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Los dinosaurios
más grandes y
los más pequeños
R023B01
 
 
   
   
Héctor Gómez de Silva Garza
   
                     
En una nota anterior en Ciencias, se escribió acerca de
los dinosaurios más grandes de los que se tiene noticia. Sin embargo, hubo algunas imprecisiones, por lo que es necesario aclarar ciertos datos, particularmente en relación con los tamaños de los animales más grandes.
 
Los cálculos mas recientes (y aparentemente los más correctos) para la longitud de “Supersaurus” son alrededor de 37 metros y de “Seismosaurus” son entre 36 y 42 metros. Ambos sobrepasan a la ballena azul, cuyo ejemplar más grande tiene 33 metros de largo. El peso fuera del agua de esta ballena azul sería 130,000 kilogramos, que es el peso calculado para “Ultrasaurus” por un investigador. Otros investigadores postulan un peso de más de 50 toneladas métricas.
 
Probablemente la verdad esté en un valor intermedio. Además de ser el dinosaurio más pesado, “Ultrasaurus” es el animal más alto de todos los tiempos, probablemente alcanza los 16 metros de altura; esto equivale a un edificio de 6 pisos. En 1983, tal vez por maldad, se le dio el nombre oficial de Ultrasaurus a un dinosaurio que se descubrió en Corea del Sur y que era de mucho menor tamaño que el que se había llamado informalmente “Supersaurus” desde 1972. Así, este nombre queda prohibido, según las Reglas de Nomenclatura Zoológica, para denominar a un dinosaurio más pesado y más alto. Se conoce también, de la misma zona y de la misma época, una vértebra aislada que tiene más de un metro de alto y que perteneció a un dinosaurio similar, al que se ha llamado Dystylosaurus. Epanterias, no “Espanterias”, era el enorme dinosaurio carnívoro que cohabitaba con Dystylosourus, “Supersaurus” y “Ultrasaurus”.

Se conoce parte de la mandíbula superior de un Tyrannosaurus rex, que es casi 29% más larga que la del segundo ejemplar más grande; este individuo debió pesar 12 toneladas, se calcula, y sus dientes medían ¡casi 20 centímetros de largo, sin contar la raíz. Su cráneo mediría 1 metro 75 centímetros, que es la altura de un ser humano promedio.

Algunos autores creen que el poco conocido Therizinosaurus no era un dinosaurio carnívoro, en parte por el increíble tamaño de sus garras, sino un representante de un grupo un tanto enigmático de dinosaurios herbívoros. Sus restos incompletos quizás sean insuficientes para confirmar su posición taxonómica. A un par de enormes brazos de 2.4 metros de largo, con garras fuertes y curvas, de unos 20 centímetros, también pertenecientes al Cretácico superior de Mongolia, se les ha dado el nombre de Deinocheirus. Los proporciones de cada uno de los huesos del brazo son idénticas a las de Struthiomimus y Gallimimus, que medían de 3 a 6 metros de largo (y cuyos brazos medían entre 1 y 1.5 metros de largo).

En el otro extremo de la escala, se encuentran dinosaurios pequeños como Compsognothus, carnívoro y Echinodon, Nanosourus, Phyllodon y Lesothosaurus, herbívoros. Los cinco medían alrededor de 90 centímetros de largo. Los primeros son del Jurásico Superior y el último es del Jurásico Inferior. Dos herbívoros del Cretácico superior de China, Microceratops y Micropachycephalosourus, medían, el primero 76 y el segundo 51 centímetros de largo. Mussaurus, del Triásico superior, de Argentina, mide sólo 20 centímetros de largo pero aparentemente es un bebé de un dinosaurio más grande.

El verdadero dinosaurio más pequeño es uno que vivió en el mismo lugar y al mismo tiempo que Compsognothus. Es Archaeopteryx y hay diferentes ejemplares que miden entre 30 y 50 centímetros de largo. ¿Pero cómo que es el dinosaurio más pequeño? Archoeopteryx es un ave, el ave más antigua que se conoce.

