revista de cultura científica FACULTAD DE CIENCIAS, UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
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143B07  
 
 
 
   
                     
“Toca justamente a la Facultad de Ciencias
mantener viva la antorcha de Prometeo y seguir liberando las mentes con las armas de las matemáticas y las ciencias. Por ello es importante reconocer el singular espíritu visionario que movió a los fundadores de la Facultad hace setenta años, recuperar esta visión, y trasladarla al siglo XXI. Estas siete décadas han visto el mayor desarrollo de la ciencia en toda la historia y el más impresionante despliegue de la capacidad innovadora del hombre. Sin una Facultad de Ciencias robusta y dinámica, que actualice sus programas, sus métodos y sus recursos para cumplir cabalmente con el cometido de formar científicos de calidad, críticos, innovadores, comprometidos con su trabajo y con la sociedad, la Universidad Nacional está incompleta y el futuro de México como país moderno está en juego.”
     


     
Ana María Cetto
Instituto de Física,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     


     
Nota

Fragmento del texto leído en la mesa redonda “La actualidad de Prometeo y los 70 años de vivir la ciencia”, efectuada en el Auditorio Carlos Graef de la Facultad de Ciencias de la UNAM el 2 de octubre de 2009.
     
       
       
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El momento de la creación de la Facultad de Ciencias 143B03  
 
 
 
Raúl Domínguez Martínez†  
                     
En octubre de 1938 el Consejo Universitario recibió
un proyecto relativo a la creación de la Facultad de Ciencias; se trataba de un documento de primera importancia, no sólo porque constituía el origen de dicho plantel, sino porque en él se exponían los motivos por los que se tomó tal decisión. Dicho proyecto lo suscribieron el doctor Antonio Caso, director de la Facultad de Filosofía y Estudios Superiores; el doctor Isaac Ochoterena, director del Instituto de Biología; el ingeniero Ricardo Monges López, responsable de la Escuela Nacional de Matemáticas y Ciencias Físicas, y el doctor Alfredo Baños, director del Instituto de Ciencias Físico-Matemáticas. 
 
Los argumentos daban inicio con esta afirmación: “En todas las principales universidades del mundo, aun en las de segundo orden, existe una Escuela o Facultad dedicada al estudio superior de las ciencias”. Acto seguido, se deslindaba la enseñanza y el estudio de las ciencias en la universidad como elementos de cultura general, de la enseñanza y el estudio especializados, para después pasar a una crítica de la situación particular: “En nuestro medio universitario se ha tenido especial cuidado de formar buenas escuelas profesionales, dotándolas, hasta donde se ha podido, de todo lo que necesitan para preparar a sus alumnos, pero a los profesores universitarios y a los investigadores de la ciencia no se les ha prestado ayuda alguna, se han formado por su propia cuenta”. De conformidad con los propios autores, tal situación “no ha sido por falta de esfuerzos encaminados a ese fin, sino porque en los últimos años hemos vivido largos periodos de inquietud y hemos sufrido una continua falta de recursos que ha obligado a nuestras autoridades universitarias a posponer la resolución de los problemas culturales para atender a la imperativa necesidad de subsistir”. 
 
La propuesta consideraba “cuando menos” siete departamentos: Matemáticas, Física, Química, Biología, Geología, Geografía y Astronomía, y la creación consecuente de otros tantos institutos de investigación, razón por la cual “se propone que el Instituto de Ciencias Físico-Matemáticas se divida en dos institutos, uno dedicado a las matemáticas y otro a la física; que se establezca el Instituto de Química, que tanta falta hace, y que el Instituto de Investigaciones Geográficas se incorpore con el nombre de Instituto de Geografía […] de modo tal que cada jefe de instituto será al mismo tiempo, exoficio, jefe del departamento respectivo de la Facultad de Ciencias”. 
 
No deja de llamar la atención, por último, el que los términos de la propuesta se hayan limitado, como era lo usual, a reformulaciones legales, sin acompañar la exposición de motivos de una consideración relativa a los recursos humanos y físicos, y a la relación entre lo disponible y lo deseable. 
 
La organización, el reglamento y los planes de estudio para la nueva facultad fueron elaborados, en las ramas de física y matemáticas, por el ingeniero Monges López y por el doctor Alfredo Baños, quien recién había regresado al país después de graduarse en la Universidad John Hopkins y de haber recibido la beca Guggenheim, siendo el primer doctor en Física mexicano con residencia aquí (Sandoval Vallarta vivía en Estados Unidos). 
 
