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Últimas noticias de la prehistoria ,del ADN de los dinosaurios a las pinturas de Lascaux
Yves Coppens
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Dos investigadoras estadounidenses han publicado en la revista
Nature un artículo sobre su descubrimiento de dientes de chimpancé en Kenia, en África del Éste. Lo aprovechan para repasar la hipótesis de la East Side Story que propuse hace una veintena de años. Según esta hipótesis, prechimpancés y prehumanos se habrían separado por razones de adaptación a entornos que, a su vez, se habrían diferenciado hace entre 8 y 10 millones de años como consecuencia de un acontecimiento tectónico, el hundimiento del valle del Rift y el levantamiento de su borde occidental; el lado este de África, más seco y más descubierto, se habría convertido en el de los prehumanos, y el lado oeste, más húmedo y más cubierto, en el de los Prechimpancés. En realidad, se sabe, sabemos, que, hace entre 8 y 10 millones de años, los ancestros comunes a los chimpancés y los humanos se escinden en dos poblaciones: una conduce a los prehumanos y después a los humanos; la otra, a los prechimpancés y después a los chimpancés. ¡Teníamos que haber estado separados en un momento dado, los chimpancés y nosotros, para que surgieran productos tan diferentes hoy!
Esta hipótesis, que defendí durante varios años, fue puesta en duda, con razón, a raíz de los descubrimientos de Michel Brunet en Chad, es decir en el oeste, descubrimientos de prehumanos de 7 millones de años de antigüedad. Ése es el juego de la ciencia y de la búsqueda de la verdad. Pero que esta hipótesis se ponga en duda por el descubrimiento de dientes de 550 000 años es otro problema y, en este caso, un grave error en la consideración del tiempo. ¿Cómo una hipótesis relativa a lo que ocurrió hace 810 millones de años puede aplicarse a algo que data de 550 000 años? Se trata, como mínimo, de una falta de discernimiento. La East Side Story es un acontecimiento; no es la historia de los diez últimos millones de años. Los habitantes tuvieron muchas ocasiones de cambiar durante este largo episodio. En Francia, por ejemplo, el pequeño jabalí que vive en el bosque amplía su territorio a la vez que se extiende el bosque; no se detiene en el lugar donde el bosque se detuvo el año anterior. Pues bien, lo mismo ocurre con el hábitat del chimpancé: ¡si su bosque se extiende, él también se extiende! Arqueología de chimpancés Los hombres no son los únicos que han dejado huellas de cultura que los arqueólogos explotan; los chimpancés también tienen ahora su arqueología. Y esto es totalmente extraordinario. Por supuesto, sabemos desde hace mucho tiempo que los chimpancés no solamente tienen una cultura, sino culturas. Los pequeños chimpancés de Tanzania, por ejemplo, extraen las termitas con ramas que preparan quitando las hojas que molestan. Los pequeños chimpancés de Senegal, por su parte, cortan con los dientes otras ramas para convertirlas en una especie de picos con los que masacran a los monos más pequeños, los gálagos, para comérselos. Sabemos también desde hace tiempo que los chimpancés de Costa de Marfil cascan las nueces con percutores de piedra e incluso a veces con percutores sobre yunques. Justamente en Costa de Marfil, las excavaciones realizadas en la selva de Tai por Christophe Boestsch, que estudiaba allí a los chimpancés, pusieron al descubierto niveles arqueológicos que parecen datar de hace 4 300 años. Y estos niveles arqueológicos contienen percutores comparables a los percutores de nueces de los chimpancés actuales. La materia prima, el granito, es también la que utilizan los chimpancés de hoy y no la que utilizan los hombres en esta región del mundo. Por otra parte, como estos percutores llevan a la vez marcas de percusión y marcas de almidón dejadas por las nueces que cascaban como llevan los percutores contemporáneos, es extremadamente posible que nos encontremos ante la primera arqueología de otro mamífero diferente al hombre. ¡Se piensa, pues, que no se trata de restos arqueológicos humanos, sino claramente de restos arqueológicos de chimpancés utilizados hace doscientas generaciones! Jane Goodall Jane Goodall estuvo recientemente en París con el objetivo de sensibilizar a la opinión pública francesa sobre la supervivencia supervivencia de los grandes monos. He participado en todos los festejos reservados a esta gran mujer. Una gran mujer que conozco, porque empezamos los dos, en los años sesenta, bajo la misma autoridad, la de Louis Leakey, el inmenso científico inglés de Kenia. Jane necesitaba selva para estudiar a sus monos, y yo sabanas para buscar mis huesos; Louis Leakey la instaló en Gombe y a mí en Olduvai, los dos en Tanzania. Después no nos encontramos muy a menudo… La idea de Jane era intentar salvar el hábitat de los grandes monos para salvar a la vez a los grandes monos y, con este objetivo, creó el Instituto Jane Goodall. El primer establecimiento vio la luz en California; fue en 1977. Después, una veintena de fundaciones, en diferentes países del mundo, completaron este primer esfuerzo, entre ellos el Instituto Jane Goodall Francia, creado en 2004, que ella venía a visitar por primera vez. Uno de los grandes descubrimientos de Jane Goodall fue ver, un día, a un chimpancé cortar y preparar la rama de un árbol para ir a pescar termitas en los agujeros de las termiteras. Era la primera vez que nos dábamos cuenta del hecho de que los grandes monos utilizan herramientas Cuando comunicó su observación a Louis Leakey, yo estaba con él y recuerdo que me dijo: “Es extraordinario porque o bien los monos deben integrarse en la categoría de hombres en la clasificación zoológica, o bien hay que revisar por completo la definición de hombre”. Y se puso a reír, porque adoraba este tipo de descubrimientos provocadores que trastornan un poco las formas de pensar. Jane también hizo, por descontado, otras numerosas observaciones. Por ejemplo, describió chimpancés que organizaban patrullas para vigilar su territorio contra la posible irrupción de los chimpancés vecinos. También vio en el momento de las primeras lluvias, chimpancés machos que se entregaban a una especie de danza delante de las hembras espectadoras, como un ritual a la gloria del “dios Agua” —seguramente voy demasiado lejos en la terminología, pero hay algo de este tipo. Este comportamiento, evidentemente, es inquietante y, sin embargo, si se reflexiona bien, ¿debe serlo? Después de todo, somos primos, esto es incontestable, y tenemos ancestros comunes de hace varios millones de años, lo cual es poco, geológicamente hablando; por lo tanto, es normal que nos parezcamos. Ni que decir tiene, el mérito de Jane Goodall fue observar todo esto por primera vez sobre el terreno y durante años. El genoma del chimpancé La revista Nature acaba de publicar la secuencia del genoma del chimpancé; evidentemente, es un acontecimiento de primerísima importancia. De primerísima importancia porque los seres actualmente más cercanos al hombre son los chimpancés. En efecto, compartimos con ellos un ancestro común, que situamos en África hace de 8 a 10 millones de años. Conocer el genoma del chimpancé es, por tanto, poder ver en qué se nos parece nuestro primo más cercano y en qué se diferencia de nosotros. Después del mapa genético del hombre, secuenciado en 2001, nos llega el del chimpancé. Ahora podemos compararlos leyendo los 3 000 millones de nucleótidos de cada uno: la molécula de adn, situada en el centro de cada célula, está formada por una sucesión de 3 000 millones de pequeños elementos. Secuenciar el genoma es conocer el orden con que se encadenan estos nucleótidos. Esta distribución es extremadamente importante, porque basta un nucleótido menos, o diferente, o colocado en otra parte, para que exista una verdadera diferencia, mutación o enfermedad genética. En la actualidad, ya se han observado unos 40 millones de diferencias. Más exactamente 35 millones y 5 millones de inserciones o deleciones. Evidentemente, sólo se trata de una primera lectura, un punto de partida para otras comparaciones. Queda todavía un largo trabajo para comprender mejor la implicación de cada nucleótido en estas diferentes funciones. Bipedismo arborícola Susannah Thorpe, de Birmingham, especialista en orangutanes, ha dado a conocer recientemente una observación que parece haber emocionado un poco a nuestra comunidad. La observación es interesante, pero la emoción me parece excesiva. En efecto, esta investigadora vio a unos orangutanes de Sumatra que se paseaban de pie sobre las ramas. Estos animales, que viven en la selva y que disponen de largos brazos, tienen más bien la costumbre de colgarse de rama en rama. Ella los vio enderezarse y pasearse de pie para poder utilizar las manos y recoger frutos; llama a esto, y es muy hermoso, un bipedismo arborícula asistido por las manos. Los ancestros de los orangutanes, primero arborícolas, habrían descendido después al suelo, antes de reconquistar el mundo de la selva. En realidad, hoy están adaptados a un cómodo arboricolismo. Todos los primeros prehumanos son probablemente bípedo arborícolas, pero, aunque continúan trepando a los árboles, no por ello dejan de ser bípedo y bípedo permanentes. Un bipedismo ocasional precedió al bipedismo de los prehumanos, ¿por qué no? Es posible que el arboricolismo preparara, en cierta manera, para el bipedismo. La observación es interesante; enriquece nuestra cultura sobre la historia del bipedismo, forzosamente más compleja de lo que se cree. Pero no cambia nada de nada. Los prehumanos siguen siendo los únicos primates caracterizados por un bipedismo permanente, a pesar de que, en los primeros millones de años de su historia, este bipedismo se asociaba a cierto arboricolismo (Orrorin Ardipithecus, Lucy).
