revista de cultura científica FACULTAD DE CIENCIAS, UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
Busca ampliar la cultura científica de la población, difundir información y hacer de la ciencia
un instrumento para el análisis de la realidad, con diversos puntos de vista desde la ciencia.
R39Articulo03   menu2
índice 39
siguiente
anterior
PDF
   
   
Tomás Brody
     
               
               
La Física se presenta a los estudiantes universitarios como
una gran acumulación de hechos y teorías, un inmenso edificio de erudición que, en un lapso de unos cuantos años, ellos deben aprender a emplear como una herramienta para resolver problemas. Sin embargo, un mayor acercamiento —desafortunadamente no accesible al estudiante, por carecer del conocimiento necesario—, permite ver que esta imagen no es completamente satisfactoria.
 
En primer lugar, el edificio no posee ningún principio guía que sea definitivo. La Física puede ser definida como el estudio del movimiento y la estructura de la materia, de la manera en que la estructura de las cosas determina su movimiento y cómo las leyes del movimiento determinan a su vez la estructura. No obstante, esto es demasiado amplio, pues las cosas móviles más visibles de nuestro medio, los seres vivos, son estudiados por la Biología y no por la Física, y la estructura más importante, la sociedad humana, se considera fuera del ámbito de las ciencias naturales. Lo que es más, mucho de lo que aprenden los estudiantes tiene que ver con solución de ecuaciones y, ¿acaso hay movimiento o estructura en la ley de Ohm? De hecho, lo que se incluye en Física y lo que se ve en otras ciencias es decidido sólo en parte haciendo referencia a algún principio abstracto, ya que con frecuencia los factores históricos tienen una mayor influencia, y entre ellos la conveniencia académica no es marginal. Lo mismo ocurre con la división de las ciencias establecida de una vez por todas. Algunos ven la Astronomía como parte de la Física, mientras que otros, con razones igualmente válidas, la consideran una ciencia independiente. Las fronteras entre Física y Química, y entre Física y Matemáticas, están en constante movimiento, y el trazo de la línea divisoria entre Física y Tecnología sigue siendo un problema aún sin resolver.
 
En segundo lugar, y como veremos con más detalle, la idea de la Física como un "edificio de erudición", de una simple, constante y progresiva acumulación de verdades definitivas, es errónea. Una vez que el estudiante se titula, es libre de iniciarse en la práctica y es entonces que descubre que la Física no es el cúmulo de conocimientos que comúnmente se dice, sino más bien un esfuerzo constante de mejorar, completar nuestras ideas previas y, en este proceso, rehacerlas. Esto implica una infinita diversidad de opiniones y conceptos, e interminables discusiones y discrepancias, ahí donde la apariencia de ortodoxia parece estar a salvo de ser trastocada. La Física, y la ciencia en general, no es un producto terminado, sino el proceso de su creación, no es un cuerpo de conocimientos ya establecido, coherente y unificado por principios básicos de los que todo lo demás deriva, sino la lucha y el esfuerzo discontinuo por adquirir este conocimiento, ya que a cada paso que se da, hay que volver a trabajar mucho de lo que antes se tenía. La Física es una disciplina en movimiento, no una doctrina o un cuerpo de conocimientos cargado de tradición, o al menos no debería serlo.
 
Si la Física es esencialmente el proceso de adquisición de conocimiento físico, entonces un análisis de este proceso debe constituir al menos el punto de inicio de toda filosofía de la Física. [...]
 
"Hacer algo y ver qué pasa"
 
Podríamos iniciar observando un ser humano, de preferencia un niño pequeño, en el momento en que se encuentra ante un objeto cuya naturaleza y propósito desconoce. Después de uno o dos segundos el niño estirará la mano y lo tocará cautelosamente con un dedo, después lo tomará y lo levantará, y si lo logra, le dará vuelta y lo apretará o estirará para ver si pasa algo. Quizá lo olerá o tratará de morderlo, y tal vez algunos niños lo aventarán al piso para ver si se rompe o para hacer ruido. Lo que ningún niño hará es sentarse a contemplar el objeto y esperar a que éste organice las impresiones de sus sentidos en un concepto que le dé significado.
 
Las reacciones de un adulto son menos dirigidas de manera unívoca en este canal. En parte porque, por lo general, tiene mucha más experiencia acumulada como para poder elaborar una suposición razonable acerca de la naturaleza del objeto ("¡oh, seguramente es el último grito en encendedores!"), pero también porque esta misma experiencia le ha enseñado que la novedad de los objetos desconocidos es efímera y que casi siempre carecen de mayor interés. En otras palabras, un adulto ha aprendido a canalizar su curiosidad en direcciones que prometen satisfacciones más duraderas, sean éstas las actividades de sus congéneres, las interacciones de las formas que dejan unas pinceladas sobre un óleo o el comportamiento errático de los electrones en el vacío.
 
De estas observaciones se puede sugerir que al menos una de las formas elementales de adquirir conocimiento acerca de un fragmento del mundo, es actuar sobre él y ver qué pasa. Esta formulación es muy imprecisa, pero la iremos completando, refinando y revisando a lo largo del texto. Sin embargo, a pesar de su imprecisión, posee un aspecto de gran utilidad: las formas específicas en que esta noción se ha concretado han crecido, se han multiplicado y se han vuelto más poderosas en el transcurso de la historia humana, y no hay razón para dudar que este proceso continuará. Es por esto que sería poco deseable que nos limitemos prematuramente con una precisión ficticia que ofrece pocas ventajas.
 
Pero, ¿podríamos al menos describir con un poco de detalle lo que queremos decir con "actuar sobre el mundo y ver qué pasa"? Un ejemplo podría ser examinar un problema análogo con una computadora inteligente: un robot tiene que interpretar el mundo, "ver" por medio de una cámara de televisión. Los datos en bruto que recibe serían transformados en información de intensidad de luz, punto por punto, y para simplificar la discusión no consideraremos el color. El primer paso es el reconocimiento de áreas, delimitadas por líneas en donde la iluminación cambia de manera abrupta. El segundo paso es decidir, en primera instancia, cuáles de estas áreas son simplemente sombras y por lo tanto deben unirse a las áreas adyacentes, y después, de qué manera se combinan estas áreas para formar imágenes de cuerpos de tres dimensiones.
 
En un "mundo" muy simple que contenga pocos sólidos regulares, esto se puede hacer examinando todas las combinaciones posibles y evaluando los resultados con ayuda de una lista de tipos de cuerpos conocidos —cubos, pirámides y conos, por ejemplo—, así como usando información general acerca de las leyes que deben satisfacer. Pero si el número de objetos sólidos aumenta, el número de combinaciones posibles crece exponencialmente, hasta que el problema excede la capacidad de cualquier computadora imaginable. Y las cosas empeorarían si hubiera formas irregulares, sin olvidar que además los cuerpos se pueden esconder parcialmente unos a otros, lo que dificulta aún más su reconocimiento.
 
Algunos métodos de mayor sofisticación han sido aplicados sin mucho éxito. Sin embargo, para sorpresa del epistemólogo tradicional, la solución no está en el estudio exhaustivo de los datos, sino en la concepción de unos cuantos supuestos sencillos que sirvan como base para que el robot pueda recibir una orden y actuar en su pequeño mundo. Por ejemplo, uno de estos supuestos podría ser que sólo cuando las líneas constituyan realmente los contornos de las sombras, el movimiento de la fuente de luz puede hacer que éstos se muevan. La dirección y la distancia en que se muevan sería una indicación de la orientación de las superficies en que se reflejan las sombras, lo que reduciría el número de interpretaciones posibles por examinar. Un programa de acción de este tipo es fácil de elaborar y no requiere recursos informáticos muy poderosos. Es cierto que esto no resolvería por completo el problema del reconocimiento de los objetos en un mundo de sólidos más o menos regulares, pero sí lo reduciría a un problema de menor complejidad, y bastaría con repetir esta estrategia hasta que el problema llegue a tener proporciones manejables. Así, podríamos mover la fuente de luz otra vez de una manera diferente, mover la cámara, o que el robot pudiera actuar sobre su pequeño "mundo" por medio de un brazo que le permitiera remover algunos de los objetos que sean reconocidos entre el resto de las cosas, con el fin de saber qué hay detrás de ellos. Sin embargo, aunque promisorias, estas técnicas no han sido todavía concretizadas en un sistema completo para adquirir conocimientos. Parece que no sólo hay ciertos problemas técnicos por resolver, sino también conceptuales.
 
Las implicaciones epistemológicas de un trabajo como el descrito son claras. Primero que nada el problema de interpretar lo que el observador ve es computacionalmente complejo, ya que si se tienen pocos elementos en escena, una comparación sencilla con formas conocidas puede ser suficiente para eliminar las posibilidades no deseadas. Pero los requerimientos informáticos, el tiempo de ejecución y el espacio en memoria, crecen exponencialmente con el número de elementos. Es por ello que los intentos por obtener una interpretación completa de las imágenes individuales pocas veces dan resultados satisfactorios —aunque hay algunas excepciones, en particular en imágenes de dos dimensiones, como las obtenidas desde un satélite, que a pesar de su gran complejidad, es posible interpretar con ayuda de información obtenida por medio de otras fuentes.
 
Un procedimiento factible para reducir la riqueza y la complejidad de la escena que se tiene enfrente, es la de "adivinar" elaborando una interpretación parcial por medio de un "modelo" inicial de la escena. Esta interpretación tipo adivinanza implicaría predecir que la acción A1 hará cambiar a C1 en la escena, que la acción A2 hará cambiar C2, y así sucesivamente. Cuando la nueva imagen presenta el cambio previsto, quiere decir que una de estas acciones ocurrió, y que la adivinanza fue hasta cierto punto confirmada. Estas predicciones de cambio pueden contener parámetros indefinidos —como por ejemplo, que el contorno de una sombra se moverá cuando la fuente de luz se mueva—, pero el alcance del movimiento no será predecido, ya que los valores de estos parámetros se pueden derivar del cambio observado, de manera que la interpretación se vaya detallando posteriormente.
 
