revista de cultura científica FACULTAD DE CIENCIAS, UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
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José Antonio Peralta
     
               
               

En el campo de la física aplicada y en general en la investigación científica aplicada, es corriente que los investigadores se desentiendan de las posibilidades de utilización o del uso real que se dé al resultado de sus investigaciones, desembarazándose de tal cuestión con respuestas tales como “nosotros hicimos nuestra parte, lo demás ya no nos concierne…”. En realidad este tipo de actitud no es privativo de los físicos; se da en todos los ámbitos de la producción social; los médicos, por ejemplo, aceptan prescribir tratamientos o recetar medicamentos que manifiestamente caen fuera del alcance real del paciente. Esta actitud de indiferencia hacia el destino objetivo de los productos de nuestro trabajo pasa por ser una característica inherente a la investigación científica. Sin embargo, nosotros pensamos que es más bien una característica inherente a determinada forma de concebir y hacer ciencia, y que “semejante trabajo intelectual parcelado, fragmentario, que ha perdido toda visión de conjunto de las actividades sociales en que está insertado, no puede ser sino un trabajo enajenado.1

Los estudios sobre los procesos de contaminación y descontaminación del agua presentan una gran variedad de aspectos atractivos para la investigación científica; la fisicoquímica, la física de superficies, la termodinámica, la hidrodinámica, etc., son ramas de la Física que encuentran en este campo grandes posibilidades de aplicación. Ahora bien: ¿qué posibilidades reales existen en nuestro país de que los estudios sobre contaminación y descontaminación de aguas tengan alguna incidencia efectiva sobre la realidad? Puesto que no compartimos el punto de vista “desinteresado” de hacer ciencia, hemos tratado de dar respuesta a la anterior pregunta. Por lo tanto este trabajo, más que referirse a los procesos de contaminación o descontaminación en sí, analiza con cierto detalle el medio social sobre el cual estas investigaciones se han de desarrollar, con el fin de determinar si el medio es susceptible a este tipo de investigaciones, a qué tipo de intereses sociales se ha de enfrentar, en qué otro tipo de intereses sociales puede encontrar apoyo, etc. En particular este tipo de indagaciones previas a lo que es propiamente el trabajo de investigación científica es muy necesario, creemos, en un país como México, en donde la situación del científico es peculiar; en efecto, nuestra sociedad no asigna ningún papel específico a los investigadores ni en el ámbito de la economía ni en el de la cultura, en contraste con lo que sucede en los países desarrollados en donde, por ejemplo, el sistema económico asigna tareas muy claras a la investigación científica. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en países más atrasados, en donde no hay tareas específicas para la investigación pero tampoco hay científicos ni instituciones que se ocupen de la investigación, en México ya existe un numero considerable de científicos, de instituciones y de recursos. Así pues, en los países desarrollados tenemos órganos y funciones, en los países atrasados no hay ni órganos ni funciones, y en México tenemos órganos pero no funciones.

Abastecimiento de agua para la zona metropolitana

Los aproximadamente 45 m3/s con los que la zona metropolitana satisface sus necesidades de agua esencialmente para usos domésticos e industriales se obtienen en su gran mayoría de pozos a través de los cuales se extrae el agua de los mantos del subsuelo. En la siguiente tabla se especifican los gastos y los sistemas mediante los que se abastecen el Distrito Federal y las zonas urbanas adyacentes:
 
Tabla 1. Sistema de abastecimiento de agua del Distrito Federal y zonas urbanas adyacentes2
 
Sistema Lerma 13 m3/s
Sistema Alto Lerma 10 m3/s
Sistema Xochimilco 5 m3/s
Sistema Chiconautla 3.5m3/s
Sistema del Peñón 0.5m3/s
Pozos Municipales  7 m3/s
Fuentes Diversas (Desierto de los Leones, Bosques de Santa Fe, San Bartolo, Ameyalco, etc.) 3.6m3/s
Pozos particulares 2.5m3/s
Total 45.1m3/s

Hay que señalar, sin embargo, que el sistema de control que el Estado ejerce sobre la cantidad de agua extraída es sumamente deficiente, que en muy contados casos las cantidades extraídas se obtienen directamente de la lectura de medidores, en lo que a la industria se refiere, y que más bien las anteriores cifras se obtienen a través de deducciones. Una forma de deducir los gastos de extracción es, por ejemplo, midiendo el caudal que transporta el Gran Canal en épocas de estiaje (ausencia de lluvia) y multiplicando este caudal por un factor de corrección que toma en cuenta el porcentaje de agua consumida que no se desecha al drenaje. Obviamente este método solo es aplicable cuando se intenta medir la extracción de las zonas que largan sus desechos al sistema del Gran Canal, es decir, no incluye a las zonas que desaguan en los otros sistemas que drenan a la zona urbana. Otra forma de deducir los gastos de extracción y que se aplica exclusivamente para la industria, es asignar una determinada cantidad de agua (véase la Tabla 2) necesaria pare procesar 1 kg de producto y entonces calcular la cantidad total de agua extraída por la industrial en función del valor declarado de la producción. Queda claro, pues, que la posibilidad de que los gastos de extracción calculados sean correctos o no depende de lo correcto de las suposiciones de las cuales se deducen estos. En realidad, las medidas directas de la cantidad de agua usada se realizan sobre todo en el terreno del uso doméstico, donde el uso de medidores está más o menos extendido; en 1970, por ejemplo, la SHR4 reportó que el 75.6% de la población total del Valle de México disponía de agua entubada. Para la industria la cosa es diferente, ya que una importante fracción de ella dispone de pozos particulares sobre las cuales no se lleva ningún control, y de ahí la necesidad de obtener los gastos de extracción mediante formas indirectas. Así, la SARH5 reporta la existencia de unos 16 mil pozos clandestinos en el Valle de México, de los cuales 4000 están situados en el Distrito Federal y sus alrededores.

