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Daniel Nahmad Molinari
     
               
               
Yo nací el 11 de agosto de 1917. Después de los seis años
nuestros abuelos se encargaban de contarnos nuestras tradiciones hasta que ellos finaron (murieron). Mi abuela murió en 1930, a la edad de 130 años. Nos llevaban a las pirámides; sólo se veía un camino que pasaba alrededor de la Pirámide de los Nichos y un camino al Tajín Chico; solamente se veían las paredes de los edificios A y B (se refiere a la nomenclatura de los edificios dada por don José García Payón). De ahí se encaminaba uno al Juego de Pelota Norte; era todo una selva. Ahí se habían conservado las piedras, ahí se sentía una fuerza escalofriante, como si fuera una corriente eléctrica; ahí escuchaban las aves los ruidos de ahí.
 
De regreso descansábamos en la Pirámide de los Nichos, que era la casa de los Tdajinin, la casa de los truenos. De ahí regresábamos y cruzábamos un arroyo en donde había muchos pescados llamados en español truchas. Veníamos y los abuelos nos venían contando lo que había en esa selva enorme. Pero ¿cómo sabían los abuelos lo que había en esa selva?, no lo sé, pero ellos me contaron, mis abuelos. En 1928 el maestro de la escuela nos llevaba a ver la pirámide que no estaba trabajada.
 
A los seis años a un hermano y a mí nos llamaba mucho la atención el cielo, porque los abuelos nos hablaban mucho de él. En una noche de Luna mi hermano y yo buscábamos subimos al ciruelo y tratar de tocar la Luna con una rama; los abuelos nos decían que un humano no puede andar en la Luna porque en ella ya pasó el ambiente bueno, ya no se puede vivir, pero si uno brinca lo suficiente le puede dar la vuelta a la Luna.
 
Los abuelos dicen que en la Luna existe un conejo. De por sí una de las columnas (se refiere a las columnas arquitectónicas cubiertas de relieves que se encontraron precisamente en el llamado Edificio de las Columnas), muestra un eclipse en el que otro animal está devorando al conejo. Cuando la Luna se estaba eclipsando, ellos decían que era otro animal que se estaba comiendo a la Luna y demostraban que se lo estaba comiendo otro animal.
 
Lo mismo con las nubes: los abuelos nos enseñan que las nubes nos enseñan esto, esto y esto. Como ejemplo, una tempestad nos la dicen las nubes. Tempestad se dice tapala en totonaco y quiere decir culebra, culebra de agua, así le llamaban a la vez pahun cuando se acerca un ciclón y viene sonando el pahun que es la culebra, que se mueve con el aire; es una tromba que donde caía se formaba una laguna enorme. Por eso se dice que da vida y da muerte, porque después del destrozo va a haber vida, porque habrá agua y peces que se podrán sacar, y además humedece la tierra. Ellos leían la vegetación tanto como el cielo, y así cuando iba a haber mucho frío, sabían por ver el cielo; y así decían que deberían dar esa información a los hijos.
 
Ellos decían que un día iba a cambiar todo, porque el hombre iba creciendo e iba a transformar la vegetación, que un día este planeta se va a volver piedra porque el hombre está causando muchos problemas a la naturaleza. Y nos estamos dando cuenta de que la vegetación está decayendo y no crece por la contaminación y porque el agua y el abono natural ya no alcanzan, porque hay mucha gente que ocupa más tierras y ya no hay abono. Está sucediendo a gran prisa lo que dijeron los abuelos.
 
Ellos decían: cuando el hombre se dé cuenta ya será demasiado tarde, se están empleando matahierbas, se está contaminando la tierra y el agua y el aire, confirmando lo que los abuelos decían, y como nadie quiere creer vamos al fracaso y no vamos a lograr nada.
 
