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Lucas, sus
meditaciones
ecológicas
Julio Cortázar
   
   
     
                     
En esta época de retorno desmelenado y turístico
a la Naturaleza en que los ciudadanos miran la vida de campo como Rousseau miraba al buen salvaje, me solidarizo más que nunca con: a) Max Jacob, que en respuesta a una invitación para pasar el fin de semana en el campo, dijo entre estupefacto y aterrado: “¿El campo, ese lugar donde los pollos pasean crudos?”, el doctor Johnson, que en mitad de excursión al parque de Greenwich, expresó enérgicamente su preferencia por Fleet Street; c) Baudelaire, que llevó el amor de lo artificial hasta la noción misma de paraíso.
 
Un paisaje, un paseo por el bosque, un chapuzón en una cascada, un camino entre las rocas, sólo pueden colmarnos estéticamente si tenemos asegurado el retorno a casa o al hotel, la ducha lustral, la cena y el vino, la charla de sobremesa, el libro o los papeles, el erotismo que todo lo resume y lo recomienza.
 
Desconfío de los admiradores de la naturaleza que cada tanto se bajan del auto para contemplar el panorama y dar cinco o seis saltos entre las peñas; en cuanto a los otros, esos boy-scouts vitalicios que suelen errabundear bajo enormes mochilas y barbas desaforadas, sus reacciones son sobre todo monosilábicas o exclamatorias; todo parece consistir en quedarse una y otra vez como estúpidos delante de una colina o una puesta de sol que son las cosas más repetidas imaginables.
 
Los civilizados mienten cuando caen en el deliquio bucólico; si les falta el scotch on the rocks a las siete y media de la tarde, maldecirán el minuto en que abandonaron su casa para venir a padecer tábanos, insolaciones y espinas; en cuanto a los más próximos a la naturaleza, son tan estúpidos como ella. Un libro, una comedia, una sonata, no necesitan regreso ni ducha; es allí donde nos alcanzamos por todo lo alto, donde somos lo más que podemos ser. Lo que busca el intelectual o el artista que se refugia en la campaña es tranquilidad, lechuga fresca y aire oxigenado; con la naturaleza rodeándolo por todos lados, él lee o pinta o escribe en la perfecta luz de una habitación bien orientada; si sale de paseo o se asoma a mirar los animales o las nubes, es porque se ha fatigado de su trabajo o de su ocio. No se fíe, che, de la contemplación absorta de un tulipán cuando el contemplador es un intelectual. Lo que hay allí es tulipán + distracción, o tulipán + meditación (casi nunca sobre el tulipán). Nunca encontrará un escenario natural que resista más de cinco minutos a una contemplación ahincada, y en cambio sentirá abolirse el tiempo en la lectura de Teócrito o de Keats, sobre todo en los pasajes donde aparecen escenarios naturales. Sí, Max Jacob tenía razón: los pollos, cocidos.
 
Nota
 
Texto tomado de Cortazar, Julio. 1979. Un tal Lucas. Punto de lectura, México.
 articulos
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Julio Cortázar
 
     
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como citar este artículo
 
Cortázar, Julio. 1995. Lucas, sus meditaciones ecológicas. Ciencias, núm. 39, julio-septiembre, pp. 58-59. [En línea].
     

 

 

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            R039B04
Realidades energéticas
de la mariposa monarca
Alfonso Alonso Mejía,
Eduardo Rendón Salinas y
Eneida Montesinos Patino
   
   
     
                     
En el número 37 de la revista Ciencias, de enero de 1995
se publicó un artículo sobre la conservación de la mariposa monarca. En él, Jurgen Hoth, autor del texto, afirma que hay que fomentar la perturbación (tala y quema) de las zonas núcleo de los bosques de oyamel en donde la mariposa hiberna ya que según él en bosques perturbados las plantas del sotobosque producen más flores y por tanto las mariposas tendrán más alimento para sobrevivir durante el periodo de hibernación. Aunque con reservas acerca de otros aspectos del artículo, nuestro objetivo es demostrar con evidencia formal, más que anecdótica, que esta propuesta no tiene lugar dentro del manejo y conservación de la mariposa monarca. Nuestros argumentos se basan en: a) la pérdida de lípidos de las monarcas durante su hibernación; b) las consecuencias de la apertura del bosque en la sobrevivencia de la monarca, y c) el grado de perturbación que ya existe en la Reserva Especial de la Biosfera de la Mariposa Monarca (rebmm).
 
