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¿Artistas indígenas
        o artistas 
contemporáneos? 
de clasificaciones y eurocentrismos recalcitrantes
137B07 
 
 
 

César Carrillo Trueba
 
                     
De todo el arte que una falsa clasificación
ha colocado en el compartimento de lo primitivo y que los amargosos hongos de nuestra triste civilización tratan de “salvaje”, el más misterioso es quizás el que vio la luz en el continente americano.

Tristan Tzara, 1928.
     
Clasificar pareciera ser tan natural como respirar,
al punto que pocas veces pensamos en el origen de las categorías que empleamos para ello. En casillas prestablecidas colocamos objetos, actividades, formas de pensar, de ser, de vivir, personas, sociedades y culturas. En México, por enraizada costumbre, dialecto llamamos a una lengua indígena, artesanía un objeto creado por manos indígenas o campesinas, choza a una casa, empirismo al conocimiento que del mundo han forjado otras culturas, y un largo etcétera. Ciertamente, las impugnaciones y los debates acerca de esto han modificado los términos empleados y, por ejemplo, ya es más frecuente escuchar “lengua indígena”, “arte popular”, incluso “arte indígena”. No obstante, el contraste entre lo que se considera universal y no requiere otro calificativo, y aquello que se ve como particular, específico, no universal, sigue siendo muestra de una falta de simetría, una asencia de igualdad.

Arte negro llamaron en Europa algunos artistas vanguardistas de inicios del siglo xx al procedente de África, criticando la idea de “arte llamado primitivo”, como lo escribiera Tristan Tzara. Arte de los pueblos africanos se le empezó a llamar después con la intención de dar cuenta de las diferencias entre regiones y culturas. Sin embargo, hace no mucho, el Museo del Quai Branly abría sus puertas con el nombre de “artes primarias”, regresando a la decimonónica idea de arte primitivo. Resulta paradójico que al denominar todo aquello que no es occidental, se pretenda particularizar cuando en realidad se homogeneiza, en mayor o menor escala, una diversidad que llega a ser de tal magnitud que es absurdo agrupar. Pareciera más bien que el particularizar es una forma de excluir a otros de lo universal, lo humano en su máxima o más profunda expresión, propio de lo occidental. Un eurocentrismo recalcitrante que sigue mirando el resto del mundo con paternalismo o desprecio (The West and the Rest). 

¿Podríamos imaginar una exposición de pintura que se llamara “Arte de los pueblos galos de finales del siglo xix” en donde se exhibiera el impresionismo francés? ¿ o en México “Arte urbano de la clase media alta de mediados del siglo xx” a una muestra sobre la llamada “ruptura”? Pero sí acabamos de ver una magna exposición de arte indígena en el Palacio de Bellas Artes que, aun bajo otro nombre (“Arte de los pueblos de México. Disrupciones indígenas”), sigue vehiculando la misma idea, entremezclando lo que se ha denominado como arte popular con lo que ahora se denomina arte indígena, a saber arte contemporáneo hecho por artistas de origen indígena, como Ana Hernández (de quien es la portada de este número de Ciencias) y Sabino Guisu, ambos de familia zapoteca del istmo. ¿Es necesario tal epíteto? Como decía el Maestro  Toledo al respecto: ¿por qué nunca se catalogó a Rufino Tamayo como artista indígena cuando era de familia zapoteca de los valles?

Ante la profusión de exposiciones de arte indígena en los últimos años bien valdría la pena reflexionar acerca de estas clasificaciones, discernir si es mera moda, corrección política, simple demagogia, recalcitrante eurocentrismo o si verdaderamente hay una autodenominación de los artistas en cuestión. En este debate, bien vale incluso regresar a textos aparentemente muy conocidos, como los de Tristan Tzara, escritos a lo largo de varias décadas del siglo XX, a quien dejamos aquí la conclusión: “el arte negro, o más bien las artes de los pueblos de África —pues arte negro es una generalización que comprende una multitud de expresiones artísticas de diferentes pueblos—, es una de las facetas del conjunto cultural constituido por la vida social, las costumbres, las tradiciones, la literatura oral, el canto y las danzas de esos pueblos cuya civilización es testimonio de un rico y variado pasado. Ciertamente, su historia nos es conocida de manera imperfecta; pero si esta forma de civilización es diferente de la que, gracias a la escritura, es posible seguir paso a paso en su evolución, no por eso podemos hacer valer respecto de ella un infundado tipo se superioridad desde la cual las razas blancas se han elaborado una escala de valores de lo más arbitrarios”.
     

Referencias bibliográficas


Tzara, Tristan. 1955. “Sur l’art des peuples africains”, en Démocratie nouvelle, núm. 5, reproducido en Découverte des arts dits primitifs, Hazan, París, 2006, pp. 53-62.

     

     
César Carrillo Trueba
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     

     
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El cambio climático
beneficia a los insectos plaga
137B06 

Manuel Ochoa Sánchez
El cambio climático es un evento complejo y 
multifacético, consecuencia del aumento en la concentración de gases de efecto invernadero (como el co2 y metano) en la atmosfera. El avance del cambio climático está acompañado del aumento en la frecuencia de eventos climáticos extremos —como sequías, precipitaciones intensas o extemporáneas—, en la temperatura y la concentración de co2. Al igual que el resto de los ecosistemas terrestres, los cultivos agroalimentarios se encuentran en alerta, pues la estabilidad climática es importantísima para la productividad agrícola, y ésta es el sostén alimentario del mundo. Investigar los efectos que éstos sufren ante el cambio climático debe representar, por lo tanto, una prioridad mundial.

