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Daniel Piñero      
               
               
La historia de la aceptación de una teoría científica es,
sin duda, un asunto que siempre ha apasionado a los investigadores. Un buen ejemplo es la historia de Louis Agassiz, fundador del Museo de Zoología Comparada de Harvard, quien se opuso a la teoría de la evolución de Darwin y la mantuvo fuera de las actividades del Museo por más de 15 años, hasta su muerte en 1873. O bien la protagonizada por T.D. Lysenko, quien en la década de los cuarenta tomó el control de los estudios de genética que se desarrollaban en su país, y envío al mendeliano N.I. Vavilova a Siberia, lo que causó que el mendelismo no entrara en la vida diaria de la Unión Soviética hasta varias décadas después.

Sin embargo, pocas veces (como es el caso de la genética soviética) se han analizado las consecuencias que tiene la no aceptación de una teoría en un país o en una comunidad científica. Las siguientes son algunas reflexiones que tratan de responder la pregunta: ¿por qué la teoría evolutiva de Darwin y las modificaciones que ha sufrido durante el siglo XX en el mundo han sido tan ajenas a la investigación biológica mexicana? La respuesta a esta pregunta sin duda nos lleva a considerar otra más profunda: ¿por qué la teoría evolutiva no ha sido una parte esencial en la enseñanza de la biología en México?

 

La teoría de la evolución durante el siglo XX

Cuando Darwin presentó su teoría de la evolución, tomó como eje la selección natural, con lo que dio a conocer una parte eminentemente adaptacionista de dicha teoría. Curiosamente, poco del libro original sobre el origen de las especies se refiere de manera específica a cómo se originan las especies. Por esta razón y porque la teoría de Darwin incluía dos concepciones equivocadas acerca de la genética de los organismos, su concepción original ha sido enriquecida continuamente. Algunas de estas aportaciones a la teoría original incluyen, en primer término, el mendelismo. En segundo término, en los estudios sobre la genética de las poblaciones existían dos visiones alternativas sobre la importancia de la selección natural: la de Sewall Wright quien le da una mayor importancia a la deriva génica y a las constricciones de la selección, y la de Ronald Fisher, que era más "seleccionista". En tercer término, la generación de la síntesis moderna de la evolución que incluye visiones menos gradualistas y más "saltacionistas" de los procesos evolutivos, en particular con las propuestas de George G. Simpson (1944) provenientes de la paleontología, que desembocaron en la década de los setenta en lo que se ha llamado la "teoría de los equilibrios puntuados" de Gould y Eldredge. Por último, podemos citar, como consecuencia de la evidencia comparativa a nivel molecular así como del desarrollo de la genética de poblaciones, la teoría neutral (mutación-deriva) de la evolución molecular. En cada una de estas etapas, la teoría darwiniana fue modificándose, completándose en orientaciones desconocidas para Darwin pero manteniendo los cinco aspectos básicos que describió Mayryque incluyen los conceptos de: 1) cambio, 2) ascendencia común, 3) multiplicación de especies, 4) gradualismo y 5) selección natural. Por lo tanto, la teoría darvinista, lejos de ser una teoría estática, ha ido enriqueciéndose a lo largo del último siglo, de manera que sólo su estudio en todas sus fases (sistemática, biogeográfica, ecológica, genética, fisiológica, molecular, bioquímica, etc.) puede aportar los fundamentos necesarios para entender los aspectos básicos y de frontera de la teoría. Es muy claro en este contexto que los aspectos de frontera han ido modificándose durante este siglo y que si no los investigamos es imposible realizar cuestionamientos relevantes al respecto.

 

La investigación biológica mexicana desde 1930

¿Qué papel ha desempeñado la teoría de la evolución en sus diferentes facetas en el diseño y la realización de la investigación mexicana? Es posible tratar de responder esta pregunta según varios enfoques. En lo personal he encontrado tres que ayudan a contestarla. El primero es el análisis de las publicaciones mexicanas sobre biología. El segundo se refiere a los proyectos que financian instituciones como el Conacyt y otras similares. El tercero se refiere al papel que han tenido las comunidades de investigadores en la definición de proyectos y programas institucionales de investigación.         

Al analizar las publicaciones que se hacían hace algunas décadas es posible identificar dos etapas distintas. La primera se refiere a los años anteriores a la creación de instituciones de investigación en biología. La mayoría de estas publicaciones (por ejemplo la Revista de la Sociedad Metodófila Gabino Barreda) eran hechas por personas que no se dedicaban de tiempo completo a la investigación (en sentido estricto eran amateurs de la biología o la historia natural). La segunda se refiere a la etapa en donde ya había instituciones dedicadas a la investigación en biología y revistas especializadas, por ejemplo la Revista de la Sociedad Mexicana de Historia Natural creada en 1939. los Anales del Instituto de Biología de a UNAM, que inició sus actividades en 1934, los Anales de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas en 1939 y el Boletín de la Sociedad Botánica de México en 1944.         

Para cada revista se consideraron tres décadas de acuerdo con la fecha de aparición, y en cada década se eligieron los primeros 30 artículos publicados durante ella y se catalogaron según la aportación que hacían al conocimiento biológico en diferentes áreas (véase Tabla 1). Para los fines de esta investigación, hemos llamado: a) inicial (las décadas ciclos treinta y de los cuarenta), b) inter media (los sesenta) y c) reciente (los ochenta).       

Puede observarse en la tabla 1 que casi 60% de los artículos, en promedio, en esas cuatro revistas y durante todas las décadas desde los inicios de la biología profesionalizada, son de las subáreas de flora y fauna y taxonomía. Dicha diferenciación en subáreas se realizó tomando en cuenta que los artículos de flora y fauna son descriptivos (por ejemplo Las leguminosas de la Sierra de Puebla) pero se diferencian de los artículos de taxonomía en que éstos describen taxa nuevos, además de describir la flora y fauna de cierto lugar. Estas dos categorías son muy parecidas, pero los artículos de flora y fauna son, por lo general, anteriores a aquellos en los que ya se hace una contribución taxonómica. Estos datos varían un poco a lo largo de las diferentes décadas en una revista específica. Por ejemplo, los números de los Anales de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas incluyen en su primera década una mayor diversidad de subáreas (fisiología, ecología y biogeografía) que en la década de los sesenta. La Revista de la Sociedad Mexicana de Historia Natural incluye más artículos que caen en otras categorías, es decir, artículos que no es posible incluir en las subáreas descritas, por lo que no representan líneas de investigación con tradición en México. Es interesante también mencionar que, si sumamos los porcentajes de trabajos sobre flora, fauna y taxonomía, los Anales del Instituto de Biología (69) son los que tienen más, mientras que la Revista de la Sociedad Mexicana de Historia Natural (42) es la que presenta una menor cantidad relativa. También es de interés el porcentaje de artículos que se publicaron en áreas como ecología, biología económica y biología médica (5% en cada caso) y que representan aportaciones al cono cimiento en otras áreas con perspectivas de uso en un plazo más corto.

