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Alexis Daniela Rivero Romero y Ana Isabel Moreno Calles
     
               
               
En México, país con alta riqueza biocultural, el conocimiento
tradicional alrededor de las prácticas agrícolas es muy variado, va desde el saber detallado sobre flora y fauna, hasta aquel derivado de las relaciones entre los elementos vivos y no vivos en un entorno determinado; un ejemplo de estas relaciones es la que se establece entre los diversos eventos meteorológicos y la dinámica de los sistemas naturales, como el comportamiento de animales y plantas. Para sobrellevar las variaciones climáticas en torno a la agricultura, los campesinos han desarrollado todo un complejo de conocimientos, creencias y prácticas direccionadas a reducir los riesgos asociados al clima para asegurar el abasto de alimentos.
 
A partir de la predicción climática, que forma parte de lo que se conoce como meteorología tradicional, a lo largo de la historia los pueblos mexicanos han logrado hacer frente a los cambios experimentados por el clima que han afectado su actividad agrícola. Su base ha sido la observación detallada de las señales que ofrece la naturaleza para prevenirlos de diversos eventos, como lluvias, heladas, granizadas y sequías.
 
De esta manera, la meteorología tradicional expresa, a partir de los saberes ambientales climáticos, el estado de la atmósfera (lluvia, seca, helada, vientos, etcétera) en el corto y mediano plazo y su efecto sobre la flora y fauna así como su influencia en las actividades campesinas tradicionales. Este conocimiento de carácter milenario se inscribe al interior de la cosmovisión de muchos pueblos y está determinado por características de tiempo y espacio culturalmente definidas.
 
No obstante, a pesar de su importancia ambiental y cultural, en la época contemporánea los saberes tradicionales se enfrentan a fuertes presiones que emergen tanto del prevaleciente modelo de desarrollo económico como de las estructuras sociales, políticas e institucionales hegemónicas.
 
Tal situación compromete el estado actual e histórico de los saberes tradicionales y a los pueblos que los poseen y desarrollan. Particularmente, en las realidades rurales del mundo y en especial de América Latina, los procesos de deterioro cultural que están demoliendo a los pueblos originarios se encuentran relacionados directamente con la violenta dominación de la agricultura industrial sobre la agricultura de subsistencia campesina, situación que además de amenazar a los complejos de saberes agrícolas tradicionales afecta a los ecosistemas. Para hacer frente a esta crisis son necesarias muchas medidas, pero una que parece imprescindible es la reivindicación de los saberes tradicionales como paradigmas importantes en la resolución de conflictos ambientales y sociales de escala local a fin de permitir el desarrollo de alternativas a la crisis de manera conjunta, es decir, a partir del diálogo de saberes.
 
Los indicadores climáticos
 
Dentro del marco predictivo o preventivo en la agricultura surge el conocimiento de los indicadores climáticos ambientales como herramientas de gran importancia para la seguridad alimentaria y adaptación a la variación climática por parte de los pueblos campesinos que los utilizan. Dicho conocimiento, que se encuentra en constante adaptación frente a los procesos de industrialización agrícola, representa una forma de vida campesina que a lo largo del tiempo ha permitido su permanencia.
 
Los predictores o indicadores climáticos están presentes en el sistema natural y son herramientas de tipo biológico, ecológico y astronómico, tales como el comportamiento animal, la floración de especies vegetales, los ciclos lunares, entre otros, y que se utilizan para pronosticar la calidad de la temporada de lluvias. En función de estas señales o “señas” se realizan acciones como adelantar o atrasar las fechas de siembra, incrementar la cantidad de plantas por unidad de área o aplicar insumos si la temporada parece favorable.
 
El conocimiento sobre predicción climática consiste en la observación y evaluación de los indicadores climáticos desde varios meses antes de la siembra y durante el ciclo agrícola. Con base en ello, los campesinos programan estrategias de mitigación ante las posibles vicisitudes climáticas, reduciendo así el riesgo de grandes pérdidas en la cosecha.
 
Es importante pensar que los indicadores ambientales climáticos no sólo son producto de un conocimiento milenario trasmitido a través de las generaciones, sino que forman parte de una lógica ecológica y biológica que el conocimiento tradicional tiene como base natural y objetiva para su funcionamiento. Asimismo, dicho conocimiento tradicional sobre el clima no es una exclusividad mesoamericana, sino que se extiende por del mundo, pasando por la zona andina, Europa y Asia. Tan es así, que algunas formas de predicción climática en México, como las cabañuelas o el calendario de Galván, son una adopción de la tradición española.
 
