revista de cultura científica FACULTAD DE CIENCIAS, UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
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Neyra Patricia Alvarado Solís      
               
               
Conocidos como “húngaros” en los rincones del país y como
gitanos en los contextos urbanos, los ludar llegaron a México a fines del siglo xix y principios del xx procedentes de los Balcanes y hablando un rumano antiguo. Los ludar forman parte de las diferentes colectividades que se conocen bajo la denominación genérica de gitanos, los cuales han sido identificados genéricamente, en el mundo, con estereotipos positivos (libertad, música, amor) y negativos (robachicos, estafadores) que aún padecen los miembros de las diferentes comunidades. La manera de describirlos remite al tipo de relación que se ha establecido entre individuos, funcionarios y poblaciones gitanas, generando tales imágenes e imaginarios sobre ellos. Los términos genéricos y abstractos de gitanos, ludar, rom (sin ninguna marca), pueden convertirse al interior de las propias comunidades en gitanos, ludar, ludaruasty, rom rusos, rom griegos, rom polacos, roma, boyash, bosniacos, serbios, romanos (en itálicas) cuando se nombran a sí mismos o entre ellos para identificarse. “Gitanos” (entre comillas) es una denominación del exterior que los estigmatiza, tal como se aprecia en los periódicos, las descripciones de viajeros o los documentos de los funcionarios de las instituciones con quienes se han visto relacionados.
 
Poco se conoce de su historia en México, de cómo llegaron aquí, de las formas de internación e integración al país. No obstante, hay documentos en el Archivo General de la Nación y en otros más que permiten trazar su migración a las Américas, a México y las formas de integración dedicados a espectáculos callejeros y de carpa y la proyección de cine itinerante. El problema es que el término gitano, ludar o rom no aparece nunca en los documentos y cuando aparece es estigmatizándolos, como en la prensa, reproduciendo las imágenes y los imaginarios que se tiene de esta población. Para salvar este obstáculo fue fundamental la participación de miembros de las comunidades, con cuya colaboración buscamos por apellido, ubicando documentos del censo de extranjeros llevado a cabo en 1930 y cuya identificación ha sido posible incluso cuando cambiaron sus apellidos por mexicanos. Esta colaboración ha generado incluso una perspectiva distinta, como lo dijera Juan José Kwick Castelo, rom nacido en México, durante el Coloquio Internacional “Gitanos entre Europa y las Américas” llevado a cabo en enero de 2018 en San Luis Potosí: “los miembros de estas comunidades distinguen bien y en la práctica de la investigación las tendencias y movimientos ideológicos”.
 
La etnografía, mediante el trabajo de campo antropológico con familias ludar que circulan dando espectáculo por el país, complementa el cuadro, enriqueciendo aspectos de su historia. Esto no es fácil, ya que, desde que ingresaron al país, los ludar se desplazan en agrupaciones familiares y asociándose con miembros de otras familias en forma temporal, lo cual dinamiza las relaciones de parentesco, que nunca son estáticas. Pueden ir así ocupando regiones, lo que permite las visitas frecuentes entre miembros de las diferentes caravanas, es decir, que saben dónde se ubican los demás y, a su vez, al desplazarse conocen a la población de los asentamientos cercanos a sus campamentos, lo cual les permite poder presentar en pueblos y ciudades un espectáculo adecuado para cada lugar.
 
Durante la década de los ochentas del siglo pasado, por ejemplo, en el sur del país siguieron las grandes obras hidráulicas y en los noventas las rutas agrícolas del norte. Los ludar son versátiles, practican el comercio de alimentos y vehículos, a la vez que el espectáculo, ofreciendo desde números de magia, de variedad, interpretando o escenificando canciones de moda, hasta la proyección de películas, sin dejar sus espectáculos callejeros mediante los cuales se integraron a México. Y al insertarse en la sociedad mexicana, adoptaron en sus tradiciones el culto a la Virgen de Guadalupe y el mole y las tortillas en sus celebraciones, por lo que el 12 de diciembre efectúan una serie de rituales como bautizos, quince años, bodas y el día de muertos, cerrando el 6 de enero con la reunión de varias agrupaciones familiares que itineran todo el año en un gran campamento. Por ende, para hacer una investigación antropológica e histórica con personas que itineran permanentemente es necesario llevar a cabo el trabajo de campo en los campamentos. Por el recelo que tienen hacia personas ajenas a su estructura social —producto de su historia, del hostigamiento que han sufrido— la confianza, la ética y el saberhacer son aspectos indispensables en la investigación. Al igual que como dice Williams que sucede con los manuche —un grupo europeo de los llamados gitanos—, así ocurre con los Ludar: o se está al interior o se está irremediablemente fuera sin poder asir nada. No existe otra manera de ser aceptado, y para esto es indispensable respetar sus reglas y comprender las dinámicas al interior y exterior de los campamentos (yo conseguí instalarme con mi familia en una casa rodante o sola en la casa rodante de otra familia, conociendo así la vida de todos los días en los campamentos, haciendo como toda mujer casada las actividades que se efectúan en el campamento y en el espectáculo).
 
La migración de los gitanos a las Américas
 
Conocer lo que las primeras generaciones ludar nacidas en México contaban a las posteriores ha sido central en nuestra investigación. Los testimonios de la segunda o tercera generación dan cuenta de las formas y lugares de internamiento en el país, la mayoría llegando en barco llegaron al puerto de Veracruz en diferentes épocas, pensando que llegaban a Estados Unidos de Norteamérica (America). Con el tiempo establecieron itinerarios que iban del sur al norte del continente, pasando por México, y luego en el sentido inverso.
 
Aunque su historia migratoria va más lejos, todos los que llegaron a América venían de Europa, de distintas regiones y países. Pironi refiere las expulsiones de “gitanos” de Portugal hacia Brasil entre los siglos xvi y xvii. Bosnia es un lugar que los ludar mantienen en la memoria —los de Argentina retienen el nombre de Serbia— y entre sus prácticas se encuentran rituales dedicados a los muertos (pomana y crechún) y platillos originarios de Rumanía, de donde salieron muchos hacia los Balcanes, después hacia Francia y finalmente hacia América, a México. Esta trayectoria dejó huella en la terminología para designar el parentesco, en la cual utilizan términos en rumano, romanés y español.
 
Una migración contemporánea a la de los ludar a México es la de la población rom a Norteamérica y Canadá, como menciona Sutre, donde hubo incluso una prohibición a su ingreso por ser considerados “indeseables”, una apreciación asociada a su indumentaria, similar a la de cualquier inmigrante de fines del xix y principios del xx. La falta de comprobantes de ingresos debido a actividades callejeras (cirqueros, caldereros, vendedores de caballos) era otro impedimento; sin embargo, estas familias poseían monedas en oro y demostraban no ser pobres ni una carga para el país, algunos incluso acreditaban ser propietarios de bienes en Inglaterra. Diversas estrategias, entre las que se encontraba la contratación de abogados, dan muestra de la experiencia que estas poblaciones poseían para circular entre fronteras nacionales.
 
Lo anterior es lo que sucedió en México, como lo describiera el viajero y naturalista danés Karl Lumholtz en su obra publicada en 1904, quien visitó comunidades indígenas del país durante el siglo xix y, al bajar de la sierra cora, encontró a muchos gitanos en el río que tenían caballos, algunos hablaban la lengua de él y las mujeres portaban en el cabello monedas de plata de Chile. En su descripción se refiere a ellos como vagabundos, mujeres que practican la estafa con el arte del convencimiento de decir la suerte, dueños de su libertad con dinero en mano, ocupando cualquier espacio para pernoctar. Muchos viajaban desde Veracruz hacia Cuba, Francia y viceversa, mientras que otros circulaban sólo por el continente americano, razón por la que en los registros de este movimiento, de ingreso a Canadá, Estados Unidos y México, podemos ver las formas positivas y negativas de los estereotipos que existen alrededor de esta población
 
Internación al territorio nacional
 
En los documentos de archivo analizados para el caso de México, contamos con las fichas de registro de extranjeros del servicio de migración correspondientes al censo de extranjeros de 1930 del Fondo de la Secretaría de Gobernación (S. xx, Sección Departamento de Migración) y la documentación de los procesos de nacionalización. Estos últimos son casos de larga duración debido a la circulación de las familias ludar en el país, por sus oficios en los espectáculos callejeros que ofrecían en pueblos y ciudades sin un domicilio fijo.
 
