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Carolina Ureta Sánchez
     
               
               
México es centro de origen y diversificación del maíz
y la evidencia se puede encontrar en sitios arqueológicos, en la enorme diversidad de maíz existente en comparación con otros lugares del mundo y en que todavía encontramos en campo poblaciones viables de parientes silvestres (teocintle y Tripsacum). Dada la diversidad existente en esta especie agrícola, para poderla estudiar se ha agrupado en razas. México cuenta con cincuenta y nueve razas descritas que han sido creadas a lo largo de miles de años (~8 000). Cada una de estas razas puede componerse por un número grande de variedades.
 
En términos agronómicos, el maíz es el grano más importante de nuestro país pues alrededor de 50% de la superficie sembrada en México es de este cereal. La mayoría de los productores de maíz (80%) son microproductores que destinan su cosecha principalmente al autoconsumo, comercializando sus excedentes en mercados locales. Este tipo de agricultores son los que se encargan de sembrar y conservar nuestra diversidad de maíz manteniendo hasta siete variedades diferentes un una sola parcela; y a pesar de que oficialmente la producción representa sólo alrededor de 12% del Producto Interno Bruto agropecuario, en realidad el maíz contribuye más mediante la producción destinada al autoconsumo y el valor de los subproductos de la planta que con frecuencia significan altas aportaciones en la estructura de costos para otros sistemas productivos.
 
El maíz representa en nuestro país una de las principales fuentes de alimento, pero también una cultura y tradiciones. Ésta es la razón por la que existe una relación tan estrecha entre distintas razas de maíz y diferentes pueblos indígenas en toda la República. La siembra de maíz nativo les garantiza calidad en sus alimentos así como la posibilidad de mantener su estilo de vida y su organización social.
 
Dada la enorme importancia biológica, social, cultural y económica del maíz en México es fundamental el estudio de los impactos negativos que puedan afectar su siembra y producción, especialmente a las razas nativas, que constituyen uno de los acervos genéticos más importantes del mundo. El estilo temporalero con el que se siembran éstas depende directamente de condiciones ambientales como la temperatura y la precipitación, por lo que el cambio climático puede tener impactos importantes en estas razas. Al mismo tiempo, ante tal amenaza, es dicha diversidad la que facilitará que la producción se mantenga y se logre asegurar el alimento de millones de personas.
 
Maíz y cambio climático
 
El cambio climático se ha definido de diferentes maneras, pero más o menos todas concuerdan en que es un cambio en la composición de la atmósfera que en parte se atribuye a actividades del ser humano (industria, autos, agricultura, ganadería, etcétera). El Panel Intergubernamental de Cambio Climático, que es la máxima autoridad en el tema, ha detectado desde hace varios años que la agricultura es un sector de producción vulnerable a tal cambio, por lo que ha sugerido el estudio de impactos y la creación de propuestas para facilitar la adaptación.
 
Desde hace más o menos un siglo hasta la fecha ha habido un incremento constante en la temperatura media anual del planeta. Actualmente, el planeta es 0.74°C más cálido que hace un siglo, y en México es te incremento ha sido de aproximadamente 0.6°C. En términos de precipitación no ha habido un patrón claro, pero sí existe una mayor variabilidad y se espera que en las próximas décadas las lluvias se vuelvan cada vez más intensas, provocando la compactación del suelo, lo que a su vez impide la penetración del agua en el subsuelo y que éste se vuelva mucho más frágil a la erosión y el empobrecimiento de nutrimentos. Y a pesar de la existencia de una mayor intensidad de lluvias a causa de un incremento en el vapor de agua de la atmósfera, esto no necesariamente implica que en promedio vaya a llover más ni tampoco que ese agua se pueda aprovechar por lo antes mencionado; más bien, las lluvias torrenciales pueden ocasionar desastres naturales como inundaciones. Otros eventos extremos como la ocurrencia de sequías, también se volverán más frecuentes. En general, un clima más cálido representa riesgos de sequía en los lugares en los que de por sí la lluvia es escasa y de inundaciones en lugares en los que hay altas precipitaciones en la actualidad. Por último, pero no por ello menos importante, el calentamiento global implica un acortamiento del invierno, lo cual alarga el ciclo de vida de varios organismos que son plagas o plagas potenciales; aunado a esto, ya hay evidencia de que el cambio en las condiciones ambientales produce modificaciones en la distribución de las especies, por lo que se puede empezar a tener problemas de plagas provenientes de otras regiones.
 
