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¿Cómo, cuándo
y dónde pescar?
129B09   
 
 
 
Ma. de los Ángeles Maldonado A., Rebeca Sánchez C., Jorge S. Ramírez P. y Luis Salcido  
                     
 
Los seres vivos que habitan los ambientes acuáticos
son recursos pesqueros que han favorecido el desarrollo y la supervivencia de la humanidad desde sus orígenes, ya sea mediante recolección o pesca. Esta actividad es una fuente importante de alimento y empleo actualmente para la sociedad y en particular para las comunidades que habitan a lo largo de las costas de mares, ríos y lagos.
 
Las decisiones sobre la intensidad de pesca han sido fundamentadas en el estado del arte del conocimiento biológico y ecológico. Así, anteriormente se creía que los recursos pesqueros eran inagotables y se realizaba una intensa explotación, pero hoy día, ante el notable declive de la producción pesquera y la persistencia de la explotación desmedida de los recursos vivos en diversas pesquerías en el mundo, existe la creciente preocupación de implementar y mejorar su manejo.
 
El propósito de una gestión adecuada de la pesca es garantizar que la producción pesquera sea sostenible, que haya beneficios socioeconómicos para las comunidades pesqueras y que se mantenga la salud de los recursos pesqueros y del ecosistema que habitan.
 
El éxito de la gestión depende en gran medida del nivel de certidumbre en la toma de decisiones, que a su vez depende del conocimiento disponible; éste debe ser integrado por información socioeconómica y de gobernanza debido a la naturaleza de las pesquerías, pero sobre todo por el conocimiento bioecológico, fundamental e indispensable para cuidar la productividad y poder conservar los recursos pesqueros. Esto requiere una especial atención y un esfuerzo para generar dicho conocimiento e integrarlo en la toma de decisiones para establecer las medidas de gestión, como la talla de captura y las vedas reproductivas, que son las más comúnmente empleadas para proteger tales recursos
 
Talla de captura
 
La talla de captura es una medidas de gestión que regula la captura de un recurso pesquero con el fin de limitar indirectamente la mortalidad por pesca; puede ser establecida como talla mínima o máxima, indicando el límite mínimo y el límite máximo del tamaño de los organismos que se permite capturar. Esta medida de manejo se basa principalmente en la información sobre el tamaño de las especies a lo largo de su ciclo de vida, como su talla al pasar de juveniles a adultos o cuando ya son reproductores experimentados.
 
La talla de captura se establece de acuerdo al objetivo, que puede ser: 1) proteger juveniles (talla mínima); 2) proteger adultos jóvenes (talla mínima); y 3) proteger adultos viejos (talla máxima). La importancia de proteger a los organismos juveniles es permitir que logren crecer y lleguen a ser reproductores para que contribuyan con crías a las nuevas generaciones (reclutamiento), mientras que la de los adultos jóvenes y viejos permite que se reproduzcan sin el riesgo de ser capturados, manteniendo así en la población un reclutamiento continuo.
 
Usualmente se establecen tallas mínimas de captura para proteger juveniles y adultos jóvenes, sin embargo, algunos estudios sugieren que los reproductores más aptos son los adultos más viejos debido a la experiencia y a que pueden generar un mayor número de crías (mayor capacidad para producir descendencia), debido al gran tamaño de sus órganos reproductores. Aunque es menos común establecer tallas máximas de captura, algunas artes de pesca no permiten que ciertos organismos sean capturados; por ejemplo, los individuos de gran tamaño de algunas especies no se enmallan en las redes debido a que la abertura (luz) de la malla es muy pequeña y no ingresan a ella.
 
La investigación sobre la reproducción de las especies es trascendental y debe enfocarse principalmente en conocer el proceso de desarrollo reproductivo de los organismos hasta ser adultos, definir la aptitud (eficiencia) reproductiva de los reproductores y determinar las tallas asociadas que puedan ser utilizadas para seleccionar una talla de captura. Otros aspectos a estudiar y considerar son los procesos de crecimiento individual (edad, velocidad, etcétera) y la dinámica temporal del reclutamiento (éxito anual, bianual, etcétera); tales aspectos deben ser considerados en la selección de la talla de captura con el fin de dar a los organismos las oportunidades necesarias (número de años) para reproducirse sin ser pescado y asegurar su contribución a la descendencia.
 
La selección de la talla de captura puede ser un proceso complejo debido a que la talla mínima como medida de manejo se establece principalmente mediante la regulación del tamaño de la luz de la malla, la magnitud del anzuelo, las aberturas de entrada y escape que se utilizan en las diferentes artes de pesca, entre otras. El propósito es que se garantice la protección de los organismos de cierto tamaño. Cabe mencionar que la mayoría de los recursos pesqueros en México no cuentan con una regulación basada en la talla, básicamente por la falta de información biológica.
 
Veda reproductiva
 
Es la prohibición total de la pesca durante un periodo (temporal) o en un espacio (espacial). El objetivo es garantizar el éxito de la fertilización, el nacimiento y la supervivencia de los nuevos individuos y evitar que ocurra una sobreexplotación del recurso en condiciones de agregación reproductiva. Como una medida de manejo pesquero es una de las estrategias más importantes para que las pesquerías sean una actividad sostenible (figura 1).
 
Las vedas reproductivas se establecen en el periodo o el espacio en que los organismos adultos de una población se encuentran llevando a cabo su reproducción. La definición de una veda reproductiva temporal debe considerar y abarcar tres elementos básicos: 1) la época de desove e incubación de crías; 2) el periodo de agregación reproductiva; y 3) los cambios interanuales en el inicio y término de los puntos anteriores. Por su parte, la veda reproductiva espacial debe proteger la zona de reproducción y su variabilidad espacial.
 
La determinación de una veda reproductiva temporal o espacial es también compleja y requiere un amplio bagaje sobre diversos aspectos de la reproducción de los organismos. Es importante integrar el conocimiento sobre los ciclos reproductivos, el comportamiento reproductivo (agregaciones), las zonas de reproducción e incluso aspectos relacionados con la vulnerabilidad de los organismos ante las artes de pesca.
 
Cuando no se cuente con la información necesaria se puede empezar adoptando periodos o zonas de veda precautorios, dejando un margen de tiempo y espacio que permitan el desarrollo de los procesos biológicos, aun cuando los patrones cambien año con año, con el objetivo de favorecer la productividad de las poblaciones. Las medidas precautorias se basan en la mejor información disponible sobre la especie de interés o similares e incluso de acuerdo con el conocimiento que poseen los pescadores. Cabe mencionar que muy pocos recursos pesqueros cuentan con una veda reproductiva en México.
 
Ausencia de medidas
 
Los recursos pesqueros que cuentan con una medida de manejo son principalmente aquellos que tienen importancia comercial por su alto valor en el mercado y grandes volúmenes de captura, que han sido impactados por la pesca excesiva. Sin embargo, a pesar de la reglamentación que pueda existir para cada especie en particular, estas reglas no se cumplen del todo debido a problemas sociales, a la presión del mercado, la corrupción, el control y la vigilancia incipiente o por deficiencias en el sistema de gestión, lo que ha llevado a las pesquerías a reducir la biomasa de las poblaciones.
 
En este escenario, los pescadores se ven obligados a pescar especies alternativas para proveer sustento y alimento a sus familias. Desafortunadamente, la mayoría de los recursos que consideran como alternativa no cuentan con medidas de manejo, y al ser pescadas sin regulación alguna existe el riesgo de que sean deterioradas. Por esta razón existe la necesidad de establecer una adecuada reglamentación fundamentada en la mejor información disponible.
 
Conclusión
 
La protección de la productividad de los recursos pesqueros es fundamental para proyectar pesquerías sustentables y asegurar la provisión de alimentos y empleo. La comprensión de la reproducción y de otros procesos biológicos de las especies es de vital importancia para proporcionar asesoría científica sólida para la gestión de la pesca.
 
Las medidas de manejo, como las tallas de captura y las vedas reproductivas, pueden parecer simples, sin embargo su definición llega a ser compleja, al igual que lo es el respeto y su combinación con otras medidas en la implementación de una gestión adecuada, no obstante pueden ser poderosas acciones que impacten positivamente en el mantenimiento de la productividad de los recursos pesqueros, así como en la seguridad alimentaria de nosotros, los seres humanos.
     
Referencias bibliográficas

Aburto-Oropeza, O. et al. 2009. “Serránidos de importancia comercial del Golfo de California. Ecología, pesquerías y conservación”, en Ciencia y conservación, núm 1, p. 43.
     Cadima, E. L. 2003. “Manual de evaluación de recursos pesqueros. Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación”, en Documento técnico de pesca. Roma.
      Contreras E. F. 2002. “Importancia de la pesca ribereña en México”, en Revista Contactos, pp. 5-14.
     Cochrane K. L. y S. M. García. 2009. A Fishery Manager`s Guidebook. Wiley-Blackwell, Hoboken, New Jersey.
     Jakobsen T., M. Fogarty, B. Megrey y E. Moksness. 2009. Fish Reproductive Biology. Implications for assessment and management. Wiley-Blackwell, Hoboken, New Jersey.
     Morgan, M. J. 2008. “Integrating reproductive biology into scientific advice for fisheries management” en J. Northw. Atl.
Fish. Sci., pp. 37–51.
     Watson R. y D. Pauly. 2001. “Systematic distortions in world fisheries catch trends”, en Nature. vol. 414.
     

     
Ma. de los Ángeles Maldonado A.,
Rebeca Sánchez C., Jorge S. Ramírez P.
y Luis Salcido
Facultad de Ciencias del Mar,
Universidad Autónoma de Sinaloa.
     

     
 
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Acuacultura:
¿qué hay de los camarones en el coctel?
129B10   
 
 
 
Eugenio García Álvarez  
                     
Los seres vivos que habitan los ambientes acuáticos
son recursos pesqueros que han favorecido el desarrollo y la supervivencia de la humanidad desde sus orígenes, ya sea mediante recolección o pesca. Esta actividad es una fuente importante de alimento y empleo actualmente para la sociedad y en particular para las comunidades que habitan a lo largo de las costas de mares, ríos y lagos.
 
Las decisiones sobre la intensidad de pesca han sido fundamentadas en el estado del arte del conocimiento biológico y ecológico. Así, anteriormente se creía que los recursos pesqueros eran inagotables y se realizaba una intensa explotación, pero hoy día, ante el notable declive de la producción pesquera y la persistencia de la explotación desmedida de los recursos vivos en diversas pesquerías en el mundo, existe la creciente preocupación de implementar y mejorar su manejo.
 
El propósito de una gestión adecuada de la pesca es garantizar que la producción pesquera sea sostenible, que haya beneficios socioeconómicos para las comunidades pesqueras y que se mantenga la salud de los recursos pesqueros y del ecosistema que habitan.
 
El éxito de la gestión depende en gran medida del nivel de certidumbre en la toma de decisiones, que a su vez depende del conocimiento disponible; éste debe ser integrado por información socioeconómica y de gobernanza debido a la naturaleza de las pesquerías, pero sobre todo por el conocimiento bioecológico, fundamental e indispensable para cuidar la productividad y poder conservar los recursos pesqueros. Esto requiere una especial atención y un esfuerzo para generar dicho conocimiento e integrarlo en la toma de decisiones para establecer las medidas de gestión, como la talla de captura y las vedas reproductivas, que son las más comúnmente empleadas para proteger tales recursos
 
Talla de captura
 
La talla de captura es una medidas de gestión que regula la captura de un recurso pesquero con el fin de limitar indirectamente la mortalidad por pesca; puede ser establecida como talla mínima o máxima, indicando el límite mínimo y el límite máximo del tamaño de los organismos que se permite capturar. Esta medida de manejo se basa principalmente en la información sobre el tamaño de las especies a lo largo de su ciclo de vida, como su talla al pasar de juveniles a adultos o cuando ya son reproductores experimentados.
 
La talla de captura se establece de acuerdo al objetivo, que puede ser: 1) proteger juveniles (talla mínima); 2) proteger adultos jóvenes (talla mínima); y 3) proteger adultos viejos (talla máxima). La importancia de proteger a los organismos juveniles es permitir que logren crecer y lleguen a ser reproductores para que contribuyan con crías a las nuevas generaciones (reclutamiento), mientras que la de los adultos jóvenes y viejos permite que se reproduzcan sin el riesgo de ser capturados, manteniendo así en la población un reclutamiento continuo.
 
Usualmente se establecen tallas mínimas de captura para proteger juveniles y adultos jóvenes, sin embargo, algunos estudios sugieren que los reproductores más aptos son los adultos más viejos debido a la experiencia y a que pueden generar un mayor número de crías (mayor capacidad para producir descendencia), debido al gran tamaño de sus órganos reproductores. Aunque es menos común establecer tallas máximas de captura, algunas artes de pesca no permiten que ciertos organismos sean capturados; por ejemplo, los individuos de gran tamaño de algunas especies no se enmallan en las redes debido a que la abertura (luz) de la malla es muy pequeña y no ingresan a ella.
 
La investigación sobre la reproducción de las especies es trascendental y debe enfocarse principalmente en conocer el proceso de desarrollo reproductivo de los organismos hasta ser adultos, definir la aptitud (eficiencia) reproductiva de los reproductores y determinar las tallas asociadas que puedan ser utilizadas para seleccionar una talla de captura. Otros aspectos a estudiar y considerar son los procesos de crecimiento individual (edad, velocidad, etcétera) y la dinámica temporal del reclutamiento (éxito anual, bianual, etcétera); tales aspectos deben ser considerados en la selección de la talla de captura con el fin de dar a los organismos las oportunidades necesarias (número de años) para reproducirse sin ser pescado y asegurar su contribución a la descendencia.
 
La selección de la talla de captura puede ser un proceso complejo debido a que la talla mínima como medida de manejo se establece principalmente mediante la regulación del tamaño de la luz de la malla, la magnitud del anzuelo, las aberturas de entrada y escape que se utilizan en las diferentes artes de pesca, entre otras. El propósito es que se garantice la protección de los organismos de cierto tamaño. Cabe mencionar que la mayoría de los recursos pesqueros en México no cuentan con una regulación basada en la talla, básicamente por la falta de información biológica.
 
Veda reproductiva
 
Es la prohibición total de la pesca durante un periodo (temporal) o en un espacio (espacial). El objetivo es garantizar el éxito de la fertilización, el nacimiento y la supervivencia de los nuevos individuos y evitar que ocurra una sobreexplotación del recurso en condiciones de agregación reproductiva. Como una medida de manejo pesquero es una de las estrategias más importantes para que las pesquerías sean una actividad sostenible (figura 1).
 
Las vedas reproductivas se establecen en el periodo o el espacio en que los organismos adultos de una población se encuentran llevando a cabo su reproducción. La definición de una veda reproductiva temporal debe considerar y abarcar tres elementos básicos: 1) la época de desove e incubación de crías; 2) el periodo de agregación reproductiva; y 3) los cambios interanuales en el inicio y término de los puntos anteriores. Por su parte, la veda reproductiva espacial debe proteger la zona de reproducción y su variabilidad espacial.
 
La determinación de una veda reproductiva temporal o espacial es también compleja y requiere un amplio bagaje sobre diversos aspectos de la reproducción de los organismos. Es importante integrar el conocimiento sobre los ciclos reproductivos, el comportamiento reproductivo (agregaciones), las zonas de reproducción e incluso aspectos relacionados con la vulnerabilidad de los organismos ante las artes de pesca.
 
Cuando no se cuente con la información necesaria se puede empezar adoptando periodos o zonas de veda precautorios, dejando un margen de tiempo y espacio que permitan el desarrollo de los procesos biológicos, aun cuando los patrones cambien año con año, con el objetivo de favorecer la productividad de las poblaciones. Las medidas precautorias se basan en la mejor información disponible sobre la especie de interés o similares e incluso de acuerdo con el conocimiento que poseen los pescadores. Cabe mencionar que muy pocos recursos pesqueros cuentan con una veda reproductiva en México.
 
Ausencia de medidas
 
Los recursos pesqueros que cuentan con una medida de manejo son principalmente aquellos que tienen importancia comercial por su alto valor en el mercado y grandes volúmenes de captura, que han sido impactados por la pesca excesiva. Sin embargo, a pesar de la reglamentación que pueda existir para cada especie en particular, estas reglas no se cumplen del todo debido a problemas sociales, a la presión del mercado, la corrupción, el control y la vigilancia incipiente o por deficiencias en el sistema de gestión, lo que ha llevado a las pesquerías a reducir la biomasa de las poblaciones.
 
En este escenario, los pescadores se ven obligados a pescar especies alternativas para proveer sustento y alimento a sus familias. Desafortunadamente, la mayoría de los recursos que consideran como alternativa no cuentan con medidas de manejo, y al ser pescadas sin regulación alguna existe el riesgo de que sean deterioradas. Por esta razón existe la necesidad de establecer una adecuada reglamentación fundamentada en la mejor información disponible.
 
Conclusión
 
La protección de la productividad de los recursos pesqueros es fundamental para proyectar pesquerías sustentables y asegurar la provisión de alimentos y empleo. La comprensión de la reproducción y de otros procesos biológicos de las especies es de vital importancia para proporcionar asesoría científica sólida para la gestión de la pesca.
 
Las medidas de manejo, como las tallas de captura y las vedas reproductivas, pueden parecer simples, sin embargo su definición llega a ser compleja, al igual que lo es el respeto y su combinación con otras medidas en la implementación de una gestión adecuada, no obstante pueden ser poderosas acciones que impacten positivamente en el mantenimiento de la productividad de los recursos pesqueros, así como en la seguridad alimentaria de nosotros, los seres humanos.