Los documentos que encontramos son fichas que contienen información antropométrica que sirvió para diseñar un control de la población extranjera por parte del departamento de inmigración, tal y como sucedió antes en Europa y Estados Unidos; en éstos encontramos fechas de su ingreso al país en 1894, 1908 y 1907, procedentes de Europa y nacidos en países como Rumania, Francia (en París), Austria y Turquía en dos periodos claramente marcados, el primero que va de 1876 a 1895 y el segundo de 1900 a 1916, una época marcada por un constante cambio en las fronteras, algo que se aprecia al ver que la localidad de Bañaluca aparece como parte de Turquía, de Austria y luego de Rumania. En cuanto a los nacidos en México, principalmente durante el segundo periodo, aparecen localidades como Actopan, Hidalgo, Tochimilco, Puebla, Chihuahua, Cerro Gordo, Durango, Xocotlán, Puebla, y Sahuaripa, Sonora, lo cual indica que, a partir de su ingreso, recorrieron el país de centro a norte, pero décadas después siguieron las obras hidráulicas del sur para posteriormente retomar las rutas agrícolas del norte.
 
Cuando los ludar comentan acerca de sus orígenes cuentan distintas versiones: nos dicen [los viejos] que somos ‘roma’ (plural de rom), entonces nosotros venimos de Roma (capital de Italia). No obstante, los desfases se instauran en cuanto a la sociedad en que se encuentran inmersos respecto de los autónimos o endónimos y la geografía, pues en la conversación preguntan: ¿cuánto se hace a Roma?, y respondo: en avión unas diez u once horas, y ellos continúan: diez, once horas… ¿y si nos vamos por Matehuala, [cuanto tiempo se hace]? (Matehuala es una ciudad del estado de San Luis Potosí que se encuentra en el paso hacia Laredo Texas, un referente terrestre para ir hacia los Estados Unidos. Pero para ir a Roma, insisten, puede ser una mejor ruta por Matehuala (es decir hacia otro país). Esto contrasta con su conocimiento del territorio mexicano, que es muy detallado por sus constantes recorridos por carretera, al punto que un señor de edad, respetado por todos, afirma que gracias a su andar pueblo por pueblo, estado por estado: ¡este México lo conocemos mejor que el mapa!
 
Integración con espectáculos callejeros
 
En México, los ludar se casan con mujeres ludar (endogamia) pero también se casan con mujeres mexicanas (exogamia), lo que indica relaciones dinámicas con la población de los entornos de estacionamiento. Los oficios que practican se estructuran por grupos parentales, pero son dinámicos debido a las asociaciones temporales entre los miembros de las familias. Desde su llegada a México se integraron a la vida con los espectáculos callejeros célebres por los bailes de osos y changos, como cinematografistas, con la proyección de películas del cine de la época de oro, y después con la carpateatro.
 
A lo largo de este proceso, los ludar fueron haciendo frente a dificultades como el domesticar osos y mantener un público para proyectar cine y, cuando se popularizó la adquisición de videocaseteras en los hogares, crearon un espectáculo en el que la intervención de los espectadores es necesaria: la hipnosis colectiva, en donde empleando ciertas técnicas, el mago o hipnotizador “hinoptizador” induce al sueño al público y aquellos que caen dormidos son invitados al escenario para participar como el cantante o la bailarina que siempre han deseado ser, revelando así cantantes que son allí aclamados por la propia población de la localidad la cual no imaginaba tener un cantante con esa voz, ese talento.
 
Éste y otros espectáculos, como los actos de magia, la interpretación de canciones y los bailes, son formas de interactuar con la población del entorno del campamento, pero también fuera de él. En su movimiento, con estos números se retoma de la población del entorno o de la región las canciones que allí gustan con el fin de escenificarlas, de interpretarlas poniéndoles su sello, es decir, apropiándoselas. Pero, paradójicamente, con esta apropiación ellos se separan a su vez de la población del entorno, como lo explica Williams, ya que, al igual que en el espectáculo, en la vida cotidiana se transforman constantemente retomando aspectos, palabras, nomenclaturas y saberes de la sociedad de su entorno para continuar siendo ludar, es decir, trabajan para distinguirse. Aquí es donde podemos comprender por qué se sienten un poco aparte de los mexicanos, aun cuando sus intercambios son dinámicos.
 
Conclusiones
 
Desde su ingreso y a lo largo de su integración en el país, los estereotipos positivos y negativos prevalecientes en la sociedad continúan vigentes, haciendo contemporáneas la inmersión, la dispersión y la ilegitimidad, al igual que sigue ocurriendo en el mundo, pero con la especificidad del país, la región, el momento o la época, un tema abordado ampliamente por autores como Piasere y el mismo Williams.
 
Esto se puede observar en cómo las formas de internamiento en varios países de las Américas siguen un patrón desde el punto de vista de las instituciones migratorias que consideran sintéticamente a esta población como “indeseable”. A la vez, su forma de vida y sus saberes se han considerado en el otro sentido, como de libertad y de amor. Ambos se traducen en estereotipos tanto positivos como negativos.
 
Sin embargo, las relaciones establecidas entre los ludar y la población de los entornos adonde llevaban y llevan sus espectáculos muestran otras dimensiones: el matrimonio y el intercambio, el de canciones de los números del espectáculo y las que hemos mencionado antes, entre otras más. En sus procesos, los “gitanos” muestran cómo se construye al no deseado, estereotipado, pero al mismo tiempo, rompen con esto al evidenciarse como una población que mantiene intercambios en forma dinámica con la sociedad dominante.
     
Agradecimientos
Este texto es resultado del proyecto C.B. Conacyt 240828.
     
Referencias Bibliográficas
Alvarado Solís Neyra, 2018, “Los niños y el espectáculo de familias gitanas (ludar) que circulan en el norte de México. Innovación, intercambio y creatividad”, en Infancias mexicanas contemporáneas en perspectiva, Neyra Alvarado, Élodie Razy, Salvador Pérez (eds.), El Colegio de San Luis, a.c. México.
   ______,2016, “Le spectacle des Tsiganes en France et au Mexique”, en Nuevo Mundo, Mundos Nuevos, Cuestiones del tiempo presente, enero 2016, URL:http://nuevomundo.revues.org/69151; DOI: 10.4000/nuevomundo.69151.
   Pérez, R. y L. Armendáriz. 2001. La lumea de noi. Nuestra gente. Memorias de los ludar de México. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Fotron, México.
   Lumholtz, Karl, 1904, El Mexico Desconocido, traducción al castellano por Balbino Davalos, volumen 2, Charles scribner›s sons, Nueva York.
   Piasere, Leonardo, 1985, Mare Roma. Catégories humaines et structure sociale. Une contribution à l›ethnologie tsigane, Paris, Paul-Henri Stahl, p. 274.
   Pieroni, Geraldo, 2012, “Les exclus du Royaume. Les Gitans banis du Portugal vers le Brésil: en les lois et leurs mise en oeuvre xvié - xviiié Siécles”, Brésil, Tsiganes, Sciences Humaines et Sociales, numéro 2, Édition de la Maison des Sciences de l’Homme, Paris.
   Salazar, Delia, 2012, “El porfiriato, políticas de promoción y estímulo a la inmigración, 1876-1911”, en Inmigración y extranjería, compilación histórica de la legislación mexicana, 1810-1910, Cisneros Nidia Moraga, Fabio, Centro Migratorio del Instituto Nacional de Migración, Porrua, pp. 75-109.
   Sutre, Adèle, 2014, “’Are you a Gypsy ?’ : l’identification des Tsiganes à la frontière américaine au tournant du xxe siècle”, en Migrations Société 2 (N° 152), pp. 57 -74.
   _______, 2013 Sutre, Adèle, Des pièces d›or pour parcourir le monde. Les circulations transnationales de familles tsiganes au tournant du XXe siècle. en Autrepart, n°67-68, pp. 57-73
Williams, Patrick, 2017, “Una etnología de los gitanos es posible”, en Vetas, El Colegio de San Luis, pp. 12-29.
   ______, 2014, De eso no hablamos, los vivos y los muer-tos entre los manuches, El Colegio de San Luis, El Colegio de Michoacán.
   ______, 2011, “L’ethnologie des tsiganes”, en Des tsiganes en Europe, Stewart, Michael et Williams, Patrick, Éditions de la Maison des Sciences de L’homme, Paris, France, 2011, pp. 9-31.
     

     
Neyra Patricia Alvarado Solís
Programa de Estudios Antropológicos,
El Colegio de San Luis, A.C.

Es doctora en etnología por la Universidad de París, X, Nanterre; miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel 1; profesora-investigadora del Programa de Estudios Antropológicos de El Colegio de San Luis, a.c., titular de la ChAL (oct-nov, 2018), ipeat, U-Jean-Jaurès (Mirail, Francia; proyecto de investigación: Procesos de inmersión, transformación y dispersión (Ciencia Básica Conacyt 240828).
     