La agricultura incrementó notablemente su productividad gracias a los avances en el sector industrial, que fueron críticos para satisfacer la creciente demanda de alimentos. Desafortunadamente, en la persecución de este objetivo se han deforestado y contaminado los ecosistemas terrestres. En contraste con un cultivo, un bosque o selva reboza de complejidad estructural a causa del intrincado paisaje creado por la combinación de árboles, hierbas, troncos caídos y lianas, en donde se desarrollan comunidades biológicas muy diversas. En contraste, los cultivos son paisajes vegetales uniformes, caracterizados por la abundancia de una planta (monocultivo), situación que favorece la proliferación de organismos capaces de alimentarse del monocultivo, pues para ellos representa una “mesa servida” cuya única limitante sería su apetito. En este contexto surgen las plagas, que se pueden dividir en: agrícolas y forestales.

Una plaga agrícola o forestal se define como cualquier organismo cuya proliferación afecta alguna planta de interés alimentario o maderable, y pueden atacar hojas, raíces, frutos y el tronco o tallo. Entre las más importantes se encuentran las entomológicas (insectos). La actividad de las plagas afecta económicamente, pues destruye los productos agrícolas o resta su valor y restringe las oportunidades de exportación. Un ejemplo aleccionador reside en el caso de la mosca mexicana de la fruta (Anastrepha ludens) y la exportación de aguacate a Estados Unidos, país que esgrimía la idea (falsa) de que el aguacate mexicano era hospedero de esta mosca, por lo que prohibió durante décadas la importación del aguacate mexicano. A inicios del año 2000 se demostró que el aguacate mexicano no es un hospedero natural de esta mosca, logrando entablar una fructífera relación comercial que se mantiene vigente.

A pesar de que los insectos no pueden regular su temperatura corporal, por lo que dependen de la temperatura ambiental, son un grupo cosmopolita y de tremendo éxito evolutivo; llevan habitando la Tierra cientos de millones de años. Entre las características importantes que les ayudan a colonizar y diversificarse rápidamente al llegar a un sitio nuevo se encuentran las siguientes: 1) tiempos generacionales breves (un ciclo de vida puede completarse en un mes); y 2) su elevado potencial reproductivo (pueden tener miles de hijos durante toda su vida). Esto les confieren un potencial evolutivo profundo capaz de desplegar respuestas biológicas a cambios ambientales/biológicos importantes en poco tiempo.

Beneficiados por el cambio

De modo general, se estiman dos beneficios inmediatos que tendrá el cambio climático en los insectos plaga: 1) aumento en el metabolismo (comerán más); 2) mayor voltinismo (tendrán más hijos); y 3) mayor tamaño poblacional y área de distribución.

Es así que, actualmente, algunos insectos plaga han visto un aumento en su área de distribución (figura 1a). El escarabajo de las papas Leptinotarsa decemlineata y la polilla del invierno Operophtera brumata son insectos plaga cuyas poblaciones han aumentado en tamaño, invadiendo zonas del norte de Europa. Estas ampliaciones en su área de distribución permiten que las plagas encuentre plantas “sin experiencia” frente al ataque de plagas, lo que las hace más susceptibles a la herbivoría y favorece el éxito en el asentamiento de los insectos. Adicionalmente, las plagas se pueden beneficiar de inviernos menos fríos, como ocurre con el pulgón verde del abeto, pues su supervivencia invernal atípica representa un nuevo estrés estacional para su hospedero Picea sitchensis (una conífera). Otras plagas con amplias tolerancias térmicas y tiempos generacionales veloces, que se espera tengan beneficios similares son: la plaga de la raíz del maíz Diabrotica virgifera, el ácaro polífago Tetranychus evansi y la mariposa del geranio Cacryeus marshalli.

El voltinismo es otro rasgo que aumentará con el cambio climático. En el caso de la mariposa plaga polífaga Spodoptera eridania (se alimenta de hojas de diferentes plantas, como pimientos, soya y algodón), el aumento en la temperatura estimula su multivoltinismo natural (figura 1b). De forma natural, ocurren nueve generaciones por año, pero con el calentamiento en curso se estima que para 2070 habrá doce, lo que podría intensificar las pérdidas económicas por esta plaga. Por otro lado, el estrés por exceso de calor y la falta de agua pueden debilitar a las plantas y hacerlas más vulnerables al ataque de plagas, como ocurre con la escama Melanaspis tenebricosa y el árbol del maple. Ante el estrés térmico e hídrico, el árbol no logra defenderse de la plaga y la escama alcanza grandes densidades poblacionales.

En el caso de las plagas forestales, las fluctuaciones extremas en la escasez de agua también les benefician. Los arboles necesitan una fuente constante de agua para poder transportar nutrimentos a lo largo de su extenso cuerpo. Cuando hay déficit de agua, este transporte es más costoso, lo que pondría al árbol en un estado de “anemia”, volviéndose más vulnerables al ataque de diferentes plagas, como los escarabajos descortezadores y los insectos minadores, agalladores y suctopicadores. En extremo opuesto al estrés hídrico están las lluvias torrenciales, que también dejan vulnerables a los árboles al causar daños físicos en los árboles, creando espacios que son aprovechados por los escarabajos descortezadores (figura 1c). Fuertes lluvias han precedido intensos brotes de los escarabajos descortezadores Ips typographus e Ips sexdentatus.

