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de flujos y reflujos
       
 
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Leyes sin castigo
 
Ramón Peralta y Fabi
   
   
     
                     
"Las plantas y los animales son el resultado de un acto de creación.
Desde el centro del Universo, ocupado por la Tierra, los seres humanos podemos apreciar esta obra divina en toda su belleza. La existencia del Creador se demuestra en el orden que existe en la naturaleza y en el propósito de dicho orden".

"Las plantas y los animales son el resultado de un proceso evolutivo. Desde el inconspicuo sitio que ocupa la Tierra podemos apreciar el Universo en toda su complejidad y belleza. Comprender el orden de la naturaleza es uno de los propósitos del ser humano".

Con palabras más y rara vez con menos, los párrafos precedentes resumen las visiones que, separadas por miles de años, los seres humanos hemos tenido del mundo que nos rodea e incluye.

Ante las mismas preguntas, que probablemente fueron formuladas hace decenas de milenios, las respuestas que conforman las visiones cósmicas difieren por el papel de un Creador en las respuestas. Hoy, no hace falta la fe para entender las explicaciones que se van configurando con más o menos detalle y éxito. El descubrimiento de leyes en la naturaleza ha pemitido establecer una imagen racional, cuantitativa y predictiva de nuestro entorno. Las violaciones de estas leyes, a diferencia de las divinas o las humanas, no atraen castigo alguno, de hecho, los procesos para hallar nuevas leyes que las sustituyan devienen páginas memorables de la historia.

Estas revoluciones intelectuales han abierto un horizonte ilimitado, abarcando, desde la que atiende el origen y dinámica del cosmos, la teoría de la relatividad general, hasta la que atisba a los constituyentes últimos de la materia, el llamado modelo estándar, sin olvidar todo lo que concierne a los seres vivos.

La clave de toda esta explosión conceptual, que revalora nuestras preguntas y respuestas más importantes, tanto abstractas como prácticas, radica en el reconocimiento de la existencia de leyes de la naturaleza, entendidas como generalizaciones de la observación devienen patrones regulares o de respuestas repetibles. Al haber perdido la pretensión de que se ha alcanzado la versión final o completa, aceptamosque el conocimiento se va retinando con base en los hechos, las observaciones y el análisis de éstas. En cierta forma, ni siquiera hace falta suponer que la explicación final existe o es alcanzable, es suficiente con aceptar que hay regularidades en la naturaleza y que éstas pueden ser determinadas, desechando la posibilidad de que su comportamiento sea impredecible o el resultado de designios sobrenaturales.

Una de las ciencias más exitosas es la física. Su lenguaje y su herramienta principal está en las matemáticas, lo que ha permitido la cuantificación, la precisión y la predicción. Su objeto de estudio, qu ees juez y parte al mismo tiempo, es de tal amplitud que ha debido dividirse en especialidades en las que la observación o la experimentación, reproducible y cuantificable, son el elemento indispensable; lo que no cumple con esto último queda fuera de su ámbito, como los horóscopos, los ángeles y la telepatía, que están en la misma canasta de las apasionantes cosas que no tienen fundamento. El resultado es que la columna vertebral de la física está en las leyes que hasta ahora han sid oformuladas y a partir de las cualesse podrían entender todos los fenómenos. Una breve reflexión hace ver que esto es una quimera, ya que, ni las leyes que conocemos son absolutas o están libres de sospecha ni la visión simplista del reduccionismo está agotada.

Se considera que las leyes van mejorándose para constituir un modelo cada vez más fiel del comportamiento de la naturaleza, pero difícilmente se aceptaría que alguna durara a través del tiempo en la forma que tiene en el presente. Además, el carácter de las diversas leyes que constituyen la física es bastante diverso. Algunas se aceptan como una excelente aproximación y se conocen sus límites, como son la ley de la gravitación universal o la teoría cuántica del átomo, representada por la ecuación de Schrodinger. Otras, que van más allá de reglas empíricas, pueden entenderse como aproximaciones muy restringidas, aunque en su intervalo de validez son impecables, como la ley de Stokes para la fricción sobre una esfera que se mueve en un fluido o la ley de conducción del calor de Fourier.

Un tercer grupo incluye a las que parecen cumplirse sin excepción alguna y a las que de una forma u otra todas las demás deben supeditarse; en este grupo están las que inclusive reciben el nombre de postulados o de principios, como dándoles una jerarquía superior; son casos representativos la constancia de la velocidad de la luz o los principios de exclusión de Pauli o el de la conservación de la energía. Como muchas de las leyes básicas, estos dos principios tienen un carácter abstracto y muy poco intuitivo.

De una naturaleza muy distinta son las que podríamos llamar leyes estadísticas y que emergen al estudiar sistemas mucho más complejos que los que las leyes fundamentales usualmente abordan; el caso típico es la segunda ley de la termodinámica, también llamada del incrementode la entropía, que postula la ¡reversibilidad del mundo que vemos, irrefutable a todas luces con la aparición de las canas y la inexorabilidad de la muerte. Destaca aquí la aparente contradicción con las teorías centrales de la física, que aseguran la reversibilidad temporal, es decir, que todo se vería igual de razonable si el tiempo corriera en sentido contrario. Lo anterior permite sugerir el porqué la posición reduccionista no es ya sostenible. Por un lado, los niveles de descripción requieren enfoques distintos y nada indica que unos sean resultado de los otros, aunque es preciso velar por una consistencia mínima entre ellos. Por ejemplo, siendo esencialmente distintas tanto las descripciones clásicas (a la Newton) y como las cuánticas empleadas para describir la dinámica atómica, ambas predicen el mismo comportamiento para la capacidad calorífica de un sólido, a temperaturas altas; es decir, no necesariamente hay una relación unívoca entre un nivel de descripción y otro. Teorías incompatibles entre sí pueden ser consistentes con una teoría que "trabaja" a otra escala. Por otro lado, las teorías microscópicas o fundamentales de la física no ofrecen la menor posibilidad de explicar o predecirel comportamiento de sistemas complejos, ni lo pretenden.

Nadie esperaría que en el futuro los detalles estructurales y de composición de los brazos de la espiral de la Vía Láctea, con la que hacemos un viaje sin regreso, o los maullidos de un gato doméstico, sean el resultado de un cálculo de la teoría del Universo, la que nadie serio contempla descubrir o construir.

     

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Ramón Peralta y Fabi
Departamento de Física, Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México.
 
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Un paraíso casi perdido: breve historia de la deforestación
 
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Eliane Ceccon
     
               
               
En la obra clásica Utopía de Tomás Moro,
publicada en 1516, el héroe de la narración es un viejo hombre de mar portugués de nombre Rafael Hitlodeo (o Hytlodaeus, contador de historias, en griego) que acompañó a Americo Vespucio en sus tres últimos viajes al recién descubierto Nuevo Mundo. Hitlodeo finalmente decidió permanecer junto con otros 24 hombresen el nuevo territorio. Por algún tiempo este personaje vivió en un asentamiento cercano a lo que hoy es Rio de Janeiro en Brasil, pero después él y cinco de sus compañeros decidieron explorar y recorrer las nuevas tierras y, luego de una serie de aventuras y desventuras, acabaron en la isla de Utopía, un mundo de rara belleza natural, igualitario, donde los nativos vivían en perfecta armonía política, social y ecológica. Las indicaciones dadas por Moro sobre la ubicación de Utopía permiten suponer que éste se inspiró en la isla de Femando de Noronha, en el nordeste de Brasil, descubierta por Vespucio en su primer viaje y en la cual fundó un asentamiento.
 
