La importancia de conservar las lenguas originarias y difundir el conocimiento científico en ellas
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| Cristo Fernando Sánchez Nicolás | |||||||||||
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México cuenta con 69 lenguas nacionales, 68 indígenas y
el español, lo que posiciona el país entre las primeras diez naciones con más lenguas originarias, ocupando el segundo lugar en América Latina, después de Brasil. En nuestro país hay aproximadamente siete millones de hablantes de lenguas indígenas y más de veinticinco millones de mexicanos se reconocen como indígenas, en su mayoría en el sureste del país. Existen once familias lingüísticas indoamericanas, de acuerdo con los datos recopilados por el inali (Instituto Nacional de las Lenguas Indígenas), ordenadas siguiendo la distribución geográfica de norte a sur: 1) álgica; 2) yuto-nahua; 3) cochimí-yumana; 4) seri; 5) oto-mangue; 6) maya; 7) totonaco-tepehua; 8) tarasca; 9) mixe-zoque; 10) chontal de Oaxaca; y 11) huave. A su vez, existen 364 variantes lingüísticas que constituyen la mayor parte de la información catalográfica recopilada por el inali. A lo largo de la historia, los pueblos y comunidades originarios han luchado constantemente por la preservación de su cultura y sus derechos; durante siglos los pueblos indígenas han sido marginados y discriminados en lo que solían ser sus propias tierras, viéndose obligados a renunciar a su lengua, religión, costumbres y formas de gobierno. Fue hasta la década de los sesentas del siglo pasado cuando los movimientos por los derechos civiles comenzaron a cobrar fuerza en América Latina y otras partes del mundo. Estos movimientos tienen un precedente histórico común: el colonialismo. Caracterizado en la región mexicana por el dominio de un territorio conquistado, ligado a la idea de un imperio territorial, durante el colonialismo no sólo se subyugó a los pueblos bajo las leyes de un nuevo imperio, sino también sus prácticas culturales y religiosas, otorgando títulos jurídicos para evangelizarlos por ser considerados paganos, de modo que la conquista territorial estuvo directamente ligada a la cristianización y represión de las cosmovisión autóctona.
Era necesario, en consecuencia, que la población indígena conociera la lengua española, por lo que el dominio se asoció a una práctica “educadora y civilizadora” mediante la introducción de dicha lengua, de la escritura alfabética y la determinación de que aparecería en los textos escritos. Esta pretensión refleja la base ideológica de todas las formas de colonialismo: la presunta inferioridad del otro, suposición que se ve plasmada en una actitud paternalista de los amos europeos hacia poblaciones nativas y, aunque las guerras de independencia logran poner fin al colonialismo español, no erradican las prácticas colonialistas internas que sobreviven hasta el día de hoy, enfocadas mayormente hacía los pueblos indígenas.
Recordemos que, a partir de la segunda guerra mundial, el concepto de desarrollo se empezó a concebir estrictamente en términos económicos, haciendo evidente que aún quedan prácticas colonialistas, o neocolonialistas, al considerar a los pueblos indígenas como “retrasados, primitivos e incivilizados”, ya que se considera que su asimilación al llamado “mundo civilizado” es equivalente a su desarrollo, ignorando que muchos valores y la cultura de las comunidades indígenas contradicen estos valores de la economía de mercado. Esto ha llevado a que se les considere como “obstáculos” al progreso, sobre todo al negarse a ceder tierras y territorios ricos en recursos. Por ello, a lo largo de la historia, las prácticas de asimilación han tenido como resultado políticas públicas que excluyen a los pueblos indígenas y son discriminatorias para ellos, como lo ha señalado el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas.
