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Alfonso Arellano Hernández
     
               
               
0 Mensch! Gib acht!
Was spricht die tiefe Mitternacht?
Ich schlief!
Aus tiefen Traum Un Ich erwacht!
Die Welt ist tief,
und tiefer, als der Tag gedacht!
 
(¡Hombre! ¡Atiende!
¿Qué dice la profunda medianoche?
¡Duermo!
¡De profundo sueño despierto!
¡El mundo es profundo,
y más hondo de lo que el día concibe!)
 
F. Nietzsche,
Así hablaba Zaratustra
 
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Todos los que vivimos en grandes ciudades, llenas de luz eléctrica, pocas veces podemos admirar la magnificencia de la bóveda celeste, en particular durante la noche. Resulta indescriptible la sensación de volver los ojos a lo alto y contemplar el espacio infinito, oscurísimo, salpicado de luces —blancas, rojas, azules—; unas fijas, otras titilantes y algunas fugaces (amén de los satélites artificiales que ensucian la órbita de nuestro planeta).
 
Y la impresión es aún más fuerte cuando sabemos que muchos de tales astros se apagaron antes de que la especie Homo sapiens apareciera sobre la Tierra.
 
Sin embargo, todavía existen sitios desde los cuales podemos apreciar el cielo nocturno y el movimiento de los astros. Entre ellos se encuentran las ruinas mayas.
 
Ahora bien, ¿cuántas veces hemos incursionado por alguno de los aspectos de la civilización maya, y hemos observado que se mencionan sus profundos conocimientos cronológicos y astronómicos? Muchas, tantas que comúnmente se considera que los mayas eran los más grandes observadores del Cielo.
 
En la actualidad, el desarrollo de los estudios acerca de la escritura jeroglífica de los mayas —epigrafía— ha permitido afinar nuestros conceptos acerca del nivel que dicho pueblo alcanzó en sus observaciones celestes. Así, en las páginas siguientes presentaré un caso de los más interesantes, que se encuentra registrado en diferentes inscripciones del sitio hoy ubicado en el estado de Chiapas y que se conoce con el nombre de Palenque. En particular, los datos proceden de los tableros conocidos como "de la Cruz", "de la Cruz Foliada" y "del Sol".
 
Un reinado singular
 
El 10 de enero de 684 d.C.,1 Chan Bahlum (Jaguar Serpiente) II se entronizó como señor de Palenque. Fue el primogénito de Pacal (Escudo) II y la señora Ahpo Hel (Señora del Linaje). Nació un 10 de abril de 635 d. C, cuando su padre tenía 32 años de edad, y fue nombrado sucesor al trono casi a sus seis años, el 14 de junio de 641. Chan Bahlum II legitimó su entrada al linaje asociándola con la de su antepasado Kan Hok Chitam (Pécari Nudo Precioso) I, suceso que había ocurrido 145 años antes, es decir, en 496 d. C. De esta manera, Chan Bahlum II mostraba públicamente la aceptación de los dioses y de los abuelos para gobernar Palenque.
 
Por otro lado, el primer vínculo que nuestro personaje estableció con los sucesos astronómicos se dio bajo la forma de un nombramiento. El 19 de junio de 641, Chan Bahlum II recibió el título de k'in k'in (Sol), entre otros muchos, al mismo tiempo que se decía pariente de un dios. Como puede observarse, la adquisición del título fue muy próxima al solsticio de verano (en el calendario gregoriano).
 
Asimismo, el hecho corresponde a la iconografía del Tablero del Sol (figura 1). En él se aprecia una imagen del escudo solar que representa al Sol Jaguar del Inframundo, apoyado en dos lanzas a su vez colocadas sobre una especie de trono bicéfalo. El conjunto implica que Chan Bahlum II reforzó su designación al trono de Palenque como "Sol": así se hacía responsable de que el Cosmos permaneciera, y se identificaba con el dios Sol Jaguar del Inframundo, que crea y favorece la vida. Chan Bahlum II era, pues, un dios humanizado o un humano deificado.2 Al cabo de varios sucesos, incluida la muerte de su padre (el 28 de agosto de 638), Chan Bahlum II pudo sentarse en el trono. Esto ocurrió el 7 de enero de 684 d.C., cuando tenía casi 50 años de edad.
 
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Figura 1. Tablero del Templo del Sol, Palenque. Dibujo de Linda Schele, en Arellano, 1988: passim.
 
La alteración del Cosmos
 
Lo más espectacular durante su reinado fue que —en paráfrasis libre del texto glífico— "los dioses se hicieron compañía" el 20 de julio de 690 d. C. Las inscripciones señalan que intervinieron las deidades de la Tríada: G I, G II y G III.3 Al mismo tiempo se cumplían 75 años de la llegada de Pacal II al trono.
 