De acuerdo con lo anterior, uno puede imaginarse la espléndida belleza natural que encontraron los portugueses en el litoral de Brasil hacia fines del siglo XV principalmente en lo que se refiere a la abundancia de bosques tropicales, agua dulce y bellas playas. Un ejemplo de esto se encuentra en una de las primeras narraciones oficiales hecha por Pero Vaz de Caminha (quien fuera el equivalente lusitano de Bemal Díaz del Castillo). En su carta, conocida como Carta del descubrimiento, Caminha escribe: "Mientras caminábamos en este bosque para cortar leña, atravesaban algunos pericos por estos árboles; verdes unos y pardos otros,grandes y pequeños, de suerte que me parece que habrá muchos en esta tierra. ¡Todavía los árboles son muchos y muy grandes y de infinitas especies, no dudo que por elinterior haya muchas aves! (...) Hay a lo largo del mar, en algunas partes, grandes barreras, unas rojas y otras blancasy la tierra de arriba es toda llana y muy llena de grandes árboles. De punta a punta es todo playa (...) muy plana y muy hermosa. Por el interior nos pareció, vista desde el mar, muy grande; porque al extender los ojos, no podíamos ver sino tierra y árboles —tierra que nos parecía muy extensa(...) Aguas son muchas, infinitas. ¡De tal manera es graciosa [la tierra] que, queriéndola aprovechar, dará en ella todo; por las aguas que tiene!"
 
Desafortunadamente, este sentimiento de asombro e imaginación contagió a muy pocos, y a lo largo de su historia Brasil y sus recursos naturales han sido víctimas constantes de un hambre insaciable de ganancias que ha traído beneficios económicos a muy pocos y miseria a la mayoría de sus habitantes. Este afán ha llegado hasta un punto en que, hoy día, gran parte del país posee solamente cerca de 5% de su vegetación original, y la Amazonia, que es la selva tropical más extensa del planeta (incluye territorios de Perú,Bolivia, Ecuador, Venezuela y Brasil) ya ha perdido, en el territorio brasileño, alrededor de 20% de su vegetación.
 
LA EXPLOTACIÓN DEL ÁRBOL PAU-BRASIL
 
Irónicamente el mismo nombre de Brasil, según algunos historiadores, está relacionado con la primera fase de deforestación de este país, aunque hay más de 20 interpretaciones de su origen etimológico. Ya desde el siglo XI Europa estaba familiarizado con el llamado pau-brasil, un árbol nativo de Sumatra cuyo nombre en malayo era sapang (delsánscrito patanga que significa rojo). Este era utilizado para teñir de púrpura la seda y el lino de los trajes de los nobles orientales y luego fue conocida por los nobles europeos tras las guerras de los cruzados.
 
Cristóbal Colón fue el primero en vislumbrar árboles de pau-brasil en los bosques del Caribe, y en su tercer viaje a América llegó a recoger poco más de media tonelada. En enero de 1500, el navegante español Vicente Pinzón cargó sus navios con 21 toneladas de troncos provenientes del litoral brasileño. Pocos meses más tarde, en su primer viaje, el erróneamente llamado descubridor de Brasil —existen registros documentales en los que se comprueba que Pinzón llegó tres meses antes— Pedro Alvares Cabral llevó los primeros troncos de pau-brasil a Portugal junto con las noticias del"descubrimiento" de nuevas tierras que, finalmente, acabarían asociando su nombre al del codiciado árbol.
 
Los especialistas europeos en colorantes naturales percibieron rápidamente que el pau-brasil nativo de Sudamérica (cuyo nombre científico vendría a ser Caesalpinea echinata) no era tan eficaz como su similar oriental (Caesalpinea sappan). Sin embargo, con las rutas comerciales orientales bloqueadas desde 1453 (debido a la conquista turcade Constantinopla), la variedad asiática se volvió excesivamente cara y el descubrimiento de una variedad occidental fue saludado con entusiasmo. A pesar de su utilidad y demanda, el valor del pau-brasil era mucho más bajo que el de la pimienta importada de la India. Sesenta kilos de pau-brasil eran vendidos por 2.5 ducados (1 ducado equivalía a 3.5 gramos de oro) mientras que la misma cantidad de pimienta se compraba en 60 ducados.
 
Curiosamente, el primer estudio científico sobre el pau-brasil fue realizado en 1648 por los botánicos Willen Piso y George Marcgrave, en la monumental Historia Naturalis Brasiliae hecha bajo el gobierno del conde Mauricio deNassau, el más importante gobernante holandés, en la época de la invasión holandesa en el nordeste de Brasil. La planta fue clasificada en 1789 por Jean-Baptiste Lamarck ,quien la llamó Caesalpinea echinata. El género Caesalpinea fue introducido en homenaje al botánico y médico del Papa Clemente VII, Andre Cesalpino y la denominación echinata proviene de la etimología griega "erizo" y hace referencia a las espinas abundantes del árbol.
 
Al estar todos los esfuerzos de la Corona portuguesa concentrados en la conquista de la India, no había recursos financieros para actuar en dos frentes, por ello, el rey decidió concesionar por 10 años la explotación de todas las tierras situadas en el litoral occidental del Océano Atlántico (es decir todos los territorios que por el tratado deTordesillas pertenecían a Portugal) a un consorcio de ricos mercaderes lusitanos, dirigidos por Fernando de Noronha (¡nombre de la supuesta isla de Utopia!). Adicionalmente, el rey se comprometió a prohibir la importación de pau-brasil de Oriente, con lo que garantizaba a Noronha y sus socios el monopolio del pau-brasil.
 
En Brasil, el pau-brasil crecía originalmente en la planicie costera situada entre los estados de Río Grande do Norte y Río de Janeiro, en medio de una exuberante selva tropical conocida hoy como mata atlántica. Había ejemplarestan gruesos que tres hombres no podían abrazarlos y cuyaaltura podía alcanzar 30 metros.
 
La explotación de pau-brasil fue realizada a un ritmo tan feroz que, a lo largo del siglo XVI, portugueses y franceses (estos últimos de manera "ilegal" según los portugueses) llevaron, en promedio, ocho mil toneladas de madera por año hacia Europa. Solamente en el primer siglo de explotación, cerca de dos millones de árboles fueron derribados, un promedio espantoso de 20 mil por año o casi 50 al día. Además de la extracción de madera, el comercio de animales y otros productos ocasionaron una importante degradación de la biodiversidad. Por ejemplo, en esta época, un navío de contrabando francés, capturado por los portugueses, llevaba en sus bodegas un cargamento que consistía en 3 000 pieles donde la extracción era más común; sin embargo, el árbol se encontraba virtualmente extinto. Actualmente, el pau-brasil, cuyo nombre fue utilizado para bautizar al Brasil, sobrevive magramente en las reservas forestales y jardines botánicos y muy lentamente empieza a ser reintroducidoen su ambiente natural.
 
LA COLONIZACIÓN Y LA CAÑA DE AZÚCAR
 
Terminada la explotación de pau-brasil y debido en mucho a las constantes invasiones francesas y holandesas, Portugal finalmente decidió colonizar Brasil. Vale la pena resaltar que fue un proceso mucho más sencillo que en el caso de México o Perú, pues las poblaciones que ahí vivían, en cuanto a su escala de desarrollo, apenas daban los primeros pasos hacía la agricultura de subsistencia, superando así su condición paleolítica, y sumaban, según algunos autores, tan sólo un millón de individuos. A finales del siglo XVI dio inicio la conformación de la economía azucarera en la región nordeste. El carácter oficial de la empresa azucarera, instituido y estimulado por la Corona portuguesa a través de concesiones de tierras, de la distribución de privilegios y títulos honoríficos, ofrecía a los señores de los ingenios un poder hegemónico en la vida colonial. Era natural que así fuera, según la lógica de que esta empresa redituaría grandes sumas de dinero a Portugal, además de estimular la rápida ocupación de las tierras recientemente descubiertas. El cultivo de la caña de azúcar sólo necesitaba tierras tropicales fértiles y frescas y mano de obra barata, la cual pasó a ser proporcionada primero por los indígenas y luego, tras una enorme demanda, por los africanos esclavizados. La naciente esclavitud, como todo proceso social injusto, se convertiría más tarde en el origen de algunos de los mayores problemas sociales de este país, según la mayoría de los sociólogos, pero eso ya es otra historia.
 