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Fragmentos del libro
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como citar este artículo →
Coppens, Yves. (2013). Últimas noticias de la prehistoria, del ADN de los dinosaurios a las pinturas de Lascaux. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 156-158. [En línea]
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Hacer ciudad
Amanda de la Garza Mata
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La ciudad de México es una de las ciudades más complejas en términos de su tamaño y densidad poblacional, pero también en lo que se refiere a la actividad cultural y las interacciones sociales que en ella ocurren. Es en ese sentido que la pregunta acerca del fenómeno urbano sigue siendo vigente, aun cuando es necesario plantear nuevos enfoques o perspectivas al cuestionamiento sobre qué es la ciudad, cuáles son sus límites, quiénes son los actores que ayudan a conformar su entramado social, visual, vivencial. Habitamos una ciudad en donde el espacio es un territorio en constante disputa, sujeto a apropiaciones múltiples, y en donde la planificación estatal no ha logrado producir, en décadas, políticas urbanas que permitan la integración y el desarrollo social de la ciudad. Ahora bien, en el centro de la pregunta sobre quiénes intervienen en la construcción y edificación de las ciudades aparece la arquitectura. Así, nos planteamos en este proyecto producir un cruce que a primera vista parece relegado a otras épocas en la historia del país y de la ciudad de México e incluso en el pasado de la historia de la arquitectura en el siglo xx: las relaciones entre arquitectura y ciudad. Nos preguntamos lo siguiente: ¿cómo se construye y se “hace ciudad” desde la arquitectura actual? ¿Cuáles son las perspectivas que sostienen los arquitectos mexicanos, de diferentes generaciones pero en activo, sobre esta temática? En este documental conformado por entrevistas y recorridos con especialistas de diferentes ramos —arquitectos, investigadores en arquitectura y urbanistas— pretendemos dar cuenta de la manera en que se han tejido históricamente las relaciones entre arquitectura y espacio urbano, entre arquitectura y urbanismo, en el caso específico de la ciudad de México. Las cuatro preguntas que guiaron este proyecto son: ¿cómo se propuso esta relación (en el siglo xx, en particular bajo los preceptos de la arquitectura moderna en nuestro país)? ¿Cuáles fueron sus efectos sobre el espacio urbano y cuáles sus obras representativas? ¿Cómo se ha transformado dicha visión y cómo se plantea actualmente la problemática? ¿Cuáles son los retos actuales de la arquitectura y de los arquitectos frente al tema? Ciertamente, la visión de la arquitectura como proyecto social cayó en desuso ante el advenimiento de nuevas condiciones socio-históricas, tales como el debilitamiento del Estado y, en el ámbito arquitectónico, las teorías posmodernas en arquitectura. No obstante, consideramos que existe un resurgimiento en el medio arquitectónico local de una reflexión sobre el papel de la arquitectura en la construcción de las ciudades contemporáneas y, en particular de las ciudades latinoamericanas, la cual se da tanto en el nivel teórico como en el práctico. En el primero hay un replanteamiento del papel de los arquitectos en el espacio social, así como una distancia crítica frente a la historia de la arquitectura en México y a su estado actual, por ejemplo en temas tan relevantes como el de la vivienda urbana. En el segundo nos interesa explorar, tomando proyectos específicos, cómo se está reinterpretado la relación entre arquitectura y ciudad, y el concepto de “hacer ciudad” bajo diferentes modalidades: propuestas y proyectos que en su formulación den cuenta de tales reflexiones, obra específica que se haya desarrollado en los últimos años relacionada con las temáticas abordadas y obras que representen la antítesis de dichas aspiraciones. Pensamos la ciudad como una megalópolis cuyos límites son difusos, pero cuyo espacio se encuentra sumamente segmentado y segregado, lo cual da cuenta de la forma en que las dinámicas sociales tienen correlatos claros en el espacio urbano. Nos propusimos así establecer un recorrido narrativo y visual que comienza en los bordes de la ciudad, es decir, en las periferias, a fin de acercar al espectador a la lógica espacial de la ciudad y la constitución del espacio urbano, de tal suerte que pueda entender las múltiples redes, ramificaciones y entramados urbanos que conforman la ciudad de México. Esto es la base y el punto de partida desde el cual el espectador puede entender y contextualizar las reflexiones, perspectivas y proyectos específicos desarrollados en el ámbito arquitectónico. Al interrogarnos sobre la construcción y el hacer de la ciudad buscamos entender, difundir y dar conocer la manera como se conforma la identidad de la ciudad de México mediante tales gestos arquitectónicos y urbanísticos. ¿Qué es “hacer ciudad” hoy? ¿Quiénes están operando en la ciudad, en qué lugares, desde qué ideas y visiones? El documental Hacer ciudad parte de estas preguntas para efectuar una aproximación a una serie de proyectos desarrollados desde distintos planteamientos por arquitectos mexicanos, los cuales abordan el papel de la arquitectura frente a la ciudad de México, en tanto que espacio diverso y complejo, poniendo el acento en lo posible y en la utopía, en la búsqueda por mejorar las condiciones de vida de quienes habitan y se enfrentan a los problemas propios de esta megalópolis. Entrevistas, proyectos, recorridos por diferentes sitios van conformando una narrativa sobre la ciudad, como una forma de interrogarla, repensando también la arquitectura que la construye y conforma. Ciudad ilusoria Es una plataforma de investigación, producción y exhibición de proyectos audiovisuales relacionados con la ciudad de México que, desde diferentes perspectivas, propone una toma de postura frente a la ciudad, entendida como un amasijo de materializaciones, de espacio producido a partir de los anhelos, deseos e intereses de quienes colectiva e individualmente actúan desde diversas coordenadas en su construcción. La vía de acercamiento a estas subjetividades urbanas la constituyen conceptos tales como: recorrido, trayecto, memoria, historia oral, entrevista y observación. Todo ello desde una aproximación a la experiencia de la ciudad, a expensas del flujo y la plasticidad que permiten el registro, la documentación y creación audiovisual.
En términos temáticos, los proyectos específicos cruzan diversos ejes: la ciudad, la arquitectura mexicana y sus arquitectos (historia, pensamiento y emoción; urbanistas y arquitectos en su papel de constructores de la ciudad); la vida urbana y las formas de habitar. Estos proyectos logran dar cauce a una inquietud vivencial, subjetiva, que surge de la pregunta sobre el espacio urbano, de un extrañamiento ante la vida diaria, una duda que se posa sobre la manera como las relaciones sociales toman forma en el hecho arquitectónico.
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Amanda de la Garza Mata
Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), Universidad Nacional Autónoma de México.
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como citar este artículo →
De la Garza Mata, Amanda . (2013). Hacer ciudad. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 154-155. [En línea]
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| bibliofilia |
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Illustrated Dictionary
of Mycology
(Second Edition)
Miguel Ulloa
y Richard T. Hanlin
The American Phytopathological
Society Press, Minesota,
2012, 782 p.
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Una larga historia de trabajo académico va del Diccionario
ilustrado de micología de Miguel Ulloa, publicado en 1991, al recientemente aparecido Illustrated Dictionary of Mycology, escrito por el mismo autor en colaboración con Richard T. Hanlin.