 

Tabla 1    
 Subárea AIB  RSMHN  AENCB  BSBM PROMEDIO
Flora y Fauna 29 23  26 30 28 
Taxonmía 40  19  26  24  28 
Biogeografía
B. Médica 4 10  11 
B. Económica 10 
Fisiología 
Ecología  2
Etnobiología
Genética
Bioquímica
Morfología
Otras 22  15  11 
Porcentaje de artículos publicados en los Anales del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México (AIB), la Revista de la Sociedad Mexicana de Historia Natural (RSMHN), los Anales de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional (AENCB) y el Boletín de la Sociedad Botánica de México (BSBM) desde la fecha de creación de cada uno hasta 1990. Se tomaron de cada revista los primeros 30 artículos de tres décadas diferentes. En total se analizaron 360 artículos.

 

A partir del contexto descrito anteriormente se pueden analizar los proyectos aprobados por el Conacyt en el área de biología (sensu lato, es decir que incluye la fisiología, la biología molecular, la biología celular, etc.) durante 1992 para determinar qué líneas de investigación, en general, se siguen en México y su relación con la biología evolutiva. Estos proyectos se clasificaron, en lo posible, en las mismas áreas descritas en la tabla 1, ya que algunas subáreas no están re presentadas en las publicaciones y sí en los proyectos, pues existe una proporción de proyectos cuyos resultados no son nunca publicados (véase Tabla 2).

 

Tabla 2  
Subárea 
 Conservación
 Biología molecular 10 
Biología Económica 18
Ecología  21
 Etnobiología
 Fisiología
 Genética 10 
Morfología 3
Flora y fauna 16
Bioquímica 6
Evolución 2
 

 

Este panorama es diferente al de las publicaciones. Éstas son algunas de las posibles causas. Primero, muchos proyectos no generan publicaciones científicas. Segundo, no todas las áreas reciben financiamiento del Conacyt. Tercero, la comunidad que recibe financiamiento del Conacyt también incluye científicos que publican en revistas especializadas, como en las subáreas de biología molecular, bioquímica, genética y fisiología. Cuarto, existen subáreas que se han desarrollado más recientemente: tal es el caso de la ecología y la biología económica. Sólo por medio del análisis posterior de las publicaciones podremos tener un panorama más claro. Si analizamos las publicaciones de la tabla 1 sólo en la década de los ochenta, los resultados muestran que aun cuando el financiamiento de proyectos sea diferente que el universo de publicaciones, las publicaciones en la subárea no se han modificado. Veinticuatro por ciento de los artículos publicados en la década de los ochenta en las revistas de la tabla 1 fueron de la subárea de flora y fauna y 23% correspondieron a la subárea de taxonomía. El total de ambas es entones de 47%, algo menor que el total de estas subáreas (56%; Tabla 1) y del promedio de la primera década de las cuatro revistas (53%). En mi opinión, la proporción de subáreas en las que se hace investigación (y se publica) en México no ha cambiado sensiblemente en 50 años, y estas subáreas no están representadas en las tendencias de investigación actuales en otros países con una investigación biológica sólida, ni en los patrones de financiamiento nacionales. 

Para poner estos resultados en un contexto más general es interesante preguntarse qué sucede al analizar otras revistas. Por lo general, en biología hay revistas especializadas en cada una de las subáreas descritas (fisiología, ecología, genética, biología económica, etc.) y las ha habido ya por casi un siglo en muchos casos (desde luego hay excepciones en subáreas emergentes como la ecología y la evolución molecular). En este contexto uno esperaría que una comunidad científica como la mexicana comience con la publicación de aspectos generales y locales en revistas menos especializadas como las de la tabla 1, y que poco a poco las diferentes comunidades científicas publiquen revistas más especializadas. Esto, sin duda, ocurrió en la comunidad de fisiólogos de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del IPN, pero no con la misma intensidad en otras comunidades. Por ejemplo, en 1992, 80% de los artículos publicados por investigadores con residencia en México se publicaron en revistas editadas en nuestro país (Biological Abstracts), de manera que las publicaciones en las revistas listadas en la tabla 1, además de otras revistas de más reciente creación como Acta Botánica Mexicana y Acta Zoológica, son representativas de la producción científica de la biología en México.

Por otro lado, las revistas menos especializadas (que son todas las editadas en México) en otros países han modificado mucho la composición de los artículos que publican. Por ejemplo, de los 43 artículos que el American Journal of Botany publicó en 1993, 42% fue sobre ecología y biología reproductiva, 21% sistemática y evolución, 19% estructura y desarrollo, 9% fisiología, bioquímica y biología celular, 7% paleobotánica y 2% genética. Esto no representa la frecuencia con la que se ha desarrollado la investigación en estas áreas (porque hay que tomar en cuenta las publicaciones en revistas especializadas) pero cuando una comunidad como la mexicana publica la mayor parte de sus artículos en revistas menos especializadas, la composición de las subáreas sí representa la frecuencia con la que cada una se cultiva en México.

Al analizar las conclusiones descritas en los anteriores párrafos queda claro cómo la teoría de la evolución no forma ni ha formado parte de la investigación biológica mexicana durante el presente siglo. Esto significa que ni la teoría de Darwin ni las modificaciones que ha sufrido han sido, en general, incorporadas a los programas y proyectos de investigación en México.

 

La influencia del liderazgo académico y de los articuladores de los paradigmas científicos    

El régimen de la Universidad Nacional Autónoma de México, así como su tradición científica, ha permitido que el liderazgo administrativo de una dependencia (su director) sea detentado por un académico. En este contexto, es interesante analizar la figura del primer director del Instituto de Biología de la UNAM para entender algunas de las razones por las que la teoría de la evolución no formó parte de los programas de investigación del Instituto y cómo ese hecho determinó una especie de inercia académica fuera de un contexto evolutivo. El Instituto de Biología de la UNAM fue creado en 1929, el mismo año en que se obtuvo la autonomía universitaria, basado en la infraestructura de la Dirección de Flora y Fauna de la Secretaría de Agricultura. El director de aquella dependencia era el maestro Alfonso L. Herrera, farmacéutico de profesión pero con una rara virtud para entender las preguntas fundamentales de la evolución biológica. En su libro Nociones de biología (Herrera, 1992) su propuesta fundamental era: "Todos los fenómenos materiales del organismo, en el pasado y en el presente, han tenido o tienen por causa las fuerzas fisicoquímicas conocidas. La biología es la ciencia de estos fenómenos". Aún así y por razones que. supongo, eran políticas (por ejemplo, el maestro Herrera no fue nombrado miembro del El Colegio Nacional), el primer director del Instituto de Biología fue el maestro Isaac Ochoterena, quien tenía una formación como bachiller y una vocación especial para la historia natural (él fue miembro de El Colegio Nacional). Esta disyuntiva en la historia de la biología en México parece haber tenido un papel muy importante en la no utilización de la teoría de la evolución en la investigación biológica, dándole una posición preponderante a la historia natural y a la catalogación de los recursos biológicos de México. El maestro Ochoterena fue director del Instituto de Biología durante 19 años, y en 1945 dejó su puesto al doctor Roberto Llamas, quien dirigió los destinos de la biología en la UNAM durante 22 años (hasta 1967), quien tampoco dirigió la investigación hacia aspectos evolutivos, por su propia formación en bioquímica.        

