiste en publicar los resultados de sus estudios en revistas extranjeras por considerar que así logran mayor prestigio y calidad en su currículum vitae; y por otro lado el hecho de que muchos trabajos de investigación biológica no están orientados para resolver los problemas de México, ni son el resultado del análisis de las necesidades del país, sino meras copias de la temática y la forma de hacer la ciencia en las metrópolis de Estados Unidos o Europa; podemos concluir que tales metrópolis se encuentran más capacitadas que nuestro país en el conocimiento, para el caso que nos ocupa, de la fauna silvestre mexicana, Obviamente que los proyectos norteamericanos se han desarrollado para cumplir metas que ellos se han fijado, pero no para satisfacer nuestras necesidades. Debido a que en esta ocasión no es nuestra finalidad profundizar en este análisis, lo dejaremos pendiente para otro artículo; y hoy solamente lo tocamos como ejemplo de lo que nosotros entendernos por dependencia científica y penetración cultural en Biología.
 
Además de lo anteriormente señalado, queremos indicar que otro aspecto tradicionalmente descuidado por los Biólogos de México es el referente al estudio de las diversas formas en las que las distintas culturas prehispánicas desarrollaron su tecnología para usar los recursos naturales, comprendida la fauna silvestre entre ellos. Y de manera similar a lo sucedido con el estudio de la fauna silvestre actual, los norteamericanos sí han atendido el estudio de tales aspectos prehispánicos, y en la actualidad continúan trabajando en este aspecto a través del instituto Lingüístico de Verano y lo que hoy ha quedado de él. En consecuencia con sus intereses, no solamente han estudiado el idioma y las costumbres de distintos pueblos, sino que ello aunado a la “evangelización”, lo han convertido en instrumento para introducir en tales pueblos una concepción del mundo en la que el modo de vida y la organización capitalista de los Estados Unidos de Norteamérica son el ejemplo a seguir.
 
Estas tareas que han sido iniciativas de los norteamericanos, se inscriben en la tendencia que persigue homogeneizar los modos de ser, de hacer y de sentir de todos los pueblos de la Tierra, con la consecuente pérdida de las características distintivas que singularizan a tales pueblos y que les permiten expresarse a través de la creatividad propia.
 
En Biología, se ha echado a andar una iniciativa que pretende homogeneizar a los nombres vulgares que se usan en América Latina para designar a las distintas especies de aves y de mamíferos. Esta iniciativa la planteó el Doctor Eugene Einsenmann de la “Smithsonian Institution” de Washington, durante el Primer Encuentro Iberoamericano de Ornitología y Mundial sobre Ecología y Comportamiento de las Aves celebrado en Buenos Aires, Argentina en 1979. En aquella ocasión, el Doctor Einsenmann argumentó que existe una “necesidad” de homogeneizar tales nombres vulgares de las aves debido a la gran diversidad que existe en América Latina para designarlas; y señalaba que al contar con un solo nombre se facilitaría la comunicación entre los científicos, así como el manejo de la información referida á tales animales.
 
Esta proposición fue secundada inmediatamente por el Doctor Mario Ramos Olmos, investigador y Jefe del Proyecto “Ornitología” en el Instituto Nacional de Investigaciones sobre Recursos Bióticos (INIREB) de Jalapa, Veracruz, México, así como por el Sr. William Belton, Secretario para las Américas del Consejo Internacional para la Protección de las Aves (C.I.P.A,); quienes desde aquella fecha han empeñado su esfuerzo y han efectuado varias tareas tendientes a poner en marcha el proyecto para homogeneizar los nombres vulgares de las aves de América Latina. A partir de 1981, se sumó a este esfuerzo el “Smithsonian Tropical Research Institute” de Balboa, Republica de Panamá, a través de Gladys S. de Harrington, quien ha promovido la integración de un Comité que tome en sus manos el trabajo antes mencionado.
 
Frente a la iniciativa homogeneizadora lanzada por el Doctor Eugene Einsenmann, se levantó la voz y la protesta de varios ornitólogos y estudiosos de los vertebrados, que nos encontrábamos en el Encuentro Iberoamericano en Buenos Aires, Argentina, para defender la tendencia diversificadora que veía más que una necesidad de comunicación fácil entre los científicos, una amenaza de penetración cultural a los pueblos latinoamericanos. Quienes nos inscribimos por la defensa de los patrimonios culturales de los pueblos, argumentamos que si hacía falta un nombre único para cada especie, ya existían los nombres científicos, y que al respetarlos respetaríamos también el Código Internacional de Nomenclatura Zoológica; en todo caso seria la discusión y en su caso la modificación de tal Código Internacional el tema a tratar. Ante esto, se argumentó que los nombres científicos no son estables y que cambian con mucha frecuencia mientras que, de acuerdo a la experiencia norteamericana, se demostraba que los nombres vulgares (en inglés) usados para designar alas aves de Norteamérica y dados por el Comité de Clasificación y Nomenclatura del “American Ornitologist Union” (A. Q. U.); eran más fáciles de entender que los nombres científicos dados a las especies de acuerdo con el Código Internacional de Nomenclatura Zoológica.
 
Las afirmaciones hechas por los Doctores Einsenmann, Belton y Ramos Olmos desde 1979 y ahora reforzadas por Gladys S. de Harrington, pasaban por alto, como desde entonces lo señalamos, que en los Estados Unidos de Norteamérica seria Válida tal política de nomenclatura porque la conquista que hicieron los ingleses y sus descendientes norteamericanos consistió en exterminar a los pueblos que encontraron en su camino expansionista, destruyendo con esa práctica la base cultural mestiza que, por el contrario, es la característica en los países latinoamericanos. Pasaban por alto y siguen sin considerar, que en América Latina todavía existen una gran diversidad de grupos étnicos, que junto con los pueblos de cada país latinoamericano (incluidos algunos científicos en el proceso) resisten y resistirán hasta que desaparezca el peligro de su avasallamiento cultural. También dejaron de considerar que si, como ellos afirman, los nombres científicos de las especies cambian y son muy inestables es porque existe la evolución de las especies y con ella la inestabilidad, es decir la diversidad y no la homogeneización; las especies en constante proceso de cambio y no las especies sin cambios. Olvidaban lo que Charles Darwin sintetizó en su obra, o sea que no sólo las especies sino toda la naturaleza tiene como característica el cambio constante, la inestabilidad.
 
Pero, ¿a quién más sino a los propios norteamericanos beneficia la adopción de un sistema de nombres vulgares único para cada especie de ave, o de mamífero en América Latina?
 
Nosotros entendemos que la iniciativa que han lanzado y puesto en práctica aún en México, para lograr tal homogeneización, es una trampa por medio de la cual se pretenden dos cosas cuando menos:
 
1) Por un lado, pretender eliminar el reconocimiento que toda la humanidad debe darle a la diversidad cultural, histórica y social que caracteriza a los pueblos de América Latina; y
2) Además, pretender desconocer el hecho evolutivo de la transformación de las especies y con ello la inestabilidad característica de todo proceso de cambio; el cual en el caso de las especies animales se refleja en el de su nombre científico. 
     
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Carlos Juárez
Profesor e investigador de la Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México.

 
 
cómo citar este artículo
Juárez, Carlos 1983. Los nombres comunes de las aves. Ciencias 4, abril-junio, 50-52. [En línea]
     

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