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La paradoja delamor.
Una reflexión actual sobre
las pasiones.
 
 
Pascal Bruckner.
Tusquets, Barcelona,
2011, 256 p.
   
   
     
                     
                     
Amamos tanto
como los hombres
pueden amar, es decir,
imperfectamente.
 
El amor sigue llenando espacios en las librerías, y al lado
de las grandes novelas y la poesía, están además los libros de autoayuda que intentan encontrar causas, efectos y soluciones alrededor del sentimiento amoroso.
 
La ciencia irrumpió apenas recientemente en la búsqueda de explicaciones para el amor y la pasión. Así, en distintas universidades y centros de investigación se habla de sustancias químicas en el cerebro, de generación y balance de hormonas, de estímulos visuales y olfativos. Se usan escáners para registrar respuestas cerebrales y al mismo tiempo se hacen estudios en grupos de mamíferos escalando los resultados a los humanos. Igualmente se realizan análisis de grupos grandes o pequeños de personas para revisar sus comportamientos, y se generan hipótesis desde la psicología clásica o la psicología evolutiva contemporánea. Todo para adentrarse en este elusivo tema que ocupa nuestra mente una buena parte de la vida.
 
Y aunque recibimos con gran interés los descubrimientos científicos sobre el amor, sabemos que este sentimiento y las pasiones que origina van mas allá de los genes y las respuestas biológicas. Como en muchas otras conductas humanas, las explicaciones tienen que conjuntar biología y ambiente social. El amor corresponde en mucho a la cultura en que nos desarrollamos y al momento que nos toca vivir, y cambia a lo largo de la existencia de acuerdo con la experiencia sexual y social, por lo que todo ensayo que busque revelar nuevas perspectivas es siempre bienvenido. Más aún si se trata de un brillante filósofo y novelista como Pascal Bruckner.
 
En La paradoja del amor, Bruckner hace un recuento de las ideas y concepciones sobre el amor heredadas de mediados del siglo xix, transitando por Europa y algunos de sus más ilustres personajes que se han expresado con respecto del matrimonio, el adulterio, el sexo y la liberación personal, para llegar a los años sesentas del siglo xx, la “revolución sexual” y su lucha contra el orden establecido, que dejó para las futuras generaciones la herencia de vernos sometidos, hombres y mujeres, a una contradicción fundamental: amar apasionadamente y ser autónomos. El ensayo bien puede enmarcarse como la continuación de un libro de historia del amor coordinado por Dominique Simonnet, cuya estructura, en forma de preguntas a un grupo de historiadores, es también altamente recomendable.
 
¿Cómo el amor que apega puede acomodarse a la libertad que separa? es la pregunta central de La paradoja del amor, interesante, entretenido y a ratos hasta divertido libro que está dividido en cuatro partes: a) “Un gran sueño de redención”, b) “El idilio y la discordia”, c) “Las maravillas de la carne” y d) “La ideología del amor”.
 
Acompañado de una serie de cuadros que tienen títulos tan sugestivos como “¿Qué es un ex?”; “Hombres/mujeres: el fracaso de los clichés”; “¿Prohibir la prostitución?” y “¿Politizar el lecho conyugal?”, el libro, con múltiples referencias a una diversidad de autores, sobre todo franceses, puede leerse de un tirón. Bruckner nos dice que éste es “un libro escrito para aquellos que se niegan al chantaje, que no quieren abandonar el viejo teatro de las pasiones sin renegar de los cambios acontecidos”.
 
Esperemos que en el futuro, con base en el avance de los grupos de investigación científica dedicados a tratar el tema del amor, lleguemos a conjuntar una visión más completa de este sentimiento, y que se imbrique con lo humanístico.
 
Mientras tanto, es válido retomar el epílogo “¡No os avergoncéis!”, donde el autor nos llama a defender un amor que no está enfermo y por lo tanto no requiere cura, sino que sigue siendo esa parte de la existencia que no controlamos, sobre todo refractaria a las ideologías, para terminar afirmando que aunque sigue siendo grande la tentación de anexionar, como en el siglo xviii, este sentimiento al círculo de la razón, del sentido o de la ética, el amor se defiende muy por él mismo y siempre formará parte del ámbito de la sorpresa.
  articulos  
Referencias bibliográficas

Dominique Simonnet. 2004. La más bella historia del amor. Fondo de Cultura Económica, México.

     
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Patricia Magaña Rueda
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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como citar este artículo

Magaña Rueda, Patricia y Autor: Pascal Bruchner. (2011). La paradoja del amor. Una reflexión actual sobre las pasiones. Ciencias 104, octubre-diciembre, 78-79. [En línea]

     
de la lengua
       
 
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El lenguaje y la
vida social en
el México antiguo
César Carrillo Trueba
   
   
     
                     
                     
Los conceptos nahuas en su formación social.
El proceso de nombrar
Víctor M. Castillo Farreras
unam, México, 2010. 143 p.
 
 
La lengua que hablamos es quizá el objeto de estudio más
paradójico que existe; la facilidad con que se aprende y se maneja en todos sus matices y situaciones específicas contrasta drásticamente con la enorme dificultad de su estudio, de la comprensión de su relación con el pensamiento, con los diferentes contextos de la vida social. Dicha dificultad se acrecienta cuando se trata de una lengua que nos es ajena, ya que desconocemos el contexto cultural en que se desenvuelve, y todavía más si es de otra época a la cual sólo tenemos acceso por medio de fuentes históricas.
 
Que las lenguas se hallan estrechamente vinculadas con la manera de pensar y de actuar de quienes las hablan es un hecho ya establecido. Basta tomar un ejemplo de nuestra propia formación cultural —la llamada occidental en contraposición al resto de las culturas del mundo—, como podría ser el concepto de tiempo, ligado entre nosotros de manera total y absoluta al dinero, lo que hace común escuchar frases como: “estás perdiendo tu tiempo. / Ese aditamento te ahorrará horas […] Esa llanta ponchada me costó una hora. / He invertido mucho tiempo en ella […] Tienes que administrar tu tiempo […] ¿Te sobra tiempo?”. Como bien lo explican George Lakoff y Mark Johnson, “el tiempo en nuestra cultura es una mercancía valiosa. Es un recurso limitado que usamos para lograr nuestros propósitos. Esto se debe a la manera como el concepto de trabajo se ha desarrollado en la cultura occidental moderna, en donde el trabajo está típicamente asociado con el tiempo que implica, el tiempo es cuantificado con precisión, y se ha vuelto costumbre pagar a la gente por hora, semana o año. En nuestra cultura el tiempo es dinero en muchas formas”.
 
Los verbos que se emplean para designar la relación que tenemos con el tiempo, como se puede apreciar en las frases citadas, dan cuenta de dicha concepción y orientan nuestra actividad al mantenernos en conciencia permanente de que no debemos “perder el tiempo” ni “malgastarlo”, lo cual modifica severamente las relaciones humanas, los valores, e imprime a nuestras vidas un ritmo particular. Es obvio que en aquellas sociedades donde no existe tal concepto del tiempo la relación con éste será otra y por lo tanto el trato entre las personas se verá influido por esto —no tendrían la sensación de que transcurre el tiempo cuando se sientan fuera de su casa a tallar una maderita o a conversar, por ejemplo, no sentirán que pierden algo al hacerlo—, por lo que en sus lenguas los verbos que marquen tal relación serán otros o quizá ni siquiera exista dicha entidad. Es así como, grosso modo, lenguaje, pensamiento y vida social se articulan.
 
Una lengua, por tanto, no es sólo un medio para enunciar y comunicar, es la esencia misma del pensamiento, pues en ella va implícita una lógica, valores, símbolos, historia, relaciones sociales, interacciones con el medio, etcétera. Como lo explica Benjamin Lee Whorf, “el sistema lingüístico de fondo de cada lengua (en otras palabras, la gramática) no es meramente el instrumento reproductivo para dar voz a las ideas, es más bien el que da forma a las ideas, el programa y guía para la actividad mental del individuo, para el análisis de sus impresiones, para la síntesis de su repertorio mental en movimiento. La formulación de ideas no es un proceso independiente, estrictamente racional en el sentido antiguo, sino que es parte de una gramática particular, y difiere, desde ligeramente hasta enormemente, entre gramáticas diferentes”.
 
El estudio de la gramática es así un hilo que nos puede llevar al corazón de una cultura. Es desde esta perspectiva que el acucioso estudioso y traductor del nahuatl Víctor M. Castillo Farreras aborda el nahuatl antiguo en su más reciente libro Los conceptos nahuas en su formación social. El proceso de nombrar. La dificultad mencionada al principio se ve acrecentada en este caso por el hecho de que la escritura de los pueblos mesoamericanos era de otra naturaleza, más bien pictografía —aunque al respecto hay mucho debate—, y al llegar los españoles, la necesidad de comunicarse los llevó a crear grupos de estudiosos dedicados al aprendizaje de las lenguas y a buscar la manera de escribirlas. Por ser una lengua que era conocida entre buena parte de los pueblos, el nahuatl recibió mayor atención.
 
La empresa no era fácil, pero bajo el imperativo de alejarlos de la idolatría y convencerlos de las bondades del catolicismo, de controlar pueblos y territorio, se elaboraron numerosos textos, bilingües varios de ellos, se hicieron léxicos y vocabularios que aportaron elementos suficientes para lograr la comunicación deseada. No obstante, los mismos autores se daban cuenta de las insuficiencias de su labor, de las dificultades que subsistían a pesar de tanto esfuerzo. El principal problema, a decir de Alonso de Molina, el autor del libro más usado como diccionario españolnahuatlespañol, era la traducción de las “muchas cosas que ellos no conocían ni alcanzaban y para éstas no tenían ni tienen vocablos propios; y por el contrario, las cosas que ellos tenían de que nosotros carecíamos, en nuestra lengua no se pueden bien dar a entender por vocablos preciosos y particulares, y por esto, así para entender sus vocablos como para declarar los nuestros son menester algunas veces largos circunloquios y rodeos”. Además de la gramática, ya que en el nahuatl se agrega una o varias partículas antes y después de un nombre, dándole un sentido distinto, modificando las relaciones entre los sujetos y los objetos, algo que parecía a los españoles, como lo formulara Olmos, “tan extraña lengua y tan abundosa en su manera y intrincada”.
 
Así, por ejemplo, miztli se tradujo como león y ocelotl como tigre, lo cual luego cambió a puma, una palabra quechua, y a jaguar, guaraní; chicatl, en un principio algodón, sirvió también para designar a la oveja, que llegó a América con los europeos; xochitl, flor, quedó como la especie más representativa: la rosa; y como bruja, hechicero o nigromántico fue traducido nahualli. “En suma —dice Víctor Castillo—, por el simple hecho de haber tomado los frailes una cosa por otra, los nahuas se vieron obligados a soportar, no sólo en su conciencia sino en sus cuerpos, las novedosas acepciones impuestas a su lenguaje, mientras que nosotros nos vemos obligados a la difícil e ingrata, pero también necesaria, tarea de deshacer el embrollo para poder entenderlos”.
 
Pero si denominar las cosas era ya fuente de tal conflicto, la manera de conceptualizar las relaciones sociales, tan ajenas y tan poco merecedoras de respeto, terminó por tornarlas nebulosas a lo largo del tiempo. El caso del verbo namaca y sus derivaciones tetlanamalquiltia y tetlanamaquilia son ilustrativos al respecto, sobre todo, por la confusión que se ha mantenido desde el siglo xvi hasta hoy. “Lo que en primer término llama la atención en estas voces es que la versión de ‘vender algo’, dada por Olmos y Molina para tlanamaca, continuó utilizándose sin importar que para fray Andrés tlenamaca significó ‘incensar’ y no ‘vender fuego’, y que para fray Alonso xuchitlenamactli resultó ser un ‘perfume compuesto’ pero no ‘vendido’, y tlanamacoyan el lugar ‘donde venden y compran’ y no sólo ‘dónde se venden’ cosas”. Víctor Castillo analiza cada una de estas construcciones, desmenuza sus componentes, dilucidando las relaciones que se hallan cristalizadas en ellas, y concluye: “es innegable que namaca y sus derivaciones determinan una relación de intercambio de productos de toda índole. Fue así como entendieron los frailes este concepto, es decir, asignándole el sentido de ‘vender’, condicionándolo veladamente con el de ‘comprar’ y dejando como supuesto un intercambio de ‘mercancías’ por cualquier medio de cambio, fuese éste ‘dinero o moneda’”.
 
El problema es que la manera como se efectuaban los intercambios en ambas sociedades era muy distinta, pues “mientras los europeos practicaban de manera generalizada la ‘venta’ (o cambio de dinero por mercancías), los nahuas intercambiaban sus propios productos por los de otros conviniendo también una relación de valores”. Es decir, que tratando de dar cuenta, desde su perspectiva, de lo que acontecía aquí, crearon una confusión “que surgió en el momento en que los primeros frailes equipararon la forma singular o particular del valor en el intercambio indígena, contenida en tlanamaca, con la forma ya generalizada en sus tierras de origen, la misma que incluía conceptos como los de ‘vender’ y ‘comprar’, entre otros consagrados en sus obras”, y que se mantuvo a lo largo del tiempo hasta llegar a nuestros días.
 
Algo similar ocurre con la manera como se abordó la cuestión del trabajo, pues Molina consigna para tequitl: “tributo, o obra de trabajo”, “obra, el trabajo que allí se pone”, “oficio propio del hombre”. Como explica Víctor Castillo, “debe reconocerse el genio de Molina para desentrañar el concepto de trabajo contenido en tequitl. El primer sentido que da, el más socorrido desde la conquista, sigue teniendo validez porque si, además de la prestación de servicios o trabajos de diversa índole, el ‘tributo’ incluyó determinadas cosas ya hechas, tanto la ‘obra’ de éstas como la ejecución de aquéllos constituyeron, tal como lo registra, ‘el trabajo que allí se pone’. Dicho en otras palabras, lo que ‘se pone’ en los productos y en los servicios es fuerza humana de trabajo orientada a tales fines, sea el trabajo para adherirse a un objeto y transformarlo, sea un servicio para el disfrute inmediato de la persona que lo exige […] Sin embargo, lo que resulta del análisis de tequitl es sólo aquello que está relacionado con el impulso de ‘cortar’ (tequi), pero también de labrar (tlatecqui), sorber (iltequi), tundir o tusar (ixtequi), es decir, a pesar de que ciertamente denota los impulsos particulares para ejecutar las acciones enunciadas, no expresa la forma general de la fuerza de trabajo implícita en la interpretación de Molina. Por lo tanto, para hallar algo más es preciso recurrir al análisis de otros términos compuestos con el verbo tequi en los cuales, al concordar por su formación similar con el de teca y a pesar de los sentidos que éste tiene de ‘asentar, poner, acomodar, apartar, echar o escanciar’, los significados de uno y otro se presentan imbricados en varias ocasiones”.
 
Tras analizar algunos términos que implican la acción de separar, de cortar, el autor concluye: “puede afirmarse que el contenido de tequitl no es únicamente lo relacionado con el impulso de quien corta sino con el de quien toma lo que cortó o separó de la naturaleza. Y aunque esta definición no refleja a cabalidad la noción universal del trabajo sí acentúa, en cambio, la importancia que tuvo el proceso de extracción de materiales tanto para el consumo individual como para el consumo productivo de los nahuas”.
 
Aunque no es el propósito del autor, en muchos de los casos expuestos en el libro se puede apreciar la relación de la lengua con la visión del mundo que tenían los antiguos nahuas. Mucho se podría decir de la relación existente entre naturaleza y cultura a partir del análisis del término tequitl, o de otros aspectos de aquella a partir de términos como atl (agua), nahua, nahui, nauh (de donde deriva el vocablo de nahuas) y varios más de los que presenta a lo largo de su trabajo. El caso de nextli, ceniza, es particularmente interesante al respecto. “Se relaciona (li) con el impulso de la acción ya consumada de ‘descubrirse o aparecer ante otros’ (necic) y que, bajo tal supuesto, es algo que ha quedado al descubierto y se ha hecho visible”. De él se deriva tenextli, la cal, y da la impresión de que la ceniza y la cal estuvieran emparentadas. Sin embargo, “para la descripción de la ceniza, la cal o la caliza parece haber importado, más que sus componentes, la razón por la que una y otras se tornan evidentes y que, justamente por esto, no puede ser más que su capacidad de reflejar la luz o de emitirla por sí para ‘descubrirse o aparecer ante otros’”.
 
Pero analizando otros términos relacionados, como nextamalli, que era la forma de cocer el grano de maíz sobre una olla de ceniza, o tenextamalli, en donde se colocaba una porción de maíz y otra de cal o caliza, esto es, similar a la actual nixtamalización —el proceso por el cual se separa la cutícula de los granos de maíz y se liberan compuestos que lo hacen más nutritivo—, se puede decir “que quienes concibieron la ceniza, la cal, el agua y el fuego como elementos primordiales para la preparación de la masa de maíz, sabiendo ya de cada una de sus cualidades, las aprovecharon en la práctica cotidiana. Y si por los análisis de nextli y tenextli, apoyados por el de tlanextli, pudo determinarse que la cal y la ceniza tienen la virtud de manifestarse al reflejar la luz recibida o de emitirla no sólo para alumbrar y revelar lo invisible sino para aclarar, razonar y descubrir nuevas cosas (tlanextilli), dada la experiencia de los nahuas puede afirmarse que una y otra tenían para ellos la virtud de generar calor en contacto con el agua y de transferirlo a los granos de maíz con el fin de reventar la cascarilla y aglutinar su contenido”.
 
No cabe duda que este tipo de análisis abre numerosas puertas para adentrarse en la cultura de los pueblos mesoamericanos que nos lleven a conocer mejor la forma de vida de esa época, la manera de pensar y relacionar los elementos del mundo que les rodeaba, tanto visible como invisible, de orientar la imaginación y la indagación del cosmos desde su propia perspectiva. Si como lo menciona el autor, este libro es el inicio de un proyecto de mayor envergadura, quiere decir que aún le queda un trecho por andar entre los laberintos de dicha lengua, en esa ardua y apasionante labor de restituir, lenta y pacientemente, el entramado que sostenía el pensamiento y la vida social de entonces.
 
