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Respuestas al artículo
de Jurgen Hoth
R040B03  
William H. Calvert  
                     
Cuando supe que Jurgen Hoth se había propuesto
realizar un estudio en México sobre la mariposa monarca, me alegró mucho saber que por fin alguien solucionaría uno de los principales problemas de la conservación de la monarca: la importancia del néctar para el mantenimiento y sobrevivencia de las mariposas en hibernación. El problema es complicado por dos razones principales: 1) es muy difícil medir la producción de néctar de las flores de la familia Asteraceae, a la que pertenecen la mayor parte de las plantas en la zona de hibernación; 2) monitorear la fenología de las flores y la cantidad de néctar producida durante la época de hibernación requiere de un largo y costoso estudio de campo.
 
Desafortunadamente, lejos de tomar los datos necesarios para solucionar este problema, Hoth se conformó con hacer algunas observaciones subjetivas de floración en las colonias de hibernación. En ciencias sólo hay un método para desaprobar el "dogma" que según Hoth se ha creado: la obtención de datos con base en el método científico.
 
Básicamente, Hoth piensa que el néctar es importante para la sobrevivencia de la monarca y que los bosques en donde la mariposa pasa el invierno deben ser manejados para incrementar su producción. Él sostiene que las zonas núcleo que ahora están protegidas contra las explotaciones forestales deberían ser "razonablemente" clareadas para que las plantas que producen néctar sean más abundantes. Menciona, pero prácticamente ignora, los efectos devastadores que el clareamiento del bosque tiene en las mariposas cuando hay masas de aire polar en la zona. Hoth pretende resolver el problema del consumo prematuro de la reserva de lípidos por la radiación adicional que hay en las zonas aclareadas al asumir que no hay limitantes en la producción de néctar durante tres meses del periodo de hibernación y argumentar que más néctar sería beneficioso para las monarcas.
Hoth mantiene, contrario a lo que Brower y otros dicen, que los botánicos han reportado que algunas especies florecen continuamente durante el periodo de hibernación. Yo sin embargo sostengo que hay una disminución del número de flores y por tanto de la cantidad de néctar en la parte media del periodo de hibernación. La mayor parte de la floración ocurre en noviembre, cuando las mariposas llegan a México, y al termino de la temporada, a finales de febrero y marzo, cuando las mariposas se aparean y empiezan a emigrar al norte. Mis declaraciones están basadas en 19 años de observaciones realizadas en los sitios de hibernación, que incluyen más de dos años de campamentos consecutivos en el área.
 
Nadie niega que las monarcas se alimentan cuando tienen la oportunidad. Entonces la disputa consiste en saber si hay suficiente néctar para reemplazar las reservas de lípidos que se consumen durante el periodo o si las mariposas sobreviven con las reservas de lípidos con las que llegaron, y por lo tanto no se alimentan durante los cinco meses que dura el periodo de hibernación. Hoth no cuantificó la cantidad de néctar disponible ni tampoco estudió la fenología de las plantas con flores. Si lo hubiera hecho, y si hubiera obtenido resultados que apoyaran sus observaciones, entonces tendría elementos suficientes para sostener su tesis. Pero caminar por las colonias de hibernación de la mariposa monarca y observar que algunas de ellas visitan flores y que algunos arbustos dan cierto tipo de flores no contribuye en nada al conocimiento de la monarca y no resuelve el problema.
 
Hoth mantiene que los bosques de oyamel siempre han sido perturbados por el hombre, y por lo tanto sugiere que se debería promover más perturbación para que haya más flores y que más mariposas las visiten. Hoth no da aquí ni un sólo razonamiento ecológico claro. Los disturbios naturales son ciertamente muy diferentes a las perturbaciones humanas. Los árboles que se caen producen aperturas en el bosque, el fuego quema y destruye la vegetación baja. Siempre existen partes del ecosistema forestal que no son afectadas por el disturbio y que sirven como refugio para muchas especies. Los procesos naturales que suceden durante la caída de un árbol existen en las áreas de hibernación y, excepto cuando el hombre interfiere, el resultado es un ecosistema balanceado con una regeneración constante de hierbas, arbustos y árboles. No es necesario incrementar las perturbaciones para guiar al sistema.
 
