revista de cultura científica FACULTAD DE CIENCIAS, UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
Busca ampliar la cultura científica de la población, difundir información y hacer de la ciencia
un instrumento para el análisis de la realidad, con diversos puntos de vista desde la ciencia.

 

       
 
  menu2
               
  R03B01

 
Presupuesto de la Escuela de Altos Estudios (1911-1912)
 
Nota de los editores
   
   
     
                     
                   
La Escuela de Altos Estudios es el antecedente de la Facultad
de Ciencias, razón por la cual consideramos justo reproducir un fragmento del documento original.

…“en el cuadro de profesores propuestos se concede mucha mayor amplitud a la Facultad de Ciencias, puesto que diez profesores pertenecen a ella, fúndase esta diferencia en razón del estado actual de nuestro país, caracterizado por un progreso material y rápido, y cada vez más intenso, el cual requiere un cultivo de las diferentes ciencias que son el alma y el móvil de tal progreso.

Se ha procurado en la determinación de las diez clases de ciencias, que las asignaturas propuestas correspondan, tanto a las ciencias abstractas fundamentales como a las concretas que se proponen el estudio del hombre en general y del hombre mexicano en particular y a las grandes aplicaciones científicas realizadas en tipos culminantes de la actividad humana. De esta suerte, los profesores de Matemáticas superiores, de Física matemática, de Experimentación en Física, de Psico-sociología, de Lógica fundamental y de Historia de la Filosofía representan en la Escuela de Altos Estudios el cultivo de las ciencias abstractas; el profesor de Etnología y Antropología representa en la misma el cultivo de la ciencia concreta de la especie humana; el profesor de alta Psicología y de Patología experimental están destinados a ensanchar las bases científicas de la práctica médica, así como el profesor de Historia del Derecho se propondrá extender los antecedentes históricos de la práctica jurídica.

No he tenido reparo dados la alta jerarquía de la Escuela, el mayor contingente personal que ha de exigirse en ella a los profesores y la especialidad y elevación de los conocimientos que estos han de poseer, en proponer para ellos un sueldo superior al que se ha acostumbrado asignar a los maestros en la ciencia. No he juzgado oportuno por ahora marcar diferencias de sueldo en las asignaturas propuestas pues considero de la misma dignidad a todos los que poseen en alto grado una ciencia cualquiera. Acaso más tarde, cuando se perfecciona la organización del importante Establecimiento que dirijo, sea conveniente, ya por la asignatura de la que se trate, ya por el mérito y la reputación excepcional del profesor o por otro motivo, asignar cuotas mayores que las que en esta vez se proponen para todos.

El monto de los sueldos de los catedráticos sube a $46,519.25.

Excuso extenderme demasiado para encarecer la importancia del servicio de Biblioteca en una Escuela tan importante como la que tengo la honra de dirigir. El cuadro que propongo es solamente rudimentario, y de seguro habrá que ensancharlo en los años futuros.

Ocioso fuera hablar de la necesidad de las partidas consignadas en las secciones de servidumbre y gastos; ellas son indispensables. Debo hacer notar sin embargo el sumo interés de la práctica destinada a instalación de los Gabinetes de ciencia experimental, pues se comprende que la dotación de los aparatos e instrumentos necesarios y aún indispensables, por muy elemental que sea, tiene que cargar gastos de cuantía por lo cual, en vez de creer alta la cantidad de $25000.00 marcada en esta partida, la juzgo más bien baja, y sólo la propongo por obvias razones de economía.

Tal es la exposición de motivos que debo hacer conforme a la superior disposición de Ud. para justificar en su formación general y en algunos detalles, el proyecto de presupuesto que tengo la honra de remitirle.

Protesto a Ud. mi adhesión y respeto

Lib. y Const., México, 6 de octubre de 1910.
El Director de la Escuela N. de Altos Estudios.

P. PARRA
rúbrica

Al C. Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes.

PRESENTE.


  articulos  
_____________________________________________________________
 
Notas

Los documentos fueron facilitados por el Centro de Estudios sobre la Universidad, a través de proyecto de historia de la Facultad de Ciencias del Programa de Ciencia y Sociedad.
 
 
cómo citar este artículo
Nota de los editores 1983. Presupuesto de la Escuela de Altos Estudios. Ciencias 3, enero-marzo, 6-7. [En línea]
     
 
     

R03Articulos5
  menu2
   
   
Nota de los editores
     
               
               
Es claro que los orígenes de la Facultad de Ciencias
están inscritos en la historia de la Universidad Nacional. Sin embargo, ¿cuáles podría señalar como antecedentes específicos de esta facultad?
 
Como ya lo señaló el Dr. Lozano en la entrevista anterior, los primeros antecedentes de la Facultad de Ciencias se tienen qua buscar en la creación de la Universidad misma, en 1910, al reunir el maestro Justo Sierra, ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, una serie de escuelas profesionales qua ya existían en la ciudad, con la Escuela Nacional Preparatoria promulgándose su Ley Constitutiva el 26 de mayo de 1910.
 
Una de las instituciones que pasó a formar parte de esta “nueva” universidad, era la Escuela Nacional de Altos Estudios, creada por Ley el 7 de abril de 1910, e inaugurada formalmente el 18 de septiembre del mismo año, y siendo su primer director don Porfirio Parra. Don Porfirio murió en 1912, quedando en la dirección don Alfonso Pruneda. Su propósito era el de impartir cursos sobre temas avanzados, principalmente en humanidades; reuniendo además a un grupo de personas interesadas en el estudio de las ciencias.
 
Los objetivos que se pensaron para la Escuela de Altos Estudios pueden deducirse de el discurso de su director en la ceremonia inaugural: “En ella, los sabios mexicanos encontrarán los elementos indispensables que requiere la investigación científica, pues la Escuela Nacional de Altos Estudios abrirá sus puertas a los diferentes investigadores, para que este arte, tan importante como fecundo, sea practicado por todo mexicano que sienta amor a la ciencia y deseos de investigar las sabias leyes que norman la marcha del Universo, No por ser escuela de investigación científica dejará de ser el nuevo plantel una escuela de enseñanza, pues en ella se darán a conocer todas las ramas del saber en un grado y en una extensión, que no han podido ser enseñadas en las otras escuelas, por vedarle su índole especial”.
 
Para integrar el cuerpo docente se contrataron profesores extranjeros. El primero fue el Dr. J. M. Balwin para sicología, el segundo el Dr. F. Boas de Antropología y el tercero el Dr. Carl Reiche, quien dio un curso superior de botánica desde julio de 1911, con una inscripción de 33 estudiantes. También ofreció conferencias sobre teoría de la evolución orgánica y posteriormente dictó un curso de biología general y un curso práctico de clasificación botánica.
 
El Dr. Lozano habló en su entrevista sobre el desarrollo de la física y las matemáticas en la Escuela da Altos Estudios. ¿Qué nos puede decir de la biología?
 
Los estudios de biología se iniciaron con el esfuerzo del Dr. Reiche, que en 1915 fue sustituido por el prof. Guillermo Gándara, quien ofreció cuatro cursos: morfología general y sistemática; fisiología y fitogenesia; botánica geográfica y paleobotánica; y botánica industrial, médica y farmaceútica. En 1921 fue ayudante de estas cátedras el Dr. Enrique Beltrán.
 
Como profesor de zoología se nombró en 1916 al Dr. Agustín Reza, con un programa de tres años, con zoología general; biología y embriología generales; y anatomía comparada. En 1922, siendo director de la Escuela don Ezequiel A. Chávez, fue nombrado como profesor de zoología el prof. Alfonso L. Herrera, en lugar del Dr. Reza.
 
En 1924, el Dr. Enrique Beltrán ofreció los cursos libres de microscopía botánica y zoología de invertebrados.
 
La Escuela de Altos Estudios tropezó con dificultades presupuestales y con problemas políticos que trajeron cambios en su profesorado. Don Alfonso L. Herrara fue sustituido por el Dr. Isaac Ochoterena en 1925.
 
En este mismo año, la Escuela se transformó en la Facultad de Filosofía y Letras, iniciándose con esto, de una manera formal, los estudios de grado en la Universidad.
 
El Dr. Enrique Beltrán terminó sus estudios en 1924 y elaboró su tesis profesional sobre los protozoarios del Lago de Xochimilco, obteniendo su título de Profesor Académico en Ciencias Naturales en diciembre de 1926. Se convirtió así en el primer naturalista o biólogo profesional en México.
 
El 10 de julio de 1929, con una población estudiantil de 8154 alumnos, la Universidad se conviene en Autónoma y, esa mismo año, el Dr. Isaac Ochoterena funda dentro de la UNAM el Instituto de Biología, al conjugar las instalaciones y el personal que años antes venían haciendo investigación en biología.
 
Más tarde, en 1930, la Facultad de Filosofía y Letras creó un departamento llamado Sección de Ciencias, organizándose los estudios para obtener los grados académicos de maestro y doctor en ciencias exactas; en ciencias físicas y en ciencias biológicas, de acuerdo a los estudios respectivos. Estos quedaron reducidos para biología a dos cursos de botánica y dos de zoología.
 
En esta sección de ciencias estaban previstos estudios superiores de biología, física y matemáticas. La situación de las maestrías en física y matemáticas fue muy irregular, ya que no había quien obtuviera dicho grado. En tanto que en biología, debido a la relevante participación del Dr. Ochoterena, los estudios estuvieron mejor organizados y progresaron bastante. Esto se dio en parte porque las condiciones generales del país habían cambiado; la creación de las Escuelas Secundarias había multiplicado la demanda de profesores y, en general había un mejor ambiente para estas cuestiones. Así en 1931 se gradúan los dos primeros Maestros en Ciencias (Biología): el Dr. Leopoldo Ancona y la Dra. Helia Bravo Hollis; graduándose en estudios superiores 12 alumnos hasta 1938.
 