La respuesta de los pueblos y comunidades ante esto ha sido extremadamente variada, desde movimientos de resistencia, hasta cosmovisiones que logran amalgamar su cultura ancestral con las adoptadas en la colonia. Entre las primeras sobresale la lucha por un desarrollo propio, con rostro indígena, así como la defensa de la diversidad cultural impulsada por la conciencia de que su presencia nos enriquece a todos y que cuando algo de ella se pierde, perdemos la posibilidad de percibir el mundo de una forma distinta a la que estamos acostumbrados, ya que es una cosmovisión, una manera diferente de mirar lo que nos rodea. La forma en que los nuevos movimientos indígenas se manifiestan muchas veces no es notoria, ya que no utilizan plazas públicas para manifestarse, como se hacía anteriormente, sino que se mueven en sus propios espacios y medios, en redes sociales, foros internacionales, denuncias públicas y medios de comunicación propios. Esto pone en evidencia el carácter colonial que mantiene el gobierno y la sociedad mexicana, a la vez que cobra fuerza la importancia de conservar la cultura y los saberes de los pueblos y comunidades originarias, su lengua, de allegarse también nuevas herramientas para la defensa de su autonomía, como lo es el conocimiento científico.
El derecho a una lengua propia
Las lenguas originarias no sólo representan una parte cultural de los pueblos e individuos que las hablan, además son parte fundamental de su identidad como comunidad y como individuos, y de su derecho a la autodeterminación. Son reconocidas por su papel fundamental para el acceso a justicia, educación, integración social, trabajo, participación política, desarrollo y en la preservación de la identidad, cultura y memoria histórica de los pueblos. Así lo estipula, entre otras instancias, la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México. Durante largo tiempo, y aún hoy, las lenguas originarias eran denominadas “dialectos” en un sentido peyorativo y ofensivo, como algo “inferior” a una lengua, argumentando que “no tienen gramática, no se pueden escribir o no sirven para hablar de temas importantes”. La realidad es que, sin importar las diferencias entre sonidos, estructura o palabras, todas las lenguas son iguales, todas poseen el mismo valor al momento de expresar lo que sus hablantes deseen comunicar, son recursos inagotables que florecerán mientras se respete el derecho de sus hablantes a usarlas de manera plena.
Los pueblos y comunidades indígenas tienen derecho a mantener y desarrollar sus lenguas, a expresarse libremente, comprender y ser comprendidos en cualquier situación, es decir, tienen derecho a utilizarlas en su día a día, al realizar todas sus actividades sociales, económicas, políticas, culturales y religiosas, ya sea de forma oral o escrita, sin restricciones. En México, las leyes establecen que los hablantes de lenguas indígenas tienen derecho a: 1) expresarse en la lengua en que sea hablante; 2) comunicarse en su propia lengua, en el ámbito público o privado; 3) disponer de información pública en su lengua, como los contenidos de los programas, obras y servicios de los que son sujetos; 4) tratar cualquier asunto o realizar cualquier trámite de carácter público; 5) recibir educación básica en su lengua materna y en español, que asegure el respeto a su identidad cultural; 6) tener acceso pleno a la justicia, contando con intérpretes y defensores que conozcan su lengua y su cultura, de manera gratuita y en todo momento; 7) que sus lenguas tengan presencia en los medios de comunicación; y 8) participar de manera activa en el desarrollo de sus lenguas. Estos derechos hacen alusión a que cada lengua es una manera de conocer y estar en el mundo, por lo que el derecho al uso de la lengua garantiza el cumplimiento de otros derechos.
A pesar de estas políticas, de acuerdo con datos del inegi, desde 1800 hasta la actualidad la población de hablantes de lenguas indígenas se ha reducido en 65%; además, el inali añade que en la actualidad todas las lenguas originarias están amenazadas o en riesgo de extinción. Esto se atribuye principalmente a la discriminación y políticas de exclusión hacia los pueblos y comunidades indígenas, subordinándolas al poder y prestigio de la lengua castellana y la cultura occidental, debido a que el español funge como lengua oficial. Así, a pesar de que se tenga derecho como hablante a expresarse en su lengua, las políticas educativas, culturales y lingüísticas creadas por el Estado mexicano, sobre todo desde el periodo posrevolucionario, buscan homogeneizar imponiendo la lengua nacional como única lengua para educación, administración, comercialización e impartición y procuración de justicia.