¿Y qué hay de la perturbación humana? Entre 1986 y 1992 el área del lado oeste del Cerro Chivati/Huacal fue talado irracionalmente. En fechas anteriores, las monarcas formaban colonias en promedio de 0.21 ha (n=5 años), después de la tala, ha sido muy difícil encontrarlas. Algunos árboles fueron utilizados por las mariposas en 1991. El mismo Hoth en 1994, en su texto Posicionamiento de los santuarios de la mariposa monarca, reporta solamente ocho árboles en noviembre de 1993 y que éstos fueron abandonados en diciembre del mismo año. En 1995, la colonia sólo medía 0.05 ha. De este modo, si todavía se forman colonias ahora, éstas son sólo una fracción de lo que fueron antes de la perturbación. En 1995, una colonia se formó en la parte noroeste del Cerro San Andrés en una zona que ha sido severamente talada y donde la mayoría de los árboles tenían menos de 10 metros de altura. Por tanto, las mariposas estuvieron poco protegidas contra los elementos ambientales, con lo que se vieron muy afectadas.
 
Encontramos que había casi 10 cm de alto de mariposas muertas en el suelo en toda la colonia de 0.1 ha. El que las mariposas estén muertas e intactas sugiere que murieron por alguna condición climática, ya que por ejemplo, en la Sierra de Chincua, la mortalidad acumulada de mariposas nunca alcanza tales magnitudes, y la mayoría de las mariposas muertas presentan rastros de que fueron depredadas. Esto sugiere que los aprovechamientos forestales, como son practicados actualmente en estas zonas de México, son devastadores para las monarcas.
 
Desafortunadamente, Hoth no pasó, en alguno de sus viajes, por Chincua entre el 13 y el 24 de enero de 1981, cuando 2.5 millones de mariposas murieron por congelación. Si hubiera estado allí se habría dado cuenta de la importancia que tiene un bosque cerrado para la sobrevivencia de la monarca, y podría haber sido testigo de los dramáticos acontecimientos que en ocasiones guían la evolución de una especie. Los bosques deben de ser manejados para minimizar los impactos del clima.
 
Es posible esclarecer estas preguntas acerca de la importancia del néctar y de la relación entre la sobrevivencia de la monarca y la integridad forestal con estudios a largo plazo que pueden llevar a cabo estudiantes mexicanos. El peso es un buen índice del estado general de la mariposa. Un monitoreo riguroso del peso de las mariposas, del número de inflorescencias, del número de mariposas muertas o moribundas, de la densidad del bosque, del área basal y de la cobertura del dosel por 10 años nos puede dar una idea de la relación entre estos parámetros y la sobrevivencia de la monarca. Mientras tanto, los bosques que han sido y que están siendo talados como San Andrés, Chivati/Huacal y Herrada, están lo suficientemente perturbados como para darnos datos comparativos. No hay necesidad de un "programa nacional de perturbación" en los pocos sitios que no han sido tan afectados.
 
Las zonas núcleo y de amortiguamiento dentro de la reserva de la monarca no son grandes. Representan sólo 10 de 1% del bosque que está disponible para ser aprovechado. Se obtendría más beneficio si se utilizaran algunos de ellos como centros recreativos. ¿Qué sentido tiene clarear estos bosques y poner en peligro de extinción una de las grandes maravillas de la naturaleza? Además, la protección a la monarca sirve para proteger otras especies que viven en el área y que en algunos casos son endémicas de México, como ciertas especies de jilgueros y tragones de montaña. Todas estas especies necesitan protección.
 
A menudo, la ciencia avanza al analizar críticamente los datos contradictorios. Pero cuando se critica sin ofrecer datos que sustenten dichas opiniones, únicamente se confunden los puntos en un tema que ya de por sí lleva una fuerte carga emocional.
articulos
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William H. Calvert
Departamento de Zoología,
Universidad de Florida.
     
