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Lidia Susana Ibarra Sánchez, Sergio Alvarado Casillas
y José Benito Ibarra Sánchez
     
               
               
Los botánicos Paul Mangelsdorf y Robert Reeves presentaron
un comunicado el 5 de julio de 1938, en el que refieren al maíz como alimento básico para las antiguas civilizaciones de América. El maíz pertenece a la tribu Maydeae, la cual comprende ocho géneros, de éstos, sólo tres (Zea, Euchlaena y Tripsacum) son americanos; de tal manera que la relación con los géneros orientales es remota. Euchlaena mexicana Schrad. o teocintle es una planta anual presente en México y en el occidente de Guatemala. En México se presenta como mala hierba en los campos de cultivo de maíz y en Guatemala se encuentra como verdadera especie silvestre. El Tripsacum es una planta perenne que comprende de seis a siete especies, está ampliamente distribuida en América Central y ocasionalmente se puede encontrar en América del Sur.
 
Existen tres teorías con respecto al origen del maíz: 1) que el maíz se originó mediante una vaina de maíz, difiriendo del maíz normal por un solo gen dominante que regula el desarrollo de un raquis frágil, fácilmente desarticulable y de la producción de la cubierta floral prominente que circunda la semilla; 2) el maíz se origina a partir del teocintle por selección directa o por mutaciones a gran escala o por la hibridación de Euchlaena con algunas hierbas desconocidas; 3) el maíz, el teocintle y el Tripsacum descendieron de líneas independientes a partir de un ancestro común.
 
Se había aceptado, de manera general, la teoría en la que Euchlaena había jugado un papel importante en los ancestros del maíz, lo que conllevó a proponer que el maíz había tenido su origen en América Central o en México, y que la agricultura había tenido su origen ahí. Sin embargo, estudios citogenéticos posteriores comprobaron que Euchlaena, lejos de ser progenitor del maíz, es descendiente de un híbrido natural de Zea y Tripsacum.
 
Los maíces híbridos
 
El genetista y botánico George Shull reportó en un artículo de 1908 que las líneas naturales (o in situ) de maíz mostraron deterioro general tanto en vigor —poder de germinación y desarrollo de una plántula normal— como en el desempeño en campo, pero indicaba que los híbridos entre dos líneas naturales se recuperaban completa e inmediatamente, excediendo en la mayoría de los casos la producción de líneas naturales de las que provenían, además de que presentaban uniformidad altamente deseable. En un artículo posterior, el mismo Shull delineó el procedimiento que más tarde se volvería estándar en los programas de cultivo de maíz.
 
En 1947, en Estados Unidos, se registró la primera venta comercial de maíz híbrido, y en la siguiente década aparecieron diversas compañías que vendían año con año las semillas a los agricultores. En áreas del medio oeste de ese país, las razas híbridas fueron desarrolladas en la Estación Experimental Agrícola de la Universidad de Wisconsin y las semillas también fueron distribuidas a agricultores y productores.
 
La transición de maíz de polinización abierta a maíz híbrido fue asombrosamente rápida. En Iowa, Estados Unidos, la proporción de maíz híbrido para 1935 era de menos de 10% y solamente cuatro años después creció en 90%. Para la década de los cincuentas el volumen de maíz anual fue híbrido. Una parte de la elevada producción y aceptación de híbridos a partir de la década de los sesentas se debió, por un lado, a que la uniformidad de éstos facilitó cosecharlos con maquinaria, y además se podían incorporar cualidades favorables para que estuvieran adaptados a diferentes hábitats, alargando así las estaciones de cultivo. Pero hubo otros factores importantes para lograr esta alta producción, como que las prácticas agrícolas mejoraron, por ejemplo, se incrementó el uso de fertilizantes y herbicidas, se aumentó la densidad de siembra y hubo mejores maquinarias con lo que se alcanzó eficiencia en las operaciones y reducción de costos.
 
Por otro lado, la extensión de maíces híbridos coincidió con el uso de diseños experimentales eficientes, involucrando métodos estadísticos superiores, replicaciones y aleatorizaciones, introducidas por Fisher en 1925. Estos métodos incrementaron el índice de mejoramiento genético y prácticas agronómicas.
 