Los abuelos hablaban de cosas fuera de nuestro mundo, de otros mundos, era de lo que más hablaban. Pero ¿cómo se dieron cuenta de que existían otros mundos? Hay un fluir del que viven unos seres que no son humanos, son individuales y viven de ese fluir, cosa que los humanos con nuestro materialismo no vamos a lograr. Eso lo lograron los antiguos, buscaban ese fluir y así debería de ser.
 
En la Luna vivieron hombres que no cuidaron todas las cosas buenas que les fueron; así se va a destruir este planeta y estamos viendo que todos los datos se están comprobando.
 
Los abuelos siempre buscaban esa fuerza, sin descansar, por eso consultaban a los seres extraños, invisibles, y lograban muchas cosas nuevas, porque se recibían esa fuerza de los extraños y se dieron cuenta que existen buenas cosas que el hombre no encuentra porque existen lejos del hombre.
 
El hombre ha pensado conquistar otros mundos, para poder lograr otras cosas que ningún ser está facultado, para vivir en otros mundos a los que llegará el hombre. Pero no se puede vivir en otros mundos porque el ambiente no es favorable para vivir.
 
Si un niño a los cinco o seis años empieza a caminar y se encamina a la Luna, llegaría muy anciano y nunca podría regresar porque moriría en el camino.
 
Nosotros seguimos pensando que con todo lo que hace el hombre no ha logrado nada. Yo que trabajé 30 años en la zona arqueológica del Tajín, platiqué con mucha gente de todo el mundo, con todos los que viajaban a la zona arqueológica, y hablé con ellos preguntándoles; me gustó mucho.
 
El Tajín es un ser invisible, intocable, porque no es como nosotros, porque no se alimenta como nosotros, porque no muere como nosotros.
 
Yo quisiera preguntarles, les decía a los visitantes, qué es el trueno en sus países; se menciona que es una fuerza, un choque de aire y agua que produce ruido. Para nosotros no es igual a lo que opinan en científico: los abuelos dicen que eso tiene vida, que ningún hombre lo puede tocar ni ver. Hemos visto tanto tiempo un huracán que destruyó nuestras casas y no se oyó ningún ruido; esos truenos son servidores de uno más grande. Cuando los tajinini reciban órdenes de destruir este planeta acabarán con él en 20 minuto.
 
Con la fuerza eléctrica se destruiría lo que el hombre hizo; si lograra tocar esa energía y no se muriera la manejaría realmente; si el hombre la manejara no habría enfermedad. Si todos practicamos, si todos buscamos esa fuerza, ese fluido que los abuelos buscaron, viviríamos igual y no habría ninguna desigualdad, porque ya no estaríamos utilizando la amistad del mal.
 
Habría un fluido que a nosotros nos lleva y habríamos mantenido este planeta que era tan bueno. Pero al perder esto estamos condenados a perder la tierra, a comer animales y a destruir este planeta y a trabajar; nuestra fuerza era el fluido buscado por los abuelos, que es la vida.
 
Los investigadores de nuestro tiempo según a su manera explican el Tajín, pero los que guardamos las tradiciones, a nosotros no nos convencen los datos porque nuestros abuelos dicen otras cosas.
 
Algunos investigadores han hablado, pero no dicen todo porque tienen miedo, porque serían considerados como locos. Por ejemplo, los abuelos dicen que ellos pueden viajar a otros mundos sin la fuerza de un aparato, sino que por la preparación que tenían ellos viajaron, preparándose espiritualmente para alcanzar esa fuerza que no se ve, que es la mejor, la que debíamos haber buscado para que nuestro planeta se conservara.
 
En México existía una fuerza que se va destruyendo porque hemos copiado de otros países, porque nos han conquistado.
 
Los datos de los abuelos se están comprobando.
 
Hay tantas religiones que nos están destruyendo, porque se está viviendo del creyente, porque la religión de los abuelos era para aprender, era para ellos, no para vivir de ella. Nadie puede tener la riqueza que tú tienes. Se destruye el cuerpo, pero hay una fuerza que hay que buscar.
 