El documento fue presentado a la consideración del Consejo Universitario en noviembre de 1938. La iniciativa establecía diversos mecanismos de coordinación entre los departamentos y los institutos respectivos, esto con la clara intención de dar un fuerte impulso a la investigación y de integrarla al trabajo docente, razón por la cual el documento incluyó la propuesta de dividir el Instituto de Ciencias Físico-Matemáticas, de reciente creación, en dos institutos especializados, dando lugar así al surgimiento de un Instituto de Física propiamente dicho; el de Matemáticas sería posterior. La nueva Facultad otorgaría los grados de maestro y doctor en Ciencias, con una nomenclatura peculiar compartida con Filosofía y Letras en la que la maestría era equivalente a la licenciatura, y siendo requisito la obtención del primero para poder cursar el doctorado.
 
El 19 de diciembre de 1938 se promulgó el nuevo Estatuto General; de esta manera dio comienzo la vida formal tanto de la Facultad de Ciencias como del Instituto de Física. El artículo 8 establecía que “los institutos tendrán un director, constarán de las secciones con el personal técnico y administrativo que señale el reglamento y dependerán directamente del rector. Cada uno de los institutos tendrá un Consejo consultivo [antecedente del actual Consejo Técnico de la Investigación Científica] que deberá hacer al rector todas las observaciones que estime pertinentes para el mejor desarrollo de los trabajos”. Los directores de institutos podrían durar indefinidamente en el cargo, de acuerdo con el artículo 34, pudiendo ser removidos por el Consejo a solicitud del rector o de un grupo de consejeros que representaran cuando menos un tercio de los votos computables en el órgano legislativo. Las labores efectivas dieron inicio en enero de 1939, año para el cual había sido aprobado el Reglamento de Pagos, estableciendo una cuota de inscripción para los alumnos de la Universidad de diez pesos y una colegiatura anual de cien pesos para los de la Facultad de Ciencias; ese año, después de una devaluación brusca, el dólar se cotizó a $5.19, y el salario mínimo diario general en la zona metropolitana era de $2.50, lo que suponía, para los alumnos de física, un pago anual equivalente a poco menos de veinte dólares y a cuarenta salarios mínimos. Adelantaremos aquí que, para 1940, la matrícula de la nueva Facultad representaba sólo 1.1% de la población estudiantil universitaria.
 
Para el caso de la física y la matemática, la Facultad de Ciencias continuó ocupando las instalaciones en el Palacio de Minería, y el edificio porfiriano de Ezequiel Montes número 15 albergó el área de la biología. El cambio más importante era, en realidad, el de perspectiva, ya que se había logrado el paso a la creación de una entidad autónoma para el desarrollo de las ciencias. El énfasis inicial fue puesto en el desarrollo de las matemáticas y la física y en la preparación de cuadros en el extranjero.
 
Por su parte, el Instituto de Física comenzó sus trabajos en medio de dificultades principalmente de orden pecuniario. El primer ejercicio presupuestal no pudo hacerse efectivo debido a problemas administrativos; esa primera asignación fue de veinte mil pesos anuales, cifra que se elevó a treinta y ocho mil pesos en 1939. Aquí conviene recordar que en el curso de ese año dio comienzo la conflagración bélica en Europa, en cuyo contexto habría de tener lugar un impresionante desarrollo de la física nuclear. Para entonces, el Instituto ocupó un local dentro del Palacio de Minería, en la calle de Tacuba, en el centro de la ciudad. Aparte del doctor Baños, director del mismo y precursor en México, junto con Sotero Prieto y Blas Cabrera, de los estudios de Física Atómica y de Física Teórica, figuraban como investigadores el ingeniero Manuel González Flores y los profesores (aún no contaban con el título profesional) Héctor Uribe y Manuel Perusquía, así como un ayudante de investigador, el señor Pedro Zuloaga. 
 
Radiación Cósmica, Hidrodinámica y Elasticidad, Física Biológica, Física Nuclear y Radioactividad, Espectroscopía y Estructura Atómica, Rayos X y Estructura Molecular, Astrofísica, Geofísica y Laboratorio de Mecánica de Suelos eran las secciones que integraban el núcleo estructural del Instituto, según su plan original. Sin embargo, dadas las limitaciones presupuestales y, en general, las carencias de la Universidad, hubo de conformarse con establecer y hacer funcionar las secciones de Radiación Cósmica y de Mecánica de Suelos, e iniciar los trabajos teóricos de la geofísica.
 
