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La matriz Gago
y la catalogación de
especies invasoras
Iván Lobato
   
   
     
                     
La catalogación de especies invasoras es parte fundamental
en la lucha contra las invasiones biológicas, de ahí la 
importancia de contar con herramientas funcionales, eco
nómicas y fiables que estructuren los procesos de inclusión. Sin embargo, por muy variadas que sean las causas de este serio problema ecológico —la segunda causa de pérdida de biodiversidad—, no se puede olvidar que se trata de un problema de mercado, dado que es éste el que intensifica el transporte de mercancías, la venta de mascotas y redistribuye las plantaciones de cultivos. De ahí la necesidad de asimilar la catalogación ambiental a los sistemas comerciales para que operen en las mismas escalas espaciotemporales y de priorización de recursos económicos y personales.

No obstante, una de las posibles debilidades es la escala temporal, ya que en la actualidad se trabaja “de hoy para mañana” o, lo que es lo mismo, la invasión se produce hoy pero se considera como tal mañana, lo cual redunda en la cadena de acciones, pues se ignora la detección temprana y una rápida respuesta, convirtiéndose en un método de contención al quedar limitado a que las especies que ya han invadido no extiendan su área. La escala espacial está por tanto estrechamente relacionada con este aspecto —si se da tiempo a un invasor tiende a ocupar todo el territorio—, por lo que suele presentarse cierta tendencia a considerarlo en términos de nación, lo cual puede resultar una ventaja en cuanto a la difusión del mensaje, pero resulta un claro agravio al dinamismo ecosistémico debido a que lo que en un lugar es un invasor en otro puede ser el único recurso capaz de mantener un ecosistema. Quizás el ejemplo más representativo de esta situación sea el cangrejo rojo americano en la cuenca del Guadalquivir, donde la especie no puede ser considerada como un invasor a erradicar puesto que sustenta al resto de las poblaciones animales de la cuenca, pero para el resto del territorio español supone un invasor con una clara tendencia destructiva. De manera que lo conveniente en este tipo de casos (cada vez más frecuentes) es la catalogación a nivel de entorno concreto y no de nación.
 
El método
 
Con base en el estudio de fauna, vegetación y sus relaciones, el método que planteamos opera desde una óptica múltiple que da cabida al cotejo de tres fuentes de información: la matriz de competitividad o gago, el análisis de vulnerabilidad y el de invasividad. El primer paso es la construcción de la matriz de competencia, en la que se confrontan las especies autóctonas ubicadas en el eje vertical y las foráneas en el horizontal, lo cual se lleva a cabo siguiendo una serie de parámetros que varían según se trate del ámbito animal, vegetal o mixto.

Matriz de competencia para fauna. a) Hábitats: se analizará la coincidencia en cuanto a espacios ocupados en el propio ecosistema, sea carrizal, zona de cultivo, etcétera; b) alimentación: se evaluará la posibilidad de competencia en cuanto a factores nutricionales; c) depredación: se señalará las relaciones entre depredador-presa plausibles entre especies nativas y foráneas; d) lugar de anidación-reposo: se compararán las especies en función de su predisposición a ocupar ciertos lugares de anidación o reposo como nidos y madrigueras; 
e) enfermedad: se valorará la confirmación de transmisión de enfermedades entre sendos grupos.

Matriz de competencia para flora. a) Zonas de vida de Holdridge: relaciones pertinentes en relación con los factores bioclimáticos propuestos por este autor en 1987; b) sustrato: se evaluará la posible coincidencia con respecto de sustratos similares (por tipo de suelo u otro tipo de sustrato;
c) germinación: comparación de las etapas de germinación en términos de estaciones —en caso de germinación de una especie invasora en estaciones iguales o inferiores podemos hablar de factor negativo para la vegetación autóctona; d) crecimiento: se establecerán dos categorías en función de la velocidad de crecimiento (rápido y lento), esto es, la capacidad para desplazar a otras especies del entorno; e) enfermedad-alelopatías: tipo de relación alelopática entre las especies implicadas, así como transmisión de enfermedades. Matriz de competencia mixta. 
a) Hábitats: posibilidad de coincidencia en un entorno determinado de especies vegetales y animales; b) depredación: se evaluará la factibilidad de relaciones depredadoras entre sendos grupos; c) reproducción: posibilidad de que una especie pueda interferir en la capacidad reproductora de otra, directa o indirectamente, como el caso de depredación sobre insectos polinizadores en relación con la reproducción vegetal; d) enfermedad-alelopatías: se incidirá en las relaciones alelopáticas entre ambos grupos, así como en la transmisión de enfermedades.

