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Razón y sociedad
                                                                                                                                                                                                                       
 
   
   
León Olivé
Biblioteca de Ética, Filosofía del Derecho y Política, Distribuciones Fontamara, México, 1996.
   
                     
En una amplia variedad de los procesos y conflictos
del mundo de hoy se libran luchas entre grandes tradiciones, así como batallas entre las tradiciones y las tendencias innovadoras y de cambio. Desechar o ignorar por completo la herencia recibida por medio de las tradiciones, constituye una actitud arrogante que puede llevar a graves errores y a conflictos mayores. Pero lo mismo puede ocurrir si se desprecia no se les cierra el paso a las tendencias innovadoras. Ante esta disyuntiva, considero que es preciso analizar—con respecto a cada problema específico— tanto la herencia recibida a través de las tradiciones, como las propuestas de cambio, con el fin de determinar qué es lo rescatable de cada una de ellas y conformar puntos de vista, guías de acción y estrategias para enfrentar los problemas, que aprovechen lo mejor tanto de la herencia como de las nuevas tendencias.
 
Desde una perspectiva filosófica pueden destacarse tres dimensiones básicas características de la vida humana, encada una de las cuales se manifiesta una lucha entre las tendencias al cambio y las que pugnan por mantener una tradición. A la vez, los grandes problemas del mundo actual son susceptibles de analizarse en términos de esas dimensiones, así como de las tensiones que se producen en ellas por el conflicto entre las tendencias al cambio y las fuerzas que se les oponen.
 
Las tres grandes dimensiones de la vida humana a las que me refiero —en sociedad y en lo individual—, son las del conocimiento, de la moral y la política, y la expresiva o estética. Por supuesto en la práctica las tres están relacionadas entre sí, y la distinción en dimensiones o esferas diferentes es de orden puramente analítico. Pero lo importante de destacar aquí es que sin conocimiento, sin moral y sin expresividad no podemos entender lo que es un ser humano, digno de ser llamado persona; y sin las mismas tres dimensiones no es posible concebir a una sociedad de seres humanos.
 
Veamos tres grupos de problemas cuyos aspectos centrales se ubican en estas tres dimensiones.
 
1. Las ideologías y los movimientos nacionalistas, así como los movimientos separatistas, tienen expresiones y consecuencias que van desde discusiones civilizadas hasta enfrentamientos armados, actos terroristas y guerras fratricidas.
 
Como grandes problemas filosóficos estos movimientos plantean, entre otros, el de la identidad cultural (o la identidad nacional), y el de la racionalidad o irracionalidad de los fines últimos que se plantean, así como de las decisiones políticas específicas que se toman en cada momento.
 
En tiempos recientes también se han manifestado notoriamente otros movimientos sociales, por medio de los cuales se ha hecho evidente ante los ojos del mundo el problema —nada nuevo— de la relación de las sociedades modernas —y los Estados modernos— con los grupos étnicos tradicionales, así como diversos aspectos de la problemática de la identidad colectiva. En México el año de 1994 se inició con un movimiento armado en el estado de Chiapas, uno de los estados con mayor población indígena, con mayor atraso económico, con enorme desigualdad económica y social, y con una profunda cerrazón política. A lo largo de siglos, en esa zona los grupos étnicos tradicionales han sufrido una seria marginación, y junto con los problemas urgentes de justicia social, se mantiene siempre presente el problema de la identidad de esas culturas tradicionales y de su relación con el resto del país, el cual como nación ha pretendido marchar por el camino de la modernidad. ¿Cuál es la noción de identidad colectiva que puede ser útil para comprender esta problemática?
 
Casi en el extremo opuesto, podemos pensar en los acercamientos entre naciones. En el caso de México, por ejemplo, el implicado por el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica. Este tipo de acercamientos agudizan el problema de las relaciones entre vecinos, y vuelven a poner de relieve la cuestión de la identidad nacional. Una nación es algo que cambia en el tiempo; una cuestión importante, entonces, es la de si existe la posibilidad de orientar los cambios en un sentido que sea deseable, al mismo tiempo que se preserve la identidad colectiva. Pero ¿qué significa un “sentido deseable”, y quiénes podrían determinar cuáles son los cambios deseables?
 
Para abordar adecuadamente los problemas anteriores es necesario esclarecer el concepto de identidad colectiva y llamar la atención sobre los elementos cognoscitivos, morales y estéticos que contribuyen a conformar, y en su caso a preservar o modificar, las identidades colectivas. ¿Cuál puede ser la contribución de la filosofía para elucidar esa noción, y cuál puede ser la relación de la filosofía con las ciencias empíricas en torno a estos problemas? Para indicar sólo una cuestión en la que la reflexión filosófica es indispensable, pensemos en la pregunta: ¿por qué deberíamos preservar la identidad colectiva?
 
2. Mencionemos ahora otro importante grupo de problemas que se encuentran en el campo educativo y en la investigación científica y tecnológica, así como en las aplicaciones de la ciencia y de la tecnología.
 
Las políticas educativas de un país por supuesto no son ajenas a la concepción de identidad cultural y nacional que se tenga, y están en relación con los valores y fines dominantes, así como con la concepción del individuo prevaleciente en esa sociedad. Nada de esto, ni las metas, ni los fines y los valores, pueden considerarse como dados de una vez y para siempre; tampoco es obvio que sean plenamente compartidos por todos los grupos sociales que integran las sociedades modernas.
 
La conformación e internalización de las normas, de los fines y de los valores es una dimensión en la que, en las sociedades modernas, las políticas educativas no han parecido estar a la altura para ofrecer resultados sólidos para mantener lo valioso de las tradiciones y hacer frente, por ejemplo, a las tendencias de cambio —en general poco deseables— impulsadas por los medios de comunicación. En el México de hoy, es en el campo educativo donde tenemos uno de los problemas más urgentes para abordar y resolver.
 