Las monarcas y sus reservas de lípidos
 
La mariposa monarca migra a México y forma colonias de hibernación en bosques de oyamel a 3 000 metros sobre el nivel del mar. Las características microclimáticas de estos bosques de temperatura baja y humedad relativa alta, favorecen que las monarca estén inactivas la mayor parte de los 135 días que en promedio dura la temporada de hibernación. Cuando la monarca llega a México, a principios de noviembre, cada individuo tiene en promedio 133 mg de lípidos, lo que constituye 43.9% del peso seco. El gasto energético posterior depende de la temperatura y del grado de actividad. El metabolismo basal de la monarca inactiva se ha estimado en 0.6 mg por día, por lo que teóricamente éstas deberían tener 52 mg de lípidos al final de la temporada (133 mg menos 135 días del periodo multiplicado por 0.6 mg de consumo al día).
 
Curiosamente, las monarca tienen en promedio 56 mg de lípidos cuando empiezan a migrar a finales de marzo. Este valor es igual al valor estimado en condiciones controladas de laboratorio. Por lo tanto, en contra de lo que propone Hoth, la tasa de pérdida de lípidos de las mariposas monarca que hibernan en México sugiere que las actividades energéticamente costosas no son frecuentes.
 
Según Hoth, hay que abrir el bosque para que haya una mayor producción de flores y así satisfacer las necesidades alimenticias de la monarca. Si bien se observan mariposas monarcas visitando flores en días soleados, éstas tienen características físicas muy diferentes de las monarcas que están inactivas. Las mariposas que están perchadas en los árboles tienen el doble de cantidad de lípidos que las mariposas que visitan flores. Las monarca que visitan flores tienen en promedio 30 mg de lípidos. Solamente el 8.3% de las mariposas que visitan flores están arriba del promedio (restando dos veces el error estándar de la muestra) de la cantidad de lípidos que poseen las mariposas inactivas. Además, las mariposas que visitan flores tienen menor talle en el largo del ala, sus alas están en pobre condición física (rotas y maltratadas) y tienen una mayor incidencia de parásitos neogregarinos que las mariposas inactivas. Estas diferencias son consistentes durante todo el periodo de hibernación. Así, a diferencia de lo que sugiere Hoth, es muy poco probable que la fracción de mariposas que visitan flores en las colonias de hibernación logre llegar a Estados Unidos.
 
Consecuencias de la apertura del bosque
 
Hoth sugiere que la perturbación moderada podría ser benéfica a la mariposa. Sin embargo, cuando se agrupan en bosques perturbados (como los de Chivati-Huacal, San Andrés, Herrada, Altamirano), las monarcas forman colonias pequeñas e inestables. Reducir aún más la densidad del bosque puede tener otros efectos importantes en la biología de la mariposa monarca. Estudios rigurosos realizados por William Calvert y sus colaboradores, demuestran que los bosques que han sido explotados forestalmente tienen temperaturas más bajas durante la noche, que aquellos que no lo han sido. En 1981 hubo un periodo de dos semanas de mal tiempo en que la temperatura ambiente bajó a -5o C, razón por la cual murieron más de 2.5 millones de mariposas. Perecieron aquellas mariposas que estaban en lugares abiertos y aquellas que se cayeron al suelo fueron cubiertas por nieve. Las monarca sobreviven incluso a temperaturas tan bajas como -8o C cuando no tienen agua en la superficie externa de su cuerpo. Si están mojadas (hay mayor rocío en zonas abiertas), el agua se congela y los cristales de hielo rompen la exocutícula, lo que ocasiona que la mariposa se muera. En 1992 otro periodo de mal tiempo eliminó a 70% de las mariposas de una colonia posada en un bosque perturbado y sólo sobrevivieron aquellas que estaban perchadas en las partes intermedias del bosque de oyamel, en donde las condiciones no fueron tan drásticas.
 
Dos estudios independientes han demostrado que la mortalidad por depredación de aves es mayor en los lugares abiertos que en los cerrados. Tres especies de aves depredan a la monarca cuando hiberna en México. Estas aves tienen adaptaciones muy particulares para atacar a las mariposas y evitar comerse la exocutícula, lugar en donde se acumulan las sustancias tóxicas. Estas aves prefieren alimentarse en lugares abiertos en donde quizá las mariposas son más accesibles y fáciles de manipular.
 