Tales son los antecedentes, pero aún conociéndolos con la precisión con que los ha descrito, ¿podríamos hablar, ya por aquellos años, de la Facultad de Ciencias?, o bien ¿hasta cuando se puede referir su existencia?
 
Es hasta 1938, año en que se fundó el Instituto de Física, que se iniciaron los trámites para que la Sección de la que hablábamos se convirtiera en la Facultad de Ciencias. Hubo una reunión previa del Consejo Universitario que al aprobar el nuevo Estatuto Universitario, creó la Facultad de Ciencias. Sus labores dieron principio el 2 da enero de 1939, bajo la dirección del Ing. Ricardo Monges López. En marzo de ese año comenzaron oficialmente las clases en los Departamentos de Matemáticas, Química, Biología, Geografía, Geología y Astronomía.
 
El Departamento de Biología quedó a cargo del Dr. Isaac Ochoterena, aprobándose el primer plan de estudios para la Maestría en Ciencias (Biología); mientras que los físicos y matemáticos continuaron con los planes que tenían desde 1936. La carrera de geografía se planteó a mayor nivel; los químicos iniciaron los cursos superiores y se creó la carrera de geología. El Departamento de Astronomía no llegó a fundarse por falta de alumnos. Para entonces, el presupuesto de la Universidad era de unos 50 millones de pesos.
 
En 1940 se fundó el Instituto de Matemáticas y cinco años más tarde, el Instituto de Geofísica. En esta época, por iniciativa del Director de la Facultad de Ciencias, Ingeniero Monges López, se creó el Consejo Técnico de la Investigación Científica, compuesto por los directores de los Institutos y de la Facultad de Ciencias.
 
Durante esos años, ¿en qué lugar se llevaban a cabo los estudios de Biología y con qué recursos se contaba?
 
Durante los años que van de 1939 a 1953, el Departamento de Biología funcionó en el antiguo edificio de Ezequiel Montes 115, donde alrededor de 30 alumnos contaban con 6 salones, dos laboratorios generales y un laboratorio de fotografía. Un cuerpo de distinguidos profesores formado por: María Agustina Batalla, Margarita Bravo, Eduardo Caballero, Ignacio Larios, Roberto Llamas, Rafael Martín del Campo, Liborio Martínez, Francisco Moctezuma, Carmen Ortega, Enrique Rioja, Manuel Ruíz-Oronóz, Amelia Sámano y Leonila Vázquez, comunicaban al estudiante todo su entusiasmo. Perseguían, como objetivos fundamentales: formar biólogos capaces de realizar investigación para su posterior incorporación al Instituto de Biología; además de dedicarse a la docencia en la propia Facultad, en la Escuela Nacional Preparatoria y en las escuelas de enseñanza media. El Instituto de Biología se localizaba en la Casa del Lago en el Bosque de Chapultepec y en el Museo de Historia Natural del Chopo.
 
En 1946, por problemas ante la Dirección General de Profesiones, que registraba la Maestría en Ciencias con cédula profesional de maestro de segunda enseñanza, se hizo un cambio, a través de otorgar licenciaturas en física, matemáticas y biología. Para entonces se habrán graduado de 1939 a 1945, 27 Maestros en Ciencias, que sumados a los doce de Filosofía y Letras, daban un total de 39. Muchos de ellos también obtuvieron el grado de Doctor en Ciencias. Poco después a finales de 1946, se hizo un cambio, al otorgar título profesional de biólogo, físico y matemático. Ya como biólogo, el primero que se graduó fue Salvador Lima Gutiérrez en junio de 1947.
 
¿Cómo se organizaban los cursos en la carrera de biología es decir, ¿cómo se integraba el plan de estudios en aquellos primeros años?
 
El plan de estudios estaba formado por materias anuales. En el primer año se cursaban 7 materias: botánica, zoología, citología, bioquímica, fotografía, dibujo y raíces griegas aplicadas a la biología. En el segundo año, cinco materias: botánica, zoología, anatomía comparada, histología comparada y raíces de lenguas indígenas aplicadas a la biología. En el tercer año: botánica, zoología, paleontología, embriología comparada y en el cuarto año: fisiología animal, biología general, técnicas de laboratorio e historia de las ciencias biológicas.
 
¿De qué manera se seleccionaban las materias que habrían de integrar el plan de estudios?
 
El Dr. Isaac Ochoterena organizó los cursos da Biología con la colaboración de los maestros, entre los que se puede destacar a los Doctores Caballero, Martín del Campo, Sámano y Ruíz-Oronóz. Posteriormente siendo director de la Facultad el Dr. Alberto Barajas, Secretario el Dr. Manuel Ruíz-Oronóz y Jefe del Departamento la Dra. Amelia Sámano, se hicieron ajustes del plan que duró hasta 1967.
 
¿Había relación de los planes de estudio con las necesidades del país?
 
Definitivamente no. Los objetivos de la carrera estaban dirigidos a formar profesionales que realizaran labores de investigación básica y de docencia. Además, muy pocos biólogos trabajaban fuera de la Universidad en investigación aplicada a problemas nacionales.
 
¿Qué otra modificación se presentó en el plan de estudios?
 
En 1966, con el Dr. Fernando Prieto como director y el Dr. Ayala Castañares como jefe del Departamento de Biología, se formó una comisión para elaborar el plan que a la fecha conocemos. En ello intervino Gómez Pompa, Yankelevcih, García Cubas, Savín, López Ochoterena y yo, en donde se tomaron en cuenta entre otros criterios, el tratar de asegurar que los alumnos tuvieran contacto con problemas del campo da trabajo; por eso se programaron las biologías de campo y las materias optativas, así como los cursos semestrales. Este plan entró en función entre 1967-1968.
 
¿Para el país, que representó le creación de la Facultad de Ciencias?
 
El establecimiento formal de la Facultad de Ciencias, permitió formar los primeros grupos de investigación científica con una preparación básica sólida; grupos que a su vez, reforzaron a los institutos de investigación, iniciándose así la etapa madura de la investigación científica en México. En este sentido, la creación de la Facultad constituye la basa de la investigación que actualmente se desarrolla en el país y que, en algunos campos ha alcanzado altos niveles académicos.
 
En los primeros años, ¿había programas y proyectos concretos de investigación?
 
Sí, se desarrollaban en los institutos con la participación de todos los profesores y estudiantes de la Facultad de Ciencias, lo que representaba una ventaja, ya que se vinculaba directamente la investigación y la docencia.
 
Es casi seguro que durante ese periodo existieran, como ahora, diversas tendencias políticas al interior de la Facultad, pero ¿en aquél tiempo eran tan manifiestas como lo son en nuestros días?
 
No ya que para la mayoría de los profesores y estudiantes el objetivo principal eran las labores académicas y pocos tenían inquietudes de tipo social. Sin embargo, se tiene que hacer notar que las condiciones del país eran otras y que la ciencia evoluciona de acuerdo con la época en qua se desarrolla, por esto es comprensible que, existiendo tantas necesidades en el México actual, los científicos y los estudiantes se pregunten cuál es su papel dentro de la sociedad qua les toca vivir.
 
     
____________________________________________________________
     


 
 
cómo citar este artículo
Nota de los editores 1983. Historia de la Facultad de Ciencias (II) (Entrevista a Juan Manuel Lozano). Ciencias 3, enero-marzo, 28-31. [En línea]
     
R03Articulos4   menu2
   
   
Jaime Martínez Medellín
     
               
               
Si me llegasen a preguntar cual es mi rama favorita de
la ciencia, rápidamente les contestaría en doce cuartillas a renglón seguido: la Evolución Molecular. Tendría que comprimir un poco mi respuesta, que no todos los días se hace nacer y crecer una ciencia en tan poco espacio. Aún más, para ponerle un poco de sabor a la historia, la haría impugnativa del paradigma neo-darwinista y la pondría a punto de estremecer los cimientos de la biología moderna.
 
Y bien, podrán preguntarse ustedes ante todo esto, ¿qué es la evolución molecular? ¿Existe tal rama de la ciencia?
 
Llevamos poco más de cien años de discutir en biología acerca de los conceptos emanados de la teoría de la evolución de los seres vivientes. Recordemos que a principios del siglo pasado el mundo era estático; las especies, inmutables desde su creación u origen. La paleontología (término acuñado en 1834) nos mostraba sin embargo, desde hacía tiempo atrás, que habían existido otras especies distintas, ya desaparecidas, pero reconocibles aún a través de sus fósiles. Cuvier, el padre de la paleontología de los vertebrados, nos explicaba que su desaparición había sido debida a catástrofes. Este pensamiento iba a prevalecer hasta el año de 1857. A principios del siglo diecinueve sólo Lamarck,1 naturalista francés, nos hablaba de la transformación gradual de las especies, a través principalmente de sus libros “Filosofía Zoológica” y de la “Historia Natural de los Animales sin Vértebras”. El espíritu de la época comienza poco a poco a cambiar, Sir Charles Lyell, el gran geólogo inglés, publica su obra monumental “Principios de Geología” donde el gradualismo reemplaza a las teorías catastrofistas en la comprensión del desarrollo del mundo. Esto obra ejerce una gran influencia sobre el pensamiento científico. Darwin comienza a pensar en términos evolutivos acerca de las especies alrededor de 1839. En 1844, termina un primer esbozo escrito o resumen de su teoría y deja cuatrocientas libras esterlinas en su testamento, además de gran parte de su acervo bibliográfico, para que un editor le de cuerpo literario y publique dicho esbozo en caso de su muerte súbita. Nombra, en primer lugar a Lyell como tal posible editor Darwin necesitará de la conmoción de 1858, cuando recibe un manuscrito de Alfred R. Wallace conteniendo ideas evolutivas similares a las suyas, para tratar de acabar de escribir y publicar su obra “El Origen de las Especies”.
 