Tabla 2. Cantidad de producto procesado por cada m3 (1000 L) de agua3.
 
Producto Cantidad procesada con cada m3 de agua
Acero 30 Kg
Pulpa de madera 70 Kg
Pulpa de papel 9 Kg
Hule sintético 12 Kg
Azufre 33 Kg
Sosa 6 Kg
Carbonato de sodio 14 Kg
Carbón 1.25 Kg
Aluminio 0.75 Kg
Tela 4 Kg
Prod. Petroquímicos 29 Kg
Algodón pluma 0.3 Kg
Gasolina 50 Lts
Cloro 18 Lts
Agua purificada 0.2 garrafones
 
Consecuencias de la extracción
 
La obtención del agua por medio de la perforación de pozos es una técnica que se utilizó de una manera sistemática a partir de los años treinta, cuando a consecuencia del crecimiento acelerado de la ciudad hubo necesidad de obtener agua de la manera más rápida posible. En apariencia el método era simple y económico, ya que para satisfacer las necesidades crecientes de agua potable con una “simple instalación de equipos de bombeo” y la colocación de tuberías de distribución local. En realidad se actuó sin previsión, puesto que las consecuencias negativas de la “simple instalación de equipos de bombeo” son ahora evidentes: 1) la cuenca del Valle de México está desforestada y erosionada en un 23%; 2) el nivel de los mantos acuíferos del subsuelo ha descendido a niveles críticos; 3) la extracción excesiva ha provocado el hundimiento general de la Ciudad de México; 4) la resequedad del suelo, en las zonas de extracción, ha provocado un estado de pauperización entre la población campesina que cultiva esos suelos, antiguamente ricos en humedad.

En particular, quisiéramos señalar con cierto detalle los efectos del hundimiento sobre el sistema de drenaje de la Ciudad de México. En efecto, el abatimiento de las presiones piezométricas debido a la extracción excesiva ha provocado que la ciudad se hunda varios centímetros por año, tal como se aprecia en la Tabla 3.

Tabla 3. Evolución del hundimiento de la Ciudad de México6

Primer cuadro 1891 - 1938 5 cm/año
  1950 - 1951 46 cm/año
  1963 - 1969 cm/año
Ciudad en conjunto 1952 - 1959 14 cm/año
  1959 - 1963 11 cm/año
  1963 - 1969 8 cm/año

En la actualidad el hundimiento global es del orden de los 9 m; es natural, por tanto, que con tales hundimientos las pendientes originales asignadas al sistema de drenaje para que funcionase por la simple acción de la gravedad hayan sido gravemente dislocadas (las pendientes son del orden de 1 metro por kilómetro). Así, el hundimiento ha traído como una de sus consecuencias más negativas el cambio del antiguo sistema de drenaje que funcionaba por gravedad a uno que tiene necesidad del uso de bombas, con el consiguiente incremento en los costos de operación y de mantenimiento.

También la pérdida de consistencia del terreno merece algunos comentarios. Según lo señalan los técnicos mismos de la SARH, el agrietamiento del suelo es un peligro potencial para la estabilidad de las presas y otras estructuras hidráulicas construidas en los Valles de México y Toluca, y de ocurrir su falla pueden ocasionar situaciones de desastre. En particular, expresan los técnicos, debe establecerse una estrecha vigilancia en las presas Guadalupe Mandín, José Antonio Alzate e Ignacio Ramírez y en los sistemas hidrográficos que tienen relación con servicios de control de avenidas para proteger áreas urbanas.8

Usos del agua en la zona metropolitana

Dos son los usos principales del agua en la zona metropolitana: el doméstico y el industrial. Puesto que no disponemos aún de las estadísticas más recientes, expondremos los datos publicados por la SRH9 para 1970 y también los que aproximadamente se pueden calcular en la actualidad con base en informaciones fragmentarias; en todo caso, las conclusiones esenciales que emanarán de toda esta información serán las mismas.