     
Referencias bibliográficas

FAO. 2010. El estado mundial de la pesca y la acuicultura 2010. FAO, Roma.
    2012. El estado mundial de la pesca y la acuicultura. Examen mundial de la pesca y la acuicultura Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. FAO, Roma.
 
     

     
Eugenio García Álvarez
Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas,
Instituto Politécnico Nacional.
     

     
 
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Ciencias de la Tierra, un nuevo campo de estudio 129B01   
 
 
 
Brianda Itzel Fernández Rivas y José Luis Salinas Gutiérrez  
                     
Los fenómenos naturales que ocurren en la Tierra
como huracanes, sismos, tornados, erupciones volcánicas, tormentas eléctricas, nevadas y tsunamis influyen en nosotros como sociedad y como individuos, pero al mismo tiempo los fenómenos provocados por el hombre influyen, en diferente magnitud y escala, en el planeta.
 
A la vez, los elementos de la naturaleza vistos como recursos son medios de interacción de las sociedades humanas y el ambiente, y tienen influencia en la Tierra y en las formas de vida que lo habitan. Esta interacción se da en la cotidianidad, pues son los recursos que utilizamos, los productos que consumimos día a día, como el agua que empleamos en nuestras actividades diarias, las frutos y los vegetales que incluimos en nuestra dieta, el aire que respiramos, la energía del refrigerador, de la computadora, del radio, del celular. Con el paso del tiempo, algunos de estos recursos han disminuido por una mala administración, por un uso inconsciente, irracional e irresponsable, por falta de conocimiento y consciencia.
 
Como habitantes de este planeta, es nuestra obligación conocer acerca de los procesos, patrones, limitaciones, dinámica y, sobre todo, la importancia que implica la preservación de tales recursos. Si las personas y comunidades percibieran en forma comprensible los procesos biogeológicos que ocurren, podrían tomar mejores decisiones en cuanto al manejo y uso de los recursos naturales y, como consecuencia, lograr un mejor aprovechamiento. Para hallar un equilibrio entre explotación y desarrollo del medio ambiente deben considerarse tanto las obligaciones del ser humano como los derechos de la naturaleza, y con esa equidad obtener beneficios mutuos.
 
Con base en lo anterior, se comenzó a reconocer que existe un campo de conocimiento que abarca una serie de disciplinas que se podría denominar Ciencias de la Tierra, y que se debía establecer su enseñanza y aprendizaje, ya que conlleva la comprensión del funcionamiento y las interacciones de nuestro mundo, base de acción para contrarrestar el deterioro ambiental que sufre el planeta. Es así que el campo de las Ciencias de la Tierra nace: como una idea multidisciplinaria con el objetivo de actuar a nivel local, regional y global.
 
Este campo buscará desarrollar en los estudiantes la habilidad de comprender la forma en que la humanidad influye en los procesos que ocurren en el planeta y, al mismo tiempo, cómo la actividad del hombre altera el equilibrio de los sistemas terrestres; desarrollar capacidades para elaborar políticas de preservación y cuidado del medio ambiente y considerar la evaluación y el manejo de los recursos naturales para mantener una visión integral del equilibrio en los sistemas terrestres. Tiene la capacidad de aportar información fundamental para la protección de personas y bienes en caso de riesgos geológicos, meteorológicos y ambientales. El papel de las Ciencias de la Tierra crecerá continuamente en importancia en función de las necesidades de nuestra sociedad.
 
Una nueva carrera
 
Ciencias de la Tierra es una naciente oferta académica que ya forma parte de las 85 carreras que imparte la unam. Tiene una fecha de aprobación por el H. Consejo Universitario del 26 de marzo de 2010 y cuenta con cinco orientaciones: Ciencias Acuáticas, Ciencias Ambientales, Ciencias Atmosféricas, Ciencias Espaciales y Ciencias de la Tierra Sólida.
 
Enmarcada en el área del conocimiento de las ciencias físico-matemáticas, las ingenierías, las ciencias biológicas, químicas y de la salud, está respaldada por diversas entidades universitarias como los institutos de Geofísica, de Geografía, Geología e Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y Sistemas, los centros de Ciencias de la Atmósfera y de Geociencias, las facultades de Ciencias e Ingeniería, además de los campus fuera de la Ciudad de México.
 
La especialización y los grandes avances tecnológicos hacen que esta nueva licenciatura se proyecte como una carrera vanguardista y de gran alcance, además de hacerla única en el estudio y comprensión de la Tierra como un sistema complejo en toda su estructura. Entre algunos de sus retos están la reducción de los efectos provocados por los desastres naturales en la población y la formación grupos interdisciplinarios que incluyan y conjunten las ciencias sociales con la química, la física, la biología y las matemáticas.
 
Al hablar del alcance que esta nueva propuesta académica está teniendo, es importante mencionar el enorme acervo bibliográfico que alberga la Biblioteca Conjunta de Ciencias de la Tierra (bcct), resultado de las aportaciones que diversos investigadores han hecho a las áreas que esta disciplina abarca. Su contenido incluye más de 500 títulos de revistas (vigentes y una colección histórica) y poco más de 30 000 libros actuales e históricos. Su colección también incluye alrededor de 7 000 mapas y 3 000 tesis, así como una base de datos especializada. Todo este cúmulo incalculable de información científica hace de esta biblioteca un recinto universitario único e invaluable para toda la comunidad académica en la que se inserta Ciencias de la Tierra.
 
Para complementar este quehacer, el programa integrado a la red temática del conacyt Complejidad, Ciencia y Sociedad denominado Atlas de la Ciencia Mexicana, indica en su publicación de 2011 una participación de 976 investigadores distribuidos en 74 entidades académicas, entre universidades, centros de investigación, colegios, comisiones, institutos, secretarías y servicios en el país, en disciplinas tan diversas y complejas como las ciencias atmosféricas, ciencias del suelo, espacio exterior, estratigrafía, exploración geofísica, geodesia, geofísica, geografía, geología, geoquímica, hidrología, oceanografía, paleontología, sismología, tectónica y otras áreas del conocimiento, lo cual nuevamente indica la vanguardia en que se desarrollan los métodos de estudio de las ciencias de la Tierra.
 
El recuento de todo lo que dispone la naciente licenciatura no incluyen los programas e iniciativas internacionales en Ciencias de la Tierra, dónde México participa activamente, lo cual, de tomarse en consideración, añade e incrementa el acervo de información y recursos con que cuenta la carrera.
 
Si se considera que el egresado de Ciencias de la Tierra tendrá una amplia extensión de conocimientos (físicos, matemáticos, biológicos, químicos, geológicos, geográficos, entre otros), además de la capacidad suficientemente para dar soluciones o sugerir propuestas a problemas de diversa índole, desde contingencias medioambientales, geológicas, climáticas y atmosféricas, hasta espaciales, todo lo cual será de gran ayuda para visualizar, comprender y explicar un futuro a corto, mediano y largo plazo.
 
Los especialistas en Ciencias de la Tierra podrán laborar en una gran diversidad de organizaciones, instituciones, agencias federales y estatales que involucran en su quehacer el componente social, político y natural, en donde podrán aplicar sus conocimientos y emplear sus habilidades para proporcionar soluciones a las consecuencias de diversos eventos de la naturaleza y de los daños que ocasiona el ser humano por el mal uso de su entorno.
 
En la actualidad es importante llevar a cabo trabajos que contribuyan al desarrollo y la aplicación de una nueva área del conocimiento, la cual implica una interacción multidisciplinaria que pueda servir de apoyo y como base para cimentar los conocimientos necesarios en el desarrollo de las Ciencias de la Tierra.
 
La investigación en este campo es fundamental y constituye una innovación relevante para lograr en el futuro un mayor conocimiento y entendimiento de nuestro entorno desde el enfoque de las ciencias y la sociedad en conjunto, lo cual significa que hay mucho por hacer. Considerando todo lo anterior, la nueva carrera de Ciencias de la Tierra posee una gran importancia para el futuro de nosotros y de nuestro planeta.
 
     
Referencias bibliográficas

Armendáriz Sánchez, S. 2008. “La Biblioteca Conjunta de Ciencias de la Tierra de la unam: a diez años de su inicio”, en Biblioteca Universitaria, vol. 11, núm. 2, pp. 163–171.
     Azuela, L. F. 2003. “La Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, la organización de la ciencia, la institucionalización de la Geografía y la construcción del país en el siglo xix”, en Boletín del Instituto de Geografía, 52, pp. 153–166.
      _____2009. “La geología en México en el siglo xix: Entre las aplicaciones prácticas y la investigación básica”, en Revista Geológica de América Central, núm. 41, pp. 99–110.
y R. Vega y Ortega. 2011. “El Museo Público de Historia Natural, Arqueología e Historia (1865–1867)”, en La Geografía y las Ciencias Naturales en el siglo XIX mexicano, Azuela y Vega y Ortega (coord.). Instituto de Geografía, unam, México. Pp. 103–120.
      R. Vega y Ortega y R. C. Nieto García. 2009. “Un edificio científico para el Imperio de Maximiliano: El Museo Público de Historia Natural, Arqueología e Historia”, en Geografía e Historia Natural: Hacia una historia comparada. Estudio desde Argentina, México, Costa Rica y Paraguay, Celina Lértora (coord.), vol. 2. Ediciones fepai, Buenos Aires. Pp. 101–124.
     Flores, E. C. 1999. “El Colegio de Minería: una institución ilustrada en el siglo xviii Novohispano”, en Estudios de Historia Novohispana, núm. 20, pp. 33–65.
     García Martínez, B. (1974–1975). “La Comisión Geográfica-Exploradora, en Historia Mexicana, núm. 24, pp. 485–555.
Urrutia Fucugauchi, J. 2012. “Los programas e iniciativas internacionales en Ciencias de la Tierra”, en Gaceta de la Unión Geofísica Mexicana, vol. 2, núm. 1, pp. 1–2.

Brianda Itzel Fernández Rivas
Escuela María Molier A. C.

José Luis Salinas Gutiérrez
Programa de Entomología-Acarología,
Colegio de Postgraduados, Montecillo.
     

     
 
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Colibríes de México
y Norteamérica


María del Coro Arizmendi
y Humberto Berlanga
; Ilustraciones de Marco Antonio Pineda.
129B13 
Editorial: CONABIO/UNAM/NABCI/The Cornell Lab of Ornithology. México 2014, 158 p. 
Este libro contiene información básica sobre la historia natural de los colibríes y sobre la distribución geográfica y las características morfológicas de todas las especies reconocidas de colibríes para que el observador de aves y el amante de la naturaleza pueda ayudarse a identificarlas. La descripción de cada una de las especies es acompañada por mapas de excelente calidad e ilustraciones del artista Marco Pineda e información sobre sus amenazas y estado de conservación. Aunque pareciera trivial la presentación de una guía con tales características, particularmente por la existencia de varios libros sobre colibríes y guías de campo especializadas en el mercado, la guía de los colibríes de México y Norteamérica de Arizmendi y Berlanga llega a las manos de todo público en un momento que considero crucial para que los ciudadanos se involucren no solo en su contemplación sino para que activamente participen en su estudio, generando observaciones sobre sus historias de vida y datos sobre su distribución e interacción con sus flores, que pueden ser de utilidad para su conservación.
 
Aunque la argumentación del párrafo anterior a favor de la guía de Arizmendi y Berlanga pudiese ser aplicada a otros grupos de aves, las características de los colibríes que incluyen su pequeño tamaño y capacidades de vuelo y revoloteo, un juego de características fisiológicas y metabólicas asociadas al consumo del néctar de las flores y demandas energéticas, las extravagancias de sus plumajes —con penachos, orejeras, colas largas bifurcadas y colores iridiscentes—, los despliegues nupciales con saltos acrobáticos acompañados de sonidos producidos por las plumas y danzas con niveles de testosterona disparadas que rayan en la esquizofrenia, los cantos melódicos y complejos en asambleas de machos en busca de un amor, y las migraciones desde el noroeste de los Estados Unidos y Canadá al occidente de México o a través del Golfo de México hacia Centroamérica, son solamente algunas de las razones de porqué los colibríes han sido parte iconográfica y de simbología importantes en los cosmos de los pueblos que nos antecedieron, de la exportación de miles de ejemplares embalsamados a Europa para la decoración de sombreros de las damas de siglos pasados en el viejo continente, de la generación de ganancias millonarias por la explotación de corazones atolondrados de los observadores de aves, y del juramento con los autores de esta guía.
 
Desafortunadamente el balance entre estas criaturas y los ambientes donde viven —particularmente las plantas de cuyas flores obtienen el néctar—, corre un grave peligro. Todas las especies de colibríes, no solo las de Norteamérica, se encuentran en el Apéndice II de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (cites), que incluye todas las especies que, si bien en la actualidad no se encuentran necesariamente en peligro de extinción, podrían llegar a esa situación a menos que el comercio de dichas especies esté sujeto a una reglamentación estricta y un control eficaz a fin de evitar una utilización incompatible con su supervivencia. Aunque varias especies de colibríes están amenazadas o en peligro de extinción en Norteamérica —particularmente aquellas con una distribución geográfica restringida como Lophornis brachylophus y Doricha eliza—, las amenazas mas importantes son todavía nuestra ignorancia sobre los tamaños poblacionales de la mayoría de las especies los recursos florales que usan a lo largo de su distribución geográfica, los movimientos estacionales y altitudinales que realizan siguiendo la fenología de los recursos florales, y de sus historias de vida y evolución. Más allá de las amenazas conocidas por el deterioro, fragmentación y destrucción de los ambientes donde viven los colibríes, los pronósticos del cambio climático sugieren por ejemplo que la distribución de las especies migratorias se reducirá hacia menores latitudes —se perderá la conducta migratoria en un pronóstico fatalista— y la sincronía fenológica entre la reproducción de los colibríes migratorios y las flores de las que dependen en ese periodo se perderá en muy pocos años hacia latitudes mayores, reduciendo la ya muy baja fecundidad de las hembras. Por este ejemplo pienso que la guía de los colibríes de México y Norteamérica puede detonar muchos procesos críticos para mejorar nuestra capacidad de predicción de las respuestas biológicas al cambio climático no solo de las especies migratorias de colibríes sino de otros organismos migratorios que siguen corredores de néctar u otros recursos, y con ello la posibilidad de que el ciudadano común participe en la generación de datos de urgencia anticipada.
 
Texto de la Presentación del libro


 Juan Francisco Ornelas

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Echinocactus platyacanthus
la planta del acitrón
129B08   
 
 
 
Ana Laura López Escamilla, Laura Patricia Olguín Santos y Louis Saby Vercamer  
                     
Las cactáceas son un grupo muy importante en México,
está conformado por diferentes especies agrupadas en diversos géneros. Uno de ellos es Echinocactus, que fue descrito por Heinrich Link y Christoph Otto en 1827 y su nombre proviene del griego echinos, erizo, por lo que significa simplemente cactus espinoso.
 
Su principal característica es tener en la región del meristemo apical una zona densa de tricomas largos, que en conjunto es señalada como lanosa. Son plantas cuya forma va de globosa hasta columnar corta, con costillas, sus aréolas son grandes y tiene espinas diferenciadas en radiales y centrales; las flores están dispuestas en corona en la región del meristemo apical, parcialmente hundidas entre la capa de tricomas y son de color amarillo o rosa más o menos purpúreo.
 
El género Echinocactus (tribu Cacteae, subtribu Cactinae) incluye por ahora a E. grusonii, E. platyacanthus, E. polycephalus, E. parryi, E. horizonthalonius y E. texensis, y se distribuye en Oaxaca, Puebla, Coahuila, Durango, Hidalgo, Querétaro, Guanajuato, Nuevo León, San Luis Potosí, Tamaulipas y Zacatecas. Sólo E. polycephalus y E. parryi crecen en los estados de Chihuahua y Sonora, mientras que E. polycephalus se extiende hasta Nevada y Utah.
 
Una de las especies de mayor porte en la tribu Cacteae y que se observa en muchas comunidades xerófilas, es Echinocactus platyacanthus, conocida como biznaga del acitrón; es endémica de México, en donde se reconocen tres formas geográficas: en Guanajuato, San Luís Potosí, Zacatecas, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas se encuentra viznaga o “biznaga de dulce”, en Puebla y Oaxaca existe grandis, conocida como “biznaga”, “asiento de suegra”, y en los valles intermontanos y las barrancas de Hidalgo y Querétaro se localiza platyacanthus, llamada también “biznaga gigante” y “biznaga tonel grande”, cuyas poblaciones pueden tener una densidad de más de mil individuos por hectárea.
 
El uso de las cactáceas en México es muy variado y se remonta a la época prehispánica, en que tenían un papel fundamental en la sociedad por su empleo en la alimentación, la economía doméstica, la medicina, las prácticas religiosas y políticas. En 2004 se descubrió un monolito en la pared de la Librería Porrúa, ubicada en el Centro Histórico de la Ciudad de México, conocido como “La Piedra de la Librería Porrúa”, que es la representación de una biznaga perteneciente al género Echinocactus platyacanthus. Es una piedra basáltica de 56 centímetros de altura por 77 centímetros de diámetro y 600 kilos de peso, y se cree era una piedra de sacrificios. Actualmente se puede ver en la esquina de Argentina y Justo Sierra.
 
