revista de cultura científica FACULTAD DE CIENCIAS, UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
Busca ampliar la cultura científica de la población, difundir información y hacer de la ciencia
un instrumento para el análisis de la realidad, con diversos puntos de vista desde la ciencia.
R07Articulo01   menu2

siguiente 

PDF 

   
   
Isabel Puga      
               
               
Si usted tiene intenciones de capturar a un criminal,
puede recurrir a la técnica de bosquejar su retrato hablado. Con esta finalidad, procurará que diversos testigos aporten rasgos sobresalientes de la fisonomía del delincuente. Posteriormente consultará los archivas de la policía dentro de los cuales tal vez se encuentre aquel sujeto que posee todas las cualidades de su bosquejo. Por supuesto que, si las cualidades que usted ha elegido para su bosquejo no son suficientes, corre el riesgo de culpar a un inocente. Moreno y con bigote son rasgos insuficientes para un crimen cometido en México. Pero un lunar en la frente o una cojera mejoran considerablemente la investigación.


El trabajo de caracterizar, para un matemático, es similar al del detective que bosqueja a un asesino: ambos buscan cualidades contundentes.
Número par, primo es una forma sofisticada de referirse al número 2. Lo interesante es que este par de propiedades caracteriza al 2. El 2 las tiene y él es el único número que tiene ambas.


A un topólogo le interesa caracterizar espacios topológicos. Con esta finalidad aguzará su ingenio para definir, inventar y descubrir las propiedades de un espacio de modo que este espacio sea el único que las posea.


Aproximadamente en los años 20 de este siglo, los Matemáticos Knaster, Kuratowski y Mazurkiewicz, en Polonia, y Moore en Estados Unidos trabajaron con espacios topológicos a los cuales hoy les llamamos continuos y establecieron teoremas fundamentales y encantadores. Es por esto que se les considera a ellos, fundadores de la teoría de Continuos. Más tarde —alrededor de los 50 y hasta la fecha, en algunos casos— nos encontramos con Moise, Bing y Jones también en E.U. quienes aportaron grandes volúmenes de teoremas.


La Teoría de Continuos es hoy, una rama viva de la Topología, una rama que produce resultados y en la cual se han destacado muchos otros matemáticos, además de los que mencionamos aquí.


Elegimos para este artículo tres caracterizaciones del arco y dos de la circunferencia. Con el fin de facilitar la exposición, reduciremos nuestro archivo a espacios que están contenidos en el plano (R2) o en el espacio tridimensional (R3).


Empezaremos por ver que dos conjuntos diferentes pueden ser lo mismo como espacios topológicos (equivalencia topológica). Intentamos —en seguida— dar una idea de que es una propiedad topológica pues estas propiedades son las que utilizaremos en la caracterización de nuestros dos personajes: el arco y la circunferencia.

1. Equivalencia  Topológica

Consideremos un arco A y un intervalo I (Figura 1).
La función f : A → I que manda x en f(a) es biyectiva y continua. Podemos verificar la continuidad, observando que al correr los puntos de A de un extremo a otro, f recorre los de I sin saltos. f21 : I → A también es biyectiva y continua. Cuando exista una función de un conjunto X, en otro, Y, con las propiedades anteriores diremos que X y Y son topológicamente equivalentes.


En particular un intervalo y un arco son lo mismo, topológicamente hablando.


Los conjuntos pueden aparecer transformados, topológicamente, en otros muy inesperados. Por ejemplo, una esfera hueca sin el polo norte, no es más que un disfraz del plano y la función que tiene las propiedades que mencionamos al principio es la proyección estereográfica f (Figura 2).


Si trazamos una recta que pase por N, ésta intersecta a la esfera en x y al plano en f(x).


Una forma más práctica de pensar en equivalencia topológica es imaginarnos que alargamos, achicamos o deformamos un conjunto, sin pegar dos de sus puntos ni romperlo. Obtenernos así otro equivalente a él. Por ejemplo, podemos deformar un disco D en un conjunto A y viceversa, (Figura 3a) como si fueran laminillas de plastilina.
Para el caso de la esfera y el plano (Figura 2b) jalamos la esfera desde el polo norte y la vamos estirando hasta aplanarla. La línea punteada que corresponde al polo norte se distribuirá en el infinito.
Los conjuntos D y B en la figura 3b no son equivalentes. Hemos aplastado a D hasta pegar dos de sus puntos en uno solo (p). Esta es una deformación no permitida en equivalencia topológica.
Otra forma —muy usual en topografía— de convencerse de que D y B son diferentes es verificar que alguno de los dos tiene una cierta propiedad topológica y el otro no. Si a B le quitamos p, partimos al conjunto en dos piezas, es decir lo desconectamos, mientras que ningún punto de D tiene esta propiedad.


La Conexidad es una propiedad topológica.
Tenemos otro ejemplo similar al anterior con un intervalo I y una circunferencia a la que llamaremos S. (Figura 4).


Imaginamos que I es un hilo. Para transformar I en S será necesario pegar sus extremos. Y viceversa. Si queremos convertir S en I tendremos que romper. Aparece, también el argumento anterior. Si a I le quitamos p, lo desconectamos; en tanto, ningún punto de S tiene esta propiedad.
Las conjuntos de la figura 5 son todos equivalentes a un intervalo y por lo tanto a un arco, y los de la figura 6 son equivalentes a una circunferencia.


El árbol A y el B de la figura 8 son equivalentes pero A y B no son equivalentes a C, ni a D y C y D no son equivalentes entre sí. Podemos verificar estas afirmaciones suponiendo que estos árboles están articulados. Por ejemplo, si el árbol A le jalamos la rama r hacia abajo, obtenemos B.


La equivalencia topológica permite a los conjuntos adoptar personalidades muy diversas. Por ejemplo un cubo, una esfera y un icosaedro (sólidos) son exactamente lo mismo para los ojos de un topólogo.

PROPIEDADES TOPOLOGICAS

Las propiedades topológicas son aquellas que permanecen invariantes a través de todas las “personalidades topológicas” que asuma un conjunto. Claramente el tamaño (área, volumen, longitud) no es una propiedad topológica ni lo es la posición de un conjunto en el plano o en el espacio. La conexidad y la dimensión sí son propiedades topológicas.


(Un conjunto es conexo si consta de una sola pieza).


En otras palabras, si dos conjuntos son equivalentes y uno es conexo, el otro también lo es y ningún conjunto de dimensión 2 podrá ser equivalente a uno de dimensión 3 (Figura 9).
La Compacidad es una propiedad topológica. Como dijimos antes, nuestros ejemplos son subconjuntos del plano o del espacio tridimensional. En estos casos, un conjunto es compacto cuando es cerrado y acotado (Figura 10).


Un conjunto es cerrado si contiene a todos sus puntos de acumulación (o puntos límites) y es acotado si hay una cota M ∈ R tal que u x u # M, donde x es cualquier elemento del conjunto.


A un conjunto compacto y conexo se le llama continuo. De aquí en adelante nuestros conjuntos serán continuos.

 

PROPIEDADES QUE CARACTERIZAN A UN ARCO Y UNA CIRCUNFERENCIA

Separadores

Ya vimos antes,(Figura 4) que si a un arco le quitamos uno de sus puntos, que no es extremo, el resultado es un conjunto no conexo. Esto quiere decir que cualquier punto del arco que no sea un extremo separa al arco.
Si a la circunferencia le quitamos un solo punto el resultado es un conjunto conexo (Figura 11a).
Pero si a esta misma circunferencia le quitamos dos puntos, p y q, (Figura 11b) entonces obtenemos un conjunto no conexo. Es decir, cualquier par de puntos separan a la circunferencia.
Resulta que estas propiedades del arco —por un lado— y de la circunferencia, por otro caracterizan a estos conjuntos. Es decir ellos son los únicos conjuntos que las poseen.
Enunciaremos los dos Teoremas correspondientes, dando crédito a sus autores:

Para el Arco, Knaster, Kuratowski, Lennes, Moore (1921).
Si un continuo M tiene exactamente dos puntos que no lo separan, entonces M es un arco.

Para la circunferencia:
Moore (1920) Si M es un conjunto y cualquier par de puntos separa a M, entones M es una circunferencia.

Conexidad Local

Observemos de nuevo a nuestros ejemplos I y S (Figura 12). La intersección de un disco abierto, de cualquier tamaño (nos interesan los más pequeños), con I o con S es siempre un conjunto conexo.
Decimos que I y S son localmente conexos.
El siguiente es un ejemplo de un continuo P (al que le llamamos peine) que no es localmente conexo. (Figura 13) pues hay algunos discos abiertos D, cuya intersección con P no es conexa.
Dijimos que un arco y una circunferencia son localmente conexos, pero no son los únicos; un árbol y un cuadrado también lo son.
Así que para caracterizar a nuestros personajes (I y S) necesitamos alguna otra propiedad.

Para I, irreductibilidad

Sea I el intervalo [a,b] (Fig. 14a).
Si queremos ir de a a b por adentro de I, necesitamos utilizar todo I. Es decir, no hay un continuo contenido propiamente en I, que contenga a los extremos a y b.
En este caso decimos que I es irreducible entre a y b. Para cualquier par de puntos p y q en S, hay un subcontinuo (subconjunto que es continuo) propio que lo contiene: el arco p q (Fig. 14b) y la misma propiedad tiene un disco y un árbol (Figura 15).
La irreducibilidad era la propiedad que nos hacía falta para caracterizar a I. El teorema dice:

Si un continuo M es localmente conexo y es irreductible entre dos de sus puntos, entonces M es un arco.

Hay continuos que son irreducibles entre dos de sus puntos pero no son totalmente conexos (Figura 16).
La curva (entra fórmula 01) junto con los puntos del eje Y entre 21 y 1 es un continuo irreducible entre a y b (b puede ser cualquier punto del eje Y entre 21 y 1).
A primera vista parecería que este conjunto no es conexo, pero les aseguramos a nuestros lectores que sí lo es pues los puntos de la curva y los del eje Y estría pegados por acumulación.

HOMOGENEOS

Si en S fijamos dos puntos x y y, podemos rotar S de manera que x vaya a y (Figura 17).
Por tener esta propiedad se dice que S es homogéneo. Intuitivamente, un continuo es homogéneo si todos sus puntos juegan el mismo papel, no se distinguen unos de otros. Esto no ocurre en I pues un extremo es distinto de uno que no lo es.
En un disco cerrado, un punto de adentro es distinto de uno de la orilla.
Homogéneo es la propiedad con la cual caracterizaremos a S:

Mazurkiewicz 1924: Si M es un continuo localmente conexo y homogéneo entonces M es una circunferencia.

Hay continuo homogéneos que no son localmente conexos. Uno de ellos es el Pseudo-Arco del cual hablaremos más adelante.

Subcontinuos. Ya mencionamos antes que un subconjunto de un continuo X es un subconjunto de X que también es continuo.
Un punto de un continuo, por ser conexo y compacto, es un subcontinuo. El continuo X es un subconjunto de sí mismo. En el arco todos los subconjuntos que no son puntos, son arcos.
En la circunferencia todos los subcontinuos, que no son puntos, son arcos excepto por la circunferencia misma.
En un disco cerrado caben una gran variedad de subcontinuos. (Figura 18).
Alrededor de 1948 Knaster, Kuratowski, Moise, Bing, etc., se preguntaron si el arco (o intervalo) sería el único continuo cuyos subcontinuos —que no son puntos— son todos y cada uno equivalentes al continuo total.
Gracias a esta pregunta descubrieron un continuo, al que suele llamársele Pseudo-Arco, que tiene la propiedad de que sus subcontinuos, que no son puntos, son puntos, son pseudo-arcos.
El Pseudo-Arco no es un arco, así que la respuesta a la pregunta de Knaster, Kuratowski, etc., es no.
El pseudo-arco, que es un continuo difícil (o imposible) dibujar habita en el plano y tiene, entre otras, las siguientes propiedades:

1) Es homogéneo.
2) Ninguno de sus punto se separa al pseudo-arco.
3) No es localmente conexo.
4) Es INDESCOMPONIBLE.

Esto último significa que el pseudo-arco no se puede expresar como unión de dos subconjuntos propios, ¡difícil de imaginar! Los ejemplos que hemos mencionado en este artículo son todos descomponibles.
Gracias a esta propiedad tenemos una nueva caracterización del arco, que fue demostrada en 1960 par Henderson.
Si un continuo M es descomponible y todos sus subcontinuos, excepto los puntos, son equivalentes a M, entonces M es un arco.

     
 
Referencias bibliográficas

1. Bing, R. H., Snake Like Continua, Duke Math. J., 18 (1951), pp. 653-663.
2. Henderson, G. W., Proof that every compact decomposable continuum which is topologically equivalent to each of its nondegenerate subcontinua is an arc, Annals of Mathematics, Vol. 72, No. 3, Nov. 1960.
3. Kuratowski, K., Topology, Vol. II, Academic Press, (1968).
4. Moise, E., An Indecomposable Plane Continua which is hemimorphic to each of its nondegenrate subcontinua, Transactions of The American Mathematical Society, 63-1948, pp. 581-594.

     
________________________________________      
Isabel Puga
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
_____________________________________________________
 
como citar este artículo →
     
microcine        
 
  menu2
PDF
           
R012B02
El microscopio
de campo oscuro
Alejandro Martínez Mena
   
   
     
                     
El microscopio de campo oscuro es una modificación
al sistema de campo claro, que consiste en bloquear los rayos centrales que alcanzan al condensador, por medio de un disco o algún otro tipo de dispositivo, de manera tal que el cono iluminador es un cono hueco de luz, con mayor apertura numérica que la del objetivo. Esta forma de iluminación permite que sólo aquellos rayos que han sido desviados por la muestra observada, sean captados por el objetivo. Es decir, la imagen microscópica está formada en este caso sólo por rayos difractados y constituye un sistema cuyo funcionamiento se basa en el fenómeno de Tyndall.

La técnica de campo oscuro es muy útil para observar materiales en suspensión, permitiendo detectar con gran facilidad partículas sólidas con índices de refracción muy cercanos al del medio en que se encuentran, por esta razón, es un sistema de gran utilidad para realizar conteos de número de partículas en una muestra. De igual forma, resulta una herramienta útil para visualizar estructuras muy delgadas que rebasan los límites conspicuos de la célula u organismo observado.

La desventaja principal de esta técnica es que presenta imágenes con poca resolución, esto debido a la técnica misma, ya que al formarse imágenes microscópicas que solamente están constituidas de rayos difractados, hacen evidente la falta de los rayos directos para presentar completa la información estructural de la muestra, si la comparamos con el microscopio de campo claro.

Existen varias posibilidades para lograr la iluminación de campo oscuro, que dependen del tipo de condensador y hay dos tipos: condensadores por refracción y condensadores por reflexión. En general los condensadores por refracción tienen un disco central que obstruye el paso de la luz, formando así un cono hueco de luz. El disco se puede colocar sobre la lente frontal del condensador o en el plano focal posterior del mismo, es decir, a la altura del diafragma de apertura, o bien en el portafiltros; pueden ser usados con una amplia variedad de aumentos del objetivo (2.5X a 100X).Y su ventaja principal estriba en ser relativamente económicos y ser dentro de su campo muy versátiles en el uso para objetivos de poco aumento, hasta 40X.
Asimismo, este tipo de condensadores pueden improvisarse añadiendo simplemente un disco de cartón negro sobre la lente frontal del condensador (el diámetro del disco deber ser ligeramente menor que el de la lente frontal del objetivo). Es importaste anotar el hecho de que para usar objetivos 100X en campo oscuro, estos han de tener incorporado un diafragma variable tipo iris que permita reducir la apertura numérica del objetivo, generalmente se reduce de 1.3 o 1.0 a 0.8, con el fin de mantener mayor apertura numérica del cono iluminador respecto de la del objetivo.

La desventaja principal de los condensadores para campo oscuro por refracción está en que la densidad luminosa que proporcionan es muy baja, si se considera que su porcentaje aproximado es el 20% del total de la luz que alcanza al condensador, una segunda desventaja es que en general estos condensadores se encuentran en el mercado con aperturas numéricas de hasta 0.9.

Los condensadores por reflexión son principalmente de dos tipos: paraboloides y cardioides. En la parte central tienen una superficie reflejante con una curvatura de parábola de cardioide que refleja lateral y periféricamente los rayos hacia otro espejo que circunda el área central, esta superficie tiene una inclinación suficiente para producir un cono luminoso que es el que proporciona y envía la luz hacia la muestra a observar.

Los condensadores con superficie central de curvatura en parábola se denominan paraboloides, mientras que los que presentan superficie con curva de cardioide se les da el nombre de cardioides. La diferencia principal entre ellas consiste en que tienen aperturas numéricas superiores a 0.9, tales como 1.3 o 1.4 y siempre son lentes de inmersión en aceite de 1.515 de índice de refracción, de manera tal que el aceite queda en contacto con la superficie ventral del portaobjetos. La ventaja principal de estos condensadores es la alta densidad luminosa de la que proveen a la muestra y la posibilidad de usar aumentos del objetivo superiores a 40X.

Una variante de estos condensadores para campo oscuro por reflexiones, la presentan los condensadores tóricos o toroides. Estos condensadores tienen una lente tórica añadida a un condensador cardioide. Dicha lente concentra el 100% de la luz que llega al condensador y la envía al espejo cardioide de forma tal que el objeto sea iluminado con el 100% de la luz que llega del condensador. Se puede decir que este tipo de condensador es el mejor, cuando las condiciones de trabajo involucran aumentos superiores a 40X en los objetivos.

La técnica de campo oscuro puede combinarse con otras como la microscopía de fluorescencia y la polarización, sumándose entonces las ventajas de estas técnicas a las del campo oscuro. Muchos autores recomiendan esta combinación de técnicas para los trabajos cotidianos en microscopía de fluorescencia.
     
_____________________________________________________________
     
Alejandro Martínez Mena
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
_____________________________________________________________
     
como citar este artículo
[En línea]
     

 

 

R07Articulo02   menu2

siguiente 

anterior  

PDF 

   
   
Adolfo G. Navarro S.
     
               
               
Escribir sobre la clase Aves es escribir tal vez, del grupo zoológico mejor conocido, más intensivamente estudiado (Diamond, 1983) y que ha atraído el interés de mayor número de personas, tanto entre científicos como legos. Sin embargo, a pesar de que las aves son actualmente el grupo de animales más utilizado en diversos aspectos de la Biología —Conducta, Ecología— y, además, tan diversas estructuralmente que la mayoría de los órdenes y familias pueden ser reconocidos fácilmente, parece ser paradójico el hecho de que la clasificación de los grupos mayores sea motivo de fuertes discusiones con opiniones encontradas. Al parecer, la misma diversidad estructural, la extinción de grupos intermedios y un registro fósil muy fragmentario, impiden determinar fácilmente las relaciones entre los taxa superiores (Sibley y Ahlquist, 1972) y la postulación de las posibles relaciones filogenéticas (genealogía, polaridad y divergencia evolutivas).