Los 8 millones 417 mil habitantes que poblaban el Distrito Federal y sus alrededores en 1970 satisfacían sus necesidades de agua con un gasto aproximado de 26 mil litros por segundo, es decir, un promedio de 270 litros al día por habitante. Si consideramos que la dotación de agua que se calcula suficiente para satisfacer las necesidades de un individuo, en condiciones climatológicas semejantes a las nuestras, es de 200 litros, las anteriores cifras podrían hacer pensar que la cosa no andaba del toda mal. Sin embargo, en realidad, la distribución de agua presentaba notables diferencias, en efecto, de los 8 millones y medio de habitantes, 1 millón 700 mil tenían que recurrir al uso de hidrantes públicos, pipas o acarreo manual; por otra parte, aunque en las estadísticas de la SRH a los individuos que habitan en vecindades se les reporta con servicio de agua entubada —colocándolos de esta manera en el mismo nivel de servicios que, por ejemplo, los habitantes de las zonas residenciales—, es claro que los dos millones de individuos que vivían en vecindades disponían de un servicio deficiente de agua, ya que en general en las vecindades los servicios de agua para el baño y el lavado de ropa son comunitarios.

A nivel industrial las 32 mil 800 industrias instaladas en la zona metropolitana extraían para sus necesidades 13 700 litros por segundo (el equivalente a una población de 6 millones de habitantes). Por otra parte, el 80% de la extracción total del Valle de México se concentraba en las siguientes delegaciones y municipios: Benito Juárez, Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo, Venustiano Carranza, Azcapotzalco, Ecatepec, Tlalnepantla, Gustavo A. Madero y Álvaro Obregón. De este 80% una fracción considerable se destinaba a la industria; en Ecatepec, por ejemplo, las 530 industrias instaladas en el municipio consumían 5 veces más agua que sus 216 mil habitantes, en Tlalnepantla 836 industrias consumían 1.7 veces más que los 366 935 habitantes del municipio, y en Azcapotzalco 2029 industrias usaban 1.4 veces más agua que los 534 664 habitantes de esa delegación.

En la actualidad la extracción de agua destinada a la industria se ha incrementado en términos relativos y absolutos, ya que según Luis Sánchez de Carmona, Director de Ecología Urbana de la SAHOP, de los 45 mil litros por segundo que llegan a la capital, cuando menos la mitad corresponde a la industria. Pero si la dotación de agua asignada a la industria se ha incrementado notablemente —siendo el incremento de un 70%—, para los habitantes de la zona metropolitana la cosa es muy diferente; en efecto, si en 1970 la dotación promedio al día para cada habitante era de 270 litros, en la actualidad ésta se ha reducido a 150 litros.

Consumo y desecho

Si observamos la Tabla 2 vemos que, aún cuando la industria usa una gran cantidad de agua para procesar cada kilo de producto, en realidad para una gran cantidad de industrias casi nada se incorpora directamente al producto final; algo semejante ocurre a nivel doméstico pero en mucho menor medida, ya que del total de agua extraída para este uso en promedio sólo un 30% se consume y el resto se desecha, mientras que la fracción consumida en la industria es de sólo un 7% en promedio. En 1970 el gasto de agua residual —sin incluir los gastos del agua de lluvia— era de 34 m3/s y de éstos, 19.4 m3/s le correspondían a los desechos domésticos contra 14.1 m3/s de residuos industriales (datos para todo el Valle de México); en la actualidad y sólo para la zona metropolitana el gasto total de aguas residuales es de aproximadamente 37 m3/s y más de la mitad de este gasto corresponde a la industria. A pesar de que la industria lanza a las redes del drenaje más desechos que los que lanzan los 13 millones de habitantes de la ciudad de México y sus alrededores, no es en el nivel cuantitativo donde el impacto de los residuos industriales se hace sobre todo sentir, sino en el nivel de la calidad de estos desechos. En efecto, tanto los desechos de origen doméstico como industrial sufren procesos de degradación y en cada paso de estos procesos en general consumen una determinada cantidad de oxígeno; sin embargo, el consumo de oxígeno que se realiza en los procesos de degradación de los residuos industriales es bastante mayor que el de los desechos domésticos. Así, si un individuo causa con sus desechos un consumo de oxígeno diluido en el agua de 54 g por día, tenemos que en un año consumirá 19.7 kg mientras que sólo las industrias de pastas de celulosa, papel y cartón, consumen al año 47 mil 550 toneladas de oxígeno, lo cual equivale al consumo de una población de 2 millones 413 mil habitantes. En 1970 la contaminación de la industria para todo el Valle de México equivalía a una población de 30 millones de habitantes; en la actualidad y sólo para la zona metropolitana la contaminación equivalente en cuanto a consumo del oxígeno debe ser de unos 40 millones de habitantes. Es necesario señalar, por otra parte, que aun cuando los residuos industriales consumen gran cantidad de oxígeno, para una gran cantidad de ellos al final de sus cadenas de degradación no resultan materias alimenticias para la flora y la fauna —a diferencia de lo que ocurre con la mayor parte de los residuos domésticos—, sino que muchas industrias provocan una contaminación irreversible de las aguas.

El drenaje en la Ciudad de México

Hemos visto que una ciudad de 13 millones de habitantes, como es el Distrito Federal, produce una cantidad excesiva de aguas residuales y que, además, la calidad de los desechos industriales incrementa la contaminación de las aguas hasta el equivalente de una población de 50 millones de habitantes. ¿Cómo se deshace el Distrito Federal de esta cantidad impresionante de desechos?

