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Zapotitlán Salinas:
el calor de la biología.
Parte II
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Santiago Arizaga , Eduardo Peters, Fernando Ramírez de Arellano
y Ernesto Vega
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Ya hemos comentado someramente características
y fenómenos típicos del valle de Zapotitlán Salinas. Hoy presentamos los esfuerzos de otros colegas, con énfasis en los trabajos de propagación de cactáceas.
Se acepta que una característica de las regiones áridas es su poca predictibilidad climática. El valle de Zapotitlán, sin embargo, parece no poseer esta propiedad. Al efectuar el análisis de los patrones de lluvia de la región se ha detectado que el valle presenta grandes valores de predictibilidad, así como gran estacionalidad del periodo de lluvias. Se trata de una zona “rara”, climáticamente hablando.1
La cactácea columnar Neobuxbaumia tetetzo o tetecho, ha sido una de las especies más estudiadas en el valle de Zapotitlán Salinas, en donde domina el paisaje. Los individuos crecen en condiciones de densidad y apiñamiento tan elevado, que surgió el interés por evaluar la importancia de procesos densodependientes en el establecimiento de esta planta.2 Los resultados revelaron que la abundancia de los tetechos se ve afectada tanto por procesos densodependientes —competencia intraespecífica en la etapa de establecimiento—, como densodependientes, por ejemplo, el clima.
El establecimiento de un buen número de especies de la zona se realiza bajo una planta nodriza, pues el microambiente causado por la sombra es menos severo. Conjuntamente, la nodriza modifica otra condición ambiental: la cantidad de agua disponible. Al comparar la eficiencia para captar agua de lluvia de diferentes formas de vida —arbustos, cactos columnares y agaves—, se hallaron resultados interesantes.3 Aunque los arbustos son los que más cantidad total de agua captan, dada su amplia cobertura, el tetecho —con poca cobertura— tiene una mayor eficiencia para captar la de lluvia por área, debido a su forma y estructura. Los agaves también tienen una gran capacidad para captar agua, si bien su importancia como planta nodriza es menor. Sin embargo, al evaluar la eficiencia de captación de agua en eventos de lluvia someros y abundantes, se encontró que el agave tiene la misma eficiencia para cualquier cantidad de precipitación, cosa que no sucede con las otras formas de vida.
Nuestro país es uno de los dos centros de diversidad de cactáceas en el mundo (éstas son exclusivas de América), y se distribuyen principalmente en las zonas áridas y semiáridas. Se ha estimado que cerca del 84% de las especies de cactáceas son endémicas de México, representando cerca de 715 especies. Entre las diversas zonas que se caracterizan por una alta diversidad y endemismo de cactáceas se encuentra el valle de Tehuacán-Cuicatlán.
Las presiones antropogénicas en esta región —como el comercio ilegal y la destrucción del ambiente— han ocasionado que numerosas especies tengan distribución cada vez más limitada, con peligro de desaparecer.
Ante esta situación, el laboratorio de Ecología de Comunidades del Centro de Ecología, UNAM, desarrolla desde 1990 un proyecto piloto encaminado a la conservación local de cactáceas por medio de su cultivo a partir de semillas. De manera específica, se están poniendo en práctica técnicas sencillas para la propagación y “vivereo” de cactáceas, y posteriormente difundirlas entre los pobladores locales. La finalidad es establecer cultivos comerciales que sirvan como actividades económicas opcionales. De esta manera, si el comercio legal de cactáceas funciona, probablemente se reducirá la alteración del medio. Otro objetivo de este proyecto consiste en reintroducir parte de las cactáceas producidas en vivero a su medio natural. Actualmente se están instrumentando técnicas económicas para acelerar el crecimiento de las plántulas y obtener cactos de talla comercial en poco tiempo.
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Referencias Bibliográficas
1. Valiente-Banuet, L., 1991, Patrones de precipitación en el valle semiárido de Tehuacán, Puebla, México. Tesis licenciatura, Fac. Ciencias, UNAM, México, D. F.