Kim (1995) apoya la idea de que las teorías científicas son construcciones sociales. Sin duda, este principio ha desempeñado un papel central en México. El liderazgo, entonces, no es el único aspecto importante para la aceptación de una concepción científica. Según Kim, existen además los llamados "articuladores de los paradigmas". Estos articuladores son los alumnos o colegas de los líderes académicos que popularizan las ideas de los líderes. Sin ellos, dice Kim, las teorías y los enfoques de investigación no serían adoptados por las comunidades científicas. Por lo tanto, es interesante analizar quiénes podrían en la comunidad mexicana de los años treinta fungir como los articuladores de las visiones de Herrera y Ochoterena. En el caso del maestro Herrera, el artículador de su paradigma pudo haber sido el doctor Enrique Beltrán, mientras que en el caso del maestro Ochoterena los articuladores fueron, probablemente, investigadores del Instituto de Biología. Estos articuladores fueron la clave para mantener el enfoque original del maestro Ochoterena. En consecuencia, existe una investigación sobre los recursos biológicos de México desprovista de un contexto conceptual evolutivo. Esta tradición ha sido tan importante que la docencia se ha visto claramente influida por esta visión del mundo.

 

El papel de la docencia

Es un hecho que en una comunidad académica la investigación marca los patrones de docencia. La biología mexicana es un excelente ejemplo de esta tendencia. Para mostrar este efecto analizaré el plan de estudios de la carrera de biología en la Facultad de Ciencias, UNAM. Este plan de estudios es representativo, pues por un lado se imparte en la primera escuela de biología mexicana y por otro no ha sido modificado mayormente desde hace más de 30 años. Este plan de estudios contiene materias básicas (química, física, matemáticas, método científico, fisicoquímica, geología). Éstas conforman 20% del plan de estudios con materias especializadas de biología (histología, anatomía, bioquímica, fisiología, embriología, genética, biofísica, evolución o biología molecular, ecología, biología celular) que forman casi 30% del plan, materias optativas y biologías de campo (otro 20%) y materias relacionadas con la flora y la fauna, así como con la taxonomía (25%). Esta distribución refleja muy de cerca los patrones de publicación de los investigadores mexicanos, ya que si consideramos sólo las materias obligatorias en biología y eliminamos las básicas, las metodológicas y las optativas, el porcentaje de materias relacionadas con los recursos bióticos de México forman alrededor de 40% del plan de estudios. Salta a la vista el pequeño porcentaje de materias relacionadas directamente con la teoría de la evolución, como la genética, por ejemplo. Es más, evolución es optativa. No debemos olvidar que los egresados de este plan de estudios han impartido muchos de los cursos de preparatoria y secundaria, por lo que esta visión ha caracterizado la enseñanza de la biología en nuestro país desde que se consolidó la investigación mexicana en la década de los veinte.

 

Perspectivas

De este análisis se puede concluir que la biología mexicana debe cambiar el enfoque de sus investigaciones, pues éste representa una visión conceptualmente denudada debido a la ausencia de un enfoque comparativo-evolutivo. Sólo con la modificación de los patrones de investigación de la biología mexicana se cambiará la docencia, ya que aunque se cambien los planes y programas de estudio, los maestros están entrenados de otra manera.

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Referencias Bibliográficas
 
Gillespie, J.H. 1991. The Causes of Molecular Evolution. Oxford Series in Ecology and Evolution, Oxford Universiry Press.
Gould, S.J. y N. Eldredge. 1977. Punctuated equilibria: the lempo and mode of evolution reconsidered. Paleobiology: 3:1151-51.
Herrera, A.L. 1992. Nociones de biología. Reedición de la versión original de 1904, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Pue.
Kim, K-M. 1995. Explaining Scientific Consensus: The Case of Mendelian Genetics. The Guilford Press, Nueva York.
Kimura, M. 1983. The Neutral Theory of Molecular Evolution. Cambridge Universiry Press, Cambridge.
Mayr. E. 1991. One Long Argument. Harvard Universiry Press, Harvard.
Provine. W. 1971. Origin of Theoretical Population Genetics. University of Chicago Press, Chicago.
Provine, W. 1988. Sewall Wright and Evolutionary Biology. The University of Chicago Press. Chicago.
Simpson, G.G. 1944. Tempo and Mode in Evolution. Columbia University Press, Nueva York.
 
     
___________________________________
     
Daniel Piñero
Centro de Ecología,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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cómo citar este artículo
 
Piñero, Daniel. 1996. La teoría de la evolución en la biología mexicana: una hipótesis nula. Ciencias, núm. 42, abril-junio, pp. 4-8. [En línea].
     

 

 

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Juan Francisco Ornelas      
               
               
Los colibríes o chupamirtos forman un grupo monofilético,
esto es, que posee un origen común, de aproximadamente 340 especies que varían en forma, tamaño corporal y conducta. Agrupadas en la familia Trochilidae, por lo que también se les conoce como troquílidos, este conjunto de aves es, después del de los mosqueros (familia Tyrannidae), el grupo monofilético de pájaros más diverso del continente americano (Tabla 1). Las relaciones filogenéticas de los colibríes con otros grupos de pájaros no son muy claras y debido a los avances en la sistemática molecular, quizás ya sean caducas. Hay pruebas al menos de que aparecen al mismo tiempo que los vencejos, con los que han sido clasificados tradicionalmente por compartir algunas características morfológicas. Por otro lado, se acepta que los colibríes se ordenen en dos grupos, los ermitaños en la subfamilia Phaethorninae (ca. 30 especies), y los demás colibríes en la Trochilinae (ca. 310 especies). Aunque hay cierta variación en tamaño corporal, aproximadamente 80% delas especies son de tamaño medio (en promedio pesan 4 gramos y tienen una cuerda alar de 50-60 mm). El tamaño del pico varía entre 10 y 120 mm, pero en promedio la mayoría de las especies tienen un pico de aproximadamente 20 mm, aunque se puede observar en la figura 1 que no hay una distribución normal en tamaño de picos.
 