El ejemplo más claro de ello es que, aunque existen garantías para la educación bilingüe desde 1999, cada vez son menos los educadores que quieren estudiar para ser maestros bilingües, sobre todo por las carencias materiales que existen en las escuelas y zonas rurales, dañando no sólo la lengua, sino a los individuos que, al ser incapaces de comunicarse, arrastran un trauma toda la vida. Otro factor importante por el cual se pierde la lengua es que, a lo largo de su vida, los padres han sufrido de discriminación y no desean que sus hijos pasen por la misma situación, buscando así que su educación sea en el idioma que hablan en la ciudad, lo cual influye en la manera como los jóvenes perciben la realidad, alejándose cada vez más de sus raíces para enfocarse en la vida citadina.
Es importante no olvidar la naturaleza de nuestro estado-nación que, como en el artículo 2° constitucional se señala, es una nación pluricultural, por lo que los pueblos indígenas tienen el derecho de preservar y enriquecer sus lenguas, conocimientos y todos los elementos que constituyan su cultura e identidad. Asimismo, la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas señala que dichas lenguas son parte integrante del patrimonio cultural y lingüístico nacional, y que su diversidad es una de las principales expresiones de la composición pluricultural de la nación mexicana. Lo anterior no sólo expresa que hay capacidad jurídica para buscar la conservación de las lenguas originarias, sino que da fuerza al argumento de que, al perder una lengua, todos los mexicanos perdemos la oportunidad de conocer el mundo a través de unos ojos diferentes a los acostumbrados, se pierde una cosmovisión que ya no seremos capaces de experimentar.
Es justo decir que la preservación de las lenguas indígenas es una tarea titánica, ya que el promover que se sigan hablando y escribiendo es un ejercicio que no recae sólo en las manos de los propios hablantes y sus comunidades, sino del gobierno en sus diversos niveles, los espacios e instituciones académicas, entre muchos otros factores, como los medios de comunicación y las organizaciones civiles. Pero más importante aún es que la población que no es hablante de lenguas indígenas adopte posturas más empáticas de no discriminación y adquiera conciencia del valor de dichas lenguas, ya que al tener la opinión pública en pro de la conservación de las lenguas originarias, los hablantes se sentirían más cómodos al expresar sus ideas y llevar su día a día con ellas, hasta que, poco a poco, las lenguas ganen terreno en los espacios públicos y privados, en escuelas, instituciones, en el ámbito político, las artes y la literatura, la ciencia y la tecnología, conviviendo de manera pacífica con el español, como un país verdaderamente pluricultural. México se enorgullece de presentarse ante el mundo como un país rico en diversidad cultural, pero si no apoyamos la conservación de las lenguas en el país, parte de esa diversidad cultural se perderá.
Promover la educación bilingüe significa hacer posible una inclusión natural y de desarrollo para los pueblos indígenas; sin embargo, aún existen muchas barreras que la limitan: la distancia entre la comunidad y las instalaciones escolares, lo que obliga a transitar a pie por varios kilómetros por la carencia de transporte, la pobreza, la falta de infraestructura escolar, los cursos impartidos en lenguas distintas a las que dominan y, en el caso de algunos jóvenes, los embarazos tempranos que pueden limitar la continuidad de los estudios a nivel medio superior y superior.
Aún así, se hacen grandes esfuerzos en la actualidad por mantener las lenguas originarias a nivel de la comunidad; por ejemplo, la tradición musical se sigue manteniendo y recreando, y ahora se puede encontrar en las plataformas. Hay grupos y compositores de diferentes comunidades, como Hebert Rasgado, cantautor zapoteca, y Los Wilmar's, un grupo de música caribeña y sones regionales zapotecas, en canales como el del periódico digital Cortamortaja, que produjo programas sobre la gramática zapoteca con Víctor Cata y que promueve la cultura y las formas de vida de los zapotecas de Juchitán de Zaragoza, Oaxaca. Existe un canal en Youtube del usuario "Tehuano76" con videos de canciones acompañadas de la letra escrita en zapoteco y español como recurso de aprendizaje; mientras en lo académico hay propuestas para mantener vivas las lenguas, como el diccionario y libro de gramática de la lengua zapoteca, entre otras, elaborado por el Instituto Lingüístico de Verano y, en un contexto más cercano, la propuesta de enseñanza de las lenguas originarias en educación superior de la Dra. María Pérez con un programa de posgrado en la fes-aragón para la enseñanza del ombeayiüts, la lengua del pueblo ikoots, conocidos como huaves.
