revista de cultura científica FACULTAD DE CIENCIAS, UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
Busca ampliar la cultura científica de la población, difundir información y hacer de la ciencia
un instrumento para el análisis de la realidad, con diversos puntos de vista desde la ciencia.

 

       
 
  menu2
PDF 
               
  112

 
Galileo y el telescopio
 
Shahen Hacyan
   
   
     
                     
                     
Hace justo cuatro siglos, según la historia que todo mundo conoce, Galileo Galilei co­men­zó a estudiar el cielo con un telescopio de su propia cons­trucción. Fue el inicio de un nue­va era para la astronomía. Galileo descubrió los satélites de Júpiter, las manchas solares y la rotación del Sol, las fa­ses de Venus, las montañas y valles de la Luna y las estre­llas de la Vía Láctea.
También se sabe que Ga­li­leo tuvo serios problemas con la Iglesia por afirmar, sobre la base de sus descubrimientos, que la Tierra gira alrededor del Sol y no al revés. Se cuenta que los jerarcas religiosos pre­firieron, incluso, no mirar por el teles­copio para no enfrentarse a las evidencias.

Sin embargo, la verdadera historia es un poco más complicada. Paul Feyerabend, en su famoso libro Contra el mé­todo, nos recuerda que en tiempos antiguos no se solía estudiar la naturaleza con medios artificiales, pues se desconfiaba de aquello que no se pudiera percibir di­rec­tamente con los sentidos. En la actualidad estamos acos­tum­bra­dos a creer en la existencia de cosas que no se ven a simpe vista (átomos, microbios, galaxias…), pero en la épo­ca de Galileo no era nada obvio que un instrumento no creara ilusiones.

La Iglesia, de acuerdo con Feyerebend, usó (y cierta­men­te abusó) de su poder, pero a fin de cuentas estaba defen­diendo una visión del mundo que los hombres comunes po­dían entender fácilmente sin recurrir a expertos. La física de Aristóteles, la aceptada por la Iglesia, era una física del sen­tido común: el agua y la tie­rra caen porque su lugar natural es el centro de la Tierra, el fuego y el aire suben porque el suyo es la esfera de las estrellas; y el Sol y las estrellas giran alrededor de la Tierra, como se ve a simple vista. Ade­más, se pensaba que la natu­ra­leza de los astros era del ­todo distinta a la de las cosas terrestres.

Evidentemente, el teles­co­pio permitía aumentar el ta­ma­ño de los objetos en la Tie­rra, pero si se trataba de ob­jetos ce­lestes nunca vistos an­tes ¿có­mo saber si las imágenes co­rrespondían a algo real? Si Galileo creía ver nuevas es­tre­llas allí donde no se veía na­da a simple vista, no había for­ma de corroborar su existencia. Más aún, todavía no se tenía una buena teoría que permi­tie­ra entender cómo funciona un te­lescopio; Galileo había cons­truido uno, pero lo había lo­gra­do por medio de pruebas y errores. No sería hasta 1610, el año siguiente de sus observaciones, cuando su colega Ke­pler publicó la Dióptrica, en la que describía, más o me­nos correctamente, los principios teó­ri­cos del telescopio.

Por otra parte, hay que recordar que los telescopios de Galileo eran bastante primitivos, por lo que se necesitaba cierta dosis de imaginación pa­ra ver lo que él afirmaba ver. Sin duda tuvo el enorme mérito de imaginar correctamente mucho de lo que reportó, pero se sabe que colegas suyos, a pesar de su interés, no logra­ron ver con su telescopio todo lo que les prometía y se quedaron decepcionados.

Con Galileo empezó una nue­va era en la que los cinco sentidos comunes ya no eran suficientes para percibir co­rrec­tamente al mundo y había que recurrir a medios artificiales que sólo los expertos sabían manejar. Para Feyerabend, ésta es la posición que comba­tió la Iglesia. La nueva manera de estudiar el mundo resultó sumamente exitosa, pero muchos pensadores, aun sin negar su validez, la criticaron por olvidarse de la “dimensión humana” de la naturaleza. Así, por ejemplo, los románticos del siglo xix añoraban una visión más subjetiva del mundo; Goethe escribió que los cien­tí­ficos relacionan entre sí fenó­menos naturales construidos artificialmente, pero concluyó que eso no es la naturaleza: “¡ningún arquitecto tendría la osadía de hacer pasar sus palacios por montañas y ­bosques!”
 
  articulos  
_____________________________________________________________
     
 
Shanen Hacyan
Instituto de Física, Universidad Nacional Autónoma de México.
 

como citar este artículo

Hacyan, Shahen. (2009). Galileo y el telescopio. Ciencias 95, julio-septiembre, 18-19. [En línea]
     

de venta en copy
Número 134
número más reciente
 
134I


   
eventos Feriamineriaweb
  Presentación del número
doble 131-132 en la FIL
Minería

 


novedades2 LogoPlazaPrometeo
Ya puedes comprar los 
ejemplares más
recientes con tarjeta
en la Tienda en línea.
   

  Protada Antologia3
 
Está aquí: Inicio revistas revista ciencias 95 Galileo y el telescopio
Universidad Nacional Autónoma de México
Facultad de Ciencias
Departamento de Física, cubículos 320 y 321.
Ciudad Universitaria. México, D.F., C.P. 04510.
Télefono y Fax: +52 (01 55) 56 22 4935, 56 22 5316


Trabajo realizado con el apoyo de:
Programa UNAM-DGAPA-PAPIME número PE103509 y
UNAM-DGAPA-PAPIME número PE106212
 ISSN:0187-6376

Indice-RM

Responsable del sitio
Laura González Guerrero
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
 

Asesor técnico:
e-marketingservices.com
facebooktwitteryoutube

cclCreative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons
Attribution-Noncommercial-Share Alike 3.0 United States License