Tabla 1. Grupos de aves más ricos en número de especies
Familia Núm. de géneros Núm. de especies Distribución
Emberizidae 134 560 Nuevo Mundo y Eurasia
Tyrannidae 111 376 Nuevo Mundo
Sylviidae 66 361 La mayoría en el Viejo Mundo
Trochilidae 116 341 Nuevo Mundo
Columbidae 42 303 Todo el mundo
Turdidae 38 275 Todo el Mundo
Psittacidae 64 268 Pantropical
Timaliidae 44 257 La mayoría en el Viejo Mundo
Formicariidae 52 240 Neotropical
Furnariidae 34 218 Neotropical
Accipitridae 64 217 Todo el mundo
Phasianidae 58 205 Todo el mundo
Picidae 27 204 Todo el mundo menos Australia
Meliphagidae 39 172 Asia y Australia
Muscicapidae 24 153 Asia y Europa
Anatidae 43 147 Todo el mundo
Rallidae 53 142 Todo el mundo
Strigidae 28 135 Todo el mundo
Monarchidae 19 132 Asia y Australia
Cuculidae 38 129 Todo el mundo
Estrildidae 28 127 Los trópicos del Viejo Mundo
Parulidae 28 126 Nuevo Mundo
Pycnonotidae 15 123 África y Asia
Fringillidae 20 122 Todo el mundo menos Australia
Nectariniidae 5 117 Los trópicos del Viejo Mundo
Sturnidae 26 111 La mayoría en el Viejo Mundo
Ploceidae 10 107 La mayoría en el Viejo Mundo
Corvidae 26 106 Todo el Mundo
Icteridae 23 95 Nuevo Mundo
Alcedinidae 14 91 Todo el mundo
 
Los colibríes se pueden encontrar en una gran variedad de hábitats, desde las selvas húmedas y secas en los trópicos —donde proliferan con una gran variedad de formas— hasta los bosques de coníferas en las zonas templadas, desde los desiertos cálidos hasta las montañas cubiertas de nieve en donde sobreviven sólo los que pueden entrar en torpor. Geográficamente, se distribuyen desde Alaska hasta la Patagonia, pero su área de mayor diversidad se ubica a lo largo de la línea del ecuador (Figura 2). En cuanto a su distribución altitudinal, los colibríes se encuentran desde el nivel del mar hasta a más de 4 000 msnm (Figura 3).
 
Los colibríes poseen ciertas características únicas. Con su peculiar manera de volar, al revolotear pueden maniobrar en todas las direcciones y a una velocidad sorprendente. Los cambios en el esqueleto, como el gran tamaño del esternón y la reducción de los huesos en el brazo, así como la musculatura asociada al esternón son interpretados como adaptaciones para su forma de vuelo. Otra peculiaridad es que se alimentan esencialmente del néctar de las flores. Aunque llegan a consumir grandes cantidades de artrópodos, los colibríes, junto con los murciélagos, son los nectarívoros vertebrados más importantes en el Nuevo Mundo. Colectan por capilaridad el néctar floral con la lengua, que es un tubo largo que se bifurca hacia la punta y que se puede extender hacia afuera hasta la misma distancia del tamaño del pico.
 
Sin duda, una de las características que convierte a los colibríes en un grupo único es su plumaje. Debido a la variedad de sus ornamentos—crestas, gargantas y colas largas de varios colores y formas—, los colibríes forman un grupo que se presta a la formulación de preguntas sobre selección sexual y evolución de formas y caracteres. Quizás lo más interesante sea que la mayoría de los colores en sus plumas no son producidos exclusivamente por pigmentos como sucede en casi todas las aves, sino mediante la refracción de la luz que incide en ellas, lo que se conoce como iridiscencia. Sin embargo, a diferencia de otros pájaros con plumas iridiscentes como los quetzales, la iridiscencia de las plumas de los colibríes es producto de la modificación de la estructura de las plumas y del número y grosor de capas de aire y pigmentos (dos tipos de melaninas). Aunque la física de la producción de colores es bien entendida, la variación y los patrones de la distribución de colores entre las especies no se ha estudiado aún. Por ejemplo, no se sabe si el color magenta se produce de la misma manera en todas las especies que lo presentan y si el color se observa siempre en una misma región corporal.
 
Las interacciones sexuales de los colibríes también son interesantes. Mucho se ha hablado de la promiscuidad de su sistema de apareamiento (un caso extremo de la poligamia), en donde las hembras se encargan de la construcción del nido, del cuidado de los huevos y las crías. Sin embargo, aún no existen suficientes datos de historia natural para asegurar que éste sea el patrón más extendido en el grupo. Otra generalización que se ha hecho acerca de los colibríes es que los plumajes vistosos son exclusivos de los machos, argumentando que esto incrementa la probabilidad de su diversificación morfológica y especiación. De hecho se han utilizado argumentos clásicos de selección sexual para explicar el porqué de la evolución del dimorfismo sexual en colibríes. Sin embargo, es posible refutar este convencionalismo, ya que sólo 54% de todas las especies presentan plumajes dimórficos. En la figura 4 se muestran los patrones generales. Por un lado, el dimorfismo sexual en donde sólo los machos poseen plumajes iridiscente su ornamentaciones sin iridiscencia; en seguida el monomorfismo sexual en donde machos y hembras comparten un plumaje iridiscente u opaco, y por último, un patrón ontogenético único documentado sólo para algunas especies, en donde las hembras pierden la iridiscencia al madurar sexualmente (polimorfismo). Se piensa que las hembras "pierden" la iridiscencia para reducir posibles agresiones entre sexos, es decir, que la función de estos plumajes no estaría ligada necesariamente a un contexto sexual, sino a otro tipo de interacciones agonísticas entre individuos y entre especies. La reciente documentación de estos polimorfismos abre nuevas posibilidades de interpretación y estudio sobre la función y evolución del plumaje iridiscente de los colibríes. Asimismo, para explicar la presencia de todos estos patrones de coloración es necesario recurrir a explicaciones múltiples.
 
¿Por qué hay tantas especies de colibríes?
 
Poco se sabe acerca de los mecanismos que determinan el origen y el mantenimiento de la diversidad biológica, sobretodo en grupos ricos en especies. La diversificación biológica y la descripción de patrones de diversidad a distintas escalas son problemas fascinantes en la biología evolutiva, sin embargo, por lo general estos patrones de diversidad se definen en países con mega diversidad como el nuestro, por medio de inventarios que, si bien pueden ayudar a describir ciertas áreas geográficas ricas en especies y endemismos para luego poder proponer estrategias de conservación, poseen un valor predictivo limitado, ya que muchas de las hipótesis que formulan son poco realistas. Por ejemplo, ya que resulta casi imposible financiar la obtención de datos de cada uno de los puntos de interés y escalas, los valores de diversidad que se obtengan para ciertas localidades se tienen que extrapolara otras escalas mayores para entender los patrones geográficos de diversidad de otras áreas geográficas menos conocidas. Es por ello que la observación empírica a distintas escalas de grupos biológicos muy ricos en especies, punto medular de este ensayo, puede ser de gran ayuda para entender el origen y mantenimiento de la diversidad biológica.
 
