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Poemas R031B04   
 
 
 
Rafael Vargas  
                     
Obrero en huelga, asesinado
 
tendido en la calle
al sol del crimen recién cometido
el joven obrero es inmenso
como el silencio de dios
 
los ojos
aún abiertos
advierten la lenta sucesión de nubes
bamboleándose en los azules confines de la viudez
 
son inaudibles ya
las carreras y los pasos
el llanto y los gritos a su alrededor
 
su sangre se bifurca en negros hilos
caminas en los que se extingue
la memoria del planeta
 
 
Periplaneta americana
 
la luz se encendió
y la cucaracha
surgida de la indolencia y los detritos
quedó paralizada en su rincón del universo
sola contra la muerte y su invisible escoba
 
—también ella medra en sitios húmedos y oscuros
malolientes
 
por última vez corrió
agitó sus antenas
luego se apagó
con su signo secreto
para ser una mancha más en el gastado mosaico
un recordatorio imborrable
 
—ah
no importa cuánto limpies—
 
del terror que causan estos seres nocturnos
a los que el mundo está destinado.
 
articulos
 _____________________________________________________________      
Rafael Vargas
     
_____________________________________________________________
     
cómo citar este artículo
 
Vargas, Rafael. 1993. Poemas. Ciencias, núm. 31, julio-septiembre, pp. 64. [En línea].
     

 

 

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José Ramón Eguibar      
               
               
Sin duda alguna, de las sensaciones más angustiantes
que podemos sufrir los humanos es la dolorosa; ante ella nos sentirnos inermes y limitados en nuestra capacidad de respuesta. En este Dossier se me ha encomendado la misión de tratar de explicar cómo las sensaciones dolorosas (nocicepción) pueden variar según el sexo del animal de prueba, además me gustaría incluir una discusión acerca de los mecanismos que poseemos los mamíferos para contrarrestar las sensaciones nociceptivas, las cuales también varían según el sexo; en el caso de las hembras de casi todas las especies dependen de manera importante de la fase del ciclo estral en la cual se encuentren, mientras que, específicamente en las mujeres, se relacionaría con las distintas fases del ciclo menstrual.
 
Es común diferenciar la resistencia al dolor y establecer quiénes, hombres o mujeres, son más resistentes a las sensaciones de índole dolorosa. Sin embargo, hasta la fecha no hay estudios detallados al respecto que pudieran poner el fiel de la balanza a favor de alguno de ellos. Lo que sí es claro, a partir de estudios con animales, especialmente en ratas, es que la sensibilidad a estímulos dolorosos varía a lo largo del ciclo estral, de tal forma que la capacidad de responder a sensaciones dolorosas es mínima durante la fase de estro, la mitad del ciclo menstrual o periodo ovulatorio para el caso de los humanos. Este periodo corresponde al momento en que las hembras aceptan al macho para la cópula y se encuentran próximas a ovular; para el caso de los seres humanos se ha observado un pico de actividad copulatoria y masturbatoria en las mujeres a mitad del ciclo menstrual (Austin y Short, 1980). En los machos, la falta de grandes oscilaciones de su sistema endócrino, entre ellos del testículo que produce continuamente espermatozoides y testosterona (hormona esteroidea masculina), han impedido el estudio detallado de cómo varían las respuestas ante distintos tipos de estimulación, incluyendo las de tipo doloroso.
 
La estimulación del tracto genital femenino produce analgesia
 
Estudios detallados realizados en el Instituto de Conducta Animal, en la Universidad de Rutgers, en el estado norteamericano de Nueva Jersey, han permitido demostrar que la estimulación del tracto genital, vagina y cérvix uterino, producen una disminución considerable de respuesta a estímulos dolorosos diversos. La ausencia de sensación dolorosa ante estímulos que normalmente evocan dichas repuesta es denominado efecto analgésico o simplemente analgesia, del griego analguesis, an = ausencia y algos = dolor. La analgesia producida por la estimulación de la vagina y del cérvix uterino abarca a todo el cuerpo, de tal forma que se inhiben totalmente las respuestas de flexión de la pata ante el pellizcamiento del pie; retracción de las vibrisas (bigotes) ante el pinzamiento de la oreja; también hay un aumento del tiempo que le lleva al animal retirar la cola de una fuente de luz que se ha condensado en un punto de la misma o al recibir un aumento de la cantidad de corriente requerida, para evocar vocalizaciones, chillidos (Komisaruk y Stein, 1986). Tales evidencias han sido tomadas como un indicio de situaciones analgésicas y este grupo de trabajo, junto con otros, han podido determinar que se deben a acciones que se dan a nivel de la médula espinal, o que se producen por influencias que provienen de niveles superiores del sistema nervioso central (SNC). Pero esta es una respuesta obtenida en animales de experimentación, por lo que cabe preguntarse, ¿existe la analgesia por estimulación vaginal en los seres humanos? La respuesta es sí. El Dr. Komisaruk, investigador en jefe de los experimentos anteriores y la Dra. Beverly Whipple, coautora del best seller, El punto G y otros descubrimientos recientes acerca de la Sexología humana (véase reseña breve de estos hallazgos en Ciencias 17: 55-61, 1990), se han abocado a estudiar las respuestas dolorosas, nociceptivas, producidas por la aplicación escalonada de presión sobre la uña. Así, se obtiene un umbral doloroso, proveniente de la primera ocasión en que el sujeto refiere sentir dolor sobre el lecho de la uña y un segundo umbral de tolerancia al dolor, que proviene de la presión que se ejerce sobre el dedo, y que evoca una sensación no confortable, de tal forma que ya no se puede continuar con la presión. Estas mismas medidas se evaluaron durante la estimulación de las paredes vaginales anterior y posterior, así como cuando se estimulaba el cérvix uterino por medio de un vibrador cubierto con un condón. La presión del vibrador sobre la pared anterior vaginal producía un dramático incremento del 41.7% del umbral de detección dolorosa; si la estimulación continuaba, de tal forma que resultase placentera, el umbral se elevaba hasta en un 53.7%, y bajo esta última condición, también se elevó el de la tolerancia al dolor (Komisaruk y Whipple, 1986). La estimulación vaginal no cambió la sensibilidad existente en el dorso de la mano, cuando se la estimula con filamentos finos de nylon, es decir, las sensaciones de presión puntual en la piel permanecieron iguales o descendieron un poco, durante la aplicación de estímulos vaginales. Debe mencionarse que el umbral doloroso se eleva de manera directa al aumentar el tiempo de estimulación y alcanzó valores máximos, de más del 100%, cuando se evocaron respuestas orgásmicas en los sujetos (véase figura 1).
 