No obstante, las ventajas que representaban los maíces híbridos se vieron mermadas por la uniformidad que se presentaba en las plantas. En 1970, más de 85% del maíz de Estados Unidos, en particular la cepa But Tcms, con material citoplasmático de Texas, se volvió susceptible al tizón de la hoja y Helminthosporium maydis se extendió por todo el cinturón de maíz en Estados Unidos, provocando un desastre en las áreas húmedas.
 
Los maíces transgénicos
 
Los maíces transgénicos se han cultivado comercialmente en los Estados Unidos desde 1996. El crecimiento de la superficie sembrada con maíz transgénico fue impulsada bajo la idea de desarrollar especies que resistieran a los insectos y herbicidas. Para el año 2000, 25% de los maíces americanos eran ya transgénicos.
 
En 1998 existían pocas variedades de maíz genéticamente modificadas en México y eran utilizadas experimentalmente en pequeña escala de manera controlada. Bajo condiciones de bioseguridad, se suponía que el polen no escapaba debido a las medidas aplicadas. Todos los transgénicos de maíz que fueron probados antes de 1998 contenían un virus promotor del mosaico de la coliflor CaMV 35S.
 
Para conocer si había presencia de maíz transgénico en Oaxaca, el Instituto Nacional de Ecología y la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad muestrearon granos cultivados en Oaxaca y cosechados en el año 2000 a fin de practicarles análisis moleculares. Los científicos David Quist e Ignacio Chapela encontraron evidencias de presencia de adn transgénico en maíz nativo. Las publicaciones de estos autores reportan muestreos realizados durante el otoño de 2000 en el noreste de Oaxaca. A partir de estas muestras detectaron otros virus promotores de secuencia 35S en cuatro de cada seis mazorcas de maíz. La secuencia 35S estuvo también presente en muestras a granel de semillas de maíz, obtenidas en tiendas locales de agencias del gobierno mexicano (Diconsa). Esta entidad pública distribuyó alimentos subsidiados a lo largo del territorio mexicano con esos maíces. Se presume que estos granos transgénicos fueron importados de los Estados Unidos y plantados por el desconocimiento de los agricultores mexicanos, aunque también es factible la existencia de otras rutas que expliquen el flujo de genes.
 
México importó de Estados Unidos 6.5 millones de toneladas de maíz en 2001 y en 2002, 5.4 millones de toneladas. En este volumen elevado de granos se mezclaron variedades convencionales e híbridas, así como maíces genéticamente modificados y a la fecha se ha reconocido que los agricultores mexicanos utilizaron estas semillas.
 
Quist, Chapela y Christou se cuestionaron acerca de cómo la introducción comercial de variedades de maíz transgénico pueden afectar los sistemas de agricultura tradicional en los agricultores de pequeña escala y si puede tener un efecto destructor sobre la diversidad de razas antiguas que ellos manejan.
 
Se dice que la agricultura mexicana, incluyendo la producción de maíz, tiene una estructura bimodal; esto es, por un lado gran número de agricultores en pequeña escala cultivan maíz en áreas de temporal, principalmente para autoconsumo, aunque ocasionalmente pueden vender el maíz excedente. Ellos raramente compran semillas comerciales y son un mercado improbable para las variedades transgénicas; sin embargo, la entrada de variedades de maíz transgénicos les representa importantes consecuencias. Por otro lado, un número pequeño de agricultores orientados en el sentido comercial con prácticas de producción de maíz a gran escala (principalmente en áreas con irrigación con objetivos y tecnologías semejantes a las del mundo industrializado) son el mercado lógico para las variedades de maíz transgénico comercial.
 
Impacto de los transgénicos
 
Comencemos diciendo que desafortunadamente la presencia de transgénicos reducirá automáticamente la diversidad de alelos en poblaciones de maíz locales, así como de variantes morfológicas manejadas por agricultores en pequeña escala en México. También existe incertidumbre sobre si las variedades transgénicas introducidas a gran escala en nuestro país incluyen transgenes múltiples; además no es conocido si entran en la cadena trófica anticuerpos, ácidos grasos o vacunas.
 