El primero de julio de 1858 se leen en la Sociedad Lineana los artículos conjuntos de Wallace y Darwin, exponiendo sus teorías evolutivas. El articulo de Wallace se intitula “Acerca de las Tendencias de las Variedades a Departir Indefinidamente del Tipo Original”. Es hasta el 24 de noviembre de 1859 cuando finalmente aparece publicado “Acerca del Origen de las Especies por Medio de Selección Natural, o la Preservación de las Razas Favorecidas en la Lucha por la Vida”, en edición de 1250 ejemplares que se agotan el mismo día. Para 1876, se habían vendido ya, tan sólo en Inglaterra, más de dieciséis mil ejemplares de esta obra. A pesar de que vemos surgir y madurar el pensamiento evolutivo a través de varias décadas, simbólicamente se hace nacer a esta disciplina en 1859. Para Darwin la evolución biológica era consecuencia por una parte, de la tendencia espontánea de las especies a sufrir variaciones; por la otra, de una selección natural o supervivencia de los individuos más aptos dentro de dichas variantes. En el siglo veinte, el desarrollo de la genética clásica, de la genética de poblaciones, de la biología comparada y de la paleontología han contribuido grandemente al esclarecimiento de dichos conceptos. Este cuerpo de conocimientos, conocido como Teoría Sintética de la Evolución o Neodarwinismo, está basado en la actualidad en dos grandes principios:
 
A. La existencia de una fuente de variabilidad en los organismos. Las mutaciones puntuales o micromutaciones producidas al azar, constituyen la fuente última de variabilidad en los organismos. EI cambio evolutivo es un proceso gradual de sustitución de alelos dentro de una población. El surgimiento de nuevas especies resulta de la evolución gradual y continua de las poblaciones.
 
B. El cambio evolutivo está dirigido por la selección natural. Los cambios genéticos son seleccionados principalmente por sus ventajas adaptativas.
 
Esta visión de la evolución como un proceso gradual y continuo, que se da desde las poblaciones hasta la macroevolución, está siendo cuestionado en la actualidad. La visión gradualista de la naturaleza está siendo reemplazada nuevamente por una saltatoria o discontinua. Uno de los principales representantes de esta nueva forma de pensar es Stephen Jay Gould, paleontólogo americano. Gould aboga por una visión jerárquica de la evolución, considerando que la visión gradualista tiene un enfoque reduccionista que quiere extrapolar el comportamiento de la evolución de las poblaciones, hacia el surgimiento de nuevas especies y la macroevolución. El considera que la mayor parte de las nueves especies no han surgido de manera gradual a través de cambios adaptativos. Postula la posibilidad de que las nuevas especies hayan surgido bruscamente, de manera no adaptativa, a través del rearreglo de su material genético. Sería este rearreglo el que serviría de barrera reproductiva que la aislaría de la población originaria. Gould no niega la evolución adaptativa gradual de las poblaciones y la formación de subespecies, simplemente cree que estos caminos son terminales o vías cerradas para la macroevolución. En su visión jerárquica de la evolución, establece varios niveles de integración para ésta, en donde cada nivel está ligado al nivel inferior en ciertas maneras y es independiente en otras. Las discontinuidades caracterizan las transiciones entre estos niveles; ciertas características “emergentes” no implícitas en la operación de los procesos en niveles inferiores pudieran controlar los eventos en niveles superiores. Gould nos dice: “Los procesos básicos —mutación, selección, etc.— pueden ser parte de la explicación en todas las escalas (y de esta manera, aún podemos esperar el tener una teoría general de la evolución), pero trabajan de manera distinta en el material característico de los diferentes niveles”.
 
Por otra parte, los avances más recientes de la Biología Molecular acerca de la naturaleza, disposición y propiedades del material genético, tales como las posibilidades de transposición de éste, la disposición discontinua de la información genética en los eucariontes, los pseudogenes, etc., nos están obligando también a efectuar una revisión de los conceptos neo-darwinistas. Se revaloran así el papel de las mutaciones puntuales como fuente principal de variación; y el gradualismo y continuidad, como principios rectores de la evolución.
 
Sin embargo, no quiero escribir por ahora acerca de estas ciencias, sino de un nuevo ramal de ellas, la evolución molecular, que también está cuestionando el paradigma neo-darwinista. La evolución molecular es tan reciente, que aun no le he visto descrita como tal, separada de la biología molecular, de la genética molecular, de la bioquímica. Creo que presenta características propias que la delimitan. Yo la definiría circunscribiéndola, como el estudio evolutivo de las semantidas. Semántida (del griego σημα, signo) es un neologismo anticuado, acuñado por Emile Zuderkandl y Linus Pauling, para designar a las macromoléculas informacionales (ADN, ARN y proteína). De acuerdo a la anterior definición, esta ciencia se concretaría al estudio comparativo de la información contenida de manera linear en dichas macromoléculas y de las leyes y mecanismos que rigen su evolución o cambio en el tiempo. Con esta definición quedan fuera muchos trabajos a los cuales la gente se ha referido, de manera general, como evolución molecular. Creo que dichos estudios quedan mejor comprendidos dentro de los caracteres bioquímicos o de la biología molecular de la biología comparada. También, al referirnos a información linear o secuencial, podemos hablar de su cambio o evolución en el tiempo, sin caer en el problema de hablar de evolución de moléculas, como si fuera una molécula particular o individual la que cambiara. El propio George Gaylord Simpson, uno de los forjadores del neo-darwinismo, cae en esa trampa en su artículo intitulado “Organismos y Moléculas en Evolución” (Science, 146 (1964), pp. 1535-1538), el cual comienza afirmando: “Es universalmente reconocido que las moléculas de importancia biológica pueden evolucionar —esto es, pueden cambiar en el curso del tiempo— como lo han hecho los organismos en los que ellos existen. Algunas moléculas, como el trifosfato de adenosina son tan cercanamente universales e invariables como para no sugerirnos una secuencia evolutiva, pero muchas otras seguramente que han evolucionado…”, a lo cual se puede responder que si el trifosfato de adenosina cambiara, ya no sería ATP; lo más probable, termodinámicamente, es que evolucionara hacia ADP o AMP; cuando mucho podría terminar gloriosamente, en el mejor de los casos, como aminoacil adenilato.
 
Hasta ahora, el estudio biológico comparativo nos ha sido indispensable para generar los árboles filogenéticos organísmicos. Entre mayor número de caracteres anatómicos, fisiológicos, bioquímicos, etc., comparemos, mejor será nuestra clasificación. Dentro de este contexto, la información molecular obtenida sobre metabolitos secundarios, vías metabólicas comunes y alternas, etc., deberá necesariamente integrarse al acervo de conocimientos comparativos acumulados para generar una visión evolutiva de los seres. La evolución molecular difiere en este sentido, ya que sin apoyarse en conocimientos alternos de tipo morfológico, fisiológico o bioquímico, puede generar árboles filogenéticos de manera independiente, los cuales son similares a aquellos generados por la biología comparativa.
 
Para elaborar dichos árboles se tendrá que comparar solamente la información contenida en un tipo particular de semántida, de un conjunto de especies.
 
El potencial de la evolución molecular para generar los árboles filogenéticos rebasa con mucho al de la biología comparada. Esta última ciencia no podrá, como la evolución molecular, comparar organismos tan disimiles entre sí como son una bacteria, una planta y un animal superior. Dado también que la caracterización de las bacterias es metabólica y no morfológica, la mejor forma, si no es que la única, de poder seguirles evolutivamente es a través de la evolución molecular.
 
Con esta ciencia podremos trazar el origen de los genes en el tiempo, caracterizar paleomoléculas, investigar el origen de organelos celulares y simbiosis particulares; darnos cuenta de los flujos de información horizontales interespecíficos y posiblemente llegar a entender el origen de la vida. No quiero que se me tache de reduccionista. Creo que si bien el potencial de la evolución molecular per se para caracterizar las relaciones filogenéticas es tremendo, tendremos que echar mano de todos nuestros conocimientos biológicos para entender dichas relaciones y poder integrar nuestra visión de la vida.
 
El derecho de nacer. Si hemos definido a la evolución molecular como el estudio evolutivo de las macromoléculas informacionales, tendremos que arrancar su inicio a partir de la década de los años cincuenta, que es cuando realmente se empieza a comprender la estructura de dichas macromoléculas. Nace esta rama de la ciencia a partir de los descubrimientos de la biología y de la genética moleculares, así como los de la bioquímica.
 
Iniciaremos nuestra historia en el campo de la genética. El avance de la genética clásica, después de medio siglo de progreso, nos señalaba al gene como la unidad no sólo funcional, sino también de recombinación y de mutación del material genético. Se sabía que los genes, portadores de los caracteres hereditarios, estaban colocados de manera linear a lo largo del cromosoma, y se pensaba que dichos genes eran indivisibles. Estos podían variar de manera brusca, a través de las mutaciones, produciendo una nueve variedad o alelo para determinada función.2 Lo que se desconocía es que la indivisibilidad de los genes era debida a las técnicas de observación utilizadas. Recordemos que la visualización del arreglo linear de los genes en el cromosoma se hace registrando la frecuencia de recombinación genética entre un par de caracteres o puntos discernibles del cromosoma. Entre más cercanos estén estos puntos entre sí, más improbable es el poder observar su recombinación. Dado que la genética clásica tiene como objeto de estudio a los organismos eucariontes, principalmente a la Drosophila o mosca del vinagre, hay una incapacidad más para observar eventos recombinacionales raros. Es necesario poder trabajar con poblaciones de cientos o miles de millones de descendientes de una cruza genética para poder observar una recombinación intragénica, evento extremadamente improbable de acaecer, debido a la pequeña distancia que separa a los marcadores genéticos. Tuvo que esperarse al advenimiento de la genética molecular, con su manejo de millones de microorganismos para poder aclarar muchos conceptos.3 Los avances principales que se dieron son:
 
1 . Se reconoce a los ácidos nucleícos, principalmente al ADN, como constituyentes del material genético y por lo tanto depositarios de la información hereditaria.
 
