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México diverso:
un libro como espejo
 
   
   
     
                     
Autores:
Antonio Cantú D. B.,
Fulvio Eccardi A.,
Enrique Lira F.,
Jesús Ramírez R.,
Manuel Serrato T.,
Alfredo Zavala G.,
Edit. México Diverso.
ISSSTE, México, 1991.
 
Los pueblos como los individuos siempre buscan
el espejo con  denuedo, a veces con desesperación, en esos duros tiempos cuando el futuro se torna incierto o impredecible y cuando el alma tiene que afrontar las aguas peligrosas de la vicisitud. Frente a la perturbante profundidad del espejo; sociedades y seres, buscan con esperanza rastros, rostros, designios, identidades y perfiles con los cuales descifrar el presente, única manera de enfrentar el porvenir. Especular, enfrentar el espejo, es el acto inicial de todo proyecto exploratorio.
 
México Diverso es un libro que quiere ser espejo. En efecto la obra cuyo feliz nacimiento hoy presenciamos es, ante todo, un nuevo esfuerzo de autoanálisis social, visión y revisión del panorama contemporáneo. En tal sentido podría ser reiterativo, sin embargo es particularmente novedoso en tanto que gira alrededor de un nuevo y poderoso paradigma civilizador: la diversidad, esgrimida ésta en una época en que los grandes procesos sociales, económicos y políticos del planeta parecen arrojarnos, más y más, hacia un modelo basado en la homogeneidad, la uniformidad y la monotonía. También, a diferencia de otros esfuerzos del pasado, esta obra no se limita a documentar una sola de las dimensiones del rostro multifacético de México. La obra revisa la multiplicidad de la nación, ubicándose en un punto nodal que abarca cinco ejes: el geográfico, el ecológico, el biológico, el genético y, por supuesto, el cultural.
 
Fruto de un muy encomiable esfuerzo institucional, del trabajo laborioso de un entusiasta grupo de jóvenes investigadores, fotógrafos y redactores, y de la visión de largo alcance de quienes lo promovieron, el libro espejo no puede ser mas oportuno: viene a aparecer justo en la época en que el país se apresta a tornar decisiones capitales, altamente riesgosas y definitorias.
 
México es diverso porque su caprichosa geografía lo ha dotado de situaciones inimaginables. Bajoplanicies y altoplanicies, montañas cuya variedad mineralógica revela una multitud de orígenes; pantanos y lagos, más de 60 lagunas costeras, volcanes por doquier, anchos ríos o gigantes terraplenes de sal, plataformas marinas y multicolores arrecifes; murmullos que surgen del silencio de los fósiles.
 
De lo anterior ha resultado tal variedad de ambientes, que se dice que en el mundo sólo tiene parangón en dos países: Perú y la India. Y en esta diversidad ecológica desfilan por igual desiertos y semidesiertos, selvas altas, medianas y bajas, extensos pastizales templados y tropicales, bosques de coníferas, de encinas, de abetos, bosques mixtos, manglares, vegetación de dunas, paramos de altura, palmares. A tal heterogeneidad la enmarcan dos ejes: uno que va del cero a los cinco metros de lluvia anual, y otro que recorre desde cero hasta cinco mil metros de altitud. Entre ambos, uno puede encontrar casi cualquier combinación en los paisajes de México, y a todo ello aún es posible agregarle anomalías de origen histórico.
 
La tercera diversidad, la biológica, es entonces explicable en razón de las dos anteriores y de los cambios históricos que tuvieron lugar en el tiempo geológico. El resultado es una sorprendente variedad de especies. México es, biológicamente hablando, el tercer país más rico del mundo porque contiene alrededor del 12% de todos los organismos que deben existir en el planeta. Cuando en las próximas décadas logren terminarse los inventarios, los mexicanos sabremos si compartimos el territorio nacional con otras 500,000 especies de organismos vivos (estimación conservadora) o con más de 4,000.000 (si aceptamos las predicciones de quienes piensan que la diversidad biológica del mundo ha sido subestimada).
 