Las mejores tierras eran destinadas a los cañaverales, los pastizales a los animales de carga. Había plantaciones dedicadas a la alimentación y alguna que otra tierra virgen proveía leña y madera para las construcciones. Por cada kilogramo de azúcar producido se quemaban alrededor de quince de mata atlántica, como leña en los ingenios. En los siguientes siglos, la competencia ofrecida por la nueva área productiva de las Antillas sacó a la región nordeste del mercado mundial, lo que ocasionó un deterioro en los precios del producto y esto, a su vez, provocó una crisis económica en la región. El sistema productivo implantado, sin embargo, sobrevivió durante siglos, pero fue forzado a adoptar formas cada vez más autárquicas de producción. En todo el proceso productivo de los ingenios, la deforestación de esta región fue tal, que en 1936, el profesor Vasconcelos Sobrinho afirmó que la región nordeste deBrasil poseía tan sólo 5% de su vegetación original. El sistema social de esta región sigue hasta hoy, los tradicionales vicios del caciquismo político que solamente beneficiaa las oligarquías y es responsable de uno de los mayores índices de pobreza y analfabetismo de todo Brasil.
 
LA MINERÍA
 
En el siglo XVII empezó un nuevo ciclo económico en Brasil caracterizado por las actividades de minería, concentradas principalmente en lo que hoy se conoce como el estado deMinas Gerais. El flujo de gente hacia estas áreas y la locura desenfrenada con la que todos se dedicaron a la búsqueda de oro, generaron graves problemas sociales, hambre y conflictos. También inició una lucha feroz entre los empresarios de la tierra contra la avaricia de la Corona lusitana en relación con el cobro de impuestos sobre el oro encontrado. En esta época se dio el primer intento de independencia de Brasil. Apoyados en el sentimiento de rebeldía de los mineros, los líderes independentistas pensaban en abolirla esclavitud, liberar el comercio, promover la industrialización y fundar una república. A pesar de su fracaso, la insurgencia reveló el vigor de un creciente sentimiento nacionalista y también la madurez de una ideología republicana.
 
La deforestación producto de la actividad minera se llevó a cabo en dos frentes distintos: primero en la escala regional, al utilizar la madera para los hornos de fundición, y para uso doméstico en las residencias de la enorme población que formaban los trabajadores. El segundo frente sedio en la región sur que vendía la madera para los mineros y deforestaba para la crianza de animales de carga para el transporte de minerales y alimentos.
 
Después de algunas décadas de explotación intensiva, el oro en Minas Gerais comenzó a agotarse y Portugal no consiguió retener para sí mismo la riqueza generada por esta fuente de producción. Debido a las guerras contra la Francia napoleónica y a un desfavorable pacto económico con Inglaterra, casi todo el oro producido en Brasil fue transferido a las manos de los banqueros londinenses y ayudó a financiar la infraestructura industrial inglesa.
 
EL CAFÉ Y OTROS PRODUCTOS AGRÍCOLAS
 
Agotada la explotación minera, el único recurso con que contaba la economía colonial decadente era la enorme disponibilidad de mano de obra desocupada y muchas tierras vírgenes despobladas y sin valor, con lo que entonces surge la agricultura itinerante, que consiste en quemar y sembrar tierras nuevas. Más tarde se da un reordenamiento social promovido por la Corona, y se regresa a la organización de latifundios concentrados en el cultivo de café, algodón y tabaco. Como consecuencia (tal vez no prevista) el cultivo del café pasa a impulsar un nuevo ciclo económico en Brasil y los nuevos ricos terratenientes comienzan a expulsar a los pobres de las tierras más productivas y a deforestar nuevas tierras vírgenes. El éxito económico del café fue comparado al del azúcar en sus buenos tiempos y pasó a representar el 62% de las exportaciones brasileñas.
 
EL empeño por deforestar para liberar más áreas destinadas al cultivo de café llegó a tal punto en las montañas que circunda Río de Janeiro que esta ciudad tuvo serios problemas de abastecimiento de agua. Este hecho obligó al emperador D. Pedro II, por entonces ilustre morador de este lugar, a declarar estas áreas como protegidas y reforestarlas con especies nativas y exóticas. Hoy día la composición de estos bosques (floresta de Tijuca) es aún bastante peculiar debido a esto.
 
Después de la explotación sufrida por la región sur en el periodo de extracción minera, la segunda configuración de deforestación en el sur de Brasil empezó después de la abolición de la esclavitud, a finales del siglo XIX. Los oligarcas de origen europeo miraban miraban con sospecha a la mayor parte de la población brasileña compuesta por negros y mestizos y decidieron sustituir a sus propio pueblo por gente considerada "mejor" desde un punto de vista radical. Además, con el final de la esclavitud, los oligarcas del café deseaban una mano de obra mejor calificada, ya que tendrían que pagar por ella.
 
El gobierno imperial invirtió enormes recursos en esta empresa, facilitando transporte, instalación y concesión de tierras para los inmigrantes europeos (en su mayoría italianos, polacos y alemanes) y asiáticos (principalmente japoneses y árabes). Las facilidades brindadas jamás fueron concedidas a los nativos pobres. Los núcleos europeos se volvieron importantes centros de producción de vino, miel, trigo, papas y frutas de clima templado. Sin embargo, en su expansión estas colonias acabaron chocando con la oligarquía latifundista ya establecida y fueron obligadas a utilizar la tierra virgen que había, finalizando el proceso de deforestaciñon de la región. Posteriormente, este proceso dio paso a la creación de grandes zonas industriales y, también, con el transcurso de varias generaciones, a un magno contingente de pobladores sin tierra que cultivar.
 
La degradación ambiental en Brasi alcanzó niveles tan escandalosos que sólo entre 1786 y 1788 los intelectuales y académicos brasileños escribieron 150 textos discutiendo la destrucción ambiental del país.
 
Después de la Segunda Guerra Mundial y fuertemente presionado por Estados Unidos, Brsail adoptó "la revolución verde", destinada a que el país consumiese los nuevos productos de las pujantes industrias bélicas que se volvieron inútiles al final del conflicto. La revolución verde implicó el uso intensivo de agrotóxicos y fertilizantes, utilizados principalmente en las extensas plantaciones de soya para exportación. Asimismo, dio inicio la destrucción de extensas áreas de bosque de la región centro-norte que originalmente estaba conformada por una vegetación tipo sabana, localmente conocida como cerrado y de otras conocidas como cerradão (una sabana más densa y más alta), esta última localizada ya en los bordes geográficos de la amazonia. De 1965 a 1980 el consumo de fertilizantes aumentó cerca de 1280% mientras que la productividad en campo aumentó sólo 4.9%. Los resultados de este proceso fueron un incremento de los latifundios, pequeños agricultores endeudados y al rededor de 60% de la región deforestada.
 
LA AMAZONIA
 
Desde que los primeros exploradores y aventureros europeos se internaron en la Amazonia en busca de El Dorado -siguiendo el curso del río Amazonas y sus afluentes- esta selva nunca dejó de ser una fuente potencial de riquezas en la imaginación de los brasileños. La enorme explotación de caucho a principios del siglo XIX produjo un breve periodo de crecimiento en Manaus y Belém, las dos ciudades mayores situadas en medio de la jungla. Pero cuando Brsail dejó de tener el monopolio de caucho (Inglaterra sustrajo subrepticiamente la planta y la reprodujo con mayor éxito en Malasia, constituyendo uno de los primeros casos de biopiratería), la Amazionia volvió a aislarse del resto del país por distancias y barreras geográficas casi insuperables para la época.
 