El ciclo que consiste en "adivinar" un elemento de la escena basándose en lo que ya se obtuvo, de hacer predicciones acerca de las consecuencias de posibles acciones, de escoger y ejecutar una de ellas, y de usar los cambios que muestra la nueva escena con el fin de mejorar la interpretación, se debe repetir tan frecuentemente como sea necesario, hasta lograr una interpretación suficientemente detallada.
 
Este ciclo, que para abreviar será llamado el ciclo epistémico, es una forma más definida de la idea de "hacer algo para ver qué pasa", esbozada ya antes.
 
El ciclo epistémico
 
El ciclo epistémico empieza con un modelo inicial y su repetición constante mejora el modelo hasta lograr un ajuste adecuado. Es obvio que el modelo inicial debe proceder de otras fuentes de información. En una computadora que controla un robot, es probable que la fuente más relevante sea lo que el programador ha establecido como puntos de arranque. A nivel humano, la información obtenida por medio de la interacción con otras personas posee la misma importancia, al igual que la experiencia obtenida en situaciones similares a las que se están enfrentando en la interpretación. Un rico acervo de este tipo de conocimiento puede proporcionarnos modelos que prácticamente no hace falta mejorar. Finalmente, otra fuente para la elaboración de modelos procede de un mecanismo aún no discutido, que ocurre cuando el ciclo epistémico falla.
 
No hay garantía alguna de que la constante repetición del ciclo epistémico lleve a un modelo satisfactorio del fragmento de la naturaleza que se esté estudiando. De hecho, esto no es posible, ya que el proceso puede no converger y oscilar fácilmente, y aun cuando convergiera, podría llegar a una representación que desde algún punto de vista relevante esté errada. Cuando ello ocurre, el modelo al que se ha llegado debe ser descartado y el ciclo epistémico tendrá que recomenzarse con un modelo inicial diferente. Un nuevo modelo inicial podría ser encontrado de diferentes maneras, incluyendo aquellas ya indicadas para el primer modelo inicial. Sin embargo otra opción es tomar el modelo que arranca de donde se corrigió la falla que llevó al cambio que se hizo en el primer modelo. En otras palabras, el mecanismo del ciclo epistémico se vuelve a aplicar, pero a un nivel superior, es decir, la acción no se lleva a cabo directamente en el segmento de la naturaleza que se está estudiando, sino que toca el punto de inicio del ciclo del nivel inferior y entra cuando este ciclo no está funcionando correctamente.
 
Para lograr esto es necesario que el ciclo del nivel superior tenga su propio modelo con una forma inicial y un movimiento gradual hacia un modelo más adecuado. El modelo de nivel superior sería de alguna manera una abstracción del tipo de modelos empleados en el nivel inferior. Por ejemplo, para un robot en un mundo geométrico, éste contendría algunas generalizaciones como el que el tamaño de los objetos se encuentra dentro de ciertos límites, que sus formas son regulares, que no son concurrentes y que están delimitadas por superficies cuya geometría puede ser descrita por funciones de al menos segundo grado.
 
Así, un ciclo epistémico de nivel superior parece ser indispensable, y una vez que exista la maquinaria para su aplicación es obvio que será usado recurrentemente. En otras palabras, una vez que el ciclo epistémico de segundo nivel funcione, tendríamos ciclos de tercer nivel y de niveles aún más elevados, hasta llegar al nivel necesario para poder crear un modelo que permita actuar a todos los niveles. No sabemos aún como desarrollar estas ideas de manera satisfactoria y flexible en un programa de computación, pero sus implicaciones filosóficas son de largo alcance.
 
 
Del rigor de la ciencia
...En aquel imperio, el arte de la cartografía logró tal perfección que el mapa de una sola provincia ocupaba toda una ciudad, y el mapa del imperio toda una provincia! Con el tiempo, estos mapas desmesurados no satisficieron y los colegios de cartógrafos levantaron un mapa del imperio, que tenía el tamaño del imperio y coincidía puntualmente con él. Menos adictas al estudio de la cartografía, las generaciones siguientes entendieron que ese dilatado mapa era inútil y no sin impiedad lo entregaron a las inclemencias del sol y de los inviernos. En los desiertos del oeste perduran despedazadas ruinas del mapa habitadas por animales y por mendigos; en todo el país no hay otra reliquia de las disciplinas geográficas.
 
Suárez Miranda: Viajes de Varones Prudentes, libro cuarto, capítulo XIV
 
 
Quizá el seguimiento sistemático de este tipo de epistemología pueda traer a la mente de algunas personas, el espectro del ya viejo debate acerca de la "ideas innatas". Lo que parece un poco inquietante aquí no es tanto el concepto de predisposiciones innatas —aunque es cierto que las observaciones de recién nacidos hacen pensar que en verdad poseen desde el momento del nacimiento y tal vez desde antes, ciertas reacciones hacia su medio que funcionan a manera de pun­tos de inicio para ciclos epistémicos como los aquí descritos. Se trata más bien de dos problemas distintos: uno, que parece difícil atribuir a un recién nacido cualquier concepto que refleje su mundo circundante suficientemente bien como para que él tenga alguna comprensión de éste, y dos, que si el niño comienza su vida con conceptos de este tipo, ¿no darán éstos forma y color a sus nociones acerca del mundo? ¿no le esconderán el mundo "real"? ¿no será finalmente que sólo vemos aquellas cosas que nacimos para ver?
 
La respuesta a estos dos puntos se encuentra en la extraordinaria flexibilidad del proceso epistémico. El parecido entre el modelo inicial y el último modelo que se elabore debe ser tan pequeña que se pueda ignorar. Parece que la simple existencia del modelo inicial permite su convergencia hacia uno final que sea satisfactorio, y que poco importa el modelo inicial con que empieza el proceso, pues el modelo final será casi lo mismo. En cada ejecución del ciclo, por decir algo, el remanente de "contenido" inicial decrece en importancia, mientras que la contribución producida por la adaptación al carácter real del segmento que está siendo modelado aumenta de manera proporcional. Y una vez que esto ha sido entendido, el primer problema desaparece también, ya que el modelo de inicio no necesita ser conceptual, basta con que contenga el impulso suficiente para echar a andar la "maquinaria de trabajo" del ciclo epistémico, con acciones al azar que respondan a cualquier sentimiento que llegue en cualquier momento. Gran parte de la maquinaria del cuerpo ya se encuentra trabajando apropiadamente y su interacción con el mundo proporciona los puntos de inicio necesarios. Los conceptos llegarán más tarde.
 
De hecho, la formación de conceptos requiere que varios niveles superiores estén trabajando. Por ejemplo, el concepto de rattle* —el nombre que los adultos dan a la noción de algo que se puede asir y que hace ruido cuando se sacude—, no puede emerger hasta que varios modelos de primer nivel han sido construidos y que han sido reconocidos como iguales, pues sólo entonces puede surgir la expectativa —y ésta es un modelo de nivel superior— de que otro rattle pueda aparecer. Y el concepto de rattle se completa cuando se reconoce que algunos rattle tienen mucho en común, mientras que otros sólo comparten la propiedad central de hacer ruido cuando son sacudidos, sin la cual serían algo totalmente diferente.
 
* rattle podría ser traducido como el sonido de una sonaja o "sonajear", pero su significado es muy amplio.
 
Modelos y submodelos
 
Regresemos al problema de la interpretación por computadora de una escena observada para ver cómo la mejoría del modelo no es simplemente una mejoría uniforme y general. Esto es particularmente evidente cuando hay varios objetos en el "mundo" que se quiere entender, ya que por lo general los objetos son reconocidos uno por uno, y cada objeto que es reconocido reduce el número indefinido de posibilidades del total de la escena. El reconocimiento de cada objeto individual ocurre de la misma manera independientemente del número de objetos presentes, lo que significa que se ha generado un submodelo.
 
Así, el modelo es una colección de submodelos que se mantiene unido por las relaciones existentes entre ellos, al interior de un marco que posee suficiente flexibilidad para poder acomodar cualquier variación que sufran los submodelos en el proceso de afinación. En la medida que los diferentes submodelos pueden tomar diferentes caminos a lo largo de este proceso, se puede inferir que éstos no tienen que ser completamente consistentes. Deberemos estudiar entonces, todos los niveles de inconsistencia, por dos razones: en primer lugar, porque permite el uso de modelos ya existentes como submodelos de otros modelos, y en segundo, porque permite —tanto a la computadora como a un ser humano— adaptar cada submodelo sin referirse al modelo en su conjunto. Si esto no fuera posible y cada vez que algún modelo fuera mejorado en cierto nivel se tuviese que ajustar el conjunto de modelos superordenados, entonces, alcanzar la comprensión estaría más allá de nuestro alcance, ya que ninguna comprensión parcial sería posible ni útil. Por ello se puede decir que las inconsistencias aceptables entre los submodelos, al interior de un modelo, son el aceite de la maquinaria epistémica.
 
Si las ideas esbozadas en el párrafo anterior son correctas, es obvio que después de un número finito de aplicaciones del ciclo epistémico de profundidad variable, pero finita, un modelo puede llegar a ser suficientemente bueno como para constituirse en una herramienta de trabajo, aunque nunca dejará de ser un modelo parcial, ya que no puede cubrir todos los aspectos del segmento de la naturaleza que representa, y porque será una representación inexacta del mismo, pues algunos aspectos son siempre fuertemente distorsionados.
 