     
 
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Leonardo Gutiérrez Arellano      
               
               
La historia de la humanidad se resume en una serie de dispersiones, pequeñas y enormes. En el año 70 de nuestra era, cuando comenzó el asedio de Jerusalén por parte del ejército romano, es probable que Flavio Josefo haya llegado a prefigurar la misma conclusión. Nacido treinta y tres años antes en dicha ciudad, el historiador y diplomático había intentado convencer a sus compatriotas de capitular ante las fuerzas de Tito Flavio Vespasiano: transcurridos cuatro años desde la primera revuelta judía, el imperio había decidido cercar Jerusalén, privando a sus pobladores de agua y comida. 
 
A pesar de su desventaja humana y armamentística, los rebeldes judíos repudiaron los consejos de Flavio Josefo; considerándolo un traidor, resistieron hasta que los romanos penetraron la ciudad y redujeran a polvo el Templo de Salomón. El último bastión judío, Masada, cayó en el año 73. De acuerdo con lo escrito por Flavio Josefo, hubo más de un millón de muertos. Los eventos que marcaron el final de la guerra se consideran actualmente como la inauguración de la diáspora judía alrededor del mundo.
 
La mayoría de los judíos sobrevivientes, si logran salvarse de ser esclavizados, huyeron del Levante Mediterráneo. Un grupo de ellos se adentró en la ribera del Rin, el oeste de lo que hoy es Alemania y frontera con Francia, en donde se asentaron y permanecieron hasta la Edad Media, llegando a ser conocidos como judíos asquenazíes. 
 
A pesar de su diseminación geográfica a lo largo del tiempo, tanto los eventos fundacionales y la reducción poblacional que sufrieron, aunados a las costumbres y tradiciones culturales de su etnia —entre las que se encuentra la endogamia—, provocaron un aislamiento reproductivo que hoy día presenta ciertas enfermedades hereditarias en sus descendientes. Los incidentes históricos y las condiciones sociológicas de este proceso es nuestro tema de interés. 
 
Historia y etnia
 
Es importante comenzar definiendo ciertos aspectos. Históricamente, la designación de judío se ha empleado en contextos variados y con acepciones disímiles, generalmente erróneas; en tanto es correcto llamar judío a todo aquel que profese el judaísmo como religión, aquí abordaremos este término como una conjunción de factores genéticos y sociológicos. Decir que los judíos son una raza es incorrecto por el hecho de que no comparten características que unifiquen fenotípicamente a sus grupos demográficos alrededor del mundo, además de que es recomendable evitar el uso de la palabra raza, ya que puede llevarnos a un sesgo en el estudio genético e incluso ser aprovechado para justificar prácticas eugenésicas, como las que los propios judíos sufrieron por parte del régimen nazi. Lo adecuado, lo aceptado por ellos mismos, es que conforman una etnia, pues están relacionados por el sentido de pertenencia a un grupo humano que comparte religión, ciertas prácticas y costumbres, así como una memoria de eventos históricos. Los miembros de subgrupos judíos resultan más semejantes entre sí gracias a factores como el poseer una ascendencia directa, lengua y ubicación geográfica en común. 
 
El origen de los judíos se remonta a alrededor del año 2000 a.C., en el este del Levante Mediterráneo. Como resultado de los distintos eventos de diáspora, la comunidad judía internacional contemporánea se divide en tres grupos: los orientales (que vivieron en lo que actualmente comprende el territorio que va de Israel a Irán, incluyendo la península arábica), los sefardíes (que vivieron en la península ibérica hasta que el exilio impuesto por la iglesia católica en el siglo xv los hizo desplazarse a Europa y América) y los asquenazíes, en quienes nos centraremos. 
 
Como ya se mencionó, la guerra de los israelitas contra la invasión del ejército romano provocó la primera gran diáspora judía. Movilizado por el hambre y el horror, uno de los grupos del bando vencido abandonó su hogar, transitando de manera intermitente a lo largo del sureste europeo hasta que se establecieron en la región occidental alemana, alrededor del río Rin. La zona, además de colindar con civilizaciones comercialmente importantes —como la francesa— se encontraba bajo una relativa influencia cultural y económica de otros estados europeos y comunidades eslavas.
 
El caso lingüístico resulta útil para caracterizar el proceso de formación cultural de los asquenazíes en su dispersión por Europa Central. Antes del exilio, durante el periodo en el que Judea era una provincia romana, la lengua vernácula predominante entre los judíos era el arameo, extendido por toda Siria. Una vez transcurridos al menos ocho siglos desde su llegada al Rin, los asquenazíes habían adoptado el yiddish, una lengua originada por la convivencia entre el hebreo y las lenguas altogermánicas, arameas y eslavas.
 
De acuerdo con lo profesado por la Biblia hebrea, Askenaz era uno de los descendientes de Noé por la línea de Jafet. Su reino, homónimo, se creía ubicado en las regiones de los escitas o, bien, de los eslavos. Fueron los judíos medievales quienes asociaron su ubicación con la zona de Renania, motivo que llevó a su designación como “asquenazíes”. 
 
Un rasgo distintivo de las agrupaciones asquenazíes en la Europa Central de la Edad Media temprana fue su nivel de cohesión comunitaria, la cual desempeñó un papel importante en su desarrollo social posterior, deviniendo en las peculiares condiciones genéticas de las que hablaremos más tarde. Como muestra del fenómeno mencionado anteriormente puede tomarse el hecho de que, para expresar un sentido identitario cultual, acuñaron el término yiddishkeit, cuya jocosa traducción a nuestra lengua sería “judiosidad” (aunque en español esta palabra no es recogida por ningún diccionario, Oxford la traduce al inglés como jewishness: “el hecho de estar conectado con los judíos o la práctica del judaísmo”). 
 
Con el paso de los siglos, los asquenazíes fueron capaces de erigir una civilización prolífera. Su influencia política y religiosa en la zona fue lo suficientemente grande como para que hoy día se crea que una parte de los jázaros del Cáucaso norte, entre el siglo vii y el xi, se convirtieron al judaísmo. 
 
La evidencia que respalda la incorporación de otros grupos étnicos a las comunidades asquenazíes se presenta, inevitablemente, acompañada de polémica. Por un lado, además de su tendencia a practicar la endogamia, se sabe que ellos han pasado por eventos que redujeron su acervo genético y, por lo tanto, su variabilidad; sin embargo, se esperaría que las supuestas dinámicas de mestizaje masivo se vieran reflejadas en una mayor diversidad genética del grupo. ¿Dónde, pues, se encuentra la raíz del perfil genético de los asquenazíes contemporáneos? 
 
En busca de un origen
 
El análisis de las poblaciones humanas es tan complejo que precisa nutrirse de diversas disciplinas científicas para llevarse a cabo. Comprender los procesos de las sociedades humanas y las estructuras que marcaron las pautas en las que se gestaron es útil para cartografiar nuestra especie desde la perspectiva que se desee.
 
El adn de cualquier individuo funge como un gran testigo de lo que ha acontecido en la historia de sus antepasados: la genética es, en cierta forma, el estudio de nuestra demografía evolutiva. El conocimiento del ciudadano promedio acerca de las generalidades de la herencia de caracteres a lo largo de las generaciones suele verse limitado a casos individuales, dejando de lado las dimensiones grupales del fenómeno, responsable de la perpetración de la vida.
 
Gracias al desarrollo de la biología molecular y la filogenética es que ha sido posible crear estrategias para ir tras las huellas de nuestro pasado. Un concepto simple pero extremadamente efectivo es el análisis comparativo del cambio que ha sufrido el material genético en determinados grupos de personas, volviéndolo característico de los mismos. Sin embargo, el adn que distingue a los individuos se recombina constantemente de acuerdo con las dinámicas de comportamiento colectivo que determinan las condiciones de apareamiento. Entonces, ¿cuál es nuestro punto de referencia para comparar los cambios por los que pasa el adn de las poblaciones humanas? La respuesta a esta pregunta la encontramos en el adn mitocondrial (adnmt) y en el cromosoma Y.
 
Las mitocondrias son organelos de las células eucariotas que fueron adquiridos por endosimbiosis, de acuerdo con lo propuesto por Lynn Margulis. Su supuesta autonomía como procariotas ancestrales es una de las explicaciones al hecho de que cuenten con su propio material genético, el adnmt. En el momento de la fecundación, el óvulo es el único gameto que hereda adnmt al cigoto, motivo por el que se dice que es una herencia exclusivamente materna (aunque, como breve acotación, se sabe que algunos artículos señalan que existen casos rarísimos de herencia mitocondrial paterna).
 
