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| Islas de plástico en un mar de consumo |
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| César Carrillo Trueba | ||||||||||||||
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No nos habría sorprendido encontrar en uno de los
tantos atlas de territorios fantásticos pasados y futuros, que pululaban en librerías hace algunos años, la mención a una isla formada por plástico, poblada por una biota imaginaria capaz de sobrevivir en tal ecosistema extremo. Pero sí sorprende, y alarma, enterarse de su existencia en la actualidad. ¿El futuro nos alcanzó? El plástico es uno de los materiales icónicos de la sociedad de consumo, de la modernidad y su gusto por lo desechable, por lo efímero. Punta de lanza del capitalismo en expansión, ha servido como ariete, reemplazando los objetos fabricados localmente con materiales, técnicas y diseños propios, que se podían reparar cuando era necesario o que al deteriorarse por completo se reintegraban al medio del que procedían: madera, barro, piedra, fibras vegetales y otros más. Cuando los plásticos –que ahora son de otro tipo– fueron engullendo a los materiales tradicionales, no se pensó en su descomposición. Tras devorar a uno de los últimos materiales nobles que había sobrevivido al imperio de lo efímero, el vidrio, el efecto ambiental fue devastador. Usar y tirar se impuso por sobre cualquier cosa. Reciclar es factible pero costoso. Los plásticos de un solo uso predominaron, alcanzando los rincones más apartados del planeta, a veces llevados por el viento, por los ríos y las corrientes de los mares o directamente por humanos. Prácticamente no hay lugar que escape a tal contaminación. En los océanos, las corrientes marinas se han convertido, en consecuencia, en vehículo de torrentes de micro y macroplásticos, dispersándolos por todos los océanos y confluyendo en ciertas zonas, los llamados "giros" (ver mapa), en donde se aglutinan toneladas de desechos plásticos, formando verdaderas islas. Las imágenes captadas en tales sitios nos devuelven un reflejo monstruoso de nuestro consumo, de nuestros hábitos, de nuestro modo de vida cotidiano: vasos, botellas, cubetas, bolsas, popotes, envases de todo tipo, charolas, palillos, cubiertos, chamarras, chanclas, redes y trampas de pesca y un largo etcétera. Su extensión es insólita, casi imposible de concebir. Imaginemos el estado de Chihuahua cubierto totalmente por desechos plásticos, tan sólo cruzarlo de norte a sur lleva cerca de siete horas en automóvil. ¿Podemos concebir un viaje así mirando permanentemente basura plástica? Una de las islas en el Pacífico tiene casi tres veces la superficie de dicho estado. En cuanto a la responsabilidad, durante varios años buena cantidad de estudios apuntaban a China, India, Filipinas, Malasia y otros países del sureste asiático, incluso con porcentajes y datos del acarreo en los ríos a causa del mal manejo en esos países. Sin embargo, el informe elaborado por la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos dado a conocer a finales de 2021 revirtió tales afirmaciones, mostrando que ese país es el primer productor de plástico en el mundo, y que un estadounidense consume el doble de plásticos que un chino, y que allí tan sólo se recicla 9% de lo que se produce (frente a 30% en Europa y 25% en China), además de poseer un sistema de manejo poco eficiente, lo que hace que la contaminación por plásticos en su territorio sea un grave problema y que por sus ríos y arroyos lleguen éstos al mar. Europa es asimismo una fuente importante de contaminación de los océanos y México, octavo productor de plásticos del mundo, no sale mejor parado que el vecino del norte. Finalmente, distintos estudios han mostrado el papel preponderante de ciertas empresas en la formación de las islas de plástico, así como de los gobiernos que no las regulan, dejando que el problema siga creciendo. Esto acota la responsabilidad que las campañas de concientización a veces intentan hacer recaer en los ciudadanos. Aunque, si bien no en la misma magnitud, en cierta manera todos contribuimos a tan desastrosa situación: desde los que consumimos poco objetos de plástico, pero por descuido terminamos aportando un grano al montón mal manejado; hasta aquellos que sin reparo compran cosas empacadas en plástico, refrescos y agua embotellada, y poco cuidado tienen al desecharlas. ¿El futuro nos alcanzó?, ¿o cual sombra siempre ha estado a nuestro lado, tomando forma mediante cada una de nuestras acciones, nuestro modo de vida, la manera de producir y consumir, la ganancia inmediata y la complicidad de las autoridades, oscureciendo el futuro del planeta, tornándolo cada vez más incierto? |
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| César Carrillo Trueba Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México |
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cómo citar este artículo
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| Jorge A. Escandón Calderón, Columba J. López Gutierrez y Marcela Rosas Chavoya |
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Se estima que actualmente 55% de la población global habita
en zonas urbanas, pero las proyecciones indican que esta cifra se incrementará en las próximas décadas, lo que resultará en procesos de cambio de uso de suelo y vegetación, poniendo en riesgo ecosistemas y actividades humanas que se desarrollan en las zonas periurbanas de las ciudades. Esto significa que la expansión hacia la franja urbano-rural se ha convertido en una tendencia inevitable y que se encuentra estrechamente relacionada con la dirección del desarrollo urbano, por lo que exhibe una alta dinámica en las grandes urbes a nivel mundial. En México, el inegi indica que es de 79%, y la Ciudad de México concentra su mayor parte; no es gratuito que sea considerada la quinta ciudad más poblada del mundo, con cerca de 22 millones de habitantes al incluir toda su zona metropolitana. Según el Programa General de Ordenamiento Ecológico de la Ciudad de México que está vigente desde 2000, ésta se divide en “zona urbana” y “suelo de conservación”; la primera con alta densidad poblacional, marcados cambios en los materiales de la superficie y actividades económicas secundarias y terciarias; mientras que la segunda está destinada para la preservación de ecosistemas naturales y actividades agropecuarias. De las 149 430 hectáreas de superficie total que tiene la Ciudad de México, 59% (88 442 ha) es considerado como suelo de conservación (figura 1). Sin embargo, las condiciones sociales y demográficas que propicia la urbanización neoliberal, caracterizada por una alta dinámica de especulación inmobiliaria, ponen en riesgo su preservación así como el conjunto de actividades que allí se desarrollan. Ante la problemática de expansión urbana, la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural (corenadr) del gobierno de la ciudad ha establecido diversas líneas de canalización de recursos que tienen como objetivo su preservación. “Altépetl bienestar” es un programa creado como instrumento de política para la canalización de recursos en pro de dicho objetivo. Sus componentes actualmente son los siguientes: 1) “Bienestar para el Bosque”, cuyo objetivo es la protección, conservación, preservación y restauración de bosques y recursos naturales; 2) “Sembrando Vida Ciudad de México”, que es la vertiente local del programa federal y busca otorgar ayuda económica y técnica a unidades de producción, tratando de incorporar una visión de producción integral con base en sistemas agroforestales y silvopastoriles; 3) “Bienestar para el campo”, centrado en las actividades agrícolas y agropecuarias sustentables desde la producción hasta la comercialización; 4) “Facilitadores para el cambio”, creado para ofrecer apoyo técnico a las tres vertientes o componentes anteriores; y 5) “Desarrollo de Capacidades para el Bienestar Rural”, dedicado a la profesionalización del personal operativo y administrativo del programa. Caracterizar y comprender la dinámica de expansión urbana constituye un gran reto; afortunadamente, las técnicas de teledetección han facilitado el análisis de procesos de cambio en el uso de suelo y los recursos naturales que, aplicadas a la caracterización y comprensión de la dinámica de expansión urbana, podrían coadyuvar en el gran reto que constituye la solución a los problemas que detona dicha expansión, como indican Hansen y sus colaboradores. En este sentido, los satélites de la serie Landsat administrados por la United States Geological Survey (usgs) y la nasa han logrado conformar el proyecto de observación satelital con fines de monitoreo de recursos naturales y procesos de cambio terrestre con mayor información captada durante más tiempo (desde 1978), lo cual permite efectuar análisis históricos de cambio en el uso de suelo y su relación con el manejo de recursos naturales. El trabajo que aquí presentamos tiene como objetivo analizar los usos de suelo en dos periodos de gobierno de la ciudad: el de Miguel Ángel Mancera (que va de 2012 a 2018) y el de Claudia Sheinbaum (de 2018 a 2023), llevando a cabo una clasificación supervisada de imágenes Landsat 8 con el fin de verificar la siguiente hipótesis: que la tasa de expansión urbana varia en cada gobierno en función del enfoque y la valorización que se adjudique a la política ambiental. El desenvolvimiento de la investigación Ubicada entre 19°03’ y 19°36’ de latitud norte y 98°57’ y 99° 22’ de longitud oeste, la Ciudad de México tiene una superficie de 149 500 hectáreas, lo que representa apenas 0.1% de la del país, de la cual poco más de la mitad es zona de suelo de conservación; aun así, Velázquez y Romero registraron