Y afectados por el cambio

Pese a los ejemplos anteriores, el cambio climático también está afectando negativamente a ciertos insectos plaga. Aquellos con escasa tolerancia térmica podrían morir a consecuencia de golpes de calor; o bien por la dieta, pues ante los cambios climáticos las plantas se enfrentan a estrés crónico, lo que provoca la acumulación de metabolitos secundarios en sus tejidos. Temporadas muy calurosas, por ejemplo, provocan la acumulación de diferentes metabolitos secundarios en los troncos de los árboles. Del mismo modo, el aumento en la concentración de co2 afecta la composición química de las hojas, favoreciendo la acumulación de compuestos de carbono secundarios. Estos compuestos suelen ser tóxicos, lo que provoca que los insectos herbívoros tengan que emplear más tiempo alimentándose para obtener los nutrimentos necesarios. Por su parte, los insectos que tienen diapausa en su ciclo de vida (algo similar a una hibernación) son los más vulnerables, pues si ocurren eventos climáticos extremos durante su “descanso” no tendrán oportunidad de migrar y morirán. Mientras que los adultos que lograrán sobrevivir podrían exhibir secuelas, como menor tamaño y potencial reproductivo.

Para los insectos plaga con escasa tolerancia térmica, la migración representa una respuesta de supervivencia ante el embate del calor. Las plagas del cogollo Choristoneura fumiferana, el hemíptero de los abetos Adelges tsugae y la polilla minadora de las hojas del castaño Cameraria ohridella están perdiendo sus áreas de distribución originales. Las poblaciones aparentemente estables son las que lograron migrar a zonas inéditas en regiones del norte de Estados Unidos y Canadá, donde la temperatura no ha subido tanto. Estos ejemplos resaltan la dinámica y compleja respuesta de los insectos plaga ante el cambio climático. A grandes rasgos, se puede apreciar una tendencia hacia la migración a zonas más al norte y sur del hemisferio norte y sur, respectivamente. Independientemente de las tendencias actuales, la respuesta poblacional a la temperatura sólo tiene un valor óptimo. En caso de continuar con el calentamiento y superar este punto podría ocurrir una extinción masiva de insectos como nunca, y con ellos muchas otras especies más.

Herbivoría y defensa

Cuando las plantas son atacadas por herbívoros, suelen liberar metabolitos secundarios, los cuales tienen una función defensiva, pues su objetivo es disminuir la herbivoría. Sin embargo, estos compuestos defensivos también llegan a los órganos florales, afectando negativamente a los polinizadores (figura 1). Existen muchos organismos diferentes que polinizan las plantas, sin embargo los insectos son el principal grupo polinizador (como las abejas). Los polinizadores son tan importantes en la reproducción vegetal (y por ende en la producción de flores y frutos), y su presencia tan relevante que incluso pueden compensar los efectos adversos en la reproducción de las plantas derivadas del estrés ambiental. Los polinizadores son un ejemplo de mutualismo (ambas partes ganan), ya que mientras visitan flores y transportan polen de flor en flor, reciben una recompensa alimenticia en el néctar floral. Cuando los polinizadores comen néctar cargado de metabolitos secundarios, se ven afectados metabólicamente, tienen menos energía para volar y por ende disminuyen sus visitas florales.

Por lo general, los polinizadores prefieren plantas sin daños y tienen mecanismos para diferenciar las plantas dañadas de las sanas. Los polinizadores usan el perfil de olores de las flores para distinguir entre plantas dañadas y sanas. Los metabolitos secundarios producen un perfil de olores distintivo que indica a los polinizadores el estado de las flores. La discriminación floral de los polinizadores tiene efectos adversos aditivos en las plantas, pues además de sufrir herbivoría también disminuye su potencial reproductivo. Aunque, si aun así reciben visitas, también tendrán efectos adversos a futuro, pues el néctar “alterado” disminuirá las visitas florales futuras de los polinizadores. No obstante, de forma interesantísima los polinizadores con infecciones intestinales prefieren el néctar cargado de compuestos secundarios, lo que da la apariencia de que se están medicando.

Reflexiones finales

El futuro se muestra desafiante para el mundo agrícola. La evidencia actual indica que el cambio climático favorecerá el desarrollo de diferentes plagas de insectos, lo que aumentará las pérdidas económicas y alimentarias. Puesto que los insectos son un grupo evolutivamente antiguo y sumamente exitoso, hay posibilidades de que logren evolucionar y adaptarse a las exigencias que imponga el cambio climático. Por ello, resulta indispensable intensificar la investigación sobre los diferentes aspectos ecológicos, conductuales, evolutivos y moleculares que subyacen al uso de hospederos por parte de los insectos plaga. Esto permitirá tener predicciones más robustas y mejores estrategias para su manejo a futuro.