El primer libro de micología a color, escrito en español, con un índice-glosario de 543 términos micológicos analizados etimológicamente, que contiene algunos términos ilustrados pero con las imágenes repartidas a todo lo largo del texto fue El Reino de los Hongos, publicado por Teófilo Herrera y Miguel Ulloa en 1990. En 1994 los mismos autores publicaron Etimología e iconografía de géneros de hongos, obra que analiza el verdadero significado de los 807 géneros que trata El Reino de los hongos, con la intención de que las dos obras se complementaran. Su principal aporte fue reunir la etimología comentada de cada nombre genérico, incluyendo el autor o autores del mismo, la cita bibliográfica original correspondiente a la descripción del género, las raíces griegas o latinas de las que haya derivado el nombre del género (en la mayoría de los casos ambas o, excepcionalmente, de otro lenguaje) y un breve comentario acerca de la etimología o verdadero significado del nombre, ya que puede estar relacionado con alguna característica biológica del organismo, sea morfológica, fisiológica o ecológica, con su modo de vida, su hábitat o alguna otra peculiaridad que lo distinga. Algunos nombres genéricos están dedicados a una persona o derivan del lugar de procedencia del hongo descrito; además, se incluyen ciertos datos descriptivos o sobre otros aspectos de la biología en la diagnosis de cada género. La obra tiene las ilustraciones en blanco y negro (fotografías y dibujos) de todos los géneros. En 2000, Miguel Ulloa y Richard T. Hanlin publicaron el Illustrated Dictionary of Mycology (aps press), y en febrero de 2006 salió publicado el Nuevo diccionario ilustrado de micología, de 672 páginas, con el análisis de casi 5 000 términos técnicos y 1 766 ilustraciones en blanco y negro. El primero, al igual que la edicion en español de 1991, tiene el equivalente inglés en cada término más un vocabulario españolinglés extenso y una lista de 1 100 especies fúngicas ilustradas con fotografías y dibujos. Enseguida se buscó elaborar un nuevo diccionario actualizado y ampliado en su texto, que se llamaría como el anterior, Illustrated Dictionary of Mycology Second Edition. Con el fin de ayudar a los usuarios de este diccionario se ubicaron los taxa de hongos utilizando el esquema de la clasificación de Alexopoulos y colaboradores publicado en 1996 en un libro de texto empleado en la enseñanza de la micología, pero tal y como fue modificado por Miguel Ulloa y Richard T. Hanlin en su obra anterior, usando los referentes de Hawksworth y colaboradores de 1999 y de Kirk y colaboradores de 2001. En el proceso de escritura aparecieron dos nuevos libros micológicos que tuvieron una fuerte influencia en la sistemática de los hongos: Fungal Families of the World, de Cannon y Kirk (2007), que es un compañero visual del diccionario de los hongos, y la décima edición del Dictionary of the Fungi, de Kirk y colaboradores (2008). Ambas tienen como base las nuevas investigaciones sobre la estructura y la ultraestructura de los hongos, además de los caracteres moleculares a partir de los cuales se considera que los previos sistemas de clasificación son obsoletos (incluyendo el esquema de Alexopoulos y colaboradores modificado por Ulloa y Hanlin). Dichas obras contenían varios grupos en una clasificación artificial con sus especies arregladas en taxa no naturales y heterogéneos como, por ejemplo, los Blastomycetes, Hyphomycetes, Coelomycetes (Deuteromycetes), Plectomycetes, Pyrenomycetes, Discomycetes, Loculoascomycetes (Ascomycota), Hymenomycetes y Gasteromycetes (Basidiomycota). Tomando todo esto en cuenta, y para que la clasificación de los hongos estuviera más actualizada, Ulloa y Hanlin elaboraron más de cincuenta entradas nuevas, así como varias correcciones taxonómicas que tuvieran que ver con los nombres de los taxa fúngicos y con los microorganismos parecidos a los hongos que sufrieron cambios en su posición, integrando los nombres para presentar sus etimologías, sus definiciones y los usos en micología. Pueden verse así los principales cambios en órdenes, clases y phyla de tres reinos: Fungi, Stramenopila y Protista, que mudaron a Chromista y Protozoa con los concurrentes cambios de los nombres de los taxa. En Protozoa los nombres de los taxa tienen las terminaciones usadas en la taxonomía zoológica, por ejemplo, Acrasida (Acrasiales), Protostelida (Protosteliales) y Physarida (Physarales). El Illustrated Dictionary of Mycology, Second Edition está más y mejor ilustrado, con 2 708 imágenes a color de términos técnicos —que es el mismo número de los nombres científicos de hongos de la lista que contiene el libro—, de las cuales 2 036 son fotografías (909 de Ulloa y 237 de Hanlin) y 672 dibujos, todos hechos por el primero. Muchos de los conceptos y de las ilustraciones incorporadas en el libro derivaron de variados proyectos en la ciencia micológica, por lo que representa más de cuatro décadas de enseñanza e investigación de ambos autores. Si bien en el periodo de 1991 a 2011 éstos se dedicaron a realizar otras actividades de enseñanza e investigación, el plan de hacer un diccionario de esta naturaleza no dejó de ser lo más importante desde el punto de vista académico. Los nombres de los términos seguidos por un asterisco representan las nuevas ilustraciones (1 001), en comparación con su edición en español de 2006. Esta segunda edición tiene, por lo tanto, 1 386 ilustraciones adicionales, más del doble en comparación con la primera edición en inglés, que tiene 1 322 en blanco y negro. Este aporte visual resultó muy importante porque todas las imágenes se vivificaron. El Appendix, que tiene un cuadro comparativo de los sistemas de clasificación de los hongos, tomó en cuenta que el propósito general del diccionario no es taxonómico. Con fines didácticos se hizo una comparación, hasta el nivel de orden, entre los sistemas de clasificación de los hongos (reino Fungi) y de los microorganismos parecidos a hongos (reinos Chromista y Protozoa) y el sistema de Kirk y colaboradores, la cual no está completamente actualizada debido a los frecuentes cambios taxonómicos que ocurren en la sistemática de los hongos, basados principalmente en caracteres moleculares; aun así puede ser útil para ubicar los taxa incluidos en el nuevo libro. La meta en micología es llegar a una clasificación filogenética de los hongos, tal y como se está haciendo en otras especialidades de las ciencias biológicas. Con 782 páginas y 83 referencias bibliográficas que abarcan diccionarios y otros libros de consulta, así como libros de texto y artículos de investigación, el diccionario es un tratado de referencia del inmenso mundo macro y microscópico de los hongos. Prepararlo y editarlo llevó alrededor de seis años de trabajo, y se puede decir que es más que un diccionario de hongos, ya que tiene una riqueza enorme en el cuerpo de las ilustraciones que complementan las definiciones de los términos. Su finalidad es que sea útil para micólogos, fitopatólogos, microbiólogos, médicos y biotecnólogos, al igual que para investigadores, profesores y estudiantes de nivel superior de cualquier área. Con los adelantos tecnológicos que estamos viviendo, y por los requisitos que exigen las editoriales modernas, la elaboración y publicación de un nuevo libro como éste es una tarea grande y complicada, que consume mucho tiempo por las tantas dificultades que ello entraña e implicó un esfuerzo de ambos autores y también, parcialmente, de los editores de la misma. En este sentido es importante mencionar la valiosa ayuda de Samuel Aguilar, quien tiene la experiencia y las aptitudes necesarias para este trabajo técnico, los cambios necesarios para las varias formaciones de todo el libro, al igual que la ayuda de Elvira Aguirre Acosta. Al apreciar los frutos obtenidos, los autores se sienten orgullosos por el alto nivel alcanzado con la publicación de esta obra. Nuestra mayor satisfacción es que la parte del texto esté indisolublemente ligada con el cuerpo de las ilustraciones (palabra-imagen), que es la dualidad del lenguaje científico, ya que cada entrada y cada imagen tienen una historia que contar. En suma, fue una experiencia sobresaliente, grande y ardua, que requirió un trabajo particularmente minucioso y lleno de numerosos detalles exigidos por la preparación del texto y las imágenes.
