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El signo
Juan Carlos Zavala Olalde
   
   
     
                     
El mundo lo conocemos por medio de nuestros sentidos y por
la interpretación que el cerebro hace de lo que aquellos sentidos le proporcionan. Otra forma de hablar de este proceso del conocimiento es decir que conocemos el mundo por medio de signos. Entonces resulta llamativo aprender lo que es un signo para saber con claridad nuestro modo de conocer el mundo. Porque, por si fuera poco, también es con signos como los seres humanos nos comunicamos, no sólo sobre las cosas del mundo, sino también lo que ocurre en nosotros mismos, en nuestro interior.

Existen dos propuestas dominantes sobre lo que es un signo. La primera, dada por Saussure, dice que el signo es la unión indisociable de un significado o concepto y un significante o producción sonora, y esa unión es tal, que parecen las dos caras de una misma moneda. La otra propuesta fue desarrollada por Pierce, para quien un signo es el resultado del proceso de semiosis de tres elementos: un representamen, la forma que el signo toma, un interpretant, que no es el intérprete sino el sentido que el signo genera, y un objeto, que es aquello, más allá del signo, al cual se refiere.

En ambas nos encontramos con una unidad por la cual conocemos el mundo. El carácter de unidad, ya sea dicotómico en Saussure o tríadico en Pierce, se da entre un contenido, un elemento que es el signo con el cual conocemos, y una forma material del mismo con la que nos comunicamos. Si bien los autores mencionados propusieron modelos muy valiosos, considero que es muy comprensible y 
didáctico conocer el signo a partir de un esquema sencillo (figura 1).
 
 figura1109B05
 Figura 1. El signo y su relación con el referente
 
El signo es todo lo contenido dentro del círculo y, como un todo, se refiere a la unidad del signo. En su interior encontramos la unión de tres elementos, de ahí que sea un triángulo el que los represente gráficamente, y ésta se da por la semiosis, un proceso mental que depende de la facultad de generar signos, propia de nuestra especie, al punto que por ella Daniel Chandler nos llama Homo significans, constructores de significado. La semiosis entonces permite que un significado, un significante y el pensamiento en la mente se unifique en un único todo. Para que esto sea posible debe darse también un proceso de relación entre el significado o contenido conceptual y el significante, relación que recibe el nombre de significación y que es, desde luego, fundamental porque provee un significado, un valor de verdad y una relación del signo con un referente.

El referente es una cosa del mundo, un proceso, una función o una relación, ya sean reales o de cualquier mundo posible, y se encuentra ligado por líneas que dependen del contexto cultural y ontogénico del desarrollo del signo. Así que el signo se relaciona con el referente dependiendo del aprendizaje cultural que tenemos del mundo.
 
El signo es entonces esa unidad que existe en nuestras mentes, es lo que utilizamos al pensar el mundo y para comunicarnos. Incluso, es de tal valor que cada una de las palabras de este texto son signos y mediante ellos hemos buscado comprender qué es un signo. Esto se debe a que no existe un solo modo de ser de los signos, sino al menos tres modos de ser.
 
Según Pierce, los tres modos de ser de los signos son: como íconos, como índices y como símbolos. La diferencia entre los modos de ser de los signos radica en su grado de arbitrariedad, la cual está señalada en la figura con la conexión que hacen las líneas entre el referente y el signo, y quiere decir hasta qué punto un signo es semejante y recuerda al referente (el modo icónico de ser del signo, como la maqueta de un edificio), hasta dónde el signo tiene una relación causal o física entre el referente y el significado (el modo indiciario de ser del signo, como un dolor que es señal de que algo pasa en el cuerpo) y hasta donde la relación entre el referente y el signo es una convención social (el modo simbólico del ser del signo, como las palabras de este texto).
 
En síntesis, es por los signos y sus modos de ser que conocemos el mundo, aprendemos de él, nos comunicamos entre nosotros.
Finalmente vivimos construyendo un mundo de signos de forma tan natural que pocas veces reflexionamos en que así es nuestra cotidiana forma de vida.
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Referencias bibliográficas

Chandler, Daniel. 2002. Semiotics: the Basics. Routledge, Londres. 2007.
Peirce, Charles S. 1986. La ciencia de la semiótica. Nueva Visión, Buenos Aires.
Saussure, Ferdinand. 1916. Curso de lingüística general. Fontamara, México. 1998.
     
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Juan Carlos Zavala Olalde
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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