Existe un consenso general, aceptado por todos o casi todos los taxónomos, en el sentido de que algunos grupos dentro de la Clase Aves pueden ser reconocidos fácilmente siendo sus características tan evidentes, que no hay lugar a dudas acerca de su situación taxonómica. Tal es el caso de el grupo de Archaeornithes (Archaeopteryx), y de los dos ensambles mayores de aves actuales y fósiles, Passerinos y No-passerinos. Pero a partir de estas concepciones, tácitamente aceptadas, el empleo de diferentes filosofías y metodologías taxonómicas han traído como resultado clasificaciones diametralmente opuestas, a veces, respecto a opiniones acerca de las relaciones filogenéticas entre los grupos que, al fin de cuentas, es el objetivo central de cualquier clasificación de referencia para los organismos. Sin embargo, siempre se ha cuestionado la relativa estabilidad de la clasificación y la falta de aceptación al cambio existente entre la mayoría de las taxónomos tradicionales (Olson, 1981; Raikow, 1985; Phillips, 1983).

El problema se visualiza claramente analizando el número de órdenes de aves actuales que proponen los sistematas desde mediados del presente siglo: v. Gr., Stresseman (1959), Wetmore (1960) y Cracraft (1981); todos ellos como representantes de varias escuelas y pensamientos en Sistemática. No es ésta la principal fuente de discrepancia, lo es aún más el arreglo secuencial de las familias y la colocación de algunos grupos problema dentro de ella (e.g.: Phoenicopterus, Opisthocomus).

El objetivo principal de esta revisión es analizar las diferentes metodologías y concepciones en Sistemática acerca de las relaciones entre los taxa superiores de las aves (órdenes y familias) y que han resultado en la proposición de diferentes clasificaciones, la mayoría de ellas bajo el rubro de buscar una clasificación “natural”, que refleje las relaciones filogenéticas entre los grupos.
 
Orígines de la taxonomía y las taxonomía tradicionales
 
El hombre es, por naturaleza, un animal clasificatorio que presenta una tendencia a agrupar las cosas de su universo de acuerdo a similitudes morfológicas, conductuales o de otros tipos, o a separarlas por sus discontinuidades, formando unidades directas que pueden ser reconocidas y denominadas (Raven, Berlin y Breedlove, 1971). Esta es una de las bases de las diferentes taxonomías tradicionales o taxonomías “folk”, las cuales, de un modo y otro, han funcionado de una manera similar al que el desarrollo histórico y metodológico de la taxonomía científica formal ha proseguido. El estudio de las taxonomías folk se refiere al conocimiento de los principios generales de las clasificaciones biológicas en el pensamiento precientífico (Berlin, 1973).

En diferentes estudios realizados con grupos indígenas en México (tzeltales), Sudamérica (guaraníes), Asia (Hanunóo de las Filipinas), Norteamérica (navajos) y Oceanía (Fore de Nueva Guinea), se han percibido principios similares en el ordenamiento y categorización de unidades o grupos naturales. En aquellos grupos étnicos en que se ha llegado a profundizar acerca de los principios que rigen sus sistemas taxonómicos y nomenclaturales, se han detectado los siguientes patrones generales (Raven, Berlin y Breedlove, 1971):
1) Se advierten en todos los lenguajes grupos naturales discontinuos que son fácilmente reconocidos (taxa).
2) Esos taxa se agrupan en un menor número de clases, conocidas como categorías taxonómicas etnobiológicas (variedad, especie, género, forma de vida e iniciador único).
3) Estas categorías anteriores se arreglan jerárquicamente y los taxa asignados a cada rango o categoría son mutuamente excluyentes.
4) Un taxón que se encuentra en la categoría de “iniciador único”, generalmente no está denominado (p.e. planta o animal).
5) Los taxa miembros de la categoría “forma de vida” son pocos en número (generalmente hasta 10) e incluyen a la mayoría de los taxa denominados de menor rango.
6) Los taxa genéricos son más numerosos que los de “forma de vida”, aunque grupos de especial interés o muy aberrantes pueden no estar incluidos en alguno de ellos.
7) Los taxa de especie y variedad son menos numerosos que los taxa genéricos, además son generalmente bi o trinomiales con el genérico o específico al que pertenecen.
8) Los taxa intermedios son aquellos que se incluyen inmediatamente en una categoría de forma de vida e incluyen inmediatamente taxa genéricos. Son raros en las taxonomías tradicionales.
 
Los principios se encuentran generalmente en muchas culturas pero hay algunas excepciones.

Partiendo de estos principios de agrupamiento de formas similares y nominación de taxa se entienden los principios seguidos por los primeros sistematas precientíficos como Teofrasto y Dioscorides, principalmente en lo referente a clasificaciones botánicas basadas en el uso de las plantas y sus propiedades de una limitada región.

A partir de las grandes exploraciones de los siglos XV a XVII, un gran número de formas de vida antes desconocidas fueron puestas a disposición de los naturalistas, los cuales encontraron que los arreglos hechos por los autores antiguos eran insuficientes ante la cantidad de nuevos taxa que se presentaban.

El fundador de la sistemática “moderna”, Carlos Linneo, utilizó en sus principios nomenclaturales un sistema similar al seguido por las taxonomías folk, siendo diferenciado de éstos en que sus arreglos tenían que ver con un número mucho mayor de especies (aunque similar en número en sus primeras clasificaciones al de algunas clasificaciones folk como la maya Tzeltal o de Yucatán, 400 a 800 especies). La comprensión de un sistema tan complejo fue facilitada mediante la creación de categorías extra (familia, orden, clase, etc.) las cuales permiten una rápida memorización y una comprensión más sencilla de los grupos de los cuales se habla. La creación de estas categorías tardó casi 100 años entre Tournefort y mediados del siglo XIX.

Un sistema de taxonomía folk esta diseñado no para obtener información, sino para comunicar algo de los organismos en cuestión y dirigido a gentes que tienen conocimiento previo de las propiedades y atributos de ellos. Una de las tendencias actuales de las clasificaciones es tratar de obtener información a partir de esos esquemas de clasificación, objetivo que rara vez se alcanza (Raven, Berlin y Breedlove, 1971).
Las aves son un grupo muy conspicuo y de gran importancia estética o alimenticia, por lo cual es un buen ejemplo para ilustrar diferentes aspectos de las taxonomías tradicionales, las cuales, como ya se ha había mencionado, comprenden principios muy similares a pesar de las distancias geográficas y lingüísticas.

En el trabajo efectuado con la tribu Fore de Nueva Guinea, Diamond (1966) encontró que existen varias categorías altas (tabe aké), que incluyen a varias categorías menores o amana aké; una de estas categorías superiores incluye a las aves en general (kábara) y otra (ámanani) incluye solamente al casuario (Casuarius), un ave muy aberrante. Dentro del grupo que contiene a las aves en general, los Fores reconocen 110 amana aké mientras que los zoólogos reconocen 120 especies, las cuales corresponden en 93 casos una a una; en 4 casos existe un nombre diferente para machos y hembras. Esto nos habla de la gran capacidad de reconocimiento de especies que poseen los habitantes de las diferentes regiones, llegando a veces a dar el nombre genérico correcto a especies que habitan otros lugares fuera de su área (Diamond, op cit.).
El estudio realizado con los indígenas de lengua amuzga habitantes del oeste de Oaxaca, llevó a conclusiones similares acerca de la clasificación de la avifauna regional. El estudio realizado por Cuevas-Suárez (1985), mostró la importancia de la onomatopeya y de las relaciones cercanas de los amuzgos con las aves, ya sea por alimento o porque les son de importancia cultural, en la clasificación que hacen de ellas.

La clasificación amuzga de las aves contiene como inicio un término que agrupa a todas las aves (kinsa = pájaros), que se refiere a un taxa “forma de vida”. Como subdivisión de este grupo, existen 3 taxa intermedios, uno que se refiere a todas los pájaros (kinsa), otro que agrupa a los patos (kitha) y uno sin nombre que incluye a las aves que no caen en ninguno de los dos anteriores (Cuadro 1). A su ves, el tacón kinsa es subdividido en 9 taxa genéricos, tres de los cuales no tiene nombre; el taxón kitha es subdividido en 2 genéricos y el tercer taxón intermedio se divide en 5 genéricos (Cuadro 1).

Los taxa genéricos son los más importantes psicológicamente para los amuzgos, pues son los más utilizados y más fáciles de mencionar, además de ser los primeros en ser aprendidos (Cuevas-Suárez, 1985). Una de las características por las que los amuzgos hacen su clasificación es el alimento, pues de esto depende la utilidad que las aves tengan para el individuo o sus cultivos (Cuevas-Suárez, op cit.).

El conocimiento de las aves que tienen los amuzgos se refleja tanto en la gran proporción de nombres derivados de los sonidos naturales de los animales (onomatopéyicos), como en el conocimiento que poseen de la anatomía y biología general de ellos (Figura 1).
 
Historia de la clasificación de las aves
 
Una síntesis muy completa y excelente acerca de la historia de la clasificación de la Clase Aves existe en los trabajos de Sibley (1970) para las Passeriformes, y Sibley y Ahlquist (1972) para las no-Passeriformes, de los cuales es conveniente hacer un pequeño extracto.

Las raíces de la clasificación de las aves dentro de un marco filosófico se encuentran en los pensadores clásicos, Aristóteles y Plinio; sin embargo, pasado el medioevo, los primeros que la afrontan con una metodología crítica enfocada desde un punto de vista lógico y jerárquico son Willughby y Ray (1676) en su obra Ornithologiae, cuyo valor principal radica en que comprende a todas las aves conocidas en su época. La principal división que hace es en “aves terrestres” y “aves acuáticas”, cada una de las cuales tiene subdivisiones de acuerdo a otros caracteres.

El esquema de Willughby y Ray, ligeramente modificado es seguido por Linneo en el Systema Naturae (1758-59). El sistema Linneano para el arreglo de los grupos, a su vez, fue la pauta para la mayoría de los sistématas entre éste y la aparición del Origen de las Especies (Darwin, 1959), de tales seguidores se cuentan a Buffon, Q. Cuvier, Brisson y Vieillot, entre otros.

Buffon (1854) sigue el esquema clasificatorio de Linneo y de Cuvier (Regne Animal, 1817), argumentando que “Cuvier mismo ha venido a darle mayor solidez (al sistema clasificatorio de Linneo), enlazando en su Regne Animal los antiguos conocimientos con las nuevas investigaciones” (Buffon, op cit. 39). El sistema de Cuvier divide a las aves en 6 órdenes: Aves de Rapiña, Pájaros, Trepadoras, Gallináceas, Zancudas y Palmípedas, subdividiéndolas en familias y géneros (Cuadro 2).

C. L. Nitzch (1840) fue uno de los primeros en investigar la utilidad taxonómica de otros caracteres, aparte de los caracteres morfológicos clásicos, como la pterilografía, que consiste en el estudio del arreglo y disposición de los tractos de plumas o pterilae.

La influencia de George Robert Gray se dejó sentir en la ornitología del siglo XIX e, inclusive, algunos de los ordenamientos sistemáticos propuestos por él en su obra List of the Genera of Birds (1840) siguen vigentes hasta la fecha. La obra está basada en caracteres morfológicos externos, pero ha servido como una guía para el ordenamiento de colecciones de museos y organización de las evaluaciones faunísticas.
Buscando un marco teórico diferente, algunos ornitólogos aceptaron las ideas del entomólogo Mac Leay, llamado Sistema Quinario, el cual partía de la base teórica de que cada grupo natural consistía de cinco subgrupos, arreglados en un círculo y exhibiendo afinidades con otros grupos arreglados de manera similar. En otro sistema, los grupos eran representados en un arreglo en forma de estrellas (Figura 2). La teoría quinaria cayó por su propio peso mucho antes de que Darwin presentara principios sólidos para la Biología y Sistemática.

Otros intentos de establecer y representa gráficamente las relaciones entre grupos de aves provino de los trabajos de Strickland (1841) (Figura 3) y Wallace (1856), el primero siguiendo la tendencia de los Quinaristas, y el segundo (Figura 4) argumentando que el proceso de representar las afinidades hace difícil reconocer grupos grandes.

Mientras que los pre-Darwinistas carecían de un concepto unificador y dependían de los caracteres externos para la sistematización de los grupos, la aparición del Origen de las Especies sirvió para dar ese enfoque teórico a la evolución, para buscar la evidencia de ancestría común y el reconocimiento de la evolución convergente y sus efectos y, por lo tanto, a buscar evidencia adicional que permitiera interpretar las similitudes morfológicas.

Uno de los científicos que abrazaron con mayor entusiasmo los pensamientos de Darwin fue Thomas H. Huxley, y sus ideas acerca de la clasificación de las aves han tenido gran impacto hasta nuestros días. Su más famosa contribución la constituye la clasificación de los tipos de paladar, siendo éste el primero de una serie de intentos de búsqueda de caracteres indicativos de las relaciones entre los taxa superiores de las aves (Huxley, 1867). Dentro de esta tendencia se encuentran también los trabajos del anatomista Alfred Henry Garrod, especialmente aquellos referentes a la fórmula de los músculos y la pelvis, aún utilizados para diagnosticar algunos órdenes y familias, los huesos nasales y los tendones plantares (Garrod, 1873, 1873ª, 1874, 1875).

Una obra monumental se produjo en los años 1874-1898, el Catalogue of the Birds in the British Museum, en el cual colaboraron con sus ideas sistemáticas los ornitólogos europeos más renombrados de la época: Osbert Salvin, Ogilvie-Grant, P. L. Sclater y, principalmente, Richard Sharope, entre otros. Los primeros volúmenes muestran una fuerte influencia de las ideas de Sharpe, basados en las ideas propuestas por él mismo y por Sclater (1880), quien apoya sus observaciones en los trabajos previos de Garrod y Huxley.

El ornitólogo alemán Máx Fürbinger (1888) hizo un aporte muy grande a la sistemática de la Clase Aves, presentando dos volúmenes aceren de anatomía y clasificación del grupo. Sin embargo, esta obra aparentemente limitada en su difusión —por estar en alemán— no tuvo el impacto que se esperaba entre los ornitólogos ingleses y americanos.
Hans Gadow, alumno de Fürbinger, tradujo las obras de éste y, además, propuso nuevas ideas en la clasificación, utilizando las ideas de su maestro. Gadow se valió de 40 caracteres para determinar la relación entre los grupos, en lugar de los 51 usados por Fürbinger, dentro de varios grupos principales: desarrollo, esqueleto, integumento, músculos, siringe, arterías carótidas, órganos digestivos y otros caracteres llamadas “ocasionales”, referidos a caracteres de conducta, coloración, entre otros. La clasificación de Gadow pretendía hacer un análisis crítico del valor que los diferentes caracteres poseen, como él mismo lo explica (1892):
“El autor de una nueva clasificación debe establecer las razones que lo han llevado a la separación y agrupamiento de las aves conocidas para él. Esto significa no sólo simplemente enumerar las caracteres que empleo, sino decir cómo y por qué los utilizó…”
 
La clasificación de Gadow fue elaborada con un tipo primitivo de taxonomía numérica, en la cual los caracteres eran representados en tabulaciones con un símbolo número. Las aves fueron agrupadas previamente en familias, y las relaciones entre ellas eran expresadas de acuerdo al número de caracteres que compartían.

La clasificación de Gadow fue seguida en sus lineamientos generales por Ridgway (1901-1950) en su obra Birds of North and Middle America, posteriormente por Cory, Hellmayr y Conover (1918-1949) en su Catalogue of Birds of the Americas, siendo aceptado posteriormente por la American Ornithologist’s Union (AOU) para su Check-list of North American Birds en 1931 y por Peters et al. (1931-1978) para su Check list of the Birds of the World (Phillips, 1983), y sigue vigente hasta nuestros días, de modo que el ordenamiento que propone es el seguido por la mayoría de los sistematas “clásicos”; así, el mismo Wetmore (1930:1) acepta que el punto de partida de la clasificación que propone es el trabajo de aquel, y que cualquier modificación encontrada se justifica por las nuevas investigaciones y ”…el esquema presentado trata de ser lo más conservativo posible.”

Este punto de vista conservativo, ha sido el denominador común de las clasificaciones de las aves, en su mayoría, propuestas en este siglo. De hecho, los arreglos de grupos mayores propuestos por Gadow (1893), Mayr y Amadon (1951), Wetmore (1960), y Storer (1971) son virtualmente idénticos. Siendo estas últimas las más aceptadas en el consenso general de los ornitólogos, y enriquecidas por las ideas de los propios autores y las nuevas investigaciones.

Las tres escuelas taxonómicas modernas, evolucionista, cladista y feneticista, también en sus fundamentos y metodologías científicas. Llevadas estas diferencias al terreno de la clasificación de las aves, se han obtenido puntos de vista muy diferentes provocando grandes discusiones en los últimos 20 años.
 
El enfoque evolucionista
 
El aspecto dominante dentro de las diferentes clasificaciones propuestas para la clase aves, es el intento de búsqueda de un esquema clasificatorio que refleje las relaciones de los grupos, y el marco teórico más importante lo propone la escuela evolucionista.

La teoría de la clasificación evolutiva, propuesta por Darwin, en forma primaria, delimita los taxa en base a dos consideraciones: ancestría común y divergencia subsecuente. Su método es inferir relaciones, con una evaluación a posteriori de la similitud, que es, esencialmente, lo que los grandes maestros de la taxonomía han practicado por más de 100 años (Mayr, 1976).

La tendencia actual de la escuela evolucionista, o “ecléctica” (Raikow, 1985) representada en el campo de la Ornitología principalmente por Ernst Mayr, se resume argumentando que ha tomado lo mejor de la escuela feneticista y lo mejor de la cladista, dejando a un lado dogmas como el que todos los caracteres tienen el mismo valor, o que sólo hay un proceso en la evolución, la formación de ramas (Mayr, op cit.).

La mayor crítica hacia la escuela evolucionista ha sido hecha en función de su flexibilidad en el concepto de construir una clasificación (Raikow, 1985). El mismo Mayr argumenta que aún conociendo la filogenia perfectamente, es posible crear diferentes clasificaciones, porque los taxa deben consistir en agrupamientos de especies que, se infiere, están más relacionados genéticamente unos con otros que con otras especies en otros grupos; esto permite innumerables ajustes para que en la delimitación de los taxa pueda facilitarse la recuperación de información (Mayr, 1976).

Sin embargo, las clasificaciones “clásicas” utilizadas a partir de la década de los treinta descansan en aquellos arreglos sistemáticas propuestos por Gadow y Fürbinger, que a su vez son básicamente morfológicos en su concepción. Desde luego que ello se debe, en gran parte, a la existencia de numerosos ejemplares en los museos, lo que hace posible un muestreo bastante completo de la variación de los caracteres a un nivel individual, geográfico e intertaxa; además, las estructuras externas son susceptibles de ser estudiadas bajo el punto de vista de la morfología funcional (Short, 1976). La mayoría de los taxónomos clásicos se oponen al uso de nuevos caracteres, que son pobremente entendidos, complicados o que requieren de equipo sofisticado para su análisis (e.g. electroforesis).