Por esta razón, desde hace unos años a la fecha, ha surgido un mayor interés en el tema, un incremento en el número de estudios científicos que lo abordan, sin dejar de lado sus efectos en las especies agrícolas de importancia internacional, que es el caso del maíz en México. En un estudio, en particular, realizado en 2012 por la autora y varios colaboradores, se muestra cómo prácticamente todo el territorio nacional tiene condiciones favorables para sembrar al menos una raza de maíz nativo. Este estudio también muestra que las zonas geográficas en las que hay un mayor número de razas presentan cierta resiliencia a los cambios en las condiciones ambientales, es decir, que la riqueza biológica (mayor número de razas) evita que la producción en esas zonas se vea gravemente afectada ya que, si a una raza no le va bien, existen otras que permiten que haya una compensación en la producción. Un segundo resultado importante es que algunas razas tendrán, en escenarios futuros, condiciones ambientales óptimas en un mayor número de regiones geográficas. Con ayuda de este tipo de estudios es posible identificar razas más vulnerables al cambio climático, pero también razas que pudieran llegar a tolerar condiciones ambientales extremas y que, por lo tanto, resultan pieza clave para un posible mejoramiento genético.
 
Estudios como el mencionado procuran utilizar escenarios contrastantes de cambio climático a fin de comparar qué pasaría con la producción de maíz o cuáles serían las condiciones óptimas para sembrar maíz si la emisión de gases con efecto invernadero no se ve reducida en las próximas décadas (lo que significa un aumento en la temperatura media anual de entre 2.6 y 4.8 °C) o bien, si se lograsen acuerdos internacionales que comprometan a las naciones a reducir sus emisiones y a emplear tecnologías más amigables con el ambiente (lo que resultaría en un aumento en la temperatura de entre 0.3 y 0.7 °C). La diferencia entre estos dos escenarios tiene un efecto importante en las áreas geográficas en las que potencialmente se puede sembrar maíz, por lo que las decisiones a escala global sí se reflejan a la de un país y de una especie.
 
Por otro lado, existen estudios que, más allá de evaluar impactos potenciales del cambio climático, describen las acciones que los campesinos están llevando a cabo para lidiar con las condiciones cambiantes del clima en el campo, como el de Mercer y Perales efectuado en 2012. Resulta que en algunos lugares los campesinos ya están modificando la fecha de siembra de sus variedades o cambiando el patrón de irrigación. Una estrategia muy empleada entre pequeños productores es el intercambio de semillas y la siembra de variedades más adaptadas a las nuevas condiciones ambientales; y otra que se está empezando a presentar es el mejoramiento genético de semillas más resistentes a condiciones adversas, como la resistencia a la sequía. Si nos damos cuenta, cualquiera de estas estrategias de adaptación capaces de evitar una merma en la producción se encuentra basada en la diversidad de maíz.
 
La diversidad y su importancia en la producción
 
Para cualquier organismo del planeta, la diversidad biológica es lo que garantizará su subsistencia ante cambios en el ambiente. La diversidad es fundamental para que haya selección natural (y en el caso de plantas agrícolas también selección artificial), para que se mantenga una evolución continua. El maíz no es la excepción. Además, el cambio climático, junto con otros cambios ambientales, está ocurriendo a tasas muy aceleradas, por lo que más que nunca se necesita un reservorio genético que garantice la producción de alimento, sobre todo de los alimentos que resultan básicos para la humanidad. Tal y como ya se mencionó, la diversidad en un agrosistema favorece la resiliencia, es decir, que es menos factible que un cambio en el ambiente lo impacte de manera negativa.
 