Referencias bibliográficas


Aluja, M., F. Díaz-Fleischer y J. Arredondo. 2004. “Nonhost Status of Commercial Persea americana ‘Hass’ to Anastrepha ludens, Anastrepha obliqua, Anastrepha serpentina, and Anastrepha striata (Diptera: Tephritidae) in Mexico”, en Journal of Economic Entomology, vol. 97, núm. 2, pp. 293–309.
     Deidra, J., R. Jacobsen y A. Raguso. 2018. “Lingering Effects of Herbivory and Plant Defenses on Pollinators”, en Current Biology, vol. 28, núm. 19, pp. 1164-1169.
     Hulme, P. E. 2017. “Climate change and biological invasions: evidence, expectations, and response options”, en Biological reviews of the Cambridge Philosophical Society, vol. 92, núm. 3, pp. 1297-1313.
     Jactel, H., J. Koricheva y B. Castagneyrol. 2019. “Responses of forest insect pests to climate change: not so simple”, en Current Opinion in Insect Science, vol 35, pp. 103-108.
     Lehmann, P., et al. 2020. “Complex responses of global insect pests to climate warming”, en Frontiers in Ecology and the Environment, vol. 18, núm. 3, pp. 141– 150.
     Raderschall, C. A., et al. 2020. “Water stress and insect herbivory interactively reduce crop yield while the insect pollination benefit is conserved”, en Global Change Biology, vol. 27, pp. 71– 83.
     Sampaio, F., F. S. Krechemer y C. A. Marchioro. 2021. “The hotter the better? Climate change and voltinism of Spodoptera eridania estimated with different methods”, en Journal of thermal biology, vol. 98, núm. 102946.

Manuel Ochoa Sánchez
Departamento de Ecología Evolutiva,
Instituto de Ecología,
Universidad Nacional Autónoma de México.

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La despedida
a un etnobotánico mexicano
137B04  
 
 
 
Alfonso Bautista García  
                     
¿Cómo la mano de la tierra se ha apoderado de las Pléyades?
Y los dientes del polvo, ¿cómo han podido devorar a la luna?

El tiempo y la muerte, las elegías de Moseh Ibn ‘Ezra
     

Con profunda tristeza me entero de la muerte
del etnobotánico maestro Armando Gómez Campos. Lo conocí cuando cursé la materia de Etnobotánica como asignatura optativa. En ese entonces yo estaba perfilado para ser un biólogo molecular y preparaba mi entrada al Instituto de Investigaciones Biomédicas. Así que como jamás iba a volver a hacer trabajo de campo aproveché para tomar materias de las que nunca más me iba a ocupar. Me inscribí al curso y fue una experiencia maravillosa porque Armando era una persona que transmitía con paciencia y amor sus conocimientos. La salida de campo fue al estado de Guerrero, a un poblado llamado Xochipala, donde pasamos una semana registrando las fiestas de octubre, esas cuando sacan al santo San Francisco de Asís a los campos de cultivo y representan danzas el mero 4 de octubre, la de los tlacololeros, con sus máscaras negras y sus amplios sombreros de flores amarillas, que con su látigo amagaban al tecuane; o la danza de los diablos que, al final, representan la lucha entre el bien y el mal, entre el diablo y San Miguel Arcángel.

En esa salida recorrimos pueblos alrededor de Xochipala. Fuimos a una destilería de mezcal, hecha de manera tradicional. Era una zona de agaves y acababan de cortar las piñas que estaban dispuestas para su fermentación. Consumimos directamente del alambique, mediante un canal hecho con una penca, el destilado de mezcal. También visitamos la zona arqueológica de la Organera. Recuerdo que había todo un ejército de escarabajos negros que rodaban bolas de caca con sus patas traseras, Terminamos el viaje un domingo en el gran mercado de Chilapa donde adquirí varias artesanías realizadas con totomoxtle que representaban a los diferentes danzantes.

Una noche en Xochipala, estábamos en nuestras respectivas bolsas de dormir y de repente empezó a caerse el cielo. Muy pronto el agua comenzó a encharcarse y varias compañeras se mojaron. Yo tuve que darle asilo en mi amplia bolsa de dormir a una compañera de la que me hice muy amigo mientras estuvo en México, Ann Marie.

Me retiré de la biología varios años, quizá casi una década. Regresé a la academia en la Facultad de Ciencias hacia el final de la primera década del nuevo milenio. Ahí me enteré que Armando había sufrido un trágico accidente. Era una historia de leyenda. Me decían que se había extraviado en el campo y que estuvo a punto de morir. Un día, en su pequeña oficina del laboratorio donde trabajaba le pregunté qué había pasado. Siempre con una sonrisa, me comenzó a platicar. Él estaba en su silla, en medio de sus colectas de herbario que prácticamente lo sacaban de su oficina. Esto es algo de lo que me contó: “pues estábamos regresando de una caminata por el campo y me regresé a ver una flor a la orilla del camino. Los estudiantes se me adelantaron y no me di cuenta que ya no los veía. Me estiré para tomar la flor y me caí en una honda cuneta. No me pude incorporar. Comencé a gritar, pero nadie me oyó. Ahí permanecí tendido dos días. Toda la noche lo que me preocupaba eran los animales que escuchaba cerca que intentaba espantar con gritos y unas pencas que había arrancado de un maguey que me quedó junto. Para no morir de sed chupé las pencas que fueron de gran ayuda. Yo no sabía qué pasaba, pero tenía la certeza que me estaban buscando. No estaba lejos, en realidad, estaba a unos cien o doscientos metros del lugar donde nos quedábamos. Incluso escuché un helicóptero. Me enteré después que quien me buscaba en el helicóptero era Julia Carabias”.