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como citar este artículo
 
Calvert H., William. 1995. Respuestas al artículo de Jurgen Hoth. Ciencias, núm. 40, octubre-diciembre, pp. 48-49. [En línea].
     

 

 

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Tercer Mundo: sinónimo de incompetencia
Antonio R. Cabral
y Arnoldo Kraus
 
 
 
                     
La publicación de los resultados es uno de los aspectos
más importantes del quehacer científico, hecho nada trivial, pues de ella depende que los interesados se enteren de lo que el investigador hace; la divulgación de los hallazgos científicos es también invitación a que otros los reproduzcan o, según sea el caso, que los pongan en práctica o los refuten. Por razones que podrían ser fácilmente motivo de otro texto, los científicos dedicados a la investigación biomédica, que es la que mejor conocemos, están obligados, les guste o no, a publicar los resultados de sus investigaciones en revistas "indexadas", esto es, incluidas en la primera y más grande base de datos del mundo. La mayoría de estas publicaciones están escritas en inglés. En el número de agosto de 1995, la famosa revista Scientific American publicó el ensayo "Lost Science in the Third World" (Ciencia perdida en el Tercer Mundo), en él se vierten las opiniones de diversos científicos del Primer y Tercer Mundos en cuanto a los embrollos y avatares que sigue el desarrollo de la ciencia en países como el nuestro, menos ricos y afortunados, y de las vicisitudes de los científicos para publicar sus resultados1. Sobresalen las opiniones del doctor Luis Benítez Bribiesca, quien narra sus experiencias como editor en nuestro país, así como sus dificultades para publicar artículos desde México, contrariamente a la relativa facilidad con que lo hacía cuando radicaba en el extranjero. La conclusión que se desprende de lo dicho por Benítez Bribiesca es triste: realizar investigación de avanzada en países pobres es muy complejo y su publicación en revistas extranjeras depende, en buena medida, de la dirección del remitente.
 
Si bien este polarizado y deshumanizado mundo obliga a aceptar que para muchos el desprecio por los pobres, por otras razas y otros países es la norma, es difícil entender que los editores en jefe de prestigiosas revistas científicas expresen, sin ambages, opiniones que se prestan a más de una lectura. Jerome P. Kassirer, editor del New England Journal of Medicine, después de descalificar y despreciar la propuesta de colegas ingleses de colaborar con los editores de revistas del Tercer Mundo comentó: "los países en vías de desarrollo deberían recibir orientación sobre nutrición e inmunizaciones antes de recibir consejos sobre la edición de textos médicos. Los países pobres deberían preocuparse por esas cosas en vez de hacer investigación de alta calidad". Y remata: "Ahí no hay ciencia". Igualmente, Floyd E. Bloom, editor de la revista Science dice: "Si te das cuenta de que esta gente comete múltiples errores al deletrear, en su sintaxis y semántica, preocúpate de si cuando hacían su ciencia no cometieron los mismos errores de falta de atención" (el subrayado es nuestro).
 
Tales son las ideas de dos prestigiosos científicos estadounidenses que, al ser editores en jefe, seguramente reflejan las inclinaciones y políticas de las revistas que representan. Sin duda, son opiniones que surgen de su débil naturaleza humana y no de su parecer científico. ¿Qué otra lectura debemos hacer de los pareceres de tan distinguidas personas?
 
Concordamos con Kassirer en que los países pobres tienen mucho de qué ocuparse y preocuparse, pero en gran medida la ciencia ya ha hecho su parte, por ejemplo en las enfermedades transmisibles y en la desnutrición; corresponde entonces a los gobiernos modificar las condiciones sociales de sus gobernados para que esos problemas dejen de serlo. A su propio ritmo y desde sus propias trincheras, científicos y no científicos, como entes sociales, también tienen la gran responsabilidad de trabajar para mejorar las condiciones de vida de todos. Sin embargo, los países del Primer Mundo, incluyendo los Estados Unidos de América desde luego, también tienen sus propios problemas sociales, algunos profundamente arraigados: adolescentes embarazadas, pobreza, analfabetismo, desempleo, indigencia, acceso desigual a la educación, financiamiento de guerras y discriminación racial, aun en medicina, sólo por enumerar algunos2. Con todo, la mayoría de los investigadores de países pobres y ricos hacen su ciencia no con esperanzas utilitarias sino movidos por sus objetivos primarios: buscar la verdad, mejorar el conocimiento de la naturaleza e incrementar la calidad de la vida. Artículos recientes en Science ilustran claramente estos puntos.
 