 
figura3107 1
Figura 1. Las gráficas muestran el pico de actividad copulatoria o masturbatoria en las mujeres a la mitad del ciclo menstrual. Este pico no se presenta en mujeres que toman anticonceptivos, que no ovulan o que no presentan picos hormonales en este estado.
• Bajo efectos de la píldora.
Ο No usan píldoras, usan diafragma o condón.
Δ No usan píldoras, usan dispositivo intrauterino o vasectomía.
 
 
Por otra parte, la presión en la pared posterior de la vagina no tuvo ningún efecto, pero cuando a los sujetos se les instruyó para que realizaran estimulaciones que considerasen placenteras, sí se obtuvieron aumentos en ambos umbrales dolorosos, alcanzándose valores máximos a los 5 minutos. En esta última condición los umbrales de detección dolorosa se elevaron en un 67.4%, para la pared anterior de la vagina; en un 62.8%, para la pared posterior, y en un 62.5%, cuando se estimuló el clítoris. Pero ¿cómo descartar un efecto inespecífico, tal como la distracción respecto a la estimulación dolorosa al aplicarse cada una de las pruebas? Los autores muestran que ni el ver un segmento de una serie de televisión, o la lectura de un pasaje breve, cambiaba los umbrales dolorosos antes mencionados, pero sí las respuestas a estímulos táctiles simples, patrón inverso al que se produce con la estimulación vaginal (Komisaruk y Whipple, 1986; Komisaruk y Stein, 1986). En los reportes verbales posteriores a las pruebas que se tomaron a las mujeres en estudio, éstas reportaron lo siguiente: “Yo sabía que mi dedo estaba siendo aplastado pero no lesionado”; “Estaba enterada de la sensación pero no sentía dolor”, “La sensación estaba ahí pero era distante”. Lo cual probablemente indicaba una disociación, es decir, la presencia del estímulo doloroso está presente, pero éste no tiene el carácter que normalmente le damos.
 
Recientemente, el grupo de trabajo antes mencionado, asociado al grupo de trabajo del Centro de Investigación en Reproducción Animal (CIRA, UAT-CINVESTAV-IPN-UNAM) en Panotla, Tlaxcala, ha podido demostrar que un grupo de personas que consumen por lo menos un chile en cada una de las tres comidas diarias, considerado como grupo de alta ingesta de chile y, por tanto, de su principio activo, la capsaicina, comparado con otro de baja ingesta, o sea, aquél que consume un chile a la semana o nada de picante, muestran distintos umbrales de detección dolorosa y de tolerancia al dolor. Es decir, si se incluye en la dieta una alta ingesta de chile, disminuyen los porcentajes de aumento de los umbrales obtenidos durante la estimulación vaginal. En experimentos realizados con roedores se observó que la capsaicina puede actuar como neurotoxina específica para las fibras nerviosas (fibras C) que son las que se encargan de transmitir las señales dolorosas. Así, cuando se le administra este principio activo del picante a ratas y ratones infantes se produce una pérdida, casi total, de las fibras tipo C y, por ende, de la sensibilidad al dolor; estos hallazgos explicarían, de manera parcial, los resultados antes mencionados. Por ello, las inferencias que se hagan a partir de este tipo de estudios, deberán tener en cuenta, de manera fundamental, las variaciones de respuesta provocadas por un sinfín de factores, como el dietético aquí mencionado, para poder homogeneizar la amplia variedad de expresiones conductuales, que existen ante los estímulos de tipo doloroso.
 
Durante la cópula es cuando normalmente se producen abundantes estimulaciones de las paredes vaginales y del cérvix uterino provocando en las hembras, en algunas ocasiones, sensaciones placenteras, por lo que cabría preguntarse si durante las relaciones sexuales se han reportado reacciones de tipo analgésico. En el caso de los roedores y otros mamíferos, sí se han obtenido datos que revelan que la estimulación del tracto genital femenino durante el coito, produce una analgesia similar a la obtenida con la estimulación mecánica (Cruz-Morales y Noble, 1986). Es oportuno mencionar que en el estudio monumental de Master y Johnson nunca se consideró la posibilidad de evaluar las respuestas a estímulos de cualquier índole, incluyendo los dolorosos, durante las distintas fases del ciclo de respuesta sexual, lo que implica que aún existen una multitud de trabajos por realizarse en esta área del conocimiento.
 