En consonancia con el mercado, la premura en la que opera hace necesario que la confrontación de especies pueda llevarse a cabo de forma sistemática, por lo que tal información puede ser codificada con base en un código alfanumérico que delimite las diferentes categorías, en lo que podríamos denominar como un código de barras medioambiental. A modo de ejemplo, si hablásemos del análisis de la matriz para fauna, y desde una perspectiva muy limitada que sólo aspira a servir de ejemplo, un organismo podría ser identificado como H2, A1, A2, D1, D2, N3, E0 en relación con el siguiente listado: H1, H2, H3…; si H1 = campos de cultivo, H2 = márgenes de ríos, H3 = subsuelo; A1, A2, A3…; si A1 = pequeños peces, A2 = pequeños anfibios, A3 = cereales; D1, D2, D3…; si depreda D1 = pequeños peces, D2 = anfibios, H3 = pequeñas aves; N1, N2, N3…; si H1 = suelos de cultivo, H2 = 
árboles de grandes copas, H3 = subsuelo blando; E0, E1…; si E0 = no hay evidencias de transmisión de enfermedades, E1= hay evidencias de transmisión de enfermedades.

Toda vez que se cuente con un sistema de clasificación alfanumérico como el descrito, la configuración de la matriz, se convierte en una tarea de rápida y fácil ejecución para cualquier operario de un espacio natural, por lo que no se requiere un cuerpo especializado destinado a tal fin. Dicha tarea responde a la asignación de tres valores (N, p y 0) en referencia a las especies nativas, es decir, que si de la confrontación de los anteriores datos se deriva una relación negativa para las especies locales, el valor es N. Un ejemplo de ello, sería la ocupación de cavidades en el suelo para el establecimiento de madrigueras (cuadro 1). Si se trata de una relación positiva, como podría ser la depredación de invasoras, sería P, y 0 si nos encontramos ante valores indiferentes.
 
 
 B03Cuadro1
Cuadro 1. . Ejemplo de matriz de competencia para fauna. Variables: hábitat (H), alimentación (A), depredación (D), lugar de anidación-reposo (N) y transmisión de enfermedades (E). Valores: positivo (P), negativo (N) y neutro (0).
 

Una primera toma de contacto con la matriz permite extraer conclusiones iniciales, como que una mayoría de resultados caracterizados por el valor N, constituyen una relación de perjuicio para el entorno de estudio. No obstante, no se trata de evaluar que vínculo nativo-foráneo es perjudicial, sino qué vínculo, con base en la susceptibilidad del entorno, es prioritario corregir, es decir, establecer qué fenómenos invasivos no pueden ser subsanados por el entorno en forma natural. Para ello, vamos a recurrir a dos fases, orientadas a la determinación de ventaja o desventaja de sendos grupos en cuanto a las relaciones competenciales descritas.

La primera de las mismas responde al nombre de análisis de vulnerabilidad y focaliza el posible impacto desde una perspectiva de los puntos débiles del ecosistema, esto es, las especies amenazadas. Por tanto, se trata de recurrir a la información documental existente sobre este tipo de especies y reutilizarla para determinar qué factores han sido clave en la consecución de la situación actual, de manera que, en función de factores tales como la alta especifidad nutricional o la pérdida de hábitats, podamos considerarlos como relaciones de competencia agravadas que inclinan la balanza competitiva hacia un claro perdedor: la especie nativa amenazada. No obstante, esta labor puede llegar a resultar demasiado subjetiva, razón por la cual se recurre al método de Análisis de Componentes Principales Funcional de manera que, basándose en el análisis estadístico de la información genérica para especies invasoras, podamos obtener un valor ponderado del grado de vulnerabilidad de las especies amenazadas concretas.

El procedimiento para llevar a cabo esta labor consiste en la delimitación de los distintos casos de especies amenazadas en una serie de perfiles, los cuales responden a las variables de reino, cualidad, entorno y periodo en el que comienzan a verse afectadas por el daño. Posteriormente, según el conocimiento de la especie concreta en estudio, se asimila a uno de estos perfiles, asignándole el valor genérico obtenido para cada una de sus cualidades.

En relación con la siguiente fase, el análisis de invasividad se lleva a cabo en un proceso análogo al anterior, con la salvedad de que en este caso se realiza desde la perspectiva de las especies invasoras. Dado que toda especie invasora es nativa en alguna región, no resulta complejo encontrar información acerca de las características biológicas de la misma por lo que, partiendo de las características más acentuadas en sus entornos habituales, podemos establecer qué cualidades pueden ser consideradas como potencialmente ventajosas en caso de competencia. Un ejemplo de ello podría ser una especial voracidad, un marcado espíritu territorial o ciclos biológicos cortos. Asimismo, se han de considerar los aspectos antrópicos vinculados a la especie, analizando el modo de dispersión y la frecuencia con que ésta se lleva a cabo, destacándose atributos como, por ejemplo, un marcado interés comercial de la especie.

Nuevamente recurrimos al análisis de componentes para obtener una serie de valores ponderados para invasiones genéricas, según perfiles caracterizados por las variables de reino, atributo biológico o antrópico, entorno y periodo a partir del cual un invasor comienza a producir daños. Posteriormente, dadas las características de la especie en estudio, podemos clasificarla con relación a tales perfiles. 
A partir de estas variables ponderadas, podemos proceder a la delimitación de los valores de mayor impacto, confrontando sendos grupos y definiendo la relación entre ambos, de manera que si, de la contraposición de dichos valores resulta una cifra superior al límite prefijado, nos hallamos ante una especie a catalogar como invasora.