Las mariposas consumen sus reservas de lípidos dependiendo de su actividad. Entre más abierto esté el bosque, mayor es la incidencia de sol sobre las mariposas, lo que puede ocasionar que las mariposas estén más activas. Además, estudios recientes han demostrado que la humedad relativa es un factor determinante para la formación, permanencia y estabilidad de las agrupaciones. Las mariposas prefieren áreas con alta humedad relativa, la cual es más baja en lugares que han tenido explotaciones forestales que en bosques cerrados. De nuevo, en contra de lo que propone Hoth, para la monarca un bosque perturbado puede ser más perjudicial que benéfico, porque en los bosques perturbados se registran temperaturas extremas, cambios en la humedad relativa, mayor gasto de lípidos y mayor depredación por aves.
 
Perturbación humana en la rebmm
 
Otro argumento de Hoth es que al limitar el aprovechamiento en las zonas núcleo de la reserva se ha incrementado el conflicto entre el desarrollo sustentable y la conservación de la reserva. Hoth argumenta en favor de la perturbación como si ésta no existiera en la reserva. Además de que la reserva está fragmentada en cinco partes, hay evidencia de tocones y de caminos madereros en toda la reserva. De las 16 100 has que comprende la REBMM, 11 600 pertenecen a las zonas de amortiguamiento en donde por ley hay aprovechamientos forestales casi cada año, autorizados por el Instituto Nacional de Ecología. Las zonas núcleo comprenden 4 500 has aproximadamente. De ellas 1 000 has han sido usadas como centros ecoturísticos (una de las principales entradas económicas para los ejidatarios), 1 500 han sido ¡legalmente taladas comercialmente, y las restantes 2 000 forman un mosaico de bosque con áreas de diferentes densidades de árboles, en donde se realizan la mayor parte de las investigaciones científicas acerca de la mariposa y del bosque de oyamel. Además, el pastoreo desordenado en la reserva (ganado bovino y equino) y la tala ilegal no comercial de árboles jóvenes, no permiten que el proceso de regeneración natural reemplace a los árboles talados o muertos en pie. Por tanto, la REBMM, además de ser pequeña, está siendo perturbada constantemente.
 
Como se puede apreciar, la conservación del fenómeno migratorio de la mariposa monarca es un caso más en el que se están haciendo experimentos para probar medidas adecuadas de manejo y conservación. Sin embargo, para tomar decisiones inteligentes hay que producir e interpretar datos generados de acuerdo con el método científico. Catorce observaciones pueden ser un buen inicio para el desarrollo teórico de un experimento, no las conclusiones de una tesina. Con base en los argumentos discutidos en este ensayo y en contra de lo que propone Hoth, sostenemos que la perturbación de los bosques en donde hiberna la mariposa monarca puede incrementar su mortalidad.
 
 articulos
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Alfonso Alonso Mejía
Departamento de Zoología,
Universidad de Florida, Gainesville. EUA.
 
Eduardo Rendón Salinas y Eneida Montesinos Patiño
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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como citar este artículo
 
Alonso Mejía, Alfonso; Rendón Salinas, Eduardo y Montesinos Patiño, Eneida. 1995. Realidades energéticas de la mariposa monarca. Ciencias, núm. 39, julio-septiembre, pp. 48-49. [En línea].
     

 

 

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Gonzalo Halffter
     
               
               
Por muchas razones, las reservas de la biosfera merecen
una atención especial. Son uno de los dos sistemas (el otro sería los sitios del patrimonio de la humanidad) que se basan en una red internacional de áreas protegidas, red coordinada por la UNESCO, pero en la que intervienen programas regionales, como en el caso de CYTED para Iberoamérica. Además, es un sistema que ha sido repetidamente evaluado y "alimentado" por numerosas reuniones de científicos y expertos del más alto nivel, que desde su inicio se ha propuesto ser multidisciplinario, en el que las ciencias sociales tienen la misma importancia que las naturales. En cada reserva de la biosfera se busca unir a la función de conservación de la biodiversidad y del medio la búsqueda de alternativas de desarrollo que reconcilien la conservación con el uso sustentable de los recursos naturales. Todo ello a través de mecanismos de cooperación locales y considerando como prioridades la investigación científica, la formación y el monitoreo ambiental.
 
Como en cualquier otro programa internacional, es evidente que existe una distancia entre los planteamientos y las realizaciones concretas. Esta distancia varía en cada país, incluso entre regiones de un mismo país. El que existan estas diferencias no debe considerarse como un síntoma de fracaso, sino como una muestra de la diversidad de las sociedades humanas, de lo distintas que son las realidades que viven los diferentes países. Si estamos esforzándonos por conservar la diversidad biológica, no podemos ignorar y hacer a un lado la diversidad social, sobre todo en su ámbito cultural.
 