Difusión de la ciencia en lenguas originarias
¿Cómo es aprender algo desde cero en un idioma que no entiendes? Esta situación es la que viven día a día la gran mayoría de hablantes indígenas que tienen como primera lengua su lengua materna y no el español, y se ven obligados a aprender un idioma mientras deben atender a su educación, lo cual promueve un rezago educativo, frustración, y llega a desembocar en un abandono de la escuela (en el caso de poder asistir). Por ello es importante llevar el conocimiento académico a las lenguas originarias del país, ya que todo ciudadano tiene derecho a poder adquirir el conocimiento en su lengua materna, de modo que se facilite su proceso de aprendizaje y obtenga herramientas efectivas para hacer frente a los porvenires del día a día, para expresar su conocimiento, y a que se reconozca su lengua como lo que es: una lengua viva, tan viva que el conocimiento no queda exento de ser difundido en ella.
En la actualidad existen iniciativas en algunas instituciones que intentan promover la ciencia en la lengua materna de los hablantes, como el convenio de la Sociedad Mexicana de Física con el inali para la divulgación de la ciencia en lenguas indígenas, un proyecto donde se traducen infografías de diversos temas científicos a lenguas originarias. Hasta ahora se han traducido seis textos de media cuartilla acerca de diversos temas sobre el universo, la nanotecnología, la radiación y el mar. En el proceso se pudo apreciar que la mayor de las dificultades en la traducción es cómo se componen ciertas oraciones o palabras en las lenguas originarias que no piensan ni construyen las palabras como se suele hacer en el español.
Por su parte, la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica (somedicyt), a partir de 2016, junto con instituciones del estado de Chiapas ha producido cápsulas de radio con contenido de ciencia en español y sus respectivas traducciones al tzotzil y zoque, con la finalidad de que se reproduzcan en radiodifusoras comunitarias de la sierra de Chiapas. Este tipo de proyectos no deben dejarse morir; al contrario, es necesario contribuir con los esfuerzos individuales para lograr que se reconozcan las lenguas originarias como parte de la identidad nacional y hacer que prevalezcan cada vez más en la cultura, dignificando a sus hablantes, interesándonos en ellas y, en caso de ser posible, aprenderlas. Es una obligación llevar el conocimiento académico a las diversas lenguas para que todas y todos sus hablantes puedan acceder a él.
Como estudiantes de ciencias, científicas y científicos o profesionistas que hemos tenido la oportunidad de acceder a una educación superior, podemos aportar pequeñas partes de lo que sabemos, de lo que conocemos, y llevar ese conocimiento a aquellas personas que han sido históricamente desplazadas, en un efuerzo por reconocer su identidad, dar fuerza a su discurso. Si bien sería deseable que se aprenda una lengua, al menos se puede dignificarlas brindando el conocimiento mediante recursos didácticos, escritos, buscando la manera más amigable de hacerles llegar aquello que por derecho nos pertenece a todos, el conocimiento y, en el camino, con suerte poder aprender de ellas, de la forma de ver y vivir el día a día del conocimiento ancestral que conlleva, y, finalmente, conseguir un entendimiento mutuo que beneficie a ambas partes.
Cuando muere una lengua...
No queda más que recalcar la importancia de las lenguas originarias en la sociedad mexicana, lo importante que es llevar el conocimiento a todos los rincones del país esforzándonos por romper la barrera del idioma, no como un acto de superioridad esperando que el otro se obligue a entenderlo, sino de manera equitable y amable para el otro. Finalizamos con un poema de Miguel León Portilla que expresa muy bien, como su nombre indica, lo que sucede Cuando muere una lengua.
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Referencias Bibliográficas
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| Cristo Fernando Sánchez Nicolás Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México. Es estudiante de física en los últimos semestres de licenciatura. Con pasión centrada en mecánica cuántica y sistemas complejos. Proveniente de una comunidad indígena, comparte una gran preocupación por la preservación de las lenguas originarias y la difusión del conocimiento científico a todas las regiones de México. Su principal objetivo es seguir creciendo en conocimientos en diversas áreas de la física, explorando desde la teoría hasta la aplicación práctica. |
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