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Miguel Ulloa
Instituto de Biología, Universidad Nacional Autónoma de México. |
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como citar este artículo →
Ulloa, Miguel y Richard T. Hanlin. (2013). lllustrated Dictonary of Mycology Second Edition. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 146-147. [En línea]
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| del mar |
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La investigación
a la orilla del mar,
la UNAM llega
a SISAL
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Xavier Chiappa Carrara
y Patricia Guadarrama Chávez
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Sisal es un pueblo costero que fue habitado por poblaciones prehispánicas mayas según consta en el códice de Calkiní; a partir de la conquista comienza su actividad portuaria, la cual alcanza reconocimiento importante por la cantidad de barcos internacionales y gente importante que transitaban por su puerto, como lo describe Sabina Berman: “lo primero en Sisal es su muelle. El que recibió a la emperatriz Carlota cuando arribó a México en 1865. Un muelle digno del arribo de una emperatriz y su cortejo: una calzada de diez metros de ancho flanqueada de columnas dóricas blancas que se adentra en un mar de siete tonos de azul”. Pero en 1870 se abre el puerto de Progreso y, dada su cercanía a la ciudad de Mérida, con ello comienza el olvido y la decadencia de Sisal. En ese sitio, en 2004 se fundó la primera de una serie de sedes foráneas con las que ahora cuenta la Facultad de Ciencias y que se denominan como unidades multidisciplinarias de docencia e investigación (UMDI). La visión que se tuvo para el desarrollo de la umdiSisal partía de la idea central de que el uso adecuado de los recursos naturales debe estar basado en un aprovechamiento sostenible en el tiempo. Sin esta consideración, la explotación de los recursos bióticos puede generar utilidades económicas y sociales, pero carece de verosimilitud biológica. En este proyecto se considera que las necesidades de un grupo social y la cantidad de recursos que puede ser extraída del ambiente son dos elementos clave que deben de ser considerados para aprovechar los recursos en el marco del desarrollo sostenible. Esta idea también implica aprovechar, preservar y restaurar los recursos naturales de manera tal, que dichas acciones sean compatibles con la obtención de beneficios económicos mediante un esquema que involucre a la sociedad en la conservación de los ecosistemas. En el año 2007, la diversificación de temas de investigación constituía un atractor importante para que estudiantes de posgrado buscaran en Sisal opciones de formación especializada, puesto que se generaban nuevos conocimientos desde la perspectiva de las disciplinas de la física, química, biología y ecología. En aquel momento, las instalaciones, el equipamiento de los laboratorios y áreas experimentales, así como las posibilidades de realizar trabajo de campo en distintos ambientes costeros y el creciente número y calidad del personal académico adscrito a las unidades de la unam en Yucatán, fueron factores que permitieron que dicho campus fuese considerado una de las sedes foráneas del programa de posgrado en Ciencias del Mar y Limnología. Innovaciones como los sistemas sustentables de cultivo de camarones (Farfantepenaeus duorarum, Litopenaeus vannamei y F. brasiliensis) mediante biofloc para engorda directa, los sistemas cerrados de circulación para la maduración de camarones peneidos (F. duorarum y L. vannamei), así como los estudios fisiológicos y nutricionales que acompañan la engorda del camarón blanco en agua dulce y los trabajos sobre la condición inmunológica de otros modelos de estudio, como los peces y los moluscos, han permitido la creación de un plan de estudios de especialización en acuacultura que se impartirá en colaboración con la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la misma UNAM. El ámbito de los estudios oceanográficos que se realizan en la UMDISisal abarca desde el límite que impone la tierra a la penetración del agua marina hasta el borde de la extensa plataforma continental de Yucatán, sobre la cual fluye una corriente costera que sólo recientemente ha podido ser descrita. Su origen está en las aguas subsuperficiales de la corriente de Yucatán y, de mayo a julio, lleva aguas frías y poco saladas hasta los límites con el estado de Campeche. Otra corriente, que se origina frente a las costas de Sisal, fluye por gravedad hacia la plataforma continental. Ambas crean un sistema que genera un ambiente con características particulares y distintivas tanto de la columna de agua como del sustrato que, a su vez, determinan los parámetros ecológicos y pesqueros gracias a los cuales ha sido posible identificar tanto regiones prioritarias de conservación como la zonación de las dos áreas naturales protegidas que se ubican en los límites del terreno que ocupa la unam en Sisal. El ámbito geográfico del pulpo rojo (Octopus maya) parece estar limitado por las bajas temperaturas estivales que caracterizan la presencia de estas corrientes litorales. Los mecanismos adaptativos que despliega para enfrentar tal conjunto particular de condiciones esta especie sujeta a una intensa explotación pesquera, la convierten en un indicador del cambio en la temperatura del mar. La corriente litoral arrastra consigo grandes masas de agua desde la zona de la surgencia, en las cercanías de Cabo Catoche, hasta el Golfo de México; son aguas ricas en nutrimentos, mismos que se añaden a las del acuífero de Yucatán, el segundo más importante del país, conforme éste entra en contacto con el mar en la costa norte de la península y aporta compuestos que provienen de las actividades agrícolas, pecuarias, urbanas e industriales que se filtran a través de la roca calcárea hasta el manto de agua. Dadas ciertas condiciones climatológicas y oceanográficas, algunas algas tóxicas o nocivas encuentran el medio propicio para florecer generando las mareas rojas que, en los últimos años, se suceden con creciente frecuencia. Para describir la interacción del mar con sus fronteras se requiere entender el conjunto de procesos físicos que ocurren en tales zonas de transición, medir sus impactos relativos y modelar sus relaciones para predecir efectos como los del cambio climático global. En 2010 se concretó la posibilidad de integrar a la visión de trabajo multidisciplinario con el que se originó la UMDISisal a un grupo de trabajo del Instituto de Ingeniería de la unam, cuyos intereses académicos abarcan temas relacionados con la hidrodinámica y morfodinámica de la costa, así como su vulnerabilidad ante fenómenos hidrometeorológicos que ocurren con más intensidad y frecuencia temporal, el transporte de sedimentos y la caracterización del clima oceánico. Los estudios de la interacción tierramar se han planteado a diferentes escalas en el espacio y en el tiempo, lo que permite combinar observaciones realizadas en el campo con rigurosos experimentos de laboratorio que podrán llevarse a cabo en un canal de oleaje. Gracias a tales estudios será posible tener propuestas de solución al desequilibrio físico presente en algunas secciones de la costa yucateca que provocan intensos eventos de erosión. Los programas de monitoreo ambiental y ecológico han permitido describir el uso que decenas de especies de peces arrecifales hacen del complejo sistema de rías, lagunas y humedales que utilizan como zona de refugio ante eventos catastróficos como las mareas rojas. Dichos estudios aportan información para actualizar el inventario de la biodiversidad del sureste, generando además bancos de adn y colecciones regionales de referencia tanto de especímenes como de fotografías tomadas en fresco que han permitido incursionar en temas como el de la generación de modelos en tres dimensiones de algunos organismos y el desarrollo de claves dicotómicas interactivas en línea. En estos ambientes extremos se están caracterizando genéticamente los consorcios microbianos productores de exopolisacáridos que habitan en sitios hipersalinos. El futuro de una comunidad académica comprometida con el desarrollo sostenible tendrá que tener un carácter multidisciplinario y multiinstitucional. Temas como el acoplamiento de los procesos físicos, químicos, biológicos y sociales que ocurren en la costa son los que permiten obtener resultados con el impacto que buscamos para consolidar el proyecto académico del campus Sisal y, para lograrlo, es indispensable que los esfuerzos sean concurrentes. La participación en redes temáticas de colaboración ha resultado ser una manera de articular los esfuerzos de distintas personas e instituciones para abordar problemas específicos, aglutinando los expertos con los que cuenta el país, y generar así proyectos de gran envergadura para favorecer el desarrollo sustentable. |
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Referencias bibliográficas http://www.sisal.unam.mx |
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Xavier Chiappa Carrara y
Patricia Guadarrama Chávez Facultad de Ciencias, Unidad Multidisciplinaria de Docencia
e Investigación SISAL,
Universidad Nacional Autónoma de México. |
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como citar este artículo →
Chiappa Carrara, Xavier y Patricia Guadarrama Chávez. La investigación a la orilla del mar, la UNAM llega a Sisal. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 132-135. [En línea] |
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| de flujos y reflujos |
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| Del calor y el frío
Ramón Peralta y Fabi
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El frío que “se mete” por la ventana o el que “se sale” del
refrigerador, el calor “que hace” y aquel desafortunado que “se pierde” reflejan parte de nuestra forma de hablar, de nuestra intuición y del folclor científico cotidiano.