Acerca del suceso astronómico (figuras 2 y 3), algunos mayistas consideran que fue la coincidencia de los puntos estacionarios de Saturno y Júpiter en sus órbitas, para reiniciar su camino (movimiento retrógrado), después de haberse aproximado a Marte y entrar los tres en conjunción superior con la Luna. Además, los cuatro planetas estaban en Escorpio.4
 
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Figura 2. La bóveda celeste en 19 de julio de 690 d. C. Vista desde Palenque, 8:00 pm.
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Figura 3. La bóveda celeste en 20 de julio de 690 d. C. Vista desde Palenque, 8:00 pm. Fecha registrada como 2 cib 14 mol en el Tablero de la Cruz Foliada y del Sol.
 
Un día después (21-VII) (figura 4), Chan Bahlum II inauguró un edificio al que llamó "Casa Occidental del Quetzal" (probablemente un templo en honor del fundador de la dinastía palencana). Dos días más tarde (figura 5), el señor realizó una invocación a un dios celestial, por medio de un autosacrificio, con el fin de volver el Cosmos a la normalidad.5
 
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Figura 4. El Cielo el 21 de julio de 690 d. C. Vista desde Palenque, 8:00 pm.

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Figura 5. El Cielo el 23 de julio de 690 d. C. Vista desde Palenque, 8:00 pm.
 
En el cuadro 1 se presentan los datos relativos a las figuras 2, 3, 4, y 5.
 
 
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 Cuadro 1
 
 
La importancia del suceso celeste fue tal que también se halló registrado en un adorno de jade. Si bien la joya fue recuperada del cenote Sagrado de Chichén Itzá,6 formaba parte de un collar que, por la inscripción que presenta, pertenecía sin lugar a dudas a Chan Bahlum II de Palenque.
 
Después de los sucesos relatados, su reinado transcurrió con relativa tranquilidad. Se dedicó a celebrar algunos acontecimientos, como su octavo año en el trono (el 7 de enero de 692) y la dedicación de los templos de la Cruz, Cruz Foliada y Sol, hacia el equinoccio de primavera, el 15 de marzo de 692 d.C.7
 
Chan Bahlum II de Palenque murió un día 16 de febrero del año 702 d. C. Fue sucedido por su siguiente hermano, Kan Hok Chitam (Pécari Nudo Precioso) II.
 
Los cielos y los hombres
 
Si bien el ejemplo expuesto es muy específico de una ciudad y un momento determinados, no se trata de una excepción en lo que toca a toda el área maya. A lo largo y ancho de la región, durante el lapso prehispánico de la historia de los mayas, encontramos registros glíficos cuyo análisis cuidadoso ofrece ricos datos acerca de las nociones astronómicas de dicha cultura.
 
Las peculiaridades de los acontecimientos, sin embargo, no suelen presentarse de manera explícita en los glifos —al menos no todavía, de acuerdo con los avances actuales de la epigrafía. Hasta la fecha, el único método que ha demostrado su valor es la conversión de los calendarios mayas al cristiano, tomando en cuenta tanto el juliano como la corrección gregoriana. En seguida, hay que acudir a los modernos programas para computadoras, que tienen la cualidad de mostrar la bóveda celeste —así como las posiciones de los planetas— en cualquier fecha.
 
De esta manera, el interés de los epigrafistas por la astronomía adquirió mayor empuje cuando, en la primera mitad de la década de 1980, se reveló el caso palencano. Es decir, se suponía que en la fecha maya 9.12.18.5.16 2 cib 14 mol (20-VII-690 d. C.) había ocurrido "algo" relacionado con la bóveda celeste, dado que el glifo verbal asociado representaba al cielo "invertido" o cabeza abajo; sin embargo se desconocía su significado. Éste pudo definirse gracias a la cooperación entre epigrafistas y astrónomos, pues con el manejo de computadoras se supo que había ocurrido una conjunción entre la Luna, Marte, Júpiter y Saturno.
 
Entonces se buscó una interpretación del glifo verbal "cielo invertido" y se encontró que era "acompañar", en tanto que los dioses actores del suceso se identificaron con dichos astros. A partir de entonces, se han realizado pesquisas en las numerosas inscripciones de los diferentes sitios mayas para tratar de definir los eventos astronómicos. La lista obtenida, hasta el momento, es larga e incluye conjunciones —muchas de ellas entre Venus y el Sol—, puntos estacionarios, eclipses solares y lunares, al igual que la proximidad de los planetas con algunas constelaciones, como ejemplo Escorpio, Géminis, Orión, Osa Menor y la propia Vía Láctea. Para llegar a este tipo de resultados, ha sido básico el trabajo interdisciplinario.
 