En un artículo preparado por el doctor Baños a finales de 1940 para la Revista de Estudios Universitarios, órgano de difusión de las Facultades de Filosofía y Letras, Ciencias y de la Escuela Nacional Preparatoria, el director del Instituto presentó a la comunidad universitaria las siguientes reflexiones: “A diferencia de otros institutos, tales como el Instituto de Biología, el Instituto de Geología y el Observatorio Astronómico Nacional, que ingresaron a la Universidad Nacional Autónoma de México en 1929, dotados de amplio patrimonio en cuanto a edificios, laboratorios, bibliotecas y personal, el Instituto de Física ha empezado sin patrimonio alguno, con lo cual la labor de creación a la vez que de organización y dirección se torna de lo más difícil, especialmente en vista de las circunstancias precarias por las que ha atravesado la Universidad durante los últimos tres años escasos que lleva de vida el Instituto de Física. Sin embargo, es la esperanza de esta Dirección que las autoridades universitarias, animadas de un alto espíritu de deber universitario y percatadas por entero de la importancia y trascendencia de la misión que el Instituto de Física está llamado a desempeñar dentro de la Universidad como laboratorio central de pruebas y medidas físicas y como centro de investigaciones en las ciencias físico-matemáticas, habrán de prestarnos su más amplia colaboración y franca ayuda para dotar, desde luego al Instituto, aunque sea de forma modesta y sencilla, de un edificio adecuado para sus oficinas, sus laboratorios y su biblioteca”.
 
Estos acontecimientos fueron reconocidos por el rector Gustavo Baz en el informe que presentó en 1940: “De enorme trascendencia para el país fue la creación de la Facultad de Ciencias. La Universidad de México estaba integrada por un conjunto de Escuelas en las que se preparaba a los profesionistas. Pero nos faltaba la pura investigación científica y particularmente la preparación de los investigadores, hombres ajenos al ejercicio práctico de una profesión y que deben tener como fin la pura investigación científica”. 
 
Así fue como se inició en nuestro país la promoción institucionalizada de científicos: con presupuestos exiguos y escatimados, en un contexto generalizado de apatía, sin conexiones operativas con la planta productiva, y careciendo de estímulos sociales en favor del incremento de vocaciones en las diversas áreas. En su devenir seguirá enfrentando esta situación.
     

Nota

Este texto es un fragmento del publicado en número 53 de la revista Ciencias
     

     
Raúl Domínguez Martínez†
Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, 
Universidad Nacional Autónoma de México.

     

     
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El Prometeo Quetzalcoatl 143B05  
 
 
 
 César Carrillo Trueba  
                     
Los mitos fascinan por su vitalidad, su capacidad
de allegarse elementos de diferentes épocas, culturas muy distintas, de recubrirse de actualidad al fusionarse con otros mitos, llenarse de sentido una y otra vez, perdurando a lo largo del tiempo, cuasi eternos. El mito de Prometeo es ilustrativo. Aliado incondicional de los humanos —se dice que él los moldeó con arcilla—, les proporcionó valiosos conocimientos —como construir una gran arca para salvarse del diluvio provocado por Zeus— y robó el fuego del Olimpo para ellos. Fue por eso que lo hicieron encadenar en el monte Cáucaso, adonde día con día llegaba un enorme águila que le devoraba las entrañas, las cuales se reestablecían durante la noche del ataque de la rapaz. Un castigo eterno para un ser inmortal.
 
El conocimiento científico ha sido asimilado al fuego por su acción civilizadora, por los beneficios que lleva a la humanidad, de ahí que Prometeo haya sido una figura rápidamente retomada como símbolo de la ciencia. México no es la excepción, sólo que aquí, tras la Revolución de 1910, tuvo lugar una hibridación de la mitología clásica con la mesoamericana como resultado de un intento por encontrar similitudes entre ambos panteones, entre las divinidades de cada continente, por dotar a las antiguas culturas del país de una filosofía similar a la griega.
 