La catalogación es, sin embargo, tan sólo el primer paso en la lucha contra las especies invasoras, pues aún queda por determinar si la actuación sobre éstas es conveniente o no. Una decisión puede tomarse con base en la resolución de las siguientes ecuaciones: D X R = C ; S X A = H ; C + H = X; I X V = PR ; X X PR = M; donde D = daño se le asigna un valor que oscila entre -5 para aquellos casos en que la matriz gago arroje varios casos de relaciones positivas con especies amenazadas, y uno de 5 para aquellos en que la especie invasora incida en forma negativa sobre varias especies amenazadas. R = reemplazo, contempla valores que van de 1 a 5 en función de la dificultad de reemplazar las especies afectadas por la invasión, 5 significa la máxima dificultad. S = sector dañado, depende de si los efectos adversos recaen sobre el sector social, económico, ecológico o varios de ellos simultáneamente, con un valor entre 1 y 5, aumentando conforme el número de sectores afectados. A = área, representa la extensión susceptible de verse afectada, con valores entre 1 y 5 según el tamaño de la misma. I = invasividad, se corresponde con el análisis de invasividad, otorgándole un valor entre 1 y 5 en relación al máximo valor ponderado obtenido en dicho análisis. V = vulnerabilidad, procedente del análisis de vulnerabilidad, equipara el máximo valor ponderado en una escala de 1 a 5. M = necesidad de adoptar medidas.

De esta manera, si M es superior al valor prefijado, nos encontramos ante un claro caso de necesidad de acción inminente; por el contrario, si resulta ser inferior, la acción prevista, pese a que la especie sea considerada invasora, puede ser pospuesta. En consecuencia, los costes y recursos destinados a tal fin pueden ser racionalizados en función de la conveniencia o no de actuación inmediata.
 
Conclusión
 
Del mismo modo que un censo es mucho más que un número, este sistema permite la catalogación de especies invasoras en la escala del aquí y ahora, posibilitando una respuesta contundente independientemente de la etapa invasiva en que se encuentre y de la parte del territorio ocupada, ya sea toda la nación o un pequeña región natural. En una clara analogía médica, podríamos decir que trabajar bajo esta escala es operar con bisturí, de modo que se minimizan los riesgos, se incrementa la precisión y el efecto sobre la reducción de costes es considerable.

Con respecto de los costes, es evidente que el esfuerzo de establecer criterios para la asignación de valores alfanuméricos para los distintos parámetros de forma consensuada requerirá un gasto inicial que puede ser fácilmente asimilado por la reducción que implica obviar los efectivos especializados destinados a la catalogación ya que, como hemos comentado, tras esta primera aportación inicial puede ser llevada por personal propio de las zonas naturales de estudio.

Un catálogo de especies invasoras es por definición una obra inacabada que debe prever la actualización por medio de recursos reducidos. Por tanto, dado que pretender mantener un equipo especializado a lo largo del tiempo para toda región específica es cuando menos utópico y que operar con catálogos cerrados es operar con catálogos obsoletos, no queda otra solución que apostar por métodos de catalogación que, con base en el aprovechamiento de la infraestructura y los recursos documentales existentes, permita la catalogación sistemática a lo largo del tiempo.
 
articulos
 
Referencias bibliograficas
 
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Holdridge, Leslie R. 1987. Ecología basada en zonas de vida. Instituto Interamericano de Ciencias Agricolas, San José, Costa Rica.
Lobato, Iván. 2011. Invasiones biológicas: Diagnosis y solución. Gerüst Creaciones s. l., Madrid.
Tablado, Zulima, et al. 2010. “The paradox of the long-term positive effects of a North American crayfish on a European community of predators”, en Conservation Biology, vol. 24, núm. 5, pp. 1230-1238.
Valderrama, Mariano J., Ana María Aguilera y F. A. Ocaña. 2000. Predicción dinámica mediante análisis de datos funcionales. La Muralla-Hespérides, Madrid.
Weber, E. 2003. Invasive Plant Species of the World: a Reference Guide to Environmental Weeds. cabi Publishing. Wallingford, Oxfordshire, Reino Unido.Bonneau, L., B. Andreotti, y E. Clément. 2008. “Evidence of Rayleigh-Hertz surface waves and shear stiffness anomaly in granular media”, en Physical Review Letters, vol. 101, núm. 11.

Brownell, Philip H. 1984. “Prey detection by the sand scorpion”, en Scientific American, vol. 251, núm. 6, pp. 86–97.
     
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Iván Lobato
Ciconia, Consultores Ambientales S. L.
     
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como citar este artículo
Lobato, Iván. (2014). La matriz GAGO y la catalogación de especies invasoras. Ciencias 111-112, octubre 2013-marzo 2014, 36-40. [En línea]
     

 

 

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