En realidad Archaeopteryx es un ave y un dinosaurio al mismo tiempo. Sus plumas perfectas demuestran que es un ave. Pero aparte de algunos detalles, su esqueleto no tiene ninguna de las características exclusivas de las aves. El esqueleto de Archoeopteryx es el de un dinosaurio.

De hecho, como lo demuestra la ambigüedad de Archaeopteryx, las aves podrían considerarse descendientes directos de los dinosaurios. Es más, siguiendo un criterio filogenético estricto, podemos decir que el macho del colibrí abeja (o “pájaro mosca”) de Cuba, Mellisuga helenae, con alrededor de 5.5 centímetros de largo y con un peso de menos de 2 gramos, es el dinosaurio más pequeño que se conoce. En México, existen varios “dinosaurios” voladores que se acercan a estos valores. Los bebés recién salidos del huevo miden menos de 2 centímetros de largo.

Un pariente de los dinosaurios, y quizás el antepasado de todos ellos, Lagosuchus talampayensis del Triásico medio, medía entre 40 y 50 centímetros de largo. Otro posible “protodinosaurio”, Scleromochlus, medía alrededor de 30 centímetros. Se encontraron huellas fósiles de dinosaurios o “protodinosourios” que serían más o menos de este tamaño, en sedimentos del Jurásico Inferior (hace 200 millones de años) y del Triásico inferior de Canadá y Brasil. Cada huella mide más o menos 2 centímetros, casi el diámetro de una moneda de un centavo estadounidense.
     
Referencias bibliográficas
 
Bernier, P. 1985. “Los dinosaurios saltadores”, Mundo Científico 45 (5): 302-304.
Bond, James, 1980. Birds of the West Indies, Haughton Mifflin.
Bower, B. 1986. “Nova Scotia Fossils Illuminate 200-million-year-old-changes”,
 Science News 129 (febrero 6, 1986): 86.
Lambert, David y el Diagram Group, 1990. The Dinosaur Databook, Avon Books.
Monastersky, R. 1989a. “Huge dinosaur bones discovered hollow”, Science News 135 (abril 29, 1989): 261.
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Norman, David, 1985. The Illustrated Encyclopedia of Dinosaurs, Crescent Books.
Paul, Gregory S. 1988, Predatory Dinosours of the World, Simon and Schuster.
Tyrrell, Esther y Robert Tyrrell. 1990. “The World’s Smallest Bird”, National Geographic 177 (6) junio 1990: 72-5.
     
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Héctor Gómez de Silva Garza
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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cómo citar este artículo    →
Gómez de Silva Garza, Héctor 1991. Los dinosaurios más grandes y los más pequeños. Ciencias núm. 23, julio-septiembre, p. 41. [En línea]
     

 

 

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            R023B06
México diverso:
un libro como espejo
 
   
   
     
                     
Autores:
Antonio Cantú D. B.,
Fulvio Eccardi A.,
Enrique Lira F.,
Jesús Ramírez R.,
Manuel Serrato T.,
Alfredo Zavala G.,
Edit. México Diverso.
ISSSTE, México, 1991.
 
Los pueblos como los individuos siempre buscan
el espejo con  denuedo, a veces con desesperación, en esos duros tiempos cuando el futuro se torna incierto o impredecible y cuando el alma tiene que afrontar las aguas peligrosas de la vicisitud. Frente a la perturbante profundidad del espejo; sociedades y seres, buscan con esperanza rastros, rostros, designios, identidades y perfiles con los cuales descifrar el presente, única manera de enfrentar el porvenir. Especular, enfrentar el espejo, es el acto inicial de todo proyecto exploratorio.
 
México Diverso es un libro que quiere ser espejo. En efecto la obra cuyo feliz nacimiento hoy presenciamos es, ante todo, un nuevo esfuerzo de autoanálisis social, visión y revisión del panorama contemporáneo. En tal sentido podría ser reiterativo, sin embargo es particularmente novedoso en tanto que gira alrededor de un nuevo y poderoso paradigma civilizador: la diversidad, esgrimida ésta en una época en que los grandes procesos sociales, económicos y políticos del planeta parecen arrojarnos, más y más, hacia un modelo basado en la homogeneidad, la uniformidad y la monotonía. También, a diferencia de otros esfuerzos del pasado, esta obra no se limita a documentar una sola de las dimensiones del rostro multifacético de México. La obra revisa la multiplicidad de la nación, ubicándose en un punto nodal que abarca cinco ejes: el geográfico, el ecológico, el biológico, el genético y, por supuesto, el cultural.
 
