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| La polinización por engaño en orquídeas Cyrtopodium una estrategia de sobrevivencia |
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| Jacinto Treviño Carreón, Marissa Cervantes Llamas, Tania J. Hernández López y Juana M. Cornado Blanco | ||||||||||||||
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Las familias de las orquídeas (Orchidaceae) es una
de las más diversas de las angiospermas en el mundo; hay aproximadamente 25 000 especies, distribuidas en todos los continentes salvo la Antártida. En México es también una de las más diversas: cuenta con 1 260 especies, 170 géneros, y alrededor de 40% de las especies y 8% de los géneros se consideran endémicos (esto es, que sólo se encuentran en México), como ha sido mostrado por Soto Arenas y sus colaboradores. Estas plantas se caracterizan por presentar diferencias en la forma de la flor, el olor y la forma de la corola, por lo que pueden engañar a los polinizadores. Sin embargo, algunos autores sugieren que el mimetismo (copiar formas, colores y fragancias) relacionado con el color de la corola es suficiente para que el polinizador se confunda y lleve a cabo el proceso de polinización. Phillips y sus colaboradores mencionan que estos rasgos se asocian con los síndromes de polinización que en las orquídeas son diversos, ya que proporcionan recompensas gratificantes como el polen, el néctar, los aceites, las esencias e incluso el engaño sexual a los insectos macho que aseguran la fecundación de los óvulos de las flores de las orquídeas. Se ha registrado que las abejas de la tribu Euglossini (pertenecientes a la familia Apidae), particularmente algunas especies de los géneros Euglossa, Eulaema y Eufriesa, actúan como polinizadores generalistas de un número significativo de orquídeas con características morfológicas y anatómicas similares, posiblemente como resultado del deterioro de los ecosistemas naturales. El engaño a los polinizadores se presenta generalmente por la incapacidad que tiene un insecto para distinguir entre las flores gratificantes y no gratificantes; desde los inicios de este tema, algunos autores, entre los que se incluye a Johnson y sus colaboradores, mencionan que existen alrededor de 4 800 flores de orquídeas engañosas que imitan a otras que verdaderamente ofrecen recursos alimenticios: esto significa que la mayoría de las especies de orquídeas se benefician de las plantas vecinas que florecen al mismo tiempo y que sí ofrecen recursos gratificantes como recompensa. En cuanto a la biología reproductiva (reproducción sexual) y de la evolución de las orquídeas, Tremblay y sus colaboradores explican que el amarre de los frutos y la producción de semillas (adecuación) son las respuestas más importantes empleadas para determinar el éxito reproductivo de las plantas. Sin embargo, la presencia de niveles bajos en la adecuación, afirman estos autores, al igual que Sun y Alexandersson, es uno de los resultados más frecuentes cuando existe una limitación de polinizadores. En contraparte, a pesar de la evidente producción de cápsulas en algunas especies de orquídeas, no se ha logrado observar a sus polinizadores, como en el caso de Lephantes rupestris, a pesar de diez años de estudios mantenidos por Tremblay y Ackerman desde 2007. La conservación de las orquídeas depende de la existencia de las interacciones bióticas (relaciones con otros organismos) dentro de la comunidad, como es el caso de los hongos micorrícicos y el de los organismos polinizadores, en donde la desaparición de alguno de ellos causaría la reducción o la pérdida de las poblaciones de otros; y es también el caso de las especies del género Cyrtopodium, cuyo estudio en cuanto a la ecología de la polinización no se ha llevado a cabo en México a pesar de ser indispensable para su conservación. Nuestro objetivo aquí es hacer una revisión bibliográfica sobre esto. Importancia de Cyrtopodium Las especies de este género son conocidas por su valor ornamental y etnofarmacológico (medicina tradicional) como lo han documentado Barreto y Parente y Romero González y sus colaboradores para el caso de Cyrtopodium andersonii y Cyrtopodium cardiochilum, usadas en Brasil para el tratamiento de los resfriados, la tuberculosis y la hemoptisis, así como para tratar trastornos inflamatorios e inmunorreguladores; asimismo, el extracto de los pseudobulbos de Cyrtopodium paranaense se emplea para curar heridas de todo tipo, como lo han documentado Boscolo y Valle, mientras Monroy Ortiz y sus colaboradores mencionan que en México los de Cyrtopodium macrobulbon se utilizan con fines medicinales en varias regiones de Morelos y Yucatán en el tratamiento de abscesos y como agente balsámico, y en la Ciudad de México para dolencias urinarias de hombres (mal de orín); además, García Peña y Peña señalan que la goma extraída de los pseudobulbos se usa como adhesivo para la encuadernación y en la fabricación de artesanías. Sin embargo, a pesar de la gran importancia que tienen las especies de este género para el humano, la forma de cultivo es desconocida para los horticultores; si se tuviera conocimiento sobre la propagación, desde la germinación hasta la producción de semillas, incluyendo los polinizadores, estas orquídeas se podrían producir en condiciones controladas y se reduciría la presión de extracción de su hábitat natural, como apuntan Batista y Bianchetti. Síndromes de polinización El estudio de la biología de la polinización en orquídeas es un tema complicado debido a que las visitas de los polinizadores son efímeras e impredecibles y en muchas ocasiones no ocurren, como señalan varios autores. Los polinizadores van en busca de la “recompensa” que ofrece la flor de las orquídeas, la cual puede ser polen, néctar, aceites florales y fragancias aromáticas, explica Nunes, de tal manera que la recompensa, la morfología de la flor y la fenología floral se encuentran estrechamente relacionadas con un grupo de visitantes florales que influyen directamente en la producción de los frutos y las semillas de las orquídeas y que, en conjunto, generan lo que se conoce como síndromes de polinización. De éstos, uno de los más comunes es la miofilia, desarrollada por las moscas (dípteros), que incluye a especies de más de veinte familias, en donde las flores emiten aromas semejantes a alimentos en descomposición, lo que hace que las moscas depositen sus huevecillos en cada visita, como lo mencionan Albores Ortíz y Sosa. Por su parte, el síndrome de la melitofilia se relaciona con las abejas, ya que la apertura tubular de las flores sólo permite el acceso de la parte apical de la proboscis (lengua) del visitante, el cual se posiciona en el polinario, la estructura que contiene el polen, provocando que éste se adhiera al cuerpo del polinizador. Dressler apunta que en las flores que presentan este síndrome se ha registrado la presencia de ipsdienol, un compuesto químico semejante a la feromona (hormona en insectos) femenina de algunas especies de abejas de la familia de las Euglosinas. De igual manera, el síndrome de falenofilia se lleva a cabo por las mariposas nocturnas, mientras que el de las mariposas diurnas se denomina de psicofilia; en ambos casos las flores ofrecen como recompensa el néctar, ubicado en la prolongación del labelo (pétalo más largo en las orquídeas) llamado nectario, por ello algunas especies de los géneros Spiranthes y Habenaria se denominan nectaríferas. Por último, el síndrome de la ornitofilia es desarrollado por las aves, principalmente por colibríes que, como recompensa, reciben de las flores el néctar, por lo que éstas presentan una adaptación morfológica que permite que el polinario se adhiera al pico del colibrí cuando presiona la columna de la flor (cuadro 1). Cyrtopodium y su polinización Establecido en 1813 por Robert Brown, este género pertenece a la subfamilia Epidendroideae, tribu Cymbidieae y subtribu Cyrtopodiinae, de acuerdo con la clasificación de Szlachetko. En una revisión del género, efectuada por Barros y colaboradores, se reconocieron aproximadamente cincuenta especies, de las cuales la mayor diversidad se encuentra en la región centrooccidental de Brasil, aunque se distribuye en América, desde Florida (Estados Unidos) y México hasta el norte de Argentina. El conocimiento de los sistemas de polinización del género, así como los estudios macroevolutivos que combinan filogenia y cambios en rasgos florales son escasos. Las especies de este género no ofrecen recompensas para sus polinizadores, sin embargo atraen a las abejas de las familias Centridini y Euglossini por medio del engaño, apuntan Pansarin y colaboradores, tomando el caso de Cyrtopodium polyphyllum, que en Brasil mimetiza el color amarillo de las flores de las especies de plantas vecinas que producen diferentes recompensas, tales como Stigmaphyllon arenicola (de la familia Malpighiaceae) y Crotalaria vitellina (Fabaceae), las cuales ofrecen néctar a sus polinizadores. Es decir, C. polyphyllum es polinizada por engaño, involucrando señales ópticas y aprovechando las expectativas de recibir la recompensa que ofrecen otras especies con flores amarillas en el mismo hábitat. Un modelo similar ha sido registrado en Oncidium lucayanum, así como en varias especies de la familia Malpighiaceae en las Islas Bahamas, en donde las flores engañan a las hembras de Centris (abejas colectoras de aceite). Ferreira y sus colaboradores documentaron en Brasil que Cyrtopodium eugenii es polinizada por la abeja Centris fuscata; mientras Dutra y colaboradores desarrollaron un estudio en Estados Unidos sobre la biología reproductiva in situ de Cyrtopodium punctatum, registrando avistamientos de dos avispas: Xylocopa micans y X. virginica, pero no registró remoción de polinias. En México existe Cyrtopodium macrobulbon, de amplia distribución en los estados de Sonora, Nayarit, Jalisco, Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Campeche, Yucatán, Veracruz, Puebla, Guanajuato, San Luis Potosí y Tamaulipas; sin embargo, no se conocen estudios sobre ecología de la polinización, por lo que es necesario su desarrollo con el propósito de entender cómo son sus mecanismos de reproducción y aprovecharla de manera sustantiva en un futuro no lejano. Conclusiones Las especies del género Cyrtopodium (de la familia Orchidaceae), no ofrecen recompensas florales de ningún tipo para sus polinizadores; sin embargo, atraen a las abejas de las tribus Centridini y Euglossini por engaño, ya que imitan las formas y los colores de las flores de otras especies que florecen simultáneamente en sus sitios de distribución. En México no se han llevado a cabo estudios referentes a la ecología de la polinización de las especies de este género, por ello es importante efectuar tales investigaciones. |
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| Agradecimientos A Mahinda Martínez y a Fernando Chiang por la revisión crítica del manuscrito. |
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Referencias bibliográficas
Se recomiendan las lecturas de Dutra, et al., 2009; Hong Liu y Robert Pemberton, 2010 y Morales-Sánchez, et al., 2014, aquí enlistadas. Albores Ortiz, O. y V. Sosa. 2006. “Polinización de dos especies simpátricas de Stelis (Pleurothallidinae, Orchidaceae)”, en Acta Botánica Mexicana, núm. 74, pp. 155-168. Barreto, D. W. y J. P. Parente. 2006. “Chemical properties and biological activity of a polysaccharide”, en Cyrtopodium cardiochilum, vol. 64, núm. 2, pp. 287-291. Barros, B., J. A. N. Batista y L. B. Bianchetti. 2003. “Epitypification and taxonomic elucidation of some Brazilian taxa of Cyrtopodium R. Br. (Orchidaceae)”, en Taxon, vol. 52, pp. 841–849. Batista, J. y L. B. Bianchetti. 2005. “Two new taxa in Cyrtopodium (Orchidaceae) from southern Brazil”, en Darwiniana, vol. 43, pp. 74–83. Boscolo, O. H. y L. S. Valle. 2008. “Plantas de uso medicinal em Quissamã, Rio de Janeiro, Brasil”, en Iheringia, vol. 63, pp. 263-277. Dutra, D., M. E. Keane, C. R. Adams y L. Richardson. 2009. “Reproductive biology of Cyrtopodium punctatum in situ: implications for conservation of an endangered Florida orchid”, en Plant Species Biology, vol. 24, pp. 92-103. Dressler, R. 1981. The Orchids: Natural history and classification. Harvard University Press. García-Peña, M. y M. Peña. 1981. “Uso de las orquídeas en México, desde la época Prehispánica hasta nuestros días”, en Orquídea, vol. 8, pp. 59–75. Johnson, S. D., C. I. Peter., L. A. Nilsson y J. Agren. 2003. “Pollination success in a deceptive orchid is enhanced by co-occurring rewarding in magnet plants”, en Ecology, vol. 84, pp. 2919-2927. Monroy Ortiz, C., et al. 2013. “Plants of local interest for medicinal and conservation purposes in Morelos, Mexico”, en Ethnomedicine, vol. 7, pp. 13–26. Nunes, C. E. P. 2011. Biologia da polinização e reprodução de Elleanthus C.Presl. (Orchidaceae) na Mata Atlântica do Parque Estadual da Serra do Mar, São Paulo. Tesis de maestría, Instituto de Biologia da Universidade Estadual de Campinas. Pansarin, L. M., E. R. Pansarin y M. Sazima. 2008. “Reproductive biology of Cyrtopodium polyphyllum (Orchidaceae): a Cyrtopodiinae pollinated by deceit”, en Plant Biology, vol. 10, pp. 650-659. Pérez Escobar, O. A., et al. 2017. “Recent origin and rapid speciation of Neotropical orchids in the world’s richest plant biodiversity hotspot”, en The New Phytologist, vol. 215, pp. 891–905. Phillips, R. D., et al. 2017. “Evolutionary relationships among pollinators and repeated pollinator sharing sexually deceptive orchids”, en Evolutionary Biology, vol. 30, núm. 99, pp. 1674-1691. Romero González, G. A., J. A. N. Batista y L. B. Bianchetti. 2008. “A Synopsis of the Genus Cyrtopodium (Catasetinae: Orchidaceae)”, en Harvard Papers in Botany, vol. 13, núm. 1, pp. 189-206. Singer, R. B. 2009. “Morfología floral y polinización de orquídeas: El Segundo libro de Charles Darwin”, en Acta Biológica Colombiana, vol. 14, pp. 337.349. Soto Arenas M. A., et al. 2007. “Las orquídeas de México: Catálogo Digital”, en Las Orquídeas de México (https://herbarioamo.org/index_archivos/Page492.htm) Sun, H. L. y R. G. Alexandersson. 2006. “Pollination biology of the deceptive orchid Changnienia amoena”, en Biological Journal of the Linnaean Society, vol. 150, núm. 2, pp. 165-175. Szlachetko, D. L. 1995. “Systema Orchidalium”, en Frag. Florist. Geobot. Suppl., vol. 3, pp. 1-152. Tremblay, R. L. y J. D. Ackerman. 2007. “Floral color patterns in a tropical orchid: are they associated with reproductive success?”, en Plant Species Biology, vol. 22, núm. 2, pp. 95-105. Tremblay, R. L., J. D. Ackerman., J. K. Zimmerman y R. C. Calvo. 2005. “Variation in sexual reproduction in orchids and its evolutionary consequences: a spasmodic journey to diversification”, en Biological Journal of the Linnaean Society, vol. 84, núm. 1, pp. 1-54.. |
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| Jacinto Treviño Carreón, Marissa Cervantes Llamas, Tania Judith Hernández López y Juana María Coronado Blanco División de Estudios de Postgrado e Investigación, Facultad de Ingeniería y Ciencias, Universidad Autónoma de Tamaulipas. |
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cómo citar este artículo
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| de la botánica |
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| Valoración científica de la descripción de nuevas especies de plantas |
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| Luis Hernández Sandoval | ||||||||||||||
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Los descubrimientos pueden reafirmar
el conocimiento científico del momento, pero en ocasiones rompen con lo establecido, cambiando drásticamente la estructura científica. En conjunto, representan la base del cuerpo del conocimiento y, como consecuencia, tienen un impacto en muchos conceptos y en las culturas. El descubrir América fue un algo mayúsculo, desencadenó un cambio radical en varias culturas. En el libro La invención de América, Edmundo O´Gorman describe el proceso de cómo Vespucio llegó a “inventar” el continente americano en un tiempo en que la palabra mundo aludía “al orbis terrarum, a sólo la Isla de la Tierra […] aquella porción del globo que comprendía a Europa, Asia y África y que le había sido asignada al hombre por Dios para que viviera en ella con exclusión de cualquier otra parte”. No se resalta el proceso mediante el cual Vespucio se dio cuenta de que América era un continente en medio de lo conocido y que allí vivían seres humanos, sino el efecto que tuvo en la cultura medieval. Probablemente, el Renacimiento se detonó a partir de 1505, cuando la gente se da cuenta de que el mundo no es como se pensaba, que hay un territorio sumamente grande en medio de lo conocido y que seres parecidos a los europeos habitan ahí.
