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La biodiversidad del
Instituto de Historia
Natural de Tuxtla
Gutiérrez, Chiapas
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| Susana López de Lara | ||||||||||||||
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Escribir sobre colecciones de reptiles, de aves, de mamiferos,
de extraños insectos, de dioramas y vitrinas, de colección de maderas, de vivarios y herpetarios, en fin, de plantas y animales vivos, es decir, de nuestra diversidad biológica, es hacer mención del Instituto de Historia Natural y de su Parque Zoológico. Este bello escenario se encuentra ubicado en el Cerro El Zapotal, dentro de 100 hectáreas de selva tropical, como vestigio natural de lo que fueron los alrededores de la ciudad de Tuxtla Gutiérrez. Este zoológico es como pocos en América, no solo por encontrarse en un lugar natural, privilegiado para el desarrollo de la flora y de la fauna, sino por ser el único representativo de la gran biodiversidad de la región neotropical de México. Enclavado en un escenario de gran belleza, es todo un homenaje a la vida silvestre. Diariamente lo visitan cientos de personas de todas las edades, desde niños y jóvenes en edades escolares hasta indígenas y campesinos de diferentes lugares de Chiapas y también de otros estados, así como capitalinos y una gran cantidad de extranjeros. Este lugar que se ha convertido en el paseo predilecto de los habitantes de Tuxtla Gutiérrez, es una de las pocas áreas verdes con que aún cuenta la capital del estado. La riqueza de este tipo de espacios, el museo, el zoológico y el jardín botánico, representan una oportunidad realmente extraordinaria para aprender y valorar nuestra biodiversidad. El museo tiene catalogadas y registradas dos colecciones de vertebrados en piel: una colección de aves que tiene cerca de 2500 ejemplares y otra colección de reptiles con cerca de 1000 ejemplares representativos del estado de Chiapas.
Este Parque Ecológico Recreativo, se encuentra dividido en dos grandes secciones, la primera alberga a más de una centena de mamíferos, como por ejemplo: jaguares, pumas, tigrillos, ocelotes, tapires, coatís o tejones, viejo de monte, nutrias, manatís, coyotes, zorras, monos araña, entre otros. También cuenta con aves como: águila arpía, gavilán blanco, loros, cotorras y pericos, tucanes, guacamayas, diversas aves acuáticas como patos y garzas y, desde luego, una singular ave, el pavón, hermoso ejemplar que es el símbolo del Instituto. Como representantes de los reptiles tenemos: tortugas de agua dulce (tortuga blanca, jicoteas y casquitos principalmente); caimán, cocodrilo de río, cocodrilo de pantano, lagarto enchaquirado y serpientes venenosas como las diversas especies de nauyacas, cascabeles y coralillos. Del grupo de los anfibios se encuentran las salamandras, las ranas, la ninfa de bosque y la rana tigre.
La sección dedicada a exhibición, ocupa una extensión de 10 hectáreas, en las cuales se ha tratado de reproducir, en la medida de lo posible, los diferentes hábitats naturales de las diferentes especies animales. En otra sección, de 90 hectáreas, está la zona de reserva natural, sitio de conservación e investigación. Dentro de este parque se encuentran libres gran cantidad de animales locales, habitantes naturales, especialmente una manada de monos aulladores. Tales primates fueron introducidos al Zapotal, primordialmente con el objeto de protegerlos de la cacería a lo que están sometidos, además, su presencia en este parque propicia que los visitantes conozcan la existencia de estos primates en las selvas mexicanas, escuchen y reconozcan sus sonidos peculiares y potentes.
Por otra parte, en este parque zoológico encontramos animales endémicos; es decir, aquellos que viven solamente en un lugar determinado y que no existen en otro lugar del mundo. El pavón es uno de ellos, cuya distribución está restringida a los bosques de niebla de la Sierra Madre del sur de Chiapas y parte de Guatemala. En el mismo caso está el lagarto enchaquirado o heloderma, peculiar de la Cuenca Central de Chiapas. También una de las labores primordiales de este Instituto es la de salvaguardar los animales en peligro de extinción como el jaguar, el tapir y el águila arpía, entre otros, además de proteger especies raras, como el mismo pavón, el heloderma, las cecilias, el coral punteado y otras más. En cuanto a la reserva natural de árboles, el parque cuenta con abundante cantidad de zapotes negros, de ahí el nombre original de “el Zapotal”, además de otras especies como las corpulentas ceibas o pochotas, el árbol sagrado de los mayas.
El Instituto de Historia Natural, también tiene un Jardín Botánico que contiene una colección de maderas, el herbario y un gran arborétum, todos ellos ubicados en el Parque Madero, zona en la que, anteriormente, se ubicaba el zoológico.
Durante este año el Instituto de Historia Natural cumple 51 años de labor ininterrumpida. Sin embargo, solo desde hace 8 años (en 1985), la institución obtuvo el reconocimiento oficial, según decreto número 20 del Diario Oficial del Estado. Desde su instalación en el Zapotal, el Parque Zoológico lleva el nombre del Profesor Miguel Álvarez del Toro, como un merecido reconocimiento a la trayectoria científica de este naturalista y zoólogo, quien ha dedicado toda su vida a conocer y conservar nuestra diversidad biológica, y cuyo prestigio es reconocido por muchas instituciones y organismos internacionales, entre los que destacan Estados Unidos, Japón, Francia, China e Inglaterra, principalmente.