Fruto de un muy encomiable esfuerzo institucional, del trabajo laborioso de un entusiasta grupo de jóvenes investigadores, fotógrafos y redactores, y de la visión de largo alcance de quienes lo promovieron, el libro espejo no puede ser mas oportuno: viene a aparecer justo en la época en que el país se apresta a tornar decisiones capitales, altamente riesgosas y definitorias.
 
México es diverso porque su caprichosa geografía lo ha dotado de situaciones inimaginables. Bajoplanicies y altoplanicies, montañas cuya variedad mineralógica revela una multitud de orígenes; pantanos y lagos, más de 60 lagunas costeras, volcanes por doquier, anchos ríos o gigantes terraplenes de sal, plataformas marinas y multicolores arrecifes; murmullos que surgen del silencio de los fósiles.
 
De lo anterior ha resultado tal variedad de ambientes, que se dice que en el mundo sólo tiene parangón en dos países: Perú y la India. Y en esta diversidad ecológica desfilan por igual desiertos y semidesiertos, selvas altas, medianas y bajas, extensos pastizales templados y tropicales, bosques de coníferas, de encinas, de abetos, bosques mixtos, manglares, vegetación de dunas, paramos de altura, palmares. A tal heterogeneidad la enmarcan dos ejes: uno que va del cero a los cinco metros de lluvia anual, y otro que recorre desde cero hasta cinco mil metros de altitud. Entre ambos, uno puede encontrar casi cualquier combinación en los paisajes de México, y a todo ello aún es posible agregarle anomalías de origen histórico.
 
La tercera diversidad, la biológica, es entonces explicable en razón de las dos anteriores y de los cambios históricos que tuvieron lugar en el tiempo geológico. El resultado es una sorprendente variedad de especies. México es, biológicamente hablando, el tercer país más rico del mundo porque contiene alrededor del 12% de todos los organismos que deben existir en el planeta. Cuando en las próximas décadas logren terminarse los inventarios, los mexicanos sabremos si compartimos el territorio nacional con otras 500,000 especies de organismos vivos (estimación conservadora) o con más de 4,000.000 (si aceptamos las predicciones de quienes piensan que la diversidad biológica del mundo ha sido subestimada).
 
En la cuarta dimensión, la de los genes, México ha sido reconocido como uno de los siete principales centros de germoplasma vegetal en el mundo. Sólo habría que señalar que los antiguos mexicanos habían domesticado más de 100 especies de plantas con fines alimenticios, medicinales, textiles, de construcción, o mítico-religiosos.
 
Otra cosa es la diversidad de culturas. Como espacio, como recurso y como espejo, la naturaleza mexicana procreó una inusitada variedad de culturas en el territorio nacional que, según los especialistas, alcanzaba 120 diferentes lenguas en el momento en que entraron en contacto con el mundo europeo, varias de ellas pertenecían a los pináculos de su civilización. Del colapso demográfico que resultó de la conquista española y que según algunos autores pudo alcanzar el 90% de la población original, resistieron y reemergieron los más de 50 grupos étnicos que hay sobreviven y cuyas poblaciones se encuentran desde hace varias décadas en pleno ascenso. Una hazaña colosal de supervivencia de casi quinientos años, que viene a darnos el enorme poderío del entramado cultural, y nos revela una naturaleza convertida en refugio, en sabia matriz de una amplia gama de percepciones, ensoñaciones, mitos y apreciaciones sobre ella misma y sobre quienes la interpretan.
 