Sobresalen el uso de términos de manera suelta y poco precisa, las experiencias y apariencias de lo que percibimos y las “enseñanzas” familiares. Esto ocurre con múltiples términos, como energía, número y vida; lo que es cada una de éstas es tema de la reflexión y debate de los profesionales, pero también son palabras que hemos hecho nuestras y con el uso les hemos cambiado el significado o simplemente representan ideas poco claras. ¿Es la luz un átomo o un virus?, son preguntas sencillas cuyas respuestas pueden dar los expertos, con salvedades, aclaraciones y precisiones varias. Dos aspectos sobre el calor son esenciales. Primero, es una forma de “energía”. Segundo, es energía en tránsito debido, “exclusivamente”, a una diferencia de temperaturas. De hecho, no hay nada más; sólo que ahora es necesario precisar tres conceptos: energía, su transferencia y su temperatura. Comencemos por esta última. Se dice que la temperatura es la que miden los termómetros; aclaremos. A un objeto o sistema que aislamos por completo —cosa imposible, salvo en forma aproximada— le pasan una de dos cosas: se queda como estaba al aislarlo, cual si estuviera congelado, o evoluciona hacia un nuevo estado y se queda en él. En el primer caso decimos que estaba en equilibrio y etiquetamos a ese estado con un número, al que llamamos temperatura. Para comparar el estado de equilibrio de una galleta con el de una piedra volcánica, los acercamos y vemos si hay cambios. Si no los hay, tienen la misma temperatura. Si los hay, ambos cambian a un nuevo estado, igualando su temperatura. El más frío se calienta y el caliente se enfría, siempre y sin excepción, alcanzando una temperatura que estará entre las dos originales y dependerá del tamaño de cada objeto, entre otras cosas. Pareciera que algo tiene el caliente y lo cede al otro, conservándose ese algo. No en balde, hasta el primer cuarto del siglo xix, se imaginaba al calor como un fluido indestructible que pasaba de unos cuerpos a otros, aumentando o bajando las temperaturas; se le llamaba “calórico”. Este fluido hipotético explicaba muchas cosas. Unos cuerpos cedían calórico fácilmente —conductores— y otros se resistían a cederlo, los aislantes. Sólo había que llevar las cuentas de cuánto circulaba. Al igual que el agua en vasos comunicantes, se equilibraba impecablemente. Todos contentos. Para comparar temperaturas se construyeron instrumentos que asociaran números a distintos estados de equilibrio; al cambiar la temperatura, el aparato debía exhibirlo claramente, por ejemplo, expandiéndose, cambiando de color o diciendo “esto quema” o “está muy frío”. Como las personas haciendo esto último son poco confiables en su repetibilidad y pueden dañarse innecesariamente, se han inventado los más variados métodos. Uno muy conocido está basado en que el mercurio, que es un metal líquido a temperatura ambiente, se dilata mucho y fácilmente al subir su temperatura; metido en un capilar, se puede apreciar cómo se “alarga” al calentarlo (miden la calentura en las personas). Luego, se definen “patrones”, como el minuto para el tiempo o las leguas para la distancia. Se asignó el número 100 al estado en el que el vapor del agua se condensa, al nivel del mar, y 0 al que corresponde al hielo en equilibrio con aire saturado; el intervalo se dividió en cien unidades y se les llamó grados Celsius o centígrados: °C. En realidad las cosas son más elaboradas y profundas. Existe una escala universal, científica, que asigna a la temperatura más baja posible en la naturaleza, el cero “absoluto” (cero grados Kelvin o 0°, sin más decoración). En esta escala el agua entra en ebullición a 373.16 °K y, por supuesto, no puede haber temperaturas negativas. Salvo por necedad, ya no se usan las otras escalas, como Fahrenheit, Réaumur, Rømer o Rankine. Volviendo al calórico, había que averiguar cuánto podía absorber cada cuerpo y qué características tenía; ¿es transparente, ligero, viscoso o tóxico?, ¿de qué está hecho?, y más preguntas simples. Y se empezó a buscar respuestas con experimentos y modelos sobre lo que podía o no hacer este escurridizo fluido. Aunque parecía explicar las observaciones del fenómeno térmico, amplias y diversas, el huidizo material eludió todo intento por ser caracterizado. Su antecesor fue el “flogisto” y su sucesor el “éter”, todos ellos difuntos ahora, como sus autores; si no se le puede medir nada es porque tal vez no existe. Al avanzar el siglo xix, la existencia del calórico fue paulatinamente sustituida por una teoría ondulatoria, en la que el éter, que parecía llenar y permear todo, era excitado y generaba (o compartía) el movimiento de las partículas que formaban a cada material. Calor y movimiento se vincularon estrechamente y, más tarde, se reconocería que eran formas distintas de la energía. El huidizo material pudo así ser olvidado. Y ¿qué es la energía? Pues… es “algo” que se conserva. Si un objeto se mueve, tiene energía de movimiento, llamada cinética. Si el objeto está a cierta distancia de otro objeto, por ejemplo, a una altura sobre la superficie terrestre, tiene energía potencial gravitacional. Si el objeto se suelta, empieza a caer y a moverse cada vez más rápido, adquiriendo energía cinética y perdiendo potencial, pero de modo tal que la suma se conserva. Si hay fricción, un objeto en movimiento eventualmente se detiene, pero se calienta, lo que se verifica al medir su nueva temperatura. La energía cinética se convirtió en energía interna. Un objeto cae sobre un resorte y lo comprime, deteniéndose momentáneamente. La energía cinética se ha convertido en energía potencial elástica; luego el resorte se estira, lanzando al objeto, que sale con la velocidad que llegó (casi), pero no del todo, porque algo queda como energía interna en el resorte y el objeto al haberse disipado una pequeña fracción de la energía cinética inicial. Cada forma de la energía tiene una expresión específica que permite cuantificarla; el reto ha sido hallar expresiones. Por ejemplo: la energía cinética de un objeto es el producto de su velocidad (4.0 km/hr, digamos) por su masa (supongamos 3.0 kg) y dividido entre 2: 4.0 × 3.0/2 = 6.0 lo cual, en unidades adecuadas, serían kilojulios (kJ). Hasta ahora, siempre se ha podido contabilizar la energía, dando pie al principio más sólido de toda la física: la “conservación de la energía”, ¡aunque ese “algo” no se sepa qué es! A veces es calor, es movimiento, y otras es potencial químico o elástico, entre muchas otras formas. Resumiendo, cuando dos objetos están a temperaturas diferentes y se permite el “contacto”, entendido como la posibilidad de intercambiar energía, lo harán hasta alcanzar un estado común de temperatura intermedia. El flujo de energía del Sol a la Tierra, el calor en forma de radiación que llega, se debe a que el primero tiene una temperatura de cerca de 5 900 °K en su superficie, muchísimo mayor que la de la Tierra, que también emite calor. La Luna en cambio, a veces está más fría y a veces más caliente que la Tierra, por lo que el calor a veces va y a veces viene. |
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Ramón Peralta y Fabi
Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México
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Peralta y Fabi, Ramón. (2013). Del calor y el frío. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 116-118. [En línea]
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| de la red |
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| ¡Felicidades a CONABIO!
Patricia Magaña Rueda
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Resulta gozoso celebrar en México las cosas que salen bien,
más aún si se trata de proyectos que dependen de instancias gubernamentales porque con frecuencia la gran cantidad de problemas que vivimos cotidianamente nos lleva al pesimismo. La celebración de los veinte años de existencia de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (conabio) significan un feliz acontecimiento y el ejemplo de una buena decisión para conocer y cuidar los recursos que son de todos los mexicanos.
Cada día un mayor número de personas en el mundo reconoce que los elementos de su entorno natural significan una enorme riqueza, tanto material como espiritual. Afortunadamente, y en forma significativa, México ha ido avanzando en esa valoración gracias a la labor científica de especialistas y al impulso de comunidades enteras, personas e instituciones. Nuestro país es uno de los lugares en el mundo con mayor diversidad biológica. Se calcula que entre 8 y 10% de las especies de animales vertebrados terrestres y plantas conocidas se encuentran en el territorio mexicano, esto es, alrededor de 750 mil organismos (independientemente de las bacterias), o sea una de cada diez especies registradas. Unido a esto, los distintos pueblos indígenas del país han generado una gran variedad de plantas cultivadas que representan el sustento alimentario de muchos países, tal como ocurre con el maíz. Hace más de veinte años (puede afirmarse que décadas y siglos atrás) se inició el conocimiento de la variedad de especies de México. Así que para 1992, año de creación de la conabio, ya había inventarios y catálogos, pero gran parte de este acervo estaba disperso en instituciones de investigación. Con una atinada dirección, la Comisión ha avanzado en la recopilación de listados y en conformar bases de datos con información de los ecosistemas, además de abordar una serie de temas alrededor de la naturaleza y ponerlos al alcance de los profesionales interesados en tales tópicos, así como de los ciudadanos en general, que pueden aprovechar esa información con sólo consultar su sitio en la red (www.conabio.gob.mx). Como parte de los festejos se llevó a cabo la “2ª. Semana de la Diversidad Biológica” en agosto y septiembre de 2012. Se efectuó una ceremonia en la residencia oficial de Los Pinos, donde el Presidente de la República entregó reconocimientos a los impulsores de la conabio, mexicanos y extranjeros, entre los que se destacan Jerzy Rzedowski, Gonzalo Halfter, Arturo GómezPompa, Peter Raven y el muy apreciado por nuestra revista Ciencias, Jorge Soberón. La ceremonia completa se encuentra en la red (www.youtube.com/watch?v=n NkN3cVqdw&feature=related). Además, se llevó a cabo una serie de conferencias, exposiciones y talleres en la Biblioteca Vasconcelos. En su charla, Peter Raven, uno de los científicos más reconocidos a nivel mundial en el área biológica, afirmo que la conabio es la “organización más importante y exitosa en el estudio de la diversidad biológica en el mundo”. El Dr. Raven, que forma parte del grupo de asesores de la conabio, afirmó que: “el problema es cómo, en grupo, podemos administrar el mundo del que formamos parte todos, así como sus activos, para ser verdaderamente sustentables, productivos y salvar tanta diversidad. Entre las recomendaciones de futuro de este grupo asesor están: involucrar cada vez más a la sociedad haciendo una ciencia de los ciudadanos en los temas de la biodiversidad y llenar bases de datos a partir de la observación de las personas; reconocer el conocimiento tradicional; pensar cómo acercarse a los temas publicitarios; involucrarse cada vez más en los estudios de cambio climático y capitalizar el interés de quienes hacen negocios en la búsqueda por conformar un mundo más sustentable (www.youtube.com/watch?v=vkfU9oFzWg0&feature=relmfu). Para conocer el trabajo de la conabio puede consultarse su portal, el cual, en palabras de José Sarukhán, quien preside la Comisión, tiene un registro de 155 mil visitantes exclusivos por mes. En los dos últimos años, un millón doscientos mil archivos han sido bajados solamente del “Geoportal”, con el propósito de consultar, por ejemplo, los mapas. Se puede, además, echar un vistazo a la revista Biodiversitas, así como a una gran cantidad de publicaciones descargables, y revisar incluso un herbario virtual. Siempre es ilustrativo y aleccionador escuchar las palabras del Dr. Sarukhán. En un video que puede consultarse en la red, el célebre ecólogo afirma que es fundamental “sensibilizar y socializar la belleza de la biodiversidad y que somos parte de ella, ya que compartimos genes con todas las especies […] seguir en el esfuerzo por impulsar en la sociedad urbana su apreciación de la naturaleza porque dependemos de ella, la tenemos que cuidar y exigir que se cuide […] además de generar una nueva relación entre las personas de la ciudad y su entorno” (www.youtube.com/watch?v=xnxiP2CI_c&feature= related). La conabio es un ejemplo de difusión del conocimiento, central para el trabajo de investigación, pero además es particularmente activa en la labor de divulgación, que busca permitir la apropiación del conocimiento por todos los ciudadanos ya que, finalmente, son ellos quienes sostienen la investigación de las instituciones públicas. El portal de la Comisión cuenta con secciones que permiten consultar la magnífica obra Capital natural de México. Síntesis. Conocimiento actual, evaluación y perspectivas de sustentabilidad conformada por cinco volúmenes: I. Conocimiento actual de la biodiversidad; II. Estado de conservación y tendencias de cambio; III. Políticas públicas y perspectivas de sustentabilidad; IV. Capacidades humanas, institucionales y financieras, y V. Escenarios futuros.