más de 3 000 especies de flora y fauna en esta última. Se gestionó información satelital Landsat 8 por medio de la plataforma web de us Geological Service, y se seleccionó una imagen para cada uno de los tres momentos estudiados (2012, 2018 y 2023). Asimismo, en la plataforma del Instituto Nacional de Estadística y Geografía se obtuvo información de altitud y pendiente con base en un modelo digital de elevación con resolución espacial de 30 metros. Con el propósito de obtener información con menor interferencia a causa del ángulo del Sol o los factores atmosféricos, a partir de la información con números digitales en el momento de la captura de la imagen se aplicó una corrección toa (Top of Image Atmospheric) con el fin de obtener los valores de reflectancia (proceso realizado con el complemento Semi-Automatic Clasification Plugin dentro de qgis 3.16). Asimismo, con el objetivo de incorporar información al modelo y mejorar el proceso de clasificación de los principales usos de suelo que tienen lugar y la vegetación existente en el suelo de conservación, se estimaron algunos índices espectrales. El punto de partida de dicho proceso fue la creación de una capa multibanda con base en las 11 bandas obtenidas al alinear las capas ráster, ajustadas a una misma resolución y marco espacial. Enseguida, empleando el mapa de uso de suelo y vegetación del Atlas de la Ciudad de México de 2012, así como una imagen satelital de alta resolución Maxsar, con resolución de 30 centímetros, capturada en marzo de 2022, se seleccionaron áreas para efectuar una clasificación supervisada mediante un algoritmo Random Forest (Programa Rstudio). Dicha clasificación se llevó a cabo con base en siete categorías diferentes con la finalidad de conocer las características de uso de suelo en las zonas con mayor expansión urbana; éstas fueron las siguientes: Urbana, Agricultura, Pastizal, Bosque primario, Otras comunidades forestales, Agricultura de riego y Cuerpo de agua, en tres momentos (2012, 2018 y 2023). La evaluación de la precisión es un paso determinante en la modelación de uso de suelo y vegetación, pues permite identificar la calidad de resultados y la certeza que tendrá el usuario final para la toma de datos a partir de los resultados generados. Se construyó una matriz de confusión para estimar la estadística de Kappa, así como la precisión de usuario y la de productor; se utilizó 20% de los píxeles de entrenamiento para el proceso de validación. Los resultados obtenidos muestran que la precisión general para la clasificación efectuada fue muy alta, de 89% (cuadro 1). La tendencia general en el periodo de 2018 a 2023 muestra una franca disminución en la expansión urbana en casi todas las alcaldías en comparación con el periodo que va de 2012 a 2018 (figura 2): en Tlalpan se observa una disminución de 86.04 a 47.62 hectáreas por año (ha/año); en Xochimilco de 66.16 a 48.25 ha/año; en Milpa Alta de 33.72 a 24.66 ha/año; en Cuajimalpa de 26.12 a 12.78 ha/año; en Iztapalapa de 5.23 a 2.70 ha/año; y en Álvaro Obregón de 8.13 a 6.37 ha/año. En Magdalena Contreras y Gustavo A. Madero fue tan pequeña la disminución que se puede considerar que hay estabilidad en la tasa anual entre ambos periodos, en la primera bajó de 6.13 a 2.38 ha/año y en la segunda de 3.06 a 0.65 ha/año. La excepción es Tláhuac, en donde hubo un aumento en la tasa de expansión urbana de 35.45 a 45.95 ha/año. Análisis de los resultados La inversión gubernamental destinada a la preservación del suelo de conservación parece tener un efecto de reducción de la expansión urbana. La visión del gobierno de Claudia Sheinbaum (y actualmente Martí Batres) se ha enfocado en la valoración de las actividades que efectúan los habitantes de los núcleos agrarios de dicha zona. Desde 2019 se han invertido 4 100 millones de pesos (aproximadamente 1 000 millones por año) para apoyar a productores, brigadas de conservación forestal, reforestación, atención a incendios y producción agrícola. La cantidad anual invertida contrasta con los 146 millones de pesos en promedio asignado entre 2000 y 2018, reportados por Moreno Unda y Perevochtchikova. Existe, por lo tanto, una relación clara entre los apoyos destinados a los núcleos agrarios ubicados en el suelo de conservación y la preservación de los servicios ambientales que estas zonas prestan al área urbana de la Ciudad de México, lo cual contribuye a minimizar los riesgos naturales y socioeconómicos del cambio climático. Esto significa que la desaceleración de la expansión urbana que se observa en casi todas las delegaciones se debe a que la política ambiental está cumpliendo con la preservación del suelo de conservación. En consecuencia, es necesario seguir profundizando y apoyando el desarrollo de una política ambiental enfocada al fortalecimiento de actividades productivas primarias y la preservación de recursos naturales, ya que dichas actividades conllevan beneficios. Tres aspectos principales se destacan: 1) el fortalecimiento de las actividades primarias asociadas a las zonas periurbanas (suelo de conservación) que permiten apuntar a un desarrollo sustentable de la ciudad y contribuyen a la seguridad alimentaria de la región coincidiendo con lo que menciona Olsson; 2) la conservación de ecosistemas que aseguran la provisión de servicios ambientales i.e. regulación de clima, recarga de mantos acuíferos, captura de CO2; y 3) el mantenimiento y la promoción de las actividades agropecuarias y la conservación de ecosistemas con enfoque comunitario y biocultural, lo cual permite la reapropiación por parte de la población originaria de su territorio, haciendo disminuir la especulación inmobiliaria. El caso de Tláhuac parece ser distinto, como lo señala Aguilar; allí, el aumento en la tasa de expansión sugiere que la inversión gubernamental como estrategia no es suficiente para contrarrestar la especulación inmobiliaria. Conclusiones Si bien sería necesario que en próximos trabajos se pudiera evaluar las características particulares (topográficas, ecosistémicas y socioeconómicas) para la elaboración de la política pública específica para cada zona, es innegable que la política pública ambiental ejerce una influencia en la dinámica de expansión urbana hacia el suelo de conservación en la Ciudad de México. Específicamente, el programa Altépetl bienestar parece haber tenido un efecto en la desaceleración de la expansión urbana. Sin embargo, dicho proceso no se ha detenido, es decir, la problemática no se ha solucionado por completo; para lograr esto se sugiere la aplicación de una política integral que permita desincentivar la venta de terrenos y la ocupación ilegal en el suelo de conservación, del cual depende la viabilidad de la Ciudad de México. |
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Referencias Bibliográficas
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| Jorge Alberto Escandón Calderón Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural, Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México. Jorge Escandón Calderón es biólogo de la unam con maestrías en Ciencias Fisiológicas (unam) y en manejo de recursos naturales (Ecosur sclc), así como doctorado en Ciencia Política (unam). Actualmente está interesado en la preservación del patrimonio biocultural y las estrategias de adaptación al cambio climático en comunidades periurbanas. Es subdirector de Capacitación para la Sustentabilidad en la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural, sedema-Ciudad de México. Columba Jazmín López Gutierrez Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural, Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México. Columba Jazmín López Gutierrez es ingeniera agrónoma de la Universidad Autónoma Metropolitana, con diplomado en Administración Pública por el Instituto Tecnológico de Monterrey. Entusiasta promotora de la conservación de recursos naturales y la reconversión agroecológica de sistemas de cultivo del Suelo de Conservación de la Ciudad de México. Actualmente es directora general de la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural, organismo de la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México. Marcela Rosas Chavoya Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural, Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México. Marcela Rosas Chavoya es bióloga por la Universidad Autónoma Metropolitana. Tiene una maestría en Ciencias Forestales por la Universidad Autónoma Chapingo y un doctorado en Ciencias Forestales en la Universidad Juárez del Estado de Durango. Se especializa en el análisis de información capturada con sensores remotos y análisis geoespacial con aplicación al monitoreo de recursos naturales. Es autora de artículos científicos publicados en revistas nacionales e internacionales. |
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| Laura Saldívar Tanaka | |||||||||||
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Hace aproximadamente veinte años que en México
se utiliza masivamente la telefonía móvil, también conocida como inalámbrica o celular; tecnología que se usa mundialmente en forma exponencial con nuevas generaciones cada tantos años: 1G, de 1970 a 1980, a una velocidad de 2 kbps, con la que funcionaban bípers y celulares analógicos sólo de voz; 2G, de 1990 a 2004, a 64 kbps, cuando lo digital entra en escena, empleando voz y texto (sms); 3G, de 2004 a 2010, sube a 2 Mbps de velocidad, con edge, voz, texto y datos; 4G, que sigue funcionando hasta hoy, a 1 Gbps, usando 700 MHz a 3 GHz, wifi (6 GHz), lte y banda ancha; y 5G, la quinta generación, con una velocidad de más de 1 Gbps, cobertura total, 3 000 frecuencias de microondas asignadas en rangos entre 700 MHz, 3.6 y 26 GHz.