Otro impacto adverso en el uso de transgénicos son las regulaciones sobre propiedad intelectual que prohíben su uso a agricultores que no compren semillas de variedades transgénicas y que no firmen acuerdos con propietarios de los transgénicos o sus agentes. Pero tales regulaciones pueden ser violadas también por agricultores cuyas prácticas tradicionales favorecen la difusión de los transgénicos, ya que pueden desconocer que están presentes en sus poblaciones y, al utilizarlos, adquieren problemas legales con las compañías propietarias de estos.
 
En el maíz, por ser una especie de polinización cruzada, cada grano representa un evento de polinización independiente, así que muchos granos en la misma mazorca son propensos a ser polinizados por diferentes modelos de plantas; dependiendo del número de plantas por campo, de la proximidad de otros campos que estén en flor al mismo tiempo y de la dispersión del polen, que puede ser afectado por la humedad local y la velocidad del viento. Considerando lo anterior, una de las zonas que podrían afectarse por la contaminación de sus granos son los valles centrales de Oaxaca, santuario del cultivo de maíz en México pues allí se puede rastrear el origen de la domesticación de este grano (Zea mays L.). En esta región se ha conservado la diversidad genética mediante el procedimiento “a cielo abierto”, consistiendo en dejar que las semillas se polinicen sin intervención de los humanos, sino que se aprovechan los vientos de forma natural para realizar la mezcla de genes del maíz. De esa manera se conserva una fuente genética importante que representa un valor cultural.
 
El Instituto Nacional de Ecología inició una campaña en Oaxaca para informar a los agricultores tradicionales de producción a pequeña escala sobre las consecuencias del uso de la biotecnología y el tema de la bioseguridad. La campaña culminó con recomendaciones sobre qué hacer en siembras accidentales de maíz transgénico y sus efectos. De esta manera se espera alertar sobre posibles fuentes de contaminación con semillas de maíz transgénico, tratando de contribuir de algún modo al control, evitando la distribución abierta entre agricultores de zonas rurales ricas en biodiversidad.
 
Sistemas tradicionales agrícolas
 
México es considerado un centro de domesticación de maíz (hace 6 000 años se domesticó) y diversidad, además es uno de los últimos reservorios de fuentes genéticas de maíz para la humanidad. Por medio de la constante selección divergente se diversificó la cosecha en las razas antiguas y las poblaciones satisfacieron así sus necesidades culturales y agronómicas. Dicha diversidad persiste actualmente en los sistemas agrícolas tradicionales que cubren alrededor de seis millones de hectáreas cada año.
 
En estos sistemas coexisten múltiples poblaciones de maíz, pues la mayoría de las semillas son conservadas de la cosecha anterior y algunas son adquiridas mediante otros agricultores y en fuentes comerciales. Los agricultores mezclan las semillas de estas diferentes fuentes por diversas razones, por ejemplo, si pierden semilla o si desean experimentar o modificar una población de maíz. Además, incorporan variedades mejoradas exponiéndolas a sus condiciones y manejos, enriqueciendo sus adaptaciones locales, un proceso conocido como “criollización”.
 
Aunque son pocas las cruzas entre variedades transgénicas y las razas de maíces locales, los transgénicos se difunden dentro de las razas de maíz primitivas locales; dependiendo de si el transgén es expresado y si los agricultores perciben esta expresión fenotípica como benéfica, perjudicial o neutra, las acciones que realicen en consecuencia pueden incrementar o impedir esta difusión. La naturaleza antagónica del control de factores humanos y naturales vuelven difícil predecir la rapidez en la difusión de transgénicos en razas de maíces locales y se complica saber cómo la extensión de transgénicos puede transformar a los maíces nativos. Si la agricultura comercial introduce transgénicos en razas de maíces nativos y afecta la diversidad de maíces locales, se le considera como “contaminación por transgénicos”.
 