En el caso de los colibríes, se ha propuesto en la literatura que su diversificación está asociada a una gran capacidad de dispersión y de explotación de recursos nuevos. Un ejemplo de ello serían los grupos de colibríes que llevan acabo movimientos locales pronunciados, migraciones altitudinales y latitudinales de gran extensión geográfica, lo que, se ha dicho, potencialmente puede favorecer un incremento en las tasas de especiación en una región topográficamente compleja. También se ha sugerido que la diversificación de los colibríes está asociada a la variación de los caracteres sexuales secundarios entre machos. Se piensa que los colores brillantes y las plumas elaboradas, mismas que los machos presentan a las hembras en sesiones de cortejo, caracterizan a esta familia de pájaros, y pueden facilitar un aislamiento reproductivo. Sin embargo, no se ha demostrado que la aparición de plumas y colores iridiscentes en los colibríes haya sido la causa de una radiación adaptativa. Ciertamente, la estructura de las plumas de los colibríes es única, los colores iridiscentes en otros grupos de pájaros se producen de manera distinta y la estructura de las plumas no se modifica como en los primeros. No obstante, en mi trabajo de investigación he encontrado que la radiación adaptativa de los colibríes no se debe sólo a estos fenómenos, sino que ésta se puede explicar también por la forma en que usan los recursos florales.
 
Es conocido que los caracteres novedosos que pueden ser seleccionados sexualmente son capaces de incrementar la probabilidad de diversificación morfológica y la especiación. Es por ello que la evolución del dimorfismo sexual de los colibríes se ha explicado sólo recurriendo a argumentos de selección sexual. Sin embargo, los patrones de dimorfismo sexual observados en los colibríes pueden ser el resultado de diversos procesos que operan en distintos taxa, así como a la existencia de diferencias interespecíficas en ecología, fisiología e historia evolutiva. Asimismo, la creencia convencional de que el dimorfismo sexual caracteriza a la familia no es totalmente cierta, ya que se ha observado que el monomorfismo y algunos polimorfismos son más comunes de lo que se pensaba. Se ha generalizado también la idea de que la coloración iridiscente caracteriza a toda la familia, pero aunque ésta se presenta en buena parte de las especies (74% de ellas), en sólo 73% de éstas los machos poseen plumajes iridiscentes. Asimismo, en 20% de todas las especies de colibríes, machos y hembras comparten un plumaje iridiscente, y en 18% de éstas un plumaje opaco.
 
Si se utiliza una aproximación heurística y filogenética, es posible evaluar algunas de las hipótesis propuestas para explicar ciertos patrones de variación en tamaño y plumaje observados en los colibríes, y luego identificar las posibles tendencias evolutivas en las diferencias sexuales. En mi trabajo de investigación encontré que el grado de dimorfismo sexual de los colibríes depende no sólo de algunos aspectos de su sistema de apareamiento (poligamia), sino de ciertos caracteres, como la iridiscencia de los plumajes y los asociados a la aerodinámica del vuelo, como la forma de la cola.
 
Con base en estudios detallados de la historia natural de algunas especies de colibríes, se ha generalizado la idea de que la poliginia (los machos se aparean con varias hembras en la misma temporada reproductiva) caracteriza a esta familia. En el caso de aproximadamente 40 especies, incluso se ha sugerido que los machos forman leks, que son agrupaciones en donde los machos se exhiben (mostrando sus plumajes vistosos, haciendo acrobacias y/o vocalizando) para atraer a las hembras. Los leks funcionan como cualquier otra estructura social, como si fuera un mariachi, con una compleja organización y establecimiento de relaciones entre miembros en donde los machos dominantes obtienen la mayoría de las cópulas. Sin embargo, no hay consenso sobre cuál es la verdadera función de estas agrupaciones de colibríes; incluso he propuesto que la función de dichos leks debería ser evaluada de nuevo para saber si esta estructura social no tiene una función alternativa (por ejemplo, un sistema social de comunicación para la detección de intrusos y la transferencia de información).
 
Tradicionalmente, el dimorfismo sexual en aves (plumaje y tamaño) se ha correlacionado con los sistemas de apareamiento; esto debido a que se ha observado que los organismos con sistemas poligínicos presentan dimorfismo sexual. Entre los colibríes se esperaría que aquellas especies de plumaje monomórfico (muchas de las cuales forman leks o arenas) fueran de tamaño dimórfico debido a las fuertes presiones que su sistema de apareamiento impone. Sin embargo, no existe la asociación esperada aun cuando se considere la historia evolutiva del grupo. La conducta de formar agrupaciones (lekking) no implica la evolución de dimorfismo en tamaño más de lo que se esperaría al azar. Una interpretación alternativa es que ciertas diferencias morfológicas entre sexos evolucionaron como una consecuencia indirecta de la selección sexual (correlaciones genéticas).
 
La asociación que he encontrado entre la tendencia a formar agrupaciones y la coloración iridiscente es interesante, puesto que la brillantez del plumaje debería esperarse no sólo en los machos como resultado de la selección sexual, sino también como resultado de cambios entre las hembras si los caracteres están genéticamente correlacionados. Los resultados de este estudio y la asociación entre el dimorfismo sexual en tamaño y otros factores ambientales son un indicativo de que varios mecanismos están operando simultáneamente. Es necesario, en futuras investigaciones, buscar múltiples explicaciones para los patrones de tamaño corporal y plumajes observados en los colibríes.
 
Innovaciones evolutivas y radiaciones adaptativas
 
Se entiende por "radiación adaptativa" la diversificación evolutiva de líneas filogenéticas y la diversificación asociada a la manera en que los organismos usan los recursos y sus habitáis. Se trata de un término usado por lo general para describir la diversificación de especies con un antepasado común en nichos ecológicos diferentes. La radiación adaptativa explica la diversificación de ciertos taxa, ejemplos clásicos de esto son los pájaros drepanídidos de Hawai y los peces cíclidos de los lagos africanos. Más recientemente, varios investigadores han propuesto otros ejemplos, en donde los cambios morfológicos asociados a la ecología de los organismos han evolucionado varias veces bajo las mismas condiciones, incluyendo los pinzones de las islas Galápagos, los mosqueros del Nuevo Mundo, los pericos y tucanes del Amazonas y sus afluentes, las lagartijas del género Anolis de las islas del Caribe, los peces de tres espinas de los lagos postglaciales de Norteamérica, la fauna de gasterópodos del lago Tangañica y las arañas saltarinas del género Habronattos. Sin embargo, en todos estos casos hay aún muchas lagunas en la comprensión de la totalidad del proceso que lleva a la diversificación.
 
La idea de radiación adaptativa como la diversificación evolutiva de una línea mediante una variedad de recursos es invocar la explicación de las historias de vida y caracteres de ciertos grupos, pero la aplicación del concepto no siempre está bien justificada. Para probar esta hipótesis (radiación adaptativa), es necesario averiguar si los cambios adaptativos en cuestión se repiten de manera independiente en varios grupos y si son seguidos por una diversificación acelerada. Es decir, debemos tener pruebas de la influencia de tal o cual característica en la diversificación y demostrar que distintas líneas evolutivas han invadido zonas adaptativas diferentes. Un caso bien documentado en la literatura es el de varios grupos de insectos y el hábito de la fitofagia. En cada grupo de insectos fitófagos, Mitter y sus colaboradores demostraron que el hábito de la fitofagia era seguido por una diversificación acelerada en distintos grupos de insectos; con lo que demostraron que las innovaciones evolutivas, en este caso la fitofagia, y los caracteres asociados a ésta, son capaces de disparar una radiación adaptativa.
 