Fue una historia como esas que vemos en NatGeo, en su programa que se llama “Sobreviví”. El maestro Gómez Campos fue rescatado dos días después, con una lesión en la espalda, pero vivo.

Armando Gómez estudió la vegetación de Guerrero y los usos medicinales que le daban a las plantas sus pobladores. Así conoció el pega-hueso y con personal de Ortopedia iba a generar biorreactores que, con hidroxiapatita, reconstruyeran los tejidos óseos; estudió el Equisetum, la Phyllonoma y otras muchas plantas. Contribuyó de igual forma al proyecto Flora de Guerrero. Pero su mayor actividad la encontró en las comunidades rurales e indígenas que visitó, ese trabajo que no es apreciado por la industria científica de los papers y que terminó de expulsarlo de su centro de trabajo. Conocía varios pregones que se cantaban en la ciudad en los cincuentas del siglo xx. También se concentró en la enseñanza y en la dirección de decenas de tesis.

El Maestro en Ciencias Armando Gómez Campos partió hacia el Tlalocan en medio de las tormentas, lluvias e inundaciones que esta temporada veraniega nos trajo el 2021, se lo llevó la pandemia de covid19. 

Aquí estamos recordándote, maestro, ¡buen viaje al Tlalocan!.
     
       


     
Alfonso Bautista García
Biólogo, editor y escritor independiente. 
     

     
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Moscas estériles
que protegen frutas de gusanos que se las comen
137B05   
 
 
 
Carlos Pascacio Villafán, Larissa Guillén, Alma Altúzar Molina, Martín Alujaruce Chatwin y José Luis Quintero Fong  
                     
Probablemente alguna vez has encontrado gusanos
en la fruta que comes. Estos gusanos son en realidad larvas de insectos frugívoros (que comen frutas), principalmente de moscas de la fruta de la familia Tephritidae. A diferencia de la mosca del vinagre (de nombre científico Drosophila melanogaster) que vive con frecuencia en nuestros hogares y se alimenta de diversos alimentos en proceso de descomposición, las de la fruta viven en el campo y sus larvas se alimentan de frutos aptos para el consumo humano, tales como mango, naranja, toronja, guayaba, papaya, jitomate, aceituna, calabaza y pepino.

El ciclo de vida de este tipo de insectos es el siguiente: una hembra apareada y grávida (embarazada), oviposita (pone), dependiendo de la especie, entre uno y 120 huevos dentro de la pulpa de una fruta casi madura. De los huevos eclosionan (nacen), larvas diminutas que se alimentan de la pulpa y van poco a poco creciendo en tres estadios (etapas) hasta alcanzar su mayor tamaño. Cuando esto sucede, la larva sale del fruto y se entierra de uno a tres centímetros de profundidad para formar una especie de “capullo” (pupa) que entre dos y tres semanas o hasta un año después, dependiendo de la temperatura y si hay inviernos fríos, sale como mosca adulta que, 10 o 15 días después, alcanza su madurez sexual, momento en el cual se aparea y, a su vez, oviposita sus huevos en el mismo tipo de fruto u otro diferente. 

Para prácticamente cualquier tipo de fruto, hay una mosca especializada en atacarlo. Especies como la mosca mexicana de la fruta o mosca de los cítricos (Anastrepha ludens), mosca del mango (Anastrepha obliqua), mosca de la guayaba (Anastrepha striata), mosca de la manzana (Rhagoletis pomonella), mosca del mediterráneo (Ceratitis capitata), mosca del olivo (Bactrocera oleae), mosca del melón o calabazas (Anastrepha grandis o Bactrocera cucurbitae), mosca de la papaya (Anastrepha toxotrypanae o Bactrocera papayae), entre otras, representan una de las diez mayores amenazas a la fruticultura y horticultura en el mundo.

Por un lado, causan un daño directo al agusanar los frutos e impedir su consumo y, por el otro, su presencia en una región o país impide que los frutos se vendan en mercados lucrativos como Estados Unidos, Japón y varios países europeos. Las moscas de la fruta plaga pueden agusanar de 30 a 100% de la producción total de un huerto. Las pérdidas que ocasionan tienen serias repercusiones en la economía local, regional y global, y amenazan la seguridad alimentaria. Otro problema asociado con la presencia de estas moscas en huertos frutales es que para su control se siguen usando agroquímicos muy tóxicos para el ambiente y la salud humana, que son muy costosos y están fuera del alcance de muchos productores rurales descapitalizados.

Cría artificial y esterilización

Afortunadamente, no estamos solos en la batalla contra las moscas de la fruta plaga de nuestras preciadas frutas y hortalizas; y como dice el refrán: “el fuego se combate con fuego”, en este caso, “las moscas se combaten con moscas”. Aunque suene extraño, una de las técnicas más efectivas y seguras para con el ambiente que permite combatir y controlar poblaciones de insectos plaga, es usar machos de la misma especie criados en medios artificiales y esterilizados mediante radiación; es conocida como la técnica del insecto estéril, y es aplicada en el control de moscas de la fruta. Consiste en criar millones de moscas en dietas artificiales que proporcionan todos los nutrimentos necesarios para que las larvas se desarrollen hasta la edad adulta, es decir, para que los gusanos se transformen en moscas con seis patas, un par de antenas, alas y ojos. 