A pesar de esto, su utilidad es innegable, como se puede apreciar haciendo una analogía con un mapa. Por ejemplo, un mapa del metro de Londres representa de manera inexacta la distancia entre las estaciones, traza a voluntad las curvas y los tramos rectos y señala las estaciones con círculos de formas distintas, y aun así logra representar claramente la topología de la red del metro, que es el propósito de un mapa de este tipo. Con este ejemplo hemos introducido un concepto decisivo: los mapas, al igual que los modelos, tienen un propósito. Es por ello que diferentes mapas de la misma región —y diferentes modelos del mismo segmento de naturaleza— pueden ser incompatibles, ya que cada uno distorsiona distintos aspectos para lograr distintos objetivos. Sin embargo, podemos combinarlos a fin de obtener una comprensión más completa de la región o del segmento de naturaleza. Y con esto se entiende por qué las inconsistencias a las que nos referimos anteriormente resultan ser necesarias: cada modelo epistémico responde a propósitos distintos y generalmente incompatibles.
 
Modelos y objetivos
 
La idea de que cada modelo construido responde a un propósito resulta ser relevante también desde el punto de vista de la heurística empleada para escoger cuáles de las acciones posibles son ejecutadas en un ciclo epistémico y cuáles son usadas para decidir en qué momento detenerlo. Una acción es escogida en un ciclo cuando su efecto esperado es algo que queremos poder predecir sobre la base del modelo empleado. Y el ciclo se repite hasta que el modelo nos proporcione un plan que funcione con la precisión requerida para lograr el objetivo que buscamos. En sentido estricto, la precisión requerida es una noción muy vaga, pero como lo veremos más adelante, en Física esto se convierte en detalle, claridad y precisión en el momento que así se necesite.
 
Los modelos de nivel inferior son construidos con objetivos muy específicos, mientras que un modelo de nivel superior se construye con el fin de que por medio de él puedan elaborarse muchos modelos distintos de nivel inferior que satisfagan un amplio espectro de objetivos. Es por ello que su objetivo no puede circunscribirse con tanta exactitud. A medida que el nivel y por lo tanto la generalidad del modelo aumentan, su objetivo cubre un espectro más amplio. Ningún modelo carece de objetivo, incluso el más general de todos busca, de manera muy simple pero muy definida, hacer avanzar nuestra comprensión.
 
Todos los modelos considerados hasta ahora se aplican a fragmentos finitos de nuestro universo, de hecho a muy pequeños fragmentos —aspecto muy relevante desde un punto de vista meramente filosófico. Incluso la misma cosmología trata únicamente de algunas propiedades estándar del universo y deja de lado una inmensidad de detalles que requeriría una descripción completa del universo. Esto sugiere que la idea de una teoría exacta y completa del universo, que sea capaz de predecir cada aspecto posible de todo lo que sucede en él, es incompatible con la epistemología aquí descrita. Una teoría de este tipo constituiría, en la terminología empleada aquí, un modelo universal que nunca necesitaría ser revisado, por lo que aparentemente sería deseable trabajar en su elaboración. Sin embargo, se daría una complicada circularidad en un modelo que también debería predecir todas las acciones emprendidas en su construcción y en su modificación, antes de lograr concluirse. Se puede decir que un modelo de este tipo carece de utilidad, ya que tendría que comportarse en todos y cada uno de sus aspectos exactamente como lo hace el universo que representa, y sería por lo tanto, tan difícil de manejar y de entender como el universo mismo. Además, ¿cómo podríamos decir cuál es el universo y cuál es su modelo? De acuerdo con Leibiniz, ambos serían idénticos, ya que compartirían cada una de las propiedades que se les atribuyen. En conclusión, la búsqueda de un modelo universal y perfecto es absurda.
 
Esta conclusión no implica que no pueda existir la verdad, ya que sí es posible que exista, pero no se trata de una verdad absoluta, sino de una verdad parcial y relativa. En realidad no necesitamos más, ya que "demasiada verdad" Llenaría nuestras mentes de una infinidad de cosas irrelevantes y no podríamos ver más que el árbol, perdiendo de vista el bosque en su conjunto. Sin embargo, esta verdad es parcial y limitada porque el tipo de modelo que proporciona este proceso epistémico posee representaciones imperfectas y distorsiona algunos aspectos del fragmento de la naturaleza que se está representando.
 
Este precepto tiene dos implicaciones que es necesario aclarar: a) en primer lugar, hemos asumido tácitamente una ontología totalmente realista, que en la moderna filosofía académica se denomina despectivamente con el término de "realismo naive" (inocente). Lo que hace que inevitablemente lleguemos a esta ontología es el hecho de que la interacción activa con el fragmento del mundo que se quiere comprender, es parte esencial e indispensable del ciclo epistémico, por lo que la existencia de este mundo independientemente de nosotros tiene que ser aceptada desde un principio. La propuesta solipsista de que en realidad lo que ocurre es que pensamos que actuamos sobre el mundo, pero que no tenemos ninguna evidencia de que efectivamente lo hicimos, más que las evidencias que nos proporcionan nuestros sentidos, resulta inadecuada por dos razones. Primero, porque la epistemología activa aquí expuesta, con sus preceptos realistas, está construida sobre la base de una ontología completamente opuesta —un procedimiento contradictorio en si mismo; y segundo, que siempre será un misterio el porqué, al menos en un principio, nuestros modelos hacen predicciones erróneas y cómo, a medida que se corrigen, mejoran su capacidad predictiva.
 
b) El concepto de verdad aquí empleado es de tipo correspondentista, pero las dificultades que normalmente conoce este concepto no se presentan aquí —en parte por el tipo de correspondencia que se requiere aquí, y en parte porque la correspondencia es, como ya lo vimos, necesariamente parcial e inexacta. Las teorías de la correspondencia más comunes presuponen, tácitamente la mayoría de las veces, un tipo de correspondencia fotográfico, quizá como una fotografía a color en tres dimensiones. Sin embargo, ni el cerebro humano, ni la memoria de una computadora contienen algo que se le parezca, y además no sería de ninguna utilidad que así fuera, pues lo que hace falta es una correspondencia dinámica, una correspondencia de comportamiento. Si por ejemplo, en el mundo real un espejo se hace pedazos si lo dejamos caer al piso, es obvio que el modelo que representa al espejo no tiene por qué romperse, pero a medida que la distancia entre el modelo del espejo y el modelo del piso se acerca a cero, el modelo debe mostrarnos que el concepto de espejo se va volviendo inaplicable, y que tiene que ser sustituido por un modelo de muchos pedazos de espejo. En otros casos el modelo puede diferir, y de hecho, debe hacerlo a fin de que sea fácil de usar. En pocas palabras, el modelo reproduce las relaciones estructurales que existen entre los aspectos relevantes del fragmento que se quiere representar, pero estas relaciones pueden existir entre muchas otras cosas distintas, lo que en términos físicos significa que el modelo obedece a la misma ecuación, o a una muy similar, que describe la evolución de algún proceso, de la misma manera que esto ocurre en la realidad.
 
Estas dos implicaciones no sólo presuponen que el ciclo epistémico que hemos descrito funciona, en el sentido de que produce conocimientos válidos, sino también que es el único método para adquirir conocimientos que tenemos a nuestra disposición. Es cierto que esto no ha sido probado, pero si efectivamente es éste el único método, ninguna prueba de ello será posible. Sin embargo, lo que podemos hacer es argumentar que, por experiencia, ésta es la única manera de adquirir nuevos conocimientos originales (la condición de original es sólo con el fin de eliminar la adquisición irrelevante de conocimientos de gente que ya los tiene).
 
Parece ser que en este campo sólo hay dos contrincantes de peso: la inspiración y la inducción (en el sentido de John Stuart Mili). La inspiración como intuición o celebración inconsciente de ninguna manera es un contrincante, ya que es ella la que proporciona la mejoría del modelo previo que completa cada aplicación del ciclo epistémico, debido a que su naturaleza es fundamentalmente creativa, pues la adquisición de conocimiento es en realidad un proceso de re-creación del mundo. Cuando se separa del ciclo epistémico, la inspiración sufre del defecto de no ser verificable —son muy comunes los casos en que alguien ha tenido una inspiración y alguien más tiene otra, pero incompatible.
 
Un último aspecto filosófico tiene que ser señalado. La epistemología activa nos proporciona, como se ha visto hasta ahora, bases razonables para una ontología realista. Para ser más preciso, nos proporciona un terreno en el que podemos asumir que los fragmentos de naturaleza sobre los que actuamos tanto con éxito como sin él, tienen una existencia real en el ciclo epistémico, independientemente de lo que pensemos de ellos pero no independiente de lo que les hagamos, y más aún, que la repetición constante del ciclo epistémico lleva a un modelo sobre el que se puede trabajar hasta obtener un conocimiento, una comprensión del fragmento del mundo que deseamos entender, con lo que el argumento de Hume pierde toda validez. Finalmente, este proceso pone de manifiesto que ninguna generalización inductiva, si acaso ésta fuera posible, podrá jamás lograrse.
 