Mi abuela murió de 130 años, otro abuelo de 125, y mi mamá de 115. Todos los relieves que vemos en la zona son la tradición, antes de la llegada de los españoles; los relieves hablaban de antes de Cristo y también de después. Nos hemos progresado mucho después de Cristo, el hombre solamente iba a lograr un intercambio hombre-planta, ahí está en las piedras del Tajín.
 
Los abuelos nos dejaron datos tan importantes pero sólo dejaremos lo que vemos, cosas malas; no estamos dejando nada positivo para el planeta, se va a quedar nuestro planeta sólido (solo), sin gente, como le sucedió a la Luna.
 
Los abuelos dicen que este es el único planeta cerca del Sol que tiene vida, no es el camino reforestarlo; nosotros debíamos haber encaminado lo que es provechoso para nuestro planeta, pero ya no se va a lograr nada.
 
Los datos que te doy me gusta que se lean; nosotros conservamos la tradición de los abuelos, nuestros abuelos eran totonacas que nos dejaron tradición porque solamente querían lo que da este planeta.
 
Yo siempre he hablado, he hablado mucho; hay gentes que dicen que se aburren de mis pláticas, pero yo creo que para que los investigadores alcanzaran algo de lo que investigan, sería si aprendieran perfectamente el dialecto y a la vez la tradición del lugar. Aquel que lo lograra aquí en el Tajín sacaría mejores datos que nadie; sería criticado en un principio, pero después demostraría su razón, porque no sería su fuerza, sino que sería otra fuerza, porque los relieves no están muertos, están vivos; así se podría demostrar la fuerza de los abuelos, la tradición se escribió en las piedras.
 
Yo trabajé con García Payón en el Edificio C; yo era albañil; ahí pude ver lo que dejaron los conquistadores del Tajín cuando se fueron los toltecas. Encontramos una mujer que estaba en una estela, la mujer la habían hecho los toltecas porque los antiguos no adoraban a las personas, eso era de los toltecas porque los antiguos no adoraban a las personas, eso era de los conquistadores. Los totonacos partieron la pieza y la voltearon, usando la figura de mujer como asiento de un relámpago que es el mismo Tajín, que es la fuerza verdadera; se comprende pues que cuando se fueron los conquistadores los totonacos quisieron reconstruir el Tajín, pero ya eran pocos, ya se los habían llevado.
 
Aquí hay muchos toltecas que no saben nada de la tradición como sí lo sabemos los originales totonacos; yo estoy firme de lo que es nuestro. Por eso yo tampoco acepto lo que trajo el español, porque no hay ninguna unión buena; porque no hay unión, no hay obediencia.
 
Cuando teníamos un camino señalado para salvar este planeta, como señalaban los abuelos, se vive en otro planeta donde hay todo pero nada se consume. Hay algunos que viajan y comprueban que no hay frío, no hay Sol, no hay nada porque no se necesita, se progresó de tal forma que ya no es necesario.
 
Hay algo misterioso para nosotros, hay necesidad de la muerte. Cuando alguien muere, por su reencarnación se llega a saber. Hay una consideración de un invisible poderoso; para que un hombre progrese debe buscar ese fluido que lo volverá poderoso.
 
Cuando muere el hombre, si tuvo ese fluido reencarnará y viene progresando con los ideales y conocimientos, va sabiendo muchas cosas, va leyendo, descubre muchos planetas, muere después y ya va tan avanzado que tiene una fuerza que no tiene quien no practica esa fuerza. En la séptima reencarnación el hombre está lleno de ese fluido pero debe de dejar algo a la tierra. Dice: yo me muero pero dejo a la tierra lo que le pertenece; muere y llega a un lugar donde no se muere, no se trabaja, no hay desacuerdo, hay igualdad.
 
Esto se hubiera podido lograr si se hubiera seguido la enseñanza de los abuelos. Como ahora se menciona, hay una palabra que estaba dormida, la solidaridad; la sacó Carlos Salinas de Gortari, pero sólo para conquistar. Si él la hubiera desarrollado verdaderamente, hubiera sido ese fluido que debían adquirir todos. Esa palabra solamente se menciona pero no la estamos practicando.
 