2. Se establece que la función del gene es la dictar, la información para una proteína. Se origina le definición operativa “un gene, una proteína”.
 
3. Se realiza el mapeo intragénico, estableciéndose que el gene no es la unidad ni de recombinación genética, ni de mutación. Se considera probable que dicha unidad de recombinación y mutación sea establecida a nivel de uno solo de los pares de nucleótidos que forman el gene. Se reformula la definición operativa de éste como “un gene (cistrón), una cadena polipeptídica”, ya que existen proteínas compuestas de varias cadenas polipeptídicas diferentes que por supuesto estén codificadas por sus respectivos cistrones.
 
En los campos de la bioquímica y biología molecular tenemos los siguientes avances:
 
1. Se reconoce que la naturaleza individual de una proteína esté dada por la secuencia de sus residuos de aminoácidos. Dicha secuencia no es de tipo probabilístico sino totalmente determinada para cada proteína en lo particular.
 
2. Se establece que la información secuencial de una proteína está condicionando su estructura tridimensional. Se postula el modelo de alfa hélice para las proteínas. Se empiezan a conocer las estructuras tridimensionales de las primeras proteínas (mioglobina, hemoglobina).
 
3. Se reconocen regiones de la proteína o residuos de aminoácidos no involucrados en la actividad (enzimática, hormonal, etc.) o funcionalidad de una proteína. Se comienza a hablar de sitios activos de ésta.
 
4. Se postula el modelo de la doble hélice para el ADN. Se reconoce, de manera inmediata, que la información genética puede estar determinada por la secuencia lineal de pares de bases del ADN. Así mismo se postula que las mutaciones intragénicas pueden originarse por el cambio de un solo par de estas bases.
 
5. Se empieza a buscar la colinearidad entre la información contenida en el ADN (material genético) y su producto terminal, la proteína. Se habla de un código genético que relacione a ambos lenguajes e informaciones.
 
Cien años de soledad. Todos los descubrimientos anteriores van condicionando el surgimiento de una nueva disciplina que comienza a comparar la información contenida en los ácidos nucleícos y proteínas, con una visión evolucionista. En 1959, exactamente cien años después de la aparición de “El Origen de Las Especies”, aparece un pequeño libro de Christian B. Anfinsen, intitulado “Las Bases Moleculares de la Evolución”. Es a partir de éste que, simbólicamente, hacemos nacer a la Evolución Molecular. Como todo en ciencia, este libro cristaliza ideas que ya llevaban algunos años flotando en el ambiente. Dos años antes ya Francis Crick, en su histórico trabajo donde postuló el Dogma Central de la Biología Molecular, nos anticipa el nacimiento de esta ciencia, a la que él llama “taxonomía proteica” (F. H. C. Crick, Symp. Soc. Biol., 12 (1957), pp. 138-163).
 
“Los biólogos deberán darse cuenta que pronto tendremos un sujeto que podría llamarse “taxonomía proteica” —el estudio de las secuencias de aminoácidos de las proteínas de un organismo y la comparación de ellas entre especies. Puede argumentarse que estas secuencias son la expresión más delicada posible del fenotipo de un organismo (esto es, de las características observables en el individuo, determinadas por sus genes) y que vastas cantidades de información evolutiva puede estar escondida dentro de ellas”.
 
Las diferencias entre “El Origen de las Especies” y “Las Bases Moleculares de la Evolución” son enormes. Darwin trabaja por más de veinte años reuniendo datos y aclarando ideas antes de decidirse a publicar su libro. Inclusive cuando lo publica, tiene la intención de llamarle “Abstract”, o sea extracto o resumen de la obra monumental que pensaba hacer. Así, “El Origen de las Especies” nace como Minerva de la cabeza de Júpiter, completo y armado, a un éxito y controversia inmediatos. Es tal vez uno de los mejores “best sellers” del siglo pasado. El libro de Anfinsen por el contrario, nace en estado casi embrionario, sin provocar conmoción alguna. Darwin, como se señaló anteriormente, publica su libro como extracto de un trabajo enciclopédico; Anfinsen casi hace nacer al suyo en el onceavo y último capítulo de su obra, intitulado “Genes, Proteínas y Evolución”. Los diez capítulos anteriores son utilizados para describir los descubrimientos recientes de la genética, de la bioquímica y de la biología molecular, necesarios para la comprensión de una idea apenas embrionaria.
 
Crick, tal vez antes que nade, había avisorado la gran cantidad de información evolutiva que podía ser obtenida del estudio comparativo de las macromoléculas informacionales.
 
Esta visión era producto en gran medida, de los estudios sobre la secuencia primaria de las insulinas. En otro párrafo de su artículo mencionado anteriormente, nos dice: “Este parecido familiar” entre la “misma” molécula proteica de diferentes especies,4 es la regla más que la excepción… Uno de los ejemplos mejor estudiados es aquél de la insulina, por Sanger y sus colaboradores, los cuales han encontrado la secuencia completa de aminoácidos para cinco especies distintas, sólo dos de las cuales (puerco y ballena) son idénticas. Es interesante notar que las diferencias están todas localizadas en un pequeño segmento de las dos cadenas”.
 
Anfinsen también se basa en estos datos, pero va un poco más allá. El nombre de Anfinsen está indisolublemente ligado con los estudios clásicos de la molécula de ribonucleasa. En tales estudios como en otros de esa época. Se trataba de discernir si toda la molécula proteica, o solamente alguna de sus partes, era necesaria para llevar a cabo su función. Estos estudios involucraban la modificación selectiva o remoción de determinados aminoácidos. Los resultados fueron claros: sólo determinadas regiones de la proteína eran necesarias o indispensables para su actividad; nace así el concepto de “sitio activo” de una proteína. Combinando esta nueva concepción con la observación, mencionada anteriormente por Crick, acerca de la localización de la variación entre proteínas homólogas, en diferentes especies, Anfinsen llega a una conclusión sorprendente: Esperaremos encontrar la variación dentro de una proteína, en las regiones no importantes de ésta.
 
Este concepto está perfectamente expresado en un párrafo de su obra, que nos dice: “Una comparación de las estructuras de las proteínas homólogas (proteínas con la misma clase de actividades o funciones biológicas) de diferentes especies, es importante por dos razones. Primero, las similitudes encontradas dan una medida de la estructura mínima que es necesaria para una función biológica. Segundo, las diferencias encontradas nos pueden dar claves importantes acerca de la tasa a la cual las mutaciones exitosas han ocurrido a través del tiempo evolutivo y pueden servir como una base adicional para establecer relaciones filogenéticas”.
 
El párrafo anterior nos describe no sólo mundos por venir: árboles filogenéticos basados en estudias comparativos de secuencias primarias y los relojes evolutivos —que tanta discusión han suscitado desde 1962— sino un concepto nuevo, que vendría a cuestionar y a estremecer todo el enfoque neodarwinista: la evolución neutral.
 
Este concepto está más desglosado en otro párrafo (pág. 143) que nos dice: “Ciertas partes de las moléculas de proteína, biológicamente activas, son relativamente más ‘dispensables’ que otras desde el punto de vista de su función. Mutaciones que conduzcan a cambios en la secuencia de aminoácidos de los últimos tres residuos de la cadena C terminal de la ribonucleasa, por ejemplo, podrían causar poco cambio en la expectativa de vida o en la fertilidad del animal afectado.5 Por otra parte, una mutación que conduzca a una modificación crítica en la secuencia del ‘centro activo’ de la enzima bien pudiera ser letal, y el gene, así mutado, no se perpetuaría”.
 
Este concepto chocaba frontalmente con las concepciones de los neodarwinistas. Estos pensaban y piensan que todas las mutaciones perpetuadas en un gene deben de ser positivas, es decir deben de concederle ventajas adaptativas al organismo que las porta. No conciben que las mutaciones neutras puedan ser fijadas evolutivamente. El libro de Anfinsen iniciaba así una controversia que se ha mantenido hasta nuestros días.
 
     

Notas

1. Buffon y Erasmo Darwin, abuelo de Charles, habían precedido a Lamarck en su pensamiento transformista, en el siglo anterior.
 
2. Tal vez sea necesario precisar terminología genética para la mejor comprensión de los párrafos siguientes. Hablamos de marcadores genéticos para referirnos a las mutaciones dentro de un gene que nos permiten seguir su comportamiento en los descendientes de una cruza. Nos referimos a locus para señalar un lugar específico del cromosoma. Alelos son las variaciones de un gene colocadas en el mismo locus de cromosomas homólogos. Finalmente, hablamos de mapeo genético para referirnos a la técnica que nos permite conocer el lugar preciso que ocupa un gene a lo largo de un cromosoma. Esta técnica consiste en la observación de la frecuencia de recombinación genética de un par de caracteres. Entre más distantes estén entre sí estos caracteres dentro del cromosoma, su frecuencia será mayor.
 
3. Debe mencionarse no obstante, en descargo de la genética clásica, que experimentos diseñados con sumo ingenio le han permitido el saltar ciertas barreras técnicas para alcanzar también el mapeo intragenético en los eucariontes.
 
4. Se refiere aquí al concepto de homología proteica (N. del T.).
 
5. Previamente, Anfinsen había mostrado que se podían remover, enzimáticamente dichos residuos de la ribonucleasa, sin afectar su función.
     
____________________________________________________________
     
Jaime Martínez Medellín
Profesor de Carrera del Departamento de Biología, Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México.