 
 
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Calli: “casa, o tenazuelas de palo o de caña para comer maíz tostado en el rescoldo, o cuervo”
A pesar de las diferencias notables entre los tres significados otorgados a calli, su análisis señala que cualquiera de ellos se relaciona (li) como relativo (l) de la acción de estar, hacer u ocupar un lugar (ca) y que bajo su forma relativa (cal) alude, de manera general, a un medio de estar o de hacerse de un lugar para adecuarlo a fines específicos.
 
De manera concreta, cualquier “casa” constituyó, en cuanto calli, un lugar hecho o adecuado para vivir o morar, aunque por las particularidades de sus moradores se crearon muchos y variados medios de estar (calli): muy elaborados para los dioses (teocalli) o los gobernantes (tecpancalli), de hechura pétrea (tecalli) para algunos, o endeble (xacalli) para los demás. Pero a partir de eso surge un grave problema cuando se observa que una barca (acalli), un sepulcro (tepetlacalli), la cabellera (tzoncalli) o el alba (tlahuizcalli) sin ser “casas”, moradas o viviendas, fueron sin lugar a dudas también medios de estar (calli), hechos en el agua o en tepetate, para el cabello o la luz matinal.
 
Dada esta circunstancia, se revela que la identificación tradicional entre calli y “casa” ha sido tan constante y poderosa que, cuando no se encuentra correspondencia alguna entre el concepto y la realidad, suele recurrirse a rebuscadas analogías para insistir en que la barca es una casa en el agua o que la cabellera es la habitación del cabello. Asimismo, en algunas otras ocasiones se recurre al viejo y complejo problema de la duración vocálica y de los acentos de esta lengua, aunque en no pocas veces dé la impresión de haberse acogido sólo como palanca para salvar escollos y con ello concluir, ignorando por completo en este caso al “cuervo”, que cálli (1a breve) es la casa” y “calli (1a larga) las tenazuelas”.
 
Es claro que por la simple observación de las diversas palabras que se integran con la forma relativa (cal) se descubre de inmediato que los significados alternos al de “casa” (calli) no son sólo las “tenazuelas” (calli o cacalotl) y el “cuervo” (calli, cacalotl o cacalli), sino otros más como los comentados. Pero también es posible advertir, con un poco más de atención, que el hecho de que cosas tan distintas se relacionen entre sí sólo por contener uno y el mismo elemento implica, de forma indispensable, que éste no es más que la expresión de algo formalmente diferente a tales cosas, aunque común a todas ellas en cuanto al concepto.
 
Puesto que el sentido de la forma relativa (cal) es el de un medio de estar cualquiera, construido o adecuado en sitios diversos, con formas y materiales distintos y con el fin de dar cabida a cosas diferentes, resulta entonces que el nombre calli ciertamente puede aludir a cualquier forma que se relacione con tal medio, casa o habitación para los seres vivos o imaginarios, pero también a formas diferentes que se relacionen como tenazuelas o cuervos.
 
En efecto, si las “tenazuelas” fueron nombradas calli es porque también se les consideró un lugar o medio de estar que, bajo la forma de pinzas hechas de “palo o caña”, se usaron para contener los granos de maíz que se toman del rescoldo y se dejan en la boca de alguno. Y por si hubiera dudas, este mismo proceso lo corrobora la forma verbal ninocalhuia, que a la letra dice: pongo en acción (huia) el medio de estar (cal) para mí (no), aunque Molina lo interpretara como: “comer maíz tostado en el rescoldo con tenazuelas de palo o caña”, y en su primer Vocabulario lo redujera a “tostar maíz en el rescoldo”, es decir, tomando los posibles objetivos en vez del simple accionar con el medio.
 
El hecho de que también el “cuervo” compartiera el nombre calli parece haber sido resultado de la observación y comparación no sólo de las “tenazuelas”, en tanto instrumento humano que prolonga las manos para tomar y comer los granos de maíz tostados, sino del “cuervo” en tanto que utiliza su propio pico como medio para hacer lo mismo que aquéllas.
 
Pero si además de considerarse como calli, el cuervo fue conocido como cacalli, es simplemente porque este nombre implica lo mismo que el otro pero de manera reiterada, esto es, que por mediación de su pico el ave crea y compone no sólo uno sino varios lugares para ser ocupados. Fue así como los nahuas percibieron al cuervo, con un plumaje negro y reluciente, una alimentación muy variada de maíz seco en mazorca, o de tunas, de peces o de carne, pero sobre todo “con la facultad de esconder el maíz seco. En el interior de un palo acopla y acomoda hasta el borde el maíz seco de la mazorca”.
 
En suma, cualquier calli, se trate de una vivienda, de unas pinzas o un cuervo, constituye la condición o el medio de estar para cosas y finalidades muy distintas. Pero si aún persistiera alguna suspicacia sobre la identidad conceptual entre calli y cuervo, debe insistirse en que el ave es, ella misma, el medio de hacer lugar a todo cuanto satisfaga su propia alimentación y a su peculiar modo de vivir.
 
Víctor M. Castillo Farreras
     
Referencias bibliográficas
 
Lakoff, Georges y Mark Johnson. 1980. Metaphors We Live By. The University of Chicago Press, Chicago.
Whorf, Benjamín Lee. 1940. “Science and Linguistics”, en Language, Thought and Reality, Selected Writings of B. L. Whorf, John B. Carroll (ed.). The MIT Press, Cambridge, pp. 212-213
     
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César Carrillo Trueba
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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como citar este artículo

Carrillo Trueba, César. (2011). El lenguaje y la vida social en el México antiguo. Ciencias 104, octubre-diciembre, 64-69. [En línea]
     

 

 

de flujos y reflujos        
 
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El átomo un
enteborroso
Ramón Peralta y Fabi
   
   
     
                     
Estamos tan acostumbrados a escuchar y hablar
de los átomos,  acabamos reflexionando poco sobre el proceso que llevó confirmar su existencia y construir una imagen de ellos, más allá de la especulación filosófica. La teoría atómica es la columna vertebral de la física, como la teoría de la evolución lo es de la biología. Richard Feynman (19181988), un físico inolvidable, decía que si le pidieran conservar una sola oración de toda la física conocida, escogería “existen los átomos”. El paralelo en la biología es “existe la evolución”. En ambos casos existe —además— una teoría, que paulatinamente vamos mejorando, pero está el incontrovertible hecho en cada caso.

¿De qué estamos hechos? De átomos, es la respuesta simple; un niño puede preguntar entonces qué son los átomos y cerramos el ciclo diciendo que es de lo que están hechas todas las cosas. Ampliando más, con el riesgo de perder la atención del interlocutor, aclaramos que, hasta donde sabemos, en el universo sólo hay 92 tipos de átomos o elementos distintos; casi veinte más han sido creados en laboratorios especializados del mundo y no parecen existir en el resto del universo. Lo sorprendente es que toda la materia está hecha de esos bloques básicos. Cómo son, cuántos y cómo se combinan para dar pie a la vastísima diversidad que observamos en todos lados, son algunas de las preguntas que se antoja responder, y que plantean un reto para el resto de la historia. Es decir, explicar cómo estos átomos constituyentes pueden dar lugar a un material cerámico aislante, a un pensamiento noble, a una flor, o a los nenúfares de Monet.

Es fascinante el problema de explicar la conciencia o la vida sabiendo que hay átomos y sólo eso. La tarea es inacabable por su complejidad, pero los beneficios del éxito son tales, que bien vale la pena intentarlo. El esfuerzo científico ha producido una faceta prometedora de la civilización moderna, y basta ver nuestro entorno y cuánto más cómoda es ahora la vida cotidiana, comparada con lo que era hace cien años o hace mil. Por supuesto que el disparejo desarrollo social (global), a la zaga, muestra la cara más lamentable de lo que hacemos.

Cada quien tiene una imagen de lo que es un átomo, pero… ¿cuál es la correcta?

Hace un siglo, en febrero de 1911, Ernest Rutherford, explorando el átomo, dio a conocer sus resultados experimentales —por los que recibió el premio Nobel— y los interpretó por medio de un modelo “planetario” propuesto en 1904 por Hintoiro Nagaoka. Así, los imaginaron formados por electrones (e) que se mueven circundando al núcleo, y que en éste se hallaba concentrada la carga positiva y la mayor parte de la masa. Hoy sabemos que en el núcleo hay protones (p) y neutrones (n); los últimos son eléctricamente neutros, de ahí su nombre, y los otros tienen carga negativa (e) o positiva (p). La excepción es el hidrógeno, el más sencillo de los átomos, que tiene un electrón y su núcleo consiste en un protón. Hasta aquí parecería que cada átomo es una versión pequeña del sistema solar. Este último es mucho mayor que nosotros, y mide miles de millones de veces el tamaño de un zapato. Los átomos en cambio, “sólo” miden milmillonésimas de zapato. No hay remedio, somos antropocéntricos.

El tamaño de sus constituyentes —e, p y n— es tema delicado; asignarles un tamaño abre problemas que tocan las fibras íntimas de la física. La estrategia es no aludir al tamaño y modificar el lenguaje que se usa para describirlos, empezando a borrarse la “nítida” imagen que podríamos formar. Hay dos razones para esto. La primera es que dichos entes no son algo tan simple como partículas o “bolitas”, aunque a veces se comportan como si lo fueran; en otras circunstancias exhiben claramente una naturaleza difusa y extendida, y les llamamos ondapartículas, en forma intencionalmente confusa. La segunda es que los experimentos realizados hasta la fecha permiten, a lo más, determinar la frecuencia con que tales entes se hacen presentes, emiten luz, colisionan, se mueven, etcétera. Es decir, no repiten su comportamiento, y nos obligan a introducir las herramientas de la probabilidad y la estadística, que parecen ser las más adecuadas para el comportamiento atómico o “cuántico”. Entonces, se habla del valor más probable o esperado de la posición, de la energía o de la velocidad (en la práctica hablamos del “momento”, refiriéndonos a algo que se parece al producto de la velocidad y la masa), aceptando que en esa escala no hay una respuesta unívoca o determinista, no hay una “precisión absoluta”. Otras propiedades mantienen su certidumbre, como la masa, la carga y otras características propias de dichas entidades borrosas.

La diferencia de escalas espaciales es sólo el principio del problema —si hemos de llamar problema a la ausencia de una imagen humanamente cómoda o intuitivamente simple. Otras escalas también son difíciles de imaginar, como la masa, la que miden las balanzas, que también exceden nuestra experiencia. Mientras el Sol tiene poco más de 1030 kg, el electrón tiene poco menos de 1030 kg (recuérdese, por ejemplo, que 104 = 10 000 y 103 = 1/1 000). En las escalas temporales las cosas no mejoran nada. Si uno se pregunta ¿cuántas “vueltas” le da un electrón al núcleo cada segundo?, una estimación es que lo hace 1010 veces y que no se puede detener, bajo ninguna circunstancia posible.

Así, los átomos son objetos reales, pequeñísimos, que todo lo forman al combinarse en distintas proporciones que conocemos muy bien; también, hemos logrado explorar sus fueros íntimos, aprendiendo de qué están formados, qué los mantiene estables y de dónde vienen.

Porque lo vemos y lo medimos, sabemos que muy lejos de nuestro sistema solar la gran mayoría de los átomos (92.3%) es de hidrógeno, y que de helio hay sólo 7.7%, la composición primordial. En el medio interestelar de la vecindad solar, también por número de átomos las proporciones son de 90.8% de hidrógeno, 9.1% de helio y 0.1% de los demás átomos de la tabla periódica. La diferencia viene del enriquecimiento local resultante de los procesos de explosiones estelares, principalmente de supernovas, que dispersan los productos de las reacciones nucleares que ocurren en el interior de las estrellas; es ahí donde se trasmuta hidrógeno en helio y luego en átomos más pesados. Todo lo que vemos en la Tierra, en nuestro derredor, es literalmente polvo de estrellas. La tasa de producción de helio, por decirlo así, es de 1038 átomos por segundo; el Sol lo ha hecho durante los últimos 4 000 millones de años, y lo seguirá haciendo unos miles de millones más, hasta agotar su hidrógeno. En la Tierra, formada hace unos 4 500 millones de años, el último tercio de la edad del universo, las proporciones son distintas al haberse ido los átomos más ligeros y más rápidos, el hidrógeno y el helio.

Según el modelo estándar de cosmología, en algo así como en los tres minutos que siguieron a la gran explosión que originó el universo se produjeron los primeros núcleos atómicos; para cuando el universo había envejecido unos 300 000 años, los protones y los electrones se combinaron para formar los primeros hidrógenos neutros, permitiendo que los fotones empezaran a viajar libremente, ¡es la radiación cósmica de fondo, de microondas, que observamos!

La evidencia obtenida de muy diversos experimentos hace pensar que las ondapartículas que forman el átomo, y el átomo mismo, no pueden ser descritos con el mismo lenguaje que hemos ido construyendo a lo largo de la historia para describirnos, para referirnos a los objetos que nos rodean, estrictamente por medio de los sentidos o para aludir a nuestras emociones, imaginaciones y esperanzas, algunas muy abstractas, como la escatología cristiana, la metempsicosis budista o la metamatemática de Gödel.

Esos átomos que todo lo forman son difíciles de asimilar porque nos empecinamos en darles una cara, como a las peras, en asignarles un comportamiento, como a los erizos de mar, y en forzar sus peculiares propiedades a parecerse a los modelos de armar con los que juegan los químicos y los biólogos moleculares… y los físicos.

No pueden tomarse literales, ni muy en serio, pero qué útiles y sugerentes son. Hacernos una imagen es cosa de imaginación. Hay que contrastarla continuamente con lo que medimos, observamos y registramos, siempre de manera indirecta, para irla afinando, siempre un poco más. El milagro es ir haciendo comprensible el mundo, con nuestro limitado pero extraordinario aparato cerebral, cuyo origen empezamos a entender que, en su delicado y natural proceso evolutivo, rebasa los cándidos e inverosímiles portentos religiosos.
  articulos  

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Ramón Peralta y Fabi
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     

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como citar este artículo
Peralta y Fabi, Ramón. (2011). El átomo un ente borroso. Ciencias 104, octubre-diciembre, 52-54. [En línea]
     

 

 

       
 
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            Ecosta
Las reservas celulares
forestales respuestas
campesinas en Oaxaca
a problemas globales
 
Heladio Reyes Cruz y
Gloria Lara Millán
   
   
     
                     
Existe un enorme problema de deforestación a nivel
mundial. En innumerabl es reportes se hallan referencias a incendios y tala inmoderada, pero también se encuentra  con mucha frecuencia que uno actores responsables de derribar selvas y bosques es el campesino, algo que dista mucho de la realidad. Existen una gran cantidad de experiencias que muestran al campesino como generador de propuestas y acciones para mantener los bosques, como es el caso de la colaboración establecida entre la organización Ecosta Yutu Cuii y un grupo de campesinos de la costa de Oaxaca.

Desde hace siete años Ecosta impulsa un proyecto llamado “Reservas celulares forestales” en esa región, el cual pretende mantener las zonas de recarga de los mantos acuíferos y la salud hídrica de toda la cuenca. Este proyecto quiere ser un modelo de conservación de los bosques a largo plazo, y su sostén principal es el interés de las familias campesinas para salvaguardar y aprovechar sus recursos. La conservación y el aprovechamiento de los recursos pone en juego el conocimiento biótico y las habilidades que son producto de un aprendizaje social familiar y comunitario. En este sentido se plantea que las familias sean los promotores de la conservación de sus recursos.

Una reserva celular forestal implica hacer un ejercicio participativo en el que cada productor es responsable de la planeación del uso de su terreno según sus necesidades y su capacidad productiva. Se emplea el término “celular” debido a que se trata de espacios protegidos pequeños (aproximadamente de media hectárea) que albergan pequeñas células verdes. De esta manera se asigna una parte del terreno para las siembras, otra para la crianza de ganado y una más para el bosque. El espacio reservado para el bosque constituye su pequeña reserva, en ella preservan la madera que usarán para su casa, la leña para su cocina, bejucos que sirven de cuerda, plantas medicinales y alimenticias, postes para su cerco y los animales que sirven como “carne de monte”. En estas pequeñas reservas es frecuente que haya un manantial de agua o un arroyo, lo cual contribuye a la recarga de los acuíferos en toda la zona. Además en ellas se refugian una gran cantidad de animales del bosque, los cuales hallan espacios para vivir, y algunos de ellos forman parte de la dieta campesina. De esta manera el agricultor combina los procesos agrícolas y ganaderos con la protección del bosque, el suelo y el agua.

En el ejercicio de planeación, los campesinos definen cuánto terreno van a dedicar a las diferentes labores; es así que encontramos reservas celulares para la conservación, muy pequeñas (de media hectárea), y otras con mayor superficie (de hasta 300 hectáreas). Estas reservas en ocasiones se hallan en espacios continuos, lo que posibilita mantener extensiones de terrenos que forman extensiones considerables de bosque. En otros casos se observa que hay pocas reservas, apareciendo en y se notan como pequeñas “islas verdes”, y en ocasiones suelen ser los únicos refugios para flora y fauna en varios kilómetros a la redonda. En estos lugares el paisaje se compone en mayor medida de pastizales y de agricultura.

Los esfuerzos de las familias campesinas en el cuidado de estas pequeñas reservas han posibilitado reflexiones en cuanto al valor del bosque, en el sentido de aportar esfuerzos ante la deforestación, la pérdida de recursos nativos (especies de flora y fauna), la aportación de oxígeno al ambiente, y la conservación de una reserva económica de recursos naturales para su reproducción social.

Por otra parte, la participación en el proyecto ha incentivado la regularización de la posesión legal de los terrenos, de manera que cada vez más mujeres y hombres han legalizado a su nombre la posesión de las reservas. A la entrada de cada reserva se puede identificar un letrero que lo indica, que además es una señal del esfuerzo conjunto de varias familias campesinas.