Si se le diera a los que conocen la facultad, la posibilidad de que enseñaran lo que se conoce, podríamos salvar a algunos que llegarían con un conocimiento bueno, pero nuestro planeta está señalado. Esta cosa es la que recibí de los abuelos.
 
En el comienzo de los originales totonacos, era vivir la gente para orientar a la salvación; ellos siempre orientaron invocando al Tajín, enviados de uno grande pero que habla como nosotros, no hay problema de lengua.
 
A medida que iban demostrando su fuerza, se iban acercando otros habitantes, así construyeron los primeros edificios del Tajín. Los edificios eran chicos; hacían edificios que ellos pensaban que iba a ser un edificio vivo, por eso no maltrataban las piedras.
 
Fue creciendo el Tajín y fueron bajando gente de otros lugares como de la sierra de Puebla; los pobladores que llegaban no vinieron a la fuerza, vinieron por la fuerza no humana que había en el Tajín y que se presentaba para hacer cosas buenas. Llegó el grado de gentes que eran totonacas, que hablaban la misma lengua e hicieron sus edificios en los que grabaron lo que aprendieron en otros mundos; no lo hicieron en madera ni en pencas ni en piel, porque eso no se conserva; todas las cosas las dejaron grabadas en piedra. Los abuelos tienen un buen principio, no para trabajar por la fuerza, sino que se acercan todos los que quieran vivir y recibir conocimiento.
 
Con el paso de otras tribus se fue destruyendo el Tajín; sólo lo conservan los verdaderos totonacos, lo conservan muy en secreto, pero en nuestros días se está comprobando la tradición que nos dejaron nuestros abuelos. Algunas otras zonas no crecieron porque crecieron sin fuerza; el Tajín es el único lugar en que se mantuvo la fuerza más importante, por eso es la ciudad tan importante.
 
Algunos investigadores dicen que aquí se adoraba al Sol, pero lo dicen porque no tienen ni conocen la tradición. Hay datos importantes en los relieves; hay algunos que hablan de la fuerza y el fluido del que te he hablado, pero hay otros que solamente hablan de cosas comunes, que salen de este planeta.
 
En la religión totonaca no eran guerreros nuestros abuelos; aunque se conocieron el arco y la flecha, nunca se emplearon para pelear, no para herir a otros hombres. En uno de los relieves aparecen las flechas, pero el relieve se hizo mucho tiempo atrás, antes de Cristo; ellos nunca pensaron la conquista por la fuerza. La ambición de ellos es conquistar otros planetas para ser como los que ya están ahí. Buscaban el fluido, la espiritualidad y no las cosas materiales, las de este mundo.
 
Hoy la televisión nos da la razón de lo que nos enseñaron los abuelos. Veían a las plantas y nos decían: va a venir un ciclón. Hoy en la tele anuncian el ciclón y las plantas lo están diciendo; eso lo transmitieron a sus hijos y yo lo he hecho también con los míos. Sin embargo, lo que sucede es que la escuela está destruyendo los datos más importantes; si hubiera una escuela en la que permitiera nuestro gobierno que se enseñaran esas cosas, entonces pienso que lograríamos salvar algunos humanos, aunque el planeta ya está destinado al fracaso.        
 
Después de tantos años de trabajar con García Payón y su señora, una noche de Luna, hablando de viajes espaciales, García Payón sale y dice: está dicho que en estos días los americanos llegan a la Luna, y me pregunta su señora: ¿qué dice usted de esto? Yo no puedo decir nada porque si hablo contradigo a los científicos, si digo la tradición de mis abuelos me dirían loco. Alguien dijo que el hombre volaría y le dijeron que estaba loco, y ya ven ahora.
 