A finales de los años cincuenta del siglo XX el destino de la Amazonia empezó a cambiar con la construcción de la carretera que une Belém con Brasilia, la capital del país, ubicada en el centro de Brasil. La extracción maderera a gran escala en la región amazónica se practica desde hace más de 300 años, pero al principio se realizaba de forma manual y se limitaba a la selva de las planicies aluviales, pues los árboles derribados podrían ser transportados a través de los ríos en dirección a los pequeños aserraderos. El suelo de las planicies aluviales es el único verdaderamente fértil en la Amazonia y nuevos árboles crecían en la misma área en poco tiempo. Después dela construcción de acrreteras, la extracción maderera ha cambiado radicalmente ya que el acceso vial facilitó a los madereros el acceso a nuevos territorios, lejos de los márgenes fluviales.
 
Un miedo patriótico asaltó a los sucesivos gobiernos militares en las décadas de los sesenta y setenta: en su concepción, si la Amazonia no se poblaba se perdería. Este sentimiento fue la motivación de un nuevo plan de seguridad nacional: por allí podrían penetrar elementos subversivos de otros países de Sudamérica (entre otras cosas les preocupaba las actividades del Che Guevara en Bolivia). Asimismo y por diversas razones (algunas bien conocidas por los mexicanos), durante muchos años existió un temor latente en el hambre expansionista de Estados Unidos . A la par, el régimen lanzó un programa de incentivos destinado a atraer capital multinacional y brasileño. Como resultado, no sólo las corporaciones arrebataron grandes parcelas de tierra virgen, también los especuladores hicieron buenos negocios. La inflación crónica y el hecho de que mno hubiera un impuesto a las ganacias del capital, convirtieron a la inversión en tierras en un excelente negocio para los ricos y poderosos.
 
Hoy día, estos grandes terratenientes no sumas más de 4.5$ de los propieatrios de tierras en Brasil, y son dueños de 81% de las tierras agrícolas del país, lo cual muestra la asimetría enorme existente en el medio rural brasileño en cuanto a la distribución de la riqueza y a los beneficios obtenidos de las políticas de subsidio del gobierno federal.
 
Para tener una idea de la extensión de las tierras concesionadas por el gobierno a las empresas multinacionales, consideremos los siguientes ejemplos: la British Petroleum asociada a la Brascan (empresa que explota aluminio) posee en concesión un área total de
174 588 km2 que equivale al área que ocuparían cuatro Suizas juntas. En segundo lugar destaca el grupo angloestadounidense Bozzano-Simonsen con un total de
44 993 km2, que equivale al tamaño de Suiza. Es importante mencionar que varias de las empresas multinacionales que operan en Brasil y que poseen cuantiosas áreas asignadas para su explotación comercial han participado activamente en la destrucción del medio ambiente, en particular en lo que se refiere a deforestación, violando abierta y sistemáticamente las leyes ambientales brasileñas.
 
Otro ejemplo es la historia de la Comnanhía Forestal Monte Dourado: en 1967, el magnate naviero norteamericano Daniel Ludwig pagó a la dictadura militar en turno tres millones de dólares a cambio de la propiedad de
16 000 km2 de bosque tropical sobre el río Jari, cerca de la frontera con la Guayana Francesa. Al año siguiente, comenzó a plantar amplias extensiones de árboles exóticos de crecimiento rápido destinadas a la fabricación de pulpa. La empresa fracasó, tal como lo había hecho cuatro décadas antes un proyecto menor emprendido por Henry Ford para el cultivo de gomeros: algunas enfermedades y la delgadez de la capa fértil imposibilitaron el desarrollo satisfacorio de los árboles.
 
Tambpoco el destino es muy halagador para aquellos que protegen la selva, como es el conocido caso de Chico Mendes. Cuando los terrateniente comenzaron a tornar selvas tropicales en pastizales para ganado, Chico Mendes usó como ventaja táctica levantar el estandarte de la ecología para defender la forma de vida de los habitantes de la selva y fue un eficaz abogado de los seringueros (recolectores de caucho); pero terminó acribillado por los gatilleros de los terratenientes.
 
En la historia reciente, la forma agrícola predominante en la región amazónica ha sido la actividad pecuaria, que ha llegado incluso a representar 50% de todas las actividades productivas. La mayoría de los pastizales, producto de la deforestación, es utilizada para prácticas de ganadería extensiva y cada uno de ellos ocupa en promedio un área de 24 000 hectáreas. Una de las practicas más comunes en esta actividad es la quema del pasto en la estación seca, que ocasiona casi todos los años inmensos incendios en los bosques vecinos y sitúa a Brasil en el cuarto lugar en emisiones de carbono en el mundo (un quinto de las emisiones debido al uso de combustibles fósiles) y en primer lugar en emisiones por quema de vegetación.
 
En la década pasada, la mayor producción maderera mundial provenía de las selvas tropicales del sudeste Asiático. Después de que esta fuente quedó virtualmente agotada, las grandes madereras multinacionales se interesaron activamente en la Amazonia brasileña. De esta manera, Brasil pasó de producir 2% de la madera mundial a 8% en losúltimos seis años. Uno de los casos más conocidos de la voracidad con que las empresas madereras asiáticas han venido destruyendo la Amazonia fue dado a conocer por una comisión especial de la Cámara Federal de Diputados afinales de 1997. El informe de esta comisión denuncia que de las trece empresas madereras asiáticas que operan en la Amazonia doce fueron sorprendidas en operaciones ilegales por los inspectores del IBAMA (Instituto Brasileño del Medioambiente). La WTK de Malasia, por ejemplo, compró una extensión de bosque tropical nativo en el estado deAmazonas equivalente a 40% del tamaño de Bélgica. Parte de esta propiedad estaba situada dentro de una reserva indígena que por ley no puede ser vendida.
 
En "respuesta" a una invasión de tal magnitud, el gobierno brasileño dentro de su proyecto de privatización del patrimonio público (también en Brasil la mentalidad neoliberal está de moda), ha anunciado un proyecto de concesión para la explotación maderera de bosques de propiedad pública conocidos como FLONAS (Bosques Nacionales) y que fueroncreados originalmente con la intención de proteger zonasde interés mineral o para ofrecer una área de protección mínima en las cercanías de las reservas indígenas. A partirde ahora, los FLONAS podrán ser explotados por el sector privado. El IBAMA garantiza que dentro de este proyecto las empresas concesionadas desarrollarán un plan de manejo sustentable que será supervisado de manera intensiva por el gobierno. Sin embargo, el propio IBAMA reconoce que de 3 700 planes de manejo forestal evaluados por sus técnicos hasta agosto de 1996, 60% fueron suspendidos por serias irregularidades o por absoluta falta de condiciones para ser autorizados.
 
Como si desconociera la historia de la deforestación que prácticamente anuló los bosques en las demás regiones del país, el gobierno brasileño sigue actuando con lentitud en la defensa de su patrimonio forestal y dando prioridad a los intereses de los capitales privados en la región amazónica, siempre brindando argumentos basados en las aspiraciones"desarrollistas" del Brasil. Estos argumentos, aunque tienen cierta lógica, no reducen los daños generados en los bosques brasileños, pues de acuerdo con lo dicho anteriormente, este esfuerzo casi siempre estuvo regido por una mezcla de codicia, estupidez y falta de visión. El colonialismo del cual Brasil fue víctima en sus tres primeros siglos y que destruyó buena parte de sus bosques no ha terminado, solamenteque hoy tiene otro nombre: globalización. La historia de la deforestación en Brasil tiene matices muy particulares, pero no es del todo diferente de lo que históricamente ha sucedido con el resto de los países de América Latina incluyendo México donde, desde la llegada de los españoles, se inició otra "noche triste" cuyo ejemplo más notorio fue la destrucción del ecosistema lacustre del Valle de México. EduardoGaleano, renombrado escritor uruguayo, expresa acertadamente y en pocas palabras la triste historia de nuestros países, muy ad hoc con lo que hemos visto en párrafos anteriores:"Si el pasado no tiene nada que decir al presente, la historia puede quedarse dormida, sin molestar, en el ropero donde el sistema guarda viejos disfraces. El sistema nos vacía la memoria, o nos llena de basura, y así nos enseña a repetir la historia en lugar de hacerla. Las tragedias se repiten como farsas, anunciaba la celebre profecía. Pero entre nosotros, es peor: las tragedias se repiten como tragedias.
 