México es diverso y no puede dejar de serlo, porque ello significaría atentar contra su soberanía, que es lo mismo que decir contra su existencia. Y es que de esta diversidad de percepciones y sueños, sabores y aromas, de este mundo policromo, de esta variedad de pájaros, de esta multiplicidad de paisajes, de esta inmensidad de montañas, es de donde se alimenta esa peculiar característica del ser que llamamos idiosincrasia. Alfonso Reyes, lo mismo que Octavio Paz, han hecho referencia a ello en repetidas ocasiones desde sus exilios voluntarios, o desde sus reflexiones más íntimas.
 
Y para no traicionar el ideario que nos ilumina, diremos que en el país no hay una sino muchas, yo diría muchísimas idiosincrasias, casi tantas como cantidad de combinaciones que resultan del encuentro de la historia particular de los individuos, con la historia secular de las regiones, los pueblos, las comunidades. Y es de nuevo en la múltiple variedad de configuraciones que forman el nudo natura y cultura, de donde esta nación debe hacer surgir los elementos claves para visualizar el futuro.
 
Reconocer en el espejo una noción diversa (geográfica, ecológica, cultural, biológica y genética), es descubrir un atributo de un enorme, yo diría supremo, valor en estos duros tiempos de uniformación planetaria. El mundo se aproxima a su completa integración, mediante la globalización de los procesos económicos y el desarrollo inaudito de la tecnología, las comunicaciones y el transporte. Pero este mega-proceso, deseable en tanto que realiza la consolidación de la especie como sociedad, se lleva a cabo, paradójicamente, bajo los esquemas de un modelo de civilización esencialmente homogeneizante, es decir incompatible de entrada, con todo rasgo de diversidad. Tal es el mecanismo que imponen los pulsos de concentración, centralización y acumulación de poder en la escala planetaria.
 
Defender lo que de múltiple tiene este país, debe ser una consigna de todo mexicano enamorado de la sangre que corre por su tierra, de su presente y de su historia, de su apariencia y de su profundidad. En su diversidad, nuestro país encuentra, y opone, un rasgo esencial a los patrones uniformantes sobre los que se han erigido las pesadas, casi escleróticas, sociedades industriales; así como un manantial del cual derivar nuevas configuraciones productivas, tecnológicas, sociales, culturales y de articulación con la naturaleza.
 
Por todo lo anterior, deseo fervientemente que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos logren que esta obra que hoy presentamos siga teniendo vigencia en los futuros tiempos que nuestros ojos, por desgracia, ya no verán.
  articulos
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Nota
Texto leído en la presentación del libro México Diverso,
abril 2 de 1991 en el Museo Franz Mayer.
     
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Víctor Toledo
Centro de Ecología,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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cómo citar este artículo    →
Toledo, Víctor Manuel. 1991. México diverso: un libro como espejo. Ciencias núm. 23, julio-septiembre, pp. 62-63. [En línea]
     

 

 

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Pablo de la Mora y Alex George      
               
               
 Vamos a suponer que contamos con doce monedas, una
de ellas falsa, (más pesada o más ligera), y también vamos a suponer que contamos con una balanza. ¿Cómo se podría encontrar la moneda falsa usando la balanza sólo tres veces? ¿Podríamos a la vez saber si la moneda falsa es mas liviana o más pesada, o si no hay tal moneda falsa?
 
Este problema es antiguo, y se han encontrado ya muchas soluciones, generalmente utilizando el sistema de prueba y error. Aparentemente las soluciones son asimétricas. La descripción completa de las soluciones se complica por todas las diferentes posibilidades que hay que incluir.
 
Los puntos interesantes de este problema son: a) Las simetrías ocultas de las soluciones; b)El desarrollo de un método conciso para describir la solución y encontrar las diferentes soluciones; y c) Determinar el número máximo de monedas para las que bastan tres pesadas, y extender el problema a cuatro o más pesadas.
 
Este artículo presenta un estudio de la estructura y de las simetrías de este problema. Muestra algoritmos que llevan a soluciones de una forma natural, y hacen explícitas las simetrías del problema. Además analiza los puntos anteriores.
 
Descripción de la solución    
 
Una descripción de la solución debe de incluir todas las diferentes posibilidades. Una forma concisa de hacer esto se muestra en la figura I (a esta solución particular se le llamará la “solución simétrica con signos alternos”). 
 
