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 Agujeros negros y galaxias activas
 Julieta Fierro
   
   
     
                     

Los agujeros negros han despertado gran interés en los últimos años; son cuerpos cósmicos con un campo gravitacional tan intenso que nada, ni siquiera la luz, puede escapar de ellos. Aunque no se ha demostrado categóricamente la existencia de éstos. Descubrimientos recientes en astronomía indican que bien pueden ser una realidad; más aún, es probable que en ellos se encuentre la clave de algunos fenómenos que hasta ahora no han sido explicados satisfactoriamente, uno de los cuales es el de las galaxias activas, que actualmente estudia un grupo de investigadores del Instituto de Astronomía (IA) de la UNAM.   

El Universo está constituido por galaxias enormes conglomerados de estrellas, gas y polvo. Entre las galaxias que conocemos hay algunas, llamadas galaxias activas, que emiten cantidades extraordinarias de energía.    

La emisión de energía de una galaxia activa proviene principalmente de su parte central, una región conocida como núcleo. La cantidad de energía que sale de allí es decenas de veces mayor que la que emite una galaxia “normal” o promedio. Si tomamos en cuenta que una galaxia promedio, como la Vía Láctea, contiene alrededor de 100 mil millones de estrellas, muchas de ellas más grandes y poderosas que el Sol, podemos tener una idea de la fabulosa cantidad de energía que emana del núcleo de una galaxia activa.    

¿Cuál es la fuente de esa energía? El modelo más aceptado en la actualidad propone que se trata de agujeros negros. En un estudio realizado por Deborah Dultzin, Irene Cruz y Luis Carrasco —investigadores del IA— se encontró una evidencia importante en favor de ese modelo. En el estudio se utilizaron satélites artificiales, ya que una parte de la radiación que emiten los núcleos de galaxias activas no traspasa la atmósfera terrestre.     

Los investigadores calcularon el tamaño del núcleo de una galaxia activa y encontraran qué es de la mitad del tamaño del Sistema Solar, aproximadamente. Esto indica que el núcleo es pequeñísimo en comparación con las dimensiones globales de la galaxia. El único objeto astronómico que puede hallarse en una región tan reducida y general al mismo tiempo las enormes cantidades de energía que se han detectado es un agujero negro.    

Los agujeros negros son cuerpos de gran masa y extremadamente densos; si pudiéramos concentrar toda la masa de la Tierra para obtener una densidad equivalente a la de uno de ellos, nuestro planeta tendría el tamaño de una canica. Los agujeros negros son gigantescas aspiradoras cósmicas: su campo gravitacional es tan potente que nada puede escapar a él, ni siquiera la luz, como ya se mencionó; esto significa que son cuerpos invisibles que no emiten ningún tipo de radiación. Ahora bien, pensemos en un agujero negro situado en el núcleo de una galaxia activa. Debido al intenso campo gravitacional del agujero, una gran cantidad de materia, principalmente gas y polvo, es forzada a fluir hacia él. A medida que las partículas de materia se van acercando al agujero negro, éste las atrae con más fuerza y la velocidad de las partículas aumenta. Como muchas partículas son atraídas al mismo tiempo, estas chocan entre sí a gran velocidad y liberan energía par fricción. A gran escala esa fricción produce no solo calor, sino también radiación, principalmente rayos X.

A grosso modo ése sería el procesa por el cual se genera la energía en el núcleo de una galaxia activa. Hay que aclarar, sin embargo, que intervienen otras fenómenos de gran importancia, además de la fricción, que no es posible tratar aquí.

El estudio de las galaxias activas es reciente y queda mucho por hacer. Es
posible que este campo reciba pronto un gran impulso, ya que forma parte de los proyectos de investigación que se realizaran con el Telescopio Espacial que será puesto en órbita próximamente.

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* Nota aparecida en el Boletín Orión del Instituto de Astronomía, UNAM, mayo-junio de 1986.

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Julieta Fierro
Instituto de Astronomía, UNAM
 
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