Tabla 4. Contaminación industrial y equivalentes en población para algunos tipos de industrias asentadas en la zona metropolitana.10

Tipo de industria No. de establecimientos Extracción m3/s No. equivalente de habitantes Contaminación DBO, ton/año No. equivalente de habitantes
Pastas de celulosa, papel y cartón 1346 3.208 1 394 782 47 550 2 412 667
Productos químicos diversos  1751  2.312  1 005 217  72 187  3 662 748
Productos de minerales no metálicos  675  1.912  831 304  2 315  117 479
Industrias básicas del hierro y el acero  98   1.474  640 869  864  43 830
Productos químicos esenciales  85  0.970  421 739  31 642  1 602 249
Artículos de papel, de cartón y de pastas de celulosa  291  0.775  336 956  7 331  371 722
Molienda de caña de azúcar y remolacha, alcohol etílico  2  0.668  290 434  17 691  896 964
Fabricación de productos metálicos  3 807  0.422  183 478  665  33 752
Industrias básicas de metales no ferrosos  79  0.314  136 521  465  23 583
 Construcción, ensamble y reparación de vehículos  316  0.267  116 086  480  24 364
Producción de cerveza 27 0.245 106 525 29 947 1 519 495

Esencialmente son tres los sistemas a través de los cuales el Distrito Federal elimina sus aguas residuales:11 el del Gran Canal, el del Interceptor Poniente, y el nuevo sistema de Drenaje Profundo que funciona ya parcialmente. El Gran Canal es el sistema más antiguo y se terminó de construir en 1910; inicialmente fue diseñado para funcionar por la simple acción de la gravedad, pero —como señalamos anteriormente— por estar asentado sobre terrenos del antiguo lago que han sufrido fuertes deformaciones y hundimientos debido a la extracción excesiva, se tuvo que recurrir al empleo de bombas y a la modificación de las líneas del alcantarillado para que el sistema siguiera funcionando con cierta eficacia. En efecto, en 1970 el sistema de alcantarillado constaba de 8 000 km de atarjeas, subcolectores y colectores, y para elevar las aguas negras al Gran Canal se recurría al uso de 78 estaciones locales de bombeo y 10 de mayores dimensiones. Por otra parte, las redes de colectores originalmente constituían un sistema tipo peine con todos los colectores que atraviesan la ciudad de Poniente a Oriente para descargar al Gran Canal, que sigue la dirección general Sur a Norte; pero en la actualidad este sistema se ha transformado en una serie de ductos intercalados que le dan apariencia de una malla irregular, conforme se van corrigiendo las dislocaciones e intercalando las plantas de bombeo para salvar los columpios que se formaron debido al hundimiento desigual.

En cuanto al interceptor Poniente, es un conducto de sección circular de 4 m de diámetro que trabaja por gravedad con un escurrimiento de Sur a Norte y con capacidad de 25 m3/s; su longitud es de 17 km y su pendiente media es de medio metro por kilómetro. A diferencia del Gran Canal, que drena esencialmente la parte baja de la ciudad, el interceptor Poniente drena la parte alta de la ciudad y además intercepta los ríos Churubusco, Piedad y Consulado, ríos que se alimentan con la lluvia de zonas donde la precipitación pluvial es hasta un 80% mayor que la precipitación sobre la zona urbana. El interceptor Poniente descarga en el emisor Poniente que comienza en el extremo norte del Vaso de Cristo —en las confluencias de los ríos Hondo y Chico—, y que después atraviesa por debajo al cerro de Xocayalmalco y cruza el lomerío de Barrientos hasta terminar en canal abierto a lo largo del cauce del río Cuautitlán hasta el sitio en que comienza al Canal de Santo Tomás.

En lo que concierne al Drenaje Profundo, éste consta de los interceptores —el Central y el del Oriente— que descargan en el emisor Central, en un punto cercano al río de los Remedios llamado Tenayuca. Ambos interceptores se han construido a niveles profundos —más de 200 m en algunos puntos— con el objeto de que el hundimiento de la ciudad, que persiste en la actualidad, no afecte su funcionamiento por gravedad. El interceptor Central es un conducto de concreto de sección circular con una longitud de 25 km y con diámetro de 4 y 5 m; está calculado para funcionar con un gasto máximo de descarga de 62 m3/s para diámetro de 5 m y 35 m3/s para diámetro de 4 m. El interceptor del Oriente tiene una longitud de 27 km con diámetro de 4 y 5 m también calculado para funcionar con gastos máximos de 92 y 41 m3/s respectivamente, el emisor Central, al cual van a descargar los dos interceptores, es un ducto de sección en forma de herradura con una longitud de 47 km, un diámetro de 6.5 m y un gasto máximo de 200 m3/s.

Ahora bien, tanto el Gran Canal a través de los túneles de Tequisquiac, como el interceptor Poniente a través del Tajo de Nochistongo, y así como el Drenaje Profundo por intermedio del emisor Central, depositan sus aguas en la cuenca del Río Moctezuma, que es a su vez afluente del Río Pánuco, el cual finalmente desagua en el Golfo de México a la altura del Puerto de Tampico.