En esta descripción, cada pesada se representa con una balanza (.         .) y abajo de los extremos de la balanza están las monedas que se colocan en los platos respectivos. En medio están las monedas que se dejan fuera de la balanza, pero que no se han eliminado aún, entre las cuales también puede estar la moneda falsa. Abajo de esta balanza están tres balanzas más pequeñas que representan las siguientes pesadas, esto crea un diagrama de árbol, que se separa en tres posibilidades diferentes después de cada pesada. La balanza izquierda, media o derecha se escoge dependiendo de si en la pesada anterior la balanza se inclinó a la izquierda, no se inclinó o se inclinó a la derecha. El signo sobre la moneda representa que la moneda subió (-) o bajó (+) en la pesada anterior, lo cual, aunque no es esencial contiene la información relevante de las pesadas anteriores. Abajo de la tercera pesada esta el renglón de respuestas, indicando cuál fue la moneda falsa y si ésta es más pesada (+) o más liviana (-). El asterisco (*) representa a una moneda neutral (que pudo haber sido eliminada en una pesada anterior) y el signo ‘=’ representa al caso de que todas las monedas fueran iguales.
 
Figura23A04 1
Figura I. Solución simétrica con signos alternos. El primero, segundo y tercer renglón representan la primera, segunda y tercera pesada, respectivamente. El renglón abajo de la línea (letras y signos), es el renglón de respuestas, mostrando cuál es la moneda falsa, y si es más pesada (1) o más ligera (2). La parte inferior muestra las secciones en que se divide el renglón de respuestas; estas divisiones se utilizan en el análisis de la solución.
 
El número máximo de monedas
 
Para encontrar el número máximo de monedas que se pueden examinar en tres pesadas es necesario conocer previamente la máxima cantidad de datos que la balanza puede proveer en estas pesadas. Observando la solución (figura I), se ve que en cada pesada hay tres posibilidades: que se incline la balanza a la izquierda, a la derecha o se quede balanceada. A la siguiente pesada cada uno de estos casos tiene a su vez tres posibilidades, quedando 3 x 3 = 9 y en tres pesadas queda 9 x 3 = 27 = 33.
 
¿Cuántas monedas se pueden pesar con estas 27 posibilidades? Una de las probabilidades es que todas las monedas sean iguales, si restamos esta posibilidad quedan 33 - 1 = 26. Como la moneda falsa puede ser o más pesada o más liviana, entonces por cada moneda debemos tomar dos casos, por lo que el número se reduce a (33 - 1) / 2 = 13.
 
Otro requerimiento es que el número de monedas, en cada uno de los platos de la balanza, sea el mismo. ¿Cuántas monedas se pueden poner en la balanza en la primera pesada? Observando la solución (figura I), contamos 18 diferentes posibilidades de que una moneda que está sobre la balanza en la primera pesada sea mala, y como esta moneda puede ser más pesada o más liviana, encontramos que el número máximo de monedas sobre la balanza es 9(= 32) que es impar, por lo que hay que restar uno al número total (33 - 1) / 2 - 1 = 12. Ahora bien, si afuera del grupo de monedas por analizar, se tiene una moneda buena o neutra, ésta se puede usar para igualar el número de monedas en la balanza, y así se incrementa el número a 13.
 
Quedan 4 monedas afuera de la balanza después de la primera pesada (13 - 9). ¿Pueden estas monedas ser analizadas? Si, cuatro es el número máximo de monedas que se pueden analizar en dos pesadas cuando se tiene una moneda neutra (32 - 1) / 2 = 4, la moneda neutra se toma de entre las que se eliminaron en la primera pesada.
 
Esto se puede generalizar para un número r arbitrario de pesadas, y se encuentra que el número máximo de monedas n es n = (3r - 1) / 2 si se tiene una moneda neutra al principio y n = (3r - 1) / 2 - 1 si no. El número de monedas que se deja afuera en la primera pesada es (3r - 1) / 2, igual al número de monedas que se pone en cada plato, si no hay moneda neutra.
 