En la cuarta dimensión, la de los genes, México ha sido reconocido como uno de los siete principales centros de germoplasma vegetal en el mundo. Sólo habría que señalar que los antiguos mexicanos habían domesticado más de 100 especies de plantas con fines alimenticios, medicinales, textiles, de construcción, o mítico-religiosos.
 
Otra cosa es la diversidad de culturas. Como espacio, como recurso y como espejo, la naturaleza mexicana procreó una inusitada variedad de culturas en el territorio nacional que, según los especialistas, alcanzaba 120 diferentes lenguas en el momento en que entraron en contacto con el mundo europeo, varias de ellas pertenecían a los pináculos de su civilización. Del colapso demográfico que resultó de la conquista española y que según algunos autores pudo alcanzar el 90% de la población original, resistieron y reemergieron los más de 50 grupos étnicos que hay sobreviven y cuyas poblaciones se encuentran desde hace varias décadas en pleno ascenso. Una hazaña colosal de supervivencia de casi quinientos años, que viene a darnos el enorme poderío del entramado cultural, y nos revela una naturaleza convertida en refugio, en sabia matriz de una amplia gama de percepciones, ensoñaciones, mitos y apreciaciones sobre ella misma y sobre quienes la interpretan.
 
México es diverso y no puede dejar de serlo, porque ello significaría atentar contra su soberanía, que es lo mismo que decir contra su existencia. Y es que de esta diversidad de percepciones y sueños, sabores y aromas, de este mundo policromo, de esta variedad de pájaros, de esta multiplicidad de paisajes, de esta inmensidad de montañas, es de donde se alimenta esa peculiar característica del ser que llamamos idiosincrasia. Alfonso Reyes, lo mismo que Octavio Paz, han hecho referencia a ello en repetidas ocasiones desde sus exilios voluntarios, o desde sus reflexiones más íntimas.
 
Y para no traicionar el ideario que nos ilumina, diremos que en el país no hay una sino muchas, yo diría muchísimas idiosincrasias, casi tantas como cantidad de combinaciones que resultan del encuentro de la historia particular de los individuos, con la historia secular de las regiones, los pueblos, las comunidades. Y es de nuevo en la múltiple variedad de configuraciones que forman el nudo natura y cultura, de donde esta nación debe hacer surgir los elementos claves para visualizar el futuro.
 
Reconocer en el espejo una noción diversa (geográfica, ecológica, cultural, biológica y genética), es descubrir un atributo de un enorme, yo diría supremo, valor en estos duros tiempos de uniformación planetaria. El mundo se aproxima a su completa integración, mediante la globalización de los procesos económicos y el desarrollo inaudito de la tecnología, las comunicaciones y el transporte. Pero este mega-proceso, deseable en tanto que realiza la consolidación de la especie como sociedad, se lleva a cabo, paradójicamente, bajo los esquemas de un modelo de civilización esencialmente homogeneizante, es decir incompatible de entrada, con todo rasgo de diversidad. Tal es el mecanismo que imponen los pulsos de concentración, centralización y acumulación de poder en la escala planetaria.
 
Defender lo que de múltiple tiene este país, debe ser una consigna de todo mexicano enamorado de la sangre que corre por su tierra, de su presente y de su historia, de su apariencia y de su profundidad. En su diversidad, nuestro país encuentra, y opone, un rasgo esencial a los patrones uniformantes sobre los que se han erigido las pesadas, casi escleróticas, sociedades industriales; así como un manantial del cual derivar nuevas configuraciones productivas, tecnológicas, sociales, culturales y de articulación con la naturaleza.
 
Por todo lo anterior, deseo fervientemente que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos logren que esta obra que hoy presentamos siga teniendo vigencia en los futuros tiempos que nuestros ojos, por desgracia, ya no verán.
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Nota
Texto leído en la presentación del libro México Diverso,
abril 2 de 1991 en el Museo Franz Mayer.
     
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Víctor Toledo
Centro de Ecología,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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cómo citar este artículo    →
Toledo, Víctor Manuel. 1991. México diverso: un libro como espejo. Ciencias núm. 23, julio-septiembre, pp. 62-63. [En línea]
     

 

 

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