Para hacer su trabajo, los científicos del Tercer Mundo enfrentan muchos desafíos, dos de los cuales fueron claramente expuestos en el artículo citado1: prejuicios y magro apoyo financiero. Otro es la barrera del idioma. En 1492, Antonio de Nebrija anotó en el prólogo de su Gramática castellana: "siempre la lengua fue compañera del imperio". De acuerdo con esto, el inglés es el idioma de la ciencia sólo porque se habla en el mayor imperio científico del mundo moderno: Estados Unidos de América. La existencia de un instrumento universal de comunicación científica es afortunada y benéfica para la propia ciencia. Al eliminar las diversidades lingüísticas, esta especie de esperanto científico promueve el intercambio de información y contribuye al progreso de la ciencia misma. A final de cuentas, quien sale ganando es la humanidad toda. Los límites de mi lenguaje, dice Wittgenstein, son los límites de mi mundo. A pesar de esto, Mr. Bloom debería recordar que así como los mexicanos sentimos, amamos, soñamos y construimos nuestras vidas y nuestra nación en castellano, los científicos no angloparlantes, hacen y viven su ciencia precisamente en su idioma materno, no en el de Shakespeare. Con el debido respeto y admiración a Chargaff, Medawar, Thomas, Sacks y otros científicos-escritores que han elevado la prosa científica en inglés a niveles casi poéticos, y con el perdón de nuestros amigos y colegas norteamericanos, para nosotros el inglés es sólo un instrumento de trabajo, igual que las columnas de cromatografía, los lectores de ELISA, el sintetizador de adn o una prueba de correlación de Pearson. Tal vez a Bloom le convendría leer a Oscar Wilde: "We have really everything in common with America nowadays, except, of course, language".
 
Es lamentable que personajes tan connotados e influyentes de la vida científica estadounidense expresen opiniones tan simples y ligeras. Odiosas son las comparaciones, pero en cierta forma recuerdan el pensar de la comunidad médica en Alemania y Austria durante el régimen nazi. Una sociedad sin investigación científica, como la pide Kassirer, está condenada a depender de otras para su crecimiento y desarrollo. Es decir, un país sin investigación automáticamente renuncia a su proyecto de nación y a sus ideales de libertad y autonomía. Estas son características que no dependen del Producto Interno Bruto sino más bien de los valores éticos y morales de su gente. Por ello hacemos ciencia y continuaremos haciéndola, a pesar de los desafíos y obstáculos a los que cotidianamente nos enfrentamos. Por fortuna, los científicos del Tercer Mundo no están solos en su intento: en su favor están el sentido común, la dedicación, el estudio disciplinado, los trabajos en colaboración y la creatividad.
 
Nota
Ideas de (algunos) científicos estadounidenses.
 
articulos
 
Referencias Bibliográficas
 
Gibbs W.W. 1995. "Lost science in the Third World", en Scientific American 273:76-83.
Pappas, G., S. Queen, W. Hadden, G. Fisher. 1995. "The increasing disaparity in mortality between socioeconomic groups in the United States, 1960 and 1986". en N. Engl. J. Med. 329:103-109.
"Points of light in Latin America", en Science 267:807-828, 1995.
     
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Antonio R. Cabral y Arnoldo Kraus
Instituto Nacional de la Nutrición, "Salvador Zubirán" 
     
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como citar este artículo
 
Cabral R., Antonio y Kraus, Arnoldo. 1995. Tercer mundo: sinónimo de incompetencia. Ciencias, núm. 40, octubre-diciembre, pp. 46-47. [En línea].
     