Podría creerse que existe una incongruencia entre el hecho de que una conferencia discuta exhaustivamente cuáles deben ser las características generales de las reservas, y que el primer planteamiento que haga ante ustedes sea un reconocimiento de la diversidad de respuestas reales e incluso de la conveniencia de estas diferencias. Realmente no existe tal incongruencia. La necesidad de paradigmas claros y bien establecidos no está reñida con la pluralidad de resultados. A diferencia del mundo económico global, en el que se pretende que todos obedezcamos normas establecidas desde "arriba", el mundo natural en el que existen los seres vivos —entre ellos, nosotros— es diverso, y su riqueza, su capacidad para superar situaciones difíciles y para evolucionar, depende justamente de esa heterogeneidad.
 
En las reservas de la biosfera, el enfoque regional y el compromiso con los problemas concretos que buscan el promover el desarrollo y proteger los usos tradicionales con sus valores culturales asociados, forzosamente conducen a soluciones plurales, aunque se conserven los planteamientos básicos. En Sevilla hemos planteado un plan, un paradigma de soluciones posibles, pero cada uno de los países debe buscar la mejor forma de hacer compatibles los preceptos generales con su realidad nacional.
 
Por supuesto, todos los propósitos que antes enunciamos para las reservas de la biosfera no pueden realizarse en un espacio reducido. Las reservas de la biosfera deben ser forzosamente extensas e incluir un ordenamiento de su territorio. Así, cada reserva de la biosfera incluye una o varias zonas núcleo dedicadas a la conservación de los ecosistemas y de su biodiversidad, zonas en las que la perturbación humana se reduce al mínimo. Pero también incluye zonas de amortiguamiento y zonas de influencia. Es en las zonas de influencia donde pueden desarrollarse nuevas formas de interacción con la naturaleza y donde pueden experimentarse políticas para el uso del territorio y de sus recursos en colaboración con las poblaciones locales.
 
Las reservas del siglo XXI van a tener que incrementar este tipo de actividades. Es evidente que la conservación de la biodiversidad no puede seguir basándose en estrategias y filosofías generadas a fines del siglo XIX, cuando las áreas protegidas se establecían dentro de inmensos territorios semivacíos u ocupados por poblaciones que no podían defender sus derechos de uso. Por razones totalmente distintas, tanto los países industrializados como los países en desarrollo tienen urgencia de ordenar el uso de su territorio y de sus recursos. Y creo que en este ejercicio las reservas de la biosfera tienen un papel importante que desempeñar.
 
Veamos primero el caso de los países industrializados. Con algunas excepciones (la más notable sería Japón), estos países producen más alimentos de los que necesitan o pueden comercializar con ganancias. Después de más de cien años de estrategias nacionales de subsidios para aumentar la producción agrícola, en los últimos años estos países han tenido que disminuir su producción. Por ejemplo, las presiones que tiene España para reducir su superficie vinícola. La realidad es que en Europa Occidental se produce más vino, más leche, más mantequilla y más de otros muchos productos agrícolas de lo que los europeos pueden consumir o vender con provecho.
 
Reducir la producción agrícola cuando hasta hace poco las políticas nacionales han buscado justamente lo contrario no es fácil. El paso de una agricultura mecanizada, intensiva, con uso masivo de agroquímicos (con el consiguiente deterioro ambiental) a una agricultura más diversificada que en ciertas áreas rescate los usos rústicos no es sencillo. Especialmente si se desea que esto ocurra sin grandes desequilibrios socioeconómicos y sin pérdida de empleos. Sin embargo, es posible, como lo demuestra la experiencia de los dos últimos años en Suiza, donde 45% de las granjas han adoptado las nuevas estrategias (Ernst F. Boller in litt., 3 de marzo de 1995). La estrategia ya puesta en marcha en Suiza, que combina la producción ecológica y las granjas integradas está incorporándose a la "política agrícola común" de la Unión Europea.
 
Es evidente que la transición —una revolución en los sistemas de producción agropecuarios tan importante como lo fue en su momento el uso de maquinaria de motor y productos agroquímicos— debe plantearse a nivel local y regional, tomando en cuenta las peculiaridades culturales y la participación de las poblaciones locales. No se puede improvisar, y es necesario disponer de lugares adecuados en los que se puedan experimentar las nuevas estrategias. Lugares donde los métodos empleados puedan verificarse a largo plazo, con énfasis en sus aspectos ecológicos y sociales, muy especialmente en la repercusión que puedan tener sobre la calidad ambiental y la diversidad biológica. No encuentro mejor lugar para estudiar muchos aspectos de esta transformación que las áreas de transición o influencia de las reservas de la biosfera, que se convertirían así en laboratorios para la búsqueda de formas postindustriales de explotación agrícola, pecuaria y forestal con miras a nuevos estilos de desarrollo regional.
 