El concepto de "innovaciones clave" como se aplica en la actualidad, combina al menos tres mecanismos ecológicos distintos por los cuales organismos con caracteres novedosos, evolutivamente hablando, permiten a los individuos explotar nuevos recursos y hábitats, y luego iniciar una radiación adaptativa. Y como no toda innovación evolutiva es una innovación clave, la adquisición de caracteres novedosos no es suficiente para que los organismos de un linaje puedan invadir zonas adaptativas nuevas y luego diversificarse.
 
Picos y néctar
 
La diversidad morfológica y conductual de los colibríes, excepto los caracteres seleccionados sexualmente, se puede relacionar con las distintas maneras en que éstos explotan los recursos florales. La manera en que los colibríes usan sus recursos florales, y cómo se reparten las flores entre las especies en una determinada comunidad puede tener consecuencias evolutivas. Para entender los patrones macro evolutivos de diversidad de los colibríes es necesario apuntar que éstos obtienen diariamente sus requerimientos energéticos de diversas maneras. Aunque se ha reconocido que la mayoría de los colibríes obtienen el néctar floral revoloteando, también lo hacen de otras maneras menos costosas energéticamente. Por ejemplo, los colibríes se perchan o se cuelgan cuando las plantas ofrecen una percha bien definida hacia la cual las flores están orientadas (8% de las especies se especializan en usar esta técnica). Otros colibríes encuentran acceso al néctar floral al perforar la base de las corolas de tubo largo, al visitar flores perforadas por otros robadores, o en flores que son visitadas por una clase diferente de polinizadores (25% de todas las especies) sin tocar las estructuras reproductivas de las flores.
 
Los picos de los colibríes varían en tamaño, desde muy cortos a muy largos como mencioné anteriormente, pero también en forma; por ejemplo, hay especies que tienen picos curvados hacia arriba o hacia abajo. La forma (y tamaño) de los picos de los colibríes se ha interpretado como perfectamente diseñada para explotar el néctar de las flores con formas similares, pero se ha ignorado que la forma no es la única manera de predecir la interacción entre los colibríes y sus flores. He descrito cómo los picos de 28 géneros de colibríes tienen pequeñas sierras (y algunas veces ganchos) en la punta del pico (25% de todas las especies). Una hipótesis de trabajo es que estas estructuras anidan en el robo de néctar de corolas de tubo largo. El acceso a estos recursos es importante, ya que son las flores de tubos largos las que contienen grandes volúmenes de néctar y a las que colibríes con picos cortos generalmente no tienen acceso.
 
Valiéndome para ello del método comparativo, he sugerido que la asociación entre los picos aserrados y el robo de néctar es real; las aserraciones han evolucionado muchas veces en circunstancias similares. Se podría argumentar que se trata de una innovación clave. La evolución de los picos aserrados de los colibríes produjo un cambio en la manera en que éstos usan los recursos florales. Sin embargo, para que una innovación clave se acepte como tal debe incluirse en la discusión una prueba comparativa y una argumentación bien apoyada para un posible mecanismo ecológico. Por un lado, la prueba comparativa debe contrastar clados que independientemente adquirieron las aserraciones con clados que carecen de éstas. Por el otro lado, el argumento ecológico o funcional, un grupo de hipótesis que unifica la innovación clave en cuestión con un incremento en las tasas de especiación y una disminución en las tasas de extinción, podría ser que las especies con bordes aserrados en el pico utilizan los recursos florales de manera distinta. Esta condición reduce la competencia por los recursos y confiere cierta resistencia a la extinción. Hasta aquí suena como una buena historia para ser contada, sin embargo, ¿qué evidencia existe que apoye la argumentación anteriormente descrita?
 
El efecto de los colibríes ladrones de néctar en la interacción mutualista entre las plantas y sus polinizadores legítimos ha sido investigado como una cadena de interacciones interdependientes, es decir, sólo considerando la perspectiva de uno de los componentes del mutualismo. Esta manera de aproximarse al problema ha impedido conocer de manera concluyente el efecto de los ladrones de néctar sobre interacciones múltiples. Una aproximación alternativa es averiguar si al cambiar la densidad del ladrón de néctar la naturaleza de la interacción entre la planta y su polinizador legítimo se altera. El costo que el robo de néctar impone tanto en las plantas como en sus polinizadores legítimos es grande, pero los colibríes, que se comportan como "aprovechados", obtienen beneficios obvios.
 
En teoría, la competencia interespecífica por los recursos florales puede favorecer la evolución de una divergencia, de manera que los colibríes obtengan el néctar de varios modos. Existe evidencia que apoya la idea de que las especies responden a la competencia interespecífica mediante el desplazamiento de caracteres, pero son pocos los casos en donde se ha demostrado. El efecto del robo de néctar en el polinizador legítimo es comúnmente reportado, pero no se ha cuantificado rigurosamente. Para demostrar si la divergencia en la morfología y el uso de recursos en especies nuevas es causada por la competencia por el alimento, se debe probar que la dirección de la evolución de una especie en su forma de obtener el alimento es afectada por la especie con la que compite.
En un análisis filogenético sugiero que varios clados de colibríes han adquirido las sierras de manera independiente. La adquisición de picos aserrados en el tiempo evolutivo puede estar ligado a la diversificación de los colibríes, esto si se comparan líneas de colibríes con picos aserrados con sus grupos hermanos que carecen de ellos. Sin embargo, ni la prueba comparativa sugerida ni la argumentación ecológica presentada son totalmente convincentes. La prueba filogenética establece una correlación entre los picos aserrados y la diversidad de los colibríes, pero la relación no es causal; la diversificación de los colibríes podría estar caracterizada por múltiples innovaciones; caracteres morfológicos o conductuales compartidos por el grupo. De no ser tan estrictos, sin embargo, el robo de néctar es al menos una manera innovadora de explotar los recursos florales y una posible ruta en la creación de diversidad. Este escenario supone que los colibríes con picos aserrados se han liberado de tener picos largos, del retoque representa especializarse en ciertas flores, (ya que puede haber una subsecuente extinción) de la manipulación de las plantas y de un ambiente muy competitivo compuesto por colibríes territorialistas de picos cortos. Esta morfopotencialidad, sugerida en particular en el caso de los cíclidos, permite a los organismos subdividir los recursos y especializarse al forrajear.
 