Jiménez Sierra y Eguiarte han realizado estudios en las diferentes poblaciones de esta especie y observaron que, en función de la zona geográfica en la que se encuentren, tendrán un mayor o menor grado de conservación, de tal forma que las poblaciones que están ubicadas en el estado de Hidalgo (“Buenavista” y “Santuario”) se encuentran mejor conservadas, las de Puebla tienen un estado intermedio de conservación, y las densidades más bajas se registraron en Querétaro.
 
Asimismo se han realizado estudios sobre la capacidad de germinación, el estrés hídrico de plántulas de semillas y las variables fotosintéticas (concentración de pigmentos fotosintéticos y de ácido málico) de semillas provenientes de poblaciones de Querétaro (Vizarrón), Puebla-Oaxaca (Tehuacán-Cuicatlán) e Hidalgo (Metztitlán). Se observó que las semillas procedentes de Vizarrón presentaron una menor velocidad, tardan más días en germinar en comparación con las de Tehuacán-Cuicatlán y de Metztitlán, que registró el mayor porcentaje de germinación y en menos tiempo.
 
En relación con el crecimiento de las plantas en condiciones de estrés hídrico, las procedentes de Tehuacán-Cuicatlán y Metztitlán fueron más susceptibles y presentaron afectaciones en las variables fotosintéticas y el crecimiento que las de Vizarrón.
 
Los resultados muestran la estrecha relación entre el origen y el estado de conservación de la población, así como las estrategias de adaptación que presentan las semillas y plántulas para sobrevivir en condiciones adversas. Las dos poblaciones de Hidalgo se encuentran dentro del polígono de la Reserva de la Biósfera Barranca de Metztitlán, en la zona núcleo 4, así como las procedentes de Tehuacán-Cuicatlán en la Reserva del mismo nombre, por lo que sus porcentajes y tiempos de germinación son mejores que los de la población de Vizarrón, que no está en área protegida y tienen uno menor, pero sus plántulas son capaces de soportar condiciones de estrés hídrico, a diferencia de las anteriores.
 
Importancia y usos
 
Echinocactus platyacanthus es empleada como recurso alimenticio para los humanos y el ganado. Los tricomas apicales de plantas adultas, la llamada “lana de biznaga”, tiene una consistencia similar a la lana natural con un color amarillo pálido y se utilizaba en varias localidades de San Luis Potosí para rellenar cojines, en la elaboración de tejidos, como mantas y chalecos, cama para conejos y elemento decorativo en “nacimientos” (belenes) durante la temporada Navideña, pero su uso ha ido desapareciendo por las dificultades para su extracción debido a las abundantes espinas en el ápice que dificultan su limpieza y ablandamiento, además de que esta práctica genera bajos ingresos, lo cual no la hace redituable.
 
Sin embargo, es de esta especie que se elabora el tradicional dulce de acitrón o biznaga en dulce. Varela señala que se piensa que el nombre de acitrón proviene de “cidra confitada” y citrón del francés citron “limón” pero debido a la poca coherencia de su desarrollo cronológico ha sido difícil concluir de manera contundente su origen; hay un sinónimo del acitrón conocido como “diacitrón” formado por el prefijo dia, que es característico de confituras y ungüentos —su significado, señala Varela, se refiere “a la fruta llamada cidra después de bañada con azúcar y reducida a dulce”— y dicho diacitrón se menciona en varios recetarios de cocina.
 
En México el acitrón es consumido como un dulce tradicional y se emplea en diversos platillos, de forma particular en la rosca de reyes. En la ciudad de Monterrey, en 2003, se confeccionó una macro rosca y se emplearon 352 kilos de acitrón, al igual que en la ciudad de México se utilizaron más de 900 kilos , lo que no se indica en la nota periodística es si el acitrón era natural o un sustituto.
 
Existen empresas que comercializan este dulce; una de ellas es panadis, ubicada en el Estado de México, y que en su ficha técnica especifica que el material vegetal proviene de una Unidad de Manejo Ambiental (uma) autorizada por semarnart; otras empresas como Industrias alimenticias Aris o Grupo La Florida México, venden imitaciones a base de papaya o ate en tiras para sustituirlo en la rosca de reyes y demás platillos. De igual forma se han desarrollado sustitutos con hidrocoloides partiendo del Análisis Químico Proximal (aqp) del acitrón para elegir de este modo el hidrocoloide más adecuado o su sustitución con vegetales cristalizados como la jícama, el chayote y el betabel.
 
Elaboración y valor nutrimental
 
La elaboración de este dulce en forma tradicional consiste en la selección de la planta que debe ser de buena calidad y madura, a la cual se le eliminan las costillas y se fracciona el tallo de acuerdo con el tamaño deseado; para evitar que se presente un oscurecimiento enzimático se trata con sulfitos, lo que produce una decoloración parcial y favorece la penetración del jarabe, un proceso es gradual que consiste en remojar el tejido en jarabes cada vez más concentrados, de manera que el agua celular es reemplazada por el jarabe hasta que la concentración del azúcar en el tejido alcance entre 70 y 75% (con esto se logra su conservación sin medidas especiales). Después se somete a secado y, finalmente, se sumerge en agua hirviendo, se escurre el exceso de humedad y se baña con azúcar, lo que le proporciona el aspecto cristalizado. Este proceso puede durar una semana y el producto final tampoco debe tener apariencia reseca, sino de color blanco opaco y sin humedad excesiva; tampoco debe estar duro ni con manchas de colores, las cuales indican la presencia de hongos o mohos.
 
Estudios en Echinocactus grandis muestran que el parénquima contiene sitosterol, alcaloides, flavonoides y es rico en galactosa y ramnosa. Si se compara el aporte nutritivo del acitrón con el del camote e higo cristalizados, una porción de dulce de acitrón proporciona mayor cantidad de hidratos de carbono, no provee minerales como el camote cristalizado ni grasas como el higo (tabla 1).
 
Desde el punto de vista médico y nutricional, este dulce se puede utilizar en todas las etapas de la vida a partir del año de edad para cubrir el aporte energético necesario, vigilando siempre no exceder un 10% en hidratos de carbono simples. El acitrón se emplea como complemento calórico y por su consistencia se puede incluir en pacientes con problemas bucodentomaxilares.
 
Estatus de conservación
 
Algunos reportes sobre la tasa de crecimiento señalan el lento crecimiento de las cactáceas. Un ejemplo es Mammillaria pectinifera, en la cual se estudió la relación del diámetro con la edad, encontrando que las plántulas de 0.01 a 2.5 mm tendrían de 0 a 3 años de edad y aquellas con 20 mm más de 11; se estima que la tasa de crecimiento tiende a estabilizarse al alcanzar un valor asintótico de 4.0 mm por año. Un estudio realizado en E. horizonthalonius var nicholii de 1995 a 2008 mostró que su tasa de crecimiento fue en promedio de 0.35 cm de altura y 0.26 cm de diámetro por año. Es posible inferir que E. platyacanthus tenga una tasa de crecimiento similar y estimar el tiempo en años que pueden tardar en alcanzar tallas mayores a un metro.
 
Debido a esta característica de lento crecimiento, aunada a su consumo y valor ornamental, es que ha sido catalogada en la categoría de sujeta a protección especial según la nom0592010 de semarnat; aun así se reportan con frecuencia en los periódicos estatales algunos aseguramientos realizados por la Procuraduría Federal de Protección al Medio Ambiente (profepa) al encontrar vehículos con tallos de esta especie ya mondados, listos para ser procesados.
 
Los estudios ecológicos en sus poblaciones naturales, así como los datos demográficos y genéticos, permiten tener una visión de su situación y proponer medidas oportunas para su conservación; la necesidad de proteger el hábitat donde se desarrolla, la colecta y el almacenamiento de semillas, la elaboración de programas de propagación artificial (in vitro) y el establecimiento de invernaderos locales administrados por los pobladores locales con apoyo gubernamental para su posterior reintroducción y venta regulada con el fin de evitar su extinción.
 
Conclusión
 
Al igual que otras cactáceas, E. platyacanthus es sometida al comercio ilegal como planta de ornato; sus poblaciones naturales han sido afectadas en forma severa en ciertas regiones del país debido al sobrepastoreo y la sobrecolecta para ser utilizadas en la elaboración de dulce de acitrón. Su estado de conservación está estrechamente relacionado con la zona geográfica en donde se distribuye, ya que las poblaciones que se ubican en áreas reservadas poseen un mejor estado de conservación, lo que denota la necesidad de generar más zonas de protección. Su gran importancia en la gastronomía y tradiciones de nuestro país desde épocas antiguas puede generar una controversia entre la conservación de la especie y el de las tradiciones; es por ello que se deben establecer programas que permitan su propagación, conservación, uso racional y lograr un equilibrio.
 
     
Agradecimientos

Al proyecto conacyt-conafor 2003-C03-0951 “Propagación in vitro de cactáceas amenazadas y/o en peligro de extinción del estado de Coahuila” por la beca otorgada a Louis Saby Vercamer. Al Dr. Salvador Arias Montes (Jardín Botánico–Instituto de Biología, unam) por la revisión y comentarios al manuscrito.
     
Referencias bibliográficas

Alarcón P.C.K.,y L.L.R. Arzate. 2011. Elaboración de productos vegetales cristalizados como potenciales sustitutos del acitrón. Tesis Licenciatura en Gastronomía, Universidad del Claustro de Sor Juana, México.
     Bravo, G.B.E. 2012. Efectos del estrés hídrico en plantas de Echinocactus platyacanthus Link y Otto (Cactaceae). Tesis de Licenciatura, Biología, unam, México.
     Castillo del, R. F. y S. Trujillo. 1991. “Ethnobotany of Ferocactus histrix and Echinocactus platyacanthus (cactaceae) in the Semiarid Central Mexico: Past, Present and Future”, en Economic Botany, vol. 45, núm. 4, pp. 495-502.
     Domínguez, X., S. Escarria. y C. Pérez. 1970. “Chemical studies of cacti. V. Constituents of the Coryphantha palmeri Britton-Rose and Echinocactus grandis Rose”, en Planta Medica, núm. 18, pp. 315-317
     Hernández, A. C. A. 2007. Germinación de cinco poblaciones de Echinocacthus platyacanthus Link & Otto (Cactaceae). Tesis Licenciatura, Biología, unam.
     Jiménez-Sierra, C., y L. Eguiarte. 2010. “Candy Barrel Cactus (Echinocactus platyacanthus Link & Otto): A Traditional Plant Resource in Mexico Subject to Uncontrolled Extraction and Browsing”, en Economic Botany, vol. 64, núm. 2, pp. 99–108.
     McIntosh, M.E., A.E. Boyd., P.D. Jenkins., L. A. McDade. 2011. “Growth and Mortality in the Endangered Nichol’s Turk’s Head Cactus Echinocactus horizonthalonius Var. nicholii (Cactaceae) in Southeastern Arizona, 1995–2008”, en The Southwestern Naturalist, vol. 56, núm. 3, pp. 333-340.
     Ramírez, L.M. 2001. Sustitución del dulce de acitrón para productos de panificación. Tesis Licenciatura, Química de Alimentos, UNAM.
     

     
Ana Laura López Escamilla
Instituto de Biología,
Universidad Nacional Autónoma de México.

Laura Patricia Olguín Santo y Louis Saby Vercamer
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     

     
 
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Mónica E. Queijeiro Bolaños y Zenón Cano Santana
     
               
               
Existe una tradición llevada a cabo por los ingleses desde
el siglo XVI, la cual dicta que en vísperas de navidad se debe colocar una rama de muérdago (Viscum album) en la entrada principal de las casas. Lo interesante y divertido es que cada vez que una pareja se encuentra debajo de una rama de muérdago, tiene que cumplir con la dulce tarea de besarse.
 
Tal costumbre aún se mantiene en muchos lugares, entre los que destaca el pueblo de Tenbury Wells, localizado al suroeste del país, donde se realiza el Festival anual del muérdago, en el que se cuentan y recrean los mitos y leyendas acerca de estas plantas cuyo papel cultural se remonta a los celtas, que le daban a esta planta un uso místico y religioso.
 
En general los muérdagos son plantas parásitas poco conocidas para la gran mayoría de las personas y quienes los conocen muchas veces los asocian con el adorno navideño que se elabora con sus ramas, con la tradición en torno a dicho adorno.
 
Las plantas parásitas
 
Las plantas parásitas, incluyendo los muérdagos, son aquellas que se nutren de otra planta, hospedera, gracias a que tienen la capacidad de penetrar sus tejidos vasculares. En este sentido son plantas especiales, pues no se establecen en el suelo ni obtienen sus nutrimentos a partir de raíces típicas. Su alimentación se basa, al menos parcialmente, en las sustancias que suministra el hospedero, al cual debilitan, pues le causan enfermedades y, en casos extremos, la muerte.
 
Las plantas parásitas nos acercan al sorprendente mundo de las excepciones biológicas, pues éstas tienen raíces modificadas llamadas haustorios cuya función es penetrar hasta el sistema vascular de la planta hospedera, a la que le roban agua, nutrimentos inorgánicos y compuestos orgánicos sintetizados fotosintéticamente. Hay numerosas especies de plantas parásitas; se calcula que aproximadamente 1% de las plantas en el mundo tiene este hábito, es decir, unas 4 500 especies conocidas.
 
No existe un ancestro común de las plantas parásitas, pues se cree que el parasitismo haustorial evolucionó independientemente al menos once veces en distintos órdenes y familias, por lo que existen una gran variedad de formas. Las plantas parásitas están distribuidas en 31 familias (Lauraceae, Santalaceae, Orobanchaceae y Convolvulaceae, entre otras) y se agrupan en aproximadamente 285 géneros (Cuscuta, Striga, Santalum, Rafflesia y más).
 
Es posible identificar dos tipos de plantas parásitas de acuerdo con los órganos que infestan: parásitas aéreas, cuando se localizan en ramas y tronco; y parásitas de raíz. Pero también pueden clasificarse según el grado de fotosíntesis realizada: holoparásitas, que son aquellas que han perdido toda su capacidad fotosintética y, por tanto, carecen de clorofila y dependen totalmente del hospedero; y hemiparásitas, que son capaces de fabricar parte de sus alimentos por medio de fotosíntesis.
 
Existen algunas curiosidades en el mundo de las plantas parásitas, como es el caso de las micoheterotróficas, que no fotosintetizan y toman los nutrimentos indirectamente de otros árboles a través de hongos micorrízicos.
 
Casi todas estas plantas son angiospermas (es decir, plantas con flor), excepto la gimnosperma Parasitaxus usta, una extraña conífera arbustiva de Nueva Caledonia (archipiélago del Pacífico sur), la cual no tiene un haustorio típico, sino un tejido infectado por hongos micorrízicos que, a su vez, conecta los tejidos vasculares de sus raíces con las de su hospedero, el árbol Falcatifolium taxoides.
 
¿Qué son los muérdagos?
 
Los muérdagos son plantas hemiparásitas aéreas que atacan los tallos, generalmente de árboles, y tienen la particularidad de que sus semillas cuentan con una capa de mucílago llamado “viscina”, la cual actúa como una especie de pegamento que les permite adherirse a las ramas o troncos de la planta hospedera.
 
Este hábito apareció cinco veces en forma independiente en familias del orden Santalales: Misodendraceae, Eremolepidaceae, Santalaceae, Loranthaceae y Viscaceae. La familia Misodendraceae presenta un único género, Misodendron, con tan sólo ocho especies y únicamente puede ser encontrada en los bosques templados de la Patagonia. En contraste, Loranthaceae y Viscaceae presentan una gran diversidad y una amplia distribución a nivel mundial. La primera tiene aproximadamente 900 especies de muérdagos descritas, la mayor parte distribuidas en zonas tropicales, y la segunda 450 y se considera como la más avanzada en términos evolutivos, ya que presenta tallos y hojas más pequeños y un haustorio más desarrollado, lo que implica que dependen más de los alimentos elaborados por las plantas hospederas que de lo que producen ellas mismas. Es el caso del género Arceuthobium, los “muérdagos enanos”, que puede llegar a tener tallos de tan sólo un milímetro de longitud (como A. minnutisimum) y un haustorio tan desarrollado que un solo individuo puede recorrer las ramas de un árbol parasitado, resurgiendo en ramas separadas y ocasionándoles deformaciones llamadas “escobas de bruja” por la forma que adquieren.
 
Factores clave de su prevalencia
 
Los muérdagos tienen una distribución cosmopolita, ya que se pueden encontrar en casi cualquier ecosistema terrestre, excepto en las zonas polares. Se piensa que dichas plantas dependen sobre todo de tres factores para estar presentes: un mecanismo de dispersión que facilite el traslado de semillas de la planta madre hacia nuevos hospederos, una disponibilidad de plantas hospederas y un medio ambiente propicio.
 
La mayoría de los muérdagos necesitan ser dispersados por algún animal, principalmente aves, y sus semillas incluso pueden requerir el paso por su tracto digestivo para que puedan germinar —de hecho sus frutos son muy nutritivos y son comidos por una gran variedad de aves y otros animales. Un buen ejemplo de lo antes dicho es el muérdago gris de Australia (Amyema quandang), que depende totalmente del llamado pájaro del muérdago (Dicaeum hirundinaceum) para dispersar sus semillas; el ave consume las bayas del muérdago y entre 4 y 25 minutos después las semillas que ingirió son defecadas y depositadas sobre las ramas, listas para germinar. Se ha probado también que las semillas del muérdago Tristerix corymbosus germinan dentro del intestino del monito de monte, Dromiciops australis, un marsupial diminuto endémico del sur de Chile y Argentina; el muérdago no puede mantener sus poblaciones sin la acción dispersora de dicho mamífero..
 