Además posee una buena colección fotográfica y la magníficamente elaborada sección “Biodiversidad Mexicana”, con una página especial, muy bien explicada, para niños.
Algunas de las conferencias y videos de las celebraciones del veinte aniversario pueden consultarse en la red (www.biodiversidad.gob.mx/Difusion/sdb_2012.html).
Por lo alcanzado, y por todo lo que vendrá, desde la revista Ciencias deseamos ¡larga vida a la Conabio!
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Patricia Magaña Rueda
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
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como citar este artículo →
Magaña Rueda, Patricia. (2013). ¡Felicidades a CONABIO! Ciencias 107-1028, julio 2012-febrero 2013, 100-101. [En línea]
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| El río Joao Cabral de Melo Neto
Poeta y diplomático brasileño (1920 - 1999).
Traducción
César Carrillo Trueba |
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Joao Cabral de Melo Neto (1920 - 1999)
Traducción
Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de MéxicoCésar Carrillo Trueba |
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Cabral De Melo Neto, João. (2013). El río. Cabral De Melo Neto, João. Traducción: César Carrillo Trueba. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 86-89. [En línea]
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| de la física |
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La luminiscencia de
los depósitos fluviales
secreto guardado en los granos minerales
Esperanza Muñoz Salinas
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La luminiscencia es un efecto óptico descrito por la Real
Academia de la Lengua Española como: “propiedad de despedir luz sin elevación de temperatura y visible casi sólo en la oscuridad, como la que se observa en las luciérnagas, en las maderas y en los pescados putrefactos, en minerales de uranio y en varios sulfuros metálicos”. Es resultado de distintos procesos que en algunos casos obedecen a consecuencias biológicas, como ocurre en las luciérnagas y, en otros, a fenómenos fisicoquímicos como la radiactividad —ejemplo de ello es la radiación natural en los granos minerales de uranio—, que es el que aquí trataremos.
La radioactividad fue descubierta en forma accidental en el uranio por Henri Becquerel en 1896. Posteriormente, las investigaciones de Pierre y Marie Curie, asesoradas por él, mostraron el mismo efecto en el polonio y el radio, por lo que dieron el nombre de radiactividad al efecto descubierto por su maestro. Pero, ¿qué es la radiactividad? Es frecuente escuchar hablar de este fenómeno por sus muchas aplicaciones en la actualidad, algunas de las cuales han desencadenado tragedias como las catástrofes en las centrales nucleares de Chernobyl en 1986 y en Fukushima en 2011, así como las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. No obstante, la radiactividad está presente en prácticas que constituyen un beneficio para el ser humano, como las aplicaciones médicas orientadas a la curación del cáncer (la radioterapia), la esterilización de cierto tipo de alimentos y la obtención de energía eléctrica, entre otras. A pesar de que el descubrimiento de la radiactividad es algo reciente, ésta existe desde el inicio del universo. En la Tierra, como también ocurre en otros planetas, la radioactividad se relaciona con elementos químicos inestables que generan radiación de manera natural. Sabemos que un elemento químico es igual a un átomo y que éste se compone de un número determinado de protones y neutrones presentes en el núcleo y de electrones que orbitan alrededor de éste. El número de protones de un átomo se llama número atómico, y es el que define el nombre del elemento químico en la tabla periódica. En principio, la mayoría de los átomos tienden a contener el mismo número de neutrones que de protones en el núcleo, por lo que hay un equilibrio. Sin embargo, en algunos casos el número de neutrones no es igual al de protones, lo cual produce un isótopo que puede ser inestable, ya que el núcleo no se encuentra en equilibrio y, por ello, se somete a un proceso de cambio que supone la pérdida de uno o más neutrones o protones, hasta convertirse en un elemento estable. Todo lo que conlleva una ruptura de los enlaces atómicos, conocida como fisión nuclear, libera una gran cantidad de energía, la cual es emitida de manera constante hasta que el núcleo atómico quede en equilibrio. Esto supone la emanación de tres posibles tipos de rayos, conocidos como alfa, beta y gamma. Los rayos alfa están compuestos de un núcleo de helio con dos protones y dos neutrones, que recorren tan sólo algunos centímetros desde su lugar de emisión y pueden quedar atrapados fácilmente en una superficie de papel, de tela o en la piel. Los rayos beta están compuestos por un electrón y tienen un alcance de varios metros y, por ser más ligeros que los alfa, pueden atravesar las superficies que dejan atrapados a los núcleos de helio pero son detenidos en superficies de aluminio. Los rayos gamma no tienen masa y son una emanación electromagnética, son muy energéticos y pueden desplazarse hasta varios cientos de metros y atravesar gran cantidad de cuerpos, pero quedan confinados en superficies de alta densidad como las de plomo de más de un centímetro de grosor. Por tanto, la radiactividad es un fenómeno fisicoquímico mediante el cual se irradia energía desde un núcleo atómico. La luminiscencia Los resultados de la irradiación son diversos, por ejemplo, los rayos gamma son capaces de ionizar los electrones dentro de un átomo, es decir de movilizarlos de su órbita habitual hacia una de mayor energía. Cuando los átomos se unen químicamente con otros en enlaces covalentes —en los cuales uno o varios electrones son compartidos por dos o más átomos—, se habla de minerales semiconductores; cuando éstos son expuestos a una radiación ionizante puede provocar la movilización de ciertos electrones de la banda de valencia (región cercana a los núcleos de los átomos) a la de conducción (región más alejada de los núcleos, donde los electrones tienen cierta libertad para desplazarse), en la cual puede existir imperfecciones dentro de la red cristalina y algunos electrones quedar atrapados en tales espacios. Cuando los electrones almacenados en espacios más energéticos a su posición habitual son estimulados mediante la radiación electromagnética dentro del espectro visible, pueden retornar a sus órbitas habituales. En el caso de los enlaces químicos en semiconductores, los electrones pueden abandonar las imperfecciones localizadas en la banda de conducción y reintegrarse a la de valencia. En ambos casos, el retorno conlleva una pérdida de energía, que se compensa con la emisión de fotones que producen un haz de luz. Así, la irradiación ionizante procedente de la radiactividad natural que tiene lugar en los suelos por isótopos de uranio, torio y potasio genera que ciertos electrones se desplacen a imperfecciones de la red cristalina como semiconductores, que es el caso de los granos minerales de cuarzo. De esta manera, cuando los granos de cuarzo son expuestos a la luz solar, emiten fotones, y en este fenómeno se basa la luminiscencia que tiene lugar en los granos minerales. El cuarzo es el mineral más extendido sobre la superficie terrestre, y es por ello que los ríos desplazan este mineral. La dureza del cuarzo lo hace resistente a la alteración mecánica y sus cualidades como semiconductor permiten que sea sólido a la modificación química. De esta manera, los granos de cuarzo están habitualmente presentes en los depósitos abandonados por los ríos tanto en sus cursos alto, medio y bajo, en donde es frecuente la existencia de isótopos de uranio, torio y potasio en mayor o menor proporción. Como resultado de la radiación ionizante producto de la radioactividad natural existente en los depósitos fluviales, los granos de cuarzo acumulan energía mediante la movilización de sus electrones a la banda de conducción, la cual será cada vez mayor si el grano de cuarzo no recibe luz solar o, en otras palabras, mientras el grano de cuarzo se encuentre enterrado. Así, el número de electrones atrapados en la banda de conducción guarda una relación directa con la radiactividad a la que ha sido expuesto el grano mineral. Por lo tanto, si se calcula, por una parte, la radioactividad en un depósito y, por otra, la cantidad de electrones atrapados en la banda de conducción en los granos de cuarzo, se puede estimar el tiempo que lleva el sedimento enterrado, de lo cual se puede obtener una edad del depósito. A fin de conocer la cantidad de electrones atrapados en la banda de conducción, los granos de cuarzo se mantienen en la oscuridad desde su lugar de extracción y se llevan al laboratorio. Allí se estimulan de manera artificial con un espectro electromagnético definido, generalmente dentro del visible, donde se cuenta el número de fotones emitidos. Los estudios de luminiscencia en granos minerales comenzaron a realizarse en 1986 con Huntley y sus colaboradores y la técnica se conoce como luminiscencia óptica estimulada que, en la actualidad, es una técnica muy fiable y que empieza a tener bastante uso en la comunidad científica. Conclusiones La radiactividad es un fenómeno fisicoquímico que convive con el ser humano y tiene lugar desde el origen del universo. La luminiscencia que se estudia en ciertos granos minerales es consecuencia directa de la radiactividad y se puede analizar para conocer la edad de los sedimentos que dejan los ríos. El estudio de esta luminiscencia se puede considerar el “secreto” que guardan los granos minerales, ya que nos ayudan a comprender mejor el tiempo que tardan los ríos en transportar el material que es fruto de la erosión de los sistemas montañosos. Los ríos son uno de los elementos más importantes en la transformación de nuestro relieve terrestre y, por ello, el estudio de la luminiscencia en los sedimentos de origen fluvial es una herramienta de vital importancia para conocer mejor los procesos que operan en la superficie terrestre. Las investigaciones en este campo arrojarán muy pronto nuevos e interesante resultados sobre el comportamiento que tienen los grandes sistemas fluviales. |