Para la predicción tradicional climática se reconocen tres grandes grupos de indicadores, a saber: los indicadores vegetales, los animales y los abióticos.
 
Indicadores vegetales. Son especies que en época de floración predicen la temporada de lluvia y por lo tanto anuncian una buena o mala cosecha. Algunos autores plantean que los campesinos e indígenas de varias regiones de Mesoamérica y los Andes reconocen alrededor de treinta especies con tales características. Por ejemplo, en una región de Puebla se utiliza el capulín (Prunus serotina var. capuli) para predecir la temporada de lluvias a partir de su época de floración. Los campesinos de esta zona han observado que si dicha planta adelanta su época de floración, que es entre enero y febrero, la temporada de lluvias será de buena calidad.
 
Indicadores animales. Son definidos por los campesinos con base en los cambios en el comportamiento de diferentes especies, ya sea por contacto directo u observación (esto sucede más comúnmente con animales domésticos) o por rastros, señas y sonidos (principalmente de animales silvestres). Un ejemplo es lo que sucede en una población ribereña del Lago Titicaca, en Perú, donde el ave totorero es un indicador climático, ya que registra la distancia horizontal que hay entre la construcción de sus nidos y la superficie del lago, medida que indica la cantidad de agua que aumentará con las lluvias en los meses próximos. Esto permite que los campesinos predigan si el año va ser de sequía o lluvioso.
 
Indicadores abióticos. Son aquellos elementos como el viento, la coloración del cielo, los truenos, los rayos u otros eventos naturales que se consideran raros o atípicos bajo determinadas condiciones climáticas y que alertan a los campesinos sobre posibles cambios en el clima. En este rubro también se encuentran los astros, como la Luna o las estrellas, que según su posición o color definen un estado del tiempo determinado.
 
En los trabajos publicados hasta el momento se ha logrado registrar el uso de más de cien diferentes predictores ambientales climáticos de las tres diferentes categorías que son empleados por distintos grupos indígenas del mundo. Además de esto, cabe mencionar que en los trabajos más recientes sobre meteorología tradicional sobresale el reconocimiento de los saberes tradicionales sobre el clima como herramientas que pueden integrarse al conocimiento científico meteorológico y que pueden resultar de gran utilidad en el marco del cambio climático global.
 
Predicción tradicional en Tlaxcala
 
El Carmen Tequexquitla se encuentra ubicado al este del estado de Tlaxcala a una altitud entre 2 400 y 2 700 metros sobre el nivel del mar; el rango promedio de temperatura en el municipio es de 12 a 16 °C y la precipitación anual va de 420 a 520 milímetros, lo que lo convierte en uno de los municipios del estado que registra la menor cantidad de lluvia por temporal.
 
En esta región de México, las condiciones climáticas dominantes han influido en la ocurrencia frecuente de sequías y heladas, eventos que resultan perjudiciales para los cultivos más importantes de sitio, como el maíz, el frijol, el haba y la calabaza, situación que ha obligado a los campesinos a buscar alternativas de adaptación local para subsistir incluso algunos expertos estiman que dichos eventos climáticos adversos serán más severos para la región en los próximos años a causa de los efectos del cambio climático global.
 
Frente a este escenario, la predicción tradicional del clima en El Carmen Tequexquitla, Tlaxcala ha sido de vital importancia para el desarrollo de la comunidad. Así pues, para cada fenómeno climático los campesinos han establecido un predictor, es decir, a partir de la observación repetitiva de sucesos en el ecosistema y en el ambiente le han asociado componentes que a lo largo de los ciclos agrícolas empatan con un determinado estado del tiempo.
 