Stressemann (1959), enfatiza que a pesar de que se han hecho enormes esfuerzos para crear un sistema que especifique con precisión el grado de relación filogenética de los grupos, los diferentes puntos de vista de los sistematas han llevado a concepciones muy distintas de las clasificaciones que se construyen; enfatizando que: “…el investigador de la filogenia de las aves se debe basar en muchas pistas indirectas y ambiguas”.

La clasificación planteada por Stressemann (1959), propone un esquema con 51 órdenes, a diferencia de los 25 a 27 que sugieren Mayr y Amadon (1951), Wetmore (1960) o Storer (1971), dejando abierto el análisis acerca de las relaciones entre ellos. Las modificaciones principales que propone se refieren a la subdivisión de las Gruiformes y Coraciiformes en varios órdenes, los cuales corresponderían a los subórdenes o superfamilias de las otras clasificaciones (Cuadro 3).

La serie de clasificaciones propuestas por Wetmore (1934, 1940, 1951 y 1960) son una gran aportación al conocimiento de las relaciones filogenéticas de los grupos mayores, sobre todo tomando en cuenta la importancia que les da a los fósiles puesto que: “… sólo a través de lo que se sabe de las formas extintas podemos llegar a un agrupamiento lógico de las especies que los naturalistas han visto en estado vivo” (Wetmore, 1951). La adición de nuevos datos que afectaban el arreglo de familias y grupos mayores, especialmente en lo referente a las formas fósiles y al arreglo y relaciones de las Passeriformes llevan al autor a proponer una clasificación (Wetmore, 1960), aparentemente más estable y que: “… al principio traerá cambios en las designaciones de familias y grupos mayores de aves” (op cit.).

Este esquema de clasificación (Cuadro 4) se constituyó en el más aceptado por la mayoría de los ornitólogos, siendo muy parecido el propuesto previamente por Mayr y Amadon (1951) y los anteriormente propuestos por el mismo Wetmore. Su importancia radica en un arreglo conservador, que además incluye nuevos datos acerca de las relaciones de los grupos, basado, sin embargo, en las contribuciones de Gadow como el mismo Wetmore (1930) lo expresó.

La clasificación de Mayr y Amadon (1951) refleja un sistema evolucionista puro, explicando que las relaciones de los grupos de las aves tal vez nunca sean conocidas satisfactoriamente (op cit.: 2), y que los órdenes actuales son tan sólo ramas terminales de un gran árbol filogenético muy ramificado, por lo cual no tiene sentido decir la secuencia exacta en que son enlistados. Ellos utilizan los nombres antiguos de los órdenes.

Bajo un enfoque clásico, típicamente evolucionista como los anteriores, Storer (1971) propone una clasificación, a su vez muy similar a las otras, dentro de una escuela Mayriana. Argumenta que los taxas superiores se arreglan de acuerdo a la reconstrucción de su historia evolutiva, enriqueciéndola con datos de paleoecología y zoogeografía. Sin embargo, su concepción del agrupamiento es tan flexible que justifica la subdivisión de grupos con gran cantidad de especies en Tribus, mientras que no lo hace para grupos con pocas especies, aunque haya evidencia morfológica que lo apoye.

Es bajo este panorama que las actuales clasificaciones se manejan. Sin embargo, nuevas corrientes metodológicas y nuevos descubrimientos e interpretaciones paleontológicas y filogenéticas han revolucionado el esquema clásico. Analicemos algunas de estas ideas.
 
El enfoque de la escuela cladista
 
A pesar de que la mayor parte de los debates acerca de las metodologías sistemáticas se habían llevado a cabo fuera del terreno de la Ornitología (Olson, 1982), es Joel Cracraft (1981) el que invade este campo con una serie de análisis cladistas acerca de la filogenia de ciertos grupos de aves, y que culmina con la proposición de una nueva clasificación de toda la clase.

Es muy cuestionable, desde el punto de vista de Cracraft, el consenso general que existe acerca de las relaciones entre los taxa superiores de las aves; esto se refleja en la disparidad de las clasificaciones publicadas con la verdadera filogenia del grupo, por lo que las clasificaciones difícilmente pueden llamarse filogenéticas (Cracraft, 1972).

El problema no es la clasificación en sí misma, sino el razonamiento y estudio de la filogenia, sin olvidar que la primera depende sustancialmente de la segunda, al menos en las teorías taxonómicas que consideran la evolución. Es posible que para la mayoría de los ornitólogos las afinidades filogenéticas entre las familias de aves estén bien entendidas, lo que aparentemente se puede desprender de la mayoría de las clasificaciones utilizadas. Sin embargo, mientras que por un lado se acepta la clasificación de las aves como un sistema estable, por otro se argumenta que las relaciones filogenéticas no están bien entendidas y necesitan una revisión mayor. ¿Es acaso que la mayoría de los autores han sacrificado la filogenia en favor de un sistema estable? (Cracraft, 1972).

La mayoría de los biólogos están de acuerdo en que una clasificación debe reflejar el patrón del orden que subyace en la diversidad, y la cual está dada por la historia evolutiva del grupo (Raikow, 1985).

Para establecer las relaciones filogenéticas de los grupos, Cracraft utiliza las ideas de Hennig (1966) llamada Sistemática Filogenética o Cladistica, argumentando que se trata de la escuela que contiene los métodos más adecuados pare determinar la filogenia dentro de los taxa supraespecíficos mediante la evolución de los estados de carácter únicos a ese linaje, la ramificación dicotómica y la compartición de caracteres primitivos y derivados (plesiomórficos y apamóficos) entre grupos hermanos.

El principal problema en este punto se refiere a la metodología para determinar el estado primitivo o derivado del carácter, aceptándose más la comparación con el grupo externo o análisis de distribución del estado del carácter, siempre y cuando se esté trabajando en el mismo nivel jerárquico y con el grupo más cercanamente relacionado (grupo hermano).

La nueva clasificación propuesta por Cracraft (1981) parte de la suposición de que la mayoría de los órdenes y familias reconocidos son monofiléticos, pero no así el ordenamiento dentro de los órdenes pues no se ha desglosado la similitud en sus componentes primitivo y derivado. Esta clasificación no es inmutable (op cit.: 685) y está sujeta a cambios con el trabajo futuro.

La ventaja de usar un método filogenético (cladístico) radica en que sirven para elaborar hipótesis más precisas acerca de la composición de los grupos naturales (Cracraft, 1981), y tiene una ventaja sobre el sistema tradicional o ecléctico, ya que se basa en la filogenia y todos los taxa son estrictamente monofiléticos y categorizados por un solo método (Raikow, 1985).

Puesto que la clasificación de Cracraft involucra una gran cantidad de caracteres, es necesario crear nuevas categorías taxonómicas, reconociendo solamente 20 órdenes (Cuadro 5).

Varios aspectos de la clasificación propuesta por Cracraft fueron criticados duramente por Olson (1982), con base en la propia metodología cladista propuesta por Hennig (1966), argumentando algunas dudas acerca de la monofilia de los grupos (estrictamente las Divisiones), una mala interpretación de las relaciones a partir de los fósiles (e.g. la relación entre Ciconiidae y Cathartidae con base en Neocathartes), el nulo contenido informativo de la clasificación, falta de ajuste al Código de Nomenclatura Zoológica y la elevación de los grupos muy apomórficos a un nivel jerárquico mayor que el del grupo hermano (Olson, op cit.). Todos estos argumentos fueron respondidos por Cracraft (1983) de diversa manera.

Sin embargo, en la realidad, a pesar de que la metodología cladista propone un enfoque teóricamente aceptable, este primer intento de abarcar a todas las aves recientes fracasó, al incurrir en varios errores (metodología, desconocimiento de los caracteres y de evaluación de relaciones) como es la reunión de Strigidae en falconiformes, una unión desechada por los taxónomos desde hace mucho tiempo (Phillips, 1983).
El análisis cladístico en grupos de jerarquía mayor dentro de las aves ha sido efectuado por varios autores como Cracraft (1982a, 1982b) pero las Gruiformes y aves buscadoras extintas y fósiles, Mickevich y Parenti (1980) para las Charadriiformes, Raikow (1978, 1985) para los Oscines de 9 primarias, entre otros. Una correcta evaluación de los caracteres utilizados y un apego suficiente a los principios metodológicos puede llevar a una correcta interpretación de las relaciones filogenéticas mediante este tipo de análisis. (Figura 5).
 
La escuela feneticista
 
Por definición, la Escuela Feneticista construye las clasificaciones mediante la evaluación de la “similitud total”, un aspecto que los taxónomos que buscan un sistema natural han desechado porque provoca el obscurecimiento de las relaciones debido a la convergencia y el paralelismo.

La escuela feneticista moderna o Taxonomía Numérica sigue los postulados de Sneath y Sokal (1963), quienes integran las modernas técnicas de análisis multivariado y agrupación de características a la sistemática.

Algunos trabajos feneticistas realizadas en aves han apoyado o corroborado hipótesis taxonómicas de alocación de especies en géneros, como en el caso del trabajo de Ackerman (en: Selander, 1971) con base en el análisis de agrupamiento de ciertas medidas del llamado Índice de Mahalahonis.

Un estudio fenético del suborden Lari (gaviotas y sus afines) con base en ciertas características morfológicas y osteológicas de los adultos (Schnell,1970), fue comparado con un cladograma elaborado por Moynihan (1959), y algunos de los agrupamientos formados tuvieron congruencia. Sin embargo, no es posible evaluar la metodología feneticista a la luz de la búsqueda de relaciones filogenéticas de los grupos.
 
Contribuciones de la bioquímica y la genética
 
En la búsqueda de nuevos caracteres que pudieran ser utilizadas como buenos evaluadores de la filogenia, han sido integrados los recientes avances de las técnicas de estudio de la “anatomía comparada” de proteínas y ácidos nucléicos al análisis de algunos problemas sistemáticos particulares en las aves, e inclusive a tratar de definir la filogenia de los grupos mayores.

Las primeras aportaciones en este campo fueron en el sentido de determinar el grado de parentesco entre poblaciones en términos de números totales de sustituciones alélicas en loci genéticos (Selander, 1971).

Las técnicas más utilizadas para establecer relaciones filogenéticas con base en evidencia bioquímica provienen del análisis comparativo de los patrones electroforéticos de proteínas en la clara de huevo (Sibley, 1970; Sibley y Ahlquist, 1972, 1973), separan de las proteínas de las plumas (Brush, 1976), técnicas inmunológicas (Wilson et al., 1977), análisis del DNA mitocondrial (Kessler y Avise, 1984) y el análisis de la hibridización DNA-DNA (Sibley y Ahlquist, 1983 y 1986). Estas técnicas, especialmente la electroforesis de proteínas, han sido cuestionadas por su falta de precisión derivada de la propia metodología (Brush, 1979). Sin embargo, algunos autores han apoyado la utilización de este tipo de caracteres en función de estar menos sujetos a convergencia que los caracteres morfológicos (Lanyon, 1985).

Los trabajos de Sibley y Ahlquist citados critican el uso de caracteres morfológicos, pues se sujetan muchas veces a homoplasias. Las premisas que toman para la interpretación de sus datos son: que un patrón de corrimiento similar indica una relación cercana y, que la información genética está codificada en la secuencia de nucleótidos del DNA. Como la secuencia es traducida en proteínas, las proteínas son mensajes genéticos de la secuencia de nucleótidos (Sibley y Ahlquist 1970).

La interpretación taxonómica de los patrones electroforéticos descansa principalmente en el hecho de que no se produzca variación por desnaturalización de la muestra, por diferencias en la concentración o por falta de precisión de los aparatos. Si existe, evitando lo anterior, una diferencia en el número de proteínas o en su movimiento, esto se interpreta como taxonómicamente significativo.

Los trabajos elaborados por dicha técnica han servido para apoyar algunas hipótesis filogenéticas entre los grupos de status dudoso, o bien, a veces para proponer nuevas hipótesis como, por ejemplo, la alocación sistemática de Zeledonia y Opisthocomus (Sibley, 1970; Sibley y Ahlquist, 1973) (Figura 6). Sin embargo, actualmente no se realizan trabajos filogenéticos utilizando este tipo de evidencia dado que no respondió a la necesidad de un entendimiento de la filogenia.

Los mismos autores han tratado de encontrar evidencia bioquímica de las relacionan filogenéticas de las aves en la técnica de hibridación del DNA-DNA (Sibley y Ahlquist, 1983), mediante el cual, proponen, se puede reconstruir el patrón de ramificación de las linajes mayores de aves.

La técnica consiste en medir la diferencia promedio entre los DNA de especies representativas de los grupos mayores, y utilizar esos datos en la elaboración del árbol filogenético. Esta filogenia reconstruida, asumiendo que el patrón de ramificación y la fecha de cada evento de ramificación (cladogénesis) pueden inferirse de los datos obtenidos, da la pauta para una clasificación de las aves basada en sus relaciones genealógicas.

Es importante en esta metodología, el que se haya asumido la consideración de que el cambio genético en la historia evolutiva sea principalmente divergente y se lleve a cabo a una velocidad constante (Sibley y Ahlquist, 1986). Algunas de estas generalizaciones han sido criticadas duramente por algunos autores bajo el enfoque de que rara vez se han hecho pruebas para demostrarlas (Houde, 1987) y existe aún mucho escepticismo acerca de la utilización de estos caracteres en lugar de los tradicionales morfológicos. Pero la técnica puede sobrevalorar la cantidad de cambio o divergencia interpretándola como ramificación.
La aplicación de este tipo de análisis a algunos grupos grandes como las Suboscines (Sibley y Ahlquist, 1985), Piciformes y Passeriformes (Sibley y Ahlquist, 1985), lleva algunas veces a cambios sustanciales en la clasificación (Figura 7), o a proponer nuevos esquemas de clasificación, por ejemplo, las Pelecaniformes, pingüinos y tubinares (Sibley y Ahlquist, 1986b). Es por eso que, a pesar de las críticas, la técnica ha sido recibida con beneplácito por muchos taxónomos como fuente valiosa de caracteres filogenéticamente importantes.

Las técnicas citogenéticas, ampliamente usadas en los estudios sistemáticos de mamíferos (e.g. Gardner, 1977; Carleton, et al., 1982), y reptiles, no han sido muy fructíferos cuando se aplican a las aves, posiblemente debido a que son grandes las dificultades técnicas que se presentan a causa de la gran cantidad y pequeño tamaño de los cromosomas (microcromosomas), además de que es aún muy poca la cantidad de especies de las cuales se han hecho cariotipos. Sin embargo, algunos patrones generales de importancia filogenética han sido encontrados, tal es el hecho de que grupos jóvenes que están experimentando radiación adaptativa, como los Passeriformes, son cariotípicamente más variables que grupos viejos filogenéticamente, por ejemplo, los patos, búhos y grullas (Shields, 1982).

Las investigaciones acerca de la variación genética de las aves en relación a la sistemática y a los mecanismos evolutivos, utilizando la técnica de electroforesis, se han estado desarrollando desde muy recientemente (Barrowclough et al., 1985). Sin embargo, sus principales aportaciones a la sistemática están dentro del nivel específico y sus relaciones (e.g. Gutiérrez, Zink y Yang, 1983, en las Galliformes).
 
Una clasificación natural
 
Después de explorar los diferentes puntos de vista y metodologías que intentan obtener un alto grado de precisión en las relaciones filogenéticas de los grupos mayores de la clase Aves, se llega a la conclusión, en la que están de acuerdo gran cantidad de autores, de que el esquema de clasificación de las aves no representa las relaciones filogenéticas dentro del grupo (Cracraft, 1981; Olson, 1981, 1985; Raikow, 1985).

Por otro lado, observamos que los arreglos taxonómicos “estandarizados” y utilizados en la actualidad (AOU, 1983, por ejemplo), continúan utilizando un arreglo conservador y parsimonioso al que incorporan tan sólo algunos cambios en grupos tradicionalmente complejos en su alocación sistemática: los flamencos (Phoenicopteridae), atrapamoscas del viejo mundo (Muscicapidae) y gorriones, calandrias y sus afines (Emberizidae).

Conforme mayor evidencia, y de más diversas fuentes, se está acumulando, puede advertirse que son necesarios cambios radicales a la clasificación, y estos cambios, debidamente documentados, deben ser integrados de modo que se esté más cerca cada vez del sistema “natural” para el cual tantos esfuerzos se han dedicado por no menos de 200 años. Si se considera, además, que las aves han sido, tradicionalmente, el grupo en el que se han basado gran parte de las generalizaciones o teorías ecológicas y biogeográficas se debe comprender, que no es posible adolecer de exactitud en la interpretación de las relaciones filogénicas del grupo.

Un gran énfasis debe ser puesto en los estudios anatómicos y anatomo-funcionales, los cuales, correctamente usados, han probado ser muy valiosos en la solución de problemas dentro de grupos dudosos como los Coerebidae (Beecher, 1951) y Charadriiformes (Zusi, 1984), o para establecer relaciones entre grupos que tradicionalmente se habían considerado no emparentados como los flamencos y las aves de playa (Olson y Feduccia, 1980); los buitres del Nuevo Mundo (Gathartidae) y las Cigüeñas (Ciconiidae) (Ligon, 1967; Olson, 1985); o la eterna discusión de la colocación del Hoatzin (Opisthocomus) (Sibley y Ahlquist, 1973). Pero tampoco se debe desechar la gran importancia que están adquiriendo pruebas bioquímicas, en especial la hibridación del DNA, como indicadores de relaciones filogenéticas, esto es, como generadores de hipótesis, aunque no como demostración.

Consideramos que sería un grave error, sin embargo, concentrar los estudios sistemáticos solamente a la semejanza anatómica o la bioquímica, por más finas que se quieran hacer. Un análisis global de las caracteres en juego, sean de la fuente que sean, enriquece la discusión y el mismo contenido de una clasificación. Y, si además se apoya en un patrón metodológico que ofrezca las mejores oportunidades de análisis de los aspectos filogenéticos, como podría ser el cladismo, el avance científico sería invaluable. Dicho por Wyles et al. (1983): “la comparación de datos anatómicos, conductuales y moleculares, por ejemplo, pueden dar un panorama acerca de los procesos que gobiernan el cambio evolutivo”.
 