2. Díaz, P. G., 1991, Efectos dependientes de la densidad en una cactácea columnar (Neobuxbeumie tetetzo (Coulter) Backeberg) del valle de Zapotitlán de las Salinas, Puebla. Tesis licenciatura, Fac. Ciencias, UNAM, México, D. F. 3. Ramírez de Arellano, F. (en prep.), Eficiencia arquitectónica para la captación de agua en tres formas de vida vegetal del valle de Zapotitlán Salinas, Puebla. |
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Santiago Arizaga, Eduardo Peters, Fernando Ramírez
de Arellano y Ernesto Vega
Centro de Ecología,
Universidad Nacional Autónoma de México.
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cómo citar este artículo →
Arizaga, Santiago. Peters Eduardo, Ramírez de Arellano Fernando, Vega Ernesto. 1995. Zapotitlán Salinas: el calor de la biología (II). Ciencias, núm. 37, enero-marzo, pp. 74-75. [En línea].
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| historia de la ciencia |
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A cuatrocientos años
de una idea genial
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| José E. Marquina Fábrega | ||||||||||||||
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“…he robado los vasos de oro de los egipcios para hacer con ellos un tabernáculo para mi Dios, lejos de las fronteras de Egipto. Si me perdonáis, me alegraré. Si estáis enojados, lo soportaré. Mirad, la suerte está echada, y estoy escribiendo un libro para mis contemporáneos, o bien para la posteridad. Para mí es indiferente. El libro podrá esperar cien años para encontrar un lector, puesto que Dios esperó seis mil años a un testigo…”
Johannes Kepler
(Harmonice Mundi)
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En 1995 se cumplen cuatrocientos años de una idea genial,
que no por falsa deja de serlo y que adicionalmente tuvo una importancia crucial en la vida y obra de uno de los personajes más fascinantes en la historia de la ciencia: Johannes Kepler.
Kepler nació en la pequeña ciudad alemana de Weil el 27 de diciembre de 1571, en el seno de una “peculiar” familia protestante, y digo “peculiar” pues su padre era un mercenario y su madre fue acusada (siendo adulto Kepler) de hechicería. Aunque la familia era bastante pobre, Johannes pudo estudiar gracias a que los duques de Württemberg crearon una especie de sistema de becas y subvenciones para jóvenes talentosos de pocos recursos económicos. Gracias a esto, Kepler se graduó en la Facultad de Artes de la Universidad de Tübingen. Ahí, Michael Maestlin lo interesó por la Astronomía, introduciéndolo en el conocimiento de las tesis de Copérnico, a las que se adhirió inmediatamente. No obstante este interés, Kepler había decidido dedicar su vida a la religión, por lo que se matriculó para continuar sus estudios en Teología.
En el año de 1594, cuando todavía no concluía sus estudios, una afortunada casualidad lo encaminó hacia la Astronomía, pues ante la muerte de Georg Stadius —profesor de Matemáticas y Astronomía en Graz— las autoridades de la escuela en la que trabajaba éste solicitaron a la Universidad de Tübingen les enviara a alguien que pudiera encargarse de esta cátedra. Curiosamente las autoridades le ofrecieron el cargo a Kepler, y de manera aún más curiosa, éste aceptó, aunque con la condición de que más adelante se le permitiera continuar con sus estudios en Teología, cosa que nunca sucedió.
En Graz, Kepler debía encargarse de algunas clases, preparar calendarios y hacer pronósticos astrológicos, lo cual le dejaba bastante tiempo para dedicarse a sus ensoñaciones cosmológicas, en las que se preguntaba cosas como estas:
¿Por qué el creador sólo creó seis planetas (de acuerdo con el planteamiento copernicano)? ¿Por qué las distancias entre las órbitas de los planetas son las que son? A Kepler no le satisfacía la respuesta dada por Rheticus en la Narratia Prima, relativa a la perfección del número seis, pues para él la perfección de los números no podía ser anterior a la Creación y debía ser otra la causa para que fuesen seis los planetas, siendo en el acto creador donde los números y en particular el seis, había adquirido su significado.
Con este tipo de obsesivas reflexiones transcurrió la vida de Kepler, hasta que en julio de 1595 la Divina Providencia (a decir de Kepler) le dio un regalo, en forma de una idea, que transformó su vida, mostrándole el camino que debía seguir para cumplir los designios del creador. Kepler estaba llamado a resolver los misterios divinos, no en el ámbito de la Teología, sino en el de la Astronomía, y entró en ella no como científico sino como un auténtico profeta.