A partir de la lectura de los predictores ambientales climáticos se determina si el año será bueno o malo, según la regularidad o irregularidad de lluvias o por la presencia de sequías y heladas, así como las estrategias a seguir según dicho pronóstico. De tal manera, si la predicción apunta a un clima seco (sequía) o muy frío (helada) que pueda dañar las plantas y reducir la probabilidad de su sobrevivencia, y por tanto desfavorecer la economía campesina, los agricultores emplean estrategias como reducir el área destinada a la siembra, diversificar sus actividades económicas en sectores no agrícolas y realizan rituales propiciatorios dirigidos a diferentes divinidades. Por otro lado, si el año es lluvioso o moderadamente lluvioso se toman acciones para maximizar los rendimientos de la cosecha, es decir, aumentar la probabilidad de obtener cosechas favorables para la economía familiar y la soberanía alimentaria; por ejemplo, se amplía el área destinada a la siembra, se adelanta o atrasa la temporada de siembra y se abonan las tierras con anticipación.
 
Para ser asertivos en la toma de decisiones en torno a las fechas de siembra, los campesinos emplean dos tipos de predicciones: 1) las predicciones de largo plazo, las cuales se realizan durante los primeros cinco meses del año. Para este tipo de predicciones se emplean los indicadores naturales que prevén la tendencia general del tiempo en los meses que corresponden al ciclo agrícola; y 2) las predicciones a corto plazo (junio-agosto), aquellas que corresponden a las posibles variaciones en el clima durante uno o varios días, sin que este periodo exceda una semana.
 
En El Carmen Tequexquitla se han registrado doce diferentes especies de plantas (silvestres y cultivadas) que funcionan como predictores de clima. Entre las más destacadas se encuentran la yuca o palma (Yucca sp.) y el sotol o cucharilla (Dasylirion sp.), las cuales forman parte de la vegetación característica de la región. La floración abundante de la yuca indica buena calidad de lluvias, mientras que si la cantidad de flores del sotol es mayor a la de ésta, entonces es señal de mala calidad de lluvias.
 
Los predictores de tipo animal son los mayormente empleados para vaticinar la calidad del clima en El Carmen Tequexquitla; se han registrado dieciséis diferentes especies, entre las que se destaca un roedor conocido como tuza (Geomys mexicanus B.) y las aves llamadas pashira y saltapared, las cuales, según la hora del día en que emitan su canto indican la presencia o ausencia de lluvias. Su observación es por tanto fundamental.
 
Finalmente, se encuentran los predictores del tipo abiótico que, aunque no son tan numerosos como los anteriores, son apreciados por los campesinos gracias a su efectividad. Entre éstos se encuentra el astro lunar, que indica, según su posición (sur o norte), la calidad de las lluvias venideras; al igual que la apariencia del volcán La Malinche indica heladas si su cima aparece nevada tanto en primavera como en verano.
 
En el marco de la meteorología tradicional cabe mencionar que en las relaciones campesino-clima, además de estar conformadas por elementos tangibles o acciones directamente aplicadas a los cultivos, también intervienen recursos intangibles, es decir, aquellos que pertenecen al conjunto de creencias, ideas y concepciones sobre el mundo y los elementos que en él se encuentran. En este sentido, dichas relaciones no sólo incluyen la esfera de lo predictivo, sino también de lo propiciatorio, medio en el cual se desarrolla la ritualidad y se genera un vínculo entre las actividades productivas, la espiritualidad y las inclinaciones religiosas de cada familia campesina.
 
Saber sobre el clima
 
La importancia del clima para el desarrollo y reproducción de los pueblos se evidencia en la vasta gama de conocimientos que éstos han generado para hacer frente a las variaciones que pueden afectar o influir sobre ellos o sus actividades productivas. Debido a tal necesidad se ha detonado un proceso de enseñanza-aprendizaje que ha permitido el establecimiento de un diálogo entre los viejos, los adultos y los jóvenes campesinos interesados aún en la agricultura, creando, a la vez, estrechas relaciones familiares y de colaboración.
 
“Saber sobre el clima” es para muchos campesinos una tradición agrícola. Se mantiene el conocimiento porque forma parte de una historia que dota de identidad al colectivo (como el pueblo de El Carmen Tequexquitla) y de respeto y sabiduría al individuo (cada campesino posee un conocimiento particular sobre el clima), razón que también permite la existencia de tales saberes al interior de los sistemas de conocimiento tradicional útiles para la agricultura.
 
Por otra parte, el conocimiento sobre los predictores ambientales climáticos ha favorecido a los sistemas naturales mediante la conservación y promoción de la biodiversidad que es empleada como predictor o indicador de clima, pero también de la asociada a ésta, como son los árboles y los espacios en que ella se desarrolla y habita.
 