La investigación científica
 
Hasta ahora, la discusión se ha basado en la observación de seres humanos inmersos a nivel individual en un proceso de adquisición de conocimiento, así como en el análisis de programas de computación que realizan un proceso análogo —las computadoras son capaces, al menos en teoría, de comportarse de una manera que puede ser considerada inteligente. Tenemos por lo tanto, dos tipos de sistemas completamente diferentes que son capaces de adquirir conocimientos. Ambos usan el ciclo epistémico y, de hecho, como lo muestra nuestra discusión, es posible observar uno de estos sistemas y obtener conclusiones que permitan comprender el funcionamiento del otro, lo cual es muy útil, pues lo que conocemos de uno puede complementar lo que sabemos del otro. Los procesos humanos de conocimiento alcanzan altos niveles de abstracción, pero su funcionamiento interno no es fácilmente accesible a la exanimación —excepto tal vez por medio de técnicas necesariamente limitadas de observación, limitadas por la necesidad de mantenerlas no invasivas—, mientras que el proceso dé la computadora podría ser estudiado con todo el detalle que se deseara, pero hasta ahora no ha sido muy desarrollado.
 
Sin embargo, hay un tercer tipo de sistema que emplea el ciclo epistémico: la investigación científica. A pesar de que se trata también de una actividad humana, existen suficientes razones para considerarla bastante distinta a la adquisición individual de conocimiento, ya que pocas veces es completado el ciclo epistémico por una sola persona y por supuesto que nunca con la velocidad y la casi in-conciencia con que se hace a nivel individual. Se puede decir que es la forma social del ciclo epistémico. En la investigación, una sola ejecución del ciclo puede durar semanas, meses y a veces años, y por lo general, aunque no necesariamente, es realizada por varios investigadores que trabajan juntos, y —particularmente en la Física— la construcción y modificación del modelo es frecuentemente llevada a cabo por un equipo, mientras que la interacción con el fragmento de naturaleza es efectuada por otro.
 
Aquí podemos ver algo que desde el punto de vista de la epistemología activa es natural e inmediato, pero que para cualquiera de las epistemologías de escritorio es muy difícil o casi imposible de explicar: ¿por qué la investigación científica tiene que hacer experimentos? Se puede observar con cierta tristeza que esta pregunta es raramente formulada por los filósofos de la ciencia de academia. De hecho, toda la parte experimental, que constituye la mitad o tal vez más de la mitad de la Física, es apenas abordada es estos estudios, salvo honrosas excepciones.
 
Este tercer sistema epistémico ofrece más elementos para la comprensión del proceso epistémico. Por medio de él podemos examinar con detalle algunas cuestiones como la estructura y los tipos de modelos teóricos —algo no fácilmente accesible en los otros dos sistemas.
 
Una diferencia de grado
 
¿Implica todo lo aquí dicho que no existe una distinción fundamental, clara y definida entre el pensamiento científico y otro tipo de pensamiento (¿pre científico?)? Se puede decir que la diferencia es más bien de grado. La primera es la forma socializada conscientemente y organizada para funcionar entre grupos de personas que poseen la segunda. Hay una diferencia cualitativa entre ambas, pero también una transición gradual, con muchas situaciones intermedias. Lo que es más, cuando se analizan los detalles dé la forma científica del ciclo epistémico se puede observar que ésta requiere y presupone la forma individual. La búsqueda de un criterio de delimitación lógicamente formulado entre la teorización científica y las demás formas de conocimiento seguirá siendo inútil, y de hecho, a pesar de los enormes esfuerzos del ingenio invertidos en ella, es ésta la conclusión a la que se ha llegado.
 
Existe una distinción clara entre una teoría desarrollada por medio de un ciclo epistémico, en la que la interacción con un fragmento relevante de la realidad ha permitido afinar adecuadamente la teoría, y una simple especulación. Sin embargo, la especulación no debe ser desechada, ya que nos puede proporcionar pistas de gran utilidad. Incluso podría ser incorporada a un ciclo epistémico y convertirse en una teoría propiamente integrada con su parte experimental, pero correría el riesgo de convertirse en un obstáculo para futuros ciclos epistémicos, que es lo que ocurre cuando se eleva, o más bien, cuando se envilece, la especulación en dogma.
 
articulos
Referencias bibliográficas
 
Aho, A., and J. Hopcroft. 1974. The Design and Analysis of Computer Algorithms. Addison Wesley, New York.
     
 
Nota
 
Con el fin de hacer más sencilla la lectura; de presentar el texto a un público no especializado, me permití suprimir algunos breves pasajes, añadir subtítulos y modificar ligeramente la redacción, siempre tratando de mantenerme apegado al sentido del texto. Espero haberlo logrado. Agradezco a Luis de la Peña y a Shahen Hacyan, la revisión del texto.
 
 
Traducción: César Carrillo Trueba
 
 
 
____________________________________________________________
     
Tomás Brody
Munich 1922-1988 México
Fue investigador del Instituto de Física de la UNAM. El texto que aquí publicamos aparece por primera vez en español y forma parte del libro editado por Luis de la Peña y Peter Hodgson, Phiksophy behirul Physics, Springer-Verlag, 1994. En él se reúnen textos publicados en diferentes revistas y libros por Tomás Brody, y otros que dejó como manuscritos.
     
____________________________________________________________      
 
como citar este artículo
 
Brody, Tomás. 1995. La epistemología activa. Ciencias, núm. 39, julio-septiembre, pp. 19-26. [En línea].
     

 

 

nota          menu2
índice 39
siguiente
anterior
PDF
            R039B01
Ciencia y Sociedad
Antonio R. Cabral
   
   
     
                     
La ciencia, definida por Ruy Pérez Tamayo como:
"una actividad humana creativa cuyo objetivo es la comprensión de la naturaleza y cuyo producto es el conocimiento, obtenido por medio de un método científico organizado en forma deductiva y que aspira a alcanzar el mayor consenso"1 es un trabajo intelectual que debe estar libre de presiones externas, pero el hecho de que sea realizada por y para grupos de personas hace de ella una actividad netamente social. Sus resultados, tarde o temprano, son aprovechados por toda la comunidad.
 
Históricamente, el ser humano ha exigido que la ciencia resuelva tres de sus preocupaciones fundamentales: la salud, el hambre y la producción de energía. En su extraordinario ensayo ¿Es necesaria la ciencia?, Perutz da cuenta detallada de cómo la ciencia y tecnología están cumpliendo cabalmente con esa exigencia.2 Basta decir, por ejemplo, que en 1693 de cada 100 niños nacidos vivos sólo 11 llegaban a ser septuagenarios. Tres siglos después, la esperanza de vida promedio del mexicano es de 68 años y la del norteamericano de 75. Pese a esto, hay personas que se han levantado para decir que las cifras anotadas no son el producto de la ciencia sino de las medidas higiénicas introducidas a mediados del siglo pasado, como si Pasteur, Koch, Semmelweiss, Snow y muchos otros científicos jamás hubieran existido.3 Esas mismas voces afirman que los científicos han hecho poco para cambiar a la sociedad y que la ciencia y la tecnología su sucedánea, no son los motores del desarrollo, progreso y bienestar de la humanidad.
 
En México, desafortunadamente esta desconfianza corre paralelamente con el poco interés que despierta la ciencia en la vida cotidiana. De los varios posibles factores que pueden explicar tal desinterés, Ruy Pérez Tamayo da en el clavo con el más tácito (y doloroso) de todos: la ciencia no forma parte de la cultura mexicana 4. De ella se derivan por lo menos otros dos: la pobre inversión en ciencia y tecnología y los malos salarios de los científicos mexicanos. Por ejemplo, el informe-1994 de los Indicadores de la Actividad Científica y Tecnológica editado por el conacyt, dice que el apoyo gubernamental a la ciencia mexicana, ya de por sí magro, sufre grandes recortes cuando la economía entra en terapia intensiva. En 1982 el gasto federal en ciencia y desarrollo se redujo 40% con respecto al invertido en 1981, que fue de 1 500 mdd. De 1982 a 1989, el mismo gasto tuvo un promedio anual de 565 mdd, mientras que en 1994 fue de 1 200 mdd. Por la devaluación de nuestra moneda en diciembre de 1994 y la inflación que trajo consigo, el gasto federal proyectado para la ciencia en 1995 se redujo entre 80 y 90%, y no hay ninguna razón para pensar que en los siguientes años el financiamiento seguirá el ascenso que tuvo durante el sexenio pasado. De hecho, es probable que suceda lo contrario, pues la historia de nuestras crisis financieras señala que la curva del dinero destinado a la ciencia irá de nuevo hacia abajo, y que una vez resuelta la crisis (no debemos perder la esperanza) el financiamiento tardará aproximadamente cinco años para llegar a los niveles de 1980.
 
Según el mencionado informe, en 1994 el porcentaje del PIB invertido en ciencia y desarrollo en Japón, Alemania, Estados Unidos y México fue del 3.0, 2.8, 2.6 y 0.3%, respectivamente. Una cifra más: un investigador de tiempo completo que trabaja en una institución de la Secretaría de Salud en el Distrito Federal, en 1995 gana alrededor de 5 000 dólares al año, mientras que el salario de su contraparte en Estados Unidos es de 12 a 15 veces mayor. Lo anterior contrasta con una actividad que sí forma parte de la cultura nacional: el fútbol soccer. Recuérdense las cantidades estratosféricas de dólares que ganaba César Menotti como entrenador de la Selección Nacional y las grandes celebraciones populares posteriores a cualquier triunfo (y hasta después de los empates) de la Selección Mexicana de Fútbol en el pasado Campeonato Mundial. Esto tiene que ver, desde luego, con las famosas prioridades (vide infra). El fútbol profesional es un espectáculo de masas, la ciencia es una actividad de minorías. El gran capital que las patadas profesionales producen nunca será generado tan rápidamente por la ciencia. Por ello será difícil que los empresarios privados algún día inviertan en investigación científica con el mismo tesón.
 