La escultura El Prometeo Quetzalcoatl que se levantó frente a la Facultad de Ciencias cuando se construyó Ciudad Universitaria —actualmente en la explanada de la biblioteca— fue concebida en ese contexto. En la mitología mesoamericana, Quetzalcoatl es el benefactor de la humanidad, él roba los huesos que guardaba Mictlantecuhtli en el inframundo y con ellos crea a los humanos, a él deben sus conocimientos más necesarios así como el mantenimiento de la agricultura ya que simboliza la tierra y el agua, y varios de sus héroes y gobernantes fueron identificados con esta deidad que alguna vez fue humano. 
 
El escultor Rodrigo Arenas Betancourt, nacido en Colombia pero instalado en México desde 1947, tuvo la idea de fusionar ambos mitos en una escultura. La serpiente de basalto que sostiene la figura humana de bronce simboliza a Quetzalcoatl, deidad telúrica, mientras, en lo alto, con un halo de estrellas, Prometeo resiste su tormento; el espejo de agua en donde se yergue la escultura de siete metros y medio de altura remata el conjunto. Así, agua, tierra y cielo simbolizan el cosmos, el entorno que sostiene la vida y que los humanos se afanan por entender, anhelan comprender, develan sus misterios, siempre inalcanzables.
     
       

     
César Carrillo Trueba
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México
     

     
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Propuesta de creación de la Facultad de Ciencias 143B04  
 
 
 
   
                     
al h. consejo universitario
     
Los suscritos: Dr. Antonio Caso, Director de la Facultad de Filosofía y Estudios Superiores;
 
Dr. Isaac Ochoterena, Director del Instituto de Biología; Ing. Ricardo Monges López, Director de la Escuela Nacional de Matemáticas y Ciencias Físicas, y Dr. Alfredo Baños Jr., Director del Instituto de Ciencias Físico-Matemáticas, ante ese H. Consejo respetuosamente exponen:
 
En todas las principales universidades del mundo, aun las de segundo orden, existe una Escuela o Facultad dedicada al estudio superior de las ciencias que se denominan ESCUELA o FACULTAD DE CIENCIAS.
 
En la más pobres se enseñan, cuando menos, las cuatro ciencias fundamentales, a saber: las Matemáticas, la Física, la Química y la Biología, pero en la mayoría de ellas, se enseña también la Geología y la Astronomía, que son las ciencias concretas de mayor generalidad, y en las universidades de primer orden se incluyen aun las ciencias Psicológicas.
 
Las cuatro ciencias fundamentales se enseñan también en todas las universidades, como base cultural y preparatoria de todas las profesiones, pero estos estudios tienen tan sólo un carácter elemental, o particular, de acuerdo con las necesidades de cada técnica, sin que se les pueda dar ni toda la extensión, ni mucho menos toda la elevación que estos estudios requieren para preparar a los profesores universitarios y a los investigadores científicos.
 
Para formar a estos profesores e investigadores se requiere una Facultad especial, en donde se enseñen las diversas ramas de la ciencia en toda su generalidad y elevación, de una manera metódica y sistemática, pasando, gradualmente desde los conocimientos que se adquieren en la preparatoria, hasta los más altos estudios que requiere la investigación para el progreso de la ciencia.
 
Investigar y enseñar son, indudablemente, las actividades más importantes y elevadas de toda universidad, y las personas que se dedican a ellas deben contar con una institución universitaria de primer orden en donde pueden adquirir los conocimientos necesarios.
 
En nuestro medio universitario se ha tenido especial cuidado de formar buenas escuelas profesionales, dotándolas, hasta donde se ha podido, de todo lo que necesitan para preparar a sus alumnos; pero a los profesores universitarios y los investigadores de la ciencia no se les ha prestado ayuda alguna, se han formado por su propia cuenta.
 
Afortunadamente, desde hace cinco años, nuestra universidad se ha orientado por distinto camino, y ahora ya contamos con una escuela de Matemáticas y Ciencias Físicas en donde preparan a los Matemáticos, a los Físicos y a los Geólogos, y en donde se pensaba preparar a los Astrónomos y perfeccionar los estudios de los Químicos, para transformarlos en investigadores empeñados en el progreso de esta importante rama de la ciencia. En la Facultad de Filosofía y Estudios Superiores contamos ya con una carrera para preparar a los Biólogos, y aunque estos estudios son muy distintos de los otros que se imparten en esa Facultad, se ha hecho todo lo posible por irlos elevando poco a poco, faltándoles sin duda la cooperación de los laboratorios de física y química biológica, indispensables para poder profundizar en estos estudios.
 