En otro sentido, se ha corroborado el papel que los acontecimientos celestes desempeñaban dentro de la vida cotidiana de los antiguos mayas. Los gobernantes, dado que personificaban a los dioses, se contaban entre los pocos seres terrícolas que podían alterar o conservar el transcurso de la vida de los hombres y el orden del Cosmos entero. En el ejemplo del acontecimiento de 2 cib 14 mol fue necesario que Chan Bahlum dedicara un edificio al primer abuelo y que regara sangre para invocar a un dios, todo ello con el fin de volver el Universo a la normalidad.
 
Como dije anteriormente, no se trata del único ejemplo que las inscripciones mayas ofrecen sobre los asuntos astronómicos, pero sí es uno de los más interesantes. En cuanto a los demás, baste por el momento considerarlos —por sus singularidades— como la herramienta idónea para realizar un mejor acercamiento a las nociones que los mayas tenían acerca del inmenso cielo y de los seres que en él habitan.
 
Notas

1. La conversión de las fechas mayas a cristianas se ha realizado en calendario juliano. Para los casos gregorianos sólo deben agregarse tres días.

2. V.ide Schele, 1976: 9-35; Cohodas, 1976:155-177.

3. Los bautizó Heinrich Berlin, 1963. Las letras quieren decir "God I [one]", "God II [two]" y "God III [three]". En fechas recientes, Shele y otros epigrafistas han tratado de rebautizarlos en maya yucateco, leyendo los glifos que forman parte de los nombres de dichos dioses; vide al respecto Schele y Miller, 1986, passim; y Freidel et ai, passim.

4. Lounsbury, en Schele, 1982: 23:3. Cfr. Kelley, I980,passim; Schele y Miller, 1986: 278, nota 11, y Freidel et ai, 1994, passim.

5. Schele, 1993: 120 y ss.

6. Proskouriakoff, 1974: 110-111, 203-210, lám. 75a. La autora destaca que la pieza mostraba rastros de haber sido quemada, y considera que fue obtenida por saqueo de alguna tumba de Palenque —cuando ésta fue abandonada— y arrojada más tarde al Cenote.

7. Recordar que las fechas están en calendario juliano.

     
     
Referencias bibliográficas
 
Arellano Hernández, A., 1988, La historia maya prehispánica. Otra perspectiva a través de sus inscripciones. Palenque, tesis, México, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, 169 pp., 110 ilus.
Aveni, A et al., 1980, Astronomía en la América antigua, México, Siglo XXI, 325 pp., ilus. (América Nuestra, 25).
Berlín, H., 1963, "The Palenque Triad", sobrearo de: Journal de la Société des Américanistes, Nouveüe Serie, París: LII, 91-99, ilus.
Cohodas, M., 1976, "The iconography of the panels of the Sun, Cross and Foliated Cross at Palenque, part III", en, Greene Robertson, Merle, (ed.), Segunda Mesa Redonda de Palenque. The art, iconography and dynastic history of Palenque, Peeble Beach, The Robert Louis Stevenson School: III, 155-176, ilus.
Freidel, D. et al., 1993, Maya Cosmos. Three thousand years on the shaman's path, Nueva York, William Morrow and Company, Inc., 543 pp., ilus.
Kelley, D., 1980, "Tablas e inscripciones astronómicas mayas", en: Aveni, A, et ai, Astronomía en la América antigua, México, Siglo XXI, 1980: 84-104, ilus.
Proskouriakoff, T., 1974. Jades from the Cenote of Sacrifice: Chich'én Itzá, Yucatán, Cambridge, Harvard University Press, XVIII + 217 p., ilus., (Memoirs of the Peabody Museum of Archaelogy and Ethnology).
Schele, L., 1976, "The Palenque triad. A visual and glyphic approach'', en: Actes du XCII Congrés International des Américanistes, París, 1976: VII, 407-423, ilus.
Schele, L., 1982, Maya glyphs. The verbs, Austin, Texas University Press, 427 pp., ilus.
Schele. L., 1993, Notebooh for the Maya hieroglyphk uniting workshop at Texas, Austin, Institute of Latin American Studies, University of Texas at Austin, 275 pp., ilus.
Schele, Linda y David Freidel, 1990, A forest of kings. The untold story of the Ancient Maya, Nueva York, Willliam Morrow and Company, Inc., 542 pp., ilus.
Schele, L. y M. Miller, 1986, The blood of kings. Dinasty and ritual in Maya art, Forth Worth, Kimbell Art Museum, 347 pp., ilus.
     
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Alfonso Arellano Hernández
Coordinación de Humanidades,
Universidad Nacional Autónoma de México. 
     
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como citar este artículo 
Arellano Hernández, Alfonso. 1995. El profundo cielo de los mayas. Ciencias, núm. 39, julio-septiembre, pp. 4-8. [En línea].
     

 

 

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