¿Debe la sociedad tolerar esas discrepancias? Indudablemente que la nuestra lo está haciendo y no hay barruntos de que esto cambie. La crisis financiera actual de nuestro país ha agudizado más esa distancia. La desaparición (o ausencia crónica) de las secciones de ciencia en algunos semanarios culturales o de información y análisis de circulación nacional sin duda ahorra algunos miles de nuevos pesos, pero también puede ser otro argumento confirmatorio de que en nuestro país la ciencia no es parte de la cultura nacional. En su libro The Philosophies of Science, Harré argumenta que los gobiernos y las sociedades deben impulsar la investigación científica no sólo por las consecuencias utilitarias que esto acarrearía sino también por el indudable valor intrínseco de esta actividad.5 En este sentido, nuestro apoyo a la ciencia podría basarse, por ejemplo, en la mejoría de la salud pública como consecuencia de la aplicación cotidiana de los descubrimientos científicos. Esa misma aprobación pudiera ser la conclusión de que la ciencia, como el arte, vale por sí misma, por la belleza estética de algunas de sus teorías. Sir Francis Bacon pensó que la investigación científica debe favorecerse porque produce descubrimientos que mejoran la salud, la riqueza y el bienestar de las naciones. El valor intrínseco de esa mejoría, dice el barón de Verulamio, amerita por sí solo el apoyo a la ciencia.
 
Los recursos públicos de todas las sociedades destinados a la comunicación, agricultura, pesca, salud, etcétera, son limitados. No hay ni habrá sociedades en las que el conocimiento sea el bien supremo alrededor del cual giren todos los demás. Por ello, y casi siempre después de admitir que cada cosa tiene su razón de ser, los administradores optan por establecer prioridades. Cuando entre ellas no está la generación de conocimientos, es poco probable que la ciencia ocupe un sitio siquiera medianamente importante, con todo y que ha contribuido a mejorar nuestra calidad de vida más drásticamente que los locutores de televisión, políticos, gobernantes, futbolistas y generales de cinco estrellas.6 México no pertenece al Tercer Mundo por casualidad, ni su ciencia está en ese nivel; en todo caso, nuestro país está subdesarrollado porque la ciencia ha estado mal atendida por nuestros políticos y dirigentes, y porque la sociedad mexicana decidió desde hace varios siglos que la comprensión de la naturaleza y la búsqueda de la verdad son valores que no le interesan. Esto es desafortunado, pues entre los peligros que tiene cualquier nación cuando cancela o menosprecia la ciencia, está el de subordinar su futuro a otras más avanzadas, el de renunciar a la libertad que le otorga el conocimiento y el de no poder siquiera aspirar a la autosuficiencia económica. Daniel E. Koshland, editor de la afamada e influyente revista de difusión científica Science, señala que: "Para la gente de América Latina el asunto es crucial. El futuro crecimiento económico de la región dependerá, como el del mundo desarrollado, de sus cimientos científicos".7 Hasta Clinton lo afirmó en el prefacio de su Science in the National Interest "La tecnología —máquina del crecimiento económico— crea empleos, construye nuevas industrias y mejora nuestro estándar de vida. La ciencia es el motor de la tecnología.
 
En ciencia, como en cualquier otra actividad humana,, uno encuentra científicos santos, charlatanes, guerreros, monjes, genios, excéntricos, tiranos, esclavos, benefactores y pordioseros; a pesar de eso, la sociedad no debe esperar que contesten las siguientes preguntas: ¿Para qué estamos aquí? ¿Cómo empezó todo? ¿Cuál es el objeto de vivir? Popper las llamó "preguntas últimas"; para contestarlas, Sir Peter B. Medawar nos aconseja acudir a la religión, literatura y filosofía, puesto que la ciencia no tiene respuestas ni podrá responder a ellas porque "el desarrollo del entendiente científico es autolimitado, es decir, que se vuelve más lento a consecuencia del hecho mismo de desarrollarse, como ocurre al crecimiento de las poblaciones, los rascacielos o los aviones".8 Esos límites no se deben, desde luego, a la inutilidad de la ciencia ni a deficiencias mentales de los científicos. Es una limitación lógica, pues las preguntas primeras y las últimas no permiten la aplicación de ningún método experimental y porque, como dice nuevamente Medawar, "brotan de evidencia empírica"9 y sus respuestas son, la mayoría de las veces, actos de fe.
 
La ciencia no ha resuelto aún muchos problemas que agobian al hombre. No sería justo afirmar que los científicos han fallado porque todavía hay enfermedades incurables, pobreza y hambre extremas. Tampoco sería justificable condenar la ciencia por algunos usos que se han dado a sus productos, por ejemplo, la bomba atómica o las armas bacteriológicas o químicas; sería tanto como culpar a la pistola por el homicidio. Estos son problemas ante los que la ciencia toma posiciones neutrales; no así los científicos, empezando por Rusell y Einstein que, como entes sociales, se manifestaron abiertamente contra esos usos.10 El movimiento Pugwash es sólo una muestra.11 Concluyo cediéndole de nuevo la palabra a Medawar: "Mi gremio y yo creemos que se puede hacer del mundo un mejor lugar para vivir, creemos, en realidad, que ya es mejor, y que la ciencia natural, con todo y sus limitaciones, ha desempeñado un papel relevante, del que mis colegas y yo estamos inmensamente orgullosos."12
 
 
articulos
Referencias bibliográficas y notas
 
1.-Tamayo R., Pérez, "¿Qué es la ciencia?", en: Ciencia, Ética y Sociedad. El Colegio Nacional, México, pp, 21-36,1991.
2.-Max, Perutz, "Is Science Necessary?" en: te science necessary?, Oxford University Press, Oxford, Inglaterra, pp. 3-97,1991.
3.
4. Pérez Tamayo R., "La importancia social del científico", en: Palabras Académicas, El Colegio Nacional, México, pp 35-48,1993.
5. R. Harré, "Science and society" en: The philosophies of science, Oxford University Press, Oxford, Inglaterra, pp. 184-195,1992.
6. Max Perutz, op. cit.
7. De Koshland Jr, "Science in Latin America", Science 267:771,1995
8. Medawar RB. Los límites de la ciencia. Fondo de Cultura Económica. México, pp. 85-137.1988.
9. Medawar, op. cit.
10. J. Rotblat, "Las múltiples caras de la conciencia social de los científicos", ciencias 36:18-25,1994.
11. Este movimiento fue iniciado por Bertrand Russel y Albert Einstein en 1955 como respuesta a la carrera nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética desatada después del estallido de las bombas atómicas estadounidenses en agosto de 1945. Para mayores detalles, véase Cetto Ana María. Orígenes del movimiento Pugwash, ciencias 36:20,22,1994.
12. Medawar, op. cit. pp. 136-137.
     
___________________________________________________________
     
Antonio R. Cabral
Instituto Nacional de la Nutrición "Salvador Zubirán".
     
___________________________________________________________      
 
como citar este artículo 
 
Cabral R., Antonio. 1995. Ciencia y sociedad. Ciencias, núm. 39
julio-septiembre, pp. 14-16. [En línea].
     

 

 

R39Articulo02   menu2
   

 

 

 
Gonzalo Halffter
     
               
               
Por muchas razones, las reservas de la biosfera merecen
una atención especial. Son uno de los dos sistemas (el otro sería los sitios del patrimonio de la humanidad) que se basan en una red internacional de áreas protegidas, red coordinada por la UNESCO, pero en la que intervienen programas regionales, como en el caso de CYTED para Iberoamérica. Además, es un sistema que ha sido repetidamente evaluado y "alimentado" por numerosas reuniones de científicos y expertos del más alto nivel, que desde su inicio se ha propuesto ser multidisciplinario, en el que las ciencias sociales tienen la misma importancia que las naturales. En cada reserva de la biosfera se busca unir a la función de conservación de la biodiversidad y del medio la búsqueda de alternativas de desarrollo que reconcilien la conservación con el uso sustentable de los recursos naturales. Todo ello a través de mecanismos de cooperación locales y considerando como prioridades la investigación científica, la formación y el monitoreo ambiental.
 
Como en cualquier otro programa internacional, es evidente que existe una distancia entre los planteamientos y las realizaciones concretas. Esta distancia varía en cada país, incluso entre regiones de un mismo país. El que existan estas diferencias no debe considerarse como un síntoma de fracaso, sino como una muestra de la diversidad de las sociedades humanas, de lo distintas que son las realidades que viven los diferentes países. Si estamos esforzándonos por conservar la diversidad biológica, no podemos ignorar y hacer a un lado la diversidad social, sobre todo en su ámbito cultural.
 
Podría creerse que existe una incongruencia entre el hecho de que una conferencia discuta exhaustivamente cuáles deben ser las características generales de las reservas, y que el primer planteamiento que haga ante ustedes sea un reconocimiento de la diversidad de respuestas reales e incluso de la conveniencia de estas diferencias. Realmente no existe tal incongruencia. La necesidad de paradigmas claros y bien establecidos no está reñida con la pluralidad de resultados. A diferencia del mundo económico global, en el que se pretende que todos obedezcamos normas establecidas desde "arriba", el mundo natural en el que existen los seres vivos —entre ellos, nosotros— es diverso, y su riqueza, su capacidad para superar situaciones difíciles y para evolucionar, depende justamente de esa heterogeneidad.
 
En las reservas de la biosfera, el enfoque regional y el compromiso con los problemas concretos que buscan el promover el desarrollo y proteger los usos tradicionales con sus valores culturales asociados, forzosamente conducen a soluciones plurales, aunque se conserven los planteamientos básicos. En Sevilla hemos planteado un plan, un paradigma de soluciones posibles, pero cada uno de los países debe buscar la mejor forma de hacer compatibles los preceptos generales con su realidad nacional.
 