Si las condiciones del problema se cambian y se especifica que siempre hay una moneda mala y que además no se tiene que averiguar si ésta es más pesada o más ligera, entonces el número que se puede examinar se incrementa en uno. Esta es una extensión trivial del problema anterior ya que se aparta una moneda del montón, luego se examinan las monedas restantes, y si éstas resultan todas iguales, entonces la moneda falsa es la que se apartó.
 
Si se resuelve el problema de las trece monedas más la moneda neutra, entonces también se resuelve el problema de las doce monedas sin moneda neutra. Esto se logra de la siguiente manera en la figura I: en la primera pesada se quita la moneda neutra y otra moneda del otro plato de la balanza y en las siguientes pesadas también se quita esta otra moneda de la balanza (para igualar el número de monedas en los platos de la balanza, se pueden utilizar monedas que se descartaron en la primera pesada). Hay ciertas soluciones que no permiten esto, como se puede ver un ejemplo en la figura V.
 
Por lo tanto, sólo es necesario resolver el problema de las trece monedas más una moneda neutral.
 
Figura23A04 2
Figura II. Solución con nueve monedas neutras.
 
Solución del problema
 
Si se tienen 9 monedas neutras o más, el problema se vuelve muy simple (figura II); en la primera pesada se colocan 9 monedas en un plato y 9 monedas neutras en el otro, si la balanza queda balanceada esas monedas se descartan y en la siguiente pesada se comparan tres monedas contra tres monedas neutrales. Si las monedas bajan (suben), entonces son más pesadas (livianas); en este caso, en la siguiente pesada, las monedas se dividen en tres grupos de tres monedas y, finalmente, en tres grupos de una moneda.

Llamaremos soluciones simétricas a las que la parte derecha del renglón respuesta corresponde a la reflexión ‘negativa’ de la parte izquierda, donde la moneda reflejada tiene el signo opuesto a la moneda no reflejada.
 
 Cualquier solución simétrica se puede encontrar a partir de la solución anterior (figura II), transfiriendo primero una moneda de un lado de la balanza al otro, esta moneda se transfiere en las tres pesadas. En este proceso hay que añadir, o quitar, una moneda neutra, para mantener el número igual de monedas en los platos de la balanza, aunque el objetivo es eliminar monedas neutras de la primera pesada. Como resultado la moneda X+ cambia su signo a X- y viceversa, pero el diagrama sigue representando una solución del problema con muchas monedas neutras. La figura III ejemplifica este movimiento con la moneda F, este movimiento no cambia la posición de la moneda en el renglón de respuesta, solo cambia el signo.
 
Figura23A04 3
Figura III. Solución de la figura II pero con la moneda F movida al otro lado de la balanza. 
 
Transfiriendo cuatro monedas a la derecha se eliminan 8 monedas neutrales de la primera pesada, dejando sólo la moneda neutral original. Si estas monedas se escogen mal, entonces se pueden requerir 6 monedas neutras en la segunda pesada, como lo ejemplifica la figura IV. Como las monedas que se eliminan en la primera pesada, se pueden usar como neutras en las siguientes pesadas, es claro que la figura IV no es la solución, ya que requiere demasiadas monedas neutras en la segunda pesada.
 
Figura23A04 4
Figura IV. Solución inválida (sólo se muestra parte del diagrama).
 
La solución de la figura I se puede encontrar cambiando en la figura II las monedas B D F H J L y luego renombrando las monedas.        
 
Si sólo se tiene el renglón de respuestas, es posible reconstruir el resto del diagrama. Por ejemplo, en la figura I, para que la balanza escoja la sexta posición, es decir la moneda L, y que sea ésta más ligera, la balanza tuvo que inclinarse en la primera pesada a la izquierda, en la segunda no inclinarse y, finalmente hacerlo a la derecha, y como la moneda era más ligera (-) entonces estaba en el plato que subió, o sea primero estaba en la derecha, luego fuera y finalmente izquierda. Haciendo esto para todas las monedas se completa el diagrama.
 
Por lo tanto la solución está determinada unívocamente con solo el renglón de respuestas (signo y posición).
 