Este proceso se ha sofisticado tanto, que ya se usan cepas de moscas modificadas genéticamente que permiten eliminar los huevos que darán origen a moscas hembras con temperaturas superiores a 34 °C. De esta manera, los “huevos hembra” se mueren y sólo sobreviven los “huevos macho”. Estos últimos se incuban en soluciones acuosas en constante burbujeo para oxigenar a los embriones. Cuando las primeras larvas empiezan a nacer de los huevos, se inoculan en una dieta artificial compuesta de diversos ingredientes como levadura, azúcar, harina de maíz, harina de olote, agua, conservadores, gelificantes, entre otros. Estas dietas son el medio en donde las larvas vivirán antes de que su reloj biológico les indique que deben comenzar su camino a la vida adulta.

Dependiendo de la especie, las larvas se alimentan de la dieta artificial alrededor de nueve días para después abandonarla o ser removidas por vía manual o mecánica. Como indicamos al inicio, una vez fuera de la dieta artificial (o de una fruta en la naturaleza), las larvas poco a poco dejarán de moverse y comenzarán a encogerse. La cubierta exterior de su cuerpo, llamada cutícula, comenzará a endurecerse y a separarse del resto del cuerpo para formar un “capullo”, llamado pupario; en su interior la larva se transformará en pupa y permanecerá inmóvil mientras su cuerpo cambia progresivamente formando las estructuras propias de la mosca adulta. Una vez concluida esta metamorfosis, la mosca adulta romperá el pupario con su cabeza para salir al mundo artificial: una jaula de aluminio en la cual se alimentarán, defecarán, madurarán sexualmente, copularán y las hembras pondrán huevos en paneles con geles inertes en sustitución de frutos. Los huevos se incubarán e inocularán en la dieta artificial como antes mencionamos, y el ciclo se repetirá para mantener la cría.

La esterilización se realiza cuando las moscas se encuentran en el estadio de pupa, irradiándolas con rayos gamma de barras de radioisótopos Cobalto 60 o Cesio 137. La irradiación afecta las células reproductivas de las moscas, causando una mutación en los espermatozoides. Los machos estériles son liberados por millones en zonas con presencia de la especie plaga. Como se liberan tantos machos estériles, éstos avasallan a los machos silvestres, disminuyendo la probabilidad de que una hembra logre encontrar un macho fértil. Copular con un macho estéril reduce la cantidad de huevos fértiles que una hembra produce durante su vida. Es decir, ninguna larva nacerá de los huevos de una hembra que copuló con un macho estéril, evitando así el daño a los frutos y manteniendo al mismo tiempo la población de moscas en el campo a un nivel que no representa una amenaza para la fruticultura. Así, al copular con hembras silvestres, las moscas estériles defienden nuestros frutos de las moscas que los agusanan (figura 1).

Calidad de moscas estériles

Una mosca estéril de buena calidad debe ser capaz de sobrevivir en la naturaleza hasta que encuentre una hembra con la cual copular. Para esto, las moscas estériles deben tener la capacidad de volar y sobrevivir largos periodos sin comer ni beber, emitir feromonas que atraigan a las hembras y tener buen desempeño sexual. En las fábricas de moscas estériles, el Departamento de Control de Calidad evalúa, entre otros aspectos, el peso de las pupas y emergencia de adultos, así como la resistencia de las moscas adultas a la inanición (falta de alimento) y su habilidad de vuelo (figura 2).

En las moscas de cría masiva se cumple el dicho: “eres lo que comes”, pues la calidad de las moscas estériles depende en gran medida de la dieta artificial con la cual crecen las larvas; por ejemplo, los adultos de la mosca mexicana de la fruta resisten poco tiempo la inanición cuando la dieta de las larvas se basa en muchas proteínas y pocos carbohidratos, mientras los adultos de la mosca del Mediterráneo, cuya dieta larval tuvo polvo de zanahoria, huelen muy diferente a los de una dieta larval con salvado de trigo. Dada la importancia de las dietas artificiales en la calidad de las moscas producidas masivamente para su uso en la técnica del insecto estéril, los investigadores buscan constantemente mejorar las condiciones de vida de las larvas mediante las dietas para garantizar el óptimo desarrollo de moscas de buena calidad.

Moscas estériles en el mundo

Existen fábricas de producción y esterilización de moscas en México, Brasil, Guatemala, Estados Unidos, Francia, Portugal, Tailandia, Sudáfrica e Israel, entre otros países. Cada vez más, los gobiernos de países desarrollados apuestan por esta técnica para conseguir un manejo biorracional de las moscas de la fruta plaga; por ejemplo, en Australia, el gobierno y las asociaciones de fruticultores recientemente financiaron la construcción de una nueva fábrica para la producción masiva de machos estériles de la mosca de Queensland, Bactrocera tryoni, la plaga más devastadora del sector frutícola en ese país.