Por supuesto, todos los propósitos que antes enunciamos para las reservas de la biosfera no pueden realizarse en un espacio reducido. Las reservas de la biosfera deben ser forzosamente extensas e incluir un ordenamiento de su territorio. Así, cada reserva de la biosfera incluye una o varias zonas núcleo dedicadas a la conservación de los ecosistemas y de su biodiversidad, zonas en las que la perturbación humana se reduce al mínimo. Pero también incluye zonas de amortiguamiento y zonas de influencia. Es en las zonas de influencia donde pueden desarrollarse nuevas formas de interacción con la naturaleza y donde pueden experimentarse políticas para el uso del territorio y de sus recursos en colaboración con las poblaciones locales.
 
Las reservas del siglo XXI van a tener que incrementar este tipo de actividades. Es evidente que la conservación de la biodiversidad no puede seguir basándose en estrategias y filosofías generadas a fines del siglo XIX, cuando las áreas protegidas se establecían dentro de inmensos territorios semivacíos u ocupados por poblaciones que no podían defender sus derechos de uso. Por razones totalmente distintas, tanto los países industrializados como los países en desarrollo tienen urgencia de ordenar el uso de su territorio y de sus recursos. Y creo que en este ejercicio las reservas de la biosfera tienen un papel importante que desempeñar.
 
Veamos primero el caso de los países industrializados. Con algunas excepciones (la más notable sería Japón), estos países producen más alimentos de los que necesitan o pueden comercializar con ganancias. Después de más de cien años de estrategias nacionales de subsidios para aumentar la producción agrícola, en los últimos años estos países han tenido que disminuir su producción. Por ejemplo, las presiones que tiene España para reducir su superficie vinícola. La realidad es que en Europa Occidental se produce más vino, más leche, más mantequilla y más de otros muchos productos agrícolas de lo que los europeos pueden consumir o vender con provecho.
 
Reducir la producción agrícola cuando hasta hace poco las políticas nacionales han buscado justamente lo contrario no es fácil. El paso de una agricultura mecanizada, intensiva, con uso masivo de agroquímicos (con el consiguiente deterioro ambiental) a una agricultura más diversificada que en ciertas áreas rescate los usos rústicos no es sencillo. Especialmente si se desea que esto ocurra sin grandes desequilibrios socioeconómicos y sin pérdida de empleos. Sin embargo, es posible, como lo demuestra la experiencia de los dos últimos años en Suiza, donde 45% de las granjas han adoptado las nuevas estrategias (Ernst F. Boller in litt., 3 de marzo de 1995). La estrategia ya puesta en marcha en Suiza, que combina la producción ecológica y las granjas integradas está incorporándose a la "política agrícola común" de la Unión Europea.
 
Es evidente que la transición —una revolución en los sistemas de producción agropecuarios tan importante como lo fue en su momento el uso de maquinaria de motor y productos agroquímicos— debe plantearse a nivel local y regional, tomando en cuenta las peculiaridades culturales y la participación de las poblaciones locales. No se puede improvisar, y es necesario disponer de lugares adecuados en los que se puedan experimentar las nuevas estrategias. Lugares donde los métodos empleados puedan verificarse a largo plazo, con énfasis en sus aspectos ecológicos y sociales, muy especialmente en la repercusión que puedan tener sobre la calidad ambiental y la diversidad biológica. No encuentro mejor lugar para estudiar muchos aspectos de esta transformación que las áreas de transición o influencia de las reservas de la biosfera, que se convertirían así en laboratorios para la búsqueda de formas postindustriales de explotación agrícola, pecuaria y forestal con miras a nuevos estilos de desarrollo regional.
 
El panorama de exceso de producción que debe racionalizarse está restringido a muy pocos países. En la mayor parte del mundo, especialmente en el mundo intertropical (que contiene la mayor diversidad biológica), la relación alimento-habitante no ha mejorado. En muchos lugares, incluso, ha empeorado. Además, son cada vez mayores las presiones sobre las extensiones de paisaje que hasta ahora no han sufrido una transformación profunda. Las estrategias generales de desarrollo de los países tropicales buscan aumentar la producción de bienes y alcanzar una cierta modernidad industrial. Resulta evidente que ésta debe lograrse sin que la diversidad biológica sufra graves pérdidas y sin degradar el ambiente. Sin embargo, esto no ocurre así. Los núcleos que toman las decisiones, así como muchos tecnólogos, consideran la conservación de la biodiversidad como un freno al desarrollo. Razones y presiones económicas, culturales y políticas, tanto nacionales como internacionales, contribuyen a que el desarrollo sustentable no forme parte del futuro inmediato de los países tropicales. Pero es indudable que también pesa mucho el no saber cómo actuar.
 
En escenarios muy distintos de los de los países industrializados, las reservas de la biosfera pueden desempeñar un papel importante, si se busca, como estrategia básica, la repercusión regional, proyectando hacia el exterior la experiencia y el conocimiento que se va acumulando en cada reserva de la biosfera. Convertir a la reserva en un centro activo para el ordenamiento del uso de los recursos naturales, y sin rehuir el análisis y búsqueda de soluciones a los planteamientos muchas veces contradictorios y excluyentes que derivan de los intereses económicos, de las necesidades de conservación del paisaje y su biodiversidad, de la demografía creciente, así como de las costumbres y necesidades locales.
 
No propongo que todo el territorio de los países intertropicales sea planificado con base en normas que surjan de las reservas de la biosfera. Sería una ingenuidad, incluso una tontería. En aquellos lugares donde las condiciones de suelo y agua permitan una explotación intensiva, ésta va a tener que llevarse a cabo si queremos una vida mejor para millones de personas que carecen de todo. Pero existe un amplísimo territorio en el que la explotación intensiva no es posible en términos económicos y ecológicos estables. Una gran pregunta es: ¿por qué aplicar en estos escenarios medidas degradantes, inmediatas, que provocarían la pérdida de biodiversidad y de calidad del ambiente? Es evidente que ningún responsable de tomar decisiones desea expresamente que esto ocurra y, sin embargo, ocurre como resultado de complejas presiones económicas, sociales y políticas, de falta de información, por inercia o por precipitación.
 
Por todas estas razones, considero que también en los países en desarrollo las reservas de la biosfera pueden ser un lugar privilegiado para generar y experimentar nuevas alternativas. A la larga será, no la mejor, sino la única forma de proteger la biodiversidad.
 
Es evidente que algunos núcleos humanos que conservan sus tradiciones ancestrales han desarrollado y mantenido ciertos usos de sus recursos naturales que permiten un cierto rendimiento económico sin deterioro de los ecosistemas. Así, han logrado conciliar conservación y producción. No existe en ello ningún misterio en especial. Simplemente es una manifestación más del gran arquitecto de la evolución: la selección natural. Si un grupo humano ha persistido durante mucho tiempo en un determinado paisaje, tiene que haber aprendido a usarlo sin destruirlo. Si no, hubiera tenido que emigrar o hubiera desaparecido.
 
Las presiones de la sociedad global de consumo, así como la inmigración de grupos humanos extraños, son elementos que ponen en peligro no sólo la riqueza biológica de los ecosistemas, sino también las culturas tradicionales asociadas a estos ecosistemas. Aunque se ha planteado en varias ocasiones unir la protección del conocimiento tradicional a la protección de la naturaleza, éste es un campo en el que aún queda mucho que hacer. Las reservas de la biosfera con su esquema de áreas de protección en las que se incluye una actividad humana controlada, se convierten en el lugar ideal para proteger estos usos tradicionales, tan amenazados como la propia diversidad biológica.
 
Limitaciones ecológicas de las áreas protegidas
 
Para concluir, hablaré de una serie de límites ecológicos que se han empezado a estudiar en los últimos años, y que indican que un sistema de áreas naturales protegidas (incluyendo las reservas de la biosfera), por si solo, no va a ser suficiente garantía para la conservación de una parte importante de la diversidad biológica. Es la cara negativa de la moneda, que tenemos que conocer si queremos superar las limitaciones que implica.
 
En los últimos años la biología de la conservación insiste cada vez más en una serie de problemas derivados de la relación área versus número de especies que puede contener. Cuanto menor es un área, menor es el número de especies que contiene y que puede mantener en sus procesos evolutivos. La segunda limitación es más compleja. Como enunciado preliminar señalaré que un área protegida, incluso grande, no contiene todas las especies de un determinado ecosistema. Esto por una razón muy sencilla: dentro de un ecosistema hay cambios en la composición a medida que nos desplazamos geográficamente. Así, para poner un ejemplo, no es posible tener una reserva que contenga a todas las especies que viven en las selvas perennifolias de México, ni siquiera a un buen porcentaje de ellas. Lo que sucede es que las especies que viven en el litoral del Golfo de México son distintas de las del Pacífico, y distintas de las que se encuentran en la Península de Yucatán, aunque una primera visión dé una idea de ecosistemas muy semejantes. ¿Por qué estas dos limitaciones de las áreas protegidas no se visualizaron en las primeras décadas de su funcionamiento? Creo que la respuesta está en que la mayor parte de las áreas protegidas formaban parte de paisajes poco modificados. No digo intactos, pero que conservaban su estructura ecológica básica. En estas condiciones, el exterior suple y enmascara las limitaciones del área protegida. A medida que el paisaje externo va siendo modificado, las áreas protegidas van quedando como islas. Al reducirse no sus límites legales, sino el espacio real de que disponen los biota, aparecen los problemas asociados con la extensión del área. Estos problemas afectan en primer término a animales con desplazamientos o territorios importantes, como muchos mamíferos y aves grandes, en especial los depredadores; pero a corto plazo van a afectar a todo el conjunto florístico-faunístico, como ya está sucediendo en algunas áreas protegidas. En cuanto a la segunda limitación, creo que su falta de visibilidad se debe a que es un fenómeno más llamativo en condiciones tropicales que en las templadas o templadas-frías. Así, en el estado de Veracruz, en un transecto de 80 kilómetros entre el mar y la parte alta de las montañas, la fauna que integra el gremio de escarabajos coprófagos tienen un recambio total de especies, no una vez, sino cinco. Este fenómeno conocido como diversidad b, es, como decía antes, mucho más marcado en el mundo tropical que en países templados y templado-fríos. En dos transectos que se hicieron con grupos escogidos de plantas y animales de Gran Bretaña, uno de norte a sur y otro de este a oeste, se encontró muy poco remplazo de especies.
 