 

La colaboración

 

El proyecto nació en 1998, con 17 participantes de la comunidad de Santa Rosa de Lima; en ese tiempo se contaba con una reserva de 51 hectáreas de bosque. La preocupación colectiva era la enorme deforestación en la zona y la necesidad de emprender acciones de conservación de los recursos. Actualmente participan más de 800 agricultores de 20 comunidades, ubicadas en su mayoría en el municipio de Tututepec, en la costa de Oaxaca, cuyas reservas suman más de 5 000 hectáreas. Las participantes en las comunidades son pobladores mestizos, afrodescendientes e indígenas mixtecos y chatinos, de los cuales 30% son mujeres que cuentan con la posesión legal de sus parcelas.

La labor de acompañamiento de Ecosta involucra la realización de talleres de capacitación en aspectos de educación ambiental y de ejercicios de planeación que llevan a reflexionar sobre el uso de sus recursos. Tales acciones pretenden animar a los campesinos sobre la importancia del bosque y todos sus productos, entre ellos el agua y el oxígeno.

 

Sobre las reservas

 

La importancia biológica en el establecimiento de reservas celulares es de suma importancia; se ha identificado reservas con bosque de pantano en las partes más bajas de la cuenca, selvas medianas, selvas altas, bosque mesófilo y bosque de pino y encino, y se ha inventariado más de 400 especies de árboless; además, se ha encontrado especies de animales que se consideraban extintos en la región, tales como el pájaro pico real, la martucha, el oso hormiguero y el tapir o danta burro.

Aunque no ha sido posible identificar taxonómicamente todas estas especies, se han hecho colectas y levantamientos de información para establecer inventarios de flora y fauna con el fin de aportar nuevos conocimientos sobre la biodiversidad regional al mismo tiempo que un rescate del conocimiento tradicional.

 

Las posibilidades

 

El principal objetivo de las reservas celulares forestales es la conservación de los recursos naturales; sin embargo, es necesario contemplar la necesidad de ingresos económicos que apoyen la economía familiar. Actualmente se realizan planes de manejo que buscan opciones productivas que permitan mantener el bosque sin afectación, tales como la apicultura, el ecoturismo, el cultivo de café, vainilla y cacao, la extracción regulada de madera, leña, bejucos, plantas medicinales, frutos y semillas. Asimismo, se considera el cobro por servicios ambientales por la generación de agua, la captura de bióxido de carbono y el amortiguamiento del calentamiento global. Todas estas son posibilidades que se están vislumbrando y en las que el proyecto se plantea trabajar en el futuro.

 

Los asuntos legales

 

La instauración y consolidación del proyecto ha sido un proceso lento debido a la complejidad de los conflictos agrarios y de tenencia de la tierra en toda la región. A pesar de ello, cada reserva está regularizando su terreno con el fin de contar con un reconocimiento por parte de las autoridades agrarias y las autoridades ambientales. La voluntad de estos últimos es relevante para lograr que el sistema oficial reconozca dichas áreas naturales protegidas. De esta manera, el trabajo se vincula también con las instituciones gubernamentales y autoridades agrarias.

El proyecto tiene un enorme potencial, ya que un importante número de campesinos de toda la región ha manifestado su interés en participar, y ha demostrado el enorme potencial de la acción campesina y la factibilidad de un modelo de conservación en situaciones en donde hay una amplia fragmentación de la vegetación, una gran parcelación del suelo y en donde ya no existen grandes superficies de bosque que conservar.

Esta situación es común en muchas partes del país y el mundo, por lo que la réplica de esta experiencia podría constituir una posibilidad de aportar soluciones a los problemas de calentamiento global y pérdida de la biodiversidad, a la par que permitiría que el campesino mantenga su reserva de satisfactores del bosque, el suelo y el agua para sus cultivos.
  articulos  
Nota: para saber más de la organización se puede consultar www.ecosta.org.
     
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Heladio Reyes Cruz
Organización Ecosta Yutu Cuii.
 
Gloria Lara Millán
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.
     
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como citar este artículo

Reyes Cruz, Heladio y Lara Millán, Gloria. (2011). Las reservas celulares forestales, respuestas campesinas en Oaxaca a problemas globales. Ciencias 104, octubre-diciembre, 36-38. [En línea]

     

 

 

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Jardines botánicos
más que el edén
Patricia Magaña Rueda
   
   
     
                     
                     
Los jardines botánicos son lugares que tienen muchas
funciones, no sólo estéticas, sino también para la conservación de la biodiversidad. El primer jardín botánico considerado moderno fue establecido en Italia en el siglo xvi. De allí siguió la apertura de varios de ellos en el resto de Europa durante el xvii y el xviii, los cuales recibían plántulas y semillas de sitios distantes con el fin de propagar especies que podían ser útiles. Todavía hoy, algunos lo siguen haciendo, pero con otros fines.
 
Los jardines botánicos actuales, en un sentido estricto, buscan mantener colecciones vivas de plantas debidamente documentadas y se definen con base en tres funciones básicas: la investigación, la conservación y la difusión, a lo cual muchos de ellos suman la educación. Una serie de artículos en el número 68 nuestra revista da muestra de ello (www.revistas.unam.mx), tratando las complejas relaciones entre los jardines botánicos, la ciencia y la política. Los países, según sus tradiciones e intereses, así como la relevancia que confieren a la actividad científica, dan importancia al establecimiento y funcionamiento de jardines botánicos. Y algunos de ellos han puesto un gran interés en la presentación de sus portales en la red.
 
Missouri Botanical Garden
(www.mobot.org)
 
Fundado en 1859, es el más antiguo de los Estados Unidos de Norteamérica y uno de los centros de investigación en plantas más reconocidos. Con un diseño que refleja su carácter de centro académico más que de difusión, el portal tiene diversas secciones que dan a conocer muchas de las labores que realizan en sus instalaciones y los proyectos que mantienen en distintas regiones de su país y el mundo. Además de tener acceso a una parte de los datos de sus colecciones y sus programas educativos y recreativos, se puede acceder a ligas que nos llevan a una diversidad de temas relativos a las plantas en general.
 
New York Botanical Garden
(www.nybg.org)
 
Es una de las instituciones emblemáticas de la investigación botánica, cuyo bello invernadero estilo victoriano alberga ejemplares de once distintos hábitats, y una de las grandes atracciones del Bronx. Navegando en su portal encontramos una amplia explicación de los grupos de plantas que se pueden observar in situ, haciendo énfasis en las que florecen en distintas estaciones del año. La sección “ciencia vegetal” logra, con un lenguaje no especializado, explicar por qué importa la investigación botánica, al tiempo que nos introduce a los diversos grupos de plantas del mundo con ejemplos muy bien ilustrados. Si se tiene un interés plenamente académico, en varias de sus páginas se exponen los proyectos en los que están involucrados como institución y el grupo de personas que trabaja en ello.
 
Royal Botanic Gardens, Kew
(www.kew.org)
 
Los jardines de Kew en Inglaterra fueron fundados hace más de 250 años y declarados Patrimonio de la Humanidad en 2003. En su bien diseñado portal se muestra, por medio de fotos y videos, la historia y belleza de un lugar que cumple con creces con las funciones más importantes de un jardín botánico. Como un fiel reflejo de su larga y fructífera tradición en investigación, en sus páginas podemos conocer los proyectos de trabajo que alcanzan casi el mundo entero, así como datos, ligas de interés e imágenes, que nos dan la llave de acceso a un acervo de información inmensa. Su portal, además de claramente presentado, refleja su fuerte vocación por el arte, lo cual es incluso un deleite que nos absorbe durante largo tiempo.
 
Real Jardín Botánico de Madrid
(www.rjb.csic.es)
 
Abierto en 1755, este centro de investigación situado junto al Museo Nacional del Prado, y que podría parecer pequeño frente a la extensión de los jardines ya citados, tiene una larga historia y una grandeza que nos tocan de cerca por las expediciones que visitaron, hace varios siglos, el continente americano y que abrieron la puerta a la llegada de muchas plantas nativas nuestras al Viejo Mundo. Por ejemplo, hay una sección donde se pueden admirar los dibujos de la Real Expedición Botánica al Nuevo Reino de Granada (hoy Colombia) encabezada por Celestino Mutis. Además de una página de recursos en línea, con ligas de interés para estudiantes y académicos. Y con el fin de interesar a los niños a visitarlo y darles información sobre cómo funciona una planta, se puede revisar un video bien logrado y de corta duración en: museovirtual.csic.es/web_botanico/index.htm.
 
Jardín Botánico del Instituto de Biología de la UNAM
(www.ibiologia.unam.mx/jardin/index.html)
 
Nuestro país es el quinto en diversidad biológica en el planeta y tiene el gran reto de conservar y manejar sus recursos, por lo que los jardines botánicos mexicanos tienen un papel central. Desde los jardines de aclimatación prehispánicos y el establecimiento del Real Jardín Botánico durante la época colonial, hemos llegado en la actualidad a más de 30 instituciones de este tipo en el país, entre los que se destaca el de la unam por sus tareas de conservación, propagación, de difusión y educativas, junto con el “Francisco Xavier Clavijero” del Instituto de Ecología de Xalapa, Veracruz (www.jardinbotanicodexalapa.mx). Desgraciadamente, en ambos casos, sus portales no reflejan la gran cantidad de labores que desarrollan ni la belleza de sus colecciones, aunque brindan información útil para poder conocerlos.
 
Quienes han tenido la fortuna de visitar los jardines mexicanos o los de otros países aquí mencionados sabrán que por mejor elaborados que estén sus portales no hay nada como el acercamiento a las plantas en vivo y con todos los sentidos. Pero una probada a través de la red no cae nada mal y se convierte en una buena invitación al disfrute de lo natural.
 
Conocer los jardines botánicos, entender su quehacer en investigación, conservación y su búsqueda de alternativas de uso sustentable de los recursos vale la pena. Quizá con este primer acercamiento a la biodiversidad se pueda empezar a hacer realidad una frase recientemente expresada por José Sarukhán, reconocido ecólogo mexicano: convertirnos en “jardineros del planeta”.
  articulos  
Referencias bibliográficas
 
Vovides, A.P., E. Linares y R. Bye. 2010. Jardines botánicos de México: historia y perspectivas. Secretaría de Educación de Veracruz.
     
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Patricia Magaña Rueda
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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como citar este artículo
Magaña Rueda, Patricia. (2011). Jardines Botánicos, más que el edén. Ciencias 104, octubre-diciembre, 22-24. [En línea]
     

 

 

       
 
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PB01
 
Ignacio Chávez ,
médico, rector...
y fotógrafo
César Carrillo Trueba
   
   
     
                     
       
Célebre médico, creador del Instituto Nacional de Cardiología, miembro fundador del Colegio Nacional, rector de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo de 1920 a 1921 y de la unam de 1961 a 1965, en donde ya había sido director de la Facultad de Medicina en 1932, impulsor de la cardiología en América Latina, el Dr. Ignacio Chávez tiene una de las trayectorias más sobresalientes en el ámbito de la medicina en México, con importantes aportes y múltiples reconocimientos y premios, la cual lo destaca incluso entre los rectores de la unam. Sin embargo, prácticamente no se encuentra mención alguna a una actividad que mantuvo con pasión durante toda su vida: la fotografía.
 
Cuenta su hija Celia que él siempre tomó fotos, hay imágenes que datan de la década de los veintes y las últimas son de 1979 —de Palenque, Chiapas—, año en que murió. Se interesó también por el cine casero, adquiriendo posteriormente una superocho. En sus viajes no faltaba una cámara, al menos la Contax, cuando no dos y la de cine, por lo que toda la familia colaboraba en su afición, cargándolas, tomando fotos, posando. Con entusiasmo, él se afanaba en captar los mejores ángulos y momentos. Empleaba película en blanco y negro, que luego llevaba a revelar al parecer al estudio que tenía el fotógrafo Hugo Brehme en el centro en la calle de Cinco de Mayo (Fotografía Artística Hugo Brehme). Hacía impresiones en 8 x 10 con un margen blanco en donde acostumbraba anotar los datos de la foto (el lugar, la fecha, etcétera). Posteriormente pasó a la diapositiva, incursionando en el color mas sin abandonar el blanco y negro y sus Contax. Gustaba de viajar y aprovechaba congresos y conferencias para visitar algún lugar en especial, organizando a veces recorridos por varios países.
 
Por la época, muchas de sus fotos son documentos de valor histórico —tiene imágenes de las pirámides de Egipto y Persépolis cuando el turismo no era tan abundante, de China cuando aún vivía Mao, de Laos y otros sitios poco visitados entonces, como también de Suramérica y obviamente de México. Pero además, sus fotos denotan un ojo avezado en la composición, el encuadre, la atmósfera y otros aspectos fundamentales para lograr una imagen que transmita algo, emocione, sugiera, comunique. Al mirarlas se puede aventurar que su dedicación a la fotografía a lo largo de su vida no fue menor a la que imprimió en otros aspectos de ella. Sirva este número de Ciencias para rendir homenaje a tal faceta del Dr. Ignacio Chávez, ilustre cardiólogo, rector de nuestra casa de estudios… y fotógrafo.
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César Carrillo Trueba
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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como citar este artículo

Carrillo Trueba, César. (2011). Ignacio Chávez, médico, rector… y fotógrafo. Ciencias 104, octubre-diciembre, 12-13. [En línea]

     

 

 

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José Luis Ruvalcaba Sil
   
       
El estudio de los objetos hallados en contexto arqueológico
se puede realizar de muchas formas. En primer lugar, tras su hallazgo se llevan a cabo registros cuidadosos del objeto, de su ubicación en el sitio y se estudia su contenido y significado. Enseguida, debido a que el objeto cuenta con un aspecto material que tiene implícita, entre otras cosas, su temporalidad y su estado de deterioro, se realiza el fechamiento de sus materiales, una de las informaciones más valiosas para un arqueólogo, ya que le permite inferir la cronología de un sitio, de una ofrenda o un artefacto y cómo se relaciona con otros sitios, objetos y culturas.
 
No obstante, los materiales arqueológicos encierran otro tipo de informaciones de la mayor relevancia, como el uso de materiales en su manufactura, el tipo de pigmentos de una pintura mural o las aleaciones en los artefactos metálicos, a las cuales se llega por medio del estudio de las características y la composición de sus materiales. También es factible establecer la probable procedencia de dichos materiales por medio de la medición de los elementos químicos que son característicos de un yacimiento, como es el caso de las obsidianas y las turquesas. Asimismo, se puede conocer y rescatar del olvido el tipo de tecnología que se empleó en su manufactura y la temporalidad relativa del objeto de estudio, ya que los materiales y las tecnologías cambian a lo largo de los siglos y con los intercambios culturales. Además, con base en las interpretaciones de todas estas informaciones, se puede inferir el intercambio de materiales, objetos terminados y tecnologías. Por ejemplo, para la cerámica es posible comprobar si en un sitio arqueológico se producían piezas con arcillas locales, si se copiaban los estilos y las formas de otras regiones, o bien si se intercambian piezas con otros sitios y regiones cuyas composiciones y formas son diferentes a las locales. Es así como se sabe que las piezas metálicas halladas en el área Maya proceden de las culturas Diquis y Veraguas de Costa Rica y Panamá, ya que en ella no existen evidencias de su producción, ni fuentes de metales, y los estilos de las piezas corresponden a los objetos elaborados en esas regiones de Centroamérica, lo que demuestra la existencia de un intercambio entre ambas regiones. Por ello decimos que los estudios materiales de nuestro patrimonio cultural logran que los objetos nos cuenten su historia y sus secretos, y nos digan cosas que no pueden ser conocidas de otra manera, pues se hallan guardadas y escondidas en sus elementos químicos y en los compuestos que los constituyen.
 
Por otra parte, el estudio de la composición de los materiales permite determinar su estado de deterioro, lo cual lleva a dilucidar en buena medida las cualidades originales del material u objeto, algo muy útil para la interpretación arqueológica y para proponer estrategias de conservación preventiva o bien procesos de conservación y restauración más adecuados para la preservación. Esto es de la mayor relevancia para un país como el nuestro, con una vasta riqueza cultural, además de tener una importancia económica cada vez mayor en todas las regiones de nuestro país por cuestiones de turismo cultural. En países desarrollados con patrimonio cultural notable, como Francia, Italia y España, el estudio y la conservación del patrimonio cultural reciben la debida atención por ser motores económicos relevantes.
 
Prácticamente, todo tipo de objetos y materiales históricos pueden ser estudiados, desde una cerámica, un objeto hecho en piedra, artefactos metálicos, pinturas y pigmentos, textiles y colores orgánicos, hasta manuscritos, libros antiguos, fotografías, vidrios y restos óseos. De hecho, podemos hacer que los diferentes materiales nos cuenten un poco de ellos y, al reunir la información de los diversos materiales presentes en el contexto arqueológico, es posible reconstruir de una manera más precisa cómo eran las culturas del pasado, los hábitos, las formas de vida, las costumbres, e inferir cómo se relacionaban entre sí.
 
 
Materiales mexicanos
 
 
Este tipo de estudios se lleva a cabo desde hace tiempo en Europa y otros países desarrollados con una destacada riqueza cultural. En México, sólo apenas hace poco más de una década que se realizan investigaciones sistemáticas para lograr un conocimiento profundo del patrimonio cultural e histórico, e incluyen todo tipo de piezas arqueológicas, objetos históricos y obras de arte.
 
Una de sus características es la participación de diversas especialidades para su realización e interpretación, por lo que en nuestro grupo colaboran tanto institutos de ciencias como de humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México —el Instituto de Física, el Instituto de Investigaciones Estéticas y el Instituto de Investigaciones Antropológicas, entre otros— en conjunción con el Instituto Nacional de Antropología e Historia y el Instituto Nacional de Bellas Artes, con el propósito de desarrollar metodologías específicas e infraestructura experimental para la caracterización no destructiva de nuestro patrimonio, conformar bases de información de los materiales mexicanos, formar recursos humanos en esta línea de investigación y la integración de grupos de investigación interdisciplinarios. Para tal fin se ha integrado recientemente la red Análisis no destructivo para el estudio en arte, arqueología e historia (andreah), en la cual participan arqueólogos, restauradores, historiadores, físicos, químicos, ingenieros y otros especialistas. Es claro que la colaboración con las instituciones que resguardan y conservan el patrimonio del país es muy importante para alcanzar las metas de andreah.
 