El panorama de exceso de producción que debe racionalizarse está restringido a muy pocos países. En la mayor parte del mundo, especialmente en el mundo intertropical (que contiene la mayor diversidad biológica), la relación alimento-habitante no ha mejorado. En muchos lugares, incluso, ha empeorado. Además, son cada vez mayores las presiones sobre las extensiones de paisaje que hasta ahora no han sufrido una transformación profunda. Las estrategias generales de desarrollo de los países tropicales buscan aumentar la producción de bienes y alcanzar una cierta modernidad industrial. Resulta evidente que ésta debe lograrse sin que la diversidad biológica sufra graves pérdidas y sin degradar el ambiente. Sin embargo, esto no ocurre así. Los núcleos que toman las decisiones, así como muchos tecnólogos, consideran la conservación de la biodiversidad como un freno al desarrollo. Razones y presiones económicas, culturales y políticas, tanto nacionales como internacionales, contribuyen a que el desarrollo sustentable no forme parte del futuro inmediato de los países tropicales. Pero es indudable que también pesa mucho el no saber cómo actuar.
 
En escenarios muy distintos de los de los países industrializados, las reservas de la biosfera pueden desempeñar un papel importante, si se busca, como estrategia básica, la repercusión regional, proyectando hacia el exterior la experiencia y el conocimiento que se va acumulando en cada reserva de la biosfera. Convertir a la reserva en un centro activo para el ordenamiento del uso de los recursos naturales, y sin rehuir el análisis y búsqueda de soluciones a los planteamientos muchas veces contradictorios y excluyentes que derivan de los intereses económicos, de las necesidades de conservación del paisaje y su biodiversidad, de la demografía creciente, así como de las costumbres y necesidades locales.
 
No propongo que todo el territorio de los países intertropicales sea planificado con base en normas que surjan de las reservas de la biosfera. Sería una ingenuidad, incluso una tontería. En aquellos lugares donde las condiciones de suelo y agua permitan una explotación intensiva, ésta va a tener que llevarse a cabo si queremos una vida mejor para millones de personas que carecen de todo. Pero existe un amplísimo territorio en el que la explotación intensiva no es posible en términos económicos y ecológicos estables. Una gran pregunta es: ¿por qué aplicar en estos escenarios medidas degradantes, inmediatas, que provocarían la pérdida de biodiversidad y de calidad del ambiente? Es evidente que ningún responsable de tomar decisiones desea expresamente que esto ocurra y, sin embargo, ocurre como resultado de complejas presiones económicas, sociales y políticas, de falta de información, por inercia o por precipitación.
 
Por todas estas razones, considero que también en los países en desarrollo las reservas de la biosfera pueden ser un lugar privilegiado para generar y experimentar nuevas alternativas. A la larga será, no la mejor, sino la única forma de proteger la biodiversidad.
 
Es evidente que algunos núcleos humanos que conservan sus tradiciones ancestrales han desarrollado y mantenido ciertos usos de sus recursos naturales que permiten un cierto rendimiento económico sin deterioro de los ecosistemas. Así, han logrado conciliar conservación y producción. No existe en ello ningún misterio en especial. Simplemente es una manifestación más del gran arquitecto de la evolución: la selección natural. Si un grupo humano ha persistido durante mucho tiempo en un determinado paisaje, tiene que haber aprendido a usarlo sin destruirlo. Si no, hubiera tenido que emigrar o hubiera desaparecido.
 
Las presiones de la sociedad global de consumo, así como la inmigración de grupos humanos extraños, son elementos que ponen en peligro no sólo la riqueza biológica de los ecosistemas, sino también las culturas tradicionales asociadas a estos ecosistemas. Aunque se ha planteado en varias ocasiones unir la protección del conocimiento tradicional a la protección de la naturaleza, éste es un campo en el que aún queda mucho que hacer. Las reservas de la biosfera con su esquema de áreas de protección en las que se incluye una actividad humana controlada, se convierten en el lugar ideal para proteger estos usos tradicionales, tan amenazados como la propia diversidad biológica.
 