Un factor que afecta el manejo de los sistemas tradicionales agrícolas y la diversidad de maíz en México es el reemplazamiento de razas de maíz locales por variedades modernas, así como el envejecimiento de la población de agricultores y la pérdida de interés en la agricultura entre gente joven, particularmente si tienen más estudios que los padres.
 
Diversidad de maíz en México
 
El maíz es el primer cultivo en Mesoamérica y su diversidad en esta región es mayor que en cualquier otra parte del planeta. El investigador Edgar Anderson, pionero en el estudio del maíz mesoamericano, observó que este cereal es un espejo sensitivo de quienes lo cultivan.
 
Cuando se comparan estudios de caso en la agricultura del maíz mexicano se revelan diversas características de manejo común: persistencia de tipo de maíz locales; relativa dominancia de uno o dos tipos de maíz, tanto a nivel de invernadero como en comunidad; la producción de variedades menores, que contribuyen en menor grado a la producción general; alta sustitución de diferentes tipos de maíz para elaboración de tortillas; selección de semillas a partir de la apreciación de la cosecha aparentemente basadas en un ideotipo de maíz local; adquisición de nuevas semillas mediante vecinos y pueblos distantes.
 
Algunas investigaciones sobre sistemas de maíz en nuestro país han mostrado ser abiertas, pero a la vez conservadoras en términos de manejo de semillas y selección de la cosecha. El cultivo está convencionalmente dividido dentro de razas o poblaciones regionales que son distinguibles por características morfológicas, bioquímicas y genéticas.
 
Existen variaciones continuas entre razas de maíz en México, además algunas investigaciones etnobiológicas han mostrado que los agricultores mesoamericanos reconocen y mantienen diversas razas dentro de un sistema de cultivo en respuesta a factores microambientales y de comercialización.
 
Son muchos los factores que intervienen en la distribución regional de tipos de maíz y que no se les brinda debida importancia, como el ambiente, el cual desempeña un papel importante. Los agricultores se refieren a los maíces que están adaptados a un medio natural en el que se desarrollan o se originaron con el término de “maíces criollos”, que significa “maíz local”, y que en algunas referencias bibliográficas se conoce como landrace. Los agricultores reconocen variación entre las razas criollas debido a distintas características, principalmente por el color del grano. Esta diferenciación entre maíces se conoce como variedades.
 
Existen otras cuatro razones independientes de factores ambientales que contribuyen a la diversidad del maíz. En primer lugar, un análisis ecogeográfico señala que diversas razas de maíz coexisten como grupos en un número pequeño de genotipos y su ambiente en zonas de interacción. Un ejemplo de ello ocurre en tierras altas (arriba de 1 800 metros sobre el nivel del mar) en la región de Olotón y Comiteco, en el estado de Chiapas, que constituye una amplia zona de interacción donde conviven las dos razas dominantes. En segundo lugar, las comunidades indígenas manejan un intercambio regular de sus semillas, que ocurre entre los poblados vecinos. En tercer lugar, los agricultores mexicanos buscan y prueban nuevos tipos de maíz o nuevas variedades como fuentes de nuevos rasgos. Por último, existe una alta sustitución de tipos de maíz para los usos principales como tortillas y tamales. Además, en las comunidades el color es la característica principal en la clasificación, nomenclatura y selección de maíz.
 
Las culturas indígenas desarrollaron conocimientos tradicionales basados en la experiencia y adaptación a ambientes locales. Se han desarrollado recursos genéticos debido a la importancia para la sobrevivencia de prácticas comunitarias de subsistencia agrícola; este conocimiento está basado en su idioma, tradición y diferencias culturales locales.
 