Lo que le ocurrió en ese mes de julio, nos es narrado por él mismo:
“... deseaba mostrar a mis estudiantes cómo las grandes conjunciones empujan a través de los ocho signos (del zodiaco) y pasan sucesivamente de un trígono a otro. Dibujé un gran número de triángulos (si así pueden ser llamados) en un círculo, de tal manera que el final de uno siempre formaba el principio del siguiente (ver figura en la siguiente página). Ahora, los puntos en los cuales los triángulos se cortaban mutuamente formaban un pequeño círculo...
“La razón entre los dos círculos era, para el ojo, exactamente la misma que se encuentra entre (las órbitas de) Saturno y (de) Júpiter, y el triángulo es la primera de las figuras geométricas, justo como Saturno y Júpiter son los primeros planetas. Inmediatamente traté (de determinar) la segunda distancia, (la que existe) entre Marte y Júpiter, por medio de un cuadrado, la tercera por medio de un pentágono, la cuarta por medio de un hexágono”.
Así que eso era la causa de que las distancias entre las órbitas de los planetas fueran las que eran se basaba en la Geometría; Dios era un Geómetra.
Por desgracia, el intento fracasó rotundamente, pero la idea le producía tal fascinación que no la abandonó y lo llevó a preguntarse: “¿Qué tienen que hacer las figuras planas con las esferas (planetarias) corpóreas?”, y a responderse: “Claramente, uno debe acudir a los cuerpos sólidos”.
De inmediato se le ocurrió pensar en los cinco sólidos perfectos (tetraedro, cubo, octaedro, dodecaedro e icosaedro), con lo cual resolvía la acuciante pregunta de ¿por qué seis planetas?, ya que los cinco sólidos perfectos que corresponden a cinco intervalos interplanetarios, se pueden generar únicamente seis esferas, relativas a cada uno de los planetas.
Absolutamente convencido de que ése y no otro era el auténtico esqueleto del Cosmos, Kepler intentó montar esta compleja estructura, que sorprendentemente (para nosotros) embonó a la perfección. En palabras de Kepler:
“A los pocos días todo encontró su lugar. Vi cómo un cuerpo simétrico tras otro encajaba tan precisamente entre las órbitas… que si un campesino te pregunta con qué clase de garfio están sostenidos los cielos de modo que no se caigan, te será fácil responderle…”
Esta respuesta era poner dentro de la esfera de Saturno un cubo y en el cubo la esfera de Júpiter. Dentro de ésta un tetraedro y en él la esfera de Marte. Marte y la Tierra, un dodecaedro. Entre la Tierra y Venus, un icosaedro y por último entre Venus y Mercurio, un octaedro.
De esta manera había creado Dios el Cosmos, y aunque la concordancia no era perfecta, sobre todo para Júpiter y Mercurio, Kepler lo achacó a errores en los datos utilitarios.
Este descubrimiento llevó a Kepler a escribir su primera obra, Mysterium Cosmographicum, en 1595 y publicada en 1596. Veinticinco años después, Kepler publicó la segunda edición del Mysterium Cosmographicum, y aunque ya para entonces había, ahora sí, resuelto el misterio del Cosmos a través de sus tres leyes, en la dedicatoria señala:
“…Como si un oráculo celestial me lo hubiese dictado, en librillo aparecido fue reconocido inmediatamente en todas sus partes excelente y cabalmente verdadero (como ocurre con los obvios actos de Dios)”. Y agregaba: “La dirección de toda mi vida, de mis estudios y obras, estuvo determinada por este librillo… pues casi todos los libros sobre astronomía que publiqué a partir de entonces se referían a uno u otro de los capítulos principales de este librito y son exposiciones más cabales o complementos de lo que en él se dice”.
Efectivamente, Kepler vivió toda su vida creyendo que la estructura del Cosmos era aquella que la Divinidad había puesto ante sus ojos en aquel día de 1595, razón por la cual volvió a ella al redactar su “Epitome Astronomicae Copernicenae”, que salió a la luz pública en 1621, y en el cual hacía un resumen de toda su Astronomía. Junto a los auténticos descubrimientos astronómicos, se encuentra su sueño geométrico, así como sus fantasías armónicas, en una perfecta yuxtaposición que ejemplifica a la perfección la vida y obra de este extravagante y excepcional personaje.
Hace casi cuatrocientos años, una idea —por supuesto falsa, quizá hasta absurda, indiscutiblemente genial— encaminó a Kepler hacia su destino. Pocas veces en la historia el error ha sido tan fructífero como lo fue en este sueño geométrico que intentó penetrar en los misterios de la Creación.