En función de lo anterior es natural que la cuenca del río Pánuco aparezca como la de mayor contaminación en la República, con índices de contaminación notablemente mayores que los de la cuenca del río Lerma, que es la que le sigue en contaminación, tal como se aprecia en la Tabla 5.

Tabla 5. Características principales de las cuencas de primer orden.12

Cuenca Área de la cuenca km2 Escurrimiento medio anual miles de m3 Población hab. Aportación de OBO total kg/año Valor bruto de la producción individual miles de $
1.Pánuco 67 872 21 810 000 11 079 696 668 971 606 88 879 416
2.Lerma 129 263 7 277 000 7 454 257 257 482 010 25 007 575
3.Balsas 111 300 14 045 000 5 146 011 113 510 513 11 199 163

4.Blanco

2 738 1093 200 444 860 40 625 690 2 911 777
5.Gunyalejo 17 084 2 195 000 156 311 67 827 326 1 209 074
6.San Juan 32 618 129 000 1 606 214 118 470 904 23 615 991
7.Culiacán 21 677 3 141 280 368 784 57 711 496 831 602
8.Fuerte 33 590 5 007 800 252 026 51 886 407 797 293
9.Coahuoyane 7 301 1 812 000 194 770 26 330 002 657 403
10.Nazas 59 632 274 000 720 378 53 963 094 3 715 197
11.Conchos 71 964 1 079 400 712 146 25 542 840 3 385 016

El agua de lluvia

Al parecer es natural que el agua de lluvia que se precipita sobre la Ciudad de México y sus alrededores desaparezca por las alcantarillas; la medida en que esto suceda podría indicarnos incluso qué tan cerca se está del óptimo funcionamiento. Ahora bien: evidentemente las inundaciones causadas por las lluvias deben desaparecer, pero lo que ya no es tan evidente es que el agua de lluvia deba mezclarse con aguas de tan diferente calidad como son las aguas negras. En efecto, si consideramos que en promedio la precipitación anual sobre el Valle de México es de unos 700 milímetros,13 y que la superficie urbanizada cubre un área aproximada de 600 km2, tenemos entonces que al año caen sobre la zona urbanizada 420 millones de metros cúbicos, lo que es equivalente a un gasto continuo de 13.3 m3/s, que constituye un caudal muy considerable. En la mayoría de las ciudades desarrolladas el agua de lluvia se recoge en un sistema de drenaje separada del sistema de drenaje que recoge las aguas negras, lo que posibilita su posterior almacenamiento y utilización. Sin embargo, en la Ciudad de México —que con la construcción reciente del drenaje profundo posee el sistema de drenaje más caro del mundo— el agua de lluvia no sólo se mezcla con las aguas negras de origen doméstico, sino lo que es peor, con las aguas negras de origen industrial. Así pues, el nuevo sistema de drenaje mantiene intactos los defectos estructurales del anterior sistema, es decir, la recepción de agua de lluvia junto con aguas negras y el permitir que los residuos industriales —de efectos catastróficos— en las cuencas del Valle de México y del Pánuco sean depositados en la red municipal de drenaje sin previo tratamiento.

El gran desperdicio que implica mezclar 13 m3/s de agua de lluvia con los gastos correspondientes de aguas negras se visualiza mejor si recordamos que la ciudad de Monterrey satisface sus necesidades de agua —tanto a nivel industrial como doméstico— con un gasto aproximado de 7 m3/s; también el desperdicio se visualiza mejor si recordamos que toda la población del Valle de México satisfacía sus necesidades de agua en 1970 con un gasto de 27.5 m3/s. De hecho los técnicos de la SARH14 han señalado que si el agua de lluvia que se precipita sobre el Valle de México se controlara racionalmente, eso bastaría para satisfacer las necesidades de una población de 15 millones de habitantes.

Una característica del agua de lluvia es que se precipita en ocasiones sobre la ciudad en cantidades enormes pero en tiempos relativamente cortos; eso quiere decir que los gastos de flujo que provocan en el drenaje superan a los máximos calculados, sobre todo en los puntos en que la continuidad del desagüe exige el uso de bombas. Obviamente esto repercute en inundaciones transitorias, pero sobre todo en altos niveles de contaminación. En efecto, el agua de lluvia que supera la capacidad de desagüe del sistema sale de las alcantarillas en los puntos en que la continuidad es interrumpida, pero en su salida arrastra a los residuos domésticos e industriales inundando con aguas negras a las zonas aledañas a los puntos de salida. Si el drenaje fuese de tipo separado esto no sería así, puesto que de las alcantarillas se escaparía el agua de lluvia, pero no las aguas negras.

Algunas conclusiones y comentarios

En general, en la prensa diaria abunda la información sobre los diferentes aspectos del uso del agua en el Distrito Federal. Con todo y ser abundante, esta información tiene un defecto fundamental, aun cuando a veces sea exacta, es fragmentaria.