Por lo anterior se ve que, si no hemos llegado a organizar debidamente el estudio superior de la ciencia en nuestra universidad, no ha sido por falta de esfuerzos encaminados en ese fin, sino porque en los últimos años hemos vivido largos periodos de inquietud y hemos sufrido una continua falta de recursos, que ha obligado a nuestras autoridades universitarias a posponer la resolución de los problemas culturales para atender a la imperiosa necesidad de subsistir.
 
Pero ha llegado ya el momento inaplazable de dar a nuestra casa de estudios su organización definitiva, esto es, de elevarla al rango que le corresponde en la cultura mundial, y, para ello, es indispensable crear la FACULTAD DE CIENCIAS, para formar con ella, con la FACULTAD DE FILOSOFÍA, y con los INSTITUTOS DE INVESTIGACIÓN, el exponente más alto de nuestra cultura.
 
La Facultad de Ciencias debe tener cuando menos siete departamentos, a saber: el de Matemáticas, el de Física, el de Química, el de Biología, el de Geografía y el de Astronomía, y deben integrarse con los elementos que tiene la Escuela Nacional de Matemáticas y Ciencias Físicas y con los de la Sección de Biología y de Geografía de la Facultad de Filosofía y Estudios Superiores. 
 
Para coordinar, debidamente, la preparación de los investigadores que se hagan en la Facultad, dentro de los siete Departamentos mencionados antes, con la investigación científica que se lleva a cabo en los institutos, es conveniente que exista un instituto correspondiente a cada uno de los Departamentos de la Facultad. Por esta razón se propone que el Instituto de Ciencias Físico-Matemáticas se divida en dos Institutos: uno dedicado a las Matemáticas y otro a la Física; que se establezca el Instituto de Química, que tanta falta hace para completar el cuadro de investigación, y que el Instituto de Investigaciones Geográficas se incorpore, con el nombre de Instituto de Geografía, al grupo de institutos que habrán de colaborar con la Facultad de Ciencias en un programa coordinado de Investigación científica. De este modo cada Jefe de Instituto será al mismo tiempo, ex-oficio, Jefe del Departamento respectivo de la Facultad de Ciencias.
 
Así mismo, para coordinar las labores de todos los Institutos entre sí y planear debidamente el servicio social que por medio de ellos imparta la Universidad, deberá crearse un Consejo consultivo que estará formado por los directores de las Facultades de Filosofía y de Ciencias y por los Directores de los siete Institutos de investigación anteriormente mencionados. 
 
La creación de esta nueva Facultad y la coordinación de ella con los institutos de Investigación de la manera indicada, resolverán para la Universidad, dentro de muy breve plazo, los tres importantísimos problemas, a saber: la investigación, la docencia y el servicio social de la ciencia.
 
Teniendo en cuenta las razones anteriormente indicadas y para llevar los fines propuestos, nos tomamos la libertad de someter a la consideración
 
de ese H. Consejo las siguiente reformas al Estatuto que está discutiendo:
 
TÍTULO II
DE LAS INSTITUCIONES
 
Artículo 5o. La educación superior, la preparación para la investigación científica y la formación de profesionistas y técnicos se realizará por las siguientes instituciones:
1o.- Facultad de Filosofía y Letras.
2o.- Facultad de Ciencias.
3o.- Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, integrada por:
a) La Escuela Nacional de Jurisprudencia,
b) La Escuela Nacional de Economía,
c) La Escuela Nacional de Comercio y Administración.
4o.- Facultad de Medicina, integrada por:
a) La Escuela Nacional de Medicina, con las secciones de Enfermería y Obstetricia,
b) La Escuela Nacional de Odontología,
c) La Escuela Nacional de Medicina Veterinaria.
5o.- Facultad de Ingeniería y Ciencias Químicas, integrada por:
a) La Escuela Nacional de Ingeniería,
b) La Escuela Nacional de Ciencias Químicas.
6o.- Facultad de Bellas Artes, integrada por:
a) La Escuela Nacional de Arquitectura,
b) La Escuela Nacional de Artes Plásticas,
c) La Escuela Nacional de Música.
7o.- Escuela Nacional Preparatoria.
8o.- Escuela Nacional de Iniciación Univesitaria.
 