 
 
Referencias bibliográficas
 
American Ornithologists’ Union (1983) Check-list of North American Birds, 6th. edition, AOU (eds.), 877 pp.
Barrowclough, G., N. K. Johnson & R. M. Zink, 1985, On the Nature of Genic Variation in Birds, in: Current Ornithology, vol. 2, R. F. Johnston (Ed.), Plenum Publishing Co.: 135-154.
Beecher, W. J., 1951, Convergence in the Coerebidae, Wilson Bull 63:274-287.
Berlin, B., 1973, Folk Systematics in relation to biological classification and nomenclature, Ann. Rev. Ecol. Syst. 4:259-271.
Brush, A. H., 1976, Waterfowl feather proteins: Analysis of use in taxonomic studies, J. Zool. London, 179:467-498.
Brush, A. H., 1979, Comparison of Egg-white Proteins: Effect of Electrophoretic Conditions, Biochem. Sys. and Ecol., 7:155-165.
Buffon, J. L., 1854. Historia Natural, Tomo III. (Versión en Español), Biblioteca Ilustrada de Gaspar y Roig, Madrid, pp. 39-47.
Carleton, M. D., D. E. Wilson, A. L. Gardner & M. A. Bo gan, 1982, Distribution and Systematics of Peromyscus (Mammalia: Rodentia) of Nayarit, México, Smiths. Contrib. Zool. 352 [iii] 46 pp.
Cory, C. B., C. E. Hellmayr & B. Conover, 1918-1949, Catalogue of the Birds of the Americas, Publ. Field Mus. Nat. Hist. Zool. Ser., vol. 13, parts I-XI.
Cracraft, J., 1972, The relationships of the higher taxa of birds: problems in phylogenetic reasoning, Condor 74, (4):379-392.
Cracraft, J., 1981, Toward a Phylogenetic Classification of the Recent Birds of the World (Class Aves), Auk 98:681-714.
Cracraft, J., 1982, Phylogenetic Relationships and Transatlantic Biogeography of some Gruiform Birds, GEOBIOS 6:393-402.
Cracraft, J., 1982, Phylogenetic relationships and monophyly of loons, grebes and hesperornithiform birds, with comments on the early history of birds, Syst. Zool., 31:35-56.
Cracraft, J., 1983, What systematic method will ornithology adopt?-a reply to Olson, (1982), Auk 100(1):233-236.
Cuevas-Suárez, Susana, 1985, Ornitología Amuzga: un análisis etnosemántico, Colección Científica, INAH, México, 124 pp.
Cuvier, G., 1817, Les Oiseaux, in: REGNE ANIMAL, Vol. 1, Deterville, Paris, pp. 290-540.
Darwin, C., 1855, On the Origin of Species by Means of Natural Selection, John Murray, London, 502 pp.
Diamond, J. M., 1966, Zoological classification system of a primitive people, Science 151:1102-1104.
Diamond, J. M., 1983, Taxonomy by nucleotides, Nature 305:17-18.
Fübinger, M., 1888, Untersuchungen sur Morphologie und Systematik der Vogel. II. Allgemeiner Theil. Van Holkema, Amsterdam, 875 pp.
Gadow, H., 1892, On the classification of Birds, Proc. Zool. Soc., London, 1892:229-256.
Gadow, H., 1893, Vogel. II., Systematischer Theil, in: Dr. H. G. Bronn's Klassen und Ordnungen des Thier-Reichs, vol. 6 (4), 303 pp.
Gardner, A. L., 1977, Taxonomic implications of the karyotypes of Molossops and Cynomops (Mammalia: Chiroptera), Proc. Biol. Soc. Wash., 89 (47):545-549.
Garrod, A. H., 1873, On certain muscles of the thigh of birds and their value in classification, Part I, Proc. Zool. Soc. London, 1873:626-644.
Garrod, A. H., 1874, On certain muscles of birds and their value in classification, Part II, Proc. Zool. Soc. London, 1874:111-112.
Garrod, A. H., 1875, On the disposition of the deep plantar tendons in different birds, Proc. Zool. Soc. London, 1875:339-348.
Grey, G. R., 1840, A list of the Genera of Birds, with an indication of the typical species of each genus, Richard and John E. Taylor, London, 80 pp.
Gutiérrez, R. L., R. M. Zink & S. Y. Yang, 1983, Genetic Variation, Systematic and Biogeographic Relationships of some Galliform Birds, Auk 100 (1): 33-47.
Hennig, W., 1966, Phylogenetic Systematics, Urbana University, III.
Houde, P., 1987, Critical evaluation of DNA hybridization in Avian Systematicas, Auk, 104 (1):17-32.
Huxley, T. H., 1867, On the classification of birds and on the taxonomic value of the modification of certain cranial bones observable in that class, Proc. Zool. Soc. London, 1867:415-472.
Kessler, L. G. & J. C. Avise, 1984, Systematic relationships among waterfowl (Anatidae) inferred from restriction endonuclease analysis of mitochondrial DNA, Syst. Zool., 33 (4):37-380.
Lanyon, S. M., 1985, Molecular perspective on higher-level relationships in the Tyrannoidea (Aves), Syst. Zool., 34 (4):401-418
Ligon, J. D., 1967, Relationships of the cathartid vultures, Occ. Pap. Mus. Zool. Univ. Mich., 651.1-26.
Linneo, C., 1758, Systema naturae per regna tria naturae… 10a. ed., rev. L. Salvii, Holmiae, 2 Vols.
Mayr, E., 1976, Evolution and the diversity of life, Belkhap Press of Harvard University, pp. 430-433.
Mayr, E., & D. Amadon, 1951, A classification of recent birds, Amer. Mus. Novitates, 1496:42 pp.
Moynihan, M., 1959, A revision of the family Laridae (Aves), Amer. Mus. Novitates, 1928:1-42.
Nelson, G., & N, Platinick, 1981, Systematics and Biogeography, New York, Columbia University Press, pp. 111-116.
Nitzch, C. L. 1840, System der Pterylographie, Eduard Anton, Halle, 228 p.
Olson, S. L. 1981, The museum tradition in ornithology a response to Ricklefs, Auk, 98:193-195.
Olson, S. L., 1982, A critique of Cracraft’s classification of birds, Auk, 99:193-195.
Olson, S. L., 1985, The fossil record of birds. In: Farner, D. S., J. R. King / K. C. Parkes (eds.) Evian Biology, volume VIII, Academic Press, pp. 80-238.
Olson, S. L., & A. Feduccia, 1980, Relationships and evolution of Flamingos (Aves: Phoenicopteridae). Smiths. Contrib. Zool., 316:1-73.
Peters, J. L., et al., 1931-1978, Check-list of birds of the world, Vols. 1-15, Cambridge-Harvard Univ. Press.
Phillips, A. R., 1983, (en prensa), Avian Taxonomy and recent developments, Memorias II Congreso Iberoamericano de Ornitología.
Raikow, R. J., 1978, Appendicular myology and relationships of the New World nine-primaried oscines (Aves: Passeriformes), Bull. Carnegie Mus., 7:1-43.
Raikow, R. J., 1985, Problems in avian classification. In: Johnston, R. F., (ed.), Current Ornithology, vol. 2, Plenum Publishing Corp., pp. 187-212.
Raven, P. H., B. Berlin & D. E. Breedlove, 1971, The origins of Taxonomy, Science, 174:1210-1213.
Ridgway, R., 1901-1950, The birds of North and Middle America, U.S. Natl. Mus. Bull. 50, parts 1-11 (Partes 9-11 continuadas por Herbert Friedmann).
Schnell, G. D., 1970, A phenetic study of the suborder Laro (Aves). II, Phenograms, discussion and conclusions, Syst. Zool., 19:264-302.
Sclater, P. L., 1880, Remarks on the present state of the Systema Avium, Ibis, 22:340-350, 399-411.
Selander, R. K., 1971, Systematics and Speciation in birds. In: Farner, D. S., J. R. King & K. C. Parkes (eds.), Avian Biology, volume I, Academic Press.
Shields, G. F., 1982, Comparative avian cytogenetics: a review, Condor, 84(1):45-58.
Short, L. L., 1976, The contribution of external morphology to avian classification, Proc. 16th. Internat. Ornithol. Congr., Canberra:185-195.
Sibley, C. G., 1970, A comparative study of the egg-white proteins of Passerine birds, Peabody Mus. Nat. Hist. Bull., 32:1-122.
Sibley, C. G. & J. E. Ahlquist, 1972, A comparative study of the egg-white proteins of non-passerine birds, Peabody Mus. Nat. Hist. Bull., 39:1-246.
Sibley, C. G. & J. E. Ahlquist, 1973, The relationships of the Hoatzin, Auk, 90(1):1-13.
Sibley, C. G. & J. E. Ahlquist, 1983, The phylogeny and classification of birds, based on the data of DNA-DNA hybridization, Current Ornithol., 1:245.292.
Sibley, C. G. & J. E. Ahlquist, 1985, Phylogeny and classification of the New World suboscine passerine birds (Passeriformes: Oligomyodi: Tyrannides). Pp. 396-428, in: Neotropical Ornithology, Ornithological Monographs 36, Am. Ornith. Union, Washington, D.C.
Sibley, C. G & J. E. Ahlquist, 1986b, Phylogeny of non-passerine birds, based on DNA comparisions, Abstracts XIX Congtessus Internationalis Ornithologicus, Ottawa, Canada, 252.
Sibley, C. G. & J. E. Ahlquist, 1986b, Reconstruction bird phylogeny by comparing DNA’s, Sci. Amer., 254(2):82-93.
Sneath, P. H. A & R. R. Sokal, 1973, Numerical Taxonomy, W. H. Freeman C., San Francisco.
Storer, R. W., 1971, Classification of birds. In: Farner, D. S., J. R. King & K. C. Parkes (eds.), Avian Biology; volume I, Academic Press.
Strauch, J. G. Jr., 1978, The phylogeny of the Charadriiformes (Aves): a new estimate using the method of character compatibility analysis, Tans. Zool. Soc. London, 34:263-345.
Stressemann, E., 1959, The status of avian systematics and its unsolved problems, Auk, 76(3):269-280.
Strickland, H. E., 1841, On the true method of discovering the natural system in zoology and botany, Ann, Mag. Nat. Hist., 6:184-194.
Wallace, A. R., 1856, Attempts at a natural arrangement of birds, Ann. Mag. Nat. Hist., ser. 2, 16:184-196.
Wetmore, A., 1930, A systematic classification of the birds of the world, Proc. U.S. Nat. Mus., 76(24):1-8.
Wetmore, A., 1934, A systematic classification of the birds of the world, revised and amended, Smithsonian Misc. Coll., 89(13):11 pp.
Wetmore, A., 1940, A systematic classification of the birds of the world, Smithsonian Misc. Coll., 99(7): 11pp.
Wetmore, A., 1951, A revised classification of the birds of the world, Smithsonian Misc. Coll., 117(4):1-22.
Wetmore, A., 1960, A classification of the birds of the world, Smithsonian Misc. Coll., 139(11):1-37.
Willughby, F. (& J. Ray), 1676, Ornithologiae Libri tres. Royal Soc. London, 307p.
Wilson, A. C., S. S. Carlson & T. J. White, 1977, Biochemical evolution, Ann. Rev. Biochem., 46:573-639.
Wyles, J. S., J. G. Kunkel & A. C. Wilson, 1983, Birds, behavior and anatomical evolution, Proc. Nat. Acad. Sci. USA, 80:4394-4397.
Zusi, R. L., 1984, A functional and evolutionary analysis of rynchokinesis in birds, Smithsonian Contrib. Zool., 395:40 pp.
     
________________________________________      
Adolfo G. Navarro S.
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
_____________________________________________________
 
como citar este artículo →
     
del herbario        
 
  menu2
PDF
           
R012B03 
Flora de México
Patricia Magaña Rueda
y Alfonso Delgado S.
   
   
     
                     
México, como muchos países latinoamericanos, cuenta
con un conocimiento incipiente de su flora, a pesar de poseer una de las cubiertas vegetales más variadas del planeta.

Hasta hace algunos años, hablar de una obra como la Flora de México o de hacer un catálogo de las especies vegetales de este país había sido sólo un propósito, en cuya consecución se interponían infinidad de obstáculos. Este objetivo, con el paso del tiempo y a través del esfuerzo de buena cantidad de estudiosos de la flora, se vislumbra más cercano, a pesar de que es evidente que la velocidad con que la vegetación es destruida en un país como éste supera en mucho a la del avance botánico para el conocimiento de nuestros recursos.

Parte de la consolidación de estos esfuerzas fue la constitución del Consejo Nacional de la Flora de México, A.C., en 1984. El objetivo central de esta organización es: promover la elaboración y publicación de la Flora de México (CNFM), cuidando del mantenimiento de su alto valor científico y utilitario, así como su adecuada distribución…

Para lograr lo anterior, dicho Consejo plantea en sus estatutos:
 
– Coordinar e impulsar acciones conjuntas entre las instituciones asociadas y con autoridades federales, estatales y privadas, con miras a la realización del proyecto de La Flora de México.
– Apoyar gestiones que tiendan a financiar y desarrollar en los organismos asociados, la infraestructura de apoyo a los servicios y proyectos nacionales y regionales orientados a lograr el inventario y estudio de los recursos florísticas de México.
– Promover y orientar el incremento ordenado de colecciones de plantas, atendiendo las recomendaciones del propio proyecto.
– Coordinar y fomentar un programa dirigido de exploración botánica que cubra adecuada y eficientemente el territorio nacional y en particular aquellas regiones poco exploradas y grupos de plantas pobremente representados en colecciones de instituciones mexicanas.
– Favorecer el intercambio de información bibliográfica básica entre las instituciones asociadas y en particular su acceso a los investigadores colaboradores del proyecto.
– Brindar información y asesoría a los usuarios y colaboradores del proyecto sobre el avance y las recomendaciones de acciones paralelas y complementarias al mismo.
– Promover la formación de nuevas taxónomos, así como la superación y perfeccionamiento de los taxónomas existentes. Difundir y evaluar los avances del proyecto y vigilar el cumplimiento de las actividades y compromisos establecidos de común acuerdo a través de los convenios interinstitucionales respectivos.
 
En cuanto al panorama general concerniente al estudio de la flora nacional, se puede apreciar que existen pocas zonas del país donde su cubierta vegetal haya sido completamente estudiada. Sin embargo, existen zonas para las cuales hay publicadas floras locales, otras que cuentan con floras parciales y otras que están en la fase de publicación de listadas florísticos y exploración, lo que indica que hay mucho aun por hacer. Entre las floras terminadas podría citarse la Flora de Baja California por Ira L. Wiggins, finalizada después de casi 50 años de exploración y estudio. Entre las floras publicadas parcialmente estarían, por ejemplo, la Flora Fanerogámica del Valle de México, impulsada y coordinada por los esposos Rzedowski o la de la Nueva Galicia realizada por el Dr. Rogers McVaugh.

Finalmente como se mencionó, hay áreas con diferentes grados de exploración de campo y por consiguiente floras que van desde las que acaban de iniciarse, como la del estado de Oaxaca a otras ya terminadas pero sin publicarse como es el caso de la Flora del desierto Chihuahuense.

Por otro lado, resulta interesante apuntar que en México ya existen registrados 58 herbarios institucionales, lo cual indica un gran interés por el conocimiento de nuestra flora.

Es por esto que el Consejo Ejecutivo del CNFM ha intentado desde su formación apoyar, promover y fomentar eventos que traten de canalizar este esfuerzo de la comunidad botánica llevando a cabo asambleas generales, así como reuniones de trabajo por comités, cursillos de manejo y administración de herbarios, simposia sobre floras regionales o estatales y publicación de libros de interés botánico.

Las publicaciones con las que se cuenta hasta la fecha son:
– Manual de Herbario.
– Segundo Catálogo de los Herbarios Institucionales Mexicanos.
– Claves para la Identificación de los Géneros de la Familia Compositae en México.
– Bibliografía comentada sobre Pteridofitas de México.
– Guía para los Autores de la Flora de México (Normas Generales) (en proceso de ser publicado).
 
Durante la Tercera Asamblea General Ordinaria que se llevó a efecto en el marco del X Congreso Mexicano de Botánica en la ciudad de Guadalajara, Jalisco en septiembre y octubre pasados, se presentó la convocatoria para contribuyentes de la Flora, con lo cual se abre una nueva etapa en la consolidación del trabajo, al formalizar las bases sobre las que las colaboraciones deben partir.

Los proyectos para el futuro están centrados en la formación y capacitación de recursos humanos, el cual por sí solo constituye quizá la limitante de fondo más importante del avance consistente de la Flora y por lo mismo requerirá de un mayor esfuerzo. Para esto en el presenta año se han organizado los siguientes eventos:
 
– Curso itinerante: Manejo y Administración de Herbarios. Este curso se propone para tres regiones del país.
– Cursos especializados de Taxonomía Vegetal.
– Reunión de trabajo: La Computadora en la Flora de México.
 
El CNFM desea invitar a la comunidad nacional a proteger nuestra cubierta vegetal y de este modo unirse al esfuerzo de los botánicos mexicanos.
     
_____________________________________________________________
     
Patricia Magaña Rueda
Alfonso Delgado S.
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México
     
_____________________________________________________________
     
como citar este artículo
[En línea]
     

 

 

 

R07Articulo07   menu2

siguiente 

anterior  

PDF 

   
   
Nota de los Editores      
               
               
Una parte de las experiencias mas interesantes que vivió
la Facultad de Ciencias en su historia reciente es la de los
Cursos-Debate.

Estos cursos se dieron en el año de 1972, ya habían pasado las represiones de 1968 y 1071. Los estudiantes y profesores universitarios cuestionaban entonces no sólo su posición política como cualquier ciudadano, sino su quehacer como futuros profesionistas.

Algunos profesores y estudiantes que se reunían para discutir diversos temas, decidieron elaborar un documento donde proponían organizar los cursos-debate. En la exposición de motivos planteaban las siguientes ideas:
 
“México es un país subdesarrollado y el científico es una persona que no puede permanecer indiferente ante la realidad política y económica que tiene frente él. Sin embargo, por lo general, el científico se aísla en su “torre de marfil” dedicado a realizar sus investigaciones, sin preocuparse por saber a quién van a servir sus esfuerzos”.
 
Quizá hoy día estos puntos de vista sean una verdad de perogrullo, pero en esa época significaban el inicio de lo que podríamos llamar conciencia crítica del científico y que llevaba a ese grupo de estudiantes a cuestionar a la UNAM en el siguiente sentido:
 
“La UNAM condiciona a los estudiantes de Ciencias por el método de calificaciones a base de títulos y grados académicos a diferentes niveles para que se integren a un sistema donde “lo normal” es que un “doctor en ciencias” ocupe una posición social y económica privilegiada con respecto a un graduado a nivel licenciatura, sin tomar en cuenta las necesidades económicas de la persona en sí”.
 
Esta afirmación va seguida de una explicación que mantiene vigencia hoy día.
 
“El hecho de que se acepte como natural lo expuesto anteriormente no es una casualidad, sino consecuencia directa de la relación que existe actualmente entre la Universidad y la sociedad mexicana capitalista”.
 
Tal argumento planten una problemática distinta a la que había originado al movimiento estudiantil de 1968, cuya consigna central iba en el sentido de luchar contra los excesos de un régimen, concretamente por la libertad de los presos políticos.