Orgullosamente, México se ha vuelto líder mundial en este campo. A finales de los setentas se fundó el Programa Moscamed como un acuerdo tripartita entre Estados Unidos, México y Guatemala para erradicar la mosca del Mediterráneo, plaga que había ingresado a México desde Guatemala, adonde había llegado procedente de otros países de Centroamérica, después de que en 1901 llegó a Brasil de África (su lugar de origen). De no haberse tomado esta medida emergente, todas las exportaciones de frutas y verduras de México a los principales mercados internacionales se habrían bloqueado. Por cierto, esta amenaza permanece latente, y por ello el Programa contra la mosca del Mediterráneo se mantiene más activo que nunca en la frontera con Guatemala, en específico en Metapa de Domínguez, Chiapas. 

En 1982 fue inaugurada una gigantesca fábrica que, en su pico de productividad, producía más de quinientos millones de moscas estériles que se liberaban en Chiapas, Oaxaca, norte de Tabasco y Guerrero como medida preventiva. Pocos años después, se construyeron plantas adicionales para producir millones de moscas mexicanas de la fruta y moscas del mango estériles que se liberan desde entonces en Oaxaca, Sinaloa, Nuevo León y Tamaulipas, en las principales zonas productoras de mango y cítricos. En 2013, inició la etapa constructiva de una nueva planta con tecnología de punta y capacidad para producir más de mil millones de moscas del Mediterráneo estériles por semana, se manejarán más de setenta toneladas de dieta artificial cada semana y se emplearán alrededor de trescientas personas. Los beneficios de esta nueva planta, además de los cientos de empleos bien remunerados, incluirán: una reducción en el uso de insecticidas tóxicos para la salud humana y al ambiente, la producción de fruta sana que se puede exportar a mercados lucrativos, la generación de conocimiento que es exportado a otros países vía consultorías o cursos de capacitación, poniendo en todos los casos el nombre de México en alto.

Gracias a las moscas estériles

La próxima vez que disfrutes de un delicioso mango, una naranja, una toronja o algún otro fruto de tu preferencia, recuerda que éstos llegan a tu mesa gracias a las moscas estériles producidas artificialmente que los defendieron de moscas plaga, y que la producción y calidad de las moscas estériles depende de los medios artificiales usados para la cría. Podemos agradecer a las moscas estériles porque, con su habilidad para copular con hembras silvestres, protegen nuestros frutos de los gusanos que se los comen.
     

Referencias bibliográficas


Aluja, M. 1993. Manejo Integrado de la Mosca de la Fruta (Diptera: Tephritidae). Trillas, México.
     Dhillon, M. M., et al. 2005. “The melon fruit fly, B. cucurbitae: A review of its biology and management”, en Journal of Insect Science, vol. 5, núm. 1, pp. 40-60.
     FAO. 2017. The future of food and agriculture–Trends and challenges, Annual Report. Food and Agriculture Organization of the United Nations, Roma, Italia.
     Klassen, W. 2005. “Area-wide integrated pest management and the sterile insect technique”, en Sterile Insect Technique: Principles and Practices in Area-wide Integrated Pest Management, Dyck, V. A., J. Hendrichs y A.S. Robinson (eds.), Springer, pp. 39-68.
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     Pascacio Villafán, C, et al. 2016. “Nutritional and non-nutritional food components modulate phenotypic variation but not physiological trade-offs in an insect”, en Scientific Reports, vol. 6, p. 29413.

En la red

Fresh Fruit Portal. 2016. https://cutt.ly/VJg11OE sagarpa. 2013. https://cutt.ly/sJg19aV.
     

     
Carlos Pascacio Villafán, Larissa Guillén,
Alma Altúzar Molina Martín Aluja

Instituto de Ecología, A.C.

José Luis Quintero Fong
Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria.
     

     
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Gonzalo Halffter
(1932–2022)
la ciencia
como práctica
de la libertad
137B08   
 
 
 
Exequiel Ezcurra  
                     
Conocí a Gonzalo Halffter la mañana del 5 de enero
de 1979, cuando llegué de la Universidad de Gales, en Bangor, al Museo de Historia Natural de la Ciudad de México. Accedí por el pasillo de los arcos del Museo a unas escaleras de hierro negro que subían a la oficina del Director. Desde el rellano, Violeta Halffter —su compañera y esposa— me estaba esperando con una encantadora sonrisa y me acompañó a la oficina donde el doctor Halffter me esperaba. Es necesario agregar un cierto contexto personal a ese momento: yo había salido expulsado de Argentina, un país bajo una feroz dictadura militar al cual no podía regresar. En ese tiempo no tenía realmente adónde ir. Gonzalo Halffter lo sabía y, por eso, después de una conversación con mi primer maestro y mentor, el gran biogeógrafo Eduardo Rapoport, me había buscado en Gales y me había invitado a México. 

Yo estaba sumido en un profundo sentimiento de orfandad de un terruño, hundido en la angustiosa sensación de no tener un país o una casa adónde llegar, como lo describiera magistralmente León Felipe, ese otro gran desterrado: “¡Qué lástima / que yo no tenga comarca, / patria chica, tierra provinciana!”. En su oficina de Chapultepec, Gonzalo Halffter me miró a la cara, me dio la mano, y me dijo: “Exequiel, bienvenido a México. Ésta es su casa, y tenemos grandes proyectos por hacer”. Creo que no hubo momento más fundamental en toda mi trayectoria profesional que ese instante. Mi vida cambió radicalmente a partir de ese momento, y un ancho horizonte de esperanza se abrió frente a mí. Viendo hacia atrás, todo lo que soy hoy es resultado directo de ese apretón de manos. Así de grande era la estatura humana de Gonzalo Halffter.