Pocos son los muérdagos dispersados por viento, entre éstos se halla Misondendrum, de la Patagonia, que tiene estructuras semejantes a delgadas plumas, lo que les permite volar largas distancias hasta encontrarse con un hospedero propicio. Los muérdagos enanos, por su parte, presentan un caso de autodispersión más complejo, ya que prescinden de toda ayuda para su dispersión; al interior de sus frutos, que contienen una sola semilla, se genera una presión hidrostática que hace que la semilla salga disparada a 120 metros por hora y alcance a los vecinos más cercanos, se adhiera a sus ramas y germine.
 
El espectro de hospederos que infesta cada especie de muérdago varía de acuerdo con el escenario evolutivo que tiene cada una de ellas; por ejemplo, si una especie de muérdago evoluciona en un lugar donde dominan una o pocas especies de árboles, como en los bosques templados, se va a especializar en parasitar esas pocas especies de árboles; en cambio, si una especie evoluciona en un hábitat donde hay muchas especies codominantes de potenciales hospederos, como en las selvas tropicales, será generalista, pues va a parasitar una gran variedad de árboles.
 
Los muérdagos requieren condiciones ambientales particulares para poder sobrevivir; los muérdagos enanos, por ejemplo, que se distribuyen en regiones templadas del hemisferio norte, tienen alta resistencia a la incidencia de heladas frecuentes y requieren bajas temperaturas para sobrevivir, condiciones que en México prevalecen en lugares montañosos a altitudes elevadas. En contraste, los muérdagos del género Psittacanthus, que se distribuyen en las zonas intertropicales, requieren altas temperaturas y altos niveles de humedad.
 
Existen también los muérdagos que sobreviven mejor en zonas áridas, como Phoradendron, que se distribuye en los matorrales secos americanos, Tapinanthus de las sabanas del Kalahari africano, y Tristerix, que parasita cactos del desierto chileno.
 
Su papel en el teatro ecosistémico
 
Aunque la idea de ser un parásito puede generar aversión, las plantas parásitas no son del todo las villanas del ecosistema en que viven; de hecho, su presencia también trae beneficios. Se debe recordar que todas las especies existentes en el planeta son resultado de un largo camino evolutivo, de millones de años, y por lo tanto los muérdagos han desarrollado un modo eficiente de vida que para las plantas hospederas representa una presión de selección, al igual que para otros organismos con los que conviven. Esto significa que la planta que alberga muérdagos pierde parte de sus nutrimentos, por lo que crece y se reproduce menos y, en el caso de que esté muy enferma, puede morir.
 
Dado esto, es claro que desde el punto de vista de las plantas hospederas los muérdagos representan una especie de seres infames; no obstante, para el ecosistema su presencia puede traer más efectos positivos que negativos. En primer lugar, los muérdagos constituyen una fuerza de control poblacional natural de los hospederos que reduce sus niveles de dominancia y salud, ya que permite que plantas de otras especies ocupen los espacios que dejan los individuos muertos o bien que en una especie sean desplazados por competencia los individuos débiles infestados por muérdagos, lo cual trae como consecuencia un incremento en la diversidad de especies y genes de los árboles en un bosque; en segundo lugar, dado que muchas especies de muérdagos tienen flores atractivas para los animales polinizadores (tanto insectos como aves), así como frutos apetitosos para una gran variedad de aves y para algunos mamíferos, su presencia favorece una alta diversidad de este tipo de animales; y en tercero, sus tallos son fuente de alimento para venados e insectos, una gran variedad de animales vive entre sus tejidos y son un buen sitio de anidación para algunas aves y mamíferos pequeños (como las ardillas); las mismas escobas de bruja inducidas por los muérdagos constituyen un buen sitio de anidación para los animales, como es el caso del tecolote moteado (Strix occidentalis) de Norteamérica, por lo que la pérdida de muérdagos en un bosque afectaría a las poblaciones de este tecolote y otros animales.
 
Por último, los muérdagos aceleran el flujo de nutrimentos, pues se ha visto que el mantillo derivado de la hojarasca producida por ellos incrementa la cantidad de nutrimentos esenciales en el suelo, como nitrógeno, fósforo, potasio, calcio y magnesio, lo cual favorece el vigor de las plantas que crecen en tales condiciones, como lo han sugerido los resultados del equipo de Wendy March y David Watson de la Universidad Charles Sturt de Australia.
 
Especies amenazadas
 
Hay muérdagos que se encuentran en las listas de especies amenazadas y en peligro de extinción. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (iucn, por sus siglas en inglés) registra 22 especies en peligro de extinción, como Struthanthus lojae de Ecuador, Taxillus wiensii de Kenia o la ya considerada extinta Trilepidea adamsii de Nueva Zelanda, y 18 en estatus de vulnerables, como Agelanthus pennatulus de Tanzania y Viscusm littorum de Mozambique. Esta lista de especies de muérdagos amenazados constituye un reflejo del deterioro ambiental que sufren muchos ecosistemas a escala mundial.
 
Las amenazas que se ciernen sobre los muérdagos son las mismas que afectan al resto de seres vivos: la destrucción de su hábitat, la sobreexplotación de los hospederos, la pérdida de polinizadores y dispersores, y la introducción de especies exóticas invasoras. El escenario se complica si se considera que la desaparición de los muérdagos implica también la de aves, artrópodos y otros organismos asociados, así como el flujo de nutrimentos del dosel al suelo.
 
Ecología de muérdagos en el centro de México
 
Los muérdagos en México son un importante componente forestal, ya que el país alberga de manera casi exclusiva a 22 de las 42 especies de muérdagos enanos del mundo y cientos de especies de otros géneros, como Cladocolea, Phoradendron, Psittacanthus, Dendrophthora, Struthanthus, Oryctanthus, Passovia y Phthirusa. La gran extensión y el papel del muérdago en el ecosistema hacen que sea atractivo para estudiarse y conocerse a fondo y el centro del país es particularmente interesante en este sentido porque allí confluyen factores relevantes para su estudio: presencia de muérdagos y coexistencia de extensas masas arboladas naturales y áreas urbanas salpicadas con áreas verdes que albergan árboles hospederos de los muérdagos.
 
Es por todo ello que nuestros grupos de trabajo han desarrollado estudios pioneros sobre la ecología de estas interesantes plantas, como ocurre en el Parque Nacional Popocatépetl Iztaccíhuatl, donde predomina el pino de altura (Pinus hartwegii) y la presencia de muérdagos enanos es notable. Allí se ha registrado que, aunque el porcentaje de árboles que están parasitados por alguna especie de muérdago enano (Arceuthobium globosum y A. vaginatum) puede llegar a ser alto —80% de los árboles—, el número de muérdagos por árbol es generalmente bajo y la disminución en crecimiento con respecto de los pinos no parasitados es poco perceptible.
 
Además de tales resultados, se ha observado también una dinámica poblacional muy compleja, como un muérdago de una especie que ayuda a que un individuo de otra especie pueda parasitar ese mismo árbol y, una vez las dos especies ahí, empiezan a multiplicarse, compitiendo por los recursos. Se ha visto además que los muérdagos se distribuyen en distintas alturas del pino, posiblemente para evitar la competencia, lo que da mayor complejidad al bosque pues se afectan los recursos disponibles para otros organismos, como los nutrimentos que provienen directamente del árbol o el espacio que se puede ocupar sobre los tejidos de los muérdagos. Asimismo, León Chávez Salcedo encontró 40 especies de artrópodos pertenecientes a 13 órdenes, la mayoría de pequeño tamaño —ácaros, arañas, escarabajos, trips y larvas de mariposas—, en los tejidos aéreos de dichos muérdagos, lo que indica que proveen un buen refugio, y haciendo colectas durante un año obtuvo nada menos que 27 765 ejemplares, encontrando que 11 de las especies vivían exclusivamente en los muérdagos sin utilizar las ramas del árbol hospedero.
 
Algo que resulta determinante en la infestación de los árboles es su tamaño; los muérdagos van a ser más comunes en árboles de gran porte que en árboles pequeños, ya que para ellos representa un mejor recurso: más espacio y nutrimentos, y mayor exposición al Sol y, en el caso de los muérdagos dispersados por aves, para éstas resultan también más atractivos, ya que cuentan con un mayor número de sitios de percha para descansar y defecar las semillas consumidas.
 
Al respecto, Martha Díaz Limón encontró que el arbolado de las zonas no naturales del Bosque de Tlalpan, en la ciudad de México, es parasitado por los muérdagos Cladocolea loniceroides, que es exótico, y por Phoradendron brachystachyum, nativo de la cuenca de México; el primero infesta ocho especies de árboles, entre éstos a olmos, tepozanes, pirules y encinos, pero sobre todo fresnos (Fraxinus udhei), en tanto que el segundo, solamente afecta a los árboles de palo dulce (Eysenhardtia polystachya). Díaz Limón también encontró una infestación alta de C. loniceroides (31% de árboles susceptibles), pero una infestación leve de P. brachystachyum (13%).
 
Al parecer, en la ciudad de México los ecosistemas naturales están vacunados contra las infestaciones severas de muérdagos, pues Díaz Limón registra baja incidencia de dichas parásitas en las áreas conservadas con vegetación natural del Bosque de Tlalpan. Asimismo, Luis Ortiz Frutos registró baja incidencia de esos dos muérdagos en el matorral xerófilo natural de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel de Ciudad Universitaria, en donde C. loniceroides infesta eucaliptos (Eucalyptus globulus), encinos, fresnos y árboles de palo dulce y P. brachystachyum infesta truenos (Ligustrum lucidum). No obstante, Díaz Limón sugiere que algunos factores de disturbio, como la alta afluencia de personas y la gran densidad de especies introducidas de árboles pueden incrementar la incidencia de muérdagos, un aspecto que necesita corroborarse.
 
Finalmente, en la zona de IztaPopo se ha observado que los incendios y la tala afectan tanto aumentando como disminuyendo la cantidad de muérdagos enanos, y según una investigación en curso de Tania Oseguera, la tala, medida a partir de los tocones como evidencia de árboles derribados, se relaciona indirectamente, ya que modifica la cantidad y el tamaño de los árboles disponibles.
 
El escenario actual
 
En tiempos recientes se ha hablado mucho de erradicar la infestación de muérdago en las calles de las ciudades, así como en bosques y otros de sus hábitats naturales, incluso ha sido tema en los reportes de noticias. Aunque se ha discutido el asunto de los beneficios que traen los muérdagos a su hábitat, esto no ha sido tomado en cuenta por quienes toman las decisiones en el manejo de los arboles en el entorno urbano y el uso forestal.
 
En un hábitat natural, los muérdagos tienen el papel de mantener a las poblaciones de plantas hospederas en un nivel donde los recursos sean suficientes para poder seguir aprovechándolos, por lo que supondríamos que no representan una amenaza; sin embargo, tan sólo en México se estima una pérdida de dos millones de metros cúbicos de madera en rollo por el efecto de diversas especies de muérdago enano.
 
Por otro lado, en las zonas urbanas se reporta un gran incremento en la presencia de muérdago en árboles de parques, camellones y aceras; por ejemplo, en distintas zonas de la ciudad de México se ha identificado de 28% a 83% de los árboles que viven con muérdagos de distintas especies, como C. loniceroides y Struthanthus quercicola. Ante esta situación se ha llevado a cabo campañas de podas y hasta el uso de sustancias como el Muérdago killer® (literalmente, matamuérdago), pero aún se registra una gran cantidad de árboles parasitados.
 
Se ha encontrado que los árboles de las ciudades son más susceptibles al ataque de organismos parásitos, ya que se encuentran sometidos a condiciones muy estresantes —agua escasa, suelo poco profundo y de baja calidad, altas concentraciones de contaminantes y hasta la acción vandálica de las personas, las cuales debilitan a los árboles y los incapacitan para defenderse ante el ataque de los parásitos. De igual manera, en bosques, matorrales y selvas se ha observado que la fragmentación del hábitat, principalmente por uso agrícola, ha incrementado la incidencia de muérdagos debido posiblemente a que las aves dispersoras perchan con mayor frecuencia en los bordes de la vegetación, por lo que allí puede encontrarse una mayor concentración de los árboles preferidos para parasitar.
 
También se ha explicado que el incremento de muérdago en ciertos contextos puede deberse a que los árboles se encuentran más espaciados, permitiendo una mayor entrada de luz solar, lo que favorece el crecimiento de muérdagos —recordemos que también son capaces de fotosintetizar.
 
Entonces ¿qué se debe hacer al respecto? Existe mucha investigación en curso y a la vez hace falta mucho por conocer; es necesario entender la dinámica del parasitismo de los muérdagos de manera integral para poder comprender su manejo. Esto es, desde aspectos fisiológicos de su metabolismo y del efecto sobre el hospedero, hasta cómo crecen sus poblaciones y a qué velocidad. Además, un aspecto muy importante es conocer hasta qué punto pueden crecer las poblaciones de estas plantas parásitas sin causar graves estragos en la planta hospedera.
 
En el caso de los muérdagos de hábitats naturales es importante no pensar en la erradicación del muérdago, pues esto conlleva a la pérdida de la diversidad asociada; lo ideal sería la conservación de tales hábitats, con lo que se mantendría de manera adecuada la dinámica que tienen los muérdagos en su relación con los demás organismos, favoreciendo así una mayor diversidad. No obstante, en los sitios donde se lleva a cabo el aprovechamiento forestal la conservación absoluta de los muérdagos no es una opción, por lo que sí se puede promover acciones de control. En cuanto a las ciudades, resulta deseable efectuar algunas podas selectivas sin llegar a la erradicación a fin de evitar la muerte y caída de árboles, pero estimulando la actividad de la rica fauna que visita los árboles infestados.
 
Algunas conclusiones
 
Se puede afirmar que la presencia de muérdagos es generalmente benéfica, pero que su infestación puede llegar a incrementarse a niveles desfavorables en lugares degradados, como cuando se hace cambio de uso de suelo o en las ciudades; por ende, el mejor manejo es evitar la degradación de su hábitat y, en caso de que ya estén perturbados los sitios, mejorar sus condiciones ambientales. Se ha sugerido que la fertilización del suelo de las zonas que presentan infestación por muérdago mejora la salud de los árboles hospederos y, aunque no se elimina el muérdago, éstos van a ser capaces de soportar la infestación sin sufrir graves daños.
 
Falta mucho por conocer acerca de cómo operan estas plantas parásitas y cuál es su papel en diversos ecosistemas naturales y manejados por el ser humano. Nosotros creemos que los muérdagos, más que villanos, son plantas que ofrecen ciertos beneficios al ecosistema y que merecen un poco más de comprensión, de ese tipo de comprensión que inspira a las parejas inglesas a besarse bajo su sombra.
     
Agradecimientos

Agradecemos al M. en Ciencias Iván Castellanos Vargas por su apoyo técnico, así como a León F. Chávez Salcedo, Martha P. Díaz Limón, Luis A. Ortiz Frutos y Tania K. Oseguera Olalde por proveer la información sobre el centro de México. Agradecemos el apoyo financiero otorgado a Zenón Cano Santana con el proyecto UNAM-DGAPA_PAPIIT IN220912.
     
Referencias Bibliográficas
 
Chávez-Salcedo, L. F. 2013. Estructura de la comunidad de artrópodos asociados a dos especies de muérdago enano (Arceuthobium spp.) parásitos de Pinus hartwegii (Lindl.) en el Parque Nacional Zoquiapan y Anexas. Tesis de Licenciatura, Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México.
Amico, G. y M. A. Aizen. 2000. “Ecology: Mistletoe seed dispersal by a marsupial”, en Nature, vol. 408, pp. 929–930.
Díaz Limón, M.P. 2014. Evaluación de la infestación por muérdago dentro del Bosque de Tlalpan, Ciudad de México. Tesis de Licenciatura, Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México.
International Union for Conservation of Nature (iucn). 2015. The iucn red list of threatened species (http://www.iucnredlist.org/).
López De Buen, L., J. F. Ornelas y J. G. García-Franco. 2002. “Mistletoe infection of trees located at fragmented forest edges in the cloud forests of Central Veracruz, Mexico”, en Forest Ecology and Management, vol. 164, pp. 293–302.
Mathiasen, R. L., D. C. Shaw, D. Nickrent y D. Watson. 2008. “Mistletoes. Pathology, systematics, ecology, and management”, en Plant Disease, vol. 92, pp. 988–1006.
Queijeiro-Bolaños, M.E., Z. Cano-Santana e I. Castellanos-Vargas. 2013. “Does disturbance determines the prevalence of dwarf mistletoe (Arceuthobium, Santalales: Viscaceae) in Central Mexico?”, en Revista Chilena de Historia Natural, vol. 86, pp. 181–190.
Queijeiro-Bolaños, M., Z. Cano-Santana, G. García-Guz-mán. 2014. “Incidence, severity, and aggregation patterns of two sympatric dwarf mistletoe species (Arceuthobium spp.) in Central Mexico”, en European Journal of Forest Research, vol. 133, pp. 297–306.
Queijeiro-Bolaños, M. y Z. Cano-Santana. 2005. “Dinámica temporal de la infestación por muérdago enano (Arceuthobium spp.) en el Parque Nacional Iztaccíhuatl Popocatépetl”, en CienciaUat, vol. 92, pp. 6-14.
Watson, D. M. 2001. “Mistletoe-a keystone resource in forests and woodlands worldwide”, en Annals of the New York Academy of Sciences, vol. 32, pp. 219–249.