Después de las experiencias vividas en el 68 y 71, los estudiantes que elaboraron el documento se plantearon criticas más de fondo:
 
“Una sociedad basada en la existencia de clases y en la injusticia social, necesita élites de “intelectuales” que sirvan al sistema. Por otro lado, la deformación académica que generalmente sufre el estudiante desde que entre a primaria, lo lleva a aceptar como normal que su preparación vaya encaminada a obtener una serie de conocimientos que se cotizan como cualquier mercancía; mientras mayor número de diplomas “respalden” este conocimiento, mejor precio obtendrán por ellos”.
 
Todos estos argumentos en conjunto muestran una visión muy distinta de esos estudiantes que ya han vivido la represión en carne propia y pretenden asumir su propia experiencia en un marco totalmente distinto. De su experiencia ellos mismos concluyen:
 
“Sin embargo… el estudiante reacciona espontáneamente ante la injusticia en que vive como en el movimiento estudiantil de 1968, el 10 de junio, el paro en apoyo a la universidad de Sinaloa, etc. Pero por no tener una conciencia más clara y crítica acerca de la realidad mexicana, al salir de la UNAM se olvida de sus “pecados de juventud” y se integra al Sistema ya sea como un cuadro de élite explotador o como explotado. Por otra parte, mientras se carezca de una base sólida de conocimientos que permita un análisis profundo de la situación actual, la existencia de un movimiento estudiantil continuo que no quede restringido a respuestas espontáneas y emotivas está lejos de realizarse”.
 
Esta es una buena síntesis del sentir de los estudiantes universitarios de esa época; participantes, profesores, estudiantes, expresan, en esta sección la historia de la Facultad, sus puntos de vista:
 
Gustavo Martínez Mekler
Investigador del Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México.
 
¿Qué pasa después del 71?

Voy a comenzar un poquito antes del 71. En ese tiempo todavía estaban en la cárcel Gilberto Guevara Niebla, el Pino y otros más; subyacía una situación un poco depresiva del movimiento estudiantil. Lo que se quería era la liberad de los presos políticos. Entonces se inicia una especie de reestructuración a nivel de organización estudiantil. Se constituyeron en la Facultad comisiones de estudiantes por cada departamento, la de Física funcionaba mejor. Estas comisiones empezaron a atraer la atención de los estudiantes. Nosotros estábamos en tercero o cuarto semestre; comenzamos a participar en actividades medio políticas, medio académicas. Paralelamente ocurre un cambio de Consejo Técnico, generándose entonces una campaña muy fuerte para la elección de representantes estudiantiles. A nivel estudiantil se propician algunas modificaciones relativas al periodo de funciones de los consejeros técnicos alumnos y la estructura misma del Consejo Técnico. Se proponía delimitar la permanencia en el Consejo a un año, estableciendo el método de renuncia masiva, y modificar la formar de efectuar elecciones al obviar la figura de “elector” convirtiéndola en elegido, e implantando por consiguiente el voto “directo”.

Se inició, por entonces un periodo de reactivación en el sector estudiantil. Todavía existía el Comité de Lucha. Conjuntamente surgen los problemas de la Universidad de Nuevo León, viene el 10 de junio. Poco antes de esos acontecimientos salen de la cárcel el Pino, el Búho, Gilberto y otras gentes que habían caído presas en 1968. Se inicia entonces un mayor movimiento, revive el interés en todo tipo de aspectos tanto políticos como académicos, dándose una serie de sucesos: como los de Sinaloa que condujeron a realizar paros y movilizaciones. En la UNAM se instituyó la Universidad Abierta, hecho en el que la Facultad de Ciencias tuvo una actitud bastante activa; el Consejo Universitario pretendía aprobar la Universidad Abierta durante las vacaciones y la Facultad regresó a clases un mes antes para protestar por la forma en que se estaba instrumentando este punto.

En ese momento nos dimos cuenta que se necesitaba promover una organización estudiantil que estuviera más en contacto con los estudiantes y tratamos de crear lo que se llamó Consejo de Representantes (C.R.) que había sido propuesto por las comisiones estudiantiles de Física, Biología, Matemáticas y Actuaría.

Se proponía la elección de dos personas por cada aula y a partir de esto quedaría conformado el Consejo de Representantes C.R., el cual debía cambiar cada semestre. Al cabo de las elecciones fue nombrado el C. R que sé adaptó a las otras estructuras existentes. Llegó un momento que algunos miembros del Comité de Lucha también eran miembros electos del C.R. Todas estas propuestas se discutieron y aprobaron en Asamblea, considerada la instancia de autoridad máxima, respecto a las otras estructuras organizativas estudiantiles.

En ese contexto propusimos en Asamblea Estudiantil la creación de los Cursos-Debate para ir conformando una base teórica, un análisis más profundo de toda la situación. Quedaron implementados con el título: “Análisis Crítico del Papel de Científico ante la Realidad Mexicana”. Quienes estuvimos detrás de esto fuimos Raúl Rechtmann y yo en la parte organizativa, Flavio y Germinal Cocho en la fase teórica.
Los objetivos del curso eran:
 
1. Que proporcionara conocimientos mínimos en cuanto a los problemas económicos, sociales y políticos de la sociedad humana y sus consecuencias culturales.
2. Que desarrollara en el estudiante una “capacidad crítica” esto es, estimule y obligue al estudiante a pensar por sí mismo.
3. Que pusiera al estudiante en contacto con la realidad del país.
4. Que contribuyera para que el estudiante, no sólo en las palabras, sino en la actividad práctica, académica o no, fuera consecuente con sus ideales de justicia social.
 
Hasta donde yo me acuerdo, el curso/debate se propuso como resolución de Asamblea Estudiantil y se ganó por unanimidad; el Dr. Juan Manuel Lozano que era el Director en aquella época, lo aceptó.
Hubo un periodo de preparación del curso. Se veía un problema serio, pues de hacerlo simultáneo, se requería de un número considerable de coordinadores del curso. Para ello durante el período intersemestral se inició un programa de capacitación de coordinadores de discusión.
Inicialmente la idea era dar estos cursos en todos los salones tres días a la semana a las 10 y a las 17 horas; no fue necesario cancelar clases porque los horarios se elaboraron dejando esas horas libres.
Se enfatizaba mucho que serían cursos optativos y no una forma de adoctrinamiento dado que serían muy abiertos. El primero duró un semestre e involucró a varias decenas de coordinadores. El siguiente semestre se vieron interrumpidos por el estallamiento de la huelga del STEUNAM.

Se plantearon una serie de actividades paralelas al curso/debate y un buen número de estudiantes se integró a ellas; no fue un porcentaje mayoritario, pero sí alto. La experiencia sirvió tanto a sus participantes como a los que estaban dando los cursos. Se formó, de alguna manera, una conciencia crítica en ese momento. Luego, después de la huelga, la situación no se prestaba a la continuación del curso/debate y más bien se implementaron a nivel curricular una serie de cursos optativos de Ciencia y Sociedad, historia de la ciencia, etc. No puedo relatar los acontecimientos subsecuentes porque terminando la huelga fui al extranjero a continuar mis estudios.

En cuanto a la estructura de Consejo de Representantes, yo creo que fue útil, sobre todo para integrar a mucha gente que estaba marginada de la dinámica del movimiento estudiantil. Esto favoreció mucho a que —por algún tiempo— funcionara la estructura democrática de toma de decisiones que surgió después. Por principio de cuentas las manifestaciones en el Consejo Técnico a que hice referencia previamente sí se llevaron a la práctica; hubo una renuncia en masa de los representantes estudiantiles del Consejo Técnico y acto seguido elecciones “directas”. La duración de los consejos quedó entonces establecida en un período anual. Los próximos consejeros elegidos ya impulsaron la estructura de Consejos Departamentales.
 
Germinal Cocho
Investigador del Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Los cursos/debate tienen su origen en 1972; el año 1968 aún estaba muy cerca y el 10 de junio de 1971 también. En la Facultad de Ciencias crecía un conjunto de inquietudes políticas entre los estudiantes y profesores.
Quizá el antecedente anecdótico fue el siguiente: Había un curso de Física Moderna II de seis horas, de lunes a sábado; entonces decidimos dedicar una para disentir un poco en torno a la relación ciencia-universidad-sociedad. Lo característico de estas charlas era que, en lo personal, hice el intento —y creo lo cumplí— de no “grillar” y permitir que aflorara la expresión libre de las ideas, de las inquietudes que tenían los muchachos, sin intentar madurarlas.

Me acuerdo que asistía gente como Catalina Stern, José Valdés, y otros, que estaban bastante involucrados en el Comité de Lucha. Cierto que no salieron proposiciones muy profundas, sí en cambio la gente se automotivó.

En paralelo había un curso que daba Flavio Cocho, Análisis de Fourier, de tres horas a la semana; también se dedicaba una a este tipo de discusiones: se discutía la relación universidad-ciencia desde el punto de vista de Gramsci.

Otro antecedente ocurrido dos años antes —aunque con muchas interrupciones— fue que eventualmente los sábados en el Auditorio del Instituto de Astronomía de la antigua torre de Ciencias, se desarrollaba un seminario al que llamamos “Seminario de Evolución”, ahí los participantes discutían sobre el teorema de Göedel, evolución biológica y cosas más políticas… Este seminario tuvo una primera fase en 1971, sufre una interrupción activándose de nuevo a principios de 1972, siempre tratando temas controversiales con un punto de vista marxista.

En una de estas reuniones, Flavio y yo presentamos las experiencias docentes antes relatadas y ahí se nos ocurrió hacerlo extensivo a toda la Facultad. Entonces se comisionó a Gustavo Martínez Mekler y a Raúl Rechtmann para que elaboraran una propuesta más acabada con la finalidad de ponerla en práctica.

Al principio había la intención de hacer los cursos-debate en horarios rotativos, pero resultaba complicado. Lo que finalmente se acordó fue que al siguiente semestre se dieran cuatro horas a la semana, dos para los grupos de la mañana y dos para los de la tarde. Para ello era necesario interrumpir la clase. Dado que se necesitaban más de 20 personas que coordinasen las discusiones simultáneamente en los diferentes salones, se pensó —y de hecho se hizo— realizar unos cursos preparatorios para coordinadores de debate durante el periodo intersemestral, cuatro horas por la mañana todos los días. Se invitó a varios conferencistas para que expusieran temas de economía, ciencias políticas, historia de las ciencias, etcétera, dedicados a los futuros coordinadores. Algunos de los conferencistas fueron Eliezer Morales de Economía, Godet de Ciencias Políticas, Tomás Brody de Historia de las Ciencias, Leyte López que habló de Ciencia y Liberación en América Latina. Es en ese verano que se prepara a la gente; resuelto este aspecto arrancan al inicio del semestre con la primera versión de los cursas-debate.

Se formó una comisión que habló con el Director, Juan Manuel Lozano y se buscó lugar en los horarios para ubicar estos cursos. Participaron aproximadamente 15% de los estudiantes. Entonces Salvador Martínez Della Rocca, quien constituyó otro de los puntales de los cursos, propuso que para la gente que no se había integrado a las discusiones celebradas en las aulas, se organizaran diversos eventos en el Prometeo. Se le ocurrió invitar a diferentes expositores para hablar de temas diversos; en fin, la idea consistía en que desde ese espacio se observara un ángulo más amplio de lo que eran las carreras.

Estas actividades se interrumpieron a partir de la huelga del STEUNAM.
Las razones par lo que esto sucedió fueron en mi opinión dos. La primera tiene que ver con las diferencias dentro de los grupas de izquierda en esa huelga; la segunda con el cansancio de la gente, respecto a las actividades políticas. Luego, hay un paréntesis de un año entre 1973 y 1974 año en que se propone la estructuración del Programa de Ciencia y Sociedad.
 
Flavio Cocho Gil
Profesor de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Voy a tratar de exponer las circunstancias que dan origen al curso/debate. En primer lugar, se salía de 1968 enfrentando los excesos de un régimen. Pero de aquella represión se sale con una gran cantidad de escuelas representadas y la convicción de que estaba en juego todo un sistema social. Ese es el cambio de mentalidad producido a lo largo de esas experiencias. Sin embargo, los espacios políticos de lucha se restringieron de una manera terrible. Lo que hace la Universidad ante el cambio de concepción no fue tanto encerrarse en sí misma, porque siempre había estado atenta a mil problemas, sino ingresar a una etapa de cuestionamientos internos, de introspección para preguntarse qué hacer. Este tipo de interrogantes llevan no solamente a generar un impulso político con manifestaciones en la calle, sino a tener una conciencia político-cultural fuerte. Y esto no sucedió sólo en Ciencias, también en otros lugares; es de aquí, del 68, 70 y 71, que empiezan a surgir experiencias aisladas en cursos. Yo impartía algunos con Análisis de Fourier y Termodinámica, que si bien en algunos aspectos eran formales y enciclopédicos, también trataban de abordar otro tipo de asuntos.

La idea era ligar el saber académico a la formación de una conciencia social para formar gente que cuestionara toda la estructura social de este país, empezando por la Universidad y no sólo un régimen político dado.
Un poco fue una de las cosas que empujaron a iniciar los curso/bate, por lo menos en algunas personas. Desde luego hubo entusiasmo, aunque más tarde decayó a lo largo del tiempo. De cualquier manera surgieron un grupo de gentes que trabajarían activamente en coyunturas posteriores.
 
 
 
________________________________________      
Nota de los editores
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
_____________________________________________________
 
como citar este artículo →
     
R07Articulo04   menu2

siguiente 

anterior  

PDF 

   
   
Humberto Bravo, F. Perrin, R. Sosa y R. Torres
     
               
               
El 30 de agosto de 1987, los monitores de contaminantes atmosféricos del Centro de Ciencias de la Atmósfera, al Sur de la Ciudad de México, registraban uno de los niveles de contaminación por ozono más altos de la historia, en esta área urbana.

La concentración máxima registrada fue de 0.37 ppm a las 12:40 horas aproximadamente. Quizá este valor por sí mismo no implicaría un hecho relevante, sólo que ese día los valores registrados en el promedio por hora de ozono estuvieron durante más de siete horas por arriba de la norma de calidad del aire en cuanto a su concentración de 0.11 ppm para ozono, promedio máximo en una hora; (en los Estados Unidos se recomienda que dicha norma no sea rebasada más de una vez al año). El día que hacemos referencia el promedio entre las 10:30 y las 17:30 horas fue de 0.187 ppm (fig. 1).

Este evento fue tal vez el primero de la “nueva” situación de la calidad del aire en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM). “Nueva”, porque a partir del cambio de gasolina en la ZMCM realizada por PEMEX, entre agosto y septiembre de 1986, la atmósfera de la Ciudad sufre de la presencia de otros compuestos químicos que favorecen la formación de contaminantes atmosféricos por óxidos fotoquímicos.

Diversos estudios sobre la contaminación atmosférica de la Ciudad de México, se han realizado en forma continua desde 1980, por la Sección de Contaminación Ambiental de la Universidad Nacional Autónoma de México, el laboratorio de monitoreo ha sido instalado y opera a partir de entonces de acuerdo a las recomendaciones que establece la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA), lo cual asegura que las mediciones que se efectúan sean consideradas válidas. (Tabla 1).
Esto ha permitido que se estudien en forma rigurosa las tendencias de niveles de calidad de aire, acciones que han sido apoyadas por instituciones como CONACyT y el Servicio Meteorológico Nacional.

Uno de los compuestos gaseosos que es considerado como contaminante atmosférico, el ozono (O3), ha sido objeto de un seguimiento, en cuanto a su detección e incremento a lo largo de estos años, dada la importancia que representa este contaminante en el medio ambiente de la Cuenca de México, porque la vegetación es la especie viviente más sensible al
ozono.

Existe una confusión respecto al ozono y su presencia en la Tierra. Numerosas citas señalan que el ozono (O3) es de vital importancia para la vida en el planeta. Esto es verdad, sin embargo, este (O3), protector de la vida, se forma naturalmente en la atmósfera (10-15 km sobre la superficie) mediante la absorción de radiación ultravioleta por moléculas de O2, formando lo que se conoce como “capa de ozono”. Dicha capa protege a la Tierra en gran medida de los efectos perjudiciales de la radiación ultravioleta (entre las 280 y 320 nm del espectro de ultravioleta) proveniente del sol.

No obstante, este O3 no es la fuente del ozono atmosférico contaminante. La presencia del O3 antropogénico en las atmósferas contaminadas es la consecuencia indirecta de la interacción de los gases emitidos por los escapes vehiculares con la energía solar. El mecanismo de formación de O3 ha sido estudiado exhaustivamente en ciudades como Los Ángeles, dado que esa región padeció del problema desde los años 50. Como resultado de tales estudios se sabe que la formación de O3 consiste de un ciclo complejo de reacciones (actualmente se conocen más de 60 reacciones) en las cuales los hidrocarburos reactivos (NMHC) y los óxidos de nitrógeno (NOx), ambos emitidos por combustión de gasolinas, son los directores regentes más importantes en dicho ciclo. Se conoce como el “ciclo fotoquímico de los oxidantes” (figura 2).

Es tan considerable la participación de los NMHC en éste, que un cambio en la formulación de la gasolina, con el objeto de recuperar el octanaje perdido al eliminar el tetraetilo de plomo de la misma, puede ocasionar que los niveles de ozono en la atmósfera de una área urbana se eleven. La situación anterior ha sido el caso de la ZMCM.

Desafortunadamente, la decisión de cambiar la gasolina, sin estudio técnico científico apropiado respecto a los requerimientos necesarios para su implementación, y de las posibles consecuencias ambientales esperadas, ha dado como resultado que en la atmósfera de la Ciudad de México se rebase la Norma de Calidad de Aire para O3 durante la mayor parte del tiempo (figura 3).

Uno de los efectos más drásticos del O3 en el medio ambiente de la Cuenca de México ha sido detectado en la vegetación del Sur de la Ciudad de México desde 1978. Diversas especies sensibles al ozono continuamente están siendo atacadas por este contaminante, el cual paulatinamente se ha ido incrementando en sus niveles diarios.
La razón de que los niveles máximos de O3 se presenten al Sur de La Cuenca, parece obedecer al transporte diurno de los vientos en la ZMCM. La mayor emisión de precursores se realiza en la parte Norte y Central del área urbana durante las primeras horas de la mañana. Estas masas de aire contaminado son arrastradas lentamente hacia el Sur por el patrón predominante de vientos en la Cuenca, y a través de este trayecto se efectúan las reacciones del complejo ciclo fotoquímico (figura 4). Agregando que el factor de la recepción de energía solar es mayor al medio día y justo en estas horas es cuando su máxima concentración de ozono se encuentra ya presente el Sur (figura 5).

Existen fuertes evidencias de que el ozono es arrastrado y acumulado en las partes altas de las montañas del Ajusco y del Desierto de los Leones, permitiendo que la acción de daño sobre las especies vegetales sensibles sea magnificada.