Artículo 6o.- La investigación científica se llevará a cabo principalmente por los siguientes institutos:
a) de Matemáticas
b) de Física
c) de Química
d) de Biología
e) de Geología
f) de Geografía
g) Observatorio Astronómico
h) de Investigaciones Sociales
i) de Investigaciones Estéticas.
 
Artículo 8o.- Los Institutos tendrán un Director y constarán de las secciones con el personal técnico y administrativo que señale el reglamento y dependerán directamente del Rector. Las Juntas Directivas de las Facultades de Derecho y Ciencias Sociales y de Bellas Artes funcionarán respectivamente como Consejeros Consultivos de los Institutos de Investigaciones Sociales y de Investigaciones Estéticas: deberán hacer al Rector todas las observaciones que estimen pertinentes para el mejor desarrollo de los trabajos.
 
Los Directores de las Facultades de Filosofía y Letras y de las Ciencias, el Director de la Escuela Nacional de Ciencias Químicas y los Directores de los Institutos de Matemáticas, Física, Química, Biología, Geografía y del Observatorio Astronómico formarán el Consejo Consultivo de estos Institutos. Los Directores de los Institutos anteriormente mencionados serán los jefes de los respectivos Departamentos de que consta la Facultad de Ciencias.
 
México, D.F. a 19 de octubre de 1938
 
Dr. Antonio Caso
Dr. Isaac Ochoterena
Ing. Ricardo Monges
Ing. Ricardo Monges
     

     


     

     
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Urge encauzar la Inteligencia Artificial 143B02  
 
 
 
Eduardo Morales  
                     
La Inteligencia Artificial (IA) recientemente se ha
vuelto un tema común de conversación, con desarrollos que no dejan de sorprendernos, inclusive a los que trabajamos en el área desde hace muchos años. Apoyada por una inyección importante de recursos económicos y  humanos, ha aprovechado la gran cantidad de datos disponibles, los aumentos en la capacidad de cómputo y las mejoras en los algoritmos de aprendizaje para crear sistemas que prácticamente saben de todo, que le ganan a los mejores del mundo en una gran cantidad de juegos, que pueden generar dibujos, textos, música y videos a partir de un texto simple, e inclusive resolver problemas tan fundamentales para la vida como el del plegamiento de proteínas. La ia está impactando a gran velocidad en toda la sociedad, por lo que es importante actuar con rapidez para asegurarnos que esta poderosa tecnología se use en beneficio y no en detrimento de todos.
 
Sus avances recientes están detonando un “nuevo renacimiento” en las ciencias y las artes. Por un lado, ayudando a resolver problemas fundamentales en la ciencia y, por el otro, generando una explosión de expresiones artísticas. En particular, se le puede ver como un “amplificador cognitivo”, con capacidades para analizar una gran cantidad de información, encontrar patrones útiles, explorar diversas alternativas, entre muchas otras capacidades. Siendo una tecnología tan poderosa, también tiene sus posibles riesgos. Es importante entender que los sistemas de ia, pueden tomar decisiones acertadas o decisiones que pueden reforzar nuestros errores o sesgos, pero estos sistemas no tienen un código moral, no saben lo que es verdadero o falso, no saben si se equivocan, no tienen valores humanos, no cuentan con intención, motivación, emoción o juicio, aunque por su comportamiento lo pueden “simular”, por lo que es común asignarle cualidades humanas. 
 
Para contener sus posibles malos usos, recurrentemente se menciona la importancia de crear una regulación, como lo están haciendo muchos países. La regulación tiene sus beneficios, pero también sus riesgos. Por un lado, ayuda a que se le dé un uso ético, buscando prevenir discriminación y sesgos que puedan impactar negativamente a grupos minoritarios; también a la protección de datos personales, a respetar la privacidad, a impulsar la calidad y consistencia de los desarrollos y a promover la responsabilidad social y legal de estos sistemas cuando se equivocan. Con la regulación se puede promover la transparencia de estos sistemas, buscar proteger los derechos de autor, evitar la proliferación de armas autónomas, incentivar el uso de estas tecnologías en toda la sociedad, y para evitar ensanchar la brecha entre ricos y pobres, entre otros beneficios.
 