Las tecnologías inalámbricas funcionan gracias a que la información viaja por el espacio aéreo en forma de radio frecuencias. Así, sin poder verlos ni tocarlos, todos los seres vivos estamos expuestos a diario a radiaciones y campos electromagnéticos. La sociedad humana genera tal diversidad y cantidad de dichos campos y frecuencias que su presencia a modo de contaminante se reconoce como “contaminación electromagnética”. Existen cuatro tipos de campos electromagnéticos y radiofrecuencias no ionizantes: 1) campos magnéticos y eléctricos de extrema baja frecuencia, emitidos por aparatos eléctricos y líneas de electricidad; 2) campos electromagnéticos intermedios de frecuencias bajas y muy bajas, emitidos por pantallas, sistemas de seguridad y otros aparatos eléctricos; 3) radiofrecuencias emitidas principalmente por teléfonos móviles y otros dispositivos inalámbricos (wifi y bluetooth), hornos de microondas, medidores digitales de electricidad, torres y antenas de telefonía celular, y de trasmisión de radio y televisión; y 4) electricidad sucia o corriente parásita que es emitida por las instalaciones eléctricas a manera de fuga. A estas formas de contaminación electromagnética se les puede sumar la energía estática que se genera de la fricción. En suma, alcanzan valores muy altos, mucho mayores a los que existían en forma natural antes del despliegue de la telefonía celular, las telecomunicaciones o incluso la electrificación a finales del siglo xix (figura 1). En 2017 la maestra Mercedes Cabañas, del Instituto Politécnico Nacional, refería que existe una gran diferencia entre los campos electromagnéticos (cem) de origen natural y los antropogénicos; los primeros tienen una intensidad de campo magnético de entre 30 y 70 microteslas (µT) o bien una densidad de potencia de entre 0.0000005 – 0.00005 de µW/cm2 en promedio. Sin embargo, el límite permitido por la Comisión Internacional sobre Protección frente a Radiaciones No Ionizantes (icnirp, por sus siglas en inglés) para campos electromagnéticos artificiales es de 1 000 µW/cm2, sobrepasando por mucho los valores con los que la vida ha evolucionado en la Tierra (ver figura 2). Por su parte, en 2018 los científicos Priyanka Bandara y David Carpenter mostraban que, dado el crecimiento exponencial de las tecnologías inalámbricas, los niveles de exposición a las radiaciones de radiofrecuencia alrededor de la banda de 1 GHz han aumentado de niveles naturales extremadamente bajos a niveles de 18 potencias mayores, como se aprecia en la figura 2 de su autoría. Desde la perspectiva de la física, los campos electromagnéticos y las radiofrecuencias no ionizantes, no tienen suficiente energía para separar los electrones de su órbita. No obstante, desde el punto de vista fisiológico pueden penetrar los tejidos de seres vivos a distintas profundidades dependiendo de las frecuencias, potencia, densidad de los tejidos en cuestión y otros parámetros, lo cual los vuelve potencialmente peligrosos. Todo ser humano, excepto quizás aquel que vive en lugares muy remotos y aislados, está expuesto cotidianamente a la radiación electromagnética no ionizante de origen antropogénico que interactúa con otros tipos de contaminantes químicos —agroquímicos, fármacos—, biológicos, sonoros, visuales, entre otros; de forma aditiva, sinérgica, potenciadora o antagónica. Frank Clegg, ex presidente de Microsoft Canadá, señala que este tipo de transmisión de señales así como sus tecnologías fueron diseñadas para ser convenientes y costo-efectivas, de modo que se adoptaron masivamente sin que existieran suficientes estudios confiables sobre sus posibles efectos en la salud humana y el ambiente. Mucho menos se evaluaron las implicaciones sociales, culturales y éticas que el uso de estas tecnologías pueden tener, dejando en manos de los sectores de telecomunicaciones y comercial las decisiones técnicas para su adopción. Lo que sí se tenía claro eran las ganancias económicas que obtendrían. Ante ello, miles de personas, científicos e investigadores, muchos de ellos expertos en salud, toxicología y fisiología, ciudadanos, ambientalistas y consumidores han expresado su preocupación por el despliegue sin control de estas tecnologías que emiten radiaciones de radiofrecuencia. Entre 2000 y 2022 se han registrado 109 peticiones y pronunciamientos. A partir de1998 se han celebrado reuniones de expertos para discutir acerca de sus posibles efectos biológicos, de entonces data la Vienna EMF-Resolution. El consenso de la mayoría es que: 1) los resultados de estudios in vitro e in vivo y algunos epidemiológicos demuestran que los campos electromagnéticos, incluidas las radiaciones de radiofrecuencia, provocan efectos fisiológicos y ciertos son dañinos para la salud; 2) los límites establecidos por la icnirp en 1998 y revisados en 2020 no son seguros, en especial para los infantes, las mujeres embarazadas y ciertas poblaciones vulnerables; 3) la evidencia científica disponible es suficiente para justificar la implementación de medidas preventivas basadas en el principio de precaución; y 4) existen muchas lagunas de conocimiento e ignorancia, por lo que es necesario llevar a cabo más investigación asegurando que ésta sea independiente. Evidencia de daños a la salud La telefonía celular se ha publicitado, autorizado y vendido como inocua para la salud humana. Sin embargo, un número considerable de estudios muestra que no es inofensiva y que la radiación electromagnética no ionizante de los dispositivos móviles puede tener efectos cancerígenos, genotóxicos, mutagénicos, teratogénicos, neurodegenerativos entre otros, al alterar mecanismos fisiológicos y metabólicos vitales de tal forma que puede modificar estructuras celulares como el adn, membranas, mitocondrias y cloroplastos. En 2011 la Agencia Internacional de Investigación en Cáncer (iarc, por sus siglas en inglés) de la Organización Mundial de la Salud (oms) puso en la categoría 2B: “posible cancerígeno humano” a las radiaciones de los teléfonos móviles y otros aparatos que emiten radiaciones electromagnéticas no ionizantes similares. Asimismo, sugirió realizar más estudios y tomar medidas para reducir la exposición a dichas radiaciones. En aquella ocasión la evidencia disponible fue principalmente resultado de estudios europeos –el de Reflex (2000-2004) e Interphone (2010), entre otros–, e informes como Stewart (2000) del Reino Unido y BioIniciative (2007) en su primera edición. Ese mismo año, el director ejecutivo de la Agencia Ambiental Europea (eea, por sus siglas en inglés) señalaba que bajo las sospechas de que los teléfonos móviles causan cáncer y para proteger la salud pública, en particular la de la infancia, era necesario tomar acciones siguiendo el principio de precaución. Sin embargo, a pesar de la nueva y numerosa evidencia científica y las recomendaciones, la oms no realizó más estudios ni actualizaciones. Por ejemplo, las investigaciones publicadas en 2018 de entidades especializadas, como el National Toxicology Program de Estados Unidos y el Instituto Ramazzini de Italia, encontraron que las radiaciones de radiofrecuencia tienen efectos térmicos y cancerígenos en ratas y ratones. Con esta nueva información, expertos en salud, toxicología ambiental, biología y biofísica consideran que las radiaciones de radiofrecuancia (rrf) de los teléfonos celulares deberían de estar no sólo en la categoría 1: “cancerígeno humano” de la iarc, sino en las listas de otros precursores de enfermedades. Cabe citar lo que la iarc escribió en 2022 respecto de la categoría 1: “esta categoría se utiliza cuando existen pruebas suficientes de carcinogenicidad en humanos. Excepcionalmente, un agente puede incluirse en esta categoría cuando las pruebas de carcinogenicidad en humanos no son suficientes, pero existe un cúmulo de pruebas de carcinogenicidad en animales de experimentación y pruebas sólidas en humanos expuestos de que el agente actúa a través de un mecanismo relevante de carcinogenicidad”. Once años después de la primera clasificación, el grupo asesor de la iarc recomendó etiquetar a las radiaciones electromagnéticas no ionizantes como “alta prioridad” en el trabajo de revisión de agentes cancerígenos, en particular, en cuanto a riesgos de cáncer en las frecuencias entre 700–2200 MHz. Aspectos nocivos de estas radiaciones pueden incluir: efectos en fetos y neonatos; en infantes autismo, trastorno por déficit de atención con hiperactividad y asma; en adultos desarrollo de tumores cerebrales, en próstata, recto y senos; daños al sistema linfático e inmunológico; alteración del metabolismo, del ritmo cardiaco y enfermedades cardiovasculares; alteraciones en el desarrollo de células madre, daños al adn, genético; problemas reproductivos como alteraciones en la función y calidad de los espermatozoides y abortos involuntarios; obesidad, diabetes y alergias; daños neurológicos y al sistema límbico del cerebro y otras enfermedades relacionadas con los neurotransmisores como déficits de aprendizaje y memoria, deterioro cognitivo a manera de Alzheimer, Parkinson y enfermedad de Lou Gehrig. Eventualmente hay individuos que desarrollan hipersensibilidad electromagnética (hse) también llamada Síndrome de microondas. La hse es una afección multisistémica caracterizada por síntomas físicos como cefaleas, trastornos del sueño, mareos, palpitaciones, erupciones cutáneas y múltiples alteraciones sensoriales. En las bases de datos de BioIniciative y Oceania Radiofrequency Scientific Advisory Association se documentan varios de estos padecimientos. Las afectaciones varían dependiendo de la potencia, tipo de frecuencia, el tiempo de exposición y la distancia del emisor, pero en términos generales se sabe que fomentan la producción de radicales libres y por lo tanto estrés oxidativo con efectos a nivel celular. Asimismo, si consideramos que el adn funciona como una antena, dicha radiación estaría afectando la capacidad de recibir y retransmitir señales biológicas, aspecto ampliamente señalado por Martin Pall y otros investigadores. Igualmente, otros metaanálisis muestran cada vez más efectos negativos