 
 figura3107 2
Figura 2
 
 
Existe sin duda otra condición en la cual las paredes vaginales y el cérvix son fuertemente estimulados: el parto. Éste constituye un tema controvertido, donde se pueden tener amplias polémicas, pero trataré de abordarlo de manera somera. Ya desde el embarazo se observa un aumento del umbral doloroso dependiente de la secreción de endorfinas al torrente sanguíneo, es decir, de sustancias que se producen en nuestro organismo con acciones similares a las de la morfina (derivado del opio). También en este periodo se elevan los niveles de progesterona, la cual ha demostrado tener actividad en el receptor al acido gamma-aminobutírico (GABA), otra substancia endógena con capacidad de inhibir las respuestas dolorosas. De hecho la progesterona, y sus derivados naturales, tienen acciones similares a los barbitúricos, medicamentos que deprimen la actividad del SNC; esta acción es la de aumentar la duración de los efectos producidos por el GABA. Existe evidencia clara también, de que durante el parto y el alumbramiento (expulsión de la placenta), se elevan los niveles de las sustancias opioides endógenas; todos estos factores indicarían que el umbral de detección al dolor se encontraría incrementado (Austin y Short, 1980; Cruz-Noble y Noble, 1986). Los estudios realizados en ratas han reportado que alcanzan un nivel máximo analgésico durante la expulsión del feto, y que este efecto persiste algunos minutos después. La placentofagia, o ingestión de placenta y líquido amniótico, que se sucede tras la expulsión del feto, aumenta varias horas la duración de los efectos analgésicos y ayuda a establecer los lazos de unión entre el crío y la madre (Kristal, 1980). En los humanos sólo se sabe que el umbral doloroso aumenta con el embarazo y que, hacia el final del embarazo se alcanza el máximo nivel circulante de beta-endorfina, uno de los opioides endógenos, lo que implica un cierto grado de analgesia (Gintzler, 1980). Asimismo, se ha demostrado que la secreción de progesterona y de glucocorticoides, hormonas de tipo esteroidal que se secretan por la placenta y el ovario, aumentan los umbrales de detección al dolor (Gintzler, 1980); lo que indica que al menos los mecanismos básicos de control del dolor, asociados al proceso del parto se encuentran presentes. Todo ello, a mi parecer, hace evidente que se deben realizar mayores investigaciones encaminadas a explorar algunos de estos hallazgos para, en su momento, darles un adecuado uso clínico.
 
Hasta ahora sólo he mencionado efectos que, sobre la sensibilidad dolorosa, presenta el género femenino, y he dejado para el final la discusión sobre los que presenta el género masculino. Esto sin duda se debe a que la cantidad de información en esta área es mucho menor, pero quisiera hacer un resumen final sobre este aspecto. La cópula en el macho produce también incrementos de los niveles de los opioides endógenos, asimismo se elevan los niveles de otras hormonas que tienen cierto grado de poder analgésico; sin embargo, los resultados son contradictorios. Recientemente se ha abordado este problema en el CIRA, donde se ha podido demostrar que el efecto analgésico de la cópula es ambiente-dependiente. ¿Qué significa esto? que las respuestas analgésicas dependen del contexto, ya que los animales que van a ser probados, en cuanto a su sensibilidad dolorosa, necesitan ser restringidos a espacios pequeños y, desde luego, sometidos a manipulaciones que les producen tensión emocional (estrés), la que, por sí misma, puede producir respuestas analgésicas y de aumento de la sensibilidad dolorosa (hiperalgesia). Es conocido por todos que el estrés es un fuerte inhibidor de las repuestas al dolor; cualquiera de nosotros alguna vez se ha lesionado levemente, mientras nos encontrábamos bajo condiciones de tensión emocional y nos percatamos de la lesión algún tiempo después, lo que implica un claro bloqueo de la sensaciones dolorosas en la esfera consciente. La Dra. González-Mariscal y su grupo de trabajo, muestran que si la prueba al dolor se realiza en el mismo sitio donde el animal se encuentra copulando (un cilindro de plástico, por ejemplo) existe una clara respuesta analgésica. Esta respuesta es mayor cuando el animal eyacula y depende del número de eyaculaciones que ha tenido el sujeto, de tal forma que una eyaculación induce una buena analgesia y una segunda induce un mayor efecto; de ahí que creemos que la participación de sistemas de opioides endógenos y de otros sistemas involucrados en el control de la nocicepción, son terreno propicio para realizar nuevos y más extensos experimentos (González-Mariscal y colaboradores, 1992). Como el lector ya lo habrá inferido, hasta el momento no se tiene información de este tipo de respuestas en hombres, antes y después de la cópula, por lo que la pregunta se encuentra abierta a quién desee someterla a prueba.
 
En esta revisión he tratado de resumir, más que las diferencias genéricas de la sensibilidad dolorosa, los efectos que tienen la actividad copulatoria y los estados reproductivos sobre este tipo particular de sensaciones. Tal actitud se ha debido a que existe más información relevante en esta última área que en la primera y espero sinceramente que en el futuro se realicen una cantidad mayor de evaluaciones de la sensibilidad dolorosa en humanos y de las distintas herramientas de las cuales podamos echar mano para controlarla.
 
articulos
Agradecimientos

Quisiera agradecer a la revista Ciencias de la UNAM por la invitación a participar en este Dossier, en especial a César Carrillo.

     
Referencias Bibliográficas
 
Austin, C. R. y Short, R. V., 1980, Human Sexuality, Cambridge University Press.
Cruz-Morales, S. E., y Noble, R. G., 1986, “Mating produced analgesia in the Syrian hamster”, Physiology & Behavior, 38: 601606.
Gintzler, A. R., 1980, “Endorphin-mediated increases in pain threshold during pregnancy”, Science, 210: 193-195.
González-Mariscal, G., P. Gómora, M. Caba, y C. Beyer, 1992, “Copulatory analgesia in male rats ensues from arousal, motor activity, and genital stimulation: Blockage by manipulation and restraint”, Physiology & Behavior, 51: 775-781.
Komisaruk, B. R., y B. Whipple, 1986, “Vaginal stimulation-produced analgesia in rats and women”, Annals New York Academy of Sciences, 467: 30-39.
Komisaruk, B. R., y J. L. Stein, 1986, “Genital stimulation as a trigger for Neuroendocrine and Behavioral control of reproduction”, Annals New York Academy of Sciences, 474: 64-75.
Kristal, M. B., 1980, Placentophagia: “A biobehavioral enigma (or De gustibus non disputandum est)”, Neuroscience and Biobehavioral Reviews, 4: 141-150.
Whipple, B., M. Martínez-Gómez, L. Oliva-Zárate, P. Pacheco, y Komisaruk B. R., 1989, “Inverse relationship between intensity of vaginal self-stimulation-produced analgesia and level of chronic intake of a dietary source of capsaicin,” Physiology & Behavior, 46: 247-252.
     
__________________________________      
José Ramón Eguibar
Centro de Ciencias Fisiológicas, Instituto de Ciencias,
Benemérita UniversidadAutónoma de Puebla
y Depto. de Fisiología, Biofísica y Neurociencias.
Centro de Investigación y de Estudios Avanzados
del Instituto Politécnico Nacional.
     