 

 

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The philosophy
behind physics,
de T.A Brody
Luis de la Peña
 
 
   
                     
Afines de 1993 empezó a circular el libro The Philosophy 
Behind Physics, de Tomás Brody, editado por la empresa alemana Springer Verlag, de Heidelberg, el cual ha sido recibido con gran interés por el público, como lo prueba el que haya sido propuesto como selección del mes en septiembre de 1994 por el Library of Science (Book Club) de los Estados Unidos, lo que estimuló la aparición de su primera reimpresión, en un volumen de pasta blanda y de precio un poco más accesible.
 
Si fuera necesario describir esta obra con sólo un par de conceptos, probablemente lo más apropiado sería usar los de riqueza y originalidad. Aunque el autor se circunscribe a su tema, la filosofía de la física, con frecuencia su argumentación rebasa estas fronteras para abarcar al conjunto de las ciencias naturales; pero lo hace en cada caso desde posiciones muy novedosas, con maduras y originales soluciones que abren amplias perspectivas. A la originalidad contribuye el hecho de que la temática escogida por Brody como núcleo de su libro se separa, y por mucho, de la tradicional en este tipo de ensayos.
 
El libro está dividido en cuatro partes. Las dos primeras se dedican al estudio de algunos temas neurálgicos de la adquisición del nuevo conocimiento. Pese a su obvia importancia, este problema está lejos de haber sido resuelto por la filosofía de la ciencia tradicional, por lo que Brody le presta una especial atención; específicamente, propone y desarrolla su teoría de los ciclos epistémicos, la que parte de reconocer que el nuevo conocimiento se obtiene fundamentalmente con base en una actitud activa por parte del interesado, y no a la mera percepción pasiva que contemplan las filosofía empiristas. Apoyándose en esta teoría el autor discute otros temas complejos, como el del papel del experimento en la construcción de la física, el de la inducción, la naturaleza de la noción de la probabilidad, etc. Merece mención especial el concepto de alcance de una teoría científica que Brody introduce y discute con detenimiento, para terminar demostrando que el problema de la validación de las teorías científicas —otra de las cuestiones centrales de la filosofía convencional que permanece sin solución convincente— se reduce al de la determinación de su alcance. Esta parece ser una aportación especialmente importante de la obra.
 
La tercera parte se dedica a los problemas filosóficos enraizados en la mecánica cuántica, lo que hace de esta sección la más especializada del libro. En particular, se discuten con detalle varios de los problemas más candentes de esta rama fundamental de la física contemporánea, especialmente los relacionados con la contradicción entre el teorema de Bell y el realismo local, tema en que el autor ofrece perspectivas y soluciones por demás propias. La última sección es de naturaleza un tanto diferente, pues en ella se recogen materiales diversos de filosofía de la física que Brody elaboró a lo largo de su vida como físico, y que van desde la epistemología de la inteligencia artificial hasta comentarios sobre la pretendida axiomatización de la física, la noción de indeterminismo, etc. Estas dos últimas partes han sido elaboradas a partir de artículos y ensayos sueltos del autor, unos que permanecían inéditos y otros ya publicados. La razón es que Brody no tuvo tiempo para llevar a buen término este libro: cuando murió trágicamente en noviembre de 1988 había logrado elaborar casi todo el material que constituye la dos primeras partes, pero nada más, con excepción del índice detallado de su proyecto y algunas notas sueltas sobre diversos temas. Dicha información permitió a los editores completar el manuscrito usando materiales anteriores del autor. Este trabajo de recopilación, selección y edición de escritos y notas dispersos fue hecho por Peter E. Hodgson y Luis de la Peña. Ambos coeditores tuvieron oportunidad de discutir de viva voz con Tomas Brody los temas desarrollados en el libro, Hodgson durante las dos estancias sabáticas que Brody pasó como investigador invitado en la Universidad de Oxford, y de la Peña durante los treinta años que convivieron como colegas cercanos en el Instituto de Física de la unam.
  articulos
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Luis de la Peña
Instituto de Física,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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como citar este artículo →
 
De la Peña, Luis. 1995. The philosophy behind physics, de T.A. Brody. Ciencias, núm. 40, octubre-diciembre, pp. 62-63. [En línea].
     

 

 

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