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Faustino Sánchez Garduño      
               
               
Me da muchísimo gusto que Nicanor Parra haya ganado el Cervantes.
Teníamos una deuda con él.

José Emilio Pacheco
 
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El 30 de noviembre de 2011, el Jurado del Premio Cervantes —máxima presea que se otorga a escritores en lengua española— decidió adjudicárselo al poeta chileno Nicanor Parra Sandoval. De esta manera, Parra se convirtió en el tercer chileno que recibe el Cervantes —antes lo obtuvieron Jorge Edwards, en 1999, y Gonzalo Rojas, en 2003, pero también lo convirtió en el escritor más viejo a quien se le haya otorgado el prestigiado premio. A juzgar por los nombres de los finalistas, seguramente la decisión no fue fácil, pues en la lista se encontraban el nicaragüense Ernesto Cardenal, el colombiano Fernando Vallejo, el uruguayo Eduardo Galeano y la cubana Fina García Marruz. Por México, los finalistas fueron Fernando del Paso, Homero Aridjis y Margo Glantz.
La ceremonia de entrega del Premio Cervantes 2011 se realizó el 23 de abril de 2012 en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares. Debido a lo delicado de su estado de salud, el poeta chileno no asistió. En su representación lo hizo un nieto suyo, quien llegó a Alcalá de Henares haciéndose acompañar de una vieja máquina de escribir que su abuelo envió como obsequio a fin de que dicha reliquia pasara a formar parte del inventario de la universidad. No era cualquier máquina de escribir, se trataba de la máquina con la que Nicanor Parra escribió sus primeros poemas. Para esta ocasión el nonagenario poeta preparó un discurso leído por el nieto. En él, entre otras cosas, Parra pidió un año de plazo para terminar (y entregar) un libro de su autoría; ya transcurrió un año, ¿lo habrá terminado?

Nicanor Parra nació el 5 de septiembre de 1914 en San Fabián de Alico, Chile, en el seno de una familia modesta y arraigada a lo popular. Su padre (don Nicanor), fue profesor de primaria, juglar, guitarrista y bohemio. Su madre, doña Clara Sandoval, fue modista. En 1932, el joven Nicanor viajó a la capital chilena, donde estudió física en el Instituto Pedagógico, y posteriormente a los Estados Unidos. Licenciado en Ciencias Exactas y Físicas por la Universidad de Chile, después se especializó en Mecánica avanzada en la Universidad Brown de Rhode Island, en Estados Unidos, y amplió su formación en la Universidad británica de Oxford.

Es el mayor de una familia de nueve, entre los que se cuenta a la conocida cantante Violeta Parra, tres años más joven que Nicanor, y también otros dos hermanos suyos se dedicaron a la música. Pablo Neruda, el segundo Premio Nobel en Literatura de nacionalidad chilena, estableció un paralelismo entre las familias Revueltas (José, escritor, Silvestre, músico, Fermín, pintor y Rosaura, actriz), de México y la Parra de Chile. En su Para nacer he nacido, el poeta escribió: “esta familia Revueltas tiene ‘ángel’. En un país de creación perpetua, como el país hermano, ellos se revelaron excelentes y superdotados. Es una familia eficaz en la música, en el idioma, en los escenarios. Pasa como con los Parra de Chile, familia poética y folklórica con talento granado y desgranado”.
 
 Autoretrato

Considerad, muchachos,
Este gabán de fraile mendicante:
Soy profesor en un liceo obscuro,
He perdido la voz haciendo clases.
(Después de todo o nada
Hago cuarenta horas semanales).
¿Qué les dice mi cara abofeteada?
¡Verdad que inspira lástima mirarme!
Y qué les sugieren estos zapatos de cura
Que envejecieron sin arte ni parte.

En materia de ojos, a tres metros 
No reconozco ni a mi propia madre.
¿Qué me sucede? -¡Nada!
Me los he arruinado haciendo clases:
La mala luz, el sol,
La venenosa luna miserable.
Y todo ¡para qué!
Para ganar un pan imperdonable
Duro como la cara del burgués
Y con olor y con sabor a sangre.

¡Para qué hemos nacido como hombres
Si nos dan una muerte de animales!

Por el exceso de trabajo, a veces
Veo formas extrañas en el aire,
Oigo carreras locas,
Risas, conversaciones criminales.
Observad estas manos
Y estas mejillas blancas de cadáver,
Estos escasos pelos que me quedan.
¡Estas negras arrugas infernales!
Sin embargo yo fui tal como ustedes,
Joven, lleno de bellos ideales,
Soñé fundiendo el cobre
Y limando las caras del diamante:
Aquí me tienen hoy
Detrás de este mesón inconfortable
Embrutecido por el sonsonete
De las quinientas horas semanales.