     

     
Mónica E. Queijeiro Bolaños
Facultad de Ciencias Naturales,
Universidad Autónoma de Querétaro.


Bióloga y doctora en ciencias por la UNAM. Actualmente realiza un posdoctorado en la Universidad Autónoma de Querétaro. Estudia los aspectos ecológicos del parasitismo por muérdagos.

Zenón Cano Santana
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.

Biólogo y doctor en ecología por la unam. Es profesor titular de tiempo completo del Departamento de Ecología y Recursos Naturales de la Facultad de Ciencias de la UNAM. Estudia la ecología de los ecosistemas terrestres, con énfasis en interacciones, restauración ecológica y artrópodos.
     

     
 
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Luis Eduardo Calderón Aguilera, C. Orión Norzagaray López,
Héctor Reyes Bonilla, José D. Carriquiry Beltrán
y Cecilia Mozqueda Torres
     
               
               
Los arrecifes coralinos son ecosistemas tropicales
reconocidos a nivel mundial por su alta diversidad y la gran riqueza de especies que albergan. Gracias a esa condición ofrecen una variedad de servicios ambientales, que representan millones de dólares para las comunidades humanas que viven en sus alrededores. No obstante su relevancia, la situación actual de los arrecifes dista de ser la más deseable. Las actividades humanas y sus impactos directos (pesca, turismo, sedimentación) e indirectos (el escurrimiento de nutrimentos provenientes de tierras altas, la dispersión de especies exóticas, el aumento en la susceptibilidad a enfermedades) los están afectando de manera irreversible.
 
Adicionalmente, los efectos que ha tenido en éstos el calentamiento global han llamado la atención del público y los investigadores, no sólo por ser nocivos para la fauna y flora marina a causa del incremento en la temperatura, sino también por el riesgo que implica un aumento en la acidificación del océano por la alta concentración de dióxido de carbono en la atmósfera y su difusión hacia las aguas marinas. Este fenómeno podría reducir significativamente la habilidad de los corales para construir arrecifes y también puede tener múltiples impactos colaterales en muchas otras especies y, eventualmente, en la eficiencia de las redes tróficas.
 
Por ser uno de los pocos países que cuentan con zonas costeras contiguas a los dos océanos más grandes del planeta y que presenta áreas coralinas en ambas, México es afectado por este problema. Así, en el Golfo de México podemos encontrar tales formaciones frente a los puertos de Tuxpan y Veracruz, que han ofrecido sus servicios ambientales al país desde hace más de cinco siglos. Hacia el este del golfo, en el Banco de Campeche y el norte de Yucatán, existe una serie de bajos y arrecifes emergidos (Cayo Arcas, Cayo Arenas, Triángulos, Alacranes y varios otros sitios cerca del puerto de Sisal), famosos tanto por su alta diversidad de especies como por el hecho de que algunos han sido impactados por las actividades de extracción petrolera. Asimismo, en el Caribe mexicano los arrecifes de coral están muy bien desarrollados y aparecen prácticamente a todo lo largo de la costa de Quintana Roo; su presencia aporta múltiples beneficios que sostienen la enorme actividad hotelera de ese estado, incluyendo la protección costera, el reciclamiento de nutrimentos, la protección a juveniles de múltiples especies, y representan la entrada de cientos de millones de pesos anualmente por concepto de visitas turísticas.
 
Y aunque los sistemas mencionados son los mayormente reconocidos por el público, en la costa occidental también existen arrecifes coralinos —biológicamente más simples y de menor extensión espacial. Los mejores ejemplos aparecen en los alrededores de Huatulco, Oaxaca, y en Zihuatanejo, Guerrero, aunque también hay sistemas importantes al sur de Manzanillo, Colima, en las Islas Marías y la playa de Tenacatita, Jalisco, y en el Parque Nacional Cabo Pulmo, actualmente foco de interés internacional debido a la amenaza que sufre un sitio en específico por la posible construcción de un mega desarrollo turístico que se tiene contemplado en esa zona de Baja California Sur. Estos arrecifes aún no han sido muy valorados desde la perspectiva turística, pero representan eslabones clave para sostener el alto nivel de pesca artesanal que distingue a la región.
 
Una fuente de carbono
 
La característica distintiva de un arrecife de coral es su estructura física o “edificio”. En un sistema típico, los corales vivos representan sólo la parte superficial expuesta, la cual crece relativamente a gran velocidad, entre 1 y 5 centímetros al año sobre una matriz de roca caliza, el edificio arrecifal, que ha sido depositada por procesos de biomineralización en forma muy gradual —menos de 1.5 cm al año a lo largo de cientos o incluso miles de años.
 
Aun en los sitios donde la cobertura de coral sobre el fondo marino llega a ser alta, el edificio no está compuesto únicamente de esqueletos de corales y sus fragmentos, ya que éstos representan sólo la parte primaria de la producción de carbonatos y funcionan como los “castillos” del edificio. Los “ladrillos” y el “mortero” lo constituyen los múltiples restos de otros organismos, con esqueletos de carbonato de calcio en forma de aragonita o de carbonato de magnesio, algas coralinas, algas frondosas como Halimeda spp., bivalvos, caracoles, briozoarios, esponjas, etcétera, los cuales se cementan por una serie de reacciones biogeoquímicas y gracias a procesos de empaquetamiento de los granos al interior de las cavidades que deja la caliza. La cantidad de carbonato de calcio que es depositado por los corales depende de las condiciones ambientales, ya que en aguas cálidas, poco productivas y muy iluminadas, los esqueletos crecen más rápido y allí pueden tener una mayor tasa de crecimiento o acreción.
 
También son relevantes los aspectos evolutivos, ya que especies de morfología ramificada (como los géneros Acropora y Pocillopora) crecen entre 4 y 10 cm al año, mientras que los corales masivos (Porites, Montastraea) lo hacen lentamente, menos de 1 cm por año. Las evaluaciones realizadas sobre la cantidad de carbonato que se deposita en los arrecifes, obtenidas a partir de las tasas de crecimiento coralino, indican que aunque hay sitios donde se generan hasta 10 kg de CaCO3 por m2 al año, la mediana del valor es de aproximadamente 4 a 5 kg. Otros trabajos indican que si se toma en cuenta el arrecife en su totalidad, incluyendo las zonas arenosas, lo normal es una cifra de 2 kg, la cual se traduciría a un total bruto de 20 toneladas de aragonita fija en la estructura arrecifal por hectárea al año y 3 toneladas de carbono retirado anualmente de la atmósfera por hectárea, gracias al crecimiento coralino.
 
Ahora, si bien el carbono depositado en los esqueletos de coral puede alcanzar grandes volúmenes, existe otra fuente de entrada neta al sistema de notable relevancia: la generación de compuestos orgánicos, producto de la fotosíntesis, proceso que llevan a cabo diversos grupos vegetales del arrecife. Los típicos productores primarios en el océano son las diatomeas, los dinoflagelados, cocolitofóridos y otros protistas, los cuales sostienen la producción primaria en la columna de agua y, por ende, las pesquerías de todo el mundo. Sin embargo, en el caso de los arrecifes de coral también es manifiesta la preponderancia de las algas filamentosas (cianofitas) y las coralinas (calcáreas), por lo que muchas veces la medición de la productividad orgánica en los arrecifes de coral se ha hecho sólo tomando en cuenta la parte béntica, es decir los organismos residentes en el fondo; el argumento es que la columna de agua es típicamente tan clara y transparente que contiene muy pocos organismos fotosintetizadores suspendidos.
 
Algunos experimentos de campo muestran que el promedio de producción de carbono por algas en un arrecife equivale a casi 3 kg de CaCO3 por m2 al año, y es seis veces superior a la cantidad depositada por la calcificación de corales. Por otra parte, dado que además de las algas hay otros productores primarios que habitan el fondo arrecifal, las cifras reales de productividad resultante de su trabajo de fotosíntesis son muy superiores a las citadas, como en el caso de los dinoflagelados simbiontes (las zooxantelas) presentes en el tejido del coral, que aportan cantidades tan grandes de carbono de la fotosíntesis a sus hospederos, que llegan a cubrir entre 80% y 130% de las necesidades diarias del coral. El exceso de alimento es expulsado al medio en forma de mucus, rico en carbohidratos y grasas, que es consumido por los invertebrados y peces residentes en las cabezas de coral, los cuales eventualmente se transforman en el sostén para los siguientes eslabones de la red trófica.
 
Paralelamente a los datos obtenidos por los trabajos citados antes, los modelos de redes “tróficas” han ofrecido una visión más “holística”, aunque indirecta, de las cantidades de carbono que son integradas en los ecosistemas coralinos. Existen numerosos estudios sobre el tema desde que se publicó el primer modelo para los arrecifes de Hawaii, pero uno de los más completos, ya que incluye todos los tipos de productores primarios, es el llevado a cabo en Puerto Rico y señala que la biomasa de algas (de 250 toneladas por km2) es cuatro veces superior a la coralina (de 67 toneladas por km2) y casi diez veces mayor que la del fitoplancton (35 toneladas por km2).
 
No obstante lo anterior, la producción anual de biomasa en la columna de agua (70 toneladas por km2) es seis veces superior a la que realizan las algas y setenta veces más que la de los corales. Esto se debe a la notable diferencia en tasas de recambio de individuos y biomasa entre grupos, la cual se fundamenta en sus disímiles ciclos de vida, ya que una diatomea se duplica en biomasa luego de dividirse y por ello su población puede aumentar decenas de veces en cosa de días, mientras las algas frondosas y coralinas y los corales toman años o incluso décadas para aumentar sus poblaciones y rara vez presentan explosiones poblacionales como las del plancton.
 
La emisión de carbono
 
El apartado anterior sólo describe los procesos que favorecen el depósito o acumulación física neta de carbonatos en un arrecife, sin embargo, la estructura del mismo es resultado del balance entre las fuerzas constructivas, representadas por los organismos calcificadores como los corales y las algas calcáreas, y la acumulación de sedimentos; y, a la vez, también es resultado de fuerzas destructivas, erosión física y biológica, que inciden en el cambio de masa del edificio arrecifal a lo largo del tiempo. Debido a que un arrecife sano sobresale del fondo marino y sigue creciendo, los procesos constructivos dominan sobre los destructivos; sin embargo, el carbono que ha sido incorporado al arrecife, ya sea por fotosíntesis o calcificación, puede salir del sistema de diversas maneras.
 
En el caso de las redes tróficas, los arrecifes son exportadores netos de energía hacia ecosistemas adyacentes y tienen íntima relación con ambientes circundantes, como los bosques de manglar, las playas arenosas y los pastos marinos. Además, el sistema presenta un acoplamiento bentopelágico, lo cual significa que muchos organismos que habitan el fondo o cerca del mismo, invertebrados y peces demersales, pueden ser consumidos por depredadores móviles como los tiburones, dorados y otros, y ese carbono ser llevado a regiones alejadas de donde fue originado.
 
En cuanto al carbonato depositado en esqueletos y en la matriz arrecifal misma, éste se puede erosionar por desprendimiento de fragmentos de corales, vivos o muertos, debido al raspado de las mordidas de peces loro (Scaridae), cochitos (Balistidae) y otros mientras se alimentan de algas o moluscos. El efecto destructivo adicional causado por erizos, esponjas, gusanos y poliquetos sipuncúlidos, quitones y varios grupos más es también elevado. Dichos organismos perforan en forma química o mecánica los esqueletos de coral y en el proceso generan finas partículas de carbonato. Los sedimentos generados por las actividades normales de bioerosión son depositados en parte dentro del sistema arrecifal, pero grandes cantidades son exportadas a sitios distantes del arrecife o desaparecen del mismo al ser transportados hasta la pendiente del arrecife, donde resbalan hacia zonas demasiado profundas.
 
Finalmente, se ha demostrado que el crecimiento coralino genera 0.6 moles de carbono extras por cada mol de CaCO3 depositado, es decir, bajo la perspectiva biogeoquímica estos ecosistemas son fuentes, no sumideros de carbono. Sin embargo, hay que recordar que las cifras de fijación de este elemento por fotosíntesis señaladas en secciones previas de este texto indican inequívocamente que, haciendo el balance general, los arrecifes en realidad son depósitos finales de enormes cantidades de carbono que originalmente entraron al mar desde la atmósfera.
 
En resumen, los arrecifes son sumideros de carbono y ecosistemas relevantes para atenuar los efectos del cambio global. Como se mencionó, la pérdida de carbono de un arrecife normalmente es inferior a la ganancia, sin embargo el balance es delicado y el desarrollo de estos ecosistemas puede verse afectado en la medida en que estos procesos cambien e incluso pueden llegar a invertirse.
 
A manera de ejemplo, después del calentamiento del océano ocasionado por el fenómeno de El Niño de 1982 a 1983 murió casi 95% de los corales que vivían en las Islas Galápagos, Ecuador. Los esqueletos coralinos fueron rápidamente cubiertos por algas filamentosas, que son el alimento de los erizos, y como consecuencia tales organismos sufrieron una explosión poblacional debido a las condiciones de “bonanza” generados por la muerte de corales. Luego, dado a que los erizos son herbívoros y al alimentarse desprenden las algas junto con pequeños fragmentos del sustrato, fueron raspando el sustrato calizo y erosionándolo de manera sistemática y exhaustiva. Como resultado, para finales de los noventas, estos equinodermos habían destruido el edificio arrecifal hasta la base, de tal forma que los milenarios arrecifes de estas islas, atestiguados por Charles Darwin, prácticamente dejaron de existir. Lo que ahora queda son sólo escombros y colonias aisladas, y este drástico cambio ecológico ocurrió en menos de una década y como consecuencia de un evento puntual.
 
Es obvio pues que la tolerancia de los arrecifes a las perturbaciones es limitada y que éstos pueden ser afectados de manera irreversible si las condiciones ambientales cambian, sea por causas naturales o humanas. La mayor preocupación actual relativa a la pérdida de carbonatos en arrecifes es la acidificación de los océanos, fenómeno que comenzó a llamar la atención en la década pasada una vez que fue identificado por los modelos de cambio climático. El problema surge de dos fuentes: por un lado, el dióxido de carbono atmosférico se encuentra en equilibrio con el del océano; y por el otro está la serie de reacciones que configuran el llamado “sistema de los carbonatos” en el océano, que se resume en la siguiente ecuación:
 
CO2(gas)+H2O (entrada al océano) ↔H2CO3-
H++HCO3-↔ CO23-
 
Esta cadena de reacciones indica que el CO2 que va de la atmósfera al océano reacciona con el agua de los océanos formando ácido carbónico y luego una serie de productos de disociación (iones bicarbonato y carbonato). Al final, el ion carbonato (CO23-) se asocia con otros elementos, como el magnesio y el azufre en forma inorgánic, o es tomado por especies de esponjas, corales, moluscos y muchos otros grupos para construir sus esqueletos. Sin embargo, mientras estos cambios químicos tienen lugar, por cada molécula de CO2 integrada al ciclo hay liberación de dos protones (H+), por ende, la acidez del mar depende en gran medida del ingreso de CO2.
 
En el siglo XX, debido a la industrialización y la emisión de gases que produce la quema de combustibles fósiles, el océano ha estado capturando más y más CO2, y es por ello que su acidez ha aumentado ligeramente. Sin embargo, el mecanismo de amortiguación del pH marino tiene límites y hay preocupación de que éstos sean rebasados debido a que la acidez afecta a los organismos en múltiples formas.
 
En el caso de los corales, se ha observado en laboratorio que un pH bajo impide el reclutamiento de las larvas, afecta el éxito reproductivo, detiene el crecimiento y eventualmente puede llegar a debilitar la matriz arrecifal, haciéndola más susceptible a ser destruida por agentes antropogénicos y naturales como los ciclones. Además, la acidez excesiva daña a muchas especies pues dificulta la toma del carbonato de calcio para sus esqueletos y los pone en estrés metabólico permanente.
 
Si en un momento dado la tasa de erosión química y biológica supera la de calcificación, la complejidad estructural de los arrecifes disminuirá, reduciendo la calidad del hábitat y la diversidad biológica local, perdiéndose la capacidad de absorber la energía del oleaje. Esta baja en la eficiencia de la protección del litoral seguramente se verá reflejada en daños como los que se presentaron en Cancún en 2005, cuando un huracán de nivel 5 impactó la zona desprotegida por la desaparición de los arrecifes, eliminando toda la arena de la playa y causando un desastre económico valuado en cientos de millones de pesos.
 
El flujo de carbono en los arrecifes mexicanos
 
Durante las últimas dos décadas, el conocimiento sobre los flujos de carbono en arrecifes de nuestro país se ha incrementado, en buena parte con el fin de evaluar la situación actual de tales ecosistemas y estimar posibles alteraciones debidas al cambio global. De entrada, se sabe que, de manera natural y debido a la alta productividad oceánica en la costa del Pacífico americano, la región entre México y Ecuador es de las más ácidas del planeta (figura 1). Un indicador de dicha condición es el valor del nivel de saturación (omega) de aragonita, un parámetro que marca la dificultad de los organismos para depositar ese mineral. Normalmente el índice no debe bajar de 3.1 para que un arrecife pueda desarrollarse en forma exitosa; sin embargo, desde la punta de la Península de Baja California hacia el norte el promedio anual es inferior a 3.0, lo cual explica por qué no se desarrollan estructuras coralinas de gran calado en esa zona.
 