en otros seres vivos, entre ellos plantas, animales de laboratorio y vida silvestre. Preocupación por los infantes Mucho se ha dicho sobre el riesgo potencial para la salud de infantes; es el caso del Comité Nacional Ruso para la Protección de Radiaciones No Ionizantes, que en su llamamiento de 2008 señalaba que: 1) la absorción de la energía electromagnética en la cabeza de un niño es bastante más elevada que en la cabeza de un adulto (el cerebro de los niños tiene la conductividad más alta, es de tamaño menor, los huesos del cráneo son delgados, existe una menor distancia a la antena del aparato, etc.) esto se mide en tasa de absorción especifica (sar, por sus siglas en inglés); 2) el organismo de un infante es más sensible frente a los campos electromagnéticos que el de un adulto; 3) el cerebro de los niños tiene mayor sensibilidad frente a la acumulación de los efectos adversos en las condiciones de exposición crónica a los campos electromagnéticos; 4) dichos campos afectan a la formación del proceso de la actividad nerviosa superior; y 5) hoy, en general, los niños dedican un tiempo mayor al uso de los teléfonos móviles que los adultos. Como consecuencia, el comité pronosticaba los siguientes problemas de salud en niños usuarios de teléfono móvil: “trastorno de la memoria, disminución en la atención, el aprendizaje y las capacidades cognitivas, aumento de la irritabilidad, alteraciones del sueño, aumento de la sensibilidad al estrés, aumento de la predisposición epiléptica”. En 2017 cuatro asociaciones médicas y el Comité Nacional de Chipre sobre Medio Ambiente y Salud Infantil firmaron la Declaración de Nicosia sobre campos electromagnéticos de radiofrecuencias en la que declaraban: “tanto fetos como niños tienen sistemas biológicos sensibles que controlan el desarrollo de la vida humana. La exposición a los campos electromagnéticos de radiofrecuencias en una etapa temprana de desarrollo es motivo de especial preocupación. En esta fase, el cuerpo absorbe más radiación, puede afectar el desarrollo del cerebro, el sistema nervioso y el sistema reproductivo. Por ejemplo, puede inducir cáncer, efectos cognitivos, etcétera”. Gandhi y colegas resaltan que en el caso de los niños el riesgo puede acentuarse debido a un efecto acumulativo por el uso prolongado a lo largo de la vida. Las células en desarrollo e inmaduras, señala Hardell, también pueden ser más sensibles a la exposición a la radiación de radiofrecuencias. Por su parte, Fernandéz y colegas observaron en modelos de simulación que los infantes experimentan dosis dos o tres veces mayores que los adultos. No obstante estos datos, dichas tecnologías se instalan, utilizan y expanden por el planeta y el espacio aéreo siguiendo las recomendaciones de la icnirp así como las evaluaciones y opiniones de agencias oficiales como la oms, la Swedish Radiation Safety Authority (ssm) y el Comité Científico de los Riesgos Sanitarios Emergentes y Recientemente Identificados (ccrseri) de la Comisión Europea. Posturas y conflictos de interés En la discusión en torno a los posibles efectos de estas radiaciones en la salud participan principalmente tres grupos o partes interesadas: 1) el grupo de las voces de alerta, antes mencionado, representado en manifiestos como la 5G Appeal: “numerosas publicaciones científicas recientes han demostrado que los cem [campos electromagnéticos] afectan a los organismos vivos a niveles muy inferiores a las directrices internacionales y nacionales […]. Los daños van mucho más allá de la especie humana, ya que hay evidencia creciente de efectos nocivos tanto para los animales como para las plantas”; 2) otro grupo mucho más poderoso e interesado en mostrar que no hay riesgos ni daños, que representa al sector militar y al de las telecomunicaciones, con organizaciones como la Electric Power Research Institute (epri), el Institute of Electrical and Electronics Engineers y su comité de estándares, el International Committee on Electromagnetic Safety, Forschungsgemeinschaft Funk e.V. (fgf), Mobile Manufacturers Forum (mmf) y la Global System for Mobile Communications Association (gsma). Esta última afirma: “Las agencias de salud pública y los grupos de expertos concluyen sistemáticamente que las directrices protegen a todas las personas (incluidos los niños) contra todos los riesgos para la salud establecidos”; y 3) un grupo de organizaciones oficiales nacionales, regionales e internacionales, con un rol técnico, científico o político, entre las que se incluyen la oms, el ccrseri de la Comisión Europea; el Advisory Group on Non-Ionizing Radiation del Reino Unido, la ssm, la Agence Nationale de Sécurité Sanitaire de l’Alimentation, de l’Environnement et du travail francesa, y otras como el icnirp. La postura de este grupo se expresa en la siguiente frase de Emilie van Deventer del programa de radiación de la oms: “hasta la fecha y tras muchas investigaciones realizadas, no se ha relacionado causalmente ningún efecto adverso para la salud por la exposición a las tecnologías inalámbricas. Siempre que la exposición global se mantenga por debajo de las directrices internacionales, no se prevén consecuencias para la salud pública”. Respecto de las relaciones entre miembros de los dos últimos grupos y sus prácticas se sabe que existe conflicto de interés; así, la oms ha recibido financiamiento de epri, fgf, gsma/mmf y Motorola. Se practican las “puertas giratorias”, varios de los miembros del último grupo han trabajado en la industria y entre agencias, lo que ha creado un círculo de individuos que monopoliza los comités de evaluación, reforzando así el paradigma de la inocuidad. Entre la representación del tercer grupo escasean científicos críticos ante la postura del icnirp, y pocos tienen formación en medicina, biología o epidemiología. Sin embargo, tienen una estrecha relación con las agencias e industrias del sector eléctrico y de comunicaciones. En resumen, las instancias oficiales y las empresas han logrado ganar tiempo a favor del despliegue de la comunicación inalámbrica al afirmar la inocuidad de las radiaciones de radiofrecuencias, cuestionar la veracidad y confiabilidad de investigaciones independientes cuyos resultados demuestran daños, boicotear a investigadores, crear cortinas de humo y fabricar dudas al citar resultados de investigaciones a modo. Asimismo, han logrado que la discusión no sea de tipo científica, sino un asunto de carácter político y económico, donde los tomadores de decisiones están fuertemente influenciados por una industria que tiene un inmenso poder económico. Recordemos que grandes cantidades de los ingresos de los gobiernos se obtienen de las concesiones de las bandas del espectro electromagnético y que existe presión (cabildeo) de las empresas para que la regulación que se elabore no limite su desarrollo. El ICNIRP, actor principal en toda la discusión, es una organización privada fundada en 1992 por la International Radiation Protection Association con 14 miembros autoelegidos; muchos han trabajado con y para la industria de las telecomunicaciones o han sido miembros de algunas de las instancias reguladoras, como se muestra en la red de actores elaborada por Investigate Europe (figura 3). Sobre los criterios adoptados para la regulación, un exmiembro del icnirp opina: “estos límites se conciben en gran medida para restringir el calentamiento a corto plazo por la radiación de radiofrecuencia que eleva la temperatura de los tejidos. Desestiman las decisiones de organizaciones científicas como la iarc. Además, los límites se basan en información obsoleta, eluden datos importantes sobre animales, y más aún en el caso de la radiación de ondas milimétricas de las comunicaciones móviles 5G, para la que hay una escasez de estudios de efectos sobre la salud en la literatura publicada. Son erróneos y no son aplicables a la exposición a largo plazo a niveles bajos. En lugar de avances científicos, se basan en suposiciones erróneas con métricas de exposición obsoletas que no protegen adecuadamente a los niños, los trabajadores y el público de la exposición a la radiación de radiofrecuencia ni a personas con sensibilidad a la radiación electromagnética de los dispositivos y sistemas inalámbricos. Así pues, muchos de los límites recomendados son discutibles y carecen de justificación científica desde el punto de vista de la seguridad y la protección de la salud pública”. En muchos países, excepto varios del Este, se reconocen y adoptan las guías de la icnirp. En un mundo cada vez más globalizado es normal que se confíe más en las organizaciones internacionales para establecer estándares. Al ser la icnirp una organización totalmente respaldada por la oms, es también lógico que las agencias reguladoras confíen y adopten sus estándares, sobre todo las de países que no tienen los recursos para llevar a cabo sus propios estudios, sin importar si los estándares están elaborados por expertos en áreas no necesariamente relevantes para la salud humana y ambiental. Por otro lado, la tendencia es que se adopten estándares internacionales como una medida de armonizar y facilitar cuestiones técnicas y comerciales. No obstante, la responsabilidad en caso de que se probara que existen daños a la salud como consecuencia de permitir los límites definidos por el icnirp sería de los gobiernos, aunque la icnirp estipule que debe haber un cumplimiento estricto de sus directrices. Por ejemplo, en México, la Cofepris señala que al no existir una normatividad nacional que especifique los límites máximos permisibles de radiofrecuencias a los que puede estar expuesta la población y no tener un efecto en su salud se recomienda utilizar los límites establecidos por la oms, es decir la icnirp. Así en México, los límites de exposición para el rango de 1 800MHz (4G), son de 30 minutos a una densidad de potencia de 1 000 µW/cm2, mientras que en varios países europeos son de 10µW/cm2 y hasta 3 horas de exposición, ya que el Parlamento Europeo recomienda una densidad máxima de 0.01 µW/cm2 para un uso prolongado. Es preocupante que agencias cuya función es proteger a la