 
 
Gravitando entre dos centros de atracción
 
 
A finales de los años cuarentas y principios de los cincuentas del siglo pasado, Parra residió en el Reino Unido donde, con una beca otorgada por el Consejo Británico, se matriculó en el Saint Catherine’s College para realizar un doctorado en Cosmología en la Universidad de Oxford. Su estancia en la vetusta y también cosmopolita ciudad británica —quizás debido a la atmósfera que genera la flema inglesa— lo acercó más a la poesía. La existencia de dos polos de atracción intensos, le produjo momentos de conflicto. Nuestro personaje lo expresó así: “llegué a Oxford y percibí algo en la atmósfera, sentí dos tipos de fuerzas. Percibía por un lado a Shakespeare y por otro a Newton, y una de las primeras cosas que me ocurrió fue memorizar el monólogo de Hamlet, y aplanaba las calles de Oxford, repitiendo hasta el infinito el to be or not to be, that is the question”.

Realmente, el conflicto lo resolvió gravitando desde la órbita alrededor de Newton a la correspondiente de Shakespeare. Al parecer, durante este periodo, tanto la cuenca de atracción de la literatura como la intensidad de aquélla, sobrepasaron a las de la física. Así, durante su estancia en Inglaterra, además de definir su estilo literario, Parra escribió una buena parte de su obra poética inicial y también estudió Mecánica avanzada. En ésta tuvo como supervisor al reconocido astrofísico y matemático inglés Edward Arthur Milne. El tema sobre el que versaría la tesis para obtener el doctorado (D. Phil., de acuerdo con la tradición oxfordiana) era “Algunos problemas no resueltos en relatividad cinética”. Según lo consigna la Enciclopedia Británica: “al igual que las cosmologías basadas en la teoría general de la relatividad de Einstein, la relatividad cinética caracterizaba a un Universo en expansión, pero no era relativista y usó el espacio euclidiano. La teoría de Milne se enfrentó con la oposición de sus contemporá neos tanto por sus fundamentos científicos como por los filosóficos, pero su trabajo ayudó a precisar las principales ideas sobre el espaciotiempo”.

En el año 2000, la Universidad de Oxford nombró a Nicanor Parra Honorary Fellow del Saint Catherine’s College. Este honor lo comparte, entre otros, con el destacado matemático inglés Michael F. Atiyah, a quien se le confirió la Medalla Fields 1966, el lingüista, filósofo y crítico político norteamericano Noam Chomsky, y la exprimera ministra pakistaní Benazir Bhutto, asesinada en diciembre de 2007.

Durante sus años en la Universidad de Santiago, Parra hizo compatible su labor literaria con la enseñanza de la mecánica. En 1996 dejó de impartir clases de Mecánica teórica, actividad que desempeñó durante cincuenta y un años. Allí fundó el Instituto de Estudios Humanísticos de la Facultad de Ingeniería junto con Enrique Lihn, otro poeta “todoterreno”.

Apasionado defensor de la democracia, en 1988 participó en su país en el Frente Amplio de Intelectuales por el “No”, el cual se formó a raíz de la realización de un plebiscito que la dictadura militar que gobernaba Chile desde 1973 se vio obligada a aceptar aun cuando éste implicaba el decidir su permanencia en el poder o abrir las puertas a las jornadas electorales. Como sabemos, ganó el “No” a la continuidad de la dictadura.
 
 
Andando por Isla Negra
 
 
En agosto de 1998 se realizó el IV Encuentro Latinoamericano de Ecología Matemática; las actividades de la primera semana del evento se desarrollaron en el Instituto de Matemáticas de la Universidad Católica de Valparaíso, en la costa de Chile, mientras que la segunda, se efectuó en Mendoza, Argentina, cruzando la cordillera de los Andes. Si la memoria no me falla, de México asistimos: los hermanos Miramontes (Octavio y Pedro), Ignacio Barradas, Jorge Velasco, Andrés Fraguela y yo. Valparaíso, ciudad y puerto situado en el Pacífico chileno, destaca por lo escarpado de su suelo, montañas por las que trepan decenas de colonias, algunas, populares, otras de clase acomodada. Los organizadores del encuentro nos hospedaron en Viña del Mar, centro turístico situado a pocas decenas de kilómetros de la sede del evento. El trayecto nos permitía tener una vista de la playa en dos momentos muy distintos del día.