Limitaciones ecológicas de las áreas protegidas
 
Para concluir, hablaré de una serie de límites ecológicos que se han empezado a estudiar en los últimos años, y que indican que un sistema de áreas naturales protegidas (incluyendo las reservas de la biosfera), por si solo, no va a ser suficiente garantía para la conservación de una parte importante de la diversidad biológica. Es la cara negativa de la moneda, que tenemos que conocer si queremos superar las limitaciones que implica.
 
En los últimos años la biología de la conservación insiste cada vez más en una serie de problemas derivados de la relación área versus número de especies que puede contener. Cuanto menor es un área, menor es el número de especies que contiene y que puede mantener en sus procesos evolutivos. La segunda limitación es más compleja. Como enunciado preliminar señalaré que un área protegida, incluso grande, no contiene todas las especies de un determinado ecosistema. Esto por una razón muy sencilla: dentro de un ecosistema hay cambios en la composición a medida que nos desplazamos geográficamente. Así, para poner un ejemplo, no es posible tener una reserva que contenga a todas las especies que viven en las selvas perennifolias de México, ni siquiera a un buen porcentaje de ellas. Lo que sucede es que las especies que viven en el litoral del Golfo de México son distintas de las del Pacífico, y distintas de las que se encuentran en la Península de Yucatán, aunque una primera visión dé una idea de ecosistemas muy semejantes. ¿Por qué estas dos limitaciones de las áreas protegidas no se visualizaron en las primeras décadas de su funcionamiento? Creo que la respuesta está en que la mayor parte de las áreas protegidas formaban parte de paisajes poco modificados. No digo intactos, pero que conservaban su estructura ecológica básica. En estas condiciones, el exterior suple y enmascara las limitaciones del área protegida. A medida que el paisaje externo va siendo modificado, las áreas protegidas van quedando como islas. Al reducirse no sus límites legales, sino el espacio real de que disponen los biota, aparecen los problemas asociados con la extensión del área. Estos problemas afectan en primer término a animales con desplazamientos o territorios importantes, como muchos mamíferos y aves grandes, en especial los depredadores; pero a corto plazo van a afectar a todo el conjunto florístico-faunístico, como ya está sucediendo en algunas áreas protegidas. En cuanto a la segunda limitación, creo que su falta de visibilidad se debe a que es un fenómeno más llamativo en condiciones tropicales que en las templadas o templadas-frías. Así, en el estado de Veracruz, en un transecto de 80 kilómetros entre el mar y la parte alta de las montañas, la fauna que integra el gremio de escarabajos coprófagos tienen un recambio total de especies, no una vez, sino cinco. Este fenómeno conocido como diversidad b, es, como decía antes, mucho más marcado en el mundo tropical que en países templados y templado-fríos. En dos transectos que se hicieron con grupos escogidos de plantas y animales de Gran Bretaña, uno de norte a sur y otro de este a oeste, se encontró muy poco remplazo de especies.
 
¿Cómo conservar una parte importante de esta diversidad tan dispersa con base únicamente en un sistema de áreas protegidas o islas que incluye sólo un muy pequeño porcentaje de la superficie terrestre?
 
Resulta evidente que en el siglo XXI la conservación de la biodiversidad no sólo tendrá que enfrentarse a una creciente presión humana, sino también a problemas ecológicos como los antes enunciados, problemas que hace pocos años no se percibían. La solución, si es que existe, no puede verse únicamente como una continuación de los planteamientos actuales, es decir, la ampliación del número y extensión de áreas protegidas. De ninguna manera estoy contra la creación de nuevas áreas protegidas. He participado en la creación de varias reservas de la biosfera en México y creo que aún debemos establecer más. Pero la superficie que podemos excluir del uso productivo tiene un límite y este límite es cada vez más estrecho ante el aumento demográfico.
 
En algunos países, como Estados Unidos, se está planteando un sistema de corredores ecológicos que unan las áreas protegidas y eviten los efectos de insularidad. Pero en los países tropicales, en los que la presión sobre la tierra es creciente, el espacio que puede dedicarse a estos corredores va a ser limitado.
 
En estas condiciones, la única alternativa que, a mi parecer, tiene posibilidades a mediano plazo, es la que mencioné al hablar del papel de laboratorio que las reservas de la biosfera deben tener en el siglo XXI: el desarrollo de usos rústico-racionales que permitan hacer compatibles el beneficio económico y la conservación. No es necesario inventar estos usos: aún subsisten, sólo hay que integrarlos con las redes de áreas protegidas.
 