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Referencias Bibliográficas
Koyré, A., 1973, The Astronomical Revolution, Cornell University Press, New York.
Koestles, A., 1981, Los sonámbulos, Conacyt, México, D.F. |
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José E. Marquina Fábrega
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
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Marquina Fabrega, José Ernesto. 1995. A cuatrocientos años de una historia genial. Ciencias, núm. 37, enero-marzo, pp. 30-32. [En línea].
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| nota |
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| Los físicos latinoamericanos opinan sobre el Tratado de no proliferación de armas nucleares |
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| Marco Antonio Martínez Negrete | ||||||||||||||
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El Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP)
es el único instrumento legal que obliga a sus 166 países firmantes a desarmarse —aquellos que poseen armas nucleares— y a no armarse —aquellos que no las poseen—. El TNP entró en vigor el 5 de marzo de 1970, con una validez de 25 años. Después de transcurrido este tiempo se contempla la realización de una Conferencia de Revisión y Extensión del TNP (Nueva York, del 17 de abril al 12 de mayo de 1995) con el objeto de “…decidir si el Tratado permanecerá en vigor indefinidamente o si se prorroga por uno o más periodos suplementarios de duración determinada. Esta decisión será adoptada por la mayoría de las Partes en el Tratado” (Art. X. 1.2).
Es debido al hecho de que en el cuarto de siglo considerado los Países Armados Nuclearmente (PAN) no se han desarmado, que muchos de los Países No Armados Nuclearmente (PNA) no aceptan la extensión indefinida e incondicional del TNP.
En este sentido, el mundo se divide en tres grupos de países: los que quieren una extensión incondicional e indefinida (los PAN y otros altamente industrializados), los que desean una prórroga del Tratado por varios periodos, sujeta al cumplimiento de medidas eficaces de desarme por parte de los PNA (países del sur de Asia y África) y las naciones indecisas (varios países de América Latina y otros continentes). Al parecer, nuestro país se inclina por la segunda posición, pero no es seguro.
A fin de intervenir en el asunto, los representantes de varias sociedades de física latinoamericanas, convocados recientemente para la reunión de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Física, FELASOFI, emitieron la siguiente declaración:
“Durante los días 21-24 de octubre de 1994 tuvo lugar en Villa Giardino, Córdoba, Argentina, la Conferencia Internacional sobre el Punto de Vista Latinoamericano acerca de la Extensión del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares. Participaron invitados de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Italia, junto con miembros de Sociedades de Física latinoamericanas.
Con base en las discusiones que se realizaron en dicha conferencia, los representantes de las Sociedades de Física latinoamericanas más abajo indicadas declaran unánimemente que:
“Los científicos tenemos la responsabilidad de expresarnos sobre temas en los que poseemos conocimientos específicos.
Nuestra atribución para opinar sobre el tema de la No Proliferación Nuclear esté fundada, además, en la concreción del acuerdo bilateral entre Argentina y Brasil y en la consolidación del Tratado de Tlatelolco. Este es el primer Tratado no discriminatorio que libera de todos los aspectos vinculados con las armas nucleares a una región poblada en el mundo. Estos convenios constituyen un ejemplo para todos los países y pueden iniciar un proceso para el establecimiento de zonas libres de armas nucleares en el resto del mundo.
Reconocemos el papel desempeñado por la diplomacia mexicana en el perfeccionamiento del TNP y el liderazgo de México entre los países no alineados, en el proceso de eliminación de las armas nucleares.
Es unánime nuestra opinión en considerar como objetivo final un mundo completamente libre de armas nucleares.
Hemos concluido que un primer paso esencial sería la firma de un Tratado de Prohibición Total de Ensayos Nucleares (TPTEN), previo a la apertura de la próxima Conferencia sobre la Revisión y Extensión del TNP.
Entendemos que los Estados que poseen armas nucleares (PAN) deberían anunciar la intención de eliminarlas de acuerdo con un cronograma preestablecido. Concretamente pedimos una declaración de intenciones, en la apertura de la Conferencia, que cubra los puntos siguientes:
1) Cese de la producción de armas nucleares y aceleración drástica en la reducción de los arsenales nucleares existentes.