población humana y el ambiente reconozcan unas guías técnicas elaboradas por un grupo predominante de físicos, técnicos, ingenieros eléctricos y en telecomunicaciones; sin suficiente representación de expertos en áreas de la salud, ni procedentes de países del Oriente Medio, Rusia, China e India, donde se han realizado investigaciones muy relevantes sobre los efectos de las radiaciones de radiofrecuencias. Habría que reconsiderar la confiabilidad de la icnirp, después de leer las conclusiones de Buchner y Rivas: “la icnirp es una organización cerrada, que no rinde cuentas y unilateral […] un círculo cerrado de científicos con ideas afines ha convertido a la icnirp en un club científico autocomplaciente, con falta de conocimientos biomédicos, así como de conocimientos científicos sobre evaluación de riesgos y filosofías de gestión de riesgos (similares a las utilizadas para las radiaciones ionizantes y para las sustancias químicas), lo que podría conducir a una ‘visión de túnel’ [...] Para un asesoramiento científico realmente independiente no podemos confiar en la icnirp. La Comisión Europea y los gobiernos nacionales de países como Alemania, deberían dejar de financiar a la icnirp. Ya es hora de que la Comisión Europea cree un nuevo consejo consultivo sobre radiaciones no ionizantes, público y totalmente independiente”. Necesidad de adoptar el principio de precaución El principio de precaución constituye un recurso legal al cual se acude cuando hay indicios y sospechas de que un producto, proceso o tecnología pueda causar daños graves o irreversibles a la salud humana y ambiental, esto sin que necesariamente se tenga la evidencia científica probatoria. Es decir, aunque los datos científicos sean insuficientes, no concluyentes o inciertos, esto no justifica la inacción. Dice Sarah J. Starkey: “la salud pública y el bienestar de otras especies del mundo natural no pueden protegerse cuando se encubren las pruebas del daño, por inconvenientes que sean”. Cabe señalar que la “falta de evidencia de daño” no significa ausencia de daños presentes o futuros o que el producto, técnica o tecnología sea inocua. Generalmente, la incertidumbre e ignorancia responden a la falta de estudios, a la omisión de daños o a que los efectos se verán en el futuro. Si bien existen estudios in vitro o in vivo con animales, pocos han sido los estudios epidemiológicos, lo cual dificulta tener un consenso científico sobre sus efectos, la información sigue siendo insuficiente, inconclusa e incierta. Este aspecto es preocupante si se consideran los miles de millones de dólares que se invierten en el desarrollo y despliegue de estas tecnologías. Para hablar de riesgos emergentes revisemos qué opina la aseguradora SwissRe, que en su reporte de 2013 SONAR emerging risk insights clasificó a los campos electromagnéticos de alto riesgo al determinar que: “la ubicuidad de los campos electromagnéticos suscita preocupación por sus posibles implicaciones para la salud humana, en particular por el uso de teléfonos móviles, líneas eléctricas o antenas de radiodifusión. En la última década, la difusión de dispositivos inalámbricos se ha acelerado enormemente. La convergencia de los teléfonos móviles con la tecnología informática ha dado lugar a la proliferación de tecnologías nuevas y emergentes. Este desarrollo ha aumentado la exposición a los campos electromagnéticos, cuyos efectos sobre la salud siguen siendo desconocidos”. Respecto a la tecnología en cuestión, McCredden y colegas señalaban: “las ondas milimétricas se limitaban a radares policiales y militares, armas no letales para la dispersión de multitudes y escáneres aeroportuarios que las autoridades no consideran peligrosos debido a los breves tiempos de exposición de uso. Sin embargo, los sistemas de telecomunicaciones actuales emiten constantemente (24/7). Los efectos a largo plazo sobre la salud humana de las ondas milimétricas emitidas en pulsos no se han estudiado lo suficiente, por lo que las revisiones recientes no han podido extraer conclusiones sólidas o han afirmado que no hay pruebas confirmadas y que hay pocas pruebas consistentes”. Para la Comisión de las Comunidades Europeas la decisión de tomar medidas precautorias va a depender del nivel de protección elegido. Asimismo, David Gee experto en el principio de precaución, señala que hay una serie de elementos que justifican el tomar medidas precautorias en cuanto a las radiaciones de radiofrecuencia, estos son: importante desacuerdo en la comunidad científica sobre si el uso de teléfonos móviles aumenta el riesgo de cáncer y otras enfermedades; falta de transparencia sobre los paradigmas, suposiciones, juicios y valores utilizados en la ciencia académica y en sus evaluaciones de las pruebas científicas en la ciencia reguladora; incapacidad de los científicos y los responsables políticos para apreciar las realidades complejas y variables, la multicausalidad y la probabilidad de resultados científicos incoherentes; incapacidad para aceptar el conocimiento de otras disciplinas y epistemologías relevantes; incapacidad de los responsables políticos para comprender la diferencia entre la contundencia de las pruebas necesarias para establecer un conocimiento científico firme y la solidez de las pruebas apropiadas para cada caso específico necesarias para justificar una acción preventiva oportuna. No obstante, para evitar la parálisis por análisis, si se quiere proteger a las poblaciones vulnerables, con la información existente sería suficiente para implementar medidas precautorias, incluso quizás moratorias respecto al uso e implementación de ciertas tecnologías que emiten en estas frecuencias y en las frecuencias de la 5G cuyos efectos sobre la salud han sido poco estudiados. De lo contrario, el riesgo es que en un futuro vivamos las consecuencias negativas como ha sucedido con el cigarro, el asbesto, el dicloro difenil tricloroetano, el glifosato o el cambio climático. Suponiendo que estas radiaciones son más dañinas de lo que creemos, seguramente no lo sabremos hasta que comiencen a hacerse estudios que prueben la causalidad o hasta que tengamos un problema de salud pública. De ser así, los costos serán tan altos que quizá por eso las grandes compañías aseguradoras, como SwissRe, no indemnizan a las compañías de telecomunicaciones por daños ocasionados por estas radiaciones. Es decir, si hay una demanda individual o colectiva, no hay aseguradora que la cubra, lo cual deberían de hacer público sus inversionistas. En casos como éste es recomendable utilizar el principio de precaución para orientar las decisiones políticas. Una forma precavida de actuar sería adoptar medidas que protejan al menos la salud de los infantes, las mujeres embarazadas, las poblaciones más vulnerables, hse y otras formas de vida como los polinizadores, antes de que existan daños irreversibles o el costo de repararlos sea insostenible para la sociedad. Algunas acciones que se deberían de llevar a cabo son: a) mandatar y asegurar el aumento de presupuesto para realizar estudios de toxicidad y efectos a la salud del despliegue y uso de estas tecnologías; b) transferir la carga de la prueba a las empresas, verificando que los estudios realizados sean adecuados y calificados; c) prohibir la instalación de wifi en centros de educación para menores de 12 años y ciertos centros de salud. Volver al sistema cableado; d) estudiar y promover el uso de tecnologías seguras; e) parar la instalación de mayor infraestructura y tecnología inalámbrica hasta que no se tenga evidencia contundente de su inocuidad; f) hacer obligatorio que las empresas informen de forma clara sobre los posibles riesgos a la salud (etiquetado); g) asegurar que la población esté informada, por parte de las autoridades y las empresas, de los posibles daños a la salud del uso prolongado de las tecnologías que emiten radiación de radiofrecuencia y proporcionar recomendaciones para reducir la exposición; h) asegurar que el personal médico, en particular pediatras y obstetras, estén formados sobre los daños de la exposición a radiación electromagnética no ionizante y el síndrome de hse; i) revisar, utilizando criterios biológicos, fisiológicos y toxicológicos, los límites máximos para los potenciales de densidad de las radiaciones de radiofrecuencia y las tasas de absorción específica, considerando tiempos de exposición reales y las diferentes poblaciones usuarias; j) investigar con enfoque multidisciplinario los impactos éticos, sociales y ambientales de las tecnologías inalámbricas existentes y futuras (5G y 6G); k) garantizar que las personas con hse tengan accesos a lugares libres de radiaciones electromagnéticas no ionizantes y que sus derechos humanos se protejan; y l) garantizar una participación democrática en la toma de decisiones, es decir, asegurar que actores interesados y afectados participen sin conflicto de interés (personas con hse, consumidores, representantes del sector ambiental, etc.). Promover una gobernanza de estas tecnologías. Asimismo, se debería explorar la aplicación de otros principios como “el que contamina paga” o la “responsabilidad extendida del productor”. ¿Cómo protegernos? Algunos gobiernos están tomando acciones para proteger al menos a ciertas poblaciones de los efectos negativos de estas radiaciones. En Francia, en 2010 se aprobó una ley que prohíbe los anuncios de celulares para las infancias; restringe su uso a los infantes; obliga que los celulares se vendan con audífonos alámbricos; exige el etiquetado de valores de tasas de absorción; y exige anuncios de precaución a todos los usuarios para reducir las radiofrecuencias directas y al cerebro. En 2015 la Asamblea Nacional francesa aprobó una ley nacional para reducir la exposición a los campos electromagnéticos de radiación inalámbrica, estableciendo entre otras cosas la prohibición de wifi en las escuelas infantiles, la creación de la Agencia Nacional de Radiofrecuencia y la obligación de publicar la ubicación de los enrutadores inalámbricos en lugares públicos. En 2017 el gobierno de Chipre prohibió el wifi en los jardines de niños y