No obstante, a pesar de lo anterior, la existencia de arrecifes sanos y en pleno desarrollo en zonas relativamente ácidas del oeste de México, Costa Rica y Panamá demuestra que la adaptación a tales condiciones es factible y abre esperanzas de que los corales de esta región, y de todo el mundo, puedan ajustarse a las condiciones que se esperan en el futuro ante la falta de regulación de emisiones de carbono a la atmósfera.
 
Por otra parte, un estudio más fino realizado sobre la omega de aragonita en arrecifes del suroeste del Golfo de California (figura 2) mostró que Los Cabos (22° N) presentan condiciones aceptables para el crecimiento coralino en verano y otoño en profundidades de hasta 20 metros, y en Cabo Pulmo, La Paz y Loreto el valor promedio del índice es superior a 3.2 y a 3.6 en septiembre, por lo que las condiciones aptas para el desarrollo de coral llegan a 30 metros de profundidad. Finalmente, las estimaciones en cuanto al crecimiento de corales en las mismas zonas apuntan a que es en verano cuando se alcanzan mayores tasas. En resumen, se puede concluir que aunque el sur de Baja California es una zona marginal para el desarrollo coralino, durante el verano éste es más activo.
 
Otros autores analizaron la producción de carbonatos en varias zonas del Pacífico mexicano y midieron la densidad de los esqueletos coralinos, su tasa de crecimiento y su abundancia y, con base en ello, calcularon la cantidad anual de carbonato de calcio depositada en los arrecifes. Observaron que en Cabo Pulmo la cantidad bajó de 15 kg por m2 al año en 1987 a 5 en 2006, mientras que en Huatulco la reducción fue de 12 a 8 kg por m2 al año, lo cual se debió a la pérdida de cobertura coralina resultante de los eventos de blanqueamiento coralino causados por El Niño. Al mismo tiempo, los arrecifes de Tenacatita, Jalisco, permanecieron casi estables en su tasa de captura de carbono (de 14 a 16 kg por m2 al año) debido a que tuvo un menor incremento en la temperatura.
 
En cuanto al Caribe, incluyendo México, el nivel de omega de aragonita a fines de los ochentas fluctuaba entre 4.0 y 4.3 en promedio y en 2011 pasó de 3.7 a 3.9. Las cifras están todavía muy lejos del 3.1 que se considera como mínimo aceptable, sin embargo, si la tasa de disminución se mantiene, en el futuro estos arrecifes se encontrarán en condiciones pobres para su mantenimiento.
 
Conclusiones
 
Como se ha visto, en general se tiene un conocimiento adecuado de las principales rutas de entrada y salida del carbono en los arrecifes coralinos, pero aún falta mucho por saber. Es particularmente necesario llevar a cabo estudios que conjunten información sobre la captura de carbono bajo su forma inorgánica y por medio de las redes tróficas, incluso evaluar económicamente tal proceso para poder evidenciar más claramente la relevancia de estos ecosistemas.
 
En el caso de México, los datos sobre la entrada y salida de carbono en los arrecifes aún son escasos, lo que llama a la necesidad de redoblar esfuerzos de investigación interdisciplinaria en donde ecólogos, geoquímicos y oceanógrafos colaboren y mejoren nuestro saber.
 
Finalmente, dado que los arrecifes son el primer ecosistema marino donde el efecto del calentamiento del planeta se está manifestando inequívocamente, es importante tratar de pronosticar cambios potenciales en la acidez oceánica y en la respuesta fisiológica de los organismos a las nuevas condiciones. No hay que olvidar que los datos parecen apuntar a que la saturación de aragonita está disminuyendo rápidamente, lo que pudiera conducir a una reducción en la densidad de los corales y por lo tanto a una mayor fragilidad física arrecifal.
 
Las consecuencias de tales efectos no pueden obviarse ya que los servicios ambientales que ofrecen los arrecifes han generado una enorme riqueza para nuestro país, especialmente el turismo en el Caribe; su pérdida por falta de previsión daría lugar no sólo a una catástrofe ecológica, sino a una disminución notable en el nivel de vida de los residentes locales, de la economía del país.
 
     
Referencias Bibliográficas
 
Calderón Aguilera, L. E., H. Reyes Bonilla y J. D. Carriquiry. 2007. “El papel de los arrecifes coralinos en el flujo de carbono en el océano: estudios en el Pacífico mexicano”, en Carbono en ecosistemas acuáticos de México, B. Hernández de la Torre y G. Gaxiola Castro (eds.). Instituto Nacional de Ecología, México. Pp. 215-226.
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Los datos de omega aragonita del Mar Caribe y zonas adyacentes a partir de 1988 pueden encontrarse en la página de la Agencia Nacional Oceanográfica y Atmosférica de los Estados Unidos


En la red

(http://coralreefwatch.noaa.gov/satellite/oa/index.html).
     

     
Luis Eduardo Calderón Aguilera
Departamento de Ecología Marina,
Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada.

Doctor en Ciencias del Mar por la Universidad Politécnica de Cataluña, España, e investigador titular del Departamento de Ecología Marina del CICESE. Su área de interés es la ecología de ecosistemas, en particular arrecifales y costeros. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1).

C. Orión Norzagaray López
Instituto de Investigaciones Oceanológicas,
Universidad Autónoma de Baja California Sur.

Héctor Reyes Bonilla
Departamento Académico de Biología Marina,
Universidad Autónoma de Baja California Sur.

Doctor en Biología Marina y Pesquerías por la Universidad de Miami, E.U.A. Es profesorinvestigador del Posgrado en Ciencias Marinas y Costeras y de la carrera de Biología Marina de la UABCS, y se ha especializado en ecología comunitaria y macroecología de arrecifes coralinos. Recientemente estudia efectos de la acidificación del océano en ecosistemas marinos. Es nivel 3 del Sistema Nacional de Investigadores.

José D. Carriquiry Beltrán
Instituto de Investigaciones Oceanológicas,
Universidad Autónoma de Baja California Sur.

Doctor en Geoquímica Marina por la Universidad McMaster, Canadá. Es investigador y profesor del Posgrado en Oceanografía Costera de la UABC. Su área de interés es la reconstrucción ambiental usando trazadores geoquímicos e isotópicos en arrecifes de coral y en el fondo marino, para la reconstruir los cambios climáticos del pasado e ayudar a interpretar el futuro climático del planeta. Es nivel 3 del Sistema Nacional de Investigadores.

Cecilia Mozqueda Torres
Departamento Académico de Biología Marina,
Universidad Autónoma de Baja California Sur.

Licenciada en Biología Marina por la Universidad Autónoma de Baja California Sur. Estudia los efectos de la acidificación en arrecifes coralinos, como parte de su posgrado.
     

     
 
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Ernesto Mascot  
                     
 
Hace algún tiempo, mientras realizaba un viaje
con un grupo de amigos al pueblo de Real de Catorce, en el estado de San Luis Potosí, me percaté de que aun cuando se trataba de un sitio con un ambiente árido, a lo largo de la carretera había bastante vegetación y unos paisajes majestuosos en donde se podía encontrar desde plantas arbustivas, cuya importancia es ser plantas nodrizas, como la conocida gobernadora (Larrea tridentata) y Cylindropuntia imbricata, pasando por diferentes especies de cactáceas como son las pertenecientes a los géneros Ferocactus, Echinocactus y Mammillaria, hasta llegar a árboles como el mezquite (Prosopis sp.) entre otras, por lo que me nació la curiosidad y comencé a investigar sobre algunas de las estrategias que utilizan éstas y otras especies que habitan en ambientes áridos o semiáridos para poder desarrollarse allí donde la disponibilidad de agua y nutrimentos es limitada.
 
Al comenzar a leer sobre estrategias de adaptación de las plantas a ambientes áridos, recordé mis clases de fisiología y morfología vegetal en donde aprendí algunas cosas al respecto, entre las más sobresalientes la modificación de sus hojas en espinas, lo que reduce la superficie de contacto con la radiación solar y se evita la pérdida de agua. Esta variación en sus hojas trajo consigo el desarrollo de un tallo fotosintético que les ayuda a realizar la función que las hojas dejaron de hacer y sin el cual las plantas no obtendrían energía para diversos procesos metabólicos.
 
Otra estrategia igualmente sorprendente en este tipo de ecosistema es la modificación de su metabolismo de C3 (el CO2 se incorpora a un compuesto de 3 carbonos en lo que se conoce como el ciclo de Calvin y los estomas permanecen abiertos durante el día) y C4 (el CO2 es incorporado a un compuesto de 4 carbonos y la planta mantiene los estomas abiertos durante el día) a cam (el CO2 es almacenado en forma de ácido antes de ser usado en la fotosíntesis y los estomas se abren durante la noche, lo que hace que la perdida de agua por evaporación sea mínima).
 
Junto con éstas, encontré que existen otras menos exploradas, las cuales actualmente están llamando la atención de muchos investigadores. Una de ellas es la asociación que se da de forma natural entre plantas y microorganismos, particularmente los conocidos como pgpr por sus siglas en inglés (rizobacterias promotoras del crecimiento vegetal) bacterias que se encuentran asociadas a la raíz de la planta y se caracterizan por brindar una gran variedad de beneficios a la planta hospedera como el incremento de la raíz, lo que da una mayor superficie para mejorar la absorción de nutrimentos y el soporte de la planta, además de regular la población de organismos patógenos al ocasionar una competencia directa tanto por espacio como por nutrimentos con bacterias benéficas.
 
Los pgpr también pueden producir fitohormonas, que son compuestos orgánicos naturales que producen las plantas en pequeñas cantidades, las cuales participan en diferentes etapas durante el ciclo de vida de la planta, fomentando, inhibiendo o modificando el crecimiento de la planta, ejerciendo una influencia sobre procesos fisiológicos como la germinación, el crecimiento, la floración, el desarrollo de tejidos, etcétera. Se han descrito diferentes tipos de fitohormonas que se expresan según el tipo de órgano al que van dirigidas y tienen efectos sobre alguna fase del crecimiento vegetal —actividad que, además, está determinada por la edad de la planta y las condiciones ambientales. Se sabe que algunas cepas bacterianas tienen la capacidad de producir diferentes fitohormonas, entre las que se destacan el ácido abscisico (aba), el ácido giberélico (ga), las auxinas y las citocininas.
 
Dormir para vivir
 
Las semillas de especies presentes en ambientes áridos, al igual que especies de otro tipo de ecosistemas, pasan por diferentes etapas durante su desarrollo, como el estado de latencia, una fase en la que el embrión se mantiene viable pero es incapaz de germinar hasta que las condiciones ambientales sean más favorables; esta etapa es regulada por la presencia de ácido abscísico (aba), y la manera en que esto ocurre no es del todo clara aún, diversas investigaciones han sugerido que está asociada con la relación abaácido giberélico, cuando las concentraciones de aba son elevadas y la concentración de ácido giberélico es mínima.
 
Como se sabe, el agua es un recurso fundamental para las plantas y, por más sorprendente que parezca, de 100% del agua que las plantas absorben, cerca de 97% es regresada a la atmósfera por medio de transpiración, 2% es usada en el aumento de volumen o expansión celular y sólo 1% se utiliza en procesos metabólicos, predominantemente en la fotosíntesis. Cuando las semillas de cactáceas se enfrentan a la deficiencia de agua ocasionada por la ausencia del periodo de lluvias, el aba, junto con un grupo de proteínas denominadas “proteínas lea” (Lateembryogenesisabundant) forman una capa viscosa que protege a las semillas de sufrir desecación. La también llamada hormona del estrés puede ser producida por cepas de bacterias, como Azospirillum brasilense. En la fase adulta de la planta el aba regula el crecimiento, además de participar en el cierre de estomas cuando las plantas se encuentran en condiciones de estrés por falta de agua.
 
El inicio de todo
 
Cuando las condiciones ambientales son ideales para que la semilla germine, entonces actúa el ácido giberélico, una fitohormona que promueve la germinación de semillas en diferentes especies. Se ha reportado la producción de las giberelinas en cepas de Azospirillum spp. Proteus mirabilis, P. vulgaris, Klebsiella pneumoniae, entre otras. Además de participar en la germinación de semillas, las giberelinas también participan en el crecimiento vegetal y en la promoción de la floración.
 
A la fecha se han descrito más de 130 diferentes tipos de ácido giberélico, sin embargo, el único que ha demostrado tener un efecto sobre la germinación en semillas es el GA3, cuyo efecto está relacionado con factores ambientales y propios de la semilla; se ha demostrado que la exposición a la luz y un tratamiento de frío en semillas latentes pueden bajar la concentración de aba, lo que provoca un incremento en la concentración de GA3, terminando con el periodo de latencia y promoviendo la germinación.
 
Durante la germinación, el GA3 induce la degradación de las reservas almacenadas en el tejido que rodea y brinda alimento al embrión dentro de la semilla, proporcionando energía para su crecimiento, lo cual dará como resultado el desarrollo de una nueva plántula.
 
Después de la germinación, la plántula resultante necesita tener buenas estrategias que ayuden a superar las adversidades ambientales, como incrementar el tamaño de raíz, ya que es un órgano fundamental en las primeras etapas de crecimiento porque brinda alimento y defensa a la planta, además de favorecer una mayor superficie de contacto con las partículas del suelo, lo que ayuda a la toma de agua y nutrimentos.
 
Es aquí donde intervienen las auxinas, un grupo de hormonas vegetales que regulan aspectos del desarrollo y crecimiento de las plantas, principalmente del sistema radical y la formación de nódulos en las raíces. Se sabe que la producción de auxinas por parte de microorganismos está dada, entre otras, por cepas de Azospirillum spp., Agrobacterium spp. y Pseudomonas spp. De los diferentes tipos de auxinas descritas, el ácido indol3acético es el más conocido y su actividad es fundamental para incrementar la superficie de contacto de sus raíces de las cactáceas, que es de manera horizontal, ya que con frecuencia el suelo tiene poca profundidad; esto permite una mayor superficie de contacto para la absorción de nutrimentos y agua.
 
Seguir creciendo
 
Aunado al crecimiento de la raíz, es necesario que se desarrolle el tejido aéreo, y es en esto donde participan las citocininas, fitohormonas que estimulan la división celular y ejercen un mayor control sobre la división y la diferenciación celular, contrarrestando la dormancia apical y retrasando el envejecimiento de las hojas. Entre las diferentes citocininas existentes, la zeatina es hasta ahora la que mayor importancia tiene debido a su participación en procesos de división celular, ruptura de dormancia apical, floración y desarrollo de cloroplastos. Entre los microorganismos que pueden producir esta fitohormona resaltan las cepas del genero Bradyrhizobium, Rhizobium y Azospirillum.
 
Aunque existen más tipos de fitohormonas, únicamente nos enfocamos en estos cuatro, ya que son los que se sabe con certeza que pueden ser producidos por los pgpr; sin embargo, no hay que olvidar la importancia de otras como el etileno, por su participación en la maduración de frutos y la senescencia de las hojas.
 
Cada que vayas en algún viaje familiar o con amigos y te preguntes cómo pudieron haberse desarrollado las plantas que ves, que generan paisajes tan bellos en ambientes donde pareciera que no ha caído una sola gota de agua en mucho tiempo, sabrás que todo eso se debe, entre otras cosas, a las asociaciones simbióticas de plantas y microorganismos, una relación en la que ambas partes se benefician.
 
     
Referencias bibliográficas

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Ernesto Mascot Gómez
Estudiante de doctorado en ciencias ambientales,
Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica.
     

     
 
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El futuro de los bosques de encinos en México frente al cambio global 129B07  
 
 
 
Erik J. Sánchez Montes de Oca y Ernesto I. Badano  
                     
En el hemisferio norte, los bosques templados son
un tipo de vegetación preponderante, y entre los componentes más importantes de su flora está el género Quercus (familia Fagaceae), que en nuestro país son vernáculamente denominados “robles” o “encinos”.
 
Estas plantas tienen una larga y compleja historia evolutiva. Los fósiles más antiguos con características indicativas de este grupo datan del Eoceno temprano, hace unos 50 o 55 millones de años, y fueron encontrados en Norteamérica. Sin embargo, los fósiles directamente relacionados con los encinos actuales tienen entre 25 y 30 millones de años y fueron descubiertos en Asia y Norteamérica. Esto sugiere que el género Quercus apareció de manera casi simultánea en ambos continentes, lo cual ha dado lugar a fuertes controversias acerca de su origen geográfico.
 
Independientemente del debate que rodea su origen geográfico, los inventarios más recientes estiman que existen 430 especies de encinos en el planeta. La mayor riqueza de especies se concentra en Norteamérica (entre 200 y 230 especies), seguido de Asia (aproximadamente 170), Centroamérica (30), Europa (22), el norte de África (tres especies) y Sudamérica septentrional (una especie en Colombia).
 
En Norteamérica, el mayor centro de diversificación de este género se localiza en las regiones montañosas de México, incluyendo la Sierra Madre Oriental, la Sierra Madre Occidental y el Cinturón Volcánico Transmexicano.
 
Debido a su gran diversidad, el género Quercus posee un elevado valor para la biología de la conservación. Sin embargo, estas plantas también son reconocidas por la relevancia que han tenido en diversas civilizaciones. Por ejemplo, en sus obras La Ilíada y La Odisea, el poeta griego Homero (siglo VI a.C.) menciona reiteradamente a los encinos como árboles sagrados que ofrecen reposo a los guerreros.
 