Al no recombinarse entre progenitores, el adnmt es un buen indicador de la preservación de alelos (es decir, de las versiones de un gen) en determinadas poblaciones, pues los individuos de un grupo deben poseer los mismos, provenientes de una ascendiente antigua. Al comparar sus variaciones podemos inferir puntos históricos y geográficos de diferenciación genética, involucrando la herencia de haplotipos, los cuales son un conjunto de alelos que se heredan juntos.
 
El lado asombroso de la trazabilidad del adnmt es que es capaz de cambiar paradigmas, como el que los judíos asquenazíes contemporáneos son todos descendientes del grupo que se asentó en Renania procedentes de la diáspora provocada por la guerra contra los romanos. Así, reconociendo la importancia del uso de marcadores genéticos no recombinantes, Costa y colaboradores realizaron un estudio sobre el adnmt asquenazí más extenso que los precedentes que, hasta ese entonces, sugerían el origen levantino de los asquenazíes con base en evidencias como la ascendencia compartida con otros grupos de judíos y no judíos del Mediterráneo. El equipo de Costa estudió el linaje materno de judíos y no judíos de Oriente Próximo, Europa y el Cáucaso, encontrando que cuatro de las principales variaciones del adnmt asquenazí (cuyos portadores representan alrededor de 40% de los miembros de esta etnia hoy día) no provienen del Oriente Próximo, ni del Cáucaso, sino de Europa continental.
 
Por otro lado, apenas unas semanas después de la publicación de la investigación citada, Rootsi y colaboradores presentaron un estudio sobre la filogenia de los asquenazíes con base en la secuenciación completa del cromosoma Y (que funge como un marcador de divergencias genéticas igual de útil que el adnmt, ya que no se recombina, esto es, las mujeres no lo heredan y los hombres solamente heredan uno). Sus resultados regresaban a las conclusiones previas: que ciertos haplotipos indican fuertemente que una parte de los asquenazíes comparten origen a partir de un ancestro común levantino, y que la hipótesis de que uno de los haplotipos provenía de Europa Occidental no era viable, pues se había demostrado que, de hecho, tuvo su origen en el Oriente Próximo.
 
Parecía nuevamente que los asquenazíes tienen un origen intrazable y profundamente contradictorio. Sin embargo, es posible una conclusión distinta, maravillosa: si la mayoría de los ancestros asquenazíes identificados por los genetistas filogenéticos se ubica en diversas zonas de Oriente y al menos 40% de los descendientes contemporáneos comparten un linaje materno con haplotipos mitocondriales europeos, se puede pensar que durante su asentamiento en la Europa hubo mujeres locales que se convirtieron al judaísmo y se unieron a sus comunidades, procreando, muy a pesar de la percepción generalizada sobre su recelo histórico a mezclarse con individuos pertenecientes a otras etnias. produciéndose un mestizaje.
 
Cuestión de diversidad
 
Los alelos se presentan con una determinada frecuencia en las poblaciones: algunos son más comunes que otros y su perpetración depende del efecto de las fuerzas evolutivas. Entre ellas, una de las más importantes es la deriva génica, caracterizada por la pérdida de alelos en el acervo de una población a causa de incidentes azarosos. Los asquenazíes, entre los muchos eventos históricos que los volvieron tan peculiares, vivieron episodios que implican procesos de deriva génica. 
 
Uno de los fenómenos que da pie a la deriva génica es el conocido como cuello de botella, que ocurre cuando una población ve mermado su acervo genético a causa de una reducción en el número de sus integrantes. Interesados en probar la veracidad de la historia aceptada sobre las migraciones y las fluctuaciones en el tamaño poblacional de los asquenazíes durante los últimos 2000 años, Behar y colaboradores realizaron un estudio sobre su adnmt con el fin de conocer cuáles fueron los efectos de la deriva génica en su complejo desarrollo demográfico. Los resultados de tal investigación indicaron una diversidad disminuida en su adnmt, así como una inusualmente grande proporción de haplotipos exclusivos de su comunidad, estableciendo así que sus datos encajaban con un modelo conformado por un evento de cuello de botella ocurrido alrededor de cien generaciones atrás, cercano al momento histórico de la migración levantina que dio origen a la diáspora, quizá durante el cruce por Italia o ya en Renania.
 
Otra de las maneras en que la deriva génica puede manifestarse es mediante el efecto fundador, que ocurre cuando surge una nueva población a partir de un número pequeño de individuos colonizadores. Lo peculiar es que, por más que crezca una población originada por un efecto fundador, su acervo genético será igual de reducido a como lo fue mientras era pequeña, a menos que nuevos alelos hayan sido incorporados al mismo o que hayan ocurrido mutaciones. Desde esta perspectiva, el mismo Behar y sus colaboradores señalaron la existencia de cuatro mujeres fundadoras, cuyo adnmt podía encontrarse en casi la mitad de la etnia —alrededor de cuatro millones de personas en ese entonces— asumiendo que dicho linaje materno fundador provenía de Oriente Próximo, cosa que sería cuestionada más tarde. 
 
La sinergia entre los eventos de reducción y fundación poblacional, aunada a la práctica de la endogamia de sus miembros, terminaron por provocar una pérdida de variabilidad genética que devino en múltiples padecimientos hereditarios. Tal es el enfoque de trabajos como el de Risch y colaboradores, que muestran cómo la dinámica de crecimiento poblacional entre los siglos xvi y xix, sobre todo en los asentamientos de Lituania y Bielorrusia, dieron pie a efectos fundacionales que permiten explicar muchas de las enfermedades genéticas de los azquenazíes.
 
No obstante, a pesar de los múltiples estudios sobre el origen de tales padecimientos sigue siendo objeto de discusión e investigación, sobre todo porque varios de ellos son compartidos con otros grupos de judíos. La National Gaucher Foundation señala tres principales enfermedades hereditarias entre los asquenazíes y su frecuencia: la de Gaucher, que provoca un déficit enzimático de glucocerebrosidasa, y para la cual uno de cada diez es portador del gen mutado; la de TaySachs, que lleva a la destrucción de células nerviosas del cerebro y de la médula espinal, y para la cual uno de cada 27 es portador del gen mutado; y la fibrosis quística, que afecta a las células productoras de mucosa, sudor y jugos gástricos, y para la cual uno de cada 24 es portador del gen mutado. Asimismo, la disautonomía familiar y la atrofia muscular espinal se presentan en frecuencias similares.
 
La mayoría de tales padecimientos son heredadas entre los asquenazíes en forma autosómica recesiva, es decir, independientemente del sexo y con ambos padres portadores de la mutación recesiva que provoca la enfermedad. La alta tasa de incidencia en dichos padecimientos es la principal muestra de lo que puede provocar la pérdida de diversidad en una población.
 
Reflexiones sobre el aislamiento 
 
Ya sea por motivos de persecución religiosa, rechazo cultural o llano prejuicio a su existencia, los judíos han pasado por episodios históricos de discriminación que, como se sabe, llegaron al genocidio.
 
Pequeños o sistemáticos, los estigmas sociales ensanchan las barreras que nos separan, promoviendo la aversión entre individuos y comunidades. El antisemitismo, como cualquier otra de las manifestaciones de odio, ha mostrado ser un ciclo que se retroalimenta positivamente.
 
El énfasis en la preservación de su modo de vida, su cohesión grupal y su cultura económica fueron reacción al rechazo que sufrieron los asquenazíes por parte de sus comunidades vecinas, y se volvieron motivo del mismo, en una espiral que los obligaba a migrar de tanto en tanto: invariablemente, fue un aislamiento nómada.
 
Si bien es cierto que el judaísmo ortodoxo perpetuó la idea de practicar la endogamia como una forma de preservación de su cultura, las ramas liberales contemporáneas aceptan sin problema alguno el matrimonio interreligioso; asimismo, las evidencias muestran de manera contundente que los asquenazíes de la antigüedad no tuvieron problema alguno con el mestizaje. Vale la pena cuestionar si, acaso, esa imagen recelosa que se ha formado sobre ellos es también producto de los estereotipos y del antisemitismo.
 
Poseedores de un pasado extremadamente rico y un presente muy interesante, los judíos asquenazíes son el ejemplo de que nuestros genes guardan una historia compleja y a veces contradictoria, que necesita ser reflexionada en términos sociales y científicos.
 
     
Agradecimientos
Al Mtro. Daniel Hernández Medina por motivarme a redactar este texto.
     