Los estudios realizados en esos bosques por el Centro de Fitopatología del Colegio de Posgraduados de Chapingo, señalan que árboles de pino de las espacies Pinus hartwegii y P. montezumae presentan una sintomatología de daño por ozono que consiste en una defoliación prematura y un moteado o bandeado clorótico en las hojas o pínulas de estas especies. La clorosis es reconocida como un pequeño bandeado amarillo en forma anular sobre la pínula. La anchura de ese bandeado parece estar relacionado con la duración de la persistencia de altos niveles de ozono en las zonas boscosas (figura 6).

Existen árboles en el Ajusto que ya presentan daños crónicos manifestados por poco crecimiento (reducción del crecimiento y del diámetro en el adulto), pérdida de las hojas de temporada con la presencia de ozono, disminución en el tamaño y número de pínulas (aspecto general amarillento), deterioro del sistema fibroso de la raíz y un declinamiento gradual que los está llevando a la muerte.

En el caso del Desierto de los Leones, el resultado del efecto del ozono en las especies de Abies religiosa, es el de un debilitamiento a tal grado, que se han vuelto más susceptibles a factores ambientales adversos como sequías y parásitos secundarios (hongos de raíz o descortezadores), por lo que esta zona boscosa presenta una gran mortandad de esta especie.
A manera de conclusiones se puede señalar que los daños potenciales causados por oxidantes como ozono, están identificados. Hasta antes de septiembre de 1986 se conocían efectos drásticos en especies vegetales del Sur de la Cuenca de México, sin embargo, el cambio de gasolina ha venido a deteriorar aun más la precaria calidad del aire de la Ciudad de México y ha incrementado los efectos nocivos de la capa contaminante que sobreyace en el área metropolitana.

Esta circunstancia permite pronosticar que los daños en la vegetación serán más agudos y no sólo para las especies vegetales sino además, la salud de los habitantes de la ZMCM podría ser afectada sensiblemente. El control de calidad del aire a niveles aceptables, es un beneficio innegable para la salud de la población y debe ser considerado por todas las Instituciones Gubernamentales involucradas, como un rubro de primordial resolución.

La información experimental de esta reseña ha sido obtenida en la Sección de Contaminación Ambiental del Centro de Ciencias de la Atmósfera, y los autores reconocen la colaboración del personal de apoyo: Biól. Rosaura Camacho C., Biól. Guillermo Torres J., Fís. Samuel Malo Millán, Sr. Calixto Cuevas S. Y la Srita. Leticia Valadez B.
 
 
 
________________________________________      
Humberto Bravo, e. Perrin, R. Sosa y R.
Centro de Ciencias de la Atmósfera,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
_____________________________________________________
 
como citar este artículo →
     
reportaje        
 
  menu2
PDF
           
R012B01 
La montaña
de Guerrero
Nota de los Editores
   
   
     
                     
Entrevista al biólogo Alejandro Casas, integrante del equipo de investigación.
 
¿Alejandro, en qué consiste el proyecto Alcozauca? ¿Cuáles son los objetivos general y los de los subproyectos que están trabajando?
 
El proyecto de Alcozauca se llama “Aprovechamiento y Manejo de los Recursos Naturales en la Región de la Montaña de Guerrero”. Es decir, no se circunscribe únicamente a Alcozauca; tiene la pretensión de cubrir otros municipios que conforman la Región de la Montaña. Esta región se encuentra al Noreste del Estado de Guerrero, constituida por alrededor de 17 municipios agrupados en 3 distritos. Concentra la mayor parte de la población indígena del Estado, integrada por grupos tlapanecos, mixtecos y nahuas.

El objetivo general del proyecto es incidir en un mejor aprovechamiento de los recursos naturales para mejorar las condiciones de vida de la población. Todo ello está concebido a partir del manejo de los recursos que harán posible la realización de los objetivos planteados. En particular nos interesa mejorar las condiciones alimentarias de las poblaciones de la región, por lo que nuestros proyectos están enfocados hacia esta problemática.

En cuanto a los subproyectos, el diagnóstico ecológico consiste en reunir un conjunto de información sobre el medio ambiente, caracterizando las distintas unidades ambientales en cuanto al suelo, topografía, rasgos fisiográficos, clima, vegetación. La conjunción de todos estos factores ha permitido definir facetas o unidades ecológicas, con una vocación distinta para su aprovechamiento, ya sea para el uso agrícola, pecuario, forestal, etcétera.

El objetivo de nuestro diagnóstico ecológico es llegar a una caracterización del territorio que permite planear el uso del suelo en términos mucho más concretos y reales. Muy relacionado a este primer subproyecto se encuentra el trabajo de caracterización de los sistemas agrícolas, incluyendo la tecnología agrícola tradicional que se ha practicado durante muchos años por los indígenas. De esta manera se pretende evaluar la forma en la que se puede adaptar la tecnología moderna a tales condiciones y mejorarlas, experimentando siempre con apoya de los propios campesinos.

En segundo lugar se encuentra el proyecto de Etnobotánica, mismo que estamos trabajando Juan Luis Viveros y yo, cuyo objetivo general consiste en documentar todo el conocimiento empírico indígena sobre los recursos vegetales y elaborar un inventario de ellos, particularmente aquellos utilizados en la alimentación humana, las distintas formas de uso y manejo, sus formas de preparación y consumo, su valor nutricional, su disponibilidad espacial y temporal y su importancia en el contexto económico, social y cultural. A partir de estos resultados, hemos obtenido información importante para apoyar distintos trabajos que se derivan del proyecto general. Tal es el caso de la utilización de especies para forrajes, reforestación, nutrición humana y medicina tradicional. Se pretendió también realizar una evaluación de los recursos vegetales en términos de su importancia en la subsistencia de la población, detectando aquellos con mayor potencialidad como alimento humano. Con éstos se hace ahora un seguimiento más detallado a nivel regional. El tercer subproyecto es el de Acuacultura. Su objetivo central es introducir esta práctica productiva en la región. Este proyecto parte de la idea de que la montaña es una zona viable para la acuacultura, y que su éxito depende de la adecuación tecnológica a las condiciones locales.
 
¿Existen cuerpos de agua naturales en la Región?
Sí, ríos, lagunas y numerosos arroyos.
 
¿A qué nivel están trabajando la acuacultura?
 
En algunas lagunas se están ensayando policultivos de peces. Experimentamos con éxito cultivos de peces en arrozales, en las vegas de los ríos de la región, sobre todo en la zona conocida como “La Cañada”. Los resultados obtenido son bastante halagadores, ya que este tipo de cultivo no requiere de adicionar alimento para los peces.

Además, se trabaja con estanques familiares rústicos, así como en una unidad de estanquería mayor que agrupa varias familias organizadas en cooperativa.

También se está experimentando con la cría del bagre, que es una especie nativa. Su cultivo es probado tanto para los estanques familiares como para los cuerpos de agua naturales. Del mismo modo, se estudian las posibilidades de repoblación de esta especie en los ríos que han sufrido un abatimiento de sus poblaciones naturales.
 
¿Cómo están resolviendo el problema de la alimentación de los peces?
 
Bueno de hecho este aspecto ha sido un cuello de botella, sobre todo en lo que respecta a los estanques familiares. La producción de peses en un estanque resulta poco rentable si no se cuenta con alimento adecuado ya que el crecimiento de los peces es más lento. Por el momento se ha enfrentado el problema con el uso de alimento balanceado. Sin embargo, la idea es tratar de llegar a condiciones de auto-suficiencia. Para ello se realizan experimentos en la búsqueda de nuevos forrajes, a partir de los recursos del lugar, utilizando como base el trabajo etnobotánico que permite detectar una serie de plantas útiles como alimento humano, para probarlas como posibles forrajes. Se han efectuado algunos análisis bromatológicos, con lo que se ha calculado la dosis que se están experimentando. Por el momento no se tienen resultados concretos, pero el objetivo es obtener forrajes alternativos.

En el caso de los policultivos en las lagunas, no se ha presentado ningún problema porque se automantienen en función al aprovechamiento de los distintos nichos ecológicos. Respecto a los cultivos instalados en arrozales, éste provee el alimento y no es necesario incluir alimentos balanceados.
 
¿El pez es parte de la dieta tradicional de los indígenas?
 
Tradicionalmente la gente pesca. Aunque en los últimos años ha habido un abatimiento drástico de las poblaciones naturales, la gente sigue pescando y consumiendo pescado. Las especies locales son, entre otras bagre y mojarras. Pero, como en casi todo el país, el uso de dinamita, plantas pesticidas y cal son prácticas que matan indiscriminadamente a los peces de todos tamaños mermando muchísimo las poblaciones y por tanto, el recurso es cada vez más escaso.

Existe tradición de consumo. La gente prefiere el bagre, no obstante esta especie presenta problemas técnicos para reproducirse en estanques familiares.
 
Volviendo un poco al proyecto general, mencionabas el proyecto de reforestación. ¿Qué nos podrías decir al respecto?
 
Este es un subproyecto al que denominamos “Reforestación Productiva”, ya que además de proponerse el control de erosión se encuentra ligado con la agricultura, el pastoreo de caprinos y la producción de alimentos.
 
¿Cuál es el tipo de agricultura tradicional de la región?
 
Existen pequeñas áreas de riego en donde se encuentran milpas, hortalizas, solares y huertos. Sin embargo, el sistema más extendido es la milpa de temporal, con policultivos de maíz, frijol y calabaza. Una buena parte son “tlacololes”, en terrenos escarpados que requieren el uso del “palo sembrador” y en otras se usa la yunta.

En los terrenos de temporal pueden apreciarse los rasgos del sistema clásico de roza que consiste en la utilización del terreno de cultivo por un lapso de tres años, dejándolo después para regenerar el bosque. A este periodo de descanso se le denomina de barbecho y generalmente es mayor que el primero. Sin embargo, actualmente dicho sistema presenta un conjunto de presiones que provocan el acortamiento inadecuado de los ciclos de descanso de la tierra y sí un proceso acelerado de destrucción del bosque, a fin de abrir nuevos terrenos de cultivo. Una de los principales problemas se refiere a la tenencia de la tierra, ya que no todas las familias tienen acceso a terrenos de riego o planos de temporal, donde los periodos de cultivo son más largos. El crecimiento poblacional constituye una presión adicional que agudiza la problemática. Por otra parte, la ganadería de caprinos, que es una actividad importante en Alcozauca, se ha constituido en un factor que impide regeneración adecuada de los terrenos en periodos de descanso. Existen parcelas con 10 o 12 años de abandono y que no tienen estrato arbustivo, ya que los chivos se comen las plantitas.

Este panorama muestra el grado de dificultad que representa la reforestación de la zona. La población vive en condiciones de autosubsistencia y tiene que resolver prioritariamente sus problemas de alimentación con base en la labor agrícola.

Si se considera además el crecimiento de la población y los problemas de tenencia de la tierra, se verá que la población ha recurrido a las prácticas de intensificación del uso del suelo para resolver sus problemas de subsistencia inmediatos, para lo cual han hecho uso de fertilizantes desde hace 10 años aproximadamente. El empleo de estos insumos —que ya es generalizado— ha permitido ampliar artificialmente el periodo de uso de una parcela, sin embargo, al mismo tiempo están provocándose daños en el suelo que impiden la regeneración del bosque. El problema de la pérdida del suelo es hoy día muy agudo en toda la región.

En su conjunto, esta problemática nos ha llevado a plantear alternativas de reforestación ligadas a la producción. Las especies que se están utilizando dentro de este trabajo son nativas y útiles al hombre, al contrario de una gran cantidad de proyectos de reforestación instrumentados por algunas instituciones, que han venido utilizando especies como el eucalipto o las casuarinas que no son nativas ni útiles.
 
¿Cuáles son las especies que están utilizando?
 
Principalmente se está trabajando con especies de las leguminosas de los géneros Acacia, Lysiloma, Leucaena, introduciéndolas en parcelas abandonadas con la idea de contribuir a acelerar los procesos de regeneración del bosque, acortar ciclos de descanso y enriquecer el suelo.
 
Representan además, recursos humanos. Por ejemplo, Leucaena es una planta que sirve para la alimentación humana. Otras plantas son forrajes y permitirán hacer un manejo de semiestabulación con los chivos. La idea es proteger las áreas reforestadas hasta que las plántulas alcancen una determinada edad, en la cual el ramoneo por los animales no provoque daños irreversibles.
 

Esta metodología permite la regeneración del bosque y la conservación del suelo sin necesidad de plantear la desaparición de la ganadería caprina, ya que juega un papel importante en la economía de las familias campesinas de la región.

Para poder llegar a la etapa de reforestación en parcelas, se realizaron una serie de estudios básicos de ecología de las especies, que incluyeran aspectos como distribución y abundancia en los distintos ambientes para determinar las asociaciones más adecuadas. Se hicieron también estudias ecofisiológicos de las especies —que incluyeron su germinación y desarrollo— para poder caracterizar los problemas que se tendrán que enfrentar en el proceso de reforestación. Estamos en la fase de instalación de plantaciones y se observa el comportamiento de las especies en todo el proceso de reforestación. Y se hicieron, finalmente, estudios de fenología para conocer el comportamiento temporal de las especies trabajadas.

Desgraciadamente con las especies que estamos trabajando no han habido experiencias previas y una buena parte de la región de la montaña se encuentra dentro del tipo de vegetación Bosque Tropical Caducifolio, por lo que los resultados que se obtengan en Alcozauca servirán como alternativa de manejo para toda la región utilizando una tecnología adecuada a las condiciones de esta última.
 
¿De dónde están obteniendo las semillas? ¿Existe algún banco de ellas?
 
Las semillas se obtienen directamente del bosque por medio de colectas. Posteriormente se siembran en viveros, y se estudia su comportamiento desde la germinación hasta el desarrollo. Se cuentan con alrededor de tres parceles en distintas condiciones ecológicas en terrenos de diferentes edades de abandono, con la finalidad de observar el comportamiento. En el momento en el que toda esta metodología pueda generalizarse como una tecnología eficaz se harán trabajos más extensivos.
 
¿Podrías platicarnos cuál es la relación de este proyecto en sus distintas vertientes con la comunidad y la relación de ustedes, como equipo de investigación con ella?
 
La relación que hemos mantenido desde un principio ha sido la de discutir con la comunidad todos los problemas. Es decir, nosotros como biólogos no residentes del sitio elegido para trabajo de campo, tenemos un conjunto de ideas y observaciones obtenidas de los estudios básicos. Hacemos entonces una serie de propuestas en Asamblea, directamente a la comunidad. Cada comunidad mantiene una organización propia; sobre todo en lo referente a la toma de decisiones. En nuestro caso, observemos un absoluto respeto; desde un principio se les consultó a los miembros de los municipios, se les planteó un trabajo conjunto. Hubo discusiones y muchas sugerencias; la misma gente comienza a planear sus propias necesidades e intereses. Las propuestas que han sugerido, se han planteado en las instancias de decisión de la comunidad. Nuestra idea era romper la imposición de criterios desde fuera, y combinar nuestras iniciativas con las de la gente.
 
¿Cómo y cuándo se inicia el Proyecto de Alcozauca?
 
Este proyecto surgió en junio de 1983 como una sugerencia de las propias organizaciones campesinas de la localidad. Entonces cobró forma la idea de elaborar un proyecta que pudiera abarcar varias iniciativas sobre el manejo de recursos, con la organización social. Comenzamos a armar los grupos de investigación, todo ello por motu propio. La mayor parte de los anteproyectos de investigación, estaban pensados como tesis de licenciatura, a partir de lo cual se obtuvo un mínimo de apoyo por parte de la Facultad de Ciencias y el Jardín Botánico de la UNAM así como de la UAM-lztapalapa y el INI.
 
¿Posteriormente, ¿cómo se desarrolló el contacto con la comunidad y cuál ha sido la relación con el Gobierno del Estado?
El proyecto se fue delineando a partir de un conjunto de discusiones con las comunidades y con el Ayuntamiento de Alcozauca.

Cuando teníamos ya algunos meses de trabajo, la Dirección de Desarrollo Rural del Gobierno del Estado, se enteró del proyecto y se mostraron interesados en apoyarlo, comenzó así una relación que en principio se concretó a un acuerdo entre esa instancia y la Facultad de Ciencias. Posteriormente este proyecto despertó un interés al gobernador del Estado de Guerrero y se llegó a armar un acuerdo con la rectoría de la UNAM. Se ha contado con apoyo a la investigación y para la creación de algunos proyectos productivos derivadas de ésta.
 
Acaba de efectuarse un evento que puede ser de importancia por el impulso que recibirá el proyecto. Nos enteramos que ganaron el Premio Nacional de Ecología. ¿Qué significa esto para ustedes?
 
Personalmente no estuve al tanto de los detalles por encontrarme en el campo, pero en términos generalas sucedió lo siguiente: Hubo una convocatoria para el Premio Nacional de Ecología, otorgado por la SEDUE, enfocado principalmente al Área de Manejo de Recursos y el mejoramiento ecológico. Como antecedente se había realizado un seminario que coordinó Enrique Leff en donde se reunieron todos los grupos de trabaja del país que mantienen este enfoque. Se expusieron todas los proyectos con la idea de realizar un intercambio de opiniones. En esa reunión se informó de la existencia de esa convocatoria y se planteó que todos los grupos de trabajo participantes en el Seminario, presentaran sus proyectos, nosotros incluimos el Proyecta de Alcozauca al certamen y, después de unas semanas, nos llegó la noticia de que habíamos ganado el premio.
 
¿Qué representa el premio? ¿Se abren posibilidades de financiamiento?
 
El premio es un reconocimiento al trabajo de las comunidades campesinas de la montaña en materia de ecología.

En principio es un reconocimiento importante a una labor que ha sido muy difícil sostener con pocos recursos. Este reconocimiento llamó la atención de varias instituciones y grupos de trabajo. Ahora ha surgido la posibilidad de llevar a cabo acciones conjuntas en este sentido con la SEDUE y con el Instituto Nacional Indigenista Se plantea en estos momentos la realización de un proyecto con alcances regionales.
La SARH y el INI tenían ya algunos proyectos en la región de la Montaña. En los últimos meses han mostrado mucho interés en nuestros trabajos y en colaborar estrechamente. Se labora en estos momentos con dichas instituciones en áreas como agricultura, acuacultura, impulso a la producción frutícola y difusión.
 
¿Han pensado en publicar una convocatoria para que se integren más estudiantes?
 
Hubo una biología de Campo de un año, que reforzó de manera importante los estudios de diagnóstico ecológico y de agroecología. Sin embargo, por ahora nuestra principal limitación ha sido el financiamiento. En este año contamos nuevamente con el apoyo del Estado de Guerrero, pero desgraciadamente este apoyo empezó a hacerse efectivo hasta el mes de julio por lo que tuvimos problemas fuertes. Teníamos planes para incorporar tesistas, servicios sociales, pero sin dinero es difícil involucrar a más personas. El apoyo económico ha sido tan errático que resulta inoperativo establecer más compromisos en esta región. Pensamos que a mediano plazo esta situación puede regularizarse y así tener planes para convocar a más gente de las distintas áreas.
 
¿Quién integra el equipo y qué áreas están trabajando?
 