 
 
cómo citar este artículo
Martínez Medellín, Jaime 1983. ¿Qué es la evolución molecular? Ciencias 3, enero-marzo, 20-25. [En línea]
     
R03Articulos3   menu2
   
   
Kurt Bernardo Wolf
     
               
               
En febrero de 1982, el Instituto de Ingeniería Eléctrica y Electrónica (IEEE) de los Estados Unidos publicó en sus Memorias un articulo de revisión de campo, comisionado al Decano y Director de la Escuela de Ingeniería y Ciencia Aplicada de la Universidad de Princeton, Robert G. Jahn.1 El tema del artículo es el estado actual de los estudios experimentales sobre fenómenos psíquicos, y su posible relevancia para la telecomunicación en particular y para la informática en general. El asunto podría presentarse a los científicos como, “¿Porqué, si ya hemos fumigado el desván, los ruidos persisten…?”

 

En realidad la plaga de la parasicología —el estudio de los fenómenos psíquicos ha sido depurada de sus inicios de superstición y magia, y se ha ido adaptando a los requisitos del método experimental científico. Pero lo que queda, definitivamente, produce persistentes ruidos. Varias revistas internacionales especializadas en ciencia aplicada han recibido y publicado artículos sobre este tema; la sección de cartas a la redacción ha seguido las vivas discusiones con opiniones y experimentos en contra y en pro. La misma IEEE en 1976 publicó un artículo de dos físicos del Instituto de Investigación de Stanford sobre2 “Un canal perceptual sobre transferencia de información…”, en lenguaje llano: clarividencia.3 Dos años atrás, la augusta revista bioquímica inglesa, Nature, tuvo el mismo problema,4 y lo mismo otras.5

EI profesor Jahn procede cautelosamente, casi a la defensiva, en aclarar que en nuestro desván viven animales, y que realmente no se sabe nada de ellos. Da una reseña histórica que pasa por Paracelso, Newton, Leibnitz, Mesmer, Freud, Jung y Pauli, para concentrarse en los experimentos de los esposos Rhine, sobre telepatía y psicokinesis, en la Universidad Duke, llevados a cabo de los años 30 a los 60. Los protocolos y métodos estadísticos de los Rhine fueron duramente criticados,6 y con aquellas discusiones y críticas con substancia se han desarrollado técnicas de muestreo modernas, como las de doble ciego (double blind), y protocolos más rigurosos.7 Después abordar los experimentos de Puthoff y Targ, quienes usan ya técnicas de correlación de datos automáticas. Existen hoy en día varias —Jahn lista seis revistas en lengua inglesa8 que sirven de vehículo de información y acervo, veinte universidades estadounidenses9 y al menos otras tantas instituciones en Europa Occidental10 y Oriental,11 que tienen grupos que publican reportes en revistas internacionales, y en los cuales se han producido ya cincuenta tesis de maestría y doctorado en temas relacionados con la parapsicología.

El interés que presenta el artículo de Jahn en las Memorias de la IEEE es que, si bien no logra atrapar ninguno de los ruidos en una caja, nos presenta algunas grabaciones cuyo espectrograma no se parece al de criatura encarnada alguna. Una estudiante de Jahn —de las más brillantes, nos dice— le propuso como tema de tesis la replicación modificada de un experimento en psicokinesis: un generador de series de pulsos de signo estocástico, cuyo despliegue en una pantalla es el objeto, y donde el operador psíquico debe, a voluntad, favorecer el número de pulsos de un signo predeterminado o elegido el azar. Las series resultantes se guardaban en cinta para su análisis estadístico. Jahn aceptó, pues le parecía que el entender y manejar las técnicas de electrónica, computación, protocolo y estadística necesarias para llevar a cabo tal experimento, constituían los requisitos de una tesis. Independientemente del resultado. Pero: “Mi papel inicial de supervisor en este proyecto me llevó a involucrarme con él; y eso unido a una creciente y divertida fascinación intelectual, al grado que cuando esta alumna se graduó, estaba yo persuadido que este es un campo legítimo de estudio para un buen tecnólogo, y que me gustaría continuar con él”.12 Los detalles del protocolo experimental aparecen en la Referencia 12 (se pueden solicitar sobretiros), mientras que la Referencia 1 amplía el área de análisis para incluir, en 255 referencias, las líneas de trabajo predominantes de varios grupos en percepción extrasensorial y en psicokinesis.13

Lo que hace a los experimentos de Jahn muy superiores a los de Rhine, es que el protocolo se reduce al mínimo. El operador sólo contempla la pantalla y la máquina hace el resto, y lo guarda —mejor que una Instamatic. Además, permite la calibración estadística antes, durante y después del experimento.

La señal de un generador de ruido comercial con un espectro de hasta varios Megahertz, es muestreada 100 o 1000 veces por segundo, produciendo, tras un cortador digital, series de 200 o 2000 pulsos de amplitud constante y signo estocástico. El operador puede dictar su preferencia de signo, o esta puede ser asignada al azar por la computadora. Los conteos se hacen alternando los signos registrados para evitar posibles errores sistemáticos en la electrónica. En total se generaron 25000 series experimentales y 23000 de calibración, con cerca de diez millones de eventos binarios. No se eliminó ninguna serie de prueba ni de calibración. Si denotamos por PK+, PK– y PK0 los datos de aquellas series con preferencia del operador por los signos positivos, por los negativos, y las de calibración, podemos resumir los resultados de la siguiente manera: la distribución de las sumas de eventos de un signo en las series PK+, PK–, PK0 y PK+ + PK– + PK0 se conformaron alrededor de curvas Gaussianas que las describen como estocásticas. No hay efecto psicokinético, pues, sobre los momentos mayores que uno de las distribuciones. El momento cero —el promedio simple que da el centroide de la Gaussiana— sí se ve afectado: es 100.23 para PK+, 99.704 para PK– y 100.045 para PK0. Entre dos y tres de cada mil pulsos se ven, pues afectados. La probabilidad diferencial total de que los resultados de este experimento hayan sido fluctuaciones estadísticos es 3 X 10–9. Puthoff y Targ4 reportan cifras da 5.6 X 10–4, 10–6 y 3 X 10–7 en sus experimentos.

Si estos fuesen experimentos en partículas elementales, confiabilidad de sistemas o una encuesta en gustos del consumidor, se daría su validez por establecida sin mayor reserva, y su hipótesis sería dada por correcta. El caso aquí es diferente pues, no existe hipótesis: el desván está claramente vacío. No se ha propuesto ningún mecanismo de interacción entre el operador y los pulsos. ¿Dónde actúa? ¿En el semiconductor qua genera el ruido, en el instrumento que efectúa el muestreo, en la pantalla, en los datos en cinta, o en el algoritmo que los procesa? ¿Y sin manos, cómo? Es un efecto que simplemente no debería estar allí. Más sucintamente, los experimentos de percepción remota del mismo Jahn1 y los de Puthoff y Targ4,5 son consistentes con las siguientes afirmaciones: (a) La percepción sintética es más confiable que la analítica. (b) La fidelidad de la percepción es independiente de la dirección, distancia (al menos hasta distancias de algunos miles de kilómetros) y de la presencia de aislantes o conductores electromagnéticos cerca o alrededor del operador. (c) La fidelidad es dependiente, pero no desaparece, con la separación temporal —positiva o negativa— en la percepción.

Claramente, éstos no son dudosos fuegos fatuos, sino proposiciones que, de ser ciertas, entran en conflicto con los principios comúnmente aceptados de la física clásica; la última en especial, es la base del esquema paradigmático de toda filosofía racionalista. Estos problemas han sido ampliamente comentados por físicos de varias especialidades14 y Jahn encuentra cierto humor en ello.15

El problema, en esencia, es que en el quehacer científico nos ocupamos de problemas donde el papel del investigador es el de un observador de eventos y/o generador de hipótesis. La mecánica cuántica tiene un papel especial, pues no es aún una teoría filosóficamente satisfactoria, y sus dificultades provienen en gran medida de que el papel del observador no está totalmente aclarado. El acto de medición perturba el sistema, y la interpretación de Copenhague podría decir que ésta es un acto de conciencia. Si la información perdida en la indistinguibilidad (estadística de Fermi-Direc, por ejemplo) afecta realmente los niveles de energía de cualquier átomo o molécula ¿qué relaciones hay entre el sistema y su cognoscibilidad? Esta discusión no es reciente, ni breve, ni está resuelta a satisfacción de todos.

La actitud tomada por la comunidad científica ante el estudio de los fenómenos psíquicos no es unánime. Hay quienes piensan que todo es designio de algún Colegio Invisible;16 la mayor parte, creo conscientes del dilema adoptan una actitud agnóstica. La punta del segundo cuerno son aquellos grupos que nos presentan datos experimentales como los anotados arriba. Históricamente, la física ha tenido ya sus momentos de dilema, confrontada con experimentas que no cabían en su esquema: la desintegración radiactiva y la constancia de la velocidad de la luz; por mencionar los ejemplos más notorios. No podemos esperar que estas revoluciones sigan un patrón fijado de antemano, como lo suponen implícitamente sus ideólogos ortodoxos. El paradigma cultural materialista de Occidente trata a la conciencia como un epifenómeno circunstancial; otros —en especial los monistas de Oriente— son más abiertos a su convivencia con las ciencias exactas.17 En estos otros marcos, los fenómenos psíquicos han sido reconocidos como manifestaciones concomitantes al nivel de conciencia del sujeto. Los ruidos que estudia Jahn en el desván no son, para ellas, más que vulgares chaneques que más vale dejar en paz.

Las ciencias exactas son reduccionistas por naturaleza; en ello estriba su poder de penetración, y por sus resultados positivos continuarnos la investigación científica. Sería simplista pensar, sin embargo, que constituyen la única avenida de conocimiento que tenernos de la naturaleza. Los diferentes modos de aprehender e interpretar lo que percibimos tienen, como otros tantos animales, sus territorios —las ciencias exactas lo físico, las artes lo estético, la filosofía el pensamiento humano mismo— pero también tienen sus áreas de traslape, e interfases en movimiento y disputa. Las ciencias exactas han ampliado su territorio constantemente y han sido invocadas como ayuda o amuleto por otras ciencias —las sociales por ejemplo— a veces más allá de sus capacidades honestas. La parapsicología parece ser hoy una región de interfase, un bolsón de lo arquetípico en el sentido de Jung, rodeado por la neurofisiología, la física molecular y la informática.17, 18 Jahn y otros científicos como él están tratando de ganar este terreno. Tal vez allí haya riquezas insospechadas y no sólo cheques o aire.