AGRADECIMIENTOS
 
Agradezco a Octavio Miramontes, Brisa Ceccon y Pedro Miramontes por sus apreciables comentarios y su ayuda en la corrección del español.
 
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Referencias bibliográficas
 

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Eliane Ceccon
Instituto de Ecología, Universidad Nacional Autónoma de México.

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Los bosques, su valor e importancia
 
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Fernando Ortega Escalona
     
               
               

En todo el mundo se han descrito 300 000 especies vegetales terrestres, y de ellas dos tercios están en los trópicos y un cuarto en América Latina. Los bosques tropicales, que son las biotas con los más altos índices de diversidad pero también de desaparición, dejan de existir a una velocidad estimada entre 160 000 y 200 000 km2 por año, según un informe del PNUMA y el World Resources Institute. En este contexto, América Latina es el área, no sólo de los trópicos sino del planeta, que sufre las mayores tasas de deforestación, con una pérdida estimada en 5.6 millones de hectáreas anuales en el periodo de 1981 a 1985 y de 8.6 millones durante la última parte de la década pasada. A ello debe agregársele la fuerte pérdida de suelo, especialmente en la región andina y en las regiones montañosas de Centroamérica y México.

En las áreas del trópico húmedo mexicano habitan alrededor de 6 millones de personas, de las cuales casi dos millones son indígenas y viven en las selvas o bosques tropicales; los cálculos mas pesimistas indican que en 20 años éstos podrían desaparecer. Si pensamos en el hecho de que las selvas o bosques tropicales contienen riquezas que aún no conocemos, podremos darnos cuenta de que no es posible precisar lo que se pierde, de ahí la importancia de la investigación básica. Es un patrimonio único por lo que su conservación es importantísima.

En el aspecto forestal, el aprovechamiento de estos bosques es complicado porque varían las especies y el volumen de madera en pie a lo largo de su área de distribución. Por ejemplo, en la zona donde se realizó El Plan Chontalpa en las casi 40 000 hectáreas de selva tropical densa que se deforestaron, una hectárea podía proporcionar de uno a
17 m3 de madera técnicamente aprovechable en los aserraderos.

Además de que poseen una estructura compleja, enorme riqueza florística y pocas especies con mercado, otros obstáculos para su aprovechamiento son el desconocimiento de las propiedades tecnológicas de muchas especies no comerciales el poco volumen presente de ellas por hectárea, la dureza de su madera y la consecuente dificultad para su empleo práctico.

En México, el valor comercial de las maderas duras tropicales es bajísimo, lo que se revela incluso en su nombre "corrientes tropicales". El único uso que se da a estas maderas es como durmientes, lo que significa que sólo las compra Ferrocarriles Nacionales, que fija unilateralmente los precios y el volumen. Para fabricar un durmiente se utiliza un árbol y se ocupa más de un día de trabajo, si a esto añadimos que las cuotas de compra son bajas y tienden a recortarse, no encontramos francamente en el mercado condiciones de precio ni de diversificación que permitan mantener el trabajo de manejo sustentable, ni valorar los recursos de la selva.

En el plano internacional, la mayor parte de los países productores de madera tropical prohíben la exportación de troncos o aplican unas tasas para su exportación que en la práctica supone su prohibición. La finalidad de esta política es que la madera quede en el país productor y se elaboren en él productos con el mayor valor agregado posible. Inicialmente se piensa en la madera aserrada, chapas y tableros contrachapados, pero la meta es llegar a productos finales: carpintería y muebles. Como teoría la anterior es perfecta, aceptable y debería ser apoyada por el Primer Mundo, sin embargo, en la práctica el asunto es muy distinto. En primer lugar, en los países tropicales por lo general no hay infraestructura industrial y no es fácil improvisar para absorber toda la producción de madera, tampoco hay una cultura de la excelencia que facilite que los productos lleguen a los mercados occidentales con la calidad que demandan y a la que están acostumbrados. Esto sin mencionar los ingresos que por la exportación dejan de percibir.

Por lo tanto, lo más común es que se desarrollen exportaciones ilegales o que algún industrial-vampiro europeo se instale de manera oportunista en uno de los países tropicales para aprovecharse de los resquicios legales y enriquecerse sin pagar el costo de la naturaleza. Por ello, algunos gobiernos se están planteando una vuelta a las prohibiciones, las cuales son un requisito para el desarrollo industrial; sin embargo, si en los países tropicales llegar a la primera transformación de la madera es un drama, alcanzar la meta de obtener los productos finales simplemente es un sueño.

Por otro lado, en América Latina la madera ocupa un lugar muy modesto entre los materiales empleados en la construcción a pesar de que, en muchos casos, se cuenta con los recursos forestales. En México su aprovechamiento es bajo, particularmente el de las maderas tropicales de rápido crecimiento y bajo peso específico, de las cuales existe un gran desconocimiento de las propiedades tecnológicas que poseen, que repercute en que muchas especies no se utilicen y que a otras tantas no se les den los usos más adecuados. Otra razón importante de esta situación es la escasez de profesionistas y técnicos debidamente capacitados, además de que el número de personas que han trabajado o están trabajando ahora en este campo es reducido.

Una de las grandes ventajas que ofrecen las maderas tropicales de rápido crecimiento y bajo peso específico es el poco tiempo de espera que se requiere para su aprovechamiento. Debido a sus ventajas para ser usada en la construcción, su madera puede contribuir a la solución del déficit de viviendas del país, que es de alrededor de 4.6 millones de viviendas de acuerdo con el censo de 1990. Es muy importante considerar el incremento anual maderable en México, el cual se calcula en 39 millones de metros cúbicos por año. De éstos, 25 son de bosques y 14 de selvas. Si tomamos en cuenta que una vivienda de interés social consume en promedio 50 m3 de madera, el incremento anual nacional maderable representaría 780 000 nuevas viviendas aproximadamente; además, este número de viviendas podría construirse sin poner en riesgo las existencias volumétricas de madera en pie, ni afectar el equilibrio de los ecosistemas.

¿Es posible conservar y producir?

Una primera condición para el éxito es la participación de los productores en el diseño y ejecución de las estrategias productivas. La democratización de la economía requiere que los productores se involucren en la toma de decisiones. Esto no sólo implica la toma de decisiones en la producción sino en organizarse para comercializar y negociar los precios de su producto. No es la agricultura de contrato o de plantaciones forestales con las innovaciones tecnológicas de los grandes empresarios lo que dará alternativas a los ejidatarios.

En segundo lugar, la agricultura itinerante practicada en las selvas, al ver reducido el espacio disponible para la recuperación una vez abandonada la milpa, podría asentarse en parcelas fijas con técnicas intensivas, con lo que se conservan las ventajas de la agroforestería.

En tercer lugar está el manejo de la selva como "reserva extractiva". Es decir, extraer de ella una serie de productos no maderables sin que se deteriore su estructura y biodiversidad (frutas, chicle, resinas, pimienta, colorantes, plantas de ornato, miel, etc.). Varios grupos conservacionistas han visto en estas actividades la panacea para conservar la selva y obtener un ingreso para sus habitantes. Las esperanzas con respecto a la producción de la selva extractiva son justificadas pero de manera muy limitada. Un problema fundamental es la obtención de suficiente materia prima para entrar en los grandes mercados.

En cuarto lugar se podría pensar que es posible comerciar con áreas específicas de biodiversidad. En 1991 la empresa farmacéutica Merck dio un primer y polémico paso adelante en el mercado de productos de la biodiversidad al firmar un acuerdo de un millón de dólares con el gobierno de Costa Rica para explotar los recursos de algunos de sus parques nacionales.