En México, su relevancia cultural data de épocas precolombinas, así consta en obras como el Libellus de Medicinalibus Indorum Herbisde (Tratado de Hierbas Medicinales Indígenas) o Códice CruzBadiano, donde Martin de la Cruz y Juan Badiano, ambos intelectuales indígenas de ascendencia nahua, detallan el uso de encinos en la medicina tradicional de los pueblos originarios.
 
Los encinos también sustentan una elevada biodiversidad en los ecosistemas forestales templados; por ejemplo, los bosques de encinos proveen hábitat para una gran variedad de flora y fauna, incluso se ha sugerido que son los productores primarios que sustentan las tramas tróficas superiores de los ecosistemas forestales templados de Norteamérica. Es decir, son especies clave que mantienen la integridad y el funcionamiento de los ecosistemas de los cuales forman parte.
 
Los encinos mexicanos
 
México es el país con la mayor diversidad de encinos en el mundo. Cuenta con 161 especies, de las cuales 109 son endémicas; esto significa que nuestro país contiene más de 40% de la diversidad específica del grupo; pertenecen a diferentes secciones taxonómicas dentro del género y se diferencian por sus características florales: 81 especies de la sección Quercus, llamados encinos blancos (47 endémicas), 76 de Lobatae, los encinos rojos (61 endémicas) y cuatro de Protobalanus, encinos dorados (una endémica). Presentes en todos los estados de la república, se destacan Oaxaca y Nuevo León con 48 y 47 especies, respectivamente, seguidos de Jalisco y San Luis Potosí con 45 especies cada estado. Actualmente, los bosques dominados por encinos cubren aproximadamente 5% de la superficie del país, lo cual se incrementa hasta 15% si se incluyen los bosques codominados por encinos y pinos.
 
Estas plantas leñosas ocupan el segundo lugar de aprovechamiento forestal a nivel nacional, solamente superados por los pinos. Su madera se destina a distintas actividades, como la producción de pulpa de celulosa y la construcción de muebles y embarcaciones, y figuran entre las fuentes más importantes de leña y carbón para las poblaciones rurales. Además, los bosques de encinos son zonas de captación de lluvia y recarga de mantos acuíferos, especialmente en la zona central del país, donde muchos asentamientos humanos dependen de estos ecosistemas forestales para el aprovisionamiento de agua dulce. La elevada diversidad y relevancia socioeconómica del grupo conducen a plantearse cuál será el futuro de estos bosques frente a los actuales escenarios de cambio ambiental asociados a las actividades humanas.
 
Regeneración ante el cambio
 
La regeneración natural de los bosques incluye todos los procesos que facilitan la incorporación de nuevos individuos a las poblaciones de plantas para reemplazar a los que mueren, lo cual permite mantener la integridad funcional de los ecosistemas forestales en el tiempo. La regeneración ocurre principalmente mediante la germinación de sus bellotas, que son el fruto característico de este grupo de plantas; en términos botánicos, éstas son frutos secos, tipo nuez, que contienen una sola semilla en su interior. Su germinación inicia con la absorción de agua a través de los tejidos que protegen a la semilla (pericarpio), lo que activa el crecimiento celular del embrión, produciendo la elongación del eje embrionario; el proceso de germinación culmina cuando un pequeño brote, llamado radícula, emerge a través de las estructuras que rodean la bellota.
 
Sin embargo, las bellotas son muy sensibles a cambios en las condiciones ambientales; se ha documentado que cualquier factor que reduzca su contenido de humedad puede causar la muerte del embrión. Posteriormente, si la germinación es exitosa, las plántulas resultantes deben sobrevivir hasta convertirse en reclutas que persistan y se conviertan en adultos reproductivos.
 
Las plántulas también son muy sensibles a las condiciones del medio que las rodea, especialmente en este tipo de especies arbóreas que reclutan bajo el dosel de los bosques. En esta etapa del ciclo de vida, los incrementos en la temperatura o las condiciones de escasez de agua repercuten negativamente sobre el desempeño fisiológico de las plántulas de los encinos, causando reducciones en sus tasas de crecimiento e incluso su muerte si las condiciones adversas persisten.
 
Teniendo en cuenta estos aspectos de la regeneración forestal, cabe preguntarse qué está ocurriendo hoy con los bosques de encinos mexicanos y qué les depara el futuro, ya que estos ecosistemas enfrentan dos grandes amenazas vinculadas con actividades humanas.
 
El cambio en el uso del suelo es la principal amenaza. Entre la época colonial y finales del siglo pasado, más de 60% de la superficie de los bosques templados de México fue reemplazada por campos agropecuarios. Sin embargo, muchos de estos campos están hoy abandonados debido a la sobrexplotación de los suelos y la falta de políticas sustentables para el sector rural.
 
Aunque se podría pensar que tal situación representa una oportunidad para que las especies vegetales nativas recolonicen esos sitios, la evidencia científica indica lo contrario. Los estudios enfocados en la regeneración de encinos indican que su reclutamiento en campos abandonados es extremadamente bajo o incluso nulo debido a que las condiciones ambientales en tales sitios (como una elevada temperatura y bajas tasas de retención de agua en el suelo) son desfavorables para la germinación de las bellotas y el establecimiento de las plántulas. La regeneración de estos bosques en zonas degradas por las actividades humanas representa un gran desafío para la ecología de la restauración.
 
A esto se suma el actual panorama de cambio climático que sufre el planeta, el cual representa una amenaza potencial para el mantenimiento de dichos bosques. Los modelos de cambio climático aplicados en México por el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático predicen que, entre mediados y finales de este siglo, habrá un incremento promedio de 2 a 5 °C en la temperatura del aire, lo que estaría acompañado de una disminución de 10 a 20% de agua de lluvia.
 
Estos cambios ambientales pudieran representar escenarios altamente desfavorables para la germinación de las bellotas, ya que favorecerían los procesos de pérdida de agua. Así, de no aplicarse medidas urgentes para mitigar el cambio climático, las condiciones ambientales previstas para el futuro pueden reducir las tasas de reemplazo de individuos en las poblaciones de encinos, lo que pondría en peligro el mantenimiento de dichos bosques.
 
Medio y germinación
 
La experimentación es la manera más fiable para predecir el resultado de un evento a corto plazo. Sin embargo, diseñar experimentos biológicos para predecir el resultado de un evento en el mediano o largo plazo representa un desafío mayor, especialmente cuando se efectúan en condiciones de campo. Esto se debe a que los experimentos son influidos por un gran número de variables ambientales que no pueden ser controladas en su totalidad y cuyos valores a futuro no pueden simularse con exactitud. Es uno de los motivos por los cuales los experimentos destinados a predecir el impacto del cambio climático sobre los procesos de regeneración de boques son escasos.
 
No obstante, este tipo de experimentación es requerida para generar conocimientos empíricos que puedan ser aplicados al diseño de acciones y políticas públicas destinadas a mitigar el impacto del cambio ambiental en los ecosistemas naturales. Sobre esta base, un grupo de investigadores y estudiantes del Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica, A.C. (ipicyt), ha efectuado experimentos en campo para establecer la manera en que los incrementos en la temperatura y las reducciones en la precipitación esperados en el futuro afectarán la regeneración de encinos, tanto en sus bosques como en áreas degradas por las actividades humanas.
 
Estos experimentos fueron llevados a cabo en Sierra de Álvarez, San Luis Potosí, una región prioritaria para la conservación a nivel nacional según la semarnat. Allí se seleccionó un bosque bien conservado, con muy bajo impacto antrópico, y un área deforestada adyacente que era utilizada para el pastoreo de ganado. En ambos sitios se instalaron parcelas experimentales donde se simularon las condiciones de cambio climático antes mencionadas, las cuales consistían en cámaras de techo abierto (otc por Open Top Chambers) para simular incrementos de temperatura, y que estaban acopladas a reductores de precipitación.
 
Por cada parcela experimental sometida a simulación de cambio climático se instaló una de control bajo las actuales condiciones climáticas. En todas se sembraron bellotas de tres especies de encino rojo (sección Lobatae) predominantes en la zona, incluyendo una de amplia distribución (Q. castanea, que está presente en México y Guatemala) y dos endémicas (Q. crassipes y Q. mexicana, sólo en México). Estos experimentos se iniciaron en junio de 2014, monitoreándose constantemente en todas las parcelas las condiciones de temperatura y precipitación, así como también la germinación de las bellotas y supervivencia de las plántulas resultantes.
 
Tras un año de registros se compararon las condiciones climáticas y la germinación de bellotas entre las parcelas control y las sometidas a simulación de cambio climático. Estos resultados indicaron que las otc acopladas a reductores de precipitación simulan adecuadamente las condiciones de cambio climático esperadas entre mediados y finales de este siglo. Tanto al interior del bosque como en el área deforestada, estas estructuras incrementaron la temperatura promedio del aire de 1.5 a 2.8 °C y redujeron la precipitación en 9 a 11%, en comparación con las parcelas control.
 
Sin embargo, los patrones de germinación de bellotas difirieron bastante de los resultados esperados. En el interior del bosque, las bellotas de Q. castanea y Q. crassipes mostraron mayor capacidad de germinación en las parcelas sometidas a simulación de cambio climático, mientras que las bellotas de Q. mexicana no mostraron diferencias entre estas parcelas y los controles. Por otra parte, la simulación de cambio climático en el área deforestada estimuló solamente la germinación de bellotas de Q. castanea, mientras que redujo la germinación de las bellotas de Q. crassipes y Q. mexicana.
 
Estos resultados sugieren que las respuestas de germinación de bellotas ante el cambio climático pueden ser difíciles de predecir, ya que la dirección de la respuesta (positiva o negativa) depende tanto de la especie de encino que se esté estudiando como del tipo de hábitat (bajo el dosel del bosque en o áreas deforestadas) donde se encuentren sus bellotas.
 
A diferencia de lo observado en las bellotas, la supervivencia de las plántulas mostró patrones altamente consistentes entre especies de encinos, tanto al interior del bosque como en el área deforestada. En todos los casos, las tasas de supervivencia de plántulas fueron menores en las parcelas sometidas a simulación de cambio climático que en las parcelas control, aunque cabe destacar que fueron mucho más bajas en el área deforestada que en el interior del bosque.
 
Esto conduce a pensar que, aunque la germinación de bellotas en algunas especies de encinos puede ser favorecida por el cambio climático, sus plántulas no tolerarán tales condiciones. En consecuencia, se concluye que el cambio climático representa una grave amenaza para el mantenimiento de los bosques de encinos, ya que puede reducir las tasas de reemplazo de individuos en las poblaciones. Otra conclusión importante de los experimentos es que, al reducirse la supervivencia de las plántulas, el cambio climático también repercutirá negativamente en el éxito de las acciones destinadas a restaurar áreas deforestadas.
 
Una reflexión final
 
Pese a la gran relevancia ecológica, económica y cultural de los encinos, estos árboles rara vez son considerados componentes importantes de los ecosistemas forestales templados del país. Sin embargo, debido al alto número de especies endémicas y las fuertes amenazas que representan para su persistencia el cambio en el uso del suelo y el cambio climático, al menos parte de sus especies debieran ser consideradas prioritarias para la conservación.
 
Hoy día, ningún miembro del género Quercus está incluido en el marco legal que regula la protección de especies en México (nom059semarnat2010 de la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente) y las agencias forestales nacionales no suelen incluir este grupo dentro de las acciones de reforestación. Esto se debe a la poca información existente acerca de la ecología de la regeneración de encinos, y es aún menor el número de estudios enfocados en evaluar sus respuestas ante el cambio ambiental global.
 
Para revertir tal situación se requiere el compromiso de múltiples sectores de la sociedad. Gran parte de la responsabilidad recae sobre los científico, quienes debiéramos generar conocimientos relevantes sobre la ecología de éste y otros grupos de organismos para transmitirlos por los canales pertinentes al resto de la sociedad. De otra manera, los tomadores de decisiones no podrán diseñar políticas públicas efectivas en materia de conservación ambiental.
     
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Erik J. Sánchez Montes de Oca
y Ernesto I. Badano
División de Ciencias Ambientales,
Instituto Potosino de Investigación Científica
y Tecnológica A.C.
     

     
 
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número 129-130 octubre-diciembre 2018
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Ramón Peralta y Fabi
     
               
               
Las creencias y la fe asociada a ellas, si bien resultan de
una actividad social, fruto de la cultura de una colectividad, son en el fondo una experiencia personal, cambiante, e íntima. El conocimiento del mundo y su comprensión se adquieren socialmente y van cambiando en función de la experiencia y la cultura, pero —en contraste— sus elementos son sujetos de crítica y confrontación con la evidencia; no obstante, las respuestas —siempre temporales o tentativas— tienen un carácter universal. ¿Cómo es esto?
 
Cada uno tiene sus creencias y el derecho inalienable de que se le respete por ellas. Eso no significa que todas las creencias sean respetables o que se permita poner cualquier creencia en práctica. Pensar que los que profesan otra fe o ninguna deben ser eliminados es evidentemente inaceptable. Debe contrarrestarse, en primera instancia, con la tolerancia y la educación, promoviendo la reflexión en cada uno.
 
La historia humana es, en parte, una descripción de la intolerancia, particularmente la religiosa, y su consecuente violencia. No es solamente con la fuerza que se detendrá la guerra entre sunitas y shiítas, que cada facción percibe como santa desde su limitada perspectiva. Tampoco es claro que la barbarie del Estado Islámico, como se hace llamar ese grupo de fanáticos, se acabe con mayor violencia y armamento.
 
Contra lo que suponemos, la violencia ha ido disminuyendo con el tiempo. El porcentaje de seres humanos que han sido víctimas de la violencia se ha ido reduciendo a lo largo de los siglos; nuevas formas de organización social, a nivel local y global, han contribuido a este resultado. La violencia en los últimos cincuenta años fue menor que la de los cincuenta previos, y ésta que la del siglo xix. Cabe agregar que el análisis de los datos indica esta tendencia de manera clara y sistemática, aunque las tragedias locales en tiempo y espacio no dejan de ser atroces, cada uno conoce algún caso más preocupante que el otro y no hay continente ajeno a esta tragedia.
 
Qué es la religión
 
Se entiende por religión al conjunto de creencias, ritos, símbolos y preceptos que de manera organizada socialmente, a decir del sociólogo Émile Durkheim, buscan explicar y vincular una concepción del mundo y el ser humano con una autoridad superior, como una deidad o conjunto de éstas. Si bien es cierto que el carácter social de las religiones necesariamente conlleva el acuerdo entre personas, dando pie a las religiones formalmente organizadas, el resultado en la práctica es que hay un aspecto esencialmente personal y único en lo que cada uno cree; posiblemente se debe a que la cultura religiosa de cierto porcentaje de los creyentes sea sorprendentemente pobre.
 
Esta falta de conocimiento detallado de lo que la religión de cada uno trae consigo da pie a que sea relativamente fácil el tránsito entre una secta o denominación y otra, particularmente notorio en el caso de los cristianos, pero no exclusivo. No en balde, en los censos oficiales las iglesias prefieren ser agrupadas, más que desagregadas, y así no aparecer con números muy bajos o en claro descenso en sus adeptos, como les ocurre hoy día en la práctica.
 
¿Cuántos católicos, por ejemplo, conocen todos los dogmas que están obligados a aceptar sin matiz alguno? Bastaría revisar con cuidado cuáles acepta cada uno, una vez que se es consciente de ellos, para ubicarlo en alguna denominación; hay más de 36 000 denominaciones cristianas registradas en el mundo. Un aspecto nada trivial es en qué términos se entiende cada uno de los dogmas, cuando son comprensibles del todo. La Trinidad, en la que un Padre, su Hijo, y el Espíritu Santo forman uno solo, pero esencialmente diferentes, nada tiene de simple y mucho de interpretación y confusión. El mismo Isaac Newton, célebre científico y creyente, toda su vida, estudió este dogma y dejó escritos nada confusos sobre el origen y falta de sustento de la revelación.
 
Cómo ve cada católico la consagración en la misa, la transubstanciación, es algo tan variado como lo escrito al respecto. La “transformación del pan en el cuerpo y el vino en la sangre de Cristo” es vista por algunos como real y literal, aceptando esto como un milagro cotidiano a pesar de que es evidente que no es el caso. Otros pueden interpretar la consagración como un misterio inalcanzable a la mente humana, como se estableció en el Concilio de Trento en el siglo xvi, determinando que se modifican la esencia y la sustancia, pero sin que pueda el creyente común saber si es una metáfora, el símbolo de la tradición cristiana o el venerado recuerdo de una cena premonitoria y el final de una persona especial.
 
El sentido de la Inmaculada Concepción, la madre que conserva la virginidad, el sentido de la resurrección de Cristo y su ascensión, así como la asunción de su madre, las apariciones de ésta en muchísimos lugares del mundo o la infalibilidad del papa, varía de un católico al otro; en todos estos casos, y otros más elaborados, se demanda del creyente la aceptación textual del dogma, invocando lo misterioso del designio divino.
 