__________________________________      
cómo citar este artículo
Eguíbar, José Ramón. 1993. Sexo y dolor. Ciencias, núm. 31, julio-septiembre, pp. 39-43. [En línea].
     

 

 

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Silvia Castro, Eberto Novelo y Jesús Serrano      
               
               
El conocimiento de los recursos naturales ha llegado
a ser una  de las prioridades de los gobiernos de muchos países. Su entendimiento integral no es exclusivo del ámbito académico sino que es información valiosa para elaborar planes y políticas orientados al manejo y conservación de la diversidad biológica. Los planes futuros deben tomar en cuenta toda la información disponible acerca de un lugar, como por ejemplo: las especies que existen, las condiciones bajo las que se desarrollan, los efectos que tendrán sobre los organismos las explotaciones planeadas, y evitar, al máximo, la pérdida de éstos. El problema con la información, en el caso de México —y de otros muchos países es que ésta se encuentra dispersa y es de difícil acceso aun en el ambiente académico. Sin embargo, el desarrollo tecnológico reciente en el área de cómputo ha puesto en evidencia la posibilidad de compartir datos de manera sencilla y de adquirirlos en forma automatizada.
 
En México, desde hace tiempo, se han hecho esfuerzos por construir sistemas de información computarizados pero éstos han sido desde perspectivas muy particulares y no se ha desarrollado un sistema de información de recursos biológicos de acceso público. Hay que tomar en cuenta que para construir un sistema de información de este tipo se requiere no solamente de un diseño cuidadoso en el terreno biológico sino también en el terreno informático y este último va acompañado necesariamente del desarrollo tecnológico. Además, también se requiere de la cooperación de una gran variedad de disciplinas, instituciones y organizaciones de diversos tipos. Un esfuerzo de ese tipo no puede partir de cero en ninguno de sus aspectos, sino que tiene que aprovechar la experiencia desarrollada en los distintos campos por un sinnúmero de grupos de trabajo e individuos. En este trabajo se presenta un proyecto actualmente en desarrollo en la Facultad de Ciencias y en el que se conjuntan los esfuerzos de varios grupos de investigación del Departamento de Biología, coordinados para hacer más eficientes los recursos de cómputo con los que cuentan y para reducir los esfuerzos, que muchas veces se han visto duplicados en varios de ellos.
 
SIRENA
 
El Sistema de Información sobre REcursos NAturales (SIRENA), pretende cooperar en la producción de inventarios florísticos y faunísticos del país y, en general, mejorar el conocimiento de nuestros recursos bióticos. Uno de los componentes del sistema es ayudar a los investigadores y usuarios en la solución de los problemas cotidianos en el manejo de información, para ello incorporamos algunos avances tecnológicos en el diseño y gestión de bases de datos en diferentes niveles de acceso y captura de información relacionada con los recursos naturales.
 
El objetivo más amplio de SIRENA es el de generar un sistema de información que facilite el uso e intercambio de datos biológicos confiables. El sistema pretende alcanzar objetivos particulares en dos niveles: 1) el de los usuarios y 2) en la gestión de datos comunes:
 
I. Objetivos relacionados con los usuarios:
 
— Ofrecer un sistema de información que funcione como banco de información de acceso público.
— Facilitar el manejo de datos.
— Posibilitar el intercambio de datos.
 
II. Objetivos relacionados con el funcionamiento del sistema:
 
— Construir un modelo conceptual de la información utilizada en diferentes áreas de la biología de uso general.
— Generar rutinas y programas de aplicación para facilitar el acceso público y la incorporación de información al sistema.
— Promover la adopción de estándares en las bases de datos biológicas.
— Explorar y fomentar la realización de proyectos de investigación interdisciplinarios.
 
El punto de partida es el de que cada proyecto de investigación de los grupos de trabajo participantes produce información confiable que puede reunirse en bases de datos generales y que éstas pueden ofrecerse como fuente de información a la comunidad académica y al público. Obviamente, la información disponible será aquélla que tenga la aprobación de los autores.
 
El esquema de trabajo en SIRENA permite la cooperación entre grupos de investigación por medio de la conjunción de sus datos en tablas generales, de modo que puedan ser de acceso abierto, público, sin perder la autonomía y el manejo particulares, incluso bajo sistemas diferentes en el almacenamiento de su información. Está diseñada para trabajar como un sistema de bases de datos distribuidas, en donde se incluyen bases de datos heterogéneas, con componentes diversos (en el modelo de datos, en el lenguaje y en el esquema de trabajo) que pueden operar de manera autónoma y con un enfoque de integración que permite que las bases de datos estén fuertemente acopladas, es decir, existe un manejo similar en su diseño general; hay transparencia en la localización de datos y tablas al integrar múltiples bases de datos, con una interfaz uniforme; el sistema es controlado por un administrador; existe un modelo de datos común con integración de esquemas, además de los modelos particulares; el sistema proporcionará procesamiento distribuido de consultas y actualizaciones. El diseño del sistema de bases de datos distribuidas se ha basado en el enfoque del modelo relacional. Este modelo representa la información en forma tabular, que es una estructura sencilla y familiar a los usuarios en general. También permite la definición de nuevas relaciones o tablas y facilita la estandarización y transferencia de la información entre diferentes bases. Como se observa en la figura 1 la información de cada grupo de investigación se almacena en bases de datos diseñadas por cada proyecto particular. En esta fase se analiza la información, identificando los elementos que tiene cada una de las bases, sus características o atributos. Enseguida se procede a adecuar las bases de datos existentes y a crear las que sean necesarias. El procedimiento a seguir se define con cada conjunto de datos, o según sea el caso, por grupo de trabajo o proyecto. La adecuación tiene dos aspectos uno que simplifica y optimiza el trabajo de cada proyecto y otro que incluye la información a una base general.
 
 
figura3110 1
Figura 1. Estrategia de trabajo. De izquierda a derecha: bases generadas por cada grupo de trabajo participante; arreglo de las bases de datos para acceso público y privado; bases distribuidas en los grupos de trabajo y en el administrador del sistema; inventario como un sistema fuertemente acoplado y de acceso público.
 