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Referencias bibliográficas Aitken, M. J. 1995. “Thermoluminescence dating: past progress and future trends”, en Nuclear Tracks, vol. 10, pp. 3-6. |
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Esperanza Muñoz Salinas
Instituto de Geología, Universidad Nacional Autónoma de México. |
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Muñoz Salinas, Esperanza. (2013). La luminiscencia de los depósitos fluviales secreto guardado en los granos minerales. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 76-79. [En línea]
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Preocupación actual
por la exposición ambiental a mercurio
y sus derivados
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Unión de Científicos Comprometidos
con la Sociedad A.C. |
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En el cuento Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll,
el gato de Cheshire le advierte a Alicia de que un loco Sombrerero la está buscando. El Sombrerero es un hombre excéntrico y que sufre de constantes alucinaciones. Lewis creó a este personaje inspirado en los fabricantes de sombreros y curtidores de la Inglaterra del siglo XIX. Los artesanos de esa época sufrieron de envenenamiento por mercurio en la fabricación de terciopelo y otras telas que produjeron síntomas parecidos a la demencia.
Los efectos tóxicos del mercurio se conocen ampliamente desde la época de Paracelso, que en 1567 publicó el tratado On the miners’ sickness and other diseases of miners. En todo el mundo, miles de personas han sido afectadas por la exposición a compuestos mercuriales, ya sea de manera ocupacional en la minería o por accidentes ocasionados por el mal manejo del mercurio. Tan sólo en 1996 se tenía registro de 38 accidentes por contaminación con mercurio, principalmente vinculados
a la minería, producción de plaguicidas y fabricación de acetaldehído.
Uno de los casos de envenenamiento por mercurio más notorio ocurrió en la mitad del siglo XX en la comunidad de pescadores de la Bahía de Minamata en Japón. La población de Minamata presentó problemas de salud asociados a la exposición a metil-mercurio, debido al consumo de pescado contaminado por la descarga de la fábrica Chisso Corporation. Los primeros síntomas que se reportaron fueron la pérdida de sensibilidad en extremidades, dificultades de visión y audición, alteraciones cardiacas e inmunológicas. En casos más severos presentaron síntomas parecidos a la demencia, pérdida del estado de conciencia y alteraciones congénitas en hijos de madres expuestas. El problema ambiental en la bahía se ha mantenido hasta la fecha, y en 2007 se estimó que existen alrededor de 2 268 víctimas y cerca de 10 000 afectados por la contaminación de mercurio.
La contaminación ambiental por mercurio y sus efectos en la salud ha sido recurrente. En 1970, los habitantes de una zona rural de Irak sufrieron intoxicación por el consumo de semillas contaminadas provenientes de México y Estados Unidos. Se estima que cerca de 6 530 personas resultaron intoxicadas y 459 perdieron la vida. Entre 1962 y 1970, las compañías Dryden Chemical & Dryden Pulp and Paper contaminaron el río English-Wabigoon en Ontario, Canadá, con compuestos de mercurio. La falta de protección a los trabajadores de las plantas y el consumo de pescado contaminado del río ocasionó daños a la salud de las poblaciones vecinas. Aunque se desconoce el número de víctimas, los niveles de mercurio se encuentran elevados en la zona, a pesar de que ya no existen descargas en la actualidad.
En 2002, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (pnuma) presentó el informe “Evaluación Global sobre el Mercurio”, en donde mostró que incluso en zonas como el Ártico hay contaminación por este metal tanto en el agua como en el suelo, y expuso la necesidad de llevar a cabo intervenciones internacionales y regionales del uso y disposición final del mercurio. A partir de 2003, en colaboración con la Red Internacional para la Eliminación de Compuestos Orgánicos Persistentes (ipen, por sus siglas en inglés International pops Elimination Network) , en el marco de la propuesta del Convenio Minamata que se discutió en julio de 2012 en Punta del Este, Uruguay, establecieron un comité mundial compuesto por 150 países, incluido México, para frenar el uso y la contami-nación por mercurio. A pesar de los avances, el incremento en la explotación minera ha traído una resistencia por parte de países desarrollados para reducir la industria del mercurio. A nivel mundial, el pnuma estimó el uso de 1 930 toneladas de mercurio en 2009, de las cuales cerca de 85% no se recupera, convirtiéndose en un problema de contaminación y salud en el mundo.
El problema en México
En México se desconoce el número casos de intoxicación por exposición a mercurio y no hay un seguimiento epidemiológico que permita determinar si existe o no un riesgo. La escasa información respecto de sitios contaminados muestra que son las zonas mineras los sitios de mayor riesgo por exposición a mercurio. En 2000 se tenía un registro de 166 minas de mercurio, existiendo una gran cantidad de minas ilegales en los estados de Querétaro y Zacatecas. De acuerdo con el Registro de Emisiones y Transferencia de Contaminantes (retc), en 2005, cerca de ocho toneladas y 1 060 descargas de mercurio se habían vertido a los cuerpos de agua a nivel nacional. En 2008, México exportó alrededor de cin-cuen-ta toneladas de mercurio, sobre todo a países de América Latina. Los cuerpos de agua, principales receptores de contaminantes como el mercurio, presentan problemas de contaminación (por ejemplo, la Presa Zimapán, Lago de Chapala y Río Grande de Santiago). Lo anterior pone de manifiesto que existe un riesgo latente de exposición a este metal en diversas zonas del país y que no se tienen datos que permitan dimensionar el problema.
La Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad, A.C. (UCCS) se ha sumado a las exigencias para reducir el riesgo de exposición a mercurio a nivel mundial, suscribiendo las propuestas para el Convenio Minamata, asimismo se ha adherido a la petición de las víctimas de Minamata para que el gobierno Japonés no cierre el caso de contaminación de la bahía que, después de 56 años del accidente, aún no se ha resuelto ni tampoco se ha obligado a la compañía a reparar el daño.
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Referencias bibliográficas
Minamata Disease Municipal Museum. 2007. Minamata Disease: It’s history and Lessons.
Kerfving, S. y J. Copplestone. 1976. “Poisoning caused by the consumption of organomercury-dressed seed in Iraq”, en Bull. World Health Organ, vol. 54, núm. 1, pp. 101-112. pnuma. 2008. The Global Atmospheric Mercury Assessment Sources, Emissions and Transfers. semarnat, 2005. Registro de emisiones de contaminantes y transferencia (retc), inventario de emisiones. México. Weinberg, Jack. 2007. Introducción a la contaminación por mercurio para las ong. ipen. En la red www.zoinet.org/web/sites/default/files/publications/ MercuryTradeMap2011.pdf http://mainichi.jp/english/english/newsselect/news/ 20120801p2a00m0na007000c.html www.caata.org/mercurio.html www.who.int/water_sanitation_health/medicalwaste/ mercurio_es.pdf |
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La Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad A.C. |
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como citar este artículo →
Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS). (2013). Preocupación actual por la exposición ambiental a mercurio y sus derivados. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 62-64. [En línea] |
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| de la atmósfera |
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Las lágrimas
son agua
Alfonso J. Vázquez Vamonde
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El lenguaje nos hipoteca hasta extremos increíbles; inclusoen
la tecnología. Todos hablan del efecto invernadero del CO2, ¡Dios me libre de negar su importancia!, pero nadie para mientes del vapor de agua, algo que conoce, sobre todo, quien vive en el campo.