Una tarde en la que no hubo actividades, Pedro Miramontes —mi amigo desde hace casi ocho lustros— y yo aprovechamos para caminar por el centro de la ciudad; también fuimos a un mirador desde el cual se dominan perfectamente las instalaciones del muelle. Al final de la primera semana, un grupo pequeño de los asistentes organizamos una visita a la casa de Pablo Neruda que se encuentra en Isla Negra, en la provincia de San Antonio, a unos 85 kilómetros al sur de Valparaíso. A ese viaje se apuntaron una pareja de colombianos, los venezolanos Diego Rodríguez y Jesús Alberto León —quien además de ecólogo matemático, es poeta— y de México, Andrés Fraguela y yo. Nos fuimos en un autobús de segunda y, en menos de dos horas, llegamos a Isla Negra.De inmediato preguntamos por el sitio en el que se encontraba la casa de Neruda, ubicada en un acantilado desde el cual se domina en toda su inmensidad esa parte del Océano Pacífico, al que Neruda en su Memorial de Isla Negra se refirió así: “El océano Pacífico se salía del mapa. No había dónde ponerlo. Era tan grande, desordenado y azul que no cabía en ninguna parte. Por eso lo dejaron frente a mi ventana”.

La casa es un decir, se trata del casco de un velero de unos veinte metros de eslora colocado en una ladera de un predio con vista al otrora llamado Mar del Sur. Sobre la ladera, a unos treinta o cuarenta metros hacia abajo, vimos una choza (la Covacha de Neruda) de paredes de madera y techo de tejamanil desde cuyas ventanas se domina el Pacífico sur. Al velero —ahora hecho museo— y a la choza los une una veredita que serpentea.

Al vigilante de la casamuseo le preguntamos: ¿qué es ese lugar?, ¿qué hay ahí? De inmediato y con gentileza, nos contestó: “cuando don Pablo quería estar solo para escribir, se encerraba horas y horas en esa choza”. Conjeturamos entonces que, desde la soledad de la Covacha, habrían salido quién sabe qué cantidad de versos.

En su poema “Disposiciones”, contenido en su Canto General, escrito cincuenta años atrás, el poeta dejó dicho: “Compañeros, enterradme en Isla Negra, / frente al mar que conozco, a cada área rugosa / de piedras y de olas que mis ojos perdidos / no volverán a ver”.

Voluntad que se cumplió en diciembre de 1992, cuando en un gran acto nacional, los restos de Matilde Urrutia —quien fuera su última esposa— y los de Pablo Neruda fueron trasladados de Santiago a la casa del poeta en Isla Negra, lugar donde ahora reposan (aunque en este momento sus restos estarán siendo analizados por antropólogos y científicos forenses chilenos; los estudios fueron ordenados por un juez como respuesta a la demanda interpuesta por el chofer del poeta, quien asegura que Neruda no murió debido a las enfermedades que le aquejaban, sino que fue envenenado por los militares golpistas quienes, violentando la voluntad de la mayoría de los ciudadanos chilenos y dejando detrás una estela de muerte y represión, por las armas derrocaron al presidente democráticamente electo Salvador Allende).

Al terminar el recorrido por el museo preguntamos por un lugar para comer. Alguien nos dijo, sigan por la carretera unos cien metros y después bajen hacia la playa. Son unas palapas sencillas, pero se come muy rico. Seguimos las indicaciones, bajamos y en un espacio entre el acantilado y el agua oceánica, nos encontramos con un área (de unos doscientos metros cuadrados) techada con palma. El poeta y ecólogo teórico venezolano se quedó viendo a la barra de un pequeño bar, en el que se encontraban unos parroquianos, entre ellos uno ya mayor, alto, delgado, algo encorvado, de pelo largo y blanco y barba crecida. Al verlo, Jesús Alberto se adelantó y, abriendo sus brazos, exclamó: ¡mi amigo, Nicanor, cuántos años sin vernos! Se dieron un abrazo muy sentido y enseguida nos presentó a Nicanor Parra como “el gran poeta chileno, a la altura de Neruda”.