Lo que hemos querido demostrar en las páginas anteriores es que justamente el significado de cada cifra o hecho sólo se alcanza a partir de una visión global que contemple los momentos esenciales que comporta el uso del agua, a saber, extracción, consumo y desechos, además de las diferentes formas en que ésta se usa (doméstico e industrial). Hemos visto así que aun cuando la propaganda oficial que demanda prudencia en el uso del agua no lo incluya, es el uso industrial el más importante, tanto desde el punto de vista de la extracción como del despilfarro y los efectos contaminantes.

En función de lo anterior podemos, pues, establecer una serie mínima de conclusiones:

1) Dado que la industria extrae tanta agua del subsuelo, que consume tan poca y que lanza al drenaje tan gran cantidad de aguas residuales con alto índice de contaminación, se debería o bien exigir el reciclamiento del agua en los procesos industriales —es decir, el tratamiento de las aguas que emergen al final de un proceso industrial para ser utilizadas de nuevo en el mismo proceso, o bien que la industria se abasteciera con aguas negras tratadas, tal como ocurre en gran parte de la industria en Monterrey, y que sus residuos fuesen tratados antes de ser desechados a la red de drenaje; 2) Es necesario implantar en la Ciudad de México un sistema separado de drenaje, puesto que el sistema tipo mixto que funciona en la actualidad implica el desperdicio de los grandes volúmenes de agua de lluvia que se precipitan sobre la zona urbana; 3) Si la industria no extrajese tal cantidad de agua del subsuelo, el hundimiento de la ciudad de México se detendría. Consiguientemente, los gastos de mantenimiento y de reestructuración de la red de alcantarillado que de ahí se derivan se reducirían en la mínima proporción; y 4) Si se impidiese el uso irracional del agua por parte de la industria, y si el agua de lluvia se captara por medio de una red de drenaje separado, la escasez de agua que sufren cotidianamente amplias capas de la población no tendría razón de ser.

¿Qué es lo que en el sentido anterior ha hecho o piensa hacer el Estado?

a) La Ley Federal para Prevenir y Controlar la Contaminación Ambiental.

En primer lugar, hay que señalar la existencia de la Ley Federal para Prevenir y Controlar la Contaminación Ambiental. En el artículo 14, Capítulo Tercero, leemos:

“Queda prohibido arrojar a las redes colectoras, ríos, cuencas, cauces, vasos y demás depósitos de aguas, o infiltrar en terrenos aguas residuales que contengan contaminantes, materias radiactivas o cualquier otra sustancia dañina a la salud de las personas, a la flora o a la fauna, o a los bienes. La Secretaría de Recursos Hidráulicos, en coordinación con la de Salubridad y Asistencia, dictará las medidas para el uso o el aprovechamiento de las aguas residuales y fijará las condiciones que éstas deban cumplir para ser arrojadas en las redes colectoras, cuencas, cauces, vasos y demás depósitos corrientes de aguas así como para infiltrarlas en los terrenos”.

Sobra decir que esta Ley es letra muerta.

b) Los Distritos de Control de la Contaminación.

En un nivel más especifico, la SARH ha determinado15 que, de todas las cuencas existentes en el país, sólo 54 presentan serios problemas de contaminación. De éstas, 11 requieren de una atención inmediata, y tienen la particularidad de que en ellas se localizan el 64% de la carga orgánica del país, el 59% de la población, el 52% de la superficie bajo riego, y el 77% del valor bruto de la producción industrial.

Después de analizar diferentes alternativas de solución al problema de las aguas residuales, la SARH ha optado por un sistema regional de control de las aguas desechadas, estableciendo para ello el plan de los Distritos de Control de la Contaminación del Agua. Dentro de este plan de distritos, al decir de la SARH, “un organismo administrador se encarga de planear, construir y operar las obras de recolección, tratamiento y disposición de las aguas residuales del área de su jurisdicción, en forma integral, de manera que no exista una sola descarga mal dispuesta y que no satisfaga las condiciones establecidas. Estos distritos funcionan en forma autosuficiente, a través del cobro que el organismo administrador realiza a los usuarios del sistema por los servicios que se le proporcionan”. Las ventajas que la SARH adjudica al sistema de distritos son:

— Facilitan al usuario el cumplimiento del Reglamento para la prevención y control de la contaminación de aguas, ya que al contratar los servicios del distrito, y con sólo pagar las cuotas requeridas, el usuario no tiene necesidad de vigilar la conducción ni el tratamiento de sus aguas residuales, ya que esto será responsabilidad del organismo que opera el Distrito.

— Se reduce al mínimo el número de plantas y el personal de operación, garantizándose que dicho personal se encuentre altamente capacitado para llevar a cabo un manejo y operación eficientes, tanto de la conducción como de la plante de tratamiento, para que su afluente sea de la calidad requerida.

— Se evita que las industrias utilicen su capacidad de crédito, necesario muchas veces para ampliaciones e incrementos de producción, en el financiamiento del sistema de tratamiento.

— Se obtiene un ahorro en los costos de capital y de operación, debido a la economía de gran escala del sistema de tratamiento. A mayores volúmenes tratados, menores costos unitarios resultantes.