detuvo el despliegue de wifi en las escuelas primarias. Además, el Comité Nacional de Medio Ambiente y Salud Infantil de Chipre inició una campaña a nivel nacional para crear conciencia sobre la exposición de los niños a los teléfonos celulares y la radiación inalámbrica. Israel, Bélgica y Canadá cuentan con leyes similares; Canadá sostuvo en junio de 2015 “que la radiación de microondas constituye un problema de salud pública serio”. En julio de 2020, el Ministerio de Salud de Rusia publicó recomendaciones para prohibir el uso de wifi en las escuelas y los teléfonos celulares en las escuelas primarias. Para que las autoridades de salud y ambientales cumplan el papel de garantizar ambientes sanos para todos, es necesario que revisen y adopten guías más conservadoras y protectoras como las International Guidelines on Non-ionising Radiation (ignir, 2021), elaborada por un equipo multidisciplinario independiente que se basó en las guías Europaem emf de 2016. Su comité directivo está formado por médicos, científicos, topógrafos, ingenieros y representantes de grupos vulnerables. Aunado a las medidas de política pública, hay una serie de acciones personales y de nuestro entorno cercano que se recomienda realizar, como la reducción personal del uso de celular; eliminar las radiaciones de wifi en casa volviendo al uso del cable de ethernet, apagar el módem de noche y evitar usar dispositivos con bluetooth. En México tenemos una disposición técnica (ift-007-2019) elaborada por el Instituto Federal de Telecomunicaciones en 2020. Sin embargo, es técnica y se basa en los estándares del icnirp. Durante su revisión no hubo participación real de especialistas del sector salud o ambiental. En resumen, queremos hacer notar que desde hace años las empresas de comunicación inalámbrica, con el aval de gobiernos, han instalado antenas y replicadoras de radiación electromagnética no ionizante en lugares públicos, llenando el espacio aéreo con estas formas de contaminación. Asimismo, nos han convencido de instalar replicadores de wifi (módems) en nuestras casas, lugares de trabajo y espacios públicos, así como de portar y usar de forma personal celulares sin informar debidamente de los daños que las radiaciones pueden tener sobre nuestra salud, según ellos porque no hay evidencia de sus riesgos. Parece que al igual que ha ocurrido con otras tecnologías invisibles a simple vista (como los organismos genéticamente modificados y la nanotecnología), los tomadores de decisiones han tenido un entendimiento limitado del funcionamiento y de los riesgos a la salud socioambiental asociados a ellas. Al mismo tiempo prefieren basar sus decisiones en las recomendaciones de técnicos expertos, en lugar de escuchar los llamados de científicos representantes de áreas de la salud humana y ambiental, y las ingenierías que han probado que los campos electromagnéticos y las radiaciones de radiofrecuencia tienen efectos adversos para los seres vivos. Por tanto, hacemos un llamado para aplicar el principio de precaución, ya que las autoridades mexicanas deberían actuar para proteger a los ciudadanos y el ambiente. Para las frecuencias ya existentes como la 4G, se deben llevar a cabo estudios de su impacto en la salud socioambiental, y para las frecuencias 5G establecer una moratoria en su despliegue hasta que exista información suficiente para tomar decisiones informadas y consensuadas escuchando también la opinión de científicos y médicos “disidentes”, ciudadanos, representantes del sector ambiental y consumidores, en tal manera que se dé un proceso de legítima gobernanza de dichas tecnologías y las radiaciones electromagnéticas no ionizantes asociadas a ellas: “hay dos grandes víctimas en este debate polarizado: la verdad y la salud pública. Ambas son demasiado importantes para no protegerlas con todo lo que tenemos”. |
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Referencias Bibliográficas
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| Laura Saldívar Tanaka Posdoctorante, Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC). Doctora en Estudios Urbanos y Ambientales-COLMEX. Maestra en Manejo de Recursos Naturales-Cornell y Licenciada en Biología-Facultad de Ciencias de la UNAM. Diplomada en: Agroecología y Formador de formadores en desarrollo humano-ECOSUR y Estudios de género-PUEG/UNAM. Especializada en política pública ambiental y regulación de riesgos tecnológicos, en particular en nanotecnología, tecnologías inalámbricas y plásticos. Actualmente es posdoctorante en el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC). |
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| Héctor G. Riveros | |||||||||||
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A lo largo de los años se han realizado varios intentos para
reducir la contaminación: se probó el No circula voluntario, se reformularon las gasolinas reduciendo la concentración de sus componentes más reactivos, se les agregaron componentes oxigenados como el óxido de grafeno, se implantó la revisión obligatoria semestral de las emisiones vehiculares y el Hoy no circula obligatorio en 1989. La introducción de gasolina Magna Sin (sin plomo) permitió el uso de convertidores catalíticos, reduciendo las emisiones contaminantes. Sin embargo, las medidas de la contaminación en el aire de la Zona Metropolitana del Valle de México parecen depender poco de los intentos para reducirla, como se muestra en la figura 1a.
Las gasolinas oxigenadas y la revisión obligatoria parecen haber detenido el incremento en la contaminación, la cual crece con el consumo de gasolina, pero ninguno de estos intentos redujo el ozono de manera significativa. No se publicaron los costos de las medidas ni se estimaron los posibles beneficios. El Hoy no circula de 1989 Después de una reunión con expertos internacionales que recomendaron su aplicación, el Hoy no circula se aprobó pero sin haberse efectuado una estimación de las reducciones esperadas en las emisiones de contaminantes. Este programa se considera oficialmente un éxito; sin embargo, un análisis de la información disponible hace dudar de esta interpretación y puede considerarse que sus resultados son pocos comparados con sus costos incurridos. El 20 de noviembre de 1989 se implementó como medida temporal el programa Hoy no circula. Se hizo con el fin de retirar de la circulación 20% de los autos particulares en los días laborables. Si los coches particulares consumen 60% de la gasolina, podemos esperar una reducción de 12% diario. Si el consumo de gasolina no cambia los sábados y domingos, tenemos una reducción semanal de 5/7 de 12%, o sea 8.6%. Este cálculo implicaría que la población que utiliza dicho transporte se queda en casa esos días. Si por el contrario se desplaza en algún otro vehículo particular o usa el transporte público, el consumo de gasolina se incrementa en un porcentaje difícil de estimar, reduciendo el posible impacto del programa. Podemos decir que una acción es un fracaso cuando no se producen los resultados esperados. El Hoy no circula se implementó para reducir la contaminación medida en el aire de la Ciudad de México. En 1989 se instauró la medida por primera vez cinco días a la semana y no se observó ninguna reducción en la contaminación del aire de la ciudad. Lo favorable respecto a esta situación es que mejoró la vialidad temporalmente y se redujo el consumo de gasolina en 5%. Lo negativo es que la parte de la población que utilizaba coches nuevos poco contaminantes se vio forzada a usar el transporte público o adquieren otro vehículo pero más viejo, lo que ocasionó que las emisiones totales fueran prácticamente las mismas. Gunnar S. Eskeland en 1995 y Lucas W. Davis en 2008 llegan a la misma conclusión. El ozono sobrepasa la norma de concentración en el aire y el programa antes mencionado intenta reducir sus valores medidos, mientras 99% del monóxido de carbono es emitido por los vehículos de motor y su concentración en el aire se puede usar como indicador del uso de éstos. Dado que el Hoy no circula representa una variación súbita en las emisiones, se deben analizar los datos de tres semanas antes y después de aplicarlo. Al promediar por día de la semana, los efectos se deben mostrar de lunes a viernes, y sábado y domingo sirven como referencia de control. En la figura 1b el lunes aparece de 1 a 24 horas en la escala horizontal, el martes de 25 a 48 y el domingo de 145 a 168 horas. Esta figura no muestra cambios significativos de lunes a viernes comparados con los datos de sábado y domingo, los cuales no se ven afectados por el Hoy no circula. Son datos de las estaciones Tlalnepantla, Xalostoc, Merced, Pedregal y Cerro de la Estrella. Esto significa que el Hoy no circula no bajó la contaminación por ozono. La figura 1c muestra el promedio móvil de 30 días que amortigua las variaciones diarias, permitiendo observar las tendencias de 1992 a 1998: el ozono baja lentamente y el dióxido de azufre muestra la reducción en el azufre de las gasolinas de 1992 a 1994. En la figura 2a se aprecia que en el periodo siguiente, de 1998 a 2006, el ozono y el dióxido de azufre continúan bajando y los óxidos de nitrógeno tienen una variación estacional que en promedio es casi constante. En junio de 2004 la Secretaría del Medio Ambiente (sma) actualizó los datos del programa Hoy no circula. Esta estimación está equivocada porque no toma en cuenta el aumento de las emisiones ocasionadas por el uso del transporte público y por parte de los autos que no pueden circular. La gente no se queda en su casa si no tiene coche. El Hoy no circula sabatino de 2008 Aunque el ozono continuaba a la baja, el Gobierno del Distrito Federal propuso el Hoy no circula sabatino y recurrió a la asesoría del Clean Air Institute, quien evaluó la propuesta que proponía sacar de circulación a todos los vehículos sin tomar en cuenta el holograma de clasificación. La sma del Gobierno del Distrito Federal afirma, en su propuesta para el Hoy no circula sabatino, que la contaminación atmosférica es mayor los sábados. El informe del cai muestra el promedio por día de la semana para el