Con cada descubrimiento científico se amplía el concepto del Universo, de la Tierra o de nosotros. Debido a que ahora la actividad científica se desarrolla muy rápido, no lo percibimos o no hay suficientes publicaciones que organicen y sinteticen los conocimientos para darnos cuenta de que el mundo ya no lo podemos concebir como hace unos años. Cada estrella o planeta descubierto nos dice que el Universo no es como se pensaba y que el nuevo astro tiene una influencia entre las fuerzas y todo lo que le rodea, que no conocíamos. En cada disciplina científica se dan casos similares. En botánica, a pesar de que cada especie descubierta y descrita es una entre las cerca de 390 000 especies estimadas, esto genera efectos en el cuerpo de la ciencia debido a la concepción de la historia de su linaje, el entendimiento sobre sus procesos de distribución geográfica, la asociación y dependencia de recursos o factores que influyen en su hábitat, el papel que juega en su ecosistema y en muchos casos por la importancia que representan para los satisfactores humanos. Todos los botánicos lo sabemos o entendemos, pero muchas personas ajenas a la ciencia no tienen idea de esto y lo peor es que muchos científicos y tecnólogos no sólo no lo reconocen, sino que además critican acremente estas actividades y en el mejor de los casos las menosprecian. Fontaine y colaboradores mencionan que los tomadores de decisiones menosprecian la taxonomía, pues piensan que los inventarios de biodiversidad europea se completaron a finales del siglo xix; cuando, afirman, en Europa las nuevas especies se están descubriendo a tasas sin precedentes. Desde hace cerca de sesenta años se han descrito más de 770 nuevas por año. Para plantas, el Royal Botanical Garden de Kew menciona que se han descrito cerca de 20 000 especies en los últimos diez años, de las cuales casi 1 000 son de México. Villaseñor registra que entre 2001 y 2014 se describieron 1 077 especies para el país. Los descubrimientos de nuevas plantas en el mundo, y en particular en México, son constantes en una época donde la crisis de la biodiversidad está asociada con la de la taxonomía, y esto, a la vez, al poco reconocimiento del trabajo de los taxónomos. Al igual que el resto de manuscritos en diferentes áreas de investigación, las propuestas de nuevas especies y su evidencia se someten al escrutinio de evaluadores por pares en las revistas científicas para su publicación. El que se llegue a la conclusión de que una especie representa un taxón diferente a lo conocido, implica una actividad intelectual que incluye aspectos teóricos sobre el concepto de especie, la posición hipotética en la filogenia y su clasificación taxonómica, un amplio conocimiento del grupo taxonómico involucrado, métodos rigurosos comparativos, incluyendo técnicas modernas que ayudan a soportar con mayor precisión las decisiones tomadas. Sin embargo, en las revistas biológicas la publicación de nuevas especies no se cita formalmente en las referencias bibliográficas como cualquier otro artículo científico. Los nombres de especies y sus autores, utilizados para diferentes estudios evolutivos, ecológicos, fitogeográficos, etnobotánicos, agrícolas, fitoquímicos y genéticos entre otros, no son citados formalmente o, de acuerdo con Applequist, en aspectos como la identificación de nombres en los herbarios o información de especies amenazadas o en peligro de extinción y especies raras para los manejadores de ecosistemas, agencias regulatorias o la delimitación de áreas protegidas. Es extraño que esto pase sólo en la botánica, pues en cualquier otra área los nuevos descubrimientos son reconocidos y, por supuesto, cada que se utilizan como referencia en otro artículo se citan formalmente. En astronomía podemos encontrar descubrimientos con el resultado del reconocimiento de colegas en otros trabajos científicos: Smith y colaboradores descubrieron en 2007 una supernova y tienen más de 390 citas; en 2006, Donati y colaboradores un campo magnético en una estrella y alcanzan cerca de 150 citas; a Johnson y colaboradores, por el descubrimiento de un planeta en 2009, los citan cerca de 260 veces. Los que menos reconocimientos tienen, cuentan incluso con más citas que las nuevas especies de plantas: Salvadori y Ferrara, por su descubrimiento de galaxias enanas en 2009 tienen cerca de 100 citas, y Lister y colaboradores, por el descubrimiento de un planeta en 2009 registran cerca de 26. Contrariamente, en el campo de la botánica encontramos que dos especies de Asteraceae descritas por Rzedowski y colaboradores en 2008 tienen 11 citas en diversos buscadores, pero ninguna en otros más rigurosos como Scopus. Casos de parientes silvestres de especies alimenticias, que uno esperaría de importancia como Avena atlantica Baun & Feddak (1985), sólo tiene 14 citas. De entre las más citadas encontramos a Lacandonia schismatica Martínez y Ramos (1989), considerada por muchos como el descubrimiento botánico del siglo por cambiar muchos conceptos de esta disciplina. El artículo tiene 90 citas en Google Scholar, 48 en la colección principal de Web of Science, 45 en biosis Citation Index y 19 en Scopus. Mucho menos que los grandes descubrimientos de cualquier otra disciplina. Si revisamos una revista especializada en nuevos descubrimientos como Novon, en la última década, una selección al azar de cincuenta nuevas especies descritas arroja en promedio seis citas por artículo (figura 1); hay uno con dos nuevas especies de parientes silvestres de papas domesticadas, Solanum, de Anderson y colaboradores, con 107 citas en diferentes buscadores, pero sólo diez en Scopus. Aun si consideramos las citas a este artículo como de alto impacto, subiría a ocho citas en promedio por artículo; nada comparado con las de otras áreas. Su editora, Applequist, afirma que si nuestro campo es fundamental para la investigación biológica no es necesario aumentar el valor de las publicaciones de nuevos taxa, sino asegurar que otros se den cuenta del gran valor implícito que tienen. Seguramente así citarían estas especies en otras publicaciones. Parece necesario que la comunidad de taxónomos vegetales demande que las revistas científicas de las ciencias biológicas incluyan en las referencias de sus publicaciones las citas de las descripciones de cada especie vegetal. Es probable que haya casos donde el número de especies sea tal, que no sea viable publicar una bibliografía muy grande. Sin embargo, se tienen opciones como los anexos digitales de la bibliografía o decidir citar sólo las referencias de especies de plantas publicadas de 1960 a la fecha o buscar otra más adecuada. Las citas a los artículos científicos publicados se han convertido en uno de los indicadores más importantes para el reconocimiento a la actividad científica. Si como botánicos queremos que nuestros descubrimientos sean reconocidos al nivel de cualquier otra disciplina, debemos empezar por cambiar nuestras formas de valorar cubrimientos se publican científicamente Bryophyta (sensu stricto). Al igual que el resto de las plantas, son verdes porque contienen clorofila, un pigmento que necesitan para realizar la fotosíntesis, proceso donde fabrican sus propios alimentos y energía. Son pequeños, su tamaño varía de 0.5 milímetros a 3 centímetros generalmente, aunque existen algunos que llegan a medir hasta 50 centímetros, como ciertas especies del género Dawsonia, pero desafortunadamente son poco comunes. Se propagan fácilmente cuando hay mucha humedad en el ambiente, su crecimiento, desarrollo y reproducción son tan rápidos y efectivos que producen grandes colonias, que pueden parecer alfombras, césped o tapetes en los bosques y otros ecosistemas donde desempeñan papeles muy importantes. |
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| Agradecimientos A Mahinda Martínez y a Fernando Chiang por la revisión crítica del manuscrito. |
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Referencias bibliográficas
Anderson, G. J., C. T. Martine, J. Prohens, y F. Nuez. 2006. “Solanum perlongistylum and S. catilliflorum, New Endemic Peruvian Species of Solanum, Section Basarthrum, Are Close Relatives of the Domesticated Pepino, S. muricatum”, en Novon, vol. 16, núm. 2, pp. 161-167. Applequist, W. L. 2016. “Editorial”, en Novon, vol. 25, núm. 1, pp. 1-2. Baum, B. R. y G. Fedak. 1985. “Avena atlantica, a new diploid species of the oat genus from Morocco”, en Canadian Journal of Botany, vol. 63, núm. 6, pp. 1057-1060. Donati, J. F., et al. 2006. “Discovery of a strong magnetic field on the O star HD 191612: new clues to the future of 1Orionis C”, en Montly Notices Letters of the Royal Astronomical Society, vol. 365, núm. 1, pp. L6-L10. Fontaine, B., et al. 2012. “New Species in the Old World: Europe as a Frontier in Biodiversity Exploration, a Test Bed for 21st Century Taxonomy”, en PLoS ONE, vol. 7, núm. 5, p. e36881. Johnson, J. A., et al. 2007. “A New Planet around an M Dwarf: Revealing a Correlation between Exoplanets and Stellar Mass”, en The Astrophysical Journal, vol. 670, núm. 1, pp. 833-840. Lister, J. A, et al. 2009. “wasp-16b: A new Jupiter-like planet transiting a southern solar analog”, en ApJ, vol. 703, núm. 1, pp. 752-756. Martínez, E. y C. H. Ramos. 1989. “Lacandoniaceae (Triuridales): Una nueva familia de México”, en Annals of the Missouri Botanical Garden, vol. 76, pp. 128-135. RBG Kew 2016. “State of the World’s Plant Reports - 2016”, Royal Botanic Gardens, en Kew (https://stateoftheworldsplants.org/2016/). Salvadori, S. y A. Ferrara. 2009. “Ultra faint dwarfs: probing early cosmic star formation”, en Montly Notices Letters of the Royal Astronomical Society, vol. 395, núm. 1, pp. L6-L10. Smith, N., et al. 2007. “sn 2006gy: Discovery of the Most Luminous Supernova Ever Recorded, Powered by the Death of an Extremely Massive Star like Carina”, en The Astrophysical Journal, vol. 666, núm. 2, pp. 1116-1128. Rzedowski, J., G. Calderón y E. Pérez-Cálix. 2008. “Tetrachyron omissum y Trigonospermum alexandri, dos especies nuevas de Compositae - Heliantheae del centro de México”, en Acta Botánica, vol. 84, pp. 1-8. |
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| Luis Hernández Sandoval Facultad de Ciencias Naturales, Universidad Autónoma de Querétaro. |
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cómo citar este artículo
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| del herbario |
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| Los musgos plantas pequeñas, pero con un gran papel en la naturaleza |
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| María del Rocío Alcántara González y Felipe Arath Macías López | ||||||||||||||
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Los musgos pertenecen a un grupo llamado
científicamente Bryophyta (sensu stricto). Al igual que el resto de las plantas, son verdes porque contienen clorofila, un pigmento que necesitan para realizar la fotosíntesis, proceso donde fabrican sus propios alimentos y energía. Son pequeños, su tamaño varía de 0.5 milímetros a 3 centímetros generalmente, aunque existen algunos que llegan a medir hasta 50 centímetros, como ciertas especies del género Dawsonia, pero desafortunadamente son poco comunes. Se propagan fácilmente cuando hay mucha humedad en el ambiente, su crecimiento, desarrollo y reproducción son tan rápidos y efectivos que producen grandes colonias, que pueden parecer alfombras, césped o tapetes en los bosques y otros ecosistemas donde desempeñan papeles muy importantes. Antes de pasar a la función que tienen los musgos en los ecosistemas, es necesario aclarar primero, qué es un ecosistema. Un ecosistema es. un sistema completo (en el sentido de la física), donde se incluyen no sólo el complejo formado por organismos (animales, plantas y todo lo que tenga vida), sino también todos los factores físicos que forman lo que denominamos ambiente (como la temperatura, altitud, propiedades del suelo, propiedades fisicoquímicas del agua, etcétera). Los sistemas formados así, es decir, los ecosistemas, son las unidades básicas de la naturaleza, ya que en éstos se da el manejo y flujo de energía que logra hacer posible la vida. En este concepto de ecosistema, los componentes biológicos y físicos del ambiente constituyen un sistema único, que siempre está interaccionando. Después de estas definiciones un poco técnicas, tratemos de aterrizar de una manera más sencilla el concepto. Imaginemos un bosque, en el hay gran diversidad de organismos, hay musgos, helechos, gimnospermas, angiospermas, insectos, mamíferos, reptiles y una larga lista de organismos más, pero también en el bosque hay un clima muy particular que está definido por una cierta temperatura, humedad, presión, que es característica del lugar y que no se compara con otro ecosistema, como un desierto que tiene sus características bióticas y abióticas particulares que lo diferencian de un bosque; el conjunto de todo eso es un ecosistema. En los ecosistemas hay una clasificación de los organismos que nos ayuda a entender cómo funciona la energía que existe ahí, y es que hay dos tipos de organismos: autótrofos y heterótrofos. Los organismos autótrofos (también llamados organismos primarios) son aquellos que usan sustancias inorgánicas para generar su propio alimento, como las plantas, entre ellas los musgos, que mediante la fotosíntesis integran energía al ecosistema; sin ellas tal energía no estaría disponible para el resto de los organismos (los heterótrofos). En muchas ocasiones los musgos pueden dominar la producción primaria en algunos bosques boreales, contribuyendo en promedio de 20 a 50% de energía que entra al ecosistema (figura 1). Nutrimentos para otras plantas Todos los organismos necesitan nutrimentos para cumplir sus funciones biológicas, como crecer, respirar y demás procesos que son vitales. Las plantas los adquieren de suelos, rocas, cortezas, materia orgánica y otros sustratos, así como de la atmósfera. Debido a sus características químicas, muchos de estos nutrimentos no se encuentran disponibles tan fácilmente para las plantas vasculares (helechos, gimnospermas y angiospermas) porque tienen una baja eficiencia en la absorción de nutrimentos como nitrógeno y fósforo. El nitrógeno es abundante en la atmósfera pero bajo esa forma química no puede ser utilizado por la mayoría de las plantas; sin embargo, existen algunas especies, clasificadas en los musgos, helechos, gimnospermas y angiospermas, que se asocian con cianobacterias cuya facultad es la de transformar este nitrógeno atmosférico en una forma química que la mayoría de las plantas sí puedan emplear en sus procesos metabólicos, es el caso de las especies del grupo de los llamados musgos de turbera, Sphagnum (figura 2). En cuanto al fósforo, los musgos participan en su captación porque pueden absorberlo en forma de fosfatos de manera más eficiente en relación con otras especies de plantas vasculares, por lo que su papel es esencial en la incorporación de este nutrimento a los ciclos biogeoquímicos del ecosistema. Los musgos participan en los ciclos naturales de ambos elementos, por lo tanto, facilitando su entrada al ecosistema. Pero, ¿cómo ocurre esto? Al momento de morir, los musgos se descomponen y se reintegran a la tierra, es conocido que se descomponen más rápido que el resto de las plantas, lo cual permite la disposición de nutrimentos de manera constante y más rápida en relación con otros organismos; además, los musgos participan en la meteorización de las rocas. Microambientes y ecosistemas Otra manera en que los musgos contribuyen al ecosistema es formando microambientes, es decir, sistemas aislados donde se conservan algunas condiciones como temperatura y humedad que pueden ser distintos al clima en general. Esto se debe a que los musgos crecen formando grandes colonias o “tapetes”, lo cual favorece la conservación de algunas características ambientales particulares. Los organismos que aprovechan tales condiciones proporcionadas por los musgos van desde algunos microscópicos, como algas, hongos, rotíferos, incluso tardígrados, hasta otros más grandes como líquenes, helechos, angiospermas (cactáceas, bromelias y orquídeas), artrópodos (arácnidos e insectos) y vertebrados (pequeños mamíferos, reptiles, aves y anfibios). Además, cumplen con una función importante resguardando los huevos de algunos invertebrados, semillas de angiospermas, gimnospermas y esporas de helechos y hongos (figura 3). Asimismo, muchas veces, por meras condiciones geológicas o incluso la mano del hombre, algunos ecosistemas suelen deteriorarse y desaparecer, pero dejan un lugar nuevo para ser ocupado por colonizadores; en ese lapso de establecimiento de nuevos organismos, ciertas especies desempeñan el papel de pioneras porque sólo necesitan el espacio que ya existe para poder crecer y reproducirse, lo cual es clave y necesario para que más especies puedan posteriormente establecerse y habitar ese lugar, después de que las pioneras lo hicieron disponible para otras especies. Dentro de dichas especies pioneras están los musgos, que pueden colonizar tales lugares por sus características: su pequeño tamaño, que le permite hacer frente a la erosión eólica e hídrica que comúnmente es alta en sitios sin cobertura vegetal como en los ecosistemas perturbados o lugares inhabitados; además, no requieren un suelo profundo, es decir, crecen en superficies con poca disponibilidad de nutrimentos, ya que los absorben por todo su cuerpo y, a la vez, los rizoides participan en la erosión de la roca o la superficie madre en que se encuentran para formar sustrato. Por último, su ciclo de vida corto permite que se complete únicamente con la interacción de factores físicos, como la precipitación y el viento que facilitan su fecundación y dispersión. Se ha observado que especies de géneros como Sphagnum y Pogonatum (figuras 2 y b) mantienen características físicas en los ambientes tales como temperatura, concentración de oxígeno, agua y nutrimentos en los suelos, las cuales conforman las condiciones que favorecen que otras especies puedan establecerse en un hábitat perturbado. Finalmente, contribuyen en gran medida a disminuir la pérdida de la biodiversidad y cumplen un papel importante en la conservación y formación de los ecosistemas. Conclusión Los musgos son plantas que tienen un gran papel en la naturaleza, son importantes para la entrada de energía a los ecosistemas, son clave en la absorción de nutrimentos al hacer que estén disponibles y puedan ser usados por otros organismos; sirven para que una gran variedad de especies vivan en condiciones óptimas y logren completar su ciclo de vida; pueden ser especies pioneras e incluso mantienen características para establecer nuevos ecosistemas o para que ecosistemas perturbados se recuperen. Sin embargo, en algunos lugares de México es común que el musgo sea extraído de su hábitat para utilizarlo como planta de ornato (decorativa), lo que resulta en un daño que podría afectar el funcionamiento de un ecosistema. Como el papel ecológico de los musgos es fundamental en múltiples procesos biológicos, su preservación y conservación es imprescindible en diversos ecosistemas para evitar la pérdida masiva de biodiversidad. |
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| Agradecimientos Agradecemos enormemente el apoyo de la Dra. Susana Valencia por la revisión del escrito y sus comentarios tan enriquecedores, a la optativa de Briofitas y Pteridofitas donde comenzó todo este proyecto y agradecer especialmente a Felipe de Jesús Eslava-Silva y Ana B. Adame-González por su apoyo, comprensión y paciencia en la realización de todo el artículo. |
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Referencias bibliográficas
Gornall J. L., I. S. Jonsdottir, S. J. Woodin y R. Van der Wal. 2007. “Arctic mosses govern below ground environment and ecosystem processes”, en Oecologia, vol. 153, pp. 931–941. Smith, T. M. 2015. Elements of Ecology, 9th Edition. University of Virginia. Pearson. Turetsky, M. R., M. C. Mack, T. N. Hollingsworth y J. W. Harden. 2010. “The role of mosses in ecosystem succession and function in Alaska’s boreal forest”, en Canadian Journal of Forest Research, vol. 40, pp. 1237–1264. Turetsky, M. R., et al. 2012. “The resilience and functional role of moss in boreal and arctic ecosystems”, en New Phytologist, vol. 196, pp. 49-67. |
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| María del Rocío Alcántara González y Felipe Arath Macías López Estudiantes de Biología en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, Universidad Nacional Autónoma de México. |
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cómo citar este artículo
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| del clima |
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| De huracanes a sequías amenazas extremas a las especies |
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| Eric Isaí Ameca y Juárez, Sandra Georgina Luna González y Diana Pérez López | ||||||||||||||
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Hasta hace algunos años se pensaba que las causas