Entre los principales estudios desarrollados por la red se encuentra el de piezas arqueológicas de lítica y metal, cerámica prehispánica y colonial, manuscritos y documentos antiguos —incluyendo códices, pigmentos, pintura mural, pintura de caballete colonial, del siglo xix y moderna. La metodología general para el estudio de un objeto o una colección de piezas implica tres fases: la primera consiste en un examen global por medio del uso de técnicas de imagen con luz visible, infrarroja y ultravioleta, así como de un análisis con microscopía óptica. De esta manera se observan las características generales de los materiales, ya que la opacidad y fluorescencia similares implican el uso de materiales semejantes en las diversas regiones en estudio.
 
En una segunda etapa en los acervos o sitios arqueológicos, se emplean espectrómetros portátiles de luz visible, lásers (Raman), luz infrarroja (ftir) y fluorescencia de rayos x (xrf) con el fin de determinar la composición química de los objetos en las regiones seleccionadas durante la primera fase de prospección en el examen global de los objetos. De hecho, en esta fase el laboratorio se traslada, literalmente, al sitio donde se encuentran las piezas.
 
La información que se obtiene con las técnicas espectroscópicas permite determinar en buena medida la composición de los materiales de los objetos estudiados, a tal grado que se puede dar respuestas a las interrogantes arqueológicas o bien seleccionar objetos representativos para su estudio en laboratorio empleando equipos tan sofisticados como los aceleradores de partículas —el Pelletron del Instituto de Física de la unam— y los microscopios electrónicos. Esto complementa el estudio material de las piezas con técnicas de análisis más sensibles, y es apropiado para piezas únicas o de gran valor. Por ello el análisis in situ constituye una estrategia muy importante para los estudio de colecciones en acervos. Por otra parte, de esta manera se obtienen datos relevantes para establecer, si fuese necesario, una estrategia de muestreo que sea mínima y representativa de la composición original de las piezas, es decir, se toma el menor número de muestras de las piezas en aquellas partes no restauradas o en las menos deterioradas.
 
Finalmente, en la tercera fase del estudio, y con base en los estudios previos, las muestras tomadas del objeto pueden ser llevadas a laboratorios de análisis de microscopía electrónica o de análisis químicos, e incluso a laboratorios de aceleradores, como los sincrotrones, aplicando las técnicas más apropiadas para la naturaleza del objeto y las cuestiones a resolver de la investigación.
 
 
Tecnología propia
 
 
Cabe mencionar que dentro de nuestro grupo de investigación se han desarrollado e implementado instrumentos portátiles con un desempeño similar al de equipos comerciales y con costos significativamente menores. Tal es el caso del sistema de fluorescencia de rayos x denominado sandra (Sistema de análisis no destructivo por rayos x), un equipo que emplea un haz de rayos x producido por un tubo de molibdeno, el cual incide en regiones con 1 a 2 milímetros de diámetro en la superficie del objeto de estudio e induce la emisión de rayos x de los elementos que componen el material. La medición requiere un par de minutos y no produce ningún daño al objeto estudiado. Este equipo se puede utilizar para analizar prácticamente cualquier material, como cuando fue trasladado al Museo de las Culturas de Oaxaca para estudiar en el acervo, directamente y sin tomar muestra alguna, artefactos de oro y plata descubiertos en la Tumba 7 de Monte Albán, uno de los hallazgos arqueológicos más importantes en nuestro país, y se obtuvieron datos relevantes de las aleaciones y tecnologías empleadas en la manufactura de las piezas —por cierto, hasta el momento del análisis existían muy pocos datos sobre la plata prehispánica.
 
En el grupo de investigación se cuenta con otros equipos portátiles como espectrómetros Raman e infrarrojos, que proporcionan espectros característicos de los compuestos principales de los materiales, los cuales se identifican comparando con una base de datos de materiales conocidos. Tales equipos han sido utilizados para estudiar colecciones de piezas relevantes en los museos del país, entre las que se destacan códices prehispánicos y coloniales de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia del inah, los artefactos metálicos y lítica (piedras verdes y turquesas) del Museo del Templo Mayor del inah, la pintura colonial (Concha y Echave), del siglo xix (Velasco y Bustos) y moderna (Siquieros) del Museo Nacional de Arte del inba, así como de sitios arqueológicos —Teotihuacan, Palenque y otros de la península de Yucatán, Oaxaca y Occidente. También se ha estudiado piezas únicas como la máscara de Malinaltepec, con el fin de determinar la composición de sus materiales y sus teselas azules (los pequeños fragmentos que conforman el mosaico que la cubre) e inferir su procedencia, el ajuar de jade de Pakal, descubierto en el Templo de las Inscripciones en Palenque, para realizar estudios de procedencia, y los pigmentos de la cerámica polícroma de Teotihuacan —todas de la colección del Museo Nacional de Antropología.
 
En el caso de la máscara de Malinaltepec, Guerrero, los estudios revelaron que las teselas azules que componen el mosaico dispuesto sobre la máscara de piedra verde son de amazonita y turquesa, y que proceden probablemente del suroeste de los Estados Unidos, donde las culturas locales realizaban su explotación en la época prehispánica y la intercambiaban por largas rutas. Las teselas de color naranja son de una concha marina de las costas del Océano Pacífico, Spondylus princeps, y la esclerótica de los ojos de otra concha, Pinctada mazatlanica, y las pupilas de los ojos son de hematita especular. Esta información concuerda con la hipótesis de que la pieza es originaria de Teotihuacan y fue reutilizada y decorada con el mosaico unos siglos después.
 
También se han desarrollado dispositivos para el análisis en laboratorio. En el acelerador Pelletron del Instituto de Física se construyó una línea de irradiación especializada para estudios de materiales arqueológicos; en este sistema, el rayo de protones producido por el acelerador atraviesa una ventana delgada de aluminio e incide en zonas específicas del objeto para determinar su composición química hasta con cinco detectores de rayos x, rayos gamma, partículas y luz que funcionan de manera simultánea. El análisis es muy completo y sensible y se utiliza sobre todo para identificar materiales, realizar estudios de procedencia y de tecnología. Entre las piezas estudiadas se destacan las piedras verdes y pizarras de Teotihuacán, las obsidianas mayas de Campeche, artefactos metálicos de Oaxaca, restos óseos de Tlaxcala, así como manuscritos y libros antiguos de bibliotecas de Puebla, Campeche, Oaxaca y la Ciudad de México.
 
Para el estudio de piezas metálicas procedentes del cenote de ChichenItzá, por ejemplo, el uso del acelerador de iones y sus técnicas constituyen un instrumento único que permitió observar que algunas de las piezas laminares, encontradas a principios del siglo pasado bajo el agua por los arqueólogos, eran de cobre con una fina capa de dorado de un espesor menor a un micrómetro, una tecnología que sólo se ha reportado en culturas del Perú. Lo anterior indica que probablemente dichas piezas llegaron desde las distantesregiones sudamericanas por medio de intercambio.
 
Cabe señalar que, para el estudio de sus colecciones, los museos de primer orden, como el Louvre de París, cuentan con un acelerador de partículas en sus laboratorios, y otros como el Museo Metropolitano de Nueva York y el Museo Británico tienen laboratorios dotados de todo tipo de espectrómetros y microscopios electrónicos.
 
El impacto de nuestro trabajo en los museos nacionales y regionales ha abierto paso a la colaboración con algunos acervos en el extranjero que contienen piezas y colecciones procedentes de México. Es el caso de los códices prehispánicos y coloniales del Museo de América (códices Trocortesiano y Tudela) y del Museo Británico (códice ZoucheNutall) o bien de piezas precolombinas como el Tesoro de los Quimbayas del Museo de América. Lo anterior muestra los alcances de la investigación realizada en nuestro país cuando es de buena calidad.
 
 
Conclusiones
 
 
El estudio de los materiales arqueológicos tiene la mayor relevancia para México. Gracias al trabajo conjunto y a una investigación sistemática y seria se ha integrado un grupo que emplea metodologías y equipos de punta para llevar a cabo tales estudios de manera exitosa. Si bien los instrumentos para realizar estas investigaciones son importantes, la integración de los equipos dentro de un marco de trabajo interdisciplinario, el interés de los investigadores y estudiantes, y los apoyos institucionales ponen en evidencia que es factible trabajar de manera conjunta en este ámbito en nuestro país y así generar investigación de calidad con resultados originales y novedosos, con un impacto directo aquí y en el extranjero. Es una línea de investigación consolidada, con grupos líderes en este ámbito, un ejemplo de cómo trabajando juntos podemos alcanzar las metas que se propongan para el estudio y la conservación de nuestro patrimonio cultural en beneficio del país.
 
articulos
 
 
 
 
Referencias bibliográficas

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Del Egido, M. A. y T. Calderón (eds.). 2008. La Ciencia del Arte. Ciencias experimentales y conservación del Patrimonio Histórico. Instituto del Patrimonio Histórico Español, Madrid.

Del Egido, M. A. y D. Juanes (eds.). 2010. La Ciencia del Arte II. Ciencias experimentales y conservación del Patrimonio Histórico. Instituto del Patrimonio Cultural de España, Madrid.

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Agradecimientos

A los proyectos conacyt movil i 131944 y movil ii U49839R, Proyecto papiit unam IN403210 y proyecto icytdf picco1057.

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José Luis Ruvalcaba Sil
Instituto de Física,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Es físico por la Facultad de Ciencias de la UNAM Doctor en Ciencias por les Facultés Universitaires Notre-Dame de la Paix de Bélgica. Desde hace más de diez años desarrolla metodologías y dispositivos experimentales empleando diversas radiaciones para el análisis no destructivo del patrimonio cultural del país en colaboración con diversas instituciones nacionales y extranjeras.
     
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como citar este artículo
Ruvalcaba Sil, José Luis. (2011). Los artefactos nos cuentan su historia, la caracterización de los materiales arqueológicos. Ciencias 104, octubre-diciembre, 70-76. [En línea]
     
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Jorge Blancas, Luis Barba, Agustín Ortiz y Felipe Barba
     
               
               
La arqueología y la restauración requieren el registro, la reconstrucción y la clasificación de las piezas, tareas que se hacen manualmente. El modelado de recipientes como vasijas, platos, ollas y comales encontrados en los sitios arqueológicos implica muchas horas de trabajo, por lo que proponemos una metodología para el registro y modelado de recipientes arqueológicos a partir de software no especializado y una comparación con técnicas más sofisticadas, utilizando un escáner láser. Los programas vectoriales como Autocad y 3D Studio Max son herramientas poderosas para crear imágenes tridimensionales a partir de los perfiles, convirtiéndolos en sólidos de revolución y permitiendo de esta manera calcular áreas, volúmenes y masas, además de que el usuario las puede rotar y escalar, así como observarlas bajo diferentes condiciones de luz y cambiar el color y la textura hasta obtener una representación muy aproximada a la pieza real.

No obstante, pese a ofrecer representaciones muy realistas, el equipo necesario para realizar un modelado de piezas usando técnicas de escaneo tridimensional suele ser costoso, ya que se requieren computadoras robustas, fuentes de luz especiales y un escáner láser. Una alternativa más barata y que ofrece resultados satisfactorios es la reconstrucción de un objeto en tres dimensiones a partir de imágenes bidimensionales, una técnica que se conoce como “modelado a partir de la imagen”.

Esta reconstrucción virtual es un trabajo interdisciplinario, ya que involucra a diseñadores gráficos, ingenieros, arqueólogos y restauradores para que se logre modelar la pieza con base en la información arqueológica existente, de manera que el resultado esté ligado al contexto en el que se encontró la pieza.

Generalmente son siete las fases principales para el modelado en tres dimensiones a partir de imágenes bidimensionales: 1) medición y fotografías de las piezas; 2) dibujo y reconstrucción del perfil; 3) creación del sólido de revolución; 4) obtención de volúmenes y área; 5) reconstrucción de la textura; 6) superposición de la textura sobre el recipiente modelado (el llamado “renderizado”); y 7) la animación de los modelos.

Medición y fotografía

 

Se debe reunir toda la información disponible de las piezas, así como seleccionar las que estén en mejor estado para tener una reconstrucción confiable. Para tal estudio se utilizó una pieza moderna y completa, con apariencia antigua, de la que pudimos medir con toda precisión sus dimensiones: altura, diámetro superior, diámetro inferior, espesor en tres puntos del recipiente, peso y volumen bruto que podía contener. Como primer paso, la pieza se monta en una base horizontal con una escala en el fondo y una iluminación apropiada, posteriormente se fotografía en alta resolución, utilizando una cámara digital y un trípode. La cámara también se niveló para lograr que la fotografía fuera perpendicular al jarrón y reducir al mínimo la deformación óptica (figura 1).

 

Dibujo y reconstrucción del perfil

 

Utilizando el software Autocad se importa la fotografía del jarrón en el entorno del programa y se redimensiona la imagen, apoyándose en la escala gráfica de la fotografía. Posteriormente, dibujamos el borde exterior utilizando segmentos de arcos que se aproximan a la forma del recipiente. Para trazar el borde interior, se copia el exterior y se ajusta con la información del espesor del recipiente (figura 2). Si el recipiente está incompleto se consideran las proporciones entre altura y anchura a partir del contexto arqueológico.

 

Creación de la figura en tres dimensiones

 

Una vez que se ha hecho el dibujo del perfil sobre la fotografía, dibujamos una línea perpendicular al radio de la base de nuestra pieza que será el eje de revolución a partir del cual se creará el objeto en tres dimensiones, lo que se denomina un “sólido de revolución”, y para el cual hay que definir dos aspectos importantes: el plano de la sección que resulta al unir el perfil del borde exterior e interior, y el eje de rotación o revolución (figura 3a). Esto permite que, a partir de la sección del recipiente y el radio de la base, se aplique la operación de revolución, independientemente de que el recipiente esté completo (figura 3b).

 

Cálculo de volúmenes y área

 

El proceso para calcular volúmenes y el área del material en Autocad es automático; sin embargo, para el caso del volumen tenemos que definir tres características importantes: a) el volumen de la pasta, que se calcula de forma sencilla con el programa Autocad; los parámetros necesarios son el plano de la sección del recipiente y el eje de revolución, que está a una distancia igual al radio de la base. El cálculo se puede hacer de dos formas, la más simple es darle un comando al programa para que calcule las propiedades físicas de nuestro modelo, el programa arroja datos diversos entre los cuales se encuentra el volumen de la pasta. Otra forma alternativa, pero que puede servir para comprobar el cálculo y obtener información adicional, como el volumen bruto, es crear un sólido de revolución con el borde exterior del recipiente, después crear otro sólido con el borde interior, calcular sus volúmenes y restarlos para obtener el volumen de la pasta (figura 4); b) el volumen bruto o volumen máximo del recipiente, esto es, la capacidad máxima del recipiente, que se obtiene utilizando el borde interior del recipiente y el eje de revolución, generando un sólido de revolución interior a partir del cual calculamos el volumen bruto —equivale al volumen interior de la figura 4; c) el volumen neto o volumen de llenado que, en sentido práctico, se determina por la cantidad máxima a la cual era llenado el recipiente en su uso cotidiano. Este dato es difícil de establecer debido a que depende de los posibles usos y de la aplicación ligada a un contexto —en este ejemplo establecemos dos volúmenes, uno en el inicio del cuello y otro a la mitad del cuello (figura 5); y d) el calculo del área, cuyo proceso de obtención es automático en Autocad —basta un comando y la selección del objeto. Este dato puede ser útil en la restauración para conocer el área que cubre el pigmento y el decorado en la cara exterior e interior del recipiente.

 

Reconstrucción de la textura

 

En esta fase se emplean las fotografías tomadas a la pieza. Si el recipiente contiene elementos decorativos que cambien sustancialmente alrededor, deberá fotografiarse cada elemento. En caso contrario, si el recipiente presenta un decorado uniforme, con cuatro fotografías tomadas cada noventa grados alrededor de la pieza será suficiente. Para la edición de las fotografías puede emplearse cualquier programa de edición de imágenes, como el Adobe Photoshop. En este paso igualamos el color del decorado, quitamos los reflejos y ajustamos brillo y contraste. Posteriormente empalmamos las fotografías una tras otra hasta tener un fotomosaico. La textura interior generalmente es uniforme, por lo que con un par de fotografías es suficiente para reconstruirla (figura 6). Adicionalmente se emplean filtros de suavizado y enfoque para que el resultado se aproxime más a la textura real. Finalmente, ajustamos la escala de la imagen a las dimensiones reales de la pieza (figura 7).

 

Superposición de la textura

 

El mapeado o superposición de la textura es el método por medio del cual se le añade una imagen a una malla o estructura alámbrica para que la imagen se adapte a la forma del recipiente y proporcione realismo con el renderizado —proceso por el cual la computadora “interpreta” una escena en tres dimensiones y la plasma en una imagen bidimensional. El tiempo de renderización depende en gran medida de los parámetros establecidos en las texturas, las luces y sombras, así como de la configuración y el tipo de renderizado.

Desde el Autocad podemos agregar una textura preliminar a nuestro modelo en forma de malla, sin embargo, aunque el modelo tiene una buena representación, aún no corresponde a la textura real.

En 3d Studio Max se importa el sólido de revolución desde Autocad como estructura alámbrica. La resolución de la pieza depende del número de polígonos que la forman —si empleamos una figura con pocos polígonos, los bordes redondeados estarán formados por segmentos de rectas que darán una representación de baja resolución. En caso contrario, si utilizamos un sólido con gran cantidad de polígonos, las superficies curvas estarán muy definidas aunque el tiempo de procesamiento se incrementará (figura 8).