El sistema cumple estas tareas en diferentes etapas:
 
Etapa 1
 
— Diseño general del sistema.
— Identificación de las características de las tablas generales y adecuación entre ellas (figura 2).
 
 
Figura 2. Tipo de información que se reúne en las tablas de uso común por los participantes de SIRENA.
SISTEMÁTICA GEOGRÁFICA BIBLIOGRÁFICA NOMENCLATURAL
División-Phylum País Referencia Especie
Clase Estado Autor(es) Autoridad
Orden Municipio Año Basiónimo
Familia Localidad Título Ref.basiónimo
Género Latitud Editor Tipo(s)
especie Longitud País Sinónimo(s)
autoridad Altitud Localización Ref. sinónimo(s)
cita bibliográfica Vegetación Palabras clave
Palabras clave Suelo Descriptores
Clima Resumen
Topografía
 
 
Etapa 2
 
— Análisis del tipo de información contenida en cada base de datos del grupo de trabajo que se integre.
— Adecuación, normalización, certificación y depuración de los datos que pueden ser compartidos y ofrecidos al uso público.
— Transformación de archivos y programación de aplicaciones específicas para la incorporación al sistema.
— Elaboración de programas para resolver los problemas de captura, consulta y emisión de reportes, etiquetas, mapas, y los demás requeridos por los distintos grupos de trabajo.
 
Etapa 3
 
— Capacitación de participantes en el uso del sistema y aspectos colaterales (Teleinformática, diseño de bases de datos etcétera).
— Elaboración de guías de uso y manuales para los usuarios de primero y segundo nivel del sistema.
— Documentación del sistema en todos sus niveles, desde el diseño hasta los procedimientos de mantenimiento rutinario.
 
Una facilidad inmediata del sistema es la consulta al banco de información en aspectos que tengan que ver con la verificación de información geográfica, biogeográfica, sistemática y bibliográfica de referencia, además de todos aquellos acervos de acceso público adquiridos por medio de consultas a otros sistemas de información listas de discusión, etcétera, y que son relevantes para los usuarios. La figura 3 muestra como varios grupos de investigación pueden proporcionar información similar a las tablas generales propuestas por SIRENA.
 
 
Figura 3. Tablas de distintos grupos de trabajo. Las tablas con información similar pueden reunirse y ofrecerse como un servicio de acceso restringido.
Sistemática Geográfica Curatorial Bibliográfica Nomenclatural
Plantas
Vasculares
Taxonomía X X X X X
Etnobotánica X X X X X
Herbario Fanerógamas X X X X X
Hongos X X X X X
Algas X X X X X
Ficología X X X X X
Ecología X X X X X
Invertebrados X X X X
Museo de Paleontología X X X X
Centro de Informática X X X X
 
 
Consideraciones finales
 
Un sistema de este tipo es una meta a cumplir permanentemente y su construcción y mantenimiento no puede depender sólo de la voluntad de algunas personas o instituciones, sino que, en la medida de que es una necesidad inmediata, tiene que ser el resultado de la contribución de todos los participantes, bajo esquemas de colaboración claros y como parte de un proyecto amplio encaminado a mejorar el conocimiento de los recursos naturales de nuestro país. Para generar un sistema de este tipo se requieren acuerdos precisos respecto a las autorizaciones de acceso, utilización y destino de la información. Una de sus premisas es el compromiso de permitir el acceso público a una información con las responsabilidades que eso conlleva. Pero tiene que ser claro que su éxito dependerá de que facilite la difusión del trabajo de la comunidad participante y que esto vaya acompañado de reconocimiento, retribución y consecución de apoyos. Consideramos que SIRENA presenta un esquema de participación que, aunado a la existencia de vínculos entre distintas bases de datos por medio de las telecomunicaciones, puede resolver algunos problemas existentes para el manejo de la información relacionada con datos biológicos y en general, de los recursos naturales de nuestro país.
articulos
________________________________________      
Silvia Castillo
Laboratorio de Ecología,
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Eberto Novelo
Laboratorio de Ficología,
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Jesús Serrano
Centro de Informática,
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
________________________________________      
cómo citar este artículo
 
Castillo, Silvia; Novelo, Eberto y Serrano, Jesús. 1993. Sistema de información sobre recursos naturales. Ciencias, núm. 31, julio-septiembre, pp. 58-61. [En línea].
     

 

 

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Jorge Llorente Bousquets      
               
               
Voy a reseñar mi escrito en dos temas íntimamente
relacionados; primero un resumen acerca de mi breve experiencia en sistemática molecular y al que después uniré con los aspectos de biodiversidad y colecciones científicas.
 
Hace casi cinco años escribí como coautor un artículo intitulado “Caracteres bioquímicos y nucleares en los métodos de la sistemática moderna”; el mes pasado tuve la oportunidad de conversar con el autor del mismo: Adrián Nieto, que actualmente está terminando su doctorado en Biología Evolutiva en la Universidad de Kansas. A él le pude comentar que en estos años se habían hecho grandes avances en biología molecular con gran repercusión en la sistemática, de modo que nuestro artículo, además de contar con imprecisiones, había caído en casi completa obsolescencia y apenas podría servir como mera curiosidad histórica.
 
En ese largo artículo sostuvimos varias tesis, de las cuales pueden rescatarse tres para este escrito, pues considero que continúan siendo discutibles:
 
1. La primera tesis citaba que la pretensión de químicos, genetistas y biólogos moleculares de reducir los problemas de la sistemática, a aspectos bioquímicos, moleculares y a genes, era una proposición reduccionista muy antigua, al igual que la de algunos morfólogos, y cuando menos tenía medio siglo de existencia. En ese lapso habían surgido más tropiezos que éxitos, más callejones sin salida que dinámicas y prometedoras avenidas de conocimiento. Sin embargo, los descubrimientos y avances técnicos de la última década nuevamente se perfilaban como muy promisorios y de hecho así está ocurriendo.
 