del cambio climático eran solamente naturales, sin embargo, actualmente se sabe que las actividades humanas han influido en él, han acelerado y continúan acelerando este proceso a escala regional y global. El cambio de uso de suelo y el uso de combustibles fósiles, por ejemplo, han contribuido a una mayor concentración de gases causantes de un incremento anormal de la temperatura promedio en la tierra. Este fenómeno global tiene consecuencias directas e indirectas a nivel local, como lo ha mostrado el Panel Intergubernamental de Cambio Climático. Los estudios recientes sobre esta gran amenaza demuestran un calentamiento paulatino pero significativo, algo que los expertos en el estudio de clima no tenían previsto. Pensemos en el caso de las zonas costeras, para las cuales hay estimaciones de que un aumento de aproximadamente treinta centímetros del nivel medio del mar generaría una pérdida de 17 a 43% de su superficie actual como resultado de inundaciones. Estos sistemas no sólo son importantes por poseer una gran cantidad de flora y fauna, sino que actúan como barreras naturales de protección en contra de fenómenos extremos como los huracanes. La exposición a éstos afecta a la flora y fauna, así como a las comunidades humanas que dependen de ambas para su subsistencia. Con relación a las especies animales, la destrucción del hábitat, la sobreexplotación y contaminación son considerados entre los principales factores causantes de la reducción del tamaño de sus poblaciones, en particular hacia la última mitad del siglo xx. En la actualidad, es reconocido que diversas especies siguen expuestas a tales impactos humanos; por ejemplo, según el Living Planet Index, un índice que monitorea el estado general de poblaciones de vertebrados del mundo, sabemos que para la fauna de mamíferos a nivel global, la causa principal de la disminución de sus poblaciones es la destrucción de su hábitat a causa de la tala inmoderada, incendios, contaminación y fragmentación, contribuyendo al total de las declinaciones registradas, seguido de la sobreexplotación directa por cacería. Por otro lado, los cambios en las condiciones climáticas en la Tierra son también considerados entre las mayores amenazas que enfrenta la vida tal y como la conocemos. A los cambios en la variabilidad del clima a lo largo de cientos de años se ha añadido un incremento en el número de eventos climáticos extremos que generan perturbaciones substanciales. No obstante, aunque episodios repentinos de alta mortandad de vida silvestre han sido asociados a estos fenómenos, sabemos muy poco sobre los factores que hacen a una especie, y sus poblaciones, más vulnerables. A lo que nos referimos es que desconocemos qué elementos intrínsecos a cada población de una especie actúan en favor o en contra de su supervivencia cuando enfrentan tales catástrofes naturales. De lo que si hay certeza es que dichos eventos extremos ponen en un peligro mayor a las especies y poblaciones al combinarse con impactos humanos. Fenómenos extremos El cambio climático es definido como una variación inusual en la temperatura media del planeta que puede manifestarse a lo largo de varias décadas e incluso millones de años. En la últimas tres décadas se ha acumulado información robusta poniendo en evidencia que incrementos en las temperaturas globales también están generando cambios en la frecuencia e intensidad de eventos climáticos extremos, lo cual no se había tenido en consideración en las investigaciones en que se busca determinar el riesgo de extinción de las especies; por ejemplo, desde hace varias décadas, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza ha cuantificado sistemáticamente el riesgo de extinción de una enorme cantidad de especies a nivel mundial con base en amenazas humanas. Sin embargo, el impacto del cambio climático y los eventos extremos apenas se ha comenzado a considerar, pues sólo recientemente se han generado estudios que evidencian sus consecuencias directas e indirectas en las especies. Eventos climáticos extremos son aquellos que se caracterizan por alterar de manera drástica las condiciones ambientales normales en una región determinada. Algunos ejemplos de estos son: huracanes, nevadas, inundaciones, tormentas eléctricas y sequías, entre otros. Con base en la estrategia internacional del programa de las naciones unidas para la reducción de desastres, los eventos climáticos extremos son definidos como: “fenómenos provenientes de una variedad de procesos hidrológicos y meteorológicos, incluyendo aquellos aumentados por cambio climático y que pueden afectar poblaciones de vida silvestre”. En los últimos diez años, el estudio de dichos fenómenos extremos derivados de cambios en las temperaturas globales ha tomado mayor relevancia y ahora son considerados como amenazas latentes que pueden incrementar la tasa de extinción de especies mucho antes de que los impactos de cambios en el clima de largo plazo lleguen a ocurrir. Estos fenómenos tienen diferentes duraciones: para el caso de los huracanes, se ha documentado que pueden pasar hasta 305 horas antes de su disipación. Para las sequías es más difícil de determinar las escalas temporales, ya que esto va a depender del grado de precipitación normal en una región determinada; por ejemplo, podemos ver que para Indonesia, un país del sureste asiático caracterizado por una alta precipitación, se considera que una sequía se manifiesta después de un periodo de seis días consecutivos sin lluvia, por el contrario, para Gran Bretaña una sequía tiene lugar cuando la precipitación es inferior a 0.25 milímetros en al menos quince días. Pero, ¿dónde tienen mayor ocurrencia?, ¿cuales son sus efectos negativos hoy en día? Y quizás más importante, ¿qué podemos hacer para minimizar el riesgo de desaparición de la fauna silvestre más afectada? De corto y largo plazo Los eventos climáticos extremos afectan a una gran proporción de especies sobre la Tierra y sus consecuencias se pueden observar tanto en el corto como en el largo plazo. En el corto plazo podemos esperar que tales fenómenos comprometan la supervivencia de los individuos de manera inmediata; por ejemplo, las lluvias torrenciales y las fuertes rachas de viento generadas por huracanes causan un impacto inmediato en la fauna silvestre al ocasionar la pérdida de sitios de refugio (madrigueras, cuevas, huecos en árboles caídos, etcétera), y fuentes de alimento. Por otro lado, los vientos pueden derribar árboles y con ello propiciar la muerte los de individuos como resultado de lesiones físicas. En este contexto, el que un animal tenga una talla determinada o bien que la densidad de su población sea de cierto tamaño son factores que pueden marcar la diferencia entre la vida o la muerte durante y después de una catástrofe. La primera consecuencia negativa de tales fenómenos se ve reflejada en una disminución poblacional repentina, que se espera sea mucho mayor a la observada de manera normal en la población en ausencia de un fenómeno extremo. Es a causa del impacto en la declinación poblacional que el riesgo de extinción originado por actividades humanas se eleva mucho más. En el largo plazo, los atributos relacionados con el éxito reproductivo de los organismos juegan un papel crítico en la supervivencia de las poblaciones afectadas por eventos climáticos extremos; ejemplos de dichos atributos son la edad en alcanzar madurez reproductiva, el tiempo de gestación y el número de crías, entre otros. En este sentido, una especie puede ser más susceptible cuando su estrategia de vida conocida como “historia de vida” es lenta, es decir, los individuos alcanzan la madurez sexual a lo largo de mucho tiempo, sus gestaciones necesitan también de un tiempo prolongado y finalmente generan poca descendencia. Así, la recuperación de una especie con historia de vida lenta puede ser más riesgosa que si la comparamos con una especie que alcanza una madurez sexual en poco tiempo y genera una descendencia numerosa, es decir, cuya historia de vida es más rápida. Por lo anterior, podemos concluir que especies con diferentes historias de vida no necesariamente responderán igual a un mismo tipo de fenómeno extremo; la combinación de atributos intrínsecos de cada especie determinará en gran medida sus probabilidades de declinación. En el Caribe Mexicano los huracanes son un fenómeno recurrente y pueden causar disminuciones serias en el tamaño de las poblaciones silvestres. Algo importante a resaltar es que la vulnerabilidad a la declinación puede variar de una población a otra en la misma especie, dependiendo de su localización geográfica, las características intrínsecas del fenómeno extremo, como su intensidad y duración, y la estructura del hábitat afectado. Efectos en la conservación La investigación y la colaboración internacionales han generado mucha información sobre el impacto de los cambios climáticos en la Tierra. Con base en sus hallazgos se ha reconocido ampliamente que debemos avanzar en nuestro conocimiento sobre cómo manejar los impactos potenciales de eventos climáticos extremos en poblaciones de vida silvestre. Retomando los hallazgos del panel intergubernamental sobre cambio climático, tenemos evidencia sólida de que los incrementos en la temperatura observados en las últimas décadas continuarán afectando la actividad global de los fenómenos extremos en el siglo xxi. Sin embargo, no es posible predecir dónde, cuándo y con qué frecuencia e intensidad van a suceder. Los registros históricos son una herramienta fundamental que puede ayudar a determinar zonas con mayor probabilidad de ocurrencia y entonces planear medidas de manejo para mitigar los impactos en dichas zonas en el futuro. Las consecuencias de los impactos por eventos climáticos extremos en poblaciones de vida silvestre dependen del nivel de exposición, efectos cumulativos de fenómenos similares experimentados en el pasado, así como la ya mencionada vulnerabilidad intrínseca de cada población y las características de su hábitat. Aunque se han implementado muchas estrategias para reducir la declinación de poblaciones como resultado de actividades humanas, dichas estrategias deben adaptarse y otras más generarse en función de los nuevos desafíos que enfrentan las especies por cambios en el clima a escala local, incluyendo fenómenos extremos. Para reducir los impactos de tales fenómenos en la fauna silvestre se deben realizar intervenciones a escala local; por ejemplo, se pueden establecer pozas de agua artificiales, para facilitar el acceso a la fauna silvestre que habita en zonas con alto riesgo de sequías, y para otros fenómenos como los huracanes, estrategias de manejo indirectas como la creación de refugios artificiales en los árboles pueden minimizar el riesgo de exposición a vientos fuertes y lluvia. No obstante, habrá ocasiones en que la severidad del huracán sea pronosticada de tal magnitud que será necesaria la captura de fauna silvestre en sitios de alto riesgo para su posterior liberación en sitios no expuestos. Es de resaltar que para ejecutar dicha estrategia debe existir un monitoreo previo que identifique las poblaciones potencialmente vulnerables y minimizar así los tiempos de intervención. Necesitamos documentar directa e indirectamente aquellos declives poblacionales relacionados con la ocurrencia de eventos extremos, así como caracterizar sus consecuencias para la supervivencia de las especies en el corto y largo plazo. En este contexto, estudiar la exposición a tales fenómenos puede ayudar a identificar áreas donde las especies han estado más expuestas y enfocar esfuerzos hacia las poblaciones de fauna silvestre cuyas características intrínsecas las pongan en situación de peligro. Sólo así será posible el diseño de acciones para salvar a aquellas poblaciones de vida silvestre que más lo necesiten y así reducir su riesgo de extinción. |
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Referencias bibliográficas Ameca y Juárez E., et al. 2013. “Assessing exposure to extreme climatic events for terrestrial mammals”, en Conservation Letters, vol. 6, núm. 3, pp. 145-153. Brook, B. W., S. Navjot y J. A. Corey. 2008. “Synergies among extinction drivers under global change”, en Trends in Ecology & Evolution, vol. 23, núm. 8, pp. 453-460. Field, C. B., et al. 2012. Managing the risks of extreme events and disasters to advance climate change adaptation. A special report of the intergovernmental panel on climate change. ipcc, Cambridge University Press. Loh, J., et al. 2005. “The Living Planet Index: using species population time series to track trends in biodiversity”, en Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences, vol. 360, núm. 1454, pp. 289-295. Mace, G. M., et al. 2008. “Quantification of extinction risk: iucn’s system for classifying threatened species”, en Conservation Biology, vol. 22, núm, 6, pp. 1424-1442. Pachauri, R. K., et al. 2015. Climate Change 2014: Synthesis Report. Contribution of Working Groups I, II and III to the Fifth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change. ipcc, Cambridge University Press. unisdr, m. 2009. 2009 unisdr Terminology for Disaster Risk Redution. Naciones Unidas, Ginebra. En la red Biodiversidad Mexicana. 2021. “Cambio climático” en Biodiversidad Mexicana (https://cutt.ly/SJg0A1R). Educación Ambiental en la República Dominicana. 2021. “Los Huracanes III” en Jmarcano (https://cutt.ly/zJg0DXu). |
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| Eric Isaí Ameca y Juárez, Sandra Georgina Luna González y Diana Pérez López Universidad Veracruzana. |
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cómo citar este artículo
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| Lorena Paola Herrera | |||||||||||
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A lo largo de la historia de la humanidad,
la expansión de actividades extractivas que aseguran la supervivencia del ser humano, como la agricultura industrial, la minería y las urbanizaciones, ha generado fuertes desequilibrios en el funcionamiento de los ecosistemas naturales. A raíz de esto, a nivel mundial se han impulsado numerosos programas de conservación de la naturaleza, así como planes de gestión y planificación de los territorios con fines de sostenibilidad. Sin embargo, muchos de estos esfuerzos no han tenido el final esperado, y para numerosas regiones no sólo la situación ambiental es complicada e irreversible, sino que la pérdida de biodiversidad sigue en aumento. Ante este panorama, surge preguntarnos: ¿dónde se encuentra el fallo en generar soluciones integrales y efectivas a los problemas ambientales? Tal interrogante me ha llevado a proponer el término “metaecología”. Ir más allá de la ecología tradicional supone un nuevo modelo que, desde una mirada global e integral, se proponga comprender nuestra relación con el entorno y las acciones que sobre él realizamos. De esta forma, para abordar los problemas ambientales, desde la metaecología propongo incluir no sólo los aspectos biológicos, sociales, económicos políticos, y culturales de una región o territorio, sino también los emocionales, cognitivos y espirituales, tanto a nivel del individuo como de la sociedad. Gran parte de la dificultad para lograr soluciones efectivas a los problemas ambientales tiene su raíz en la profunda desconexión que existe entre los seres humanos y la naturaleza, que ha llevado al individualismo y a la falta de pensamiento colectivo. Así, una de las maneras de tomar conciencia de la inmensidad de nuestros actos debería ser a través de una mirada profunda hacia nuestro interior ¿Qué nos estamos haciendo a nosotros mismos? ¿Nos valoramos como individuos y como sociedad? ¿Cuál es la relación entre nuestro individualismo y la pérdida de conexión con la biodiversidad de la cual formamos parte? ¿Cuándo y por qué nos desconectamos de la naturaleza? ¿Nos amamos verdaderamente? Claro está que tales preguntas no son independientes del mundo globalizado en el que vivimos, un mundo que ha evolucionado en muy corto tiempo y en forma vertiginosa hacia el consumismo y el materialismo. Hemos perdido la capacidad de vernos como parte de la naturaleza, negando que somos dependientes de ella. Hemos perdido sensibilidad hacia esa fuerza de orden superior que es capaz de autoorganizarse y de regalarnos vida. Esa mayor o menor sensibilidad es consecuencia de nuestra propia historia de vida, del lugar donde nacimos, de los legados ancestrales y del inconsciente colectivo de la humanidad. Un paquete de programas, creencias y costumbres que traemos como información y que nos aleja de nuestra propia esencia, y desde donde tomamos decisiones y llevamos a cabo gran parte de nuestras acciones. En un intento de comprender la relación entre los problemas de sostenibilidad con la desconexión humanidad-naturaleza, algunos académicos han propuesto diferentes ideas y conceptos. Es el caso del ecólogo Robert Pyle que en los setentas propuso el concepto de Extinction of Experience, que hace referencia a la extinción de las experiencias en la naturaleza que sufrimos los seres humanos. Dos son los factores principales asociados a este fenómeno: por un lado, el aumento de las urbanizaciones y la pérdida de la biodiversidad; por otro lado, el cambio en las normas sociales, es decir, el aumento de formas alternativas de pasar el tiempo. Así, parecería que hemos entrado en un ciclo de pérdida y desafección; mientras más experiencia de extinción tengamos, menos sensibles nos volvemos, y menos involucrados estamos con los problemas ambientales en general y con la pérdida de biodiversidad en particular. Naturaleza y conexión El vocablo naturaleza proviene del latín natura que significa natural, esto hace referencia a todo lo que está creado de manera natural en el planeta (en referencia no sólo a los seres vivos sino también al clima, el suelo, las formas de la tierra, etcétera). La palabra natura a su vez deriva del verbo nasci en latín, que significa nacer. Entonces, la naturaleza no sólo refiere a los elementos naturales que vemos a nuestro alrededor sino también a los procesos que le dieron origen. Por ejemplo, una planta en un borde de vía férrea no está allí por mera casualidad. Cuando todo su potencial se reducía a una simple (o compleja) semilla, encontró un espacio físico y las condiciones ambientales (temperatura, humedad, luz…) necesarias para su germinación. Con el tiempo sus raíces fueron creciendo y ocupando espacios, sus tallos y hojas fueron elongando y expandiéndose hacia la luz. Muy probablemente, durante este tránsito la planta interactuó con otras de la misma o de distinta especie, con algunas compitiendo por los recursos (agua, nutrientes, luz…), con otras colaborando en el intercambio de los mismos. En definitiva, la planta, la semilla, la luz, la humedad, la temperatura, las raíces, el tallo, la hoja, la especie, los recursos, el conjunto de plantas y todos los procesos intervinientes para el crecimiento y desarrollo como la fotosíntesis, el intercambio de iones a nivel celular, el intercambio de nutrimentos a nivel radicular, el ciclo de nutrimentos en el suelo, etcétera; todo ello es naturaleza. ¿Por qué conectados? El humano ha evolucionado en espacios abiertos. Durante los dos millones de años que acompañaron su evolución permaneció como criatura débil y marginal en el ecosistema reinante, a pesar de gozar de importantes ventajas como un cerebro grande, el uso de utensilios y estructuras sociales complejas. En este escenario vivía con temor a los depredadores, subsistiendo principalmente de la recolección de plantas, la captura de insectos y la caza de pequeños animales. Para sobrevivir, necesitaba conocer su territorio, la dinámica de crecimiento de las plantas, las costumbres de cada animal, cuáles alimentos eran nutritivos, cómo usarlos para la cura, cómo eran los ciclos y el progreso de las estaciones, etcétera. Todo este conocimiento y experiencia diaria llevó a los humanos a estar muy conectados con su entorno natural del cual dependían para su subsistencia. Sin embargo, su rápida evolución ha conducido al ser humano en muy poco tiempo a estar en la cima de la cadena alimentaria y a creerse superior. Esto lo ha llevado a realizar un camino diferente de conexión con el entorno, de la mano de la agricultura y la domesticación animal. Este “manejo” de la vida silvestre ha tomado distintos caminos a lo largo de la historia de la humanidad. Algunos de éstos continuaron por la vía del respeto y del cuidado de formas de producir alimentos, escuchando los ciclos de la naturaleza, las estaciones y venerando las formas de la tierra con todos sus integrantes. Otros caminos condujeron a lo que hoy conocemos como producción industrial, muy lejos de regirse por las leyes universales de la naturaleza y el respeto por todo ser vivo (incluido el humano). Esta última línea puede estar reflejando la desconexión profunda de seres humanos con la naturaleza, que se traduce hoy día en innumerables problemas ambientales que acechan al planeta. El biólogo Edward Wilson, en su libro Biophilia, nos cuenta que nuestra conexión con la naturaleza está en nuestro adn, impronta que nos conecta con nuestro instinto de supervivencia. A esto hace referencia el concepto de biofilia, es decir, la afiliación —o amor— por la vida y la naturaleza. Así, los humanos gozamos de una afiliación innata respecto de otros organismos vivos, tratándose de un hilo común a todas las culturas. Estos conceptos acercan la idea de que el contacto con la naturaleza es esencial para nuestro desarrollo en su totalidad. Suponen que durante los millones de años en los cuales el ser humano se relacionó con su entorno, lo hizo de manera muy estrecha, y eso generó una necesidad emocional profunda y congénita de estar en conexión cercana con el resto de los seres vivos. Así, existe una tendencia innata de todos los seres humanos de sentirse identificados y en plenitud con y en la naturaleza dada por nuestra evolución en los espacios naturales. En esta línea, la doctora Evan Selhub y el doctor Alan Logan en su libro El poder curativo de la naturaleza, proponen que nuestro alejamiento de la naturaleza se asocia a una menor empatía y atracción hacia el entorno natural, dado que la sostenibilidad del planeta no depende sólo de reciclar y ser buen ciudadano sino de nuestra íntima relación con la madre tierra. Componentes de la conexión ¿Qué supone realmente estar conectado con la naturaleza? Según investigadores de la Universidad de Stellenbosch, en Sudáfrica, la conexión con la naturaleza representa un estado estable de consciencia que comprende rasgos simbióticos cognitivos (relacionado al conocimiento y la información), afectivos y experienciales. Estos últimos reflejan, en actitudes y comportamientos consistentes, una conciencia sostenida de la interrelación entre uno mismo y el resto de los seres vivos y el entorno. Si conectamos con estos rasgos podremos aumentar nuestra empatía y realizar acciones en pos de la conservación hacia un bien común. Desde la metaecología, se entiende que integrar lo cognitivo, el sentir y la acción es una forma coherente de sentirnos parte y reconocedores de nuestra ecodependencia del entorno natural. (Figura 1) Informarnos acerca de la naturaleza nos ayuda a estar actualizados, a integrar conceptos, a satisfacer nuestra curiosidad y a aumentar nuestro conocimiento y, en consecuencia, nuestra empatía y amor hacia nuestro entorno. La experiencia en la naturaleza nos lleva a cultivar nuestros sentimientos, a sentir nuestras emociones, a conectarnos con nosotras y nosotros mismos, a conocernos mejor desde un lugar más instintivo, y a fortalecer la empatía y el amor hacia todo lo que nos rodea. Si estamos informados y al mismo tiempo vivenciamos ese saber, fortalecemos aún más nuestra capacidad de empatía, de cuidado y de amor hacia la vida en su totalidad. Estos aspectos nos llevan directamente a modificar nuestro comportamiento y a actuar en lo cotidiano con honradez y respeto. De esta manera, el llamado es a reconectarse buscando superar la percepción general de las personas como algo separado de la naturaleza y típicamente fuera y por encima de ella. Los beneficios de “estar conectados” Como mencionamos anteriormente, el ser humano ha evolucionado en la naturaleza: en el bosque, en el prado, en el pastizal, en el monte. Nuestras funciones fisiológicas y psicológicas son el resultado de un largo proceso de adaptación a las condiciones naturales. Citando a James McBride (1902): “el hombre es lo que es como consecuencia de siglos y siglos de