El refrán: “mañanita de niebla, tarde de paseo”, identifica ese efecto de calentamiento que producen las nubes. La niebla, que no deja de ser una nube a ras de suelo, produce un efecto invernadero respecto del calor que emite la tierra. La situación inversa se produce si el cielo está raso, sin nubes. La temperatura por la noche baja y, por ello, el riesgo de helada es grande. El calor almacenado por la tierra durante el día se pierde “hasta el infinito y más allá”, sin que haya ninguna nube que lo contenga. De ahí han surgido todos los poemas y canciones a las noches de luna fría, porque en la medida en que el cielo está más limpio de nubes y la Luna se vea mejor, más fría será la noche por falta del agua condensada en nubes, produciendo un cálido efecto invernadero. Esto que sabe cualquier campesino, lo ignoran casi todos los ciudadanos, incluidos los licenciados en las ciencias en las que lo enseñan, quizá con la excepción de los que estudian física de la atmósfera, porque esos, estoy seguro, lo saben. Quizá por eso los agoreros que nos amenazan con un futuro caliente ¡por culpa del co2!, se olvidan del vapor de agua que también se produce al quemar combustibles hidrocarbonados ¿Acaso es mejor un futuro frío? Siendo posibles tantos equilibrios térmicos, es mínimamente probable que el actual sea el mejor de todos los posibles. En su ignorancia, los agoreros reducen el mundo a su breve estancia en él y olvidan los diferente equilibrios de temperatura en las distintas partes de la Tierra. Son gente que piensa que cualquier tiempo pasado fue mejor y que cualquier tiempo futuro será peor. Ellos se pierden la oportunidad de disfrutar del momento: ¡carpe diem! Vivimos desde hace cientos de miles de años bajo sucesivos periodos glaciares mucho más inhóspitos que los templados que los separan. Cada uno con ventajas e inconvenientes. A todo nos hemos acomodamo y a lo que venga también lo haremos. Nuestros recursos tecnológicos son mucho mayores que los que tenían quienes se acomodaron a esos cambios mucho mayores hace miles de años. Si a un saharaui se le traslada a un poblado inuit, pasada la sorpresa del cambio, que siempre es atractiva, preferiría volver a sus ardientes arenas. Tampoco el inuit se aclimataría fácilmente a la sequedad y temperatura del desierto. Pero quizá ambos no encontrarían tanto inconveniente en vivir en la zona templada —incluso en Jaén— en la que estamos nosotros, como encontraríamos nosotros en vivir en cualquiera de sus dos espacios vitales. Los saharauis sin duda preferirán una bajada de temperatura veraniega y los inuit, estoy seguro, preferirán un invierno menos crudo. Suba o baje la temperatura, la vida es posible. Nuestra capacidad de acomodación a lo inevitable o de modificarlo para que sea más habitable debería tranquilizar a todo el mundo, incluso a los más desasosegados. Volviendo al asunto acuoso, como el agua es transparente los periodistas no la ven. Y como en forma gaseosa es un vapor incoloro, siguen sin verla. Sólo cuando el agua de una torre de refrigeración, característica de las centrales nucleares, emite su penacho de vapor que condensa, todo el mundo ecológico y periodístico brama contra la contaminación, aunque esa “contaminación” se desvanece: confunden el vapor de agua condensada —¿son las nubes una contaminación?—, con el humo. ¿Qué profesor de química tuvieron en la secundaria? En sus manos, en las de los periodistas, está encomendado nuestro espíritu, el de la formación de la opinión pública, y así pasa lo que pasa. Es pretencioso ese vano alarde de encuestas presuntamente representativas de lo que opina la gente, que no tiene opiniones personales fruto de la reflexión, que no suele opinar y sólo regurgita lo último que oyó. En su inmensa mayoría, quizá más de 90%, repite lo último dicho en la televisión, y en todos los países hay cadenas a las que “hay que echar de comer aparte”. El número de lectores de periódicos, una lectura sosegada que da tiempo a la reflexión aun si el periódico es venenoso, es reducido; incluso incluyendo a los que leen los periódicos gratuitos. En mis libros de ingeniería química (Brown, Vian-Ocón y en el Perry) se explicaba lo que todos los paisanos sabían sin necesidad de haber estudiado, que la experimentación es la madre del conocimiento. En ellos se presentaban gráficas y ecuaciones para corregir el efecto de absorción y emisión de la radiación en la atmósfera en presencia de H2O, CO2 y SO2. Debía hablarse del agua como causante del efecto invernadero, porque se produce más H2O que CO2 en términos volumétricos y casi la misma cantidad en términos ponderales. Todavía recuerdo la bronca del profesor Batuecas, de química-física, con un compañero en clase porque a una pregunta suya que exigía una respuesta cuantitativo le dijo “mucho”. Para no hacerme acreedor a otra igual, hagamos algunos cálculos elementales de bachillerato. Cuando se quema un mol de CH4, es decir, de gas natural, produce 1 mol de CO2 pero 2 moles de agua. La concentración de ésta en la atmósfera aumentará el doble. En cálculo pondera: 16 gramos de CH4 producen 36 de H2O y 46 de CO2, un 20% más. El factor de incremento es de 2 en términos volumétricos y 36/16 = 2.25 para el H2O y de 1 en términos volumétricos y 44/16 = 2.75 en términos ponderales para el CO2. Claro que en un hidrocarburo largo nos aproximamos más a un múltiplo de —CH2— con lo que la situación sería de 1 mol de CO2 y uno de H2O, que es lo mismo que pasa si quemamos madera (C6H12O6). Si del CO2 podríamos decir con Becquer que “los suspiros son aire y van al aire” —aunque en realidad los que van al aire son los expiros, porque al fin y al cabo un suspiro tienen su dosis de CO2 (aunque también de agua), de las lágrimas diríamos que “son agua y van al mar”. Analicemos esto. El consumo de gas natural es de varios billones de metros cúbicos (1012) y sigue aumentando. Eso significa que miles de millones de litros de agua acabarán cayendo a la Tierra. Eso sí, como le ocurría a la lluvia ácida, una cosa es el punto de emisión y otra el de recepción. Éste puede estar bastante lejos como para que las reclamaciones por daños sean imposibles, sobre todo en el caso de conflictos internacionales transfronterizos. Tras un pleito, la empresa propietaria de la central térmica de Andorra (Teruel) tuvo que indemnizar a sus víctimas por la lluvia ácida que asoló varios bosques en el Maestrazgo (Castellón). Algo parecido ocurrió con las siderúrgicas de Chicago que vertían su porquería en la vecina Canadá. Pero nunca supe que la propietaria de la Central de Puentes de García Rodríguez, en La Coruña, que hacía lo mismo con los irlandeses, les hubiera pagado alguna indemnización. El agua de la combustión de los combustibles hidrocarbonados, el carbón sólo produce co2, aumenta la humedad de la atmósfera en el ciclo del agua al que entra en los puntos de combustión bajo la forma de vapor caliente. Luego, condensada en forma de lluvia o rocío, fluye por ríos visibles o subterráneos, llega al mar y se evapora, cerrándose el ciclo. Antes había menos agua en la atmósfera porque no se aportaban estos miles de millones de kilos de la combustión. Si les añadimos otro tanto por la combustión de los otros productos petrolíferos, en números redondos, la cantidad ya es de decenas de millones de millones de kilos. Como la superficie de los océanos es del orden de 400 × 109 m2, el nivel del agua subirá poco. Pero como la naturaleza jamás distribuye uniformemente nada de lo que hay en ella, el Sahara sufre la carencia del agua que sobra en el sureste asiático, seguro que habrá más inundaciones que siempre se achacan al CO2 y quizá se deben a todo este aumento de H2O. Pero, ya se sabe, “unos llevan la fama y otros cardan la lana”. Al CO2 le ha tocado ser el malo de la película. Según las cánones clásico de Hollywood, no se casará con la maestra, esa chica delicada y culta procedente del este, dispuesta a alfabetizar a todos los pelafustanes mata-indios de los pueblos del medio oeste, pues a los de la costa del Pacífico ya los habían alfabetizado los franciscanos, subiendo desde México, un país que, en sus buenos tiempos, casi llegaba al Canadá. No pretendo hacer responsable al agua de nada que no le toque, pero con estos, creo que justos, comentarios sólo quise aliviar la carga de malvado que se le ha adjudicado al co2, al fin y al cabo una molécula angular como la de h2o, siempre está tan dispuesta a sufrir vibraciones tanto longitudinales como rotacionales, más las que se inventen.
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Alfonso J. Vázquez Vamonde
Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas, CENIMCSIC. |
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como citar este artículo →
Vázquez Vamonde, Alfonso J. (2013) Las lágrimas son agua. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 46-49. [En línea]
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