”The most beautiful and the
most profound emotion one can
experience is the sensation of the
mystical. It is the source of
all true Science”.
Albert Einstein, siglo XX.

 

 

     

Notas

1. R. G. Jahn, “The Persistent Paradox of Psychic Phenomena: An Engineerig Perspective”, Proc. IEEE 70, 136-170 (1980).
 
2. H.E. Puthoff y R. Targ, “A Perceptual Channel for Information Transfer over Kilometer Distances: Historical Perspective and Recent Research”, Proc. IEEE 64, 329-354, (1976).
 
3. L. D. Harmon, “Comments on ‘A Perceptual Channel…’ ”; A. C. Perceptual Channel; A. C. Hastings y R. A. MacConnel, “Comments on (ibid)”; Comentarios por W. A. Harris, C. A. Musés, S. Deutsch, J. L. Calkins; T. H. Whitson, D. N. Bogart, J. Palmer y C. T. Tart, “Preliminary Experiments in Group Remote Viewing”; J. Valleé, A. C. Hastings, y G. Askevold, “Remote Viewing Experiments Through Computer Conferencing”, Prec. IEEE 70, 1259-1260, 1544-1552, (1976).
 
4. R. Targ y H. Puthoff, “Information Transnmition under Conditions of Sensory Shielding” Nature 251, 602-607, (1974); ver también las ediciones en el número de Abril 12, 1974 (Vol. 248) y 251, 559-562; 253, 147-159, 254, 470-472, (1975).
 
5. New Scientist, 170-185 (17 Oct. 1974); Hsin Ping, “The Rampancy of Parapsychology and the Decline of the Superpowers”, Scientia Sinica 18, 573-580, (1975); M. K. Garrity “Humanistic Physics: A Course using Paraphysical Topics to Illustrate the Scientific Method”, Amer. J. Phys., 45, 1206-1209, (1977); M. Gardner, “Magic and Parapphysics”, Technology Review, 43-51, (Junio, 1979); Scientific American, Science and the Citizen, 68 (Abril, 1979); Mathemagical Games, (M. Gardner), 20, (Mayo, 1979); Mathematigical Themas (S. Hofstadter), (Febrero, 1982).
 
6. M. Gardner, “Fads and Fallacies in the Name of Sciencie”, (Putnam's Sons, Nueva York, 1952); C. E. M. Hansel, “ESP, A Scientific Evaluation”, (Scribners, Nueva York, 1952); C. E. M. Hansel, “The ESP and Parapsychology: A Critical Reevaluation”, (Prometheus, Buffalo, NY, 1980).
 
7. J. B. Rhine, “New World of the Mind”, (Morrow & Co., Nueva York, 1953); J. B. Rhine, et. al., “Parapsycholoqy from Duke to FRNM (Parapsychology Press, Durham N. C., 1965); L. E. Rhine, “Mind over Matter: Psychokinesis” (MacMillan, Nueva York, 1970); “Progress in Parapsychology”, ed. por J. B. Rhine (Parapsychology Press, Durham NCm 1971).
 
8. European Journal of Parapsychology, Journal of Parapsychology, Journal of the American Society for Psychical Research, Parapsychological Review, Proceedings of the Society for Psychical Research.
 
9. La lista incluye las universidades de Chicago, Columbia, Drexel, Duke, Harvard, Kent State, North Carolina, Princeton, Syracuse, California (en 5 campus), Wisconsin y Yale.
 
10. Incluidas universidades e institutos en Amsterdam, Cambridge, Copenhague, Ghana, Reykjavik, Leningrado, Londres, Lund, Munich, Oxford, Paris, Pekín (Beijing), Tel-Aviv y Varsovia.
 
11. L. L. Vasiliev, “Experiments in Distant Influence”, (1920), traducido del ruso en (Dutton, Nueva York, 1976); E. K. Naumov y L. V. Vilenskaya, “Bibliography of Parapsychology (Psychotronics, Psychoenergetics, Psychobiophysics) and Related Problems”, (Moscú, 1971 y 1979), traducido y publicado por (Joint Publications Research Service, Arlington VA, 1972 y 1979); V. G. Pratt, “Soviet Research in Parapsychology”, ed. por B. B. Wolman (Van Nostrand-Reinhold, Nueva York, 1977); V. P. Zinchenko, “Parapsicología: Ficción o Realidad?” (en ruso), Voprosy Filosofii 9, 128-136, (1973); T. Moss, “Psychic Research in the Soviet Union”, en “Psychic Exploration: A Challenge for Science”, ed. por E. P. Mitchell (el astronauta), et., al, (Putnam, Nueva York, 1974); Zhang Feng “Nuevos Avances Hechos en el estudio de Funciones Humanas Excepcionales”, Shangai Ziran Zaki (Revista de la Naturaleza), No. 8, 606 (Agosto de 1980).
 
12. B. Dunne, R. G. Jahn y R. Nelson, “An REG Experiment with Large Data-base Capability”, por aparecer en “Research in Parapsychology 1981”, (Scarecrow, Metuchen, N.J., en prensa); véase también las referencias 157-162 en 1).
 
13. Ref. 1, pág. 151.
 
14. H. Margenau, “ESP in the Framework of Modern Science”, J. Ameri. Soc. Psychical Res., 60, 214-228, (1966); M. Bunge, “La Investigación Científica, su Estrategia y su Filosofía”, (Ariel, Barcelona, 1973); “Psychic Explorations: A Challenge to Science”, ed. por E. Mitchell y J. White, (Putnam, Nueva York, 1974); “Quantum Physics and Parapsychology” (Memorias del Congreso Internacional de Ginebra, Agosto de 1974), ed. por L. Oteri (Parapsychological Found., Nueva York, 1975) (14 cont.); “Philosophers in Wonderland. Philosophy and Psychical Research”, ed. por P. A. French (Llewellyn, St. Paul Minn., 1975); A. Shadowirz y P. Walsh, “The Dark Side of Knowledge”, (Addison-Wesley, Reading Mass., 1976); “Mind-Reach. Scientists look at Psychic Ability”, ed. por R. Targ y H. E. Puthoff (Delacorte/Eleanor Friede, Nueva York, 1977); “The Iceland Papers: Select Papers on Experimental and Theoretical Research on the Physics of Consciousness”, prefacio por B. D. Josephson (Premio Nóbel), ed. por A. Phuaric (Essentia Research Assocs, Amherst Wisc., 1979); E. Jantsch, “The Self-Organizing Universe: Scientific and Human Implications of the Emerging Paradigms”, (Pergamon, Elmsbad, NY, 1980); “The Role of Consciousness in the Physical World”, ed. por R. G. Jahn (West-view, Boulder, CO., 1981).
 
15. R. G. Jahn, “Psychic Process, Energy Transfer, and Things that go Bump in the Night”, Princeton Alu nni Weekly, Dec. 4, 1978, pp. 1-12.
 
16. Véanse los números de Zetetic Scholar, revista de Parapsicología para y por los escépticos.
 
17. F. Capra, “The Tao of Physics”, (Shambhala, San Francisco, Calif., 1975).
 
18. U. Sinclair, “Mental Radio”, con un prefacio de A. Einstein (Thomas Springfield III., 2a. ed. 1962); K. Pribram, “Languajes of the Brain”, (Prentice-Hall, Engewood Cliffs, N. J., 1971) y las referencias en 14); G. Feinberg, “Precognition -A Memory of Things Future”, en “Quantum Physics and Parapsychology”, ed. por L. Oteri (Parapsychology Found, Nueva York, 1975); B. J. T. Dobbs, “The Foundations of Newton's Alchemy”, (Cambridge Univ, Prees, Cambridge, Mass, 1975); “Parapsychology: its Relation to Physics, Biology, Psycology and Psychiatry”, ed, por G. R. Schmeidler (Scarecrow, Metuchen, N. J., 1976); “Advances in Parapsychological Research, Vol. 1. Psychokinesis”, ed. por S. Krippner (Plenum, Nueva York, 1977); Sir John Eccles (Premio Nóbel), “The Human Person in its Two-way Relationship to the Brain”, Conferencia invitada a la convención de la Parapsychological Association (Universidad de Utrect, Agosto 20, 1976), en “Research in Parapsychology 1976”, (Scarecrow, Matucho, N. J., 1977).
     
____________________________________________________________
     
Kurt Bernardo Wolf
Investigador del Instituto de Investigaciones en Matemáticas y Sistemas, y Profesor de la Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México.
 
 
 
cómo citar este artículo
Wolf Kurt, Bernardo 1983. Se ha fumigado el desván pero los ruidos persisten. Ciencias 3, enero-marzo, 14-19. [En línea]
     
R03Articulos2   menu2
   
   
Ana Barahona
     
               
               
El cuento infantil de la Caperucita Roja es bien
conocido, y todos recordamos que cuando la Caperucita pregunta al lobo: “¿porqué tienes esos dientes tan grandes?”; el lobo contesta: “!para comerte mejor!”.
 
Desde el punto de vista biológico, parece irrelevante preguntarse para qué tienen los lobos los dientes tan grandes, o porqué cambian de color los camaleones, o porqué el hombre puede abatir el pulgar, y los cactos, sin tener hojas, retienen tanta agua, etc. Sin embargo, si examinamos la historia de la biología nos encontraremos con que estas preguntas están muy relacionadas con el famoso problema de Lamarck sobre lo longitud del cuello de las jirafas.
 