contacto directo con la naturaleza”. Y muy probablemente por este motivo al estar en espacios naturales abiertos “nos sentimos conectados”, no sólo al entorno sino a nosotros mismos, a esa fuente inagotable de sabiduría interna que lo tiene todo. Con la vida ajetreada que llevamos hoy en día basta con un breve paseo por un parque para sentir bienestar. En sus distintos planos (corporal, mental, emocional y espiritual), este bienestar ha sido y es estudiado por numerosos científicos en todo el mundo. El fortalecimiento del sistema inmunológico, la disminución del estrés, la capacidad de restauración cognitiva, el aumento y el mantenimiento de la vitamina D en la sangre, la disminución de la fatiga mental y la conexión con nuestra intuición, son algunos ejemplos. Integrar para trascender Entonces, si los beneficios que se nos presentan al estar conectados e integrados a la naturaleza son tan altos, ¿por qué no acudimos a ella?, ¿cómo logramos trascendernos para generar más armonía con la naturaleza de la cual somos parte?, ¿cómo volvemos a la fuente de sabiduría interna? Preguntas tan amplias que van más allá de cualquier disciplina. Citando a Rolando Toro creador del Sistema Biodanza: “el concepto de trascendencia se refiere a la superación de la fuerza del propio Yo y a la posibilidad de andar más allá de la autopercepción, para identificarse con la unidad de la naturaleza y la esencia de las personas”. En otras palabras, trascender nuestro ego. Metaecología propone mirarnos con y desde el amor, asumir que si bien somos una misma esencia, detrás de cada ser humano hay una identidad, una historia de vida particular, una genética y, en especial, una determinada relación con la vida, que detrás de esta relación están nuestros actos. No hay buenos ni malos actos, hay desconocimiento general y particular, hay desconexión y, sobre todo, hay miedo. Miedo a la pérdida de lo que ya es nuestro por evolución, miedo a quedarnos fuera de un sistema que en definitiva nos hace infelices y nos paraliza. ¿Qué pasaría si nuestra vida estuviera en sintonía con los ciclos de la vida? ¿Qué pasaría si respetáramos nuestros estados de ánimo y nuestras emociones según las etapas del día, según las estaciones climáticas, según la dinámica planetaria? ¿Qué pasaría si nos alimentáramos según lo que nos ofrece la tierra del lugar donde vivimos? ¿Qué pasaría si viviéramos desde el amor y no desde miedo? Pasarían muchas cosas, por ejemplo, que seríamos seres más felices y conectados, seres más integrados y vibrando en coherencia, seres en sintonía con nuestros potenciales, seres realizando lo que nos apasiona. Metaecología propone aumentar nuestra sensibilidad, emocionalidad hacia la vida y empatía hacia todo ser vivo. Propone la integración del saber científico con el saber espiritual, porque no somos entidades separadas y es momento de unir, recordar quienes somos y empoderarnos en nuestros potenciales. El camino para esto es la reconexión con nosotras y nosotros mismos, con la humanidad y con la vida en su totalidad. Diferencias entre ecología y metaecología Amar la naturaleza. Desde la metaecología hablamos principalmente de amar la naturaleza y no tanto de defenderla. Amar supone integración, cohesión, valoración y coherencia, es decir, ser parte. Amar es amarnos a nosotras y nosotros mismos y con ello a nuestro entorno; si amamos no hace falta la defensa, porque todo está en sintonía y en armonía con las leyes del universo. Si percibimos así la relación entre los seres humanos y la naturaleza, es decir, de forma integral y sociativa, se facilita toda iniciativa de conservación. Cuando hablamos de respeto hacia la naturaleza, hablamos del respecto hacia nosotras y nosotros mismos, hacia las demás personas, hacia otros seres vivos, hacia el entorno y el cosmos, ya que todo está integrado y conectado. No existe separación sino una retroalimentación, un fortalecimiento y una conjunción. En línea con esto podríamos decir que los problemas ambientales que ocurren en el mundo serían un reflejo del respeto que tenemos hacia nosotras mismas. Ecocentrismo. En la metaecología no existe la disociación entre seres humanos y la naturaleza (aunque, por supuesto, si “diferenciación”). No se ve la relación ser humanonaturaleza desde un punto de vista utilitario, sino desde un punto de vista más biocéntrico (o ecocéntrico), o más completo ya que se ofrecen diferentes relaciones de simbiosis, de beneficio mutuo, etcétera. De esta forma nos saltamos el modelo antropocéntrico que considera que la naturaleza está al servicio del ser humano. No hablamos de términos como “servicios ecosistémicos”, aunque entendemos su utilidad, sobre todo en el ámbito político-institucional, ya que “ayuda a ver” los beneficios de la naturaleza para las personas y la importancia de conservarla. Desde este concepto, apostamos a generar alternativas creativas para potenciar las diferentes relaciones de beneficio mutuo, ya que se trata de cooperar hacia un bien común. Ecofilia. Proponemos que en educación se enfoque la enseñanza en ecología desde el amor hacia la naturaleza y al entorno (ecofilia) y no desde una visión catastrófica del planeta. De acuerdo con el educador David Sobel, el elevado grado de abstracción de los conocimientos ambientales y el pesimismo ecológico podrían estar produciendo en niños y niñas la llamada ecofobia, es decir, el miedo o rechazo al ambiente, incluso a estar al aire libre; por eso él propone: “si queremos que los niños se desarrollen saludablemente debemos darles tiempo para conectar con la naturaleza y amar la tierra, antes de pedirles que la salven”. Ante un conflicto ambiental, la metaecología propone tener en cuenta a todas las partes intervinientes desde la escucha, la conciliación y el ponerse en el lugar del otro adoptando una forma empática y compasiva y no un lugar contrario, de defensa y enfrentamiento. Esto supone no criticar las acciones que toman las otras partes y no centrarse en la oposición entre las personas, sino que todas las partes ganen, es decir, generar alternativas en las que se vean beneficiadas la producción (por ejemplo) y la naturaleza. La metaecología propone que como individuos reconectemos con la naturaleza desde lo cotidiano y la valoración del entorno natural. Y que la creciente suma de las situaciones cotidianas en relación con la naturaleza genere más amor, más interés, más cuidado y más empatía. Cambio de percepción. Se entiende que en todo proceso debe haber un pensamiento global y una actuación local, y desde ahí todo es importante, sobre todo las pequeñas acciones locales. Sin embargo, también hay que mirar y hacer acciones en cuanto al pensamiento global, es decir: ¿qué es lo que motiva a las grandes corporaciones (grandes movimientos internacionales) a colaborar en actividades de destrucción del ambiente?, ¿qué valores culturales motivan para que se dé eso? Por otro lado, es importante que los movimientos ecologistas estén integrados con los demás movimientos humanistas, como el feminismo y el pacifismo, de manera que estén aportando al cuidado del ambiente tanto la persona que está meditando como el científico que trabaja con su ordenador. Para eso se propone una mirada que vaya de lo micro a lo macro, que integre; ya que, como afirma el escritor y psicólogo Edward de Bono, las personas no suelen equivocarse en su razonamiento lógico, sino en su percepción de la realidad. Incluso una persona que dirige una empresa que está impactando negativamente al ambiente puede encontrar coherencia en lo que hace porque dentro de su “burbuja lógica” considera, por ejemplo, que lo importante es el crecimiento económico. Desde esa percepción de la realidad, lo que está haciendo es coherente y correcto, el problema está en que sólo ve una parte del contexto y no todo. Desde la metaecología proponemos promover el cambio de percepción hacia una más amplia y sistémica en vez de quedarnos en la crítica y en la queja de los actos. La enseñanza de la ecología. En distintos ámbitos educativos (primaria, media y superior), la metaecología propone integrar el conocimiento con la vivencia, es decir, integrar ciencia con amor, ciencia con emoción. Esto permitirá la incorporación de conceptos desde el sentir, una forma diferente de aprender y de construir la teoría ecológica; y facilitará la comprensión en forma integral de los procesos y las funciones de los ecosistemas, así como también las decisiones que toman muchos actores sociales (por ejemplo, productores rurales) sobre el destino de la naturaleza. Como profesionales de las ciencias, integrar conocimientos por medio de la vivencia fortalece nuestra mirada global y nuestro ser empático, además facilita el encuentro de soluciones integrales y efectivas a los problemas ambientales. La ciencia en su burbuja lógica por lo general no se anima a investigar temas que entran en el plano de lo sutil, de lo invisible, lo llamado esotérico. Sin embargo, desde la metaecología se busca viabilidad para dar validez científica a conceptos, ideas e intuiciones propias de la humanidad y que de momento se consideran pertinentes en otro plano a falta de investigación científica que los valide. La metaecología pretende asimismo que las investigaciones científicas tengan un acercamiento a la realidad. Muchas veces esas investigaciones se quedan en el saber teórico que es sólo utilizado para alimentar otras investigaciones científicas. La metaecología se plantea el acercar los saberes científicos a la sociedad para que sean realmente útiles y beneficiosos. Resaltar potenciales. La metaecología propone, finalmente, centrarse en las potencialidades más que en las dificultades. El discurso ecologista muchas veces es dramático y más que alarmarnos nos insensibiliza (“no será para tanto”). Si nos centramos en las capacidades de la naturaleza y del ser humano se pueden gestionar los problemas ambientales de una forma más eficiente e integrada. En definitiva, la metaecología propone integrar ciencia y amor para trascender e ir más allá de lo conocido. Explorar lo significativamente evidente para ser y estar más conscientes en un mundo que nos está pidiendo una forma diferente de ver y sentir las cosas. Y desde ese sentir, actuar para el bien común, el de nuestra casa-Tierra, con todos sus integrantes, incluidos nosotros, los seres humanos. |
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| Agradecimientos La autora agradece a David Díez Sánchez, director de la Escuela de Biodanza de Madrid Centro (España) y co-director de la Fundación Neuronilla para la Creatividad y la Innovación, por sus valiosos aportes a la Metaecología. |
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Referencias Bibliográficas
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| Lorena Paola Herrera Grupo de Estudio de Agroecosistemas y Paisajes Rurales, Facultad de Ciencias Agrarias, Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina. Es bióloga egresada de la Universidad Nacional del Mar del Plata (Argentina). Obtuvo el Doctorado en Ciencias en la misma Universidad. Actualmente se desempeña como Investigadora Adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) de Argentina. |
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| Berenice Rojo Garibaldi, Verónica Vázquez Guerra, David Alberto Salas de León y Julyan H. E. Cartwright |
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¿Qué se requiere para entender un sistema dinámico
y complejo? Primero, se observa al sistema como un todo para después desglosarlo en diferentes subsistemas o bien se puede comenzar por ver cada subsistema y después englobarlos en la imagen macroscópica que lo conforma. Para estudiar al planeta Tierra, los científicos se basan en la teoría general de sistemas, que parte del estudio del comportamiento de sus subsistemas, ya que éstos tienen un patrón que se repite en cada escala y, debido a que existe una correlación entre los mismos, se deben estudiar desde la perspectiva de diferentes disciplinas académicas, como la física, la biología, las matemáticas y la química, para así encontrar sus propiedades en común. Dicha teoría se fundamenta en tres premisas básicas: a) existen sistemas dentro de otros sistemas; b) los sistemas son abiertos; y c) las funciones de un sistema dependen de su estructura.
Con base en esta teoría podemos encontrar: sistemas, suprasistemas (el medio que rodea al sistema) y subsistemas (cada elemento que interactúa en el sistema como un todo). Es importante recordar hasta qué escala se requiere hacer el estudio y qué tipo de análisis se realizará. Podemos asimismo comprender mejor cómo funciona la naturaleza y cómo ésta se puede estudiar desde diferentes enfoques; por ejemplo, la teoría de sistemas dinámicos caóticos define un sistema como una serie de eventos aparentemente aleatorios y cuya ocurrencia no lleva un orden, es decir, que tiene un comportamiento que podría llamarse caótico; sin embargo, un sistema caótico es todo lo contrario, pues en sus patrones se presenta un orden que parece ser fijo y predecible. Imaginemos que le piden a un músico que haga una composición sin que repita una sola nota. La primera idea para lograrlo sería que toque de forma aleatoria, pues de esta manera se evita generar un orden y por ende no habría patrones que seguir. Sin embargo, las repeticiones se generarían por simple probabilidad. La teoría de sistemas dinámicos caóticos se usa como un enfoque para entender tales sistemas, es decir, aquellos que tienen un orden pero que parecieran carecer de él. Si un sistema caótico es sensible a sus condiciones iniciales cualquier perturbación que le hagamos cambiará de manera drástica su estado final; éste tendrá un exponente de Lyapunov, si es positivo será un indicador de caos y presentará también un atractor extraño, de dimensión no entera o fractal. Este tipo de atractores se puede observar, por ejemplo, en el brócoli, donde la forma no es un círculo, triángulo o rectángulo o ninguna figura geométrica en dos o tres dimensiones; además, la forma se repite a diferentes escalas, es decir, la forma que tiene el brócoli, si lo vemos desde lejos, será la misma forma que tendrá cada uno de los arbolitos o ramificaciones que lo componen. Ahora bien, si juntamos la teoría general de sistemas con la teoría de sistemas dinámicos caóticos para abordar el ambiente marino, podremos estudiarlo desde un enfoque no lineal, usando la ocurrencia, por ejemplo, de huracanes (aquí consideramos los huracanes como un sistema oceánicoatmosférico), lo cual sería nuestro sistema. El subsistema serían todos aquellos factores que ayudan a que se produzcan los huracanes: una superficie cálida del océano mayor a 26.5 °C, ya que favorece una atmósfera húmeda, una atmósfera inestable donde la temperatura disminuya con la altura, una latitud mayor a 8° y una cizalladura vertical del viento menor a 10 m/s. En este escenario, el ecosistema marino sería el suprasistema, ya que tras el paso del huracán habrá florecimiento de fitoplancton y, con ello, una abundancia del zooplancton. Hasta aquí es imposible entender que la ocurrencia de huracanes se logre estudiando sus elementos por separado, pues ésta representa un sistema no lineal y no obedece al principio de superposición, es decir, que la interacción de sus elementos genera información nueva y el estudio de sus partes por separado no ayuda a entender su presencia. Finalmente, la dependencia de un sistema a las condiciones iniciales debe ser algo intrínseco a éste; los huracanes son sensibles a condiciones iniciales, y debido a que todos los elementos necesarios para su ocurrencia cambian con el tiempo, éstos cambian de intensidad y trayectoria. Esto se refleja en el hecho de que la cantidad e intensidad de los huracanes no es la misma todos los años. Cambio climático, océano y proxies El clima de la Tierra ha pasado por varios cambios a lo largo del tiempo, es el producto final de una multitud de interacciones de varios subsistemas: la atmósfera, el océano, la biósfera, la litósfera y la criósfera. Al igual que un criminalista que reconstruye la escena de un crimen a partir de ciertas partes o evidencias, para conocer los cambios climáticos que ha tenido la Tierra es necesario encontrar evidencia por medio de ciertos indicadores o proxies. Uno de ellos son los foraminíferos, utilizados como indicadores de temperatura, productividad, salinidad, turbidez y volumen total de hielo en la columna de agua del océano. Otro tipo de proxies son los isótopos de 18O y D, el grosor de los anillos de los árboles, la cantidad de polen en los sedimentos y las bandas en los corales, entre otros, ya que presentan respuestas plásticas para adaptarse a los cambios climáticos. Todos ellos se usan para recrear la cronología a partir del conteo de sus bandas anuales. Muchos estudios acerca del clima han sido efectuados tomando en cuenta la información que proporciona un proxy. En 2007, Martrat y colaboradores ocuparon núcleos de sedimento marino del margen ibérico para obtener un registro de la temperatura superficial del mar a partir del de alquenonas (éstas, explican los autores, “son compuestos orgánicos metil y etil ncetonas insaturadas de cadena larga, que se encuentran en las membranas de las células fósiles de ciertos cocolitos. Las especies productoras de alquenonas responden a los cambios en su entorno, incluyendo los cambios en la temperatura del agua, alterando las proporciones relativas de las diferentes alquenonas que producen”). En particular, en aguas más frías dichos organismos aumentan la producción de estas cadenas moleculares orgánicas, que se conservan bastante bien en la columna sedimentaria, lo que representa un ejemplo de moléculas orgánicas resistentes y de compuestos que contienen información ambiental, los cuales fueron acoplados con los registros del isótopo de 18O de Globigerina bulloides. El resultado de esto fue la obtención de una serie de tiempo de temperatura a lo largo de 420 000 años. Se tienen registrados eventos climáticos en los núcleos de hielo de Groenlandia, que son únicos pues proporcionan un registro continuo de la variabilidad en la composición química de la atmósfera, reflejando los cambios en la temperatura, precipitación, vientos y concentraciones de gases traza como dióxido de carbono y metano. Paralelamente, grandes cambios en el clima, como el Younger Dryas, que se asocia con cambios en la circulación termohalina, han sido fechados por medio del análisis de varias mediciones isotópicas y químicas en dichos núcleos de hielo. Es importante recordar que el proxy que se vaya a usar depende de lo que se quiera estudiar, y de acuerdo con la longitud del núcleo sedimentario o del hielo será la longitud del registro histórico que se obtendrá; por ejemplo, si se quiere estudiar el comportamiento de la variabilidad climática, se puede utilizar series de tiempo generadas a partir de alquenonas, 18O y D, todos indicadores de temperatura, pues con ayuda de éstas es posible predecir la variabilidad climática a corto plazo cuando las regiones de estudio muestran un comportamiento caótico. Una primera aproximación al estudio de la variabilidad climática es hacer un análisis espectral y no lineal, donde si bien el estudio de eventos específicos en el tiempo no es el trabajo fundamental de este tipo de análisis, sí es importante contar con un registro completo. Por otro lado, es necesario tener un registro confiable y de alta resolución al momento de recopilar la historia sedimentaria, ya que así se partirá de información detallada de la variabilidad en la temperatura, de forma tal que, al momento de efectuar el análisis, sea posible acercarse al comportamiento dinámico real del sistema. Una manera de visualizar la dinámica del sistema es construyendo su atractor en un espacio fase, ya que mientras más precisos sean los registros, mayor confianza se tendrá en el atractor reconstruido pues se acercará más al verdadero. El hecho de que el atractor tenga una dimensionalidad fractal proporciona una explicación natural de la variabilidad intrínseca del sistema climático. Con ayuda del análisis espectral es posible visualizar las periodicidades más importantes que están presentes en los registros, ya que las series temporales vienen de proxies que indican diferentes tipos de cambios en el clima. Los métodos de análisis espectral pueden dar indicios del tipo de forzamientos internos o externos que están involucrados en tales cambios; los picos más conspicuos representan, por lo general, forzamientos astronómicos (externos), mientras que el resto sería de tipo interno. Esto significa que los ciclos astronómicos pueden no ser los únicos que regulan la variabilidad climática. Actualmente, las áreas de investigación avanzan de manera general, creando conocimiento y técnicas nuevas de estudio. Particularmente, el análisis no lineal está retomando su importancia de manera multidisciplinaria, por lo que aplicarlo junto con el espectral resulta complementario, ya que la naturaleza no es totalmente lineal ni aleatoria en su comportamiento, pues se ha encontrado que existe un comportamiento periódico en la variabilidad climática, pero al mismo tiempo guarda un comportamiento caótico, lo cual indica que es posible predecir los cambios en el clima global de la Tierra y, no obstante, tener un cierto nivel de caos. La no linealidad en la modelación del clima Hasta el momento se ha revisado el tipo de estudios realizados con datos in situ; sin embargo, hay ocasiones en las que no es posible llegar al lugar donde se quiere recolectar datos, ya sea porque es una zona de difícil acceso o resulta muy caro costear una salida de campo. En estos casos se hace uso de los modelos, que además son útiles para realizar pronósticos y, al mismo tiempo, comprender mejor los forzamientos implicados en el sistema de estudio. Los modelos son variados y su uso depende de si se quiere estudiar el clima global o regional. Los modelos de circulación general representan procesos físicos que tienen lugar en la atmósfera, los océanos y el hielo marino, además permiten efectuar proyecciones basadas en las emisiones futuras de gases de efecto invernadero y aerosoles; los modelos de sistema tierra se diferencian de los anteriores porque incluyen representaciones de varios ciclos biogeoquímicos; mientras los modelos regionales basan sus condiciones de frontera en resultados de modelos más completos, como el circulación general. El problema con los modelos climáticos es que la mayoría están hechos pensando en el clima de una región o un país en particular, como es el caso de The Weather Research and Forecasting, que es un modelo creado para el clima de Estados Unidos y que se usa también en México, con frecuencia sin cambiar parámetros como la vegetación, que es diferente en ambos países. Es necesario por esto tomar