2) Cese de la producción de materiales fusionables para su uso en armas nucleares en una fecha fijada, y la eliminación gradual de las existencias de los mismos.
3) Garantías de que los PAN no agredan ni amenacen con armamento nuclear a los países que no lo poseen.
4) Acuerdo entre los PAN para que ninguno de ellos sea el primero en usar armas nucleares.
Recomendamos extender el TNP por uno o más periodos renovables ligados a la puesta en práctica de medidas específicas sobre desarme nuclear, que culminen con la eliminación total de las armas nucleares en el mundo. Rechazamos una extensión indefinida del TNP porque implicaría la retención permanente de las armas nucleares por parte de quienes las poseen y el mantenimiento de los aspectos discriminatorios del Tratado.
Los PAN deberían declarar una moratoria de todos los ensayos nucleares mientras no entre en vigor el TPTEN, que actualmente se esté negociando.
Finalmente, recomendamos un Acuerdo más completo que cubra también el uso civil de material fusionable utilizable en armas nucleares, específicamente plutonio, uranio altamente enriquecido y tritio, así como que prohíba las explosiones nucleares para fines pacíficos”.
Esta resolución se adhiere a la propuesta de una extensión definida y condicionada del TNP, agregando sus propias condiciones a las que los países no alineados han estado exigiendo hace 25 años, para su cumplimiento por parte de los PAN.
Además, los físicos demandan de los PAN la puesta en práctica de una moratoria en todas las clases de pruebas nucleares, moratoria que entraría en vigor el día de la apertura de la Conferencia de Revisión y Extensión del TNP. De ocurrir esto, la Conferencia se iniciaría en un ambiente extraordinario de confianza mutua y buena fe, únicas garantías de que el mundo se libre de las mortíferas armas nucleares y de todas las demás.
Esperamos que científicos de otras especialidades, y aun de otras disciplinas y actividades, formulen sus propias propuestas y las hagan llegar a los distintos gobiernos del mundo y al propio, con el fin de poner más cercano el objetivo de un planeta y su espacio exterior libre de armas nucleares.
Cualquier información adicional sobre el TNP y la Conferencia de Revisión y Extensión del TNP se proporciona en la Comisión sobre el TNP de la Sociedad Mexicana de Física (de la que el autor de esta nota forma parte), en el teléfono 6224946 y fax 6224848, o en esta misma revista Ciencias.
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Marco Antonio Martínez Negrete
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
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cómo citar este artículo →
Martínez Negrete, Marco Antonio. 1995. Los físicos latinoamericanos opinan sobre el tratado de no proliferación de armas nucleares. Ciencias, núm. 37, enero-marzo, pp. 76-77. [En línea].
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El último
de los Dodos
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| Héctor T. Arita | ||||||||||||||
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En una caricatura, Porky Pig se adentra en “la más negra
de las Áfricas” buscando al último de los dodos. Después de una serie de alucinantes eventos, el popular cerdito finalmente logra la captura del ansiado animal. Mientras Porky exclama entusiasmado “¡Te-te-tengo al último de los dodos!”, y se eleva triunfante en su frágil avioneta. En tierra un centenar de dodos baila y tartamudea burlonamente “¡Si!, ¡ti-ti-tiene al último de los dodos!”
Si la historia verdadera del dodo de Mauricio (Raphus cucullatus) fuera como en las caricaturas, aún podríamos admirar a una de las criaturas más extrañas del mundo. Tendríamos que viajar a Mauricio —país situado no en “la más negra de las Áfricas” sino en la isla del mismo nombre, localizada a unos 800 km al este de Madagascar, en el océano índico. El viaje valdría la pena, pues contemplaríamos al peculiar pájaro desplazándose torpemente con sus 25 kg de peso. Su aspecto de paloma rechoncha con patas cómicamente cortas nos resultaría familiar, pues nos recordaría las ilustraciones de esta ave en Alicia en el País de las Maravillas. Acercándonos con cuidado, observaríamos los detalles del extraño pico y los grandes ojos amarillentos, así como los mechones de plumas blancas, único indicio de la cola y alas vestigiales. Los dodos, adaptados a un sitio sin depredadores, apenas intentarían escapar y, al ser incapaces de volar, sería fácil seguirlos e incluso capturarlos con las manos. Los veríamos alimentándose apaciblemente con las abundantes frutas que se dan en este paraíso tropical. Poniendo atención, nos daríamos cuenta de que los dodos devorarían con singular avidez un fruto particular, producido por la planta llamada precisamente árbol del dodo (Calvaria major). Haciendo gala de nuestras habilidades fotográficas, capturaríamos una imagen de los dodos, y con un poco de suerte, incluso recogeríamos alguna pluma tirada en el suelo para presumirla como un recuerdo de nuestro viaje.