Los abuelos dicen que en la Luna nadie puede vivir, porque en la Luna se terminó el buen ambiente para que vivan los hombres; lo sé por la tradición de mis abuelos y estoy seguro de que no se puede vivir, y eso lo confirmaron los que llegaron a la Luna.
 
No, los primeros en el espacio y en otros mundos no fueron los rusos ni los americanos. Hay materialismo aquí, datos que nos confirman, que nos muestran las piedras, que los antiguos conocieron otros planetas. En los relieves se ven hombres que están en el espacio, pero no lo hicieron con las máquinas, con el materialismo, sino a través del fluido y la fuerza de la que te he venido hablando.
 
A la llegada de 1575 llegó Diego Ruiz (se refiere a la primera noticia que se conoce del Tajín) buscando planes para sembrar tabaco, y ahí han de haber llegado los antiguos por sembrar tabaco y vainilla.
 
Se pensaba que el Tajín era muy chico porque creían que era solamente una pirámide; por eso le dejaron una hectárea a la pirámide en 1896 al repartirse la tierra, las demás pirámides no se veían. En el registro de los antiguos abuelos a la pirámide solamente le dejaron una hectárea.
 
Después de Ruiz, la zona estuvo dormida hasta 1934. Por primera vez el gobierno ordenó la primera tumba de vegetación, a cargo del primer hombre que llegó aquí a trabajar la zona, Agustín García Vega. La espesa montaña se desmontó, fueron como 60 hectáreas las que se desmontaron. Yo trabajé ahí como peón, pero a Agustín García Vega le gustó mi trabajo, me llamó para que le ayudara yo, ya no en trabajos tan duros; yo era el encargado de comprar la fruta, de comprar la comida.
 
Luego me dice: tú te vas a encargar de limpiar la Pirámide de los Nichos, y búscate otro señor que ama lo que tú amas. Ahí fuimos trabajando; bajando vimos cómo eran los estucados de la Pirámide de los Nichos; eran colores muy finos, el grosor del estucado como un papel, colores verdes muy finos; todo ya está removido. Yo veía que García Vega no era un investigador, que no trabajaba bien; eso se debió guardar para mostrar después. El sólo conoció pocos edificios.
 
El Tajín se volvió a abandonar hasta 1938 en que viajó José García Payón, haciéndose cargo de la zona arqueológica como jefe de la Zona Oriental del Departamento de Monumentos; estaba nuevo México en arqueología. En 1940 vino y vio cómo se encontraba la Pirámide de los Nichos y comienza a bajar. Yo trabajé otra vez ahí. Faltaban dos hileras de nichos para destaparla y me gustó bastante trabajar ahí, para que yo viera lo que los abuelos decían. Estaba destinado.
 
Pegó un huracán que se vino del sur; si venía del sur era muy peligroso, se comprueba porque el lado sur de la pirámide de los Nichos se destruyó, no así el lado norte. Debió ser un ciclón tan fuerte que los relieves del santuario (templo superior de la pirámide) fueron tirados al lado norte y al frente. Sólo yo sabía por qué se encontraban esos relieves ahí; los abuelos me lo habían dicho.
 
García Payón empezó a restaurar las escalinatas sin maquinaria, sólo con la fuerza de los de aquí. El gran nicho central está caído; decían unos que era muy pesado. Le decíamos a García Payón: ¿cómo le vamos a hacer? El contestaba: ustedes, sus abuelos lo construyeron, ustedes deben saber cómo moverlo. Comenzamos entonces a trabajar con el palo volador (árbol que se usa para la danza de Los Voladores), nos ayudábamos con las escaleras en las que se iban a descansar los polines de madera para soportar las grandes piezas y que no se resbalaran. Las piezas a mover pesaban como cuatro toneladas; no se utilizaron barretas de fierro, se utilizó pura madera, muchas palancas de madera. Así lo hicimos, aunque lento pero se hizo. Se trabajó tan bien que entre las piezas del nicho se hizo una unión en la que no entra una navaja de rasurar. Así se trabajaron las grandes piezas de piedra del Tajín, como por ejemplo las columnas que bajamos del Edificio de las Columnas.
 