La caza está en quinto lugar, que puede también ser una alternativa. En la temporada de cacería de 1996 y tan sólo en la efectuada en un ejido de la zona de amortiguamiento de la Reserva de la biosfera el Vizcaíno, en la Península de Baja California, se obtuvieron beneficios económicos directos del orden de los dos millones de pesos, de los cuales un porcentaje significativo fue destinado a proyectos de conservación en la propia reserva y el resto fue de beneficio directo para los ejidatarios habitantes de la zona.

Claramente, el aprovechamiento sustentable requerirá en el futuro cuando menos tres condiciones ineludibles: frenar el crecimiento demográfico humano, y que existan justicia social a todos los niveles y una verdadera democracia en los pueblos. Al aumentar la demanda de madera por el incremento actual de la población también crecerá la fuga de divisas que por concepto de importaciones forestales ello implica. Por lo tanto, es necesario plantear alternativas de producción que permitan equilibrar la economía nacional y posibiliten preservar la diversidad biológica de la que es depositaría México. Para ello no necesitamos trabajar con muchas especies, en Estados Unidos de Norteamérica, por ejemplo, existen 684 especies de árboles de las cuales 270 tienen potencial forestal. Como resultado del manejo de no más de una docena de ellas, junto con el trabajo de varias generaciones de investigadores en mejoramiento genético forestal, Estados Unidos se ha convertido en una potencia silvícola.

Siempre se ha reconocido la importancia de los recursos genéticos nativos, debido a que las adaptaciones y la variación genética existentes dentro de las poblaciones locales están presentes en sus semillas, que son las principales, y en algunos casos las únicas, fuentes de germoplasma certificable para satisfacer las necesidades de los programas de plantación y del mejoramiento genético forestal.

En el caso de México, el mejoramiento genético de los bosques es una condición para lograr el éxito de muchos programas de desarrollo forestal, debido a la selección genética generada por los talamontes, quienes al explotar los mejores árboles dejan los bosques con un acervo genético poco adecuado para el crecimiento de un arbolado robusto que se recupere de una forma —evolutivamente hablando— natural.

El permanente entresacamiento de los mejores árboles por los campesinos o madereros ha empobrecido la herencia del bosque, por lo que han nacido muchos árboles torcidos hijos de otros tantos que no fueron capaces de enderezar sus ramas y fustes. Bosques con estas características no deben propagarse, porque no darán incentivos a sus dueños y se dificultará su protección, al carecerse del estímulo y la comprensión necesarios por parte de la gente.

Por otra parte, la destrucción paulatina de los bosques y selvas disminuye cada vez más las posibilidades de rescatar fuentes de semilla para el establecimiento de plantaciones en diversas regiones ecológicas; además, se reducen las oportunidades de conservación de nuestros recursos forestales, ya que la desaparición en gran escala de los bosques y selvas produce pérdidas de materiales parentales de reforestación. Lo anterior provoca una reducción de las poblaciones y al fragmentarse su continuidad se forman poblaciones más pequeñas y aisladas, dentro de las cuales el cruzamiento ocurre sólo entre pocos miembros. Así se pierde o reduce la base genética de las especies, originándose individuos de poca o nula adaptación al ambiente que cambia siempre.

Para revertir el empobrecimiento genético es necesario seleccionar los fenotipos superiores de las especies de diferentes localidades y establecer ensayos de procedencias con los árboles que representen un alto potencial productivo en cada zona ecológica. Con el establecimiento de plantaciones de alta calidad se establece un mecanismo de protección a las áreas naturales, pues la presión ejercida por la demanda de los recursos derivados de la explotación de los bosques y selvas disminuye.

La gran diversidad que tiene el género Pinus en México caracteriza a esta región del continente como un centro secundario de especiación. Prácticamente la mitad de las especies reconocidas habitan los desiertos y las montañas subtropicales y frías de este país, lo cual da al forestal la oportunidad de encontrar la especie más apropiada para cualquier nicho ecológico que requiera ser plantado.

La mayor parte de la producción forestal en México está basada en el aprovechamiento de los bosques naturales, que presentan una productividad promedio de un m3 por hectárea al año. Ésta resulta muy baja si la comparamos con países como Finlandia, que tiene un importante desarrollo forestal y en condiciones forestales adversas su promedio nacional es de 4 m3 por hectárea al año.

Está claro que las perspectivas de desarrollo forestal están en las plantaciones comerciales. En lo referente a la selección de especies, procedencias y familias tenemos un gran rezago en relación con las potencias forestales del mundo. Países como Canadá, Estados Unidos, Finlandia, sustentan su potencial en grandes extensiones de terreno con condiciones casi uniformes y pocas especies para su manejo, además, un gran número de profesionales se concentra en pocas especies y pocos ambientes diferentes. En México en cambio hay una gran diversidad ambiental y biológica, por lo que no es posible abordar el desarrollo silvícola del país de manera similar a la de las potencias forestales.

Algunas propuestas

Hay iniciativas que podrían mejorar la situación actual. Para ello es necesario un cambio de mentalidad en la reforestación. Se puede plantar lo mejor y con el mayor cuidado a fin no sólo de proteger los suelos, sino también de buscar incrementos sustanciales en la producción maderera.

Se debe fomentar la producción en las áreas perturbadas con el fin de conservar las áreas naturales, no para la contemplación estéril, sino para poseer bancos de genes y poder en el futuro enriquecer la actividad forestal con mayor diversidad de especies.

Cada propietario debe ser responsable directo de la administración y manejo de sus montes. Para ello deben definirse los tipos de bosque desde el punto de vista de su función: bosques de producción, bosques de protección y fomento, de recreación, etcétera. A cada uno de ellos debería corresponder una cierta normatividad para su aprovechamiento. Pero no debe perderse de vista que tener un bosque debe ser un negocio para su propietario. Por ejemplo, si se declara que un bosque tiene funciones de recreación corresponden a su propietario los beneficios económicos derivados de la recreación, esto también es válido para bosques de protección en donde se benefician terceros, los cuales deben pagar por las funciones protectoras del bosque. Ésta es la única manera posible para que el bosque se convierta en una alternativa económica para sus propietarios, de que se interesen en su conservación y manejo.

Dentro de algunos años la utilidad práctica y comercialización de especies y poblaciones forestales será la que dicte los criterios fundamentales de conservación o de pérdida de dichas especies y poblaciones, por lo que la preservación deberá basarse en el manejo forestal que permita el mantenimiento de poblaciones genéticas lo suficientemente grandes como para que pueda asegurarse su sustentabilidad en el futuro. Por lo tanto, se deben intensificar los esfuerzos para conservar las especies forestales del trópico, subtrópico y de montaña.

Es indispensable que el gobierno federal realice un cambio radical de estrategia para convertir el sector forestal en fuente de divisas, empleo y grandes beneficios ambientales, pues de continuar las tendencias actuales, en treinta años México perderá 50% de lo que queda de sus bosques.

Las tendencias actuales son claras: en el futuro el mundo estará dividido en dos tipos de países, los que poseen recursos forestales y los dependientes de los poseedores. Los dependientes, para aquel entonces, habrán entendido demasiado tarde que los recursos forestales cuentan, no son cuentos.

     
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Fernando Ortega Escalona
Instituto de Ecología, A.C.
 
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El inventario forestal nacional 2000

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Alejandro Velázquez, Jean François Mas, R. Mayorga Saucedo, José Luis Palacio, Laura Luna Gonzáles, Irma Trejo, José López García, Mandrocheo Palma, Armando Peralta, Jorge Prado Molina,  Gerardo Bocco, Grabriela Gómez Rodríguez y Francisco González Medrano
     
               
               
A lo largo de la historia, y particularmente en la actualidad,
los bosques han sido uno de los recursos naturales fundamentales, pues la madera, una de las fuentes de energía y de materias primas más importantes en el planeta, proviene de ellos. Asi mismo, los bosques son clave en el suministro de lo que hoy se denomina bienes servicios ambientales, además de poseer otras múltiples funciones y usos.
 