¿Cómo conservar una parte importante de esta diversidad tan dispersa con base únicamente en un sistema de áreas protegidas o islas que incluye sólo un muy pequeño porcentaje de la superficie terrestre?
 
Resulta evidente que en el siglo XXI la conservación de la biodiversidad no sólo tendrá que enfrentarse a una creciente presión humana, sino también a problemas ecológicos como los antes enunciados, problemas que hace pocos años no se percibían. La solución, si es que existe, no puede verse únicamente como una continuación de los planteamientos actuales, es decir, la ampliación del número y extensión de áreas protegidas. De ninguna manera estoy contra la creación de nuevas áreas protegidas. He participado en la creación de varias reservas de la biosfera en México y creo que aún debemos establecer más. Pero la superficie que podemos excluir del uso productivo tiene un límite y este límite es cada vez más estrecho ante el aumento demográfico.
 
En algunos países, como Estados Unidos, se está planteando un sistema de corredores ecológicos que unan las áreas protegidas y eviten los efectos de insularidad. Pero en los países tropicales, en los que la presión sobre la tierra es creciente, el espacio que puede dedicarse a estos corredores va a ser limitado.
 
En estas condiciones, la única alternativa que, a mi parecer, tiene posibilidades a mediano plazo, es la que mencioné al hablar del papel de laboratorio que las reservas de la biosfera deben tener en el siglo XXI: el desarrollo de usos rústico-racionales que permitan hacer compatibles el beneficio económico y la conservación. No es necesario inventar estos usos: aún subsisten, sólo hay que integrarlos con las redes de áreas protegidas.
 
Indudablemente, el uso rústico-racional no es equivalente al abandono, y menos a la distorsión por improvisaciones y presiones inmediatistas. Estos usos (en plural, porque son muchos y diferentes) tienen que ser analizados y reforzados con el conocimiento científico-tecnológico, y protegidos con disposiciones legales e instrumentos económicos como la "etiqueta verde", por ejemplo, que ahora empieza a plantearse.
 
Diversas razones ecológicas, sociales y económicas nos conducen a pensar que la conservación de la biodiversidad en el siglo XXI tiene que plantearse en forma global, no aislada, como hasta ahora se ha hecho, más ligada a las culturas de producción agropecuarias, y aplicando soluciones distintas para diferentes tipos de escenarios.
 
Con el fin de realizar una evaluación minuciosa de los resultados obtenidos, y la experiencia adquirida con la aplicación del Plan de Acción de las Reservas de la Biósfera, que fue elaborado durante el Primer Congreso Internacional sobre Reservas de la Biósfera —convocado por la UNESCO, el PNUMA, la FAO y la IUCN y celebrado en Minsk, Bielorrusia, en 1983—, la UNESCO convocó a una reunión de expertos. El objetivo central de esta conferencia celebrada en Sevilla, España, del 20 al 25 de marzo de este año, a la que asistieron cerca de 400 participantes, fue la elaboración de un nuevo Plan de Acción de Reservas de la Biósfera, que será presentado en la 28a reunión de la Conferencia General de la UNESCO para su adopción.
articulos
Conferencia pronunciada en la Casa de América, Madrid, el 3 de abril
de 1995, como continuación de la II Conferencia Internacional sobre Reservas de la Biosfera, UNESCO, Sevilla, 20-25 de marzo de 1995.
 
 
 
____________________________________________________________      
Gonzalo Halffter
Coordinador Internacional,
Subprograma XII, Diversidad Biológica,
Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED). 
     
____________________________________________________________      
 
como citar este artículo

Halffter, Gonzalo. 1995. Reservas de la biósfera y conservación de la biodiversidad en el siglo XXI. Ciencias, núm. 39, julio-septiembre, pp. 9-13. [En línea].
     

 

 

R39Articulo01   menu2
índice 39
siguiente
PDF
   

 

 

 
Alfonso Arellano Hernández
     
               
               
0 Mensch! Gib acht!
Was spricht die tiefe Mitternacht?
Ich schlief!
Aus tiefen Traum Un Ich erwacht!
Die Welt ist tief,
und tiefer, als der Tag gedacht!
 
(¡Hombre! ¡Atiende!
¿Qué dice la profunda medianoche?
¡Duermo!
¡De profundo sueño despierto!
¡El mundo es profundo,
y más hondo de lo que el día concibe!)
 
F. Nietzsche,
Así hablaba Zaratustra
 
   articulos  
Todos los que vivimos en grandes ciudades, llenas de luz eléctrica, pocas veces podemos admirar la magnificencia de la bóveda celeste, en particular durante la noche. Resulta indescriptible la sensación de volver los ojos a lo alto y contemplar el espacio infinito, oscurísimo, salpicado de luces —blancas, rojas, azules—; unas fijas, otras titilantes y algunas fugaces (amén de los satélites artificiales que ensucian la órbita de nuestro planeta).
 
Y la impresión es aún más fuerte cuando sabemos que muchos de tales astros se apagaron antes de que la especie Homo sapiens apareciera sobre la Tierra.
 
Sin embargo, todavía existen sitios desde los cuales podemos apreciar el cielo nocturno y el movimiento de los astros. Entre ellos se encuentran las ruinas mayas.
 
Ahora bien, ¿cuántas veces hemos incursionado por alguno de los aspectos de la civilización maya, y hemos observado que se mencionan sus profundos conocimientos cronológicos y astronómicos? Muchas, tantas que comúnmente se considera que los mayas eran los más grandes observadores del Cielo.
 
En la actualidad, el desarrollo de los estudios acerca de la escritura jeroglífica de los mayas —epigrafía— ha permitido afinar nuestros conceptos acerca del nivel que dicho pueblo alcanzó en sus observaciones celestes. Así, en las páginas siguientes presentaré un caso de los más interesantes, que se encuentra registrado en diferentes inscripciones del sitio hoy ubicado en el estado de Chiapas y que se conoce con el nombre de Palenque. En particular, los datos proceden de los tableros conocidos como "de la Cruz", "de la Cruz Foliada" y "del Sol".
 
Un reinado singular
 
El 10 de enero de 684 d.C.,1 Chan Bahlum (Jaguar Serpiente) II se entronizó como señor de Palenque. Fue el primogénito de Pacal (Escudo) II y la señora Ahpo Hel (Señora del Linaje). Nació un 10 de abril de 635 d. C, cuando su padre tenía 32 años de edad, y fue nombrado sucesor al trono casi a sus seis años, el 14 de junio de 641. Chan Bahlum II legitimó su entrada al linaje asociándola con la de su antepasado Kan Hok Chitam (Pécari Nudo Precioso) I, suceso que había ocurrido 145 años antes, es decir, en 496 d. C. De esta manera, Chan Bahlum II mostraba públicamente la aceptación de los dioses y de los abuelos para gobernar Palenque.
 
Por otro lado, el primer vínculo que nuestro personaje estableció con los sucesos astronómicos se dio bajo la forma de un nombramiento. El 19 de junio de 641, Chan Bahlum II recibió el título de k'in k'in (Sol), entre otros muchos, al mismo tiempo que se decía pariente de un dios. Como puede observarse, la adquisición del título fue muy próxima al solsticio de verano (en el calendario gregoriano).
 
Asimismo, el hecho corresponde a la iconografía del Tablero del Sol (figura 1). En él se aprecia una imagen del escudo solar que representa al Sol Jaguar del Inframundo, apoyado en dos lanzas a su vez colocadas sobre una especie de trono bicéfalo. El conjunto implica que Chan Bahlum II reforzó su designación al trono de Palenque como "Sol": así se hacía responsable de que el Cosmos permaneciera, y se identificaba con el dios Sol Jaguar del Inframundo, que crea y favorece la vida. Chan Bahlum II era, pues, un dios humanizado o un humano deificado.2 Al cabo de varios sucesos, incluida la muerte de su padre (el 28 de agosto de 638), Chan Bahlum II pudo sentarse en el trono. Esto ocurrió el 7 de enero de 684 d.C., cuando tenía casi 50 años de edad.
 
 figura3901 01
Figura 1. Tablero del Templo del Sol, Palenque. Dibujo de Linda Schele, en Arellano, 1988: passim.
 
La alteración del Cosmos
 
Lo más espectacular durante su reinado fue que —en paráfrasis libre del texto glífico— "los dioses se hicieron compañía" el 20 de julio de 690 d. C. Las inscripciones señalan que intervinieron las deidades de la Tríada: G I, G II y G III.3 Al mismo tiempo se cumplían 75 años de la llegada de Pacal II al trono.
 
Acerca del suceso astronómico (figuras 2 y 3), algunos mayistas consideran que fue la coincidencia de los puntos estacionarios de Saturno y Júpiter en sus órbitas, para reiniciar su camino (movimiento retrógrado), después de haberse aproximado a Marte y entrar los tres en conjunción superior con la Luna. Además, los cuatro planetas estaban en Escorpio.4
 
 figura3901 02
Figura 2. La bóveda celeste en 19 de julio de 690 d. C. Vista desde Palenque, 8:00 pm.
figura3901 03
Figura 3. La bóveda celeste en 20 de julio de 690 d. C. Vista desde Palenque, 8:00 pm. Fecha registrada como 2 cib 14 mol en el Tablero de la Cruz Foliada y del Sol.
 