Indudablemente, el uso rústico-racional no es equivalente al abandono, y menos a la distorsión por improvisaciones y presiones inmediatistas. Estos usos (en plural, porque son muchos y diferentes) tienen que ser analizados y reforzados con el conocimiento científico-tecnológico, y protegidos con disposiciones legales e instrumentos económicos como la "etiqueta verde", por ejemplo, que ahora empieza a plantearse.
 
Diversas razones ecológicas, sociales y económicas nos conducen a pensar que la conservación de la biodiversidad en el siglo XXI tiene que plantearse en forma global, no aislada, como hasta ahora se ha hecho, más ligada a las culturas de producción agropecuarias, y aplicando soluciones distintas para diferentes tipos de escenarios.
 
Con el fin de realizar una evaluación minuciosa de los resultados obtenidos, y la experiencia adquirida con la aplicación del Plan de Acción de las Reservas de la Biósfera, que fue elaborado durante el Primer Congreso Internacional sobre Reservas de la Biósfera —convocado por la UNESCO, el PNUMA, la FAO y la IUCN y celebrado en Minsk, Bielorrusia, en 1983—, la UNESCO convocó a una reunión de expertos. El objetivo central de esta conferencia celebrada en Sevilla, España, del 20 al 25 de marzo de este año, a la que asistieron cerca de 400 participantes, fue la elaboración de un nuevo Plan de Acción de Reservas de la Biósfera, que será presentado en la 28a reunión de la Conferencia General de la UNESCO para su adopción.
articulos
Conferencia pronunciada en la Casa de América, Madrid, el 3 de abril
de 1995, como continuación de la II Conferencia Internacional sobre Reservas de la Biosfera, UNESCO, Sevilla, 20-25 de marzo de 1995.
 
 
 
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Gonzalo Halffter
Coordinador Internacional,
Subprograma XII, Diversidad Biológica,
Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED). 
     
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como citar este artículo

Halffter, Gonzalo. 1995. Reservas de la biósfera y conservación de la biodiversidad en el siglo XXI. Ciencias, núm. 39, julio-septiembre, pp. 9-13. [En línea].
     

 

 

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            R039B05
Revisión
a los mitos
de Jurgen Hoth
Lincoln P. Brower
   
   
     
                     
En un artículo publicado en el número 37 de la revista
Ciencias, Jurgen Hoth sostiene que los científicos y los conservacionistas han promovido la aceptación de recomendaciones mitológicas y dogmáticas para evitar los aprovechamientos forestales en las zonas núcleo de la reserva de la mariposa monarca. Sin embargo, su razonamiento contiene argumentos ilegítimos, pues ignora los artículos publicados en los que se demuestra que los aprovechamientos forestales incrementan la mortalidad de la mariposa, y además desarrolla un modelo falso para determinar la importancia del sotobosque como fuente de néctar. Debido a que este punto de vista puede ser una racionalización peligrosa para incrementar el aprovechamiento de los bosques de oyamel en México, de por sí ya explotados, su artículo necesita ser rectificado.
 
Al principio, Hoth indica que las áreas en donde las mariposas hibernan no forman parte de un bosque denso, sino que éstas han sido perturbadas por aprovechamientos forestales de tipo local y comercial, y de esta acertada observación, deduce que las monarcas prefieren formar sus agrupaciones en las zonas perturbadas. Este es un argumento engañoso, ya que todos los bosques donde la mariposa hiberna están perturbados.
 
La segunda crítica de Hoth a nuestras recomendaciones para evitar talas en el bosque se basa en el análisis publicado en el artículo por Masters, Malcolm y Brower sobre la reserva de lípidos de las monarcas en hibernación en la Sierra de Chincua y en sus impresiones subjetivas de mariposas en vuelo en las colonias. Hoth supone que esta actividad consume las reservas de lípidos y por tanto las monarcas tienen que alimentarse del néctar del sotobosque durante el invierno.
Consecuentemente, afirma que la formación de claros en el bosque es benéfica porque incrementa la disponibilidad de néctar durante el periodo de hibernación.
 