Actualmente, se estima que un tercio de la superficie terrestre continental (3.54 mil millones de hectáreas) aún se encuentra conformada por cubierta forestal. La proporción entre bosque y población humana, sin embargo, ha venido disminuyendo de 1.2 hectáreas per cápita en 1960 a 0.6 en 1995; la expectativa para 2025 es de 0.4. Los últimos datos de la FAO documentan un incremento en la superficie forestal de los países del norte, mientras que en los países del sur se registra un continuo proceso de deforestación. Esta acelerada pérdida de los bosques conlleva grandes problemas ambientales, entre los que se destacan las inundaciones, los deslizamientos de laderas, la pérdida de biodiversidad y por ende la productividad y otros fenómenos que traen consecuencias trágicas a las poblaciones humanas. El calentamiento global y sus repercusiones es resultado parcial de estas tasas aceleradas de deforestación, pues contribuye con alrededor de 25 de las emisiones de CO2 a la atmósfera.
 
En México, la situación es ligeramente más grave que la media mundial. Los datos de 1960,1995 y las predicciones para 2025 son, respectivamente, de0.8,0.6 y 0.3 hectárea de bosque per cápita. Las consecuencias de estos procesos de pérdida de la vegetación son cada vez más obvias y en ocasiones desastrosas. Las políticas de desarrollo rural que han fomentado la sustitución de la cobertura forestal (primaria) por otro tipo de coberturas de mayor producción a corto plazo (cultivos y pastizales inducidos) pero de bajo rendimiento a mediano y largo plazos son las causas principales de la deforestación. Por lo tanto, se hace urgente contar con estimaciones precisas de las tasas de deforestación en aras de identificar qué se pierde y en dónde ocurre para poder generar estrategias que conlleven a reducir la drástica pérdida de los bosques y todo el bagaje genético que albergan.
Las estimaciones de las tasas de deforestación para el México vanan entre 370 mil y 1 500 millones hectáreas por año, esto es, entre 0.8 y 2 anual. Estas divergencias se deben principalmente a dos fuentes de error: la falta de datos de todo el territorio que sean consistentes obtenidos con métodos comparables y a la ausencia de un marco conceptual que permita identificar entidades geográficas denominadas según un sistema jerárquico y compatible con la literatura ya existente. Esta situación hace que las estimaciones no sean confiables y, como consecuencia, no se disponga de los insumos para fundamentar políticas enfocadas a contrarrestar los procesos de deforestación. Así, pese a los esfuerzos de diferentes sectores gubernamentales y sociales en México, se estima que, de la superficie original forestal del país, al menos 50 ha desaparecido o se ha deteriorado de tal manera que ha perdido su papel ecológico original. Por lo tanto, es crucial promover políticas que conduzcan a un manejo adecuado del bosque remanente, que permita su aprovechamiento y conservación de forma integrada. Para ello, el inventario y el subsiguiente monitoreo del recurso forestal son insumos imprescindibles.
 
La vegetación es considerada como el componente del paisaje más dinámico, dada su susceptibilidad a cambios tanto naturales como los inducidos por el hombre. Ésta además, alberga múltiples recursos naturales para el uso directo e indirecto de los vertebrados en general y en especial para el hombre. Por éstas y otras razones que revelan su importancia, la vegetación (tanto la que aporta bienes maderables como los no maderables) necesita estar bien documentada en cuanto a diversidad, distribución, abundancia y grado o condición de conservación. Los invéntanos forestales representan el mecanismo legal para reunir esta información, y hasta ahora se habían venido realizando esfuerzos aislados en México, siguiendo enfoques geográficos (mapeo de la cobertura), ecológicos (basado en los principios fisonómicos y florísticos) y forestales (con énfasis en la estimación volumétrica del recurso maderable). La base de datos generada a partir del inventario forestal 2000 reúne las bondades de estos tres enfoques y permite ser actualizada de manera expedita al estar organizada en un formato digital rigurosamente elaborado. Esta base de datos hace factible la comparación lógica con otras ya existentes, como las del INEGI (serie II) por haber sido diseñada para tal fin.
 
Según la FAO, la superficie forestal de México es de 0.6 hectáreas per cápita; en Brasil (con una superficie aproximada a 4 veces mayor a la de México) es de 3.4 hectáreas per cápita; y en Colombia (con cerca de la mitad de la superficie de México) es de 1.5 ha per cápita. Los datos presentados en este estudio muestran un escenario más optimista, pues la superficie forestal sensu stricto (bosques y selvas) de México supera por 4 los datos estimados por la FAO. No obstante, México posee superficies forestales menores per cápita si se compara proporcionalmente a los tres países ya antes mencionados. Estos tres países muestran tasas de deforestación acelerada y nuestro país, a pesar de la pobre información existente, parece ir a la vanguardia. Por esta razón, resulta prioritario contar con bases de datos robustas, actualizables y disponibles para múltiples usuarios (e.g., tomadores de decisiones, políticos, manejadores de recursos) que buscan estrategias de uso y conservación de la vegetación a largo plazo.
 
El grado de deterioro
 
Con base en los datos obtenidos se establecieron porcentajes y superficies de cada una de las formaciones vegetales y tipo de vegetación. En cuanto a las primeras, una proporción de cada formación se encuentra en algún grado de deterioro, por lo que los totales deben leerse tomando en cuenta que cierto porcentaje es considerado como área perturbada. Los "matorrales" cubren la mayor porción con casi 30, esto es, alrededor de 55 millones de hectáreas; le siguen en orden descendente los "cultivos" con 23 por ciento y casi 45 millones; continúan los "bosques" con 17 y más de 30 millones; siguen las "selvas" con 15 y alrededor de 30 millones, y enseguida los pastizales con poco más de 10 y menos de 20 millones de hectáreas. Las otras coberturas cubren en su conjunto menos de 10 de la superficie total del país. La distribución espacial de estas formaciones de vegetación se muestra en el mapa que se encuentra en la tercera de forros del Inventario (mapa de la distribución actual de la vegetación de México). Así, las tres formaciones de mayor cobertura del país (matorrales, bosques y selvas), cubren más de 61 del territorio nacional; pero cerca de 17 de la superficie del territorio nacional ocupada se encuentra considerado como vegetación secundaria derivada de selvas, bosques y matorrales. Es decir, el mapa muestra un escenario optimista, pues no denota las superficies de matorrales, bosques y selvas perturbadas que prosperan en el país. Como ejemplo, los bosques que ocupan 16 92 del país, incluyen 6.34 de áreas de bosques con predominio de especies secundarias herbáceas y arbustivas.
 
En lo que se refiere al tipo de vegetación, el "matorral xerófilo" cubre la mayor superficie con más de 50 millones de hectáreas; le siguen la "agricultura de temporal" y la "agricultura de riego y humedad", con más de 20 millones cada una, esto es,' casi 12% Las selvas caducifolias y subcaducifolias cubren más de 20 millones de hectáreas y los pastizales un poco menos de esta misma cifra; los bosques de coníferas y latifoliadas menos de 15 millones, los de sólo latifoliadas 10 millones, y aquellos exclusivamente de coníferas alrededor de 8 millones; las selvas perennifolias y subperennifolias cubren 10 millones de hectáreas, mientras que tipos de vegetación como el bosque mesófilo de montaña, el mezquital y otros más no llegan siquiera a cinco millones de hectáreas.
 