El equipo está coordinado por la M. en C. Julia Carabias, de la Facultad de Ciencias; el Biol. Carlos Toledo de la UAM Iztapalapa y el M. en C. Javier Caballero. Estamos organizados en cuanto a “subproyectos”, uno de ellos es el de Diagnóstico Ecológico y Experimentación Agronómica en el que participan los biólogos Adolfo González Monzón, Lydia Martínez, Mari Carmen Rojas, Raymundo Rojas Russel y los agrónomos Rafael Obregón, Hans Vander Waal y Joep Verhulst; en otro momento se contó con la participación de los geólogos Germán Urbán y Juan Carlos Mora Chaparro.

Otro equipo es el de “Reforestación Productiva” donde participan los biólogos Vicente Arriaga, Araceli Vargas, Virginia Cervantes y Pedro Díaz. El equipo de acuacultura es coordinado por la Biol. Rocío Rodiles y participan además los técnicos en acuacultura Miguel Ángel Mijangos y Humberto Camilo Martín. Y, finalmente, el equipo de Etnobotánica, donde trabajamos el biólogo Juan Luis Viveros y yo.
 
 
 
_____________________________________________________________
     
Nota de los editores
     
_____________________________________________________________
     
como citar este artículo
[En línea]
     

 

 

nota        
 
  menu2
PDF
           
R012B05 
La mujer:
biología y sociedad
(3a. parte)
Eréndira Álvarez y
María Cristina Hernández
   
   
     
                     
La biología ha sido definida como el estudio de los seres
vivos y la interacción que éstos tienen entre sí y con el medio ambiente; el campo de la biología comprende desde aspectos tan concretos y relativamente sencillos como la reproducción de las bacterias, hasta otros infinitamente más complejos como es el caso de la biología humana; cuando se habla de nuestra especie es necesario establecer las especialidades que la distinguen y considerar elementos inexistentes en las demás especies biológicas.

Así vemos que el estudio de la biología humana requiere para su establecimiento no sólo de una teoría que la sustente, sino al mismo tiempo implica una posición filosófica de quienes la generan y una responsabilidad social. Es compromiso de los biólogos estudiar el papel que como sujeto histórico representan al generar y poner en práctica su conocimiento además de delimitar su quehacer científico en tanto que pertenecen a una disciplina de las ciencias naturales.

Si pensamos cómo se genera el conocimiento, nos damos cuenta que éste es una interpretación de la realidad permeada por la interiorización de nuestra condición social. Es necesario tener esto presente y asumirlo conscientemente.

Los seres humanos somos biológicos y sociales; las características naturales han interactuado paralelamente a las condiciones históricas y la relación entre ellas no es estática, cambia a lo largo de la historia de la humanidad y del tiempo individual que también es histórico y por tanto mutable.

La interrelación de diversas disciplinas de conocimiento (sociología, antropología, biología, psicología, etc.) debe enriquecer y favorecer la comprensión de los procesos y características específicamente humanas. Hemos mencionado ya que cada una de estas ciencias tiene su dominio propio, pero existen puntos de convergencia en los cuales deben sintetizar sus conocimientos. Este es el caso de la condición social de la mujer, tema que nos ha ocupado en dos notas precedentes, publicadas en esta misma revista.

Si se pretende explicar cuestiones, tales como la condición social de la mujer y ahondar sobre aspectos considerados como conductas y características femeninas, es necesario tomar en cuenta lo biológico retornando la histona, la cual nos muestra que no existen situaciones irremediables, sino por el contrario, las condiciones cambian y los individuos con ellas mostrando así que los seres humanos somos sujetos de la historia. En el devenir histórico observamos que las condiciones sociales determinan en gran medida la forma de ser o estar, de pensar y actuar de los individuos, son los grupos humanos quienes modifican el curso de la historia.

Con respecto a la condición social de la mujer, tema a dilucidar en el presente artículo, puntualizaremos algunos aspectos.

Dada la especificidad del comportamiento humano en el cual operan la conceptualización, transmisión y acumulación de la experiencia, no son válidas esas comparaciones simplistas respecto a conductas animales y humanas que justifican las diferencias sociales entre los sexos de nuestra especie partiendo de sus diferencias biológicas.

Para entender el comportamiento humano no basta con postular “tendencias” o mecanismos cerebrales u hormonales que lo expliquen. Y si estas características o tendencias existen, no son fuentes determinantes de nuestro pensar, decir y actuar. los hombres y las mujeres somos a la vez productos y productores sociales. Las limitaciones que la sociedad impone están históricamente determinadas y, por tanto, sujetas al cambio.

Es muy claro que existen diferencias entro mujer y hombre, pero no implican la jerarquización superior o inferior de un sexo con respecto al otro. No apelamos a las diferencias entre los sexos sino a la transformación que sufren en condiciones sociales antagónicas para ambos. Sabemos también que dichos antagonismos son una forma particular de contradicción que puede determinar e impulsar el cambio social.

Las características estrictamente biológicas que diferencian a los sexos son hechos innegables, pero por sí mismos no explicitan ninguna diferencia en cuanto a preponderancia entre ellos. El significado de estos hechos biológicos está dado desde la perspectiva humana, que si puede ofrecer alguna justificación, es porque tal sentido reviste una serie de valores sociales.

En el género humano “lo biológico” no conduce a jerarquizaciones sociales y no existen explicaciones que comprueben lo contrario. EI estudio de la biología humana adquiere un sentido realmente amplio cuando se encauza hacia formas de manejo que nos permitan utilizar nuestra biología y armonizar con ella. Por ejemplo, es urgente encontrar métodos de control en la natalidad, que no provoquen desajustes como los que ahora conocemos. Es evidente que la relevancia y trascendencia de estos estudios está muy por encima del intento de explorar diferencias constitutivas entre el hombre y la mujer, intento que mientras esté inmerso en prejuicios obstaculiza la posibilidad de conocer esta cuestión, la cual sólo puede ser abordada si se buscan conceptos y enfoques que anulen de raíz la pugna artificiosa y estéril entre “lo biológico”, “lo psicológico” y “lo cultural”.

La índole social asignada a los sexos es una modalidad particular de las relaciones sociales. La condición social de la mujer constituye un aspecto parcial en la problemática de las relaciones humanas como resultado de una práctica social moldeada por las relaciones de producción, por eso el cuestionamiento de las categorías masculino y femenino debe convertirse en una discusión política ya que el poder también se ejerce cotidianamente y no sólo en las relaciones públicas.
El sistema patriarcal, como señala acertadamente Andre Michel, está estrechamente ligado al sistema de acumulación, competencia, culto al crecimiento ilimitado del lucro, sometimiento del ser humano a la técnica. Por tanto, la superestructura ideológica patriarcal sólo podrá destruirse si se transforma la estructura económica sobre la cual reposa la sociedad sexista; al cambiar las condiciones sociales en general se abre la posibilidad de transformar la naturaleza del papel social de los sexos.

Es obvio que el cambio de la situación social de los sexos exige para su desarrollo condiciones socioeconómicas concretas. Un análisis del carácter sexista de la sociedad conlleva al imperativo de plantear la necesidad de diseñar operativos para transformar las estructuras de explotación que nos afectan tanto a hombres como a mujeres; Badinter dice: “Al alentar a las mujeres a ser y hacer lo que se considera anormal, las feministas han echado los gérmenes de una situación objetivamente revolucionaria. La contradicción entre los deseos femeninos y los valores dominantes no puede sino engendrar nuevas conductas, que son realmente subversivas para la sociedad más que cualquier posible cambio económico”.

Todo esto es cierto, pero ha de quedar muy claro que las nuevas conductas que se van generando al concientizar a los sexos de la necesidad de trascender su condición, no acarrea por sí misma la transformación de la economía ni tampoco conducen hacia el cambio en cuanto a la condición de las sexos, aspecto que no se deduce simplemente de la biología, pero tampoco de la economía. La economía y la ideología tienen una relación simultánea, por tanto ambos cambios: del trabajo y de los sexos, deben plantearse como procesos paralelos. La lucha por las transformaciones en la condición social de la mujer en particular y de los sexos en general, ha de observar un carácter revolucionario. Esta lid contra las estructuras de explotación requiere plantear la necesidad de modificar ideas y modos de vida privativos de la sociedad sexista, innovación sin le cual no sería posible hablar de una sociedad equitativa, es decir, ambas batallas deben ser una sola.

La conciencia feminista debe servir como guía, pivote y apoyo al desarrollo de las capacidades humanas y sus expresiones concretas, la creación y transformación de la saciedad, la ciencia, el arte, la personalidad; el progreso social ha de comprender el desenvolvimiento de estas aptitudes hasta ahora fragmentarias entre las clases sociales y los sexos.

Por otra parte, el asunto de la condición social de la mujer con frecuencia está siendo discutido a distintos niveles en un sin fin de trabajos. Sin embargo, poco se ha hablado de la conducta masculina en sus perfiles realistas, dándose por hecho que la condición del varón es mejor que la de la mujer. Como señala Joseph Vicent Marques, si acaso el varón llega a reconocer su opresión sobre la mujer, la entiende como un impedimento para ella en cuanto a igualarse con “ellos”, pero ese “ellos” jamás es cuestionado.

Hemos de remarcar que la lucha por la igualdad no debe reconocer como modelo al varón. La ideología dominante oculta la realidad del hombre: como oprimido que lo hace prisionero de una ideología “machista” que cubre un campo mucho más amplio que el circunscrito a le directa relación con las mujeres.

Escribe Edgardo Lawrence: “…sostengo que el macho tal como lo conocemos no es libre, que está alienado como la mujer a la que oprime real a potencialmente. Sólo que no lo sabe, sólo que se cree libre de hacer lo que hace, y no advierte hasta qué punto su verdad es una mentira creída con placer”, continúa “…(el rol masculino) obliga a quien lo desempeña, aunque no sea consciente de eso a la asunción de una serie de reglas asfixiantes y opresoras de las que no puede escapar, tanto ente las mujeres como ante los demás hombres, como ante sí mismo. Reglas cuyo cumplimiento da por resultado que tampoco él sea dueño de su cuerpo. Dicho de otra manera: no puede ser hombre porque tiene que ser macho” [2].

Dada la extensión de este trabaja no es posible profundizar en el cuestionamiento del rol masculino, un aspecto tan importante como poco discutido. Evidentemente, éste queda como un campo abierto a investigaciones posteriores. Por ahora baste decir que: a lo larga de la historia el hombre se ha caracterizado como un ser que necesita deshacerse de debilidades y limitaciones y que debe escenificar su hombría con agresividad y brusquedad, haciéndosele creer que tiene un lugar privilegiado desde el cual resulta ventajoso oprimir a la mujer; la mujer ha sido distinguida por su debilidad, dependencia y pasividad. Pero tanto hombres como mujeres no permanecemos tal cual, somos sujetos al cambio y del cambio, nos transformamos; por eso, al darse las condiciones que permitan el rechazo de las formas de organización y las modos de vida que moldean eses imágenes, éstas serán desvirtuadas, se pudrirán para generar la simiente que originará un nuevo árbol.

La alternativa a la discusión de la condición social de los sexos no se encuentra en posiciones “machistas” ni “hembristas”, ambas son producto de alienación social y están igualmente desequilibradas.

No se trata de invertir los papeles tradicionales que han tenida los secos. Tampoco se trata de convencer a nadie de que las mujeres podemos hacer todo lo que hacen los hombres, sino que ambos podemos desarrollarnos de una manera muchísimo más amplia de lo que hemos hecho hasta ahora. Aunque no siempre se señala, es evidente que ni todos los atributos tradicionalmente adjudicadas a la virilidad son valiosos y envidiables, ni todas las potencialidades definidas tradicionalmente coma femeninas deben excluirse de lo humano y lo valiosa. Los seres humanos debemos expresar tanto nuestra fuerza como nuestra debilidad, ser donantes y receptivos, disfrutar de la pasividad y producir el cambio.

No pretendamos homogeneizar algo que en sí mismo es diferente. Respetemos y revaloricemos las distinciones entre los sexos entendiendo que la realidad constituye una constante de mutaciones pero hay características que ni siquiera es deseable que cambien, ¿cuáles? Elijámoslas libremente.

Somos diferentes, eso es halagador y complaciente, pero nuestras distinciones no tienen porque hacernos desiguales.
     

Referencias bibliográficas

1. Badinter, E., 1980, ¿Existe el amor maternal?, Ed. Paidos Ibérica, Barcelona, p. 123.
2. Lawrence, E., 1981, Rev. Fem., El Machismo en el diván, Vol. 18, México, p. 32.

     
_____________________________________________________________
     
Eréndira Álvarez y María Cristina Hernández
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
_____________________________________________________________
     
como citar este artículo
[En línea]
     

 

 

 R07Articulo06   menu2

siguiente 

anterior  

PDF 

   
   
Nota de los Editores      
               
               
       
 
Referencias bibliográficas


     
________________________________________      
Nota de los editores
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.

     
_____________________________________________________
 
como citar este artículo →
     
R07Articulo03   menu2

siguiente 

anterior  

PDF 

   
   
Juan Manuel Lozano Mejía
     
               
               
El día 5 de julio de 1987 se cumplieron trescientos de que se terminó la impresión de uno de los libros más famosos en la historia de la ciencia. Este libro se llama “Phylosophiae Naturalis Principia Mathematica” y su autor es Isaac Newton.

Newton es universalmente conocido por sus trabajos en física, astronomía y matemáticas, pero sus intereses y actividades fueron sumamente variadas; se dedicó a la alquimia, a la teología, a la historia sagrada, a combatir a los falsificadores de moneda, a pelearse con otros hombres de ciencia y defender la autonomía universitaria, entre otras cosas.


Newton, uno de los mayores revolucionarios de la ciencia, nació en 1642 cuando se iniciaba la revolución inglesa encabezada por Cromwell y que culminó, después de que le cortaron la cabeza al rey Carlos I, con la instauración de la república. Siendo todavía muy joven le tocó ver como se reimplantó el reino con Carlos II en 1660. En el mismo año en que se publicó su célebre libro, 1687, defendió los derechos de la Universidad de Cambridge en contra del rey Jacobo II, que poco después fue derrocado por su yerno Guillermo III, el cual nombró a Newton director de la Casa de Moneda en 1699; un poco después, en 1705 la reina Ana lo nombró caballero; y todavía vivió lo bastante para ver como llegaba a ser rey de Inglaterra un alemán que nunca aprendió a hablar inglés, Jorge I.
Es comprensible que de un hombre de ciencia tan extraordinario se conozcan no sólo sus aportaciones científicas, sino también muchas frases sueltas y que además se hayan inventado muchas leyendas acerca de su personalidad. Una de esas frases muy conocidas, y que da impresión de modestia, es la que dice “Si he logrado ver más lejos ha sido porque estoy parado sobre hombros de gigantes”.


Es cierto que Newton dijo, o por lo menos escribió esa frase, pero en realidad se trata de una cita, pues más de quinientos años antes de que Newton la escribiera, un filósofo platónico que murió aproximadamente en 1127 y que se llamaba Bernardo de Chartres, había dicho, consciente del crecimiento histórico, “la verdad es hija del tiempo, somos enanos subidos sobre hombros de gigantes; vemos más que ellos y más lejos no porque nuestra mirada sea penetrante ni nuestra talla elevada, sino porque su estatura gigantesca nos eleva, nos ensalza”. Otros escritores muy conocidos como el holandés Erasmo de Rotterdam (1467-1536) y el francés Rabelais (1495-1553) habían repetido la misma idea, de modo que en realidad lo que Newton indica cuando la repite, es que se da cuenta de que la ciencia crece y se desarrolla gracias a la colaboración y al apoyo que se establece al comunicarse sus respectivas ideas, métodos y teorías. Y esto es independiente de la simpatía o antipatía personales que puedan sentir entre sí.


Pero, ¿quiénes fueron los gigantes en los que se paró Newton? ¿Qué hicieron para ser considerados gigantes?


Empecemos por dar cierta información sobre el mismo Newton. Era huérfano de padre desde varios meses antes de nacer el 25 de diciembre de 1642 en una aldea llamada Woolsthorpe, cerca de un pueblo que se llama Grantham. Cuando tenía dieciocho años, una vez que demostró, afortunadamente, que no tenía talento para ser granjero, ingresó a la Universidad de Cambridge, en la que estudió principalmente matemáticas, óptica y astronomía y en la que trabajó en ciertos servicios domésticos, por ejemplo de mesero, mientras fue estudiante. Se graduó en 1665, año en que una grave epidemia que había azotado parte del continente europeo llegó a Inglaterra; para evitar el contagio, Newton regresó a su aldea natal y fue ahí donde, según le contó a un amigo sesenta años más tarde, empezó a pensar en el problema de la gravedad al ver caer una manzana. También durante su permanencia en su casa natal empezó a investigar la naturaleza de la luz. Regresó a Cambridge a fines de 1667 y obtuvo la maestría a principios del año siguiente en el que además construyó el primer telescopio reflector siguiendo en parte el diseño que cinco años antes había desarrollado el astrónomo escocés James Gregory (1638-1675), que además investigó sistemáticamente las series convergentes. En el año 1669 Newton le mostró al que había sido su profesor Isaac Barrow (1630-1677) un manuscrito titulado De analysi que contenía algunos resultados de lo que ahora llamamos cálculo; en el mismo año Newton fue nombrado profesor de matemáticas de la Universidad de Cambridge y empezó a enseñar óptica.


En 1671 la Royal Society, que había sido fundada por Carlos II ocho años antes, invitó a Newton a que presentara su pequeño telescopio (media quince centímetros) para ser inspeccionado; al año siguiente ingresó a la saciedad, a la cual perteneció cincuenta y cinco años y a la que presidió durante los últimos veinticuatro de su vida. Apenas había ingresado a la Royal Society cuando empezaron sus disputas con Robert Hooke (1635-1703); al principio el motivo fue la óptica y años después la causa fue la gravitación. Lo que pasó es que Newton había propuesto el modulo corpuscular de la luz y Hooke el modelo ondulatorio.
El hecha de que Hooke y Newton estuvieran peleando durante treinta años no impidió que cada uno reconociera el talento del otro; esto se puede ver en las cartas que intercambiaron. En una de ellas, de 1676, Newton escribió a Hooke, refiriéndose a la óptica, lo siguiente:

“…lo que Descartes hizo fue un buen paso. Usted ha añadido mucho en varias formas… Si he logrado ver más en lo personal ha sido porque estay parado sobre hombros de gigantes”.

Por otra parte, en una carta de Hooke a Newton le propone el problema de encontrar la curva que sigue un cuerpo que se mueve sujeto a la acción de una fuerza inversamente proporcional al cuadrado de la distancia y añade:

“no dudo que usted, con su excelente método, encontrará fácilmente cuál ha de ser esa curva y cuáles son sus propiedades, y sugerirá una razón física de esta proporción”.

Unos años después, en 1686, Newton le dijo a Edmond Halley (1656-1742) que había reflexionado en física en la medida en que lo empujaron las cartas de Hooke.