Para las respuestas simétricas la posición de las monedas no es importante, ya que cada moneda aparece en posiciones simétricas y las diferentes soluciones que tengan la misma configuración de signos, es solamente un reordenamiento o renombramiento de las monedas. Por lo tanto lo único relevante es el renglón de los signos. Las monedas de la mitad izquierda, que tienen signo negativo en el renglón de respuestas, son las que se transfirieron de plato en la construcción de la solución, partiendo del caso en que se tenían 9 monedas neutras.
 
Esto sugiere un refinamiento de la estrategia anterior para encontrar las soluciones; el renglón de soluciones se divide en secciones 1, 2 y 3 y éstas se subdividen en izquierda y derecha (ver parte inferior de la figura I). El número de monedas neutras impone condiciones sobre el renglón de signos: Los signos positivos de la sección 3I muestran las monedas que en la primera pesada estaban en el lado izquierdo de la balanza y los negativos en el lado derecho, por lo que el número de signos positivos y negativos no debe diferir más de uno en la sección 3I, si se tiene una moneda neutra, y cero si no se tiene. Para la segunda pesada la condición es más complicada, para esto la sección 3I se subdivide en 3Ia, 3Ib y 3Ic; en la sección 3Ic se cambian los signos a su opuesto (para propósitos de conteo solamente), luego se cuenta el número de signos positivos y negativos en 3Ia y 3Ic, y estos no deben diferir en más de 5 (el número de monedas neutras que se tienen para la segunda pesada, cuatro si se comienza sin moneda neutra).
 
Figura23A04 5
Figura V. Una solución asimétrica. Para encontrar la solución del problema de las doce monedas, se quita una de las monedas A, B, C, F, además de la moneda neutra. Si se quita la moneda G, entonces se requieren 5 monedas neutras para la segunda pesada en la parte izquierda del diagrama.
 
Por lo tanto, cualquier orden de signos que cumpla con las condiciones anteriores, es la solución del problema. La parte derecha del renglón de signos es la reflexión negativa de la izquierda. La solución general incluye soluciones no simétricas. En este caso el renglón de soluciones no es necesariamente simétrica, y siguen habiendo condiciones para que sea solución, aunque no tan estrictas. Si una moneda está en el lado izquierdo de una sección, también debe estar en esa misma sección del lado derecho, aunque no necesariamente en posición equivalente, pero con signo contrario. En este caso, en el renglón de respuestas son importantes tanto el signo como la letra de la moneda. Las condiciones de la segunda pesada se deben revisar en cada lado, independientemente.
 
Una ilustración de esto se puede ver en la figura V, en donde en el lado izquierdo se utilizan 4 monedas neutras, y en el lado derecho sólo dos; es más, si la moneda G se cambia de un lado de la balanza al otro, entonces se necesitarán 6 monedas neutras en la segunda pesada del lado izquierdo y ninguna en el derecho.
 
Para el problema de 12 monedas se utilizan las mismas condiciones, pero en la primera pesada no hay monedas neutras, y en la segunda sólo hay 4. Para generar una solución a partir del problema anterior, se quita una moneda de la sección 3 (izquierda y derecha) del renglón de respuestas, dejando un espacio.
 
Para entender este problema relativo a 4 o más pesadas, el sistema es el mismo, excepto que el número de monedas neutras que hay para la segunda pesada, es diferente.
 
Figura23A04 6
Figura VI. Diagrama simétrico de la solución de monedas apareadas. Si se quita la moneda M y la neutra, se encuentra una solución para el problema de las doce monedas. Esta solución no necesita de este tipo de diagramas para encontrar a la moneda falsa, tampoco el diagrama muestra la simetría ni la sencillez de esta solución. 
 
La solución de monedas apareadas
 
Esta solución particular no requiere de un diagrama, y es válida para cualquier número de pesadas.
 
Aquí el problema de r pesadas y (3r - 1) / 2 monedas, se reduce, después de una pesada, al problema de r - 1 pesadas y (3r-1 - 1) / 2 monedas.     
 
En la primera pesada se forman tres montones de (3r-1 - 1) / 2 monedas, dejando una moneda fuera ((3r - 1) / 2 = 3 x (3r-1 - 1) / 2 + 1). Se pone un montón en cada uno de los platos de la balanza, también dejando uno fuera, la moneda que se quedó fuera de los montones se coloca en uno de los platos, y la neutral en otro.
 