Es cierto que el sotobosque en lugares con disturbios tiene más plantas que en bosques cerrados. Sin embargo, ¿es cierto que estas plantas son fuentes importantes de néctar para que las mariposas recuperen los lípidos perdidos? Nuestros datos, que él no citó, no apoyan su argumento. Brower y Malcolm en 1993 demostraron que la mayor parte de las mariposas colectadas de las agrupaciones tenían gran cantidad de lípidos, mientras que más del 65% de las mariposas colectadas visitando flores en las cercanías de la colonia estaban muy cerca de la inanición. En otras palabras, la obtención de néctar cerca de la colonia de mariposas es trivial. El razonamiento de Hoth es aún menos importante por el hecho de que, en las tormentas ocasionales que ocurren en la zona, por ejemplo en enero de 1981 y en febrero de 1992, las flores y las hojas de las plantas a las que se refiere Hoth se congelan, marchitan y mueren. El néctar que pudieran producir es eliminado hasta que las plantas se recuperan. Incluso si las plantas del sotobosque pudieran producir suficiente néctar durante los años benignos, las tormentas ocasionales destruirían esas fuentes de néctar, lo que ocasionaría la Inanición de las mariposas.
 
Ya que no hay estudios sobre la producción de carbohidratos por hectárea para ninguna de las especies de plantas de las que las mariposas pudieran obtener néctar durante el periodo de hibernación, el argumento de Hoth no tiene fundamento científico. Además, hay otros factores que complican las estimaciones sobre la producción de néctar en condiciones naturales que incluyen la gran variación que tiene lugar en la producción de néctar en cada flor por hora, la presencia de otras especies de insectos que también colectan néctar a tasas diferentes, y la reabsorción de néctar en las flores. La concentración de carbohidratos puede variar durante el día, durante varios días y entre estaciones, y también se ve afectada por la humedad del suelo, la lluvia y la condensación de rocío, que puede diluir el néctar. Las condiciones de baja humedad relativa en el ambiente pueden hacer que el néctar se evapore y se incremente su concentración. La temperatura en el ambiente también puede afectar directamente la producción de néctar, y ésta puede terminar cuando la flor se marchita. Algunos estudios han mostrado que existen concentraciones bajas en néctar en regiones con gran altitud sobre el nivel del mar, aunque Lovell sostiene lo opuesto. Finalmente los costos de forrajeo necesitarían ser considerados al calcular el balance energético de las monarcas.
 
Hoth no contempla, y es algo que no se sabe, cuáles son los efectos de estos factores en la producción de néctar en el sotobosque de las áreas de hibernación. Sin embargo, a pesar de estos factores, exploremos las especulaciones de Hoth basadas en los datos de Hoching quien encontró que la producción de carbohidratos por hectárea por año en un bosque boreal era de 0.45 kg. Seré generoso multiplicaré ese valor por 10, cerrando la cifra en 5 kg/has, que es sin duda una sobreestimación de la producción de néctar para el sotobosque de un bosque de oyamel. Ya que la biosíntesis de 1g de lípidos requiere cerca de 3.03 g de glucosa (los carbohidratos que hay en el néctar de las compuestas, que predominan en el sotobosque son predominantemente hexosas y monosacáridos), la cantidad total de lípidos que las mariposas podrían producir sería de 1.65 kg/ha (5 kg/3.03). Hay que notar que ésta es probablemente una sobrestimación en la eficiencia de conversión, ya que no consideramos la energía metabóllca requerida para convertir, almacenar y remover los lípidos. Calver y Brower estimaron que hay 10 millones de mariposas por hectárea y que en promedio las agrupaciones son de 2 hectáreas, es decir, que hay 20 millones de mariposas en cada colonia. Cada mariposa podría entonces obtener 0.0825 mg de lípidos por hectárea durante el periodo de hibernación (1.65 kg/ 20 millones de mariposas).
 
Las especulaciones de Hoth sugieren que la actividad de las mariposas requiere que las monarcas obtengan el equivalente de 100 mg de lípidos por temporada. Entonces, para satisfacer las necesidades de forrajeo de 20 millones de mariposas, se necesita un bosque clareado de 1200 ha, esto es, 100 mg de lípidos por mariposa/0.0825. Las colonias más grandes (5 ha) necesitarían 3000 ha. Ya que el área total de la zona núcleo y de amortiguamiento es de 4 500 y 11 600 respectivamente, la propuesta de Hoth llevaría a explotar totalmente la reserva.
 
En conclusión, el análisis detallado de las suposiciones en las que Hoth basa su hipótesis revela que el suplemento de néctar en las zonas núcleo de la reserva es prácticamente irrelevante para las necesidades energéticas de las mariposas.
 
Nota
Una versión extensa de este artículo será publicada en otra revista.
 articulos
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Lincoln P. Brower
Departamento de Zoología,
Universidad de Florida, Gainesville, EUA 
     
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como citar este artículo
 
Brower, Lincoln P. 1995. Revisión a los mitos de Jurgen Hoth. Ciencias, núm. 39, julio-septiembre, pp. 50-51. [En línea].
     

 

 

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