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La diáspora
de los científicos latinoamericanos
Silvia Torres
   
   
     
                     
El principal problema originado por la salida de los
científicos de los países latinoamericanos ha sido la precaria economía de sus países, que en los últimos años ha tenido un franco deterioro, además de la disminución en el impulso global a la ciencia y la tecnología. En lo anterior coincidieron durante los días 18 y 19 de junio pasado, representantes de trece países latinoamericanos (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, Honduras, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela) que se reunieron en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, para discutir el problema de la fuga de cerebros en sus respectivos países, dentro de la reunión anual de la RELAB (Red Latinoamericana de Ciencias Biológicas) en la cual cada país dio a conocer los principales problemas por los que atraviesa su investigación científica, y al final se intentó llegar a una serie de acuerdos multilaterales de ayuda recíproca entre quienes integran dicha red.
 
En países como Argentina, Chile y Uruguay, otra causa de emigración, desde 1970, fue la de tipo político. Muchos investigadores fueron perseguidos por sus ideas y tuvieron que buscar nuevos lugares donde desarrollar su trabajo.
 
En Venezuela, Brasil y México, el motivo fundamental ha sido el poco apoyo a programas de desarrollo tecnológico. Además, los científicos encuentran mejores posibilidades de llevar a cabo su trabajo en lugares que cuentan con mayor infraestructura para la investigación.
 
Para países como Bolivia, Honduras, Colombia, Perú, las principales causas de la emigración ha sido la carencia o casi ausencia de posgrados. Al no existir una política real para formar grupos de investigación, —el mercado de trabajo es escaso y limitado aunque potencialmente exista un campo virgen para ello— los científicos se sienten atraídos por lugares que poseen mayor infraestructura y permanecen en los países donde realizaron sus posgrados. Además, en general, las universidades estatales son las que realizan la mayoría de las investigaciones y las empresas privadas se interesan poco en participar en proyectos de “punta”.
 
Entre las propuestos globales de la reunión, se acordó impulsar más los programas de maestría y doctorado, apoyar programas de becas para países latinoamericanos, impulsar programas de cooperación; promover en mayor grado las carreras vinculadas a la biología: analizar con cuidado las causas de la disminución de la matrícula en áreas como química y biología, incrementar la participación de los científicos en el diseño de programas de carrera, además de la elaboración de libros. Se señaló que es necesario vincular en mayor medida a los científicos con la sociedad; financiar programas de divulgación; convencer a los gobiernos de dar mayor apoyo a la ciencia y, lo más importante: reivindicar esta área del conocimiento humano y lograr que sea considerada como parte integral de la cultura en los países de América Latina.
 
En una entrevista, Ennio Candotti, Presidente de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC), señaló que los científicos en Brasil poseen instrumentos de apoyo como son los Consejos Estatales, auspiciados por el Banco de Desarrollo, en los cuales absorben parte de las necesidades de investigaciones y reciben también ayuda de las fundaciones locales (FINEP’S) vinculadas a los presupuestos del Estado. Sin embargo, estas últimas sufren de inestabilidad por las fluctuaciones inflacionarias, lo que origina grandes problemas para los programas científicos; es importante, por tanto, encontrar instrumentos de apoyo menos vulnerables.
 
Reciben dinero asimismo de fundaciones internacionales como la UNESCO, OEA, o bien de fundaciones particulares como la COBRA (una compañía bastante fuerte en el campo de la computación), además de otras empresas privadas y del propio Estado.
 
Para respaldar sus proyectos científicos, Brasil cuenta además con una comunidad que forma un “colegio invisible”, que aunque no tiene una expresión política, a lo largo de los años ha permitido la creación de mecanismos de cooperación científica.
 
La Sociedad Brasileña Para el Avance de la Ciencia tiene pocas revistas científicas a nivel nacional e internacional y es evidente la necesidad de divulgar más la ciencia. Un ejemplo concreto de lo que puede ser la cooperación científica en Latinoamérica son las revistas Ciência Hoje de Brasil y su homóloga argentina Ciencia Hoy, que han establecido un canal de información abierto manteniendo cada una su total autonomía.
 