Las grandes cantidades de toneladas por hectárea producidas en monocultivos tecnificados son muy sorprendentes, pero es gracias a que existe una gran diversidad de razas adaptadas a condiciones ambientales muy distintas que se puede sembrar en prácticamente cualquier región del territorio nacional, situación que no sería posible si únicamente se contara con variedades mejoradas. Las variedades mejoradas (como híbridos o transgénicos) están concebidas para rendir mucho en un rango ambiental muy limitado, mientras que las que mantienen las razas nativas, aun cuando rinden menos que las mejoradas, son las que mantienen gran parte de la producción de maíz en México, la cual se vería disminuida porque las primeras no podrían sembrarse donde actualmente vemos crecer nativas, además de que su rendimiento, aunque es menor, es más constante.
 
La conservación de estas razas va a depender en gran medida de la capacidad adaptativa de los campesinos, por lo que es indispensable proporcionar un entorno favorable para que siga sucediendo esto como hasta ahora. El libre intercambio de semillas entre campesinos es fundamental para que ellos sigan manteniendo sus parcelas diversas y sus producciones no se vean impactadas negativamente, por lo que si existieran genes con patente que entorpecieran el intercambio de semilla, la diversidad de maíz se pondría en riesgo.
 
Actualmente, las grandes trasnacionales están tratando de crear variedades transgénicas resistentes a la escasez de agua y suelos pobres, promocionándolas como la estrategia para lidiar con el cambio climático. El problema es que se está tratando una vez más de hacer rendir mucho una variedad bajo un rango muy limitado de condiciones o de unas condiciones futuras de temperatura “promedio”, cuando el problema es que el cambio climático nos va a traer variabilidad. Por lo tanto, no se necesita una variedad que rinda sólo bajo una cierta condición ambiental en particular, sino un sistema variado, que sea capaz de lidiar y amortiguar los impactos negativos del inminente cambio climático que estamos viviendo.
 
Conclusiones
 
México tiene el acervo genético más importante de maíz en el mundo por ser su centro de origen y diversificación. Este hecho nos deja con una gran responsabilidad en cuanto a su conservación, ya que implica la seguridad alimentaria para millones de personas. Hasta el momento, la falta de acuerdos en tratados internacionales y las metas políticas tan poco favorables para el bienestar ambiental hacen que crezca la importancia de mantener la diversidad de las plantas agrícolas más relevantes para la humanidad.
 
Esta diversidad agrícola será la clave para poder amortiguar las consecuencias negativas, tanto los cambios en el clima mismos como las consecuencias de tales cambios, que sería el caso de la presencia de nuevas plagas en dichos cultivos.
 
     
Referencias Bibliográficas

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Kato, Takeo A., et al. 2009. Origen y diversificación del maíz: una revisión analística. unamconabio, México.
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Tubiello, Francesco N. y Günther Fischer. 2007. “Reducing climate change impacts on agriculture: Global and regional effects of mitigation, 20002080”, en Technological Forecasting and Social Change, vol. 74, núm. 7, pp. 1030-1056.
Ureta, C., et al. 2012. “Projecting the effects of climate change on the distribution of maize races and their wild relatives in Mexico”, en Global Change Biology, vol. 18, núm. 3, pp. 1073-1082.
 
     
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Carolina Ureta Sánchez
Instituto de Ecología,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Carolina Ureta es bióloga y obtuvo el Reconocimiento al Mérito Universitario: medalla Gabino Barreda. Hizo una maestría en el Imperial College y en el año 2014 obtuvo el grado de doctora en la unam. Actualmente realiza su segunda estancia posdoctoral. Su tesis doctoral fue el primer lugar del concurso Puma en Desarrollo Sustentable. Tiene once publicaciones y forma parte del SNI.
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cómo citar este artículo
 
Ureta Sánchez, Carolina. 2016. La agrobiodiversidad del maíz, fundamento para enfrentar el cambio climático. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 70-75. [En línea].
     

 

 

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