en cuenta el tipo de parametrizaciones que se usan para modelar algunos procesos y el tipo de variables que se debe agregar al modelo. Los modelos regionales pueden dar un pronóstico muy exacto en los primeros días, pero dejan de ser precisos con el paso de las semanas. Esto refleja la naturaleza caótica del clima, donde las incertidumbres más pequeñas tienen una gran influencia en los pronósticos de intervalos de tiempo más largos. En algunos casos no se cuenta con datos suficientes para poder validar el modelo, como es el caso del hemisferio sur, y entonces es necesario conformarse con las simulaciones obtenidas a partir del que se tiene. Sería interesante ver de qué manera se puede integrar el análisis no lineal con el uso de modelos, en el sentido de cómo podrían calibrarse los resultados obtenidos con el primer método a partir del uso de un modelo. La teoría del caos requiere muchas herramientas matemáticas para poder saber cuándo una serie de tiempo tiene un comportamiento caótico; esto se logra calculando el exponente de Lyapunov y la dimensión del atractor. Podemos imaginar el sistema de estudio como un objeto del cual necesitamos una fotografía completa, y para obtenerla hace falta que el objeto esté expuesto en su totalidad. Ahora bien, para obtener el espacio en el que el objeto pueda verse completo, desde el punto de vista de la dinámica caótica es necesario obtener la dimensión del espacio (dimensión de embebimiento) y el tiempo en el cual se pueda ver de manera completa (tiempo de retardo); con estas variables será posible lograr la fotografía del objeto en su totalidad, esto es, el atractor, el cual debe tener una dimensión fractal para poder contar con indicios de un comportamiento caótico (si no es posible obtener la dimensión de embebimiento, el sistema no será caótico y corresponderá más a un comportamiento aleatorio). La dimensión del atractor proporciona una idea del número de variables que deben usarse para poder modelar el comportamiento del sistema; sin embargo, no proporciona información acerca de las variables implicadas. En el análisis no lineal es posible calcular el tiempo de predictibilidad, por consiguiente, si se tiene un modelo del comportamiento del sistema se sabrá hasta dónde se puede predecir con ayuda del modelo y lograr así resultados confiables. De manera que si se obtuviera, por ejemplo, el sistema de ecuaciones necesario para modelar el comportamiento de la variabilidad climática en una región de estudio y se cuenta con el rango de predictibilidad (digamos cinco años, de 2010 a 2015), sería factible entonces correr un modelo y corroborar si sus resultados se asemejan a los datos reales; de ser así, el análisis nolineal resultaría exitoso (ver recuadro). Gases de efecto invernadero, modelos y caos Hasta el momento se ha logrado aplicar el análisis no lineal a sistemas que cumplen con la teoría general de sistemas, en este caso el estudio de ambientes marinos. Desde el punto de vista del cambio climático, se puede ver cómo se complementa este tipo de análisis con el uso de un modelo; sin embargo, para los modelos de circulación general se debe considerar a los gases de efecto invernadero, por lo que sería adecuado hablar de sus forzamientos radiativos y cómo afectan al clima. Los gases de efecto invernadero que se encuentran en la atmósfera (dióxido de carbono, metano, vapor de agua, ozono, óxido nitroso y halocarbonos, entre otros) atrapan la radiación infrarroja de onda larga proveniente de la Tierra, cuyo origen es la radiación solar que no es retenida del todo en la superficie, ya que las nubes y los aerosoles reflejan una parte al espacio y otra a la atmósfera, donde ésta se absorbe. La radiación que llega a la superficie terrestre es transferida como calor sensible hacia el suelo y, a su vez, pasa a la atmósfera por el contacto con las moléculas de aire. También está el calor latente que se genera durante el cambio de estado de las fases del agua, el que se debe al movimiento de las capas atmosféricas y al que se libera por la condensación de las nubes, dando lugar a un calentamiento por convección. Finalmente, la vegetación también forma parte del intercambio de energía mediante la evapotranspiración, que es el proceso de regulación de pérdida de agua a través de sus hojas. El efecto del forzamiento radiativo del CO2 y el vapor de agua es un calentamiento del clima superficial y un enfriamiento de la estratósfera. El vapor de agua es un mecanismo de retroalimentación, ya que contribuye al calentamiento en forma indirecta mediante la formación de nubes —cuando la atmósfera está más caliente—, y tiende a incrementar su contenido de vapor de agua y afecta la formación de éstas. En general, las nubes bajas y espesas reflejan la radiación solar nuevamente hacia el espacio enfriando el planeta; las nubes delgadas que se desplazan en lo alto forman una escasa sombra y, debido a que son frías por sí mismas, atrapan el calor que irradia el planeta. Como lo explica Neelin: “gracias al vapor de agua, la temperatura típica de la Tierra es de 15 ºC, de hecho, la mayor parte de emisión de la atmósfera se debe al vapor de agua. La radiación que llega a las nubes es por la ventana de Simpson, gracias a esta ventana existe el efecto invernadero”. El vapor de agua mantiene la temperatura actual de la Tierra, pero no es causa de su calentamiento debido a su corto tiempo de permanencia en la atmósfera (es eliminado por la lluvia), a diferencia de otros gases. La adición de grandes cantidades de vapor de agua a la tropósfera (a la temperatura actual) tendría poco efecto en las temperaturas globales en tiempos cortos debido a la enorme cantidad de agua que recubre los dos tercios de la superficie terrestre, lo cual genera una alta inercia térmica en la Tierra. El CO2 es el más importante de los gases de efecto invernadero asociados con actividades humanas. Las causas de su emisión son tres: 1) quema de derivados de petróleo, carbón y otros combustibles fósiles; 2) cambios en el uso de suelo; y 3) actividades agrícolas, industriales y comerciales. Estas fuentes han aumentado sus emisiones cada año, incrementando así el efecto invernadero. Debido al exceso en la quema de combustibles fósiles, el CO2 ocupa el primer lugar como gas de efecto invernadero. El metano se considera un gas relativamente fuerte y tiene un potencial de calentamiento superior al dióxido de carbono; sin embargo, la cantidad de este último es mayor a la del metano, que actualmente contribuye en 15% al calentamiento de la Tierra, aunque se espera que superará al dióxido de carbono. En cuanto a la concentración de halocarburos (cfc y hcfc) se observa que está disminuyendo como resultado del Protocolo de Montreal de 1987 y las regulaciones internacionales para proteger la capa de ozono, pero debido a sus elevados tiempos de permanencia, que van de cuarenta y cinco a cien años, su efecto durará por mucho tiempo. Se calcula que hasta 2080 no desaparecerá el agujero de ozono antártico, además de que el uso legal de los halocarburos se acordó hasta 2030, es decir, seguirán en la atmósfera de uno a ocho años después. El ozono protege a los seres vivos de la radiación ultravioleta; sin embargo, los halocarbonos han disminuido su concentración estratosférica, lo cual ha tenido como resultado un forzamiento radiativo negativo debido a que es un importante gas de efecto invernadero, como señala Jesús: “el forzamiento radiativo del ozono varía de manera considerable entre regiones y responde rápidamente a los cambios en las emisiones a diferencia de aquellos gases de efecto invernadero con un tiempo de vida grande en la atmósfera”. Desde finales del siglo xx y lo que va del xxi se ha presentado uno de los periodos más cálidos, la temperatura media de la Tierra ha mostrado los valores más altos de los últimos 130 000 años. De acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial, enero y abril del 2007 fueron los meses más cálidos desde 1880, y la década de 1998 a 2007 la más cálida con un promedio de 14.42 ºC, de acuerdo con los registros históricos. Por último, si bien los gases de efecto invernadero han aumentado, la irradiación solar no deja de ser importante en el clima de la Tierra; la energía solar es afectada por el número de manchas solares, pues entre más manchas, el Sol estará más activo y, por ende, mayor será la energía que entrará en la Tierra, y la cantidad de irradiación solar que ingresa depende de los ciclos de Milankovitch, causantes de los ciclos glacialinterglaciares. Sin embargo, en el último siglo no se han observado cambios suficientemente apreciables en el ciclo solar como para causar grandes variaciones en la temperatura global del planeta. Conclusiones Actualmente, las áreas de investigación avanzan de manera general, y el análisis no lineal está retomando su importancia de manera transdisciplinaria, ya que la naturaleza no es completamente lineal ni aleatoria en su comportamiento. Así, se ha encontrado que existe un comportamiento periódico en la variabilidad climática pero, al mismo tiempo, guarda un comportamiento caótico, lo cual indica que es posible predecir los cambios en el clima global de la Tierra y, no obstante, tener un cierto nivel de caos. Los múltiples sistemas que conforman la evolución de la Tierra pueden desarrollar diferentes interacciones, desde las más simples hasta las más complejas, y es posible estudiarlos tanto desde un enfoque lineal como no lineal. El análisis no lineal y el estudio del caos en los sistemas son herramientas muy importantes en la comprensión de los procesos que tienen lugar en la Tierra, los resultados que aportan son de gran utilidad para la modelación de los procesos y ayudan a tener una mejor visión de los escenarios futuros del clima, entre otros. El cambio climático es provocado por forzamientos externos e internos que involucran factores astronómicos, como los ciclos de Milankovitch, y otros como las variaciones en las radiaciones provenientes del Sol, eventos volcánicos, tectónicos, cambios en la circulación del océano (circulación termohalina), modificaciones y alteraciones en la vegetación, cambios en el uso de suelo, aumento en los gases de efecto invernadero y en halocarbonos, deforestación y quema de combustibles fósiles, entre los más importantes; en estos procesos también están involucrados mecanismos de retroalimentación, ya que en el caso del vapor de agua (hablando del efecto invernadero) se requiere que haya un aumento en la temperatura para que se produzca vapor de agua y éste, a su vez, genere un aumento en la temperatura. A consecuencia de esto, fenómenos que ocurren en el océano, como huracanes, El Niño y La Niña, se verán modificados, cambiando sus trayectorias e intensificando sus efectos. De igual manera, el deshielo en los polos puede provocar un aumento en el nivel del mar, amenazando varios sistemas costeros y llevando agua salada a las comunidades que dependen del agua potable; mientras los arrecifes coralinos, que funcionan como un mecanismo de protección para el océano y hacen circular los nutrimentos mediante su compleja red alimentaria, proporcionando sustento a diferentes organismos, se verán fuertemente afectados por la acidificación de los océanos, lo cual sería una pérdida irreparable para la biodiversidad. Finalmente, el cambio climático está incrementando las zonas de oxígeno mínimo, afectando el balance del nitrógeno, un factor clave para la vida en los océanos. Los estudios paleoclimáticos, paleolimnológicos y paleobotánicos, entre otros, han ayudado a entender cómo funciona el clima y los diferentes ambientes, proporcionando una perspectiva a futuro que no es muy alentadora si no se efectúan a tiempo los cambios pertinentes. Por suerte se han puesto en marcha varias redes de monitoreo para determinar qué regiones están experimentando cambios y a qué ritmo, así como programas de protección de los ecosistemas costeros que tienen vegetación (manglares, marismas y pastos marinos), los cuales son capaces de captar el carbono orgánico (carbono azul) de la atmósfera de manera muy eficiente, ayudando así a mitigar el efecto de los gases de invernadero. Con ayuda de las diversas acciones que ya se están impulsando para reducir los gases de efecto invernadero y con el monitoreo y cuidado de los ecosistemas costeros puede ser viable la recuperación de los océanos y la reducción de los efectos del cambio climático. El alcance del conocimiento que se tiene ahora puede coadyuvar a entender mejor el comportamiento de la naturaleza y aún más si se usa el análisis no lineal y la teoría del caos. |
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Referencias Bibliográficas
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| Berenice Rojo Garibaldi Instituto de Ciencias Físicas, Campus Cuernavaca, Universidad Nacional Autónoma de México. Estudió la carrera de Física en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, posteriormente realizó sus estudios de posgrado en el Programa de Posgrado en Ciencias del Mar y Limnología de laUniversidad Nacional Autónoma de México, donde obtuvo la Maestría y Doctorado en Ciencias en el área de Oceanografía Física, actualmente realiza un posdoctorado en el Instituto de Ciencias FísicasUniversidad Nacional Autónoma de México, campus Cuernavaca, Morelos. Verónica Vázquez Guerra Estudiante de Posgrado en Ciencias del Mar y Limnología, Universidad Nacional Autónoma de México. Es candidata a doctora por el Posgrado de Ciencias del Mar y Limnología de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su línea de investigación está enfocada en la ecología del plancton y las interacciones físico-biológicas del plancton en el océano. David Alberto Salas de León Instituto de Ciencias del Mar y Limnología, Universidad Nacional Autónoma de México. Es investigador en el Laboratorio de Oceanografía Física del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de laUniversidad Nacional Autónoma de México. Físico por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y Doctor en Oceanología por la Universidad Estatal de Lieja en Bélgica. Es miembro de la Academia Mexicana de Ciencias. Desarrolla las líneas de investigación sobre modelación numérica de los sistemas marinos, ondas largas, interacción océano-atmósfera e interacción física-biología en sistemas marinos. Julyan H. E. Cartwright Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra, csic, Instituto Carlos I de Física Teórica y Computacional, Universidad de Granada. Pertenece al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de la Universidad de Granada, es un físico interesado en entender la emergencia de estructuras y patrones en la naturaleza. Investiga mecanismos y procesos de formación de patrones, autoorganización y autoensamblaje en diferentes sistemas químicos y naturales. Es el presidente de cost Action Chemobrionics. |
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| Laura Elena Vidal y María Cristina Garza Laglera | |||||||||||
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México ha sido promotor del compromiso
internacional por desarrollar pesquerías responsables. Como un país que busca el desarrollo económico y social para sus estados costeros, en años recientes ha dirigido su política pública a diversificar la oferta de servicios, sobre todo en los polos turísticos. Dado que Yucatán es reconocido internacionalmente por su amplia oferta turística en rutas arqueológicas, gastronomía y festivales culturales, y con cercanía al polo turístico de la Riviera y Costa Maya, actualmente muestra interés en desarrollar actividades recreativas en sus costas. La pesca deportiva-recreativa se reconoce como una fuente importante de derrama económica y de generación de empleos; sin embargo, también se sabe que, fuera de control, causa severos impactos ambientales y socioeconómicos, tan graves como los causados por las pesquerías comerciales efectuadas de manera irresponsable.
Poco se han estudiado las condiciones ambientales, sociales, económicas e incluso legales y administrativas bajo las cuales la pesca deportivo-recreativa en Yucatán opera y operaría; debido a la ausencia de tal información se suele acentuar el impacto que el desarrollo de dicha pesquería generaría sin un manejo adecuado y se percibe como poco congruente con el compromiso de una pesquería responsable, por lo que es imprescindible aportar conocimientos sobre las condiciones en que ésta se puede practicar en Yucatán. Aquí, utilizando información documental y de campo nos proponemos sentar las bases para su desarrollo de manera responsable y en beneficio de las comunidades costeras de Yucatán, junto con algunas recomendaciones para establecer un manejo adecuado. Breve panorama mundial Empecemos con una definición: La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura define la pesca recreativa como la práctica de extracción de recursos pesqueros que no constituye la principal fuente nutricional de sus usuarios y que generalmente no comercializa su captura. Esta pesca es recreativa cuando se practica sólo con fines de ocio y es deportiva cuando es con fines de competencia en torneos. México se comprometió a desarrollar pesquerías responsables desde la Convención de Cancún y la Cumbre de Río (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo) en 1992. De estas reuniones emanó un Código de Conducta para la Pesca Responsable y una Guía Técnica para Pesquerías Responsables enfocada en Pesquerías Recreativas por parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Ambos documentos promueven el manejo pesquero responsable, ambientalmente sostenible y socialmente responsable con el objetivo de evitar que las naciones en desarrollo repitan los errores que han llevado a las pesquerías de las naciones industrializadas al riesgo de colapso. En la actualidad, el número de los usuarios asiduos a esta actividad es cada vez mayor en casi cualquier cuerpo de agua del mundo, más aún con la promoción de las actividades terciarias y el desarrollo económico de sus sociedades que depende cada vez menos de pesquerías comerciales o de subsistencia y dan mayor cabida a sus pesquerías por ocio o esparcimiento. En tal situación, tanto los espacios acuáticos como los recursos extraídos entran en conflicto con múltiples usuarios, por lo que el principal reto es conciliar intereses tanto de las comunidades residentes como de los visitantes, y satisfacer sus necesidades de una manera responsable acorde con los principios de desarrollo sustentable. La experiencia en general muestra que las oportunidades de esparcimiento generan abundantes ingresos y empleos en las zonas en donde se llevan a cabo debido al gasto de los turistas en alojamiento, alimento y pago por servicios recreativos. En el caso particular de la pesca deportiva-recreativa, la renta de equipos, los permisos y embarcaciones, además del pago de impuestos específicos, generan una mayor derrama. Sin embargo, aun cuando este tipo de pesca ofrece opciones de desarrollo económico a las comunidades, es innegable que implica la extracción de peces cuyas poblaciones tienen una capacidad de renovación finita y que están sujetas a impactos ocasionados además por su uso comercial. Experiencias en diversas costas del mundo muestran que la pesca recreativa suele desarrollarse involucrando a un creciente número de usuarios y, consecuentemente, genera altos niveles de esfuerzo pesquero, incluso similares a los de la pesca comercial. Por lo que, en ausencia de adecuadas medidas de control, conlleva una serie de impactos negativos en los ecosistemas acuáticos en donde se realiza y biológicos en las especies explotadas. Algunos antecedentes en México En México, desde los setentas, el biólogo Solórzano registró que esta pesca se practicaba en una vasta cantidad de ríos y lagos y en casi todo el litoral del Pacífico, Golfo de México y Caribe. Se ha intensificado en años recientes y prueba de ello es su presencia en cada vez más sitios atractivos al turismo nacional y extranjero (segunda fuente de divisas nacionales) por ser una alternativa de inversión y desarrollo para zonas costeras con peces grandes, veloces y que “dan batalla”. Los Cabos y Manzanillo son reconocidos por su captura recreativa de pez vela, marlín, pez espada, dorado y atún, mientras en el Golfo de México, Isla Mujeres y Cancún se capturan buenos ejemplares de sábalo, cherna, huachinango, barracuda, jurel y bonito. En términos económicos, mientras que para la zona de Los Cabos en Baja California Sur se estimó en 2011 un ingreso de 72 millones de dólares anuales por las actividades de pesca deportiva, para los estados mexicanos del Golfo de México no se cuenta con información que permita una estimación. Podemos suponer que no debe ser baja si tomamos el valor del gasto en 2013 en Florida y Texas, donde se realiza 99% de las actividades de pesca recreativa en aguas marinas de Estados Unidos, el cual fue de siete billones de dólares generados por tres millones de pescadores con caña —lo cual muestra de manera contundente el valor económico que genera esta actividad—, y si añadimos que en Florida los viajes por ésta aumentaron en 24% de 2006 a 2011, podríamos afirmar que han aumentado en los últimos años. No obstante, lo que queremos señalar es que, más allá de la cuestión económica, las estimaciones de esta naturaleza y las descripciones de los patrones de cambio son muy relevantes para el manejo adecuado, y que si no han sido obtenidos para los estados mexicanos del Golfo se debe, principalmente, a la ausencia de seguimiento oficial de esta actividad. Si bien el reconocimiento actual de la importancia de esta pesca en México actualmente se limita a los sitios conocidos como destinos turísticos internacionales, en muchos otros estados costeros, como Yucatán, poco se conoce sobre las condiciones actuales para su desarrollo. Este tema es actualmente relevante debido a que las autoridades gubernamentales de los estados cercanos a polos turísticos han manifestado en sus planes de desarrollo que consideran esta actividad como una alternativa para las comunidades costeras donde es necesario diversificar la oferta de servicios. Entonces, surge aquí la pregunta: ¿tenemos las condiciones necesarias para desarrollar la pesca deportivo-recreativa responsable en Yucatán? Para poder dar una respuesta es necesario un análisis sobre los instrumentos legales para este tipo de pesca en México, conocer el contexto en el que actualmente se desarrolla esta actividad en Yucatán, y conciliar los objetivos del desarrollo responsable en beneficio de las comunidades de la costa de Yucatán. Los mecanismos de regulación en México Las autoridades de la Comisión Nacional de Pesca y Acuacultura del gobierno federal en México (conapesca), responsables de regular tanto la pesca comercial como la deportivo-recreativa, podrían