También aprovecharíamos el viaje para observar otras criaturas fascinantes. Capturarían nuestra atención las dos especies de tortugas terrestres (Geochelone inepta y G. trisserata) o la lagartija gigante (Didosaurus mauritianus), de casi medio metro de longitud. Tal vez podríamos observar uno que otro perico de pico ancho (Lophopsittacus mauritanicus), que nos atraería no sólo por su gran tamaño (70 cm) y su color gris, sino porque es incapaz de volar. Veríamos también grupos de palomas azules (Alectroenas nitidissima) destacadas por su vivo color azul casi metálico y sus vistosas manchas rojas en la cabeza y cola. Concentrándonos en las zonas inundadas, admiraríamos a las gallaretas rojas (Aphanapteryx bonasia) desplazándose lenta y despreocupadamente por la superficie del agua. Después de una larga y placentera jornada, regresaríamos al campamento al anochecer y en el camino observaríamos el vuelo lento y silencioso de las lechuzas nativas (Tyto sauzieri) ¡Qué día!
Desafortunadamente, la vida real suele ser más cruel que en las caricaturas. Ninguno de los animales protagonistas de nuestro imaginario viaje existe ya. Todas esas especies desaparecieron pocos años después de la colonización de la isla por los europeos. Una combinación de cacería indiscriminada, destrucción del hábitat natural y el efecto de las especies introducidas llevó a todos los animales a una rápida extinción.
Nadie conoce con certeza el destino del último de los dodos. Tal vez fue cazado por uno de los marineros holandeses que se establecieron en Mauricio en el siglo XVII. O fue devorado por uno de los muchos perros o gatos que introdujeron los colonizadores. Tal vez murió de viejo, pero sus huevos fueron destruidos por las ratas, inseparables compañeras de los marineros. En una macabra variante de la caricatura, también es posible que el último de los dodos haya sido capturado por un cerdo; no por un caricaturesco cochinito como Porky, sino por un feroz y hambriento cerdo semisalvaje escapado de los corrales de los colonizadores. Sea cual sea la causa, el hecho es que el último de los dodos murió alrededor de 1680.
Unas horas antes de morir, el último de los dodos habría tomado su postrer alimento, frutas de Calvaria, desperdigando semillas en el suelo del bosque como último rastro. Una de ellas germinó y dio origen a una plántula que comenzó a crecer y, a medida que se desarrollaba, fue mudo testigo de los cambios efectuados en la isla. Los grupos humanos iban y venían, las colonias holandesas declinaron hasta que finalmente los franceses tomaron control de la isla. Posteriormente vendrían los ingleses y eventualmente la isla se convertiría en un país independiente. Mientras tanto, año tras año, década tras década, la Calvaria siguió creciendo hasta convertirse en un árbol adulto. Sin embargo, el árbol fue incapaz de reproducirse. Producía semillas, sí, pero ninguna de ellas germinó. De hecho, desde la muerte del último de los dodos, ninguna semilla de Calvaria logró germinar y la población consistía en árboles cada vez más viejos.
En 1973, el investigador norteamericano Stanley Temple llegó de visita a Mauricio. Para esta época quedaban en la isla sólo 13 árboles de Calvaria, todos ellos individuos centenarios que habían nacido antes de 1680. ¿Por qué ninguna semilla había germinado en casi 300 años? A Temple se le ocurrió que podría haber relación entre la extinción del dodo y la incapacidad de germinar de las semillas de Calvaria. Él sabía que algunas semillas requieren ser escarificadas (pasar por un proceso de abrasión mecánica o química) para poder germinar. En muchos casos, esta escarificación se lleva a cabo cuando las semillas atraviesan el aparato digestivo de algún animal que se ha alimentado de los frutos. Por ejemplo, si una zorra gris (Urocyon cinereoargenteus) come garambullos (frutos del cacto columnar Myrtillocactus geometrizans), las semillas eventualmente serán expulsadas como parte de las excretas del animal. Estas semillas no sólo son viables, sino que pueden tener mayor capacidad de germinación por haber sido escarificadas por el aparato digestivo del animal. La zorra funciona como un excelente diseminador, pues mueve las semillas lejos del cacto padre y además favorece su germinación. Temple elucubró que las semillas de Calvaria podrían ser incapaces de germinar si su diseminador original hubiese desaparecido. Entonces, ¿sería posible que el dodo hubiera sido tal diseminador?