Vemos pues que Newton considera explícitamente como gigantes de la ciencia a Descartes y a Hooke. Pero no eran los únicos. En el texto de los Principia, Newton menciona con elogio a algunos otros hombres de ciencia. Por ejemplo, en el comentario que sigue a la formulación de las tres leyes del movimiento dice que Wallis, Wren y Huygens son “los mejores geómetras de nuestro tiempo” y más adelante, en el comentario a la proposición IV califica de “eximio tratado” a una obra de Huygens, el Horologium Oscilatorium. Y, por supuesto, hay otros tres gigantes mencionados en los Principia aunque sin calificativos elogiosos, Copérnico, Galileo y Kepler.


Llevamos así una lista de ocho gigantes, aunque en realidad, es necesario reconocer que para que Newton pudiera llevar al cabo la primera gran síntesis en la historia de la física, tuvo que apoyarse en un trabajo previo que duró muchos siglos y que requirió el esfuerzo de muchísimos hombres que, poco a poco, fueron creando el ambiente social y cultural en el que pudo florecer Newton.


Como no es posible hablar de todos esos hombres nos limitaremos a decir algo acerca de quiénes eran y qué hicieron esos ocho gigantes mencionados antes.


Hay que empezar con Nicolaus Koppernigk, mucho mejor conocido por Copérnico. Nació en Thorn, Polonia en 1473; estudió en la Universidad de Cracovia que era el más importante centro intelectual de Polonia y, a los veintitrés años de edad, paso a la Universidad de Padua y luego a la de Bolonia, en Italia, donde estudió medicina y astronomía. Fue en esa época cuando a Copérnico le pareció que el modelo geocéntrico del alejandrino Claudio Ptolomeo (90(?)-168(?)) basado en el de Hiparco (190-120 a.c.), era demasiado complicado y que las tablas astronómicas de Alfonso X, el sabio, rey de Castilla (1221-1284), que eran las que se usaban todavía en esa época, no eran suficientemente buenas.


Copérnico pensó entonces que las tablas astronómicas se podrían calcular mas fácilmente si se consideraba al Sol y no a la Tierra como centro del universo. Esta idea había sido propuesta antes por Aristarco de Samos (320.250 a.c. ), por Azarquiel de Toledo (1029(?)-1087(?)) y por Nicolás de Cusa (1401-1464). Lo importante del trabajo de Copérnico es que se puso a estudiar los movimientos de los planetas desde el punto de vista del sistema heliocéntrico, o sea que hizo cálculos y no meras sugerencias. Lo malo fue que Copérnico siempre pensó que las órbitas planetarias eran circulares, la que hizo que sus sistema se complicara mucho.


Cuando regresó a Polonia, después de pasar diez años en Italia, se dedicó a asuntos eclesiásticos y administrativos y a ejercer como médico; sin embargo, tuvo tiempo de preparar un resumen de sus ideas y cálculos que se difundió entre los de la época. Por otra parte, escribió un libro más extenso llamado Sobre las revoluciones de las esferas celestes que fue publicado casi al mismo tiempo en que se murió su autor en 1543. El libro de “las revoluciones” armó la mayor revolución científica que se había tenido hasta entonces, la llamada revolución copernicana.
El sistema heliocéntrico de Copérnico fue rechazado por muchos y admitido por otros, entre los cuales hubo dos hombres excepcionales, Galileo y Kepler.


Galileo (1564-1642) era un hombre que tenía mucho talento para las matemáticas, para la física, para la astronomía, para la literatura y para crearse enemistades. Además fue un brillante profesor. Galileo fue el primero que hizo física en un sentido moderno, ya que su actividad científica está fundada en la experimentación y en las matemáticas. No sólo hacía observaciones y las expresaba en forma matemática; no hacía experimentos sólo para ver qué pasaba, sino que primero pensaba en qué era lo que quería saber, por qué lo quería saber y cómo podía llegar a saberlo; llegó el principio de inercia por medio de una combinación de experimentos reales y de experimentos pensados; empleó las matemáticas para todo esto y para calcular, relacionar y predecir resultados.


Galileo recibió desde niño una educación esmerada; era hijo de un músico de gran cultura y a los diecisiete años ingresó a la Universidad de Pisa. Su primer descubrimiento, la ley del péndulo, lo realizó cuando cursaba su segundo año en la Universidad. A los veinticinco años fue nombrado profesor de matemáticas en la Universidad de Pisa y en 1592 pasó con el mismo cargo a la Universidad de Padua. En 1609 se enteró de que en Holanda un joven fabricante de anteojos, H. Lippershey (1587-1619), había inventado el telescopio, por lo que se dedicó a construir uno propio con el que realizó sus descubrimientos astronómicos, aunque algunos de ellos fueron anunciados por medio de anagramas incomprensibles, que descifraba cuando se lo pedía alguien muy importante. De cualquier manera esos anagramas ya descifrados no son claros, al menos para nosotros. Por ejemplo, el importantísimo descubrimiento de que el planeta Venus presenta fases como la Luna lo expresó así: Cynthiae figuras aemulator mater amorum lo que significa que la madre del amor emula las formas de Cintia.


Dentro de los muy abundantes trabajos científicos de Galileo hay dos cosas de enorme importancia para el desarrollo posterior de la mecánica: el principio de inercia, aunque no lo formuló en la forma y con la generalidad con que hoy lo conocemos, y el concepto de aceleración. Sus obras más conocidas son: El mensajero de las estrellas, Diálogos sobre los dos grandes sistemas del mundo y Discursos y demostraciones matemáticas sobre dos nuevas ciencias; en esta última, escrita cuando tenía más de setenta años, pone las bases de la cinemática y de la resistencia de materiales.


En los años que pasó Galileo en Padua empezó a tener correspondencia con otro gran astrónomo, el alemán Johanees Kepler (1571-1630), de cuya vida, ideas y circunstancias se sabe más que de nadie porque todo lo contaba en sus innumerables cartas y en sus obras científicas. Pertenecía a una familia pobre, pendenciera y vagabunda, pero pudo estudiar gracias a que recibió una beca que le permitió graduarse en la Universidad de Tübingen en 1592. Dos años después, siendo estudiante de teología fue nombrado profesor de matemáticas en Grats, donde tuvo tan pocos alumnos que lo pusieron a enseñar retórica. En 1506 publicó su primera obra, el Misterio cosmográfico en la que, entre muchas otras cosas, dice que los planetas se muevan por una fuerza que emana del Sol y que disminuye con la distancia de la misma manera en que disminuye la intensidad luminosa con la distancia. Era la primera vez que se intentaba una explicación y no sólo una descripción en la astronomía.
Interesado en múltiples áreas del conocimiento (óptica, astrología, morfología de cristales de nieve…), Kepler bien puede ser considerado como el iniciador de la astronomía moderna por la gran precisión de sus observaciones. Sin embargo, en sus investigaciones había una intensa búsqueda de la armonía y los secretos del orden celestial; y es a través de esta búsqueda que Kepler encuentra que las orbitas planetarias no son circulares, sino elípticas.


En 1600 pasó a Praga a trabajar con Tycho Brahe (1546-1601), un danés que fue el último gran astrónomo a ojo desnudo y que había hecho muy cuidadosas observaciones del movimiento de los planetas, principalmente de Marte. Cuando murió Tycho, Kepler se quedó con todos los papeles y empezó a trabajar sobre ellos empleando el sistema copernicano y su enorme habilidad matemática.


En 1609 Kepler publicó un libro llamado Nueva astronomía dedicada al emperador Rodolfo II que lo había nombrado matemático imperial con un salario mediocre que no siempre le pagaban. En este libro Kepler intenta hacer física del cielo, llega a la idea de inercia, palabra inventada por él, y formula las dos primeras leyes que hoy llevan su nombre, Poco después recibió una copia del Mensajero de las estrellas de Galileo y empleando el telescopio que Galileo le regaló al duque de Baviera, confirmó la existencia de los satélites de Júpiter, Kepler fue el que los llamó satélites. En 1610 publicó otro libro, Armonía del mundo, en el que aparece su tercera ley. Kepler fue el primero que usó los logaritmos, inventados por el escocés John Napier (1550-1617) en la astronomía. También fue el primero que escribió un relato de ciencia ficción, el “Sueño”.


En el mismo año en que Kepler publicó su Misterio cosmográfico, nació en Francia René Descartes (1596-1650), el que es muy conocido como matemático y como filósofo, pero que también trabajó en física. Era una persona bastante extraña que pasaba casi todo el tiempo en la cama, se graduó en derecho a los veinte años, estuvo en el ejército de Holanda, de Italia, de Rusia y de Prusia, pero nunca participó en una batalla pese a que estaba Europa padeciendo la guerra de los treinta años. Fue en esa época cuando se le ocurrió la geometría analítica al contemplar una mosca; vivió veinte años de soledad en Holanda y murió en Suecia porque no aguantó el frío de las madrugadas en el invierno, ya que tenía que enseñar historia a la reina Cristina a las cinco de la mañana; fue decapitado después de muerto para que su cuerpo se enterrara en Francia pero su cabeza se quedara en Suecia.


Además de su importantísimo trabajo de combinar la geometría y el álgebra, se dedicó a la óptica y encontró la ley de la refracción de la luz expresándola en la forma que hoy usamos, aunque el holandés Wilebord Snell (1591-1626) la había encontrado antes expresada es forma distinta. Desarrolló una teoría de la estructura del sistema solar que tuvo mucha difusión pero que se abandonó por completo después de los trabajos de Newton, sin embargo en su libro Principios de Filosofía, publicado en 1644 (cuando Newton tenía un año de edad) enuncia el principio de inercia diciendo:

“cada cosa continúa en el mismo estado y sólo cambia por el encuentro con otras cosas. Cada parte de la materia, en particular, no tiende a continuar moviéndose en líneas curvas sino rectas, se desvía porque encuentra otras en su camino”.

Es claro que aunque el lenguaje es otro, el contenido de esa frase está ya muy cercano a la primera ley de Newton.


Otra contribución importantísima de Descartes, es el principio de la conservación de la cantidad de movimiento y el concepto mismo de cantidad de movimiento, aunque no le dio el carácter vectorial. Esto hacía que el principio de la conservación de la cantidad de movimiento en la formulación de Descartes fuera válida sólo en una dimensión, sin embargo, se “sentía” que debía haber un principio de validez general acerca de la cantidad de movimiento. Así fue que la Sociedad Real en Inglaterra hizo un llamado a los hombres de ciencia para que le remitieran las investigaciones que hubieran hecho al respecto; esto ocurrió en 1668, dieciocho años después de la muerte de Descartes. La Sociedad Real recibió tres comunicaciones entre finales de noviembre de 1668 y principios de enero de 1669. Sus autores fueron los “tres mejores geómetras de la época”, Wallis, Wren y Huygens.
John Wallis (1616-1703) obtuvo su doctorado en Cambridge y fue profesor de geometría en Oxford durante cincuenta y cuatro años. Fue uno de los fundadores de la Sociedad Real en la que presentó lo que fue su mayor contribución a la física, el estudio de las colisiones inelásticas. También trabajó en álgebra y en productos infinitos. Hizo una contribución importante a la notación matemática al usar el símbolo ∞ para indicar infinito. Más que un gran matemático, fue un gran profesor.
Apenas estaba saliendo Londres de la terrible peste que se abatió sobre ella, cuando le vino otra calamidad de otro tipo, un enorme incendio que duró casi una semana y que destruyó más de la mitad de la ciudad. Esto hizo que fuera necesario reconstruir Londres y alguien debía encabezar los trabajos; para esto se recurrió a un hombre que había iniciado una brillante carrera científica que abandonó para convertirse en uno de los mayores arquitectos de la historia. Se trata de Christopher Wren (1632-1723), profesor de astronomía en Oxford. Aunque su trabajo como arquitecto absorbió casi todo su tiempo durante más de cincuenta años, siempre conservó el interés por la física y la astronomía. Enunció en 1668 el principio de conservación de la cantidad de movimiento en las colisiones elásticas en dos dimensiones y, uno años después, sus conversaciones con Hooke y Halley acerca del movimiento planetario influyeron para que Newton retomara el problema y escribiera sus Principia.


Un mes después de que Wren comunicara sus resultados sobre la conservación de la cantidad de movimiento a la Sociedad Real, se recibió un trabajo sobre lo mismo enviado desde Francia por el holandés Christian Huygens (1629-1695). Sus mayores contribuciones fueron a la astronomía, a la óptica, a la mecánica y a la instrumentación. Como astrónomo descubrió la nebulosa de Orión, un satélite y un anillo de Saturno, las manchas en la superficie de Marte y fue el primero en calcular las distancias que nos separan de las estrellas; empleó los resultados del astrónomo danés Olaüs Röemer (1644-1710) para calcular la velocidad de la luz. Como instrumentista desarrolló una nueva y mejor manera de pulir lentes, inventó un micrómetro con el que podía medir ángulos de unos pocos segundos, construyó el primer reloj de péndulo (Galileo lo había pensado unos quince años antes pero como estaba muy viejo y ciego no llegó a construirlo), con lo que mejoró enormemente la precisión de la medida del tiempo. Como óptico desarrolló el modelo ondulatorio de la luz e introdujo los conceptos de longitud de onda y de frecuencia. Su libro llamado Tratado de la luz, escrito en Francia en el año de 1678 y presentado a la Academia de Ciencias, es una de las obras clásicas de la ciencia que además está escrito con muy buen estilo.


En la mecánica, Huygens hizo contribuciones muy importantes; desarrolló el concepto de fuerza centrípeta, aunque fue Newton el que le dio ese nombre; el concepto de momento de inercia, aunque fue Euler (1707-1783) el que le llamó así; estableció el principio de conservación de la cantidad de movimiento y descubrió también la conservación de la energía cinética en colisiones elásticas, aunque este resultado se publicó después de su muerte. En su libro acerca de los relojes llamado “Horologium Oscilatorium”, publicado en 1673, catorce años antes de los Principia de Newton, dice Huygens que “si la gravedad no existiera ni la atmósfera obstruyera el movimiento de los cuerpos, un cuerpo mantendría para siempre un movimiento, una vez que se le haya impreso, con velocidad uniforme en línea recta”. Esta formulación del principio de inercia es el antecedente más próximo a la primera Ley de Newton.


Un poco antes que Huygens desarrollara su teoría ondulatoria de la luz, el inglés Robert Hooke había tenido ideas muy parecidas, aunque no tan elaboradas. Hooke era un hombre de carácter difícil, enfermizo, pobre y soltero contra su voluntad, pero extraordinariamente ingenioso y hábil; ingresó a la Universidad de Oxford donde entró en contacto con el irlandés Robert Boyle (1627-1691) quien lo hizo colaborador suyo en sus estudios sobre los gases y en la construcción de una nueva bomba para producir vacío. Perteneció a la Sociedad Real casi desde su fundación y fue secretario de la misma desde 1677 hasta su muerte en 1703. Cuando encontró su famosa ley de la elasticidad que hoy lleva su nombre, la anunció de una manare bastante rara: “ceiiinosssttuv”; es claro que esto no se podía entender sin que el mismo Hooke lo descifrara; lo que hizo finalmente colocando las letras en orden correcto, o sea “ut tensto sic vis”, lo que ya es entendible para los que sabes latín, y en su época todos los físicos lo sabían.


También descubrió la isocronía del movimiento armónico simple, con lo que pudo construir relojes de resorte espiral que son más prácticos que el reloj de péndulo. Fue un excelente microscopista, lo que lo llevó a trabajar en biología, principalmente en entomología; descubrió la célula y le dio ese nombre, que se ha usado desde entonces. Trabajó mucho en meteorología e inventó varios instrumentos que necesitaba para sus estudios y registros climatológicos.


En sus estudios de mecánica Hooke llegó a la idea de descomponer la aceleración en dos componentes, una tangencial a la trayectoria de un móvil y otra perpendicular a la primera, y se acercó bastante a la ley de la gravitación, por lo menos a la dependencia con la distancia. Aunque reconoció el talento de Newton, estuvo peleando con él durante treinta años. Newton sólo pudo ser electo presidente de la Sociedad Real después de la muerte de Hooke. Y también la publicación de su libro Óptica fue posterior a la muerte de Hooke.


Para poder realizar su gran síntesis, Newton necesitó también apoyarse en otros hombres de ciencia como William Gilbert (1544-1603), que fue médico de la reina Isabel de Inglaterra, que estudió el magnetismo y la electricidad (invento la palabra “eléctrico”) y propuso que la causa que mantiene a los planetas en sus órbitas era una fuerza de atracción.
También tuvo importancia el trabajo de un joven curandero inglés llamado Jeremiah Horrocks (1619-1641) que demostró que la Luna se mueve en una elipse en uno de cuyos focos está la Tierra y que cumple la ley de las áreas; también dijo que los planetas deben influirse entre sí e hizo como la primera observación de un tránsito de Venus y dijo como podía emplearse este fenómeno para calcular el tamaño del sistema solar; corrigió asimismo las tablas astronómicas de Kepler. ¡Y murió antes de cumplir veintidós años! Otro hombre importante fue el francés Jean Picard (1620-1682) que hizo una muy buena determinación del radio terrestre que permitió que Newton pudiera encontrar, al comparar la atracción gravitatoria en la superficie de la Tierra con la aceleración de la Luna, que éstas se relacionan en proporción inversa al cuadrado de la distancia. Finalmente hay que mencionar las observaciones, principalmente acerca de la Luna, que realizó el astrónomo inglés John Flamsteed (1646-1719), primer director y único empleado del célebre observatorio de Greenwich que se fundó, con edificio pero sin instrumentos, en 1676. Los minuciosos trabajos de Flamsteed fueron utilizados ampliamente por Newton aunque estuvieron peleando durante cuarenta años.


¿Y qué fue lo que hizo Newton? Ciertamente tuvo muchas ideas propias tanto en las matemáticas como en la física, pero es de un valor singular la idea de realizar una síntesis coherente de muchas piezas aparentemente sin conexión entre sí. A partir del esquema heliocéntrico de Copérnico, Kepler consiguió expresar, abandonando la idea de las órbitas circulares, sus famosas tres leyes; Galileo aportó una versión del principio de inercia, el concepto de aceleración y el estudio de la caída de los cuerpos y del tiro parabólico; Descartes fundó la geometría analítica, el concepto de cantidad de movimiento, la idea de su conservación y una versión mejorada del principio de inercia; Wallis, Wren y Huygens mejoraron las ideas cartesianas de la cantidad de movimiento, y además Huygens introdujo la idea de fuerza centrípeta y formuló el principio de inercia en forma casi final; Hooke entrevió la ley de la gravedad y planteó el problema dinámico del movimiento planetario. ¿Y entonces qué hizo Newton? Pues muy sencillo, subirse en los hombros de los gigantes y ver más lejos.

     
________________________________________      
Juan Manuel Lozano Mejía
Instituto de Física ,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
_____________________________________________________
 
como citar este artículo →
     
You are here: Inicio Búsqueda Titulo revistas revista ciencias 12