Ilustramos entonces varios casos relacionados con la electroforesis, el estudio de metabolitos secundarios complejos asociados con diferenciación micromorfológica, por ejemplo, lípidos en insectos, y también discutimos diversos aspectos relacionados con la secuenciación de ácidos nucleicos: ADN mitocondrial y ARN ribosomal. En esta tesis concluimos que el valor taxonómico de los caracteres moleculares tenía gran potencial, pero este valor, o su importancia, eran diferentes para cada tipo macromolecular, en la escala jerárquica de la filogenia biótica.
 
2. La segunda tesis señalaba que la discusión en sistemática molecular recurrentemente confundía y amalgamaba una mezcla de distintos problemas, que incluían, desde el valor de los caracteres y las técnicas para su estudio u obtención de ellos, hasta varios aspectos de la filogenia, como lo son la cronística, la genealogía, la polaridad o dirección evolutiva y el significado evolutivo de la similitud, así como una variedad de métodos de análisis, los cuales era necesario diferenciar para aportar respuestas más precisas, pues de lo contrario se caía —de modo encubierto— en las mismas discusiones bizantinas que ya se habían superado con la polémica de dos décadas entre las tres escuelas de pensamiento taxonómico moderno, a saber: la fenética, la cladística y el gradismo. Con la constante confusión de los problemas no se alcanzaban posibles soluciones y avances en sistemática molecular.
 
3. La última tesis decía que los datos bioquímicos y moleculares no son la panacea para la reconstrucción filogenética, pues nos hace falta conocer más acerca de sus funciones, variaciones y distribución en el mundo orgánico, al igual que de muchos otros caracteres morfológicos, antes de especular sobre su importancia y valor en el establecimiento de las afinidades evolutivas de las especies. Los datos moleculares o los morfológicos, por sí solos, no son la respuesta a cada problema filogenético; existe una única historia filogenética por explicar, de modo que conjuntos de evidencia independientes pero congruentes entre sí, apuntan al descubrimiento de ese patrón histórico. En abstracto, no existe superioridad de alguno de los conjuntos de caracteres; por otra parte, es de esperarse una gran complementariedad entre ambos tipos de estudios en la filogenia y clasificación de los seres vivos.
 
Como decía antes, después de cinco años, nuestras tesis son discutibles; estoy convencido de que pueden considerarse conservadoras y en cierto modo —para algunos— son tesis miopes ante la avalancha de datos, ideas y especulaciones que se han generado durante ese lapso. Pero, para otros, el adjetivo conservador adjudicado a nuestras tesis no necesariamente tiene un sentido peyorativo, sino que puede significar que son prudentes y escépticas, como a menudo ocurre en la ciencia hasta que no haya teorías de mayor amplitud de explicación, mejores métodos y un ordenamiento sistematizado de toda esa inmensa masa de datos que se han generado, en nuestro caso, de los datos moleculares que comienza a incrementarse a velocidades cada vez mayores.
 
No obstante, en la plática que sostuve con Adrián Nieto, alcanzamos a reconocer que más allá del debate científico respecto a los buenos y mejores caracteres, los malos y los peores métodos de análisis de caracteres, quedaba nuestra capacidad de asombro, sorpresa y cierto grado de fascinación sobre los nuevos descubrimientos y sus posibles implicaciones en todo el aparato teórico y conceptual de la biología en nuestros días, en particular en la sistemática, la evolución y la biogeografía, que son las ciencias fundamentales en la biología histórica y a la vez un eje vertebral de la biología comparada.
 
De hecho, esta situación anímica que se genera en un biólogo como yo, al ver el vertiginoso aumento de conocimientos genéticos y moleculares, fue promovida por mis colegas y amigos que están más cercanos a la biología molecular, particularmente Antonio Lazcano, quien hace un par de años revisó el capítulo de colofón de un librito mío intitulado La búsqueda del método natural. En ese capítulo denominado “Más allá del método” sinteticé algunos de los problemas e incógnitas que prevalecen al descubrir aspectos sobre la dinámica del ADN, la asociación endosimbiótica y la migración horizontal de elementos de ADN. Señalo esto, no por recomendar mi libro, sino porque quiero que se advierta que en este campo uno está obligado a admitir la enorme contribución a la sistemática que ha generado la biología molecular; también véase que la disociación o divergencia generacional, al menos en la que se ha dado en mi generación, entre biólogos de laboratorio y biólogos de museo, es una aberración que hay que rechazar en estos tiempos modernos. Tal vez algunos de los descubrimientos más interesantes estarán precisamente en el ámbito de la evolución molecular, para lo cual requerimos prepararnos y preparar sólidamente a los estudiantes de hoy en sistemática y biología molecular; es primordial que cuentapatas y calculistas de moléculas converjan en el mismo campo de conocimientos.
 
Durante este tiempo han aparecido antologías de gran valor, que son muy ampliamente citadas lo que refleja parte de su impacto; por ejemplo está el libro de sistemática molecular de David Hillis y Craig Moritz que apareció en 1990, el libro de Colin Paterson de 1988 que en su título asimila las controversias científicas: Moléculas y morfología en evolución: ¿conflicto o compromiso?; el de Ho y Fox, de 1988, que recoge varios aspectos moleculares en evolución, y recientemente apareció un libro de sistemática molecular en plantas de Soltis y Doyle; hay más textos y éstos tres sólo son algunos de los más importantes; además existe un creciente número de artículos originales y revistas especializadas en estos tópicos. El hecho de que aparezcan tantas publicaciones al respecto, revela que se comienzan a generar un nuevo lenguaje y un discurso renovador alrededor de la sistemática, con una cierta tendencia hacia la especialización en el área de la sistemática y la evolución molecular y ello indica, a su vez, la vitalidad que esta área del conocimiento está tomando y que se manifiesta en la mayor frecuencia de reuniones y en el aumento de grupos y asociaciones en torno a esos temas científicos.
 
La segunda parte de mi escrito es muy breve y es consecuencia de la primera, ya que está relacionada con aspectos biotecnológicos y la conservación de la biodiversidad.
 