ozono (figura 2b) en las cinco estaciones principales de medida de la Red Automática de Monitoreo Atmosférico (rama). En ella el cai concluye que la contaminación es mayor el sábado, justificando la necesidad del Hoy no circula sabatino. Podemos observar que el argumento es falso dado que, aunque sábados y domingos circulan todos los vehículos, la contaminación es prácticamente la misma en todos los días de la semana. El problema no era los fines de semana puesto que el ozono es un contaminante que se forma en la atmósfera de la ciudad. Sin embargo, el cai concluye que la medida producirá reducciones notables en las emisiones. El cai no incluye ninguna estimación de las emisiones asociadas al incremento de pasajeros en microbuses y taxis, asumiendo que todos viajan en metro o trolebús. El gdf pagó por un estudio incompleto y de haberle hecho caso se hubiera incrementado aún más la contaminación. Esto fue una predicción que llevé muchas veces a la secretaría de Medio Ambiente y llegó a las páginas del periódico Reforma. El hacer público esta predicción hizo que se modificara el Hoy no circula exentando a los vehículos de modelo reciente. Finalmente, la medida aprobada sacó de circulación a los vehículos que tienen holograma 2, o sea los más contaminantes. Esto hizo difícil estimar si la contaminación iba a reducirse o a incrementarse, ya que al sacar los vehículos de circulación, el tráfico mejora y se reduce ligeramente el consumo de gasolina. No obstante, el aumento en el uso del transporte público incrementa las emisiones. La figura 3a muestra los datos horarios para las mismas estaciones medidoras con el promedio de un mes antes y después de la aplicación del Hoy no circula sabatino el 1 de julio de 2008. El sábado está entre las 120 y 144 horas; el resto de los días sirven de control y muestran las variaciones al azar del ozono. El promedio corresponde a datos de un mes. El sábado es el sexto pico y la variación que muestra no es significativa, ya que es menor a las variaciones de los otros días de la semana que sirven de control, lo cual significa que no sirvió el Hoy no circula sabatino. Para justificar este programa calcularon sacar de circulación 350 000 vehículos cada sábado con una reducción en las emisiones de carbono de 818 ton/sábado. Posteriormente, en 2006, en el inventario de emisiones para fuentes móviles se mencionan 1 976 799 ton/año, es decir, 5 416 ton/día, suponiendo que todos los días presentan datos iguales. Si este cálculo es correcto, podríamos esperar que el día sábado hubiera una reducción de 15% en las emisiones de carbono con la consiguiente disminución en las medidas en el aire. Este cálculo no incluye los incrementos en las emisiones asociados al uso de transportes alternativos por los usuarios de los vehículos sacados de circulación. Medidas empleando sensor remoto Los valores de las emisiones totales están calculados en el inventario de emisiones 2006,donde se mencionan los factores correspondientes para vehículos con sistemas de control de emisiones o sin ellos cabe mencionar que los taxis aparecen como menos contaminantes que los coches privados, lo cual es imposible. Sin embargo, las medidas con sensor remoto demuestran lo contrario ya que dicho sensor mide los gases del escape mientras los coches circulan por las calles de la ciudad sin molestar a los conductores y con los datos de la placa se localiza el tipo de coche. Podemos observar que el transporte público es el principal contaminador de la ciudad y que el transporte privado es el más limpio. Los óxidos de nitrógeno medidos en el aire en los últimos años se mantienen constantes, los convertidores catalíticos pierden su eficiencia para los óxidos de nitrógeno mucho más rápido que para carbono y los vehículos de uso intensivo circulan seis veces más que los particulares (200 km diarios y 30 km diarios). Por ello, se requieren cambiar el convertidor anualmente, sin embargo, el transporte público concesionado parece no cambiarlos o no tenerlos. El ozono ha disminuido mucho menos que el carbono y eso está relacionado con que los óxidos de nitrógeno son constantes por lo que es necesario reducirlos. Modernización del Hoy no circula en 2014 Con el lema “Por la salud de todos, el Hoy no circula se moderniza”, se reduce la circulación los sábados. La figura 3b muestra los efectos de la modernización en las mismas estaciones del Hoy no circula incluyendo datos obtenidos una semana antes y después de su aplicación en el año 2014. El sábado muestra una pequeña disminución insignificante comparada con las variaciones en los otros días de la semana utilizados como control. La figura 3c muestra datos promediados sobre seis semanas antes y después, de modo que se observa una reducción en los cambios al azar en la concentración del ozono. El incremento de ozono los sábados se encuentra dentro de las fluctuaciones mostradas por los datos de domingo a viernes utilizados como control. Una vez más se demuestra que el Hoy no circula no reduce la concentración de ozono medida en el aire de la ciudad. La Secretaría del Medio Ambiente estimó una reducción de la contaminación de 11% anual, así lo dijo en su tríptico “Por la salud de todos, el Hoy no circula se moderniza”. El 11% anual se logra con un 11% diario, pero la medida se aplica solamente los sábados, lo que supone que esos días la contaminación disminuye un 77%, lo que es completamente imposible. Otra cita textual es: “De no existir el programa Hoy no circula en la actualidad, las emisiones de los automóviles particulares de la Zona Metropolitana del Valle de México se incrementarían en un 70%”. Esta estimación es imposible porque si el Hoy no circula no bajó la contaminación, su derogación no puede incrementarla. Entre julio y diciembre de 2015, los hologramas se dieron por las emisiones medidas, por orden de la Suprema Corte de Justicia, y la mayoría de los coches obtuvieron el holograma 0. De hecho, las fluctuaciones anuales observadas son muy grandes, ya que para enero de 2016 el Hoy no circula se aplicaba a muy pocos coches y la contaminación de julio a diciembre de 2015 no subió el 70% predicho por la Secretaría del Medio Ambiente. En julio de 2015 comenzaron a circular más coches y para diciembre del mismo año a muy pocos automóviles se les aplicaba el Hoy no circula. De hecho, la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de que se midieran las emisiones para otorgar los hologramas, lo derogó de facto. Para revertir esta decisión, se redujeron los límites de emisiones para óxidos de nitrógeno, de modo que lograron sacar de circulación muchos más coches. Esto sin tomar en cuenta que ningún Hoy no circula ha reducido la contaminación. Reducción del azufre en los combustibles De 1990 a 1994, Pemex redujo el azufre en los combustibles de niveles de 1 000 ppm a valores entre 500 y 300 ppm, lo que incrementó la eficiencia de los convertidores catalíticos, por lo que se redujo la contaminación. En 2006, se expidió la norma 086 que obliga a reducir a 30 ppm el azufre en los combustibles. El Centro Mario Molina hizo un estudio sobre los combustibles que dice: “De haberse logrado este objetivo, se hubiera alcanzado una reducción de las emisiones del sector autotransporte de hasta 92% en dióxido de azufre, 67% en óxidos de nitrógeno, 57% en hidrocarburos totales y 54% en material particulado. Únicamente la gasolina Premium uba está disponible a nivel nacional, la gasolina Magna uba ha estado disponible desde el 2008”. El estudio tiene fecha de 2005 y la norma le daba a Pemex el año 2009 para que ésta fuera efectiva en todo el país. Por ende, la medida adecuada es reducir el azufre porque disminuye los costos del sector salud para Pemex. La figura 4 demuestra que las concentraciones de los cuatro contaminantes no presentan ninguna reducción simultánea después de 2006, sugiriendo que no tenemos combustibles de 30 ppm. Pemex no ha logrado producir combustibles bajos en azufre; dice que lo hace, pero las medidas en el aire demuestran lo contrario. En el año 2017 comienza la venta de gasolina de marcas extranjeras que cumplen con los 30 ppm de azufre y se venden a precios menores en su país de origen. ¿Habrá quién le compre a Pemex? Contingencia de marzo 2016 Los antecedentes de la contingencia del 15 al 17 de marzo de 2016 produjeron datos que merecen interpretarse. Las referencias son las medidas del viento, el ozono, monóxido de carbono y óxidos de nitrógeno. Del 10 al 18 de marzo de 2016 hubo un episodio con altas concentraciones de ozono en la Ciudad de México causado por las condiciones meteorológicas. El episodio fue precedido por vientos muy fuertes que derribaron árboles y anuncios en la ciudad los días 10 y 11 de marzo; seguidos por días de poco viento en los que las concentraciones de los contaminantes subieron notablemente. La figura 5 muestra los valores horarios de la magnitud del viento medidos en las 34 estaciones de monitoreo del 10 al 18 de marzo de 2016. En los días 10 y 11 se presentaron vientos fuertes que incluso tiraron árboles y anuncios y limpiaron la ciudad, esto nos permitió observar un cielo azul. Posteriormente, los días 12, 13 y 14 fueron de alta contaminación con vientos máximos cercanos a 5 m/s. Por último, los días 15, 16, 17 y 18 el viento fue muy parecido, ligeramente mayor que los anteriores. Estas gráficas se pueden reproducir entrando a la página web de la Secretaría del Medio Ambiente cdmx, haciendo clic en la pestaña aire y en la página completa, haciendo clic en estadísticas y gráficos interactivos. Se escoge contaminante, intervalo de fechas y datos horarios. Haciendo clic con el ratón sobre la estación en la gráfica desaparecen sus datos. La figura 6 muestra los datos horarios de las medidas de ozono en las 35 estaciones de la Ciudad de México. Los dos primeros días el fuerte viento limpió el ozono, los tres días siguientes éste creció hasta declarar contingencia al pasar de 200 Imecas. Los últimos cuatro días el viento es muy parecido, pero en los días 16 y 17 se prohibió circular a más de un millón de vehículos, o sea, 20% del parque vehicular, modificando