En este sentido, muchas de las especies que se encuentran en las zonas de trabajo agrícola, en especial las vegetales, experimentan algún tipo de manejo influido por su utilidad para la predicción climática y meteorológica, ya que su cambio o dinámica en el tiempo, y frente a diferentes eventos, incluidos los climáticos, puede ser observado cercanamente, permitiendo a los campesinos hacer inferencias y correlaciones útiles para el éxito de las cosechas.
 
Conclusiones
 
Dentro de cada pueblo, como en el caso de El Carmen Tequexquitla, existen núcleos de conocimiento “impermeables” y resistentes, los cuales se encuentran resguardados por la gente de mayor edad y menos influenciada por los procesos de modernización. Así pues, son los ancianos las personas que poseen el conocimiento más detallado del ambiente y son asimismo ellos quienes lo heredan a las demás generaciones; pero no sólo eso, sino también las razones de su utilidad y su eficacia en la práctica.
 
Promover un diálogo de saberes entre las diferentes generaciones de campesinos e indígenas con otros grupos de la sociedad puede ser de gran utilidad para la valoración y conservación de los conocimientos ambientales tradicionales; más aún cuando se están presentando cambios tan fuertes, no sólo a nivel climático, sino en todos los aspectos asociados a la modernización del mundo.
 
     
Agradecimientos
Agradecemos la hospitalidad y generosidad de los habitantes del Carmen Tequexquitla para la realización de estas investigaciones. Este trabajo se realizó gracias al programa unam-dgapa-papiit ia2032132: “Caracterización de sistemas agroforestales tradicionales de México desde un enfoque biocultural”.
     
Referencias Bibliográficas

Goloubinoff, Marina, Esther Katz y Annamaria Lammel (eds.). 1997. Antropología del clima en el mundo hispanoamericano. AbyaYala, Quito.
Miranda-Trejo, J., et al. 2009. “Conocimiento tradicional sobre predictores climáticos en la agricultura de los Llanos de Serdán, Puebla”, en Tropical and Subtropical Agroecosytems, núm. 10, pp. 151-160.
Rivero Romero, Alexis Daniela. 2015. Saberes ambientales sobre la predicción tradicional del clima en relación a la agricultura: El Carmen Tequexquitla Tlaxcala. Tesis, unam, Escuela Nacional de Estudios Superiores.
Tello García, Enriqueta, R. Acosta Naranjo y T. Martínez Saldaña. 2010. Saberes locales campesinos en la producción agrícola tlaxcalteca: tradición milenaria de la agricultura mesoaméricana. Colegio de Postgraduados, México.
Toledo, Victor M. y Narciso Barrera-Bassols. 2008. La Memoria Biocultural. La importancia ecológica de las sabidurías tradicionales. Icaria, Barcelona.
 
     
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Alexis Daniela Rivero Romero
Escuela Nacional de Estudios Superiores Morelia,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Es licenciada en ciencias ambientales por la unam. Actualmente colabora como profesora en la misma licenciatura. Ha participado en varios proyectos de investigación relacionados con temas de etnoagroforestería, agricultura tradicional, etnoecología, manejo de sistemas socioecológicos y transdisciplinariedad. También ha desarrollado proyectos de agricultura periurbana y urbana.
 
Ana Isabel Moreno Calles
Escuela Nacional de Estudios Superiores Morelia,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Tiene una licenciatura en ingeniería agrícola y su doctorado es en ciencias biológicas, estudios que realizó en la unam. Actualmente es profesora de tiempo completo a la Escuela Nacional de Estudios Superiores-Morelia de la unam. Sus intereses de investigación incluyen el estudio de los sistemas agrícolas y agroforestales de largo tiempo con énfasis en el manejo de diversidad biológica y biocultural, sistemas alimentarios locales, conocimiento y manejo tradicional, etnobotánica, etnoecología, manejo de sistemas socioecológicos, filosofía ambiental e investigación transdisciplinaria. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores.
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cómo citar este artículo
 
Rivero Romero, Alexis Daniela y Ana Isabel Moreno Calles. 2016. Anuncios de la naturaleza. Predicción climática tradicional y agricultura . Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 60-66. [En línea].
     

 

 

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