La última década ha estado fuertemente impregnada por aspectos importantes de la biología; así, la ecología, la biotecnología o la medicina con bases moleculares y la conservación de la biodiversidad, son tres puntales de gran interés, que han conmovido todos los ámbitos sociales. La relevancia política que adquirieron los aspectos biotecnológicos y la biodiversidad, culminó en una reunión de jefes de Estado en junio de 1992; ésta ha sido la mayor reunión de esa naturaleza, en toda la historia de la humanidad.
 
Aquí mismo, en México, país que se encuentra entre los cinco primeros lugares en megadiversidad, se ha despertado una gran efervescencia e interés por la conservación y uso sostenido de genes, especies y ecosistemas, lo que ha llevado a reestructurar los organismos relacionados con los aspectos “ecológicos”, en los que está obligado a participar el Estado.
 
México, por su riqueza en recursos naturales (fauna y flora) y culturales, debería tener una vocación biotecnológica, para la que requiere de un mayor desarrollo de tres de sus pilares científicos más importantes: la etnobiología, la biología molecular y la biología comparada. Para ello es indispensable emprender una estrategia que nos permita ampliar la formación de recursos humanos ad hoc, pues los que hay en México aún son muy pocos. En la Facultad de Ciencias de la UNAM se está trabajando en diseñar nuevos planes de estudio, lo que nos brinda una oportunidad innegable para organizarlos y orientarlos hacia la formación e información rica en biología molecular y comparada, y en etnobiología.
 
La sistemática pasó a segundo plano en las décadas de 1960 y 1970, mientras que la ecología y la biología molecular ocuparon sitios privilegiados de interés en ese mismo tiempo. Sin embargo, la preocupación social por la conservación de la biodiversidad, teniendo en cuenta los aspectos biotecnológicos, ha jugado un papel muy importante para persuadir a la comunidad científica, y a la sociedad, sobre el valor de la sistemática. Sus avances teóricos, metodológicos y conceptuales, así como su relación cada vez más formal y rigurosa con la evolución y la biogeografía, la han hecho recuperar el lugar muy destacado dentro de la biología, que tuvo desde tiempos decimonónicos.
 
El desafío actual ya no es sólo inventariar ecosistemas y especies; las demandas contemporáneas a la sistemática nos obligan también a estudiar las macromoléculas, tarea que hay que iniciar con un inventario de especies que está a medias y con numerosos defectos, incluyendo los deficientes sistemas de museos y colecciones que tenemos. Sin embargo, habrá que hacerlo.
 
También tendremos que hacer que los cementerios en los que trabajan los sistematas se reestructuren para empatar con los modernísimos y equipados laboratorios de los biólogos moleculares, siempre teniendo en mente que la labor de campo, en la cual el ecólogo y el biogeógrafo tienen gran experiencia, es fundamental.
 
Cuentapatas, miraestambres y calculistas de moléculas, tienen ante ellos problemas muy similares: la reconstrucción de la historia de la vida y la distribución de los caracteres de los organismos, cuyo conocimiento puede tener implicaciones biotecnológicas de gran valor económico y social. Trabajemos para ello, el futuro nos lo exige y las nuevas generaciones nos lo demandan, pues serán ellas las más creativas y las más productivas, al menos esa siempre es la esperanza.
articulos
Nota
Mesa redonda de Sistemática molecular, 27 de agosto de 1992.
Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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Jorge Llorente Bousquets
Museo de Zoología, Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México
y Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad.
     
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cómo citar este artículo
 
Llorente Bousquets, Jorge. 1993. Sistemática molecular: cuando convergieron cuentapatas, miraestambres y calculistas de moléculas. Ciencias, núm. 31, julio-septiembre, pp. 53-55. [En línea].
     

 

 

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Un gigante de la botánica:
Arthur Cronquist (1919-1992)
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José Luis Villaseñor  
                     
El 22 de marzo de 1992 falleció el Dr. Arthur Cronquist,
botánico emérito del Jardín Botánico de Nueva York, Estados Unidos. El Dr. Cronquist fue un incansable estudioso de las plantas, y murió como buen soldado: en el campo de batalla. Revisando ejemplares de herbario en una Universidad de Utah, para un estudio florístico de una región de los Estados Unidos, sufrió un ataque al corazón.
 
El nombre de Arthur Cronquist es conocido por nosotros los biólogos casi desde el principio de nuestra carrera. Su libro Introducción a la Botánica (Cronquist, 1969a) es de consulta obligada en cualquier curso de botánica. Para los que elegimos la orientación botánica, su nombre se vuelve más familiar por las numerosas trabajos que realizó sobre taxonomía, florística y fitogeografía de las plantas con flores (Angiospermas o, como él las llama, Magnoliophyta).
 
Buena parte del profundo conocimiento que tenía acerca de las plantas muy seguramente lo adquirió a través de su activa participación en diferentes proyectos florísticos, en varios de los cuales fungió como coordinador o editor. Entre los estudios florísticos en que participó podemos citar la Flora Intermontana (Cronquist, et al., 1972-1977), Flora del Noroeste de los Estados Unidos y territorios vecinos del Canadá (Gleason y Cronquist, 1963, Hitchcock, et al. 1955-1969), Flora del Sureste de los Estados Unidos (Cronquist, 1980), North American Flora (Cronquist, et al., 1978), etcétera.
 
Cronquist pasó prácticamente toda su vida académica asociado a una de las mejores colecciones botánicas del mundo: el Herbario del Jardín Botánico de Nueva York. Allí adquirió un interés particular por los sistemas naturales de clasificación. Gracias a las excelentes facilidades proporcionadas por las colecciones y la biblioteca, Cronquist desarrolló uno de los sistemas de clasificación más aceptados en la actualidad por el mundo occidental (Cronquist, 1957, 1960, 1965, 1969b, Cronquist, et al., 1966). En 1968 hace la presentación formal de su nuevo sistema de clasificación, en donde intenta reflejar “la mayoría de las semejanzas y diferencias existentes entre los organismos” (Cronquist, 1978). En su exposición encontramos los principios y conceptos filosóficos que sustentan su propuesto sistema de clasificación, los rearreglos taxonómicos que propone, la circunscripción de los órdenes que reconoce y las posibles tendencias evolutivas en cada grupo. Un aspecto notable de este trabajo es el resumen de las características diagnósticas de las subclases, órdenes y familias a manera de claves sinópticas, de gran ayuda conceptual, como él así lo indica. Adoptando un enfoque ecléctico, en 1981 Cronquist presentó una síntesis más completa de clasificación de las Angiospermas.
 