La imagen importada solamente contiene la información de la geometría y las dimensiones de la pieza. En el entorno del programa se observan cuatro vistas para manipularla: superior, anterior, izquierda y en perspectiva, donde podemos escalarla, girarla y moverla de acuerdo con nuestras necesidades. El proceso para agregarle la textura es más minucioso. Hay que señalar que la malla de 3d importada no tiene ninguna textura asignada y es necesario montarla para que adquiera un aspecto más realista. Recordemos que el recipiente contiene dos texturas, la interior y la exterior, por lo que si aplicamos la textura sin hacer los ajustes necesarios se fijará a toda la pieza —razón por la cual el proceso de asignación de texturas no es directo. Es necesario convertir la malla original en una malla editable (figura 9), es decir, dividirla en polígonos exteriores e interiores susceptibles a ser modificados. El proceso es manual y consiste en seleccionar cada polígono del interior y del exterior, asignándole la textura adecuada (figura 10).

Una vez asignadas correctamente las texturas en la parte interior y exterior, el programa 3d Studio ofrece una gran cantidad de efectos para darle a las piezas de cerámica un aspecto fotorrealista. Esto es una parte muy importante, ya que de ella depende en gran medida la credibilidad o no de una escena. Los materiales son el medio que tenemos en las aplicaciones de modelado tridimensional para definir, para cada material, parámetros de distintos elementos como color, textura, brillo u opacidad, de manera que la superficie de las pastas, la piedra, la madera, el plástico o el metal que estemos representando luzca realmente como tal.

Es importante puntualizar que un material es un compendio de propiedades que definen la textura de un objeto. Los mapas, por otro lado, son imágenes convencionales que forman parte de los parámetros modificables de nuestro material y nos permiten representar determinados efectos sobre la superficie del objeto en cuestión. Por consiguiente, los mapas, que pueden ser imágenes en formato bmp, jpg o tif, entre otros, están subordinados a un material y no en forma inversa. Si bien 3d Studio Max maneja más de una decena de canales de imágenes distintos por cada material, nosotros nos concentraremos, particularmente, en sólo dos de ellos, suficientes para darle realismo a una pieza sencilla: el color difuso y el relieve.

El primero es el color de la textura y la base de todo el objeto, que forma parte de una escena dentro de 3d Studio. Ahora bien, si modelamos el jarrón, no es suficiente con darle un color al material, es necesario cubrir la superficie del objeto con un bitmap que represente la superficie de nuestra pieza. Precisamente para eso existe este canal, y aquí podremos especificar la imagen que recubrirá todo o parte de nuestro objeto.

Por otro lado, sabemos que toda superficie, por más lisa que sea, tiene siempre cierto relieve al cual nuestro tacto es sensible. Para ello existe el canal relieve. Con él podremos especificar un bitmap que represente el nivel de porosidad o relieve de la superficie, y asignar a las zonas más oscuras de la imagen una profundidad mayor que a las claras. De esta manera, es posible, sin demasiado trabajo, realizar efectos de veteado, rajado, rayado, cuarteado, escamado, etcétera. Para tener una mejor idea, el poder del canal relieve y de todas sus configuraciones es tal, que nos permite representar muchísimos cuerpos irregulares simplemente con una textura de rellenado (color difuso) y otra de texturizado (relieve), y sin necesidad de modificar la malla del objeto ni de complicarnos agregando elementos adicionales.

Existen otros canales que se pueden aplicar a las piezas para darles realismo y, según el tipo de material, se puede llegar a un nivel en el que sea difícil distinguir entre la fotografía de la pieza real y del modelo obtenido a partir de únicamente su perfil. Sin embargo, no es nuestro objetivo abordar todas las funciones del programa, sino simplemente mostrar las posibilidades que hoy día tiene este tipo de herramientas para restaurar virtualmente un recipiente.

 

La animación de los modelos

 

Otra posibilidad que ofrecen estos programas es la de animar los recipientes para crear escenas virtuales, la cual se basa en el principio de la visión humana —cuando vemos cambiar rápidamente una serie de imágenes fijas relacionadas, nuestro cerebro las percibe como un movimiento continuo. Cada una de estas imágenes individuales se denomina “fotograma”. En la mayor parte de los fotogramas de una animación se efectúan cambios progresivos rutinarios partiendo del fotograma anterior, los cuales pueden ser en escala, posición y rotación en relación con el tiempo. Tradicionalmente, el problema principal de la creación de animaciones ha sido el esfuerzo necesario para generar grandes cantidades de fotogramas. Según la calidad de la animación, un minuto puede necesitar entre 720 y 1 800 imágenes renderizadas distintas. La creación de imágenes a mano es un trabajo muy laborioso y es aquí donde utilizamos este tipo de herramientas para observar nuestros modelos en distintas vistas e incluso colocarlas en diferentes ambientes virtuales.

Adicionalmente, comparamos esta metodología con técnicas de escaneo láser para poder comparar una técnica de registro casi manual con una automática. El equipo empleado fue un Desktop 3D Scanner Next Engine, el cual consiste en un sistema óptico de medición basado en la transmisión de luz láser, en el que la superficie de un objeto es iluminada por este tipo de luz punto por punto y el sistema mide la reflectancia, que es la capacidad de una superficie para reflejar energía electromagnética en una determinada longitud de onda. El escaneo láser provee una alta densidad de puntos adquiridos en la superficie de un objeto, un proceso que permite el registro detallado de la superficie de objetos y la reconstrucción tridimensional “lo más exacta posible” —no sólo planimétrica, sino también volumétrica—, y que se registre, con una “precisión milimétrica”, las formas y el proceso de deterioro que ha sufrido la pieza hasta la actualidad.

La técnica de escaneo láser tiene algunas ventajas sobre el método propuesto; la principal es que nos ofrece una representación “exacta” de la superficie, el decorado, y la forma del objeto en tres dimensiones. No obstante, uno de los problemas que tiene es que, en superficies muy brillantes, la luz láser se dispersa y es necesario aplicar un espray a la superficie para minimizar tal efecto, un fenómeno que también se presenta en superficies muy ásperas, donde es necesario adquirir una mayor densidad de puntos para representar la superficie adecuadamente. La figura 11 muestra la imagen del jarrón obtenida por medio del escaneo de una de sus caras —las diferencias de color que puede haber en la superficie se deben a la aplicación del espray para quitar el brillo.

Consideraciones finales

 

La metodología propuesta para modelar recipientes arqueológicos a partir de sus perfiles ofrece una alternativa de bajo costo, pues el modelado en tres dimensiones a partir de una imagen bidimensional proporciona una buena aproximación a la pieza. No obstante, el método es sólo aplicable a recipientes que se puedan modelar como sólidos de revolución, y se puede hacer con recipientes completos o desde sus fragmentos, ya que la reconstrucción virtual del recipiente es posible aun si no está completo. Las piezas faltantes pueden ser modeladas a partir de la simetría y los radios de curvatura del perfil.

El cálculo del volumen y el área permite obtener datos adicionales para conocer el uso que se le daba a los recipientes y, por medio de la reconstrucción virtual de un recipiente, es posible conocer aproximadamente la forma y el decorado, por lo que esta metodología ofrece un registro permanente de la pieza reconstruida que puede ser usado en muchas aplicaciones multimedia.

Ciertamente, la técnica de escaneo láser ofrece una representación muy detallada de la superficie y la reconstrucción de recipientes completos en tres dimensiones, sin embargo aún no está al alcance de todos. Es por ello que la metodología aquí propuesta para la reconstrucción de recipientes puede contribuir a la realización del trabajo de los profesionales de la restauración y la conservación de las piezas arqueológicas.

 
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Sólidos de revolución

 

El principio matemático de esta metodología se basa en curvas y superficies planas que giran en torno a un eje fijo formando figuras tridimensionales. En términos generales, se denomina superficie de revolución a toda figura geométrica que se forma al hacer girar una curva plana alrededor de otra fija, llamada eje de rotación. Conos, cilindros y, en sentido amplio, esferas son grandes categorías genéricas de figuras creadas por la rotación de elementos geométricos en torno a un eje fijo. Por otra parte, si una región plana se gira alrededor de un eje (x o y) en ese mismo plano, se obtiene una figura tridimensional llamada sólido de revolución generado por la región plana alrededor de lo que se conoce como eje de revolución. La representación gráfica de un sólido de revolución es generalmente la misma de la figura plana que lo generó. Este tipo de sólidos se utilizan frecuentemente en ingeniería y en procesos de producción de ejes, embudos, pilares, botellas y émbolos.
 
El volumen del sólido de revolución que se genera al hacer girar alrededor del eje y la región que está comprendida entre la curva x = f (y), con f (y) > 0, el eje y y las rectas horizontales y = a y y = b, donde 0 < a < b, está dado por la integral:
 
El área de la superficie generada al hacer girar una curva x = f (y) alrededor del eje y es:
 
 
El cálculo del área, volumen, masa y densidad de las piezas cerámicas es realizado por el software utilizando estas fórmulas con algoritmos de aproximación numérica.
     
 
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Jorge Estanislao Blancas Vázquez
Instituto de Investigaciones Antropológicas,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Es ingeniero geofísico de la Facultad de Ingeniería de la UNAM y pasante de maestría del Posgrado en Ciencias de la Tierra. Sus áreas de trabajo son las técnicas geofísicas y los sensores remotos aplicados a la arqueología.
 
Luis Alberto Barba Pingarrón
Instituto de Investigaciones Antropológicas,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Es ingeniero químico del IPN, maestro en Geología Arqueológica de la Universidad de Georgia y doctor en Antropología por la UNAM . Su línea investigación es la arqueometría con énfasis en la prospección arqueológica y el estudio de residuos químicos en materiales arqueológicos porosos.
 
Agustín Ortiz Buitrón
Instituto de Investigaciones Antropológicas,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Es arqueólogo egresado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, con estudios de doctorado en Antropología por la UNAM. Sus principales áreas de trabajo son la prospección arqueológica, los residuos químicos en pisos y los temascales.
 
Luis Felipe Barba Flores
Instituto de Investigaciones Antropológicas,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Es matemático egresado de la Facultad de Ciencias y maestro en Ciencias en Ingeniería y Ciencias de la Computación de la UNAM.
     
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como citar este artículo
 
Blancas, Jorge; Barba Luis; Ortiz Agustín y Barba Felipe. (2011). Modelado en tres dimensiones de recipientes arqueológicos a partir de sus perfiles. Ciencias 104, octubre-diciembre, 56-63. [En línea]
     

 

 

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Linda R. Manzanilla
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
El estudio de la forma de vida de las sociedades del pasado
contando solamente con las trazas materiales de sus actividades repetidas no es un trabajo sencillo. En parte como detective forense o bien como médicocirujano, el arqueólogo recoge instrumentos, desechos, materias primas, objetos semiprocesados, pero también extrae polen, recupera semillas, analiza restos óseos de fauna, estudia la distribución espacial de fragmentos de vasijas, objetos de piedra, figurillas, instrumentos de hueso, artefactos hechos de moluscos marinos, restos óseos humanos, así como isótopos y adn; en fin, recrea con datos de diversas ciencias la manera cómo se vivía en un remoto pasado.
 
En varios trabajos, siguiendo a Flannery, hemos insistido en la importancia que tiene abordar el tema de las áreas de actividad como las unidades espaciales mínimas del registro arqueológico, en donde las acciones sociales, repetidas, quedan impresas. En nuestros proyectos definimos al área de actividad como la concentración y asociación de materias primas, instrumentos, productos semiprocesados y desechos en superficies específicas o en cantidades que reflejen procesos particulares de producción, consumo, almacenamiento o desecho.
 
Más allá de la determinación de trazas de diversas actividades en el espacio doméstico inmediato de una unidad familiar, es necesario abordar el tema del tipo y la conformación de las unidades domésticas, las identidades y su materialización en el registro arqueológico, las evidencias de especialización del trabajo, los indicadores de estratificación social y las jerarquías. Un grupo doméstico está formado por los individuos que comparten el mismo espacio físico para comer, dormir, crecer, procrear, trabajar y descansar. Los tres criterios básicos que nos permiten definir este concepto son: el de residencia, el de actividades compartidas y el de parentesco.
 
Las unidades habitacionales incluyen la vivienda (con sus dormitorios, cocinas, bodegas, traspatios, sectores de desecho, áreas para recrear el ritual doméstico y el ritual funerario) y las estructuras accesorias para almacenar, preparar alimentos, criar animales domésticos, cultivar hortalizas, etcétera. En ocasiones, la unidad doméstica que ocupa un espacio definido sólo se compone de padre, madre e hijos, es decir, una familia nuclear. Pero en otras sociedades hay la posibilidad de que las familias extensas ocupen solares con varias estructuras o incluso viviendas multifamiliares con apartamentos en conjuntos circundados por un muro, como ocurre en Teotihuacan.
 
La propuesta metodológica que ofrecemos requiere una articulación estrecha de arqueólogos, físicos, químicos, biólogos, osteólogos, geofísicos, geólogos, genetistas y otros científicos, y comprende los siguientes pasos.
 
Una radiografía del sitio
 
En primer lugar, es necesario hacer una “radiografía” del sitio arqueológico para obtener un diagnóstico previo, lo cual implica una prospección geofísica y geoquímica, además de la topografía y el reconocimiento de la superficie, y que nos permite elegir convenientemente las áreas de excavación y hacer posteriormente una “cirugía” de la corteza terrestre más precisa. Luis Barba propuso una metodología de análisis de la superficie previa a la excavación en la que partimos de un análisis regional (la cartografía y la foto aérea), para llegar al sitio de estudio. Además de la aplicación sistemática de una retícula de referencia, generalmente utilizamos fotos aéreas de baja altura con el fin de detectar cambios en la vegetación y el microrrelieve, correlacionados con estructuras sepultas.
 
Posteriormente, aplicamos una “batería” de técnicas de prospección ideada por el mismo autor, que incluye el uso de magnetómetros, resistivímetros y radar de penetración terrestre, con el fin de contrastar entre sí las anomalías magnéticas, sobre todo las termorremanentes (como aquellas producidas al pasar el aparato sobre un antiguo horno de cerámica), con la resistencia que los muros de piedra sepultos ofrecen al paso de la corriente o el rebote de ondas electromagnéticas que impulsa el radar. Además, en los puntos de intersección de la retícula, sistemáticamente, no sólo se toman mediciones geofísicas, sino también topográficas y muestras geoquímicas para hacer mapas de fosfatos, carbonatos, ph y color en superficie, lo que permite tener una idea de dónde podrían estar las zonas de mayor concentración de desechos orgánicos, frente a aquellas donde se pudo trabajar la cal, por ejemplo. También se recolecta el 100% del material arqueológico de superficie en cada cuadro de un metro cuadrado. La superposición de todos estos mapas, que están referenciados a una retícula común, nos permite generar hipótesis sobre aquello que puede estar inmediatamente bajo la superficie.
 
Cirugía precisa
 
Después de la prospección geofísica, geoquímica y arqueológica del área por excavar, he propuesto una metodología sistemática en la que se privilegia la excavación extensiva de áreas habitacionales de los diversos momentos de la historia del sitio, y se establecen con precisión los niveles de ocupación y sus áreas de actividad y estructuras. Cada área de actividad constituye un paquete de información funcional, y en ellas se toman muestras de tierra para extracción de polen y fitolitos, además de la flotación para obtener macrofósiles botánicos con el fin de establecer los restos de flora; se recuperan todos los restos óseos de fauna, así como los humanos, muestras de tierra y de los pisos mismos para análisis químicos con el fin de definir actividades en aquellos pisos que no tienen información de artefactos, y muestras para las diversas técnicas de fechamiento que permiten establecer la secuencia cronológica (madera carbonizada de las áreas de actividad para datación por radiocarbono, pequeños fragmentos de vidrio volcánico para hidratación de obsidiana, y fragmentos de pisos de estuco para arqueomagnetismo, aunque hemos tomado también muestras sistemáticas de cerámica para termoluminiscencia y paleointensidades magnéticas). Además, los artefactos, materias primas y desechos permiten establecer las distribuciones de entidades funcionales dentro de los espacios techados y abiertos, una vez que nos hemos preguntado sobre las formas de abandono y los procesos posteriores que pudieron alterar los contextos.
 
El estudio químico de los pisos
 
Uno de los avances notables en la detección de actividades en sitios abandonados paulatinamente, en cuyos pisos sus ocupantes barrieron constantemente la basura, ha sido el análisis químico de esos pisos de estuco, un estudio inaugurado en México por Luis Barba, y que permite discriminar sectores funcionales, que a su vez se contrastan con las inferencias derivadas de la distribución de materiales arqueológicos.
 
Los diversos análisis
 
Los ecofactos. Por ecofactos entendemos los restos de plantas y animales que ponen en evidencia el tipo de ambiente o el uso de recursos de origen biológico realizado por las sociedades del pasado. Por ejemplo, se utilizan tres tipos de indicadores vinculados con la fauna: el polen, los fitolitos y los macrofósiles botánicos (restos de tallos, hojas, semillas, etcétera). Además, se identifican todos los restos faunísticos, no sólo en cuanto a género y especie, sino la parte del animal que está presente, si tiene huellas de corte, modificación o cocción y, por último, el mínimo número de individuos, así como los mapas de distribución en la unidad excavada, además de la división entre fauna autóctona y alóctona.
 
Artefactos y desechos. Mucho del tiempo de análisis lo dedica el arqueólogo a los fragmentos de cerámica, figurillas, obsidiana y pedernal (lítica tallada), basalto y otras rocas volcánicas y sedimentarias (lítica pulida), piedras semipreciosas (lapidaria), moluscos marinos trabajados, instrumentos de hueso, para elaborar los mapas de distribución pertinentes. Además, se estudian las huellas de manufactura a fin de entender los procesos tecnológicos, y las huellas de uso para ver la función a la cual fueron dedicados. No está de más reiterar la importancia de las asociaciones funcionales que nos dan los contextos arqueológicos excavados.
 