Seguridad alimentaria
 
El pasado medio siglo ha sido marcado por un crecimiento en la producción de alimentos con el fin de reducir la proporción de personas con hambre en el mundo. Sin embargo, actualmente una de cada siete personas no tiene acceso a proteínas y a fuentes de energía en su dieta alimentaria diaria; y más aún, sufren de algún problema de desnutrición. Lo cierto es que la población mundial continuará creciendo y esto elevará también el poder de consumo y una mayor demanda por alimentos procesados, carnes, lácteos y pescado. Al mismo tiempo, los productores de alimentos estarán experimentando mayor competencia por la tierra, el agua y la energía, y con la necesidad de remediar los efectos negativos de la producción de alimentos en el ambiente. Por si fuera poco para los productores, aunado a lo anterior se agregan los efectos del cambio climático y cómo las medidas de mitigación y adaptación pueden afectar el sistema de procesamiento, almacenamiento y distribución de alimentos. Estudios recientes sugieren que para 2050 el mundo necesitará mayor cantidad de alimentos (entre 70 y 100% más).
 
Dada esta problemática mundial de escasez de alimentos, el maíz puede continuar brindando una seguridad alimentaria a los pueblos indígenas en México. Por ello se han desarrollado algunas investigaciones en comunidades indígenas, como la del grupo de González Rodríguez sobre maíces criollos en la sierra del Nayar, oeste de México, en la comunidad El Roble, en donde se hizo una revisión del conocimiento tradicional de la comunidad wixarika, identificando las variedades y razas de maíz existentes en la región. Además de clasificarlas de acuerdo con el color, tamaño, usos, origen y propiedades agronómicas, se obtuvo información del conocimiento tradicional de maíz y del valor que tiene en la cosmovisión indígena.
 
Como todas las culturas indígenas, los wixaritari o huicholes son un pueblo respetuoso y orgulloso de sus tradiciones y cultura, y practicantes de sus creencias. Por el lugar que guarda el maíz en su cultura son considerados como guardianes de los maíces nativos, pues desde siempre el maíz ha estado ligado a su vida, brindándoles alimento para las familias y los animales; es además un elemento sustancial en fiestas, ritos y ceremonias religiosas.
 
El maíz es para la cultura wixarika la base de la alimentación, de la preservación de su cultura y de su comunión con el universo. Este cultivo se integra a un sistema basado en la observación del funcionamiento de los sistemas naturales, en la comunicación espiritual con las plantas y en el saber de sus tradiciones culturales. Al sembrar maíz, los huicholes no sólo trabajan con la naturaleza en el plano físico, también se trasladan al mundo sobrenatural al plantarlo, al “hacer lluvia”, al “controlar los vientos” y fertilizar sus cosechas. Esta vinculación entre lo físico y lo espiritual se observa de manera más clara en la celebración de las fiestas y ceremonias que llevan a cabo: Hikuli Neixa, Namawita Neixa y Tatel Neixa, las cuales se celebran en tres momentos críticos del cultivo del maíz: 1) la preparación del coamil (autoproducción agrícola a baja escala); 2) la siembra y 3) la obtención de los primeros frutos.
 
Dada la relevancia del maíz y por la importancia de crear un banco de germoplasma, El Roble representa un lugar estratégico para mantener las razas de maíz y mejorar la eficiencia de los programas de conservación agrícola.
 
Calidad de la proteína del maíz
El maíz es uno de los principales cultivos de cereales con importancia para la alimentación animal y la nutrición humana en el mundo, y posee un alto contenido de carbohidratos, grasas, proteínas, vitaminas y minerales. Sin embargo, ha adquirido la reputación de un nutricereal con calidad pobre. Millones de personas, particularmente en países en desarrollo, obtienen requerimientos calóricos y proteicos a partir del maíz, pues significa alrededor de 15 a 56% del total de calorías diarias en la dieta de las personas de alrededor de veinticinco países subdesarrollados de África y América Latina.
 
En países subdesarrollados, la proteína para la alimentación animal es escasa y cara; en consecuencia, no disponible para un vasto sector de la población. Las proteínas del cereal tienen un valor nutrimental pobre para animales monogástricos, incluyendo a los humanos, debido al reducido contenido de aminoácidos esenciales como lisina, triptófano y treonina. En promedio, las proteínas de cereales contienen 2% de lisina, que representa menos de la mitad de la concentración recomendada diaria para la nutrición humana propuesta por la Organización Mundial de la Salud, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y por la Organización de las Naciones Unidas.
 