Del trabajo que se desarrolla en este Zoológico, y del espíritu que anima a quienes allí laboran, se puede desprender un importante mensaje que queremos recalcar en este artículo y es el de que los mexicanos, y también los extranjeros, conozcan y se percaten de la gran riqueza biológica que tenemos en nuestro país. Además, es vital que tomen conciencia de ello, que comprendan la importancia y la trascendencia que tienen éstos en su vida y en la de las futuras generaciones, y traten de modificar su actitud con relación a los seres vivos que habitan y que comparten con nosotros el territorio mexicano.
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Susana López de Lara de la Fuente
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cómo citar este artículo →
López de Lara de la Fuente, Susana. 1993. La biodiversidad del Instituto de Historia Natural de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Ciencias, núm. 32, octubre-diciembre, pp. 56-57. [En línea].
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Hacia una fórmula
de la eterna juventud
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| Raymundo Méndez Canseco | ||||||||||||||
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La juventud eterna ha sido una constante preocupación
de la humanidad a lo largo de su historia. En la mayoría de las culturas antiguas, la inmortalidad aparece como un don divino que pocos mortales podían alcanzar. En la mitología grecolatina, héroes como Hércules lograron los méritos suficientes para habitar el Olimpo. Y en la Edad Media, innumerables alquimistas dejaron sus vida en sus laboratorios tratando de hallar la piedra filosofal y el elíxir de la juventud. Durante el Renacimiento, diversas expediciones españolas incursionaron el territorio de Florida en busca de la fuente de la juventud eterna. Todos estos esfuerzos, incluyendo los realizados por las casas de perfumería y belleza más prestigiadas, han sido inútiles. No debe olvidarse que, si bien Dorian Grey obtuvo la gracia de una juventud interminable, tuvo que vender su alma al diablo.
Sin embargo, esta larga tarea de fracasos parece llegar a su fin. La historia comienza cuando Sigmund Obispo, del Stoyte Institute of Life Sciences en California, se preguntó por las características inusuales de longevidad de la carpa (Cyprinus carpa), un pez originario de Asia, que también habita en Europa y Norteamérica y que, en cautiverio, vive hasta por cuarenta años. La carpa, al igual que la tortuga Galápagos, han despertado la curiosidad de los biólogos; por un lado, porque no cesan de crecer aun en su madurez sexual y su longevidad extrema y por otro, por la falta de señales de senescencia en sus tejidos.
Obispo y su grupo de trabajo comenzaron a investigar qué factor estaba asociado a la longevidad de la carpa. Descubrieron que Campylobacter limnia, una bacteria que coloniza el intestino del pez, secreta una proteína que parece estar asociada a la longevidad, a la que se denominó longevina. Posteriormente, se clonó el gen de la longevina y, una vez que se obtuvo en cantidades apreciables, se administró a ratones, pero no se tuvieron más efectos que la pérdida de los bigotes y el desarrollo de piel escamosa en todo el cuerpo. Poco después se descubrió que la longevina se asociaba con una proteína del pez llamada titonina. Cuando el dímero longevina-titonina se administraba a ratones adultos, su vida media se incrementaba. En ratones jóvenes, se retrasaba la maduración de los huesos.
El gen tith que produce la titonina está ampliamente conservado entre peces y reptiles, pero no en mamíferos. El grupo de Maunciple produjo ratones transgénicos, que portaban el gen tith y obtuvo una progenie que llegó a pesar hasta 300 gramos en un tiempo récord. La misma progenie mostró deficiencias en la maduración ósea y alrededor de los 150 días de vida, murieron de arresto cardiaco. Este resultado inesperado se explicó por una posible termosensibilidad de la titonina en los animales de sangre caliente. Para evitar este inconveniente, el grupo de Mond mutagenizó a la titonina para obtener una variante termoestable. Cuando el gen se introdujo a los ratones, obtuvieron una progenie que creció indefinidamente, pero que llegó a ser fotofóbica. Por su parte, el grupo de Kawaguchi aisló el mismo gen de la carpa Koi, que habita en las corrientes termales del monte Asama. Los ratones K-tih, que se produjeron de esta forma, tuvieron un tamaño 1.5 veces mayor que el normal y aparentemente son sanos. Ningún ratón de esta progenie murió después de 600 días.
Una de las perspectivas de estos descubrimientos es la obtención de cepas longevas, casi inmortales, de ganado. Este aspecto ha causado polémica, pues se desconoce el impacto ambiental a largo plazo. Sin embargo, actualmente se está trabajando en el control de la longevidad de ratones transgénicos. Se ha diseñado un sistema por medio del que se puede controlar la longevidad añadiendo un narcótico al agua de los ratones, de forma tal que cuando la droga no está presente en la dieta, se puede inducir su muerte. En el aspecto médico, se realizan estudios para emplear el gen tith en el tratamiento de la progeria de Zachary, donde ocurre un envejecimiento prematuro y acelerado de los individuos. Hasta el momento no se tienen resultados, pues se carece de un modelo animal que asemeje a esta enfermedad.
¿Cuál es el futuro de esta nueva herramienta biotecnológica? Es difícil creer que el plano de la ficción esté fusionándose con la realidad. No obstante, ésta es una de las facetas que el desarrollo de la biología molecular comenzará a mostrarnos. En el próximo siglo, muchos de los sueños del hombre serán tangibles, sin importar qué tan sublimes o malignos sean.
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Referencias Bibliográficas
Weiss, R. A., 1993, Nature, 362: 411.
Obispo, S., 1990, Adv. Gerontol, 6: 39. Maunciple, et al., 1989, Gerontol. Res. 26: 958-967. |
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| Raymundo Méndez Canseco | ||||||||||||||
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cómo citar este artículo →
Méndez Canseco, Raymundo. 1993. Hacia una fórmula de la eterna juventud. Ciencias, núm. 32, octubre-diciembre, pp. 15-16. [En línea].
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