La toma de decisiones en torno a políticas de investigación científica y tecnológica, y sobre todo en torno al desarrollo y aplicación de tecnologías específicas, supone la evaluación de sistemas técnicos, así como de la racionalidad de esa aplicación. Esta racionalidad no se restringe a una racionalidad instrumental —de elección de medios adecuados para obtener los fines prefijados— sino que debe involucrar fuertemente aspectos evaluativos, incluyendo la discusión sobre la elección de los fines mismos. Por ejemplo, una comunidad afectada por cierta tecnología, debería discutir explícitamente sus valores y metas, especialmente cuando pueden resultar afectados por la aplicación de la tecnología en cuestión —piénsese simplemente en los problemas ambientales.
 
3. Un tercer grupo de los grandes problemas mundiales, que por supuesto involucra a la esfera de la moral y la política, así como a la del conocimiento, pero en donde destaca de manera clara el elemento estético, está constituido por las posibilidades para que se manifiesten las auténticas expresiones culturales. Con respecto a las culturas tradicionales, el problema es el de si pueden mantener sus propias formas de expresión en un entorno poco propicio para ello, y en los casos en los que es posible mantenerlas, cuál es el costo. Para muchas culturas modernas, la cuestión es la de cómo dar cabida a muy diversas formas de expresión y la de si todas son igualmente válidas o igualmente auténticas; además, por lo general en estas sociedades las formas de expresión cambian constantemente, cabe preguntarse entonces por las consecuencias de esos cambios constantes para la identidad cultural.
 
La problemática anterior se plantea de manera particularmente aguda en el contexto de las relaciones entre diferentes grupos sociales, especialmente entre las sociedades modernas y los grupos étnicos tradicionales, tanto a escala mundial como a escala nacional, como ocurre en muchos de los países latinoamericanos. En México esto se vuelve muy importante en relación con los grupos étnicos tradicionales, y tiene consecuencias serias, no sólo para las políticas indigenistas —sino como se ha constatado en México en 1994— para la vida política, económica y social nacional.
 
En las políticas que afectan a los grupos étnicos se tiene que tomar en cuenta la diversidad cultural. A partir del reconocimiento de esta diversidad, se debate ampliamente sobre el relativismo —en sus dimensiones gnoseológica, moral y estética. Pero las consecuencias para decidir cuáles son las políticas aceptables son muy diferentes según el tipo de relativismo que se considere correcto. Por ejemplo, si se considera que es correcto un relativismo fuerte y extremo —en relación con la racionalidad, y en general en el terreno gnoseológico y en el práctico—, entonces es posible justificar, con base en él, propuestas separatistas con respecto a las comunidades indígenas. En cambio si se considera que el relativismo extremo no es correcto, pero que sí lo es un relativismo moderado, entonces no sería justificable una posición separatista, pero se podría ofrecer una justificación para exigir al Estado que asuma plenamente sus responsabilidades frente a las comunidades, al mismo tiempo que tenga para con ellas y sus tradiciones un muy cuidadoso respeto. Pero igualmente se podría justificar la exigencia a los líderes de las comunidades indígenas de explicar claramente las consecuencias de asumir caminos que pretendan conducir al aislamiento total, o bien caminos de cerrazón que impidan negociaciones adecuadas para las partes involucradas. Esto daría los lineamientos generales para políticas indigenistas y para la solución negociada de conflictos.
 
Los grupos de problemas que hemos mencionado indican, por un lado, la gravedad de muchos de los asuntos en torno a los cuales es preciso reflexionar, y ante los cuales la filosofía tiene el desafío de elaborar un instrumental conceptual adecuado para el análisis, de discutir los procedimientos mediante los cuales es aceptable enfrentar esos problemas y dirimir las diferencias, y finalmente tiene el desafío también de presentar puntos de vista justificables.
 
Por otro lado, esa lista de problemas muestra el entrecruzamiento de las diversas disciplinas, y sugiere que es imposible que la filosofía ofrezca por sí sola la herramienta necesaria para analizar toda la compleja realidad social del mundo actual. Esto es obvio, pero sugiere también la imposibilidad de que otras disciplinas, y otras prácticas —por ejemplo las puramente políticas— analicen y propongan cursos de acción aceptables si no recurren a conceptos y a concepciones filosóficas. Esto es menos obvio —pues por lo menos no todo el mundo lo ve así.
 
En este pequeño texto analizaremos algunos conceptos útiles para abordar problemas como los señalados, por medio de la discusión de las siguientes seis cuestiones: el concepto de jerarquía, la legitimidad y la legitimación políticas, la identidad colectiva, el cambio social, la evaluación social de la tecnología y el papel de la filosofía en la formación de nuevos tecnólogos, y finalmente el relativismo cultural. Para esto tendremos como principal herramienta conceptual a las nociones de racionalidad y demarco conceptual.
 
Confiamos ofrecer algunas sugerencias acerca de cómo conformar una herramienta conceptual útil para el análisis de algunos importantes problemas de las sociedades contemporáneas. Una característica de este enfoque, como ya lo sugerí y lo podrá apreciar fácilmente el lector, es la aplicación de herramientas conceptuales que se han diseñado inicialmente para su uso en el campo de la epistemología a otras esferas de la vida humana y de las sociedades. Esto no es casual, más bien es uno de los mensajes que esperamos hacer llegar al lector, a quien le tocará juzgar sobre su fertilidad.
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Fragmento de la introducción
     
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cómo citar este artículo 
 
Olivé, León. 1996. Razón y sociedad. Ciencias, núm. 43, julio-septiembre, pp. 66-69. [En línea].
     

 

 

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