Por otro lado, los detractores de las regulaciones argumentan que éstas pueden detener o retrasar el desarrollo de dicha tecnología y crear costos excesivos, afectar al surgimiento de nuevas empresas para las cuales sea difícil cumplir con tales regulaciones y que no tengan los recursos económicos necesarios, limitando la posible competencia. Sin embargo, dada la velocidad en que están ocurriendo los desarrollos y la incertidumbre en cuanto a su posible futuro, lo más probable es que dichas regulaciones dejen de tener vigencia rápidamente. 
 
Finalmente, las regulaciones que adopten los países no van a ser equivalentes e inclusive pueden no existir en algunos casos, lo cual puede provocar que las empresas desarrolladoras de dichas tecnologías se muevan a países con regulaciones laxas que permitan desarrollar sistemas que posiblemente violen derechos humanos a costa de beneficios económicos. Algo parecido ya sucede en otras industrias, como la minera, en donde se violan las condiciones mínimas laborales y ambientales. La regulación debe de ser en beneficio de la población y no de las compañías desarrolladoras. Las normas deben de crearse a nivel nacional tomando en cuenta las regulaciones internacionales y ser robustas y ágiles para poder lidiar con los continuos cambios tecnológicos.
 
Las regulaciones son indispensables, pero no son suficientes. Por ejemplo, existen leyes claras para no robar, sin embargo, cerramos con llave todas nuestras pertenencias porque las leyes no siempre son respetadas. Si algo nos enseñó el uso de la ia en las redes sociales es que, con mecanismos relativamente sencillos, lograron que la gente fuera más predecible, más extrema y más polarizada. No es difícil imaginar mayores controles sobre la población con mecanismos más sofisticados. Afectará la educación, el sector salud, el desarrollo de la ciencia y de las artes, la agricultura, el empleo y muchas áreas más, por lo que se requiere tener un plan nacional de desarrollo integral, con equipos multidisciplinarios, que abarque todos estos sectores y se asegure de que dicha tecnología se use en beneficio de la sociedad.
 
Por ejemplo, en el sector salud se esperan mejoras al producir diagnósticos precisos, acelerar la producción de fármacos y vacunas, dar un mejor seguimiento a los pacientes, ayudar a la prevención de enfermedades y contar con la posibilidad de desarrollar aplicaciones médicas específicas para la población mexicana. Pero para eso se requiere trabajar con médicos especialistas que conozcan no sólo los beneficios, sino también los riesgos potenciales.  
 
Se espera que contribuya asimismo a una educación personalizada con grandes beneficios en el proceso enseñanza-aprendizaje, pero esto requiere educar a los alumnos y, en particular, a los maestros en cómo usar estas tecnologías de forma efectiva para que promuevan la enseñanza y se eviten saltos cognitivos, esto es, que los alumnos dejen de aprender ciertos conceptos o habilidades por delegar buena parte del trabajo cognitivo en tales tecnologías. Para esto se requiere cooperar con los docentes a fin de diseñar programas de enseñanza en donde se aprovechen dichas tecnologías como apoyo a los alumnos en el aprendizaje y desarrollo de nuevas habilidades.
 
Además, se espera que provoque desempleo, por lo que se requiere trabajar con expertos de economía y empresarios para vislumbrar alternativas laborales y programas de capacitación para la generación y conversión de nuevos empleos. Ya está presente en nuestras vidas y su influencia va a ser cada vez mayor. No podemos dejar pasar la oportunidad para aprovecharla ni dejar que cada quien use esta tecnología como “dios le dé a entender”. Actualmente las grandes compañías crean sistemas de ia, los liberan a la sociedad y luego buscan corregirlos para evitar posibles sesgos o malos usos. Tenemos que obligar a estas compañías para que los sistemas que liberan a la sociedad sean seguros por diseño. Eso justamente sucede con las farmacéuticas, las cuales no pueden, por ejemplo, saltarse los ensayos clínicos, o con las plantas nucleares, que no pueden omitir los protocolos de seguridad. Entonces, ¿por qué vamos a permitir que las compañías que están generando estos sistemas sí se puedan saltar cualquier tipo de garantía? No queremos que por desconocimiento de su uso se creen errores médicos que pongan en riesgo la vida de los pacientes. Tampoco podemos quedarnos cruzados de brazos mientras el desempleo aumente con su incorporación en varios sectores productivos; no debemos permitir que nuestros alumnos usen estas herramientas para resolver problemas escolares, evitando procesos cognitivos y perdiendo su capacidad para escribir, cuestionar o razonar. Debemos evitar que esta tecnología ensanche la brecha educativa, de salud, alimenticia, entre otras tantas, entre personas con altos recursos económicos y aquellas menos favorecidas. 
 