García Payón respetaba la arquitectura del Tajín; en las escalinatas de la Pirámide de los Nichos reconstruyó las grecas de las alfardas. No fue un invento de él, como se ha dicho: se encontró los datos empotrados y reconstruyó con los datos las grecas. Limpiamos varios edificios en los que se recuperaron varias piezas de las que se encuentran en la bodega, como el Tlaloc.
 
Se taparon algunas grecas con tierra porque no había dinero para otros materiales y había que seguir los trabajos. Los antiguos utilizaron en las uniones una mezcla de cal con zacate; en una de las partes se encontró un depósito de cal para enfriar la cal, ya que la cal caliente destruye, no sirve para la construcción.
 
García Payón me vio que yo era bueno como albañil, que tenía amor por lo que hacía; él me encomendó tareas delicadas. Desde la primera vez que vino me buscaba cada temporada que venía a trabajar al Tajín.
 
En 1946 trabajamos el Juego de Pelota Norte, de ahí se fue a Cempoala a trabajar; le dije que si podía ir con él y me dijo que sí. Pero ahí no es igual que en el Tajín; me aburrí mucho, aguanté como dos meses y le dije a García Payón que me regresaba. El creyó que me iba porque tendría deudas de comidas o lavadas; averiguó y comprobó que no, que me iba porque me aburría Cempoala, porque no es igual que el Tajín.
 
Me regresé al Tajín y cada vez que él regresaba me buscaba; me gustaba mucho trabajar con él.
 
Vino una temporada larga con unos norteamericanos y unos estudiantes de Jalapa; se trabajaron varios años. Se desmontaba dos veces al año para mantener limpia la zona y los edificios que se habían trabajado. Él, con el poco dinero que le daban lo empleaba en lo que estaba destinado; no le quedaba a deber a nadie, no dejaba trabajos pendientes, era muy estricto, igual que yo para el trabajo.
 
A los trabajadores en el inicio les decía: los hemos buscado porque son trabajadores; si alguno se aburre no lo vamos a correr, ustedes solos se van a ir.
 
En 1971 fue su última temporada; estaba contento porque le habían prometido dinero para trabajar el Edificio de las Columnas. Si nos dan dinero, me decía, vamos a ver cómo estaba el edificio, me decía mostrándome la reconstrucción que había dibujado.
 
Se pasó el tiempo y no le daban el dinero; se desmoralizó mucho, como que se ponía triste (en este momento don Pedro interrumpe su plática; los recuerdos lo hacen llorar).
 
Recordaba las promesas y empezó a enfermar. Era su intención dejar las Columnas como se encontraban; ya no regresó al Tajín. Lo fui a ver a Veracruz; ya no se encontraba bien, estaba grave y ahí murió. Me regaló antes uno libros de los trabajos que había hecho en Malinalco y otros sitios y que le habían criticado mucho. Pienso que los datos de él del Tajín se encuentran perdidos, que nunca se los publicaron.
 
En 1963 me hizo responsable de la zona arqueológica y la administración; me pidió que cuidara la zona de acuerdo con sus instrucciones. Yo no lo puse en vergüenza ni él me puso en vergüenza; yo cumplí con lo que él me señaló 30 años antes, hasta mi jubilación.
 
Ya tramitando mi jubilación le escribí a la directora del INAH en México, le escribí lo que había pasado. Cumplí con lo que se me había encomendado, defendí a la zona, me enfrenté a los hombres de aquí y de allá para defender lo de mis abuelos, como hombre que soy.
 
Estoy contento y me retiré. Entraron 17 nuevos trabajadores a la zona y les dije: los nuevos no tienen amor, por eso yo les pido que cuiden y conserven la zona que nos dejaron nuestros abuelos, como verdaderos totonacos.
 