Otra área de gran interés para el Dr. Cronquist fue la taxonomía de Compositae (o Asteraceae), una de las familias más diversas de todas las Angiospermas. Fue debido a este interés que tuve la oportunidad de conocerlo y establecer una breve, aunque fructífera amistad. Sus enseñanzas, apoyo y recomendaciones, facilitaron grandemente mi proceso de aprendizaje de esta familia.
 
México es uno de los principales centros de diversificación de la familia Compositae. Por tal motivo, nuestro país fue siempre un polo de atracción para el Dr. Cronquist. En una de sus múltiples visitas al país, siendo yo un aprendiz de botánico en el Herbario Nacional, colaboré con él como asistente de herbario y de campo. Durante todo ese tiempo, nuestras actividades se centraron en identificar y colectar ejemplares de Compositae de la flora de México. Durante las largas horas de viaje, y las horas de vigilia en que cuidábamos la secadora de gas, conversamos sobre aspectos taxonómicos de la familia, lo que representó para mí un curso personal intensivo de taxonomía de Compositae.
 
Arthur Cronquist fue un excelente crítico y realizó una gran labor de síntesis en su campo. Así lo testifican, por ejemplo, sus ensayos sobre la importancia taxonómica de los estudios fitoquímicos (Cronquist, 1976, 1977), sus contribuciones al conocimiento evolutivo de la familia Compositae (Cronquist, 1955, 1977b, 1985), y sus impresiones o críticas a conceptos evolutivos y filogenéticos (Cronquist, 1963, 1987).
 
Me siento afligido por la pérdida de tan extraordinaria persona pero también orgulloso de haberlo conocido personalmente y de haber aprendido mucho de su profundo conocimiento botánico. Afortunadamente toda su experiencia nos la deja como herencia académica en sus numerosas publicaciones y en sus estudiantes. Herencia que tiene una de las mejores genealogías botánicas, si consideramos que Cronquist recibió enseñanzas de dos grandes escuelas, la Linneana y la Engleriana; Cronquist fue alumno de C. Rosendhal, quien a su vez había sido alumno de A. Engler. Por su parte, Engler fue estudiante de R. Goeppert, alumno de J. Beckmann, este último, uno de los 180 estudiantes que tuvo C. Linnaeus.
 
Principales obras de Arthur Cronquist

Cronquist, A., 1955, Phylogeny and taxonomy of the Compositae, Amer. Mild. Naturalist, 53:478-511.
Cronquist, A., 1957, Outline of a new system of families and orders of dicotyledons, Bull. Jard. Bot. Bruxelles, 27: 13-40.
Cronquist, A., 1960, The divisions and classes of plants, Bot. Rev., 26: 425-482.
Cronquist, A., 1963, The taxonomic significance of evolutionary parallelism, Sida, 1: 109-116.
Cronquist, A., 1965, The status of the general system of classification of flowering plants, Ann. Missouri Bot. Gard., 52: 281-303.
Cronquist, A., 1969a, Introducción a la Botánica, CECSA, México, D. F.
Cronquist, A., 1969b, Board features of the system of Angiosperms, Taxon, 18: 188-193.
Cronquist, A., 1976, The taxonomic significance of the structure of plants proteins: A classical taxonomist’s view, Brittonia, 28: 1-27.
Cronquist, A., 1977a, On the taxonomic significance of secondary metabolites in angiosperms, in: Kubitzki, K. (ed.), Flowering plants: evolution and classification of higher categories, Springer-Verlag, Berlin, pp. 179-189.
Cronquist, A., 1977b, The Compositae revisited, Brittonia, 29: 137-153.
Cronquist, A., 1978, The evolution and classification of flowering plants, Riverside Studies in Biology, Allen Press, New York.
Cronquist, A., 1980, Vascular Flora of the Southeastern United States, Vol. 1, Asteraceae, Univ. of North California Press, Chapel Hill.
Cronquist, A., 1981, An integrated system of classification of flowering plants, Columbia Univ. Press, New York.
Cronquist, A., 1985, History of generic concepts in the Compositae, Taxon, 34: 6-10.
Cronquist, A., 1987, A botanical critique of cladism, Bot. Rev., 53: 1-52.
Cronquist, A., T. M. Barkley, G. Morton, R. I. Ediger, R. W. Pippen & J. L. Strother, 1978, Senecioneae, in: North America Flora. Series II, Part 10, The New York Botanical Garden.
Cronquist, A., A. H. Holmgren, N. A. Holmgren, J. L. Reveal & P. K. Holmgren, 1972-1977, Intermountain Flora, Univ. Press, Columbia, New York, 6 vols.
Cronquist, A., A. Takhatajan & W. Zimmermann, 1966, On the higher taxa of Embryobionta, Taxon, 15: 129-134.
Gleason, H. A., A. Cronquist, 1964, Manual of vascular plants of Northeastern United Stares and adjacent Canada, D. van Nostrand Co., Inc., Princeton, New Jersey.
Hitchcock, C. L., A. Cronquist, M. Ownbey, J. W. Thompson, 1955-1969, Vascular plants of the Pacific Northwest, Univ. of Washington Press, Seattle, 5 vols.

 
  articulos
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José Luis Villaseñor
Herbario Nacional,
Instituto de Biología,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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cómo citar este artículo
 
Villaseñor, José Luis. 1993. Un gigante de la botánica: Arthur Cronquist (1919-1992). Ciencias, núm. 31, julio-septiembre, pp. 56-57. [En línea].
     

 

 

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