Referencias Bibliográficas
Costa, M. D., et al. 2013. “A substantial prehistoric European ancestry amongst Ashkenazi maternal lineages”, en Nat. Commun., vol. 4, núm. 2543, pp. 1-10.
   Behar, D., et al. 2004. “Mtdna evidence for a genetic bottleneck in the early history of the Ashkenazi Jewish population”, en Eur. J. Hum. Genet., vol. 12, pp. 355-364.
   Behar, D., et al. 2006. “The matrilineal ancestry of Ashkenazi Jewry: portrait of a recent founder event”, en American journal of human genetics, vol. 78, núm. 3, pp. 487-497.
   Flavio, J. ca. 90 d.C. La Guerra de los Judíos. Porrúa, México, 2013.
Ostrer, H. 2001. “A genetic profile of contemporary Jewish populations”, en Nat. Rev. Genet., vol 2, pp. 891-898.
   Risch, N., et al. 1995. “Genetic analysis of idiopathic torsion dystonia in Ashkenazi Jews and their recent descent from a small founder population”, en Nat. Genet., vol. 9, pp. 152–159.
   Rootsi, S., et al. 2013. “Phylogenetic applications of whole Y-chromosome sequences and the Near Eastern origin of Ashkenazi Levites”, en Nat. Commun., vol 4, núm. 2928, pp. 1-9.
     

     
Leonardo Gutiérrez Arellano
Estudiante en Ingeniería en Sistemas Biológicos,
Centro Universitario de los Valles,
Universidad de Guadalajara.

Se desempeña como asesor académico del programa STEM dentro del Departamento de Ciencias Exactas y Habilidades Mentales de la Secretaría de Educación de Jalisco. Es estudiante de la Ingeniería en Sistemas Biológicos, en el Centro Universitario de los Valles, Universidad de Guadalajara.
     

     
 
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Sofía Fuentes Flores y Ricardo Noguera Solano      
               
               
El genoma de nuestra especie ha estado sujeto a distintas
presiones de selección dependientes de los múltiples cambios en el ambiente ocurridos a lo largo de la historia migratoria de la humanidad. La relevancia de los movimientos humanos que han tenido lugar a partir de la ocupación de casi todos los continentes del planeta, principalmente el asentamiento americano que fue el último de tal magnitud, ha sido puesto en cuestión en la actualidad por el estudio del material genético de las distintas poblaciones americanas existentes, dando cuenta de su conformación históricobiológica a partir de diferentes grupos humanos del pasado y su relación con el ambiente, así como de los cambios generados por eventos migratorios relativamente recientes. 
 
Las tecnologías de secuenciación permiten hoy día conocer esta historia evolutiva y cultural, y considerar la variabilidad genómica como un atributo de valor para la comprensión de las particularidades de la ancestría americana. Asimismo, nos posibilitan apreciar que la evidencia genómica humana robustece el entendimiento de los procesos de la evolución, tanto aquellos los generados por variación y selección natural, como los provocados por otras causas que ocasionan variabilidad, partir de los cuales podemos comprender mejor la diversidad biológica que se mantiene en una dinámica continua de transformación ligada a condiciones ambientales y culturales. 
 
Con base en lo anterior, queremos reflexionar aquí sobre cinco ejemplos concretos de variabilidad genética relacionada con la ancestría americana y mostrar que las diferencias genómicas al interior de las poblaciones denominadas indígenas son resultado de la variación genética y de las condiciones ambientales en que ocurrieron los eventos de migración y colonización de las distintas poblaciones americanas; y por otro lado, señalar que el resultado genómico está lejos de ser una entidad homogénea que pueda ser caracterizado en un concepto como el de “genoma mestizo del mexicano” o “genoma mestizo americano”. La información sobre la secuenciación del genoma de distintas poblaciones ha mostrado, como mencionan Ávila y sus colaboradores, que una gran cantidad de “variación genética humana ha surgido en los últimos 10000 años y, por lo tanto, es específica de las regiones continentales y subcontinentales en las que surgieron”. Sin lugar a duda, una secuenciación completa de la población mexicana mostraría tal diversificación genómica, acorde a una evolución local, la cual aumentó con la colonización europea.
 
Poblaciones nativas y ambiente
 
Un primer ejemplo de similitudes y diferencias genómicas lo encontramos en el gen hs3st4, presente en una población nativa de Alaska —es pertinente aclarar que por motivos de protección de datos personales en varios de estos estudios se omite la identidad y localización específica de las agrupaciones humanas. Cabe mencionar que este fragmento genético también se ha encontrado en poblaciones de descendencia europea y se ha relacionado con deficiencias en procesos cognitivos, específicamente de la memoria, y se ha visto asociado, en frecuencias bajas, con tejidos cancerosos. 
 
Tales estudios han permitido relacionar el gen hs3st4 con la biosíntesis del heparán sulfato, un polisacárido presente en los tejidos animales, y con otros eventos biológicos como el espesor de la sangre, un fenómeno relevante para la población nativa norteamericana, ya que se ha visto que una exposición prolongada a ambientes fríos está relacionada con una sangre densa. La identificación de este gen en dicha población de Alaska ha permitido atribuir esta característica fisiológica a una causa genética pero, aun cuando ésta sea relevante para sus condiciones de vida, no es exclusivo de esa población, ya que está presente en todo el grupo Eucariota, por lo que no es difícil encontrarlo con variantes en Metazoa, Mammalia y, desde luego, en el género Homo.
 
No obstante, la mencionada población de Alaska cuenta con otros elementos genómicos que, en correlación con el ambiente, tienen importancia en función de los rasgos evolutivos desarrollados. Es el caso del gen kcnh1, asociado con la regulación de la proliferación y diferenciación celular de células adiposas y óseas, y el gen oca2, relevante para la producción de melanina en la piel, los ojos y el pelo. Su presencia en dicho grupo humano tiene sentido en tanto que la producción de vitamina D, la misma que está involucrada en el desarrollo y salud esquelética, está supeditada a la interacción de los rayos uv, a exposiciones solares inconstantes a lo largo del año y a la síntesis del colesterol. 
 
En conjunto, las variantes en estos tres genes —hs3st4, kcnh1 y oca2— dan cuenta de la presión de selección asociada a un ambiente frío y altas latitudes dependientes de radiación solar, que en tales condiciones son de suma importancia. A esto habría que añadir la alimentación, otro componente del medio que interactúa con el material genómico de las poblaciones. 
 
La relación entre genes y ambiente no es siempre sencilla. Así como una variante genética varía o se conserva en distintos grupos humanos sin tener una función, las variantes de genes distintos pueden responder a condiciones ambientales similares; por ejemplo, una población indígena del centro de México comparte con una originaria del sureste estadounidense una respuesta inmune similar ante los patógenos de sus ambientes correspondientes, pero a partir de genes distintos. Como señalan Reynolds y sus colaboradores, ambas comparten un fenotipo similar pero la respuesta al ambiente se encuentra en genes distintos —en la del norte es en el gen il1r1 y en la del sur el muc19. Esto muestra que dos secuencias genéticas distintas han sido seleccionadas de manera natural en respuesta a circunstancias ambientales parecidas, lo que se traduce en rasgos evolutivos con implicaciones similares; a lo cual se suma un porcentaje amplio de otros genes que son de relevancia para ambos grupos. 
 
Las posibles explicaciones para tales fenómenos son que la presión de selección ha sido semejante, no sólo porque, como ya se mencionó, ambas poblaciones han estado expuestas a patógenos particulares de su región, sino también porque posteriormente se enfrentaron a una conquista europea con componentes poblacionales africanos que mermó su número total. A esto se suma el hecho de que ambos grupos humanos tienen un tiempo muy corto de divergencia evolutiva. 
 
El hecho de que las poblaciones nativas de México y Estados Unidos presenten características genéticas asociadas con el ambiente es prueba irrefutable de la selección positiva de dichos rasgos moleculares en dos grupos humanos específicos, arroja evidencia de que la historia evolutiva contenida en nuestro genoma conserva aquellos rasgos heredados y muestra que algunas variantes genéticas han sido perdidas o se han modificado. Además, es claro indicio de que el estudio genómico de diversos grupos poblacionales humanos, la comparación entre ellos y su contextualización en su ambiente, hacen posible identificar aquellas regiones genéticas relevantes en términos evolutivos.
 
Migración, alimentación y colesterol
 
En las poblaciones latinoamericanas existe evidencia de que la susceptibilidad para desarrollar enfermedades metabólicas se relaciona con la herencia de las poblaciones nativas. Cabe mencionar que este fenómeno también se observa en otros grupos humanos que han adoptado conductas dietéticas y de actividad física “occidentales”, es decir, que no se puede adoptar conceptos como el de “genoma mestizo” para una región particular geográfica y política como la que hoy dia denominamos México.
 