argumentar que la Norma Oficial Mexicana 017 de Pesca (nom017pesc1994) contiene información de las especies exclusivas para ésta en aguas nacionales, así como detalles de los aparentemente suficientes controles de captura: número de ejemplares permitidos por especie, por día, especificaciones sobre la carnada, la forma de desembarcar la captura y el destino de la misma. Sin embargo, este instrumento es aún perfectible en cuanto a controles de esfuerzo y técnicos, mismos que están diseñados para reducir el impacto de las capturas no deseadas, como la muerte de ejemplares de tallas pequeñas que no se han reproducido al menos una vez, lo que pone en riesgo la renovación natural de los stocks de especies vulnerables. Aunado a eso, la nom017pesc1994 sólo especifica ejemplares de especies encontradas en aguas más bien profundas y abiertas del Pacífico y del Caribe Mexicanos (dorados y picudos), ignorando las especies presentes en las costas con amplia plataforma continental, como Yucatán. Para esta región sólo se menciona el sábalo como especie apta para la pesca recreativa, omitiendo jureles, barracudas y una amplia diversidad de especies demersales que, además de ser presa de la pesca comercial, son parte de la deportivo-recreativa. Otro mecanismo de control de la extracción recreativa de peces en México serían los reglamentos internos de los torneos, en los cuales suele especificarse las especies del concurso, las tallas permitidas y las reglas para no invalidar la participación en el concurso. Para sitios con reconocimiento internacional, el respeto a tales reglas es prácticamente obligado, facilita la transparencia en los eventos y permite controlar el impacto de la actividad. En aquellos sitios sin tal reconocimiento, como Yucatán, la vigilancia del cumplimiento de la nom017 y de los reglamentos de torneos es muy laxa por la ausencia de autoridades gubernamentales responsables. La pesca deportivo-recreativa en Yucatán La geógrafa Ana García de Fuentes, del Cinvestav-Mérida, en su libro La costa de Yucatán en la perspectiva del desarrollo turístico asegura que esta pesca es la tercera actividad recreativa más importante en la costa del estado, que ha sustituido al turismo hotelero de los setentas y que, además, se considera una actividad tradicional de veraneantes locales desde hace varias generaciones, tanto en su modalidad de orilla como de embarcado. En la primera se utiliza caña o cordel y puede practicarse libremente desde muelles, escolleras y bordes de los esteros. Debido a la facilidad, diversidad y amplitud con que se practica, aún no se cuenta con suficiente información para describirla; sin embargo, se sabe que aunque ahora genera bajos niveles de derrama económica para las comunidades que habitan la zona costera, con medidas de control para su uso óptimo puede representar un atractivo turístico local; hay al menos un torneo de orilla al año en Yucatán. La segunda, la embarcada, hace referencia tanto a los viajes recreativos independientes de los fines de semana y vacaciones, como a los torneos que requieren el uso de embarcaciones. En Yucatán, los torneos embarcados suman en promedio una decena al año, son frecuentemente organizados por empresas, tiendas de pesca, negocios e instituciones locales, y suelen participar de 120 a 200 pescadores, empleando de 30 a 50 embarcaciones ribereñas con dimensiones que van de cinco a siete metros de eslora, tripuladas usualmente por pescadores no registrados como servidores turísticos. Los ganadores suelen clasificarse en tres categorías: ejemplar de mayor peso, ejemplar de mayor talla y mayor captura total en peso. Algunos torneos especifican puntajes por especies particulares, entre las cuales prácticamente siempre compiten meros, jureles, barracudas, coronados, pargos, bonitos y sierra. Los sitios de pesca preferente están generalmente sobre o en las inmediaciones de fondos rocosos de menos de diez metros de profundidad o cerca de la costa. En zonas con manglar también se practica esta forma de pesca empleando las embarcaciones ribereñas o con kayak cuando se pesca sábalo. Algunos pescadores con embarcaciones de mayor autonomía (yates) o con poder adquisitivo superior al promedio de los usuarios realizan viajes de tres días hasta el Parque Nacional Arrecife Alacranes, ubicado a 140 kilómetros al norte del puerto de Progreso, donde capturan picudos y otros ejemplares de peces pelágicos de mayor talla y peso. Entre los pescadores se comenta que, en los meses de julio y agosto, con buen tiempo se puede observar de ochenta a cien embarcaciones de pesca recreativa en las inmediaciones del Arrecife, y en algunos años participando en torneos. Nuevamente, estas actividades no están monitoreadas por ninguna autoridad turística ni ambiental o pesquera. Infraestructura Desde 2009 se ha construido cuatro muelles para practicar la pesca de orilla en Yucatán: en Progreso el Muelle del Chocolate, Chicxulub, Chuburná y Telchac. Aunque aún no se tiene registros oficiales del número de usuarios en estos sitios, se sabe que la mayor demanda es durante la madrugada y el atardecer en los fines de semana, así como en las temporadas vacacionales. Desafortunadamente, estos sitios carecen de instalaciones adecuadas para el depósito de basura, no presentan lineamientos que señalen dónde y qué pescar, qué tallas o volúmenes están permitidos, qué hacer con la captura o con los equipos de pesca desechados y carecen además de vigilancia. Por ello suelen ser sitios sucios y desordenados, sobre todo en épocas de uso intensivo. Para la pesca embarcada, la costa yucateca cuenta con cuatro puertos pesqueros que ofertan servicio con lancha: San Felipe, Telchac Puerto, Sisal y Yucalpetén (Progreso). Además, la costa cuenta con veinte marinas turísticas, particularmente en la zona de Progreso —Yucalpetén. Por otro lado, el número de yates atracados en las marinas de Yucalpetén y la cobertura de las mismas se ha duplicado desde 2005; y en 2015 se podía contar 1 233 yates atracados en las 7.88 hectáreas de las dieciocho marinas —de acuerdo con el Inventario de Servicios Turísticos de Yucatán—, por lo que en 2017 se planeó la operación de dos marinas más en Telchac Puerto con 130 amarres para embarcaciones de entre 30 y 100 pies (9 a 30 metros) de longitud, con el fin de cubrir la demanda de un mercado exclusivo de propietarios, principalmente extranjeros (como es el caso de Kinuh Grand Marina). Los impactos Algunos indicadores del crecimiento de la pesca deportivo-recreativa se evidencian en los servicios que detona. Sea el caso de las tiendas de pesca, que en los últimos seis años han sextuplicado su número en la ciudad de Mérida, en donde actualmente existen trece establecimientos con ese giro comercial, en contraste con Manzanillo, Colima, en donde pese a la amplia experiencia en torneos de pesca deportiva de gran difusión y con una reconocida respuesta por parte de expertos nacionales e internacionales, sólo hay seis tiendas de artículos de pesca. Por otro lado, y como se mencionó anteriormente, el acelerado crecimiento de las marinas proporciona un reto de manejo, ya que tanto el control de acceso como el seguimiento de las afectaciones ambientales y sociales a consecuencia de la urbanización, el tránsito marino y la comunicación terrestre en áreas sensibles (como los humedales costeros) queda a consideración de los operadores privados. Aunque no se han realizado estudios al respecto, puede usarse como guía el estado que tienen los puertos de abrigo para las embarcaciones de pesca comercial en Yucatán, los cuales se encuentran con deplorable calidad de agua, de sedimentos y bordes debido a la abundante basura inorgánica y los desechos de pesca que difícilmente se dispersan en forma pasiva por el tipo de flujos de agua y vientos en la costa. Lo anterior ocurre aun cuando en el Programa de Ordenamiento Ecológico Territorial Costero de Yucatán decretado en 2015 y en los Programas de Desarrollo Urbano para los Municipios Costeros vigentes se señalan algunas recomendaciones para procurar reducir los impactos en el patrimonio natural y social de las zonas aledañas a las marinas recreativas. Por tanto, es necesario un mecanismo legal específico y obligatorio para evaluar y mitigar el impacto ambiental y social causado por el crecimiento acelerado y la operación de las marinas como áreas de servicio en el contexto ecológico y oceanográfico de la costa yucateca. Los servicios Se sabe que muy pocas cooperativas pesqueras están registradas en el estado como cooperativas turísticas dedicadas enteramente a la pesca recreativa, ya que la mayoría da también paseos turísticos por los estuarios y manglares. Generalmente, estas personas, habitantes de la costa, son pescadores comerciales ribereños, cuyos servicios recreativos complementan sus ingresos aprovechando sus conocimientos sobre los sitios con mayor probabilidad de pescar (aun con cordel y sin el uso de caña). Algunas veces estos pescadores hacen adecuaciones superficiales a sus lanchas con matrículas de uso comercial para llevar a pescadores recreativos o deportivos. El costo de viaje por lancha fluctúa entre 30 y 140 dólares según la distancia que recorran desde el puerto, y generalmente viajan cuatro pescadores recreativos. Si se consideran los montos que se cobran por viaje en las costas del Pacifico, hasta 280 dólares, se podrá ver que lo que se cobra en Yucatán es relativamente poco; esto abre una ventana de oportunidad, no sólo para obtener más ingresos sino para estimular un mercado cuya derrama permita un desarrollo más armónico para las comunidades marginadas costeras de Yucatán. La pesca En Yucatán no se ha formalizado una estrategia oficial para monitorear las actividades de pesca deportivo-recreativa, así como tampoco se lleva un registro de los datos biológico-pesqueros asociados a esta actividad, lo que permitiría asegurar la aplicación de la nom017pesc1994 o de los propios reglamentos de los torneos. Utilizando información de los pescadores recreativos que han participado en torneos embarcados en los puertos yucatecos durante 2015 y 2016, se estimó lo siguiente: de un total aproximado de 14 694 viajes al año, 20% son para competir en torneos; la captura anual total podría ser de 837 toneladas de mero, barracuda, lutjánidos y haemúlidos, principalmente; y la captura promedio durante un torneo es de 13 a 24 kilos por viaje en aguas someras, y de 141 a 154 kilos en aguas más profundas. En suma, la captura total estimada corresponde a 5% de la captura promedio anual comercial de peces marinos en Yucatán en los últimos 25 años y un importante volumen de especies no consideradas para uso recreativo según la nom017pesc1994. Asimismo, la exploración de los datos de captura por especie y talla de 491 individuos medidos durante el monitoreo de torneos permitió evidenciar un alto impacto de esta pesca en seis especies: mero rojo (Epinephelus morio), chac chi (Haemulon plumieri), pargo (Lutjanus synagris), coronado (Seriola dumerili), pluma (Calamus bajonado) y canané (Ocyurus chrysurus). Para ello se emplearon tres indicadores basados en la talla en relación con la madurez reproductiva de los ejemplares (porcentaje de organismos sexualmente maduros, porcentaje de organismos en cuya talla se obtiene el mejor provecho de su captura y porcentaje de organismos reproductores de las tallas más grandes). Como referencia se utilizó el criterio que indica que una especie está en buena condición de explotación cuando los dos primeros indicadores presentan una proporción de 100%, mientras el tercer indicador mostraría una proporción óptima de 30 a 40%.Del total de organismos muestreados, la especie más impactada y con mayor grado de vulnerabilidad fue el mero rojo, cuyas capturas presentaron valores menores a 1% en los tres indicadores, es decir, se pescan muchos peces que no se han reproducido ni una sola vez y de cuya captura no se obtiene el máximo provecho; mientras que de los chac chi y pargos más de 97% eran organismos maduros y alrededor de la mitad de los mismos ofrecían el máximo provecho de su captura. De ninguna de las especies analizadas se capturó algún pez de mayor talla en máxima posibilidad de reproducirse. Cabe destacar que el Instituto Nacional de Pesca proporciona información que permite conocer dónde, cuándo, cómo y cuánto se permite pescar sin alterar el equilibrio ecológico de las especies susceptibles de aprovechamiento por medio de fichas que componen la Carta Nacional Pesquera. Desafortunadamente es muy limitada la información biológica-pesquera de las especies extraídas durante los torneos en Yucatán, ya que se encuentra agregada en unas pocas fichas con el nombre “Peces marinos de escama”. De tal manera que no hay referencias del estado de las poblaciones por especie separada y podrían pescarse individuos maduros para una especie y juveniles para otra. Aunque los cambios en la estructura por tallas de un stock pueden atribuirse tanto a la pesca, como a cambios poblacionales y ecológicos, las tendencias de las métricas basadas en tallas reflejan la respuesta de toda la población a la mortalidad. Por tanto, generalmente estos indicadores permiten identificar especies vulnerables, ya que muestran si hay suficientes organismos para reproducirse y renovar las poblaciones. Esto los hace útiles para tomar decisiones sobre el estado de los recursos sujetos a pesca. Los pescadores deportivo-recreativos La información que se tiene de los pescadores deportivo-recreativos en la costa yucateca es igualmente escasa. Otras experiencias en destinos turísticos internacionales para la pesca recreativa muestran que las medidas de control que permiten el crecimiento ordenado de la actividad deben contar con información crítica sobre los usuarios. Con datos procedentes de los pescadores deportivo-recreativos y sesiones informativas en tiendas de pesca se estimó que uno de cada tres de ellos posee embarcación propia practicar tal actividad. Estos datos arrojan un estimado total de 4 742 pescadores en Yucatán, número que representa 0.2% de la población total del estado y 31% de los pescadores comerciales registrados en la entidad. Aunque claramente no son cifras abrumadoras, es necesario tener mayor información sobre estos usuarios por el aparente crecimiento acelerado que presentan. Un estudio elaborado por nosotras acopió información para determinar las características socioeconómicas de este tipo de pescador en Yucatán y obtener su perfil de usuario en la actividad mediante cinco indicadores: disposición de pago y propiedad de embarcación, gastos en la pesca recreativa, viajes de pesca por año, captura promedio por viaje e ingreso personal mensual. Todos los pescadores encuestados fueron hombres mexicanos (principalmente yucatecos) de una edad promedio de 36 años, escolaridad de secundaria o bachillerato (28%), estudios universitarios o de grado (72%), trabajo de tiempo completo a la semana, y participan en cuatro a seis torneos recreativos de pesca por año. A partir de lo anterior, identificamos cuatro perfiles en el estado: 1) el pescador ocasional (menos de diez viajes por año), sin embarcación propia, poco experimentado, con niveles de ingreso mensual de 500 dólares y baja disposición a pagar por viaje (menos de 130 dólares); es el caso de aquellos que ocasionalmente son invitados a llevar a cabo la actividad y se sienten motivados por la experiencia “tan fuera de lo cotidiano”; 2) los pescadores asiduos (alrededor de 44 por año), sin embarcación propia, más experimentados, con bajos ingresos mensuales (500 dólares) y bajos gastos relacionados con la actividad (menos de 130 dólares); 3) aquellos con mayor capacidad monetaria al mes (1 750 dólares) que les permite adquirir equipo con elevada inversión anual (25 000 dólares) para llevar a cabo esta actividad recreativa de manera más frecuente (sesenta viajes); y 4) los usuarios con embarcación propia, mayores gastos de inversión anual (entre 750 y 13 000 dólares), con menos viajes de pesca al año (24), pero que alcanzan mayores pesos de captura (250 kilos por viaje) que el resto de los pescadores; claramente, éstos pescan en aguas más profundas, llegando al Parque Nacional Arrecife Alacranes. Conclusión Además de dar a conocer a un público amplio esta problemática, la información aquí proporcionada tiene dos destinatarios: el primero son directamente los usuarios, para que mediante el diseño de estrategias de participación y control contribuyan a asegurar el uso responsable de las oportunidades turísticas y pesqueras que esta actividad les ofrece en Yucatán; el segundo son las autoridades, con la intención de que puedan planear el crecimiento de esta actividad en función de las especies capturadas localmente, su potencial comercial, y la disposición al pago por mantener tales oportunidades. Son evidentes los retos de información y conocimiento necesarios para desarrollar la pesca deportivo-recreativa de manera responsable en Yucatán. En primer lugar, debe reconocerse que dicha actividad parece mostrar potencial de desarrollo, pero actualmente el conocimiento ecológico, pesquero, social y económico que le da sustento es mínimo. Desde el punto de vista biológico y pesquero sabemos puntualmente y en escala temporal corta qué se pesca, de qué talla son los ejemplares, cuánto volumen en promedio por viaje se captura, cuántas personas participan en los torneos y algunas estimaciones de su esfuerzo pesquero. También se obtuvo una tipificación preliminar de los pescadores recreativos con base en sus preferencias y niveles de inversión en la actividad. Pero se identifica falta de información sobre quiénes y cómo ofrecen servicios de pesca deportivo-recreativa, qué tan redituable es para ellos esta actividad y si están preparados para ofrecer un servicio recreativo de calidad y competitivo que les permita el desarrollo de sus comunidades costeras al mismo tiempo que la preservación de su patrimonio natural. Es claro que nos encontramos en la etapa preliminar de caracterización del sistema para diseñar un plan de manejo pesquero; sin embargo, en ausencia de conocimientos más detallados y de voluntad política para construir capacidades para desarrollar responsablemente la actividad bajo un enfoque precautorio y ecosistémico, los Principios normativos del Código de Conducta para la Pesca Responsable a los que nuestro país se comprometió hace veinticinco años están lejos de alcanzarse. |
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Referencias Bibliográficas
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____2012. Recreational fisheries. FAO Technical Guidelines for Responsible Fisheries. No.13. Food and Agriculture Organization of the United Nations. Roma. García A., M. Xool, J. Euán, A. Munguía, M. Cervera. 2011. La costa de Yucatán en la perspectiva del desarrollo turístico. Serie Conocimientos No 9. semarnat, conabio, Ciudad de México. Ihde, T. F., M. J. Wilberg, D. A. Loewensteiner, D. H. Secor y T. J. Miller. 2011. “The increasing importance of marine recreational fishing in the US: challenges for management”, en Fish. Res., vol. 108, núms. 2-3, pp. 268–276. Pitcher, T. J. y C. S. Hollingworth (eds.). 2000. Recreational Fisheries: Ecological, Economic, and Social Evaluation. Blackwell Science, Oxford. Solórzano, A. 1974. “The Mexican Marine Sport fisheries”, en Marine Fisheries Review, vol. 36, núm. 2, pp. 19-22. Vidal-Hernández, L., A. Bravo-Calderón y J. López-Rocha. 2017. “Evaluación del impacto de la pesca deportiva en seis especies de peces en Yucatán, México, mediante indicadores basados en tallas”, en Proceedings of Gulf and Caribbean Fisheries Institute, vol. 69, pp. 297-305. Vidal-Hernández, L. y M. C. Garza-Lagler. 2017. “Economic and fishery indicators of recreational fishing in Yucatan, México, an emerging potential business with scarce control”, en Proceedings of Gulf and Caribbean Fisheries Institute, vol. 69, pp. 72-74. |
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| Laura Elena Vidal Hernández Facultad de Ciencias, UMDISisal Universidad Nacional Autónoma de México. Es bióloga egresada de la unam, con Maestría en Ciencias de la University of British Columbia y doctorado en Ciencias del Mar en cinvestav. Es profesora de tiempo completo en la Facultad de Ciencias, umdi-Sisal unam y sus líneas de investigación incluyen temáticas del desarrollo y manejo costero, pesquerías recreativas y riesgo. Tiene más de 36 artículos científicos de revistas indexadas y capítulos de libros sobre gestión y manejo integral de zonas costeras. Ma. Cristina Garza Laglera Ciencias Ambientales de la Facultad de Ciencias Marinas Universidad Autónoma de Baja California. Es profesora-investigadora de tiempo completo de la Facultad de Ciencias Marinas de la Universidad Autónoma de Baja California, adscrita al programa de Ciencias Ambientales con especial interés en temas relacionados a la Economía de los Recursos Ambientales. Licenciada en economía egresada de la Universidad de Sonora, con maestría en Economía y Gestión de la Innovación de la Universidad Autónoma Metropolitana y Doctorado en Ciencias en el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo. |
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| Ana Karen Limón Vázquez, Blandina Bernal Morales, Gabriel Guillén Ruiz y Juan Francisco Rodríguez Landa | |||||||||||
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Acicalamiento es una palabra que no empleamos
comúnmente para los humanos, es más frecuente al referirse al comportamiento de otros animales. Por definición, el acicalamiento significa arreglo y limpieza. Su sinónimo, el aseo, es un conjunto de acciones realizadas con la finalidad de proporcionar limpieza a uno mismo o a otros para mantener un buen estado de salud, pero también sirve para estrechar vínculos sociales. En el ser humano incluye una serie de rituales como el baño, el lavado del rostro, el arreglo del cabello y acciones cosméticas, que constituyen una secuencia de patrones conductuales complejos. El acicalamiento es una conducta muy antigua y típica en muchas especies, incluidas las aves, los roedores y algunos otros mamíferos en quienes identificamos bien esta conducta, como los gatos, los primates no humanos y los seres humanos. Su función principal es el mantenimiento de la higiene, el cuidado de la salud y el aspecto físico, aunque también interviene en otros procesos importantes como la termorregulación, la comunicación social e incluso se observa con cierta frecuencia cuando se ejecuta sobre heridas que están en proceso de cicatrización, previniendo el desarrollo de enfermedades, infecciones y malos olores. Pero el acicalamiento puede alterarse bajo ciertas condiciones potencialmente patológicas y su modificación revela información valiosa para determinar el estado de bienestar de un individuo o de un grupo.