Uso potencial de los resultados
 
Los resultados generados en el presente trabajo proporcionan una base de datos de gran utilidad para las tareas de manejo y conservación de la biodiversidad, entre las cuales se destacan tres líneas de trabajo: la identificación de áreas de alta heterogeneidad (diversidad Beta), la condición de las diversas áreas protegidas del país, y la vinculación entre las diversas bases de datos existentes y entidades geográficas. El resultado inicial de este inventario muestra un sistema jerárquico de agregación de la vegetación que permite elaborar cuatro modelos cartográficos en forma rápida. El primer modelo, en la categoría de formación (escalas entre 1:8 millones y 1:4 millones), permitirá visualizar la heterogeneidad en todo el país y comparar la proporción de coberturas alteradas por el hombre con la de las coberturas naturales. El segundo modelo, en la categoría de tipo de vegetación (escalas entre 1:1 millones y 1:500 mil), aporta elementos para la planeación en los estados, la regionalización y la búsqueda de entidades ecológicas. El tercer mapa, en la categoría de comunidad (escalas entre 1:250 mil y 1:125 mil) muestra la complejidad para el manejo de diversas regiones en la categoría de grupo de municipios (región económica). Se podrán generar políticas de manejo y conservación de la biodiversidad con base en índices de heterogeneidad municipal y planes conjuntos con municipios vecinos que comparten comunidades y problemáticas afines. Además, permitirá identificar áreas de gran biodiversidad con alto grado de fragmentación. Con esta información se tendría la base para la elaboración de planes de manejo regional para modelos de aprovechamiento y conservación en municipios, comunidades, ejidos y de organizaciones sociales.
 
Existen numerosas evidencias empíricas sobre el papel de la cobertura vegetal en el balance hídrico en diferentes regiones ecológicas, así como las consecuencias negativas (directas e indirectas) causadas por la remoción de ésta en una cuenca. De manera análoga, la relación entre cobertura vegetal y erosión y conservación de suelos ha sido estudiada en forma detallada durante al menos 70 años. Así, los datos de cobertura proporcionados por el presente trabajo permitirán generar modelos de predicción de erosión en los cálculos de obra de conservación. Disponer de estos datos de manera general y regional, así como en lo referente a las cuencas, permite describir explicar y predecir los patrones de erosión laminar y en cárcavas, y estimar la producción de sedimentos y la tasa de depósito en niveles de base locales y regionales. Asimismo, estos datos ofrecen la posibilidad de establecer escenarios de simulación para pérdida de suelos y para catástrofe de eventos extraordinarios. La cobertura vegetal y los cambios en el tiempo de la misma tienen un papel fundamental en ambos procesos Particularmente, los riesgos y procesos influidos por la cobertura son aquellos desencadenados por eventos hidrometeorológicos extraordinarios, es decir, de alta magnitud pero de relativamente baja frecuencia. La cobertura vegetal, particularmente la forestal, actúa como elemento protector de las laderas frente a dichos eventos, cuya dinámica es influida por la interferencia antrópica en los patrones de cambio global. De la misma manera que en los casos anteriores, los datos proporcionados por este trabajo contribuyen, a definir cuáles son las zonas susceptibles de sufrir altos grados de afectación por efectos de eventos extraordinarios. Por lo tanto, el componente cobertura es clave en los modelos de predicción de desastres.
 
Uno de los indicadores más importantes de un desarrollo balanceado con la conservación de los recursos naturales, mundialmente y en nuestro medio, es la cuantificación del cambio en la cobertura y uso del suelo. La deforestación es un proceso cuyo desarrollo se ha acelerado en regiones intertropicales, a favor de políticas de incremento de la productividad económica (usos maderables), pero no del desarrollo integral, o bien, por falta de control en la implementación de políticas correctas. El cambio drástico de áreas perturbadas por áreas totalmente antropizadas, aunado al incremento del CO2 en la atmósfera producto de la actividad humana, ha sido considerado como la mayor causa de pérdida de germoplasma de manera global. Desde esta perspectiva, la conservación y restauración de la cobertura vegetal primaria y las diversas fases sucesionales son prioritarias para asegurar aspectos esenciales de la calidad de vida del hombre. Así, los estudios detallados que documenten la dinámica del cambio de uso del suelo permitirán conocer las tendencias que llevan a que un tipo de vegetación sea sustituido por otro y por lo tanto las implicaciones que tiene esto en el CO2 existente. Con la información adicional de las tasas de incremento anual por especie característica de cada una de las comunidades de vegetación se podría calcular el total de CO2 que potencialmente es posible capturar por tipo Esto, multiplicado por la superficie que ocupa cada comunidad, se podría traducir en el total de toneladas de CO2 que se capturan por año. El impacto que ejerce el cambio de uso de suelo en los patrones climáticos aún necesita ser evaluado y desarrollado, así como la información complementaria necesita ser generada por medio de futuras investigaciones, pero el insumo básico de todo el país ya se encuentra disponible en formato digital.
 
El uso de la percepción remota coloca al usuario en la necesidad de clasificar, no objetos naturales, como ocurre durante el trabajo de campo, sino objetos espectrales, es decir, caracterizados por su respuesta espectral en las bandas que el sensor detecta. Esta limitación determina la capacidad de discriminación de clases informativas (es decir, congruentes para su uso en la toma de decisiones) y debe ser compensada por la posibilidad de mapear grandes zonas (capacidad sinóptica de los sensores, sean fotos o imágenes). El inventario forestal indica que es posible fusionar un enfoque espectral de interpretación (cartografía de vegetación usando imágenes de satélite, con resolución de 30 m en el terreno), con datos preexistentes obtenidos mediante fotointerpretación, interpretación de imágenes de satélite, e intensa verificación de campo (datos proporcionados en formato digital por INEGI, serie II de cartografía de uso del suelo y vegetación). De esta manera, y siempre y cuando los intérpretes tengan buena experiencia de campo, una estrategia de mapeo puede beneficiarse de estos dos componentes. En cuanto a la interpretación de imágenes, haber optado por un esquema de trabajo visual (y no automatizado, supervisado o no), a partir de propuestas como las de Batista y Tucker, y Sader y colaboradores, permitió incorporar toda la experiencia de los intérpretes, y no invertir el tiempo en tratamientos automatizados que luego deben editarse de manera pormenorizada.
 
De este estudio se deriva la necesidad de actualizar y monitorear de forma-permanente la cobertura vegetal. La realización de inventarios en lapsos de meses es complicado y arriesgado, considerando la diversidad de condiciones que caracterizan a México. Otros países (como Canadá, Japón, Costa Rica) cuentan con parcelas permanentes de monitoreo y un sistema de almacenamiento de la información que se va generando de manera local y periódica. Los inventarios forestales en estos países, por lo tanto, consisten en un ejercicio de actualización continuo. Esto se favorece, por un lado, al contar con información actualizada, y por el otro con la capacidad de generar información expedita. De esta forma se puede alimentar un sistema de información geográfica que apoye las tareas de toma de decisiones. Para tal fin, en México se hace necesario incluir la información de bases de datos ya existentes QNEGI, CONABIO) para incrementar de manera sustancial la exactitud y haber generado un mecanismo de integración de datos puntuales (observaciones de campo) con entidades cartográficas. Por otro lado, está pendiente la cartografía de formas del relieve, a diferentes escalas, de tal manera que pueda ligarse a la cartografía de suelos y aptitud de uso, por un la do, y de vegetación, por el otro. Este instrumento sería de gran utilidad para tareas de evaluación de aptitud, conflictos de uso, y planificación del medio físico, todos ellos insumes críticos del ordenamiento ecológico.
 
El esfuerzo interinstitucional (SEMARNAP-INEGI-UNAM) resulta muy provechoso en la definición de metas, objetivos, estrategia y ejecución del proyecto de manera exitosa en un lapso menor al año. Las bases de datos espaciales (mapas y espacio-mapas) y estadísticas obtenidas conforman un acervo importante acerca de la información sobre recursos naturales del país. El reto consiste en utilizar esta información para enriquecer procesos analíticos tanto del gobierno como de los sectores académico, privado y social.
 
 
 
 
     
Referencias bibliográficas
 

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Alejandro Velázquez, Jean François Mas, R. Mayorga Saucedo, José Luis Palacio, Laura Luna Gonzáles, Irma Trejo, José López García, Mandrocheo Palma, Armando Peralta y Jorge Prado Molina.
Instituto de Geografía, Universidad Nacional Autónoma de México.


Gerardo Bocco y Grabriela Gómez Rodríguez
Instituto de Ecología, Universidad Nacional Autónoma de México.


Francisco González Medrano
Instituto de Biología, Universidad Nacional Autónoma de México.

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