Los reduccionistas, quienes usan la morfología como único argumento, definen la mayoría de los colibríes como generalistas por la manera en que usan los recursos florales. Sin embargo, no deben hacerse generalizaciones ecológicas como éstas simplemente valiéndose de la morfología de los picos, ya que los individuos son marcadamente plásticos en su conducta de forrajeo, algunos incluso se pueden comportar como oportunistas, lo que significa que pueden cambiar sus estrategias de forrajeo de acuerdo con la fluctuación en la disponibilidad de los recursos en un ambiente que cambia constantemente. La conexión entre especialización ecológica y diversificación ha sido sugerida en la literatura, pero nunca probada. Bleiweiss propone que la especiación puede ser promovida por niveles intermedios de movilidad. El argumento básico utilizado por Bleiweiss para explicar la disparidad en el número de especies entre el grupo de los ermitaños especialistas, Phaethorninae, depauperado en número de especies (30 especies)y el más diverso compuesto sobre todo por generalistas, Trochilinae (310 especies), es la diferencia entre los grupos en movilidad y la especialización ecológica. La correlación se facilitaría, de acuerdo con Bleiweiss, si hubiera una extrema heterogeneidad ambiental y un atopografía compleja. Los clados que contengan especies generalistas tenderán a diversificarse al tomar ventaja de esa complejidad ambiental. Por otro lado, los clados, compuestos en su mayoría por individuos especializados, se diversificarán en ambientes homogéneos al existir una tendencia hacia la formación de poblaciones restringidas. Sin embargo, esta dicotomía no considera que una posible consecuencia en la proliferación de formas, particularmente cuando la especialización es ecológica, no es sólo la producción de nuevas especies que sean capaces de explotar nuevos recursos, sino también un incremento en la tasa de extinción; la posibilidad de que los especialistas tengan una tasa mayor de extinción hace que los argumentos presentados por Bleiweiss sean una interpretación débil de los patrones macroevolutivos de la diversidad de los colibríes.
 
La diversificación de un clado puede acelerarse con la especialización, pero también puede causar su extinción. Por ejemplo, los colibríes y las flores de las que se alimentan entran en un proceso irreversible de especialización que los condena a la extinción; tanto los colibríes con picos muy largos como las plantas con corolas largas que son polinizadas por éstos son atrapados en una competencia de "alargamiento". En este escenario, las líneas evolutivas de extremistas especializados, en un continuum de morfologías y conductas, son grupos más sensibles a la extinción y depauperados en especies que los que logran escapar de la extinción. Para entender los patrones macroevolutivos de los colibríes hay que empezar por abandonar esta perspectiva reduccionista y buscar múltiples explicaciones. La diversificación de los colibríes seguramente se ha manifestado mediante varias etapas en la producción de especies causadas por la aparición de múltiples innovaciones asociadas a la explotación del néctar floral y las interacciones resultantes. El primero, quizás, al ganar el hábito de la nectarivoría y al procesar de una manera novedosa la síntesis y los tipos de azúcares, y luego, con la alternativa de varias formas de explotación. Para probar esta hipótesis el siguiente paso sería investigar si, como en el caso de los insectos fitófagos, el hábito de la nectarivoría ha causado la proliferación de formas en los grupos de aves que se alimentan de néctar de manera independiente y repetida.
 
Grupos de organismos con éxito evolutivo
 
Se ha considerado tradicionalmente que los grupos de organismos ricos en especies son más exitosos, ecológica o evolutivamente, que sus grupos hermanos con menor número de especies; es decir, de alguna manera las tasas de especiación son más altas (o las de extinción más bajas) en ciertos grupos de organismos denominados "exitosos". Organismos como las orquídeas, las higueras y sus avispas polinizadoras, las moscas Drosophila de las islas de Hawai, las aves del paraíso y los faisanes han sido el centro de atención de estudios evolutivos precisamente porque su diversidad es extremadamente alta. Sin embargo, poco se ha avanzado en el entendimiento de los mecanismos y procesos que mantienen la riqueza de las especies. Los investigadores han interpretado la diversificación evolutiva de estos grupos como resultado de una especiación por divergencia. Sin embargo, raramente han ligado la diversificación de un grupo de organismos en particular con la manera de obtener su alimento. Una regla empírica de la macroevolución dice que las tasas de especiación y de extinción están correlacionadas. La correlación general entre las dos tasas se da en una misma dirección. Por ejemplo, aquellos taxa que gozan de tasas de especiación relativamente altas también sufren una extinción relativamente alta. ¿Por qué? Esto parece contradictorio, ya que podría pensarse que en los grupos ricos en especies no se presentan tasas altas de extinción. Antes de que la argumentación se torne circular, es necesario aclarar que la idea de los "super taxa" se aplica sólo a aquellos que se diferencian por sus tasas extremadamente altas en relación con los grupos más próximos; son super taxa porque parecen "controlar" la correlación que existe entre la tasa de especiación y la de extinción, es decir, son super organismos que parecen "manipular" su propio rumbo evolutivo. Esta idea es interesante, pues implica que los organismos no son entes pasivos, a merced de la selección natural. La pregunta es, entonces, cómo es que estos super organismos logran, sin que esto se interprete de manera antropocéntrica, "moldear su futuro". Se han identificado a la fecha cinco factores, extrínsecos e intrínsecos, que parecen influir en la correlación entre la especiación y la extinción, que probablemente operan de manera simultánea. El efecto de los factores extrínsecos en la aceleración (o la detención) de la especiación y extinción dependerá de las cualidades intrínsecas de los organismos.
 
Complejidad conductual. Se piensa, por un lado, que las conductas estereotipadas (y con cierta complejidad) de los organismos, mismas que se pueden entender como una forma de especialización ecológica, tienden a reducir ciertas dimensiones del espacio de un nicho; es decir, esta especialización hace que ciertas especies sean vulnerables a cambios ambientales, con lo que se aceleran en promedio sus tasas de extinción. Por otro lado, también se puede predecir qué conductas estereotipadas pueden acelerar las tasas de especiación. Imagine, por ejemplo, que una planta al cambiar de polinizador pueda generar mecanismos de aislamiento para diferenciarse de otras plantas (la tasa de especiación se acelera), pero si se especializa de tal manera con respecto a su polinizador, es claro que ante la extinción del polinizador exclusivo, la tasa de extinción de la planta hospedera se puede acelerar. Este escenario es difícil de imaginar entre plantas que utilizan varios polinizadores o son polinizadas por el viento; de hecho, la utilización de varios polinizadores se podría interpretar como un mecanismo de defensa que regula la correlación existente entre la tasa de especiación y la de extinción.
 
Amplitud del nicho. En este caso, la correlación entre las tasas de especiación y de extinción y la amplitud del nicho es negativa. Entiéndase aquí que a mayor amplitud de nicho (aunque la idea de nicho se entienda hoy día como una abstracción) las posibilidades de especiación y extinción son mínimas, y viceversa. Sin embargo, la especiación se podría promover entre especies estereotípicas por la tendencia a que sus poblaciones se fraccionen. Tal inestabilidad les hace estar a merced de las fluctuaciones ambientales. La diferenciación subsecuente de poblaciones fragmentadas dependerá de las cualidades intrínsecas de los individuos para invadir nuevos nichos.
 
Estabilidad y tamaño de la población. Mediante simples consideraciones numéricas es posible predecir que una especie con una población total pequeña, puede ser relativamente más vulnerable a la extinción que una con una población total grande. Lo mismo podría pasar con aquellas especies que tienen poblaciones muy inestables, mismas que experimentan fluctuaciones que frecuentemente las llevan aniveles numéricos muy bajos. Otro factor que puede influir en poblaciones inestables y pequeñas es la variabilidad de la disponibilidad de alimento en tiempo y espacio. La capacidad de respuesta de especies con poblaciones de estas características dependerá, de nuevo, de sus cualidades intrínsecas.
 