Acicalamiento espontáneo El acicalamiento es una conducta que se ejecuta espontáneamente y engloba todas las formas de cuidado de las superficies del cuerpo. Aparentemente, los seres humanos muestran una necesidad menor de acicalarse que otros primates, pues la pérdida de cabello y vello corporal, los ambientes sociales controlados y la posibilidad de acceder a artículos de higiene, reducen la presencia de ectoparásitos o agentes infecciosos. Las conductas típicas de acicalamiento de los seres humanos son tomar un baño, lavar el cabello, la nariz, los oídos, la boca, los pies, las manos, el arreglo corporal, la higiene de la vestimenta y la depilación; para muchos el beneficio del autoacicalamiento es una recompensa placentera para sí mismo. Las razones por las que el baño es un comportamiento de acicalamiento necesario en el ser humano se centran en la piel, que es el órgano más grande del cuerpo humano y cumple diversas funciones, sensoriales, de protección a los órganos internos contra lesiones e infecciones y de termorregulación, garantizando una homeostasis interna al actuar como una barrera mecánica y química entre el organismo y el ambiente. Además, es un órgano depurativo que elimina desechos del organismo por medio de la transpiración, provocando la presencia de gérmenes y bacterias que causan olores desagradables del cuerpo, por eso hay que limpiarlo. También se debe tener presente que la piel produce de manera natural cuerpos grasos y desechos proteicos de las células secretoras, conocido como sebo, que es la primera barrera inmunológica, lubrica la piel y la protege de una excesiva deshidratación —en la actualidad, el uso exagerado de sustancias detergentes llega a ser dañino para ella. Aparte de la piel, el cabello del ser humano es como un tejido que se encuentra expuesto a los contaminantes de la vida diaria como el polvo, gases, grasas y productos cosméticos, y cuya principal suciedad es producida en él por la mezcla con las secreciones de sudor y sebo en el cuero cabelludo, que obliga a asearse para evitar una acumulación excesiva de éstas ya que producen olores desagradables y favorecen el crecimiento de microorganismos patógenos. El beneficio adicional al acicalamiento del cabello es favorecer la imagen y presentación del individuo con arreglos que pueden ser desde muy simples hasta los extremadamente elaborados para cambiar su color, tamaño y textura. Otras de las conductas de acicalamiento más sencillas y comunes son el lavado de manos, boca y pies porque estas zonas del cuerpo tienen múltiples contactos con diversos materiales, lo que favorece el transporte y crecimiento de microorganismos que pueden provocar diversas enfermedades y malos olores. En comparación con los primates no humanos, los seres humanos han cambiado los patrones de acicalamiento. La acción de eliminar parásitos es menos frecuente que las acciones dedicadas a embellecer, reflejando una necesidad higiénica reducida. El aseo del vello púbico, incluso su eliminación completa, se ha convertido en una práctica cada vez más común, especialmente entre las mujeres jóvenes. Con esta práctica, aproximadamente en una de cada cinco mujeres, pueden producirse lesiones dérmicas, pero la mayoría de las complicaciones son menores. Aun con la variedad de acicalamientos que se puede ejecutar es importante comprender que si no se cumple con el mínimo de las conductas de acicalamiento (bañarse con frecuencia, lavar el cabello, los dientes y utilizar productos que minimicen los malos olores corporales) las relaciones sociales pueden reducirse por el rechazo a quien no se acicala; por esto se habla de acicalamiento social. Acicalamiento social En los humanos, aparte del autoacicalamiento, también puede ocurrir el acicalamiento social, el cual desempeña un papel importante en el establecimiento y reforzamiento de vínculos afectivos, de la misma forma que tiene un impacto importante en la capacidad reproductiva del individuo. El acicalamiento social, el tacto, el contacto físico, y las caricias, siguen desempeñando un papel importante en las relaciones humanas, aunque pareciera que se han cambiado por la comunicación basada en el lenguaje. El acicalamiento en los seres humanos sigue una secuencia céfalocaudal que es similar a la observada en el autoacicalamiento de los roedores; las mujeres a menudo invierten gran cantidad de tiempo en el autoacicalamiento, el acicalamiento de sus hijos, prestando especial atención a manchas, costras o imperfecciones. En el caso de los primates no humanos y otras especies, el acicalamiento es una actividad común y muy importante. Se puede dedicar hasta 20% del tiempo total del día para ejecutarla; sirve para mantener la piel limpia y sana, ya que una mayor tasa de acicalamiento disminuye la carga parasitaria de piojos, pulgas y garrapatas, y mejora las capacidades termorreguladoras de la piel. Sin embargo, aparte de su objetivo de limpieza, el acicalamiento ha logrado algo más; en primates no humanos, el beneficio del acicalamiento es establecer un vínculo social; es por eso un comportamiento social muy estudiado y se sabe que se dirige principalmente a las partes de difícil acceso, como la cabeza, el cuello y la espalda. El tiempo dedicado al acicalamiento social es mayor en comparación con el autoacicalamiento en primates no humanos. Cuando el acicalamiento cumple su función utilitarista al reducir la carga de ectoparásitos, la morbilidad y mortalidad de los individuos, cumple también una función social: se trata de un “servicio” que se ofrece a otros individuos para intercambiar beneficios como la distribución de los recursos alimenticios, principalmente obtenidos de individuos de alto rango. También se ha observado que cuando un individuo practica el acicalamiento social regularmente a un compañero en particular, el compañero acicalado se vuelve más tolerante y dispuesto a apoyar al acicalador durante un conflicto sostenido entre los miembros del grupo. Por lo tanto, el papel que el acicalamiento juega en un contexto social en los primates que tienen sistemas sociales vinculados sirve para crear coaliciones o alianzas que protegen a sus miembros contra los peligros de la vida en grupo. Los animales dominantes no atacan o acosan a un individuo que sabe que tiene compañeros de acicalamiento que llegarían en su ayuda, por ello se pensaría que los individuos crean un ambiente psicológico de confianza y apoyo mutuo. Hay diferencias entre sexos en la conducta de acicalamiento en primates nohumanos. Las hembras retribuyen la cantidad de acicalamiento recibida, es decir, acicalan preferentemente a aquellos individuos que más lo hicieron en ellas y esto podría explicarse debido a que los machos pueden proporcionar protección, lo que a las hembras motiva para acicalarlos a cambio de tal servicio. Las hembras acicalan casi dos veces más que los machos, tienden a formar vínculos fuertes, estables y duraderos con otras hembras y contribuyen a la supervivencia de los hijos, a una mayor longevidad y a la probabilidad de recibir apoyo de otros individuos del grupo. Por lo tanto, el acicalamiento social no es una actividad aleatoria. Asimismo, las hembras dominantes toleran más a las hembras que realizan actividades de acicalamiento en ellas; las hembras de rango medio tienen menos oportunidades de acceder a parejas de mayor nivel, porque no pueden competir con las hembras de rango superior. Particularmente, un individuo tiene un número relativamente fijo de compañeros de acicalamiento, asignando su tiempo de aseo a sus socios preferidos. Los estudios han revelado que el tiempo que invierte un primate en acicalar a un miembro del grupo no preferido es mucho menor en comparación con el tiempo empleado para acicalar a sus parejas favoritas. En el caso de una alta competencia dentro del grupo, los lazos sociales se observan principalmente entre los familiares y de manera peculiar se observa una atracción hacia los individuos de rangos más elevados. El tamaño del grupo de convivencia de los primates no humanos puede presentar importantes ventajas; por ejemplo, un menor riesgo de depredación y una mayor eficiencia en la búsqueda de alimentos. Sin embargo, una desventaja es que, a mayor tamaño de grupo, se llega a experimentar competencia por el alimento y mayores riesgos de salud por la acrecentada posibilidad de propagación de enfermedades contagiosas. Cuando el tamaño del grupo y el número de socios disponibles aumentan es imposible mantener relaciones con todos los miembros de éste, por más que un individuo trate de desarrollar y mantener vínculos con cada miembro o, al menos, con la mayoría. En consecuencia, el tiempo de acicalamiento tiene que ser limitado ya que un individuo también debe buscar alimento, descansar y desplazarse, e influye muy probablemente en la calidad y cantidad de sus vínculos sociales. La relación entre el tiempo de acicalamiento, el tamaño del grupo y la cohesión depende de la forma en que un individuo distribuye ese tiempo entre sus compañeros sociales específicos. Cuando un primate practica el acicalamiento social de igual manera hacia todos sus compañeros, el tamaño y la cohesión del grupo no se afecta. Sin embargo, los estudios demuestran que cuando el tamaño del grupo aumenta, cada individuo debería dedicar más tiempo al acicalamiento social, pero dado que los individuos no pueden dedicar más tiempo para poder mantener relaciones con todos los miembros del grupo, la cohesión disminuye y el grupo se divide. Teniendo en cuenta todo lo anterior, se entiende que los primates no humanos se encuentran alentados a dar y recibir acicalamiento para construir y mantener relaciones sociales. El acicalamiento con el que estamos más familiarizados es el de los animales domésticos. En los gatos funciona como un mecanismo de higiene y termorregulación, ya que al depositar en el pelo grandes cantidades de saliva se provoca que, en situaciones calurosas, ésta se evapora ayudando al gato a controlar su temperatura corporal; esta conducta es solitaria y estereotipada, aun en ausencia de estímulos periféricos como cuando se presentan ectoparásitos, y se observa cuando el gato se acicala con la lengua y los dientes en zonas como cuello, el tronco y las extremidades, siguiendo una secuencia céfalocaudal, así como cuando deposita saliva en sus extremidades delanteras y las desliza por cabeza y cuello para acicalar sólo la cabeza. Tan frecuente es el acicalamiento en los gatos que impide que tengan malos olores; a cambio, hace que traguen grandes cantidades de pelaje, llamadas tricobezoar. De la observación de roedores como las ratas de laboratorio se sabe que el autoacicalamiento predomina aun cuando se encuentren en grupos sociales, e incluye una serie de movimientos individuales con altos niveles de complejidad y organización que siguen patrones secuenciales específicos. En situaciones normales, en los roedores el acicalamiento se presenta como una conducta espontánea y relajada, que ocurre de manera cómoda, similar a cualquier otra actividad como la exploración y el desplazamiento. A los diez días de edad, el acicalamiento se dirige a la cara, con las patas delanteras, en trazos aislados y simetría variable; y en la edad juvenil, entre once y diecisiete días, el acicalamiento es más desarrollado e incluye movimientos simétricos en toda la cabeza, el cuello y el tronco. Ya adultos, presentan una conducta de acicalamiento muy compleja, con movimientos en secuencia céfalocaudal, ordenados, que implican un conjunto de veinte o más movimientos en diferentes fases que los investigadores especialistas en comportamiento aún analizan para discurrir si los cambios observados ante diferentes condiciones pudieran revelar un estado de desequilibrio en la salud, por ejemplo, ante situaciones de estrés. Acicalamiento ante el estrés El acicalamiento realizado por los seres humanos tiene cierta similitud con otros animales en el sentido de que funciona para limpiar el cuerpo y mantener ciertas relaciones sociales. Sin embargo, también puede presentarse como un comportamiento patológico, por ejemplo, en condiciones estresantes o en ciertos trastornos neuropsiquiátricos. Comúnmente, en situaciones de estrés el organismo se orienta a restablecer el equilibrio interno y adaptarse a los cambios ambientales como una respuesta adaptativa. En el ser humano, cuando la respuesta al estrés es excesiva, los síntomas son intensos y generan un grado de disfuncionalidad en el ámbito familiar, social y laboral que se considera patológico y se convierte en un trastorno de ansiedad, como alguna fobia, la ansiedad generalizada, el estrés postraumático, el trastorno de pánico y el trastorno obsesivocompulsivo. Los consecuentes efectos negativos en la salud, incluyendo así la afectación en el cerebro, deterioran así la motivación por explorar lugares nuevos, la memoria contextual y el comportamiento autodirigido como el acicalamiento, entre otros. Un ejemplo de acicalamiento patológico lo vemos en el trastorno obsesivocompulsivo que se caracteriza por ideas, pensamientos e impulsos persistentes, comportamientos realizados para reducir el malestar que lleva consigo una obsesión determinada. Las obsesiones relacionadas con el acicalamiento que con más frecuencia se presentan, de acuerdo con la American Psychiatric Association, son: la exagerada percepción de suciedad o contaminación, de contraer una enfermedad, por lo que algunas personas evitan las salas de espera públicas, no estrechan la mano con nadie, asean su entorno innecesariamente y se lavan excesivamente las manos y el cuerpo; incluso llegan a presentar problemas dermatológicos debido a un uso excesivo de agua y detergentes. El acicalamiento social en primates no humanos puede funcionar para reducir la tensión. Los estudios han demostrado que el individuo que es acicalado reduce su frecuencia cardiaca y, aunque generalmente durante el acicalamiento los individuos están en aparente reposo, este dato resulta interesante. Algunos autores han interpretado tales acciones como una forma de prevenir la angustia; los primates no humanos pueden sentirse estresados al encontrarse cerca de otros miembros del grupo dado el potencial de interacciones agresivas entre ellos por el rango relativo de dominancia, grado de familiaridad y afiliación. Por lo tanto, el acicalamiento dirigido a otros miembros del grupo podría ser un medio para prevenir una situación de tensión individual, pero también grupal. A esto contribuye mucho la cantidad tan importante de tiempo que le dedican al acicalamiento que resulta tan relajante para el que lo recibe que puede incluso quedarse dormido. Por lo tanto, el aseo social tiene una serie de efectos fisiológicos como la disminución de los índices de estrés y hasta se puede sugerir que de alguna manera estar limpio es fisiológicamente relajante. La función social del acicalamiento puede estar mediada por la liberación de endorfinas, las cuales funcionan en el sistema nervioso como neurotransmisores y están ampliamente involucradas en el control del dolor por su carácter de analgésico. Por lo tanto, se pueden considerar como un biomarcador de mayor bienestar psicológico y su efecto probablemente se presenta en la relajación del animal, permitiendo así la interacción con otros individuos creando entornos de confianza y afiliación. Así, al ver primates no humanos acicalándose podemos pensar que están en un estado de relajación, con una sensación de seguridad y menores niveles de ansiedad. En los animales domésticos existen factores estresantes, físicos y sociales, resultado de interacciones con individuos de la misma especie y con humanos, los cuales pueden llegar a ocasionar importantes cambios de comportamiento en animales como los gatos, aumentando el acicalamiento. Una excepción se observa en la edad avanzada de los gatos. El acicalamiento puede disminuir en un gato cuando la vejez porque ya no ejecuta sus conductas típicas normalmente y duerme mayor tiempo. Pero el acicalamiento en los felinos ante situaciones de estrés puede presentarse como una conducta que desplaza a otra y que está fuera de contexto. Así, en la medicina de gatos se ha descrito un trastorno de comportamiento que se llama alopecia autoinducida, identificada por un lamido excesivo que provoca pérdida de pelo, la cual no es otra cosa más que la sobreamplificación de un comportamiento de mantenimiento normal. Dichos comportamientos repetitivos, como la alopecia autoinducida o las heridas autoinducidas, se denominan estereotipias y se consideran indicadores de un mal estado del individuo o ausencia de bienestar, y pueden ser revertidos mediante una mayor atención y cuidado del individuo, incluyendo fármacos; en el caso de los roedores cuando se presenta una situación de estrés, por ejemplo, ante la exposición a un ambiente novedoso, un depredador o incluso el sólo olor de un potencial depredador, produce un patrón de aseo desorganizado, con frecuentes ráfagas de aseo rápido y corto, en progresión anormal. Acicalarse así le impide a una rata de laboratorio desplegar otras conductas espontáneas como el desplazamiento y la exploración, distrayéndose de la alerta que debe tener sobre su entorno para buscar un lugar seguro y no quedar expuesta. Conclusión El acicalamiento es una conducta descrita en muchas especies, y es de suma importancia, ya que además de mantener la salud y el cuidado del aspecto físico, refleja una situación de bienestar para el individuo que la practica y para sus conespecíficos. Además de ser una conducta autodirigida, se trata de un conjunto de comportamientos que realizan los individuos con la finalidad de mantenerse en condiciones de limpieza y adaptarse satisfactoriamente a una convivencia social porque también se benefician para mantener relaciones filiales al practicar el acicalamiento social. Tal vez la evolución del ser humano y la pérdida de vello corporal, así como un fácil acceso a servicios sanitarios y nuevas tecnologías de limpieza ha provocado una disminución en la finalidad higiénica, generando una creciente dedicación a la transformación del cuerpo con el fin de resaltar características corporales estereotipadas y lograr la atracción en los demás, lo cual podría no estar mal. No obstante, la conducta del acicalamiento es insustituible en la vida social. |
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Referencias Bibliográficas
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| Ana Karen Limón Vázquez estudiante de doctorado en Neuroetología, Universidad Veracruzana. Licenciada en Química Farmacéutica Biológica, Maestra en Neuroetología y estudiante del doctorado en Neuroetología por la Universidad Veracruzana. Investiga efectos del estrés y antidepresivos a nivel conductual y de citoarquitectura cerebral. Es docente a nivel licenciatura y posgrado, y participa divulgando la ciencia en diversos foros académicos y público general. Blandina Bernal Morales Instituto de Neuroetología, Universidad Veracruzana. Doctora en Psicología (Neurociencias de la Conducta) por la Universidad Nacional Autónoma de México. Investigadora Nacional SNI nivel 1 y profesora con perfil PRODEP. Imparte cátedra en metodología de la Investigación y diseño experimental en licenciatura y posgrado. Su línea de investigación estudia el estrés, afecto y desarrollo en la neuroetología animal y humana. Gabriel Guillén Ruiz Instituto de Neuroetología, Universidad Veracruzana. Doctor en Neuroetología por la Universidad Veracruzana, SNI nivel 1. Investigador por México-Conacyt del Instituto de Neuroetología-Universidad Veracruzana, catedrático de Licenciatura y Posgrado, experto en investigación preclínica con modelos animales de ansiedad y desesperanza conductual. Trabaja en la Línea de Investigación Neurofarmacología de los Trastornos Afectivos, autor y coautor de artículos y capítulos de libro publicados a nivel internacional. Juan Francisco Rodríguez Landa Instituto de Neuroetología, Universidad Veracruzana. Doctor en Psicología (Neurociencias de la Conducta) por la Universidad Nacional Autónoma de México. Investigador Nacional SNI nivel 2 y profesor con perfil PRODEP. Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias y Premio Estatal de Ciencia y Tecnología 2021. Imparte cátedra en las áreas de psicofarmacología, neurofarmacología y metodología de la Investigación. Su línea de investigación estudia el efecto de neuroesteroides y principios activos vegetales en modelos experimentales de ansiedad y depresión. |
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| Elí García Padilla | |||||||||||
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El jaguar (Panthera onca) es una especie de la familia
de los felinos (Felidae) que vive en una variedad de ecosistemas, mayoritariamente tropicales, del continente americano, desde el sur de los Estados Unidos (Arizona y Nuevo México), México y Centroamérica (Mesoamérica) y hasta el sur, llegando al norte de Argentina. En México habita ampliamente en la vertiente del Atlántico, del sur de Nuevo León y Tamaulipas a la península de Yucatán, y en la del Pacífico, de Sonora a Chiapas. Algunos de sus refugios más importantes en México, tanto por el tamaño poblacional como por la extensión territorial y el grado de conservación del hábitat, son la región de Los Chimalapas (aproximadamente 600 000 hectáreas) en Oaxaca, Calakmul (723 000) en Campeche, Sian Ka´an (528 000) en la Península de Yucatán, y la mítica Selva Lacandona (331 000) en Chiapas, lo cual da un total de cerca de 2 182 000 hectáreas). Esto convierte a dicha región, junto con las zonas forestadas tropicales adyacentes de Belice y Guatemala (la Gran selva maya) en la segunda zona más importante del continente americano para la conservación del jaguar y de los bosques tropicales; solamente superada por la inmensa selva amazónica.