Temple realizó un experimento muy sencillo. Colectó algunas frutas de Calvaria y se las dio de comer, por la fuerza, a los animales más parecidos a un dodo que pudo encontrar en la isla: pavos domésticos. Después de esperar a que las semillas completaran su tránsito por la molleja de los pavos, Temple las recogió con avidez y dio comienzo a la espera. Luego de un tiempo, el científico observó azorado un fenómeno que no había acontecido en los últimos 300 años: la germinación de tres semillas de Calvaria major.
Un científico riguroso podría argumentar que el experimento de Temple no demostró que el dodo efectivamente hubiera sido el dispersor natural de la planta. Sin embargo, basta un poco de sentido común (y, por qué no decirlo, de romanticismo de naturalista) para convencernos de que sólo un animal de la talla del dodo podría deglutir las grandes semillas de Calvaria y propiciar su germinación. En todo caso, Temple había logrado la germinación de las semillas y, con ello, evitado la extinción definitiva del árbol del dodo.
El caso del dodo y la Calvaria es un ejemplo de lo que en la literatura popular se ha dado en llamar “atracción fatal” entre una planta y su polinizador o diseminador natural. Se ha dicho, por ejemplo, que la relación entre el murciélago magueyero (Leptonycteris curasoae) y las plantas que este animal poliniza, como ciertas especies de magueyes (Agave), cactos columnares (Pachycereus pringlei) y otras plantas (Manfreda brachystachia) es tan cercana que la extinción de uno de ellos provocaría la del otro. Algunos ecólogos han relacionado la caída en las poblaciones del murciélago magueyero —que está en las listas oficiales de especies amenazadas en Estados Unidos y México— con una aparente disminución en la fecundidad de las plantas. Se ha especulado que la extinción de este animal convertiría a los agaves en otra Calvaria, otro “muerto viviente” que subsiste pero que es incapaz de reproducirse.
Cuando Porky capturó al que creía el último de los dodos, jamás consideró que su acción podría poner en peligro de extinción a la Calvaria. En la vida real, cualquier estrategia de conservación debe considerar las interacciones ecológicas e intentar la protección no de las especies como entes separados sino como partes de un ecosistema funcional. El árbol del dodo se salvó de la extinción gracias al ingenio de un investigador, pero, ¿cuántas otras especies de plantas están en grave peligro de extinción por carecer de su polinizador o diseminador? No lo sabemos.
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Referencias Bibliográficas
Day, D., 1981, Vanished species, London Editions Limited, London. Información sobre especies extintas, incluyendo las numerosas que desaparecieron de Mauricio.
Nabham, G. P. y T. H. Fleming, 1993, The conservation of New World mutualisms, Conservation Biology 7:457-459. Revisión y crítica de la idea de la “atracción fatal” entre plantas y sus polinizadores. Temple, S. A, 1977, Plant-animal mutualism: coevolution with dodo leads to near extinction of plants, Science 197:885-886. Historia del experimento de Temple con las semillas de Calvaria. |
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Héctor T. Arita
Centro de Ecología,
Universidad Nacional Autónoma de México.
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cómo citar este artículo →
Arita, Héctor T.. 1995. El último de los dodos. Ciencias, núm. 37, enero-marzo, pp. 62-64. [En línea].
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| nota |
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El jardín botánico
real de Kew
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| Patricia Magaña Rueda | ||||||||||||||
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Sentarse en las bancas que albergaron a tantos y tantos
enamorados desde hace mucho tiempo, pasearse frente a un pequeño lago, visitar el área de coníferas, recrear la vista en una diversidad de plantas tropicales de todo el mundo, significa apenas el inicio de un día maravilloso en el jardín botánico de Kew, en los suburbios de Londres en Inglaterra, donde se mantiene una colección que representa casi el 10% de todas las especies de plantas con flores en el mundo.