Finalmente, es importante preguntarnos cómo estamos en la formación de recursos humanos, la cual es una parte fundamental para el futuro de la ia. Desafortunadamente en México, su desarrollo y, más genéricamente de la computación, tiene serios problemas en todos los niveles educativos. En la primaria, secundaria y preparatoria, en general, se enseña cómo usar paquetes para escribir textos, hacer hojas de cálculo o diseñar presentaciones, en lugar de enseñar computación. Aprender a usar paquetes en las clases de computación es como aprender a usar una calculadora en lugar de enseñar matemáticas, a usar un telescopio en lugar de aprender astronomía o manejar un coche para aprender mecánica. El equiparar el uso de paquetes o herramientas con el conocimiento del área crea una idea equivocada de lo que es la computación. A nivel licenciatura no estamos mejor, en lugar de que exista una carrera en computación que se enseñe en diferentes instituciones, como ocurre con la física, química o biología, lo que vemos es que existen más de doscientos nombres diferentes para carreras relacionadas a computación e informática, la mayoría de ellas con deficiencias en matemáticas, que son la base de la computación y la ia. 
 
Esto crea confusión para los estudiantes y para los empleadores, ya que el nombre de la carrera deja de hacer sentido en cuanto al contenido de la carrera. A nivel posgrados, se tienen grupos relativamente pequeños y aislados en el país, no se tiene un Centro Público de Investigación dedicado a la ia y las políticas de evaluación de conahcyt, que en buena medida determinan el desarrollo de la investigación en el país, aíslan a los científicos mexicanos de la comunidad internacional. Me explico: en la computación, una de las formas más aceptadas de publicar conocimiento es por medio de congresos, los cuales son artículos en extenso que siguen un proceso estricto de evaluación y en donde muchas veces es más difícil de publicar que en las mejores revistas del área. Esto no ocurre, en general, en otras áreas del conocimiento, en donde las publicaciones en congresos se consideran de menor calidad que las de las revistas. Para ilustrar la relevancia de los congresos en computación, según Google metrics, de las cien publicaciones de mayor impacto a nivel mundial, existen diez de computación, de las cuales ocho son congresos. De hecho, la cuarta publicación de más impacto a nivel mundial en esa lista es un congreso de computación, sólo por debajo de Nature, The New England Journal of Medicine y Science. Sin embargo, si un investigador de México publica en ese congreso, no se le toma en cuenta en sus evaluaciones porque no se considera como un producto válido de investigación. Esto provoca que los investigadores acaben publicando en revistas para que se les reconozcan esas publicaciones en México, pero que posiblemente no reciban el mismo reconocimiento a nivel internacional.
 
La IA es una tecnología muy poderosa que puede ayudar a resolver muchos problemas de la sociedad y mejorar sus estándares de vida, pero tenemos que asegurarnos que así sea. Dada las capacidades de sus herramientas actuales y su disponibilidad, es primordial que nosotros definamos cómo queremos que se usen en beneficio de la sociedad. Se tiene que invertir en su educación, en su investigación y en su sano desarrollo. Se requiere crear centros de ia, con grupos multidisciplinarios y equipo de cómputo adecuado para atender los sectores que más rápidamente van a ser afectados con esta tecnología, empezando por la educación. Es necesario crear una regulación y considerar aspectos éticos en su uso. Se requiere incluir cursos de ética en las universidades que enseñan computación y aplicar regularmente auditorias y monitoreos a estos sistemas para asegurarse de que cumplan con ciertos estándares de desempeño y confiabilidad. Tales acciones nos pueden ayudar a crear un desarrollo responsable en el área, que traiga beneficios tangibles para la sociedad y detone el desarrollo científico y tecnológico del país. 
 
Necesitamos articular un plan nacional para la incorporación de la ia en la sociedad. Sus posibles consecuencias son muy amplias, es una tecnología disruptiva y ya está entre nosotros, lo queramos o no, por lo que urge encauzarla para poder obtener todos los beneficios que promete y al mismo tiempo evitar todos los posibles daños que puede ocasionar.
     
       

     
Eduardo Morales
Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica,  
Universidad Nacional Autónoma de México.
     

     
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