El jaguar es una especie considerada como en “Peligro de Extinción” por la normatividad mexicana (nom059 semarnat, 2010). De acuerdo con datos del cen Jaguar II, en territorio mexicano quedan alrededor de 4 800 jaguares en estado silvestre, aunque tales datos han sido cuestionados por distintos expertos. Por su parte, organismos internacionales como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, en su Lista Roja de 2017 clasifica la especie como “casi amenazada”, pues su rango de distribución es amplio en el continente americano y se estima que sus poblaciones y hábitat natural sólo han decrecido entre 20 y 25% en los últimos veinte años. Adicionalmente, en 2002 se estimó que las poblaciones de jaguar, en un 70% de su rango de distribución, tienen una alta probabilidad de supervivencia. De acuerdo con esta institución, el tamaño de población de la especie estimado a nivel global es de aproximadamente 64 000 individuos (90% en Amazonia). El jaguar fue declarado oficialmente por el Congreso Local del estado de Oaxaca en 2017 como patrimonio tangible e intangible, cultural, natural y biológico. El objetivo es protegerlo de la extinción debida a la destrucción desenfrenada de selvas y bosques, así como de la cacería ilegal y el conflicto con la ganadería. Los organismos involucrados (sociedad civil y academia) buscarán que la unesco reconozca también a la especie como patrimonio tangible e intangible cultural, natural y biológico de la humanidad. En las áreas naturales protegidas de México Existen en México un total de 182 Áreas Naturales Protegidas (44 Reservas de la Biósfera, 40 Áreas de Protección de Flora y Fauna, 67 Parques Nacionales, 18 Monumentos Naturales y 8 Áreas de Protección de Recursos Naturales) de carácter federal, que representan un total de 90 839 521.55 hectáreas (cerca de 13% del territorio nacional). Sin embargo, se estima que sólo 38% del área de distribución del jaguar en México ha sido cubierta —por 43 anp federales. También existen otras figuras similares pero de orden estatal, sin embargo sobre éstas hay poca o ninguna información científica, ya que la gran mayoría carece de un plan de manejo y por lo tanto de una documentación precisa o sistemática de la biodiversidad dentro de las mismas. Por último, existen también Áreas de Conservación Comunitarias (un total de 408, equivalente a 511 338.76 hectáreas), algunas de las cuales poseen una certificación por parte de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas. Otras tantas (sin documentación precisa) están sin certificar pero bajo protección, vigilancia y tenencia de las comunidades y sus sistemas normativos internos (usos y costumbres). En un reciente estudio, Armendáriz Villegas y Ortiz Rubio documentaron que dichas áreas federales podrían no estar cumpliendo con el papel para el cual fueron creadas, pues se ha identificado un total de 1 609 concesiones mineras dentro de sus polígonos, lo cual representa un riesgo inminente para la biodiversidad, los procesos ecológicos y los servicios ambientales que proveen las mismas. Esto se agrava por las modificaciones a la legislación ambiental en México con la “Ley General de Biodiversidad” de 2017, sui generis a nivel mundial por permitir de manera legal actividades de exploración y explotación minera dentro de las áreas naturales protegidas decretadas. Finalmente, megaproyectos anunciados por el actual gobierno, tales como el Tren Maya y Tren Transístmico, ponen en evidencia que el falso modelo de progreso y desarrollo que impone el capital no se detendrá pese a todo el negativo impacto social y ambiental que conlleva su establecimiento en dos de las regiones con mayor biodiversidad del país y con los últimos grandes refugios del jaguar en el sureste mexicano (Istmo de Tehuantepec y Península de Yucatán). Todas estas evidencias indican que lo que ocurre actualmente en México en materia socioambiental es un verdadero ecocidio. Consideramos por lo tanto que la verdadera y más efectiva esperanza de la biodiversidad en México y el mundo es el modelo de conservación comunitario ejercido por los pueblos originarios y mestizos que son de hecho los dueños legítimos y ancestrales de todos estos territorios biodiversos que aún persisten y que en común comparten con el jaguar y el resto de los seres vivos. En las Áreas de Conservación Comunitaria Las Áreas de Conservación Comunitarias son zonas protegidas por iniciativa de comunidades, ejidos y pequeños propietarios. Esto es de particular importancia por un par de razones. Primero, a pesar del relativamente alto porcentaje que cubren las áreas federales (cerca de 13% del territorio nacional), la gran diversidad y heterogeneidad de especies en México causa que muchas de las especies no se encuentren dentro de éstas (como el jaguar). Un análisis de vacíos y omisiones en conservación de la biodiversidad terrestre de México (encabezado por Conabio) identificó que sólo 15.9% de los sitios de más alta prioridad para la conservación se encuentra en algún área protegida; segundo, entre 70 y 80% de bosques y selvas en México son de propiedad social, es decir, los dueños son ejidos y comunidades, como en Oaxaca, donde cerca de 80% del territorio es de orden social (comunal y ejidal) y se ha mantenido una resistencia al modelo formal de conservación de la biodiversidad gubernamental. Justamente, un reciente estudio sobre la distribución del jaguar en el estado de Oaxaca (elaborado por Briones y colaboradores) muestra que, a pesar del monitoreo y trabajo de campo, no existen registros formales dentro o cerca de algún área natural protegida con decreto estatal o federal en la entidad; y que de los 31 registros del jaguar identificados en ese estudio, nueve se ubicaron dentro de áreas de conservación (sin certificación) mantenidas por comunidades originarias y siete (51.6% del total de registros) a menos de quince kilómetros de distancia de las mismas. Esto resalta el valor en materia de conservación de dicha especie de este tipo de esfuerzos locales, que si bien son poco conocidos o reconocidos, representan una efectiva y quizá verdadera esperanza a largo plazo para la preservación del jaguar, sus presas naturales, el hábitat y todas las especies que se ven beneficiadas directa o indirectamente de la conservación comunitaria de los bosques tropicales en México, incluyendo la especie humana. El jaguar: una especie sombrilla Las especies sombrilla son aquellas cuya conservación confiere protección a un gran número de otras especies con las que cohabitan en un lugar determinado. Debido a su ámbito hogareño extenso, a su distribución generalizada en Mesoamérica y su estatus como especie focal de numerosas iniciativas de conservación, el jaguar es una especie sombrilla. Sin embargo, existen pocos datos concretos publicados que midan o evalúen dicho precepto. En un reciente estudio, Figel y colaboradores evaluaron la efectividad del jaguar como especie sombrilla para la herpetofauna endémica en lo que se conoce como Centroamérica nuclear (alrededor de 370 000 kilómetros cuadrados), una región que contiene la mayor densidad de reptiles amenazados en el hemisferio occidental y alberga una diversidad extraordinaria de anfibios, la clase de vertebrados más amenazada en el mundo. De las 304 especies endémicas de la región, la distribución de 187 (61.5%) se sobreponen al área de distribución del jaguar, así como la de catorce reptiles, incluyendo una nauyaca arborícola (Bothriechis spp.) en “peligro crítico” y dos lagartijas abaniquillo (Norops spp.) en “peligro de extinción”. Similarmente ocurre con diecinueve especies de anfibios, incluidas cuatro ranitas de hojarasca (Craugastor spp.) y dos ranas arborícolas de montaña (Plectrohyla spp.) en peligro crítico. Los resultados indican que el traslape de la distribución del hábitat del jaguar con la de muchas otras especies fortalece la justificación de una aplicación más amplia de la estrategia sombrilla, contribuyendo también en la selección de áreas de conservación previamente subestimadas o ignoradas. Por lo tanto, de invertirse más y mayores esfuerzos y presupuestos para la investigación, protección y conservación del jaguar, especies endémicas y vulnerables de anfibios y reptiles, que muchas veces son poco carismáticas o visibles para la ciencia, instituciones y presupuestos, se verían beneficiadas directa e indirectamente a largo plazo gracias a la conservación del carismático, icónico y emblemático “señor de los animales”. Su importancia simbólica y cultural Varias son las representaciones de origen prehispánico en las cuales se rinde culto al jaguar. El también conocido como “tigre” o tecuani es considerado por muchos pueblos originarios y mestizos como un dios y a veces como un ser dual (mitad hombre y mitad animal: nahual). Este felino americano posee un valor simbólico sin igual. En la región maya es conocido como B´alam (el señor de los animales) y está asociado con la noche, el inframundo, el manto estelar, la fertilidad y el maíz (alimento sagrado de nuestros pueblos). Por su parte, la cultura olmeca (cultura madre de Mesoamérica) en su mito fundacional retoma a la figura del jaguar como padre que dio origen, al cruzarse con una mujer, a los primeros habitantes mesoamericanos de donde descienden todos nuestros pueblos originarios actuales (mixes, zoques, mixtecos, popolocas, zapotecos, ikoots y chontales, entre otros). Por lo tanto, varios investigadores han denominado a estos pueblos como “pueblos del jaguar” y a sus habitantes como verdaderos “hijos del jaguar”. Conocidas son también las representaciones en el arte rupestre de Guerrero y Oaxaca que muestran imágenes plasmadas de tiempos prehistóricos o ancestrales, donde jaguares antropomorfos copulan con mujeres. En el pueblo ayuujk (mixe) de Hueyapam se documentó recientemente en una cueva (la Cueva del Rey Koonk Ey) la presencia de imágenes tridimensionales talladas en la roca madre, a tamaño real, de jaguares teniendo sexo con mujeres. Dicho sea de paso, las cuevas son el hábitat idóneo del jaguar y también representan la matriz o vientre femenino y por lo tanto simbolizan la fertilidad y la vida en la madre tierra. También entre estos pueblos mixes, su máxima deidad conocida como el Rey Koonk Ey (Condoy), al cual se rinde culto en el cerro sagrado Zempoaltépetl, representa a un personaje que, aunque nació del huevo de una serpiente (según la tradición oral), se le atribuyen rasgos y relación directa con la figura del jaguar. Entre los nahuas el jaguar es conocido como ocelotl y es símbolo de la guerra y la realeza. Una de las figuras mas importantes de la también conocida como cultura azteca o mexica es el dios Tezcatlipoca (señor del espejo humeante) el cual tiene como animal dual o alter ego al jaguar conocido como Tepeyolotl (corazón del monte). Se dice que en tiempos en que existían los gigantes en la faz de la tierra, Tezcatlipoca se convirtió en jaguar para devorar y acabar con esta raza de antiguos seres mitológicos. Todavía hasta nuestros días se rinde culto al jaguar en el estado de Guerrero, en donde se lleva a cabo un ritual de petición de lluvia conocido como “la tigrada”, destacándose Zitlala (lugar de estrellas); allí el ritual de los tecuani (devoradores de hombres) se lleva a cabo con el objetivo de pedir por las lluvias, la fertilidad de la tierra y la obtención del sagrado maíz, alimento ancestral de los pueblos mesoamericanos, y se convierte en verdaderas batallas campales y sangrientas en las que la ofrenda a los dioses es precisamente la sangre, pues cada gota de sangre derramada se convertirá en una gota de agua de lluvia que dé fertilidad, sustento y vida a la comunidad. Para los mixtecos de Oaxaca, uno de los personajes más emblemáticos asociados al jaguar es el Señor 8 Venado Garra de Jaguar, de los más importantes en la memoria del llamado pueblo de las nubes (Ñuu Savi), quien adicionalmente ha sido vinculado con la figura de Quetzalcóatl por las similitudes de sus representaciones iconográficas en un par de códices. Por su parte, los antiguos pueblos zapotecos, como los asentados en Monte Albán (antes Cerro del jaguar) de igual forma veían al felino como símbolo de realeza; se sabe que cuando los mixtecos tomaron dicha ciudad destruyeron un jaguar de cerámica conocido como el jaguar de Monte Albán, símbolo de la familia real en el poder que había sido derrocada. El jaguar está vivo y vigente en la cosmovisión de los pueblos mesoamericanos, en la tradición oral, en los mitos fundacionales; es el señor de los animales, el corazón del monte, una especie de guardián del monte y por lo tanto de la biodiversidad, del bosque, el agua, de la vida. Conscientes o no, los pueblos chimas (zoques) descendientes directos de los olmecas, “pueblos del jaguar”, son hoy día y desde hace por lo menos 2 500 años, los guardianes de la última gran selva de México: los Chimalapas, que es hábitat del jaguar y refugio más importante de una gran variedad de seres vivos, tal vez la más diversa en toda Mesoamérica. Finalmente, el jaguar seguramente estará también presente al final de los tiempos actuales, pues según una profecía maya-lacandona recitada por Chan K´ín Viejo, el sabio de la selva Lacandona, en el final de los tiempos, cuando la cabeza de Pájaro Jaguar (último jerarca de Yaxchillán) regrese al trono, entonces caerán los jaguares del cielo y comerán y acabarán con la extirpe humana, para que así venga el inicio de un nuevo ciclo de renacimiento de la vida en la tierra. Conclusiones Vivimos tiempos críticos en materia socioambiental en México y el mundo. Enfrentamos actualmente una extinción masiva de especies y pérdida constante y acelerada de biodiversidad. El modelo político y económico que impera en nuestros tiempos, un capitalismo salvaje y suicida, atenta no sólo contra la supervivencia del jaguar y las especies asociadas, también contra la de la especie humana y de toda la vida como actualmente la conocemos sobre la faz de la Tierra. Urge fomentar y promover acciones efectivas para restablecer la relación del ser humano (sociedad) con su entorno biótico (naturaleza) y con los demás seres vivos (especies) con los que compartimos hábitat en este momento. Retomemos las enseñanzas ancestrales y prácticas de la sabiduría tradicional de los pueblos originarios. Todavía hoy día se escuchan y leen las sabias palabras del mencionado líder espiritual maya-lacandón (el sabio de la selva Lacandona): “todos los seres vivientes estamos relacionados, amarrados de la misma raíz. Cuando Hachakium hizo las estrellas, las hizo de arena y piedras y las sembró. Las raíces de cada estrella son las raíces de un árbol; cuando se cae un árbol, una estrella cae del cielo [. .] Cuando Hachakium terminó de modelar a los hombres de barro —menos los dientes que fueron hechos de maíz—, los colocó durante una noche sobre las ramas de un cedro (kuché-árbol dios), quien con su misma sangre (savia) ayudó al despertar de los lacandones. Después, al tallarse las manos, los rollos y fragmentos de arcilla cobraron vida al caer a la tierra, volviéndose serpientes, hormigas, alacranes, gusanos, zancudos, mosquitos y todo género de bichos”. |
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Referencias Bibliográficas
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| Elí García Padilla Biólogo, fotógrafo y escritor Ha contribuido al conocimiento de la biodiversidad mesoamericana con alrededor de cien artículos científicos y de divulgación. Sus fotografías se han publicado en diversos medios impresos, digitales y en exposiciones fotográficas colectivas de prestigio. |
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| Gonzalo Halffter† | |||||||||||
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Lo que hemos denominado como Zona de Transición
mexicana y sus características principales nos lleva a tratar de entender cómo se refleja y cambia la distribución de plantas y animales en las Américas. Es un tema que he desarrollado con varios colaboradores, entre ellos Juan José Morrone y Claudia Moreno, y al que en esta ocasión regreso a fin de proporcionar una vista de conjunto que estimule la comprensión de la relación existente entre los taxa y el medio, centrándonos en el punto esencial: la distribución actual de los seres vivos, la cual es resultado de las distribuciones que tuvieron lugar en el pasado y de los movimientos de la Tierra.
Tenemos que considerar que existen tierras y océanos pero, y esto es esencial, que los seres vivos tienen características propias que los hacen desplazarse, competir, etcétera. Y algo muy importante es el azar, que desempeña un papel fundamental en la distribución de los organismos. El movimiento es algo primario y real, y la esencia de la biogeografía histórica es justamente el movimiento: explicar cómo las estructuras y la distribución actual han llegado a establecerse. En 1962 publiqué la primera nota sobre el tema, en un momento en que varios autores estaban muy interesados en ello. Para 1987 el Annual Review incluyó un artículo y en una búsqueda efectuada en Google Academic en 2021 encontré que a la fecha hay 14 205 referencias. Como recientemente ha señalado Morrone, la teoría de la zona de transición mexicana ha quedado incorporada a las propuestas que se discuten en primera fila. Señalo esto con el deseo de mostrar que estamos hablando de algo vivo, que se discute. Es una nueva concepción de la biogeografía. Zonas de transición Existen espacios terrestres donde se encuentran dos medios muy distintos: son las llamadas zonas de transición, en donde hay un solapamiento en uno y otro sentido, con características de energía muy intensa que provocan la aparición de montañas y movimientos terrestres. Las zonas de transición representan áreas en donde se encuentran cenocrones distintos, es decir, formaciones con un origen histórico en tiempos diferentes, que para los biogeógrafos evolutivos son especialmente importantes pues en ellas se manifiestan muchas características de los elementos que las conforman. Nosotros hemos establecido la zona de transición mexicana que corresponde justamente al contacto o “choque” entre las regiones Neártica y Neotropical. En esta zona hemos propuesto una serie de divisiones en función de la historia biogeográfica, misma que vamos a examinar. La acumulación de citas o el señalamiento de la importancia de un método (ambas cosas se han hecho repetidas veces) no forzosamente contribuyen a que el lector pueda valorar una propuesta; por lo tanto, es indispensable formular la teoría como tal, aunque sea en forma concentrada. La teoría pretende explicar cómo y dentro de qué límites de espacio y tiempo, distintos linajes de animales —en especial insectos—, unos de procedencia septentrional, otros de origen neotropical, se han expandido siguiendo determinadas rutas, lo cual ha dado origen a una de las faunas más ricas del mundo. Recientemente, en un artículo publicado en 2017, expuse que una de las razones de la excepcional megadiversidad de México reside justamente en la sobreposición de linajes de distinto origen. La elaboración de dicha teoría ha seguido un proceso de presentación de hipótesis y acumulamiento de evidencias procedentes de distintos grupos taxonómicos. Aunque las zonas de transición han sido mencionadas en la biogeografía histórica desde las primeras divisiones en regiones, ninguna ha recibido una atención equivalente a la mexicana. La coincidencia de una favorable configuración climática (norte templado-frío, sur tropical) con la disposición dominante Norte-Sur en las cordilleras (el Sistema Volcánico Transversal es la única gran excepción) ha favorecido la dispersión hacia el sur de elementos adaptados a climas templados y fríos siguiendo la parte alta de las montañas, así como la penetración hacia el norte de elementos tropicales siguiendo las planicies costeras. Se sobreponen además elementos de origen filético y ecológico totalmente distinto. La fauna de montaña no es una fauna tropical empobrecida. Se trata de elementos de origen septentrional templado-frío que se han expandido desde Norteamérica siguiendo las cordilleras. El lector debe tener en cuenta los límites de tiempo entre los que ocurrieron (o suponemos que ocurrieron) los distintos acontecimientos biogeográficos-evolutivos: fines del Cretácico al actual. Acontecimientos previos al Cenozoico tienen muy poca influencia en los patrones de distribución que estudiamos por una razón: los organismos que entonces existían son otros. Una definición Como ocurre con cualquier fenómeno o acontecimiento en biogeografía histórica, hay que situar la biota en el espacio y el tiempo. En relación con el primero, en cualquier fenómeno biogeográfico, pero muy especialmente en una zona de transición, hay que fijar los limites del escenario; el segundo, por su parte, es continuo, pero los fenómenos ocurren en lapsos determinados. El solapamiento de distribuciones de orígenes distintos que caracteriza a la zona de transición mexicana corresponde a un lapso que no ha existido siempre. Por patrón de distribución entendemos la distribución actual de un cenocrón (un termino introducido por Reig en 1981), esto es, un conjunto de taxa que comparten historia biogeográfica y requerimientos ecológicos, lo que significa que tienen un origen similar, tanto en tiempo como en espacio. El patrón de distribución es la unidad base de mi teoría sobre esta zona. Las dos grandes masas continentales, Pangea al norte y Gondwana al sur, estaban en contacto en el Cretácico superior. Norteamericana estaba divida por una enorme transgresión marina, masiva, oblicua, que ocupa la cuenca del Mississippi, del noroeste de Canadá al Golfo de México. Este mar dividía las tierras de Norteamérica en una porción oriental que mantenía contacto con Asia por Beringia y cuyo extremo sur llegaba a México; y otra porción que comprendía el este de Norteamérica y mantenía contactos con la Proto-Europa. ¿En qué tiempo geológico podemos considerar que existieron entre Norte y Sudamérica los elementos y las condiciones de una Zona de Transición? Si tomamos como grupo de referencia a los coleópteros: Scarabaeoidea coprófagos (grupo que hemos estudiado), las condiciones paleogeográficas y faunísticas se inician a fines del Cretácico. El escenario paleogeográfico A fines del Cretácico, dos archipiélagos mantenían una comunicación irregular entre Norte y Sudamérica. El primero estaba en una posición semejante a la del actual puente centroamericano; el segundo, las ProtoAntillas, ocupa una posición más al este. Entre esta primera zona de transición (más bien un puente) y la actual zona de transición mexicana hay una diferencia muy importante: las montañas, que son un aspecto determinante. Más de la mitad de los linajes de afinidad septentrional están asociados con las montañas. La primera zona de transición tiene en común con la actual la contraposición de dos faunas muy distintas: la del norte, originada en el caso de los insectos mayoritariamente en los trópicos del Viejo Mundo y con una amplia distribución Holártica; y la austral —muy peculiar— de afinidades gondwanianas. A fines del Cretácico existía una comunicación activa, aunque no masiva, entre Norteamérica y la parte norte de Sudamérica a través de los archipiélagos antes mencionados. Entre el Cretácico superior y el Paleoceno, el noreste de Sudamérica estaba conectado con el norte por las ProtoAntillas. Los elementos neotropicales, que van a seguir el patrón de distribución en el Altiplano, pasan al actual territorio mexicano en ese tiempo. Incluso elementos de origen neotropical llegan, y se diversifican en el actual territorio de los Estados Unidos, aprovechando las condiciones más cálidas que se mantienen hasta el Eoceno-Mioceno. En el Paleoceno esta conexión se interrumpe y volverá a establecerse en el Mioceno; es la mayor interrupción de la conexión directa. Durante este lapso las transgresiones marinas cubren gran parte de Sudamérica, de Patagonia a Bolivia y Perú, separando claramente el nortenoroeste de Sudamérica del sursureste del continente. El cenocrón Mesoamericano de Montaña, integrado en el Núcleo Centroamericano, se expande al sur, pero especialmente al norte del Núcleo durante el lapso Oligoceno-Mioceo. En el Oligoceno comienza el desarrollo del Sistema Volcánico Transversal, un importante conjunto de montañas y volcanes de mil kilómetros de longitud, que se extiende del Océano Pacífico al Golfo de México entre los 18° 30’ y los 25° 30’ de latitud norte, y que va a marcar tanto la dispersión como la especiación de los linajes de montaña de afinidades septentrionales por ser el obstáculo más importante a la expansión hacia el norte de los linajes neotropicales. Con la aparición de dicho sistema, seguida de la elevación del Altiplano, fenómenos que se desarrollan durante el Mioceno, el Altiplano Mexicano se convierte en una península de Norteamérica, aislada de las tierras bajas tropicales por las Sierras Madre Occidental y Oriental y por el propio Sistema Volcánico Transversal. Son estas condiciones las que marcan el desarrollo de los elementos que siguen el patrón de distribución en el Altiplano, de antiguo origen neotropical, diversificando y restringido al Altiplano Mexicano. A partir del Plioceno, la zona de transición mexicana llega a una conformación geográfica similar a la actual, que favorece la penetración hacia el sur de la fauna holártica y hacia el norte de la Neotropical. La estructura orográfico-climática propicia este intercambio. Los primeros periodos del Cenozoico, al menos hasta el Eoceno, son marcadamente más tropicales que hoy día. Como hemos señalado, el Altiplano Mexicano, cuya elevación se inicia en el Mioceno, conserva una fauna de origen neotropical pero que evoluciona en aislamiento: el patrón del Altiplano, fauna a la que se van sumando elementos neárticos de llegada posterior. Las cordilleras (Sierras Madre y el creciente Sistema Volcánico Transversal) son la barrera a la expansión de la fauna sudamericana, pero también la vía para la expansión hacia el sur de la fauna holártica de montaña, vía dispersión horizontal. En todas estas cordilleras la expansión horizontal domina, lo que determina una fuerte especiación por vicarianza. Plioceno-Pleistoceno El cenocrón Neotropical típico (realmente un conjunto de cenocrones) cuya distribución da lugar al Patrón Neotropical Típico, se extiende a la zona de transición mexicana después de la reconstitución del puente centroamericano: es una invasión moderna de linajes procedentes del sur que se extiende por las tierras bajas tropicales de Centroamérica y México. La consolidación del puente es un proceso gradual. En el Mioceno medio (de 10 a 5 millones de años antes del presente) existe un archipiélago que, como señaló G. G. Simpson, permite el paso de algunos grupos de animales “saltadores de islas”. Con base en datos de Lomolino y colaboradores, entre 220 y 160 millones de años atrás existe una relativa continuidad de la Pangea y Gondwana, que entre 140 y 75 millones de años atrás se rompe. Dicha interrupción va a terminar en el Mioceno medio (hace 3.6 millones de años) con el restablecimiento de la conexión entre Norte y Sudamérica mediante el puente centroamericano; lo que fue un intercambio precario se transforma en el Great American Biota Interchange, uno de los intercambios faunísticos más importantes en la historia de la vida en la Tierra. Cabe señalar que éste no afecta por igual a la fauna del norte y a la neotropical; aproximadamente la mitad de los géneros de mamíferos de Sudamérica emigra a Norteamérica, pero sólo 10% de los géneros norteamericanos emigra al sur. Analizar el solapamiento y la sobreposición de dos historias biogeográficas, no sólo diferentes, sino con orígenes totalmente distintos, es hablar de una zona de transición. Para ocurrir, una zona de transición necesita de un espacio físico, geográfico, con límites en el tiempo. De ahí la importancia de la precisión que aporta esta teoría. |
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Referencias Bibliográficas
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| Gonzalo Halffter (1932-2022) Investigador Nacional Emérito Instituto de Ecología, A.C. Falleció mientras se preparaba este artículo para su publicación. Biólogo y doctor en ciencias. Fue investigador y más tarde catedrático. Desempeñó diversos cargos académicos, entre ellos, Director de Graduados e Investigación Científica (Instituto Politécnico Nacional); Fundador y, por dos períodos, Director General del Instituto de Ecología, A.C.; Investigador Emérito Instituto Politécnico Nacional, Instituto de Ecología, sni; Presidente del Comité mabunesco; Director de Desarrollo Científico-conacyt. Fue investigador SNI Nacional nivel III (1986-1995) e Investigador Nacional Emérito (1995 a 2022). |
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