Más allá de la clasificación arqueológica, la descripción de atributos (color, forma, tecnología, medidas, etcétera), la elaboración de bases de datos y mapas de distribución, la tecnología del siglo xxi (activación neutrónica, difracción de rayos x, pixe, rbs y otras más) permite la determinación de elementos traza para establecer la procedencia de las materias primas, las huellas de uso y manufactura, la tecnología empleada, etcétera.
 
Residuos en fondos de vasijas. El análisis de los contenidos de las vasijas de cocción de alimentos, almacenamiento y servicio, además de piedras de molienda y raspadores, permite conocer qué recursos perecederos se consumen, cómo se preparan (en ocasiones, un indicador de identidad étnica) y qué tan balanceada es la dieta.
 
Los restos óseos humanos. Por otro lado está la información que el análisis de los restos óseos humanos proporciona. Más allá de aspectos como evaluación de sexo, edad, índices y mediciones, aun cuando las deficiencias nutricionales no necesariamente dejan evidencia en el hueso, a menudo es posible detectar en los restos óseos los efectos del tipo de alimentos que se consumían. Hay deficiencias nutricionales que están relacionadas con hipoplasias del esmalte, es decir, una serie de líneas, bandas o fosas formadas por una disminución en el grosor del esmalte, que también se pueden observar en los restos óseos. Por otro lado, la hiperostosis porótica podría estar relacionada con diversos tipos de anemia, algunas de tipo nutricional.
 
Además, los restos óseos presentan también huellas de estrés ocupacional (entesopatías) o deformaciones provocadas por movimientos continuos de la dentición o de ciertas extremidades, el transportar cargas pesadas, trabajar fibras duras, adoptar posturas inconvenientes, etcétera, muchas de ellas resultado de actividades productivas de índole doméstica —como la molienda de elementos duros— o artesanal, como el alisar fibras con la dentición. Este tipo de estudios se puede contrastar con el resultado del análisis de las actividades presentes en cada espacio familiar.
 
El estudio de los caracteres epigenéticos que se heredan nos ayuda a relacionar individuos enterrados en el mismo conjunto doméstico y contrastar esta evidencia con los análisis de adn, por ejemplo.
 
Finalmente, la evaluación integral de las características físicas, la forma de vida, las actividades y patrones de comportamiento, la salud y patrones de enfermedad, en fin, las condiciones de vida, así como los estudios paleodemográficos, permiten evaluar la población que es susceptible de ser integrada con el dato arqueológico.
 
Elementos traza y paleodietas, isótopos y migrantes. Burton y Price han establecido que el estado nutricional de los seres del pasado puede ser abordado por medio del estudio de estroncio, calcio, bario y zinc. El estroncio se presenta en cantidades elevadas en los vegetales y tiende a acumularse en los huesos de los herbívoros, mas no en los de los carnívoros debido a su dilución progresiva en la cadena alimentaria. Los cambios en la dieta —representados como acceso diferencial al recurso carne— pueden ser registrados por medio de las transformaciones en los niveles de estroncio en los huesos, y pueden estar correlacionados con diferencias en la organización económica, el estatus, el grupo étnico y las estrategias de abasto de recursos.
 
La propuesta elaborada por T. Douglas Price para evaluar posibles migrantes se basa en la comparación de la relación isotópica de estroncio 87/86 en el primer molar con los datos de un hueso como la cresta iliaca o el fémur del mismo individuo. Cuando no coinciden estas medidas se puede hablar de migrantes de una región, que comparten cierta dieta, hacia otra, en donde ésta es distinta, ya que en el diente queda plasmada y sellada la dieta de la infancia, mientras que, debido al recambio constante de estructura ósea, en el hueso queda la dieta del tiempo de la muerte.
 
Los isótopos estables permiten también determinar quién es migrante, debido a la composición isotópica diferencial del agua (oxígeno 18/16), misma que refleja las condiciones físicas y climáticas en que vivimos.
 
Los estudios de adn. Muy novedosos son en el campo de la arqueología los estudios genéticos sobre restos óseos. Por medio del adn mitocondrial se puede establecer grupos genéticamente disímbolos, así como sexamiento, progenie y parentesco.
 
El estudio de las unidades domésticas
 
El análisis de las unidades domésticas prehispánicas ha sido abordado desde diversas ópticas, pero propongo que atendamos los siguientes aspectos: las características de la vivienda, la composición de la unidad doméstica y sus actividades, las identidades y su expresión en el registro arqueológico, el grado de especialización económica, las diferencias socioeconómicas, los patrones de desigualdad social y la estratificación. Veamos.
 
La vivienda. El análisis de las viviendas debe comenzar por definir los límites, la forma y las dimensiones. Éstas tienen que ver con las funciones, las jerarquías, el tamaño de la unidad doméstica, las estrategias de reproducción y el tipo de sociedad.
 
La forma de la vivienda alude a identidades (particularmente étnicas), movilidad, segregación de funciones, tipo de familia, crecimiento de la unidad doméstica, factores ambientales y cosmología. Los materiales constructivos nos hablan de los recursos disponibles, la adecuación al ambiente, la tecnología empleada y las jerarquías. Los sistemas constructivos se relacionarían con las funciones y las jerarquías, así como con las adecuaciones al ambiente, pendiente y sismicidad. La orientación aludiría a las necesidades de iluminación, ventilación y protección contra el viento, la pendiente y el régimen de lluvias, se relacionaría con la disposición de las estructuras vecinas y, en fin, con la cosmogonía.
 
La distribución de los espacios y funciones al interior de la vivienda tiene que ver con las fuentes de iluminación, ventilación y calor; la disposición de las áreas de actividad, las separaciones de sectores por género, la estructura de la familia, la jerarquía al interior de la unidad doméstica, la organización y tipo de trabajo, y las estrategias de reproducción.
 
Los patrones de circulación refieren a funciones y a la división entre espacios más públicos (cerca del acceso, con mensajes indéxicos, es decir, el despliegue de indicadores de estatus, riqueza e identidad) versus espacios más privados, con mensajes canónicos de índole cultural. Asimismo, las fachadas tienen ornamentos que guardan mensajes indéxicos y elementos estéticos que son percibidos por “los otros”, es decir, los que se aproximan desde el exterior a esta vivienda.
 
Por último, la ubicación de la vivienda en su entorno físico requeriría un análisis de la cercanía a las fuentes de agua y los recursos, mientras que su cercanía al núcleo administrativo, político y religioso del asentamiento tendría connotaciones de jerarquía y función.
 
La composición de la familia. En cuanto a la composición de la unidad doméstica, podemos decir, siguiendo a Blanton, que la forma más común es la familia nuclear. Generalmente la observamos en casas cuadradas o rectangulares de uno o dos cuartos. Posteriormente tendríamos los añadidos que generalmente son los hijos casados, y allegados o sirvientes.
 
En 1925, Kulp distinguió entre una unidad doméstica económica (dos o más familias corresidentes con economías compartidas, es decir, una sola cocina para toda la unidad doméstica) y una unidad doméstica ritual (cada familia con su cocina, pero compartirían, por ejemplo, un altar de los ancestros). Hemos observado que los solares mayas, como los que excavamos en Cobá, Quintana Roo, para el Clásico, albergan a varias familias relacionadas del tipo “unidad ritual”, pues cada familia nuclear tenía su propia cocina pero compartían el altar de los ancestros, mientras que en los conjuntos multifamiliares teotihuacanos cada familia tenía su propia cocina y su patio ritual, mas al parecer el grupo doméstico se podía reunir a celebrar ciertas ceremonias en el patio ritual principal del conjunto, asignado a la familia de mayor jerarquía.
 
Para la familia poligínica podríamos esperar varias chozas alrededor de un espacio abierto, en las que viven el varón y sus esposas con sus hijos, pero con una segregación de áreas femeninas y masculinas en chozas diversas.
 
Las identidades. Es un campo relativamente nuevo en la arqueología, y siento que es posible abordarlo desde varias escalas y perspectivas. Las escalas van del individuo a la familia, el grupo doméstico, el barrio o enclave, hasta la comunidad. Las perspectivas comprenden el género, el grupo de edad, el grupo étnico y el oficio.
 
Un primer punto para hablar de identidades es centrar este tema en la escala del individuo. La identidad personal se manifiesta en atavíos, tocados, pintura corporal y facial, es decir, en la cultura indumentaria. En el trabajo arqueológico, a falta de conservación de muchos de estos elementos, tendremos que depender del análisis de las figurillas, la pintura mural, los instrumentos y elementos que acompañan a los entierros, y de prácticas culturales como la deformación craneana, la mutilación dentaria y el uso de cinabrio.
 
Asimismo, es posible abordar las actividades como un medio para entender las identidades; por ejemplo, la dicotomía más común es la de las actividades femeninas y masculinas, la cual llega a diferenciar sectores al interior de la vivienda.
 
Las identidades étnicas han sido abordadas desde diversas perspectivas. A mi parecer, se reconocen en los siguientes rasgos: a) las viviendas, en cuanto a la forma, los materiales constructivos, los patrones de decoración y los elementos que están relacionados con la estructura familiar; b) la manera de preparar la comida. El análisis de los residuos químicos dentro de las vasijas, así como de los restos faunísticos y florísticos, permite determinar qué se estaba preparando y cómo. Los ingredientes principales, las especies vegetales y animales, y la forma de preparación son parte de la cultura culinaria; c) el ritual funerario. Se toma en cuenta la forma y el tipo de tumba, las técnicas y el tratamiento del cuerpo, los objetos que acompañan al individuo o individuos, la posición y orientación, es decir, la cultura funeraria; d) el ritual doméstico. Hay que considerar el instrumental, el procedimiento, el lugar, los íconos y los actores, como lo señala Marcus; y e) la indumentaria, el adorno personal, los tocados y la pintura corporal, que son marcadores de identidad.
 
El grado de especialización económica. Sin duda, el tema del grado de especialización económica en las unidades domésticas es de gran relevancia para entender la división del trabajo en tales sociedades. En su estudio clásico sobre las sociedades formativas del Valle de Oaxaca, Flannery y Winter señalaron que por medio de la comparación de los artefactos, desechos y productos de diversas casas en sitios distintos se podían establecer: las actividades universales —realizadas en todos los sitios por la mayor parte de las familias—, las actividades sólo presentes en ciertos sitios y las actividades únicas. Dicha perspectiva requiere un abanico amplio de casas procedentes de sitios contemporáneos para comparar el repertorio de actividades.
 
Desde la misma perspectiva, Costin ha desarrollado una metodología para evaluar la especialización, la identificación de los sistemas productivos, la organización espacial de la producción y la división del trabajo en el ámbito doméstico, en donde, señala que, en particular, hay que abordar el contexto, la concentración, la escala y la intensidad de la producción.
 
En un trabajo posterior, Costin ofrece una aproximación más compleja al problema al abordar el contexto y la organización de la producción de artesanías, tocando varios temas: a) los que producen, es decir, su identidad social (género, clase, procedencia, etnicidad y estatus legal), para después abordar el grado de especialización, la intensidad del trabajo (es decir la cantidad de tiempo invertida en la producción de las artesanías), la naturaleza de las compensaciones (las relaciones entre productor y consumidor), la destreza del productor y los principios de reclutamiento de los trabajadores; b) los medios de producción: las materias primas (y los patrones de explotación de recursos), las herramientas (con su huella de uso) y los conocimientos técnicos en cuanto a elecciones de tecnología de manufactura (la complejidad, la eficiencia, la cantidad de bienes producidos, el control y la variabilidad), y las funciones previstas para los bienes producidos. En esta línea de ideas, Rice estableció los siguientes indicadores de producción de cerámica especializada: respecto de los productos, observó una creciente estandarización, resultado de la producción masiva, una homogeneidad en las formas, el uso de moldes y la existencia de marcas de alfarero; y en cuanto a las áreas de producción, detectó concentraciones de herramientas usadas en la manufactura (por ejemplo, moldes), agrupaciones de materias primas, y de vasijas mal cocidas o rotas; c) los principios organizadores: patrones temporales (producción diaria o estacional, de tiempo parcial o de tiempo completo), y patrones espaciales o sociales (la organización del trabajo, la concentración o dispersión de las actividades de manufactura, el contexto sociopolítico en que la producción tiene lugar), así como la distribución y el control; d) los objetos, es decir, el uso de los productos artesanales (si se trata de objetos utilitarios o bienes de prestigio), el grado de restricción en su uso, y qué cantidad de bienes estaban siendo utilizados; e) los principios y mecanismos de distribución; y f) los consumidores.
 
¿Cómo detectamos quién es un artesano especializado en el escenario doméstico? A nivel individual, es posible analizar al individuo en tanto que esqueleto para estudiar las marcas de estrés ocupacional, pero también los instrumentos que acompañan a los entierros particulares. En los productos mismos podemos ver, para el caso de la cerámica, los dermatoglifos (huellas digitales) que a menudo quedan impresos en la cerámica enrollada o alisada, o las marcas con las que los alfareros distinguen su producción.
 
En relación con la vivienda, podríamos ubicar los lugares donde ocurre la producción, analizando los desechos, los instrumentos, los desgastes y los compuestos químicos. Respecto de la pregunta de qué tanto se está produciendo, podríamos atender el volumen de desechos particulares en los basureros, así como evaluar los productos en los almacenes. En cuanto al tiempo que se dedica a la producción, el tamaño de la unidad doméstica y el rango de las actividades presentes en el espacio doméstico nos podrían dar un indicio.
 
A nivel de barrio, podríamos comparar el repertorio de actividades en cada casa excavada de un sector particular y ver si se están repitiendo las actividades. Además la concentración de áreas especializadas de producción (hornos de cerámica, por ejemplo), así como los almacenes en el barrio, nos podrían ayudar a detectar la rama de la producción en que el barrio está especializado, y contrastaríamos esto con los indicadores de identidad, particularmente en el ámbito de la etnicidad.
 
En lo que respecta a la especialización a nivel comunal, ya Sanders había sugerido un modelo de “simbiosis económica” para las comunidades del Formativo tardío en la Cuenca de México, en donde cierta comunidad se especializaba en la producción de algo, y otra en algún producto diverso, y luego lo llevaban a un centro de distribución. Flannery y Winter aluden a procesos semejantes para el Formativo del Valle de Oaxaca. Es obvio que requerimos hallar instrumentos y desechos similares en varias casas de un mismo asentamiento para poder aseverar que los habitantes se están especializando en una producción determinada y establecer la diferencia con la producción de otros sitios. Además, la relación de desechos con los instrumentos, con los productos terminados en la comunidad, nos puede dar una idea de qué tantos habitantes estaban implicados en estas actividades especializadas.
 
Las diferencias socioeconómicas. En las sociedades del pasado, los indicadores de jerarquía social pueden estar ubicados en el acceso diferencial a recursos básicos de subsistencia o a bienes suntuarios. En ocasiones, como sucede en Teotihuacan, observamos múltiples dimensiones jerárquicas que se basan, primero, en los conjuntos multifamiliares teotihuacanos, en donde una familia es la principal (tiene el patio ritual más amplio y el acceso a bienes de otras regiones) y las demás son de segundo nivel.
 
Proponemos, entonces, abordar los siguientes indicadores: 1) en cuanto a la arquitectura doméstica, ver el tamaño total, además de las dimensiones de los patios rituales de cada familia y sus dormitorios, describir los materiales constructivos (y evaluar su accesibilidad y calidad), constatar la presencia o ausencia de pintura mural, almenas, estelas, etcétera, ubicar dicho conjunto en el sitio (distancia al núcleo cívico-administrativo-ceremonial), observar la complejidad de la planta y qué actividades particulares están presentes, y evaluar la capacidad de almacenamiento y acceso al agua potable; 2) respecto del consumo de alimentos, ver no sólo los elementos traza para la determinación de la paleodieta y las marcas de estrés en el crecimiento, sino la identificación, determinación de hábitats y tecnología de apropiación y procesamiento de fauna y flora presentes; 3) obviamente, los objetos que acompañan a los entierros nos podrían dar un indicio de la apropiación de materias primas y productos alóctonos; y 4) el análisis de los atavíos en figurillas, escultura, estelas y representaciones pictóricas también permiten discriminar identidades individuales y su relación con atavíos y bienes portados.
 
Conclusiones
 
En el siglo xxi, disciplinas tan complejas como la arqueología requieren puentes de conexión con ciencias duras (tanto naturales como exactas) con el fin de fundamentar científicamente las conclusiones sobre el estudio de sitios, materiales, desechos y personas del pasado. El establecimiento de grupos interdisciplinarios en constante comunicación tiene recompensas amplias cuando se trata de armar el magno rompecabezas que implica entender el pasado de la humanidad.
 
Estos grupos observan los datos provenientes de la prospección, la excavación y el análisis desde diversas ópticas, pero el gran potencial yace en el establecimiento de seminarios de carácter interdisciplinario donde se viertan sobre la mesa las diversas interpretaciones de los fenómenos observados. El pasado deja de ser así una mera fuente de anécdotas para convertirse en un marco de referencia para entender nuestro presente.
 
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Análisis en un centro de un barrio multiétnico en Teotihuacan
El proyecto interdisciplinario “Teotihuacan: Elite y gobierno. Excavaciones en Xalla y Teopancazco” que dirijo ha estado encaminado a utilizar la metodología rigurosa e interdisciplinaria ya implementada con éxito por nuestro equipo en un conjunto multifamiliar teotihuacano (Oztoyahualco 15B:N6W3) durante la década de los ochentas, y se propone dos objetivos principales: por un lado, conocer la forma de vida de la elite teotihuacana por medio del estudio de las actividades en sus moradas, lo cual incluye: a) cómo vivía la elite; b) qué actividades se representan en sus residencias; c) cuál era su dieta; d) a qué recursos tenía acceso; e) cuánta gente habitaba en dichos conjuntos; y f) a qué grupo étnico pertenecían. Y por el otro, determinar en manos de quién estaba el gobierno de la ciudad.
 