— Al tratar volúmenes mayores, se reduce la frecuencia y magnitud de los caudales máximos en relación con el caudal medio a tratar, redundando en ahorro de obras y en una mayor seguridad y flexibilidad en el tratamiento.

— Al ser obras comunales, se propicia un mayor acercamiento y una mayor comunicación entre los habitantes de la región.

— La construcción, operación y mantenimiento del sistema es autofinanciable y como la inversión se recupera en mediano plazo, se facilita la obtención de créditos para la realización de las obras.

A la fecha, sólo opera un distrito en la zona de CIVAC, en el estado de Morelos, y se piensa que a corto plazo comenzarán a funcionar los distritos de la zona Toluca-Lerma en el Estado de México, y el del Valle de Aguascalientes. Por otra parte, 22 distritos se encuentran en etapa de estudio y se piensa que para 1983 estarán totalmente terminados… a nivel de proyecto ejecutivo.

En cuanto al distrito de CIVAC, su funcionamiento real difiere apreciablemente de lo previsto dentro de los planes ideales de la SARH y esto se aprecia en una nota que apareció en el periódico unomásuno, el 11 de junio.

c) Nuevas fuentes de agua para la ciudad.

En lo que resta del sexenio se invertirán 16 mil millones de pesos para dotar de más agua al Distrito Federal trayéndola desde el río Cutzamala, y al igual que en el Sistema de Drenaje Profundo, las nuevas obras dejarán intactas las evidentes fallas estructurales que padece el actual sistema de abastecimiento. En efecto, es necesario dotar de más agua a esta ciudad que crece con ritmo vertiginoso… y es necesario también dejar intocados los intereses del capital, es decir, permitir que los industriales sigan perforando pozos sin control y que utilicen en sus procesos de producción el agua potable que se les niega a grandes sectores de la población, por tanto, dado el progresivo desgaste de los mantos acuíferos del subsuelo, sólo queda una opción, traer el agua de más lejos. Una vez más, se ha optado por la “solución” más onerosa para el pueblo —puesto que él será con su trabajo quien pague los altos costos de la obra— y al mismo tiempo la más redituable para los intereses del capital. Para el proyecto Cutzamala —que se espera terminar justamente antes de que termine el sexenio— “habrá que construir dos presas derivadoras, 180 kilómetros de tubería de concreto presforzado de 2.50 metros de diámetro, 4.50 kilómetros de tubería de acero de 3.10 metros de diámetro, 120 kilómetros de caminos de acceso y operación, una planta potabilizadora para 24 mil litros por segundo y 7 plantas de bombeo que elevarían el agua a un total de mil 100 metros”.16

Así pues, hasta antes del Proyecto Cutzamala el agua que satisfacía las necesidades de la metrópoli se extraía de los mantos del Valle de México, desechando los residuos altamente contaminados al mar por intermedio del río Pánuco, ahora, cuando el Proyecto Cutzamala se haga realidad, se alcanzará si no la racionalidad en el uso del agua sí, cuando menos, la simetría geográfica en la irracionalidad: se traerá el agua desde Guerrero, recorriendo esforzadamente cientos de kilómetros cuesta arriba, y después de ser usada, los residuos altamente contaminados mezclados con el agua limpia de lluvia se mandarán, a través de intrincadas tuberías profundas y sistemas de bombeo, hasta un lugar en el Golfo de México, a la altura del Puerto de Tampico.

Perspectivas y sentido de los estudios sobre contaminación

En función de lo anterior, ¿qué perspectivas le esperan, pues a los estudios sobre contaminación y tratamiento de aguas negras?