Un día después (21-VII) (figura 4), Chan Bahlum II inauguró un edificio al que llamó "Casa Occidental del Quetzal" (probablemente un templo en honor del fundador de la dinastía palencana). Dos días más tarde (figura 5), el señor realizó una invocación a un dios celestial, por medio de un autosacrificio, con el fin de volver el Cosmos a la normalidad.5
 
 figura3901 04

Figura 4. El Cielo el 21 de julio de 690 d. C. Vista desde Palenque, 8:00 pm.

figura3901 05
Figura 5. El Cielo el 23 de julio de 690 d. C. Vista desde Palenque, 8:00 pm.
 
En el cuadro 1 se presentan los datos relativos a las figuras 2, 3, 4, y 5.
 
 
 cuadro3901
 Cuadro 1
 
 
La importancia del suceso celeste fue tal que también se halló registrado en un adorno de jade. Si bien la joya fue recuperada del cenote Sagrado de Chichén Itzá,6 formaba parte de un collar que, por la inscripción que presenta, pertenecía sin lugar a dudas a Chan Bahlum II de Palenque.
 
Después de los sucesos relatados, su reinado transcurrió con relativa tranquilidad. Se dedicó a celebrar algunos acontecimientos, como su octavo año en el trono (el 7 de enero de 692) y la dedicación de los templos de la Cruz, Cruz Foliada y Sol, hacia el equinoccio de primavera, el 15 de marzo de 692 d.C.7
 
Chan Bahlum II de Palenque murió un día 16 de febrero del año 702 d. C. Fue sucedido por su siguiente hermano, Kan Hok Chitam (Pécari Nudo Precioso) II.
 
Los cielos y los hombres
 
Si bien el ejemplo expuesto es muy específico de una ciudad y un momento determinados, no se trata de una excepción en lo que toca a toda el área maya. A lo largo y ancho de la región, durante el lapso prehispánico de la historia de los mayas, encontramos registros glíficos cuyo análisis cuidadoso ofrece ricos datos acerca de las nociones astronómicas de dicha cultura.
 
Las peculiaridades de los acontecimientos, sin embargo, no suelen presentarse de manera explícita en los glifos —al menos no todavía, de acuerdo con los avances actuales de la epigrafía. Hasta la fecha, el único método que ha demostrado su valor es la conversión de los calendarios mayas al cristiano, tomando en cuenta tanto el juliano como la corrección gregoriana. En seguida, hay que acudir a los modernos programas para computadoras, que tienen la cualidad de mostrar la bóveda celeste —así como las posiciones de los planetas— en cualquier fecha.
 
De esta manera, el interés de los epigrafistas por la astronomía adquirió mayor empuje cuando, en la primera mitad de la década de 1980, se reveló el caso palencano. Es decir, se suponía que en la fecha maya 9.12.18.5.16 2 cib 14 mol (20-VII-690 d. C.) había ocurrido "algo" relacionado con la bóveda celeste, dado que el glifo verbal asociado representaba al cielo "invertido" o cabeza abajo; sin embargo se desconocía su significado. Éste pudo definirse gracias a la cooperación entre epigrafistas y astrónomos, pues con el manejo de computadoras se supo que había ocurrido una conjunción entre la Luna, Marte, Júpiter y Saturno.
 
Entonces se buscó una interpretación del glifo verbal "cielo invertido" y se encontró que era "acompañar", en tanto que los dioses actores del suceso se identificaron con dichos astros. A partir de entonces, se han realizado pesquisas en las numerosas inscripciones de los diferentes sitios mayas para tratar de definir los eventos astronómicos. La lista obtenida, hasta el momento, es larga e incluye conjunciones —muchas de ellas entre Venus y el Sol—, puntos estacionarios, eclipses solares y lunares, al igual que la proximidad de los planetas con algunas constelaciones, como ejemplo Escorpio, Géminis, Orión, Osa Menor y la propia Vía Láctea. Para llegar a este tipo de resultados, ha sido básico el trabajo interdisciplinario.
 
En otro sentido, se ha corroborado el papel que los acontecimientos celestes desempeñaban dentro de la vida cotidiana de los antiguos mayas. Los gobernantes, dado que personificaban a los dioses, se contaban entre los pocos seres terrícolas que podían alterar o conservar el transcurso de la vida de los hombres y el orden del Cosmos entero. En el ejemplo del acontecimiento de 2 cib 14 mol fue necesario que Chan Bahlum dedicara un edificio al primer abuelo y que regara sangre para invocar a un dios, todo ello con el fin de volver el Universo a la normalidad.
 
Como dije anteriormente, no se trata del único ejemplo que las inscripciones mayas ofrecen sobre los asuntos astronómicos, pero sí es uno de los más interesantes. En cuanto a los demás, baste por el momento considerarlos —por sus singularidades— como la herramienta idónea para realizar un mejor acercamiento a las nociones que los mayas tenían acerca del inmenso cielo y de los seres que en él habitan.
 
Notas

1. La conversión de las fechas mayas a cristianas se ha realizado en calendario juliano. Para los casos gregorianos sólo deben agregarse tres días.

2. V.ide Schele, 1976: 9-35; Cohodas, 1976:155-177.

3. Los bautizó Heinrich Berlin, 1963. Las letras quieren decir "God I [one]", "God II [two]" y "God III [three]". En fechas recientes, Shele y otros epigrafistas han tratado de rebautizarlos en maya yucateco, leyendo los glifos que forman parte de los nombres de dichos dioses; vide al respecto Schele y Miller, 1986, passim; y Freidel et ai, passim.

4. Lounsbury, en Schele, 1982: 23:3. Cfr. Kelley, I980,passim; Schele y Miller, 1986: 278, nota 11, y Freidel et ai, 1994, passim.

5. Schele, 1993: 120 y ss.

6. Proskouriakoff, 1974: 110-111, 203-210, lám. 75a. La autora destaca que la pieza mostraba rastros de haber sido quemada, y considera que fue obtenida por saqueo de alguna tumba de Palenque —cuando ésta fue abandonada— y arrojada más tarde al Cenote.

7. Recordar que las fechas están en calendario juliano.

     
     
Referencias bibliográficas
 
Arellano Hernández, A., 1988, La historia maya prehispánica. Otra perspectiva a través de sus inscripciones. Palenque, tesis, México, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, 169 pp., 110 ilus.
Aveni, A et al., 1980, Astronomía en la América antigua, México, Siglo XXI, 325 pp., ilus. (América Nuestra, 25).
Berlín, H., 1963, "The Palenque Triad", sobrearo de: Journal de la Société des Américanistes, Nouveüe Serie, París: LII, 91-99, ilus.
Cohodas, M., 1976, "The iconography of the panels of the Sun, Cross and Foliated Cross at Palenque, part III", en, Greene Robertson, Merle, (ed.), Segunda Mesa Redonda de Palenque. The art, iconography and dynastic history of Palenque, Peeble Beach, The Robert Louis Stevenson School: III, 155-176, ilus.
Freidel, D. et al., 1993, Maya Cosmos. Three thousand years on the shaman's path, Nueva York, William Morrow and Company, Inc., 543 pp., ilus.
Kelley, D., 1980, "Tablas e inscripciones astronómicas mayas", en: Aveni, A, et ai, Astronomía en la América antigua, México, Siglo XXI, 1980: 84-104, ilus.
Proskouriakoff, T., 1974. Jades from the Cenote of Sacrifice: Chich'én Itzá, Yucatán, Cambridge, Harvard University Press, XVIII + 217 p., ilus., (Memoirs of the Peabody Museum of Archaelogy and Ethnology).
Schele, L., 1976, "The Palenque triad. A visual and glyphic approach'', en: Actes du XCII Congrés International des Américanistes, París, 1976: VII, 407-423, ilus.
Schele, L., 1982, Maya glyphs. The verbs, Austin, Texas University Press, 427 pp., ilus.
Schele. L., 1993, Notebooh for the Maya hieroglyphk uniting workshop at Texas, Austin, Institute of Latin American Studies, University of Texas at Austin, 275 pp., ilus.
Schele, Linda y David Freidel, 1990, A forest of kings. The untold story of the Ancient Maya, Nueva York, Willliam Morrow and Company, Inc., 542 pp., ilus.
Schele, L. y M. Miller, 1986, The blood of kings. Dinasty and ritual in Maya art, Forth Worth, Kimbell Art Museum, 347 pp., ilus.
     
____________________________________________________________
     
Alfonso Arellano Hernández
Coordinación de Humanidades,
Universidad Nacional Autónoma de México. 
     
____________________________________________________________      
 
como citar este artículo 
Arellano Hernández, Alfonso. 1995. El profundo cielo de los mayas. Ciencias, núm. 39, julio-septiembre, pp. 4-8. [En línea].
     

 

 

Está aquí: Inicio Blog (2) revistas revista ciencias 39
Universidad Nacional Autónoma de México
Facultad de Ciencias
Departamento de Física, cubículos 320 y 321.
Ciudad Universitaria. México, D.F., C.P. 04510.
Télefono y Fax: +52 (01 55) 56 22 4935, 56 22 5316


Trabajo realizado con el apoyo de:
Programa UNAM-DGAPA-PAPIME número PE103509 y
UNAM-DGAPA-PAPIME número PE106212
 ISSN:0187-6376

Indice-RM

Responsable del sitio
Laura González Guerrero
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
 

Asesor técnico:
e-marketingservices.com
facebooktwitteryoutube

cclCreative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons
Attribution-Noncommercial-Share Alike 3.0 United States License