La herencia de los ancestros americanos se presenta con una variante genética en el gen abca1, que codifica para una proteína que transporta colesterol, la cual se ha relacionado con niveles bajos del colesterol de alta densidad (hdl) en sangre y, a su vez, con la obesidad y diabetes tipo 2, como lo han mostrado Acuña Alfonzo y colaboradores. 
 
Existe la hipótesis de que dicha variante pudo haber sido exitosa en las poblaciones ancestrales, cuando la dieta era rica en vegetales y baja en grasas. Con el estilo de vida actual, en el que predomina una alimentación rica en azúcares y grasas saturadas y existe una falta de actividad física, las poblaciones portadoras de dicha variante genética padecen un efecto altamente negativo para su salud.
 
Un grupo humano que habita un ambiente distinto, pero cuya dieta es similar, es el de los inuits de Groenlandia, que han vivido por mucho tiempo con una ingesta alimenticia marina rica en proteínas y ácidos grasos, específicamente poliinsaturados omega 3. Estudios efectuados por Fumagalli y colaboradores, entre otros, han mostrado la presencia en esta población de cinco genes en el cromosoma 11, tres de la familia fads, de particular relevancia por tratarse de enzimas de ácidos grasos, lo cual significa —al igual que en el caso de la población de Alaska mencionada—, que tales genes fueron seleccionados positivamente debido a una dieta rica en ácidos grasos.
 
Dichos componentes alimenticios tienen asimismo implicaciones en la altura de los individuos que conforman la población porque sus moléculas poseen un efecto directo en la composición y concentración de las hormonas de crecimiento; esto se ve reforzado por la presencia de ácidos grasos no sólo en su sangre sino también en la leche materna.
 
Estos dos ejemplos sirven para mostrar que los estudios evolutivos de poblaciones y su adaptación al ambiente, especialmente las que lo han conseguido en un periodo corto de tiempo como las americanas, permiten comprender mejor los procesos evolutivos, ya que es posible atribuir una causalidad a la variación fenotípica entre humanos y se logra dar explicación a la relación entre ambiente y genoma al ser considerados como dos elementos clave para los fenómenos adaptativos y de diversificación.
 
Envejecimiento y genética
 
Lo anterior tiene relevancia cuando se consideran padecimientos en el terreno de las políticas de salud; es el caso de la deficiencia de vitamina D y la consecuente prevalencia de osteopenia y osteoporosis en poblaciones americanas, ambas causantes de morbilidad y mortalidad. Algunos factores que afectan los niveles de vitamina D en el cuerpo son la cantidad de grasa corporal, ciertas variantes genéticas y la edad —principalmente a mayores de cincuenta años, esto es, alrededor de 35 millones de individuos en 2020.
 
En México, la prevalencia de osteopenia es de 56%, mientras que la de osteoporosis es de 16%. Un estudio efectuado por Rivera Paredez y colaboradores evaluó la asociación entre variantes de genes relacionados con la ruta metabólica de la vitamina D y su deficiencia en 689 mexicanas postmenopáusicas en relación con el material genético de 355 mujeres postmenopáusicas pertenecientes a 37 grupos étnicos del país, clasificados en cinco regiones geográficas —norte, este central, oeste central, sur y sureste.
 
Los resultados demostraron que existe una asociación, por un lado, entre deficiencia de vitamina D y la edad: aquellas entre 60 y 74 años y mayores presentan un riesgo más grande que las de entre 45 y 59; y por otro lado con los genes gc, responsables del transporte de vitamina D, y vdr, el cual genera el receptor de dicha molécula nutrimental. Además, se observó que mientras mayor sea en la población el número de alelos de riesgo, mayor es la prevalencia de falta de vitamina D: si no se presenta ningún alelo de riesgo, la prevalencia de tal deficiencia tiene un valor de riesgo genético de 36.8, mientras que con tres o más alelos de riesgo la prevalencia aumenta a una puntuación de riesgo genético de 66.1.
 
Cuando se hace el análisis para conocer el perfil de dichas variantes en las poblaciones nativas, los resultados muestran un gradiente: una de las variantes del gen vdr presentó las mayores frecuencias en nahuas de Morelos y zapotecos y chontales de Oaxaca; y en los del sureste, donde el gradiente de ancestría amerindia es el mayor del país, se plantea la hipótesis de que la deficiencia de vitamina D podría estar relacionada, además de una predisposición genética, a una baja ingesta de este componente alimenticio y una pigmentación intensa de la piel.
 
Es decir, así como hemos visto que el componente genético de distintas poblaciones del territorio mexicano presenta predisposición a una deficiencia de vitamina D, se debe sumar el elemento ambiental. Se ha visto que las mujeres con tal deficiencia no sólo tienen una menor ingesta de la molécula —por ejemplo, no consumen alimentos con elementos lácteos—, sino que su nivel educativo es bajo, presentan obesidad, envejecimiento y diabetes tipo 2, entre otros aspectos.
 
Diversificación genómica americana
 
Tal como lo han discutido distintos autores, la idea de un “genoma mestizo” proviene de una herencia ideológica del siglo xx que buscaba homogeneizar la sociedad bajo la idea de procesos sociales estereotipados y generó una identidad cultural que integró procesos científicos que enmarcaron el estudio genómico bajo la perspectiva del mestizaje. El Proyecto Genoma Humano, terminado en 2003, sumó información que alimentó esta concepción del material genético de las poblaciones americanas.
 
Sin embargo, es complicado identificar el mestizaje, tanto mexicano como americano, bajo una misma identidad genómica. Cada población humana, de Alaska a la Patagonia, condensa elementos genéticos que responden a una herencia que ha resultado de migraciones y conquistas, pero también de contextos ambientales únicos. Los elementos genéticos “objetivos”, es decir, propios de un mestizaje, son inexistentes si se les mira a la luz de tales fenómenos específicos para cada región continental. Es incorrecto inferir una generalización genómica basada en parentescos históricos sin considerar la diversificación poblacional en función de los elementos ambientales y genéticos de cada grupo humano que habita nuestro país y que en algunos casos es similar a grupos que habitan otras regiones del continente americano.
 
Los estudios genómicos de las distintas poblaciones humanas, contextualizados en sus ambientes geográficos, cobran importancia a la luz de las explicaciones evolutivas que brindan y permiten erradicar ideas incorrectas como la de pretender homogenizar la condición (o naturaleza) humana, entre ellas la de pensar con base en conceptos que ocultan la variación como la de un “mestizaje homogéneo y generalizado”. Asimismo, proporcionan elementos para construir, en su lugar, una idea de variación poblacional que puede ser rastreada e identificada incluso a nivel individual. En una lógica de pensamiento evolutivo podríamos considerar que hay tantas condiciones humanas como personas hay.
 
Junto con las poblaciones africanas, las americanas se encuentran entre las menos representadas en términos de datos genómicos a nivel internacional, y las indígenas aún menos —las sudamericanas han estado presentes en más estudios, pero las norteamericanas muy escasamente. Como se ha señalado aquí, si bien es de suma importancia profundizar en el estudio del material genómico de todas las poblaciones humanas, lo es aún más en el de las americanas por su falta de representatividad. Esto, además, nos permitirá cambiar la narrativa de los discursos que intentan homogenizar lo heterogéneo y profundizar en el análisis de los procesos evolutivos (de diversificación) de nuestra especie
     
       
Referencias Bibliográficas
Acuña Alonzo, V., et al. 2010. “A functional abca1 gene variant is associated with low hdl-cholesterol levels and shows evidence of positive selection in Native Americans”, en Human Molecular Genetics, vol. 19, núm. 14, pp. 2877-2885.
   Ávila Arcos, M. C., et al. 2020. «Population history and gene divergence in Native Mexicans inferred from 76 human exomes», en Molecular biology and evolution, vol. 37, núm. 4, pp. 994-1006.
Reynolds, A. W., et al. 2019. “Comparing signals of natural selection between three Indigenous North American populations”, en Proceedings of the National Academy of Sciences, vol. 116, núm. 19, pp. 9312-9317.
   Fumagalli, M., et al. 2015. “Greenlandic Inuit show genetic signatures of diet and climate adaptation”, en Science, vol. 349, núm. 6254, pp. 1343-1347.
   Rivera Paredez, B., et al. 2018. “Association between Vitamin D deficiency and single nucleotide polymorphisms in the Vitamin D receptor and GC genes and analysis of their distribution in Mexican postmenopausal women”, en Nutrients, vol. 10, núm. 9, p. 1175.
     

     
Sofía Fuentes Flores
Departamento de Biología,
Facultad de Ciencias,

Universidad Nacional Autónoma de México.