Desde el punto de vista nutricional la lisina es el aminoácido más limitado en la proteína del endospermo del maíz, seguido del triptófano. Por lo tanto, las dietas saludables tanto para humanos y animales monogástricos deben incluir fuentes alternativas de lisina y triptófano.
 
El maíz es importante en la alimentación y nutrición humana y animal en varios países. Las investigaciones para mejorar la calidad de la proteína del maíz iniciaron en la década de los sesentas con el descubrimiento de maíces mutantes como Opaco-2, que produjo aumento de niveles de lisina y triptófano. Sin embargo, efectos adversos impidieron la explotación exitosa de estos mutantes.
 
Consideraciones finales
 
Los campesinos de maíz en México están principalmente orientados a producir en pequeña escala, y a la vez contribuyen a la creación y conservación de diversidad genética del cultivo. Los agricultores de subsistencia demandan una diversidad de atributos del maíz para que pueda ser consumido, los cuales incluyen la facilidad del procesamiento, el color, el sabor, la textura de grano, la adecuación del maíz para ciertos platillos, todo lo cual se encuentra correlacionado con la diversidad genética de las razas de maíz. Es por lo que los transgénicos son un peligro para ellos. La conservación de variedades tradicionales ricas en diversidad genética como resultado de la evolución de milenios por la selección de los agricultores es para ellos muy importante, además de su valor en sus rituales o ceremonias asociadas al cultivo. Para los indígenas mexicanos, el valor del maíz parece derivar particularmente de una identidad como buen cultivador y como miembro de la comunidad, pero sobre todo constituye su sustento, la base de su alimentación, su futuro.
 
México es el centro de domesticación y diversidad del maíz, donde los agricultores han seleccionado y cruzado variedades de maíz tradicional desde hace miles de años, por lo que el país alberga la diversidad genética de maíz más grande del mundo, con cincuenta y nueve razas diferentes utilizadas como alimento, que son valuadas e investigadas. La conservación de este patrimonio frente a las amenazas que sobre él se ciernen es fundamental para garantizar la seguridad alimentaria de los pueblos de México.
     
Referencias Bibliográficas

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Piperno, D. R. y K. V. Flannery, 2001. “The earliest archaeological maize (Zea mays L.) from highland Mexico: new accelerator mass spectrometry dates and their implications”, en pnas, vol. 98, núm. 4, pp. 2101-2103.

 
     
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Lidia Susana Ibarra Sánchez
Secretaría de Investigación y Posgrado,
Universidad Autónoma de Nayarit.
 
Es bióloga por la Facultad de Ciencias de la UNAM. Sus estudios de maestría y doctorado fueron en Procesos Biotecnológicos en la Universidad de Guadalajara. Actualmente labora como profesor-investigador en la Universidad Autónoma de Nayarit, donde coordina el Cuerpo Académico de Inocuidad Alimentaria y Nutrición.
 
Sergio Alvarado Casillas
Secretaría de Investigación y Posgrado,
Universidad Autónoma de Nayarit.
 
Es ingeniero agrónomo egresado de la Facultad de Agricultura de la Universidad Autónoma de Nayarit. En la misma casa de estudios obtuvo el grado de maestro en Horticultura Ornamental. Es doctor en Ciencias en Procesos Biotecnológicos por la Universidad de Guadalajara. Actualmente labora como profesor-investigador en la Universidad Autónoma de Nayarit.
 
José Benito Ibarra Sánchez
Unidad Académica de Contaduría y Administración,
Universidad Autónoma de Nayarit.
 
Estudió Relaciones Comerciales en el Instituto Tecnológico de Tepic, Nayarit. Es maestro en Finanzas por la Universidad Autónoma de Nayarit, donde se desarrolla como profesor de tiempo completo. Sus líneas de investigación son la planeación de estudios de mercado y financiero, manejo de bases de datos y estadísticos.
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cómo citar este artículo
 
Ibarra Sánchez, Lidia Susana, Sergio Alvarado Casillas y José Benito Ibarra Sánchez. 2016. El origen del maíz y su significado en la seguridad alimentaria de los pueblos indígenas. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 38-46. [En línea].
     

 

 

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