Con este proyecto, iniciado en 1997, se proponía comparar dos conjuntos de diferente jerarquía —Teopancazco y Xalla— en cuanto a la forma de vida de las elites intermedias y las elites gobernantes. Originalmente partimos del supuesto de que Teopancazco era un conjunto residencial, hecho que cambiódrásticamente debido a la integración de datos de diversas disciplinas, así como a la comparación del comportamiento funcional de los espacios arquitectónicos con conjuntos habitacionales multifamiliares, como Oztoyahualco 15B:N6W3, ya excavados por nosotros, y otros centros de barrio como La Ventilla 9294, excavados por el inah. La estrategia que elegí para ambos sitios —Teopancazco y Xalla— fue la excavación extensiva, con la detección de áreas de actividad, y la toma de muestras sistemáticas de polen, fitolitos, flotación y química sobre cada metro cuadrado de piso; además, de cada área de actividad (asociación de materias primas, desechos e instrumentos y objetos semiprocesados) se tomaron muestras enunciadas anteriormente, además de las que proporcionan un fechamiento absoluto o semiabsoluto (hidratación de obsidiana, radiocarbono, arqueomagnetismo, paleointensidades magnéticas).
 
Durante 13 temporadas de campo (de 1997 a 2005) se fueron despejando diversos sectores de Teopancazco. En algunos sitios, como el sector suroeste, el primero abordado, sólo se detectaron dos niveles superpuestos. Su techumbre fue hecha de madera originalmente cortada en el periodo Tlamimilolpa (200350 d.C.), utilizada durante el periodo Xolalpan (350550 d.C.) y quemada durante el incendio aproximadamente contemporáneo al gran fuego que afectó el núcleo de Teotihuacan (ca.ca. 420550 d.C.), abajo, el Xolalpan temprano (ca. 350420 d.C.), y en el fondo el periodo Tlamimilolpa (200350 d.C.) y quizás una primera ocupación del periodo Miccaotli (150200 d.C.). 550560 d.C.). En otros, como el sector noreste, pudimos delimitar por lo menos cuatro niveles arquitectónicos superpuestos: el más tardío de época Metepec (550650 d.C.), el siguiente, Xolalpan tardío (550-650 d.C.), el siguiente, Xolalpan tardío (ca. 420-550 d.C.), abajo, el Xolalpan temprano (ca. 350-420 d.C.), y en el fondo el periodo Tlamimilolpa (200-350 d.C.) y quizás una primera ocupación del periodo Miccaotli (150-20 d.C.).
 
De una sospecha de que Teopancazco era un conjunto residencial de gente teotihuacana de clase alta hemos pasado a considerar este conjunto como un centro de barrio multiétnico del sector sureste de la antigua ciudad de Teotihuacan, dedicado, entre otras cosas, a la elaboración de los atavíos de la elite intermedia que regía el barrio y con fuertes vínculos con la costa del Golfo de México. Se vislumbró así la excepcionalidad de este sitio debido a que cuenta con la mayor variedad de peces de las lagunas costeras del Golfo y moluscos marinos de todas las costas de México, además de población foránea procedente quizás del corredor de sitios teotihuacanos que se dirigen hacia Nautla.
 
Sin ser un barrio foráneo (como el Barrio de los comerciantes o el Barrio oaxaqueño, ubicados en la periferia de la ciudad), Teopancazco ha evidenciado una variedad y cantidad de elementos procedentes de la costa del Golfo que eran canalizados a una manufactura muy especializada y singular: la elaboración de trajes y tocados para sacerdotes y militares, es decir, la elite intermedia del barrio, similares a los que se representan en los famosos murales del sitio. Hemos hallado una diversidad y profusión de instrumentos de hueso (agujas estandarizadas para bordar, coser y unir telas, leznas para hacer agujeros, retocadores), botones de concha y cerámica, así como pintaderas para telas, todos ellos concentrados en dos sectores del conjunto, junto con restos de animales que proveyeron plumas, piel y placas para ser bordadas o cosidas en las telas de algodón que, junto con cerámica y varios tipos de animales, venían de Veracruz.
 
Varias especies de aves, particularmente cardenales, una garza de la costa del Golfo, un pato, una gallareta, una codorniz, un halcón, un águila, un águila pescadora, un búho, un zopilote y un guajolote, pudieron proveer plumas para atavíos y tocados. Especies de moluscos marinos tanto del Golfo de México, como del Pacífico y del Caribe fueron trabajados y utilizados en el conjunto de Teopancazco para ser engarzados en los trajes. Asimismo, hay placas de tortugas, armadillo y cocodrilo, y pinzas de cangrejos que pudieron formar parte de los trajes, además de múltiples ejemplares de peces de las lagunas costeras (huachinango, pez bobo, jurel, pez loro, robalo, mojarra común y plateada, tiburón, ronco), que fueron consumidos y cuyos huesos los adornaron.
 
Cráneos de comadreja, cánidos y otros mamíferos de Teopancazco muestran trazas de haber sido cortados en su parte facial, quizás para ser engarzados en los tocados, así como se oberva en los portados por los personajes del famoso mural. Según George Kubler, las estrellas de mar y las conchas evocan al océano, y son adjetivales en las representaciones; es probable, pues, que los trajes que se estaban confeccionando aludían a sacerdotespersonajes que tenían que ver con el uso de recursos marinos, como los peces, cangrejos, tortugas, cocodrilos y aves que hemos mencionado.
 
Tenemos la sospecha que la “casa” de la nobleza intermedia de Teotihuacan que estaba a la cabeza del barrio de Teopancazco tenía mano de obra masculina,quizás de Tlaxcala y Puebla, trabajando para sí en la elaboración de los trajes, un hecho sugerido por los entierros del sector de la sastrería, que son todos masculinos, migrantes y tienen agujas como ajuar funerario.
 
Algunas elites intermedias que estaban a la cabeza de los centros de barrio podrían haber constituido puentes importantes con la administración de la ciudad, y es probable que para ello utilizaran sellos de estampa con iconografía como la del dios de las Tormentas (deidad estatal de Teotihuacan) y la flor de cuatro pétalos (posible glifo de la ciudad), aunque sugerimos que tuvieron suficiente libertad para auspiciar caravanas de flujo de bienes suntuarios hacia zonas como la costa del Golfo. Los centros de barrio parecen haber controlado la mano de obra multiétnica por medio de contadores personales de cada trabajador, que quizás eran trocados por raciones de tortillas en las cocinas alineadas en la periferia norte del conjunto.
 
Además de la manufactura de trajes para la elite, hay evidencias del procesamiento de cueros y pieles, el laqueado de cerámica, la policromía de cerámica y murales, el uso de cosméticos.
 
Gracias al análisis minucioso de los restos óseos de 117 entierros formales del centro de barrio de Teopancazco y de múltiples cajas de huesos humanos procesados (con huellas de corte, asado, hervido, etcétera) emerge una visión nueva del uso de los huesos humanos en parte para la manufactura de instrumentos óseos. De los entierros formales hemos interpretado la existencia de varias prácticas funerarias en Teopancazco, hecho que remite a la presencia de diversos grupos étnicos. Además de los análisis isotópicos sobre estos restos (isótopos de estroncio 87/86 e isótopos estables) los especialistas han evidenciado la procedencia foránea de varios individuos. Actualmente también estamos abordando el estudio de adn
antiguo en estos restos.
     
Referencias bibliográficas
 
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Manzanilla, Linda R. 1986. “Introducción”, en Unidades habitacionales mesoamericanas y sus áreas de actividad, L. Manzanilla (ed.). Arqueología, Serie Antropológica 76. Instituto de Investigaciones Antropológicas, unam, México, pp. 918.
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Linda R. Manzanilla
Instituto de Investigaciones Antropológicas,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la unam, profesora de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, miembro de El Colegio Nacional, de la Junta Directiva de la UAM y  del Sistema Nacional de Investigadores Nivel III.
 
 
 
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como citar este artículo
Manzanilla, Linda R. (2011). Las ciencias y la arqueología. Ciencias 104, octubre-diciembre, 40-51. [En línea]
     
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Eberto Novelo, Rosaluz Tavera y Guadalupe Vidal
     
               
               
Las zonas arqueológicas de México son uno de los mayores orgullos de los habitantes de este país, y prácticamente en todo el territorio nacional existen restos arquitectónicos y objetos de las culturas prehispánicas. Su conservación no es responsabilidad solamente de las instancias gubernamentales, sino de todos los que se interesen por el conocimiento y la preservación de una cultura nacional. La conservación de objetos, desde monolitos hasta pequeñas figuras de barro, es relativamente viable, ya sea por su aislamiento o por el control de la interacción del objeto con el ambiente, y generalmente se puede recurrir a réplicas que permiten guardar el objeto original para evitar su deterioro. No obstante, el caso de los monumentos y espacios arquitectónicos es mucho más complejo, pues todos están en armonía con el entorno geográfico, paisajístico y ambien tal. La conservación de esas estructuras obliga a la concurrencia de diferentes aproximaciones y visiones sobre lo que es importante y necesario conservar, restaurar o mantener en las condiciones en las que fueron encontradas. Cada sitio arqueológico es un reto sobre este asunto; por ejemplo, las medidas de conservación en las zonas semiáridas del centro y norte del país son muy diferentes de aquellas con influencia marina o las húmedas tropicales. Cada clima y entorno ambiental le confiere a los monumentos una dinámica muy diferente en cuanto a la intemperización, la relación con la flora y la fauna que habitan en ellas e incluso la interacción con los visitantes. Las diferencias en los materiales de construcción también son una condicionante sobre los métodos y aproximaciones para la conservación.

En general, una zona arqueológica es abierta al público después de que los especialistas han descubierto, restaurado y reconstruido algunos de los edificios importantes. Posteriormente, corresponde a los conservadores mantener las mejores condiciones para los edificios, tratando de evitar cualquier alteración en su apariencia o en su estructura. La limpieza de malezas, de la fauna invasora y el cuidado de la estabilidad estructural son permanentes. Cuando los seres vivos son los agentes principales de las alteraciones se dice que existe un biodeterioro. Este concepto incluye las deyecciones de murciélagos y aves, el crecimiento de plantas, la invasión de todo tipo de animales, etcétera. En las zonas secas, los líquenes y plantas pequeñas son abundantes sobre los edificios, por lo que contrastan con las zonas húmedas, en donde los musgos, las hepáticas, las algas y las bacterias son los organismos abundantes. Esta presencia tan evidente de los microorganismos ha llamado la atención de múltiples investigadores y existe una profusa literatura sobre las afectaciones al sustrato. Las bacterias son los agentes más activos en la alteración de sustratos duros (mármol, rocas ígneas), mientras que los musgos y las plantas pequeñas son las responsables de afectaciones muy acentuadas en las rocas suaves (especialmente calcáreas).

El biodeterioro, visto bajo esta perspectiva, es un concepto muy amplio que hace énfasis en los cambios estructurales del monumento, tanto físicos como químicos, debidos a la presencia y la actividad de seres vivos que se desarrollan sobre el mismo. Cada organismo produce una alteración particular, pero, como en todo sistema ecológico, interacciona con otros organismos y se producen relaciones complejas con el sustrato. Así que los actores responsables del biodeterioro no pueden ser considerados como elementos aislados, son parte de un complejo que favorece o acelera el deterioro. Cada actor tiene un papel múltiple y las relaciones con el sustrato dependen de cuántos y cuáles están participando.

En los ambientes tropicales húmedos tenemos condiciones que favorecen el crecimiento de muchos tipos de organismos y, en particular, de las algas, que son especialmente activas por su desarrollo rápido y constante. La humedad relativa alta, las temperaturas elevadas y la insolación constante durante todo el año son condiciones propicias para un desarrollo masivo de algas, sobre todo en ambientes subaéreos, es decir, aquellos ambientes que están en contacto con el aire. Por ello, donde la humedad relativa es constante, el crecimiento de algas sobre los monumentos arqueológicos es muy evidente. En zonas como Calakmul o Chichén Itzá, en las que existe un aporte de humedad proveniente de la costa, las algas también crecen abundantemente, pero su desarrollo alcanza su óptimo en el periodo de lluvias. En cambio, en Chiapas, con una humedad relativa promedio anual mayor de 50% y una precipitación promedio anual de más de 2 000 milímetros, prácticamente no existe una época de sequía para las algas. Además, consideremos que el entorno vegetal propicia un aporte constante de humedad a la atmósfera.

Las construcciones mayas de esta zona fueron hechas con piedra calcárea, que ofrece un sustrato alcalino, una condición favorable para muchas especies de algas que rápidamente cubren las superficies expuestas y colonizan poco a poco otras con microambientes menos favorables. El resultado es un mosaico multicolor sobre los muros, que incluye varias tonalidades de verde, desde amarillento hasta olivo parduzco, tonos naranjas y pardos y, finalmente, negros y grisáceos. Como las algas mantienen una humedad constante, se establecen musgos y hepáticas que introducen tonalidades de verde brillante al mosaico. La textura que tienen esas algas al tacto incluye céspedes cortos, terciopelos, películas duras como cuero o tersas y flexibles y, por último, una gama de mucílagos (acuosos, pastosos, duros y gelatinosos).

Para un ficólogo, este panorama biológico es muy atractivo para su estudio y análisis, pero para el público visitante de las zonas arqueológicas y, sobre todo, para los encargados de la conservación y mantenimiento de los edificios, son un serio problema, principalmente estético, pues forman manchas sobre los muros, que pueden considerarse como signo de abandono y descuido, especialmente cuando se trata de esas grandes manchas negras que ocultan la superficie de los monumentos. Los términos utilizados para nombrar esas manchas son tintenstrich, black algae y biofilm o biopelícula. El primero es un término popular en Europa central, utilizado cada vez más frecuentemente en la literatura científica sobre algas subaéreas, y que hace referencia a las manchas obscuras sobre rocas (generalmente blancas de dolomita o calcáreas) que parecen derrames de tinta; los investigadores de habla inglesa se han referido al mismo tipo de algas como black algae. También se utiliza biofilm o biopelícula, que se refiere al crecimiento en el cual la matriz mucilaginosa de las algas y las bacterias es el soporte principal de toda la comunidad. En realidad, bajo estos nombres se reúne a comunidades complejas compuestas por algas, hongos, protozoarios y bacterias que están estrechamente ligadas a las zonas de escurrimientos de agua sobre la roca o los muros de edificios.

Las algas presentes en las zonas arqueológicas mayas de Chiapas son principalmente cianoprocariontes, en segundo lugar están las clorofitas y hay sólo algunas diatomeas. Las Cyanoprokaryota incluyen grupos unicelulares, coloniales y filamentosos, las Chlorophyta son principalmente filamentosas y la más conspicua de todas, Trentepohlia aurea, cubre los muros con manchas, céspedes o terciopelos anaranjados; las diatomeas sólo aparecen ocasionalmente y en poblaciones muy reducidas. Para confirmar que un crecimiento está formado por algas es necesario observarlo bajo el microscopio con varios aumentos y para identificar las especies se requiere procedimientos particulares a cada grupo.

En general, la primera condición para su estudio es cultivar las algas con el fin de forzar la producción de estructuras reproductoras y registrar la variación morfológica poblacional; además, con esos cultivos se puede obtener suficiente adn para los análisis genéticos utilizados en las comparaciones filogenéticas requeridas para la certificación específica. Sin embargo, las algas no son fáciles de cultivar, y como en el caso de muchos microorganismos, no conocemos los requerimientos nutricionales o ambientales que favorecen el desarrollo vegetativo o reproductivo, y cada especie requiere tratamiento especial. La extrapolación de las condiciones ambientales para el cultivo no siempre da resultados positivos, pues generalmente se parte de la consideración de que se desarrollan en condiciones óptimas y no suele ser así. La falta de conocimiento de estas algas nos lleva a interpretaciones sobre su capacidad de resistencia y sobrevivencia que pueden no ser acertadas. En este sentido, la ecología de las algas epilíticas es un tema todavía en desarrollo y sin un cuerpo teórico estable para una aproximación equivalente a la que existe en el caso de las algas acuáticas, especialmente las planctónicas.

Suponemos que las condiciones ambientales generales son un buen punto de partida para tratar de entender las algas epilíticas, así que consideramos que factores como la luz, la temperatura, la presión osmótica, la desecación y las respuestas reproductivas pueden ayudarnos a explicar cómo es que las algas sobreviven, por qué la distribución es en parches, cómo mantienen una población activa durante periodos relativamente largos, etcétera. A cada uno de estos factores las algas epilíticas responden de forma distinta, en especial en la zona tropical húmeda.

 

La intensidad de la radiación luminosa

 

Como con cualquier organismo fotosintético, la luz es el factor primordial a considerar. Fuera del agua, el efecto de atenuación o filtrado es mucho menor y puede convertirse en un factor adverso para las algas, en especial en las zonas tropicales y ecuatoriales. Un exceso de radiación luminosa afecta al sistema fotosintético y, en condiciones protegidas, en fisuras o dentro de rocas, aunque la situación es inversa, también se afecta el crecimiento celular, ya que el material del sustrato filtra (si es translúcido) o elimina (si es opaco) la luz a poca profundidad —en sólo unos cuantos micrómetros, la calidad y cantidad de luz pueden ser totalmente diferentes. Las respuestas a tales condiciones que han sido documentadas son las siguientes: a) las adaptaciones cromáticas en los sistemas fotosintéticos, por ejemplo, por la variación en la cantidad de pigmentos accesorios, especialmente carotenos, que disipan la energía en forma de calor y eliminan el oxígeno inestable producto de la sobreexcitación de la clorofila; b) la presencia de sustancias de reserva coloreadas que filtran la luz (principalmente aceites); c) la síntetisis de moléculas contra el estrés, como la proteína psbs asociada al fotosistema ii o los aminoácidos tipo micosporina (maas), que actúan como filtros de los rayos ultravioleta; d) la presencia de moléculas opacas en la pared celular y sus derivados (vainas o tecas), de las cuales la más famosa es la scytonemina, pero también están presentes agregados minerales (fierro, carbonatos, etcétera); y e) las modificaciones de la pared celular, con una distribución especial de las fibras de celulosa o sus componentes, de modo que difractan o redireccionan los rayos luminosos.