Según Lamarck las jirafas tendrían el cuello muy largo debido a su uso continuo y desmedido al intentar alcanzar los brotes tiernos en las altas ramas de los boabs africanos.
 
La idea de que el cambio morfológico producido por el uso de un órgano es heredado por la generación inmediatamente posterior, ha sido ampliamente debatida por biólogos y antropólogos —Engels incluido— y ha dado lugar a fenómenos tan extravagantes como el de la biología soviética Lyssenkista.
 
Por otro lado desde tiempo inmemorial el hombre sabe de la desaparición de ciertas especies; de enormes dinosaurios incapaces de sobrevivir; de especies en proceso de extinción, etc., lo que plantea problemas de gran importancia para la biología.
 
La posición de Lamarck, en su tiempo, fue revolucionaria: antes e incluso bien entrado el siglo XIX, se creía en “una divina mano invisible, en un diseño preestablecido, en la aparición milagrosa de los seres vivos, desde el primer día de la creación, tal y como ahora los conocemos: se decía que, durante la semana del génesis, Dios creó los cielos y la Tierra, las plantas y los animales dándoles, desde el momento mismo de su nacimiento, su forma definitiva e inmutable. Esta explicación —teología natural— habría respondido a la pregunta de Caperucita afirmando: “¡por que así lo quiso Dios!”.
 
Sin embargo experimentos posteriores y la aparición de nuevas teorías, han mostrado que la explicación de Lamarck no fue suficiente; tómese, como solo ejemplo la aparición de la genética.
 
Por otra parte, obviamente, pera el espíritu científico del siglo XIX, la explicación bíblica, por más elaborada que se presentara (como en Paley), era igualmente insuficiente: la Biblia no explicaba la desaparición de ciertas especies.
 
Darwin por su parte, ya desde el viaje del Beagle, se habría planteado este problema al descubrir ciertas diferencias y variaciones existentes entre los pinzones de Europa y los pinzones de América: la forma del pico a partir del tipo de alimentación, etc. Estas diferencias fueron explicadas por medio del concepto de adaptación, sin recurrir a la teoría de la herencia de los caracteres adquiridos, ni, menos aún, a la teoría de la adaptación perfecta de la teología natural.
 
En la introducción al Origen de las Especies, Darwin reflexiona sobre las afinidades entre las diversas especies, sobe sus relaciones embriológicas, su distribución geográfica, su sucesión geológica y otros hechos semejantes, para concluir que las especies no han sido creadas de manera independiente, sino que se han originado unas de otras. “Sin embargo, dice Darwin, esta conclusión… no sería satisfactoria mientras no se pueda demostrar cómo las innumerables especies que habitan el mundo se han ido modificando hasta adquirir esta perfección estructural y esta adaptación mutua”.
 
Ciertamente buena parte de los cambios pueden atribuirse a variaciones climatológicas, a desequilibrios ecológicos, o, incluso, como hace Cuvier, a grandes cataclismos naturales. Sin embargo, no puede sostenerse que la responsabilidad de tales cambios sea solamente, de las causas externas. Dice Darwin: “Los naturalistas continuamente aluden a condiciones externas, tales como el clima, alimentación, etc., como la causa única de variación. En un sentido limitado, esto puede ser verdad. Pero es absurdo atribuir a causas puramente externas la estructura, por ejemplo, del pájaro carpintero, tan admirablemente adaptado para capturar insectos bajo la corteza de los árboles, e “igualmente absurdo explicar la estructura de un parásito y sus relaciones con varios seres orgánicos distintos, por efecto de las condiciones externas, de la costumbre o de la voluntad de la misma planta”. Así, para Darwin, “es de la mayor importancia alcanzar un juicio claro acerca de los mecanismos de modificación y adaptación mutua”.
 
Resulta evidente, entonces, que el concepto de adaptación darwiniano esté íntimamente vinculado al concepto de selección: quienes se adapten mejor serán los elegidos.
 
Este proceso de selección resulta fundamental para comprender el mecanismo de adaptación: selección que puede ser, dice Darwin, natural, sexual, o selección en “estado doméstico”.
 
a) la selección natural es el proceso mediante el cual toda variación que aparezca, por ligera que sea, se conserva; si, en algún grado es provechosa a los individuos de la especie en su relación con otros individuos y tienden a la conservación de la especie, se heredará.
 
b) La selección en estado doméstico es el proceso por medio del cual, el hombre selecciona y elige caracteres útiles a su capricho o su necesidad y, al acumular estas variaciones durante varias generaciones, en una sola dirección, llega a producir diferencias apreciables; por ejemplo: las vacas lecheras de grandes ubres, los árboles frutales, las variedades híbridas del maíz y del trigo, etc.
 
c) La selección sexual, por último, es aquella que explica cómo los caracteres sexuales secundarios que, aparentemente no tienen otra función que la de distinguir los sexos, cumplen la muy importante función de favorecer a los individuos, no en la lucha por la existencia, sino en la lucha por las hembras.
 
Esta selección sexual ilustra, con toda claridad, cómo la lucha por la existencia es, principalmente, intraespecífica, es decir, ,que es precisamente entre individuos de la misma especie, entre individuos que frecuentan los mismos lugares, que requieren del mismo alimento, y que están expuestos a los mismos peligros, entre quienes la lucha es más intensa. Este conflicto intraespecífico es, par a Darwin, el mecanismo por excelencia que hace que aparezcan nuevas especies: favoreciendo al más fuerte, y eliminando a los débiles se perpetúan los individuos más aptos, se establecen las nuevas variedades y las antiguas especies se transforman en especies inéditas.
 
Así la competencia entre individuos de la misma especie —más que la competencia entre grupos, más que la lucha por la existencial— es la noción indispensable para la construcción de la teoría darwiniana.
 
Si para Lamarck la adaptación del organismo dependía de las condiciones de su lucha con el medio; para Darwin la adaptación está referida sobre todo, a la lucha de un organismo contra otros similares para la mejor explotación de un mismo medio.
 
Si en Lamarck el organismo se adapta a su medio en un acto da voluntad; para Darwin, sólo en competencia con sus vecinos, el mejor adaptado sobrevive. Al estudiar la distribución geográfica de las especies y el registro fósil, Darwin encontró algunos casos en los que bajo una diversidad de condiciones físicas ha persistido uniformidad de tipo; y otros en los cuales una diversidad de tipos se ha extendido en condiciones físicas idénticas. También, mientras unas especies han cambiado en el mismo sentido en el misma ambiente, otras pueden ser colocadas en condiciones diferentes sin que se presente modificación alguna. De estos hechos Darwin deduce que el organismo responde a la presencia de sus vecinos o de los habitantes y no al hábitat mismo. Hay especies dominantes que se han extendido por todas partes y que presentan una multitud de variaciones, lo cual puede constituir una ventaja relativa frente a sus competidores; por esto, para Darwin, la adaptación era condición necesaria y limitante, pero no suficiente o direccional, para la evolución de las especies.
 
Por otra parte, la adaptación supone, desde el principio, la idea de la variabilidad de las especies, contrapuesta a una teología natural, una armonía preestablecida, a la visión de un mundo creado tal y como lo conocemos.
 
El problema de la adaptación está desde un principio, ligado al problema del dinamismo de las especies, a su transformación, a la aparición de variedades nuevas por acumulación de diferencias, etc.
 
Al preguntarse por estos mecanismos Darwin escribe: “Ni la acción de las condiciones ambientales, ni la voluntad de los organismos puede explicar los innumerables casos en los cuales estos organismos se adaptan admirablemente a sus hábitos de vida. He estado siempre asombrado por estas adaptaciones y en el momento en que puedan explicarse, me parecerá inútil tratar de demostrar por medio de pruebas indirectas, que las especies se modifican”.
 
Es del todo imposible hablar de transmutación de las espacies si la adaptación hubiese sido preestablecida por el creador; en un mundo fijista, la adaptación se reduce a un acomodamiento al medio sin actividad por parte del ser vivo. En estas condiciones no se puede hablar propiamente de una adaptación biológica. La idea de una transformación o adaptación que modifica las condiciones biológicas del organismo se contrapone radicalmente a la idea que sostiene que el concepto de adaptación de Darwin está tomado de la economía política de Adam Smith. Para éste la adaptación consistía más bien en una adecuación, tanto a las condiciones del mundo circundante como a las condiciones biológicas, inherentes y esenciales del ser humano.
 
En una concepción transformista, (Lamarckista) el medio modela y modifica al organismo, sin que la acción de acomodamiento provenga del ser vivo o bien la acomodación se efectúa a partir de lo viviente y, sólo en ese caso, se troto verdaderamente de adaptación. Esta puede provenir de un esfuerzo de lo vivo, si el “sentimiento interior” tuviera la importancia y autonomía que por lo general se le atribuía. Pero también puede provenir de variaciones que se producen en el ser vivo de manera aleatoria, independiente mente de toda iniciativa de su parte y sin ningún valor adaptativo: esta será la solución darwiniana.
 
En 1837, Darwin formula por primera vez su teoría de la selección natural que incluye una doble perspectiva acerca del problema de la adaptación: la adaptación como proceso y la adaptación como un estado del ser. Este segundo punto era sostenido por los teólogos naturales para quienes las circunstancias físicas determinan las condiciones de existencia de un organismo y, como éstas nunca cambian, la adaptación perfecta, es un estado del ser que revela el designio inmutable de Dios. Cuando Darwin inicia su trabajo existe una vasta literatura, ampliamente difundida, en donde las adaptaciones orgánicas son objeto de discusiones frecuentes y profundas.
 