Habilidad de dispersión. La habilidad de los individuos para dispersarse geográficamente está inversamente relacionada con las tasas de especiación y extinción. La dispersión efectiva de los individuos favorece la sobrevivencia de una especie pero reduce la probabilidad de especiación. Sin embargo, esta relación es más compleja de lo que se había pensado. Por ejemplo, entre especies que se caracterizan por tener una distribución geográfica estable y relativamente continua, la dispersión efectiva retardará la tasa de especiación al evitarse la formación de poblaciones aisladas. La tasa de extinción será también baja porque la población total es grande, ampliamente distribuida y estable. Por otro lado, la dispersión efectiva de especies caracterizadas por tener poblaciones inestables y distribuidas en parches promoverá la especiación al generarse poblaciones aisladas, pero la extinción será mayor debido a la inestabilidad de estas poblaciones.
 
Fragmentación de hábitats. Este factor es más que obvio. Por ejemplo, el creciente deterioro de un habitat en particular puede potencialmente influir la correlación existente entre la especiación y la extinción. Un ejemplo bien documentado sobre el efecto de este factor es el de los pericos y tucanes, que se diferenciaron a raíz de la fragmentación de los bosques de Sudamérica en las últimas glaciaciones.
 
Agradecimientos
 
A Judith Bronstein, quien pacientemente me ayudó a darle forma y sentido a este ensayo, y a los otros miembros de mi comité, William A. Calder, Stephen M. Russell, Wayne Maddison y Daniel Papaj por aportar comentarios a la versión del manuscrito en inglés. María de Lourdes Navarijo y César Carrillo aportaron comentarios valiosos. El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (beca56254), el Departamento de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Arizona, y el Instituto de Ecología A.C. me apoyaron durante la concepción y realización de esta investigación. Dedico este texto a William A. Calder, F. Gary Stiles y Peter Feinsinger por la inspiración de su trabajo.

 

articulos
Referencias Bibliográficas
 
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____________________________________________________________      
Juan Francisco Órnelas
Instituto de Ecología, A. C.
     
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cómo citar este artículo
 
Ornelas, Juan Francisco. 1996. Origen y evolución de los colibríes. Ciencias, núm. 42, abril-junio, pp. 38-47. [En línea].
     

 

 

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Publicaciones científicas en América Latina
R042B06  
 
 
 
Ana María Cetto y Kai-Inge Hillerud 
ICSU, UNESCO, UNAM, AIC y FCE,1995.
 
                     
Las naciones que conforman nuestro complejo y diverso
subcontinente latinoamericano comparten lenguas, raíces y tradiciones en las que han basado su desarrollo económico y social, y también su desarrollo científico. Desde el momento que alcanzaron su condición de estados independientes, emprendieron esfuerzos por consolidarse como tales. Empero, dice Ana María Cetto: “En buena medida estos países tienen una historia común, en la que la ciencia ha desempeñado un papel a todas luces secundario. Escasa fue nuestra aportación a la ciencia y escasas fueron también nuestras publicaciones científicas hasta entrado el siglo XX.”
 
Cabe preguntarnos entonces: ¿la ciencia no nos ha interesado a los latinoamericanos?; ¿qué sucede con los científicos de nuestra región?; ¿por qué nuestra ciencia no alcanza dimensiones internacionales?; ¿cuál es el impacto de nuestras publicaciones científicas?
 
Publicaciones científicas en América Latina reúne las experiencias y reflexiones de un grupo de editores y especialistas que participaron en el taller internacional del mismo nombre, realizado en noviembre de 1994 en Guadalajara, México, en el marco de la VIII Feria Internacional del Libro. En este encuentro participaron 34 científicos, editores y especialistas en publicaciones científicas, procedentes de diez países de América Latina y el Caribe, además de Canadá, España, Estados Unidos y Suecia.
 
La idea de organizar una reunión de este tipo se originó de la discusión contenida en un artículo aparecido en la revista, del International Council of Scientific Unions, Science International, sobre los beneficios que para el desarrollo regional se derivan del fortalecimiento de las publicaciones científicas propias. Dicha idea fue recogida por dos comités del ICSU, los cuales, inspirados por la experiencia de un taller similar realizado en Harare, Zimbawe, en 1993, resolvieron convocar a un grupo selecto e interdisciplinario de especialistas, para hacer un primer análisis colectivo de los principales problemas que enfrentan las publicaciones científicas en América Latina y sus posibles vías de solución.
 
Los objetivos generales del taller fueron: 1) promover y facilitar una colaboración más activa entre los editores científicos de la región; 2) aumentar la visibilidad de la ciencia latinoamericana por medio de sus publicaciones; 3) intensificar la cooperación científica regional e internacional. Al cabo de dos días y medio de fructíferas deliberaciones, los participantes formularon un conjunto de conclusiones y recomendaciones dirigidas a las instituciones científicas y los organismos para la ciencia y tecnología de la región.
 
Publicaciones científicas en América Latina contiene los textos inaugurales, los trabajos que se derivaron de las ponencias presentadas a discusión, y las conclusiones y recomendaciones. El orden de los textos corresponde a la organización temática del taller, a saber:
 

1) Naturaleza, objetivos y estado de las publicaciones existentes.

2) Calidad y evaluación de las publicaciones científicas.

3) Proceso técnico de producción y uso de nuevas tecnologías.

4) Sustentabilidad de las publicaciones: financiamiento, promoción y distribución.
 
Los trabajos abordan en su mayoría cuestiones relacionadas con los temas 1 y 2, lo cual refleja las preocupaciones centrales de los participantes. Hubo en la reunión un predominio de científicos involucrados en la edición de revistas de investigación, como se desprende claramente de las contribuciones escritas y de las conclusiones. Uno de los resultados quizás más significativos fue la propuesta de crear una red regional permanente de editores científicos, una de cuyas primeras tareas sería el seguimiento de las recomendaciones emanadas del propio taller, en particular la creación de un banco de datos de revistas científicas de la región. Hubo también, sin embargo, un claro consenso sobre la urgente necesidad de fomentar la producción de otros géneros de literatura científica, específicamente de revistas y libros para la enseñanza y para la comunicación a un público más amplio, y se elaboran varias propuestas específicas al respecto.
 
La reunión fue auspiciada por el ICSU, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la Universidad de Guadalajara, la Academia de Ciencias de Tercer Mundo (TVVAS), la Academia de la Investigación Científica de México y la VIII Feria Internacional del Libro.
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Ana María Cetto y Kai-Inge Hillerud
     
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cómo citar este artículo 
 
Cetto, Ana María y Hillerud, Kai-Inge. 1996. Publicaciones científicas en América Latina. Ciencias, núm. 42, abril-junio, pp. 60-62. [En línea].
     

 

 

 

 

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