Bióloga por la Facultad de Ciencias de la UNAM y MSc en Science communication por la Universidad de Sheffield, Inglaterra. Profesora de asignatura A de la Facultad de Ciencias. Redactora de la sección (Dis)capacidades de la Revista Nexos. Conductora de Radio UNAM y comunicadora de ciencia independiente.

Ricardo Noguera Solano
Departamento de Biología,
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.

Doctor en Ciencias Biológicas por la UNAM. Profesor, Titular A de T.C. de la Facultad de Ciencias, en la que ha impartido cursos desde 1996. sni nivel I. Áreas de interés: Historia de las ideas de la evolución y de la herencia; y el Origen evolutivo de la capacidad moral.
     

     
 
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Angélica González Oliver y Guadalupe E. Alarcón González
     
               
               
El origen y la dispersión inicial de los humanos en el
continente americano son temas de interés general en muchas disciplinas científicas y, durante las últimas tres décadas, han sido intensamente estudiados utilizando la metodología molecular de la genética moderna en lo que actualmente llamamos antropología molecular. Esta disciplina ha brindado conocimiento genético más específico de las poblaciones humanas directamente relacionado con la historia de quienes habitamos este planeta, en particular acerca del poblamiento del continente americano. Hoy día es aceptado por la comunidad científica que las poblaciones nativas de América descienden de individuos asiáticos que migraron durante el último periodo glacial del Pleistoceno. La llegada de los primeros individuos al continente americano probablemente ocurrió por una o varias migraciones provenientes principalmente del este de Asia durante el último máximo glacial; las fechas que han sido asignadas a este evento varían ampliamente en un rango que va de quince a cuarenta mil años de antigüedad. 
 
Muchas son las teorías y enfoques adoptados para explicar dicho poblamiento. Desde la antropología, por ejemplo, en la primera mitad del siglo xx se intentaba explicar las semejanzas fenotípicas y culturales que se observan al comparar las poblaciones nativas de América con las poblaciones de Asia y Australia; así, en 1942 el antropólogo checo Aleš Hrdliĉka propuso la teoría asiática, sugiriendo que los primeros habitantes de América descienden de poblaciones asiáticas que llegaron al continente americano, cruzando una masa de tierra llamada estrecho de Bering, que en cierto momento conectaba ambos continentes. Por su parte, en esa misma época, con base en aspectos culturales, etnográficos y antropológicos, el etnólogo francés Paul Rivet concluyó que las primeras migraciones de humanos que llegaron a América debieron provenir de diferentes regiones geográficas como Asia, Australia e inclusive Melanesia y Polinesia, propuesta conocida como teoría oceánica o multirracial; mientras que el antropólogo portugués Antonio Mendes Correa fue de los más asiduos defensores de la teoría australiana, en la que propuso que los ancestros australianos utilizaron balsas sencillas para llegar a América del Sur, probablemente siguiendo una ruta que pasaba por las islas aledañas a Australia y luego la Antártida, hasta llegar a lo que actualmente se conoce como Tierra de Fuego y Patagonia. 
 
Existe evidencia cultural de los primeros habitantes del continente americano que proporciona información valiosa. En Norteamérica se destaca la cultura Clovis, caracterizada por el elaborado tallado bifacial de puntas de lanza y flecha que se han encontrado en muchos lugares, cuyos fechamientos con carbono 14 (14C) indican que tienen una antigüedad de aproximadamente 13 000 años antes del presente, por lo que fue considerada hasta hace unas décadas como la más antigua de América. No obstante, esto cambió con el hallazgo del sitio arqueológico Monte Verde en el sur de Chile, en Sudamérica, actualmente considerado como el más antiguo de América, en donde se encontraron restos de estructuras o edificaciones de tipo habitacional, así como huesos de animales, madera, algas y otros tipos de plantas cuyos fechamientos —también empleando 14C—de artefactos y huesos indican que sus habitantes preceden a los Clovis —su antigüedad se estimó en 14 500 años pero las nuevas excavaciones sugieren que podría ser de aproximadamente 19 000 años. 
 
Marcadores genéticos
 
A lo largo del siglo xx algunas poblaciones indígenas, desde el ártico hasta el extremo sur de América, han sido caracterizadas genéticamente mediante un conjunto de marcadores, tales como grupos sanguíneos, proteínas séricas y polimorfismos enzimáticos. 
 
El desarrollo de los métodos moleculares recombinantes del adn (ácido desoxirribonucleico) y su aplicación a los estudios de las poblaciones humanas dio origen a lo que actualmente llamamos antropología molecular, la cual utiliza las moléculas del adn nuclear, cromosoma “Y” y adn mitocondrial (adnmt) como fuente principal de información para estudiar y comparar la diversidad genética, así como la ancestría entre individuos y entre poblaciones, sean antiguas o actuales. 
 
No obstante, en el caso americano los estudios de ancestría paterna entre las poblaciones, que emplean el cromosoma “Y”, se desarrolló más lentamente que los de vía materna (adnmt) debido a la gran cantidad de mezcla paterna presente en las poblaciones nativas de América, primordialmente como consecuencia del mestizaje europeo durante la conquista española; esto representó una mayor dificultad para determinar las mutaciones específicas fundadoras de origen asiático en el cromosoma «Y» de los americanos. Este obstáculo fue librado gracias a la invención de la reacción en cadena de la polimerasa (pcr), la cual hizo posible el análisis del adn antiguo. El diseño de esta metodología ocurrió gracias al descubrimiento de una enzima termoestable de replicación del adn, conocida como Taq polimerasa, y a la tecnología que permitió fabricar termocicladores automáticos para llevar a cabo la replicación de adn in vitro, amplificando millones de veces un segmento específico de adn en un par de horas. 
 
Fue Svante Pääbo, en 1985, el primer científico en demostrar que las moléculas del adn sobreviven en la piel humana por miles de años al recuperar el adn de un faraón egipcio, por lo que es reconocido como el fundador de la investigación de adn antiguo. El avance en los métodos para extraer adn antiguo de distintas muestras biológicas como tejido momificado, restos óseos, dientes, pelo y coprolitos humanos permitió el rápido desarrollo de esta área; por otro lado, los avances en los métodos de secuenciación de segunda generación y de la bioinformática a finales de los noventas permitieron el surgimiento de la genómica, disciplina que analiza el genoma nuclear o mitocondrial humano en un corto periodo de tiempo, ya sea para abordar el poblamiento americano o cualquier otra problemática.
 
Cuando se trata de la recuperación y análisis de adn antiguo existe un gran reto para los científicos moleculares: obtener resultados confiables pues siempre existe la posibilidad de que las muestras biológicas se contaminen con adn moderno de los investigadores que las estudian o de aquellos que las encontraron y recuperaron en los sitios arqueológicos. Por lo tanto, se debe adoptar una serie de medidas preventivas, desde la toma de las muestras biológicas hasta el trabajo en el laboratorio, las cuales permiten garantizar que la información genética sea fidedigna. Aunado a estas dificultades, la disposición de muestras antiguas recién recuperada de sitios arqueológicos es limitada. 
 
En los países latinoamericanos, los estudios de adn antiguo que se realizan son pocos, pues constituyen proyectos caros que requieren bastante tiempo para su realización y que los investigadores desarrollen destrezas y habilidades en los métodos de laboratorio. Sin embargo, aun escasa, la información obtenida es muy valiosa y complementa los resultados generados mediante el estudio de las poblaciones nativas contemporáneas, las cuales son, metodológicamente, más fáciles de analizar. 
 
Por sus características biológicas, el genoma mitocondrial es ampliamente utilizado para estudiar el origen y las relaciones filogenéticas de los primeros habitantes de América. Es de pequeño tamaño, tiene alrededor de 16 569 pares de bases, en cada mitocondria hay más de una copia de éste y una célula puede contener entre 1000 y 10000 mitocondrias, lo cual significa que en un individuo existen muchísimo más copias de este genoma que del genoma nuclear. También posee una tasa de mutación rápida que permite identificar diferencias entre individuos y poblaciones genéticamente cercanas, y es heredado por vía materna sin sufrir recombinación genética durante la meiosis, es decir, la información se transmite generación tras generación, de madres a hijos, sin modificaciones. Por lo tanto, la información genética del adnmt identificada en las poblaciones indígenas actuales permite inferir la genética que portaban los ancestros en su genoma mitocondrial, ya que su identificación en los individuos antiguos indica el acervo genético original que estaba presente en sus ancestros, y luego compararlo con el que presentan las poblaciones nativas actuales.
 
Con base en tales métodos, en las tres décadas pasadas ha sido posible recuperar y analizar la información genética contenida en el adn de individuos antiguos que habitaron América y Asia hace miles de años, así como en poblaciones nativas actuales que hoy habitan estos continentes, y esto ha permitido identificar mutaciones específicas que actualmente son usadas como marcadores genéticos para caracterizar a dichas poblaciones. 
 