 

Temperatura, presión osmótica y desecación

 

La insolación se acompaña además de un aumento en la temperatura y, dependiendo de la situación geográfica, los cambios diarios pueden ser verdaderamente drásticos —en los casos extremos tendremos además una evaporación muy rápida del agua, que eleva la temperatura intracelular y puede desnaturalizar las proteínas y los ácidos nucléicos, desintegrar membranas y romper organelos. Los sustratos transfieren el calor de manera diferencial según su constitución y agregación, en las rocas se asocia a la textura, el color, la composición química, la dureza, el origen y el ángulo de exposición. Los efectos directos de los cambios térmicos fuera de los límites de resistencia de las algas se traducen en una muerte celular casi inmediata por evaporación del agua y lisis. En tal caso las respuestas de las algas a los cambios drásticos en la temperatura son: a) la síntesis de proteínas de choque térmico (hsp o Heat Shock Proteins) que, aunque están presentes en casi todos los organismos, su expresión y síntesis varía en cada especie; y b) la formación de vainas densas que previenen la desecación rápida o el rompimiento de las membranas celulares por los cambios osmóticos derivados de la evaporación.

Un efecto inmediato de las altas temperaturas es el incremento en la concentración de solutos en el exterior de la célula. El aumento en la presión osmótica favorece una mayor densidad en el citoplasma y la crenación celular por el desplazamiento de agua hacia afuera. En el sentido inverso, la célula se plasmolisa por el exceso de agua interna. La respuesta de las algas apunta en dos sentidos: a) la formación de paredes celulares gruesas y vainas densas; y b) la síntesis de aceites que equilibran la presión diferencialmente y en relación directa con el tamaño de las vacuolas que los contienen.

Relacionada también con la temperatura está la desecación. En el caso de temperaturas altas y en las zonas donde la humedad relativa va de moderada a baja, una desecación rápida (tanto por altas como por bajas temperaturas) significa la muerte celular. La respuesta de las algas a estas situaciones consiste en: a) la síntesis de proteínas contra el estrés, incluso algunas proteínas de shock térmico actúan también como protectoras de pérdida de agua, mientras azúcares como la sucrosa y la trehalosa previenen la desnaturalización de las proteínas, remplazando el agua que rodea a las macromoléculas; b) en el caso de humedad baja se producen aceites, paredes gruesas y vainas amplias y densas, mientras en la alta la respuesta es la formación de vainas amplias y acuosas que moderan la presión resultante; y c) otras respuestas se relacionan con la reproducción.

 

Biología reproductiva y crecimiento poblacional

 

Cada grupo de algas tiene particularidades en su reproducción, pero la formación de comunidades relativamente estables (biopelículas, tapetes, etcétera) crea las condiciones adecuadas para que la multiplicación se mantenga durante más tiempo que si los crecimientos fueran unialgales o si las células estuvieran aisladas. Un crecimiento mucilaginoso permite el desarrollo de muchas otras especies que aprovechan la accesibilidad al agua, ya sea por contacto o incorporación al mucílago y cada una aporta elementos que ayudan a la resistencia global de los cambios; por ejemplo, si la trama está formada principalmente por filamentos de Scytonema, una buena filtradora de rayos uv, el desarrollo de otras algas dentro de ella aumenta, y el aporte de aceites después de la muerte de algunas células cambia la densidad, la composición y la respuesta a las condiciones ambientales, por lo que las tramas algales resultantes y el intercambio de agua por los cambios en la densidad de los mucílagos participantes puede ser tan estrecho que resulta obvio pensar en una simbiosis mutualista —el concepto de competencia ecológica es difícil de aplicar en estas situaciones.

Una respuesta en condiciones subaéreas es la variación en las etapas de ciclos de vida o la presencia de estadios unicelulares agregados, los cuales son resultado de una interacción constante de los individuos, pues existen infoquímicos que les permiten incrementar su tasa de reproducción —esta comunicación entre células se conoce como percepción de quórum (quorum sensing en la literatura) y permite a las células detectar la densidad poblacional mínima que modifica la utilización de los recursos, estimulando el metabolismo en una u otra dirección.

Un caso que hemos documentado recientemente es el de Trentepohlia aurea, que vive en los monumentos mayas. El ciclo de vida y el desarrollo general de los talos ha sido ampliamente documentado por autores como Chapman, Thompson, Islam, López Bautista y Rindi, entre otros, quienes mencionan que se trata de una alternancia de generaciones con presencia de gametos biflagelados y zoosporas tetraflageladas. En Chiapas, en los muros con mayor insolación y una humedad relativa menor que en otros muros no expuestos al Sol encontramos áreas rosadas, sin crecimientos visibles de algas. Todas las muestras de tales áreas están compuestas de unicélulas esféricas o casi esféricas con las características de Trentepohlia (que es un filamento), y los cultivos han demostrado que realmente se trata de la misma especie que forma agrupaciones muy densas sobre las microfisuras del sustrato, sin perforarlo, y que forma aplanosporas (esporas no móviles, sin flagelos). En las muestras recolectadas y en los cultivos no hemos encontrado ninguna de las células flageladas (zoides) mencionadas por otros autores, pero en todas ellas aparecen los gametangios y los esporangios vacíos, lo cual significa una variante en las etapas de desarrollo del ciclo de vida con una fase unicelular y una vía alterna que favorece la dispersión lenta, y que posiblemente existe una percepción de quórum muy alta que permite el desarrollo facultativo de las formas filamentosas o las unicelulares. En nuestra opinión, es una adaptación a la condición de alta insolación, humedad relativa y lluvias frecuentes de la región.

En condiciones extremas pero constantes, las especies responden limitando la multiplicación (reproducción asexual) y redirigiendo el gasto energético hacia la formación de estructuras reproductivas sexuales, en particular si el cambio es gradual. En el caso de poblaciones que viven en sitios donde los cambios son drásticos durante el día, la reproducción tiende a realizarse en condiciones estacionales más estables (época de lluvias, veranos largos). La formación de cigotos con paredes gruesas, resistentes a las condiciones adversas y con periodos de latencia prolongados es frecuente en todos los grupos con reproducción sexual de condición aerofítica y las respuestas reproductivas también están asociadas a la formación de estructuras de perennación (acinetos, cigosporas, hormogonios, esporulación en todas sus formas, etcétera). Es de notar que la respuesta reproductiva de las algas epilíticas es contraria a la de las algas acuáticas: las condiciones cambiantes de temperatura inducen la formación de estructuras reproductivas sexuales.

De todo lo anterior queda esbozado que las respuestas fisiológicas de las algas subaéreas pueden ser utilizadas como elementos a considerar en su ubicación taxonómica y que se justifica el argumento de una correspondencia entre las especies algales y las condiciones ambientales donde viven; por ello, la consideración de ubicuidad o de cosmopolitismo ambiental de las algas debe ser analizada muy críticamente.

Crecimientos masivos como comunidades

 

Las aportaciones de la limnología a la teoría ecológica han sido ampliamente reconocidas por los especialistas en ambientes acuáticos. Existe un cuerpo de conocimientos estructurado para explicar la dinámica de las comunidades y las poblaciones acuáticas, en especial del fitoplancton, así como herramientas teóricas que explican bastante bien el comportamiento de las comunidades planctónicas y bentónicas a partir de elementos abióticos de todo tipo, y las correlaciones y explicaciones poseen un grado de certidumbre tal, que permiten hacer predicciones relacionadas con el manejo de los ecosistemas y su manipulación posterior. Pero en las condiciones subaéreas, la situación es diferente. ¿Toda superficie cubierta que a simple vista parece homogénea es una comunidad?, ¿cuáles son las condiciones abióticas que explican la presencia de un crecimiento en un punto?, ¿y cuáles las influencias del macroclima y el microclima en tales condiciones? Algunas respuestas a estas preguntas apenas empiezan a surgir: a) son comunidades multiespecíficas, no importa que tan extremo sea el ecosistema; b) que tienen unas cuantas especies dominantes (no necesariamente las que se aprecian a simple vista); c) el espacio físico ocupado no es fijo durante un ciclo anual y no existen límites precisos (relacionados con la composición específica) entre los parches que se forman en áreas relativamente grandes; d) la composición específica es recurrente en áreas amplias y a largo plazo (en nuestro caso, lluvias o secas), aunque las especies no aparecen en el mismo lugar si en un radio de algunos centímetros más y siempre en la misma estación; e) las relaciones con el sustrato generalmente son intrusivas, aunque no por actividad metabólica directa; las algas ocupan cualquier espacio en el que la luz y el agua estén accesibles, y la disolución del sustrato sólo se ha documentado claramente en algas acuáticas.

En las condiciones epilíticas subaéreas tenemos diferencias en composición, tanto en lo horizontal como en lo vertical de un centímetro a otro. Los parches de crecimientos pueden parecer discretos, pero en realidad están tan entremezclados con los vecinos que parecen subcomunidades de una entidad mayor. Si nos aproximamos por esa vía, toda una zona arqueológica deberá ser considerada como una comunidad. En Palenque existen dos especies comunes en casi todos los muros (Trentepohlia aurea y Scytonema gayanum), pero cada uno de los muros tiene hasta seis parches de crecimientos distintos con coloraciones y texturas diferentes y un porcentaje de menos de 20% de especies comunes entre sí. ¿Debemos considerar toda la zona como parte de una comunidad o cada parche es distinto? En Bonampak y en Yaxchilán pasa lo mismo, ¿son los tres sitios una misma comunidad?

Si se trata de muros, un elemento más es el componente vertical, que difiere de las comunidades bentónicas acuáticas en el grado de interacción y proximidad de los individuos entre sí. En el bentos podemos discriminar los organismos epífitos de los metafíticos y de los perifíticos, y hacer las evaluaciones poblacionales correspondientes. En los crecimientos subaéreos todos son epífitos entre sí, y si consideramos que se entremezclan entre sí, todos son endofíticos.

En cuanto a los referentes abióticos, en los ambientes acuáticos medimos temperatura, ph, nutrimentos, salinidad, conductividad, o2 disuelto, iones y otros aspectos del agua, y los intervalos de medición pueden ser amplios. En un muro la roca tiene tal vez una composición homogénea, pero en los monumentos las piedras pueden tener un origen diferente, como en Chiapas, con una posición distinta respecto de las vecinas y, aunque todas son calcáreas, se sabe que no provienen de una sola cantera, así que en la misma área de un muro los parches algales ocupan sustratos distintos: sólo las piedras o únicamente las uniones de argamasa. La temperatura del sustrato y todas las variables ambientales relacionadas con la insolación están estrechamente relacionadas con las condiciones diarias y su variación puede ser cuestión de minutos, lo cual dificulta el intervalo de medición: si un muro recibe el sol directo, las variaciones en su temperatura son grandes, si hace viento, la evaporación es mayor y la temperatura del sustrato baja, si deja de hacer viento, la evaporación del ambiente aumenta la humedad relativa, pero la evaporación en el sustrato es menor y se estabiliza con la temperatura ambiental; esto se repite para cada uno de los factores ambientales empleados para explicar algo.

En nuestro trabajo en Chiapas estamos contabilizando las variables macroambientales: iluminación, humedad relativa, humedad contenida superficial y subsuperficialmente en el muro, temperatura ambiental y del muro (con y sin crecimientos algales), y la velocidad y dirección del viento. Ya conocemos la composición promedio de las rocas de los muros, también contamos con las horas de iluminación para cada estación del año en los edificios que estamos estudiando. En cuanto a los crecimientos, ya contabilizamos la composición específica, la cobertura de cada especie, el tamaño de los mismos, lo cual hemos relacionado con la tasa de crecimiento de cultivos en condiciones controladas, utilizando la cantidad de clorofila por cada unidad de área cubierta en una unidad de tiempo fijo. Con tales datos esperamos construir un marco explicativo sobre los crecimientos algales en los muros de los monumentos mayas de Chiapas y contribuir a la construcción de una teoría ecológica de las algas epilíticas subaéreas.

 

Las algas epilíticas y el biodeterioro

 

En la literatura existen muchas evidencias para todo tipo de sustratos sobre el deterioro producido por bacterias, hongos, musgos y plantas. Aunque en la gran mayoría de esa literatura se registra la presencia de algas, hasta ahora no se ha demostrado fehacientemente que participan directamente en ese deterioro. Ortega y sus colaboradores han propuesto que Trentepohlia concina produce micro excavaciones sobre los muros de Uxmal en Yucatán, pero la interpretación puede ser otra: las algas aprovecharon las cavidades para germinar.

En nuestros estudios hemos encontrado evidencias de que las algas sólo aprovechan las irregularidades y fisuras para fijarse en un sustrato que está expuesto a condiciones de intemperización muy agresivas. Tanto en los materiales que recubren los muros (lechadas, estucos, etcétera) como en las rocas estructurales, se producen microfisuras por el intemperismo climático; por ejemplo, en un muro expuesto, una lluvia regular baja drásticamente la temperatura del muro, satura de agua las fisuras, y se disuelve parte del material calcáreo al aumentar la temperatura por el sol directo, se calienta el muro, se evapora el agua, las partículas disueltas pueden recristalizarse en la superficie, y aumentar las microfisuras. Las algas presentes aprovechan la humedad y la protección que ofrecen esas microfisuras y se desarrollan por más tiempo que las que están en la parte expuesta.

Las algas que hemos encontrado en Chiapas no son especies perforantes, sólo producen mucílagos que estabilizan las partículas sueltas del material intemperizado. Una superficie cubierta por mucílago algal tiene una tasa de evaporación menor que el sustrato desnudo (medida como humedad relativa sobre el muro con o sin algas), por lo tanto la intemperización es menor en ella. Los factores críticos como temperatura, desecación y cristalización son disminuidos por la presencia de las algas y sus mucílagos: la temperatura en los crecimientos algales es siempre menor que en el muro expuesto, la desecación tarda más y las partículas sueltas de carbonato son atrapadas por el mucílago. En la mayor parte de la literatura sobre el tema se aventura que los ácidos orgánicos producidos por las algas podrían disolver el sustrato, sin embargo, hasta la fecha no se ha documentado ninguno de los ácidos que existen en hongos (y líquenes), musgos y plantas vasculares.

Todo apunta entonces a que las algas tienen una función protectora importante, al menos en Chiapas y las regiones tropicales con monumentos de roca calcárea. Falta considerar el establecimiento de otros organismos que aprovechan la humedad constante de las algas, para lo cual es necesario evaluar los pasos requeridos en la conservación: eliminar todo crecimiento biológico, con la consiguiente exposición del sustrato a los factores intemperizantes o controlar el crecimiento de algunos organismos y eliminar sólo los más agresivos al sustrato.

Las algas de los monumentos mayas de Chiapas (Palenque, Bonampak y Yaxchilán) tienen una distribución mundial restringida, pues algunas sólo han sido vistas en estos sitios de México; tenemos al menos diez especies nuevas para la ciencia que están en procesos de clasificación y que requieren la conservación del hábitat donde viven. A la conservación de los monumentos se añade así la conservación de la biodiversidad de algas (y seguramente de otros grupos biológicos que no han sido estudiados en esos sitios). La experiencia de muchos años de los conservadores ha confirmado que los métodos utilizados (biocidas, recubrimientos, limpieza mecánica, etcétera) no son efectivos a largo plazo para eliminar las algas y generalmente afectan más a la roca.

Quizá es el momento de cambiar el enfoque: las algas pueden prevenir un desgaste mecánico de las superficies y son parte de la biodiversidad; entonces, en vez de eliminarlas, es posible controlar su crecimiento con métodos que se dirijan a cambiar las respuestas ecológicas y fisiológicas (limitando la percepción de quórum, por ejemplo). Sólo las superficies en las que exista una consideración de tipo estético y en las que dificulten la observación de las estructuras (estucos y labrados) es deseable su limpieza; pero en los edificios es posible mantener controlado el crecimiento sin que se modifique la apreciación del conjunto arquitectónico. Los monumentos mayas en Chiapas son parte de un entorno biológico muy rico y los visitantes disfrutan tanto la visita a la selva como a los edificios, y gracias a la selección adecuada de métodos de control de algas ha sido posible que, con una información mínima, cambien su percepción, de sólo observar las ruinas, a la de disfrutar de un monumento que está conservado (ésta es una experiencia de los viajes de recolección). Sólo falta convencer a políticos, conservadores, arqueólogos, y sobre todo al turismo, de que los monumentos se ven más hermosos cubiertos de algas negras, rojas o verdes, que en algunos sitios esas manchas son necesarias para proteger los monumentos, y que son parte de la biodiversidad, que también es patrimonio nacional.
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Referencias bibliográficas
 
Allsop, D., K. J. Seal y C. C. Gaylarde. 2004. Introduction to biodeterioration. Cambridge Univ. Press, Cambridge.
Ortega-Morales, O., J. Guezennec, G. HernándezDuque, C. C. Gaylarde y P. M. Gaylarde. 2000. “Phototrophic biofilms on ancient mayan building in Yucatan, Mexico”, en Current Microbiology, núm. 40, pp. 81-85.
     
Agradecimientos

Al inahconaculta por los permisos y facilidades para realizar el trabajo de campo, y a papiitunam por el financiamiento de los proyectos IN214606 e IN221811.

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Eberto Novelo
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Es Profesor de Carrera del Departamento de Biología Comparada de la Facultad de Ciencias de la unam, egresado y doctorado en la misma institución.
 
Rosaluz Tavera
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Es Profesora de Carrera Titular del Departamento de Ecología y Recursos Naturales de la Facultad de Ciencias de la unam, egresada de la misma y doctorada en la Universidad de Bohemia del Sur, República Checa.
 
Guadalupe Vidal
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Es Técnica Académica del Departamento de Biología Comparada de la Facultad de Ciencias de la unam, bióloga y Maestra en Ciencias por la misma institución.
     
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como citar este artículo

Novelo, Eberto y Tavera Rosaluz, Vidal Guadalupe. (2011). Las algas en los sitios arqueológicos mayas, biología y conservación del patrimonio. Ciencias 104, octubre-diciembre, 26-35. [En línea]

     

 

 

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