Candotti propuso la idea de vincular un porcentaje de las inversiones del BID en América Latina para esta cooperación regional, la que, de discutirse mejor entre los países que integran la red y aprobarse permitiría un mayor intercambio y sería el primer paso para la creación de una fundación no gubernamental capaz de reunir los fondos necesarios para programas científicos. Esta fundación podría ser dirigida por un consejo representado por integrantes de cada país, que diese continuidad y estabilidad a los programas.

La mayor dificultad estriba en que los bancos internacionales no sienten mucha simpatía por el fomento a la ciencia ni financian proyectos de este tipo, fácilmente.
 
Señaló también que debería aprovecharse el hecho de que en Estados Unidos también existe el problema de fuga de cerebros, pues sus investigadores emigran hacia Europa debido a la caída de las inversiones en ciencia.
 
En un artículo publicado en Science de enero de este año, los científicos americanos se quejan de las mismas cosas que los latinoamericanos, es decir, existe una emigración de científicos para Europa y lo más importante es la caída de inversiones en ciencia; mientras en 20 años los investigadores se multiplicaron por 4, las inversiones crecieron apenas 20%. Otro aspecto que preocupa es el de los costos crecientes de la investigación, ya que el sobregiro de las universidades pasó de 18% a 30% en el último año, lo que significa que hacer ciencia en Estados Unidos es muy caro. Esto puede ser una ventaja para los países latinoamericanos pues de iniciarse la cooperación recíproca permitiría abrir espacios de discusión para un entendimiento con la comunidad científica norteamericana a futuro.
 
Se mencionó además que mientras en Japón invierte el 2.8% del PIB, Europa el 2% y Alemania el 2.6%, los Estados Unidos tan sólo dedican el 1.8%, ya que el dinero extra se canaliza para la investigación en armamentismo. “Los científicos norteamericanos están muy preocupados por el hecho de que han ganado premios Nobel por investigaciones que se hicieron antes de los años setenta, lo que significa que hace mucho tiempo que los americanos no ganan un nobel por investigaciones realizadas en la ultima década.”
 
Finalmente, Candotti añadió que debido al creciente interés por la biodiversidad, que es ahora un concepto estratégico, —en los medios de política científica, se le da una gran importancia, aunque todavía no se comprenda su significado y su valor en términos de investigación y mucho menos en términos políticos más amplios— en los próximos años, las ciencias biológicas recibirán fuertes apoyos en esta área, lo que deberá ser aprovechado por los países latinoamericanos.
 
El Dr. Roberto Caldeyro-Barcia, director del Programa Nacional para el Desarrollo de las Ciencias Básicas (PREDECIBA), señaló por su parte, que en Uruguay la ciencia y la tecnología todavía son incipientes porque el gobierno no considera que desarrollarlas sea un medio para mejorar el nivel de vida de los uruguayos, además de que el panorama científico empeoró durante los doce años de dictadura militar.
 
“Afortunadamente, el nuevo gobierno ha mostrado interés en este problema, a tal grado que en 1987 surgió la idea de crear el PREDECIBA para apoyar el desarrollo científico básico.”
 
Los objetivos del PREDECIBA son crear un sistema interdisciplinario en las áreas de biología, informática, física y matemáticas de alto nivel científico y formar recursos humanos a nivel de maestría y doctorado. Es muy interesante que entre 1986 y 1987 el programa logró repatriar a 64 científicos uruguayos, biólogos en su mayoría, además de matemáticos, físicos y químicos, diseminados en Francia, Suecia, Brasil, España, Estados Unidos, Venezuela y Suiza.
 
Para sus proyectos en ciencia, el PREDECIBA cuenta con un convenio entre el Ministerio de Educación y Cultura, y la Universidad de la República. El BID es el que aporta fondos y la universidad toda la infraestructura administrativa. Los gastos de administración representan el 8% del total del programa, las actividades que más apoyo reciben son investigación y becas para posgrado, que representan el 51% del presupuesto; las invitaciones a profesores extranjeros se llevan el 41% restante.
 
Existen 156 estudiantes de maestría y 41 de doctorado, de los cuales 127 están en biología; han egresado hasta ahora 18 de maestros y 7 doctores, todos en biología.
 
articulos
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Silvia Torres
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 
 
 
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cómo citar este artículo 
Torres, Silvia. 1991. La diáspora de los científicos latinoamericanos. Ciencias núm. 24, octubre-diciembre, pp. 64-66. [En línea]
 
 
 
 
  

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