arbitrariamente el programa Hoy no circula. Podemos observar que el crecimiento del viento a partir del día 16 redujo los valores de ozono, pero es notable que a pesar de la restricción de 20% de todo el parque vehicular, el ozono no disminuyó el día 16. El Hoy no circula no redujo la contaminación. El día 18 sí bajaron los valores, debido a la gran cantidad de paseantes que dejaron la ciudad y al incremento del viento. Para entender por qué no funciona el Hoy no circula es necesario recordar que taxis y microbuses contaminan más que los coches privados forzados a no circular. Prohibir la circulación de un millón de coches incrementa en 1.4 millones el número de pasajeros del transporte público, cuyas emisiones compensan aquellas faltantes de los vehículos privados. Hasta ahora, en Ciudad de México ningún programa de Hoy no circula ha logrado disminuir la contaminación. Los datos de óxidos de nitrógeno medidos de 1992 a 2016 son prácticamente constantes, a pesar del crecimiento de la flota vehicular y los cambios en los factores de emisión debidos a los convertidores catalíticos. Esta constancia implica que hay otras fuentes de óxidos de nitrógeno que no se han considerado. Los vehículos no emiten 88% de los óxidos de nitrógeno como calcula la Secretaría del Medio Ambiente. Se puede concluir que el inventario de emisiones de óxidos de nitrógeno está equivocado y que los programas Hoy no circula no reducirán la contaminación mientras se permita que gran parte del transporte público sea contaminante. Ojalá se tome en cuenta este experimento para modificar las revisiones obligatorias. Precontingencias y contingencias En 1992 tuvimos ocho contingencias, la mayor de ozono fue de 398 Imecas medidos en Plateros. En 1993 tuvimos 12 contingencias, la mayor con 392 Imecas; en 1994 tuvimos una contingencia con 259 Imecas; en 1995 tuvimos 5 con la mayor de 295 Imecas. El número y magnitud de las contingencias disminuyó conforme bajaba la contaminación en la ciudad. En 2005 tuvimos una contingencia de PM10 de 197 Imecas en Villa de las Flores. En marzo de 2016 la contingencia de ozono fue de 203 Imecas en Cuajimalpa y en abril de 156 Imecas en el Ajusco. Esta última no habría sido contingencia si la Comisión Ambiental de la Megalópolis no hubiera bajado 50 puntos el límite correspondiente. Hasta marzo de 2016 tuvimos valores Imecas mucho mayores a 150 y jamás se sacó de circulación a 20% de la flota vehicular, ni los hospitales se llenaron de pacientes. La figura 7 ilustra la evolución del Programa de Contingencias Ambientales Atmosféricas de 1990 a febrero 2016. Durante esos años, se han cambiado los límites para declarar precontingencia, contingencia fase 1 y contingencia fase 2. La longitud de las rayas indica la duración de la aplicación del límite correspondiente. Puede verse que, aunque se midieron valores que excedían la contingencia fase 2, nunca se declaró una aplicación del Hoy no circula a todos los vehículos; los hologramas 0 y 00 estaban exentos. Los límites de precontingencia bajaron conforme bajaba el ozono en la ciudad, de modo que no se molestara demasiado a los automovilistas. Pero en marzo de 2016, después de una contingencia fase 1 (más de 200 Imecas), la Comisión Ambiental de la Megalópolis decidió desaparecer la etapa precontingencia y declarar contingencia a partir de 150 Imecas medidos en alguna de las 35 estaciones monitoras. También decidió desconocer los hologramas 0 y 00 de los coches poco contaminantes, sin dar ningún dato que justifique su decisión. Aunque hay 35 estaciones medidoras en la ciudad, basta que una sobrepase los límites para declarar contingencia. Sería razonable que se necesitara que al menos cuatro estaciones sobrepasaran el límite para declarar la contingencia; un medidor puede fallar, en cambio cuatro son más confiables. Difícilmente podemos considerar representativas las estaciones Ajusco y Cuajimalpa, que han sido usadas para declarar las últimas contingencias. La norma indica: “Fase de precontingencia ambiental atmosférica por PM10 a) Regional: se aplica exclusivamente en la zona que registró el índice de calidad del aire que superó el límite de activación. b) En toda la zona metropolitana del Valle de México: se aplica cuando de manera simultánea en dos o más zonas se registren valores del índice de calidad del aire que superen el límite de activación.” Aunque se permite aplicar contingencias regionales, no se aplicó en la única de 2005. La norma pide en promedio 24 horas, pero la figura 8 muestra que se calculó con el promedio horario que se guarda como dato. El valor Imeca calculado es mayor que el promedio de 24 horas que se pide en la norma. Para el público es más claro el promedio horario que se publica en la página de la Secretaría del Medio Ambiente, lo recomendable es modificar la norma a promedio horario. También notamos que no se promulgó contingencia regional a pesar de saber que en la noche de Año Nuevo se queman llantas causantes de contaminación. Es decir, declarar contingencia fue completamente inútil ya que al día siguiente habría contaminación. Medidas para reducir la contaminación 1.- Aumento de la tenencia, de modo que resulte más barato usar un taxi; y cobrar por acceder a ciertas zonas. La metrópolis está prácticamente saturada y tendría que cobrarse el acceso en todas las zonas. Esto es discriminación económica como lo era obligar a los ciudadanos a usar coches nuevos. 2.- Mejorar el transporte público. El metro y los metrobuses están rebasados por el número de usuarios; es increíble que el metro tenga 100 convoyes sin reparar por falta de refacciones y en horas pico se reduce la frecuencia de los convoyes porque van tan llenos que se debe esperar el paso de varios para poder abordar. Si fabricábamos trenes con ruedas de hule, ¿cómo es que no tenemos refacciones para repararlos? Lo más grave, se alquilaron convoyes con ruedas de fierro que no han servido y no hay nadie en la cárcel por este fraude a la Nación. 3.- Los taxis y microbuses, medidos por el sensor remoto de la Secretaría del Medio Ambiente, demuestran ser los más contaminantes. No se puede permitir que los vehículos de uso intensivo contaminen más que los privados. 4.- Desde 2009 el azufre en los combustibles debía de tener 30 ppm de azufre y la contaminación debió haber bajado de 54% hasta 92%, según el Centro Mario Molina, pero las medidas en el aire no muestran ninguna baja simultánea causada por mejora en los combustibles. Compramos gasolinas a Estados Unidos y nos envían gasolinas de uso prohibido en ese país. Si se permite la venta de gasolinas extranjeras, Pemex no venderá ni un litro porque quién quiere comprar gasolina más cara y con más azufre. 5.- Regular el nivel educativo en las escuelas públicas para que los padres de familia no se vean en la necesidad de buscar opciones privadas lejos de sus hogares. De esta manera, los niños podrían asistir caminando a escuelas de calidad cerca de su casa, lo cual evitaría aglomeraciones en las vialidades principales de la ciudad. En consecuencia, disminuiría el uso de automóviles y, por ende, la contaminación. La idea es simple: si el niño puede ir caminando a su escuela, no contamina; además tiene más tiempo para actividades recreativas o convivir con la familia. 6.- Eliminar la mayoría de los topes en la zona metropolitana. Frente al metro Universidad se encuentran dos topes donde no existe tráfico peatonal. El gobierno reconoce 30 mil topes y pretende cambiarlos por reductores de velocidad que cuestan 30 mil pesos cada uno. El efecto es el mismo, al reducir la velocidad la energía cinética se pierde y en consecuencia hay que reponerla consumiendo gasolina. Los reductores y topes incrementan el desperdicio de gasolina. Los reductores son un negocio fraudulento. El gobierno de la ciudad ahorra en topes porque hay tantos baches que la ciudad parece un tope continuo. 7.- Establecer límites de velocidad adecuados a las velocidades de mínimo consumo de los autos modernos, cualquier otra velocidad incrementa la contaminación. Ya es tiempo de reconocer que el Hoy no circula no reduce la contaminación, pero la Comisión Ambiental de la Megalópolis insiste en que es su mejor arma. La aplica aunque la contingencia sea por partículas causadas por incendios cercanos. |
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Referencias Bibliográficas
Centro Mario Molina. 2005. “Evaluación de la mejoría en la calidad de los combustibles automotrices en el país”, en Centro Mario Molina (https://centromariomolina.org/energia/evaluacion-costo-beneficio-de-la-mejora-en-la-calidad-de-los-combustibles-automotrices-en-el-pais/) Clean Air Institute. 2007. Revisión Crítica de Información sobre el Proyecto de Restricción Vehicular. Secretaría del Medio Ambiente, Cd. de México. Davis, L. 2008. “The Effect of Driving Restrictions on Air Quality in Mexico City”, en Journal of Political Economy, vol. 116, núm. 1, pp. 38-81. Eskeland, G. 1992. “Attacking Air Pollution in Mexico City”, en Finance and Development, vol. 29, núm. 4, pp. 28-30. Eskeland, G. y T. Feyzioglu. 1997. “Rationing Can Backfire: The ‘Day Without a Car’ in Mexico City”, en The World Bank Economy Review, vol. 11, núm. 3, pp. 383-408. Reforma. 2008. “No circula Sabatino”, en Reforma, 19 de enero, p. 2. Riveros, H. 2009. “Análisis del Programa «Hoy No Circula»”, en Ciencia, vol. 60, núm. 1, pp. 76-83. _______. 2009. “¿Debe Mantenerse el Programa Hoy No Circula Sabatino?”, en Ciencia, vol. 60, núm. 4, pp. 84-85. sma. 2006. Inventario de Emisiones 2006. Secretaría del Medio Ambiente, Cd. de México. __. 2006. Campañas de monitoreo ambiental a distancia de vehículos. Zona Metropolitana del Valle de México. Secretaría del Medio Ambiente, Cd. de México. __. 2008. Seis Medidas Metropolitanas de Calidad del Aire. Secretaría del Medio Ambiente, Cd. de México. |
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| Héctor E. Rivera Sylva Museo del Desierto, Saltillo. Es Maestro en Paleobiología por la Universidad de Bristol, Inglaterra, miembro del Museo del Desierto. |
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