Sin que compartan con la religión católica la aceptación de un líder central que dirige y rige, para el judaísmo y el islamismo las cosas son semejantes por compartir con los cristianos una buena parte de lo que se llama el antiguo testamento. El Paraíso tiene innumerables variaciones en su interpretación, como las tienen las plegarias y el desempeño masculino al hacerlas, la percepción ante el infiel o el gentil, o ante los profetas como Abraham, Moisés, Jesús o Mahoma. Cómo se dirige cada uno a dios, cuándo y para qué, o el papel de los ángeles en la vida cotidiana de los fieles, el Génesis y el final... Para unos, la creencia de los otros se percibe como la falta de claridad, de sentido o de fe, cuando no la inaceptable confusión y justificación de su exterminio; cada una de las principales religiones monoteístas ha practicado el genocidio en aras de la pureza de su fe.
 
Una tarea del creyente es tratar de comprender qué creen quienes tienen otra religión y por qué ellos la consideran la correcta. Un interesante trabajo reciente reflexiona sobre las religiones en los Estados Unidos de América, revisando cierto número de religiones en ese país, no del todo ajenas al hispanohablante. Revisar otra fe, entender qué profesan los otros, es una forma de hacer una revisión de lo propio, de valorarlo y darle su justa dimensión, y generar dudas, por supuesto.
 
Religión individual
 
Una reflexión sencilla y unas cuantas conversaciones con los que profesan la “misma fe”, indican que lo que uno cree tiene poco en común con la creencia de los demás. Con unas cuantas preguntas es posible apreciar lo individual que son las creencias religiosas y cada uno va diferenciándose del otro en la interpretación y significado de los dogmas o principios esenciales.
 
Las creencias, sobre todo las que suponemos que compartimos con otros, con muchos otros, como las religiosas, paradójicamente resultan ser únicas, como cada uno de nosotros. Para convencerse basta con dedicar un poco de tiempo, relativamente poco, si se toma en cuenta que el asunto es (o debiera ser) una parte esencial de la persona creyente. Cada uno se debe a sí mismo la tarea de hacer un resumen de lo que cree que es dios y la relación que tiene con él. ¿Quién es dios, qué atributos tiene? y ¿cómo se deben entender su existencia ante la evidencia de la vida diaria, llena de confusión, maldad, injusticia, hambre, entre otras cosas? Una respuesta es que es misterioso, por decirlo de alguna manera o por citar la forma usual de enfrentar (eludir) estos temas.
 
Lo contrario, la claridad, la bondad, la justicia, la abundancia, la belleza resultan no tener misterio alguno —dicen— y cuando se poseen, en un gozo o se aceptan agradecidamente sin darse cuenta de que quienes no las poseen tienen los mismos merecimientos o mayores, insinuándose una injustica. Una vida errada, lejos de dios o renunciando a él, o un “final equivocado”, conlleva un castigo eterno, y esto se acepta como justo; lo que evidentemente es otro “misterio de dios”.
 
¿De qué es responsable dios y de qué no?, ¿acaso la pregunta es inadecuada o inaceptable?, ¿cuáles preguntas lo son?, ¿cómo sabemos qué nos pide, nos exige, y qué deja de dar, a quiénes y por qué? Cuando se miran estas dudas de frente parecen ser más complicadas que las preguntas que se supone se contestan con la existencia de dios (de dónde venimos, a dónde vamos, por qué estamos aquí, etcétera). Muchas de estas preguntas tienen respuestas fuera de la religión, desde luego; otras no, y es usualmente porque sólo quien cree en un ser superior se las hace.
 
Con toda seguridad, un buen número de quienes creen en dios aceptarían los dogmas que desconoce para seguir perteneciendo a su religión; otros simplemente dejarían de lado algunos porque consideran que no son esenciales y, sin mayor apuro, se identifican con la comunidad dominante o más cercana por razones familiares o sociales. Los menos reafirmarán su fe en un creador o autoridad suprema, más abstracta, y vivirán de acuerdo con las normas morales que les fueron inculcadas o que aprendieron a lo largo de su vida y, suponen, vienen de la religión que profesan. Sin embargo, los principios morales no provienen de las religiones, se generaron con la formación misma de la organización social, más evidente en las comunidades sedentarias, elaborando códigos de conducta que se aceptaban o imponían para hacer más llevadera la vida en común.
 
Parte de lo que JeanJacques Rousseau llamó el contrato social es esta gama de normas que difícilmente pueden verse como universales. No lo son, y es el sentido de la vida el que guía cómo sustentar la actuación cotidiana, la moralidad de nuestros actos. En este sentido es que algunas religiones recogen diversos principios, los hacen propios y los comparten entre sus seguidores con —acaso— alguna adaptación o matiz afines con su contenido.
 
Es algo muy antiguo. Para Aristóteles, por ejemplo, los principios morales son los que llevan al ser humano a florecer, a lograr la eudaimonia. Por su parte, Jeremy Bentham y John Stuart Mill consideraron que los principios morales son los que llevan a traer la felicidad a un mayor número de personas. Por supuesto, el origen, el sentido y la especificidad de las normas morales han sido siempre objeto de debate. Platón e Immanuel Kant, entre otros, imaginaron que estos principios son sólo el fruto de la razón, en contraste con David Hume, quien les concede una base más sustentada en las emociones; siempre, eso sí, de origen humano.
 
La religión y su contraste con el mundo
 
¿Con qué frecuencia reflexionamos sobre nuestras creencias personales y sobre su coherencia interna o con lo demás que constituye nuestra concepción del mundo? A lo largo de la vida se va recibiendo instrucción religiosa y secular sin que se analice la relación entre ellas y sus posibles contradicciones. La reflexión debiera ser continua, en tanto que vamos aprendiendo cosas todos los días o esperaríamos hacerlo. Es cierto que la adquisición de conocimiento significativo, el que lleva a la revisión de otras partes de nuestra visión global, es poco frecuente.
 
En ocasiones, un saber importante es el resultado de la acumulación y comprensión de muchas ideas, que a su vez configuran un cuerpo coherente de conocimientos. En contraste con la epifanía —casi momentánea— que representa una noticia o la cabal comprensión de una idea central en una lectura o una conferencia, lo usual es que las ideas se vayan asimilando paulatinamente hasta que, al pasar el tiempo, se hace conciencia de que se han trastocado seriamente las creencias personales que se sostenían anteriormente.
 
Lo que debiera ser inaceptable para cada persona es aceptar y sostener visiones contradictorias. Pero el desconocimiento de la propia religión hace más fácil sobrellevar la inconsistencia entre lo que se cree y lo que se percibe en la vida cotidiana o con la información irrefutable que se recibe. Cómo se entienden el mal, el hambre, la injusticia, cómo hacer aceptable que las vidas esencialmente ajenas de quien nace entre seda y cultura y quien nace en medio de una guerra, sin alimento, educación y futuro —muchos niños—, nunca habrán tenido la opción de algo al morir entre escombros y sed. Pensar que cada quien labra su propio destino es imaginar que el pobre está ahí porque no ha trabajado suficiente, mientras el joven graduado recibe la dirección de empresa del padre.
 
En México, la capilaridad social es un mito, menos de 20% accede a la universidad y sólo 32% se inscribe en alguna escuela de educación superior o estudió en alguna modalidad no escolarizada o mixta. Se estima, en consecuencia, que ganarán 70% más que quienes se quedaron sólo con el bachillerato.
 
Cómo pensar que un creador mantiene la atención sobre sus criaturas, que sabe todo, incluido el futuro; parece más bien un contrasentido que creara el mal, lo dejara actuar y, con frecuencia, que permita que lo poco que algunos han logrado se destruya, incluidos sus hijos. Éstas son parte de las confrontaciones entre lo que se cree y lo que se ve y se entiende de nuestro entorno, de la evidencia. Una tarea del creyente es buscar franquear la brecha entre lo que se cree y lo que se sabe.
 
El mundo y la ciencia
 
El avance de la ciencia ha ido reduciendo el ámbito religioso que, en una época o en un medio de cultura escasa, pretende responder a las preguntas que todos nos hacemos, especialmente en la infancia. La contradicción entre la noción de una creación divina del mundo que nos rodea y la propuesta por la ciencia es tan flagrante, que lo más sencillo para algunos es ignorar el tema por completo.
 
Alternativamente, se puede uno enfrascar en la labor interpretativa, compleja y difícil, de las fuentes de la revelación, los libros sagrados, para hacerlos compatibles con lo que hoy se sabe, es decir, hacer la tarea de exégeta. Los resultados son una mezcla de conceptos, términos y reinterpretaciones de lo escrito que atentan contra el sentido común.
 
Lo que hemos aprendido de nuestro entorno y la enormidad de la evidencia para soportar el conocimiento científico son abrumadoras. La evolución de la vida a lo largo de 3 500 millones años, descubierta en el siglo xix y hoy elemento esencial de las ciencias biológicas, la dinámica del planeta y su evolución constante desde su formación hace 4 500 millones de años, el corazón de las ciencias de la Tierra, teoría fundamentada en el siglo xx, y el origen del Universo hace cerca de 13 800 millones de años, médula de la cosmología, son algo mucho más que teorías alternativas a los actos de creación. Se amalgaman con lo que sabemos sobre los átomos y las moléculas, columna vertebral de la física, lo que entendemos del cuerpo humano y de otras especies y de la genética de la vida, del sorprendente vínculo entre todos los seres vivos, pasados y presentes, de sus deficiencias y virtudes.
 
Todavía existen muchísimas preguntas sin respuesta, áreas de conocimiento que apenas inician, hay cambios y ajustes en todas nuestras explicaciones actuales, y difícilmente habrá palabras finales. Si bien hay aspectos que no cambiarán nunca una vez establecidos como, por ejemplo, que nuestro planeta es (casi) redondo, gira sobre sí mismo y se mueve alrededor de una estrella, misma que se mueve en un conglomerado que llamamos la Vía Láctea. Que los seres vivos nacen y mueren, tienen las mismas bases genéticas, sin excepción y vinculándolos a todos, presentes y pasados (y futuros, si lo permitimos). Que los átomos de carbono (y los otros) son idénticos entre sí y algunas cosas más, muchas, y otras cambiarán con nuestra comprensión cada vez más fina y amplia. La naturaleza de la tarea sugiere que no se puede acabar.
 
¿Cómo respondería un súbdito de Ramsés III si le presentáramos evidencia de que Ra, su deidad principal, el Sol, es en realidad una inmensa bola incandescente de hidrógeno, generadora de reacciones nucleares que ocurren en su interior, forzadas por la gravedad? Si se ignora la evidencia, se puede seguir adorando el Sol, por supuesto, y alguien de esa época no tendría la capacidad de entenderla; habría que informarle, explicarle del sistema solar, de los viajes espaciales, y de los elementos, de la atracción de los cuerpos, etcétera. Hoy, nadie con una mínima cultura y sentido común considera nuestra estrella más cercana como un ser divino, salvo de manera metafórica.
 
En la ciencia, cada vez que algo deja de ser congruente con lo ya aceptado, se da un proceso de revisión, a veces difícil y largo, para reconsiderar las cosas; por ejemplo, la fuerza de gravedad nos permite entender por qué dos planetas se atraen o por qué caen los cuerpos sobre la superficie de la Tierra. Al descubrirse que los objetos en el firmamento, como las galaxias, se alejan unas de otras cada vez más rápido, se hace evidente que la ley de la gravitación debe ser modificada, aunque nos explique otras cosas muy bien. El reto es, sin dejar de explicar lo anterior, dar sentido a lo nuevo. Actualmente no hay una explicación satisfactoria a la acelerada expansión del Universo y a la forma en que las estrellas de cada galaxia giran en torno a su centro; predecimos entonces la existencia de materia y energía que no hemos detectado, y la llamamos oscura.
 
Ahora, si el paradigma debe ser cambiado de manera radical o sutilmente, será el resultado de más información, del trabajo creativo de algunos, de la revisión profunda de lo que parecemos entender. En este sentido, el quehacer científico difiere del fenómeno religioso de manera radical, pues este último no considera posible la reformulación de sus bases conceptuales y ninguna evidencia en contrario es suficiente para replantearlas.
 
Adicionalmente, en contraste con la fe, cada científico o persona que estudia lo que vamos aprendiendo del mundo en nuestro entorno comparte la misma visión. Esto merece ser calificado. Lo mismo entiende un investigador en Londres que en Bangkok o en Wonthaggi sobre la radiación de microondas, los ácidos ribonucleicos o el fulereno C60. Ninguno ha visto un átomo (ni lo verá) y lo que de éstos sabemos da pie a que cada uno se imagine algo diferente, personal, el meollo es que esta parte individual es irrelevante.
 
La variabilidad de perspectivas en la observación de los fenómenos no impide la comunicación entre físicos, químicos, ingenieros y biólogos ni afecta los datos que se extraen al hacer experimentos con ellos o manipularlos para su comprensión o nuestro beneficio. No hay una ciencia alemana, ni burundesa o paraguaya; lo que hay son desarrollos, políticas y condiciones diferentes.
 
En ciencia, la hermenéutica o exégesis pertinente, esto es la interpretación de las publicaciones científicas, es universal; usualmente (o preferentemente) expresada en lenguaje matemático. No significa que sea de fácil comprensión, como todos lo sabemos. La interpretación en palabras llanas se hace para fines didácticos o para frasear las cosas en el lenguaje cotidiano que ha sido creado para compartir alimentos o demandar derechos, pero difícilmente para expresar lo que no percibimos directamente a través de los sentidos. Una galaxia con miles de millones de estrellas que giran en torno a un agujero negro, los fotones que inciden sobre las moléculas de rodopsina en el interior de nuestros ojos y nos permite la visión o los neutrinos que produce el Sol en la fusión nuclear y nos atraviesan todo el tiempo son objeto de estudios cuantitativos diarios en los centros de investigación alrededor del mundo, pero son difíciles de explicar en términos simples.
 
Conclusiones
 
Ser parte de una iglesia o formar parte de la comunidad de una religión específica, que en la mayoría de los casos es la misma que fue transmitida por los padres y reforzada por el entorno, implica aceptar que se comparte con otros un conjunto de creencias. Éstas son recibidas de manera irracional, cimentadas en la fe, en tanto que son resultado de la ”revelación” por parte de un dios y no como fruto de una argumentación que inexorablemente lleva a ellas. No hay tales pruebas de la existencia de dios, entendidas como irrefutables. La fe de cada uno se constituye con la percepción personal y la interpretación de lo que le fue enseñado, con mayor o menor análisis de su parte.
 
Lo que un creyente escuchó en el púlpito o en boca de su madre, en lo que el padre le explicó o los maestros dijeron, así como las conversaciones con compañeros y amigos, van sumando a la visión que se tiene de todo ello a lo largo de la vida. La individualidad esencial de las creencias es parte de la razón por la que las religiones se sostienen; ante un sistema rígido, explícito e inmutable, las personas acaban fastidiándose y oponiéndose. Cuando cada uno tiene la posibilidad, tácitamente permitida, de elaborar su propia conclusión de lo que es o debe ser su fe, entonces aparece esa necesaria flexibilidad que nadie más reclama, salvo su dios, quien por otro lado nunca lo hace.
 
Se dice, a veces, que los magisterios de la religión y de la ciencia son diferentes y que cada uno toca distintas facetas de la realidad, una la espiritual y la otra la material, pero resulta que ambas abordan el mismo mundo en el que estamos embebidos. Llamarle espiritual a la parte abstracta, sensible y sutil de nuestros pensamientos, y material a las formas tangibles que nos atraviesan los sentidos es una metáfora afortunada para simplificar nuestra comunicación ya que, en realidad, se trata de facetas de una misma cosa.
 
Cuando la cultura helénica inventó el concepto del psyche fue precisamente para ello. No se puede negar la realidad de la belleza, la tristeza o el odio, como tampoco la objetividad de la enfermedad, el dolor y el frío. Es más sencillo hablar de las nubes y los mares que de los sentimientos o la atrocidad humana. Somos uno, con una dualidad que sólo es aparente. A tal ente integral y complejo, y a su entorno, es a lo que la ciencia se dedica.
 
Al abordar temas como el origen y el final, sea de una persona o del mundo, la religión está tratando de explicar algo que le es ajeno o procede recurriendo a lo contrario de lo que la ciencia hace, que es tornar nuestro entorno comprensible, inteligible, pero con base en la evidencia; para la ciencia no hay revelación ni dogma alguno, y su tarea sólo la puede llevar a cabo con un lenguaje universal, accesible a todos, y sin necesidad de la autoridad; la jerarquía es sólo organizativa y no dictamina en nada.
 
El edificio de la ciencia, por definición, es siempre temporal, se encuentra en construcción permanente, y la respuesta final posiblemente no existe. La “teoría de todo”, el reduccionismo, son sólo quimeras.
 
     
Referencias Bibliográficas
 
Dry, Sarah. 2014. The Newton Papers. Oxford University Press, Nueva York.
Nagel, Ernest y James R. Newman. 2008. El teorema de Gödel. Tecnos, Madrid.Pinker, Steven. 2011. The Better Angels of Our Nature. Why violence has declined. Viking Books, Nueva York.Stollznow, Karen. 2013. God Bless America: Strange and Unusual Religious Beliefs and Practices in the United States. Pitchstone, Durham.

     

     
Ramón Peralta y Fabi
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.Ramón

Físico y doctor en Ciencias con especialidad en dinámica de fluidos y física estadística. Ha sido director de la Facultad de Ciencias y de la Sedes UNAM- (Escuela de Extensión Universitaria) de Canadá y París. Se ha desempeñado como secretario general, vicepresidente y presidente de la Sociedad Mexicana de Física.
     

     
 
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