Los marcadores genéticos en América
 
A principios de los noventas del siglo pasado, varios investigadores dedicados a estudiar el genoma mitocondrial de nativos americanos contemporáneos lograron identificar cinco grupos de mutaciones específicas, denominadas haplogrupos fundadores mitocondriales A, B, C, D y X. Cuatro de ellos (A, C, D y X) fueron caracterizados por una mutación puntual en una posición específica del genoma, mientras que el B se caracteriza por una deleción de nueve pares de bases, y se identificó que los cinco haplogrupos se encuentran ampliamente distribuidos en las poblaciones americanas, pues cada persona presenta uno de los cinco. Estas mismas mutaciones se encontraron en diversas poblaciones asiáticas y, en general, ninguna de ellas se halla en poblaciones africanas ni caucásicas. Además de los haplogrupos, se lograron identificar haplotipos y linajes específicos en la región no codificante del adnmt por medio de la secuenciación. 
 
Con toda la información recabada se propuso que los haplogrupos y haplotipos mitocondriales fundadores que están presentes en los individuos americanos tienen un origen asiático, ya que también se encuentran en el acervo genético de varias poblaciones asiáticas. 
 
En un inicio se propuso que la distribución de los haplogrupos mitocondriales en América mostraba un claro patrón para A y B, los cuales se comportan de manera contraria, mientras en el caso del A su frecuencia tiende a disminuir de norte a sur y el B muestra una tendencia opuesta; las frecuencias de los linajes C y D varían ampliamente en todo el continente por lo cual no se observan patrones claros, y el haplogrupo X se encuentra restringido al norte de América. Cabe señalar que dicho patrón de distribución de las frecuencias de los haplogrupos A, B, C y D ha ido cambiando en el continente a lo largo del tiempo. 
 
Origen de las poblaciones americanas
 
Los haplogrupos mitocondriales fundadores de las poblaciones americanas se encuentran presentes en poblaciones de varias regiones de Asia y Oceanía, pero en la mayoría de ellas sólo se encuentran uno o dos haplogrupos simultáneamente. Sin embargo, en algunas poblaciones siberianas es más frecuente la presencia simultánea de varios de ellos, en particular en la región conocida como Altai, en donde se han identificado los cinco haplogrupos mitocondriales fundadores americanos, por lo cual se ha propuesto que de esta región podrían haber salido las migraciones que eventualmente poblaron a todo lo largo el continente americano.
 
Otra teoría ha planteado que los ancestros en Asia se dispersaron en dos direcciones, una hacia el sur, dirigiéndose hacia la región polinésica, y otra hacia el norte, alcanzando la región de Beringia (estrecho de Bering) que permitía el acceso y tránsito del hombre. El paso entre Siberia y Canadá tenía las condiciones climáticas necesarias para que los habitantes humanos y animales pudieran sobrevivir, cuando las capas de hielo comenzaban a derretirse, permitiendo avanzar hacia América. Mediante estudios de adn ambiental se ha concluido que existía una flora tipo estepa, donde arbustos y árboles proporcionaban a los individuos refugio, alimento y madera. Del mismo modo se propone que estos eran refugios glaciares de animales pequeños y grandes. 
 
Posibles rutas de migración y tiempo de llegada
 
De acuerdo con lo que se sabe de las condiciones ambientales, gran parte de Canadá estaba cubierta por capas de hielo hace aproximadamente 40 000 años, posteriormente ocurrió un incremento en la temperatura que hizo posible que estas capas comenzaran a retraerse y se formara uno o varios corredores libres de hielo a lo largo de la costa del Pacífico, a través de los cuales pudieron dispersarse los primeros individuos. Específicamente se ha propuesto que pasaron por un corredor en la costa pacífica que estuvo abierto hace aproximadamente 15 000 años. 
 
Con base en la información genética se han elaborado dos hipótesis relacionadas con el número de migraciones que poblaron el continente americano. Los datos de adn nuclear sugieren que los primeros humanos cruzaron en dos o tres migraciones al continente americano; mientras que la explicación más parsimoniosa, considerando la evidencia genética del adnmt, la arqueológica y ambiental disponible, sugiere que los humanos poblaron Norteamérica en una migración de relativamente pocos individuos, que usaban ropa, venían con perros y portaban piojos en el cabello. Ésta pudo haber durado varios años, iniciando entre 25 000 y 15000 años atrás, cuando tuvieron un paso libre de hielo cerca de la costa del océano Pacífico. 
 
Esta última hipótesis encuentra apoyo en los restos de herramientas humanas encontrados en Siberia y datados en 30000 años de antigüedad, lo que sugiere que un grupo de individuos permaneció por un tiempo en Beringia y otros sitios cercanos durante el periodo en que las capas de hielo cubrían gran parte de Norteamérica, y posteriormente se movieron hacia el interior del continente, una vez que las condiciones fueron adecuadas. Cabe señalar que existen cuestionamientos a tal hipótesis, principalmente cuando se consideran los tiempos de antigüedad del Sitio Monte Verde en Chile —de hasta 19000 años antes del presente—, lo que sugiere que la llegada de los humanos a América puede ser más antigua. 
 
No obstante, la más aceptada por estar basada en estudios genéticos es que los humanos entraron por el norte del continente y debido a las condiciones favorables se movieron rápidamente hacia Sudamérica por una ruta costera del Pacífico. Probablemente la migración se movió por el norte de Canadá antes del último máximo glacial y cuando los corredores libres de hielo aparecieron se movieron por el interior del continente hacia el sur. Esto podría explicar la mayor concentración de algunos haplogrupos en Norteamérica. Para llegar al sur, los individuos pasaron por las regiones que ahora comprenden nuestro país y las colindantes, quizá encontraron que algunas zonas eran difíciles para permanecer debido a las condiciones climáticas y continuaron avanzando; una vez allí, varios factores pudieron influir en su diversificación tanto genética como culturalmente, ya que las poblaciones sudamericanas son marcadamente diferentes de las del norte, probablemente por el factor geográfico del río Amazonas o de la cordillera de los Andes.
 
Posteriormente a su llegada y distribución en el interior del continente, las poblaciones se diversificaron con el transcurso del tiempo en distintos grupos culturales conforme a las condiciones climáticas, geográficas, biológicas, culturales y de su historia regional. Incluso hoy, algunas siguen habitando las mismas regiones geográficas donde se establecieron y desarrollaron.
 
El tiempo de entrada al continente americano, el número de migraciones y de individuos son temas que aún continúan en debate seguramente se seguirán modificando en la medida que se encuentren nuevos sitios arqueológicos en Beringia y se recalibren los relojes moleculares de los marcadores genéticos utilizados.
     
Agradecimientos
Al pasante de biología Víctor Hugo Avilés Chávez por la elaboración de las figuras.
     
Referencias Bibliográficas
Gibbons, A. 2015. “Humans may have reached Chile by 18,500 years ago”, en Science, núm. 350, pp. 898-898.
   Pedersen, M., et al. 2016. “Postglacial viability and colonization in North America’s ice-free corridor”, en Nature, núm. 7618, pp. 45-49.
   Raghavan M., et al. 2015. “Genomic evidence for the Pleistocene and recent population history of Native Americans”, en Science, núm. 349, pp. aab3884-1-10.
   Reich, D., et al. 2012. “Reconstructing native American population history”, en Nature, núm 488, pp. 370-374.
   Tamm, E., et al. 2007. “Beringian standstill and spread of Native American founders”, en PloS One, núm. 2, p. e829.
     

     
Angélica González Oliver
Departamento de Biología Celular,
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.

Es profesora Titular “A” de T.C. Definitiva. Imparte materias en la carrera de Biología. Dirige el grupo de Antropología Molecular, donde analiza la variación genética de las poblaciones indígenas de las regiones culturales y geográficas de Mesoamérica y el Suroeste Americano. Ha publicado en: American Journal Physical Anthropology, Current Anthropology, plos Genetics y Proceedings of the National Academy of Sciences usa.

Guadalupe E. Alarcón González
Departamento de Biología Celular,
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.

Realizó la tesis titulada: Revisión histórica de la investigación del adn mitocondrial humano en Sudamérica relacionada con el poblamiento de América. Se tituló por la modalidad seminario de titulación en el 2017. Actualmente realiza la Maestría en Ciencias Biológicas en la Facultad de Ciencias de la unam. Su trabajo de investigación esta relacionado con la variación genética del adn mitocondrial en poblaciones indígenas del Centro de México.
     

     
 
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