El jardín botánico de Kew tiene como objetivo fundamental incrementar el conocimiento y entendimiento del mundo vegetal y para cumplir con esta misión se fomenta la investigación botánica, se publican libros y se realizan visitas guiadas al público.
El jardín está formado por dos importantes extensiones que originalmente pertenecían a la familia real y que a mediados del siglo pasado, después de un periodo de decaimiento, pasó en su administración a manos del estado, abriéndose el departamento de botánica económica, el herbario y la biblioteca; todos ellos establecidos por Sir William Hooker, que fuera su primer director oficial. Cuando la familia real donó grandes extensiones de sus terrenos al jardín, la colección también creció y su extensión actual es de 121 hectáreas. Así, lo que fuera el jardín botánico de la princesa de Gales en 1759, se convirtió en uno de los jardines botánicos más importantes del mundo, con más de 30000 diferentes tipos de plantas actualmente en exhibición.
La casa de las palmas, donde se exhiben plantas del trópico constituye una de las atracciones más importantes para el visitante de Kew y ha sido desde el siglo XIX el punto focal de los jardines. La hermosa estructura de esta casa es un clásico ejemplo de diseño victoriano, al que 140 años de calor y condensación le hicieron un fuerte daño, poniéndola en peligro, por lo que fue cerrado al público en 1984. Se desmanteló y reconstruyó, usando en lo posible los materiales y especificaciones originales y haciendo los cambios que permitieran mejorar las condiciones de las plantas, y fue reabierto en 1989.
En este hermoso sitio hay muchas plantas interesantes que admirar, presentadas por continente, muchas de importancia económica como el hule (Hevea brasiliensis) y el árbol del pan (Artocarpus altilis). También allí, pueden verse las espléndidas cícadas que se sitúan entre las plantas más antiguas, muchas de las cuales están en peligro de extinción.La casa de las palmas contiene plantas de dos de los ecosistemas más diversos del mundo: el bosque tropical y los mares tropicales. Recientemente se logró, a través de nuevas técnicas, el cultivo de plantas marinas, que se exhiben en una serie de tanques en el sótano, los cuales incluyen mangles y plantas europeas de la zona de mareas.
En otra zona del jardín botánico puede visitarse el invernadero de la princesa de Gales en el cual se utiliza la más reciente tecnología disponible para control ambiental, por lo que el invernadero contiene un amplio rango de plantas en exhibición. Su innovador diseño permite el manejo de varios hábitats, donde se tienen representadas diez zonas climáticas dentro del mismo edificio, que van de lo árido a lo húmedo tropical. Aquí es posible observar la magnífica gigante del Amazonas (Victoria amazónica) en la parte de hábitats acuáticos. En contraste, la zona árida contiene plantas tolerantes a las condiciones del desierto, particularmente cactos y otras suculentas. También son parte de la colección de este invernadero, las orquídeas, helechos, plantas de la sabana y de los bosques de neblina, así como especies carnívoras y vegetación representativa de islas del mundo.
Estos dos invernaderos, junto con la zona del jardín acuático, la pagoda, el invernadero templado, el arboretum y los grandes campos con diversas áreas de exhibición constituyen junto con los hermosos edificios, un jardín botánico que además de ser una gran enciclopedia de plantas vivientes, es un gran centro de investigación.
Una labor importante que desarrolla el jardín es la conservación de plantas en peligro de extinción y la propagación de muchas de ellas, a través del trabajo de investigación y técnicas modernas. En la parte educativa, el jardín botánico de Kew mantiene una escuela de horticultura de muy alta calidad, lo que uno puede constatar al pasearse por las diversas áreas de exhibición. El herbario de Kew es la más grande colección sistematizada de plantas secas, con más de 6 millones de especímenes y representa, por sus colecciones antiguas y actuales, una referencia obligada de todos los botánicos del mundo. Además, poseen una colección de más de 80000 productos vegetales usados por el hombre y una magnífica biblioteca botánica. Como complemento los científicos en el Laboratorio Jodrell, que también es parte del jardín botánico, se dedican a fitoquímica y estructura vegetal, así como a la investigación del potencial económico de las plantas.
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Patricia Magaña Rueda
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
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cómo citar este artículo →
Magaña Rueda, Patricia. 1995. El Jardín botánico real de Kew. Ciencias, núm. 37, enero-marzo, pp. 42-43. [En línea].
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