Recordar a Gonzalo Halffter y celebrar su memoria es también rendir tributo a la profundidad y riqueza de la escuela intelectual de los científicos españoles de la primera mitad del siglo xx, una escuela que en México encontró una expresión especialmente significativa y particularmente comprometida con la sociedad y con la complejidad natural de este país. Después de la caída de la República Española en manos del fascismo franquista, México abrió generosamente sus puertas al exilio español, y grandes pensadores llegaron a poblar con sus ideas escuelas y universidades, como Ignacio Bolívar y Urrutia, quien llegó a México con 89 años de edad, pero todavía lleno de ideas, de vida y de entusiasmo para continuar aquí sus fecundas enseñanzas de la biología. Llegó junto con otros grandes intelectuales españoles, como Faustino Miranda, uno de mis grandes héroes científicos, y Rodolfo Halffter, un músico excepcional. Sus descendientes directos son parte de ese linaje: Cándido Bolívar, entomólogo notable y fundador de la espeleología científica en México, fue maestro de Gonzalo Halffter en el Instituto Politécnico Nacional.

Esa extraordinaria mezcla de racionalismo, rigor intelectual, pasión por la verdad, compromiso social, independencia en las ideas y rechazo al autoritarismo fascista, encontró en Gonzalo Halffter uno de sus mejores exponentes: un científico riguroso, capaz de desentrañar la influencia de los cambios climáticos del Cenozoico en su teoría biogeográfica del patrón mesoamericano de montaña y la zona de transición mexicana, un taxónomo de primer nivel mundial, un estudioso del comportamiento animal innovador y original, pero al mismo tiempo un pensador comprometido y compasivo, preocupado por el bienestar de los sectores sociales más desprotegidos, por las complejas formas de interacción de los humanos y la biodiversidad, y por el compromiso de las poblaciones campesinas en su conservación.

Los científicos con verdadera sensibilidad social son por naturaleza racionalistas y amantes de llamar a las cosas por su verdadero nombre. Comprometidos con su realidad, pueden ser personas incómodas para los poderosos, y a lo largo de la historia muchos se han visto forzados a cambiar de país por haber defendido sus ideas y sus conceptos rigurosos sobre interpretaciones supersticiosas o fanáticas. Las evidencias científicas —la demostración, la prueba pitagórica— son más poderosas que las creencias, y pocas personas he conocido más racionalistas, más críticos en su pensamiento, más independientes en sus ideas, más opuestos a los fundamentalismos, que Gonzalo Halffter. Producto él mismo de un exilio, nunca lo vi dudar al plantear los problemas de México y los dilemas de la ciencia con toda claridad; ya sea debatiendo ferozmente con nuestras autoridades agrícolas, junto con el gran Arturo Gómez Pompa, para detener los programas de deforestación de las selvas; ya sea confrontando a las autoridades forestales acerca de la ineficacia del sistema mexicano de parques nacionales y planteando la necesidad de un nuevo modelo de conservación; ya sea debatiendo con la escuela de sociobiología que imperaba en la década de los setentas sobre conceptos y dilemas fundamentales de la evolución del comportamiento social, ya sea, en fin, debatiendo con el establishment científico la necesidad de repensar las teorías biogeográficas acerca de las montañas templadas en Mesoamérica, el punto crítico donde dos grandes reinos biogeográficos se encuentran en una verdadera explosión de biodiversidad. Siempre fue el debate apasionado y la confrontación fructífera de ideas su sello más distintivo.

Gonzalo Halffter vivió la ciencia como un intenso acto de compromiso, y supo tomar partido sin dudarlo cuando la causa era justa. La ciencia para él fue un acto fundamental de libertad; las ideas eran para él lo que nos nutre a todos, día a día, como el aire que respiramos. Apasionado por la historia del conocimiento, impulsaba a sus colaboradores a leer y entender la evolución del pensamiento científico. Gracias a él pude estudiar la historia de los grandes pensadores mexicanos, como Antonio de Alzate y Mariano Mociño, esos dos grandes y apasionados científicos de la Ilustración que nunca dejaron que sus ideas fueran embargadas por otros intereses; o pude apreciar el fecundo legado de la diáspora española, de la cual provenía el propio Halffter. En el Instituto de Ecología pasaban científicos de todas partes del mundo, convocados por la apertura y la riqueza intelectual de Gonzalo Halffter. Muchos de ellos se habían visto forzados a abandonar su país, su comarca, su terruño, defendiendo su derecho a pensar de manera independiente. La ciencia siempre ha sido un refugio generoso para las ideas, pero bajo el liderazgo de Gonzalo Halffter sus colaboradores pudimos entender que la comunidad científica es también un refugio generoso de personas en libertad.

De allí viene la profunda humanidad de Gonzalo Halffter, de sus actos de ciencia rigurosa y de su generosidad extraordinaria. Fue un gran científico, pero por encima de ello fue también un gran hombre. 

Parafraseando al poeta Antonio Machado, Gonzalo Halffter fue un hombre que supo su doctrina, pero fue también, en el mejor sentido de la palabra, bueno.
     
     

     
Exequiel Ezcurra
Profesor de Ecología,
Universidad de California Riverside.
     

     
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