Vino un administrador pensando encontrar los malos manejos de los boletos de la zona; yo le demostré cómo trabaja un totonaco. Le entregué todo, libros y piezas, pero luego me mandó llamar, me dijo que el encargado que dejé provisionalmente no informaba nada; por eso todavía después de mi salida de la zona me siguen buscando.
 
Lo importante a la llegada de Brüggemann y los arquitectos (se refiere al proyecto iniciado en la zona hacia 1988; el proyecto fue criticado por sectores de la comunidad académica. Entre los críticos más fuertes de este proyecto se encuentra don Pedro) es que todo lo hicieron sin cuidado. Movieron con barretas de fierro todo, todo lo despostillaron; yo bajé piezas hasta de 700 metros de alto, todo con madera, sin ninguna maquinaria. Ellos igualmente en el Juego de Pelota Norte movieron piezas sin cuidado, con barreras, con grúas, sin cuidado.
 
La arqueóloga Lourdes vio que había en el Juego de Pelota Norte una pieza de las estelas que habían puesto al revés y me lo señaló; yo ya lo sabía, le dije: qué bien que tú hablaste antes, para que no digan que soy polillero (político).
 
Rompieron muchas piezas por estar usando grúa. Muchas cosas pasaron con el proyecto de Brüggemann; él no tiene amor por lo que hace, él no hace bien lo que aprendió. Si yo voy a una laguna pregunto a los que han vivido ahí, antes de meterme; lo mismo para con las zonas arqueológicas, más cuando han trabajado antes otras gentes.
 
No está bien como van, les decía, pero no había comunicación; nunca más dije nada, me retiré y que suceda lo que suceda. Esto es lo que he visto yo que he trabajado y cumplí un deber que estaba a mi orden.
 
 

Nuestro entrevistado nos citó un día domingo por la mañana para conversar en la comunidad de El Tajín, distante sólo un kilómetro de la famosa zona arqueológica del mismo nombre. En su casa blanca e impecablemente limpia, don Pedro Pérez Bautista nos entregó parte de su vida y sus conocimientos.

 

Orgulloso totonaco, respetado y connotado personaje de su comunidad —de la cual es Agente Municipal—, don Pedro es también ex trabajador del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Hace dos años se jubiló, después de 30 años de servicio, y ha conocido de cerca todos los proyectos realizados en la zona arqueológica, en la que trabajó desde 1934.

 

Como compañero de trabajo, conozco a don Pedro y su filosofía sobre El Tajín desde hace muchos años; por eso decidí mostrar aquí su pensamiento, su vida y obra, conocedor de la gran facilidad de palabra de don Pedro.

 

La entrevista se realizó sin equipo de grabación. Sólo he hecho una ligera corrección de estilo; sobre todo he recortado información repetida en la entrevista o que por razones de exposición parecía estar desordenada, prefiriendo ofrecer el texto corrido de lo dicho por don Pedro. Estimo que así la lectura será mejor. Solamente en algunas partes, entre paréntesis y con cursivas, hago algunas aclaraciones que me parecen pertinentes para mayor entendimiento del texto. La versión, ya transcrita, fue revisada y autorizada por don Pedro.

 

Espero que los conocimientos y las tradiciones de El Tajín, visitadas por uno de sus más sabios habitantes, heredero del pensamiento antiguo —de la tradición, como él lo llama—, aporte al lector una parte importante de la filosofía que hay en la profundidad del pensamiento indígena. Nuestro entrevistado nos aclaró que traducía los conceptos del totonaco, buscando los términos más cercanos en español. Ello, su hospitalidad y su amistad tendrán siempre mi gratitud.

 

Don Pedro Pérez. Fotografía de Daniel Nahmad
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Daniel Nahmad Molinari
Instituto Nacional de Antropología e Historia.
     
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cómo citar este artículo
 
Nahmad Molinari, Daniel. 1998. El Tajín: una visón propia. Entrevista a Don Pedro Pérez Bautista. Ciencias, núm. 49, enero-marzo, pp. 4-9. [En línea].
     

 

 

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