Confieso, mea culpa, que yo no había escuchado antes el nombre. Recuerdo que Jesús Alberto nos presentó ante Parra, como sus amigos biomatemáticos y mencionó la nacionalidad de cada uno de nosotros. El ahora laureado, dijo que él tenía formación de físico y que impartió clase de mecánica racional durante muchos años y que parte de su formación la había hecho en Oxford. Estas frases dieron pie, dado que también tengo la formación de físico y que pasé por esa universidad británica, a un diálogo entre Parra y yo. Recuerdo que se refirió a los conceptos de masa, de energía, al teorema de las fuerzas vivas, etcétera, que Ernest Mach discute en su obra: Desarrollo históricocrítico de la mecánica.

Casualmente, en mis años de estudiante de la carrera de física en la Facultad de Ciencias de la UNAM yo había leído ese libro. Creo que fue Don Juan de Oyarzábal, mi maestro de mecánica, quien entre otras muchas referencias de las que nos nutría en su curso había incluido esta obra de Mach. Con el don de excelente expositor y conferencista excepcional que tenía Don Juan, recuerdo que nos comentó —y así lo refiere Mach— que fue Hüygens el primero en usar el teorema de las fuerzas vivas, el cual no es otra cosa que la ley de conservación de la energía mecánica, aplicado a objetos en caída hacia la Tierra.

Después de este rápido pero intenso intercambio de frases, dejamos a Parra y a sus acompañantes en la barra y el grupo de biomatemáticos reunimos dos pequeñas mesas, nos acomodamos a su alrededor, ordenamos un buen vino chileno y, con vista al mar, disfrutamos las delicias de un rico pescado. En esa ocasión, Jesús Alberto me hizo un encargo que, debo confesar, no lo he cumplido: “saluda mucho de mi parte a José Sarukhán, mi gran amigo, lo conocí durante mis estudios de doctorado en el University College de la Universidad de Bangor, en el Norte de Gales”.

Regresamos a Valparaíso, justo en el momento de la puesta del Sol que, rojo, muy rojo, se escondía en el horizonte marino. Íbamos muy contentos: por haber visitado la casa de Neruda y por el inesperado y agradable encuentro con Parra.
 
 
 Ciencia y antipoesía

“La poesía egocéntrica de nuestros antepasados [...] debe ceder el paso a una poesía más objetiva de simple descripción de la naturaleza del hombre [...]; el individuo no tiene importancia en la poesía moderna sino como un objeto de alisis psicológico [...] Me parece que el arte no puede ser otra cosa que la reproducción objetiva de una realidad psicológica [...] Un poema debe ser una especie de corte practicado en la totalidad del ser humano, en el cual se vean todos los hilos y todos los nervios, las fibras musculares y los huesos, las arterias y las venas, los pensamientos, las imágenes y las sensaciones, etc., etc. [...] Estoy convencido de que el poeta no tiene derecho de interpretar sino simplemente de describir fríamente [...] un ojo capaz de explicar lo que ve, eso es aproximadamente el asunto”.

Carta de Nicanor Parra a Tomás Lago, Oxford 1949.

 
Una vasta obra
 
 
El Premio Cervantes 2011 se suma a los varios reconocimientos que Nicanor Parra ha recibido: el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2001, el Premio Municipal de Santiago en 1937 y 1954, el Premio del Sindicato de Escritores de Chile en 1954, el Nacional de Literatura de Chile en 1969, el Internacional de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo en 1991.

Además mereció la Medalla Abate Molina de la Universidad chilena de Talca en 1998, la Medalla Rectoral de la Universidad de Chile en 1999 y el Premio Bicentenario de la Universidad y la Corporación del Patrimonio Cultural chilenas en 2001.

Sería un despropósito que alguien como yo, que tiene una formación básica en las llamadas “ciencias duras” y que se ha mantenido en ellas por algunas décadas, intente siquiera caracterizar la obra poética de Nicanor Parra, pero muchos especialistas han escrito sobre su obra. Todo indica que el estilo poético de Parra se empezó a gestar —y posiblemente a desarrollar— durante su estancia en la universidad cuyo lema es Dominus illuminatio mea, pues en una carta fechada en noviembre de 1949, escrita en Oxford y dirigida a Tomás Lago, Parra hace una suerte de declaración de lo que sería su poesía: “estoy en contra de los tristes y los angustiados, de la misma forma que estoy en contra de los bufones estilo Huidobro. También me rebelo en contra de los profetas y en contra de los pensadores proféticos estilo T. S. Eliot”.