Para el Darwin de 1837, las especies estaban más cerca del estado de aptitud perfecta frente al medio ambiente, pues el organismo cambia lenta y continuamente para compensar los cambios graduales, del medio. La supervivencia depende de la adaptación perfecta, dice Darwin, pero su constitución refleja su pasado; así se explica que caracteres, que alguna vez fueron adaptativos, se presenten sólo por causas hereditarias, es decir, como reminiscencias genéticas. El efecto de esta formulación era mantener le perfección de la adaptación de caracteres con la que Darwin pretendía explicar el cambio evolutivo. Sólo la ruptura con el concepto de adaptación perfecta dará a las teorías de Darwin y a el concepto de adaptación, un contenido distinto.
 
Por otro lado los conceptos darwinianos de extinción y de balance natural lo acercan a una formulación más clara del problema de la adaptación.
 
“Con esta tendencia al cambio (y la multiplicación en aislamiento) se requieren muertes de las especies para mantener los números iguales (…) la cantidad de vida en el planeta en diferentes períodos depende de las relaciones del desierto, océano, etc. Esto, probablemente en término medio, en igual cantidad. El número de formas depende de relaciones externas y en subdivisiones de estaciones y diversidad, esto es, tal vez en término medio”.
 
Desde el punto de vista tradicional del balance natural, las especies fueron fijadas y balanceadas para controlar la superfecundidad de los individuos, garantizando la preservación de las especies. La transmutación, para Darwin, propaga una superabundancia de especies y requiere continuamente, de la extinción de especies para igualar sus nacimientos. La extinción requiere creación (como en Lyell) y así, en 1837, Darwin aprecia el papel de la superfecundidad, del balance natural y de la adaptación en el problema de la transmutación de las especies. Es hasta la lectura de Malthus, en 1938, que Darwin propone otra formulación.
 
En 1837 la adaptación perfecta como argumento evolutivo, y subsecuentemente, el concepto de utilidad (concepto que se refiere a aquello que es favorable a la vida, y que permitirá la supervivencia, contrariamente al uso lamarckiano, que designa más bien el ejercicio de una función, y por ello, de un órgano) se utilizan para discutir en contra del creacionismo. Darwin explica las adaptaciones imperfectas como remanentes hereditarios de viejos actos de adaptación directa; con ello, desplaza la adaptación imperfecta del campo de la especulación y lo erige en mecanismo actualista de evolución. La noción darwiniana de adaptación perfecta, ,en el fondo, es idéntica a la de Paley. Sin embargo, en 1838, Darwin temporaliza el concepto: el organismo es al agente de ajuste, y la adaptación se vuelve un proceso dinámico; como dice Kuhn, es hasta la factura de Malthus que Darwin sustituye el concepto de adaptación diferencial. Este es el momento de inflexión, en el que la historia natural tomó un nuevo curso.
 
     
____________________________________________________________
     
Ana Barahona
Profesora de la Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México.

 
 
cómo citar este artículo
Barahona, Ana 1983. Darwin y el concepto de adaptación. Ciencias 3, enero-marzo, 10-13. [En línea]
     
R03Articulos1   menu2
   
   
John Barrington
     
               
               
No pido disculpas por empezar una vez más con los
problemas de la teoría matemática para el gran juego de la cacería; ya que en todas las ramas de la matemática, se han hecho progresos en la última década. Empezaré con una revisión de los resultados más importantes en esta área.

El tema empezó en 1938 con el artículo épico de Pétard.1 El problema principal se formula generalmente como sigue: en el desierto del Sahara existen leones. Obtengamos métodos para capturarlos. Voy a restringirme aquí a métodos matemáticos para lograr este objetivo, aunque permitiendo algunos métodos cercanos a la física pero que tienen algún sabor matemático. Pétard encontró esencialmente 10 soluciones, que parafrasearé como sigue:

1. Método de Hilbert.

Coloquemos una jaula cerrada en el desierto. Y utilicemos el siguiente sistema axiomático:
i) El conjunto de leones es no vacío.
ii) Si existe un león en el desierto, entonces existe un león en una jaula.
Teorema 1. Existe un león en la jaula.

2. El Método geométrico por inversión.

Coloquemos una jaula esférica cerrada en el desierto, vacía de leones y entremos. Invertimos con respecto a la jaula. Esta función manda a un león dentro de la jaula y a nosotros fuera.

3. El Método de la geometría proyectiva

El desierto es un plano. Proyectemos éste a una línea luego proyectemos la línea a un punto dentro de la jaula. El león irá a parar al mismo punto.

4. El Método de Bolzano-Weierstrass.

Bisectemos el desierto por una línea que va de norte a sur. El león está en alguna mitad, sin pérdida de generalidad el león está en la mitad del este. Ahora divida esta mitad por una línea que vaya de este a oeste. Sin pérdida de generalidad podemos suponer que el león está en la parte norte. Continuemos este proceso indefinidamente y en cada paso construyamos una cerca.
El león puede encerrarse en una cerca de longitud arbitrariamente pequeña, si así lo deseáramos.

5. El Método de la topología general.

Observemos que el desierto es un espacio métrico separable, entonces contiene un subconjunto denso-numerable. Por tanto algunas sucesiones deben converger al león. Aproximémonos cautelosamente por una de éstas, llevando equipo necesario.

6. El Método de Peano.

Existe una curva que llena todo el espacio, esto es, pasa por todo punto del desierto. Algunos matemáticos como Hilbert, han señalado2 que una curva de este tipo puede recorrerse en un intervalo de tiempo tan pequeño como queramos. Armados con una lanza, recorramos la curva más rápido de lo que el león sea capaz de moverse una distancia igual a su longitud.

7. Un Método topológico.

El león tiene al menos la conectividad del toro.* Transportemos al desierto a un espacio de cuatro dimensiones. Podemos ahora deformarlo de tal forma que el león quede hecho nudo.3 Este esté ahora desvalido.

8. El Método de Cauchy.

Sea f(z) una función analítica con valores en el conjunto de los leones y sea a una jaula. Consideremos la integral

 

donde C es la frontera del desierto. El valor de la integral es f(ζ ) : esto es, un león está en la jaula.

9. El Método de Weiner Tauber.

Consigamos un león manso L0 de clase L (-∞, ∞) cuya transformada de Fourier se anula solamente en un conjunto de medida cero y dejémoslo libre en el desierto.
Dado que éste es manso debe converger a la jaula. Por Weiner4 cualquier otro león debe converger a la misma jaula.

10. El Método de Eratóstenes.

Enumeremos todos los objetos del desierto y examinémoslos uno por uno. Descartemos aquellos que no sean leones. Un refinamiento posterior5 nos permite capturar, si así lo deseamos, sólo leones primos.

11. El Método de Shröedinger.

En cualquier instante hay una probabilidad positiva de que un león esté en la jaula. Esperemos.

12. El Método de la cirugía.

El león es una 3-variedad orientable con frontera6 y usando cirugía lo podemos hacer contraíble. Podemos ahora firmar un contrato con el circo de Barnum y Bailey.

13. El Método de Smale.

Por las mismas razones que en el método anterior, el león es un cuerpo con asas. Pero un león con asas puede agarrarse fácilmente y por tanto su captura es trivial.

14. El Método por teoría de gavillas.

El león es una sección de una gavilla de gérmenes de leones en el desierto. Le damos una nueva topología al desierto para hacerlo discreto: las fibras de la gavilla se separan y liberan los gérmenes que matan al león.

15. El Método de Montgomery-­Zippin.

Pensemos en el león como una superficie. Representemos cada punto del león como una clase de equivalencia del grupo de homeomorfismos del león módulo, el grupo de isotropía de la nariz.7 Esto muestra que el león es un espacio homogéneo. Un león homogenizado no está en condiciones para ponerse a pelear.

16. El Método de Postnikov.

El león, siendo melenudo, puede considerarse como un espacio fibrado. Construyamos ahora una descomposición de Postnikov.8 Un león descompuesto debe, seguramente, haber muerto hace mucho tiempo.

 



     

Notas

1. H. Pétard, “A contribution to the mathematical theory of big game hunting”, Amer. Math. Mohthly 45, (1938).

2. Ver E. w. Hobson, “The theory of functions of a real variable and the theory of Fourier's series”, 1927.

3. H. Seifert & W. Threlfall, “Lehrbuch dar Topolagie”, 1934.
* El “toro” es una función matemática en forma de dona.

4. N. Wiener, “The Fourier integral and certain of its application”, 1933.

5. O. Morphy, “Some modern mathematical methods in the theory of lion hunting”, Amer. Math. Monthly, 75 (1968), 185-187.

6. Kerveise & Milnor, “Groups of homotopy spheres I”, Ann. Math. (1963).

7. Montgomery & Zippin, “Topological transformation groups”, Intersience, 1955.

8. E. Spanier, “Algabraic topology”, McGraw-Hill, 1966.

     
____________________________________________________________
     
John Barrington
 “15 new ways to catch a lion”, Manifold 18, 1976, traducción de Radmila Bulajich y José A. Gómez, profesores de carrera del Departamento de Matemáticas, Facultad de Ciencias, Uiversidad Nacional Autónoma de México.

 
 
cómo citar este artículo
Barrington, John. 1983. Cómo atrapar a un león (Parte I). Ciencias 3, enero-marzo, 8-9. [En línea]
     
Está aquí: Inicio Blog (2) revistas revista ciencias 3
Universidad Nacional Autónoma de México
Facultad de Ciencias
Departamento de Física, cubículos 320 y 321.
Ciudad Universitaria. México, D.F., C.P. 04510.
Télefono y Fax: +52 (01 55) 56 22 4935, 56 22 5316


Trabajo realizado con el apoyo de:
Programa UNAM-DGAPA-PAPIME número PE103509 y
UNAM-DGAPA-PAPIME número PE106212
 ISSN:0187-6376

Indice-RM

Responsable del sitio
Laura González Guerrero
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
 

Asesor técnico:
e-marketingservices.com
facebooktwitteryoutube

cclCreative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons
Attribution-Noncommercial-Share Alike 3.0 United States License