Sabemos que en otros países tales estudios están altamente desarrollados y, además integrados en gran medida a los procesos de producción; Estados Unidos sería el mejor ejemplo. ¿Será, acaso, porque los industriales norteamericanos tienen un sentido más desarrollado al respecto hacia las riquezas naturales? De ninguna manera: la respuesta hay que buscarla, ante todo, en los mecanismos esenciales de la dinámica capitalista; a saber, la necesidad de obtener siempre la máxima ganancia. En efecto, si allá la investigación sobre contaminación ambiental está muy desarrollada, y las técnicas anticontaminantes gozan de amplia difusión, es porque son “funcionales” al sistema, es decir, porque se pueden integrar de una manera coherente a los procesos de valorización de capital de los sectores capitalistas más representativos. Y no sólo eso. Además de que la aplicación de equipos anticontaminantes preserva los niveles de rentabilidad de las empresas que los usan, la fabricación de equipo anticontaminante es en sí una industria rentable; esto explica que cierto tipo de movimientos ecologistas hayan sido promovidos en forma activa y directa por algunos grandes trusts. En México la cuestión es muy diferente, ya que el nivel general de modernización de las empresas no acepta la introducción de equipo anticontaminante sin que resulte lesionada la rentabilidad de éstas. En cuanto al Estado, la existencia inofensiva e inoperante de una serie de leyes y programas que en principio atentarían contra el interés capitalista, sólo revela que en la sociedad actual existe una ley más fundamental que la ley escrita: la ley de la máxima ganancia. Así pues, dado el nivel general de desarrollo del capitalismo en México no se espere que, bajo una aplicación capitalista, es decir, dentro de un proceso de producción de mercancías, las investigaciones sobre los procesos de contaminación y técnicas anticontaminantes encuentren un gran desarrollo y aplicación extensiva. Así pues, ¿la investigación en México no tiene ningún sentido? Creemos que no, en general, si los cauces por los cuales pretende realizarse son los del interés capitalista. Pero hay otros cauces. En efecto, a los sectores sociales a los cuales les afecta la carencia de agua potable, la mala calidad de agua que pretende ser potable, la intoxicación del aire, el ruido, etc., sí les interesa desde luego la aplicación de técnicas racionales desde el punto de vista del valor de uso de las cosas y no del valor de cambio a los procesos de producción. A esos sectores sí les interesa que el conocimiento científico de tales procesos se desarrolle a un nivel que permita su control y dominio, también les interesa conocer el estado real de destrucción del medio ambiente. Por tanto, si los científicos que practican la ciencia aplicada miran hacia esos otros sectores, encontrarán que entre los sectores amplios de la población existe un fuerte interés potencial en sus investigaciones. Pero no solamente en el terreno de las previsiones fundamentadas podemos encontrar un sentido definido a la actividad de los investigadores en México. En la vida real se puede encontrar ya este sentido. Ciertos científicos mexicanos han jugado un papel fundamental como contestatarios de la ideología oficial. ¿Cuál sería el estado real de nuestros conocimientos sobre el desastre del lxtoc si nuestra única fuente de conocimiento hubiese sido la de PEMEX? Afortunadamente la intervención de distinguidos investigadores de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas nos permitió disponer de otra versión objetivamente fundamentada a partir de la cual se pudo poner en evidencia la irresponsable ligereza con la que oficialmente se enfrentó el problema. Los problemas del agua, del aire, del ruido y del medio ambiente en general requieren también de científicos contestatarios. Sin embargo, nosotros creemos que todos estos papeles que el estado actual de cosas asigna al científico en México son, en términos históricos, provisionales. Cualquier científico que mantenga un apego real al objeto de su estado deberá necesariamente aspirar a que sus conocimientos se difundan entre la sociedad y se integren prácticamente a la vida cotidiana de las masas y a los procesos de producción de la sociedad, pero esto, en las condiciones actuales, es imposible.

¿Qué más podríamos decir, pues, si no es que la ciencia, considerada como fuerza productiva, no puede ya en nuestro país integrarse al proceso de producción y que por tanto está en contradicción con las relaciones sociales de producción?

     

Notas

 * Artículo tomado de la revista de la Escuela Superior de Física y Matemáticas (ESFM) del Instituto Politécnico Nacional, (Dic. 1979).1. E. Mandel, La Proletarización del Trabajo Intelectual, Folletos de Bandera Socialista.

2. C. Bataillon y H. Riviera D'Arc. La ciudad de México, Sep. Sesentas Diana, 1979.

3. Ingeniería hidraúlica en México, Vol. IV, núm. 1, 1975.

4. Usos del agua en la cuenca del Valle de México, Memorias de la Subsecretaría de Planeación General de Uses del Agua y Prevención de la contaminación, S.R.H., s.f.

5. D. Siller, “S.A.R.H.: “Baja peligrosa de los acuíferos”, Uno más uno, Oct. 5 de 1979.

6. G. F. Figueroa Vega, “El hundimiento de la Ciudad de México; Breve descripción”, Recursos hidraúlicos. Vol. II., núm. 4, 1973.

7. R. J. Marsal y M. Mazari., El subsuelo de la Ciudad de México, UNAM, sept. de 1959.

8. Véase ref. 6.

9. Véase ref. 4.

10. Véase ref. 4.

11. K. Vázquez, Procedimiento de construcción para lumbreras del Emisor Central, Tesis Profesional, Fac. Ingeniería, UNAM, 1969.

12. S. Henriquez Aybar, “La Contaminación del Agua en México”, en F. Szekely, comp., El medio ambiente en México y América Latina, Editorial Nueva Imagen, 1978.

13. Véase ref. 11.

14. Declaraciones de Luis Sánchez Carmona, Director de Ecología Urbana de la SAHOP, Uno más uno, marzo 16 de 1978.

15. J. Aguirre y J. L. Calderón, “Los Distritos de Control de la Contaminación, una Solución al Problema de la Contaminación del Agua en México”, Tercer Coloquio sobre fisicoquímica de fluidos, I.M.P y Conacyt, 1979.

16. D. Siller, “Excesiva extracción de agua en la Cuenca del Valle, Uno más uno, diciembre 5 de 1979.

     
____________________________________________________________
     
José Antonio Peralta
Investigador del Departamento de Física de la Escuela Superior de Física y Matemáticas, Instituto Politécnico Nacional.
     
cómo citar este artículo
Peralta, José Antonio 1982. “El uso del agua en la ciudad de México”. Ciencias núm. 2, julio-agosto, pp. 42-53. [En línea]
     

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