Utilizar el “lenguaje del pueblo” es uno de los elementos principales de la poética de Parra, además de su temática, que pone al hombre común enfrentado a sus dilemas de la vida cotidiana. Es esto lo que la ha dado a su obra poética el carácter de “antipoesía”: lo irreverente de la misma. De hecho, su obra Poemas y antipoemas, cuya primera edición apareció en 1954, causó tanto el asombro como el rechazo de los puristas amantes de la poesía clásica. En esa obra, Parra creyó encontrar un remoto referente de la antipoesía, pues utilizó “el lenguaje del pueblo” en su creación literaria. La antipoesía es la poesía de lo cotidiano en su forma y en su fondo, y Parra lo dejó en claro cuando, en 1962, en sus Versos de salón, escribió los siguientes que fácilmente se confunden con prosa. En ellos, con un dejo de egocentricidad, les aprieta los tornillos a los poetas: “Durante medio siglo / la poesía fue / el paraíso del tonto solemne. / Hasta que vine yo / y me instalé con mi montaña rusa.”
Que de hecho, ya antes había escrito: / “El poeta no es un alquimista / el poeta es un hombre como todos / un albañil que construye su muro: / un constructor de puertas y ventanas.”

Después del éxito de sus Poemas y antipoemas a Nicanor Parra se le preguntó si buscaba ser el mejor poeta de Chile, a lo cual respondió: “no, me conformo con ser el mejor poeta de Isla Negra”, en alusión a Pablo Neruda, que en ese entonces ya vivía en dicha localidad. También aludió a otros poetas chilenos cuando proclamó: “no a la poesía de pequeño Dios (por Vicente Huidobro), no a la poesía de toro furioso (por Pablo de Rokha), no a la poesía de vaca sagrada (por Neruda)”. Pese a estas opiniones críticas contra sus colegas y coterráneos, Parra vive ahora en Las Cruces, un lugar situado entre Isla Negra, donde vivió y está sepultado Neruda, y Cartagena, donde vivió, murió y está enterrado Vicente GarcíaHuidobro Fernández, otro de los grandes literatos chilenos, iniciador y exponente representativo del movimiento estético llamado “creacionismo”.
 
 
 Cronos

En Santiago de Chile
Los
       días
               son
                   interminablemente
                                               largos:

Varias eternidades en un día.

Nos desplazamos a lomo de luma
Como los vendedores de cochayuyo:
Se bosteza. Se vuelve a bostezar.

Sin embargo las semanas son cortas
Los meses pasan a toda carrera
Ylosañosparecequevolaran.

 

Mark Strand, uno de los principales poetas estadounidenses, nombrado en 1990 poeta laureado de su país y acreedor al Premio Pulitzer en 1999, ha reseñado varias obras de Parra. Consultado sobre el poeta chileno y su influencia en Estados Unidos, señaló: “creo que Nicanor Parra es uno de los mejores y más originales poetas del siglo pasado. Las estrafalarias casinarraciones en su libro de antipoemas han sido tanto una inspiración como una influencia en mi propio trabajo, mucho más, digamos, que los poemas de Pablo Neruda. No puedo decir con seguridad si él es o no muy leído por los jóvenes poetas en los Estados Unidos. No estoy seguro si los poetas jóvenes leen mucho de alguien. Para mí y para otros poetas de mi generación es un maestro, una de las grandes figuras de la poesía del siglo veinte”.
 
 
Epílogo
 
Como cantaba su hermana Violeta: “Gracias a la vida”, yo agrego —y con ello le pongo punto final a este escrito—, gracias a la vida por haberme permitido este afortunado encuentro.
 
   
Referencias bibliográficas
 
Mach, Ernest. 1883. Desarrollo histórico-crítico de la mecánica. Espasa Calpe, Buenos Aires. 1949.
Neruda, Pablo. 1964. Isla Negra. Seix Barral, Barcelona. 1976.
_____. 1950. Canto General. Cátedra, Madrid. 1990.
_____. 1978. Para nacer he nacido. Seix Barral, Barcelona. 2005.
Parra, Nicanor. 1954. Poemas y antipoemas. Editorial Universitaria, Santiago.
Urrutia, Matilde. 2002. Mi vida junto a Pablo Neruda. Seix Barral, Barcelona.

     
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Faustino Sánchez Garduño
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.

Faustino Sánchez Garduño es profesor del departamento de matemáticas de la facultad de ciencias. Estudió las carreras de física y matemáticas en la unam y es doctor por la Universidad de Oxford, Inglaterra. Éstas son algunas áreas de su interés: morfogénesis y emergencia de patrones, ecología matemática y biomatemáticas.
     
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