Si la balanza permanece equilibrada entonces el problema se redujo a r - 1 pesadas y (3r-1 - 1) / 2 monedas.
 
Si la balanza no queda equilibrada, se forman monedas apareadas, tomando una moneda de cada lado de la balanza y se juntan formando una moneda doble o una moneda apareada. Una de las monedas que forman la moneda apareada, viene del plato que bajo, por lo que no puede ser más liviana. En la notación de la solución anterior se le ponía un signo 1 después de la letra de la moneda. La otra moneda del par no podía ser más pesada y llevaba el signo 2.
 
Las monedas apareadas se pueden representar de la siguiente forma:
A/B (= A-B+)
 
Las monedas apareadas pueden pesar más, menos, o igual que una moneda apareada neutral, lo que equivale en la moneda A/B, a que respectivamente B sea más pesada, A sea más liviana o ninguna de las dos es falsa, teniendo así una equivalencia entre las monedas sencillas y las apareadas.     
 
Se formaron (3r-1 - 1) / 2 monedas apareadas con monedas no neutras y una que incluye a la moneda neutral, esta última moneda se pone aparte. Las monedas apareadas se trabajan como las sencillas, cuando una de ellas es más pesada o más liviana ya se sabe cual de las monedas sencillas que la forman es la falsa, y en caso de que todas las monedas apareadas sean iguales, entonces la falsa es la que se apartó (y también se sabe si es más liviana o más pesada, porque ya estuvo en la balanza). De esta forma también se reduce al problema de n - 1 pesadas y (3r-1 - 1) / 2 monedas pero apareadas, y los dos casos son equivalentes.
 
En las pesadas siguientes es necesario aparcar monedas apareadas, pero éstas se reducen a una sola moneda apareada:
 
(A/B)/(C/D) = A/D
eliminándose B y C (B se eliminó, ya que originalmente venía del lado de la balanza que bajó, y luego la moneda A/B estuvo en el plato que subió).      
Como se ve, esta solución no necesita de ningún diagrama para localizar la moneda falsa, y la situación de una pesada es equivalente a la siguiente, pero con menos monedas.
 
Esta solución está ilustrada en la figura VI para el caso de tres pesadas. En este ejemplo, para la primera pesada, el caso de que la balanza se inclina a la izquierda se puede comparar con el caso en que la balanza no se inclina; en un caso la moneda F/B se comporta igual a J en el otro caso, la moneda apareada */M, en el primer caso, representa la situación en que en el segundo caso todas las monedas son iguales.
 
Conclusiones
 
En este artículo se analizó el problema de separar la moneda falsa de un montón de monedas, usando una balanza un número mínimo de veces. Primero se construye un diagrama para representar las soluciones, lo que facilita el análisis y permite encontrarlas más fácilmente. Con este diagrama es más fácil visualizar las simetrías de las soluciones, aunque hay soluciones asimétricas. Se estudia cuántos datos provee la balanza, cuanta información es necesaria para separar la moneda falsa, y como optimizar este proceso. Se muestran algoritmos para encontrar las diferentes soluciones al problema. La solución de signos alternos es posiblemente la solución de mayor simetría.
 
Por último se muestra la solución de monedas apareadas, la cual muestra otro tipo de simetría, y además no necesita utilizar un diagrama de soluciones para encontrar la moneda falsa, sino unas reglas sencillas. Esta solución es válida para cualquier número de pesadas.
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Agradecimientos
La lectura detallada y las múltiples sugerencias hechas por Gerardo Ruíz Chavarría ayudaron mucho a hacer claro y entendible este artículo.
     
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Pablo de la Mora
Departamento de Física, Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Alex George
Wolfson College, Oxford, Inglaterra.
     
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cómo citar este artículo

De la Mora, Pablo y George, Alex. 1991. Simetrías del problema de las doce monedas. Ciencias núm. 23, julio-septiembre, pp. 35-39. [En línea]

     

 

 

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