El país clama varias demandas: mejor educación, menos corrupción, cese a la violencia. En todas ellas
subyace la endeble confianza en la que se sostiene el gobierno. El país necesita evidencia, evidencia convincente. ¿Quién y por qué toma las decisiones? ¿En qué se gasta el presupuesto? ¿Cómo se conducen las investigaciones forenses? ¿Por qué deberíamos creerles?
Entre los aportes que tener el cultivar el pensamiento científico se encuentran la valoración de evidencia y la construcción colectiva del conocimiento. Cuando se presentan los resultados de investigaciones científicas, éstos están sujetos a críticas, dudas e incluso rechazos. La construcción de conocimiento científico se da por lo tanto en comunidad, y se concibe como algo nunca acabado: siempre pueden venir más dudas, otros datos, otras opiniones y nuevas ideas.
Para que este proceso de generación de conocimiento ocurra, necesariamente tienen que existir condiciones como transparencia, libertad de opinión y acceso al conocimiento. Estas características coinciden con lo que esperaríamos que un gobierno democrático ofreciera a sus ciudadanos.
En una democracia resulta indispensable tanto que las autoridades brinden evidencia convincente, como que la población tenga las herramientas necesarias para evaluar dicha evidencia y, en dado caso, demandar otro tipo de pruebas. La ciencia así puede aportar a la sociedad herramientas conceptuales que, además de productos o información, mejoren la calidad de vida de las personas.
Todos nos beneficiaríamos de contar con una política cuyas decisiones y explicaciones estuvieran basadas en evidencia y en donde la sociedad civil tuviera un papel activo en estas decisiones. Donde la construcción de la vida política fuera, como la del conocimiento científico, un proceso colectivo llevado a cabo por partes informadas.
En nuestro país actualmente la gente demanda respuestas que puedan ser puestas en duda. Respuestas basadas en evidencia y no en ideologías o intereses individuales o de grupos de poder. La evidencia en la ciencia siempre está abierta a debate, no zanjada como un hecho histórico.
Alejandra Ortiz Medrano
MIDE
|